• No se han encontrado resultados

terapia_de_pareja_MOD_1-5

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "terapia_de_pareja_MOD_1-5"

Copied!
221
0
0

Texto completo

(1)

1

Instituto Universitario Carl

Rogers

Diplomado de:

“Terapia de Pareja y Familia”

MODULO 1

FUNDAMENTOS DE LA TERAPIA DE PAREJA Elaboro: Ernesto Martínez Olivares

(2)

2

Modulo 1

Fundamentos de la terapia de pareja

DESCRIPCIÓN DEL CURSO:

En este curso se propone ofrecer una VIS Ion de las relaciones de pareja y de los principales problemas que pueden surgir en las diferentes etapas del ciclo vital individual y de pareja, finalmente, que el alumno conozca el enfoque psicoterapéutico empleado en este nivel de intervención.

OBJETIVO GENERAL:

El alumno será capaz de detectar problemas existentes en la relación de pareja e identificar diversas técnicas de intervención para los problemas de pareja.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS:

El alumno identificará los enfoques y conceptos relacionados con la psicoterapia de pareja.

Identificará y practicará las estrategias de intervención para los problemas de pareja en diversas etapas del ciclo vital.

Desarrollará habilidades para la aplicación de los contratos matrimoniales a las parejas.

(3)

3

CONTENIDO:

1. Antecedentes de la terapia de Pareja.

11. Contrato Matrimonial y terapia de Pareja (C. Sager) 111. Perfil de conducta (tipología de pareja)

IV. Terapia marital (Framo)

V. Momentos decisivos (F. Pittman).

REQUISITO DE ACREDITACIÓN:

Asistencia.

Un Ensayo (Ideas principales, idea central y conclusiones) Participación.

El ensayo del material a entregar el primer día de clase.

BIBLlOGRAFIA:

Jaén, P. (2005) Terapia de Parejas. CCS. Madrid.

Pittman, F. (1998) Momentos decisivos. Paidós. Barcelona

Sager, C. (1980) Contrato matrimonial y terapia de pareja. Amorrortu

Framo, J. (1985) Matrimonio y terapia marital. En Andolfi, M. y Zwerling, 1. (comp.) Dimensiones de la terapia familiar. México Paidós.

(4)

4

ANTECEDENTES HISTÓRICOS A LA PSICOTERAPIA DE PAREJA

La consideración del matrimonio como la primera célula a partir de la cual se desarrolla la familia ha hecho que las relaciones matrimoniales sean objeto de interés desde diferentes puntos de vista (sociológico, antropológico, religioso, mo-ral, etc.). En el caso de la psicología, el acercamiento al estudio de la relación matrimonial ha ido ligado al desarrollo de las ciencias sociales y psicológicas, y la terapia de pareja, tal y como la conocemos hoy en día, ha recibido las influencias de numerosos campos científicos. En los últimos años, el interés por comprender mejor los mecanismos que regulan los conflictos conyugales y el modo de abordados ha aumentado de forma paralela al aumento de divorcios, separaciones y la aparición de «nuevas estructuras familiares» en el mundo occidental. Una correcta comprensión de la terapia de pareja tal y como la conocemos en la actualidad exige, desde nuestro punto de vista, un acercamiento, aunque sea bre-ve, a la evolución histórica de dicha disciplina y su relación con las corrientes psicológicas principales.

En este repaso histórico del desarrollo de la terapia de pareja hemos observado que el estudio científico del matrimonio viene respaldado desde tres áreas de la ciencia sobre todo: la sexología, la psicología y el trabajo social. A continuación re-sumimos las aportaciones realizadas por cada disciplina a la terapia de pareja y acabaremos por ofrecer una perspectiva del momento actual en que se encuentra.

1. LAS APORTACIONES DE LA SEXOLOGÍA

El área de la sexualidad humana fue la primera, de entre todos los aspectos relacionados con la relación de pareja, que fue objeto de atención por la ciencia. Si bien los primeros acercamientos a la sexualidad se remontan a finales del siglo XIX, en general se considera que la entrada definitiva en el estudio Científico sobre la sexualidad se produjo con la llegada de los dos informes Kinsey que

(5)

5 recogían entrevistas extensas con más de 12.000 personas. A pesar del rechazo recibido por parte de muchos estamentos sociales, la publicación de estos trabajos marca un hito en el desarrollo de la sexología. A partir de ese momento la terapia sexual comienza entonces a tener un enorme desarrollo con la aparición de la psicología conductual y posteriormente con el enfoque racional-emotivo de A. Ellis (ver Tabla 1) y experimenta el respaldo definitivo para toda una línea de investigación a partir de la obra de Willian H. Master y Virginia E. Jonson (1966) que desarrollaron un modelo de intervención desde un enfoque conductual y cognitivo.

A pesar de eso, no todos los autores coinciden en la consideración de la terapia sexual como una psicoterapia. Algunos autores consideran que la terapia sexual es un acercamiento ecléctico a los problemas sexuales en la pareja donde se mezclan la terapia cognitiva, la teoría de los sistemas y la psicoterapia conductual. La ausencia de un cuerpo teórico y su metodología ecléctica hacen que pueda ser considerada más como una modalidad de la terapia de pareja (Simon y cols., 1985).

El desarrollo de la sexología ha sido muy importante en el crecimiento de la terapia de pareja, ya que ha puesto de manifiesto la importancia de la sexualidad en el contexto de la relación y ha recuperado los aspectos biológicos que a me-nudo han sido dejados de lado en el tratamiento psicológico de la relación de pareja. Un importante mérito de la sexología ha sido el desarrollo de instrumentos psicométricos destinados a la medida de diferentes aspectos de la sexualidad y la aplicación de técnicas psicológicas, sobre todo las derivadas de la terapia conductual, a la esfera de las disfunciones sexuales.

(6)

6 TABLA 1

PRINCIPALES HITOS EN EL DESARROLLO DE LA SEXOLOGíA

2. DE LA ORIENTACiÓN FAMILIAR A LA TERAPIA FAMILIAR

Algunos autores como Sager (1966), Broderick y Schrader (1981), Ríos (1984), Navarro (1989) o Garrido, Moreno y Sánchez (1996), consideran que anterior a la terapia de pareja es la orientación y asesoramiento matrimonial, actividad ésta que se desarrolló al margen de psiquiatría a cargo de profesionales como médicos, abogados y asistentes sociales interesados por resolver problemas estrictamente matrimoniales. En la siguiente tabla resumimos algunos de los hitos más im-portantes en el desarrollo de esta profesión.

Se podría afirmar que hacia 1963 la práctica del consejo matrimonial tenía una identidad razonablemente bien establecida.

(7)

7 En 1940 se atendía el 89% de las consultas de forma individual, en 1955 el 88%, en 1960 el 83%. Las entrevistas conjuntas se han ido incrementando, si bien no de forma espectacular, del 5% en 1940 al 15% en 1960, constituyendo de algún modo una de las principales señas de identidad de los consejeros matrimoniales (Navarro, 1987).

Tal y como recoge este autor (Tabla 2), es posible reconocer la evolución de la terapia marital a través del incremento en el número de publicaciones a lo largo del tiempo, que pasó de 5 antes de 1940 a un total de 415 en 1972 repartidas en, al menos, 50 revistas de diferentes materias: Psiquiatría, Psicología, Trabajo Social, Sociología, etc. Una de las conclusiones de tal revisión es que el autor encontró una gran dispersión en el campo observable por la falta de citas de los trabajos de otros autores en los nuevos trabajos. Entre 1931 y 1968 en una muestra de 178 artículos, el autor encontró que el 68% de los trabajos no eran citados por otros, y que sólo 15 eran citados tres o más veces. Parece que ha sido en la última década cuando se produjo un aumento progresivo de la cohesión en la materia.

Parte de culpa en esa dispersión y que constituyó un obstáculo para el desarrollo del campo de la terapia marital fue, según Broderick y Schrader (1981) la ausencia de una revista por parte de la AAMCO. La aparición del Journal of Marriage and

Family Counseling en 1975, rebautizado cuatro años después como Journal of Marital and Farnily Therapy a cargo de William C. Nichols contribuyó en gran

medida a que la terapia marital se fuese estableciendo como un procedimiento psicoterapéutico independiente y bien definido.

En la actualidad, los campos de la orientación familiar y el consejo y asesoramiento marital se hayan muy diferenciados de la terapia familiar y la terapia de pareja, no ocurriendo lo

(8)

8

HITOS PRINCIPALES EN EL DESARROLLO DE LA TERAPIA MATRIMONIAL

TABLA 3

NÚMERO DE PUBLICACIONES EN TERAPIA MARITAL EN PERíODOS DE TIEMPO SELECCIONADOS

Pre-1940 5 (1,2) 5

(9)

9 1949-1951 16 (3,8) 32 1952-1954 16 (3,8) 48 1955-1957 21 (5,0) 69 1958-1960 29 (7,0) 98 1961-1963 45 (10,9) 143 1964-1966 68 (16,4) 211 1967-1969 119 (28,7) 330 1970-1972 85 (20,5) 415 Total 415 (100,0)

Fuente: Gurman (1973, pág. 49) en Broderick y Schraeder (1981, pág. 15).,

mismo entre estas dos últimas que en ocasiones se confunden. Ello se debe según autores como Simon, Stierlin y Wynne (1984), a que el desarrollo de la terapia de pareja se produjo junto a la terapia familiar ya que desde el punto de vista de la terapia familiar; la pareja es un subsistema dentro del sistema familiar, por lo que el trabajo con el matrimonio no puede hacerse sin tener en cuenta el contexto familiar más amplio.

Como se observa, la orientación familiar surge desde el interés de diferentes disciplinas por ayudar a la familia en crisis, lo cual ha influido en la ampliación de la terapia de pareja hacia muchos de esos contextos. Por otro lado, la orientación familiar se ha ido profesionalizando cada vez más, estando algunos de los campos de actuación en la frontera con la terapia de pareja, lo cual hace que algunos de los profesionales de la orientación familiar y el consejo matrimonial ejerzan asimismo como terapeutas de pareja.

3. EL PSICOANÁLISIS Y LA TERAPIA FAMILIAR

Si bien Freud no ejerció nunca como un terapeuta familiar en sentido estricto, sí puso las bases para la comprensión y desarrollo de La futura terapia familiar (Bowen, 1991; Framo, 1991; Garrido, 1995; Stierlin, 1979). Esta afirmación se

(10)

10 sustenta en la aportación freudiana para la comprensión de la dinámica del enamoramiento y la creación de los vínculos de pareja. La descripción del complejo de Edipo, así como las aportaciones al desarrollo libidinal, supusieron un pilar básico para el entendimiento del crecimiento de la personalidad.

Una primera esquematización relativa a la elección adulta del objeto amoroso nos la ofreció Freud en Tres ensayos para una Teoría Sexual en 1905. En ella aludía al tipo de elección mediante apoyo en los modelos paterno y materno. Desde estas aportaciones se abrió un interesante campo de investigación que estudia las relaciones infantiles con los progenitores y su paso hacia la elección de objeto adulto. Freud afirmaba que «la inclinación infantil hacia los progenitores es ciertamente la huella más importante, si no única, que, renovada en la pubertad, señalará posteriormente el camino de la elección de objeto». Más tarde en su obra

Introducción al narcisismo (1914), amplió el tema. Para Freud la elección del

objeto es doble. Puede ser de tipo narcisista cuando la persona ama lo que ella es, 10 que ella fue y lo que ella querría ser; o cuando ama a la persona que fue parte de su propio yo. Y puede ser del tipo «mediante apoyo», si ama a la mujer nutricia, al hombre protector ya la serie de personas que han hecho sus veces. Como se puede observar, la aparición de la familia en la escena del psicoanálisis es muy temprana. El mismo Freud, ya en 1909, en el tratamiento de la fobia de El

pequeño Hans, utilizó al padre del niño como intermediario en la terapia de Hans,

y el caso Dora (1905) y en Historia de una neurosis infantil (Caso del hombre de

los lobos) (1914-1918) presta gran atención a la influencia familiar en la evolución

y formación

de la personalidad de los individuos, aparte de que ya había señalado la importancia de la familia en los problemas psicológicos a través del su concepto de complejo de Edipo. La Tabla 4 nos resume algunos de los hitos dentro del psicoanálisis que derivan en el modelo de terapia de pareja psicoanalítico.

En los años treinta del siglo xx la expulsión de un gran número de psicoanalistas de Europa debido en gran medida a su condición judía y su posterior

(11)

11 establecimiento en Estados Unidos y Latinoamérica, supuso el encuentro de éstos con profesionales de ciencias como la Sociología y la Antropología que se encontraban en pleno desarrollo. Esto es señalado por Bueno (1985) como uno de los factores que ayudaron a introducir cambios y modificaciones en los presupuestos y concepciones teóricas del psicoanálisis.

«Ejemplos que pueden citarse son Erickson, Fromm, Harry Stack Sullivan, que fue el analista más orientado hacia el terreno de lo interpersonal, con influencia, entre otros, de H. Mead y Cooley, y que, a su vez, tuvo repercusión en terapeutas fa-miliares como Jackson o Bowen. Otros, como Erickson, K. Homeyo Promm-Reichman permitieron un mayor entendimiento de la relación de la conducta de un paciente y sus experiencias e interacciones familiares» (Bueno, 1985. Pág. 29).

(12)

12 Un ejemplo de esa evolución la encontramos en Adler, que podría ser considerado como el primer terapeuta familiar de la historia de la psicoterapia, no sólo por su concepción interactiva y finalista del síntoma, sino también por ser el primero en establecer el tratamiento en el seno de la familia. Adler no trabajaba con toda la familia, pero siempre que trabajaba con alguna parte del sistema lo hacía teniendo en cuenta el contexto del individuo y sus prescripciones se orientaban a obtener cambios en ese contexto (Broderick y Schrader, 1991).

Algunos de los aportes de la teoría adleriana que han podido influir en el desarrollo de la terapia familiar son:

1. Planteó la desigualdad de los sexos como un factor importante para la inestabilidad matrimonial (Adler, 1967, pág. 213). Adelantándose de este modo a posiciones de la actual terapia feminista y a otros movimientos que han dado mucha importancia al tema del género.

2. Destacó el papel de la cooperación de los esposos y de los padres para el bienestar de los hijos (Adler, 1967, pág. 217).

3. Propició una visión estructuralista de la familia con sus concepciones con respecto a los límites, las triangulaciones y con respecto al papel de chivo emisario de los hijos (Adler, 1967, pág. 111).

4. Enfatizó el desarrollo de los vínculos extrafamiliares, tanto en la familia extensa como en la comunidad.

5. Abrió y desarrolló el campo de las relaciones fraternas en el núcleo familiar.

6. Se ocupó de familias marginales y de situaciones de abandono y maltrato.

Otro interesante ejemplo de la evolución del psicoanálisis a la terapia de pareja lo tenemos en H. S. Sullivan y su terapia interpersonal que desarrolla en 1947 a través de su obra La teoría in ter personal de la psiquiatría. En ella

(13)

13 pone el acento claramente sobre la relación que el individuo «enfermo» mantiene con los otros. El desorden o trastorno mental obedece a la puesta en acción de patrones de relación interpersonal inadecuados e inapropiados, aprendidos en el contacto con las figuras significativas del entorno, particularmente la madre. Por lo tanto, para Sullivan, uno adquiere salud men-tal en la medida en que se vuelve consciente de sus relaciones interpersonales (Broderick y Schrader, 1991).

La ampliación del foco de intervención desde lo intrapsíquico a lo interpersonal, su papel como investigador en relaciones familiares muy perturbadas (permitiéndose incluso grabar sesiones) y en definitiva, su visión sistémica de las disfuncionalidades, son las mayores aportaciones que Sullivan realiza al campo de la terapia familiar y de pareja. Sus trabajos fueron de gran importancia para terapeutas familiares y de pareja como Framo o Stierlin (Stierlin, 1997).

Por último señalaremos la obra de Ackerman, otro psicoanalista culturalista, autor de la obra Diagnóstico y tratamiento de las relaciones familiares en 1958, un clásico dentro de los estudios sobre psicopatología familiar. En él hace un enfoque dinámico con perspectiva psicosocial y presenta interesantes aspectos clínicos tras 25 años de experiencia en la Clínica de Salud Mental Familiar de Nueva York y en la Clínica Psicoanalítica de Columbia. Ackerman ha sido considerado como uno de los autores que mejor ha sabido combinar las aportaciones psicoanalíticas y sistémicas. Señaló que la identidad de cada persona tiene varios aspectos: uno individual, otro como miembro de varios subsistemas familiares y otro como miembro de la familia como un todo. Las relaciones entre la identidad individual y la identidad familiar se caracterizan por el sutil interjuego de proceso de combinación y diferenciación. Para Ackerman la identidad individual requiere la identidad familiar, y la identidad familiar requiere a su vez el apoyo de la comunidad más amplia (Ackerman, 1954). El autor concede gran importancia a las emociones dentro del sistema familiar, y a los procesos de individuación, aspectos ambos que se han

(14)

14 convertido con posterioridad en algunas de las señas de identidad de los modelos dinámicos y los modelos humanistas de terapia familiar.

En resumen, encontramos que dentro del psicoanálisis se produjo una apertura hacia la inclusión de las parejas y las familias como consecuencia de los fracasos de muchos de los tratamientos psicoanalíticos y también de su duración (Bowen, 1966). Esta apertura se tradujo en una incorporación progresiva de los conceptos derivados de la nueva corriente sistémica y la cibernética, siendo posible en la actualidad, identificar dentro de la terapia de pareja una corriente que ha trasladado los presupuestos psico analíticos al ámbito conyugal, desarrollando toda una teoría del emparejamiento y el conflicto matrimonial con un profundo arraigo psicoanalítico (Milmaniene, 1998; Puget, 1997) y otra corriente que, aun conservando el enfoque dinámico, se ha ampliado dando lugar a las llamadas terapias de tipo experiencial (Greemberg y Jonson, 1988; Satir, 1964; Whitaker et al., 1991) y los modelos intergeneracionales (Boszormanyi-Nagy, 1994; Canevaro, 1986; Framo, 1996). En definitiva, el psicoanálisis ha aportado a la terapia de pareja el interés por lo intrapsíquico y ha permitido realizar una interpretación dinámica de la relación de pareja (Pérez Testor, 2000), centrándose sobre todo en los aspectos disfuncionales de la relación y permitiendo una mejor comprensión de los aspectos dinámicos que mantienen los conflictos. Por otro lado, ha influido en la importancia de la figura del terapeuta en el contexto de la terapia y en la persona del terapeuta como recurso e instrumento clínico.

Reacción autocompasiva de su marido y la actitud protectora de su suegra con respecto al hijo. ¿Por qué ella no le confesaba su cólera al marido? Tal vez por que podía castigado más mediante su silencio y dependencia, que mediante la expresión abierta de sus sentimientos. Al convertirse en una persona mas digna de compasión que él, ella obtenía el control total de la situación. Pero no estaba dispuesta a tolerar nuevos abusos de parte de terapeutas entrometidos o de

(15)

15 perros fríos y mojados. Quizá fue la absurda demostración de amor del perro lo que hizo que su maniobra pasiva-agresiva resultara más innoble. Yo no lo sé; nunca ni la mujer ni nosotros volvimos a mencionarlo.

En la situación en la que derribé al muchacho de la silla, ¿por qué la mujer toleraba las matoneadas del hijo? El punto de tropiezo residía en que en esa familia se pensaba que los hombres eran los únicos dueños del poder y había que preservar su dignidad. Las mujeres esperaban que el padre hiciera algo y sin embargo, creían que los hombres podían hacer lo que se les antojara.

Si el marido obedecía a su mujer, perdía su áurea de poder; al restringir a su hijo, también demostraba las limitaciones de la libertad viril. Mi maniobra podria haber resultado aun más útil si yo hubiera sido mujer, pero al menos demostré que no todos los hombres creen que debe protegerse la dignidad masculina. Después de la maniobra mencionada, el padre habría perdido la dignidad en caso de que no controlara lo que era preciso controlar.

En la situación en que el hombre se puso cabeza abajo, el obstáculo estaba en que la madre no estaba dispuesta a permitir que su hijo hiciera nada sensato hasta que su marido demostrara amor, mientras éste hacía gala de una impaciencia fútil pero apropiada. Esta pareja permitía que su hijo languideciera en la incompetencia funcional mientras ellos debatían la naturaleza del amor.

En estos casos la técnica funcionó. La mayoría de las veces no sucede lo mismo, lo cual no constituye un problema, pues al momento siguiente surgirá una nueva oportunidad para aplicar otra técnica. No es que estas técnicas hayan sido planeadas; sencillamente se dieron así. Yo habría podido igualmente escribir una carta a alguien, aplicar una paradoja, hacerme el indefenso, irme a dormir y recordar un sueño o interpretar una escena fantaseada. Cualquiera de estas cosas habría causado algún resultado. Nunca me duermo en una sesión, pero he hecho todo tipo de cosas, a veces con éxito, a veces sin el. En 1971 escribí, junto con mis colegas de Denver, un informe sobre técnicas, en el que incluía la paradoja, la negación de los síntomas, el empleo del propio lenguaje simbólico del paciente,

(16)

16 etc. Estas técnicas amables se asocian con una actitud no culpógena de intolerancia frente al síntoma y de respeto por el mensaje que él simboliza. Cada tanto, el terapeuta tal vez tenga que ir más allá de esta semántica amable. La terapia del cocker spaniel mojado es una metáfora de la inventiva desesperada con la cual el terapeuta da un suave codazo a la familia para que pase por alto su obstáculo. Estos codazos son específicos y difieren de otras técnicas más rutinarias que suelen ser procedimientos desestructurantes para detener el reciclaje de la vieja y repetida definición del problema, mediante la cual la familia impide que ocurra el cambio. Una vez que el problema se ha redefinido y la acción necesaria está perfectamente clara, el codazo no hace más que empujar a uno de los miembros de la familia a realizar un acto simbólico que produzca el cambio sistémico.

Al cabo de veinticinco años en esta profesión de la terapia familiar, me asombra comprobar con cuán poca frecuencia es preciso aplicar técnicas dramáticas. Anderson y Stewart (1983) han compilado una invalorable colección de técnicas para superar la resistencia, y casi todas ellas son directas y amables. Estoy seguro de que cualquier terapeuta podría desarrollar' toda su carrera sin tener que echar mano de ningún recurso ni remotamente tan llamativo como los mencionados.

Un peligro de estas técnicas fuera de lo común reside en que se las emplee en un momento inoportuno de la terapia. Resultaría grotesco aplicar una paradoja por teléfono cuando alguien llama para pedir la primera cita, o cuando la familia acude a informar sobre su excelente realización de las tareas asignadas. Sería inapropiado que el terapeuta se mostrara arrogante cuando la familia recién llega o se hiciera el indefenso cuando está a punto de irse. Tampoco conviene acostumbrarse a usar como gambito de apertura una técnica de fingimiento, una pantalla en blanco o derribar a alguien de la silla. Además, uno no hipnotiza o medica a los extraños, ni se vuelve loco frente a ellos, ni les monta un espectáculo. Del mismo, modo, no es aconsejable quedarse tranquilamente sentado cuando la gente se niega a hacer algo que solucionaría el mismo

(17)

17 problema sobre el cual siguen lamentándose.

PUNTOS CRUCIALES PERO QUE SE DESATIENDEN CON FRECUENCIA En primer lugar, la gente acude a la terapia con el objeto de no cambiar.

Acaso estén dispuestos al cambio de muchos y diversos modos, al igual que todos nosotros, pero ahora se hallan bajo presión para lograr un cambio que en cierto modo desean evitar. Usted debe averiguar cuál es ese cambio que tanto temen y, de ser posible, al menos simular que se une a ellos para protegerlos contra el cambio. Una vez logrado ese cambio, todos los demás resultarán menos amenazadores.

Segundo, el cambio precede a la comprensión. Salvo el terapeuta, no es necesario que nadie más entienda los motivos fundamentales de un cambio. Este existe como conducta independientemente de la psicodinámica o los conflictos de la familia. Tal vez usted deba producir el cambio antes de que cualquiera quiera se muestre de acuerdo con él. Tal vez nunca vuelva a repetirse en forma voluntaria, pero nunca se borrará. Una vez producido, el cambio pasa a formar parte del repertorio familiar para que se lo pueda evocar cada vez que sea preciso, aunque en un principio haya sido motivado, o no, por la comprensión, la negociación, la paradoja o un perro mojado

Tercero, la emoción no es en verdad muy importante, salvo si constituye un obstáculo para la acción. En la terapia, si uno se concentra en los sentimientos les otorga una importancia que distrae del problema en cuestión. La gente espera que los terapeutas tengan la gentileza social de prestar atención a sus sentimientos, pero el terapeuta debe pronto dejarlos de lado V ocuparse de la conducta, Lo que produce tanto el cambio estructural como emocional es el cambio de conducta de un individuo tras otro. Comunicación es conducta. También lo es escuchar.

Cuarto, una familia en crisis se halla mucho más abierta al cambio que una familia que no siente que el cambio tan temido es inminente. Las técnicas para

(18)

18 intensificar la crisis son muy diferentes de las empleadas para provocar un cambio mínimo frente al caos. Cuando adapte técnicas de otros terapeutas a su estilo propio, es importante que tenga en cuenta el tipo de familias y las situaciones con las que ellos han trabajado anteriormente.

Quinto, las familias no son muy frágiles, Por lo general antes de resolver consultarlo a usted ya han resistido durante algún tiempo a la sabiduría y las buenas intenciones de todos sus conocidos. Tal vez usted logre con sus técnicas que abandonen la terapia, pero es improbable que los lastime, a menos que trate de protegerlos al uno del otro o a todos, del cambio o de la realidad.

Sexto, la terapia no es un acto de amor. Los terapeutas pueden muy bien amar la salud, la ampliación de los repertorios de conducta de la gente o el proceso de cambio. Tal vez sientan por sus pacientes el mismo tipo de afecto que los cirujanos tienen por los suyos, o el que demostraba Miguel Ángel por el mármol, pero para un terapeuta es destructivo amar la patología de su paciente y protegerlo del cambio. La terapia es un acto de agresión en el cual usted ataca, aunque lo haga de manera suave e indirecta, la patología que el paciente más venera.

Septimo, aunque es provechoso que las familias se sientan cómodas en la terapia y que gusten del terapeuta y éste de ellas, el amor por el terapeuta puede no contribuir a los buenos efectos de la terapia. El hecho de que los miembros de la familia simpaticen mucho o poco con el terapeuta no siempre guarda relación con la simpatía y el amor que sentirán por sí mismos cuando la terapia haya concluido. Si la relación entre usted y la familia es muy huena, pero no ocurre ningún cambio, quizá sea preciso que usted recurra en última instancia a una maniobra

dekamikaze. Quizá deba convertirse en una persona lo suficientemente

desagradable como para echar a la familia de la terapia, pero con una inolvidable claridad acerca de lo que deben hacer para seguir evitándola.

Octavo, la mayoría de los problemas del mundo no son tanto el producto de la patología de la familia de un individuo como de la mala información contra la cual

(19)

19 la gente lucha con valentía para poder abrirse paso. Sus técnicas. son infinitamente menos importantes para usted o para su paciente que su sentido común y su buen juicio.

Noveno, las técnicas se reservan para un uso ocasional. Un terapeuta como J ohn Weakland, famoso por su discreta sutileza, puede obrar parte del tiempo de manera apenas diferente que la del terapeuta Mauricio Andolfi, conocido por su teatralidad. Existe una diferencia de estilo entre un terapeuta y otro, pero tal vez se deba sencillamente a una cuestión de personalidad. Las técnicas de terapia familiar están a disposición de los terapeutas de todos los estilos.

Décimo, la terapia debe considerarse un proceso mediante el cual la sensatez del terapeuta es transferida al paciente. El terapeuta se niega, con calma, a ver el problema de manera emocional y, en cambio, adopta un punto de vista práctico, que revela a la familia. Esto no puede ocurrir si el terapeuta actúa de modo irracional o incluso emocional ante el problema. De modo que usted no debe comprometer frívolamente su cordura. No obstante, hay momentos en que una conducta suya inesperadamente ilógica, emocional, activa o de cualquier otro tipo, puede ejercer un poderoso impacto. Esto sólo es posible si la familia ya confía en su sensatez, su calma, su objetividad. Las técnicas irracionales, desde la paradoja hasta los cocker spaniels mojados, surten su efecto por contraste con el enfoque habitual.

Para desentrañar la asombrosa serie de crisis inherentes a la comedia humana, los terapeutas deben disponer de todo un arsenal de técnicas que les permita emplearIas ocasionalmente cuando los enfoques directos no surten efecto. La poca frecuencia con la que un terapeuta recurra a tales técnicas quizá sea un índice de su destreza. Y el hecho de que se halle dispuesto a emplearlas en las raras ocasiones en que no funciona ninguna otra quizá sea un índice de su inventiva.

(20)

20 LA NATURALEZA DEL MATRIMONIO y SUS TRANSICIONES

Todo O nada

"Es imposible estar casado y bien al mismo tiempo." -Palabras de una persona casada.

"Cualquier matrimonio, feliz o desdichado, es infinitamente más interesante y significativo que cualquier romance, por apasionado que sea." -W. H.Auden

Los profesores de natación que enseñan técnicas para no ahogarse saben que la gente se ahoga cuando le tiene miedo al agua y lucha por mantenerse a flote. Si estas personas pudieran seguir adelante y sumergirse en el agua, descubrirían que pueden flotar sin peligro, respirar con comodidad y relajarse por completo. El esfuerzo que se hace, estando en el agua, para evitar ser tragado por ésta resulta agotador y potencialmente fatal.

El matrimonio es algo temible. Muchos se ahogan en lugar de rendirse a él. Tratan de protegerse de él o de ganarle y, por lo tanto, están destinados al fracaso, ante un estado tan sencillo pero tan completamente absorbente.

Los matrimonios fracasan con la misma frecuencia con que salen airosos. El matrimonio es claramente frágil y propenso a la crisis. La gente forma pareja, se casa y se divorcia, echándole la culpa a la índole del matrimonio, o a la del sexo "opuesto", o a la de su compañero específico, o al momento de la vida en que se casaron, o a la química, o a los astros, o al desgaste del amor.

Pocas personas se preparan para el matrimonio o incluso creen necesaria dicha preparación. Se les dice: "Cuando llegue la persona indicada para ti, lo sabrás y, entonces, ocurrirá el milagro y vivirán felices para siempre". De algún modo la sociedad transmite el mensaje de que el matrimonio funciona mágicamente si se produce entre las personas "adecuadas”, y si no funciona ello se debe a que ninguna de ambas era la "correcta" para la otra.

(21)

21 La gente se casa con esquemas y expectativas basados en su experiencia anterior en la propia familia, por lo general el matrimonio de los padres que, de algún modo, se les ha mantenido en secreto. Si el matrimonio de los padres era abiertamente conflictivo, es probable que ninguno de ellos haya sido lo bastante objetivo como para dar a sus hijos indicaciones útiles acerca de qué es lo que funciona y qué es lo que no funciona. Si los padres se casaron varias veces, quizá los hijos hayan aprendido algo sobre la transitoriedad de las relaciones o incluso hayan detectado algunas señales acerca de qué es lo que deben evitar. Los hijos de familias divorciadas parecen más propensos al divorcio. Quizá no han aprendido cómo solucionar los problemas maritales pero sí cómo escapar de ellos. .

En teoría, la gente que ya ha estado casada antes debería lograr mejores resultados en un matrimonio que los primerizos. Son mayores, saben más y hacen elecciones más maduras y con mayor cautela. Pero daría la impresión de que en realidad no es así. La tasa de divorcios para los segundos matrimonios es en verdad más alta que para los primeros. Los psicólogos clínicos observan que es muy frecuente que la gente vuelva a casarse una y otra vez con la misma persona. Esto nos hace pensar que la gente aprende muy poco del primer matrimonio. De modo que las personas se casan con los ojos brillantes y las esperanzas intactas sin tener en cuenta los muchos o pocos matrimonios, propios y ajenos, que han padecido antes. Esperan que éste será diferente porque por fin han encontrado la persona "perfecta". Han encontrado a alguien que es idéntico a sus padres o totalmente diferente de ellos (o que es idéntico a alguna otra persona, o totalmente diferente). Luego reaccionan con horror al descubrir características que les recuerdan a su madre, o a su primer marido, o a su segundo padrastro, o a cualquier otro. No han aprendido que un cónyuge no es alguien que cayó del cielo sino el producto de una capacitación en el lugar de trabajo. Y esta capacitación en el lugar de trabajo del matrimonio no es muy romántica que digamos.

TODO LO QUE NO SE DOBLE SE ROMPERA

(22)

22 Las inflexibilidades prevalecen más cuando el matrimonio incluye dos personas rígidamente diferenciadas por su sexo, cuando depende de que el romance mantenga invariable su altura emocional, o cuando no hay una red de relaciones funcionales y emocionales que sirvan de apoyo al matrimonio para reforzarlo y darle ductilidad. Por desgracia, los mismos factores que hacen a la intensidad del cortejo -romance, aislamiento de la pareja y fuertes diferencias sexuales- son los que tornan azaroso el matrimonio.

Sexo y tendencia a la crisis

El matrimonio es la unión de un hombre y una mujer. Cada uno ha sido educado para formar la mitad de una pareja, y es por lo tanto un ser humano incompleto. A los hijos se los prepara para los rituales del cortejo, extremadamente importantes, Y se los va moldeando en los estereotipos de su sexo. En el pasado, a los muchachos se los preparaba para que fueran duros y seguros, invulnerables, competentes en todo, para que no tuvieran miedo, al punto de convertirse en personas que no demostraban jamás sus emociones. También se les permitía ser groseros, vulgares, materialistas, promiscuos en lo sexual y dominantes e, incluso, los alentaban a -ello sus familiares, sus pares, sus modelos y la sociedad. El estereotipo masculino tradicional, cuando se lo lomaba al pie de la letra, producía seres que reunían todas las características de un tirano psicopático, adicto al trabajo y obsesivo-compulsivo. A las niñas se les enseñaba a ser pasivas, colaboradoras, funcionalmente limitadas, emocionalmente románticas, de buenos modales, dispuestas a sacrificarse, etc. Se las adiestraba para que controlaran las relaciones con el hombre sin mostrar su poder, sin dejar de nutrir a los hombres con lealtad ni dejar de fomentar su confianza en sí mismos. El estereotipo femenino, cuando se lo tomaba al pie de la letra, se parecía bastante a una víctima y mártir histérica, generadora de culpas y pasiva-agresiva.

A las mujeres se les exigía que observaran de cerca las relaciones; a los hombres se les prohibía hacerla. A los hombres se les exigía que compitieran en todas las situaciones; a las mujeres se les prohibía hacerla directamente. Sólo por accidente

(23)

23 alguien .podía convertirse en una persona completa después de tal entrenamiento sexual. Los que no lograban alcanzar el ideal de su sexo, quizá vivieran toda la vida avergonzados e inseguros. Pero los que sí conseguían parecerse al estereotipo de su sexo eran a la vez ineptos para las relaciones e incapaces de sobrevivir sin ellas.

Se supone que los estereotipos sexuales se relacionan con las verdaderas diferencias biológicas entre machos y hembras. Estas diferencias son, en su mayoría, reales aunque leves. El sexo es más bien un conjunto de convenciones culturales, muy influenciado por la raza, la religión, la política y la economía. Los estereotipos se han morigerado en los últimos años y, quizá, se morigeren más aun, pero nos han dejado una cantidad de generaciones de hombres y mujeres muy diferenciados según el sexo, que se sienten desorientados ante los cambios en las expectativas sexuales de los últimos años. y nos engañamos al pensar que esta morigeración en los estereotipos sexuales ha alcanzado a todos los sectores de la sociedad. Seguimos produciendo hombres y mujeres lisiados por su excesivo sentido del sexo.

Tal vez el adiestramiento en la diferenciación sexual prepare mejor a la gente para el cortejo que para la vida; en verdad, es muy probable que una persona que aprende bien los roles de su sexo resulte incapaz de compartir las experiencias de la vida con alguien que ha recibido un adiestramiento y diferenciación sexual totalmente diferentes. Sólo está preparada para una danza estereotipada en la que cada uno desempeña su respectivo papel sexual de manera automática, independiente e impersonal. Los estereotipos sexuales son impersonales y, por lo tanto, deshumanizante. Tal vez el matrimonio no se torne lo bastante personal para funcionar bien hasta que se resquebrajen los límites del sexo, y esto resulta atemorizante, porque a los niños y a las niñas se les ha enseñado que la vergüenza y el ridículo esperan a aquellos que no consiguen vivir de acuerdo con el ideal sexual prototípico.

(24)

24 como en otro ser humano, y espera determinada conducta basada en la distinción de sexo, puede sentir confusión, decepción e incluso indignación al descubrir al verdadero ser humano que se oculta bajo el estereotipo sexual. Hay quienes se enojan tanto con el sexo "opuesto" que ignoran al ser humano y sólo ven al estereotipo. Acaban creyendo que el matrimonio es o bien "un complot masculino para explotar a las mujeres" o bien "un complot femenino, para esclavizar a los hombres". Estas personas no llegan nunca a funcionar bien en el matrimonio. Las relaciones entre los sexos no pueden ser verdaderamente iguales mientras e! divorcio siga siendo más desventajoso en lo económico para las mujeres que para los hombres, y la moda determine que los hombres de , mediana edad se consideren más deseables como cónyuges que las mujeres' de la misma edad. Tal vez las mujeres no sean capaces de lograr la igualdad dentro de! matrimonio, pero son aún menos capaces de hacerla fuera de él. .

Nuestros convenios sexuales actuales significan que las mujeres deben valorar más su matrimonio que los hombres: una desigualdad patente.

Estos convenios sexuales se hallan en un continuo fluir. El proceso de reevaluación y cambio en el sexo y el matrimonio produce permanentes conflictos, sobre todo cuando una mujer, educada para tener muy en cuenta las relaciones humanas, trata de vincularse con un hombre, adiestrado para seguir las reglas y no advertir nada tan personal como una relación, para no rendirse a las mujeres y no perder ninguna competencia.

3.

La desigualdad percibida entre ambos integrantes de un matrimonio debilita a éste y aumenta la probabilidad de resentimiento y rebelión. Hay quienes esperan que su sexo sea más igual que el otro y, por lo tanto, son capaces de calificar de desigual incluso a una relación igualitaria. Si el hombre o la mujer mide el desempeño sexual basándose en cuánto domina uno al otro, la igualdad es intolerable. Los roles sexuales estrictos tornan al matrimonio inflexible y, por lo

(25)

25 tanto, propenso a la crisis. La flexibilidad de los papeles sexuales aumenta la adaptabilidad conyugal y vuelve más abierto el conflicto marital, lo cual para algunas personas es insoportable.

Romance Y propensión a la crisis

Otro problema del matrimonio es el romance que seduce a la gente y la lleva a esperar demasiado. El romance es maravilloso. Huele como un auto nuevo y desaparece casi tan rápido. Pero no tiene nada que ver con la vida real. 1,11 mayoría de la gente en edad de casarse no ha aprendido aún la diferencia entre el amor y el romance: algunos no lo hacen jamás.

El romance, según Webster, es un "cuento ficticio y maravilloso", por lo tanto "una experiencia que encarna la cualidad de lo pintorescamente insólito". Es obvio que tales experiencias, aunque excitantes, no son muy sensatas. por pintorescamente insólito que sea el fondo del Gran Cañón del Colorado ola cima del monte Everest o un día en el circo, muy pocos escogerían vivir siempre allí. Sin embargo, la sociedad ha decretado que el romance debe ser la base a partir de la cual elegir a un compañero para toda la vida. Cuando alguien se siente "arrebatado de amor", especialmente por un extraño que le resulta romántico (es decir, pintorescamente insólito), la sensación es tan intensa y excitante que ambos se sienten dispuestos a firmar para toda la vida.

Están enamorados , personalizando así esta excitación romántica y con la esperanza de que el matrimonio la vuelva permanente. Estar enamorado es, desde luego, una forma de locura temporaria. Kubie (1956) lo describe como "un estado obsesivo impulsado en parte por la ira". Puesto que la intensidad de la excitación romántica es directamente proporcional a lo pintoresco y lo singular -y por lo tanto a lo inadecuado- de la relación, las combinaciones mas disparatadas son justamente también las más intensas.

(26)

26 No se pueden tener ambas cosas a la vez: uno es pasajero, el otro es para siempre. Los romanticistas inflexibles no pueden tolerar la intrusión de .mociones carente s de "amor" o de "cariño"; por lo tanto, la ira se convierte en una crisis tan intensa que llega a oscurecer el problema que la causó, tornando así imposible solucionarlo. Algunos tratan de mantener viva la llama de la magia, evitando la mundanidad de la realidad práctica y fomentando, en cambio, experiencias asombrosas y desconcertantes que provean un marco pintorescamente insólito para una relación que se vuelve cada vez más mundana. Tal vez esto sirva de algo, pero el costo suele ser la cordura de alguno o de todos.

l. El concepto de contrato matrimonial y sus aplicaciones en terapia

Los contratos matrimoniales escritos han existido desde los orígenes de nuestra historia. En 1971, el New York Times informó que dos eruditos habían traducido un contrato matrimonial celebrado entre Tamut, una liberta recién convertida al judaísmo, y su esposo Ananiah bar Azariah, funcionario del templo israelita de Elefantina, isla del Nilo. El documento databa del año 449 a. C. La fotografía con rayos infrarrojos, sumada a otras técnicas nuevas, reveló que Tamut debió de haber regateado bastante, y con éxito, ya que el papiro mostraba varias borraduras y correcciones, todas ellas a su favor; por ejemplo, se modificó la disposición de que, en caso de enviudar, heredaría la mitad de los bienes de su esposo; otorgándosele en cambio su totalidad, y se especificó que su antiguo amo sólo podría reclamarle a su hijo, Pilti, a cambio del pago de 50 siclos, que era una suma prohibitiva. Otras modificaciones aumentaron el valor de la dote que ella debía aportar al matrimonio. ¡Evidentemente, la lucha por los derechos de la mujer no comenzó con George Sand!

(27)

27 Contratos legales

En todas las épocas, los códigos legales han institucionalizado los derechos conyugales con respecto a personas y bienes, legislando generalmente a favor del varón. Empero, estos convenios legales son sólo una pequeña parte de los contratos matrimoniales a que nos referimos aquí. Recientemente, Sussman, Cogswell y Ross (1973)* combinaron sus talentos de sociólogos y legistas para emprender un estudio de los contratos matrimoniales usados en la actualidad, observando que estos suelen incluir las siguientes estipula-

Para las referencias bibliográficas, Sager indica en cada caso los autores y año de edición. remitiendo al lector a la bibliografía, dividida por capítulos, que se incluye al final de la obra. [N. de la r.]

ciones: 1) división del trabajo domestico; 2} uso del espacio habitacional; 3) responsabilidad de cada cónyuge en la crianza y socialización de los hijos; 4) disposiciones sobre bienes, deudas y gastos de subsistencia; 5) dedicación pro-fesional y domicilio legal; 6) derechos de herencia; 7) uso de apellidos; 8) relaciones lícitas con terceros; 9) obligaciones de la díada marital en diversos aspectos de la vida diaria, como trabajo, esparcimiento, vida social y comunitaria; 10) causales de separación o divorcio; l l ) períodos contractuales iniciales y subsiguientes, y su negociabilidad; 12) fidelidad sexual y/o relaciones sexuales extramatrimoniales; 13) posición asumida con respecto a la procreación o adopción de niños.'

Por lo común, cláusulas de este tipo figurarían -aunque no de un modo tan formal- en los contratos estudiados en este libro, que son fundamentalmente acuerdos tácitos, no escritos, entre cónyuges y concubinas. El contrato formal que puede firmar una pareja expresa su ideología y resume sus principios; es una expresión concreta de sentimientos y actitudes, en la medida en que los individuos son concientes de ellas. Dichas actitudes también quedan expresadas, aunque de una

(28)

28 manera más simbólica, cuando las parejas omiten la frase «y obedecer» en el juramento matrimonial de la esposa; esta pequeña omisión implica un gran cambio en las relaciones entre marido y mujer.

Si bien deben alentarse los contratos escritos, estos no están destinados a contemplar las necesidades, expectativas y obligaciones emocionalmente determinadas, y más o menos concientes, que existen en toda relación íntima. A decir verdad, los contratos con que nos topamos en terapia no son tales: la esencia de la relación es que los integrantes de la pareja no han negociado un contrato, sino que cada cual actúa como si su propio programa rna trimonia1 fuera un pacto convenido y firmado por ambos; cada cual piensa únicamente en su propio contrato, aunque llegue a desconocer partes de él. Así pues, no son verdaderos contratos, sino dos conjuntos diferentes de expectativas, deseos y obligaciones, cada uno de los cuales existe sólo en la mente de un cónyuge. Estos no-contratos representan el ejemplo más común, clásico y devastador (en cuanto al daño que infligen a la condición humana) de falta de comunicación eficaz, de conciencia de

Noto que aquí falta un punto que trate de métodos conciliatorios para aquellos casos que los cónyuges sean incapaces de resolver por sí mismos. Sería importante, al parecer, fijar algún sistema de arbitraje o ayuda de terceros a un nivel igualitario, o bien de ayuda profesional.

uno mismo y de una percepción exacta de los demás. Cada miembro de la pareja cree que recibirá lo que quiere, a cambio de lo que él dará al otro. Pero como cada cual actúa basándose en un conjunto diferente de cláusulas contractuales. e ignorado el de su compañero, y como, además. esas cláusulas van cambiando con el tiempo -al alcanzarse distintas etapas del ciclo vital y actuar fuerzas externas sobre la pareja como tal o sobre sus integrantes-, suele ocurrir que uno de los esposos modifique las cláusulas o reglas de juego sin discutidas y, ciertamente, sin el consentimiento del otro. Dadas estas circunstancias, no es

(29)

29 sorprendente que en 1975 haya habido un millón de divorcios en Estados Unidos, lo cual representa, aproximadamente, un divorcio por cada dos rnatrimonios. Lo sorprendente es que, siendo el matrirnonio Ia más compleja de las relaciones humanas, la psiquiatría y psicología recién ahora comiencen a dejar de estudiar y tratar al individuo para ocuparse de los dos esposos dentro de su contexto conyugal. La terapia marital sólo superó la etapa de mero asesoramiento alrededor del año 1930 (Sager, 1966a, 1966b). Berman y Lief (1975) resumen el estado actual de esta especialidad, indicando que en ella se ha hecho común practicar el tratamiento conjunto -o sea, trabajar con ambos cónyuges juntos-, pero que todavía falta un sistema teórico o de diagnóstico amplio, o aceptable en líneas generales, que describa y explique los factores que contribuyen a establecer y mantener una buena o mala relación marital. Aunque los escritos sobre el matrimonio y la terapia marital abundan cada vez más, no se han desarrollado conceptos unificadores. Recientemente, en una revisión crítica de la terapia marital y familiar, se ha confirmado la falta de una base teórica sólida (Olson, 1975).

Hace algunos años, mis colegas y yo establecimos el concepto de contrato matrimonial (Sager y otros, 1971), como un paso hacia la elaboración de un medio para conceptualizar y ordenar los innumerables factores intrapsíquicos y transaccionales que determinan la calidad de la interacción marital En este libro expondré mi ampliación y perfeccionamiento de dicho concepto, tal como se aplica en la comprensión y tratamiento de las relaciones defectuosas, utilizando la interacción marital como instrumento para ayudar a cada cónyuge a superar sus fallas individuales.

Contratos matrimoniales individuales

Este concepto ha resultado utilísimo en el tratamiento de matrimonios y familias, como modelo para dilucidar las interacciones entre los esposos. Específicamente,

(30)

30 procuramos comprender dichas interacciones en función de la congruencia, complementariedad o conflicto existente entre las expectativas y obligaciones recíprocas de los esposos. Siendo esta «dinámica contractual» un poderoso determinante de la conducta individual dentro del matrimonio y, asimismo, de la calidad de la relación marital, es lógico suponer que el análisis de las transacciones mari tajes basado en este modelo nos permitirá, quizás, aclarar conductas y sucesos conyugales de otro modo inexplicables, y nos proporcionará un foco en torno del cual organizar una terapia eficaz del individuo, matrimonio o familia afectados.

Entendemos por contrato individual los conceptos expresados y tácitos, concientes e inconscientes, que posee una persona con respecto a sus obligaciones conyugales y a los beneficios que espera obtener del matrimonio en general y de su esposo en particular, pero subrayando, por encima de todo, el aspecto recíproco de este contrato: lo que cada cónyuge espera dar al otro y recibir de él a cambio de lo otorgado constituyen elementos cruciales. Los contratos abarcan todos los aspectos imaginables de la vida familiar: relaciones con amigos, logros, poder, sexo, tiempo libre, dinero, hijos, etc. El grado en que un matrimonio pueda satisfacer las expectativas contractuales de cada esposo en estos terrenos es un determinante importante de su calidad.

Los términos de los contratos individuales son fijados por los profundos deseos y necesidades que cada persona espera satisfacer mediante la relación marital; estas necesidades pueden ser sanas y plausibles, en un sentido realista, pero también las habrá neuróticas y conflictivas. Es importantísima comprender que, si bien cada integrante de la pareja puede tener cierto-grado de conciencia con respecto a sus propios deseos y necesidades, por lo común no advierte que sus intentos de satisfacer los requerimientos de su compañero están fundados en el supuesto encubierto de que con ello satisfará sus propios deseos. Más aún, cada esposo suele ser conciente (al menos en parte) de sus estipulaciones contractuales y de algunas de las necesidades que les dieron origen, pero quizá no lo es, o 10 es apenas, de las expectativas implícitas de su cónyuge. En verdad,

(31)

31 hasta puede suponer que existe un acuerdo mutuo sobre un contrato cuando, en realidad, no es así. En este caso, el individuo actúa como si hubiera un contrato real a cuyo cumplimiento estuvieran obligados por igual ambos cónyuges: al no poder cumplirse puntos importantes del convenio (lo cual es inevitable), especialmente cuando estos escapan a su propia conciencia, el esposo defraudado puede reaccionar con manifestaciones de ira, ofensa, depresión o retraimiento, y provocar una desavenencia conyugal actuando como si se hubiese quebrantado un convenio real. Esto ocurre, sobre todo, cuando cree que él ha respetado sus obligaciones pero su compañero no.

En mi propia práctica, los pacientes y el terapeuta elaboran en forma conjunta el contenido del contrato matrimonial individual, dividiéndolo en tres categorías de información o estipulaciones: expectativas del matrimonio; determinantes intrapsíquicos de las necesidades del individuo; focos externos de problemas conyugales, síntomas producidos por problemas suscitados en las dos categorías anteriores. Cada categoría contiene materiales procedentes de tres niveles de conciencia distintos: -concientes y expresados; concientes pero no expresados; no concientes. Como regla general, el terapeuta puede sonsacarIes a los cónyuges mismos las estipulaciones correspondientes a los dos primeros niveles de conciencia, pues las parejas que buscan tratamiento suelen estar preparadas para verbalizar lo ya expresado, e incluso lo conocido pero no expresado por miedo o angustia. Para descubrir el material contractual que escapa a la conciencia, es preciso depender en parte de la interpretación que dé el terapeuta a lo manifestado por los pacientes. Además, los esposos ayudan a menudo a arrojar luz sobre las estipulaciones inconcientes del compañero.

Aplicabilidad del concepto de contrato

En terapia marital pueden emplearse muchas técnicas y enfoques, siempre y cuando concuerden con las opiniones y preferencias teóricas del terapeuta. El concepto de contrato matrimonial es adaptable a la mayoría de los enfoques

(32)

teóri-32 cos. En términos específicos, el terapeuta que utiliza el enfoque contractual supone que los desengaños relacionados con el contrato son una causa fundamental de desavenencias conyugales. Por consiguiente, procura aclarar los puntos importantes de los contratos teniendo en cuenta los determinantes psíquicos de la mayoría de las cláusulas, y, de infringirse estas, trata de ayudar a la pareja a renegociar y elaborar otras más aceptables. Aunque la comprensión y el cambio pueden darse en forma simultánea, también es posible que haya cambio sin comprensión y, a menudo, está sola no basta para 'producirlo. Como no 'siempre sabemos cuál es la manera más eficaz de generar el cambió, el terapeuta necesita disponer de una amplia gama de enfoques teóricos y técnicos.

Conviene introducir el concepto de contrato individual a comienzos del tratamiento, subrayando desde un principio los elementos mutuamente satisfactorios que poseen los de los cónyuges. Con frecuencia, podemos plantear dicho concepto en la primera sesión. El temprano énfasis en los elementos contractuales positivos hace que la pareja tome conciencia de los aspectos valiosos de su matrimonio y la motiva para la difícil tarea terapéutica que le aguarda. Es importante que el terapeuta no pierda de vista los elementos positivos de la relación, incluyendo la complementariedad positiva que existe entre dos personas.

Por lo general, el paciente experimenta alivio cuando logra percibir (en el sentido de un ínsigbt) las causas de la cólera e irritabilidad exacerbadas que lo perturban y confunden. Empero, también es posible que se desconcierte al verse confrontado con las decepciones sufridas en su matrimonio, por lo cual el terapeuta debe ser sensible a los efectos potencialmente disociadores que sus interpretaciones pueden ejercer sobre' la relación. El fin último del tratamiento es mejorar la relación marital, el funcionamiento de la familia y el crecimiento de los individuos, y como esto exigirá, quizás, una comunicación abierta entre los esposos, en todos los niveles, se alentará a cada uno a declararle a su compañero los aspectos tácitos de sus contratos. No obstante,

(33)

33 el terapeuta debe actuar con máxima sensibilidad y pericia al aclarar y utilizar con eficacia el material contractual, especialmente cuando este refleja la dinámica inconciente o trasunta un intento de solucionar una dificultad intrapsíquica. La interpretación del material contractual inconciente puede pro-vocar reacciones intensas, potencialmente muy constructivas, pero que también encierran el riesgo de un efecto negativo sobre los esposos o sobre el sistema marital. Esta clase de material debe manejarse con respeto, tal como ocurre en cualquier otra modalidad psicoterapéutica.

Los progresos técnicos y de conceptualización nos permiten aplicar métodos desconocidos quince' años atrás en el tratamiento de problemas intrapsíquicos en terapia conjunta. De este modo, el esclarecimiento de las transacciones contractuales en terapia arroia luz sobre los factores intrapsíquicos y los modifica, y viceversa; el terapeuta obra guiado por su conocimiento de ambas variables.

Cuando un matrimonio es viable, la aclaración de los contratos individuales puede causar una mejoría notable en la relación de pareja, así como en el crecimiento y desarrollo de cada esposo. En algún momento de la terapia, cada cónyuge se ve frente a realidades antes ignoradas por él: «En esta relación no puedo lograr mi deseo A, pero sí mis deseos B y e», o bien: «Mis deseos son quiméricos y nadie puede satisfacerlos». Estas intelecciones tienden a hacer que los individuos se empeñen más en su matrimonio Y opten por aceptar sus limitaciones realistas, 10 cual, a su vez, facilita la resolución de los problemas presentados.

Sin embargo, de vez en cuando se da el caso de que la revelación de las cláusulas contractuales suscita el descubrimiento de desacuerdos e incompatibilidades' graves, previamente negadas, que pueden acelerar la disolución del matrimonio. Por ejemplo, uno de los esposos se da cuenta de que «Conceda 10 que conceda, no podré obtener lo que quiero de esta unión», o que «Sólo podré satisfacer a mi cónyuge destruyéndome a mí mismo». El

(34)

34 hecho de que una pareja resuelva disolver su matrimonio en el entendimiento, realista y comprensivo, de que no pueden brindarse uno al otro 10 que desean, no significa que el tratamiento haya fracasado. En tales circunstancias, la disolución de un vínculo huero o doloroso puede constituir una experiencia constructiva para ambos; más aún, es posible que esto reduzca a un mínimo las experiencias penosas y destructivas que acompañan a menudo al divorcio. El concepto de contratos matrimoniales individuales ayuda a cada miembro de la pareja a familiarizarse con las necesidades propias y de su compañero, y también con sus respectivas voluntades de brindarse y de señalar los aspectos problemáticos de su relación; los matrimonios suelen mostrarse muy receptivos a esta manera de estructurar sus problemas. Esta técnica resulta particularmente eficaz en las sesiones conjuntas, ya que facilita la comunicación y coloca a los esposos en mejor posición para comprenderse a sí mismos, el uno al otro, y su relación marital al revelar se las estipulaciones contractuales. Entonces se aclaran los motivos de su infelicidad, de su conducta aparentemente irracional, de su acritud o altercados triviales: Es frecuente que, una vez adquirida cierta comprensión de sus decepciones contractuales individuales, los cónyuges se sientan menos desamparados y puedan buscar soluciones más realistas y eficaces para sus problemas.

Las expectativas recíprocas de la pareja son poderosos determinantes de la conducta. Al intervenir activamente en el matrimonio problema, tratando de alterar aspectos cruciales de los procesos generados por las expectativas recíprocas de interacción, el terapeuta puede aplicar métodos basados en la intelección psicodinámica o en la teoría del aprendizaje, junto con un enfoque transaccional sistémico. Los contratos individuales y el de in ter acción proporcionan una guía constante para la fijación de objetivos terapéuticos y para la intervención.

El concepto de contrato integra los dos parámetros de los determinantes de la conducta, el intrapsíquico y el transaccional. Las cláusulas individuales derivan de

(35)

35 necesidades y conflictos que se comprenden mejor en términos intrapsíquicos y culturalmente determinados, siendo a menudo intentos adaptativos de resolver conflictos mediante interacciones específicas. El consiguiente proceso de interacción, que constituye el contrato interaccional en sí, se convierte en un determinante fundamental de la calidad del matrimonio o relación.

Los contratos individuales nos proporcionan una base dinámica para mejorar o comprender el mecanismo marital, dándonos indicios de por qué, cómo y bajo qué circunstancias se suscitan y exacerban las desavenencias conyugales. El diagnóstico dinámico varía a medida que la terapia modifica el sistema marital: cuando los contratos independientes van aproximándose más claramente a su fusión en un contrato único, con cláusulas conocidas y aceptadas por ambos esposos, cabe esperar que entre estos habrá un intercambio más saludable y satisfactorio. A esta altura, los contratos individuales han entrado en sintonía con los propósitos del sistema marital y las necesidades de cada cónyuge.

2. El contrato individual

Los contratos matrimoniales no escritos contienen cláusulas que abarcan casi todo lo referente a sentimientos, necesidades, actividades y relaciones; algunas son conocidas por el contratante y otras escapan a su conocimiento. Como la desavenencia conyugal suele caracterizarse por presentar unas pocas cuestiones claves referentes a la relación, no hace falta tratar clínicamente todas las áreas. Es posible que algunas de esas cuestiones sean importantes para uno solo de los cónyuges, pudiendo convertirse fácilmente en base de negociaciones quid pro quo cuando salen a luz. Aquí enumeramos las estipulaciones posibles, ordenándolas para que el terapeuta elija, para estudiarlas, aquellas que correspondan al caso en tratamiento.

(36)

36 Los cónyuges traen a la relación marital sus propios contratos, y deben tratar de elaborar uno conjunto y único. El clínico 'les ayuda a explicitar los objetivos del sistema marital. En algunas áreas, la pareja ya comparte quizás un objetivo común, mientras que en otras habrán de buscar metas de compromiso que tengan en cuenta los deseos más vivos de cada esposo. Los cónyuges deben tratar de formular sus propósitos y objetivos individuales en forma clara e inequívoca, sin ambivalencias, para que afloren las áreas de coincidencia y desacuerdo. Como resulta difícil, si no imposible, ser un cónyuge colaborador y cabal si se advierte que la relación está operando en contra de los propios intereses, el primer paso será elaborar objetivos, metas o funciones comunes en áreas conflictivas. Una vez que se posean objetivos daros, será más fácil asignar tareas y responsabilidades, pudiendo entonces examinar y evaluar la eficiencia con que el sistema avanza hacia el cumplimiento de dichos objetivos y propósitos. Estos deben ir cambiando a medida que surjan nuevas necesidades en el ciclo de vida marital, para refle-jarlas, pues de lo contrario habrá dificultades.

'Los profesionales que hacen terapia marital tienen una amplia variedad de listas del tipo y número de áreas que se 'juzgan importantes para evaluar la calidad de un matrimonio. En los últimos quince años, en que me he ocupado de tratar desavenencias maritales, el examen del material recogido de los pacientes (ya sea durante las sesiones clínicas o de sus contratos escritos, cuando los utilicé) me ha demostrado que las áreas más importantes son las que expongo a continuación. Como advertencia previa, aclaro que en un contrato matrimonial puede incluirse un número casi ilimitado de áreas, pero sería un esfuerzo innecesario tratar de mencionarlas a todas. Para nuestros fines, las cláusulas contractuales pueden dividirse en tres categoría:1

Categoría 1. Parámetros basados en expectativas puestas en el matrimonio. El

acto de casarse, con o sin la sanción efectiva de la Iglesia o del Estado, denota un importante grado de compromiso, no sólo con el compañero, sino también con una nueva entidad: el matrimonio. Cada persona se casa con ciertos propósitos y objetivos específicos respecto de la institución en sí. Por lo general, no todos ellos

(37)

37 son plenamente concientes.

Categoría 2. Parámetros basados en necesidades intrapsiquicas y biológicas.

Algunas necesidades individuales son de origen biológico, en tanto que otras nacen del ambiente familiar y del medio cultural total; ambas influyen en las ex-pectativas puestas en la relación marital. Quien ha heredado una diátesis esquizofrénica puede ser más propenso a perder la confianza en su compañero; por lo tanto, es posible que subraye la importancia que ella tiene y sospeche abiertamente de los demás. Este ejemplo constituiría un caso biológico e intrapsíquico. Aunque al tratar de aislar áreas dentro de esta categoría no nos ocupamos de la etiología de las necesidades particulares, cabe aclarar que con frecuencia algunos de estos factores han formado parte de la personalidad del individuo durante largo tiempo, en tanto que otros sólo han estado latentes, manifestándose únicamente en la interacción con un determinado tipo de cónyuge. Por lo común, no hay una separación nítida entre la categoría que nos ocupa y las otras dos, sino más bien una transición gradual, con superposiciones. Buena parte del material escapa al conocimiento conciente y se esclarece extrayendo deducciones de las obras y acciones totales del paciente y su cónyuge. Las descripciones de lo visto en esta categoría variarán un tanto según la orientación del terapeuta, pero algunos aspectos serán percibidos de una manera similar por clínicos y pacientes, sean cuales fueren sus prejuicios o inclinaciones.

Categoría 3. Parámetros que son focos externos de problemas originados en las categorías 1 y 2. Después de haber examinado 750 parejas que acudieron

buscando ayuda para sus situaciones conyugales, Greene (1970) estableció que las quejas más comunes, eran las doce siguientes, enumeradas por orden de frecuencia: incomunicación, reyertas constantes, necesidades emocionales insatisfechas, insatisfacción sexual, desavenencias económicas, problemas con los suegros y cuñados, infidelidad, conflictos referentes a los hijos, cónyuge dominante, cónyuge desconfiado, alcoholismo, agresión física. Estas quejas no

Referencias

Documento similar

Gastos derivados de la recaudación de los derechos económicos de la entidad local o de sus organis- mos autónomos cuando aquélla se efectúe por otras enti- dades locales o

La moral especial (o institucional, la M de G ARZÓN ) parece ofrecer de- masiados pretextos; terminaría por justificar cualquier tipo de acción requerida por ra- zones

Sólo que aquí, de una manera bien drástica, aunque a la vez coherente con lo más tuétano de sí mismo, la conversión de la poesía en objeto -reconocida ya sin telarañas

"No porque las dos, que vinieron de Valencia, no merecieran ese favor, pues eran entrambas de tan grande espíritu […] La razón porque no vió Coronas para ellas, sería

En estos últimos años, he tenido el privilegio, durante varias prolongadas visitas al extranjero, de hacer investigaciones sobre el teatro, y muchas veces he tenido la ocasión

Sanz (Universidad Carlos III-IUNE): "El papel de las fuentes de datos en los ranking nacionales de universidades".. Reuniones científicas 75 Los días 12 y 13 de noviembre

(Banco de España) Mancebo, Pascual (U. de Alicante) Marco, Mariluz (U. de València) Marhuenda, Francisco (U. de Alicante) Marhuenda, Joaquín (U. de Alicante) Marquerie,

d) que haya «identidad de órgano» (con identidad de Sala y Sección); e) que haya alteridad, es decir, que las sentencias aportadas sean de persona distinta a la recurrente, e) que