DISCURSO RECTOR UNIVERSIDAD DE SEVILLA ENTREGA PREMIOS REAL MAESTRANZA
17 mayo 2016
Deseo que mis primeras palabras sean de recuerdo emocionado a la figura periodística y humana de Fernando Carrasco. Se nos fue uno de los mejores, un amigo de la Universidad y un colaborador desinteresado y permanente de la Cátedra universitaria Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia, que patrocina la Real Maestranza y dirige el profesor Juan Carlos Gil. Desde esta tribuna, envío un abrazo solidario a sus familiares, amigos y compañeros.
*********
Ortega y Gasset decía que quien quiera saber el estado de España que se asome a una plaza de toros.
Si nos asomamos a algunos cosos taurinos observaremos un país con graves fisuras institucionales, en el que los caminos políticos están embarrados y parecen intransitables; en el que sigue imperando un cierto pesimismo fatalista y algunos liberticidas se empeñan en demonizar símbolos culturales que han servido durante siglos de argamasa de este país llamado España.
Pero si miramos en otras plazas de toros, como en esta Real Maestranza que hoy acoge la entrega de los premios a los mejores expedientes de la Universidad de Sevilla y a los ganadores de la Feria taurina de 2015, el panorama es, por fortuna, muy alentador.
Los galardonados, son hombres y mujeres que están a la altura de un gran país y que fundamentan nuestras esperanzas en un futuro mejor, en una sociedad donde imperen el mérito y el conocimiento. En una España en la que la primacía del bien público y el esfuerzo creativo sean ejes irrenunciables.
En su excelente pregón de este año, el profesor Ramón Serrera comparó los toros con una sonata compuesta de tres grandes movimientos. Añadió que el toreo es
“un monumento al arte, marcado al igual que la música por la medida, el ritmo y el tiempo”. Es decir, por la armonía.
Es, precisamente, lo que nos falta como sociedad en estos momentos. El filólogo centroamericano Pedro Henríquez Ureña afirmaba que “el ideal de la civilización no es la unificación completa de todos las personas y todos los países, sino la conservación de todas las diferencias dentro de una armonía”.
La cultura, a la que pertenece por derecho y por justicia histórica la tauromaquia, y la educación pueden y deben propiciar esta armonía que tanto necesita nuestro país.
Admirable es la labor que realiza en este sentido la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, a la que además de agradecerle públicamente la entrega de estos premios y su permanente colaboración con la Universidad de Sevilla, quiero reconocer su sensibilidad cultural e histórica.
La Real Maestranza de Caballería ha sido la institución que más y mejor ha sabido conmemorar una efeméride que ha pasado desapercibida para muchos: el cuarto centenario del nacimiento de Carlos III, posiblemente el más sevillano de los reyes españoles. Curiosamente –y esto dice muchísimo de la lealtad a la Corona de los caballeros maestrantes− fue un monarca que prohibió los toros, aunque con escaso éxito, casi el mismo que tuvo la bula de excomunión que promulgó san Pío V.
Queridos taurinos, tranquilidad, que la historia nos demuestra que la persecución viene de antiguo y que ni reyes ni papas han podido erradicar el arte de las corridas de toros.
Lleva la Real Maestranza 50 años —¡medio siglo!— fomentando este feliz encuentro entre Toros y Universidad, entre Arte y Conocimiento. Y de esta afortunada fusión surge un amor compartido por la búsqueda de la verdad y de la belleza. Por ese motivo la alianza entre los Caballeros Maestrantes y la Universidad de Sevilla es cada día más intensa y fructífera. A las dos instituciones nos mueve una similar voluntad de servicio público y una vocación centenaria por la cultura.
Francis Wolff fundamentó en su Pregón Taurino de 2009 los pilares éticos del toreo en cuatro cualidades: valor, dignidad, dominio y lealtad. Como profesor universitario y aficionado taurino he reflexionado sobre estas cuatro cualidades.
Considero que la actividad universitaria prioritaria —la búsqueda y transmisión de nuevos conocimientos— es una hermosa aventura ética que se basa en los mismos pilares que el toreo. En nuestro trabajo partimos de los estudios ya realizados, que analizamos de forma crítica y respetuosa. Es la lealtad con los que nos han precedido, con quienes abrieron nuevos caminos científicos y culturales.
El trabajo universitario se desarrolla generalmente con grandes dosis de conocimiento y experiencia. Esta fase se caracteriza por el dominio. A continuación expresamos con objetividad y sin ambages lo descubierto, a pesar de las posibles consecuencias. Lo hacemos de forma valiente, con valor y coraje, como el buen torero.
Por último, el trabajo universitario contribuye a elevar el sentido del ser humano a su máxima cota, prueba de la dignidad de nuestra misión.
El amor por la búsqueda del conocimiento se basa, por tanto, en los mismos pilares que el amor por la búsqueda de la gloria de un torero. Tiene, por ello, un amor común.
Es cierto que los universitarios –de forma especial aquellos a los que hoy reconocemos sus méritos− no nos colocamos delante de la puerta de toriles ni tenemos que enfrentarnos con una fiera brava de más de 500 kilos. Pero sí derrochamos [derrocháis, queridos premiados y premiadas] valor, coraje, tesón, constancia, arte, esfuerzo, dignidad…
Hay dos sustantivos que encajan perfectamente con la personalidad de todos los premiados y premiados: la perseverancia y la gallardía. Decía Ovidio que “la gota horada la piedra no por su fuerza, sino por su constancia al caer”. Con ello significaba que el éxito no es resultado de la casualidad, ni de un instante de inspiración o genialidad, sino el fruto de un trabajo constante y acumulado.
Asimismo, la gallardía no solo sirve para definir la belleza y armonía de los movimientos corporales, sino también para calificar aquellas empresas personales que requieren un grado considerable de arrojo y esfuerzo.
Premia la Real Maestranza, y todas las instituciones hoy congregadas en esta noble ágora de la cultura, a personas de confianza, dignas de elogio y de reconocimiento público. Toreros y estudiantes que se distinguen por la calidad de su trabajo, por su ejemplaridad y por encarnar las mejores virtudes que hacen progresar a los pueblos.
Maestrantes y universitarios sabemos que tanto la nobleza como la excelencia son el logro del esfuerzo permanente, del trabajo abnegado, de la organización y del espíritu de sacrificio. Y el camino no ha sido fácil ni lo será nunca, porque, como nos advertía Spinoza, “la cosa excelente ha de ser muy difícil”.
Os agradezco por partida doble vuestro trabajo modélico. En primer lugar como universitario, porque sois la más clara constatación de que valen la pena todos nuestros desvelos; y en segundo término, como ciudadano preocupado por la falta de ejemplos positivos y de referentes fiables, sobre todo, para nuestra juventud.
A todos los galardonados mi más sincera felicitación, que hago extensiva a profesores, familiares y amigos, porque ellos también son artífices de vuestro éxito. Sin su apoyo y sin su cercanía difícilmente hubierais disfrutado de este momento de merecida gloria.
Felicitaciones también sinceras a los profesionales del mundo taurino, a los que deseo triunfos y reconocimiento. La temporada 2016 está siendo especialmente interesante para este aficionado que les habla.
Gracias señores Maestrantes, gracias señor Teniente de Hermano Mayor, gracias querido Javier, por esta fiesta de la educación, del arte y de la libertad.
La colaboración entre la Real Maestranza de Caballería y la Universidad de Sevilla se extiende a numerosos proyectos culturales, editoriales y de investigación.
La edición de publicaciones es la más antigua de las grandes líneas de trabajo común que tenemos con la Real Maestranza, a las que luego se sumaron esta entrega anual de los premios a los mejores expedientes universitarios y la dotación de la Cátedra Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia.
En nuestro catálogo editorial, dentro de la Colección Tauromaquia, disponemos de 14 obras de grandísimo interés para aficionados e investigadores. Asimismo, hemos digitalizado y puesto a disposición del público en nuestra web, la colección completa de la Revista de Estudios Taurinos que edita la Fundación de Estudios Taurinos.
Permítanme que finalice mis palabras con una cita del Quijote, como homenaje a Miguel de Cervantes y de ánimo a las personas premiadas, para que no decaigan en su actitud vital. Está extraída de la aventura de los leones que se desarrolla en el capítulo XVI.
Don Alonso Quijano, tras salir airoso de una temeraria hazaña, exclama: “Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”.
Muchas gracias y mucho ánimo.
DISCURSO RECTOR UNIVERSIDAD DE SEVILLA ENTREGA PREMIOS REAL MAESTRANZA
17 mayo 2016
Deseo que mis primeras palabras sean de recuerdo emocionado a la figura periodística y humana de Fernando Carrasco. Se nos fue uno de los mejores, un amigo de la Universidad y un colaborador desinteresado y permanente de la Cátedra universitaria Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia, que patrocina la Real Maestranza y dirige el profesor Juan Carlos Gil. Desde esta tribuna, envío un abrazo solidario a sus familiares, amigos y compañeros.
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Ortega y Gasset decía que quien quiera saber el estado de España que se asome a una plaza de toros.
Si nos asomamos a algunos cosos taurinos observaremos un país con graves fisuras institucionales, en el que los caminos políticos están embarrados y parecen intransitables; en el que sigue imperando un cierto pesimismo fatalista y algunos liberticidas se empeñan en demonizar símbolos culturales que han servido durante siglos de argamasa de este país llamado España.
Pero si miramos en otras plazas de toros, como en esta Real Maestranza que hoy acoge la entrega de los premios a los mejores expedientes de la Universidad de Sevilla y a los ganadores de la Feria taurina de 2015, el panorama es, por fortuna, muy alentador.
Los galardonados, son hombres y mujeres que están a la altura de un gran país y que fundamentan nuestras esperanzas en un futuro mejor, en una sociedad donde imperen el mérito y el conocimiento. En una España en la que la primacía del bien público y el esfuerzo creativo sean ejes irrenunciables.
En su excelente pregón de este año, el profesor Ramón Serrera comparó los toros con una sonata compuesta de tres grandes movimientos. Añadió que el toreo es
“un monumento al arte, marcado al igual que la música por la medida, el ritmo y el tiempo”. Es decir, por la armonía.
Es, precisamente, lo que nos falta como sociedad en estos momentos. El filólogo centroamericano Pedro Henríquez Ureña afirmaba que “el ideal de la civilización no es la unificación completa de todos las personas y todos los países, sino la conservación de todas las diferencias dentro de una armonía”.
La cultura, a la que pertenece por derecho y por justicia histórica la tauromaquia, y la educación pueden y deben propiciar esta armonía que tanto necesita nuestro país.
Admirable es la labor que realiza en este sentido la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, a la que además de agradecerle públicamente la entrega de estos premios y su permanente colaboración con la Universidad de Sevilla, quiero reconocer su sensibilidad cultural e histórica.
La Real Maestranza de Caballería ha sido la institución que más y mejor ha sabido conmemorar una efeméride que ha pasado desapercibida para muchos: el cuarto centenario del nacimiento de Carlos III, posiblemente el más sevillano de los reyes españoles. Curiosamente –y esto dice muchísimo de la lealtad a la Corona de los caballeros maestrantes− fue un monarca que prohibió los toros, aunque con escaso éxito, casi el mismo que tuvo la bula de excomunión que promulgó san Pío V.
Queridos taurinos, tranquilidad, que la historia nos demuestra que la persecución viene de antiguo y que ni reyes ni papas han podido erradicar el arte de las corridas de toros.
Lleva la Real Maestranza 50 años —¡medio siglo!— fomentando este feliz encuentro entre Toros y Universidad, entre Arte y Conocimiento. Y de esta afortunada fusión surge un amor compartido por la búsqueda de la verdad y de la belleza. Por ese motivo la alianza entre los Caballeros Maestrantes y la Universidad de Sevilla es cada día más intensa y fructífera. A las dos instituciones nos mueve una similar voluntad de servicio público y una vocación centenaria por la cultura.
Francis Wolff fundamentó en su Pregón Taurino de 2009 los pilares éticos del toreo en cuatro cualidades: valor, dignidad, dominio y lealtad. Como profesor universitario y aficionado taurino he reflexionado sobre estas cuatro cualidades.
Considero que la actividad universitaria prioritaria —la búsqueda y transmisión de nuevos conocimientos— es una hermosa aventura ética que se basa en los mismos pilares que el toreo. En nuestro trabajo partimos de los estudios ya realizados, que analizamos de forma crítica y respetuosa. Es la lealtad con los que nos han precedido, con quienes abrieron nuevos caminos científicos y culturales.
El trabajo universitario se desarrolla generalmente con grandes dosis de conocimiento y experiencia. Esta fase se caracteriza por el dominio. A continuación expresamos con objetividad y sin ambages lo descubierto, a pesar de las posibles consecuencias. Lo hacemos de forma valiente, con valor y coraje, como el buen torero.
Por último, el trabajo universitario contribuye a elevar el sentido del ser humano a su máxima cota, prueba de la dignidad de nuestra misión.
El amor por la búsqueda del conocimiento se basa, por tanto, en los mismos pilares que el amor por la búsqueda de la gloria de un torero. Tiene, por ello, un amor común.
Es cierto que los universitarios –de forma especial aquellos a los que hoy reconocemos sus méritos− no nos colocamos delante de la puerta de toriles ni tenemos que enfrentarnos con una fiera brava de más de 500 kilos. Pero sí derrochamos [derrocháis, queridos premiados y premiadas] valor, coraje, tesón, constancia, arte, esfuerzo, dignidad…
Hay dos sustantivos que encajan perfectamente con la personalidad de todos los premiados y premiados: la perseverancia y la gallardía. Decía Ovidio que “la gota horada la piedra no por su fuerza, sino por su constancia al caer”. Con ello significaba que el éxito no es resultado de la casualidad, ni de un instante de inspiración o genialidad, sino el fruto de un trabajo constante y acumulado.
Asimismo, la gallardía no solo sirve para definir la belleza y armonía de los movimientos corporales, sino también para calificar aquellas empresas personales que requieren un grado considerable de arrojo y esfuerzo.
Premia la Real Maestranza, y todas las instituciones hoy congregadas en esta noble ágora de la cultura, a personas de confianza, dignas de elogio y de reconocimiento público. Toreros y estudiantes que se distinguen por la calidad de su trabajo, por su ejemplaridad y por encarnar las mejores virtudes que hacen progresar a los pueblos.
Maestrantes y universitarios sabemos que tanto la nobleza como la excelencia son el logro del esfuerzo permanente, del trabajo abnegado, de la organización y del espíritu de sacrificio. Y el camino no ha sido fácil ni lo será nunca, porque, como nos advertía Spinoza, “la cosa excelente ha de ser muy difícil”.
Os agradezco por partida doble vuestro trabajo modélico. En primer lugar como universitario, porque sois la más clara constatación de que valen la pena todos nuestros desvelos; y en segundo término, como ciudadano preocupado por la falta de ejemplos positivos y de referentes fiables, sobre todo, para nuestra juventud.
A todos los galardonados mi más sincera felicitación, que hago extensiva a profesores, familiares y amigos, porque ellos también son artífices de vuestro éxito. Sin su apoyo y sin su cercanía difícilmente hubierais disfrutado de este momento de merecida gloria.
Felicitaciones también sinceras a los profesionales del mundo taurino, a los que deseo triunfos y reconocimiento. La temporada 2016 está siendo especialmente interesante para este aficionado que les habla.
Gracias señores Maestrantes, gracias señor Teniente de Hermano Mayor, gracias querido Javier, por esta fiesta de la educación, del arte y de la libertad.
La colaboración entre la Real Maestranza de Caballería y la Universidad de Sevilla se extiende a numerosos proyectos culturales, editoriales y de investigación.
La edición de publicaciones es la más antigua de las grandes líneas de trabajo común que tenemos con la Real Maestranza, a las que luego se sumaron esta entrega anual de los premios a los mejores expedientes universitarios y la dotación de la Cátedra Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia.
En nuestro catálogo editorial, dentro de la Colección Tauromaquia, disponemos de 14 obras de grandísimo interés para aficionados e investigadores. Asimismo, hemos digitalizado y puesto a disposición del público en nuestra web, la colección completa de la Revista de Estudios Taurinos que edita la Fundación de Estudios Taurinos.
Permítanme que finalice mis palabras con una cita del Quijote, como homenaje a Miguel de Cervantes y de ánimo a las personas premiadas, para que no decaigan en su actitud vital. Está extraída de la aventura de los leones que se desarrolla en el capítulo XVI.
Don Alonso Quijano, tras salir airoso de una temeraria hazaña, exclama: “Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”.
Muchas gracias y mucho ánimo.
DISCURSO RECTOR UNIVERSIDAD DE SEVILLA ENTREGA PREMIOS REAL MAESTRANZA
17 mayo 2016
Deseo que mis primeras palabras sean de recuerdo emocionado a la figura periodística y humana de Fernando Carrasco. Se nos fue uno de los mejores, un amigo de la Universidad y un colaborador desinteresado y permanente de la Cátedra universitaria Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia, que patrocina la Real Maestranza y dirige el profesor Juan Carlos Gil. Desde esta tribuna, envío un abrazo solidario a sus familiares, amigos y compañeros.
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Ortega y Gasset decía que quien quiera saber el estado de España que se asome a una plaza de toros.
Si nos asomamos a algunos cosos taurinos observaremos un país con graves fisuras institucionales, en el que los caminos políticos están embarrados y parecen intransitables; en el que sigue imperando un cierto pesimismo fatalista y algunos liberticidas se empeñan en demonizar símbolos culturales que han servido durante siglos de argamasa de este país llamado España.
Pero si miramos en otras plazas de toros, como en esta Real Maestranza que hoy acoge la entrega de los premios a los mejores expedientes de la Universidad de Sevilla y a los ganadores de la Feria taurina de 2015, el panorama es, por fortuna, muy alentador.
Los galardonados, son hombres y mujeres que están a la altura de un gran país y que fundamentan nuestras esperanzas en un futuro mejor, en una sociedad donde imperen el mérito y el conocimiento. En una España en la que la primacía del bien público y el esfuerzo creativo sean ejes irrenunciables.
En su excelente pregón de este año, el profesor Ramón Serrera comparó los toros con una sonata compuesta de tres grandes movimientos. Añadió que el toreo es
“un monumento al arte, marcado al igual que la música por la medida, el ritmo y el tiempo”. Es decir, por la armonía.
Es, precisamente, lo que nos falta como sociedad en estos momentos. El filólogo centroamericano Pedro Henríquez Ureña afirmaba que “el ideal de la civilización no es la unificación completa de todos las personas y todos los países, sino la conservación de todas las diferencias dentro de una armonía”.
La cultura, a la que pertenece por derecho y por justicia histórica la tauromaquia, y la educación pueden y deben propiciar esta armonía que tanto necesita nuestro país.
Admirable es la labor que realiza en este sentido la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, a la que además de agradecerle públicamente la entrega de estos premios y su permanente colaboración con la Universidad de Sevilla, quiero reconocer su sensibilidad cultural e histórica.
La Real Maestranza de Caballería ha sido la institución que más y mejor ha sabido conmemorar una efeméride que ha pasado desapercibida para muchos: el cuarto centenario del nacimiento de Carlos III, posiblemente el más sevillano de los reyes españoles. Curiosamente –y esto dice muchísimo de la lealtad a la Corona de los caballeros maestrantes− fue un monarca que prohibió los toros, aunque con escaso éxito, casi el mismo que tuvo la bula de excomunión que promulgó san Pío V.
Queridos taurinos, tranquilidad, que la historia nos demuestra que la persecución viene de antiguo y que ni reyes ni papas han podido erradicar el arte de las corridas de toros.
Lleva la Real Maestranza 50 años —¡medio siglo!— fomentando este feliz encuentro entre Toros y Universidad, entre Arte y Conocimiento. Y de esta afortunada fusión surge un amor compartido por la búsqueda de la verdad y de la belleza. Por ese motivo la alianza entre los Caballeros Maestrantes y la Universidad de Sevilla es cada día más intensa y fructífera. A las dos instituciones nos mueve una similar voluntad de servicio público y una vocación centenaria por la cultura.
Francis Wolff fundamentó en su Pregón Taurino de 2009 los pilares éticos del toreo en cuatro cualidades: valor, dignidad, dominio y lealtad. Como profesor universitario y aficionado taurino he reflexionado sobre estas cuatro cualidades.
Considero que la actividad universitaria prioritaria —la búsqueda y transmisión de nuevos conocimientos— es una hermosa aventura ética que se basa en los mismos pilares que el toreo. En nuestro trabajo partimos de los estudios ya realizados, que analizamos de forma crítica y respetuosa. Es la lealtad con los que nos han precedido, con quienes abrieron nuevos caminos científicos y culturales.
El trabajo universitario se desarrolla generalmente con grandes dosis de conocimiento y experiencia. Esta fase se caracteriza por el dominio. A continuación expresamos con objetividad y sin ambages lo descubierto, a pesar de las posibles consecuencias. Lo hacemos de forma valiente, con valor y coraje, como el buen torero.
Por último, el trabajo universitario contribuye a elevar el sentido del ser humano a su máxima cota, prueba de la dignidad de nuestra misión.
El amor por la búsqueda del conocimiento se basa, por tanto, en los mismos pilares que el amor por la búsqueda de la gloria de un torero. Tiene, por ello, un amor común.
Es cierto que los universitarios –de forma especial aquellos a los que hoy reconocemos sus méritos− no nos colocamos delante de la puerta de toriles ni tenemos que enfrentarnos con una fiera brava de más de 500 kilos. Pero sí derrochamos [derrocháis, queridos premiados y premiadas] valor, coraje, tesón, constancia, arte, esfuerzo, dignidad…
Hay dos sustantivos que encajan perfectamente con la personalidad de todos los premiados y premiados: la perseverancia y la gallardía. Decía Ovidio que “la gota horada la piedra no por su fuerza, sino por su constancia al caer”. Con ello significaba que el éxito no es resultado de la casualidad, ni de un instante de inspiración o genialidad, sino el fruto de un trabajo constante y acumulado.
Asimismo, la gallardía no solo sirve para definir la belleza y armonía de los movimientos corporales, sino también para calificar aquellas empresas personales que requieren un grado considerable de arrojo y esfuerzo.
Premia la Real Maestranza, y todas las instituciones hoy congregadas en esta noble ágora de la cultura, a personas de confianza, dignas de elogio y de reconocimiento público. Toreros y estudiantes que se distinguen por la calidad de su trabajo, por su ejemplaridad y por encarnar las mejores virtudes que hacen progresar a los pueblos.
Maestrantes y universitarios sabemos que tanto la nobleza como la excelencia son el logro del esfuerzo permanente, del trabajo abnegado, de la organización y del espíritu de sacrificio. Y el camino no ha sido fácil ni lo será nunca, porque, como nos advertía Spinoza, “la cosa excelente ha de ser muy difícil”.
Os agradezco por partida doble vuestro trabajo modélico. En primer lugar como universitario, porque sois la más clara constatación de que valen la pena todos nuestros desvelos; y en segundo término, como ciudadano preocupado por la falta de ejemplos positivos y de referentes fiables, sobre todo, para nuestra juventud.
A todos los galardonados mi más sincera felicitación, que hago extensiva a profesores, familiares y amigos, porque ellos también son artífices de vuestro éxito. Sin su apoyo y sin su cercanía difícilmente hubierais disfrutado de este momento de merecida gloria.
Felicitaciones también sinceras a los profesionales del mundo taurino, a los que deseo triunfos y reconocimiento. La temporada 2016 está siendo especialmente interesante para este aficionado que les habla.
Gracias señores Maestrantes, gracias señor Teniente de Hermano Mayor, gracias querido Javier, por esta fiesta de la educación, del arte y de la libertad.
La colaboración entre la Real Maestranza de Caballería y la Universidad de Sevilla se extiende a numerosos proyectos culturales, editoriales y de investigación.
La edición de publicaciones es la más antigua de las grandes líneas de trabajo común que tenemos con la Real Maestranza, a las que luego se sumaron esta entrega anual de los premios a los mejores expedientes universitarios y la dotación de la Cátedra Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia.
En nuestro catálogo editorial, dentro de la Colección Tauromaquia, disponemos de 14 obras de grandísimo interés para aficionados e investigadores. Asimismo, hemos digitalizado y puesto a disposición del público en nuestra web, la colección completa de la Revista de Estudios Taurinos que edita la Fundación de Estudios Taurinos.
Permítanme que finalice mis palabras con una cita del Quijote, como homenaje a Miguel de Cervantes y de ánimo a las personas premiadas, para que no decaigan en su actitud vital. Está extraída de la aventura de los leones que se desarrolla en el capítulo XVI.
Don Alonso Quijano, tras salir airoso de una temeraria hazaña, exclama: “Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”.
Muchas gracias y mucho ánimo.
DISCURSO RECTOR UNIVERSIDAD DE SEVILLA ENTREGA PREMIOS REAL MAESTRANZA
17 mayo 2016
Deseo que mis primeras palabras sean de recuerdo emocionado a la figura periodística y humana de Fernando Carrasco. Se nos fue uno de los mejores, un amigo de la Universidad y un colaborador desinteresado y permanente de la Cátedra universitaria Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia, que patrocina la Real Maestranza y dirige el profesor Juan Carlos Gil. Desde esta tribuna, envío un abrazo solidario a sus familiares, amigos y compañeros.
*********
Ortega y Gasset decía que quien quiera saber el estado de España que se asome a una plaza de toros.
Si nos asomamos a algunos cosos taurinos observaremos un país con graves fisuras institucionales, en el que los caminos políticos están embarrados y parecen intransitables; en el que sigue imperando un cierto pesimismo fatalista y algunos liberticidas se empeñan en demonizar símbolos culturales que han servido durante siglos de argamasa de este país llamado España.
Pero si miramos en otras plazas de toros, como en esta Real Maestranza que hoy acoge la entrega de los premios a los mejores expedientes de la Universidad de Sevilla y a los ganadores de la Feria taurina de 2015, el panorama es, por fortuna, muy alentador.
Los galardonados, son hombres y mujeres que están a la altura de un gran país y que fundamentan nuestras esperanzas en un futuro mejor, en una sociedad donde imperen el mérito y el conocimiento. En una España en la que la primacía del bien público y el esfuerzo creativo sean ejes irrenunciables.
En su excelente pregón de este año, el profesor Ramón Serrera comparó los toros con una sonata compuesta de tres grandes movimientos. Añadió que el toreo es
“un monumento al arte, marcado al igual que la música por la medida, el ritmo y el tiempo”. Es decir, por la armonía.
Es, precisamente, lo que nos falta como sociedad en estos momentos. El filólogo centroamericano Pedro Henríquez Ureña afirmaba que “el ideal de la civilización no es la unificación completa de todos las personas y todos los países, sino la conservación de todas las diferencias dentro de una armonía”.
La cultura, a la que pertenece por derecho y por justicia histórica la tauromaquia, y la educación pueden y deben propiciar esta armonía que tanto necesita nuestro país.
Admirable es la labor que realiza en este sentido la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, a la que además de agradecerle públicamente la entrega de estos premios y su permanente colaboración con la Universidad de Sevilla, quiero reconocer su sensibilidad cultural e histórica.
La Real Maestranza de Caballería ha sido la institución que más y mejor ha sabido conmemorar una efeméride que ha pasado desapercibida para muchos: el cuarto centenario del nacimiento de Carlos III, posiblemente el más sevillano de los reyes españoles. Curiosamente –y esto dice muchísimo de la lealtad a la Corona de los caballeros maestrantes− fue un monarca que prohibió los toros, aunque con escaso éxito, casi el mismo que tuvo la bula de excomunión que promulgó san Pío V.
Queridos taurinos, tranquilidad, que la historia nos demuestra que la persecución viene de antiguo y que ni reyes ni papas han podido erradicar el arte de las corridas de toros.
Lleva la Real Maestranza 50 años —¡medio siglo!— fomentando este feliz encuentro entre Toros y Universidad, entre Arte y Conocimiento. Y de esta afortunada fusión surge un amor compartido por la búsqueda de la verdad y de la belleza. Por ese motivo la alianza entre los Caballeros Maestrantes y la Universidad de Sevilla es cada día más intensa y fructífera. A las dos instituciones nos mueve una similar voluntad de servicio público y una vocación centenaria por la cultura.
Francis Wolff fundamentó en su Pregón Taurino de 2009 los pilares éticos del toreo en cuatro cualidades: valor, dignidad, dominio y lealtad. Como profesor universitario y aficionado taurino he reflexionado sobre estas cuatro cualidades.
Considero que la actividad universitaria prioritaria —la búsqueda y transmisión de nuevos conocimientos— es una hermosa aventura ética que se basa en los mismos pilares que el toreo. En nuestro trabajo partimos de los estudios ya realizados, que analizamos de forma crítica y respetuosa. Es la lealtad con los que nos han precedido, con quienes abrieron nuevos caminos científicos y culturales.
El trabajo universitario se desarrolla generalmente con grandes dosis de conocimiento y experiencia. Esta fase se caracteriza por el dominio. A continuación expresamos con objetividad y sin ambages lo descubierto, a pesar de las posibles consecuencias. Lo hacemos de forma valiente, con valor y coraje, como el buen torero.
Por último, el trabajo universitario contribuye a elevar el sentido del ser humano a su máxima cota, prueba de la dignidad de nuestra misión.
El amor por la búsqueda del conocimiento se basa, por tanto, en los mismos pilares que el amor por la búsqueda de la gloria de un torero. Tiene, por ello, un amor común.
Es cierto que los universitarios –de forma especial aquellos a los que hoy reconocemos sus méritos− no nos colocamos delante de la puerta de toriles ni tenemos que enfrentarnos con una fiera brava de más de 500 kilos. Pero sí derrochamos [derrocháis, queridos premiados y premiadas] valor, coraje, tesón, constancia, arte, esfuerzo, dignidad…
Hay dos sustantivos que encajan perfectamente con la personalidad de todos los premiados y premiados: la perseverancia y la gallardía. Decía Ovidio que “la gota horada la piedra no por su fuerza, sino por su constancia al caer”. Con ello significaba que el éxito no es resultado de la casualidad, ni de un instante de inspiración o genialidad, sino el fruto de un trabajo constante y acumulado.
Asimismo, la gallardía no solo sirve para definir la belleza y armonía de los movimientos corporales, sino también para calificar aquellas empresas personales que requieren un grado considerable de arrojo y esfuerzo.
Premia la Real Maestranza, y todas las instituciones hoy congregadas en esta noble ágora de la cultura, a personas de confianza, dignas de elogio y de reconocimiento público. Toreros y estudiantes que se distinguen por la calidad de su trabajo, por su ejemplaridad y por encarnar las mejores virtudes que hacen progresar a los pueblos.
Maestrantes y universitarios sabemos que tanto la nobleza como la excelencia son el logro del esfuerzo permanente, del trabajo abnegado, de la organización y del espíritu de sacrificio. Y el camino no ha sido fácil ni lo será nunca, porque, como nos advertía Spinoza, “la cosa excelente ha de ser muy difícil”.
Os agradezco por partida doble vuestro trabajo modélico. En primer lugar como universitario, porque sois la más clara constatación de que valen la pena todos nuestros desvelos; y en segundo término, como ciudadano preocupado por la falta de ejemplos positivos y de referentes fiables, sobre todo, para nuestra juventud.
A todos los galardonados mi más sincera felicitación, que hago extensiva a profesores, familiares y amigos, porque ellos también son artífices de vuestro éxito. Sin su apoyo y sin su cercanía difícilmente hubierais disfrutado de este momento de merecida gloria.
Felicitaciones también sinceras a los profesionales del mundo taurino, a los que deseo triunfos y reconocimiento. La temporada 2016 está siendo especialmente interesante para este aficionado que les habla.
Gracias señores Maestrantes, gracias señor Teniente de Hermano Mayor, gracias querido Javier, por esta fiesta de la educación, del arte y de la libertad.
La colaboración entre la Real Maestranza de Caballería y la Universidad de Sevilla se extiende a numerosos proyectos culturales, editoriales y de investigación.
La edición de publicaciones es la más antigua de las grandes líneas de trabajo común que tenemos con la Real Maestranza, a las que luego se sumaron esta entrega anual de los premios a los mejores expedientes universitarios y la dotación de la Cátedra Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia.
En nuestro catálogo editorial, dentro de la Colección Tauromaquia, disponemos de 14 obras de grandísimo interés para aficionados e investigadores. Asimismo, hemos digitalizado y puesto a disposición del público en nuestra web, la colección completa de la Revista de Estudios Taurinos que edita la Fundación de Estudios Taurinos.
Permítanme que finalice mis palabras con una cita del Quijote, como homenaje a Miguel de Cervantes y de ánimo a las personas premiadas, para que no decaigan en su actitud vital. Está extraída de la aventura de los leones que se desarrolla en el capítulo XVI.
Don Alonso Quijano, tras salir airoso de una temeraria hazaña, exclama: “Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”.
Muchas gracias y mucho ánimo.
DISCURSO RECTOR UNIVERSIDAD DE SEVILLA ENTREGA PREMIOS REAL MAESTRANZA
17 mayo 2016
Deseo que mis primeras palabras sean de recuerdo emocionado a la figura periodística y humana de Fernando Carrasco. Se nos fue uno de los mejores, un amigo de la Universidad y un colaborador desinteresado y permanente de la Cátedra universitaria Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia, que patrocina la Real Maestranza y dirige el profesor Juan Carlos Gil. Desde esta tribuna, envío un abrazo solidario a sus familiares, amigos y compañeros.
*********
Ortega y Gasset decía que quien quiera saber el estado de España que se asome a una plaza de toros.
Si nos asomamos a algunos cosos taurinos observaremos un país con graves fisuras institucionales, en el que los caminos políticos están embarrados y parecen intransitables; en el que sigue imperando un cierto pesimismo fatalista y algunos liberticidas se empeñan en demonizar símbolos culturales que han servido durante siglos de argamasa de este país llamado España.
Pero si miramos en otras plazas de toros, como en esta Real Maestranza que hoy acoge la entrega de los premios a los mejores expedientes de la Universidad de Sevilla y a los ganadores de la Feria taurina de 2015, el panorama es, por fortuna, muy alentador.
Los galardonados, son hombres y mujeres que están a la altura de un gran país y que fundamentan nuestras esperanzas en un futuro mejor, en una sociedad donde imperen el mérito y el conocimiento. En una España en la que la primacía del bien público y el esfuerzo creativo sean ejes irrenunciables.
En su excelente pregón de este año, el profesor Ramón Serrera comparó los toros con una sonata compuesta de tres grandes movimientos. Añadió que el toreo es
“un monumento al arte, marcado al igual que la música por la medida, el ritmo y el tiempo”. Es decir, por la armonía.
Es, precisamente, lo que nos falta como sociedad en estos momentos. El filólogo centroamericano Pedro Henríquez Ureña afirmaba que “el ideal de la civilización no es la unificación completa de todos las personas y todos los países, sino la conservación de todas las diferencias dentro de una armonía”.
La cultura, a la que pertenece por derecho y por justicia histórica la tauromaquia, y la educación pueden y deben propiciar esta armonía que tanto necesita nuestro país.
Admirable es la labor que realiza en este sentido la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, a la que además de agradecerle públicamente la entrega de estos premios y su permanente colaboración con la Universidad de Sevilla, quiero reconocer su sensibilidad cultural e histórica.
La Real Maestranza de Caballería ha sido la institución que más y mejor ha sabido conmemorar una efeméride que ha pasado desapercibida para muchos: el cuarto centenario del nacimiento de Carlos III, posiblemente el más sevillano de los reyes españoles. Curiosamente –y esto dice muchísimo de la lealtad a la Corona de los caballeros maestrantes− fue un monarca que prohibió los toros, aunque con escaso éxito, casi el mismo que tuvo la bula de excomunión que promulgó san Pío V.
Queridos taurinos, tranquilidad, que la historia nos demuestra que la persecución viene de antiguo y que ni reyes ni papas han podido erradicar el arte de las corridas de toros.
Lleva la Real Maestranza 50 años —¡medio siglo!— fomentando este feliz encuentro entre Toros y Universidad, entre Arte y Conocimiento. Y de esta afortunada fusión surge un amor compartido por la búsqueda de la verdad y de la belleza. Por ese motivo la alianza entre los Caballeros Maestrantes y la Universidad de Sevilla es cada día más intensa y fructífera. A las dos instituciones nos mueve una similar voluntad de servicio público y una vocación centenaria por la cultura.
Francis Wolff fundamentó en su Pregón Taurino de 2009 los pilares éticos del toreo en cuatro cualidades: valor, dignidad, dominio y lealtad. Como profesor universitario y aficionado taurino he reflexionado sobre estas cuatro cualidades.
Considero que la actividad universitaria prioritaria —la búsqueda y transmisión de nuevos conocimientos— es una hermosa aventura ética que se basa en los mismos pilares que el toreo. En nuestro trabajo partimos de los estudios ya realizados, que analizamos de forma crítica y respetuosa. Es la lealtad con los que nos han precedido, con quienes abrieron nuevos caminos científicos y culturales.
El trabajo universitario se desarrolla generalmente con grandes dosis de conocimiento y experiencia. Esta fase se caracteriza por el dominio. A continuación expresamos con objetividad y sin ambages lo descubierto, a pesar de las posibles consecuencias. Lo hacemos de forma valiente, con valor y coraje, como el buen torero.
Por último, el trabajo universitario contribuye a elevar el sentido del ser humano a su máxima cota, prueba de la dignidad de nuestra misión.
El amor por la búsqueda del conocimiento se basa, por tanto, en los mismos pilares que el amor por la búsqueda de la gloria de un torero. Tiene, por ello, un amor común.
Es cierto que los universitarios –de forma especial aquellos a los que hoy reconocemos sus méritos− no nos colocamos delante de la puerta de toriles ni tenemos que enfrentarnos con una fiera brava de más de 500 kilos. Pero sí derrochamos [derrocháis, queridos premiados y premiadas] valor, coraje, tesón, constancia, arte, esfuerzo, dignidad…
Hay dos sustantivos que encajan perfectamente con la personalidad de todos los premiados y premiados: la perseverancia y la gallardía. Decía Ovidio que “la gota horada la piedra no por su fuerza, sino por su constancia al caer”. Con ello significaba que el éxito no es resultado de la casualidad, ni de un instante de inspiración o genialidad, sino el fruto de un trabajo constante y acumulado.
Asimismo, la gallardía no solo sirve para definir la belleza y armonía de los movimientos corporales, sino también para calificar aquellas empresas personales que requieren un grado considerable de arrojo y esfuerzo.
Premia la Real Maestranza, y todas las instituciones hoy congregadas en esta noble ágora de la cultura, a personas de confianza, dignas de elogio y de reconocimiento público. Toreros y estudiantes que se distinguen por la calidad de su trabajo, por su ejemplaridad y por encarnar las mejores virtudes que hacen progresar a los pueblos.
Maestrantes y universitarios sabemos que tanto la nobleza como la excelencia son el logro del esfuerzo permanente, del trabajo abnegado, de la organización y del espíritu de sacrificio. Y el camino no ha sido fácil ni lo será nunca, porque, como nos advertía Spinoza, “la cosa excelente ha de ser muy difícil”.
Os agradezco por partida doble vuestro trabajo modélico. En primer lugar como universitario, porque sois la más clara constatación de que valen la pena todos nuestros desvelos; y en segundo término, como ciudadano preocupado por la falta de ejemplos positivos y de referentes fiables, sobre todo, para nuestra juventud.
A todos los galardonados mi más sincera felicitación, que hago extensiva a profesores, familiares y amigos, porque ellos también son artífices de vuestro éxito. Sin su apoyo y sin su cercanía difícilmente hubierais disfrutado de este momento de merecida gloria.
Felicitaciones también sinceras a los profesionales del mundo taurino, a los que deseo triunfos y reconocimiento. La temporada 2016 está siendo especialmente interesante para este aficionado que les habla.
Gracias señores Maestrantes, gracias señor Teniente de Hermano Mayor, gracias querido Javier, por esta fiesta de la educación, del arte y de la libertad.
La colaboración entre la Real Maestranza de Caballería y la Universidad de Sevilla se extiende a numerosos proyectos culturales, editoriales y de investigación.
La edición de publicaciones es la más antigua de las grandes líneas de trabajo común que tenemos con la Real Maestranza, a las que luego se sumaron esta entrega anual de los premios a los mejores expedientes universitarios y la dotación de la Cátedra Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia.
En nuestro catálogo editorial, dentro de la Colección Tauromaquia, disponemos de 14 obras de grandísimo interés para aficionados e investigadores. Asimismo, hemos digitalizado y puesto a disposición del público en nuestra web, la colección completa de la Revista de Estudios Taurinos que edita la Fundación de Estudios Taurinos.
Permítanme que finalice mis palabras con una cita del Quijote, como homenaje a Miguel de Cervantes y de ánimo a las personas premiadas, para que no decaigan en su actitud vital. Está extraída de la aventura de los leones que se desarrolla en el capítulo XVI.
Don Alonso Quijano, tras salir airoso de una temeraria hazaña, exclama: “Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”.
Muchas gracias y mucho ánimo.
DISCURSO RECTOR UNIVERSIDAD DE SEVILLA ENTREGA PREMIOS REAL MAESTRANZA
17 mayo 2016
Deseo que mis primeras palabras sean de recuerdo emocionado a la figura periodística y humana de Fernando Carrasco. Se nos fue uno de los mejores, un amigo de la Universidad y un colaborador desinteresado y permanente de la Cátedra universitaria Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia, que patrocina la Real Maestranza y dirige el profesor Juan Carlos Gil. Desde esta tribuna, envío un abrazo solidario a sus familiares, amigos y compañeros.
*********
Ortega y Gasset decía que quien quiera saber el estado de España que se asome a una plaza de toros.
Si nos asomamos a algunos cosos taurinos observaremos un país con graves fisuras institucionales, en el que los caminos políticos están embarrados y parecen intransitables; en el que sigue imperando un cierto pesimismo fatalista y algunos liberticidas se empeñan en demonizar símbolos culturales que han servido durante siglos de argamasa de este país llamado España.
Pero si miramos en otras plazas de toros, como en esta Real Maestranza que hoy acoge la entrega de los premios a los mejores expedientes de la Universidad de Sevilla y a los ganadores de la Feria taurina de 2015, el panorama es, por fortuna, muy alentador.
Los galardonados, son hombres y mujeres que están a la altura de un gran país y que fundamentan nuestras esperanzas en un futuro mejor, en una sociedad donde imperen el mérito y el conocimiento. En una España en la que la primacía del bien público y el esfuerzo creativo sean ejes irrenunciables.
En su excelente pregón de este año, el profesor Ramón Serrera comparó los toros con una sonata compuesta de tres grandes movimientos. Añadió que el toreo es
“un monumento al arte, marcado al igual que la música por la medida, el ritmo y el tiempo”. Es decir, por la armonía.
Es, precisamente, lo que nos falta como sociedad en estos momentos. El filólogo centroamericano Pedro Henríquez Ureña afirmaba que “el ideal de la civilización no es la unificación completa de todos las personas y todos los países, sino la conservación de todas las diferencias dentro de una armonía”.
La cultura, a la que pertenece por derecho y por justicia histórica la tauromaquia, y la educación pueden y deben propiciar esta armonía que tanto necesita nuestro país.
Admirable es la labor que realiza en este sentido la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, a la que además de agradecerle públicamente la entrega de estos premios y su permanente colaboración con la Universidad de Sevilla, quiero reconocer su sensibilidad cultural e histórica.
La Real Maestranza de Caballería ha sido la institución que más y mejor ha sabido conmemorar una efeméride que ha pasado desapercibida para muchos: el cuarto centenario del nacimiento de Carlos III, posiblemente el más sevillano de los reyes españoles. Curiosamente –y esto dice muchísimo de la lealtad a la Corona de los caballeros maestrantes− fue un monarca que prohibió los toros, aunque con escaso éxito, casi el mismo que tuvo la bula de excomunión que promulgó san Pío V.
Queridos taurinos, tranquilidad, que la historia nos demuestra que la persecución viene de antiguo y que ni reyes ni papas han podido erradicar el arte de las corridas de toros.
Lleva la Real Maestranza 50 años —¡medio siglo!— fomentando este feliz encuentro entre Toros y Universidad, entre Arte y Conocimiento. Y de esta afortunada fusión surge un amor compartido por la búsqueda de la verdad y de la belleza. Por ese motivo la alianza entre los Caballeros Maestrantes y la Universidad de Sevilla es cada día más intensa y fructífera. A las dos instituciones nos mueve una similar voluntad de servicio público y una vocación centenaria por la cultura.
Francis Wolff fundamentó en su Pregón Taurino de 2009 los pilares éticos del toreo en cuatro cualidades: valor, dignidad, dominio y lealtad. Como profesor universitario y aficionado taurino he reflexionado sobre estas cuatro cualidades.
Considero que la actividad universitaria prioritaria —la búsqueda y transmisión de nuevos conocimientos— es una hermosa aventura ética que se basa en los mismos pilares que el toreo. En nuestro trabajo partimos de los estudios ya realizados, que analizamos de forma crítica y respetuosa. Es la lealtad con los que nos han precedido, con quienes abrieron nuevos caminos científicos y culturales.
El trabajo universitario se desarrolla generalmente con grandes dosis de conocimiento y experiencia. Esta fase se caracteriza por el dominio. A continuación expresamos con objetividad y sin ambages lo descubierto, a pesar de las posibles consecuencias. Lo hacemos de forma valiente, con valor y coraje, como el buen torero.
Por último, el trabajo universitario contribuye a elevar el sentido del ser humano a su máxima cota, prueba de la dignidad de nuestra misión.
El amor por la búsqueda del conocimiento se basa, por tanto, en los mismos pilares que el amor por la búsqueda de la gloria de un torero. Tiene, por ello, un amor común.
Es cierto que los universitarios –de forma especial aquellos a los que hoy reconocemos sus méritos− no nos colocamos delante de la puerta de toriles ni tenemos que enfrentarnos con una fiera brava de más de 500 kilos. Pero sí derrochamos [derrocháis, queridos premiados y premiadas] valor, coraje, tesón, constancia, arte, esfuerzo, dignidad…
Hay dos sustantivos que encajan perfectamente con la personalidad de todos los premiados y premiados: la perseverancia y la gallardía. Decía Ovidio que “la gota horada la piedra no por su fuerza, sino por su constancia al caer”. Con ello significaba que el éxito no es resultado de la casualidad, ni de un instante de inspiración o genialidad, sino el fruto de un trabajo constante y acumulado.
Asimismo, la gallardía no solo sirve para definir la belleza y armonía de los movimientos corporales, sino también para calificar aquellas empresas personales que requieren un grado considerable de arrojo y esfuerzo.
Premia la Real Maestranza, y todas las instituciones hoy congregadas en esta noble ágora de la cultura, a personas de confianza, dignas de elogio y de reconocimiento público. Toreros y estudiantes que se distinguen por la calidad de su trabajo, por su ejemplaridad y por encarnar las mejores virtudes que hacen progresar a los pueblos.
Maestrantes y universitarios sabemos que tanto la nobleza como la excelencia son el logro del esfuerzo permanente, del trabajo abnegado, de la organización y del espíritu de sacrificio. Y el camino no ha sido fácil ni lo será nunca, porque, como nos advertía Spinoza, “la cosa excelente ha de ser muy difícil”.
Os agradezco por partida doble vuestro trabajo modélico. En primer lugar como universitario, porque sois la más clara constatación de que valen la pena todos nuestros desvelos; y en segundo término, como ciudadano preocupado por la falta de ejemplos positivos y de referentes fiables, sobre todo, para nuestra juventud.
A todos los galardonados mi más sincera felicitación, que hago extensiva a profesores, familiares y amigos, porque ellos también son artífices de vuestro éxito. Sin su apoyo y sin su cercanía difícilmente hubierais disfrutado de este momento de merecida gloria.
Felicitaciones también sinceras a los profesionales del mundo taurino, a los que deseo triunfos y reconocimiento. La temporada 2016 está siendo especialmente interesante para este aficionado que les habla.
Gracias señores Maestrantes, gracias señor Teniente de Hermano Mayor, gracias querido Javier, por esta fiesta de la educación, del arte y de la libertad.
La colaboración entre la Real Maestranza de Caballería y la Universidad de Sevilla se extiende a numerosos proyectos culturales, editoriales y de investigación.
La edición de publicaciones es la más antigua de las grandes líneas de trabajo común que tenemos con la Real Maestranza, a las que luego se sumaron esta entrega anual de los premios a los mejores expedientes universitarios y la dotación de la Cátedra Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia.
En nuestro catálogo editorial, dentro de la Colección Tauromaquia, disponemos de 14 obras de grandísimo interés para aficionados e investigadores. Asimismo, hemos digitalizado y puesto a disposición del público en nuestra web, la colección completa de la Revista de Estudios Taurinos que edita la Fundación de Estudios Taurinos.
Permítanme que finalice mis palabras con una cita del Quijote, como homenaje a Miguel de Cervantes y de ánimo a las personas premiadas, para que no decaigan en su actitud vital. Está extraída de la aventura de los leones que se desarrolla en el capítulo XVI.
Don Alonso Quijano, tras salir airoso de una temeraria hazaña, exclama: “Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”.
Muchas gracias y mucho ánimo.
DISCURSO RECTOR UNIVERSIDAD DE SEVILLA ENTREGA PREMIOS REAL MAESTRANZA
17 mayo 2016
Deseo que mis primeras palabras sean de recuerdo emocionado a la figura periodística y humana de Fernando Carrasco. Se nos fue uno de los mejores, un amigo de la Universidad y un colaborador desinteresado y permanente de la Cátedra universitaria Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia, que patrocina la Real Maestranza y dirige el profesor Juan Carlos Gil. Desde esta tribuna, envío un abrazo solidario a sus familiares, amigos y compañeros.
*********
Ortega y Gasset decía que quien quiera saber el estado de España que se asome a una plaza de toros.
Si nos asomamos a algunos cosos taurinos observaremos un país con graves fisuras institucionales, en el que los caminos políticos están embarrados y parecen intransitables; en el que sigue imperando un cierto pesimismo fatalista y algunos liberticidas se empeñan en demonizar símbolos culturales que han servido durante siglos de argamasa de este país llamado España.
Pero si miramos en otras plazas de toros, como en esta Real Maestranza que hoy acoge la entrega de los premios a los mejores expedientes de la Universidad de Sevilla y a los ganadores de la Feria taurina de 2015, el panorama es, por fortuna, muy alentador.
Los galardonados, son hombres y mujeres que están a la altura de un gran país y que fundamentan nuestras esperanzas en un futuro mejor, en una sociedad donde imperen el mérito y el conocimiento. En una España en la que la primacía del bien público y el esfuerzo creativo sean ejes irrenunciables.
En su excelente pregón de este año, el profesor Ramón Serrera comparó los toros con una sonata compuesta de tres grandes movimientos. Añadió que el toreo es
“un monumento al arte, marcado al igual que la música por la medida, el ritmo y el tiempo”. Es decir, por la armonía.
Es, precisamente, lo que nos falta como sociedad en estos momentos. El filólogo centroamericano Pedro Henríquez Ureña afirmaba que “el ideal de la civilización no es la unificación completa de todos las personas y todos los países, sino la conservación de todas las diferencias dentro de una armonía”.
La cultura, a la que pertenece por derecho y por justicia histórica la tauromaquia, y la educación pueden y deben propiciar esta armonía que tanto necesita nuestro país.
Admirable es la labor que realiza en este sentido la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, a la que además de agradecerle públicamente la entrega de estos premios y su permanente colaboración con la Universidad de Sevilla, quiero reconocer su sensibilidad cultural e histórica.
La Real Maestranza de Caballería ha sido la institución que más y mejor ha sabido conmemorar una efeméride que ha pasado desapercibida para muchos: el cuarto centenario del nacimiento de Carlos III, posiblemente el más sevillano de los reyes españoles. Curiosamente –y esto dice muchísimo de la lealtad a la Corona de los caballeros maestrantes− fue un monarca que prohibió los toros, aunque con escaso éxito, casi el mismo que tuvo la bula de excomunión que promulgó san Pío V.
Queridos taurinos, tranquilidad, que la historia nos demuestra que la persecución viene de antiguo y que ni reyes ni papas han podido erradicar el arte de las corridas de toros.
Lleva la Real Maestranza 50 años —¡medio siglo!— fomentando este feliz encuentro entre Toros y Universidad, entre Arte y Conocimiento. Y de esta afortunada fusión surge un amor compartido por la búsqueda de la verdad y de la belleza. Por ese motivo la alianza entre los Caballeros Maestrantes y la Universidad de Sevilla es cada día más intensa y fructífera. A las dos instituciones nos mueve una similar voluntad de servicio público y una vocación centenaria por la cultura.
Francis Wolff fundamentó en su Pregón Taurino de 2009 los pilares éticos del toreo en cuatro cualidades: valor, dignidad, dominio y lealtad. Como profesor universitario y aficionado taurino he reflexionado sobre estas cuatro cualidades.
Considero que la actividad universitaria prioritaria —la búsqueda y transmisión de nuevos conocimientos— es una hermosa aventura ética que se basa en los mismos pilares que el toreo. En nuestro trabajo partimos de los estudios ya realizados, que analizamos de forma crítica y respetuosa. Es la lealtad con los que nos han precedido, con quienes abrieron nuevos caminos científicos y culturales.
El trabajo universitario se desarrolla generalmente con grandes dosis de conocimiento y experiencia. Esta fase se caracteriza por el dominio. A continuación expresamos con objetividad y sin ambages lo descubierto, a pesar de las posibles consecuencias. Lo hacemos de forma valiente, con valor y coraje, como el buen torero.
Por último, el trabajo universitario contribuye a elevar el sentido del ser humano a su máxima cota, prueba de la dignidad de nuestra misión.
El amor por la búsqueda del conocimiento se basa, por tanto, en los mismos pilares que el amor por la búsqueda de la gloria de un torero. Tiene, por ello, un amor común.
Es cierto que los universitarios –de forma especial aquellos a los que hoy reconocemos sus méritos− no nos colocamos delante de la puerta de toriles ni tenemos que enfrentarnos con una fiera brava de más de 500 kilos. Pero sí derrochamos [derrocháis, queridos premiados y premiadas] valor, coraje, tesón, constancia, arte, esfuerzo, dignidad…
Hay dos sustantivos que encajan perfectamente con la personalidad de todos los premiados y premiados: la perseverancia y la gallardía. Decía Ovidio que “la gota horada la piedra no por su fuerza, sino por su constancia al caer”. Con ello significaba que el éxito no es resultado de la casualidad, ni de un instante de inspiración o genialidad, sino el fruto de un trabajo constante y acumulado.
Asimismo, la gallardía no solo sirve para definir la belleza y armonía de los movimientos corporales, sino también para calificar aquellas empresas personales que requieren un grado considerable de arrojo y esfuerzo.
Premia la Real Maestranza, y todas las instituciones hoy congregadas en esta noble ágora de la cultura, a personas de confianza, dignas de elogio y de reconocimiento público. Toreros y estudiantes que se distinguen por la calidad de su trabajo, por su ejemplaridad y por encarnar las mejores virtudes que hacen progresar a los pueblos.
Maestrantes y universitarios sabemos que tanto la nobleza como la excelencia son el logro del esfuerzo permanente, del trabajo abnegado, de la organización y del espíritu de sacrificio. Y el camino no ha sido fácil ni lo será nunca, porque, como nos advertía Spinoza, “la cosa excelente ha de ser muy difícil”.
Os agradezco por partida doble vuestro trabajo modélico. En primer lugar como universitario, porque sois la más clara constatación de que valen la pena todos nuestros desvelos; y en segundo término, como ciudadano preocupado por la falta de ejemplos positivos y de referentes fiables, sobre todo, para nuestra juventud.
A todos los galardonados mi más sincera felicitación, que hago extensiva a profesores, familiares y amigos, porque ellos también son artífices de vuestro éxito. Sin su apoyo y sin su cercanía difícilmente hubierais disfrutado de este momento de merecida gloria.
Felicitaciones también sinceras a los profesionales del mundo taurino, a los que deseo triunfos y reconocimiento. La temporada 2016 está siendo especialmente interesante para este aficionado que les habla.
Gracias señores Maestrantes, gracias señor Teniente de Hermano Mayor, gracias querido Javier, por esta fiesta de la educación, del arte y de la libertad.
La colaboración entre la Real Maestranza de Caballería y la Universidad de Sevilla se extiende a numerosos proyectos culturales, editoriales y de investigación.
La edición de publicaciones es la más antigua de las grandes líneas de trabajo común que tenemos con la Real Maestranza, a las que luego se sumaron esta entrega anual de los premios a los mejores expedientes universitarios y la dotación de la Cátedra Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia.
En nuestro catálogo editorial, dentro de la Colección Tauromaquia, disponemos de 14 obras de grandísimo interés para aficionados e investigadores. Asimismo, hemos digitalizado y puesto a disposición del público en nuestra web, la colección completa de la Revista de Estudios Taurinos que edita la Fundación de Estudios Taurinos.
Permítanme que finalice mis palabras con una cita del Quijote, como homenaje a Miguel de Cervantes y de ánimo a las personas premiadas, para que no decaigan en su actitud vital. Está extraída de la aventura de los leones que se desarrolla en el capítulo XVI.
Don Alonso Quijano, tras salir airoso de una temeraria hazaña, exclama: “Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”.
Muchas gracias y mucho ánimo.
DISCURSO RECTOR UNIVERSIDAD DE SEVILLA ENTREGA PREMIOS REAL MAESTRANZA
17 mayo 2016
Deseo que mis primeras palabras sean de recuerdo emocionado a la figura periodística y humana de Fernando Carrasco. Se nos fue uno de los mejores, un amigo de la Universidad y un colaborador desinteresado y permanente de la Cátedra universitaria Ignacio Sánchez Mejías de Comunicación y Tauromaquia, que patrocina la Real Maestranza y dirige el profesor Juan Carlos Gil. Desde esta tribuna, envío un abrazo solidario a sus familiares, amigos y compañeros.
*********
Ortega y Gasset decía que quien quiera saber el estado de España que se asome a una plaza de toros.
Si nos asomamos a algunos cosos taurinos observaremos un país con graves fisuras institucionales, en el que los caminos políticos están embarrados y parecen intransitables; en el que sigue imperando un cierto pesimismo fatalista y algunos liberticidas se empeñan en demonizar símbolos culturales que han servido durante siglos de argamasa de este país llamado España.
Pero si miramos en otras plazas de toros, como en esta Real Maestranza que hoy acoge la entrega de los premios a los mejores expedientes de la Universidad de Sevilla y a los ganadores de la Feria taurina de 2015, el panorama es, por fortuna, muy alentador.
Los galardonados, son hombres y mujeres que están a la altura de un gran país y que fundamentan nuestras esperanzas en un futuro mejor, en una sociedad donde imperen el mérito y el conocimiento. En una España en la que la primacía del bien público y el esfuerzo creativo sean ejes irrenunciables.
En su excelente pregón de este año, el profesor Ramón Serrera comparó los toros con una sonata compuesta de tres grandes movimientos. Añadió que el toreo es
“un monumento al arte, marcado al igual que la música por la medida, el ritmo y el tiempo”. Es decir, por la armonía.
Es, precisamente, lo que nos falta como sociedad en estos momentos. El filólogo centroamericano Pedro Henríquez Ureña afirmaba que “el ideal de la civilización no es la unificación completa de todos las personas y todos los países, sino la conservación de todas las diferencias dentro de una armonía”.
La cultura, a la que pertenece por derecho y por justicia histórica la tauromaquia, y la educación pueden y deben propiciar esta armonía que tanto necesita nuestro país.
Admirable es la labor que realiza en este sentido la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, a la que además de agradecerle públicamente la entrega de estos premios y su permanente colaboración con la Universidad de Sevilla, quiero reconocer su sensibilidad cultural e histórica.
La Real Maestranza de Caballería ha sido la institución que más y mejor ha sabido conmemorar una efeméride que ha pasado desapercibida para muchos: el cuarto centenario del nacimiento de Carlos III, posiblemente el más sevillano de los reyes españoles. Curiosamente –y esto dice muchísimo de la lealtad a la Corona de los caballeros maestrantes− fue un monarca que prohibió los toros, aunque con escaso éxito, casi el mismo que tuvo la bula de excomunión que promulgó san Pío V.
Queridos taurinos, tranquilidad, que la historia nos demuestra que la persecución viene de antiguo y que ni reyes ni papas han podido erradicar el arte de las corridas de toros.
Lleva la Real Maestranza 50 años —¡medio siglo!— fomentando este feliz encuentro entre Toros y Universidad, entre Arte y Conocimiento. Y de esta afortunada fusión surge un amor compartido por la búsqueda de la verdad y de la belleza. Por ese motivo la alianza entre los Caballeros Maestrantes y la Universidad de Sevilla es cada día más intensa y fructífera. A las dos instituciones nos mueve una similar voluntad de servicio público y una vocación centenaria por la cultura.
Francis Wolff fundamentó en su Pregón Taurino de 2009 los pilares éticos del toreo en cuatro cualidades: valor, dignidad, dominio y lealtad. Como profesor universitario y aficionado taurino he reflexionado sobre estas cuatro cualidades.
Considero que la actividad universitaria prioritaria —la búsqueda y transmisión de nuevos conocimientos— es una hermosa aventura ética que se basa en los mismos pilares que el toreo. En nuestro trabajo partimos de los estudios ya realizados, que analizamos de forma crítica y respetuosa. Es la lealtad con los que nos han precedido, con quienes abrieron nuevos caminos científicos y culturales.
El trabajo universitario se desarrolla generalmente con grandes dosis de conocimiento y experiencia. Esta fase se caracteriza por el dominio. A continuación expresamos con objetividad y sin ambages lo descubierto, a pesar de las posibles consecuencias. Lo hacemos de forma valiente, con valor y coraje, como el buen torero.
Por último, el trabajo universitario contribuye a elevar el sentido del ser humano a su máxima cota, prueba de la dignidad de nuestra misión.
El amor por la búsqueda del conocimiento se basa, por tanto, en los mismos pilares que el amor por la búsqueda de la gloria de un torero. Tiene, por ello, un amor común.
Es cierto que los universitarios –de forma especial aquellos a los que hoy reconocemos sus méritos− no nos colocamos delante de la puerta de toriles ni tenemos que enfrentarnos con una fiera brava de más de 500 kilos. Pero sí derrochamos [derrocháis, queridos premiados y premiadas] valor, coraje, tesón, constancia, arte, esfuerzo, dignidad…