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Libro Matrimonio

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Academic year: 2021

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PREFACIO...4

La valoración en el matrimonio ...6

"Y serán un solo cuerpo " ...8

"La bendición de Eliahu Hanabi " ...11

"Menos teoría y más práctica" ...14

"El verdadero cariño" ...16

"Mentir para preservar el Shalom" ...19

"El llanto de la mujer" ...21

"Las pequeñeces de todos los días" ...25

"La casa judía" ...28

"Shalom... ¿con quién?" ...31

"Un poco de legumbre, pero con amor" ...34

"El buen carácter" ...37

"El favor, la verdad y el Shalom" ...39

"¿Convivir o habitar en un mismo hogar?" ...42

"Saber comprender a la mujer" ...44

"La inteligencia de la mujer" ...47

"El agradecimiento" ...50

"Buscar lo bueno del otro" ...54

"El mérito de la Sedaká" ...57

"Control y dominio" ...60

"No hacer sufrir al otro" ...65

"Aprendamos a conocernos" ...68

"La sonrisa en el matrimonio" ...71

"Reforzar la fe" ...74

"El estudio de Torá es la bendición del hogar" ...76

"La Tefilá, la Sedaká y las Berajot de los Sadikim" ...79

"La voz del dinero" ...84

"El valor de un minuto" ...87

"Nuestro secreto" ...90

"La forma de corregir" ...93

"Cómo responder a la crítica" ...95

"La bendición del Shabat" ...98

"Consejos para el hombre" ...100

"El sentimiento y el raciocinio" ...103

"Decisiones en conjunto" ...106

"La belleza de la mujer" ...109

"El complemento perfecto" ...111

"El sostén del marido" ...115

"Cómo atravesar las situaciones difíciles" ...118

"La relación con los suegros" ...121

"La intromisión de los padres" ...123

"El ejemplo para los hijos" ...126

"La Tefila de Ribí Shimhon bar Iojai" ...129

"Falta de coincidencia" ...132

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"Cuidado con las ofensas" ...138

"El viernes a la tarde" ...141

"La comunicación" ...144

"Consejos para la mujer" ...147

"El respeto mutuo" ...149

"Aprender a hablar" ...151

"Aprender a escuchar" ...155

"Ejemplos de la vida diaria" ...158

"La verdadera felicidad" ...161

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"Abarejá et Hashem Bejol Et Tamid Tehilató Befí" (Tehilim 34). "Bendeciré a Hashem en todo momento, siempre Su alabanza se encontrará en mi boca", por haberme otorgado de Su Bienestar todos los días de mi vida y por haber tenido el Zejut de poder estudiar y transmitir Su Sagrada Torá en nuestro querido Bet Hakeneset-Ieshibá Or Toráh acercando los corazones de nuestros hermanos al cumplimiento de los preceptos.

Después de haber tenido la dicha que mis libros anteriores "La Torá y la Actualidad" y "La Luz de la Vida" fueran recibidos por la Comunidad argentina e hispanoparlante con tanta aceptación, tengo la inmensa alegría de presentar un nuevo libro sobre uno de los temas más necesarios para asegurar la continuidad de nuestro pueblo: el matrimonio según la óptica de la Torá.

Tengo la esperanza de que este humilde libro pueda servir como guía o como un elemento de autoayuda en las situaciones normales que se presentan en todo matrimonio. En muchos casos, parejas han cambiado su manera equivocada de actuar luego de haber escuchado alguna disertación de un Rabino sobre el hogar judío o de haber leído alguna bibliografía al respecto. El motivo de ese cambio es simple: todo lo que se pueda escuchar o leer está basado en la fuente milenaria de nuestra Sagrada Torá que condujo a nuestros Antepasados a lo largo de las generaciones en lo que respecta a la relación con el prójimo y, por sobre todo, en el propio matrimonio.

Esta pequeña obra no es la excepción. Todo lo que está escrito en ella no es sino lo que nuestros Jajamim nos han enseñado en distintos textos mencionados en la bibliografía detallada al final del libro. De ninguna manera se trata de expresiones propias del autor.

En muchos casos y para hacer más amena la lectura, hemos acompañado los comentarios con sucesos de la vida diaria o con parábolas ilustrativas. Intentamos así que el lector sienta que le están hablando en primera persona y que su problema no es algo fuera de lo común o que sólo a él le sucede, sino que está contemplado claramente en la sabiduría de la Torá. Ella le dará la respuesta y la solución justa a su conflicto.

Qué profundo es el concepto de nuestros Jajamim cuando nos enseñan: "Un hombre y una mujer que tienen Zejut, la Shejiná se posa en ellos" (Sotá 17). Esto significa que está en manos de la pareja transformar la unión matrimonial en un lugar sagrado en donde se deposite la Divinidad. Ese Santuario es el hogar judío cuando se construye con las bases de la Torá y no según los instintos de sus integrantes. Se trata de un Santuario donde la tolerancia, el respeto y el pensar en el otro dejando de lado el egoísmo personal, fundamentan su existencia. De esta manera lo llenan de alegría más allá de las vicisitudes que la vida pueda deparar. Nadie debe darse por vencido. Si hasta ahora se ha elegido un camino equivocado, siempre existe la oportunidad de modificarlo y quiera Boré Olam que alguno de los conceptos escritos en esta obra puedan ayudar a conseguirlo.

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Para facilitar la lectura, hemos dividido el libro en comentarios sobre la Perashá semanal. Si bien en muchos capítulos el tema tratado gira en torno a la sección semanal de la Torá, la intención principal es que el libro pueda ser leído como un Dibré Torá en la mesa de Shabat en forma conjunta por el matrimonio. Sólo le pido -estimado lector- que analice y acepte con objetividad los puntos que considere que debe mejorar y que no utilice lo escrito para criticar a la otra parte.

Quiero agradecer a todos aquellos que hicieron posible la edición de esta obra. A mis queridos padres, por haberme educado en el camino de nuestra Sagrada Torá, que el Todopoderoso les otorgue una larga vida llena de dicha, salud y tranquilidad. A los patrocinantes de este libro en un momento tan difícil desde el punto de vista económico que nos toca vivir, mi reconocimiento por su generosa colaboración para que podamos entre todos ver crecer cada vez más a nuestra Institución: Bet Hakeneset "Or Toráh", Escuela Integral Rabino Elías Suli Z"L, Jardín de Infantes Moré León Freue Z"L y Ieshibá "Or Toráh", destinatarios de los beneficios económicos de la edición de este libro.

Al querido Kahal Kadosh de "Or Toráh" y a la Comisión Directiva del mismo, por el aliento constante para poder desarrollar mi humilde tarea más allá de las lógicas dificultades que se presentan. Mi especial agradecimiento a mis secretarios, Srta. Keila Nevaj y Sr. Fabio Leinado por su continua preocupación no sólo para que este libro llegue a vuestras manos en las mejores condiciones, sino también por alivianar mi tarea en todo lo que les es posible. Mi reconocimiento también a la Profesora Beatriz Acrich de Cohen, quien nuevamente y como en mis libros anteriores, ha brindado desinteresadamente su tiempo y dedicación para la corrección de los textos. Una mención especial al Sr. Gabriel Hambra y a su esposa Yudith por la colaboración para el diseño y dibujo de la tapa. Mis palabras de aprecio y estima para el Sr. Jaime Cohen Kichik quien, como en las anteriores oportunidades, fue el encargado de la confección de la tapa y la diagramación del libro.

Ajaron Jabib: mi querida familia. Todas las bendiciones de Hashem para mi querida esposa y mis hijos por alentarme en todos mis emprendimientos y apoyarme con tanta comprensión y entendimiento. Que Hashem alargue nuestros días con felicidad y nuestros años con gracia y salud hasta la llegada del Mashiaj en nuestros días. Amén.

Elevo mis ojos al Cielo y agradezco a Di-s con todo mi corazón, por haber tenido el mérito de poder dedicar mi vida a estudiar y transmitir la Torá Sagrada. Que seamos nosotros y nuestros descendientes, y los descendientes de nuestros descendientes, todo conocedores de Tu Nombre y estudiosos de Tu Torá en Nombre Divino. Bendito seas que enseñas Torá a Tu pueblo Israel.

Rafael Freue

La valoración en el matrimonio

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Uno de los conceptos básicos para alcanzar el éxito en cualquier grupo de personas que trabajan en algo en común consiste en saber valorar y respetar a todos los integrantes del mismo, puesto que mientras mejor se conviva, todo se podrá planificar y desarrollar de la mejor manera posible. Este punto fundamental en cualquier empresa, adquiere realce y es prioritario en el matrimonio, en donde el respeto y la valoración mutua es la raíz primordial que permitirá alcanzar la alegría y la felicidad que cualquier pareja desea y anhela.

El éxito de cualquier empresa depende del valor que le demos. Gran parte de los problemas que hoy viven muchos matrimonios comenzaron por no saber valorar la empresa que ambos -marido y mujer- constituyen. ¿Cuáles son las causas de esa falta de valoración? Quizás una de ellas sea la influencia de ideas extrañas a nuestra fe, que consideran al matrimonio como si fuera una situación de la que -en lo posible- es mejor alejarse. Según esta teoría, quien no se casa no peca y, por lo tanto, se lo considera como si fuera una persona "sagrada". Este concepto contribuyó a que muchas personas observaran al casamiento como algo negativo. Los medios de comunicación que en muchos casos exageran noticias sobre matrimonios en conflicto, contribuyen también a crear una visión errada sobre una de las bases del pueblo judío: el matrimonio.

La óptica de la Torá es completamente distinta. La ceremonia propia del casamiento recibe el nombre de "Kidushin" que en hebreo significa "santificación". No se trata simplemente de unir física y sentimentalmente a dos personas, sino que el tema es mucho más elevado aún. Dos facetas incluye el concepto de Kedushá (santidad). Por un lado, implica que no sólo que no se peca al contraer matrimonio, sino que por el contrario, el pecado se encuentra cercano a quienes no lo hacen. El hombre que forma su hogar con la santidad que el mismo requiere, estará protegido de caer en el pecado además de cumplir con el primer precepto que la Torá menciona: "Multiplicaos, aumentaos y llenad la tierra" (Bereshit 1). La mujer con su comportamiento recatado logra que las faltas que se cometan en su hogar sean perdonadas. El Midrash Tanjumá comenta que así como el altar expía los pecados de Israel, la mujer recatada purifica con su conducta a su hogar de cualquier pecado que se haya cometido en él. El valor de la Torá que el hombre estudia luego de haberse casado es mucho mayor que el de quien lo hace soltero, porque su estudio se realiza con pureza y sin pensamientos incorrectos. Sobre esa persona se cumple el versículo del rey David en el Tehilim 19: "El temor a Hashem puro se mantiene eternamente" (Iomá 22).

Por otra parte, la segunda faceta de la Kedushá se refiere a que por intermedio del matrimonio, Hashem deposita Su Divinidad en cada hogar judío. Así dijeron nuestros Sabios: "Un hombre y una mujer que tuvieron Zejut, la Shejiná se encuentra entre ellos" (Sotá 17). No es circunstancial que las palabras "Ish" (hombre) e "Ishá" (mujer) posean las mismas letras en común y que sólo tengan a las letras "Iod" y "He" como no comunes y que forman a su vez el nombre de Hashem. Se refleja de esta forma la presencia Divina. Si lamentablemente el comportamiento de la pareja no permite que Hashem pose Su

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Divinidad en el hogar, las letras comunes de ambas palabras, la "Alef" y la "Shin" forman el término "Esh" que significa fuego y que destruye el hogar. Los desastres que hoy observamos en muchos hogares, son consecuencia directa de haber olvidado que Hashem quiere permanecer en el hogar. Sólo que la pareja no le permite hacerlo al dejar de lado el respeto mutuo al que nos referimos anteriormente. No observar preceptos fundamentales tales como el Kasher, Taharat Hamishpajá, el Shabat, la educación de los hijos en el camino de la Torá y tantos otros preceptos básicos mencionados en la Torá, no permiten a Hashem posar su Divinidad en ese hogar.

Hoy más que nunca debemos recomponer la verdadera familia judía -base de nuestro pueblo- sustentada en los principios que Hashem nos otorgó. Sólo con ellos encontraremos la felicidad con la presencia Divina en nuestro hogar. El matrimonio basado en los lineamientos de la Torá, es el que las estadísticas certifican como el más exitoso y el que registra un número ínfimo de divorcios. ¿Cuál es la clave? La valoración y el respeto mutuo. Cuando llega la noche de Shabat, el marido canta el "Eshet Jail" a su esposa, en donde a lo largo de veintidós versículos el rey Shelomo pondera y alaba a la mujer judía. Gracias a esta valoración del hombre hacia su mujer, la familia se mantiene y se consolida. Para el judaísmo, el matrimonio no sólo que es un hecho positivo, sino que es considerado como la base de quien se considere digno de ser llamado persona. "Toda persona que no se casa, vive sin bienestar, sin bendición, sin alegría, sin paz, sin Torá y no se llama persona", concluye en forma clara y terminante el Talmud en Iebamot 63.

En el día de Iom Kipur, la fecha más sagrada del calendario judío, el Cohen Gadol cumplía una misión fundamental en el servicio que se realizaba en el Bet Hamikdash. La primera condición que se le requería para poder hacerlo, era que debía ser casado. Hasta hoy, y como un recuerdo de este principio, el Jazan que oficia en los días de Rosh Hashana y Iom Kipur debe ser casado, como lo determina el Shulján Aruj en el Simán 581 - 1.

Todos sabemos la importancia del Shabat para el pueblo de Israel. ¿Cuál es el simbolismo con el que reflejamos la unión entre el Shabat e Israel? Precisamente con un novio y una novia. De esta forma, valoramos aún más el matrimonio. "Leja Dodi Likrat Kalá, Pene Shabat Nekabelá"; así comienza el canto con el que recibimos el Shabat y que significa: "Ve mi amado (Israel) al encuentro de la novia, la faz del Shabat recibimos".

Los ejemplos de la importancia del matrimonio para la Torá podrían seguir, pero con lo expresado es suficiente para que valoremos el hogar que constituimos y tomemos de la Torá la guía para saber cómo conducirnos en él. Así alcanzaremos la felicidad y la alegría que tanto anhelamos.

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Uno de los temas más importantes para la vida del Iehudi es la conducta con la que debe comportarse en su matrimonio. La Torá reglamenta y determina cuáles son las actitudes a tomar en todas las situaciones que puedan presentarse. Paradójicamente, muchas personas se consideran expertas y creen innecesario recibir orientaciones o consejos para obtener así una vida de felicidad. Quizás la influencia de novelas románticas o de películas cinematográficas les han hecho creer que saben absolutamente todo lo que su pareja siente en su corazón. Las discusiones y los problemas que la vida depara, les hace comprender -a veces en forma tardía- el error en que incurrieron.

No sucede lo mismo con aquellos que valoran la sabiduría de la Torá. Ellos dedican parte de su tiempo tan precioso a estudiar y analizar profundamente las enseñanzas de la Torá para aplicarlas a la vida matrimonial. Comprenden que el tiempo que la pareja comparte en la vida es extenso. Si por ejemplo una persona comparte sólo una hora por día con su esposa, a lo largo de 50 años se habrán transformado en más de 18.000 horas. Por lo tanto, se debe saber cómo comportarse para poder disfrutar realmente todo ese tiempo.

Por supuesto que no se trata de una tarea sencilla. Cuando alguien se encuentra circunstancialmente con otra persona, es relativamente fácil llevarse bien con ella y no tener discusiones. Si hay alguna diferencia podrá dejarse de lado, ya que luego del encuentro cada uno seguirá su camino. No sucede lo mismo en un hogar. Allí se comparte toda una vida con un ser que por naturaleza es distinto. Las vicisitudes de la vida transforman al matrimonio en una especie de olla de presión, en donde las malas cualidades salen a relucir en forma lamentable. Evidentemente, la mejor solución para evitar futuros problemas es estudiar estos temas y superarse continuamente para poder beneficiarse así con años llenos de éxito y felicidad.

No debemos olvidar que gran parte de los preceptos que la Torá determina están basados en la relación con el compañero. La pareja de la persona no sólo que está incluida en este grupo, sino que es el primer ser al que debemos aprender a tratar.

El Talmud en el tratado de Abodá Zará 17 comenta cuando los romanos encarcelaron a Ribí Jananiá ben Teradion y a Ribí Elazar ben Parta. Éste último le dijo a Ribí Jananiá: "Bienaventurado que fuiste atrapado por haber transgredido sólo una falta, pobre de mí que recibí cinco acusaciones". Ribí Jananiá le contestó: "Bienaventurado eres tú que a pesar de las cinco acusaciones salvarás tu vida. En cambio, yo fui acusado por una sola falta y no me podré salvar. El mérito que te ha protegido es que te has dedicado a estudiar Torá y a hacer Guemilut Jasadim. En cambio, yo sólo me he dedicado a estudiar Torá". El Talmud se sorprende de la respuesta de Ribí Jananiá y pregunta: "¿Acaso Ribí Jananiá no se ocupó de hacer favores? Hemos aprendido que era tesorero del dinero de la Sedaká y era tan confiable en su trabajo, que Ribí Eliezer Ben Iaacob dijo que nadie entregue dinero a una caja de Sedaká si el tesorero que la maneja no es

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Talmid Jajam como lo era Ribí Jananiá Ben Teradion". Para corroborar esta idea, el Talmud relata que en una oportunidad se le mezcló a Ribí Jananiá dinero propio con dinero de Sedaká y para evitar cualquier duda, dejó todo el dinero para Sedaká. Tenemos así una prueba fehaciente de cómo Ribí Jananiá se había dedicado a hacer Sedaká y Guemilut Jasadim. La respuesta del Talmud es que si bien había hecho Guemilut Jasadim, no lo había hecho de acuerdo con lo que correspondía a una persona de su nivel. A pesar de toda la Torá que había estudiado y enseñado, hubo una acusación celestial en contra de Ribí Jananiá ben Teradion por no haberse dedicado a hacer Guemilut Jasadim en el nivel que le correspondía.

Debemos tener presente que el Guemilut Jasadim empieza por casa y por sobre todo en la relación con la pareja. Es cierto, se puede ayudar a necesitados, visitar enfermos, consolar deudos y alegrar a novias entre tantos otros ejemplos de Guemilut Jasadim. Pero en el Shamaim analizan de manera especial cuál es el comportamiento de cada persona en su hogar, con quienes se encuentran a su alrededor. En base a esas actitudes, se juzga y califica en el Shamaim a cada persona.

Para aclarar los conceptos aún más, podemos recordar aquellas palabras vertidas por el Rab Jaim Fridlender Z"L: "la obligación de hacer favores con el compañero es una Mizvá muy importante. En caso de que alguien no la realice como corresponde, si bien será acusado en el Shamaim por su error, no dañará en forma directa a su compañero, ya que seguramente otra persona llenará el vacío que él dejó. Pero con respecto al favor que debe existir entre marido y mujer, la situación es distinta. Lo que ellos no hagan nadie lo hará. Por eso, la misión de hacer favores en el hogar es mucho más importante que la de hacerlos con cualquier otra persona".

Quizás el error consista -como comenta el Rab Iehuda Grinvald Shelita en su libro "Ladaat Baarez Darkeja"- en considerar al hogar como el lugar de la tranquilidad y el sosiego. El hombre piensa que luego de un agotador día de trabajo llegó el momento de descansar. Al ingresar a su casa se encuentra con que su mujer le comenta las dificultades del día, los niños reclaman su atención y el pobre marido se encuentra destruido. "¡Para esto llegué a casa! ¡No puedo descansar ni siquiera un minuto!". Es la reacción lógica de aquel que piensa sólo en sí mismo. Por supuesto que la mujer debe tener la suficiente inteligencia para dejarlo descansar cuando ingresa al hogar y no incomodarlo inmediatamente narrándole las dificultades diarias que debió afrontar. Pero el hombre por su parte debe saber que su preocupación debe estar en brindar siempre bienestar a quienes lo rodean y no en reclamar beneficios propios.

Sobre el versículo de Bereshit 2: "No es bueno que el hombre se encuentre sólo. Le haré una ayuda frente a él", el Ramban formula la siguiente pregunta: "según la versión del Talmud en Erubim 18 que comenta que el hombre fue creado en un solo cuerpo junto a la mujer y luego Hashem los separó, ¿por qué no continuó

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siendo la mujer parte de su propio cuerpo?". El mismo Ramban responde: "vio Hashem que era conveniente para el hombre que la mujer se encontrara frente suyo y que se uniera a él de acuerdo con su voluntad". Como bien explica el Rab Fridlender Z"L, la elección del hombre consistirá en acercarla o en alejarla con sus actitudes. Lo que en principio era natural ya que se encontraban unidos, deberá realizarse ahora por cuenta del hombre para que así se cumpla el versículo: "Y serán un solo cuerpo" (Bereshit 2).

Cuando se invierte tiempo y esfuerzo para aprender a conducirse en el hogar, se recibe una ayuda celestial especial para construir un hogar judío con todo lo que este concepto incluye. En él se superarán todas las dificultades que puedan presentarse y por sobre todo se encontrará una elevación espiritual que será ejemplo para todos los matrimonios de Israel.

La bendición de Eliahu Hanabi

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El Shalom es la base esencial para la convivencia humana. Así lo expresa Raban Shimhon ben Gamliel en el Pirke Abot 1: "Por tres cosas el mundo se mantiene: por la justicia, por la verdad y por la paz". Por otra parte, es la bendición por excelencia que Hashem otorgó al pueblo de Israel: "Hashem dará poder a su pueblo, Hashem bendecirá a su pueblo con paz" (Tehilim 29). No existe tesoro más precioso para Israel que el Shalom. El término que se utiliza para saludar a una persona al encontrarla es decirle precisamente Shalom, ya que es la mayor bendición que un ser humano puede alcanzar.

La oración principal que decimos tres veces al día, concluye recordando que Hashem bendice a Israel con el Shalom. Cuando los Cohanim bendicen al pueblo, lo hacen como intermediarios entre el Creador y el pueblo de Israel. ¿En qué consiste esa bendición? La Torá en Bamidbar 6 lo detalla: "Que te bendiga el Eterno y te cuide. Que ilumine el Eterno Su Rostro hacia ti y te agracie. Que eleve el Eterno Su Rostro hacia ti y que deposite sobre ti el Shalom". Nuevamente, el Shalom es el broche final de la bendición de los Cohanim.

Cuando el rey Shelomo destaca el valor y la importancia de la Torá, la compara con el Shalom. Así lo expresa en Mishlé 3: "Todos sus caminos (de la Torá) son caminos de gracia y todos sus senderos son de Shalom". Nuestros Sabios determinaron que en cada hogar de Israel se deben encender las velas en la víspera de Shabat. Uno de los motivos de esta Mizvá es que gracias a que la casa está iluminada, reina el Shalom en el hogar. Hasta tal punto el Shalom es importante, que la jurisprudencia determina para quien por su situación económica apremiante no dispone de dinero para comprar velas de Shabat y de Janucá y debe elegir entre unas y otras, deberá comprar el Ner de Shabat. Quien debe elegir entre comprar el Ner de Shabat o el vino para el Kidush, también debe comprar el Ner de Shabat. ¿Cuál es el motivo? La respuesta de nuestros Sabios es: "No existe nada más importante que el Shalom del hogar, representado en este caso por el Ner de Shabat".

Cuando el marido regresa del Bet Hakeneset en la noche de Shabat e ingresa a su hogar, su primera expresión es: "¡Shabat Shalom!". En ese momento tan especial, se dirige a los ángeles que lo acompañan desde el Bet Hakeneset hasta su hogar y les dice: "Shalom Alejem Malhaje Hasharet...", "Shalom para ustedes, ángeles Celestiales". Luego de recitar el Kidush, los padres bendicen a sus hijos colocando sus manos sobre la cabeza de cada uno de ellos diciendo Bircat Cohanim que también expresa el Shalom. Quizás hubo un enojo en la semana, quizás la madre o el padre se molestaron con sus hijos por algún error que cometieron, pero en ese instante se olvida lo sucedido. Los corazones se unen frente a la luz del Shabat y el Shalom reina en el hogar.

Cuando el Midrash se refiere a la importancia del Shalom, menciona el siguiente ejemplo: Un rey quiso probar a sus sirvientes para ver si eran dignos o no de su bendición. ¿Cómo lo hizo? Les dijo lo siguiente: "Si alguno de ustedes me pide algo se lo daré, sólo que a su compañero de tareas le daré el doble". Como había compañerismo entre ellos, cada uno se preocupaba por pedir primero, para que

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así su compañero recibiera el doble. Cuando el rey vio esta actitud les dijo que no diferenciaría entre ellos, sino que a todos les daría por igual lo mejor. He aquí que el Shalom es la fuente de la Berajá. Pero había dos sirvientes que se odiaban y envidiaban mutuamente. Ninguno de ellos le pedía nada al rey, para evitar así que al otro le dieran el doble de lo que él solicitara. El rey observaba el silencio de ambos, hasta que uno de ellos tomó la palabra: "Mi pedido es... que me saquen un ojo, ya que de este modo a mi compañero le sacarán los dos". El rey, al analizar el odio que existía entre ambos les dijo: "Les sacarán los ojos a ambos, ya que no son dignos de recibir mi bien".

El valor del Shalom es en los momentos en que las ideas son distintas y no se comparten los mismos criterios. Los que valoran su importancia prefieren conceder y no transgredir la bendición del Shalom. "Busca el Shalom y persíguelo", nos enseña el rey David en el Tehilim 34, puesto que realmente es sencillo no discutir ni pelear cuando las ideas se comparten. "Osé Shalom Bimromav" (Iob 25), o sea, "quien hace el Shalom en los Cielos", porque nuestros Sabios nos enseñan que en los Cielos un ángel de fuego se encuentra frente a un ángel de agua y sin embargo no se dañan, ya que ambos fueron creados por el Todopoderoso con un solo deseo: servir a Quien creó el agua y el fuego.

En una oportunidad, tres jóvenes se encontraron en un camino que conducía a una ciudad. Cada uno de ellos se dirigía a la ciudad por un motivo distinto. El primero tenía como objetivo encontrar una mujer virtuosa con quien casarse, debido a que consideraba que ésa era la base fundamental del hogar que deseaba construir. El segundo joven expuso que todo su interés estaba concentrado en obtener dinero ya que, según su criterio, era lo principal de su vida. El tercer joven buscaba un lugar donde poder estudiar Torá con concentración y profundidad.

Eliahu Hanabi se presentó delante de ellos con la apariencia de un anciano y le preguntó al que ambicionaba dinero qué haría si realmente lo consiguiera. La respuesta del joven fue que se dedicaría a hacer favores al prójimo y a dar caridad. Eliahu Hanabi le dijo que no se olvidara nunca de lo que había dicho y le entregó una moneda sin explicarle por qué lo hacía.

Cuando Eliahu Hanabi se dirigió al joven que deseaba estudiar Torá, escuchó que éste prometía que en caso de desarrollar sus conocimientos, se dedicaría a enseñar Torá a toda persona que quisiera aprender sin importarle si se trataba de un niño o de un anciano. Eliahu Hanabi le entregó un papel en el que estaban escritas las letras del abecedario hebreo y le recordó que no olvidara su promesa.

El joven que deseaba casarse con una mujer virtuosa le expresó al anciano que cuidaría como base fundamental de su hogar el Shalom que reinaría en él. Eliahu Hanabi le indicó una puerta de la ciudad en donde encontraría a su pareja y así el anciano desapareció de la vista de los jóvenes.

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El tiempo transcurrió y los tres jóvenes consiguieron lo que tanto anhelaban. Después de unos años, Eliahu Hanabi decidió probarlos para ver si cumplían con lo prometido. Se les presentó como un anciano muy pobre con dos pequeños huérfanos de su mano. En principio se presentó delante del joven que se había convertido en millonario y le solicitó una ayuda para los pequeños huérfanos. El joven le respondió que no disponía de tiempo para poder atenderlo. Eliahu Hanabi le recordó que tiempo atrás le había dado una moneda. En ese momento, el joven se descontroló, buscó la moneda, se la entregó al anciano y lo expulsó de su hogar. Al poco tiempo, el joven perdió toda su fortuna en un mal negocio.

El anciano se dirigió con los dos huérfanos del joven que había estudiado Torá para solicitarle que le enseñara a los niños, porque éstos no tenían con quien hacerlo. La respuesta del joven fue que no tenía tiempo para perder con los niños, debido a que estaba estudiando temas muy profundos que requerían toda su concentración. Al recordarle el anciano que tiempo atrás le había dado un papel con las letras del abecedario, el joven se lo devolvió y se retiró del lugar. Al poco tiempo, una enfermedad imprevista hizo que el sabio joven olvidara todo el estudio que había adquirido.

El anciano se dirigió entonces con los dos niños a la casa del joven que deseaba casarse con una mujer virtuosa. Se encontró precisamente con la esposa que los atendió amablemente, les sirvió de comer y les comentó que su esposo era pastor de ovejas y un excelente marido. Cuando el joven regresó a su hogar y se encontró con los invitados, bendijo a su esposa por haberlos atendido y por tener la cualidad de Abraham Abinu de recibir huéspedes. A pesar de que no había quedado comida para él, el joven no se enojó ni perdió la calma. Por el contrario, le ofreció dormir en ese lugar al anciano y a los niños, pero Eliahu Hanabi le respondió: "Hace un año te encontré en el camino con los otros jóvenes. Ellos no cumplieron lo que prometieron; en cambio, tú mantuviste tu promesa de respetar el Shalom de tu hogar y la Divinidad posa en él. Te hago entrega de la moneda y del papel que les había entregado a ellos. Desde hoy en adelante dejarás de ser pastor de ovejas para convertirte en el Rab de tu comunidad y además serás millonario y honrado por todos. El Shalom Bait es la base de la riqueza y de la felicidad".

Que se cumpla en nosotros la frase con la que finalizamos la oración de todos los días: "Quien hace el Shalom en los Cielos, Él hará paz sobre nosotros y sobre todo Su pueblo Israel y dirán Amén".

Menos teoría y más práctica

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¿Cuántos comentarios leímos en nuestra vida sobre la importancia del Shalom Bait? Seguramente que muchos. Pero debemos preguntarnos: ¿todos esos consejos de la Torá han servido para mejorar nuestro comportamiento y corregir errores? O por el contrario, ¿somos los mismos que antes, con la diferencia de que adquirimos conceptos que no llevamos a la práctica? ¡Qué pregunta difícil! Pero real, ¿o no?

Imaginemos nosotros a un burro cargado con los libros más filosóficos e importantes que existan en el mundo. ¿Por eso dejó de ser un burro? ¿De qué sirve saber si no se pone en práctica lo que la Torá nos aconseja para nuestro bien?

El rey Shelomo en Mishlé 15 nos enseña: "Un oído que escucha reproches en la vida, sólo en los

a, como si se tratara de un tema en el que él no estaba involucrado. Mientras tanto, el Rab del lugar al escuchar la disertación lloraba desconsoladamente. Cuando finalizó la conferencia, el marido en cuestión se acercó al Rab para felicitarlo por sus palabras y le dijo que compartía plenamente lo que había expresado. ¡Ni se dio por enterado de que el mensaje era para él! El Rab del lugar que se había puesto a llorar le agradeció al Rab porque las palabras vertidas lo habían hecho reflexionar. Recordó que le había pedido a su señora que le corrigiera unos apuntes que había escrito. "¿Acaso no le alcanza con todo el trabajo del hogar?", reflexionó arrepentido el Rab. "¡Gracias por abrir mis ojos!", le dijo al disertante. ¡Pensó que el mensaje era para él!

El Talmud dice, en Shabat 127, que hay seis cosas por las que se recibe parte de pago en este mundo, quedando el capital íntegro para el mundo venidero: recibir huéspedes, visitar enfermos, concentrarse en la Tefilá, madrugar para ir al Bet Hamidrash, educar a los hijos con Torá y juzgar al prójimo para el lado bueno. Cada hogar judío debe estar basado en el ejemplo de Abraham Abinu que abría las puertas de su hogar no sólo para atender y dar de comer a los necesitados, sino por sobre todo para infundir la fe en el Todopoderoso y acercar al huésped al cumplimiento de la Torá y Mizvot. De esta manera, la casa judía se transforma en un pequeño santuario que irradia Emuná, recibiendo con alegría y satisfacción a quienes la visitan y alentando a quienes viven situaciones difíciles.

Se cuenta sobre un comerciante, que visitó en una oportunidad una ciudad en busca de una mercadería determinada. Al entrar a la dirección que le habían recomendado, se sorprendió al ver a un vendedor bastante mayor que le contestó: "Lo siento, no tengo más esa mercadería, pero la puedes conseguir en la casa de mi padre... que vive cerca de acá". Sorprendido el comerciante por el hecho de que esa persona mayor tuviera padre y que trabajara, fue a esa nueva dirección y se sorprendió al ver a un anciano sentado en su silla trabajando, que le contestó: "Lo lamento, yo tampoco tengo esa mercadería, pero la puedes conseguir... en lo de mi padre, que vive cerca de acá". No podía creer el comerciante que este anciano tuviera padre. Al llegar a la nueva dirección, se encontró con un anciano que lo recibió y le vendió lo que necesitaba. El comerciante se animó a

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preguntarle: "¿Qué mérito ha tenido usted para tener larga vida?". Contestó el anciano: "El mérito es de mi señora y ahora entenderás por qué".

En ese instante, apareció la señora del anciano y éste le pidió que sirviera una porción de sandía para el invitado. La señora regresó con una sandía enorme y el anciano le dijo: "Nuestro invitado merece una sandía de mejor calidad; por favor, cámbiala por otra". La señora regresó al instante con otra sandía y se repitió la situación anterior, hasta que en la tercera oportunidad trajo una de la calidad que la honra del huésped merecía. Después de comer, le preguntó el anciano al comerciante: "¿Cuántas sandías crees que hay en nuestra cocina?". El comerciante contestó: "Por lo menos tres". "Te equivocas", le dijo el anciano, "sólo tenemos una, pero quise mostrarte nuestra alegría por recibirte en nuestro hogar. Mi señora siempre trajo la misma sandía. Ahora entiendes el mérito de mi mujer, ya que otra hubiese dicho: ‘No tengo otra sandía’, avergonzándome a mí y a ti, pero mi señora inteligente supo cómo comportarse correctamente por tu honor y por el mío".

Aprendemos de este Maasé, cómo la mujer trae la bendición y la alegría a su hogar atendiendo de buena forma a sus invitados y poniendo en práctica las enseñanzas de Abraham Abinu.

El verdadero cariño

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Los motivos que llevan a formar un matrimonio son distintos según se trate de una pareja observante de los preceptos o de quienes se encuentran alejados de los mismos. En este último caso, luego de un encuentro circunstancial se inicia una relación basada en una atracción física y en un sentimiento de amor mutuo. Se llega a la conclusión de que son tal para cual. Cualquier diferencia que pudiera existir, será cubierta por el cariño mutuo que se dispensan.

Por varios motivos deciden casarse. En primer lugar, para ayudarse uno al otro, serán felices, formarán una familia, estarán acompañados en la vida y por sobre todo, se quieren tanto que no hay motivo para no contraer enlace. Si analizamos más profundamente, nos daremos cuenta que todos estos puntos giran sobre una misma base: el camino al matrimonio es la mejor garantía para obtener los mayores beneficios desde varios puntos de vista.

Cuando surgen desentendimientos entre la pareja, esta base se desmorona y la puerta de la separación se abre de par en par. La creencia de que el amor que sustentaba la relación cubriría todos los inconvenientes no se cumplió en la práctica. ¿Por qué fue así? Porque era un amor ficticio, basado en la belleza o en sueños imaginarios y no en el análisis de las características verdaderas de la pareja.

Distinto por completo es el matrimonio basado en los valores de la Torá. Sus integrantes saben la importancia que cada familia tiene para el pueblo de Israel en general. Formar un matrimonio es uno de los preceptos que la Torá establece, exactamente igual como lo es ayunar en el día de Kipur. Por eso, el concepto de amor para este tipo de parejas tiene otro significado. Para ellos, el amor es el medio que otorgó Hashem al ser humano para alcanzar el objetivo: formar una familia. Conceptos radicalmente opuestos a aquellos que se encuentran alejados de la Torá y piensan que la formación de la familia es el medio para encontrar y consolidar el amor preexistente.

Cuando la Torá relata que Izjak Abinu contrae matrimonio con Ribka Imenu, el versículo de Bereshit 24 dice: "Y la trajo Izjak (a Ribka) a la carpa de Sara, su madre, fue para él su mujer y la amó". O sea que el verdadero amor que une a la pareja es posterior al matrimonio. Cuando cada uno de sus integrantes observa la preocupación y el esfuerzo del otro para complacerlo, los lazos del cariño basados en los principios que la misma Torá establece, unen a la pareja por toda la vida. Ese amor se multiplica con el correr de los días, a diferencia de lo que sucede en otros hogares en donde cada vez se debilita más luego del fervor existente en el noviazgo.

De ninguna manera se trata de observar en forma negativa el sentimiento de amor que debe existir entre la pareja. Entre las bendiciones que se formulan en el momento de la Jupá, la última de ellas menciona: "Bendito Tú Di-s... que creó felicidad y alegría, al novio y a la novia,... amor, hermandad, paz y compañerismo". El propio Rambam en las Halajot que corresponden al matrimonio determina: "ordenaron nuestros Jajamim que el hombre respete a su esposa más

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que a su propio cuerpo y que la ame como a su cuerpo" (Halajot Ishut 15). Sólo que éste amor está fundamentado en la valoración mutua que existe entre la pareja. No es un amor condicionado por un motivo, ya que en ese caso cuando el mismo desaparezca, el cariño se esfumará como si nunca hubiera existido. No depende de instintos, deseos o placer, sino que se fundamenta en una visión no egoísta que permitirá una elevación espiritual constante para alcanzar la verdadera felicidad. El verdadero amor está basado en saber tolerar y brindarse por el otro. Ese amor no está sustentado en la búsqueda de derechos o beneficios personales.

Una de las diferencias básicas entre el ser humano y el animal consiste en que éstos se preocupan sólo por sí mismos. Nunca veremos a un perro o a un caballo que se moleste en llevar comida a otros animales de su misma especie. Por el contrario, cada uno peleará con el otro por la misma porción. El ser humano, creado a imagen y semejanza Divina, debe entender y sentir la necesidad del prójimo y esforzarse por ayudarlo.

En una oportunidad, un Iehudi se presentó delante de su Rab para quejarse de un compañero que había abierto un negocio similar al suyo en la misma calle. El Rab le contestó: "¿Sabes por qué un caballo patea el agua de un arroyo cuando toma de ella? Sucede que al inclinarse para beber y observar a ‘otro caballo’ con sus mismas intenciones, se llena de furia y patea. Su falta de inteligencia no le permite entender que el ‘otro caballo’ es él mismo y que el arroyo tiene agua suficiente para ambos". El Rab terminó diciendo a su alumno que no debía comportarse pensando que un hermano suyo le sacaría lo que a él le corresponde. Debía alegrarse que existiera otro Iehudi que encontrase el sustento para su familia. Por otra parte, no debía preocuparse, ya que Hashem le daría a él lo necesario para la vida.

Este tema adquiere una relevancia fundamental en el matrimonio, donde tanto el marido como la mujer se comportarán como seres humanos sólo si realmente se preocupan por el otro y por sus necesidades. Pero si se limitan solamente a buscar un provecho propio y a recibir lo que necesitan, sin preocuparse por brindar al otro lo que éste espera y le corresponde, no tendrán diferencia en sus actos con el comportamiento de los animales.

Debemos trabajar sobre nosotros mismos para sacar el egoísmo de nuestros corazones y llegar a sentir que somos un sólo cuerpo junto a nuestra pareja.

El cariño es la base de la vida matrimonial, ya que representa la unión que reclama la Torá: "Vehaiu Lebazar Ejad" ("Serán un solo cuerpo"). Existen dos formas de afecto: 1- Cariño para recibir, o sea querer a la otra parte por provecho propio, para sentirse mejor. Esto es en verdad quererse a sí mismo, porque significa estar preocupado por satisfacer sus propios deseos sin tener en cuenta la voluntad del otro; y 2- Cariño para dar, se refiere a estar dispuesto a sacrificar los intereses personales para conformar a la otra parte. Anularse a sí mismo con tal de que el otro sea feliz.

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Contrariamente a lo que piensa la persona, está escrito en Masejet Derej Erez capítulo 2: "Si deseas amar al prójimo, preocúpate por darle el bien". Nuestros Sabios nos enseñan: "No se da porque se quiere, sino que se quiere porque se da". La raíz de este sentimiento es que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Di-s. Él nos da absolutamente todo sin recibir nada a cambio. Por eso, también el hombre podrá amar al prójimo sólo después de haberse brindado íntegramente por él.

En una oportunidad, una persona fue a comer a un lugar de primera categoría y ante la pregunta del mozo sobre qué era lo que deseaba comer, le respondió: "yo quiero mucho a los peces". El mozo se dirigió a la cocina y al poco tiempo trajo una bandeja con distintas clases de pescados. Alguien que presenciaba lo que sucedía, con mucha inocencia le dijo: "Tú no quieres a los peces, ya que si así fuera, hubieras solicitado que te trajeran una pecera con peces de todo tipo. Lo que sucede es que te quieres a ti mismo y como consecuencia de ello, te honras comiendo pescado". El amor verdadero a alguien se demuestra por la necesidad de brindarle todo lo que se encuentra al alcance de uno. Por eso, el término "amor" en hebreo es "Ahabá", cuya raíz proviene de la palabra "Hab" que significa dar.

Si cada uno de los integrantes de la pareja tuviera ese sentimiento de unión hacia el otro y no hacia sí mismo, sería fácil de hallar la felicidad que la Torá reclama para el hogar judío. Si brindamos todo nuestro corazón a nuestra pareja, seremos correspondidos por el mismo sentimiento, compartiendo un hogar lleno de alegría y felicidad.

Mentir para preservar el Shalom

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En la Perasha Lej Leja está escrito: "Y fue cuando se acercó (Abraham) para ir a Egipto, le dijo a Sara, su mujer: "He aquí que sé que eres una mujer de hermosa apariencia" (Bereshit 12). Rashi comenta en nombre del Midrash que, debido al recato que ambos tenían, Abraham no se había dado cuenta hasta ese momento de la belleza de su esposa a pesar de todos los años que habían convivido. Al ver durante el camino el rostro de su mujer reflejado en un arroyo de agua, tomó conciencia de su hermosura. Evidentemente, estos conceptos muestran el grado de espiritualidad alcanzado por ambos, siendo prácticamente ángeles más que seres humanos.

Sin embargo, cuando los tres ángeles en forma de personas visitaron a Abraham Abinu, le preguntaron: "¿Dónde está Sara, tu mujer?". El Talmud en Babá Mesiá 87 explica que los ángeles sabían dónde estaba, pero querían hacerle saber a Abraham que su esposa era recatada, para que así la quisiera y valorara aún más. A pesar de que -como explicamos- el nivel de ambos era espiritual completamente y que se trataba de ancianos (100 y 90 años respectivamente), los ángeles se preocuparon porque el Shalom entre ellos se reforzara. Podemos deducir entonces la importancia del Shalom en un hogar, cualquiera sean las características del mismo.

El Talmud en Iebamot 65 nos enseña que está permitido mentir para preservar el Shalom. Lo deduce del suceso en donde Hashem le dijo a Abraham Abinu que Sara se había sorprendido al escuchar que tendría un hijo y había dicho: "Yo soy anciana". En realidad, la expresión de Sara Imenu había sido: "Y mi marido es anciano", pero Hashem cambió las palabras para mantener el Shalom. ¿Por qué Abraham se iba a ofender con su mujer por su frase: "Y mi marido es anciano"? ¡Era la realidad! El propio Abraham había dicho sobre sí mismo: "¿Una persona de cien años puede ser padre?". De todas formas, Hashem evitó -al cambiar la expresión de Sara- la más mínima posibilidad de enojo o distanciamiento entre la pareja, a pesar de lo ancianos que eran y de la condición espiritual especial que ambos poseían.

El Talmud en Iebamot 63 comenta que Rab tenía una mujer que lo hacía sufrir y le cocinaba lo contrario de lo que él deseaba en ese momento. Cuando su hijo llamado Ribí Jiá creció, le mentía a su madre diciéndole lo contrario de lo que su padre deseaba realmente, para que así comiera lo que sí esperaba. Cuando Rab se dio cuenta de la picardía de su hijo lo corrigió y le dijo: "tú no actúes así, ya que estás mintiendo y el Profeta Irmeiá reprocha a Israel por acostumbrarse a mentir". Nuestros Sabios preguntan: "¿Por qué Rab le dijo a su hijo: tú no actúes así?". De esto se deduce que otra persona sí podría mentir. La respuesta es que se puede mentir para lograr el Shalom Bait, pero esto es sólo para una persona mayor que en su vida se destacó siempre por decir la verdad. En algún caso excepcional, se le permite mentir para preservar el Shalom. En cambio, un joven como Ribí Jiá corre el peligro de acostumbrarse a mentir. Por eso Rab mencionó la referencia del versículo de Irmeiá que habla de acostumbrarse a mentir y no la de Vaikrá 19 en la que claramente la Torá menciona: "No mientas". De todas formas, el

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Shalom es tan importante que como vimos, en determinados casos está permitido faltar a la verdad con tal de preservarlo.

Es tal la importancia del Shalom en el matrimonio, que los Jajamim resaltan la labor de Aharon Hacohen para reconciliar a quienes se encontraban distanciados. Aharon tenía el cargo de Sumo Sacerdote, lo que implicaba ocupar varias horas del día para el trabajo del Mishkan. Por otra parte, junto a Moshe era el encargado de enseñar día y noche la Torá al pueblo de Israel. Cada instante de su vida era aprovechado al máximo. No había segundos de desperdicio. A pesar de todo, se preocupaba de ayudar a miles de familias a superar las desavenencias que se presentaban, acercando los corazones de la pareja.

Como una demostración de agradecimiento a su tarea, muchos niños que nacían luego que el matrimonio superara sus conflictos, eran llamados con el nombre de Aharon. Por eso, cuando ocurrió su fallecimiento, el duelo no fue sólo para sus familiares o para quienes estaban cerca suyo, sino como lo indica la Torá: "Y lloraron a Aharon treinta días todo el pueblo de Israel"(Bamidbar 20). ¿Cuál era la fórmula que utilizaba Aharon para hacer el Shalom? En Abot de Ribí Natan 12 está detallado cuál era su proceder: "Cuando dos personas estaban enemistadas, Aharon se dirigía a una de ellas y le decía: "hijo mío, tu compañero está arrepentido, rasga sus ropas de dolor por lo sucedido, se avergüenza de observar tu rostro por haber faltado a tu honra". Aharon no cesaba de hablar hasta que lo convencía de llegar a una reconciliación. Luego Aharon se dirigía a la otra persona y le expresaba las mismas palabras que le había dicho a su compañero. El resultado era que cuando ambos se encontraban se abrazaban uno al otro, perdonando cualquier actitud anterior".

Los Jajamim nos relatan este detalle del proceder de Aharon para que nosotros sepamos aplicarlo en la vida diaria. Se trataba de toda una profesión: escuchar al otro con atención y expresarle lo que él deseaba escuchar. Todo es válido si el objetivo es alcanzar el Shalom. Para utilizar este proceder, no es necesario esperar el momento en que debamos ser intermediarios en alguna discusión. No hay que esperar mucho tiempo para tener el Zejut de realizar esta Mizvá tan importante. Podemos empezar por nosotros mismos. En nuestro hogar, podemos seguir la indicación de Aharon: decir lo que el otro quiere escuchar. Quizás no sea la verdad estricta. De todas formas, alcanzar el Shalom como objetivo lo justifica.

Normalmente, se cree que la verdad implica decir las cosas como realmente son y la mentira es precisamente lo contrario. Sin embargo, esta regla contiene muchas excepciones. En algunos casos, estará prohibido decir una verdad si ésta sólo traerá consecuencias negativas. Si contar los sucesos tal como fueron realmente provocará un daño, esa "verdad" se convertirá en una terrible mentira. Si el objetivo que se busca es verdadero, aunque se modifiquen los sucesos de cómo realmente fueron se estará llegando a la verdad. En resumen, la verdad y la mentira dependen del objetivo buscado.

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Esta base aplicada con un criterio certero, es utilizada por el Rab Dessler Z"L en su libro Mijtab Meeliahu para explicar el comportamiento de Iaacob Abinu cuando se hizo pasar por Esav para recibir la bendición de su padre Izjak. ¿Cómo es posible? Iaacob Abinu se distingue entre los Patriarcas por su cualidad del Emet. ¡Sin embargo, en las apariencias engañó a su padre!

El Ialkut Toledot nos da la respuesta, al comentar el versículo de Bereshit 27 posterior al momento en que Izjak se dio cuenta de que había sido engañado por Iaacob: "Y se estremeció Izjak de sobremanera y dijo: "¿Quién es?". Su pregunta real fue que se había dado cuenta de que hubo un engaño de Iaacob y quería saber quién era el responsable del mismo: si Iaacob por haberlo llevado a la práctica o él mismo por haberse dejado engañar. Hashem le contestó como continúa el versículo: "Él se dedicó a cazar". O sea, Hashem le dijo que ambos no eran responsables por lo sucedido, ya que habían puesto las cosas en su lugar como realmente correspondía: Izjak debía bendecir a Iaacob. Sólo Esav, quien "cazaba con su boca" al engañar a su padre, era el responsable y no merecía la bendición de Izjak. Iaacob había actuado forzado por su madre, sin intereses personales, sólo para lograr el objetivo que Hashem había determinado: que él obtuviera la bendición de su padre. Por eso, debió utilizar lo que aparentó ser una mentira. Pero la mentira en nombre de la verdad, se convierte en la verdad más estricta.

Iaacob Abinu es el símbolo del Emet. Para alcanzar ese título debió pasar una prueba muy difícil. Para el que analiza sólo superficialmente lo acontecido, puede parecerle equivocadamente que Iaacob mintió. No fue así. Él nos enseñó que la verdad está íntimamente relacionada con hacer Jesed, como bien lo menciona el rey David en el Tehilim 85: "El favor y la verdad se encontraron, la rectitud y el Shalom se besaron". Uno depende del otro. No existía mayor Jesed para Iaacob Abinu que impedir que Esav el perverso recibiera por medio de la bendición de su padre Izjak la herencia espiritual de Abraham Abinu. Iaacob tenía ese desafío y debía cumplirlo. Así lo hizo y recibió el título de Ish Emet: el hombre de la verdad.

Que en nuestra vida diaria recibamos su enseñanza. Que tomemos el ejemplo de aquel Rab que en la noche del Seder al derramar uno de sus huéspedes el vino sobre la mesa, procedió a hacer caer también él su copa de vino en forma intencional y decirle a su esposa: "¿Qué sucede? ¡Parece que alguna de las patas de la mesa está floja!". El huésped respiró aliviado, la vergüenza desapareció de su rostro. ¿El Rab mintió? De ninguna manera, no existe una verdad superior a esa pequeña mentira. Bienaventurados quienes apliquen a los actos de la vida las enseñanzas que nuestros Sabios nos legaron. Tendrán el Zejut de vivir con alegría en este mundo y recibir el verdadero pago en el mundo venidero.

"El llanto de la mujer"

El Shela Hakadosh comenta en Perasha Vaiese: "El hombre debe comportarse con humildad y tranquilidad en su hogar. No debe obligar a su esposa a realizar cosas que ella no desea, sino que debe hablarle siempre de buena manera. Así

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dijeron los Jajamim: Quien tiene Shalom en su hogar, es considerado como si estuviera en Shalom con todo el mundo. El Zohar Hakadosh comenta al respecto: "El hombre debe comportarse en su hogar con tranquilidad y alegría sin que teman de él". El hombre es el que dirige su hogar y por lo tanto la responsabilidad del Shalom recae sobre sus hombros. Esta obligación se manifiesta de dos formas: 1) sus expresiones deben ser dulces y suaves, llenas de tranquilidad y comprensión. No deben ser con tensión, nerviosismo ni ofensivas. 2) su comportamiento y actitudes deben ser con gracia y serenidad, a pesar de las situaciones que se puedan presentar.

El Talmud, en Babá Mesiá 59 comenta al respecto: "Siempre el hombre debe cuidar de no hacer sufrir con sus expresiones a su mujer". El mismo Talmud explica el motivo especial que existe en este caso: la mujer es por naturaleza muy sensible. La prueba contundente de ello es que su llanto es más frecuente y espontáneo que el del hombre. Por lo tanto, es obligación de cada marido alegrar a su esposa y no hacerla sufrir con sus actitudes o expresiones, ya que su dolor es mucho más profundo que el del hombre. Se debe tener presente en cada circunstancia de la vida el precepto de la Torá: "No hará sufrir el hombre a su compañero" (Vaikrá 25).

Hasta tal punto llega este concepto, que incluso quien hace sufrir a su señora sin haber tenido esa intención puede recibir un castigo, como podemos observar en el siguiente suceso que relata la Guemará en Ketubot 62: "Rab Rejumi regresaba a su hogar todos los años en la víspera de Iom Kipur, luego de permanecer durante mucho tiempo estudiando en un Bet Hamidrash, ubicado lejos de su casa. En una oportunidad, se concentró tanto en su estudio que se retrasó del horario normal en el que solía regresar. Su esposa esperaba ansiosa y preocupada: ‘¿Cuándo llegará mi esposo?’. A cada instante decía: ‘¡Ya llegará, ya llegará!’. Su dolor hizo que en un momento determinado se derramaran unas lágrimas de sus ojos. Su marido seguía estudiando profundamente en el altillo de la Ieshibá y en forma imprevista, se derrumbó el techo sobre él y falleció instantáneamente".

Este terrible suceso es explicado por el Rab Jaim Shmulevich Z"L en su libro "Sijot Musar" de la siguiente forma: "El castigo que recibe quien hizo sufrir a su compañero no es simplemente para tranquilizar al perjudicado, puesto que, como vemos en este caso, la muerte de Rab Rejumi habrá provocado muchas más lágrimas a su señora que las que había derramado anteriormente. El concepto real es que la ofensa o el daño al prójimo es como un fuego que consume: todo el que pone su mano en él se quema. No se trata sólo de un castigo por su actitud, sino que es una ley natural y real".

Sucedió en una oportunidad con Ribí Zalman Malsu Z"L, que estaba viviendo en la casa de una familia, y fue a visitarlo un alumno suyo con quien se puso a conversar palabras de Torá. En un momento, el alumno vio que su maestro se levantó y rápidamente salió fuera de la casa. El alumno siguió al Rab y le preguntó el motivo de su actitud. La respuesta fue: "La mujer que trabaja en la limpieza de la casa comenzó a cantar y está prohibido escuchar cantar a una mujer; por eso me retiré". El alumno le sugirió al dueño de la casa que le pidiera a la mujer que

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dejara de cantar para que el Rab pudiera ingresar. El Rab instantáneamente respondió: "¡Déjenla, ella está ocupada con su trabajo! Está feliz con lo que hace y soy yo el que no puede escucharla. ¿Por mí debe sufrir? Yo debo salir para que ella siga cantando".

Aprendemos de este suceso hasta qué punto debemos cuidarnos de no hacer sufrir al otro, a pesar de que la intención sea cumplir con algún precepto. Con mucha más razón, que el hombre no debe hacer sufrir a su mujer, ni provocarle un dolor o avergonzarla, ya que se provoca de esa forma un daño a sí mismo.

Nuestros Sabios nos enseñan que los primeros días del matrimonio marcan una senda para toda la vida. Los primeros siete días del matrimonio son días de celebraciones y banquetes, en los cuales se alegran los novios y sus parientes. Y esos banquetes no son sólo para saborear ricas comidas, sino principalmente para agradecer a Hashem por la boda, y para aprovechar la ocasión invitando a los parientes y amigos a participar de la alegría. Se cumple una gran Mizvá al asociarse en ella.

La Simjá de los Siete Días de Banquetes (Sheba Berajot-Siete Bendiciones), tiene su antecedente en la Torá. En el libro Pirke Deribi Eliezer figura que lo aprendemos de lo que está escrito en la Perasha de esta semana, cuando Iaacob contrajo matrimonio con Lea, luego de lo cual se celebraron siete días de banquetes. En esa oportunidad, se congregaron todos los habitantes del pueblo a celebrar. Dijo entonces Hashem: "Ustedes le hicieron un favor a mi siervo Iaacob (de acompañarlo en su alegría). ¡Yo les daré a ustedes una recompensa eterna a través de vuestros hijos!".

También hemos visto una celebración de "Sheba Berajot" en el Libro de los Profetas, cuando Shimshon se casó y le organizaron siete días seguidos de banquetes, y lo trataron como a un verdadero rey.

Esto nos enseña que el novio y la novia son considerados como reyes en los días de Sheba Berajot. Así como todos alaban a un rey, también a los novios (dentro de los primeros siete días) los alaban y les rinden honores de reyes. Así como un rey se viste con ropas majestuosas, del mismo modo los novios se visten con ropas de fiesta todos esos días. Así como a un rey se lo recibe con banquetes, a los novios se los recibe con los mejores manjares. Así como el rey no trabaja, los novios no trabajan. Así como a un rey siempre se lo ve radiante, a los novios se los ve resplandecientes como el sol. Como está escrito: "(El sol) es como un novio que acaba de salir de su Jupá" (Tehilim 19).

Los días de Sheba Berajot son como una expresión de deseos: así como los primeros días del matrimonio son de fiesta y celebraciones, que todos los demás días de matrimonio de la nueva pareja sean igualmente de fiesta y alegría.

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Analicemos para finalizar algunos consejos escritos en el libro "Una vida de felicidad" del Rab Shelomo Dob Cohen Shelita, que sirven para alcanzar el éxito en el matrimonio:

1) Aprovechar la fuerza interna que cada uno posee y sacarla a la luz en la vida matrimonial.

2) Comportarse con paciencia. Saber que no es posible esperar resultados maravillosos de un instante al otro. Se debe mejorar paso a paso para así llegar a la verdadera felicidad en el matrimonio.

3) Asumir las responsabilidades: cada uno debe tratar las situaciones que se presenten con el máximo de seriedad para obtener así los mejores resultados.

4) El buen trato: hay que recordar que todos tenemos faltas y la solución se encontrará sólo si la otra parte toma el problema como si fuera suyo propiamente y no se limita a marcárselo a su pareja sin ayudarla a superarlo.

5) Medicina preventiva: no esperar a que los problemas aparezcan para ver cómo solucionarlos, sino que se deben estrechar las relaciones en los momentos buenos para formar así un escudo que impedirá que se deterioren en los momentos más críticos.

6) No desesperarse por los tropiezos: cuando un niño comienza a caminar es normal que tropiece y se golpee. En forma similar, un matrimonio que intenta mejorar su relación, se encontrará con situaciones que aparentemente son retrocesos o caídas. No solamente que no hay que desesperar, sino que se deben aprovechar para levantarse con más fuerza y superarse continuamente.

7) Reconocer el esfuerzo del otro: cuando un integrante de la pareja intenta superarse, el otro debe alentarlo para seguir adelante y no debe criticarlo por los errores que pueda cometer.

La felicidad en el matrimonio no depende de que no se presenten pruebas en la vida, sino de la buena relación y de la unión de la pareja en todas las situaciones que se deban atravesar. Todos los comienzos son difíciles. No es sencillo intentar mejorar nuestras actitudes, pero si no lo hacemos la vida matrimonial estará llena de tensión y amargura. Pongamos en práctica los consejos de nuestros Jajamim y con seguridad, nuestra vida será otra completamente.

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Las pequeñeces de todos los días

En la Perasha Vaishlaj, la Torá menciona el encuentro entre Iaacob Abinu y el ángel que representa al instinto del mal. Iaacob Abinu estaba solo. Nadie lo acompañaba cuando fue atacado por el ángel del mal. Su familia había cruzado un río y él había regresado a buscar unas pequeñas vasijas que había olvidado. El Talmud en Julin 91 comenta que los Sadikim valoran sus pertenencias más que su propio cuerpo, ya que todo lo que obtienen es en forma legítima y se alejan del robo. De todas formas, hay un mensaje muy claro que el comportamiento de Iaacob Abinu nos enseña: nunca se deben despreciar las pequeñas cosas.

Este concepto adquiere una importancia fundamental en el hogar judío. Las pequeñeces cotidianas, las cosas que en principio parecen intrascendentes, en caso de que no se conversen y aclaren, terminan destruyendo el hogar. En muchos hogares en donde la mujer trabaja -por ejemplo- se llevan distintas cuentas: "Esta plata es mía", dice la mujer como si fuera que son dos personas que no tienen nada en común y que los gastos de uno no son del otro. En otros casos en donde la mujer no trabaja, el hombre es extremadamente exagerado en llevar una cuenta minuciosa del dinero que dejó a su mujer, para ver en qué gastó hasta el último centavo. "Soy yo el que traigo el dinero a casa", es el argumento equivocado del marido como si fuese que la mujer no hace nada por el mantenimiento del hogar. ¿Qué sucedió? ¿Por qué sospecha que su esposa malgasta el dinero? Y si es así realmente, ¿no será el hombre el responsable de lo que sucede por no tener una buena comunicación con su esposa? Si no se solucionan, las pequeñeces de todos los días pueden destruir el hogar.

Hay mujeres -por ejemplo- que sólo piensan en la limpieza de la casa. La Torá está de acuerdo con ellas por la importancia del orden, la pulcritud y la higiene. Sólo hay un pequeño inconveniente. La exageración de la limpieza provoca otro tipo de suciedad: la mujer pierde la paciencia con sus hijos, se olvida de conversar con su esposo o reacciona violentamente cuando alguien ensucia lo que ella tanto limpió. Pequeños hechos cotidianos, pero que pueden transformarse en una montaña gigante, si no sabemos encontrar el equilibrio necesario.

Recordemos que lamentablemente en la vida hay en muchos casos motivos reales de problemas. No exageremos las dificultades provocando situaciones que sólo nuestras malas cualidades originan. ¿O acaso no sucede muchas veces que después de pelear ni siquiera recordamos por qué empezó la discusión?

"Alegrar se alegrarán compañeros queridos, como te alegró el Creador en el Gan Eden". En esta Tefilá que se realiza en el momento de la Jupá y durante los primeros siete días del matrimonio, se le pide a Hashem que ayude a la pareja a llegar a la misma alegría que tuvieron Adam y Javá antes del pecado. Todo el mundo era para ellos, los ángeles los servían y se deleitaban en el Paraíso. Si

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pedimos a Hashem algo que a simple vista parece tan difícil, es porque está en las manos de la pareja conseguirlo.

Sin embargo, la triste realidad demuestra que son pocos quienes alcanzan esta felicidad que excede a nuestra imaginación. ¿Por qué? Son varios los motivos que se pueden mencionar. En principio, son pocos quienes comprenden que para recibir este beneficio se debe invertir. Piensan equivocadamente que todo se recibirá en forma natural. Olvidan que depende exclusivamente del trabajo, dedicación y esfuerzo de los integrantes de la pareja. ¿Acaso en lo material no es necesario preocuparse y hacer lo que se encuentra al alcance de la persona? Para alcanzar la felicidad del matrimonio es exactamente igual: sin superarse en la vida no se logrará. Esto sucede en todos los órdenes de la vida. Incluso para cumplir Mizvot, es necesario hacer una inversión. Para comprar un Tefilin -por ejemplo- o para celebrar una festividad o para tener deleite del Shabat. La relación entre la pareja es el punto máximo de la Mizvá tan importante de "amarás a tu prójimo como a ti mismo". ¿Acaso tan fácilmente se podrá cumplir? Sin el esfuerzo de la pareja, no caerá como un regalo del cielo. Para que cualquier comercio prospere, se realizan distintas iniciativas para captar la atención del cliente. Con mucha más razón, cada integrante de la pareja debe buscar todos los medios de su parte para encontrar el éxito tan anhelado.

Recordemos el versículo de Iob 11: "Un pequeño asno salvaje es el ser humano que nace". Se refiere a que toda persona nace con falencias que, en muchos casos, son el motivo de los desaciertos en el hogar. Cuando existe el deseo y el trabajo para superarlas, el entendimiento mutuo hará el resto y se podrán pasar las pruebas que se presenten. "Hashem no acusa a sus criaturas" (Abodá Zará 3). Nadie deberá enfrentar una prueba si no dispone de la fuerza necesaria para superarla. Pueden haber pasado muchos años de discordia y sufrimiento, pero en la gran mayoría de los casos, las puertas de la felicidad aún están abiertas. "Los que siembran con lágrimas, recogerán con alegría" (Tehilim 126). De acuerdo con la inversión, todos pueden deleitarse con los frutos.

Se cuenta sobre aquel rey que tenía un mantel muy especial, donde estaban marcadas todas las ciudades vecinas con sus respectivos puentes y caminos. El mantel le servía al rey para poder controlarlas con facilidad. Por eso, siempre cuidaba que no se arruinara. En una oportunidad, su hijo rebelde lo cortó en pedazos y mezcló los trozos uno con el otro. Al ver la desesperación de su padre, le aseguró que lo recompondría sin que faltara absolutamente nada. Con mucho esfuerzo, terminó la reconstrucción. Ante la pregunta del rey de cómo lo había logrado, el hijo le contestó que del otro lado del mantel había la figura de una persona. Uniendo las partes y preocupándose por que esa persona estuviera completa, el resultado sería que del otro lado del mantel las ciudades y caminos también estarían íntegros.

Esto es exactamente lo que sucede con el mapa de una familia. En determinadas ocasiones, está cortado y destruido. Unir esas partes y comenzar una vida nueva nos parece una tarea imposible. La solución consiste en curarnos a nosotros

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mismos, trabajando sobre las cualidades y formando una persona completa. De esa forma, el mapa de la familia se arreglará automáticamente. Los cortes y heridas desaparecerán del horizonte. Que Hashem ilumine los hogares de Israel con el Shalom.

Referencias

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