Cuando le preguntó Laban a Iaacob Abinu: "Dime cuál será tu pago" (Bereshit 29), la respuesta de Iaacob fue: "Trabajaré siete años por Rajel, tu hija pequeña". Podríamos preguntarnos: ¿Por qué Iaacob no le ofreció a su futuro suegro un tiempo menor de trabajo? ¡En caso de que no hubiese aceptado, podría haber aumentado hasta finalmente llegar a un mejor "acuerdo"!
La respuesta a esta pregunta es similar a lo que comenta Ribí Moshe Jaim Lusato Z"L, en su libro "Derej Hashem": "Hay una diferencia enorme entre quien recibe algo por derecho propio a quien lo recibe como un regalo sin que le corresponda realmente". El objetivo del ser humano en esta vida es heredar el Olam Habá, al que podrá acceder por sus propios medios luego de haber vivido respetando los preceptos que Hashem le encomendó. No lo recibe en forma gratuita sino por derecho propio. Es lo que sucedió con Iaacob Abinu: él quería que Rajel le perteneciera como esposa y para ello estaba dispuesto a entregar todo lo que fuera necesario. No quería ningún tipo de sociedad con Laban el perverso en algo tan precioso, como lo era Rajel. Por eso, le ofreció "comprar" a Rajel por el valor exacto y calculó que siete años de trabajo eran más que suficientes por todo lo que Laban había criado a su hija hasta ese momento. La persona tiene más provecho de aquello en lo que invierte y se esfuerza que de lo que recibe en forma gratuita.
Esta base de la vida es más importante aún cuando nos referimos al matrimonio. Cada integrante de esta unión debe saber que su pareja no es íntegra, sino que existen falencias lógicas, como sucede con todo ser humano. Cada uno debe entender que si ayuda al otro a superar esos errores, tendrá más provecho que quien fue corregido. Le sucederá lo mismo que acontece con un maestro cuando logra enderezar a un alumno rebelde. El alumno está contento porque superó sus fallas, pero el maestro se siente aún más satisfecho porque pudo ver el fruto de su esfuerzo. Pero para que esto suceda en una pareja, es fundamental valorar a la otra parte y saber encontrar el éxito en la manera de comunicarse. Es cierto, la vida es una constante superación. Es difícil arreglar las cualidades de cada uno de los integrantes de una pareja, pero mucho más difícil aún es vivir en un estado de tensión y pelea. Debemos saber cuándo y cómo corregir. De esa forma, conseguiremos el objetivo buscado y encontraremos el camino de la felicidad.
Cuando se corrige al otro integrante de la pareja, no se debe echar la culpa únicamente a él diciéndole: "Tú tienes la culpa" o "Tú estás equivocado/a". Se debe hablar incluyéndose a sí mismo: "Nos equivocamos" o "Fue por nuestra culpa lo que sucedió", a pesar de que en realidad no haya sido así.
El ser humano se valora a sí mismo y su respeto es muy considerado para él. No tolera que lo desprecien o que descubran sus faltas. Por eso es necesario que no
sea atacado en forma directa, sino incluir a otros en el error cometido para que así pueda recibir la corrección.
Para comprender esto, analicemos el Maasé de la Guemará Sanhedrin 11: Raban Gamliel reunió a su Bet Din para determinar si ese año tendría 13 meses o no. Se sorprendió al ver a ocho jueces en lugar de los siete que habían sido invitados. Preguntó el Rab: "¿Quién vino sin haber sido citado? ¡Que se retire!". Shemuel Hakatan respondió: "Yo vine sin permiso, pero no para ser uno de los jueces, sino para aprender cómo se determina el tema". Raban Gamliel le respondió: "Puedes quedarte, hijo mío, eres digno de ser uno de los jueces, pero nuestros Jajamim dijeron que sólo los que fueron citados determinan si el año tiene trece meses o no". En realidad, Shemuel Hakatan había sido citado, y era otro Sabio quien había concurrido sin permiso, pero para que no lo reconocieran y se avergonzara, Shemuel Hakatan prefirió cargar sobre sí mismo la culpa.
Este Maasé nos enseña un nuevo camino en nuestra vida. ¡Cuánto debemos cuidarnos de no provocar vergüenza y sufrimiento al prójimo, aunque haya cometido un acto incorrecto! Incluso deberemos cargar con culpas ajenas con tal que el otro no se avergüence. Con más razón, por Shalom Bait deben asumirse los errores cometidos o "asociarse" al error de la pareja, para no provocar sufrimientos o vergüenza al otro.
Intentemos ahora analizar cuál debe ser el comportamiento correcto del que recibe una crítica. Estos consejos tienen utilidad en todos los órdenes de la vida, pero adquieren un relieve fundamental en el matrimonio.
1º) Dejar que el que critica diga todo lo que tiene en su corazón sin interrumpirlo, a pesar de que no sean reales todos sus argumentos. Es mejor no contestar en forma inmediata. Es posible que así reflexione quien criticó y después se arrepienta y diga: "Me parece que tengo razón... espero no haberte ofendido". Al permitirle desahogarse, se tranquiliza y puede analizar mejor el tema.
2º) Antes de dar una respuesta concreta a la crítica, empezar con frases tales como: "Tienes razón, pero...",o "Es cierto, pero déjame aclarar que...". Por supuesto que el que critica debe dejar al criticado exponer sus argumentos. Es común que ninguno preste atención a lo que el otro dice y se limite a expresar sus pensamientos, produciéndose así un diálogo de sordos que no traerá ningún beneficio.
3º) Aprender a reconocer nuestros errores. ¡Cuántas veces sabemos que nos equivocamos en alguna actitud o expresión y nos cuesta reconocerlo, manteniendo una posición que es indefendible! Sucede a veces, que la culpa de este proceder, la tiene el que critica, que aprovechó la oportunidad de un reconocimiento anterior para decir por ejemplo: "¡Así como en esta ocasión me diste la razón, en todos los casos es así!". Contrariamente, se lo debe alabar por esa actitud positiva de saber aceptar y decir: "Me equivoqué". Si bien al principio
es difícil reconocer nuestros errores, es lo más sencillo que existe cuando se aprende a vivir de esa forma.
4º) Es conveniente evitar que con nuestra reacción ante la crítica que nos hacen, provoquemos que no nos critiquen más. Se podría pensar que esto es lo más hermoso: "¡Qué no me diga nada de todo lo que hago!", pero no es así, porque se produce una separación entre la pareja, ya que el otro termina pensando que: "No hay con quien hablar, porque no entiende mi pensamiento".
Recordemos que al contraer matrimonio, Di-s perdona a los novios sus pecados cometidos hasta ese momento. ¿Cuál es el motivo? Explicaron nuestros Jajamim, que el hecho de casarse implica estar dispuesto a vivir tolerando y perdonando lo que nuestra pareja hará. Es por eso que Hashem nos dice: "Como tú estás dispuesto a perdonar, yo también te perdono".
Aprendamos a convivir con los defectos del otro. Es cierto que parece difícil, pero es mucho más sencillo que ser un crítico constante de todo lo que observamos, con excepción de criticarnos a nosotros mismos.