Escuchamos en el momento de la Jupá que el novio dice a la novia: "Eres consagrada para mí ser mi esposa con este anillo de acuerdo con la ley de Moshe e Israel". ¿Cuál es el significado de esta frase? Al margen de lo que literalmente se entiende: que el casamiento se realiza con las bases que la Torá determina, hay un concepto más profundo implícito en esas palabras. Moshe Rabenu y el pueblo de Israel atravesaron el desierto durante cuarenta años y soportaron momentos difíciles, problemas y disgustos. Sin embargo, los superaron y ambos cumplieron con lo que Hashem pretendía de ellos. El matrimonio -le recuerda el novio a su novia- es una prueba difícil, pero se debe cumplir el objetivo del mismo hasta el final de la vida. Se debe formar un hogar con las bases de la Torá y Mizvot, educar a las futuras generaciones en esa senda, vivir con amor, alegría y felicidad superando los momentos difíciles que se puedan presentar.
En muchos casos, cuando analizamos en forma individual a los integrantes de una pareja, nos encontramos con que ambos son personas correctas y de conductas aparentemente intachables. Sin embargo, y para nuestra sorpresa, nos enteramos de que el matrimonio no funciona. En algunos casos se llega incluso al divorcio y nos preguntamos: "¿cómo puede ser? ¡Son tan buenos!". Quizás el error consista en que esa pareja no recordó las diferencias que por naturaleza existen entre el hombre y la mujer. Por ese motivo no se pudieron entender, ya que no conocieron las características del otro. La base de la mujer es el sentimiento, mientras que el hombre es más racional. Es probable que la mujer sea más inteligente que el hombre, pero lo que la mueve es su sentimiento. Por eso, normalmente le importarán temas tales como la belleza, la limpieza o la decoración de su casa. Le será más fácil que al hombre derramar una lágrima por algo que le suceda. En los momentos más difíciles su fe será superior a la de su esposo; le gustará hablar mucho más que al hombre; si sale de compras tendrá más provecho de todo el paseo que de lo que propiamente compró. Si el marido no comprende que esto es natural y forma parte de la mujer, nunca conocerá a su esposa y los problemas surgirán. La mujer debe comprender -por su parte- que su marido no es como ella y que también disfrutará de ese paseo de compras: sólo cuando se entere de que está por concluir y que hay que regresar a casa. Cuando cada uno comprenda el sentimiento del otro y respete lo que Hashem puso en su forma de ser, el Shalom reinará en el hogar porque se habrá aprendido a conocer al otro.
El Talmud comenta en Berajot 51, algo que sucedió con Ialtá, la señora de Rab Najman. Había recibido como huésped a Ulá, y lo invitaron para hacer Zimun con el Kos de Berajá (vaso de vino que se toma después de Bircat Hamazon). Cuando Ulá terminó de tomar, entregó el vaso a Rab Najman sin dárselo a Ialtá. Rab Najman le dijo: "Debe, mi señor, enviar el Kos de Berajá a Ialtá, mi mujer". Sin embargo, Ulá le demostró con versículos que no era necesario y que sólo debía entregárselo a Rab Najman. Cuando Ialtá se dio cuenta de que lo que ella
deseaba no llegaría, se levantó enojada, se dirigió a la bodega que estaba en la casa, y rompió cuatrocientos barriles de vino. Luego se tranquilizó.
¿Cuál es la enseñanza de este Maasé? Quizás enseñarnos parte del sentimiento de la mujer. Ialtá deseaba el Kos de Berajá, y cuando no se lo dieron, fue para ella como si todo el mundo se desmoronara. Desde ese punto de vista, podemos comprender su reacción.
Debemos saber que por naturaleza, la mujer exagera las cosas por encima de la realidad. No es su culpa, sino que es así como Hashem la creó. Sus lágrimas caen rápidamente, y el hombre se sorprende: "¡Si no dije nada!".
Por eso el marido debe comprenderla, y no discutir con ella o hacerla sufrir por temas que a él le parecen intrascendentes, porque lo que él considera que no es nada, quizás para ella significa destruir todo su mundo. ¡Debemos comprender los sentimientos y pensamientos de nuestra pareja para convivir en Shalom!
Después del pecado de Adam, Hashem se dirigió a la mujer y le dijo: "Y él (el marido) te dominará" (Bereshit 3). Quizás al leer este versículo alguien se sorprenda y diga: "¡En mi casa sucede lo contrario!". En realidad, la Torá nos enseña cuál es la naturaleza de la mujer: ella necesita que su marido la dirija y le diga lo que debe hacer. Es lo que sucede con todas las mujeres, incluso con aquellas que poseen puestos importantes de trabajo y que tienen a su cargo un numeroso personal. De todas formas, en su interior necesitan que sus maridos las guíen y las aconsejen. ¿Por qué entonces nos sorprendemos y comprobamos que en determinados casos esto no sucede? Quizás la respuesta sea que la mujer al depender de esa forma natural que posee, quiere que la dirijan pero con honra y respeto. Que le den importancia, que no la subestimen. Nuestros Sabios le dicen al hombre: "Trata a tu señora como una reina y tendrás una sirvienta". Todas las frases de nuestros Sabios apuntan a esa base fundamental: "Que el hombre coma menos de lo que puede por sus posibilidades económicas, que se vista de acuerdo con sus posibilidades y que respete y atienda a su esposa e hijos más de lo que puede realmente, ya que ellos dependen de él y él depende de Hashem" (Julin 84).
Respeto mutuo. Saber cómo hablar y tratar al otro. No despreciar ni subestimar. El Talmud comenta que la señora de Rab Iosef demoraba en encender las Nerot de Shabat esperando hasta último momento. El Rab no le gritó, sino que le explicó que cuando salieron de Egipto una columna de nubes guiaba al pueblo de Israel en el día y una columna de fuego lo hacía en la noche. No se retiraba la columna de nubes antes de que llegara la de fuego y viceversa. El Rab le dijo a su esposa: "¡Mira qué bello! ¿No podemos hacer nosotros lo mismo y recibir con anticipación el Shabat?". Ahí se encuentra la clave del Shalom Bait: saber cómo hablar respetándose mutuamente. Sara Imenu, después de setenta y cuatro años de estar casada con Abraham Abinu pronunció esa frase famosa: "Y mi señor (Abraham) es anciano". Bienaventurada la señora que durante toda la vida trata a su esposo haciéndole sentir que es "mi señor".
Bienaventurada, porque en lugar de señor tendrá un sirviente que estará siempre dispuesto a complacerla. Con este trato mutuo, todos los matrimonios de Israel tendrán la dicha de vivir con Shalom y alegría.