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No hacer sufrir al otro

In document Libro Matrimonio (página 65-68)

El Talmud comenta en Julin 84: "Que la persona coma y beba por un valor inferior al que dispone, se vista de acuerdo con lo que tiene y que respete y mantenga a su esposa e hijos con más de lo que tiene, porque ellos dependen de él y él depende del Creador". El marido debe esforzarse para mantener su hogar con mano amplia, sin hacer cuentas detalladas acerca de si se gastó en forma indebida o no cada moneda. Di-s, por ese mérito, le dará su sustento con mucha bendición.

Si bien en algunos hogares es la mujer la que lleva el manejo económico porque su marido sabe de sus condiciones de buena administradora, en la mayoría de los casos es el hombre el que administra el dinero. No debe comportarse con altanería u ocultar sus ingresos, porque de esta forma genera problemas y odio en su hogar. Muchas veces sucede que la responsable de crear esta situación es la propia mujer, al hacer reclamos continuos que están lejos de las posibilidades de su esposo o por gastar el dinero en lujos que están fuera de su nivel.

El equilibrio adecuado se encuentra cuando el hombre hace un esfuerzo para dar más de lo que puede realmente. Por su parte, al ver y entender su mujer inteligente esta situación, se limitará a vivir con menos de lo que su marido le quiere dar y así reinará el Shalom en el hogar.

Se cuenta sobre el Rab Eliahu Lapian Z"L que, en una oportunidad, tuvo necesidad de mudarse a una casa más amplia porque su familia era muy numerosa. En esa época, era muy difícil conseguir una casa en alquiler. Después de mucho esfuerzo encontró finalmente lo que necesitaba y arregló el precio con el dueño. Contrató un carretero para hacer la mudanza y prepararon con sacrificio todas sus pertenencias en las carretas junto a su familia. Al llegar a la casa nueva, se encontró con una persona que le dijo: "Debes saber, Ribí Eliahu, que se casa mi hija y busqué por toda la ciudad una casa en alquiler para ella y la única que encontré es ésta, pero tú te adelantaste. Debes saber que si no la alquilo, deberé postergar el casamiento". Los que escucharon la conversación, le recriminaron al hombre por su inapropiada actitud al reclamar a toda una familia que ya tenía la mudanza preparada, el precio del alquiler arreglado con anterioridad y que, por otra parte, no tenía ninguna culpa de lo que sucedía. Sin embargo, el Rab no contestó, se dirigió al carretero y le ordenó: "Por favor, no bajen las pertenencias, debemos volver a nuestra casa anterior"...

Aprendemos de este suceso cómo el Rab no hizo sufrir al prójimo y aceptó perder lo que le correspondía, con tal de que alguien no pasara por un mal momento. De la misma manera en cada hogar, el marido debe brindarse por su esposa dándole más de lo que puede. La mujer, por su parte, no debe pedir lo que sabe que su marido no puede darle. Teniendo presente así cada uno el no hacer sufrir al otro, la felicidad y el Shalom reinarán en el hogar.

El marido debe cuidar que su comportamiento no provoque el sufrimiento de su mujer, y si ésta derrama lágrimas al sentirse dolida, hay una acusación en el Shamaim muy fuerte contra él.

Se comenta sobre Rabí Jaim Mizanz Z"L, que una vez llegó a una ciudad y al pasar por una casa exclamó: "Siento el aroma del Gan Eden". Para averiguar de qué se trataba, golpeó esa puerta esperando encontrar la respuesta. Ribí Pesaj, el dueño de casa, era el encargado de juntar Sedaká para repartir entre los necesitados. Ribí Pesaj lo hizo pasar. El invitado le pidió que abriera un estante de donde provenía ese aroma tan maravilloso. Al hacerlo se encontró con una ropa de un sacerdote y Ribí Jaim dijo: "De esa ropa proviene el aroma, dime cómo llegó a tus manos".

Ribí Pesaj contó como en una oportunidad había ido a juntar Sedaká de gente que colaboraba con él para ayudar a los pobres. Al regresar a su casa se encontró con alguien que lo esperaba con desesperación y que le dijo: "Por favor, mi situación es insostenible por las deudas que tengo. O consigo algo de dinero o estoy destruido!"... Intenté explicarle, continuó Ribí Pesaj, que ya había repartido todo lo juntado, y que no podía volver en el mismo día a pedir que me ayudaran nuevamente. Ante el llanto de este pobre hombre, regresé a las casas de los donantes explicando lo que sucedía y finalmente conseguí una suma de dinero que solucionó su problema.

Pero, no pasaron diez minutos y golpearon nuevamente la puerta de mi casa. Se trataba de otro Iehudi con problemas económicos gravísimos. Cuando le expliqué que no podía ir tres veces en un día a lo de una misma persona a pedir Sedaká, el hombre desesperado respondió: "¡Estoy perdido!".

De repente, recordé que cerca de mi casa había un bar donde se reunían jóvenes para emborracharse y perder el tiempo. Decidí ir a pedirles ayuda, aunque lo más probable era que se burlaran de mí. Así sucedió realmente; pero mientras todos se reían, uno de ellos los hizo callar. Me propuso darme el dinero necesario, pero con la condición de que me vistiera una ropa de sacerdote que él me daría y que paseara así vestido por toda la ciudad con todos ellos riéndose detrás de mí. Luego de una lucha interna que no me permitía avergonzarme a la vista de toda la ciudad, decidí hacerlo para poder conseguir el dinero que necesitaba. Al verme, todos creyeron que había enloquecido por mi actitud. Ese joven me entregó el dinero que luego entregué a la persona necesitada. La ropa del sacerdote pensé dejarla conmigo, ya que gracias a ella hice revivir a un Iehudi". Cuando escuchó esto Ribí Jaim Mizanz, le dijo emocionado: "Debes guardar para siempre esa ropa, y al final de tu larga vida debes pedir que te entierren con ella, y ningún daño te sucederá". Muchos años después de su muerte, el gobierno de Polonia decidió construir una ruta que atravesaba el lugar donde estaba enterrado Ribí Pesaj. Su cuerpo milagrosamente estaba íntegro al estar protegido con la ropa de sacerdote.

Aprendamos a ser piadosos con el prójimo, y mucho más en nuestro matrimonio, cuidándonos de no hacer sufrir al otro, para recibir el pago en este mundo y en el venidero. Amén.

In document Libro Matrimonio (página 65-68)