• No se han encontrado resultados

El sostén del marido

In document Libro Matrimonio (página 115-118)

Cuando Koraj y su gente intentaron hacer una revolución en contra de Moshe Rabenu, uno de los cabecillas de la misma era On Ben Pelet. Para él estaba preparado el mismo final que recibieron Koraj, Datan, Abiram y todos los revolucionarios: la tierra se abriría y los devoraría vivos. Sin embargo, On Ben Pelet se salvó. ¿Quién lo salvó de esa terrible muerte? ¡Su mujer! Ella le dijo con suma inteligencia: "¿Por qué participas de esta discusión? Si Aharon sigue siendo Cohen Gadol, tú serás el alumno. Si Koraj triunfa en su revolución, también tú serás su alumno". (Sanhedrim 109). Le hizo comprender que no obtendría ningún beneficio personal de esa discusión, por lo que no debía participar de la misma. Su marido le contestó: "¿Qué puedo hacer? ¡Ya estoy con ellos, e incluso juré que si me llaman iré con ellos! ¡No tengo otra alternativa que continuar!".

Su mujer actuó con inteligencia y lo salvó. Le dijo a su esposo que permaneciera dentro de la carpa y que ella se encargaría de solucionar el problema. ¿Qué hizo? Le ofreció vino a su marido hasta que éste se emborrachó y se quedó dormido. Ella, mientras tanto, se sentó en la puerta de la carpa, dejando su cabello a la vista. Sabía que los hombres que estaban con Koraj -por más que estaban en contra de Moshe- no intentarían entrar a su carpa, y se alejarían inmediatamente al ver a una mujer con falta de recato frente a ellos. Así sucedió y On Ben Pelet salvó su vida.

Sobre una mujer como ésta -dice la Guemará- es digna de recibir la alabanza del Pasuk del rey Shelomo (Mishlé 14): "La inteligencia de la mujer construye su hogar". Podemos recordar el caso de Rajel -la señora de Ribí Akiba- que permitió que su esposo faltara del hogar durante veinticuatro años, para que así pudiera estudiar Torá con grandes maestros en forma ininterrumpida y transformarse en una luminaria para todas las generaciones. No fue la única. El Talmud en Ketubot 62 comenta que Ribí Jananiá ben Jajinai fue a estudiar a la Ieshiba de Rab durante doce años. Al regresar, habían cambiado los caminos de la ciudad y no sabía cómo encontrar su hogar. Se paró a un costado del río y escuchó cómo le gritaban a una joven: "Hija de Jajinai, llena tu cantimplora y ven"; se dio cuenta de que la joven era su propia hija a la que no había visto durante tantos años. Fue detrás de ella para así poder encontrar su hogar. Su esposa estaba sentada en la puerta de la casa tamizando harina y al ver repentinamente a su esposo falleció de la emoción. Ribí Jananiá hizo Tefilá por ella y dijo: "¡Señor del mundo! ¿Éste es el pago de esta pobre mujer?". Enseguida revivió milagrosamente. No es el único caso del Talmud en donde un muerto resucitó. Leemos, por ejemplo, en Melajim 2- 4, cómo el profeta Elisha revivió al hijo de una mujer llamada Shunamit luego de todo un proceso que llevó un tiempo determinado. Sin embargo, en nuestro caso la mujer rápidamente revivió. ¿Por qué? El mérito para que así sucediera fue de ambos: marido y mujer. Cuando Ribí Jananiá se dirigía para estudiar Torá durante doce años, Ribí Shimhon bar Iojai estaba concluyendo los siete días de fiesta por

su casamiento y le pidió que lo esperara para ir juntos a estudiar. Ribí Jananiá no lo esperó, porque sabía que no podía perder un instante de su estudio, por más que luego podría estudiar con un sabio de la talla de Ribí Shimhon. Así como él no esperó, del Shamaim le retribuyeron de la misma forma, reviviendo a su esposa inmediatamente. El mérito de la mujer fue que no sólo envió a su marido a estudiar, sino que lo esperaba cada instante de esos doce años. No toda mujer que permite que su marido estudie Torá, lo espera y extraña. En algún caso, puede suceder que ella prefiera que su esposo se encuentre lejos. La categoría de la señora de Ribí Jananiá fue que sufría y ansiaba que su marido regresara; pero por otro lado, estaba dispuesta a dejar de lado su deseo para que su esposo fuera un gran sabio.

Lo mismo sucedió con Ribí Shimhon bar Iojai, a quien su esposa le permitió -después de la primera semana del casamiento- permanecer durante doce años fuera de su hogar estudiando Torá. Quizás ahora no nos sorprendamos tanto al escuchar cómo Ribí Shimhon pudo estar escondido de los romanos durante trece años en una cueva sólo con agua y algarrobo como alimento.

Estas Sadikot nos enseñan la función de la mujer judía. Es muy común escuchar a movimientos feministas que buscan igualar el derecho de la mujer con el del hombre. También la Torá reconoce los derechos de la mujer, pero se diferencia en algo básico: la naturaleza de la mujer nunca podrá ser cambiada como pretende el feminismo. Esta sociedad del matrimonio que Hashem programó, consta de un ministro externo -el hombre- que dirige y programa lo relativo a la pareja y de un ministro interno -la mujer- que por su condición natural de sentimiento, delicadeza, recato y cariño debe ocuparse de temas que son fundamentales, como la educación de los hijos y el apoyo moral a su esposo pese a la situación que deba vivir. No se pueden invertir los roles. No significa que la mujer no pueda trabajar o que el esposo no pueda colaborar en la cocina, sino que nos referimos a los sentimientos de cada uno en donde están arraigados.

Cuando el rey Shelomo nos enseña: "Toda la honra de la hija del rey (la mujer) es interna" (Tehilim 45), no se refiere a que debe permanecer encerrada en su hogar continuamente, sino a que su belleza precisamente es su sentimiento interior y ésa es toda su honra. Los ángeles que en forma de personas fueron a visitar la casa de Abraham Abinu, luego de ser atendidos le preguntaron a Abraham: "¿dónde está Sará tu esposa?" (Bereshit 18). La respuesta que recibieron fue: "he aquí que se encuentra en la carpa". En ese momento le aseguraron a Abraham: "en el año próximo para esta fecha tendrás un hijo". ¿Por qué preguntaron por Sará? ¿Qué importaba si estaba o no en la carpa para que le aseguraran que pronto tendría un hijo? Debemos comprender que los ángeles no preguntaron por el lugar geográfico en donde Sará se encontraba, sino que se referían a dónde ella depositaba su fuerza. La respuesta de Abraham fue: "en la carpa", en su interior puro, obteniendo con su proceder la armonía del hogar. El resultado no podía ser otro: rápidamente tendrían un hijo.

El mensaje es claro. La mujer es el sostén de su esposo. No debe permanecer de brazos cruzados en el momento en que su marido -Di-s no lo permita- tropieza con cualquier tipo de tema. Por sobre todo, en lo referente al cumplimiento de la Torá y las Mizvot. Por el contrario: debe salvarlo y a su vez salvarse a sí misma, ya que ésa es precisamente su función, como escribió Hashem en la Torá cuando la mujer fue creada: "No es bueno que el hombre esté solo, haré una ayuda para él" (Bereshit 2).

La mujer debe ser el sostén de su esposo en los momentos difíciles, debe cuidarlo y ayudarlo para que él no tropiece, consolarlo con palabras dulces y, alentarlo en las dificultades y momentos de sufrimiento.

Sucedió con un Rab que fue nombrado como tal en una ciudad vecina. Cuando se dirigía hacia ella, todos sus habitantes salieron a recibirlo en el camino para expresarle su alegría por el nombramiento. Cuando la carreta que llevaba al Rab y a su esposa se acercaba, una de las personas importantes de la ciudad desató a los caballos que la guiaban. Entre varios hombres levantaron la carreta y la llevaron a la ciudad, demostrando así un gran cariño a la Torá. Esa noche, hicieron en la ciudad una recepción al Rab. Una persona que era conocida como un burlón, se levantó y formuló una pregunta: "yo puedo entender la actitud de levantar la carreta en la que estaba sentado el Rab, ya que el Kabod de la Torá que él tiene, lo merece. Pero la Rabanit ¿cuál es su mérito para que gente tan importante la levante a ella también?". La Rabanit -que era muy inteligente- pidió permiso para contestar: "yo también tengo una pregunta: la gente de esta ciudad es muy sabia en Torá y Mizvot, ¿para qué necesitan un Rab? Debe ser -continuó la mujer- que es probable que cometan algún error y no lo perciban, por lo que es necesario que mi marido los corrija y reproche. Pero aún me queda otra pregunta -continuó la Rabanit-, también mi marido es un ser humano y como tal puede equivocarse u olvidarse de algo, y a veces él también necesita que lo adviertan... ¿Quién será responsable que el Rab cumpla su función como corresponde sin desfallecer en ningún momento? Ésa es mi función y quizás fue el motivo por el que me levantaron a mí también, ya que toda la ciudad depende del Rab y el Rab depende de la Rabanit".

Este Maasé nos enseña la verdadera función de la mujer judía. Ella debe recordar lo que dice el Talmud en Sanehdrim 100 al comentar el versículo de Mishle 15: "Todos los días del pobre son malos". El Talmud explica que se refiere a quien tiene una mala mujer. El final del versículo: "El que tiene un buen corazón está de fiesta siempre" hace alusión a quien, por el contrario, posee una buena mujer.

Cada mujer debe esforzarse para pertenecer a este último grupo, alentando y sosteniendo a sus maridos en todos los aspectos y por sobre todo, en el cumplimiento de la Torá y las Mizvot.

In document Libro Matrimonio (página 115-118)