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El estudio de Torá es la bendición del hogar

In document Libro Matrimonio (página 76-79)

El Rab Eliahu Lapian Z"L cuenta en su libro "Leb Eliahu" el siguiente Maasé: "Ribí Neta era un comerciante que vivía en Kelem. Casó a su hija única con un Talmid Jajam al que le dio una dote importante y se comprometió a mantenerlo durante muchos años para que pudiera seguir estudiando Torá. Cuando esos años pasaron, la mujer le reclamó a su esposo que dejara de estudiar para poder mantener su hogar. Su esposo -por el cariño que tenía a la Torá- se negó a hacerlo. Ella sugirió que con el dinero de la dote abrieran un negocio que ella atendería, y que el marido se ocupara del mismo sólo dos horas por día. El hombre aceptó y con el correr del tiempo las dos horas se transformaron en cuatro, hasta que abandonó completamente sus estudios para dedicarse al trabajo. Un sábado a la noche que nevaba, la mujer salió a tirar algo afuera de la casa y al regresar sintió que se ahogaba y no podía hablar. Su marido corrió a buscar un médico, pero éste no pudo diagnosticar la enfermedad que la aquejaba. Los doctores que la veían no podían entender por qué no podía hablar. Alguien le sugirió al marido que quizás se trataba de un caso de exorcismo y que fuera a lo de Ribí Mendel Z"L que se ocupaba de estos temas. El marido decidió llevar a su esposa a lo del Rab quien le habló al alma que se había introducido en ella. El alma le contestó desde el estómago de la mujer sin que ella moviera los labios: ‘Transgredí en mi vida todos los preceptos de la Torá y mi castigo fue que mi alma recorriera el mundo con ángeles que me castigan continuamente y sólo encuentro tranquilidad si me introduzco en el cuerpo de alguien’. ‘¿Por qué elegiste a esta joven?’, le preguntó el Rab. La respuesta fue: ‘Su propia madre -que ya había fallecido- me pidió en el Shamaim que lo hiciera para que su hija sufriera en este mundo y no recibiera castigo en el Olam Habá por haber sacado a su esposo del estudio de la Torá’. Ribí Mendel Z"L se dirigió al esposo de la mujer, quien le aseguró que volvería a estudiar Torá. Ribí Neta -el padre de la mujer- se comprometió a estudiar Mishnaiot y a encender Nerot en el Bet Hakeneset para rescatar a esa alma del castigo que tenía. Ribí Mendel Z"L reunió un grupo de diez personas para que leyeran Tehilim y dijo unos Pesukim con la mujer sentada en la mitad de la habitación. Luego de unos minutos de lectura de Tehilim, la mujer -en forma repentina- cayó al suelo y se escuchó una voz que salía de ella: ‘¡Shemá Israel!’. Una de sus uñas se partió y salió sangre de ella. La ventana se rompió -por ese lugar salió el alma- y la mujer recuperó su normalidad". El Rab Eliahu Lapian continúa en su libro: "En el último tiempo escuché que esa pareja está en Israel. Viven en Tel Aviv, pero no revelaré más detalles sobre ellos. Sólo que personalmente los visité y ellos mismos me contaron todo el suceso".

Toda mujer virtuosa que lea este Maasé, tomará la enseñanza necesaria para su vida, ayudando y fortaleciendo a su esposo en el camino y en el estudio de la Torá, para adquirir así la felicidad en este mundo y en el venidero.

Las estadísticas demuestran que una casa basada en los principios de la Torá está llena de alegría y felicidad. Seguramente que no son las condiciones económicas las que la hacen dichosa, ya que no siempre tienen esa bendición,

sino que tienen la Berajá de tener fe en el Creador, que es la vitamina que origina esa felicidad al saber que quien da la vida, también da el sustento. Así se logra la tranquilidad y felicidad anhelada.

En una oportunidad, una persona se presentó delante de un Rab con la idea de viajar a otro país debido a sus problemas económicos. El Rab le contestó con el siguiente Maasé: En una ciudad vivía un Rab muy pobre al que se le presentaron dos personas muy ricas para que interviniera por un diferendo económico que tenían, con la condición de que el Rab se trasladara a la ciudad de ambos con los gastos pagos, además de un importante dinero por su trabajo.

El Rab les pidió que lo esperaran hasta que volviera de rezar Minjá en el Bet Hakeneset. Al regresar, les dio una respuesta negativa al pedido para que viajara. Cuando la señora del Rab le preguntó por qué no había aprovechado esa oportunidad de ganar mucho dinero, el Rab le respondió que una de las Berajot de la Tefilá que dijo era "Mebarej Hashanim", o sea que Di-s bendice los años desde Su lugar celestial. La Guemará comenta que la distancia desde la tierra al primer cielo es de 500 años y al segundo cielo es de otros 500 años, y así sucesivamente pasando los siete cielos hasta llegar al Trono Divino. Sin embargo, esa distancia inimaginable no es impedimento para que la Berajá llegue al ser humano. "Me dije a mí mismo: ¿Sólo a la ciudad de los ricos me mandará Di-s la Berajá? ¡Si Él quiere, podrá enviarla directo a mi casa!". Finalmente, los ricos decidieron hacer el juicio en la ciudad del Rab, quien pudo obtener el dinero sin tener necesidad de dejar su hogar. ¡Tengamos fe y tendremos alegría en nuestros hogares, a pesar de los problemas económicos que puedan existir!

El Talmud en Pesajim 49 comenta: "Que siempre la persona venda todo lo que posee para casarse con la hija de un Talmid Jajam y para casar a su hija con un Talmid Jajam. Este tipo de matrimonio se compara a la unión de la uva de la parra con la uva de la parra, es algo bello y agradable". ¿Por qué los Jajamim compararon esta unión del novio y la novia sólo con la uva y no con otra fruta? Una de las explicaciones es que el sabor del vino es más agradable cuando es más añejo. De la misma manera, cuando la pareja cuida la herencia que recibimos en el monte de Sinai y no se deja llevar por corrientes modernas ajenas a nuestra fe, llega así al máximo de belleza espiritual posible.

Cuando un hogar crece con esas bases, el progreso es constante. Es lo que sucede con la uva de la parra, antes de ser exprimida. Se la bendice con una Berajá común a todos los frutos del árbol: "Boré Perí Haez" (que crea el fruto del árbol). Al transformarse en vino recibe una Berajá excluyente para él: "Boré Perí Haguefen" (que crea el fruto de la parra). Es cierto que el trigo también transforma -al convertirse en pan- su bendición primitiva de "Boré Perí Haadamá" (que crea el fruto de la tierra) en "Hamosí Lejem Min Haarez" (que saca el pan de la tierra). Pero la parra permanece en la tierra en forma eterna a diferencia del trigo que debe ser sembrado nuevamente. De esta forma, le deseamos a la pareja que la unión que materializaron en la Jupá, sea eterna, llena de felicidad y alegría.

Otro de los mensajes que la parra otorga a la pareja es que el vino alegra a la persona, pero sólo cuando se lo consume con medida y en forma adecuada. De lo contrario, la emborracha con las consecuencias negativas que todos conocemos. De la misma forma hay una indicación para la pareja de fijar los límites que la Torá impone. Como dijeron los Jajamim: "Santifícate a ti mismo en lo que está permitido para ti" (Iebamot 20), y así tendrán éxito en la construcción del hogar. El amor entre ellos crecerá continuamente gracias a esos cercos que la Torá determina. Serán como el vino, cuyo sabor aumenta día tras día.

Otra de las comparaciones de la parra con la pareja es la siguiente: el pueblo de Israel fue comparado con la parra. ¿Por qué? La parra es pisada por aquellos que fabrican el vino. Pero finalmente, cuando se obtuvo el producto, es el vino quien hace caer a la persona que toma más de la cuenta. Igualmente, en este destierro tan largo y difícil, el pueblo judío debió soportar ser pisado por distintas naciones. Pero llegará el momento en que el Mashiaj elevará al pueblo de Israel para convertirlo en la luz de la naciones. Ese mensaje también se aplica al novio y a la novia. Si se comportan con honra y respeto mutuo, si cada uno valora al otro y le hace sentir que está por encima de sí, entonces vivirán con armonía y felicidad. Serán como la uva que en principio parece que es pisada, pero finalmente triunfa.

Que en todos los hogares de Israel se cumpla la frase de los Jajamim: "Inbe Haguefen Beinbe Haguefen Dabar Nae Umitkabel: la uva de la parra con la uva de la parra es bella y agradable".

In document Libro Matrimonio (página 76-79)