Cuando el rey David escuchó que el rey Shaul y su hijo Iehonatan habían muerto en la guerra, pronunció una lamentación muy emotiva que está escrita en diez versículos de Melajim 2/1. En uno de ellos dijo: "Hijas de Israel, lloren por Shaul que les daba ropa y tinta carmesí con adornos sobre las ropas".
Lo que sucedía era que el rey Shaul elegía del botín de las guerras las mejores ropas y adornos de oro para que las mujeres de Israel se encontraran bellas para sus esposos. ¿Quién se ocupará de ellas ahora? Por eso fue la lamentación.
Si meditamos sobre el tema, nos estremecemos. En ese momento de dolor y angustia por la muerte de tantos Iehudim en la guerra, ¿no había algo más importante por lo que llorar que por la ropa y adornos de las mujeres? Seguramente que sí, pero este tema también era fundamental. El rey Shaul sabía la importancia del Shalom familiar y conocía el secreto que ayuda a encontrarlo: la presencia elegante y fina de la mujer.
La Guemará comenta en Nedarim 66 sobre un hombre al que toda su familia le insistía para que se casara con su sobrina y él se negaba terminantemente. Para dar por concluido el tema, prometió delante de todos que nunca se casaría con ella. Cuando Ribí Ishmael se enteró, llamó a la joven para conocerla y se dio cuenta, por la pobreza con que vivía, de que no podía embellecerse y vestir adecuadamente y por eso tenía tan mal aspecto. Ribí Ishmael la llevó a su hogar, le dio los mejores alimentos, ropas, adornos y perfumes. La joven se hizo irreconocible. El Talmud comenta que incluso le colocó un diente postizo de oro para que pareciera más bella aún. Luego llamó al tío de la joven, se la "presentó" y le dijo: "¿Con ella has prometido no casarte?". El hombre respondió: "¡No!". Ribí Ishmael le dijo: "Te puedes casar con ella, tu promesa no ha tenido lugar, ya que ella es como si fuera otra mujer". En ese momento, lloró Ribí Ishmael y dijo: "Las hijas de Israel son bellas, sólo que la pobreza las afea".
Cuando falleció Ribí Ishmael, las hijas de Israel lloraron por su muerte porque él sabía el mismo secreto que el rey Shaul: Siempre la mujer debe estar presentable para el esposo.
Abá Jilkiá -nieto de Joni Hameaguel- era uno de los Sadikim de su generación. Cuando había necesidad de lluvia, le enviaban una delegación de Sabios para que él rogara a Hashem. Su Tefilá siempre era escuchada. Un día trabajaba un día en su campo, cuando fue visitado por varios Sabios para que hiciera Tefilá a Hashem. Los Sabios lo esperaron hasta que terminó su trabajo y juntos regresaron al hogar de Abá Jilkiá. Antes de ingresar a la casa, salió a su encuentro su señora llena de adornos. Los Sabios se sorprendieron y le preguntaron: "¿Cuál es el sentido de que su señora lo reciba adornada como si fuese un día de fiesta?". El Rab les contestó: "Para que mis ojos no observen a otra mujer" (Taanit 23).
La sabia esposa de Abá Jilkiá sabía el secreto del alma de su esposo. A pesar de tratarse de un Sadik cuya Tefilá era recibida por Hashem, también era un ser humano. Por eso, ella no olvidó ni por un instante que debía cumplir su misión: No permitir que su marido pecara ni siquiera con el pensamiento.
De la misma forma que la mujer se preocupa por las necesidades materiales de su esposo, como por ejemplo prepararle la comida y lavar su ropa, también debe preocuparse de salvarlo de cualquier pecado con el que pueda tropezar.
Nunca más que en esta generación, en donde la moral y los principios más elementales que los que cualquier ser humano debería tener son -lamentablemente- olvidados por la corrupción y falta de recato que reina en la calle, la mujer debe fortalecer el corazón de su marido, estando siempre presentable para él. Hay una pregunta que no tiene una respuesta lógica: ¿Por qué la mujer se embellece para salir a la calle y -en cambio- no se preocupa por estar presentable en su hogar para su esposo?...
Escribe el libro Shebet Musar -capítulo 24- que la mujer siempre debe estar atractiva para su marido y nos enseña algunos detalles: "Su ropa debe estar limpia permanentemente, sin ninguna mancha, para no ser despreciada por su esposo. Incluso que se trate de una mujer pobre o con escasa variedad de ropa, éstas deben estar lavadas y limpias siempre".
La mujer no debe restar importancia a estos temas, ya que ayudan a unir los corazones y afianzar el Shalom Bait. Ezra Hasofer en su época decretó que vendedores de perfumes recorrieran la ciudad para que las mujeres pudieran comprar y estar atractivas para sus esposos. Las Tefilot que hacemos hoy en día fueron estipuladas por Ezra Hasofer, pero él se preocupó también de estos "pequeños detalles", porque sabía la importancia que tienen para la casa judía.
Sabía Ezra Hasofer que tanto el respeto de la mujer como ser querida por su esposo, se basan en pequeñas cosas que no son tan pequeñas como parecen a simple vista. Sabía Ezra Hasofer que la casa de Israel se basa en el Shalom entre el marido y su mujer, y ese Shalom depende a su vez de los vendedores de perfumes y de los adornos que ella posea.
No nos sorprendamos tanto. El Talmud en Iomá 75 comenta que Hashem hizo caer del cielo al pueblo de Israel en el desierto junto con el Man, distintos "adornos para las mujeres". Rashi explica que se trataba de hierbas que eran molidas en el mortero y tenían un aroma agradable para estar presentables para sus esposos.
¡La mujer con estos detalles debe proteger y resguardar el Shalom de su hogar!