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Los Mitos de La Creación

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Los Mitos de la Creación

Finalicé esta semana mi última cursada de este semestre en mi maestría en educación judía. Estuvimos aprendiendo cómo enseñar literatura rabínica y me llevo de dicha materia más preguntas que respuestas (lo cual me dice que claramente aprendí mucho y estoy en el buen camino). Cuando uno explora la literatura rabínica no busca respuestas sino preguntas. La sensación que tengo hoy podría describirla con el siguiente ejemplo: cuando voy al médico espero respuestas para mis preguntas y cuando estudio judaísmo me llevo preguntas sobre temas que nunca había pensado existían.

En estos días tengo una breve ventana de tiempo hasta que comience la próxima cursada que me entusiasma muchísimo: cómo enseñar TaNaJ. Y entre medio de todo lo que estuve leyendo y escribiendo este semestre sigue entre mis favoritos Tree of Souls: The Mythology of Judaism

, escrito por Howard Schwartz y publicado por Oxford University Press. Como mencioné en las publicaciones anteriores, este libro representa la primera y más completa antología de la mitología judía en inglés. Aquí continúo con la traducción e interpretación de la introducción a este espectacular libro. Hoy nos toca explorar los Mitos de la Creación.

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En los principios creo Dios…

Muchas personas creen que hay un solo relato sobre la Creación en el judaísmo, el de los siete días que se encuentra en el primer libro de la Biblia. Sin embargo, hace mucho que se ha notado que Génesis 1-3 narra dos veces la creación del mundo. La humanidad es creada primero en 1:27

Creó Elohim al Ser Humano a Su Imagen, a la Imagen de Elohim le creó: macho y hembra Él los creó

y luego otra vez en 2:7

Formó Adonai Elohim al Ser Humano del polvo de la tierra y le insufló en sus nares hálito de vida y se convirtió Adam en un ser viviente.

La segunda creación no solo refleja o repite la primera sino que difiere en forma, estilo y detalles. Génesis 1:1-2:3, el primer relato, narra la creación de un mundo perfecto y simétrico que se despliega incluso en el estilo literario ordenado por secuencia de días y párrafos que concluyen siempre con las mismas palabras (Y fue la noche y la mañana…). Es decir que hasta cómo esta escrito nos sugiere coherencia y orden absoluto. En este primer relato el mundo es creado por un poderoso Dios que ordena a través de la palabra. En este mismo relato, por ejemplo, el hombre y la mujer son creados juntos (1:27) luego de la creación de todos los animales (1:25).

En contraste, el segundo relato en 2:4-3:24 sugiere que el hombre es creado primero (2:7), luego los animales (2:19) y luego la mujer (2:21-22). Este segundo relato gira en torno a la creación de la humanidad y no del mundo como una totalidad. En este segundo mito Dios, en forma

antropomórfica, forma diferentes seres en lugar de crearlos a través del uso de la palabra. Por lo tanto estas dos historias son diferentes, están claramente escritas por autores que entienden en forma distinta cómo el mundo fue creado y cuál es la naturaleza de la humanidad y Dios. Las dos creaciones aparecen como dos bloques de material claramente separado entre 1:1-2:3 y 2:4-3:24.

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Otras creaciones en la Biblia

La existencia de dos mitos diferentes dentro de la Tora no debería

sorprendernos. La Biblia además posee otras narrativas mitológicas sobre la Creación como la que se encuentra en el Salmo 104 la cual parecería un resumen de otras Creaciones. Algunos lectores pueden leer estos pasajes del Salmo como una reafirmación resumida del relato del Génesis pero leyendo el texto en forma atenta notamos que describe un mito de la creación alternativo. Otro antiquísimo mito de la creación judía se basa en el mito babilónico del dios Marduk, el dios del cielo, pisoteando a Tiamat, el océano primigenio y la madre divina. Este mito es incluso mencionado en Isaías 51:9 “¿No eres tú el

que cortó a Rajab e hirió al dragón?” El mito se narra luego en el Talmud en

una versión que hace explícito el paralelo con el mito babilónico: “Cuando Dios

quiso crear el mundo, dijo a Rajab, el Ángel del Mar, ‘Abre la boca y traga todas las aguas del mundo’. Rajab respondió ‘Señor del Universo, ya tengo

suficiente’. Dios entonces pateó Rajab y lo mató” (Talmud Bava Batra 74b).

Es probable que estos fragmentos míticos en el libro de Salmos e Isaías fueran conocidos por los editores sacerdotales del Génesis (sobre la fuente P y los diferentes editores de la Biblia recomiendo leer ¿Qué es la Tora?). Estos

editores optaron por preservar la versión de la Creación que se encuentra en el comienzo del Génesis en el que se retrata una creación a partir de las palabras habladas en lugar de las acciones de Dios. Esta es la primera expresión de un impulso en la mitología judía para presentar las acciones de Dios en forma verbal en lugar de términos físicos como en otros mitos circundantes.

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Dime cómo entiendes la Creación y te diré qué crees

Lo más fascinante es que incluso los lectores más informados pueden

sorprenderse al saber que hay más de 100 mitos diferentes sobre la Creación en el judaísmo. No sólo estos mitos ofrecen escenarios alternativos sobre cómo Dios creó el mundo sino que algunos de ellos también plantean la cuestión de si Dios creó el mundo de la nada (ex nihilo) o utilizando elementos

preexistentes. Algunos incluso cuestionan si Dios fue asistido en la Creación por otros seres, y, en caso afirmativo, qué clase de seres eran los asistentes de Dios.

La necesidad de preservar una multiplicidad de mitos nos permite abordar temas teológicos muy diversos sobre la naturaleza de Dios y de los misterios de la creación, lo cual tuvo consecuencias fundamentales en la creencia de los seres humanos por miles de años. Por ejemplo, en Isaías 45:7 Dios dice “Yo

formo la luz y creo la oscuridad“. Esto significa que Dios creó la

oscuridad pero la luz no fue creada sino formada (en el hebreo original se

utilizan aquí dos palabras diferentes, yotzer y boré). Es decir, ¿la luz existía antes que Dios? Si la luz pre-existía, ¿quién la creó? ¿no implica esto que hay entonces otros seres divinos? ¿Es un Dios que da forma a los elementos preexistentes tan todopoderoso como un Dios quien los crea de la nada? Se ve fácilmente que estos son temas cercanos al corazón del monoteísmo. Pero la proliferación de estos mitos sugiere fuertemente que hubo conflicto de opiniones entre las distintas sectas judías en la época del Segundo Gran Templo e incluso entre los rabinos que fueron los autores de los

textos talmúdicos y midráshicos. No resulta difícil imaginar el por qué de tanta proliferación mítica sobre la Creación ni tanto desacuerdo: estamos lidiando con un tema que ningún ojo humano jamás ha visto. Y como nadie puede hablar con certeza sobre lo que sucedió en la Creación puesto nadie estuvo allí presente (del mismo modo que nadie puede hablar con certeza sobre el fin de los tiempos porque nadie ha estado “allí” aún) necesitamos recurrir al lenguaje mítico, poético, imaginario o metafórico cuando hablamos de estos temas.

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La Creación mística

Por otro lado el advenimiento de la cábala en los siglos XII y XIII dio una nueva dirección a la implicación de los mitos de la creación. Hay un mito de la

creación al comienzo del Zohar sobre cómo fue creado el mundo desde una semilla cósmica. Esto está muy lejos del mito que leemos en Génesis.

Lo que se sugiere en su lugar es que en vez de crear el mundo a través del habla, Dios nutre la semilla cósmica en un palacio que es descripto como un útero. Por lo tanto este mito hace hincapié en la crianza de Dios, lo cual nos remite a sus cualidades femeninas, como una madre. Por supuesto que esta simbología femenina dentro del Zohar no es una sorpresa. Es bien sabido que uno de los objetivos primarios de la cábala es recuperar o renovar lo femenino en el judaísmo (para más información sobre este último tema leer La Novia de Dios y otras capas de mitología judía, Los mitos judíos de Dios y 3 Lecciones Fundamentales de la Kabbalah).

¿Cuál fue el impacto de estos mitos tan remotos con respecto al mito de

Génesis? En algunos casos fue muy profundo. Por ejemplo, el mito creado por el rabino Isaac Luria (conocido por su acrónimo Ari) sobre la ruptura de las vasijas y el reencuentro de las chispas divinas transformó la manera en que los judíos miraron sus vidas en el exilio durante el siglo XVI. El mito del Ari dio esperanza a los judíos que se encontraban en el exilio -repartidos como minoría por todo el mundo- explicándoles que Dios los había puesto en esos lugares lejanos para reunir las chispas sagradas en preparación para la llegada de la era mesiánica (para entender en profundidad este complejo tema

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Los Mitos de la Creación del Ser Humano

Los Mitos sobre la Creación en el judaísmo relatan principalmente lo que ocurrió con el mundo natural. Sin embargo, hay otro tipo importante de Mitos sobre la Creación: los que giran en torno a la creación del ser humano. Una vez más, los relatos de Génesis sobre la creación de Adán y Eva sirven como base para una notable permutación mitológica sobre un mismo tema.

El Génesis contiene lo que los rabinos identificaron como un escenario alternativo sobre la creación del ser humano basado en el verso “hombre y

mujer los creó” (Génesis 1:27). Dado que este versículo parece describir una

creación simultánea de hombre y mujer, la misma esta en conflicto con la creación en forma secuencial de Adán y Eva que leemos más adelante. Esto llevó a los rabinos a la conclusión de que Adán tuvo una primera esposa antes de Eva. Esto a su vez inició un ciclo de leyendas acerca de la primera esposa de Adán, que a veces se la llama Primera Eva y otras veces es identificada como Lilit. Pero ese mismo versículo también fue utilizado como base de otro mito el cual narra que Adán y Eva fueron creados espalda con espalda y Dios tuvo que dividirlos en dos y luego crear nuevas espaldas para cada uno de ellos (confieso que la primera vez que leí este mito me sorprendí puesto que me recordaba el discurso de Aristófanes en el Banquete de Platon). El Zohar extrae sus propias conclusiones acerca de la pareja formada por hombres y mujeres: “Dios formó todas las cosas en la forma de hombre y mujer. En otra

forma no pueden existir las cosas” (Zohar 3:29a)

De hecho, una lectura más atenta de estos mitos sobre la creación de Adán revela dos tradiciones separadas, una sobre un Adán celestial y una acerca de un Adán terrenal. También hay mitos sobre Adán como un gigante que llegó a los cielos antes de comer el fruto prohibido y se redujo -por su incumplimiento- al tamaño humano. Adán también se describe como hombre de confianza de Dios, como el juez celestial que separa a los justos de los pecadores y como una figura de tal magnitud que los ángeles empezaron a preguntarse si debían

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inclinarse ante el. Finalmente este mito de un Adán celestial evolucionaría hacia un complejo concepto cabalístico acerca de lo que se conoce como Adán

Kadmon, el hombre primordial, que es la primera creación de Dios, una especie

de interfaz divina a través de la cual toda la creación posterior se lleva a cabo.

¿Qué mito elegirías?

En el judaísmo hay más mitos sobre la Creación que sobre cualquier otro tema. En la publicación El Verdadero relato sobre la Creación exploré hace unos años varías alternativas muy diferentes basadas en la tensión entre lo que narra la Biblia y lo que los judíos rezamos todos los días. En esencia, los Mitos de la Creación han servido y sirven como un poderoso atractivo para los judíos. Por ese motivo fueron explorados en profundidad en todas las fases de la tradición judía, incluso hasta nuestros días. Muchas veces me preguntan, ¿debería creer que Dios creó el mundo en 7 días o que en realidad la creación salió mal del modo que nos enseño Isaac Luria y por lo tanto debemos aún ayudar a corregirla? En otras palabras, ¿qué mito debería elegir?

Antes de responder me gustaría escuchar tu voz: ¿qué mito de la creación elegirías? ¿por qué?

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Todo lo que siempre quisiste saber

sobre el libro de Génesis

Continuando esta serie en la que vamos explorando Mi Biblia Favorita y luego de la publicación anterior en la que empezamos por analizar el primer libro de la Biblia en ¿Qué es la Tora?, debemos ahora comenzar por el primer libro de la Tora: el libro de Génesis. En esta oportunidad nuestro guía es el genial Jon D. Levenson de quien traduciré y explicaré con mis propias palabras su

espectacular introducción a uno de los libros más fascinantes de la historia de la humanidad.

Bereshit: el libro de los comienzos

Génesis, el título que lleva todo el primer libro de la Tora, es una traducción griega de la palabra hebrea toledot la cual aparece 13 veces en libro del Génesis y es traducida como “historia”, “linaje”, “recuento” o “generaciones” dependiendo del contexto (ver por ejemplo Génesis 2.4). En hebreo, al igual que ocurre con la mayoría de los libros del Tanaj, se lo conoce por la primera palabra, bereshit, que significa “en el comienzo”.

Génesis es de hecho un libro acerca de los “comienzos”: el comienzo del mundo natural, el de la cultura humana y el comienzo de la familia de los hebreos que será finalmente la prehistoria de Israel como pueblo, lo cual ocupa el resto de la Tora. En el mundo del antiguo Cercano Oriente del cual Israel emerge, los comienzos eran cruciales debido a que los mismos definían el carácter, destino y propósito de cada pueblo.

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En Génesis los orígenes de Israel (el grupo que eventualmente será conocido como “los judíos”) yace en una misteriosa promesa por parte de Dios a un hombre mesopotámico cuyo nombre original es Abram el cual cambiará a Abraham en el capítulo 17. La esencia de esa promesa es que Dios hará de Abraham una gran nación, lo bendecirá con abundancia y le dará la tierra de Canaan. Pero apenas estas promesas son expuestas cada una de ellas es desafiada a lo largo de todo el libro, principalmente la fertilidad de la primera esposa de Abraham (y las otras matriarcas en las siguientes dos generaciones) y la feroz rivalidad fraternal y cuasi asesina entre todos sus descendientes. Así y todo, para el final del Génesis todos los obstáculos son superados, las doce tribus que conforman las totalidad de Israel ya están formadas e incluso un israelita (Iosef) efectivamente gobierna en una super potencia (Egipto). Por encima de todo esto la tierra prometida, aún cuando se encuentra lejos de ser alcanzada (algo que sucederá recién luego de la Tora, en el libro de Iehoshua o Josué), sigue estando muy presente en la conciencia de los hijos de Israel.

La narrativa del Génesis

Dentro del abanico de temas que cubre, el libro de Génesis es una fuente principal dentro del judaísmo para explorar la teología judía. El libro nos ofrece entendimientos sobre la relación de Dios con la naturaleza, con la humanidad en general y con el pueblo de Israel en particular en formas que resultan

extrañas o ajenas para la mayoría de las mentes modernas. Por este motivo es muy simple perder de vista la seriedad y profundidad de todo el contenido del Génesis. Esto ocurre porque el vehículo a través del cual el libro de Génesis construye su cosmovisión no es el tratado teológico ni la utilización de pruebas filosóficas rigurosas o lógicas. Mucho menos intenta este libro ser una

exposición racional ni por el contrario una confesión de fe irracional. El vehículo de Génesis es simplemente la narrativa. En otras palabras, la teología debe ser extraída de los relatos y en dichos relatos la presencia viva de Dios en su diálogo y participación toma precedencia por encima del pensamiento teológico abstracto.

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Por eso, los que piensen que los relatos, leyendas, cuentos o narrativas

(incluyendo los mitos) son para los niños nada más, no solo que nunca lograrán entender las convenciones literarias ni cómo entendían y vivían el sentido de la existencia nuestros antepasados y otros pueblos; también se condenarán a jamás descubrir el maravilloso, complejo y sofisticado mundo que encierran los relatos del Génesis. Estos relatos han evocado incontables interpretaciones desde el tiempo mismo en que fueron puestos por escrito hasta nuestros días. Es más, el libro del Génesis ha llamado la atención de los más grandes

pensadores de la historia de la humanidad (¡y no me refiero a pensadores judíos solamente!)

¿Cuántas versiones de cada episodio son

necesarias?

Un aspecto fascinante de la narrativa del Génesis es su capacidad para tolerar en un mismo texto diferentes versiones sobre un mismo evento, algo que en realidad es muy común en toda la literatura del Cercano Oriente desde la Biblia misma hasta la literatura rabínica. El libro presenta, por ejemplo, dos relatos de Abram/Abraham intentando hacer pasar a su esposa como su hermana (12.10-20; 20.1-18; ver también 26.1-11 para una tercera secuencia de este estilo literario), dos relatos de Dios haciendo un pacto con Abraham (Capítulos 15 y 17) y dos relatos acerca de cómo el nombre de Jacob termina siendo Israel (32.23-33; 35.9-15). En todas estas instancias la mayoría de los académicos en la modernidad encuentran lo que definen como diferentes documentos que fueron puestos todos juntos por un grupo de redactores a quienes llaman “los señores R” (para más información sobre esto ver mi publicación “¿Qué es la Tora?“).

Lo más interesante es que esta acumulación de versiones diferentes nunca hubiese ocurrido sino fuera por el hecho que la coexistencia de textos que se contradicen o presentan diferentes relatos sobre un mismo fenómeno no era visto como un defecto por los editores finales de la Biblia. Más adelante, en un

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tiempo post-bíblico, surgirá la necesidad que el texto posea una sola manera de entender el relato. Pero, nuevamente lo que tenemos que tener presente al leer el Génesis es la funcionalidad que cumplen las historias que allí se encuentran: su objetivo es ofrecer un sentimiento existencial/espiritual y generar

pertenencia. “Los señores R” decidieron por este motivo asumir una

aproximación muy diferente. Evitaron descartar variaciones en las historias porque creían que un sólo relato no era posible a la hora de intentar contener ni más ni menos que el recuento del origen del mundo y la humanidad. Lo que hicieron en esencia estos redactores fue asumir diferentes versiones como un largo y complejo relato que no podía ser contenido desde una sola mirada o perspectiva.

Por supuesto que el resultado final acarrea cierto grado de repetición. Pero la repetición está al servicio de una sofisticada presentación de temas con variaciones en un solo libro saturado de analogías y contrastes. Para los Rabinos de la Era Talmúdica y las generaciones siguientes, la exploración justamente de estas sutilezas literarias ofrece un entendimiento indispensable no solo hacia el primer libro de la Tora (siendo la Tora misma el libro más sagrado de todo el Tanaj) sino hacia la comprensión de Dios mismo.

La composición del Génesis

El libro de Génesis está compuesto de cuatro grandes secciones: 1. Capítulos 1.1-11.26 contienen la historia primitiva o prehistoria. 2. 11.27-25.18 la historia de Abraham.

3. 25.19-36.43 el ciclo de Jacob (Iacov)

4. 37.1-50.26 la historia de Iosef (vale la pena aclarar que realmente es muy breve la narrativa independiente sobre Isaac, el segundo patriarca).

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1. La historia primitiva

La primera parte, la historia primitiva, nos lleva desde la creación del mundo hasta el nacimiento del padre de Abram diecinueve generaciones más tarde. Sus relatos son cortos y conectados solamente a través de genealogías que identifican las generaciones en las que acontece cada evento. De todos modos hay un tema central que atraviesa toda esta primera parte: la propagación de la maldad humana y el rechazo de la humanidad por aceptar su condición de simples criaturas en el entramado cósmico. Esta postura logra

finalmente borrar los límites más importantes que diferencian el mundo de los seres humanos con respecto al mundo de la divinidad. El resultado de todo esto será catastrófico para los seres humanos mismos. El centro de atención en toda esta primera parte es Dios quien es presentado en forma

absolutamente antropomórfica (es decir atribuyéndole cualidades humanas). Dios en esta primera parte habla en forma directa con los humanos iniciando las conversaciones, condenándolos o preservándolos de Sus actos mientras anuncia Su juicio severo o Su paciencia misericordiosa.

Debido a que está enfocado en la creación, la historia primitiva del Génesis exhibe contactos literarios con otros textos de la mitología mesopotámica. El relato de la creación con el cual Génesis abre (1.1-2.3) por ejemplo, tiene muchos parecidos con Enuma Elish, una épica babilónica que cuenta como un dios llamado Marduk adquiere supremacía sobre los demás dioses y crea el mundo separando a su enemigo acuático en dos partes. La historia de Adam y Eva en el jardín del Edén (2.25-3.24) posee similitudes con el Poema de

Gilgamesh, otro poema épico en el cual el héroe de la historia pierde la oportunidad de ser inmortal y debe llegar a término con su condición de humano mortal. Y finalmente la historia de Noé (6.5-9.17) es llamativamente parecida a Atrahasis, una historia mesopotámica en la cual los dioses mandan una inundación para destruir la raza humana con la excepción de un solo hombre del cual emerge una nueva y fresca humanidad (de hecho esta misma historia terminará también en el Poema de Gilgamesh debido a que en el mundo de la tradición oral estos mitos circulaban de un lado para el otro con las variaciones propias de cada pueblo y su historia o creencias). Mirando todas estas similitudes podríamos hacer algunas observaciones muy interesantes:

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 Los Redactores de la Biblia adaptaron algunos mitos mesopotámicos y babilónicos y los encuadraron dentro de la teología del pueblo judío. No es una casualidad que justamente los judíos tienen una larga historia con estas dos locaciones geográficas. Además la Biblia posee

muchísimo material sobre el estilo y pensamiento egipcio incluyendo el nombre egipcio del personaje más importante de la Tora: Moisés (que resuena claramente con otros nombres como por ejemplo Ramses).  Probablemente un fundamentalista bíblico declarará que todos los

pueblos se copiaron de la Biblia (una aproximación absolutamente descartada por el academicismo pero propuesta por algunas facciones más ortodoxas dentro del judaísmo).

 Por otro lado podemos apreciar cómo la historia primitiva del Génesis nos ilustra tanto en la profunda continuidad y la asombrosa

discontinuidad que hace del pueblo de Israel parte de la historia mesopotámica y al mismo tiempo lo separa en su originalidad y particularidad teológica.

2. La historia de Abraham

Para cuando llegamos a la historia de Abraham (11.27-25.11) el estilo narrativo cambia y las historias dejan de ser tan comprimidas como en la historia

primitiva y comienzan a ser más largas y continuas. Abraham es el centro de cada episodio. Como lectores vemos este personaje atravesar diferentes

situaciones y podemos armar un perfil de su personalidad y del modo que Dios opera en el desencadenamiento de los eventos que misteriosamente ha

decidido poner en marcha. Si la relación de Dios con los humanos en la historia primitiva está definida (no de forma exclusiva) por Su juicio, condena y

expulsión, en la narrativa de Abraham el contraste es asombroso: Abraham recibe bendiciones y promesas, especialmente la promesa de una tierra

prometida. Pero lo espectacular de la narrativa es como la tensión es creada a

partir de una vida muy humana e imperfecta dentro de una familia

totalmente disfuncional. Con las bendiciones y promesas la familia de Abraham atraviesa momentos de muchísima angustia y sufrimiento. Esto es tal vez lo

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que hace que estas narrativas resuenen tanto con nosotros puesto que son “muy humanas”: nadie tiene una vida perfecta como la de los dioses

mitológicos de las épicas mesopotámicas o babilónicas.

A partir de Abraham en adelante, Dios dentro del libro de Génesis se vuelve menos antropomórfico en relación a la primera parte. Dios “logra” que Abraham supere los propios obstáculos que Dios le pone para alcanzar las promesas que Dios le ha prometido. Abraham finalmente adquiere tanto el hijo que le dará su descendencia y logra poner un pie en la tierra prometida. Dios consigue todo esto por medio de milagros palpables y una guía silenciosa. A medida que la historia de Abraham se desarrolla su protagonista principal gradualmente va asumiendo el rol de la persona religiosa por excelencia: obediente de Dios (¡incluso cuando le es solicitado ofrendar a su propio hijo!), fiel aún cuando las promesas de Dios parecen imposibles, agradecido, generoso, hospitalario y comprometido con la justicia y la compasión al punto tal de cuestionar al mismo Dios en Su decisión de destruir Sodoma y Gomorra. Esto hará que

posteriormente algunos rabinos describan a Abraham como el judío ideal a imitar.

3. El ciclo de Jacob (Iacov)

Como mencionamos ya con Abraham, a medida que progresamos en el Génesis el estilo de escritura se va haciendo más consistente y largo. El ciclo de las historias de Jacob, en hebreo Iacov, (25.19-36.43) representan

justamente este salto literario. Pero con Jacob ya no hablamos de un tema general como el de bendiciones y promesas en el relato de Abraham (que de hecho continúa en esta historia también), sino de diferentes tramas.

A nivel general la trama central gira en torno a cómo el segundo hijo adquiere un estatus superior que su hermano mayor y los derechos de la promesa que había sido dada a Abraham (su abuelo). Los hermanos eventualmente se reconcilian y este segundo hijo emerge en forma mucho más legítima como el patriarca principal del cual el pueblo de Israel lleva su nombre. Varios tipos de engaños, fraudes y artimañas juegan un rol principal a medida que la trama se desarrolla en el ciclo de Jacob.

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La dimensión imperfecta humana que ya mencionamos en la historia de Abraham y su familia, se vuelve cada vez más central reforzando justamente esa “característica humana” que poseen las historias de la Biblia. Nada de lo humano le es ajeno a la Tora y por eso la Tora es como un espejo de nosotros mismos. Todo lo que es humano está contenido en este espectacular texto. Al mismo tiempo Dios se va volviendo cada vez más silencioso interviniendo cada vez en forma menos dramática al punto tal que su presencia pasa

desapercibida para el propio Iacov quien exclama “Dios está presente en este lugar, ¡y yo no lo sabía! (28.16) – de paso les cuento que ese es el título que elegí para mi ebook sobre teología.

4. La historia de Iosef

Llegando al final del Génesis nos encontramos con que el texto se ha vuelto “lo más humano posible”. Con esto nos referimos a que hasta el final del libro la historia gira en torno a Iosef (37.1-50.26) y sus hermanos en la forma literaria de una novela con una narrativa increíblemente coherente y continua. Esta novela nos ofrece los retratos psicológicos más profundos, sutiles y complejos de la trama del Génesis constituyendo una de las perlas más preciadas de la prosa narrativa bíblica.

Pero “lo más humano” de esta novela se manifiesta en el hecho que, a

diferencia de la historia primitiva y las historias de la familia de Abraham en las que Dios interviene constantemente, en la narrativa de Iosef ¡Dios no dice ni una sola palabra! (con la excepción de una aparición nuevamente a Jacob cuando está aún en Canaan; 46.1-4). De todos modos no debemos pensar que Dios está “ausente”. Dios se comunica a través de los sueños (en los cuales paradójicamente no aparece) y más importante aún a través de las personas y sus acciones siendo Iosef quien reconoce sobre el final que todo lo que le ha sucedido en la vida es gracias a Dios. Y es aquí nuevamente donde tenemos que tomar conciencia de una forma diferente en la que opera Dios.

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Nosotros nos sentimos mucho más próximos a Iosef que a cualquier otro personaje simbólico de la Biblia por el simple hecho que siempre supo que Dios estaba ahí aún cuando Dios nunca le habló en forma directa como hizo con sus antepasados. En la novela de Iosef, mucho más que en el ciclo de Jacob, Dios opera utilizando la ambivalente y tortuosa imperfecta raza humana desde la cual arranca el bien de la maldad intrínseca del ser humano haciendo sobrevivir a toda una familia que parecía caerse a pedazos: los resentidos hermanos de Iosef son perdonados a pesar que originariamente habían planeado su esclavitud y muerte. Estos hermanos, los hijos de Israel, aceptan con gracia la salvación de su hermano menor que ha salvado sus vidas. Final feliz.

¿Son estas historias verdaderas?

La pregunta que más conmueve a la mente moderna es: ¿cuánto de lo que es narrado en Génesis realmente sucedió? Voy a comenzar por responder con una de mis citas favoritas:

Como la acción de la historia primitiva no acontece en un plano ordinario de tiempo histórico y tiene tanta afinidad con la mitología antigua, es muy

exagerado (e incluso inverosímil) tratar todas las narrativas del Génesis como históricamente reales. A pesar que en los últimos 200 años han habido

descubrimientos sorprendentes y poseemos mayor información hoy sobre la vida de los antiguos mesopotámicos, cananeos y egipcios de lo que poseían nuestros antepasados medievales, no hay evidencias que demuestren que Abraham, (su hijo) Isaac y (su nieto) Jacob e incluso Iosef realmente existieron en carne y hueso. Lo que sí podemos afirmar es que todos estos personajes reflejan el color y sabor del tiempo en el que fueron escritos por primera vez, lo cual implicaría que los israelitas conocían muy bien las tierras y leyendas de donde asignaron a sus legendarios antepasados. Pero la falta de evidencia no necesariamente implica que no haya evidencias que aún no fueron

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examinando reportes y descubrimientos sobre los orígenes mesopotámicos de Israel y su relación con Egipto.

¿Quién escribió el Génesis?

Si la pregunta más controversial es la que lidia con la historicidad de Génesis, es decir si realmente sucedió en la historia algo de lo que es narrado en el primer libro de la Tora, la pregunta sobre quién escribió el libro resulta aún más controversial. Por supuesto que la tradición judía desde el período post-bíblico asumió en su gran mayoría que todo lo escribió Moisés y que Dios le dictó letra por letra todo lo que está en la Tora incluidos los diálogos que tuvieron cada uno de los personajes. Pero esta no es la posición que toman los académicos tanto judíos como los que no son judíos.

Primero y principal el libro no comienza por presentarnos al autor del modo que lo hacen otros libros de la Biblia. En ningún momento leemos “este es el libro de Moisés” ni la Tora misma declara que Moisés es el autor (como

mencionamos en la publicación anterior, cuando la Tora dice “esta es la tora de Moises” se está refiriendo a una enseñanza o instrucción particular del mismo modo que en otro pasaje dice “esta es la tora del nazareno”). Cuando otros libros dentro la Biblia se refieren a la Tora de Moisés citan los textos legales y rara vez al Génesis. Por eso algunos académicos creen que no hay razón para creer que las narrativas del Génesis tal cual las conocemos nosotros hoy formaban parte del corpus original designado. De hecho, hay algunos pasajes en Génesis que claramente demuestran sin vergüenza alguna un autor o editor post-Moisés. Por ejemplo,

 Abraham Ibn (hijo de) Ezra, un exégeta judío del siglo 12 EC, notó que Génesis 12.6 declara

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tierra“.-La palabra entonces sugiere que cuando el autor de este pasaje escribió estas palabras los Cananitas ya no estaban en la tierra. En palabras más simples, este texto tiene que haber sido escrito o insertado luego del tiempo de Moisés porque durante la vida de Moisés los Cananitas estaban aún en la tierra (sino, ¿qué necesidad tiene el texto de darnos este detalle obvio? ¿quizás fue agregado para una generación posterior que no conocía lo que había pasado?).

Génesis 14.14 menciona la ciudad de Dan la cual no adquiere su nombre hasta el tiempo de Josué (19.47) y en consecuencia que Moisés escribiera sobre la tierra de Dan representa un anacronismo histórico.  En Génesis 36.31 se hace referencia a reyes reinando Israel lo cual

sucederá mucho tiempo después de la muerte de Moisés. Pero aquí Ibn Ezra (quien está abierto en otros pasajes a contemplar la idea de un editor post-Moisés) defiende la postura tradicional que asume la lectura rabínica la cual declara que no hay un antes y un después en la Tora y en consecuencia Ibn Ezra interpreta que Moisés fue el primer rey de Israel. Un título que realmente Moisés nunca recibe en todo el Tanaj.

La palabra de Dios

A partir del período del Segundo Templo -y luego con el emergente del

judaísmo rabínico- el Génesis será considerado bajo el estatus que lleva hoy: una parte fundamental de “La Tora de Moisés”. A pesar de algunas objeciones sobre ciertos pasajes particulares por los más grandes rabinos medievales (como vimos por ejemplo con Ibn Ezra) este fue el consenso que asumió la tradición. Con la modernidad y el avance del método histórico-crítico utilizado por los académicos se ha llegado a una conclusión hasta el momento que el libro posee en realidad tres fuentes entrelazadas que nombran como J, E y P (para entender mejor esto ver nuevamente la publicación ¿Qué es la Tora?). A

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modo de conclusión podemos decir que, si Moisés es el autor humano del Génesis nada nos asegura que Dios haya sido el Autor original. Y si J, E y P (juntos a otros autores, editores y redactores anónimos) son los autores originales, nada nos asegura que Dios no sea de todas formas el Autor principal. La Tora es la palabra de Dios. Pero, ¿qué significa literalmente que algo es “palabra de Dios”?

Dios nos necesita: la importancia del ser

humano según la Creación

En la publicación anterior iniciamos un ciclo de nuevas preguntas sobre Dios. Cambiamos la pregunta sobre qué es Dios por la pregunta qué es lo que Dios hace (o hizo). Nuestra exploración comenzó entonces con aquello que es considerado el pilar fundamental de la tradición judía: Dios hizo el mundo. Y al analizar el comienzo del relato de la Creación vimos que cuando decimos que Dios hizo el mundo estamos en realidad diciendo que lo ordenó. Al menos eso es lo que claramente se desprende del relato bíblico. Sin embargo los rabinos y filósofos medievales (tanto judíos como cristianos y musulmanes) decidieron imponer la doctrina que Dios creaba de “la nada” en lugar de ordenar material preexistente porque aceptar que había materia antes de la existencia de Dios ponía racional o lógicamente en peligro la idea del Poder Absoluto de Dios. En la modernidad el academicismo bíblico plantea una diferencia aún más interesante y controversial sobre la Creación. Y esta diferencia se nutre en la idea que el Capitulo 2 y 3 del Génesis preserva un segundo relato, una especie de alternativa al Capitulo 1. La evidencia de esta conclusión es que tanto en sustancia y estilo hay claras diferencias en la forma narrativa que a partir del Capitulo 2 deja de ser estructuralmente entre un día y el otro para dar paso a una forma literaria más cercana a lo novelesco. Las diferencias son realmente sorprendentes: en el Capitulo 1 la Creación es cósmica mientras que en la segunda el Ser Humano es el centro del relato; en el primer relato Dios crea absolutamente todo y al final a un ser hermafrodita -“hombre y mujer los creó”- (Génesis 1:27) mientras que en el segundo relato solamente un hombre es creado primero y luego todo lo demás incluida la primer mujer que se desprende finalmente “del costado” del hombre.

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Los comentadores bíblicos medievales entendieron estos dos relatos como una sola historia conformada por una primera parte que va de lo macro a lo micro, es decir de la Creación Cósmica del Universo a la creación minúscula y detalla de los primeros seres humanos. Así la segunda parte era entendida como una extensión de la primera. Incluso para aquellos que necesitan preservar la integridad y coherencia del texto como una totalidad, esta solución parece ser la más razonable. Sin embargo los académicos modernos argumentan que las contradicciones son demasiado claras como para ser ignoradas.

Estas contradicciones son anticipadas en las palabras que abren los dos relatos diferentes. En el primer relato Dios crea “el cielo y la tierra” (Génesis 1:1) y en el segundo Dios crea “la tierra y el cielo” (Génesis 2:4). Este cambio sutil es en realidad muy significativo. El primer relato se preocupa por contarnos desde lo más amplio (cielo, tierra, plantas, sol, estrella, luna, peces, pájaros, animales) hacia lo más pequeño (los humanos). En el segundo relato Dios está más preocupado con lo que pasa en la tierra y particularmente con los seres humanos que según el texto ¡anteceden la creación de todo los

demás! (Génesis 2:4-7).

¿Qué es realmente lo que preocupa a Dios?¿El mundo como un todo o los seres humanos? Si las dos narrativas parecen estar preocupadas por temas distintos también nos permite ver a qué le da más valor Dios en Su Creación. Según el primer relato Dios está preocupado por el orden cósmico del mundo, la naturaleza y los seres humanos como una parte más de todo eso. Pero en el segundo relato Dios se preocupa mucho más por los seres humanos, cómo son creados, cómo se comportan y luego por el resto de la Creación.

El estatus especial que recibieron los seres humanos en el segundo relato inspiró la formulación rabínica que los humanos somos socios con Dios en la Creación. Para los Rabinos el hecho que Dios “puso al hombre en el jardín del Edén para trabajarlo y cuidarlo” (Génesis 2:15) implica que Dios no creó (u ordenó) el mundo en forma total sino que precisa de nuestra ayuda y por eso nos creó y nos asignó el primer trabajo que es mencionado en la Biblia: esforzarnos para cuidar al mundo.

Nuestra experiencia cotidiana refuerza esta hermosa idea. El mundo requiere de nuestra contribución. Dios no hace el pan; nosotros lo hacemos gracias a

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lo que Dios provee. Dios no crea la medicina; nosotros utilizamos plantas y otras substancias que Dios provee. Más importante es recordar que nuestro esfuerzo para cuidar el mundo no solo se refiere a acciones medicinales, ecológicas o culinarias ya que Dios tal vez creó la Justicia pero su

aplicación depende absolutamente del intercambio y la responsabilidad de los seres humanos.

En forma más simbólica los Rabinos notan que Dios podría crear al hombre circuncidado pero no lo hace. Es nuestra propia responsabilidad y compromiso judío completar esta tarea también y así hacernos socios del pacto del Creador. Dios no creó u ordenó un mundo perfecto. Tampoco lo hizo absolutamente justo. Dios necesita de nuestra ayuda tanto para crear como para revelar y redimir al mundo. Toda esta tarea, nos guste o no, nos fue asignada. Rabí Tarfón solía decir: “no estás obligado a terminar el trabajo pero no estás libre de eximirte de él” (Pirkei Avot 2:21)

Ésta es la Verdad Absoluta del

Judaísmo

La Verdad Absoluta

En las últimas semanas estuve escribiéndome con un seguidor del blog quien me ha enfrentado en forma muy respetuosa a repensar la idea de lo que llamamos Verdad Absoluta. Quienes me conocen personalmente saben que soy muchísimo menos controversial o desafiante de lo que a veces se lee o escucha en este blog. Cuando escribo puedo parecer arrogante, tendencioso o muy poco piadoso. Sin embargo con una mano en el corazón debo decirles que intento siempre ser respetuoso con la tradición, las búsquedas del sentido de cada uno de ustedes y con lo que honestamente creo yo.

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Soy consciente del desafío central que presenta este blog para algunas personas puesto que el contenido aquí expuesto posee una multiplicidad de opiniones e ideas que pueden resultar paradójicas, contradictorias e incluso conflictivas dentro de una misma persona. Aquí uno puede leer, por ejemplo, lo que cree un judío reformista y lo que cree un judío ortodoxo sin decretar quién está en lo cierto o cuál debería ser el único camino correcto. Y el hecho de no ser partidario de una corriente o la otra (sino simplemente presentarlas e invitarlos a que se cuestionen ustedes mismos qué creen o no creen), por un lado le ofrece al blog la vitalidad de poseer una mirada diferente a todas

aquellas opiniones absolutistas que generalmente escuchamos y por otro lado lo debilita al no tener una fuerza política detrás que requiera resoluciones finales con el objetivo de sumar soldados que acompañen mi manera de ver el mundo. En algún punto “lo paradójico” que para mí es una bendición, para otros es un dolor de cabeza. Algunos abrazamos las paradojas y otros intentan por todos los medios posibles hacerlas desaparecer porque “duelen”,

“confunden” y no nos proveen de una Verdad Absoluta que nadie pueda refutar. Me pregunto, ¿por qué será que algunos necesitan Verdades Absolutas para vivir tranquilos mientras que otros requieren justamente lo contrario?

Las confusiones del confundido

Muchos de los que me leen me escriben emails preguntándome qué creo realmente. Me preguntan si soy Reformista, Conservador, Ortodoxo,

Reconstruccionista o “Secular”. Y la verdad es que me encanta que esto ocurra porque quienes han leído la sección Acerca del Autor saben que disfruto muchísimo no poder ser catalogado ni etiquetado. Sin embargo algunos

lectores necesitan encasillarme para entenderme. Necesitan saber si leerme es bueno o malo puesto que puedo llegar a “confundirlos”. Debo ser uno de los pocos bloggers que disfruta confundir a sus lectores. Pero “confundirse” no es una mala palabra. Significa simplemente “fundirse con”. Y esto no es algo esencialmente malo. Yo justamente disfruto de “fundir” y “derretir” diversas opiniones dentro de mi mismo. Para otras personas hacer algo así no solo es perjudicial sino hasta peligroso. Para mi es fascinante y enriquecedor. Llegando

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al final del libro del Génesis en la lectura anual de la Tora este Shabat, sigo pensando cuánto me identifico con el patriarca Jacob que luego de ser

renombrado Israel sigue siendo llamado Jacob a lo largo del resto de la Biblia. Creo que ésta es la manera que la Tora tiene para metafóricamente

enseñarnos que somos individuos constituidos por múltiples personalidades que a veces nos sorprenden a nosotros mismos. ¿Acaso nunca se asombraron al descubrir que lo que hicieron o dijeron parecería corresponder a otra persona pero no a ustedes mismos que “tanto se conocen”?

Dime con quién andas y te diré a quién odias

Justamente para mi lo malo comienza cuando nos etiqueten presuponiendo qué creemos y qué deberíamos ser. Peor aún es luego asumir nosotros mismos dichas etiquetas cerrando el proceso de dudas por el de certezas. Al hacerlo, al vivir solo de “certezas absolutas”, quizás ganemos más adeptos y fanáticos que están de acuerdo con nosotros celebrando cada idea como la única verdad posible. Descubriremos rápidamente que en ese camino absolutista la mayoría de los que nos acompañan parecerían ser increíblemente cálidos, amables, honestos y hasta pluralistas siempre y cuando nos mantengamos en la misma línea que ellos. Al mismo tiempo notaremos que lo irónico es que, aparentando todo esto, probablemente estas mismas personas sean terriblemente tiranas hacia el adentro del mismo grupo. Yo no dejo de sorprenderme por la

cantidad de judíos que se apasionan con la sabiduría de gente intolerante. En el judaísmo una de las paradojas más grandes se presenta en aquellos que son tolerantes con todo lo que se practica fuera del judaísmo mientras que hacia el adentro del judaísmo su manera es la única legítima y correcta. Y quiero dejar en claro que esto no es exclusivo del judaísmo Ortodoxo o Jabad Luvabitch. Existen iguales niveles de intolerancia en otras corrientes que se constituyen bajo el paradigma del pluralismo religioso. Lo que es claro es que estas ideas son absolutamente destructivas en todos los niveles. He leído y escuchado Rabinos (y en especial una Rebbetzin muy reconocida y traducida al español que ha visitado Buenos Aires) que escriben en forma hermosa sobre el amor y la importancia de trabajar por una hermandad universal al mismo tiempo que son asquerosamente despectivos con aquellos que, siendo de su

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misma religión, no coinciden con sus ideas o formas de vivir el judaísmo puesto que están convencidos que su verdad es la única posible.

Diálogos y monólogos

Lo más doloroso de todo esto es que nos perdamos aquella “otra voz”, la que no está de acuerdo con nosotros en todo y nos ayuda a cuestionarnos

nuevamente, reflexionar otra vez quiénes somos, qué queremos y por qué actuamos como actuamos. En lo personal estoy convencido que cuando estas preguntas se cierran porque “ya las sabemos todas” y no queremos

“confundirnos más” escuchando otras opiniones diferentes a las nuestras, la vida se torna terriblemente aburrida y rutinaria. Es ahí cuando dejamos de preguntarnos por el sentido, dejamos de aprender cosas nuevas, dejamos de cambiar y en consecuencia dejamos de hacernos mejores personas. Todo esto me recuerda la famosa historia de los dos sabios narrada en el Talmud, tratado de Babá Metziá 84a. Allí leemos como Rish Lakish y Rabbi Iojanan

consolidaban su amistad y crecimiento espiritual en el desacuerdo. La Verdad Absoluta para ellos consistía en el proyecto siempre sagrado pero terriblemente desafiante de contradecirse para pulir, expandir y profundizar las creencias y prácticas mutuas. Amaban la verdad y eran honestos en su búsqueda. Esa búsqueda no se basaba en el consentimiento final irrefutable sino en el debate que es dinámico y eternamente cambiante.

Una historia contra-intuitiva

La búsqueda de la Verdad Absoluta acarrea detrás otro problema más grande que quien haya leído la historia sobre la Torre de Babel en la Biblia entiende perfectamente. La historia de la Torre de Babel es contra-intuitiva. Eso significa que su objetivo es enseñarnos una verdad opuesta a la que uno espera o intuye al leerla. Si lo recuerdan, según la Biblia hubo un momento que todas las personas del mundo se unieron para hacer una cosa en conjunto y eso fue

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construir una Torre. Se unificaron así en una sola verdad. Metafóricamente hablando esto es lo que muchas personas dicen que deberíamos hacer para que el mundo y todo lo que nos rodea alcance esa era mesiánica: que todos estemos unidos tirando para el mismo lado. Pero cuando Dios mira este emprendimiento de la humanidad los esparce y confunde otorgándoles diferentes lenguajes para que no puedan entenderse mutuamente. Y si

reflexionamos en la moraleja de esta historia parecería no tener sentido ya que por el resto de la historia lo que hemos intentado hacer como humanidad es deshacer lo que Dios hizo con el episodio de la Torre de Babel. Muchos judíos -e incluso el mundo cada vez más globalizado de la modernidad- están

intentado ver cómo podemos hacer para superar la diversidad con el objetivo de alcanzar una Verdad Absoluta que todos crean por igual.

Pero hay un mensaje fundamental detrás de todo esto y eso es que las diferencias no son malas sino buenas. La diversidad de tradiciones culturales tanto adentro como afuera de la tradición judía no debería ser algo que nos preocupa o nos hace sentir menos seguros de nuestras creencias y prácticas. ¡Es maravilloso que existan las diferencias porque probablemente es lo que Dios quiere! Que los judíos tengamos distintas maneras de hacer las cosas, diversas comidas, melodías y aproximaciones hacia nuestros textos y nuestra tradición es algo bueno. Que existan numerosas religiones muy distintas en el mundo es algo positivo y de hecho siempre ha sido así. ¿Quién instaló la idea que eso es algo malo o un producto de la modernidad solamente?

¿No se escucha o no se entiende?

Es verdad que incorporar todas las tradiciones religiosas dentro de una sola persona es contradictorio e imposible. Pero la idea que existen diferentes tradiciones -y diferentes maneras de entender una misma tradición- con el objetivo final de mejorar y aprender uno de los otros es una idea noble y bella. El judaísmo nunca existió aislado del mundo. Nuestras melodías, comidas e incluso algunas de nuestras creencias más profundas fueron absorbidas de culturas circundantes. Nos hemos enriquecido de lo absorbido por cada tierra en la que hemos vivido y contribuido aún cuando en muchos de esos mismos lugares fuimos perseguidos y asesinados.

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Por lo tanto cuando repensamos la historia de la Torre de Babel descubrimos que lo que Dios hizo es proveernos de la posibilidad de aprender los unos de los otros. Si todos pensamos y creemos por igual en una sola Verdad Absoluta entonces nadie tiene nada más por aprender y nadie tiene nada nuevo para enseñarnos. Hoy escuchamos que la gente se queja que muchos países, grupos sociales y religiones están cada vez más separadas hacia la “izquierda” y la “derecha” y ya no podemos unirnos ni ponernos de acuerdo. Quiero

decirles que este no es el problema. El único problema es que dejemos de escucharnos los unos a los otros. No es raro o malo estar en desacuerdo. ¡Ni siquiera es malo discutir ya que somos judíos y es lo que mejor sabemos hacer! La discusión y el desacuerdo es algo positivo. Cada hoja del Talmud está saturada de discusiones y desacuerdos. Cada vez que leo la historia de Babel veo todo esto como una bendición ya que interpreto que Dios mismo no quiere que seamos todos iguales. Cuando tenemos una Verdad Absoluta tenemos un totalitarismo.

El amor por lo desconocido

La Creación según los Rabinos ocurre a cada instante y en consecuencia el mundo y nosotros como parte de ese entramado estamos constantemente creciendo, cambiando, dudando, contradiciéndonos y en ese proceso

renovándonos. No solo eso sino que según los Rabinos mismos la Tora tiene 70 caras (facetas) diferentes. Así que del modo que ustedes pueden alcanzar hoy una Verdad Absoluta para sus propias vidas tengo que informales que mañana vendrá otra persona y hará lo mismo y luego otra y más luego otra más…¿y adivinen qué? ¡Estarán todos en lo cierto! Porque el desafío real no es escuchar y leer a los Rabinos y los textos que dicen exactamente lo que

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nosotros ya creemos sino atrevernos a “ponernos en los zapatos del otro” y aprender de ellos también. Cuando uno realmente crece no es cuando le repiten lo que ya sabe sino cuando logra apreciar lo que tienen para decir los “otros” aún cuando sabemos que no representa para nada nuestra propia opinión.

Celebramos la multiplicidad de verdades dentro del judaísmo porque todas ellas son bellas. Vivimos en un mundo lleno de religiones diferentes no porque sola una de ellas posee la Única Verdad Absoluta y todo lo demás es falso sino porque Dios es más grande que lo que puede capturar una sola tradición religiosa. De hecho cuando Dios esparció a toda la gente que había participado en el proyecto de la Torre de Babel no definió quienes serían los buenos o los malos de la película. Por el contrario lo que Dios nos regaló es la oportunidad de crecer y cambiar entendiendo que no solo hay una diversidad impresionante de tradiciones en el mundo sino y principalmente hay una multiplicidad de tradiciones dentro de una misma familia. Lo que mis tatarabuelos, bisabuelos, abuelos y padres hicieron es al mismo tiempo lo mismo que yo hago y algo completamente diferente. En la Amidah, el rezo central del servicio religioso judío, nos dirigimos a Dios no solamente como el Dios de nuestros padres sino como el Dios de Abraham, el de Isaac y el de Jacob (y en el Reformismo también se incluyen las matriarcas que no necesariamente fueron menos importantes o nunca tuvieron una relación personal con Dios). Y necesitamos hacer esta diferenciación en los nombres porque justamente nuestra relación con Dios no es exactamente igual a la que tuvo Abraham o Rebeca sino que es diferente a la que tienen nuestros padres, abuelos, maestros y amigos. Dios no puede ser solamente el Dios de un libro o una enseñanza sino que debe ser personal y ajustarse a cada ser humano para ser el Dios de una tradición. No puede ser el Dios que habló una vez en una montaña hace muchos años sino que debe ser el Dios que nos habla todos los días. Heredamos legados

diferentes que constituimos muchas veces como Verdad Absoluta. Pero lo importante no solo es reconocer lo que otros nos han legado sino lo que nosotros legaremos a los que sigan.

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De todos modos deberían saber que creo que hay una Verdad Absoluta. Esa Verdad Absoluta es la que indica que hay Múltiples Verdades. Si bien parece una paradoja planteado así, lo que intento decir es que Una Verdad no necesariamente implica que otras pueden no serlo. Antes que piensen que para mí todo vale y es lo mismo judío, cristiano o budista; comer kasher o no comerkasher les digo que no me refiero a esto en absoluto. Lo que me refiero es que esa Única Verdad estará siempre sujeta a las leyes del tiempo y el espacio en el que operan los seres humanos imperfectos, lo cual

inevitablemente conllevará siempre a una multiplicidad de verdades sobre esa Única Verdad puesto que cada uno de nosotros está condicionado por una historia diferente y una constelación personal que no ha existido antes ni volverá a existir. La Verdad es Una. Pero siempre que este manoseada o descripta por seres humanos será múltiple e infinita.

El mundo entero se está haciendo judío

Hay muchas razones por las cuales el mundo todavía necesita a los judíos. Pero hay una lección central en la historia que sólo los judíos pueden enseñarle al mundo. Y esa lección es muy importante ya que lentamente todo el mundo se esta haciendo judío. Por supuesto que no estoy diciendo esto en forma literal. Lo que estoy diciendo es que lo que nos ha sucedido a los judíos a través de miles de años le esta comenzando a suceder a toda la humanidad.

¿A qué me refiero?

A lo largo de la historia de la humanidad la ciudad en la cual uno nacía, incluso la casa en la que uno nacía era la misma en la que vivía y la que moría. La gente que uno conocía desde pequeño era la misma que conocía al hacerse adulto y lo mismo sucedía con sus hijos y los hijos de sus hijos. La experiencia de la mayoría de los seres humanos a través de la historia era de nunca conocer a otro que fuera realmente distinto de uno mismo. Cualquier historia que comenzaba diciendo “un extraño ha llegado al pueblo” cambiaba todo en el pueblo. Y esto era así porque a lo largo de la historia los “extraños” no llegaban a los pueblos. Cada uno vivía en su pequeña burbuja sin nunca saber qué era ser diferente y nunca teniendo que lidiar con entender qué era ser “el diferente”. Todos era lo mismo y todos vivían en el mismo lugar.

Todo esta forma de vida que fue así por miles de años para millones de personas nunca fue así para los judíos. Desde los tiempos bíblicos leemos que los judíos necesitaban moverse de un lado para el otro en forma constante. Los judíos fueron el primer pueblo globalizado. Hemos vivido en todas partes. Los babilonios vivieron en Babilonia, los Persas en Persia, los franceses en Francia y los judíos viven en todos lados.

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Una de las razones por las cuales existió en la Edad Media un mercado mundial de importación y exportación liderado por judíos era porque en cualquier parte del mundo que uno llegaba uno encontraba judíos quienes mantenían sistemas legales internos casi idénticos construidos por sus propios textos, leyes y tradiciones.

Ningún ser humano podrá nunca dominar en forma total la cantidad de lenguajes en los que los judíos hemos escrito a lo largo de la historia porque para hacerlo debería hablar con fluidez casi todos los idiomas del mundo.

Y el motivo por el cual podíamos ser un pueblo globalizado era porque teníamos un Dios que era globalizado. Si tu Dios era el Dios de la tribu nunca abandonabas tu área porque apenas cruzabas la frontera tu Dios no te protegería más. Los judíos durante un tiempo en la historia también creyeron eso (ver Salmo 137 versículo 4) pero una vez que llegaron a la idea que Dios estaba realmente en todas partes al mismo tiempo entonces uno podía rezar en cualquier parte del mundo. Y cuando el Templo fue

destruido los judíos en lugar de bajar los brazos y convencerse que Dios solo operaba en el Beit Hamikdash inventaron la Sinagoga. ¿Por qué fue que otros pueblos en la

antigüedad no inventaron esta idea del Templo móvil antes? Y el motivo fue que no podían concebir la idea que Dios atiende en todas partes y en todos los idiomas. Y al no hacer esta transición muchos de ellos desaparecieron.

Por el contrario los judíos nos hicimos globales, universales y así y todo seguimos siendo perseguidos. Así que nunca nos quedamos en un solo lugar por mucho tiempo. La razón por la cual a la sinagoga en yiddish se le dice “shul” demuestra esta sabiduría judía. “Shul” (o a veces “shil”) no significa Sinagoga sino que significa literalmente “escuela”. Una de las cláusulas mas repetidas que los historiadores han descubierto en contratos con los judíos durante la Edad Media (cuando los gobiernos de turno necesitaban de los judíos para mejorar su economía y los expulsaban cuando ya no le eran útiles) decía: “no tienen permitido construir Sinagogas excepto en un territorio

donde ya hay una Sinagoga”. Por lo tanto si necesitaban más tierra no podían tomarla.

Como pueden imaginar los judíos que llegaban a cierto lugar se casaban, tenían hijos y necesitaban mas tierra. ¿Entonces que decían los judíos? No estamos construyendo Sinagogas estamos construyendo un “shul”. Estamos construyendo un lugar donde nuestros hijos puedan estudiar. Todos necesitan escuelas y el hecho que rezaban en la escuela era secundario porque como Uds. ya saben los judíos pueden rezar

relativamente en cualquier lugar.

Por miles de año esto era esencialmente así solo para los judíos. Luego en la historia aparecieron uno o dos grupos más que eran globales como por ejemplo aquellos que llamamos “gitanos” que también se movieron por el mundo aunque principalmente por Europa. Pero los judíos siempre fueron el pueblo global que vivía en todas partes. Todos saben que “hay judíos en todas partes del mundo”. Hay judíos en todos los continentes. Y de esta experiencia los judíos siempre hemos sabido lo que es “ser el diferente o el extraño”. Sabemos lo que es ser “el otro” porque incluso la Tora dice que fuimos extraños en tierras extranjeras. Y esto fue así desde que tenemos memoria

colectiva. Una de las cosas que más recuerdo de la serie Lost, por eso elegí esa imagen para esta publicación, es el concepto de “los otros”. En una isla en el medio de la nada: ¿quiénes son los otros? En un país, que al fin de cuentas no es mas que un pedazo de

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tierra habitado ¿los otros son los que viven allí hace algunos años o los que recién llegan? ¿Qué significa “el otro”? ¿Acaso no somos NOS-OTROS mismos los otros?

Todo esto ha cambiado en el siglo XXI. Por primera vez en la historia de la humanidad y en todas partes del mundo la humanidad comienza a descubrir que existe gente que no es como ellos. Ya no es más una novedad esto. En casi todas las partes del mundo ya no es más obvio que donde uno nace es donde uno va a morir. Las migraciones o emigraciones están sucediendo en todas partes del mundo y no solo eso: la expansión de internet, las señales de televisión satelital, las radios, los dispositivos móviles y todos los aparatos tecnológicos de comunicación traen constantemente a nuestros hogares la realidad que hay mucha gente diferente en el mundo con sus propios problemas. Finalmente todo el mundo se está haciendo judío.

De repente mucha gente se esta dando cuenta de aquello que los judíos siempre supimos y eso es que la gente es diferente en cada parte del mundo. Nadie se daba cuenta de esto antes en forma global. Algunos si podían darse cuenta pero el ser humano común y corriente no tenía esta apreciación. Hoy todo ser humano nace en un mundo

globalizado y sabe lo que es ser un extraño en el mundo. Hoy uno esta a un día de distancia de cualquier parte del mundo y puede experimentar lo que es ser “el otro” o el “extraño” muy fácilmente.

Incluso en los códigos legales judíos de la Edad Media figura escrito que los Rabinos sabían que ciertas leyes judías de un lugar en el mundo no eran las mismas en otras partes del mundo porque ambos se encontraban en condiciones sociales diferentes. Recién con el Shuljan Aruj (el más famoso codigo de Ley Judía de la modernidad), escrito en la Modernidad Temprana, se unifica por primera vez en la historia

la Halaja (Ley Judía) que observaban los judíos Sefaradim y los Ashkenzim. Los judíos que vivían en tierras cristianas sabían que los judíos que vivían en tierras musulmanas tenían ciertas leyes diferentes porque siempre supimos lo que era ser diferentes ya que siempre éramos los diferentes y vivíamos como minoría entre mayorías que no eran como nosotros e hicimos de esa diferencia una virtud.

No veíamos que ser diferentes era algo malo y creíamos en la dignidad de ser diferentes. Y mientras el resto del mundo asumía que todos debían ser cristianos o musulmanes jamás un pensador judío en la historia judía dijo que todos debían hacerse judíos porque entendíamos que uno podía ser diferente. Nunca insistimos que todo el mundo debía creer lo mismo. Los judíos siempre dijimos que nosotros creíamos una cosa, el resto de la humanidad podía creer otra cosa y eso no era un inconveniente o problema para nosotros. En la literatura talmúdica muchas veces se menciona que cualquier persona justa de cualquier fe tiene un lugar en el mundo venidero. No hay que ser judío para eso.

Lo que gracias a Dios el mundo esta comenzando a descubrir es que si no

aceptamos la realidad que otros pueden ser diferentes, y eso no solo que no es un problema sino que es algo deseado, el mundo no va a poder seguir existiendo porque nos vamos a matar los unos a los otros.

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Y si hay una lección que los judíos conocemos mejor que nadie porque la hemos experimentado y podemos iluminar al resto del mundo es esta lección.

De la Biblia aprendemos la historia de Iosef (José) que uno puede vivir en una cultura que no es la de uno y así y todo prosperar y vivir bien. Puede incluso traer sus hermanos para que vivan allí y también van a estar bien. No negamos la posibilidad de aceptar que gente que posee diferentes historias pueden vivir juntos y respetar las diferencias ajenas y ese es uno de lo motivos por los cuales los judíos prosperan económicamente en la mayoría de los lugares que llegan. Otros grupos emigran a ciertos países y sienten las diferencias. Pero los judíos estamos acostumbrados. Porque sin importar de donde uno viene uno también es diferente allí.

Ningún judío que llegó al continente americano venía de tierras judías. Veníamos de Polonia, Lituania, Rusia, Hungría, Alemania, Francia, Marruecos, Rodas, Egipto, etc. Pero no veníamos todos de un mismo lugar y por eso no éramos iguales al emigrar a otro país porque veníamos de todas partes del mundo. Los judíos nacemos entiendo lo que significa “ser diferente” en nuestros huesos.

Vivimos en un mundo hoy donde ya no es posible “apagar” u obviar al otro. Vivimos rodeados de gente que no son como nosotros e incluso las distancias que antaño separaban a las naciones ya no son más así. Hoy es tan simple a través de todos los sistemas de comunicación moderna llevar las ideas, las costumbres y las asunciones de otras culturas al living de la casa de uno haciendo click con un botón.

El mundo va a tener que aprender lo que es no solo tolerar al diferente sino respetar el hecho que la gente es diferente y no piensa como uno. Si quieren saber cómo se hace deben aprenderlo de nosotros que hemos nacido siendo diferentes, siempre hemos sido los diferentes y siempre hemos creído que eso es algo bueno y deseable. Y lo mejor es que siendo diferentes jamás hemos insistido que todos los demás sean como nosotros.

El Kotzker Rabbi decía “si me paso toda la vida intentando ser otra persona, ¿quién va

a hacer de mí?”.

Así cuando la gente habla de la importancia de ser únicos y diferentes pero después no pueden tolerar que alguien piense distinto que ellos nosotros sabemos cual es la

respuesta a esa actitud. Sabemos qué responder porque nosotros fuimos quienes introdujimos la idea -que como dice el Talmud- “cuando un Rey estampa una moneda todas las demás monedas son iguales pero cuando el Rey de Reyes estampa un ser humano todos los demás seres humanos son diferentes”.

Nosotros creemos en las diferencias. Nosotros creemos que es bueno que la gente sea diferente. Nosotros creemos que hace al mundo un lugar más interesante, mas colorido, mas rico, mas creativo y mejor si todos somos diferentes. En definitiva esto es lo hace al mundo mas cercano a la imagen de Dios.

Así los judíos aún tenemos algo muy importante que enseñarle al mundo. Ser una or

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que ser todas iguales.La idea de una única manera de ver las cosas y que todo el mundo piense y crea lo mismo no es lo mejor sino lo peor. Lo mejor es un mundo con muchas pero muchas diferencias que pueden aceptar esas diferencias y celebrarlas.

Somos un mosaico. Cada uno de nosotros tiene colores diferentes para contribuir y siempre hemos sabido esto.

Esto es lo que creo

Recuerdo de niño la fábula en la que se le preguntaba al ciempiés qué pie movía primero cuando caminaba y la moraleja era que cuanto mas lo pensaba menos podía caminar.

La moraleja de esa fábula me ha acompañado porque de hecho mucho de los que somos y hacemos es tan irreflexivo que simplemente somos. Y no es hasta que alguien nos pregunta cómo hacemos lo que hacemos o quiénes somos que nos damos cuenta que operamos en forma tan inconsciente en este mundo.

Esta es la razón por la cual las preguntas directas tienden a paralizarnos y es el motivo por el cual en algunas entrevistas laborales hacen preguntas indirectas y tan extrañas como “si fueras un árbol ¿qué clase de árbol serías?”. Porque si nos preguntaran en forma directa “¿quién eres?” nos resultaría terriblemente difícil responder.

Pero aún así la pregunta “¿quién eres?” es una pregunta que todos deberíamos periódicamente hacernos como un ejercicio intelectual para afilar nuestra definición sobre nosotros mismos. De hecho deberíamos tener una idea de quiénes somos no solo para presentarlo al mundo sino y mas importante aún para entender de qué modo entendemos el mundo y la gente que nos rodea. Es muy importante asumir que miramos el mundo en forma subjetiva y tratar de entender y aceptar que filtramos lo que experimentamos de acuerdo a nuestros prejuicios, expectativas, pasiones, historias familiares e incluso nuestros propios esquemas de referencia.

La gente me pregunta a menudo: ¿cuál es el verdadero judaísmo?

Y hay tantas maneras de responder esta pregunta que la estrategia que voy a utilizar esta vez es presentarles ciertos elementos que son lo que yo personalmente creo y lo más importante es que ésta no es una definición acerca de aquello que no soy.

Lamentablemente muchas veces nos definimos en negativos siendo de hecho ésta nuestra primera definición sobre quienes somos. Cuando somos niños comenzamos a darnos cuenta que no somos aquella otra persona. Cuando vamos a la escuela primaria y secundaria comenzamos a decirnos quiero ser como esa persona pero no quiero ser como esta otra persona.

Pero cuando uno alcanza un cierto nivel de madurez intelectual uno no debería decir más “lo que no soy es ortodoxo, conservador o reformista”. Esta es una imagen muy mala sobre nuestra propia definición. Una definición mas madura es la que exclama

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“esto es lo que creo”.

Así que aquí van mis creencias del judaísmo.

(1) Creo que la sabiduría judía es dinámica

La sabiduría judía no es estática sino dinámica. Sabio es el que se equivoca, aprende cosas nuevas y cambia. Esto nos lo enseña nuestra propia tradición en Yom Kippur, el día del Perdón, donde reconocemos que Todos (absolutamente Todos) nos hemos equivocado de algún modo u otro y pedimos que se acepte nuestra posibilidad de cambiar para aprender cosas nuevas sobre nosotros mismos.

(2) Creo en la historia

Entre el mosaico de creencias en las cuales el judaísmo forma parte de mi ser ninguna es mas importante que la noción que “creo en la historia”. Esto suena como una definición extraña porque todo el mundo cree en la historia. Todo el mundo cree que suceden cosas a lo largo del tiempo que modifican lo que va sucediendo. Esto es un hecho concreto y decir que uno cree en la historia suena hasta absurdo.

Pero a lo que hago referencia aquí es que creo que el judaísmo que el patriarca Abraham practicaba no era exactamente el mismo que Moisés practicaba cuando aún no se había entregado la Tora. El judaísmo que Moisés practicaba tampoco era exactamente el mismo que Rabbi Akiva practicaba luego de la destrucción del Templo cuando los Cohanim (Sacerdotes) se quedaron sin empleo por primera vez en la historia. Aún más, creo que el judaísmo de Rabbi Akiva no era exactamente el mismo que practicaba Maimonides en siglo XII en España y finalmente creo también que el judaísmo que practicaba Maimonides no es exactamente el mismo que practicamos nosotros hoy en la modernidad dónde vimos el nacimiento del movimiento ortodoxo, reformista,

conservador, jabad luvabitch, el sionismo, etc.

Pero lo más importante de todo esto es que creo que esta realidad histórica no

representa algo malo o peligroso sino por el contrario es algo positivo y bueno. De hecho es inevitable que esto suceda porque a medida que el mundo va cambiando, a menos que uno este congelado en el tiempo, uno cambia con el mundo mismo. Porque hay cosas que sabemos hoy, verdades de todo tipo incluyendo verdades espirituales, que algunos de nuestros ancestros, que eran tan humanos como nosotros, no sabían. En el tiempo bíblico la esclavitud era aceptada. En la época en que los rabinos

terminaban de redactar el Talmud, la esclavitud era aceptada. Hasta el siglo XVIII entre muchos judíos formados y bien educados la esclavitud era algo aceptado. Yo no creo que exista hoy ni una corriente o movimiento judío que defienda la esclavitud. Esta es una verdad histórica espiritual que encaja perfectamente con la creencia en la historia. Por lo tanto creo también que el judaísmo de hoy es aún mas sabio que el pasado y creo esto por mi definición de la sabiduría que cree que aprendemos mas y nos convertimos en seres más sabios a medida que el mundo se equivoca, aprende cosas nuevas y cambia.

Por lo tanto la idea que el judaísmo ha sido siempre una sola cosa que nunca ha cambiado es una mentira. Tomando un solo ejemplo de los miles que hay, podemos fácilmente aceptar que quitar los instrumentos musicales de los servicios religiosos fue algo nuevo en la historia que sucedió después de la destrucción del Templo ya que es

Referencias

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