Boletín Brasil
Centro de Estudios Brasileños Ortega y Gasset Marzo - abril 2005 Volumen 2 Número 2
Presentación
A pesar de la sustantiva recuperación económica de Brasil en 2004, el gobierno de Lula da Silva está sufriendo importantes derrotas políticas en este inicio de su tercero año de mandato. El Prof. Dr. André Marenco, politólogo, coordinador del Post-Grado de Ciencia Política de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul – Brasil y miembro de la comisión directiva de la Asociación Brasileña de Ciencia Política nos presenta, en este excelente articulo, las principales claves políticas para entender el gobierno de Lula da Silva y, además, realiza un análisis prospectivo de cara a las elecciones generales de 2006.
Gobierno Lula, Coalición Legislativa y Apoyo Partidario
André Marenco1 Introducción
La segunda mitad del mandato presidencial de Lula da Silva se inició con una sucesión de importantes derrotas de su gobierno en el escenario parlamentario y partidario: el candidato del PT, apoyado por el gobierno a la Presidencia de la Cámara de los Diputados - tercer puesto en la línea sucesoria y dotado de importantes prerrogativas en la definición de la agenda parlamentaria y en la tramitación de proyectos legislativos - fue derrotado por un diputado del llamado “bajo clero” (grupo mixto), grupo de diputados de poca expresión, como los backbenchers en la tradición británica o los rank-and-file, en el Congreso de los Estados Unidos; fracasó una tentativa de reforma ministerial buscando recomponer la coalición partidaria y, finalmente, el gobierno tuvo que retroceder en la Medida Provisional 2322, una propuesta, enviada al Congreso, de aumento de impuestos para el sector servicios. Todos estos reveses ponen de manifiesto una imagen de debilidad política del gobierno, proyectando un escenario de incertidumbre sobre su capacidad para mantener el apoyo parlamentario para sus proyectos políticos en los próximos 18 meses, los que nos separan de la elección presidencial, e, incluso, sobre las condiciones para que Lula da Silva y el PT construyan una coalición electoral suficiente para asegurar la reelección del Presidente, en Octubre de 2006.
Cuando Lula da Silva venció en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en Octubre de 2002, izquierda y derecha imaginaban que su gobierno sería de reformas radicales y de ruptura con los mercados económicos e instituciones financieras internacionales. Los conservadores afirmaban que su gobierno traería el caos económico, salida de capitales e inversores externos, amenaza a la propiedad privada, etc. Por la izquierda, la expectativa era semejante, pero dotado de signo positivo: cambio del modelo macroeconómico adoptado por el Gobierno Cardoso (1995-2002), marcado por políticas ortodoxas en el tipo de interés y de cambio, cuyos efectos se manifestaron en reducción de la actividad industrial y en desempleo.
Contrariando estas expectativas, las políticas macroeconómicas del Gobierno Lula da Silva fueron moderadas, con prioridad para el equilibrio fiscal y el control inflacionario, en una línea de continuidad con las metas fijadas por el gobierno anterior. Las razones para esta opción se hacen más claras cuando se observa la evolución del volumen de la deuda pública durante la última década: el endeudamiento, que representaba un 14% del PIB en 1995, inicio del gobierno Cardoso, llegó a un 55% en el año 2002, cuando Cardoso concluyó su segundo mandato presidencial. Las consecuencias de este cuadro parecen evidentes: la necesidad de atraer
1 Politólogo, Profesor-doctor y Coordinador del Programa de Post-Grado de Ciencia Política de la Universidad Federal do Rio Grande do Sul, Brasil y miembro de la comisión directiva de la Asociación Brasileña de Ciencias Políticas.
2 Proyecto de Ley de Reforma Fiscal.
inversiones financieras externas, para asegurar la refinanciación de los servicios de la deuda, condujeron a políticas que buscaban reducir la incertidumbre sobre el escenario económico, políticas ortodoxas y de superávit fiscal.
La paradoja es que, a pesar de esto, los indicadores económicos en 2004, presentaron un desempeño positivo. A pesar del tipo de interés elevado y del tipo cambio sobrevaluado, el Producto Interior Bruto presentó un crecimiento del 5,1%, impulsado por el incremento de las exportaciones, el aumento del consumo interno y por la tasa de ahorro bruto, que alcanzó el 23,2% del PIB, su mayor nivel desde 1991. Desde 1950 el país no presentaba un escenario económico combinando, simultáneamente, expresivo crecimiento de la economía, superávit comercial e inflación reducida. Escenario que puede repetirse en 2005, según las proyecciones de instituciones como JP Morgan, Bradesco, HSBC, IPEA, UFRJ.
Si la economía contrarió a los comentaristas de derecha e izquierda, no generando el caos previsto por los conservadores, llegando a presentar signos de recuperación y crecimiento sostenido, pero – contrariando los vaticinios de la izquierda - fue impulsada en base a políticas ortodoxas: entonces, ¿porque Lula da Silva tiene tantos problemas de coordinación con su coalición partidaria y su apoyo parlamentario parece tan debilitado?
La respuesta a esta cuestión debe encontrarse en un análisis de las instituciones políticas brasileñas, en la articulación entre las áreas electoral-parlamentaria-gubernamental y en la forma en que se gobierna Brasil.
¿Cómo actúan los gobiernos en Brasil?
Brasil es una República Federativa, con 27 unidades político-adminstrativas/sub-nacionales (denominadas Estados) y más de 5 mil municipios. Cada Estado es dirigido por un Gobernador electo por voto mayoritario, contando también con Poder Legislativo correspondiente (las Asambleas Legislativas), Judicial y estructura administrativa propias. Los municipios poseen un Poder Ejecutivo (Alcalde) y Legislativo (las Cámaras Municipales) electos, así como una estructura administrativa específica. En el plano federal, posee un legislativo con estructura bi-cameral, simétrica e incongruente: Cámara de los Diputados y Senado Federal.
Presidentes de la República, Gobernadores de Estado y Alcaldes de municipios con más de 200 mil electores son escogidos en elecciones por mayoría absoluta, y si un candidato no alcanza este quórum en la primera ronda, es necesario el balotaje entre los dos candidatos más votados. Los Senadores y Alcaldes de municipios con menos de 200 mil electores son elegidos por mayoría simple (plurality). Finalmente, miembros de la Cámara de los Diputados, de Asambleas Legislativas estaduales y Cámaras Municipales son elegidos por Representación Proporcional.
La estructura federativa, con múltiples elecciones para llenar cargos en diferentes niveles administrativos (nacionales, estaduales y municipales) produce el efecto de dividir el sistema político, ofreciendo la oportunidad de acceso a puestos gubernamentales a múltiples partidos. Los 27 gobernadores provinciales elegidos en 2002 estaban afiliados a 8 partidos diferentes. Por lo menos 11 organizaciones partidistas fueron colocadas al frente de ejecutivos municipales, elegidos en 2004. Minoritario en el plano federal, un partido puede beneficiarse de la diversidad territorial, aprovechando las peculiaridades culturales o políticas regionales para establecer bases locales de sostenibilidad política. Esto fue lo que ocurrió con el propio PT que, alejado del gobierno nacional hasta 2002, estableció importantes bases en los gobiernos municipal de Porto Alegre (1988-2004) y del Estado de Rio Grande do Sul (1998-2002).
La combinación de elecciones mayoritarias para la Presidencia de la República y proporcionales para la cámara baja, es la responsable por la producción de un patrón de articulación entre gobierno federal y Poder Legislativo, bautizado por Sérgio Arranches, como presidencialismo de coalición. De un lado, las elecciones presidenciales han provocado una reducción en el número de candidatos (a pesar de lo que dice la literatura especializada sobre el efecto multiplicador producido por el ballotage): 21 (1989), 8 (1994), 12 (1998), 6 (2002).
Por otro lado, la dispersión territorial y política provocada por la estructura federativa, sumada a las oportunidades más generosas de representación de minorías políticas, por el sistema de representación proporcional, operando en las elecciones para la Cámara de los Diputados, probablemente sean las causas responsables del acentuado multipartidarismo en la cámara baja. En la legislatura elegida en 2002, nada menos
que 19 partidos conquistaron por lo menos un escaño en la Cámara de los Diputados. Considerándose sólo el número de partidos efectivos3, se puede observar un fenómeno de incremento temporal en el número de partidos parlamentarios, que acompaña cada ciclo democrático: de 2,8 en 1946, el número de partidos efectivos llegó a 4,6 en la última elección (1962) antes de la implantación de los gobiernos autoritarios. Reinstaurada la democracia, los partidos efectivos subieron de 2,9 en 1986 hasta el expresivo nivel de 8,6 en 2002. La consecuencia de este cuadro de dispersión en la distribución de escaños en la Cámara de los Diputados es que raramente en la experiencia política brasileña, presidentes electos pueden contar con mayorías parlamentarias unipartidista para apoyar su gobierno. Sólo dos presidentes en periodos democráticos fueron elegidos por partidos que llegaron a contar –solos - con más del 50% de los escaños en la cámara baja: Dutra, elegido por el antiguo PSD, que obtuvo un 51% de las plazas en la Cámara de los Diputados en 1946 y Sarney, cuyo partido (PMDB) alcanzó un 50,5% de los escaños en 1986. Aun así, la indisciplina del PSD hizo que Dutra tuviera que buscar en la oposición los votos necesarios para gobernar, y Sarney se vio, rápidamente, al frente de un PMDB dividido por la facción que vendría a formar el PSDB, partido que llevaría Cardoso a la presidencia en 1994.
Esto significa que después de ser elegidos, los presidentes necesitan negociar amplias coaliciones de gobierno, incorporando partidos que estaban fuera de su alianza electoral, produciendo un desplazamiento de la escena gubernamental, respecto al escenario electoral.
La Constitución democrática de 1988 mantuvo el diseño institucional básico producido durante el experimento poliárquico de 1945-1964: presidencialismo, representación proporcional, federalismo, multipartidismo. Los pronósticos formulados entre el final de los años 80 y el inicio de los 90, preveían un escenario sombrío para las instituciones democráticas brasileñas. Si aquellas previsiones hubieran sido confirmadas, la democracia brasileña debería haber sido confrontada con desafíos que, siempre según los augurios, difícilmente podría suplantar. El escepticismo de los analistas se basaba, sobre todo, en el diagnóstico de la presencia de déficit de gobernabilidad, cuya fuente residía sea en componentes pretorianos endémicos al orden social brasileña, ya sea en la ingeniería institucional que, al combinar presidencialismo, federalismo, representación proporcional y multipartidismo, habría mantenido puntos de tensión responsables por lo que eran -o si aún no eran, fatalmente deberían venir a ser- crisis entre Ejecutivo y Legislativo, parálisis decisiva e incentivos plebiscitarios en el ejercicio de la Presidencia de la República.
Entre los autores brasileños, tal vez ningún otro haya sido tan proficuo en la enumeración de las debilidades institucionales, como Bolívar Lamounier. Para él, teniendo por colegio electoral un electorado territorialmente disperso y socialmente heterogéneo, y bajo los condicionamientos de una competencia mayoritaria, los candidatos presidenciales intentarían formular discursos libres, ambiguos, construidos en torno a identidades difusas, como pueblo y nación, actualizando permanentemente la tradición populista latino- americana. Paralelamente, acentuadas las desigualdades sociales se reduciría el esperado efecto centrípeto de una segunda vuelta electoral, conformando entornos polarizados, y no moderados, al pluralismo partidario.
Una vez elegido, los atributos plebiscitarios que les permitirían la victoria, incentivarían estrategias de conflicto, en detrimento de la cooperación o negociación. Una vez que se deprima el desempeño gubernamental en la economía y se agote el ciclo de popularidad presidencial, se exacerbaría una dificultad mutua de relación entre Gobierno y Congreso transformando las crisis políticas en crisis institucionales (Lamounier, 1991:51).
Pero, el proceso político efectivo reveló una dinámica distinta en relación a los sombríos pronósticos de inminente crisis de gobernabilidad. A pesar de los augurios lanzados sobre la combinación institucional presidencialismo/representación proporcional, las interacciones entre Ejecutivo revelaron un continuo predominio gubernamental sobre el proceso decisorio del Congreso, asociado a una presencia de coaliciones gubernamentales estables y previsibles. El resultado puede comprobarse en los conocidos hallazgos de Figueiredo & Limongi: un 86% de las leyes sancionadas después de 1988 fueron de origen ejecutivo; gobiernos fueron exitosos en aprobar nada menos que un 78% de sus proposiciones remitidas al Legislativo, siendo que un 69% han sido aprobadas en el mismo año de su presentación.
3 Según el índice Laadso-Taagepera, basado en la ecuación Np=1/Σp2, donde p corresponde a la proporción de escaños de cada partido.
Aún de acuerdo con Figueiredo & Limongi, la clave para comprender el soporte gubernamental en el proceso parlamentario debe buscarse en la disciplina verificada en el interior de las diferentes Cámaras partidarias. La disciplina media en las votaciones legislativas entre 1988 y 2002, registrada por Figueiredo &
Limongi alcanzó el expresivo nivel del 89,9%. Los recursos presupuestarios puestos a disposición de los líderes partidarios confieren a estos elevado poder sobre la capacidad de éxito de las iniciativas llevadas a cabo por los parlamentarios individuales, lo que permite asegurar a los líderes una capacidad para obtener la adhesión de su grupo parlamentario a su orientación de voto.
El Ejecutivo brasileño dispone, desde la Constitución de 1988, de mecanismos institucionales que inducen la colaboración del Congreso y aseguran el flujo de su agenda decisiva, principalmente a través de las medidas provisorias, que le exime de suportar los costes de la producción de mayorías parlamentarias. Este procedimiento reduce los costes de negociación parlamentaria y la dependencia gubernamental cuanto al soporte legislativo. Inversamente, hace crítico para parlamentarios individuales la negociación de proyectos con el gobierno, una vez que, en el límite, el Ejecutivo puede optar por otra estrategia.
El Gobierno Lula da Silva
Lula da Silva obtuvo el 39,4% del total de votos en la primera ronda de las elecciones presidenciales de 2002. Amplió su coalición electoral en la segunda vuelta, incluyendo otros partidos de izquierda (PSB, PPS, PDT) y centro (PTB), para enfrentar el candidato del PSDB, José Serra, que representaba el gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Con esta alianza, Lula alcanza el 57,6% de los votos en la segunda ronda, conquistando, después de 3 tentativas frustradas, la Presidencia de la República. El desafío siguiente sería componer su gobierno, a partir de una coalición partidaria capaz de ofrecerle las condiciones necesarias para aprobar sus proyectos en el Congreso Nacional.
Partido(s) %
Presidente PT 17,7
Coalición de 1ª ronda PT, PL, PcdoB 26,1
Coalición de 2ª ronda PT, PL, PcdoB, PV, PSB, PPS, PTB, PDT 42,5 Coalición de Gobierno 2003 PT, PL, PcdoB, PV, PSB, PPS, PTB, PDT 42,5*- 44,8**
Coalición de Gobierno 2004 PT, PL, PcdoB, PV, PSB, PTB, PMDB, PP 49,8* - 69,6**
*En base al resultado electoral de 2004.
**Cámaras partidarias efectivas después de la migración inter-partidaria.
El PT, partido del Presidente Lula da Silva obtuvo sólo un 17,7% de los escaños en la Cámara de los Diputados en las elecciones de 2002. Considerando la coalición electoral de Lula en la primera ronda, sus aliados representan un 26,1% de los diputados federales. Este apoyo llegaría a un 42,5% con las alianzas negociadas en la segunda ronda y que constituyeron la base para la formación de su gabinete presidencial.
A pesar de contar con una minoría legislativa, Lula consiguió aprobar prácticamente todas sus proposiciones durante el año de 2003. En especial, la reforma del sistema se seguridad social, que Cardoso no pudo conseguir, Lula da Silva obtuvo la mayoría calificada de 3/5, en dos votaciones parlamentarias, en las dos casas legislativas, según exige la Constitución brasileña. Para esto, neutralizó las corrientes más a la izquierda de su partido (con la excepción de 4 parlamentarios que decidieron romper con el PT y fundar un nuevo partido) y dividió los dos principales partidos de oposición, PSDB y PFL, conquistando cerca de mitad de sus parlamentarios para obtener el voto favorable a su propuesta.
En 2004, la base de gobierno sufrió una reestructuración, con la ruptura del PDT y PPS con el gobierno, la inclusión de un importante partido de centro (PMDB) y una formación de derecha, el PP, que representa a los herederos del régimen autoritario en Brasil.
Pero, más significativo para la ampliación de la base de apoyo parlamentaria del gobierno, que el ingreso de estas dos formaciones, fue el efecto provocado por la migración inter-partidaria (trasfuguismo).
Efectivamente, un fenómeno destacable en el interior del Poder Legislativo brasileño es el cambio de filiación partidaria por un número significativo de parlamentarios, durante la legislatura, entre un proceso electoral y otro.
En las 4 legislaturas de la Cámara de los Diputados, durante el periodo 1987 - 2002, entre un 25% y un 30% de los diputados cambiaron de partido una o más veces, durante el ejercicio del mandato legislativo. Esto significa que, habiendo sido elegido por un partido, el parlamentario cambió de filiación partidaria, pasando a integrarse en otra organización. Esta movilidad no es aleatoria, sino que posee una clara una dirección predominantemente gubernamental. Es decir, después de la elección, parlamentarios elegidos por partidos que estaban fuera de la coalición electoral victoriosa para el Ejecutivo, cambiando su posición y adhiriéndose a las formaciones políticas integrantes de la base parlamentario gobernante. Este no es un fenómeno reciente:
durante el primer gobierno de Fernando Henrique Cardoso, su partido, el PSDB, que había conseguido 67 diputados (un 13,1% del total de la Cámara de Diputados), terminó la legislatura con 94 parlamentarios (un 18,3%). En el gobierno Lula, la transferencia hacia formaciones gobernantes benefició, particularmente, a formaciones políticas de centro después de su ingreso en el gobierno: el PL que había obtenido 26 parlamentarios, cuenta, en marzo de 2005, con 50 diputados. El PTB pasó de los 26 electos en 2002, a 48 en 2005. El PMDB, que consiguió 75 escaños en 2002, posee actualmente 87 parlamentarios. En contraste, las dos principales formaciones de oposición PSDB y PFL sufrieron una reducción del 27% en la composición de sus grupos parlamentarios.
Con esto, la coalición parlamentaria de Lula da Silva alcanzó un 69,6% en la Cámara de los Diputados, lo que le debería dar un margen seguro para la aprobación a un bajo coste político, de su agenda legislativa.
Pero, precisamente en este momento en que su apoyo parlamentario parecía más fuerte, el Gobierno de Lula da Silva sufre una secuencia de derrotas políticas en la Cámara de los Diputados, revelando la erosión de su coalición partidaria. Su candidato del gobierno es derrotado en la elección para la Presidencia de la Cámara, por el ultra-conservador Severino Cavalcanti; no consigue colocar en la votación una propuesta de revisión tributaria para el sector servicios y, además, se malograda tentativa de reforma ministerial, orientada a ampliar y cohesionar su bloque parlamentario, sin que Lula consiga recomponer su base de apoyo. Para entender estos reveses políticos al gobierno de Lula, se hace necesario observar dos factores:
1. El modelo de coalición adoptado
Aunque haya empleado una estrategia de ampliar su base parlamentaria, atrayendo partidos de centro (especialmente el PMDB) y de derecha (PP), el gobierno Lula no fue capaz de promover una correspondencia entre la fuerza de cada una de las formaciones gobernantes y su participación ministerial, conforme puede verse en el siguiente cuadro:
Partido % dentro de la coalición parlamentaria de
gobierno % dentro del gabinete
PT 25,2 54,3
PL 14,0 5,7
PC do B 2,5 5,7
PV 1,7 2,8
PSB 4,5 2,8
PTB 13,4 2,8
PMDB 24,4 5,7
PP 14,3 0
El PT mantuvo una posición sólida en el equipo ministerial de Lula, por encima de su fuerza parlamentaria. De la misma forma, dos pequeñas formaciones de izquierda, el Partido Comunista de Brasil
(PCdoB) y el Partido Verde (PV), tienen una presencia al frente de Ministerios en una proporción superior a su correspondiente fuerza legislativa. Inversamente, el Partido Laboral Brasileño (PTB) y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (dos leyendas de centro), aún integrando el gobierno Lula, lo hacen en una proporción inferior a su contribución en el bloque parlamentario del gobierno, situación similar a la formación conservadora del PP. Especialmente en el caso del PMDB, esta situación parece ser delicada a causa del tamaño de su grupo en la Cámara de los Diputados (un 16,9%). Con una presencia ministerial inferior a la dimensión proporcional de su grupo parlamentaria, es previsible que los Diputados del PMDB alcancen un compromiso más nuetro con el gobierno y sus proposiciones, especialmente con aquellas más impopulares. Disponiendo de sólo dos ministerios (el mismo número del pequeño PCdoB), el volumen de recursos de naturaleza distributiva puesto a la disposición de sus líderes para garantizar la disciplina de sus rank-and-file se hace más escaso, incentivando estrategias del tipo free-rider. De la misma forma, al incentivar el trasfuguiesmo, el gobierno contribuyó a desorganizar las fronteras partidarias, reduciendo la cohesión intra-partidaria y la previsibilidad de los votos legislativos. Es decir, diputados salidos de partidos opositores, que se adhirieron al bloque de gobierno presentan comportamiento poco seguro, provocando presiones centrífugas sobre la unidad de la base de apoyo gubernamental. De alguna forma, los estrategas del gobierno quisieron reeditar el patrón de coalición gubernamental característico de la democracia de 1946/64, en la cual la carencia de recursos institucionales del Poder Ejecutivo para asegurar su agenda legislativa y la precaria disciplina partidaria, eran compensados con la construcción de apoyos extra-partidarios. Ejemplos de esto son la incorporación de facciones de la ultra- oposicionista UDN a los gobiernos de Dutra (1945/50) y Vargas (1950/54). Más que partidarias, las coaliciones gubernamentales del periodo fueron constituidas a partir del enmarañamiento de fronteras partidarias y la captación de segmentos sin filiación (gobernantes) en cada formación.
2 . Fragilidad de liderazgo y división en el núcleo político del gobierno
En el inicio de 2004, un importante asesor del Ministro José Dirceu, el más poderoso coordinador político del gobierno en el Congreso, fue acusado de actos de corrupción, cometidos en el pasado, antes del inicio de la gestión Lula. Este episodio debilitó el Ministro Dirceu dentro y fuera del gobierno, produciendo un vacío de liderazgo político que repercutió en forma de una creciente indefinición de la coordinación legislativo.
Paralelamente, el deseo de varios dirigentes partidarios de concurrir al Gobierno del Estado de São Paulo, en 2006, los llevó a maniobras arriesgadas, con disputas subterráneas que minaron la unidad del partido de Lula da Silva.
El episodio de la derrota en la elección para la Presidencia de la Cámara resulta revelador a este respecto. Contrariando un procedimiento usual, de que la mayor grupo parlamentario indique el Presidente de la cámara baja, el elegido resultó ser Severino Cavalcanti, Diputado conservador y con imagen asociada a la política tradicional de privilegios a los parlamentarios y a la asignación concentrada de recursos, para su reducto electoral. Pero, las razones de la derrota deben ser evaluadas, en primer lugar, dentro de la propia base del gobierno. El entonces presidente de la Cámara de los Diputados, Diputado João Paulo, del PT de São Paulo, dispuesto a disputar el gobierno paulista, pero necesitando revertir la simpatía de Palacio del Planalto hacia otro candidato (el Senador Aloisio Mercadante), habría diseñado una estrategia que, como se verificó con su resultado, se reveló desastrosa: apoyando, de un lado el lanzamiento de una candidatura oficial del PT (Luis Eduardo Greenhalgh) con un fuerte rechazo en el centro y la derecha, João Paulo estimuló el surgimiento de otra candidatura del propio PT (Virgílio Guimarães). Su apuesta consistía en que la Cámara no contrariaría la praxis de escoger un parlamentario del mayor grupo parlamentario, pero que preferiría el candidato no-oficial. Si esto ocurriera, éste tendría influencia sobre el nuevo Presidente y podría usar esta influencia para forzar un apoyo o por lo menos la neutralidad del gobierno en la disputa provincial de São Paulo. Con la base del gobierno dividida y la oposición, más el denominado bajo clero (grupo mixto) depositando sus votos en Severino Cavalcanti, este terminó imponiendo una severa derrota al PT y al gobierno federal.
Un nuevo revés vendría inmediatamente a continuación. Pretendiendo recomponer su base parlamentaria de apoyo, el gobierno continuó sus conversaciones y negociaciones con otros partidos, especialmente el PMDB, tratando de reforzar su compromiso con la agenda del Ejecutivo. Se esperaba que, para esto, la solución fuera una redistribución de puestos ministeriales, de forma más equilibrada entre los partidos de la coalición. Tras de semanas de especulaciones, el Presidente Lula finalmente dio por concluida la
reforma ministerial, tan sólo intercambiando dos ministros por Diputados de sus respectivos partidos. Este resultado enfrió aún más la relación entre los partidos aliados y el gobierno. Finalmente, el gobierno tuvo que retirar la Medida Provisional 232, que alteraba la tributación en el sector servicios, dada la falta de disposición de los partidos integrantes de la coalición gobernante de asumir la carga por el apoyo a una medida impopular como el aumento de impuestos.
Perspectivas
Dieciocho meses separan el gobierno del proceso sucesorio presidencial. Hasta Octubre de 2006, Lula da Silva tendrá que enfrentar por lo menos dos desafíos importantes: recomponer la disciplina de su base de apoyo parlamentario, señalizando la presencia de un gobierno con capacidad de gobernar y aprobar sus proposiciones; formar una coalición electoral que favorezca su reelección para un nuevo mandato de 4 años. La clave para la resolución de ambos problemas parece estar en la definición de qué tipo de coalición gubernamental será mantenida por el Ejecutivo. Una estrategia podría ser la construcción de una coalición de centro-izquierda, formada en bases efectivamente partidarias, teniendo como eje los dos mayores partidos de su base potencial (PT y PMDB), a través del fortalecimiento de su liderazgo legislativo y de su presencia en el gabinete ministerial.
Bajo este prisma, no parece difícil augurar que esta coalición podría extenderse al escenario electoral, en 2006, y un eventual según gobierno Lula. La mayor dificultad para que este modelo funcione probablemente resida en el propio Presidente Lula da Silva. Impregnado por un sesgo anti-legislativo y apostando fuertemente por su propio carisma como mecanismo de generación de popularidad gubernamental, el Presidente parece confiar poco en la negociación partidaria, reproduciendo así, una cultura anti-partido, enraizada en la sociedad brasileña desde los años 30 del siglo pasado, y una permanente tentativa de retirar a los partidos las prerrogativas gubernamentales relevantes. El problema es que esta convicción y la estrategia correspondiente tiene implicaciones negativas para el propio gobierno. La cuestión que queda es cuando él se dará cuenta de esto y si, en este momento, aún habrá tiempo para adoptar una estrategia política basado en un gobierno partidario.
Todas las opiniones expresadas en este artículo son de responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la opinión del CEBOG.
Traducción y revisión: Almudena Briones y Julimar da Silva Bichara.
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Centro de Estudios Brasileños Ortega y Gasset
Embajada de Brasil en Madrid
Marzo - abril 2005 Volumen 2 Número 2
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