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La Visión del Hombre en la Perspectiva Transpersonal-Integral

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Academic year: 2021

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La Visión del Hombre en la Perspectiva Transpersonal-Integral

Prof. Renato Huerta T. Pontificia Universidad Católica de Chile

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Para una perspectiva integral del ser humano es necesario aprender fructíferamente las lecciones que nos da la historia. De las antiguas tradiciones perennes, por ejemplo, integrar la verdad que afirma que la realidad está compuesta por múltiples niveles de ser y conocimiento que van desde la materia hasta el espíritu. Asimismo, es necesario comprender que cada nivel trasciende, pero también incluye a sus antecesores, en un vasto espectro de totalidades que se insertan en otras totalidades mayores y éstas a su vez en otras más amplias. Es el gran nido del ser en donde cada nuevo nivel contiene a sus antecesores en una forma de esferas concéntricas tal como lo vemos en la figura 1:

Fig.1

Este gran nido del ser constituye la respuesta de la filosofía perenne a la pregunta de cuál es el lugar del hombre en el cosmos. Pero no se trata de un simple cosmos físico sino de un “kosmos”, término

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con el cual Ken Wilber alude a una realidad que lejos de agotarse en lo físico abraza todos los niveles desde la materia al espíritu: la fisiosfera, biosfera, noosfera y teósfera.

Limitar al ser humano a un ser unidimensional y físico es incurrir en un reduccionismo burdo que está lejos de explicar la esencia de lo humano, viéndolo únicamente como un animal más sin discernir su diferencia específica. El aporte de la filosofía perenne es precisamente la percepción del ser humano como un ser multidimensional u omninivel. Aunque algunos filósofos perennes hayan percibido sólo tres niveles (cuerpo, mente y espíritu) los más elaborados entre ellos (Plotino, Aurobindo, etc.) llegaron a distinguir doce o más niveles. Dichos niveles no son meras distinciones producto de una lógica abstracta sino el resultado de la experiencia transempírica directa de sus descubridores. Asimismo, estos niveles son holones de la conciencia. Es decir, son totalidades que a su vez son partes de otras totalidades mayores. Esto determina la existencia de jerarquías en forma de nido u holoarquías desde los átomos hasta las moléculas o desde las células hasta los seres vivos. El número de niveles de una jerarquía determina su profundidad; el número de holones, su extensión. La evolución produce mayor profundidad y menor extensión, por ejemplo, quienes se identifican con la mente concreta tienen menor profundidad, aunque mayor extensión, que quienes se identifican con la mente abstracta o lógico formal. En este marco holístico, podemos dimensionar en mejor forma la insuficiente definición clásica del ser humano como “animal racional”. Porque el ser humano está lejos de ser un ser estático o fijo que nace acabado y con una esencia realizada. Muy por el contrario el holón humano en lo que lo distingue como tal es una esencia que se precisa por su ímpetu evolutivo. Tanto es así que podríamos replantearnos aquella definición clásica de ser humano como un “animal capaz de ser racional”, puesto que si bien nacemos con una naturaleza física fija, no flexible, también nacemos con una estructura mental flexible potencialmente racional, pero que requiere de un trabajo educacional sólido capaz de actualizar dichas potencialidades racionales e incluso de un trabajo espiritual aun más riguroso para el despertar de la esencia espiritual. Tal es la condición humana, base de la vida humana caracterizada por una maleabilidad que hizo que Sartre afirmara y defendiera la tesis

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fundamental del existencialismo “el hombre es según exista” o dicho más comprensiblemente el ser humano define su esencia según sea la calidad de su existencia. Sin embargo, la verdad parcial del existencialismo se queda corta ante la complejidad del ser humano, porque también existe una naturaleza humana que es irreductible: el holón humano, por ejemplo, posee un cuerpo físico que siempre tiene 208 huesos, un corazón y dos pulmones. No obstante las actividades culturales que realizamos con este cuerpo manifiestan toda la diversidad cultural que es inherente al ser humano.

Pese al aporte de los antiguos respecto a ver en el ser humano un ser multidimensional, su visión no es suficiente para brindarnos un concepto integral del ente humano. Y a pesar de que en Sri

Aurobindo están los distintos aspectos del ser humano sintetizados en una visión verdaderamente holística es Ken Wilber quien nos entrega una visión más elaborada y madura a través de los cuatro cuadrantes. Con el surgimiento de Internet hoy sabemos mejor que nunca que la información, cuando no está adecuadamente organizada no sólo es inútil sino además un obstáculo para alcanzar el conocimiento. Y es que, desconectados de un concepto mayor que les dé sentido y de una pauta que lo conecte todo, los datos puros no son más que fragmentos de información aislada que no explican nada. La visión integral que se funda en una perspectiva omnicuadrante y omninivel nos ayuda, en este sentido, a identificar las pautas fundamentales y convertir fragmentos dispersos en totalidades. La visión integral nos revela el modo de ordenar facetas aparentemente inconexas de nuestra

experiencia y proporcionarnos un lugar para cada realidad. Veamos en la figura 2 una representación de este mapa válido para todas las realidades que nos enseña a ver los cuatro aspectos de todas las cosas.

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Figura 2

A continuación apliquemos cómo estas cuatro dimensiones pueden estar presentes en un hecho cualquiera cómo es el que Juan deba rendir la PSU:

Cuadrante superior-izquierdo, espacio interior-individual del "yo": Se siente tenso, ansioso, luego

de haber estudiado durante todo el año para rendir una prueba decisiva para su futuro. Piensa que este examen decide mucho de su vida en poco tiempo y por ello no puede dejar de estar preocupado, aunque sabe que tiene los conocimientos necesarios para obtener buenos resultados, como los que ha obtenido en ensayos previos a la prueba.

Cuadrante inferior-izquierdo, espacio interior-colectivo del "nosotros": En los días previos las

conversaciones con sus compañeros han tenido como tema central este examen. Además, los profesores le han venido repitiendo desde marzo que este año su generación rendía la PSU y que el colegio esperaba que dejaran bien puesto su nombre con un gran rendimiento en la misma. Todo el sistema social aparece valorando superlativamente la PSU. Becas y créditos depende de ella. Toda su

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familia tiene altas expectativas sobre su rendimiento y esperan que la buena educación que consideran haberle dado se manifieste en una buena PSU.

Cuadrante superior-derecho, espacio exterior-individual del "ello": Afortunadamente no tendrá

que hacer un gran degaste físico para llegar al local donde rendirá la prueba: sólo tendrá que caminar cinco cuadras, reconocer la sala en que aparece su nombre entre una lista que debe rendir la prueba allí, sentarse en donde le corresponda, sacar su lápiz, abrir la prueba, etcétera. La actividad cerebral, el ritmo cardíaco y la tasa de sudoración irán intensificándose en la medida en que encuentre

preguntas que no pueda resolver, acrecentando así su preocupación.

Cuadrante inferior-derecho, espacio exterior-colectivo del "ellos": El local en que le ha tocado

rendir la prueba tiene diez pisos, está inserto en un campus con grandes áreas verdes. Su sala está en el piso 8 y ha llegado a ella mediante un ascensor que funciona con electricidad, generada a miles de kilómetros de distancia. El edificio está conectado mediante intranet con la red del Ministerio de Educación de Chile, que conecta a todos los establecimientos educacionales del país.

Así, la visión integral nos muestra el modo en que las realidades propias de los cuatro cuadrantes — desde la conciencia del cuadrante superior- izquierdo hasta los valores y relaciones del cuadrante inferior-izquierdo, las conductas y los factores fisiológicos individuales del cuadrante superior-derecho y los sistemas ecológicos y tecnológicos del cuadrante inferior-derecho— se interpenetran para dar lugar a cada uno de los instantes de la vida de nuestra conciencia en nuestro planeta.

Mientras la Antropología Física nos informa sobre las peculiaridades del ser humano como un ser natural y nos emparenta con el mono lo cual no nos permite captar la diferencia específica de nuestra especie, la Antropología Filosófica busca precisamente captar tal diferencia que define al ser humano como tal. Considerando esta visión omnicuadrante la esencia humana se manifestará en toda su luz en el cuadrante izquierdo superior. La filosofía clásica definió a la razón, como aquella facultad que identificaba a lo humano y que hoy la ubicaríamos en dicho cuadrante. Y estaba en lo cierto, sin

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embargo, no sabía que el ser humano no era una especie estacionaria, es decir, una especie que ha alcanzado tal perfección en su orden que no se mueve más. No, el ser humano si bien está

sólidamente inserto en la evolución no ha alcanzado su perfección, y por lo mismo, no se siente satisfecho ni goza de la armonía ni del equilibrio que brinda la perfección evolutiva. Pero esta imperfección no es insuperable sino el trabajo fundamental de la especie humana, más aún, el

privilegio de la especie más elevada de la Tierra. A este respecto, Sri Aurobindo nos señala: “Pues al fin sólo hay dos movimientos armónicos, el de la vida, inconsciente o en gran medida subconsciente, la armonía que descubrimos en la creación animal y en la naturaleza inferior, y el del espíritu. La

condición humana es una etapa de transición, esfuerzo e imperfección entre uno y otro, entre la vida natural y la ideal o espiritual, y está llena de búsqueda y desorden inciertos. No es que el ser mental no pueda hallar, ni siquiera construir alguna clase de armonía relativa propia, pero eso no puede serle estable pues está bajo la presión del espíritu”1 Y esto significa que el ser humano es impulsado por

una fuerza que está en su interior y que le obliga a un esfuerzo de evolución consciente. Y ello hace del ser humano un ser de transición. Sri Aurobindo nos precisa: “Pues él, a diferencia del animal, es consciente de la imperfección y limitación, y siente que hay algo por conseguir más allá de lo que actualmente es: este impulso en pos de la autosuperación no es probable que muera jamás por completo en la especie. El estado mental humano estará siempre allí, pero estará allí no sólo como un grado en la escala del renacimiento, sino también como un paso abierto en pos del estado espiritual y supramental”.2

Ese algo por conseguir es el estado espiritual el que habitualmente se confunde con un grado inferior de evolución. Y esto porque superficialmente lo prepersonal se asemeja mucho a lo transpersonal Se trata de la falacia reduccionista en donde: “…todos los estados superiores y transracionales son reducidos a estados inferiores y prerracionales. Las experiencias genuinamente místicas o

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Aurobindo, Sri (1972) .Síntesis del yoga, v.3,Buenos Aires: Ed. Kier,p.210.

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contemplativas son contempladas como una regresión o una vuelta a estados infantiles de narcisismo, fusión oceánica, indisociación e incluso autismo primitivo. Esta es exactamente la ruta seguida por Freud en El futuro de una ilusión”.3 En esta lectura reduccionista la racionalidad es la cúspide de la

evolución humana tanto en su desarrollo individual como colectivo. No hay nada superior a ella, más aún todo lo que se aleje de ella puede llegar a ser considerado como anormal o patológico. No

obstante la tradición perenne, desde hace miles de años hasta su última expresión en Sri Aurobindo y Ken Wilber, ha afirmado que si bien el espíritu no es racional tampoco es infrarracional sino que trasciende e incorpora a la razón, por tanto, está en un peldaño superior a ella y constituye su posibilidad de trascendencia y perfección.

Y es precisamente en este peldaño superior en donde encontraremos la más profunda esencia

humana: el espíritu. Desocultar este espíritu es, por tanto, captar la naturaleza humana en su más alto nivel de posibilidad.

Pero, ¿cuál es la diferencia específica de este espíritu con respecto a las otras especies? La interioridad, la capacidad de entrar en sí mismo, ejemplificada por las tradiciones universales de sabiduría: desde Sócrates, siguiendo el mandato délfico “Conócete a ti mismo”, a Buda con su filosofía del recogimiento interior para estar en el sí mismo. Esta esencia humana es su realidad radical

respecto de lo cual las anteriores definiciones del ser humano son periféricas. Porque efectivamente el ser humano es un animal racional, pero también un animal político o el único animal técnico en el sentido de enfrenta la vida no naturalmente sino desde las comodidades o facilidades que le dan los dispositivos tecnológicos. Pero tales aspectos a los que aluden estas definiciones no son la

característica distintiva y a la vez fundamental del ser humano. Más allá de esto, si la definición más lograda es aquella que muestra en forma más simple y original el elemento definido, es decir, aquello que lo constituye como ser, entonces las definiciones anteriores no llegaban a la esencia originaria del

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ser humano, ya que lo definían por sus características secundarias, características que suponían la interioridad humana y se derivaban de ella. Por ejemplo, la definición de ser humano como “animal racional” supone las categorías “género próximo” y “diferencia específica” que expresan conceptos complejos y que a su vez suponen una elaborada metafísica, por tanto, dicha definición no nos entrega la realidad primordial del ser humano.

Nuestra indagación busca pues el primer principio del ser humano o como afirma la sabiduría perenne aquello de donde primeramente todo lo demás procede y a lo cual en último término se reduce. Es decir, buscamos el primer principio constitutivo del ser humano en el cual se fundan y surgen las demás facultades humanas. Y nuestra respuesta es que desde una perspectiva omnicuadrante el ser humano esencial no reside en los cuadrantes exteriores o de la derecha ni tampoco en el cuadrante izquierdo inferior e intersubjetivo sino en el cuadrante izquierdo superior o subjetivo. Por tanto, cuanto más se busque el ser humano en la exterioridad menos se lo encontrara, cuánto más el ser humano permanezca en el mundo externo más posibilidades tendrá para alienarse o incluso enajenarse. Por el contrario cuando el hombre emprende el camino del recogimiento interior emprende el camino en donde se encuentra a sí mismo, con la posibilidad de actuar desde esa interioridad, con plena

posesión de sí, hacia fuera. Así, el más auténtico ser humano es aquel cuyo yo esta en el “sí mismo” esencial, mientras que el ser humano que vive disperso en el exterior no se diferencia del animal, pues éste es incapaz de estar en “sí mismo”, porque es pura alteración en el sentido de estar siempre en otro, en este caso en el mundo externo. A este respecto, Ortega y Gasset nos precisa: “La bestia, en efecto, vive en perpetuo miedo del mundo, y a la vez, en perpetuo apetito de las cosas que en él hay y que en él aparecen, un apetito indomable que se dispara también sin freno ni inhibición posibles, lo mismo que el pavor. En uno y otro caso son los objetos y acaecimientos del contorno quienes gobiernan la vida del animal, le traen y le llevan como una marioneta. El no rige su existencia, no vive desde sí mismo, sino que está siempre atento a lo que pasa fuera de él, a lo otro que él. Nuestro vocablo otro no es sino el latino alter. Decir, pues, que el animal no vive desde sí mismo sino

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desde lo otro, traído y llevado y tiranizado por lo otro, equivale a decir que el animal vive siempre alterado, enajenado, que su vida es constitutiva alteración”4. Sin embargo, en este caso ni “alterado”

ni “enajenado” tienen una significación patológica, pues son naturales en el mundo animal. La

diferencia esencial entre el ser humano y el animal es que el primero tiene la capacidad ir más allá del mundo externo, de liberarse de su derredor, conduciendo su atención a su propia intimidad lo que desde el punto de vista del animal es incomprensible. Tal poder que tiene el ser humano de retirarse virtual y provisoriamente del entorno es la posibilidad de conectarse con su sí mismo que, a juicio de Ortega y Gasset, está constituido principalmente por ideas.

Si bien el ser humano esencial se define por su capacidad de ensimismarse, en nuestra realidad cotidiana ese sí mismo esencial tiene pocas posibilidades de expresarse y lo hace, sobre todo, en los momentos de soledad. Así, en nuestra existencia cotidiana estamos más presentes en nuestro sí mismo integral. Es decir, somos un yo y una circunstancia con la cual tenemos conexiones muy significativas. Mi ser físico (cuadrante derecho superior), la geografía e infraestructura (cuadrante derecho inferior) en que me desenvuelvo y la cultura (idiosincrasia chilena) en que estoy inserto son toda esa compleja circunstancia.

Nuestro concepto del ser humano si bien considera todo los cuadrantes no por ello los pone en una misma jerarquía, puesto como señalamos anteriormente es el cuadrante izquierdo superior el que asume la mayor relevancia en la estructura humana.

Más allá de lo anterior, cabe recordar que esta idea integral de ser humano se une con la noción de múltiples niveles y en este sentido, según sea el nivel de profundidad de la experiencia interior del sujeto humano será también el grado de realización del mismo. Así, generalizando, y sin considerar

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casos excepcionales, Occidente alcanzó su experiencia cumbre en la razón; mientras que Oriente, lo hizo en la intuición.

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