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Hechos de Los Apóstoles y Origenes Cristianos - Senén Vidal

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(1)
(2)

S

ENÉN

V

IDAL

Hechos de los Apóstoles

y orígenes cristianos

(3)

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© Editorial Sal Terrae, 2015 Grupo de Comunicación Loyola

Polígono de Raos, Parcela 14-I 39600 Maliaño (Cantabria) – España Tfno.: +34 94 236 9198 / Fax: +34 94 236 9201

[email protected] / www.salterrae.es

Imprimatur:

Manuel Herrero Fernández, OSA Administrador diocesano de Santander

26-01-2015 Diseño de cubierta: María José Casanova

Edición Digital ISBN: 978-84-293-2456-3

(4)

E

P

RESENTACIÓN

l libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch) narra la historia del movimiento cristiano en sus primeros treinta años (30-60 d.C.) aproximadamente. Y la imagen que presenta se ha convertido en decisiva para la visión que ordinariamente se tiene sobre los orígenes cristianos. A pesar de la crítica puntual que la investigación moderna ha hecho a algunos de los rasgos de esa imagen, sus líneas fundamentales se han mantenido intocables y han marcado y siguen marcando aún las coordenadas para la reconstrucción histórica del cristianismo primitivo. El presente estudio intenta precisamente un análisis crítico de esas líneas fundamentales de la imagen ofrecida por Hechos. En primer lugar, descubrirá sus razones e intereses especiales. Y pasará después a su comparación crítica con las noticias de otros documentos del movimiento cristiano antiguo. En todo caso, no se detendrá en un análisis aislado de los diversos motivos, sino en la búsqueda de los amplios contextos que los enmarcan.

Los cuatro primeros capítulos del estudio hacen una presentación del libro de Hechos, en cuanto a su base tradicional (cap. 1 y 2), a su configuración literaria (cap. 3) y a su origen e intención dentro del movimiento cristiano de fines del siglo I (cap. 4). Los cinco capítulos siguientes están dedicados a la valoración de la imagen histórica de Hechos, contrastando sus datos con los de otros documentos cristianos antiguos sobre los grandes temas de los orígenes cristianos: sobre los inicios del movimiento cristiano (cap. 5), sobre la estrategia y la escenificación de la antigua misión cristiana (cap. 6 y 7), sobre la unidad del cristianismo primitivo (cap. 8) y sobre la imagen de Pablo (cap. 9). En la conclusión final (cap. 10) se presenta en compendio el camino recorrido en el estudio y su resultado principal, que se concreta en una imagen histórica de los orígenes cristianos mucho más viva y variada que la que ofrece Hechos[1].

(5)

E

C

APÍTULO

1:

Tradiciones amplias en Hechos

l autor de la obra lucana (Lc-Hch)[2] dispuso para el primer libro de su obra, el evangelio de Lucas (Lc), de un escrito que ofrecía ya el marco general de toda la narración: el evangelio de Marcos (Mc). Pero no sucedió así en el caso del segundo libro de su obra, Hechos de los Apóstoles (Hch), cuyo marco narrativo general tuvo que crearlo él mismo. Pero para ello sí contó con una amplia base tradicional de diverso tipo, que es necesario precisar y analizar para poder entender adecuadamente el libro. Las tradiciones más amplias y más determinantes fueron dos: la primera trataba de los orígenes de la misión cristiana helenística, es decir, de la misión abierta al mundo gentil, y la segunda, de la misión de Pablo. A la presentación de esas dos tradiciones está dedicado este primer capítulo.

(6)

1.1. Ciclo de relatos sobre los helenistas

En la base de 6,1–8,40; 11,19-21 se descubre un ciclo tradicional de cuatro relatos conexionados entre sí sobre los orígenes y la misión de los cristianos helenistas: origen de los siete dirigentes helenistas (6,1-6); misión y martirio de Esteban (6,8-12a; 7,57b-58a.59; 8,2); misión de Felipe en Samaría (8,5-13) y en la costa palestina (8,26-40); misión de los helenistas en Fenicia, Chipre y Antioquía (11,19-21). El autor de Hch dejó los tres primeros relatos en su secuencia original, pero retrasó el cuarto, que trata de la misión hasta Antioquía, para poder presentar antes la conversión y primera misión de Pablo y la misión de Pedro, dentro de la cual se incluye la conversión de gentiles. Este importantísimo ciclo de relatos tradicionales ofrece noticias claves sobre los orígenes cristianos, no coincidentes en muchas ocasiones con la imagen que presenta el autor de Hch.

1.1.1. Los siete dirigentes helenistas: 6,1-6

6 1 En esos días, al multiplicarse los discípulos,

surgió una protesta de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas

en el servicio diario[3] .

2 Convocando los doce a la multitud de los discípulos,

dijeron:

—No es conveniente que nosotros,

abandonando la palabra de Dios, sirvamos a las mesas[4] .

3 Escoged, pues, hermanos, de entre vosotros

a siete hombres acreditados, llenos de Espíritu y de sabiduría, a quienes encargaremos esa tarea.

4 Nosotros, en cambio, nos dedicaremos

a la oración y al servicio de la palabra.

5 Y agradó esa palabra a toda la multitud, y eligieron

a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía[5],

6 a quienes colocaron ante los apóstoles,

y estos, habiendo orado, les impusieron las manos[6].

a) El relato tradicional está muy elaborado por el autor de Hch. Con todo, la tradición aún se descubre detrás de las numerosas incongruencias del texto actual con respecto al contexto general del escrito. Estas son las más significativas:

(7)

1) La misma existencia de los dos grupos, de los hebreos, o cristianos judíos de origen palestino y de lengua aramea, y de los helenistas, o cristianos de origen judío helenístico y de habla griega, que aparecen de golpe por primera vez en el escrito, queda sin aclarar desde la narración anterior.

2) La causa de la tensión entre los dos grupos, la falta de atención a las viudas de los helenistas en el servicio caritativo diario, es también inexplicable desde la narración anterior sobre la comunión total dentro de la comunidad (sumarios de 2,42-47; 4,32-35; y 5,12-16). Es más, el mismo hecho de un servicio caritativo no cuadra en un grupo en el que hay comunión de bienes (2,44-45; 4,32.34-35).

3) La solución que se da a la tensión, nombrando a siete varones encargados del servicio caritativo, tampoco cuadra. Ya que el grupo designado no debería estar integrado exclusivamente por miembros helenistas, como de hecho parece ser, pues los nombres de todos ellos son griegos, sino que tendría que ser un grupo mixto, de miembros hebreos y helenistas, para poder garantizar la atención tanto a las viudas de los hebreos como a las de los helenistas.

4) Además, y aquí está el punto clave, los siete helenistas designados aparecen en la narración siguiente no como encargados del servicio caritativo, como quiere presentarlos el texto, sino como auténticos proclamadores o misioneros.

Esas incongruencias apuntan a una tradición sobre los helenistas que narraba algo muy distinto de la imagen típica que ofrece Hch. El autor del escrito intentó conjugarla con su propia visión sobre el cristianismo antiguo, pero las incongruencias reseñadas delatan el fracaso de su trabajo de sutura.

b) El relato tradicional hablaba, de seguro, de dos grupos cristianos bien diferenciados: los hebreos y los helenistas.

1) El origen de esos grupos tuvo que ser independiente. Tanto el uno como el otro tuvieron que fundarse, de seguro, en discípulos de Jesús de Nazaret.

2) Tenían también una organización independiente. Al frente de los hebreos estaba el equipo de los doce, que simbolizaba la esperanza en la restauración del Israel de las doce tribus. Al frente de los helenistas, en cambio, estaba el equipo de los siete, un equipo dirigente típico de una comunidad judía en el ámbito helenístico.

3) Los grupos tenían además, y esto es lo decisivo, una visión diferente de la época mesiánica inaugurada por el mesías Jesús. A diferencia de los hebreos, ligados a las prácticas del judaísmo, los helenistas proclamaban en Jesús la superación del culto del templo y de las prácticas del judaísmo (6,11-14), algo fundamental para su consiguiente apertura misional a los gentiles. Precisamente por esa razón los helenistas, y no los hebreos, fueron perseguidos y tuvieron que salir de Jerusalén.

(8)

4) Habría que señalar algo más aún. Conforme a su imagen unitaria sobre los orígenes cristianos, el autor de Hch habla de la existencia de cristianos en los comienzos exclusivamente en Jerusalén, pero desde los datos de la tradición antigua, reflejada en la tradición sinóptica, juánica y paulina, hay que localizar grupos cristianos en otras partes de Palestina, ante todo en Galilea y en las regiones del entorno[7]. Se impone, entonces, aceptar cristianos helenistas también fuera de Jerusalén, y especialmente en Galilea. Desde Galilea y las regiones de su entorno tuvo que producirse la expansión de esa corriente de los helenistas, que incluía también la misión abierta a los gentiles, en las regiones paganizadas de la Decápolis, de Fenicia y del sur de Siria, hasta alcanzar muy pronto la ciudad de Damasco, en donde, según el testimonio de las cartas de Pablo (Gal 1,13-14.23), se produjo un conflicto entre la colonia judía y la comunidad cristiana, similar al presentado por Hch para el ámbito de Jerusalén.

1.1.2. Misión de Esteban: 6,8-12a; 7,57b-58a.59; 8,2

[8]

6 8 Esteban, lleno de gracia y de poder,

hacía portentos y grandes signos en el pueblo.

9 Se levantaron algunos de la sinagoga

llamada de los Libertos, de los cirenenses y alejandrinos y de los de Cilicia y de Asia, discutiendo con Esteban[9]

,

10 y no podían oponerse a la sabiduría

y al Espíritu con que hablaba.

11 Entonces sobornaron a unos hombres que decían:

—Le hemos oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios[10]

.

12 Movieron al pueblo, a los mayores y a los letrados,

y presentándose lo agarraron y lo condujeron al sanedrín[11].

13 Y pusieron testigos falsos que decían:

—Este hombre no cesa de hablar palabras contra este lugar santo y contra la ley.

14 Pues le hemos oído decir

que ese Jesús, el nazareno, destruirá este lugar

y cambiará las costumbres que nos entregó Moisés[12] .

15 Y, fijando la mirada en él

todos los que estaban sentados en el sanedrín, vieron su rostro como el rostro de un ángel.

7 54 Al escuchar esto, se enfurecían en sus corazones y rechinaban los dientes contra él.

(9)

55 Y él, lleno del Espíritu santo,

al mirar al cielo vio la gloria de Dios

y a Jesús que estaba a la derecha de Dios, 56 y dijo: —He aquí que veo los cielos abiertos

y al hijo del hombre que está a la derecha de Dios[13].

57 Ellos, gritando con fuerte voz, taparon sus oídos

y a una se abalanzaron sobre él,

58 y, echándolo fuera de la ciudad, lo apedreaban.

Y los testigos pusieron sus mantos

a los pies de un joven que se llamaba Saulo[14].

59 Y apedreaban a Esteban, que invocaba y decía:

—Señor Jesús, recibe mi espíritu[15].

60 Y, puesto de rodillas, gritó con fuerte voz:

—Señor, no les imputes este pecado. Y, al decir esto, murió.

8 1 Saulo estaba de acuerdo con su eliminación[16]. Aquel día se produjo una gran persecución

contra la comunidad que estaba en Jerusalén, y todos se dispersaron

por las regiones de Judea y de Samaría, excepto los apóstoles[17]

.

2 Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban

e hicieron gran duelo por él.

3 Saulo devastaba a la comunidad entrando por las casas,

y, arrastrando a hombres y a mujeres, los entregaba a la cárcel[18]

.

a) Este relato trata de la persecución del grupo de los helenistas, narrando la misión y el martirio de Esteban, uno de los siete dirigentes del grupo. El relato tradicional hablaba de un linchamiento, y no de un proceso y una ejecución oficiales, ya que los judíos no tenían entonces el poder de ejecución de una sentencia capital. Fue el autor de Hch quien lo convirtió en un juicio y ejecución oficiales por parte del sanedrín jerosolimitano. La figura de Esteban se presenta como un proclamador, y no como un servidor de las mesas, o encargado del servicio caritativo; precisamente a causa de su proclamación entre los judíos helenistas de Jerusalén es martirizado. Aunque la redacción del autor de Hch en 8,1b-3 habla de una persecución generalizada, curiosamente se exceptúa de la dispersión forzada a los doce apóstoles, es decir, a los supuestos dirigentes de la comunidad. Esto es un claro signo de la labor de sutura del autor de Hch con respecto al ciclo tradicional de relatos, que hablaba de una dispersión solo de los helenistas (8,4ss y 11,19ss).

(10)

b) La noticia sobre la presencia de Saulo (Pablo) en 7,58b y en 8,1a no pertenecía a la tradición. Fue el autor de Hch el que introdujo ese personaje, pero solo como simple testigo: se trata, en efecto, de una figura estática, que está presente y aprueba, pero no actúa directamente. De ese modo, el autor de Hch ligaba la figura de Pablo a Jerusalén y a la comunidad cristiana de allí y preparaba, al mismo tiempo, el relato de 9,1-30. Se debe también al autor de Hch el alargamiento de la persecución, introduciendo ahora, de forma global y dramática, la persecución directa de Pablo a los cristianos de Jerusalén y de Judea (8,1.3; y 9,1-2.13-14.21; 22,4-5; 26,9-11). El dramatismo de la persecución corresponde a la imagen posterior del Pablo perseguidor; ese mismo tono aparece en la glosa de 1 Cor 15,9-10 y en 1 Tim 1,12-16. Las noticias de las cartas paulinas auténticas, en cambio, localizan la persecución de Pablo a la comunidad cristiana en Damasco, y no en Jerusalén y Palestina (Gal 1,13-17.22-24).

1.1.3. Misión de Felipe: 8,5-13.26-40

8 4 Los que se dispersaron pasaron anunciando la buena nueva de la palabra.

5 Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaría,

les proclamaba al mesías.

6 La gente atendía unánime a lo que decía Felipe,

al oír y ver los signos que hacía.

7 Pues de muchos que tenían espíritus impuros

les salían estos gritando con fuerte voz, y muchos paralíticos y cojos fueron sanados.

8 Y se produjo mucha alegría en aquella ciudad. 9 Estaba previamente en la ciudad

un varón de nombre Simón, que practicaba la magia

y que tenía fuera de sí al pueblo de Samaría, diciendo que él era alguien grande[19]

.

10 A ese prestaban atención todos,

desde el pequeño hasta el grande, diciendo: —Este es el Poder de Dios llamado Grande.

11 Le prestaban atención por haberlos tenido fuera de sí

durante mucho tiempo con sus artes mágicas.

12 Pero cuando creyeron a Felipe,

que anunciaba la buena nueva

del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, eran bautizados hombres y mujeres.

13 También el mismo Simón creyó,

(11)

estaba asiduamente con Felipe, y, viendo los signos

y las grandes obras poderosas efectuadas, estaba fuera de sí.

26 Un ángel del Señor habló a Felipe diciendo:

—Levántate y vete hacia el sur por el camino

que desciende de Jerusalén a Gaza, que está deshabitado.

27 Y levantándose fue.

Y he aquí que un varón etíope eunuco, un oficial de Candace, reina de los etíopes, que estaba al frente de todo su tesoro, había venido a adorar en Jerusalén[20],

28 y estaba regresando, sentado en su carro,

y leía al profeta Isaías.

29 Y el Espíritu dijo a Felipe:

—Acércate y júntate a ese carro.

30 Y, acercándose corriendo Felipe,

lo oyó leyendo al profeta Isaías, y dijo: —¿Acaso entiendes lo que lees?

31 Y él dijo:

—¿Pues cómo podría, a menos que alguien me guíe? Y pidió a Felipe que subiera y se sentara con él.

32 La sección de la escritura que leía era esta:

Como oveja a la matanza fue llevado,

y como cordero mudo ante el que lo esquila, así no abre su boca.

33 En su humillación le fue arrebatado su juicio.

Su descendencia ¿quién la contará?,

porque su vida es arrebatada de la tierra[21].

34 Respondiendo el eunuco a Felipe, dijo:

—Te ruego, ¿de quién dice esto el profeta?, ¿de sí mismo o de algún otro?

35 Y, abriendo Felipe su boca

y comenzando por esa escritura, le anunció la buena nueva de Jesús[22]

.

36 Mientras iban de camino, llegaron a donde había agua,

y dice el eunuco:

—Mira, agua. ¿Qué impide que sea bautizado[23]?

(12)

Y ambos descendieron al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó.

39 Cuando subieron del agua,

el Espíritu del Señor arrebató a Felipe.

Y el eunuco no lo vio más, y seguía alegre su camino.

40 Y Felipe se encontró en Azoto,

y pasaba anunciando la buena nueva

a todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea[24].

a) Se trata de dos narraciones sobre la misión de Felipe, uno de los siete dirigentes del grupo de los helenistas (6,5). La primera (8,5-13) presenta a Felipe misionando en

Samaría, una zona excluida de la misión de los cristianos hebreos, según la antigua

tradición de Mt 10,5b, pero compartida por la misión del grupo juánico, según la antigua tradición sobre la fundación de la comunidad de Sicar en Jn 4[25]. La tradición presenta también a Felipe en oposición a Simón Mago, fundándose probablemente en una tradición sobre ese personaje, para señalar así la superioridad del cristianismo sobre la magia; el mismo motivo aparece en las tradiciones sobre Pablo y Elimas en 13,6-12 y sobre los siete hijos de Escevas en 19,13-16. El autor de Hch completó la narración tradicional con el relato de 8,14-25 sobre la visita a Samaría de Pedro y Juan, para que los nuevos cristianos de Samaría recibieran el Espíritu por la imposición de manos de los apóstoles de Jerusalén. De eso modo, la comunidad de Samaría quedaba introducida dentro de la misión oficial, marcada por los doce apóstoles y por la comunidad de Jerusalén.

b) La segunda narración tradicional (8,26-40) presenta a Felipe misionando en la costa

palestina, una región muy helenizada y paganizada, incluyendo la conversión de un gentil

etíope. Es muy significativo ese dato de la conversión de un gentil por parte de Felipe, ya que no concuerda con el detenido relato de 10,1–11,18, que presenta a Pedro como el primero que acepta a gentiles dentro de la comunidad cristiana, hecho justificado después ante la comunidad de Jerusalén y ratificado por ella. Eso se debe, sin duda, al interés del autor de Hch de ofrecer una imagen de unidad en el cristianismo antiguo, bajo la dirección de los doce apóstoles, con Pedro como su representante, y de la comunidad de Jerusalén. Pero otra es la visión, más conforme con la realidad histórica, de las tradiciones sobre los helenistas, que hablan de la misión de estos fuera del ámbito judío, incluyendo a los herejes samaritanos y a los gentiles[26].

1.1.4. Misión hasta Antioquía: 11,19-21

11 19 Los dispersados, pues, por la tribulación sucedida a causa de Esteban

(13)

atravesaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, hablando la palabra solo a los judíos.

20 Pero había entre ellos algunos hombres

chipriotas y cirenenses, los cuales, al llegar a Antioquía, hablaban también a los griegos,

anunciando la buena nueva del Señor Jesús[27] .

21 Y la mano del Señor estaba con ellos,

y un gran número, que creyó, se convirtió al Señor.

Este relato concluía originalmente el ciclo tradicional de narraciones sobre los helenistas. El relato habla de la misión de los helenistas dispersos, con ocasión de la muerte de Esteban, en el mundo gentil de Fenicia, Chipre y Antioquía, culminando con la fundación de la importante comunidad cristiana de esa ciudad. Su descripción cuadra perfectamente con los relatos anteriores sobre los helenistas.

Pero hay que señalar que la indicación sobre la misión exclusiva a los judíos antes de llegar a Antioquía (v. 19b: hablando la palabra solo a los judíos) es incongruente dentro del relato y es históricamente inverosímil; además, queda sin aclarar el cambio de actitud de los helenistas al llegar a Antioquía, donde predican también a los gentiles (v. 20b). Se trata, entonces, de una nota del autor de Hch, para conjugar este relato sobre la misión de los helenistas con la narración de 10,1–11,18 sobre la misión de Pedro. El autor de Hch creaba así, artificialmente, un tiempo de misión exclusiva a los judíos por parte de los helenistas, antes de que fueran aceptados los primeros gentiles, los de la casa del centurión Cornelio, por parte de la misión oficial de Pedro y de la comunidad de Jerusalén.

(14)

1.2. Documento sobre la misión paulina

a) La tradición más larga y más importante que utilizó Hechos fue un documento sobre la misión de Pablo, que estaría en la base de la narración actual de 13,4–21,34. El documento tradicional contendría el marco o itinerario de los viajes narrados, con indicaciones sobre las estaciones, los anfitriones, el éxito misional y, en alguna ocasión, con algún relato sobre algún episodio particular, quedando excluidos los discursos y el relato de la asamblea de Jerusalén. Este sería el contenido de la fuente: misión desde Antioquía, junto con Bernabé, en Chipre y en las regiones del sur de Asia Menor, Panfilia, Pisidia y Licaonia (base de 13,4–14,28); abandono de Antioquía y paso por la regiones de Asia Menor (base de 15,36–16,10); misión en Europa: en Filipos (base de 16,11-40), en Tesalónica y en Berea, pasando antes por Anfípolis y Apolonia (base de 17,1-14), en Atenas (base de 17,15-34)y en Corinto (base de 18,1-18); misión en Éfeso y en las regiones de Asia Menor (base de 18,19–19,40); viaje de la colecta para la comunidad de Jerusalén (base de 20,1–21,34).

b) El documento es más detallado para el caso de la misión en Éfeso, señalando la existencia de una comunidad cristiana en esa ciudad antes de la llegada de Pablo (Apolo y los doce discípulos: núcleo de 18,24–19,7) y contando el tumulto producido allí (núcleo de 19,23-40). También es más explícito en la narración del viaje de la colecta para la comunidad de Jerusalén, indicando los nombres de los acompañantes de Pablo (20,4 y 21,29), las estaciones, el modo y la cronología del viaje (20,5-6.13-16; 21,1-4), los anfitriones, que son todos cristianos helenistas (en Cesarea, Felipe, uno de los siete dirigentes helenistas, junto con sus cuatro hijas profetisas: 21,8-9, y en la misma Jerusalén, Mnasón, natural de Chipre: 21,16), además del detalle sobre el profeta Ágabo (21,10-14). Eso apunta a que el documento se debía, probablemente, a la escuela paulina de Éfeso, después de la muerte de Pablo, a la que pertenecería alguno de los acompañantes de Pablo en el viaje de la colecta para Jerusalén (20,4; 21,29). Quizá el núcleo original del documento fue precisamente el diario oficial de ese viaje de la colecta. Y ese núcleo se habría alargado más tarde con noticias sobre algunos de los viajes misionales anteriores de Pablo. El autor de Hch, que escribió su obra probablemente en Éfeso, conocería el documento como una tradición de su propia comunidad.

c) El escrito tradicional conserva solo algunas noticias sobre parte de la misión de Pablo. Pero se trata de un documento clave para la reconstrucción de la misión paulina, ya que a él se deben importantes datos sobre ella. Sintomáticamente, utilizaba el nombre helenista de Pablo, que es también el que aparece en las cartas paulinas. Así se explica el cambio curioso en Hch de Saulo (textos anteriores al documento) a Pablo (textos fundados en el documento). Con la indicación Saulo, llamado también Pablo, al comienzo del uso del documento (13,9), el autor de Hch intenta explicar el dato.

(15)
(16)

C

APÍTULO

2:

(17)

L

2.1. Narraciones cortas

as narraciones tradicionales cortas son también fundamentales para la comprensión del libro de Hechos. Algunas de ellas dan una información preciosa sobre los orígenes cristianos, pero frecuentemente, como sucedía también con las tradiciones más amplias, sus noticias no coinciden con la imagen histórica que el autor de Hch presenta.

2.1.1. Final de Judas: 1,18-19

1 18 Él, pues, adquirió un campo con una paga injusta, y, cayendo de cabeza, reventó por medio,

y se derramaron todas sus entrañas[28] .

19 Y eso fue conocido

por todos los habitantes de Jerusalén, de modo que aquel campo fue llamado

en su propia lengua Acéldama, esto es, Campo de sangre.

Relato tradicional sobre el destino trágico de Judas, el traidor. La literatura cristiana antigua conserva tres versiones de él, que permiten descubrir la variedad en la transmisión popular. Esta de Hch y la de Mt 27,3-8 giran en torno a un lugar en los alrededores de Jerusalén, cuyo nombre Campo de sangre se explica de diferente modo. La versión que aparece en un fragmento conservado de Papías, obispo de Hierápolis en la primera mitad del siglo II, es muy diferente y de tono mucho más infamante. Lo que testifican las tres versiones, en todo caso, es el interés por denigrar la figura del traidor.

2.1.2. Elección de Matías: 1,23-26

1 23 Y propusieron a dos:

a José llamado Barsabás, apodado Justo, y a Matías.

24 Y orando dijeron:

—Tú, Señor, conocedor del corazón de todos, muestra a cuál de estos dos elegiste

25 para tomar el lugar de este servicio y misión,

del que Judas se extravió para ir a su propio lugar.

26 Y echaron suertes sobre ellos,

y la suerte cayó sobre Matías.

Y fue contado con los once apóstoles[29].

Detrás de la narración actual, obra del autor de Hch, está, probablemente, el núcleo de un relato tradicional de tipo etiológico, o justificativo, sobre la configuración del equipo de los doce, después del abandono de Judas.

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2.1.3. La glosolalia: 2,1-13

2 1 Y, al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar.

2 Y de repente se produjo desde el cielo un sonido

como de un viento violento que irrumpía, y llenó toda la casa donde estaban asentados.

3 Y aparecieron unas lenguas como de fuego

que se distribuían entre ellos,

y se posaron sobre cada uno de ellos.

4 Y todos fueron llenos de Espíritu santo,

y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía declarar[30].

5 Estaban habitando en Jerusalén judíos,

hombres piadosos de todos los pueblos de debajo del cielo.

6 Y, al producirse ese sonido,

se reunió la multitud y se extrañó,

porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.

7 Y estaban atónitos y admirados, diciendo:

—Mirad, ¿no son todos estos que hablan galileos?

8 Y ¿cómo cada uno de nosotros los oímos

en nuestro propio idioma, en el que nacimos?

9 Partos, medos y elamitas,

y los habitantes de Mesopotamia,

Judea y Capadocia, Ponto y Asia, 10 Frigia y Panfilia, Egipto y las regiones de Libia junto a Cirene,

forasteros romanos, judíos y prosélitos,

11 cretenses y árabes,

les oímos hablar en nuestras lenguas las grandes acciones de Dios[31].

12 Y todos estaban atónitos y perplejos,

diciendo uno al otro: —¿Qué significa esto?

13 Pero otros, burlándose, decían:

—Están llenos de mosto[32].

En la base de la narración actual está, probablemente, una tradición general muy elaborada por el autor de Hch. La tradición original trataría de la irrupción del Espíritu

(19)

sobre un grupo cristiano reunido en asamblea, cuya manifestación habría sido el don carismático de la glosolalia, o el lenguaje ininteligible en lenguas misteriosas de la oración extática. El autor de Hch habría transformado ese hablar carismático en una proclamación misional en los idiomas de todos los pueblos de la tierra, sirviéndole así para presentar la primera proclamación cristiana, la programática de toda la misión siguiente. Así, el Espíritu que se recibe ya no es la potencia de los dones carismáticos, sino la potencia que efectúa la misión oficial, como señalaba ya 1,4-8.

Habría sido también el autor de Hch el que habría localizado el relato en Jerusalén durante la fiesta de Pentecostés. Después del tiempo especial de los cuarenta días, en el que los doce (once) apóstoles habían recibido la enseñanza de Jesús que los equipaba como auténticos testigos, la inmediata fiesta de Pentecostés, a los diez días de la ascensión y a los cincuenta de la fiesta de Pascua y en la que se congregaban judíos de todas partes, le servía estupendamente al autor de Hch como ocasión para presentar el inicio de la misión cristiana en Jerusalén, y concretamente, en una dimensión universal, dirigida a todos los pueblos.

Es posible incluso que el autor de Hch se fundara para ello en una tradición judía que interpretaba la fiesta de Pentecostés como la conmemoración de la revelación de Dios en el monte Sinaí, expresada en todas las lenguas del mundo, aunque habiendo sido acogida solo por el pueblo de Israel. Desde esa tradición se explicarían mejor tanto la conjunción de los diversos motivos, típicos de la revelación del Sinaí, como la elección de esa fiesta por parte del autor de Hch, para presentar la revelación de la misión cristiana en las lenguas de todos los pueblos.

2.1.4. Donativo de José Bernabé: 4,36-37

4 36 José, que era llamado por los apóstoles Bernabé, que significa Hijo del consuelo,

levita y chipriota de origen[33] ,

37 vendiendo un campo que tenía,

trajo el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles.

a) Este relato, sobre la venta de un campo por parte de José Bernabé, y el siguiente, sobre el engaño y castigo de Ananías y su mujer (5,1-11), tratan el tema de la comunión

de bienes en la comunidad de Jerusalén. En la base de los dos relatos están dos

tradiciones, que el autor de Hch habría utilizado como ejemplos para la declaración general que hace en el sumario de 4,32-35.

Pero el caso es que esos dos relatos tradicionales no cuadran con la imagen sobre la comunión de bienes que el autor de Hch presenta en ese sumario y en el de 2,44-45. 1) No cuadra ya la misma existencia de esos relatos tradicionales, porque narran hechos extraordinarios, que, dentro de una comunión de bienes, deberían ser normales y ordinarios. 2) Además, esos relatos tradicionales no hablan de una comunión de todos los

(20)

bienes, sino solo de la venta de alguna propiedad y de la entrega de su precio a la comunidad. 3) Es más, el texto de 5,4 afirma expresamente el mantenimiento ordinario de las propiedades y del dinero originado por su venta.

Da la impresión, más bien, de que el autor de Hch quiso generalizar el dato de esos relatos tradicionales, sin darse cuenta de que eso implicaba una contradicción. Lo que intentaba era presentar una imagen ideal de la comunidad cristiana de los orígenes. Contaba, sin duda, con el modelo del mito, extendido en el mundo helenístico, sobre la humanidad una de la época primigenia. Lo que el autor de Hch quería expresar, entonces, es que la utopía de ese mito de los orígenes se había realizado en la comunidad primigenia cristiana, como un símbolo de la nueva humanidad surgida en la época mesiánica.

b) La noticia sobre José Bernabé como un judío helenista (4,36) apunta, probablemente, al origen del relato tradicional en los grupos cristianos helenísticos. La fijación en la comunidad de Jerusalén se debería al mismo autor de Hch, ya que, según él, el movimiento cristiano antiguo se daba únicamente en Jerusalén. Según los testimonios antiguos, consignados en las cartas auténticas de Pablo y en las tradiciones utilizadas por Hch, Bernabé desempeñó un papel muy importante en la comunidad helenística de Antioquía, probablemente ya desde los orígenes de ella.

2.1.5. Engaño y castigo de Ananías y Safira: 5,1-11

5 1 Pero cierto varón de nombre Ananías,

junto con Safira, su mujer, vendió una propiedad,

2 y sustrajo del precio, sabiéndolo también la mujer,

y, trayendo una parte, la puso a los pies de los apóstoles.

3 Pedro dijo:

—Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón, para mentir al Espíritu santo

y sustraer del precio del campo?

4 ¿No estaba a tu disposición conservarlo?,

y, después de vendido, ¿no estaba bajo tu potestad? ¿Por qué planeaste en tu corazón esta acción? No mentiste a hombres, sino a Dios[34].

5 Al oír Ananías estas palabras, cayendo expiró.

Y se produjo un gran temor en todos los que lo oían.

6 Y, levantándose los más jóvenes, lo envolvieron,

y, sacándolo, lo sepultaron.

7 Se produjo un intervalo de unas tres horas,

(21)

8 Y Pedro le dijo:

—Dime si en tanto entregasteis el campo. Y ella dijo:

—Sí, en tanto.

9 Y Pedro, a ella:

—¿Por qué acordasteis tentar al Espíritu del Señor? Mira, los pies de los que sepultaron a tu marido están a la puerta, y te sacarán a ti.

10 E inmediatamente cayó a sus pies, y expiró.

Al entrar los jóvenes, la encontraron muerta, y sacándola la sepultaron junto a su marido.

11 Y se produjo un gran temor en la comunidad entera

y en todos los que oían estas cosas.

Al igual que el relato anterior, sobre José Bernabé, este narra un caso especial de donativo a la comunidad. Pero, a diferencia del anterior, su centro de interés es el castigo del engaño hecho a la comunidad, que equivale a un engaño al Espíritu santo. El relato original, probablemente, solo trataría del engaño y castigo de Ananías (5,1-6), aunque en él se hacía referencia también a su mujer Safira (v. 1). Esa referencia habría servido para alargar posteriormente el relato con la narración paralela sobre el engaño y castigo de la mujer de Ananías (5,7-11).

2.1.6. Conversión de Saulo en Damasco: 9,3b-19a

9 1 Saulo, respirando aún amenaza y asesinato contra los discípulos del Señor,

presentándose al sumo sacerdote,

2 le pidió cartas para Damasco, para las sinagogas,

a fin de que, si encontraba

a algunos pertenecientes al camino, tanto hombres como mujeres, los llevara presos a Jerusalén[36]

.

3 Mientras iba, sucedió que se acercaba a Damasco,

y de repente lo rodeó de resplandor una luz desde el cielo.

4 Y, cayendo a tierra, oyó una voz que le decía:

—Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

5 Y dijo:

—¿Quién eres, Señor? Y él:

(22)

6 Pero levántate y entra en la ciudad,

y se te dirá lo que tienes que hacer.

7 Los hombres que caminaban con él

habían quedado de pie mudos,

oyendo ciertamente la voz, pero no viendo a nadie[37].

8 Saulo se levantó del suelo,

y, estando abiertos sus ojos, no veía nada; pero, guiándolo de la mano,

lo introdujeron en Damasco.

9 Y estuvo sin ver tres días, y no comió ni bebió[38].

10 Había un discípulo en Damasco de nombre Ananías,

y le dijo en una visión el Señor: —Ananías.

Y él dijo:

—Heme aquí, Señor.

11 Y el Señor, a él:

—Levántate y vete a la calle llamada Recta

y busca en casa de Judas a un tarsense de nombre Saulo. Pues he aquí que está orando

12 y vio en una visión a un varón de nombre Ananías

que entraba y le imponía las manos, para ver de nuevo.

13 Pero Ananías respondió:

—Señor, oí a muchos acerca de ese hombre: cuánto mal hizo a tus santos en Jerusalén.

14 También aquí tiene autoridad

de parte de los sacerdotes jefes

para prender a todos los que invocan tu nombre.

15 Pero el Señor le dijo:

—Vete, porque ese me es un instrumento elegido, para llevar mi nombre ante naciones y reyes y ante los hijos de Israel.

16 Pues yo le mostraré

cuánto tiene que padecer por mi nombre.

17 Ananías fue y entró en la casa,

e imponiéndole las manos, dijo:

—Saulo, hermano, el Señor me ha enviado, Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías,

a fin de que veas de nuevo y seas lleno del Espíritu santo.

18 E inmediatamente se le cayeron de los ojos

(23)

y levantándose fue bautizado.

19 Y, tomando alimento, se fortaleció.

a) En la base de este relato está una tradición sobre la conversión de Saulo (Pablo) al movimiento cristiano. Esa misma tradición se utiliza en los discursos puestos en boca de Pablo en 22,3-21 y 26,9-18, pero en esos textos se comenta y alarga con nuevos motivos. La tradición original hablaba, de seguro, de una aparición del Señor en Damasco, donde Pablo habitaba y donde, como miembro destacado de la colonia judía local, perseguía a la comunidad cristiana de esa ciudad.

Ya es significativo, en primer lugar, el mismo hecho de que surgiera un relato que

escenificara la aparición del Señor resucitado a Pablo. Nos encontramos con un

fenómeno paralelo al de los relatos evangélicos de apariciones del resucitado. En el estadio antiguo de la tradición, se hablaba escuetamente de la revelación del Señor resucitado-exaltado, pero sin escenificarla. Solo en un estadio posterior surgieron los relatos que escenificaban esa revelación. Fue así como surgieron los relatos evangélicos de apariciones en Mt, Lc, Jn y en el apéndice de Mc 16,9-20, y fue así también como surgió el relato tradicional en la base de Hch 9,3b-19a, para el caso de la revelación a Pablo. El módulo general de la escenificación se funda en el género literario de la aparición de un ser del ámbito celeste. Pero los detalles y las palabras concretas del aparecido varían, según los intereses de cada relato.

b) El crecimiento del relato se nota en el trabajo del mismo autor de Hch, al comparar el relato de 9,1-19a con los relatos paralelos en los discursos de 22,3-21 y 26,9-18, ya que introduce variaciones y diferencias en los detalles. Además, fija la narración tradicional dentro del contexto de su obra, que supone una estancia de Pablo en Jerusalén y una persecución anterior suya en Jerusalén y en Palestina. A la ligazón con ese contexto se deben los motivos de la carta del sumo sacerdote, del viaje a Damasco y de la localización de la aparición durante ese viaje (9,1-3a).

2.1.7. Misión de Pedro: 9,32–10,48

9 32 Sucedió que Pedro, pasando por todas partes, bajó también hacia los santos que habitaban en Lida[39].

33 Encontró allí a un hombre de nombre Eneas,

que era paralítico y estaba tumbado en una camilla desde hacía ocho años. 34 Y Pedro le dijo:

—Eneas, Jesucristo te sana. Levántate y prepárate la cama. E inmediatamente se levantó.

(24)

en Lida y en el Sarón,

quienes se convirtieron al Señor[40] .

36 En Jope había una discípula de nombre Tabita,

que traducido se dice Gacela. Ella estaba llena de buenas obras y de limosnas que hacía.

37 Sucedió en aquellos días

que, habiendo enfermado, murió.

Y, habiéndola lavado, la pusieron en la sala superior.

38 Al estar Lida cerca de Jope, los discípulos,

al oír que Pedro estaba en ella, le enviaron dos hombres rogándole: —No tardes en pasar hasta nosotros[41].

39 Y, levantándose Pedro, se fue con ellos.

Al llegar, lo subieron a la sala superior, y se le acercaron todas las viudas llorando y mostrando túnicas y mantos

que Gacela hacía estando con ellas.

40 Pedro, echando fuera a todos y puesto de rodillas, oró,

y vuelto hacia el cuerpo, dijo: —¡Tabita, levántate!

Ella abrió sus ojos, y, al ver a Pedro, se sentó,

41 y él, dándole una mano, la levantó.

Y, llamando a todos los santos y a las viudas, se la presentó viva.

42 Eso fue conocido por toda Jope,

y muchos creyeron en el Señor.

43 Y sucedió que permaneció bastantes días en Jope,

en casa de un tal Simón, curtidor.

10 1 Un hombre en Cesarea, de nombre Cornelio, centurión de la cohorte llamada Itálica[42],

2 piadoso y respetuoso de Dios, junto con toda su casa,

que hacía muchas limosnas al pueblo y oraba a Dios constantemente[43],

3 vio claramente en una visión,

como hacia la hora novena del día,

a un ángel de Dios que entraba hacia él y le decía: —Cornelio[44].

(25)

—¿Qué es, Señor? Y le dijo:

—Tus oraciones y tus limosnas subieron como memorial ante Dios.

5 Y ahora envía hombres a Jope

y manda llamar a un cierto Simón, que es apodado Pedro.

6 Él se hospeda en casa de un tal Simón, curtidor,

que tiene la casa junto al mar.

7 Cuando se marchó el ángel que le hablaba,

llamando a dos de los criados

y a un soldado piadoso de los que le atendían

8 y explicándoles todo, los envió a Jope.

9 Al día siguiente, mientras aquellos estaban de camino

y se acercaban a la ciudad,

subió Pedro a la azotea para orar, hacia la hora sexta[45] .

10 Sintió hambre y deseaba comer.

Y, mientras preparaban algo, cayó en éxtasis,

11 y ve el cielo abierto y un objeto que descendía,

como un gran lienzo que era bajado a la tierra por los cuatro extremos,

12 en el cual había toda clase de cuadrúpedos,

de reptiles de la tierra y de pájaros del cielo.

13 Y una voz se dirigió a él:

—Levántate, Pedro: mata y come.

14 Pero Pedro dijo:

—De ningún modo, Señor.

Porque nunca comí nada profano e impuro.

15 Y la voz se dirigió de nuevo a él, por segunda vez:

—Lo que Dios purificó, no lo hagas tú profano.

16 Y esto sucedió tres veces,

y enseguida el objeto fue elevado al cielo[46].

17 Y, mientras Pedro estaba perplejo pensando para sí

qué significaría la visión que había visto,

he aquí que los hombres enviados por Cornelio, habiendo preguntado por la casa de Simón, llegaron a la puerta, 18 y llamando preguntaban si Simón, apodado Pedro, se hospedaba allí.

19 Mientras Pedro meditaba sobre la visión,

le dijo el Espíritu:

(26)

20 Levántate, pues, baja y vete con ellos sin dudar,

porque yo los he enviado.

21 Y, descendiendo Pedro hacia los hombres, les dijo:

—Mirad, yo soy el que buscáis.

¿Cuál es la razón por la que estáis aquí?

22 Y ellos dijeron:

—El centurión Cornelio, hombre justo y respetuoso de Dios y testificado por todo el pueblo de los judíos,

fue instruido por un ángel santo

para enviar por ti a su casa y escuchar tus palabras.

23 Invitándolos, pues, a entrar, los hospedó.

Y al día siguiente, levantándose salió con ellos, y algunos de los hermanos de Jope fueron con él.

24 Al día siguiente, entró en Cesarea.

Cornelio los estaba aguardando, habiendo convocado a sus parientes y a los amigos más cercanos.

25 Al entrar Pedro, saliendo a su encuentro Cornelio,

lo veneró cayendo a sus pies.

26 Pero Pedro lo levantó diciendo:

—Levántate. También yo soy un hombre.

27 Y, hablando con él, entró,

y encuentra a muchos reunidos, 28 y les dijo:

—Vosotros sabéis cuán ilícito es a un hombre judío juntarse o acercarse a un extranjero.

Pero Dios me ha mostrado no llamar profano o impuro a ningún hombre.

29 Por eso precisamente, vine sin objeciones

al ser mandado llamar.

Así pues, pregunto por qué razón me mandasteis llamar.

30 Y Cornelio dijo:

—Hace cuatro días, hacia esta hora,

estaba yo haciendo la oración de nona en mi casa, y he aquí que un hombre con vestido resplandeciente se presentó ante mí, 31 y dijo:

«Cornelio, tu oración ha sido oída

y tus limosnas han sido recordadas ante Dios.

32 Envía, pues, a Jope

y llama a Simón, que es apodado Pedro. Él está hospedado en casa de Simón, curtidor, junto al mar».

(27)

33 Inmediatamente, pues, envié a por ti,

y tú has hecho bien en venir.

Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí ante Dios, para escuchar todo lo que el Señor te ha encargado.

34 Y, abriendo la boca Pedro, dijo:

—En verdad, comprendo

que Dios no hace acepción de personas[47] ,

35 sino que en toda nación le es aceptable

el que lo respeta y obra la justicia.

36 Envió la palabra a los hijos de Israel,

anunciando la buena nueva de la paz por medio de Jesucristo.

Este es Señor de todos.

37 Vosotros sabéis lo sucedido por toda Judea,

comenzando desde Galilea,

después del bautismo que proclamó Juan[48] :

38 lo referente a Jesús de Nazaret,

cómo Dios lo ungió con Espíritu santo y poder, el cual pasó haciendo el bien

y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

39 Y nosotros somos testigos de todo lo que hizo

en la región de los judíos y en Jerusalén.

A él precisamente eliminaron colgándolo de un madero.

40 A ese lo resucitó Dios al tercer día

y le concedió manifestarse[49], 41 no a todo el pueblo, sino a los testigos escogidos de antemano por Dios, a nosotros, que comimos y bebimos con él

después de resucitar desde los muertos.

42 Y nos mandó proclamar al pueblo y testificar

que él es el designado por Dios como juez de vivos y de muertos.

43 Sobre ese testifican todos los profetas

que el que cree en él

recibe el perdón de los pecados por su nombre.

44 Mientras aún hablaba Pedro estas palabras,

cayó el Espíritu santo sobre todos los que oían la palabra.

45 Y los creyentes de la circuncisión,

cuantos vinieron con Pedro,

(28)

se hubiera vertido el don del Espíritu santo.

46 Pues los oían hablar en lenguas y engrandecer a Dios[50].

47 Entonces respondió Pedro:

—¿Acaso puede alguien negar el agua, para que no sean bautizados estos,

que recibieron el Espíritu santo, como nosotros?

48 Y ordenó que fueran bautizados

en el nombre de Jesucristo.

Entonces, le rogaron que permaneciera algunos días.

Esta narración es un ciclo unitario de tres relatos sobre la misión de Pedro en la costa palestina: misión en Lida, centrada en la curación de Eneas (9,32-35); misión en Jope, centrada en la resurrección de Tabita (9,36-43); y misión en Cesarea, centrada en la conversión de la casa de Cornelio (10,1-33.44-48).

Este último relato tradicional está desarrollado grandemente por el autor de Hch, creando la amplia e importantísima narración de 10,1–11,18, en la que se justifica la misión a los gentiles. Según la visión del autor de Hch, se trata de un acontecimiento decisivo en la historia del cristianismo, ya que con él se pasa desde la misión exclusiva a los judíos a la misión a los gentiles, y así se presenta en la discusión y aprobación por parte de la comunidad jerosolimitana en 11,1-18 y en la referencia a él en la asamblea de Jerusalén en 15,7-9.14. Pero eso no está en conformidad con el ciclo de relatos sobre los helenistas, que presentaba ya una misión temprana a los gentiles por parte esos misioneros cristianos[51].

2.1.8. Muerte de Santiago: 12,1-2

12 1 Por aquel tiempo, el rey Herodes arrestó a algunos de la comunidad, para maltratarlos[52].

2 Eliminó por la espada a Santiago, el hermano de Juan.

Detrás del texto está una anécdota tradicional sobre la muerte de Santiago. Guarda, sin duda, un recuerdo histórico sobre el martirio temprano de ese hijo de Zebedeo, al que pronto siguió el de su hermano Juan, según da a entender la tradición de Mc 10,35-40, que supone ya la muerte violenta de esos dos hermanos.

2.1.9. Muerte de Herodes Agripa I: 12,19b-23

12 19 Y, descendiendo de Judea a Cesarea, permanecía allí.

20 Estaba furioso contra los de Tiro y los de Sidón.

Y de común acuerdo se presentaron ante él, y, convenciendo a Blasto, el camarero del rey,

(29)

pedían la paz,

porque su región era abastecida por la del rey.

21 Un día señalado, Herodes, vestido con vestidura regia

y sentado en el tribunal, les daba un discurso.

22 Y el pueblo gritaba:

—¡Voz de un dios, y no de un hombre!

23 De repente lo hirió un ángel del Señor,

por cuanto no dio la gloria a Dios. Y expiró comido de gusanos.

El texto se funda, probablemente, en un relato tradicional sobre la muerte de Herodes Agripa I, con un tono polémico contra ese perseguidor de la comunidad cristiana, interpretando el hecho histórico de su muerte rápida e infamante como un castigo divino. Curiosamente, el detenido relato de Josefo (Antigüedades 19,343-350) coincide en varios aspectos con la narración de Hch.

2.1.10. Pablo y Elimas: 13,6b-12

12 6 Atravesando toda la isla hasta Pafos, encontraron a un cierto hombre mago, un falso profeta judío, de nombre Barjesús,

7 que estaba con el procónsul Sergio Pablo,

un hombre inteligente.

Este, llamando a Bernabé y a Saulo, buscó oír la palabra de Dios[53]

.

8 Pero se les oponía Elimas, el mago

–pues así se interpreta su nombre–,

intentando apartar de la fe al procónsul[54].

9 Pero Saulo, llamado también Pablo,

lleno del Espíritu santo, mirándolo[55], 10 dijo: —Lleno de todo engaño y de toda malicia, hijo del diablo, enemigo de toda justicia,

¿no cesarás de distorsionar los rectos caminos del Señor?

11 Y ahora, he aquí que la mano del Señor está sobre ti,

y estarás ciego, sin ver el sol por un tiempo. Y de repente cayó sobre él oscuridad y tiniebla, y, yendo de una parte a otra,

buscaba a unos que lo guiaran de la mano.

12 Entonces, el procónsul, al ver lo sucedido,

(30)

Este relato anecdótico es muy semejante, en cuanto al tema, al de 19,13-16, sobre los siete exorcistas judíos, hijos de Escevas. Los dos tienen el interés etiológico de justificar la superioridad del cristianismo sobre la magia, un motivo que ya aparecía en 8,9-13, al presentar la superioridad de Felipe con respecto a Simón Mago. Son semejantes a los relatos de milagros del tipo de las demostraciones. No es fácil precisar si estos relatos anecdóticos pertenecían al documento tradicional sobre la misión de Pablo o si se trataba de tradiciones independientes.

2.1.11. Asamblea de Jerusalén: 15,1-33

15 1 Y, bajando algunos desde Judea, enseñaban a los hermanos:

—Si no os circuncidáis según la costumbre de Moisés, no podéis salvaros.

2 Al producirse una contienda y discusión no pequeña

por parte de Pablo y Bernabé con ellos,

los hermanos determinaron que Pablo y Bernabé y algunos otros de ellos subieran a Jerusalén,

a los apóstoles y mayores, en referencia a esa cuestión[57].

3 Los enviados por la comunidad, pues,

atravesaron Fenicia y Samaría,

contando la conversión de los gentiles,

y causaban gran alegría a todos los hermanos.

4 Y, al llegar a Jerusalén, fueron recibidos

por la comunidad y los apóstoles y los mayores, y contaron cuántas cosas había hecho Dios con ellos.

5 Pero algunos de la secta de los fariseos

que habían creído se levantaron diciendo: —Es necesario circuncidarlos

y mandarles guardar la ley de Moisés[58].

6 Se reunieron entonces los apóstoles y los mayores

para ver acerca de ese asunto.

7 Y, al surgir mucha discusión,

levantándose Pedro, les dijo:

—Hermanos, vosotros sabéis que desde los primeros días Dios determinó entre vosotros

que los gentiles escucharan por mi boca la palabra del evangelio y creyeran[59].

8 Y Dios, el conocedor de los corazones,

dio testimonio dándoles el Espíritu santo como a nosotros,

(31)

9 y en nada hizo distinción entre nosotros y ellos,

purificando por la fe sus corazones.

10 Ahora pues, ¿por qué ponéis a prueba a Dios,

al colocar sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos llevar?

11 Creemos, más bien, salvarnos

por la gracia del Señor Jesús, del mismo modo que ellos.

12 Toda la multitud se calló,

y escuchaban a Bernabé y a Pablo

contar cuántos signos y prodigios había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles.

13 Después de callarse ellos, respondió Santiago diciendo:

—Hermanos, escuchadme.

14 Simeón contó cómo Dios por primera vez procuró

tomar de entre los gentiles un pueblo para su nombre[60] .

15 Con eso concuerdan las palabras de los profetas,

como está escrito:

16 Después de esto volveré

y reconstruiré la tienda caída de David, y reconstruiré lo que está destruido de ella, y la restauraré.

17 Para que el resto de los hombres busque al Señor

y todas las naciones

sobre quienes ha sido invocado mi nombre, dice el Señor, que hace estas cosas,

18 conocidas desde antiguo[61].

19 Por lo cual, yo juzgo que no hay que molestar

a los gentiles que se convierten a Dios,

20 sino escribirles por carta que se alejen

de las contaminaciones de los ídolos, de la inmoralidad, de lo estrangulado y de la sangre.

21 Pues desde generaciones antiguas

Moisés tiene en cada ciudad quienes lo proclaman, siendo leído cada sábado en las sinagogas[62].

22 Entonces pareció bien a los apóstoles y a los mayores,

junto con toda la comunidad, enviar a Antioquía,

con Pablo y Bernabé, a hombres elegidos de entre ellos: a Judas, llamado Barsabás, y a Silas,

(32)

23 escribiéndoles por medio de ellos:

«Los hermanos apóstoles y los mayores saludan a los hermanos de entre los gentiles en Antioquía, Siria y Cilicia[64].

24 Puesto que hemos oído

que algunos salidos de entre nosotros, a quienes no dimos instrucciones, os turbaron con palabras,

inquietando vuestros ánimos,

25 nos ha parecido bien, de común acuerdo,

elegir unos hombres y enviarlos a vosotros con nuestros queridos Bernabé y Pablo,

26 hombres que han entregado sus vidas

en favor del nombre de nuestro Señor Jesucristo.

27 Hemos enviado, pues, a Judas y a Silas,

que también anunciarán de palabra estas mismas cosas.

28 Pues le ha parecido bien al Espíritu santo y a nosotros

no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias:

29 abstenerse de lo sacrificado a los ídolos,

de la sangre, de lo estrangulado y de la inmoralidad. Haréis bien guardándoos de esas cosas.

Que os vaya bien».

30 Despedidos, pues, ellos descendieron a Antioquía,

y, reuniendo a la multitud, entregaron la carta.

31 Y, al leerla, se alegraron de la exhortación.

32 Entonces Judas y Silas, siendo también ellos profetas,

exhortaron a los hermanos con muchas palabras y los fortalecieron.

33 Y, pasado un tiempo, fueron despedidos en paz

por los hermanos hacia los que los habían enviado[65].

a) En la base del relato sobre la asamblea de Jerusalén está una tradición muy elaborada por el autor de Hch. El relato actual coincide en muchos datos con el paralelo paulino de Gal 2,1-10, ofreciendo además algunos detalles importantes sobre la ocasión de la asamblea y sobre la delegación de la comunidad de Antioquía enviada a ella (15,1-5). Pero, según el testimonio del texto paulino, la discusión en la asamblea fue mucho más tensa que lo que indica el relato de Hch. Tampoco el acuerdo conseguido en ella fue el que señala Hch. Ni tampoco el resultado de ella significó el final de la discusión del tema,

(33)

como muestra claramente el conflicto posterior en Antioquía (Gal 2,11-14) y la crisis gálata, que ocasionó la carta a los gálatas.

b) El texto de 15,23-29 se funda en una tradición que intentaba regular la convivencia entre los miembros de origen judío y los de origen gentil dentro de las comunidades cristianas mixtas. Se exige a los miembros de origen gentil lo que se exige a los extranjeros gentiles que quieren convivir con los judíos: la pureza de alimentos (tres prescripciones) y de uniones matrimoniales (una prescripción). El autor de Hch coloca la tradición en la asamblea de Jerusalén, como el acuerdo fundamental de ella, a iniciativa de Santiago; a ella se hace referencia después en 16,4 y 21,25. Pero realmente no pudo pertenecer a ese lugar, ya que lo excluye el informe paulino de Gal 2,6-10.

Según la información de Gal 2,11-14, el lugar de origen de ese famoso decreto de Hch hay que fijarlo, probablemente, en el conflicto de Antioquía, ocurrido poco tiempo después de la asamblea de Jerusalén. Se trataría del documento traído a Antioquía por una delegación oficial de la comunidad de Jerusalén, enviada por Santiago, e impuesto a las comunidades mixtas de Antioquía y de su entorno (v. 23: Antioquía, Siria y Cilicia), con vistas a poder realizar la colecta acordada en la asamblea de Jerusalén (Gal 2,10). La comunidad de Jerusalén intentaba así convertir en pura la colecta de esas comunidades: ya no se trataría de una ofrenda de judíos apóstatas y de gentiles pecadores. Eso fue lo que provocó el conflicto de Pablo con Pedro y la parte judeocristiana de la comunidad antioquena, incluido Bernabé, que por temor e hipocresía aceptaron el compromiso del decreto jerosolimitano, en contra del parecer de Pablo, según declara Gal 2,11-14. A Pablo no le quedó entonces otra salida que desligarse de la comunidad de Antioquía, e iniciar su propia misión autónoma.

2.1.12. Los siete hijos de Escevas: 19,13-16

19 13 También algunos de los judíos exorcistas itinerantes intentaron nombrar el nombre del Señor Jesús

sobre los que tenían los espíritus malos, diciendo: —Os conjuro por el Jesús que Pablo proclama.

14 Hacían eso siete hijos de un tal Escevas,

sacerdote jefe judío.

15 Pero, replicando el espíritu malo, les dijo:

—A Jesús, ciertamente, lo conozco, y sé de Pablo, pero vosotros, ¿quiénes sois?

16 Y el hombre en el que estaba el espíritu malo,

lanzándose sobre ellos, se apoderó de ellos dominando a todos,

(34)

huyeron de aquella casa.

Este relato y el de 13,6b-12, sobre Pablo y el mago Elimas, tienen el interés etiológico de justificar la superioridad del cristianismo sobre la magia, un motivo que ya aparecía en 8,9-13, al presentar la superioridad de Felipe sobre Simón Mago. Tampoco en este caso es fácil decidir si el relato pertenecía al documento tradicional sobre la misión paulina o si era un relato independiente.

2.1.13. Relato de un viaje por mar: 27,6–28,13

El texto actual se funda en un relato tradicional helenístico, que no trataba para nada del viaje de Pablo. Los textos sobre Pablo, en efecto, aparecen como añadiduras (27,9-11.21-26.31.33-36.43; 28,3-6.8-9); probablemente es también del autor de Hch el texto de 27,1-5, quizá fundado en noticias tradicionales, con el que prepara la narración siguiente. El relato tradicional muestra buenos conocimientos náuticos y está narrado en primera persona del plural, al estilo de los relatos de viajes por mar en la antigüedad. La forma en primera persona del plural servía para hacer más verosímil la narración, que frecuentemente se refería a sucesos extraños. De ese estilo en primera persona del plural se sirvió el autor de Hch para sus famosos textos nos (16,10-17; 20,5-15; 21,1-18), que narran también viajes por mar.

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2.2. Relatos de milagros

De los diez relatos de milagros en Hch, cuatro están ligados a Pedro y seis a Pablo. Algunos de ellos pertenecerían ya, probablemente, a la fuente tradicional sobre la misión de Pablo (14,8-11; 16,16-18; 16,25-34; 20,7-12) o al ciclo de narraciones sobre la misión de Pedro (9,33-35; 9,36-42). La intención de esos relatos tradicionales era presentar a los personajes de los comienzos cristianos como unas figuras religiosas venerables, guiadas por la divinidad y en las que actuaban los poderes divinos. El autor de Hch se sirvió de esos relatos porque correspondían con su imagen gloriosa de los orígenes cristianos. Por eso, en ocasiones realza y alarga algunos de sus motivos.

En Hch figuran cuatro formas de relatos de milagros[66] : 1) un exorcismo, o curación como expulsión de la potencia demoníaca; 2) seis terapias, o curaciones como restauración de la vida individual y social del enfermo, en las que se incluyen las resurrecciones; 3) dos liberaciones de la prisión; 4) y una demostración, o signo efectivo de un poder especial.

1) Exorcismo

16,16-18: la muchacha adivina (Pablo) 2) Terapias

3,1-10: curación de un paralítico (Pedro) 9,33-35: curación de Eneas (Pedro) 9,36-42: resurrección de Tabita (Pedro)

14,8-11: curación de un inválido en Listra (Pablo) 20,7-12: resurrección de Eutico (Pablo)

28,8-9: curaciones en Malta (Pablo) 3) Liberaciones

12,3b-19a: liberación de Pedro de la cárcel 16,25-34: liberación de Pablo y Silas de la cárcel 4) Demostración

Referencias

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