• No se han encontrado resultados

Conclusiones de vida INTRODUCCIÓN

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Conclusiones de vida INTRODUCCIÓN"

Copied!
45
0
0

Texto completo

(1)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 1

INTRODUCCIÓN

Nacemos sin libro de instrucciones. Lo único que sabemos con certeza es que somos una variopinta multitud montada sobre una bolita azul que viaja a toda velocidad por un gran espacio negro; y que algunos van cabeza abajo pero no se caen. Es todo tan absurdo que si no lo estuviéramos viviendo nos reiríamos por lo inverosímil, casi ridículo. Sin embargo, hemos de aceptarlo pues no tenemos otra opción: esta es nuestra realidad.

Pero es muy duro tener que vivir así: sin saber qué somos ni dónde estamos, ni por qué ni para qué hemos nacido, si quizás se espera algo de nosotros y, por no saberlo, lo estamos haciendo pero que muy mal. De hecho, ni siquiera sabemos qué es todo lo que nos rodea. Por saber, apenas sabemos que nacimos y que morimos y, la verdad, hasta este hecho no lo acabamos de asumir ni de creer hasta que empieza a pasarnos.

Además, vivimos en un mundo cada día más complejo dada la asombrosa, excelente tec-nología que nosotros mismos hemos creado y que, además de facilitarnos tantísimo la vi-da, nos proporciona oportunidades que nuestros abuelos no podían ni soñar.

Pero la realidad es que cada día entendemos menos de nada, lo cual refuerza encima la tendencia a aceptarlo todo tal cual es, sin planteárnoslo. Simplemente, a vivir por inercia. Pero se trata de nuestra vida, de lo que podríamos hacer con ella y de lo que, al final, ter-minaremos haciendo. Se trata de una gran oportunidad que, sin duda, muchos haremos bastante mal puesto que somos muy incapaces y no es posible rebobinar el Tiempo para corregir los tantos errores.

Nuestros antepasados lo tenían aun más difícil: sus vidas eran mucho más cortas, sus ex-periencias mucho más limitadas, la cultura escasa y la información muy poca.

A cambio, y por primera vez en la historia de la humanidad, nuestra época es la de la formación masiva. De hecho, tenemos tanta información que hemos de elegir qué nos in-teresa de verdad y entonces ponernos a sesgar las fuentes y seguirlas, procesando toda la muchísima información resultante.

La vida, en fin, no es fácil; de hecho, es muy difícil. Es un gran teatro visual que nos oculta todo el tiempo certezas fundamentales. Es como nacer en un circo que cada día se renueva

(2)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 2 y que contiene tantos golpes de efecto que se hace muy difícil seguir la trama del espec-táculo, hasta que llega un momento en que simplemente desistes y te dejas llevar, en el mejor de los casos, por la variedad y riqueza del espectáculo en su día a día.

Pero sucede que este espectáculo es tu propia vida y que tú eres su protagonista, y que los sueños e idealismos de tu juventud, que posiblemente fueron lo mejor de ti, merecían un destino mejor que haber sido sepultados bajo capas y capas de imposibilidades.

La vida, pues, es un camino de duras constataciones donde nuestros sueños suelen quedar incumplidos aunque a veces, si se tiene una preparación o estabilidad suficiente para sub-sistir, podamos al menos sustituirlos por buenas realidades.

Me parecería muy conveniente que todos pasáramos a nuestros siguientes las certezas propias, todo lo que a lo largo de nuestras vidas hemos llegado a saber y deducir más allá de toda duda, así como, separado, todo lo que presentimos y la Ciencia, siempre algo len-ta, aún no ha logrado confirmar.

Yo hubiera querido que mis padres, maravillosos ellos, me hubieran entregado un escueto resumen de sus propias conclusiones objetivas, sus recomendaciones existenciales sobre la vida. De ahí este escueto resumen es el que humildemente le doy a mi hijo y, de paso a los que tengo alrededor, para lo que buenamente puedan servirles, sin ninguna otra pre-tensión que ser quizás a alguien de alguna utilidad.

Son mis conclusiones de vida a mis 58 años. Son enteramente mías, ratificadas por cuanto he podido ir atisbando de la Ciencia y la Humanística; sugeridas y después confirmadas por mis propios pensamientos y experiencias.

Son las certezas que he podido ir hallando a lo largo de mi vida. Nada más.

(3)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 3

¨MATERIA¨

¿De verdad?

1- HUNDIDOS EN LA MATERIA

Naciste y ya el mundo te rodeó, vasto e inaprensible. Por fortuna, en ese momento ya te encontrabas adentro de tu cuerpo, ese refugio al que rápido aceptaste aun no sabiendo todavía que habría de ser un íntimo desconocido con, al menos, una gran ventaja: su piel, ese su órgano mayor, sería siempre tu frontera de protección frente a ese exterior inquie-tante e incontrolable.

Miraste el mundo y te fue evidente: la Materia lo inundaba todo a tu alrededor y en ti mismo con su variedad, su espectáculo interminable de colores, tactos y sensaciones. Así, desde el principio, la Materia te pareció el mundo todo, tan firme y segura, y pronto aprendiste que en ella están la mayoría de las cosas que necesitas. Y esto porque resultó que tu cuerpo, esa tu guarida perfecta, ese tu descanso interno y tu amoldable represen-tación exterior, tenía a cambio constantes necesidades y problemas que debías estar re-solviéndole sin cesar: ahora tu cuerpo tiene hambre, ahora tu cuerpo tiene frío, ahora tu cuerpo tiene sed, ahora siente dolor, ahora se queja de estar sucio, ahora necesita evacuar ese mismo líquido que te pidió antes, ahora lo que tiene es calor, ahora quiere evacuar los restos de la comida que hace un rato te pidió con tanta urgencia, ahora tiene hambre otra vez, ahora le duele otra parte distinta, y así sin cesar. Toda la vida. Y, atención, aún no lo sabes, pero mas adelante será peor…

LOS TRES ESPEJOS DE LA ILUSIÓN

Y sin embargo, todo esa materia que ves y en la que crees, que te parece tan firme y real, ni es materia ni es firme ni es real. Es solo que tu peculiar, gigantesca perspectiva la hace parecer así. Ese es el primero de las grandes teatralidades del mundo.

Sin duda es abrumador: desde el punto de vista material no eres sino un gran vacío masi-vo, una colección de átomos huecos, absolutamente vacíos en un 99.999999%. Tanto, que si cada átomo de tu cuerpo tuviera el tamaño de una catedral, el núcleo no sería sino una abeja zumbando de un lado a otro. El resto, puro vacío. Como tu cuerpo.

Tus átomos no son sino estaciones de energía cuyos infinitesimales electrones, neutrones y protones giran sin cesar a través de órbitas constantes. ¿El tamaño de un protón? Difícil de decir pero, para que te hagas una idea, en la cabeza de un alfiler entrarían al menos 500.000 millones.

(4)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 4 Y dependiendo de cuántos protones y electrones existan en un átomo, girando sin cesar, éste será, por ejemplo, de hidrógeno, carbono, oxígeno o nitrógeno, y es que entre ellos cuatro forman… ¡el 95% de tu cuerpo!

Es decir, desde el punto de vista material apenas existes, apenas eres nada aunque ese po-co sea tan portentoso.

Esa es tu realidad física: ese vaso de cristal, esa mesa de madera, esa columna de metal, ese pedazo de carne, son todo menos inertes: su vacío interior está hueco pero es un tor-bellino de movimiento atómico que tus ojos jamás podrán seguir, menos abarcar.

Ya lo sabes: la materia que eres y vives está absolutamente vacía, pero contiene al tiempo una invisible batalla frenética de fuerzas y movimientos.

Pero aun así, ese vacío enorme, no es ni siquiera el 5 % del Universo, pues el aire, el cielo, el espacio que te circundan están aún más vacíos con algo que la Ciencia llama ¨Materia oscura¨, y que ¨ocupa¨ el 20% de la masa del Universo.

¨Pero… un momento¨, me dirás. ¨Todo ese vacío ¿es sólo un 20%? Entonces, si los átomos y la Materia Oscura suman apenas el 25% de todo lo existente, el resto ¿¿¿qué es???¨

Bueno, pues ya te lo puedes imaginar: el 75% de todo el Universo ya ni siquiera es algún tipo de ¨materia¨ hueca de ningún tipo sino, lo adivinaste, pura energía invisible que ya ni siquiera es mensurable ni apreciable, hasta el punto de que su existencia la Ciencia solo la deduce de la fortísima fuerza expansiva que provoca en el Universo. La denomina, prepá-rate: ¨Energía Oscura¨.

O sea, todo está vacío. En ti y afuera de ti. En el Universo todo.

De hecho, ni las estrellas y cuerpos celestes que ves en el cielo por las noches son reales: muchos de ellos hace miles de años que ni siquiera existen, y lo que ves no es sino la luz que emitieron hace miles y miles de años. Tampoco son reales.

Es que la misma luz del sol, viajando siempre a 300 mil kilómetros por segundo, tarda 8 minutos en llegarte. Si el sol desaparecía ahora mismo, ni te darías cuenta durante 8 minu-tos enteros.

Es decir, desengáñate: no existe esa materia que tú mismo creías ser y que te parecía ver a tu alrededor: todo lo que ves y eres no es sino energía que tu tamaño gigante, entre otras abstracciones teatrales, hace parecer densa; infinitesimal energía inmersa a su vez en otras dos energías siderales aún más descorporeizadas.

¨Entonces, todo es energía: en realidad no hay nada de nada… ¨

Es la verdad, y entiendo perfectamente tu decepción, tu sensación de vértigo.

¨Bueno, pues volvamos entonces a la materia que toco… Ya sé que también es un gran va-cío, pero por lo menos la toco y me da seguridad…¨

(5)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 5

AHORA HACIA ADENTRO

Peor todavía…

De acuerdo, pero te aviso de antemano: además de que la Materia no existe, la energía que contiene está… ¡bastante loca!

La más pequeña unidad de medida, la que se utiliza para medir las distancias atómicas, es el fentómetro, también llamado ¨fermi¨, que equivale a una milbillonésima parte de un metro.

Como ya vimos antes, se tratan de tamaños tan infinitesimales que sólo se logra medio captarlos a través de ejemplos concretos: un grano de arena contiene 2,2 trillones de mos; el espesor de un pelo humano supone medio millón de átomos; si nuestros áto-mos tuvieran el tamaño de una manzana, nuestros cuerpos serían tan gigantescos que el sistema solar entraría en la palma de nuestra mano.

Pues ahí es donde vives. Tu mundo tangible, no tan indudable como creías.

En la adolescencia casi todos descubrimos asombrados que la estructura del átomo es si-milar a la de los planetas y el Universo todo, y nos preguntamos enseguida:

¨¿Podría ser nuestro gigantesco Universo una diminuta molécula parte de un objeto mayor y descomunal?

Y sí, como posible, es posible…

Por otra parte, la física cuántica, la que estudia los comportamientos de las partículas atómicas, ha venido a trastocar los cimientos de la ciencia al descubrir que, a esos niveles atómicos, los únicos donde la materia es ¨algo¨, ésta se comporta de un modo impensable y ¨absurdo¨, tan ¨loco¨ que, de hecho, tengo que avisarte que los ejemplos que siguen no son conjeturas sino constataciones ya casi antiguas para la Ciencia, demostradas una y mil veces en laboratorios de todo el mundo:

- Una partícula atómica cualquiera, que esté y sea parte de tu mano, por ejemplo, está en-lazada con otra partícula que puede estar a miles o millones de kilómetros de distancia de ella: en cuanto se altera una, se altera la otra. Simultáneamente. Y no es una excep-ción: todas las partículas atómicas del Universo están hermanadas entre si sin importar las siderales distancias que haya entre ellas.

- Mira de nuevo tu mano: cualquiera de las partículas atómicas que la conforman, y que está ahora mismo ahí y ¨es¨ tu mano, está al mismo Tiempo en otros muchos lugares dis-tintos del Universo. No es que esté duplicada, no es que sea otra: es que ella misma está al mismo tiempo en tu mano y en la punta del Himalaya, en los anillos de Saturno y en

(6)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 6 los confines del Sistema Solar, muchas veces a billones de kilómetros de distancia. Al mismo Tiempo. Una sola partícula.

Pero eso será así mientras no sea observada: en cuanto alguien la observe, desaparecerá de todos esos sitios y existirá solamente en el lugar donde la están observando.

- Una partícula atómica, enteramente material, puede atravesar como un fantasma cual-quier tipo de materia que se le ponga por delante: un muro de hormigón de muchos me-tros de espesor por ejemplo. Esto es porque a planos atómicos la Materia no solo es partí-cula material: sino también, al mismo tiempo, es onda.

- Si observas un estado cuántico, éste se detendrá en el acto y estarás retrasando su evolu-ción en el tiempo; si lo observas un número de veces infinito, permanecerá esperando in-definidamente a que dejes de observarlo. Y en cuanto lo hagas, proseguirá evolucionando al instante.

- Si lanzas muchas partículas atómicas contra una pantalla, y en medio pones una lámina con dos rendijas para que las partículas pasen a través de ellas, verás que cada una de las partículas, en vez de pasar por una u otra de las rendijas, se bilocan en el espacio y, estan-do en estan-dos sitios a la vez, ocupanestan-do estan-doble lugar y Materia, pasarán a la vez por ambas ren-dijas. Cada una de las partículas pasará a la vez por dos sitios distintos. La causa, de nuevo es que la materia, a planos atómicos, no solo es partícula sino también onda.

- Pero si detrás de esa lámina con doble rendija sitúas un instrumento que mire el paso de las partículas, éstas, al ser observadas, dejarán al instante de duplicarse en el espacio y se comportarán como simples partículas materiales, pasando por una sola rendija a la vez. - Aun más asombroso todavía. Si mucho tiempo después de que las partículas hayan pasado

bilocándose por ambas rendijas a la vez, utilizas ese instrumento que no ¨les gusta¨ para comprobar los pasos por rendijas, al instante se eliminará la duplicidad, el efecto cuántico, por lo que estarás alterando el pasado, un hecho sucedido con anterioridad en el Tiempo. Es decir, y solo para empezar, una partícula atómica de ¨materia¨:

- Viaja como quiere por el Tiempo, haciéndolo y rehaciéndolo a su antojo. - Está y ¨es¨ al mismo tiempo en extremos opuestos del Universo.

- Se biloca a voluntad en el tiempo y el espacio.

- Parece estar viva, y hasta ser ¨tímida¨ y ¨vigilarnos¨: se detiene en seco en cuanto la miramos o medimos.

La ¨materia¨ no es ya que no exista, es que es viva energía viajando a voluntad por el Tiempo y el Espacio.

Todo esto, ¿es maravilloso o decepcionante? La materia que ves, tu cuerpo que atiendes, la persona que quieres, no existís como tales, solo sois energía, esa que en el colegio te en-señaron que ¨ni se crea ni se destruye: solo se transforma¨.

Primer conocimiento fundamental, y es la Ciencia, no solo la Religión, quien te lo dice: eres energía que no puede morir, que no puede destruirse, que solo puede transformarse.

(7)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 7

¨TIEMPO¨

¿De verdad?

Estate pues tranquilo: esa muerte que siempre te acecha, que quizás temes, que sabes que te aguarda, quizás esta mañana o dentro de muchos años, esa que temes por desconocida y absoluto silencio, tampoco existe según la Ciencia, sino que es un suceso que te trans-formará tal y como deba, exactamente del mismo modo que antes te trajo hasta aquí. Pero tampoco te preocupes demasiado. Si lo de la ¨materia¨ parece una burla, lo del tiem-po tamtiem-poco es mejor: el tiemtiem-po no existe, es otra ilusión.

Einstein lo descubrió y formuló hace ya muchísimo, en 1905, en su Teoría de la Relatividad que, resumida para este punto, descubre que el tiempo es solo un atributo relativo de la materia, el cual se crea y varía enteramente según la velocidad a la que ésta vaya, de ma-nera que un reloj puesto en una nave viajando a gran velocidad por el Universo, irá mucho más lento que el reloj idéntico que quede en la Tierra.

Para que lo acabes de entender, la velocidad de la luz es el patrón que marca el tiempo y, para serte muy concreto, si pudieras viajar paralelo a la luz, el tiempo para ti no existiría, porque a la velocidad de la luz, el tiempo no existe.

Por ello, cuando más rápido te mueves, cuando corres para coger el autobús, cuando vas en metro o en un coche por la carretera, más ralentizas tu tiempo y el reloj que llevas se atrasa respecto a los que están quietos a tu alrededor.

Te lo repito para que quede claro y no te parezca un error: estas modificaciones en el paso del tiempo son tan reales que, aunque no lo notes, envejeces más rápido que tu vecino del piso de abajo dado que él vive algunos metros más cercano al centro de la Tierra, y la velo-cidad de traslación a la que vive es ligeramente menor a la tuya.

¿Lo quieres más concreto todavía? Estás sentado en el banco de un parque y una persona pasa caminando rápidamente delante de ti: su reloj se ¨atrasa¨ en comparación con el tu-yo una parte en 10.000 billones: algo así como 1 segundo cada 1000 millones de años. Esta dilatación y contracción práctica, constante del tiempo ya ha sido demostrada am-pliamente: por las pequeñas disparidades en relojes atómicos enviado en cohetes, o por los relojes del transbordador espacial, que corren un poco más lento que sus hermanos de referencia en la Tierra.

Por ello, si lográramos viajar a la velocidad de la luz, sería posible ¨doblar¨ el tiempo y via-jar por él adelante y atrás igual que ahora adelantamos y atrasamos una película en video, todo ello tan asombroso e imposible para nosotros como era para nuestros tatarabuelos la suposición del fax, ya antiguo para nosotros, que transforma la imagen en sonido, la envía

(8)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 8

¨UNIVERSO¨

¿De verdad?

a miles de kilómetros de distancia y la descodifica de inmediato en destino. En pocos se-gundos…

Está claro, el ¨mundo físico y real¨ no es tan real ni físico como creíamos. Por resumírtelo: - El Tiempo no existe: es el espejismo que crea este Universo ¨densísimo¨, y por ello

lentísimo, que vive artificialmente ajeno a la ¨velocidad¨ normal del Universo, la de la luz, en donde el Tiempo no existe. O dicho de otra manera más exacta: ni el Tiempo, ni la Materia, ni la Velocidad existen, ni tampoco, por supuesto, la ¨velocidad¨ de la Luz existe: todos ellos son ilusiones creadas por este mundo tan artificialmente ¨denso¨ y ¨material¨.

- Esa materia concreta que eres y ves a tu alrededor, que ocupa el 5% de ti y de tu en-torno, tampoco existe: es otro error de apreciación, pero esta vez por ser tú demasia-do grande y estar viéndemasia-dola aglomerada.

Es decir, este densa y pesada ¨realidad¨ lo distorsiona todo: es falsa, artificial y crea un mundo de ilusionismo con conceptos en realidad inexistentes. Todo es energía instantánea que como dice la Ciencia hace ya tanto, no se puede crear ni destruir. Solo en las manos superiores que pudieron crearla.

Dicho de otra manera, el Tiempo, el Espacio y la Materia no son sino distorsiones, espejis-mos, falsedades causadas por nuestro Universo que, en términos científicos, es un mundo artificialmente detenido. Artificialmente creado.

Pero es al mismo tiempo la exacta parálisis necesaria para que la Vida, tu vida, transcurra así de lenta y despaciosa en este durísimo escenario, intensa prueba donde los seres aquí traídos pueden interactuar largamente entre ellos y con las tantísimas dificultades de la ¨Materia¨. Todo ello bajo las constantes premuras irreparables del ¨Tiempo¨.

Este es: el mundo exacto de figuraciones perfecta que habitas, una serie de limitaciones que producen la extrema lentitud de tu vida para que, solo así, a ¨cámara lenta¨, puedan sucederse y ocurrir todas estas acciones humanas que te permiten evolucionar. Rumbo a la perfección de la que venimos y de la que aún no somos parte.

¿El tamaño de la casa donde vives, el Universo? Es desconocido y seguramente lo será por siempre, pero, de momento, a septiembre del 2020, la ciencia ha constatado que el Uni-verso visible, el que podemos ver y medir con la tecnología actual, mide por lo menos 93 mil millones de años luz.

(9)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 9

Y ENCIMA…

Mas grande a cada segundo que pasa...

¿Qué significa eso? La velocidad de la luz son 300 mil kilómetros por segundo. Por lo tanto, la distancia que la luz logra recorrer en un año son casi 10 billones de kilómetros (a no con-fundir con los billones norteamericanos, 1000 veces más pequeños), que han de multipli-carse por 93.000 millones para hallar el tamaño de esta limitada porción del Universo que es la única que alcanzamos a ver desde nuestra pequeñez.

Formulémoslo en palabras ya que, gracias a las matemáticas y a la semántica, multiplicar y denominar nos es muy fácil: se trataría de algo así como 93 cuatrillones de kilómetros. Noventa y tres cuatrillones de kilómetros.

Está bien: es un número y su sentido se nos escapa por entero. Y encima no es el tamaño real de nuestra casa, el Universo.

Es solo lo que podemos llegar a ver.

Las estrellas más lejanas que hasta ahora hemos podido llegar a observar están a 13.000 millones de años luz de distancia, es decir, lo que ahora vemos de ellas fue la luz que pro-yectaron hace 13.000 millones de años. Para saber su distancia de nosotros, habríamos de multiplicar, si se pudiera, esa cantidad, 13.000 millones (de años) por 10 billones (de kiló-metros/año)

Y encima el Universo se sigue expandiendo ¡a cada segundo que pasa! por la fuerza de la explosión de la creación inicial, lo que la Ciencia finalmente también ha llegado a compro-bar y aceptar, y que, muy gráficamente, denomina el ¨Big Bang¨.

Pero, mejor, te lo pido, ni preguntes a qué velocidad se expande el Universo…

¨¡Sí, claro que lo quiero saber! ¡No me puedes dejar así ahora! ¿A qué velocidad se expan-de?!

¿De verdad quieres saber la velocidad a la que se expande el Universo? Bueno, tú fuiste quien preguntaste…

- Cada segundo, el Universo es 70 kilómetros más grande. - Cada día, seis millones de kilómetros más enorme. - Cada mes, 180 millones de kilómetros más gigantesco.

- Cada año, mas de 2 billones de kilómetros más inconmensurable. Y así hace unos 14.000 millones de años.

(10)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 10

¿LA EDAD DE

TU MUNDO?

¡Ni lo preguntes!

¡Te dije que no preguntaras!

Pero, ¿te ayudaría saber que por cada grano de arena que hay en la Tierra existe por lo menos un millón de estrellas, con sus correspondientes planetas y satélites?

Seguramente no.

¿Y que nuestra galaxia es sólo una entre cientos de miles de millones de galaxias? Seguramente tampoco.

¿Prefieres saber entonces algo más sencillo, la edad del Universo?

La ciencia, a septiembre del 2020, calcula que el Universo fue creado hace unos 13.810 mi-llones de años en una sola chispa instantánea de creación, idéntica a la que hace ya dos mil años describe la Biblia.

13.810 millones de años. Así expresada, esta cifra no es asumible: es demasiado grande. Vayamos pues por partes: pensemos en mil o dos mil años; pensemos en esa temeridad que es un millón de años, ahora en mil millones de años y, multiplicándolos por 14, ten-dremos esos 14.000 millones de años. Es cierto: seguimos sin poder abarcarlos con el pen-samiento.

A su vez, nuestro sistema solar se formó hace unos 4.600 millones de años cuando colapsó una nube molecular gigante en cuyo centro se acumuló la masa que terminó formando al Sol. A su alrededor quedó un disco plano de polvo en el que se formaron los planetas y el resto de cuerpos del sistema solar. En uno de los extremos de ese disco se halla nuestro planeta Tierra.

Esa es la edad conocida del Universo, y esa es nuestra posición en él.

Pero, ya sabemos, el ¨Tiempo¨ es en realidad un espejismo por el que, con la tecnología adecuada, podríamos viajar igual que, para asombro de nuestros antepasados, viajamos ahora por el cielo y el Espacio.

(11)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 11

2- ENTONCES, ¿QUÉ ES TODO ESTO?

Es decir, ni la Materia ni el Tiempo existen, son solo espejismos que hacen aún más sospe-chosas las exageradas dimensiones, encima crecientes, del Universo.

¨¿Sospechosas de qué?¨

De ser solo eso, mayestáticos espejismos inexistentes.

A cambio, hace ya más de un siglo que la Ciencia te repite insistente: ¨Eres energía, pura energía y solo energía; algo tan superior a ti que no puedes ni crearlo ni destruirlo, solo transformarlo, transmitirlo¨.

¨Pero… un momento¨, dirás. ¨Está bien, soy energía, pero... ¿qué es la energía? ¡Eso no hemos llegado a mirarlo…!¨

Has llegado por fin a la gran pregunta fundamental, y la respuesta científica, no religiosa, te dejará sin palabras por sus implicaciones existenciales.

¨La energía es la capacidad de los cuerpos para realizar un trabajo; es decir, para producir cambios en ellos mismos o en otros cuerpos. La energía es la capacidad de hacer funcionar las cosas¨.

¨O sea, ¿qué la Ciencia dice que yo soy, que el Universo es, que todo lo que me rodea es, una fabulosa capacidad? ¿Una fabulosa capacidad nacida hace miles de años de una Crea-ción, explosión instantánea que lo creó todo, incluida la Vida? O sea, que en realidad no soy Materia, sino pura energía, pura capacidad de hacer, de realizar, de realizarme…

Exactamente, diste en el clavo.

Y aquí son necesarias las palabras siempre científicas y reflexivas del astrofísico español Manuel Carreira Vérez:

¨El Universo fue ajustado desde su primer momento con una precisión absoluta;

matemá-ticamente, con una exactitud de hasta 50 decimales en algún caso. De no haber sido ajus-tado así, creado con esa precisión, en el Universo hubiera sido imposible la vida aun en un solo planeta¨.

¨Se han hecho cálculos utilizando superordenadores, reproduciendo todas las partículas,

fuerzas y elementos originales del Big Bang. El resultado es abrumador: si uno sólo de esos millones de elementos y fuerzas originales hubiera sido ligeramente distinto, no se hubie-ran dado las condiciones necesarias para la Vida, que no hubiera podido existir. Por poner un ejemplo entre miles: si el protón en lugar de pesar 1836 veces más que el electrón pesa-ra 1800 o 1850 veces, no habría habido vida. Todo fue creado con esa absoluta exactitud con el objetivo evidente de que la Vida, por lo menos en un planeta, en el planeta Tierra, pudiera existir¨.

(12)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 12 Son las palabras de la Ciencia, pero apliquemos ahora estas palabras a la vida real, a tu vi-da real.

Imagínate que caminas por un desierto y en la mitad de sus dunas blancas te encuentras con un coche espectacular, perfectamente limpio y funcionable, con el depósito lleno y la llave de contacto en su sitio, esperando solo a ser girada. La puerta está abierta. Te sientas y lo pones en marcha: el motor se enciende al instante con un bonito sonido discreto. ¿Pensarías entonces que ese coche se hizo solo, por azar, porque así fueron cayendo las piezas del cielo? ¿Pensarías que si el depósito de combustible está lleno es por pura casua-lidad, porque el líquido, exactamente el tipo de combustible que hace falta, mientras iba cayendo del cielo se iba colando por azar exactamente adentro del tanque de metal, justo a tiempo antes de que éste llegara a tierra y se colocara, perfectísimo, en su lugar adentro del coche, y se conectara él solito a todas las mangueras y demás piezas?

¿Es eso lo que pensarías? ¨Este coche perfecto se hizo por casualidad¨. ¿O pensarías más bien que por supuesto fue hecho por alguien?

Bueno, aplicaste la buena lógica. Veamos cuán buena fue tu presunción. Recurramos a nuestras sabias amigas las matemáticas.

¿Cuántas son las piezas de un coche? De media, un coche tiene unas 80.000. ¿De cuántas maneras pueden colocarse, o caer por casualidad esas 80.000 piezas?

El cálculo de las permutaciones sería muy sencillo si… fuera posible hacerse; 80.000 multi-plicaciones como siguen: 80.000 x 79.999 x 79.998 x 79.997 x 79.996 x 79.995 x 79.994 x 79.993 x hasta x 2 x 1.

Sí, tu razón lo intuyó bien: son infinitas las combinaciones posibles. Pero… solo una de ellas entre tantas infinitas logra hacer un coche. Es decir, el coche fue hecho por alguien in-teligente y con los conocimientos y la capacidad necesaria. No existía ninguna otra posibi-lidad.

Pues con el Universo sucede lo mismo, pero con la salvedad de que no se trata de 80.000 piezas, sino de un número seguramente infinito de elementos y condiciones que no solo están colocados exactamente como deben estar sino que, además, debieron ser creados uno a uno con anterioridad, tal como son, entre otro número infinito de posibilidades. El gran científico británico Sir Fred Hoyle, uno de los más destacados astrónomo del siglo XX, autor de la explicación de la nucleosíntesis del carbono, lo decía de otra manera: ¨Considerar que una célula, tan solo una sola célula, se pudo crear simplemente por azar es equivalente a decir que si a una chatarrería llena de hierros, latas y tornillos, le pasa un huracán por encima, lo que puede quedar después es un avión Jumbo 747 perfectamente listo para volar, pues ambos tienen un número similar de partes: alrededor de seis millones tanto la célula como el avión. Es absurdo y contrario a cualquier análisis, evidencia y lógica científicas¨.

(13)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 13 Así, pues, fue creado el Universo: con total exactitud (¨…de hasta 50 decimales, en algún caso¨). La Ciencia, con su lógica aplastante, no deja resquicio a ninguna duda razonable… Por otra parte, se calculan en un mínimo de 200 las condiciones necesarias para que la Vi-da pueVi-da sobrevivir. Atención: sobrevivir, no ya Vi-darse, pues la creación de la ViVi-da es, igualmente, un fenómeno superior e inexplicable para la ciencia humana.

Pues bien, en nuestro sistema solar, no existe ni un solo planeta que cumpla con más de una sola de esas 200 condiciones.

Por explicar solo algunas de las asombrosas circunstancias que permitieron y permiten la vida en nuestro planeta:

- Las velocidades exactas. La velocidad de expansión del Universo fue mucho más lenta durante sus primeros 7.000 millones de años, por causa de su Índice de Masa, y aumen-tó durante los últimos 6.000 millones de años debido a su Índice de Energía.

Pues bien, si esos índices que marcaron las velocidades de expansión del Universo –el desplegamiento de todo lo contenido en el átomo original del Big Bang– hubieran sido distintos aun a niveles por completo infinitesimales, la primera en un 1/1060, y la

se-gunda en un 1/10120, la vida toda hubiera sido absolutamente imposible.

La Vida tuvo su caldo perfecto de cultivo gracias a que las velocidades de expansión fue-ron exactamente esas, las adecuadas, en todos los procesos evolutivos.

- El número perfecto de estrellas: el Universo tiene 10.000 millones de trillones de estre-llas (esto es, un 10 con 21 ceros detrás). Para hacernos una idea, si fueran monedas una detrás de otra, recorrerían 50 billones de kilómetros, el Espacio que se recorre en cua-tro años luz.

Pues bien, si ese número de estrellas hubiera sido menor, en el Universo solo se hubie-ran generado hidrógeno y helio, insuficientes ambos para que la vida existiera. La Vida, pues no hubiera podido existir.

Pero si esa cantidad hubiera sido entonces mayor, solo hubieran aparecido los elemen-tos que son más pesados que el hierro: es decir, no hubieran surgido ni el carbono, ni el nitrógeno, ni el oxígeno, etc…, con lo cual tampoco la vida hubiera sido posible.

Es decir, el número de estrellas en el Universo es exactamente el necesario para que la vida pudiera surgir en al menos, que sepamos, un planeta: el nuestro.

- Solo un 6% de galaxias De los miles de millones de galaxias que conocemos, sólo el 6% son galaxias espirales con planetas de órbitas estables en las que puede darse la vida. Solo con esa imprescindible condición, quedan ya eliminadas el 94% de las galaxias del Universo como posibles portadoras de Vida. Aun más difícil la posible aparición de Vida; aun más específica la idoneidad de nuestro planeta.

- La atroz casualidad perfecta que permitió el agua. Hace 4000 millones de años un gigan-tesco asteroide se estrelló contra nuestro planeta. De esa colisión surgió la Luna. La

(14)

Tie-Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 14 rra, a su vez, perdió a causa del brutal impacto la totalidad de su atmósfera anterior que fue sustituida por otra mucho más delgada que… ¡permitió la vida!

De no haber sido por esa colisión, la atmósfera de la Tierra hubiera sido mucho más pe-sada que la de Venus, llena de dióxido de carbono: muerte instantánea para toda posi-bilidad de Vida.

Pero no solo eso. Gracias a esa colisión, la Tierra ganó la masa y elementos necesarios que, pasados miles de años, permitieron que el agua surgiera en grandes cantidades y en sus tres estados, sólido, líquido y gaseoso. Así, entre la nueva atmósfera y el agua masiva, se dieron las condiciones para que, eso sí, misterio mayor, la Vida pudiera crearse.

Pero es que, además, esa colisión fundamental fue tal como debía ser y sucedió exac-tamente en el momento perfecto: tanto el tamaño del asteroide como la química de su composición, tanto su velocidad como el exacto ángulo de impacto, etc… Y todo ello en el preciso momento evolutivo de la Tierra. Si cualquiera de estos factores hubiera sido ligeramente distinto, la Tierra sería estéril y la Vida imposible.

- Y después, el guardaespaldas perfecto. Una vez sucedida esa colisión, Marte se convir-tió en el perfecto ´guardaespaldas¨ imprescindible de la Tierra. Sin él, nuestro planeta seguramente ni existiría, porque su tamaño no es que sea el doble o el triple en compa-ración con la Tierra, sino 318 veces más grande: es decir, el parapeto imprescindible contra el que se han ido estrellando millones de objetos siderales que, de no ser por Marte, habrían impactado en la Tierra y, una y otra vez, sin cesar, hubieran impedido la Vida. La propia superficie de Marte lo demuestra: es una gigantesca cicatriz llena de im-pactos salvajes.

- El sol exacto. Nuestro sol es exactamente como debe ser para que nosotros podamos existir: cualquier ligerísima variación en su composición, tamaño, posición, calor emiti-do, radiación, edad, etc… haría imposible la vida en nuestro planeta.

- La ubicación exacta. La Tierra está exactamente donde la Vida es posible, cercano al borde del sistema solar: un poco más en su interior, o en su exterior, las diferencias de densidad química impedirían la vida.

- ¡Perfecta visibilidad! Aun más asombrosa es la excepcional visibilidad que gozamos desde la Tierra: ausencia total de las habituales masas, ¨muros elevados¨, que suponen la excesiva cercanía de otros cuerpos, o la presencia de esas gigantescas nebulosas ce-gadoras que impiden siempre toda visión, etc…

El nuestro es de los pocos planetas del Universo que disfrutan de una extraordinaria panorámica diáfana en todas las direcciones. Es la rara visibilidad soñada que necesita-ría para sus indagaciones una vida inteligente que fuera, qué casualidad, a habitarlo. Todo exactamente preparado.

(15)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 15 ¿Entiendes quizás mejor ahora la asombrosa definición de la Ciencia?: ¨La energía es la ca-pacidad de los cuerpos para realizar un trabajo; es decir, para producir cambios en ellos mismos o en otros cuerpos. Es la capacidad de hacer funcionar las cosas¨.

Todo cuadra. Y es la Ciencia la que te lo dice: tú eres la gran demostración y objetivo del Universo todo. Tu existencia energética, indestructible y constantemente transformada. Tu capacidad para realizar un trabajo, para hacer funcionar las cosas.

Pero en ti esa energía está además insuflada de Vida: milagro multiplicado por milagro. Y dotado además de otro milagro llamado Inteligencia, que multiplica nuevamente el gran milagro anterior. Y encima, a esa suma prodigiosa, súmale alma, individualidad con conti-nuidad, que posee a su vez la superior voz de la Conciencia del Bien y del Mal, así como muchas otras maravillas que, algunas, iremos viendo en las siguientes páginas.

¨Y todo eso que me vas a mostrar, ¿es también la Ciencia quien lo dice? ¿También me lo vas a demostrar?¨.

Por supuesto, Ciencia en la mano hasta que lleguemos al punto en que te diga: ¨Y además hay esto, que la Ciencia espero que corroborará en cuanto tenga capacidad¨.

Resumamos pues todo eso que hace ya mucho tiempo que constató la Ciencia:

- Este que habitas es un mundo paralizado a velocidad cercana a cero para que las exac-tas distorsiones que se provocan creen esexac-tas figuraciones tan aparentes como falsas llamadas Tiempo, Espacio y Materia.

- Es este teatro de fabuloso ilusionismo a ti te han situado exactamente en el centro del escenario central, en el lugar exacto donde todas esas limitaciones crean una vida ma-terial dura y difícil.

Eres, pues, energía indestructible situada exactamente en el plano material que le corres-ponde, para que a partir de él pueda desarrollarse en el seno de esta ¨cámara lenta¨ en donde son posibles las lentas acciones adecuadas a los seres aun en desarrollo camino a la energía que son. A la energía que eres.

Desgranemos ahora todas esas sumas, demostremos todos esos milagros más allá de esa su evidente existencia que conoces bien: están en ti y son tú.

Porque, a continuación de la energía, y en la energía, surgió la mágica vida, surgiste tú.

(16)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 16

3- POR FIN, LA VIDA

Evidentemente el surgimiento, la creación de la Vida, no se explica por asociaciones quími-cas, por más afortunadas que puedan ser. Ningún laboratorio puede crear Vida como tampoco puede crear energía. Ambas vinieron en la Creación primigenia, en el haz origina-dor de Vida, en el ¨Big Bang¨.

¨Entonces, ¿soy energía dotada además de Vida?¨

Evidentemente.

¨Pero, ¿qué es exactamente la Vida?¨

De nuevo, la Ciencia: ¨La Vida es la capacidad de organización, crecimiento, metabolismo, respuesta a estímulos externos y reproducción¨

Y, añadamos también, cosecha propia, voluntad de perdurar; voluntad demostrada por su misma existencia: cualquier ser vivo que no la posea simplemente no existiría, su misma falta de voluntad lo habría extinguido.

Porque hasta el más básico ser vivo, un grupúsculo cualquiera de células perdidas, aun ca-rente de consciencia y desconocedor de que es y existe, lucha frenéticamente por seguir siendo incluso si, atención, tiene que matar para ello. Porque sí, otro asombro más, la vida hasta en su más simple y automática expresión está dispuesta a matar a su propio concep-to, a su propia equivalencia, a cualquier igual, con tal de poder ella perdurar un poco más.

¨Pero… ¿Por qué?¨

3.1- EL GRAN ACICATE: EL INSOPORTABLE PLANO FÍSICO

Porque el plano físico, el único plano común a todos los seres vivos, es un durísimo mundo para el que ninguna forma de vida llega preparada y contra el que tienen que luchar para sobrevivir y, poco a poco, alejarse de él. Es lo que la Ciencia llama la Evolución.

Tú mismo, de haber sido por la Naturaleza, de no haber sido por la civilización, hubieras nacido en absoluta precariedad, desnudo y a la intemperie igual que los animales irracio-nales, asistido apenas por esa madre que durante meses te cobijó y después dio a luz. Eres vulnerabilidad física total, y de ahí el papel sagrado de la maternidad y de la madre.

Fueron solo la Civilización y sus avances los que te evitaron ese nacimiento de extrema du-reza, natural de la vida. Quizás incluso hasta te permitieron vivir: no olvidemos que hasta hace poco más de un siglo la mitad de los niños morían sin cumplir cinco años.

Ese es el nacimiento misérrimo con que la Naturaleza hubiera querido darte la bienvenida al mundo, a incesantes padeceres de todo tipo para los que no te procuró protección de

(17)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 17 ningún tipo: tu cuerpo no tiene concha, densa lana ni piel de suficiente grosor. Y estremé-cete: tampoco tus antecesores en las cuevas lo tuvieron.

Nada en tu piel ni en tu cuerpo tiene la fortaleza que te permita subsistir inviernos, reco-rrer distancias o trepar montañas. Para subsistir físicamente, el ser humano debió primero cubrir y proteger su cuerpo, ya que todo tú no eres sino piel vulnerable incapaz de sobre-vivir ni al frío ni al calor: un simple resfriado mal curado te mata, una infección cualquiera de tantas posibles, o una de tantas malas caídas, o un golpe un poco demasiado fuerte. Comprobar tu debilidad es fácil: si no es verano, desnúdate e intenta pasar la noche en el balcón, en una intemperie cualquiera. Saborearás solo ligera parte de tu destino natural. Sí, el ser humano debió primero cubrir y proteger su cuerpo, pero aún así le llegaron rau-dos los tantos dolores siguientes de todo tipo; por poner un solo ejemplo ya casi olvidado para nosotros, los insoportables dolores bucales que, acelerados por la falta de higiene, no tenían solución a la vista. Tantas dolencias físicas, tantas infecciones y enfermedades que desembocaban en muertes muy tempranas. La mortalidad infantil fue siempre atroz, y muy baja la esperanza de vida.

La dureza material de la vida se comprueba también en un hecho aterrador: la mayoría de los animales necesitan alimentarse de proteínas animales, que solo existen en… otros animales sanos: los animales nacen forzados a devorarse entre ellos. Y el hombre no esca-pa a ello, ha sido solo la sofisticación reciente de la civilización la que le ha permitido dejar atrás los trabajos físicos pesados, la necesidad de una dieta fuerte, y por ello solo quizás, es que ahora puede plantearse una alimentación exenta de carnes.

Es decir, es solo la inteligencia del ser humano, de la Vida toda, escapando de la dureza salvaje de la Naturaleza, de su simple destino natural, la que quizás ahora le permita dejar de matar a otros animales para poder sobrevivir. Sin la inteligencia y la civilización, eso se-ría imposible.

Con enorme esfuerzo, a través de las generaciones y de los siglos, el ser humano atesoró y legó a sus descendientes el conocimiento, el fruto continuo de su trabajo, con el que fue obteniendo poco a poco no solo el confort, sino directamente la continuidad de la misma vida. A nuestro lado, los animales irracionales, desvalidos de inteligencia, apenas han po-dido aprender a pasar de generación en generación, vía genética, su archivo de raza, su ru-dimentario y sufrido catálogo de experiencias.

Así, la vida actual disfruta del legado, tesoro de conocimientos y hallazgos de nuestros an-tepasados, y nos permite llevar vidas de confort, prudencia y cuidados que evitan dolen-cias y enfermedades. Y, aún llegadas las enfermedades finales, logra eliminar directamen-te gran pardirectamen-te de sus dolores.

La vida actual ha logrado eliminar o evitar la mayoría de esos males físicos que al ser hu-mano le dificultaron durante siglos iniciar primero, desarrollar después, sus planos emo-cional, intelectual y espiritual: la ceguera de antes, grave miopía hoy corregida; la clásica

(18)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 18 neurastenia, bipolaridad que hoy solventa el litio; la atroz lepra histórica, hoy casi extin-guida gracias al descubrimiento de la dapsona y la rifampicina.

Del mismo modo, es larguísima la lista de enfermedades resueltas que atormentaron y diezmaron una y otra vez al planeta: la peste, que arrasó Europa y Asia varias veces a lo largo de varios siglos matando a decenas de millones en cada ocasión; la viruela, que tras arrasar Europa navegó sigilosamente a América en los barcos conquistadores; la gripe, que a partir de 1918 mató más población que la anterior I Guerra Mundial.

Las temidas sarampión, tosferina, polio, varicela, difteria, paperas, rubéola, hepatitis, me-ningitis o tétanos, por citar solo algunas más, ya han sido casi vencidas por el ser humano, por el esfuerzo conjunto de su inteligencia.

La terrible Naturaleza en ningún caso ayudó: muy al contrario, fue y es el atroz detonador necesario para que sus dolores atroces y penurias de todo tipo forzaran a la Vida a desa-rrollarse lo más rápidamente posible en su obsesión por sobrevivir, por dejar atrás tanta dureza material y ascender forzosamente por los diferentes planos que ha ido logrando a través, sí, de esfuerzos y trabajos, pero mucho mejores siempre que el sufrimiento y muer-te que iba dejando atrás.

El mismo ser humano, con tantas enfermedades y dolores constantes, moría a edades muy tempranas: en el Neolítico la esperanza de vida era de apenas 15 años; durante la Edad de Bronce, de 20 años; en la Grecia Clásica y en la antigua Roma, de 28 años; 1.600 años des-pués, en la América anterior a Colón, se vivía apenas 28-30 años; al inicio del siglo XIX, la vida media aumentó fuertemente: entre 35 y 55 años; y al inicio del siglo XX, con la gene-ralización de la sanidad y la higiene, la vida media ascendió a los 50-65 años, siendo nada menos que 70-72 años la actual esperanza media de vida mundial.

Por ello, es irritante por injusta y demagógica, la defensa de la Naturaleza que intentan hacer hoy en día los enemigos del desarrollo humano en su continuo intento de apropiarse de los bienes públicos de las sociedades. Intentan hacer de la Naturaleza la gran madre dañada, fuente olvidada de todas las soluciones y bendiciones. No solo hay mucha igno-rancia y cinismo, sino una gran manipulación política en contra de este desarrollo que, simplemente, nos permite estas vidas largas y saludables.

3.2- NOSOTROS LOS ANIMALES

A continuación de la vida automática, inconsciente de si misma pero plenamente dispues-ta a madispues-tar a su igual si necesario, existimos dos tipo de animales, racionales e irracionales, diferenciados por las distintas dotaciones y capacidad de escapar de la trampa física para así, creando nuevos planos, acceder al mundo todo.

Los animales irracionales poseen inteligencia instintiva, limitada, sin conciencia de su exis-tencia ni de su individualidad. El ser humano posee además, por su parte, la inteligencia

(19)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 19 que le permite la conciencia de su porvenir, la percepción de las cosas extra-materiales y un plano espiritual.

Ambos tipos de animales tenemos consciencia de nosotros mismos y, por lo tanto, del pe-ligroso entorno que nos rodea y del que dependemos.

Aquí te asombrará un hecho dramático: cuando la vida logra por fin ser consciente de si misma es para empezar a sufrir de verdad, de manera consciente, impotente.

Porque ahora la vida ya sabe que existe, y que es distinta por completo al mundo exterior, y que éste es amenazante. Y que además, por si todo esto fuera poco, ha de resolver las constantes necesidades urgentes que su cuerpo le exige sin descanso.

Y, entonces, ¿qué hace la vida cuando descubre su muerte inminente? Si no puede evitar morir, no hay ninguna solución ni posibilidad.

¿O sí?

3.3- LA GRAN ASTUCIA: LA REPRODUCCIÓN

Sí la hay. O por lo menos la vida la encontró, en su primera y fundamental hazaña por so-brevivir: urde una astutísima treta que logra, puenteándola, burlar a la misma muerte in-minente: puesto que no le es posible evitar la muerte, crea con antelación, en su cénit físi-co, una vida heredera a la que además transmite toda su experiencia de supervivencia. Maravillosa reproducción: burla, salvoconducto, fiesta de la vida que, sabiéndose conde-nada, se anticipa y pasa testigo, fuerza o ansia, a una descendiente surgida milagrosamen-te de si misma.

A partir de ahí, el gran esfuerzo de la vida será, además de sobrevivir cuanto pueda, repro-ducirse del más idóneo modo posible. La lucha está servida.

(20)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 20

4- EL SER HUMANO: LAS TRES DOTACIONES INEXPLICABLES

4.1- LA INTELIGENCIA

A continuación en el desarrollo terrenal estás, por fin, tú. Y es curioso observar que la úni-ca diferencia entre ti, animal racional, y todas tus etapas anteriores, irracionales, sea solo la inteligencia.

¨¿Sólo?¨, me dirás. ¨¿Te parece poco?¨

Tienes razón: la inteligencia abre las puertas de todas las posibilidades; es la capacidad de pensar y obtener conclusiones. Pero también, lo sabes, es puerta de muchos sufrimientos: empezando por las preguntas que el ser humano se hace y que, si no logra responderlas, pueden suponerle una profunda carga emocional.

Tú eres un ser humano, perteneces a esa estirpe admirable de animales rebeldes que aun su pequeñez e indefensión decidió enfrentarse un día a la Naturaleza poniéndose por fin en pie y abandonando las cuatro patas, hallando así usos mucho mejores para sus dos ex-tremidades delanteras. A cambio, con gran valentía, su acción dejó expuestas esas zonas más sensibles de su cuerpo, los fundamentales genitales básicos, para la imprescindible reproducción, que la Naturaleza había protegido tanto: de estar parapetados y cubiertos pasaron a la desvalidez de la total exposición. Valiente tu raza, la humana.

Tus cuatro realidades humanas son la física, emocional, intelectual y espiritual. Se dan en todo ser humano por simple que sea el medio donde nazca; así, un indio de una tribu igno-ta del Amazonas, ajeno por entero a la Civilización y desconocedor de cuanto ésigno-ta conoce y otorga, es perfectamente consciente de su realidad física, tiene su más o menos expre-sada vida emocional, su capacidad de pensar y, según la profundidad de su espíritu, se planteará o sentirá, expresadas o no, las mismas preguntas básicas que se hace un sofisti-cado urbanita.

4.2- EL ALMA

“El alma duerme en el mineral, sueña en el vegetal, en el animal se agita y en el hombre despierta”.

Leon Denis

He aquí por fin la dotación básica de la Vida: el alma.

Pero, ¿qué es el alma?: ¨El Alma es ese Ser inmaterial e individual que existe en nosotros y que sobrevive a nuestro cuerpo¨.

(21)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 21 Claro que quedará, de hecho ya quedó muchas veces y ni lo sentiste, y así de nuevo queda-rás tú, entero, al final de esta vida, sin la carga además de las necesidades corporales…

¨Pero, ¿cómo sé que el alma existe?¨

A la Ciencia de nuevo, que siempre es conveniente pues, aunque lento, el suyo es un ca-mino seguro de constataciones.

En lo que llevas de vida ya has sobrevivido muchas veces a las no pocas muertes de tu cuerpo: como explica la Ciencia, tras cada período de 7-10 años todas las células de tu cuerpo murieron y fueron totalmente renovadas. Hasta las neuronas más complicadas y fundamentales de tu cuerpo han estado muriendo y renovándose por lo menos cada ese período de Tiempo. Y ni te diste cuenta: siempre seguiste siendo tú mismo.

Así, cada periodo de 7-10 años: cuerpo nuevo. Pero es que a nivel atómico en cada año se reemplazaron al menos el ¡98% de los átomos de tu cuerpo!

Así, desde que naciste, cada 7-10 años no ha quedado absolutamente nada de tu cuerpo anterior. Nada. Cada célula y átomo enteramente nuevos. ¿Tienes veinte años? Estrenaste ya dos o tres cuerpos. ¿Tienes cincuenta años? La Naturaleza te proveyó ya con entre cinco o siete cuerpos. Pero jamás, ni por un instante, dejaste de ser tú mismo: tu memoria, tus sueños, tus experiencias, tus dolores y alegrías, tu historia, tus afectos, todo tu ser fueron pasando de cuerpo a cuerpo tras la muerte continua de cada uno de ellos.

Y ni siquiera lo notaste: seguiste fuiste tú. Si solo hubieras sido ansiosa materia hambrien-ta,, hace mucho que hubieras muerto junto a tu cuerpo: ni hubieras llegado a conocer la adolescencia, hubieras muerto en tu casi infancia. Pero seguiste siendo tú. Y conociste la adolescencia, la madurez; quizás ya la vejez. Tu alma pasada sin cesar de cuerpo a cuerpo. No le temas pues a la muerte: moriste ya tantas veces y nunca dejaste de ser tú. Cada nue-vo cuerpo te traerá sin duda nuenue-vos achaques, dificultades antes desconocidas, pero eso forma parte, igual que todos los ciclos de muerte de tu cuerpo, de un camino marcado que analizaremos más adelante.

Todo esto te sucederá también a ti: cada una de tus células contiene las instrucciones ge-néticas exactas para ir surtiéndote de los distintos cuerpos sucesivos que te hicieron posi-ble la infancia, la adolescencia y la juventud, y ahora quizás te estén proveyendo los otros varios necesarios para la madurez y la vejez.

Hablando del alma, permíteme ahora un placer que, por otra parte, te será muy interesan-te y quizás útil.

Se trata de Sócrates y sus cuatro argumentos en demostración de la existencia del alma. Lo hallamos en el Diálogo platónico ¨Fedón¨, que además de ser una de las cumbres de la fi-losofía, es especialmente emotivo dado que cuenta la despedida de Sócrates a sus alum-nos antes de tener que suicidarse ingiriendo cicuta, en estricto cumplimiento de la

(22)

conde-Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 22 na del tribunal que le había encontrado culpable por sus ideas contrarias a la existencia de los dioses griegos, y por ¨corromper a la juventud¨ con ellas.

Durante ese encuentro de despedida, sus alumnos se lamentaron de la muerte inminente de su maestro, y Sócrates intentó reconfortarles explicándoles que no iba a morir pues su alma, como la de todos, es eterna. Por ello, y a pedido de sus alumnos, les explicó sus cua-tro argumentos demostrativos que Platón, uno de los alumnos, recogió mas tarde en este diálogo.

El cuarto de los argumentos el que yo encuentro asombrosamente perfecto en su dialécti-ca y razonamiento. Como cualquiera de los diálogos de Platón, Fedón es una delicia lectora pues es una fácil pero brillante conversación, formada de preguntas y respuestas conti-nuas que van desgajando poco a poco la sustancia profunda del tema en cuestión, desgra-nando su verdad en un continuo pensar y eliminar posibilidades.

He hecho un fuerte resumen de los razonamientos de este argumento; aunque el diálogo en su totalidad es una maravilla detallada de razonamientos continuos, espero en fin que este resumen haya logrado conserve lo principal, para que se entienda:

Los contrarios se excluyen. Hay cosas que pueden ir de un contrario a otro, pero por esencia los contrarios se excluyen mutuamente.

Por ejemplo: el frío y el calor. Cuando el fuego se acerca a lo frio, éste perece, se apaga y le cede su lugar al frío, pues no le es posible enfriarse y seguir siendo fuego.

Es decir, no solo los contrarios se excluyen mutuamente: hay también cosas que dado que sus esencias están conectadas a uno de ellos, también excluyen comple-tamente al extremo contrario.

¿Qué es lo que ha de haber en un cuerpo para que posea Vida? El Alma. Por lo tan-to, igual que el fuego siempre trae el calor, el alma siempre trae la Vida. Esto por-que el alma se identifica con la Vida, por-que constituye su ser.

Por lo tanto, como la muerte es contraria a la Vida, el alma, que se identifica con la Vida, jamás podrá aceptar en si a su contrario, la muerte; jamás podrá admitir lo contrario de lo que ella misma es y trae.

¿Cómo se llama lo que no admite la idea de lo par? Lo impar.

¿Cómo se llama lo que no admite la muerte? Lo inmortal.

Por lo tanto el alma es inmortal dado que su esencia excluye la propia idea de la muerte.

Es decir, cuando la muerte llega, el alma lo único que puede hacer es alejarse, no puede perecer, pues esto sería aceptar en sí a la muerte, lo cual ella no puede ha-cer, pues su esencia está conectada a la Vida.

El alma trae la Vida al cuerpo y, cuando la muerte llega, ella solo puede retirarse, pues la esencia del alma excluye a la esencia de la muerte. Así, solo lo mortal mue-re en el hombmue-re, no lo inmortal.

(23)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 23

Con sus tres primeros argumentos, Sócrates demostró que el alma es más duradera que los cuerpos; con este cuarto, demuestra además que no solo es más duradera, sino que por esencia, dado que trae la vida, es inmortal e imperecedera.

Te pregunto: ¿¿¿No es, además de brillante, precioso???

¡¡¡Y tiene 2.000 años de antigüedad!!! ¡¡¡Hace 2000 años que Sócrates razonó así!!!

4.2.1- LA MEDIDA DE ALMA: LA FELICIDAD

Las evidencias son diarias y claras: el ser humano es más feliz cuanto más logra salir de la trampa del yo, que vive siempre desdichado dada la limitación propia de su esencia. Escúchalo con atención: he aquí el concepto guía de nuestra alma: la felicidad, esa Felici-dad que es índice y medida de la realización, satisfacción al unísono de todas las áreas del yo.

La felicidad humana consiste en la razonable satisfacción simultánea de sus niveles físico, emocional, intelectual y espiritual. Cuando todos ellos alcanzan al unísono un suficiente estado de satisfacción, la sensación de felicidad nos invade.

La felicidad es la medida del cumplimiento del alma.

Porque cuando un niño ríe es porque su ser está completo, y cuando llora es por expresar una carencia que necesita cumplimiento.

Y así es como este concepto guía, por su necesaria consecución, nos demuestra que el Bien es superior al Mal, el Orden al Caos y el Desarrollo a la Destrucción.

Es por ello que tu esencia, lo que eres y a lo que aspiras, detesta lo caótico y no realizado: es por eso que odias, por ejemplo, vivir en lugares sucios y destruidos, o rodeado de per-sonas sucias y destruidas.

Muy al contrario, necesitas vivir en un lugar cuanto más limpio y perfecto te sea posible lograr, rodeado idealmente de personas buenas, inteligentes, limpias y bellas. A eso tiende tu esencia puesto que es ahí, y solo ahí, donde encuentra la felicidad.

4.2.2- LA CONTABILIDAD DEL ALMA: LA LEY DE PROGRESO

Partiste de la absoluta indefensión de la infancia y fuiste construyendo con gran esfuerzo, lentamente, una fortaleza sentimental que te permitiera cierta independencia y, a partir de ahí, esa estabilidad que denominamos madurez. Todo esto al tiempo que rompías la so-ledad natural de la existencia a través del contacto y empatía con los otros: relaciones, amistades y, a veces, amor, esa total ruptura del yo en el plano humano.

(24)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 24 Sin embargo, malas noticias, una vez que obtengas todo eso, tantos tesoros de personas y momentos, el paso inclemente del tiempo te lo irá arrebatando casi todo, a veces incluso su mismo recuerdo, hasta dejarte muchas veces en una cierta soledad y desvalidez a la que, como en tu infancia, solo los posibles avances de la civilización podrán ayudar.

Pero atención, fundamental, conservarás sin pérdida todo lo que de verdad es importante y necesario, pues es el objetivo todo de esta dura existencia: conservarás cuanto lograste desarrollarte y ascender desde tu limitación, tu encerrona, tu ego. Y esto gracias a una prodigiosa ley natural que, escúchalo bien, ¡es una ley natural a tu favor! Por fin, algo na-tural de tu parte…

Es una justa Ley espiritual que, atención, demuestra además el sentido y objetivo de tu vi-da tovi-da, de esta brutal caívi-da que sufriste en esta densa, lentísima materialivi-dad.

Es una justísima ley que contabiliza y guarda hasta el más pequeño de los avances que vas logrando en esa tarea forzosa, ya demostrada por la misma evolución, de escapar cuanto antes del salvajismo inferior del yo, en tu camino a ser digno del resto del Universo: pura energía instantánea.

Esa Ley de Progreso dice: ¨Ningún adelanto espiritual se pierde jamás. El espíritu puede permanecer estacionario pero no retrocede. El río jamás remonta hacia su fuente¨.

Es una ley que experimentas y compruebas todos los días en ti mismo y en los demás: cada adelanto espiritual se conserva, jamás se pierde.

Mas allá de la conciencia, que siempre te azuzará sin cesar recordándote cualquier mal cometido, no te es posible de todas maneras retroceder espiritualmente.

Es decir, podrás cometer un mal, por supuesto, de mayor o menos importancia, e incluso lo harás muchas veces en esta vida, por tantos motivos distintos, pero tu interior siempre lo lamentará y, si es necesario, tu conciencia te lo recordará constantemente.

Podrás reconocerlo al mundo; o no. Podrás enmendarlo; o no. Podrás incluso arrepentirte en tu interior; o no. Pero siempre sabrás que hiciste mal, tu conciencia no dejará de recor-dártelo, y aunque intentes acallarla habrá siempre un momento de calma, quizás cuando todo haya pasado, en que te reconozcas a ti mismo, para tus adentros, que estuviste mal, que no estuviste a tu propio nivel. Y algo adentro de ti pedirá secretamente perdón a ese prójimo, a ti mismo, a algo superior.

Y así con cada mejora, con cada adelanto, con cada bondad o sensibilidad lograda: todas ellas las habrás ganado para siempre, jamás las perderás aunque las olvides o incluso tem-poralmente las traiciones. Son tuyas pues ya son tú.

Dada la dureza intrínseca de esta vida, siempre cargada con las necesidades y dificultades de la Materia, esta ley es pura justicia por lo duro que te supone mejorar en ella tu espiri-tualidad, lo único que realmente eres.

(25)

Fernando Espiñeira González - © 2020 Página 25 Es la ley perfecta que protege y asegura tu trabajo. Y su guía superior es, nada menos, la Conciencia. A ella vamos.

4.3- LA CONCIENCIA DE BIEN Y DEL MAL

Otra dotación definitiva del ser superior es la conciencia del Bien y del Mal, ese disparade-ro y puerta de entrada a alturas del Ser que solo comienzan cuando se reconoce la existen-cia y derecho del otro. Solo a partir de ahí pueden los seres empezar a unirse en vínculos emocionales que vayan rompiendo imparables la trampa del yo e iniciar, imparables, la as-censión por un camino superior y definitivo: colaboración, compenetración, generosidad, amistad, etc., que tiene como objetivo natural la ruptura del yo, ese resto a eliminar del animal inferior: la eliminación de su cárcel, su soledad, su limitación, su incapacidad, su imperfección intrínseca.

De hecho, tan básica y natural es esa necesidad por escapar de la cárcel del yo, que todo ser ansía el contacto con sus semejantes como un consuelo básico frente a la soledad del yo en el cuerpo.

Tanto es así que el aislamiento de un preso supone la pena máxima aplicable e incluso, si excesivo, puede provocar efectos psicológicos. Y, precisamente, uno de los mayores pro-blemas causados por el desarrollo económico y la moderna independencia de nuestras so-ciedades es el crecimiento de la soledad, esa dolorosa imposibilidad de compartir con otro el desasosiego natural que produce el mero hecho de vivir.

La conciencia es un superior código ético inscrito en ti. Es constante, indeleble y justo. Y es tu sigiloso juez interno. Funciona en base a una ley simple: ¨No hagas al prójimo lo que no quieras que te hagan a ti¨. No en vano es también una de las grandes frases de la Biblia. Es un hecho: te sientes bien cuando haces el Bien y te sientes mal cuando haces el Mal. El Bien te alimenta pues te eleva a tu esencia original, tira de ti hacia lo alto y ese reencuen-tro con tu mejor ser es tu recompensa. Por el contrario, ceder a la tentación siempre real del Mal te procurará una satisfacción engañosa y corta, pues enseguida tu interior esen-cial, tu yo real, sufrirá ese descenso, alejamiento de su esencia alta y verdadera en la que es feliz, pues en ella es y se siente completo.

Puedes escuchar o no la voz de tu conciencia, la puedes callar temporalmente con argu-mentos irrelevantes o directamente falsos, paños temporales que en un ser humano ho-nesto acaban cayendo según el tiempo pasa, aquellas razones prácticas se olvidan, la ne-cesidad de auto-engaño cesa, y la voz interna alza su voz constante.

También se la puede cubrir con voces aun más fuertes, como el cinismo, esa negación sar-cástica de la realidad, pero a la postre no es posible impedir que la Conciencia hable, y siempre se hará presente cuando menos la esperes, en el famoso atardecer que eleva el alma o en cualquier otro momento sorpresivo.

Referencias

Documento similar

(29) Cfr. MUÑOZ MACHADO: Derecho público de las Comunidades Autóno- mas, cit., vol. Es necesario advertir que en la doctrina clásica este tipo de competencias suele reconducirse

95 Los derechos de la personalidad siempre han estado en la mesa de debate, por la naturaleza de éstos. A este respecto se dice que “el hecho de ser catalogados como bienes de

(58) A este respecto es muy interesante el caso de la Cañada real de las Merinas, contemplado por la sentencia de 18 de abril de 1956 (Arz. 2.233): el propietario del monte Pilar

Los estudiantes implicados en esta experiencia pedagógica debían percibir los diferentes términos comerciales que aparecían en un documental (a través de la narración de

Como sucede con la integridad física, algo también de la integridad moral forma parte del derecho a la vida. El qué sea parece teóricamente identificable con aquélla parte sin la que

Pero el resultado no puede pasar porque personal joven, que quizás no está emocionalmente todo lo estable que debiera, que puede que no haya recibido una

Pero si nuestra Cámara alta asumiera una dinámica autonómica, otras muchas facultades, hoy disminuidas, podrían adquirir una relevancia supe- rior: ya hemos visto sus

Pero antes hay que responder a una encuesta (puedes intentar saltarte este paso, a veces funciona). ¡Haz clic aquí!.. En el segundo punto, hay que seleccionar “Sección de titulaciones