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ALGUNAS CUESTIONES DE CARÁCTER
GENERAL EN TORNO A LA ORTOGRAFÍA
(Primera parte)
María del Pilar Cerdeira Hernández*
*Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas (FES Acatlán.), Maestra en Lingüística Aplicada (CELE-UNAM). Profra. de T. C. en el CEI de la FES- Acatlán, en el
Dpto de Español para Extranjeros.
Al parecer, con la publicación titulada Ortografía de la lengua española, de 2010, por parte de la Real Academia Española de la Lengua (RAE), se ha retomado una vez más, en los diferentes países en los que se habla español, la cuestión lin-güística de la ortografía. En algunos de esos países surgieron incluso controversias de carácter variado como producto de algunas de las nuevas disposiciones, pues para diversos lingüistas las mismas eran ya un tanto irracionales, tal es el caso de México. Algunos otros publicaron, casi inmediatamente, versiones resumidas del texto en cuestión, con el fin de simplificar la consulta de las nuevas reglas a los interesados, Puerto Rico, por ejemplo, con el texto titulado: Ortografía del Español. Cambios más significativos de la nueva ortografía, de Amparo Morales.
Sin embargo, y al parecer, aunque se formaron grupos de discusión para opi-nar sobre el nuevo texto, no se formaron para resolver el problema de la llamada mala ortografía, que hubiera sido lo deseado, puesto que ése es un asunto académi-co que sigue pendiente a pesar de que todo indica que cada vez se escribe peor. De allí que se pretenda, mediante este artículo, intentar poner de manifiesto la impor-tancia de la ortografía, como sistema normativo de la lengua, en su modalidad escrita, a fin de que sea considerada desde un punto de vista diferente, tanto por los alumnos como por los profesores, y con ello ver si existe la posibilidad de que se resuelva el problema en cuestión.
Lo primero que debería considerarse es que este aspecto lingüístico, siempre presente en las cuestiones relacionadas con la lengua materna, y convertido en una dificultad generalizada, incumbe no solamente a los estudiantes, como suele adjudi-carse, sino también y quizá de manera más directa a los profesores, pues son ellos los encargados de transmitir los conocimientos a esos estudiantes.
No podríamos asegurar qué es lo que están haciendo los profesores al respec-to, o ni siquiera si están tomando alguna medida que vaya más allá de seguir lo indi-cado por los programas, que por otro lado sería lo mínimo indispensable, lo que sí es un hecho es que los alumnos siguen escribiendo como si conocieran una mínima par-te de las reglas ortográficas o no las conocieran en absoluto. Lo cual por supuesto, y en mi opinión, afecta de diversas maneras al conjunto de usuarios de la lengua espa-ñola, sean lingüistas, profesores, estudiantes o no pertenezcan a ninguna de estas categorías.
Si bien, para algunos la llamada mala ortografía no tiene mayor trascendencia puesto que no altera la comunicación, es decir, el mensaje sigue entendiéndose aun-que haya errores ortográficos; para otros, por el contrario, sí la afecta y puede consi-derarse como ruido en la misma; para otros más, es importante pues se trata de un factor que favorece la crítica de los demás ya que asocian la mala ortografía con un nivel académico y cultural muy bajo; y para otros, incluso, resulta de carácter funda-mental pues sin su conocimiento no se puede decir que se conozca la lengua que hablamos.
Ante esta situación, algunos autores se preguntan por qué razón no ha sido po-sible superar el problema ortográfico, si los contenidos son más bien de carácter sen-cillo. Dido (2001), por ejemplo, en este sentido menciona que la enseñanza de la or-tografía es un proceso difícil en cualquier nivel. Sus contenidos son simples, porque se resumen en un conjunto de reglas con sus excepciones. Pero enseñar ortografía no consiste en enseñar las reglas, sino en enseñar a escribir ortográficamente, lo cual es un objetivo más ambicioso y más educativo.
Puede decirse que resolver esta cuestión no parece ser tan fácil puesto que pa-ra algunos investigadores, tal es el caso de Matteoda y Vázquez de Aprá (1997), la misma tiene que ver con tres dimensiones: la lingüística, relativa a la caracterización del sistema ortográfico en la representación escrita de la lengua; la psicológica, que tiene que ver con los procesos cognitivos involucrados en el aprendizaje de la lengua escrita, en general, y de la convencionalidad ortográfica, en particular, y la dimensión pedagógica, que de acuerdo con las autoras supone la revisión crítica de los modelos vigentes de intervención educativa y la transformación de las estrategias pedagógi-cas en el dominio ortográfico. Como puede verse entonces, y basándose en estos cri-terios, el problema ortográfico es más complejo de lo que pudiera pensarse y reque-rirá para su solución la intervención no sólo de lingüistas, sino también de peda-gogos.
EN TORNO A LA ORTOGRAFÍA (I)
No obstante, conviene abordar ahora algunas otras cuestiones que tienen que ver, principalmente, con la relación que se da entre ortografía y lingüística. Para ello, definiremos primero a esta disciplina.
Definición y objeto de estudio de la ortografía
Por su etimología de origen griego, la palabra ortografía significa recta escritu-ra. La RAE en su Ortografía de la lengua española (1999) menciona que la ortografía es el conjunto de normas que regulan la escritura de una lengua. Mediante ella se pretende, entre otras cosas, escribir adecuadamente los sonidos del idioma. Es decir, transcribir a lengua escrita la lengua oral, si bien, atendiendo a ciertos principios, los cuales tienen entre otros, además, la finalidad de facilitar la comprensión de esta re-presentación o transcripción lingüística. En este aspecto conviene señalar que algu-nos autores prefieren utilizar el término grafemática o grafonomía en lugar del tradi-cional ortografía.
Su ubicación en el área de la lingüística
En cuanto a su ubicación en el campo lingüístico, tradicionalmente la ortogra-fía había sido considerada como una parte de la gramática normativa que trataba del uso correcto de las letras y de los demás signos auxiliares de la escritura, aunque au-tores como Polo (1974) la consideraron ya como un código independiente y paralelo a la gramática pues en su opinión no cabía, ni material ni estructuralmente, dentro de la fonética, lo que parece acertado pues aunque está relacionada directamente con la misma, no se puede ubicar como parte de ella. En la actualidad, puede conside-rarse que la ortografía forma parte de la lingüística como un código normativo refe-rente a la versión escrita de la lengua, y que está en relación con diferefe-rentes partes de la misma.
Su importancia
Rodríguez- Izquierdo (2001) en Criterios tradicionales y renovadores en la ortografía, menciona que la unidad de la lengua la da la escritura, la unidad la dan las reglas ortográficas; es decir, son ellas como un criterio de nivelación de una serie de diferencias de pronunciación, de diferencias dialectales, peculiares, regionales, de hablas locales, muy legítimas, señas de identidad, indudablemente, pero que la orto-grafía nivela.
Dido (2001) por su parte, considera a esta disciplina como un índice objetivo del dominio de la lengua, esta concepción, aunque adecuada no es privativa de ella pues el dominio de la lengua se puede objetivar de otras maneras no necesariamente ortográficas. Sin embargo, mediante ella sí pueden evidenciarse diversas cuestiones de carácter lingüístico.
En cuanto a componentes lingüísticos, puede decirse que su importancia se relaciona con aspectos tales como el:
a) Comunicativo.- Hace ruido en la comunicación, según algunos, el mensa-je no se transmite con nitidez y puede incluso malinterpretarse, lo que de acuerdo con los funcionalistas anularía, por así decirlo, el carácter fundamen-tal de la lengua que es la comunicación.
b) Semántico.- Afecta a diversas áreas como la interpretación de las pala-bras: vaca, baca, de, dé; de los enunciados: _ Abrí la puerta. _ ¿Abrí la puerta?, o incluso de los textos, esto último generalmente al variar los signos de puntua-ción.
c) Sociolingüístico.- Denota mayor o menor dominio de las normas que ri-gen la lengua escrita, lo que permite clasificar a los hablantes en más o menos cultos lingüísticamente hablando.
Sus componentes
Algunos autores restringen lo que conocemos como ortografía al uso de las le-tras, por lo que para ellos esta disciplina sea principalmente la serie de normas que regulan la correspondencia entre el sistema de los fonemas y el de las letras. Y quizá por definiciones como ésta, se tienda a pensar que la ortografía consiste, básica-mente, en los fonemas y en las grafías con que son representadas tales unidades de sonido, por lo que, generalmente, cuando se hace referencia a cuestiones ortográ-ficas, se tiende a excluir apartados como la puntuación, aunque éste es quizá el más significativo de los que la conforman, pues tiene que ver con la hermenéutica de los textos.
Lidia Contreras en Mosterín (1981) quien pensaba lo mismo sobre la puntua-ción, dividió a la ortografía en tres aspectos fundamentales: el subsistema literal, el acentual y el puntual, y explicó que los dos primeros, atienden a la pronunciación, a la etimología y a la costumbre, pero el tercero, a las relaciones lógicas de las ideas que se expresan en lengua escrita, lo que le confiere el valor mayor.
De aquí se concluye que la disciplina en cuestión, está integrada por cuatro componentes básicos que son los siguientes:
a) el uso de las letras b) el de los acentos c) el de las mayúsculas d) el de la puntuación.
EN TORNO A LA ORTOGRAFÍA (I)
Aspectos que comprende cada uno de sus componentes
El uso de las letras hace referencia a la representación, mediante estos signos, del conjunto de fonemas de una lengua, cuando nos referimos a la modalidad escrita de la misma.
El de los acentos, a la pronunciación de unidades lingüísticas, mayores que el fonema, para diferenciarlas de otras unidades lingüísticas del mismo nivel. Quilis (1988).
Podemos hablar básicamente de dos tipos de acentos: el prosódico, que sólo se pronuncia, y el ortográfico, que se pronuncia y se escribe. Este último puede ser de carácter normativo, diacrítico, o enfático, y se marca, en la escritura, con la lla-mada tilde. El normativo es el que atendiendo a las reglas gramaticales divide a las palabras en agudas, graves, esdrújulas y sobresdrújulas. El diacrítico es el que dife-rencia funciones, y el enfático el que realza determinadas sílabas, aunque esto vaya contra las reglas ortográficas básicas.
El uso de las mayúsculas, hace referencia a la serie de convenciones señala-das mediante letras de mayor tamaño que las minúsculas – altas - que sirven, entre otras cosas, para distinguir los nombres propios de los comunes.
El uso de los signos de puntuación, a una serie de procesos lingüísticos, den-tro del enunciado, que permiten que éste sea interpretado adecuadamente, de allí que tengan una importante razón de ser en lo relacionado con el significado y con la interpretación de un texto. Es por eso que de acuerdo con Mosterín (1981) sean la parte más significativa de la ortografía. Además de señalar las pausas y la ento-nación en el texto, elementos sin los cuales se dificultaría mucho la comprensión de su contenido. (Continuará)