Plan General de Ordenación supletorio de La Aldea de San Nicolás
APROBACIÓN INICIAL
DOCUMENTO DE INFORMACIÓN Y DIAGNÓSTICO
VOLUMEN I
MEMORIA DE INFORMACIÓN AMBIENTAL
Firmado por: NOMBRE PEDRERO BALAS MARIA GRACIA - NIF 28712360B
INFORMACIÓN AMBIENTAL ... 1
1. LOCALIZACIÓN Y DESCRIPCIÓN GENERAL DEL TERRITORIO MUNICIPAL... 1
CARACTERÍSTICAS GEOLÓGICAS Y GEOMORFOLÓGICAS ... 3
1.1 GEOLOGÍA ... 3
1.1.1 Ciclo I Mioceno ... 4
1.1.2 Ciclo Roque Nublo. Plioceno ... 7
1.1.3 Ciclo post Roque Nublo. Pleistoceno y Holoceno ... 9
GEOMORFOLOGÍA ... 10
1.2 FORMAS DERIVADAS ... 10
1.2.1 Macizo de Guguy ... 10
1.2.2 Macizo de Inagua-Pajonales ... 11
1.2.3 Macizo de Altavista. ... 11
1.3 FORMAS SEDIMENTARIAS Y EROSIVAS. ... 12
1.3.1 Formas fluviales. ... 12
1.3.2 Formas litorales erosivas ... 13
ÁREAS DE INTERÉS GEOLÓGICO Y GEOMORFOLÓGICO ... 14
RASGOS CLIMÁTICOS ... 19 1.4 LAS PRECIPITACIONES. ... 19 1.5 LAS TEMPERATURAS. ... 24 1.6 RÉGIMEN DE VIENTOS ... 25 1.7 BALANCE HÍDRICO... 27 1.8 TIPOS DE CLIMA ... 29 MONTAÑA ... 30 UBICACIÓN ... 30 ALTITUD ... 30
CICLO HIDROLÓGICO Y RECURSOS HÍDRICOS ... 32
1.9 RECURSOS SUPERFICIALES ... 32
1.9.1 Características de las cuencas y de los principales barrancos ... 33
1.9.2 Aprovechamientos y volúmenes ... 34
1.10 RECURSOS SUBTERRÁNEOS ... 37
1.10.1 Características del acuífero de Gran Canaria ... 37
1.10.2 Características hidrogeológicas ... 37
1.10.3 Transeptos radiales... 39
1.10.4 Características hidroquímicas. ... 39
1.10.5 Aprovechamiento de los recursos subterráneos ... 40
1.11 USOS DEL AGUA ... 41
1.11.1 Consumo hídrico-agrícola. ... 41
1.11.2 Consumo hídrico-industrial ... 43
1.11.3 Consumo hídrico-urbano ... 43
1.12 GESTIÓN DEL AGUA ... 44
1.12.1 Aguas superficiales ... 45
1.12.2 Aguas subterráneas ... 45
1.12.3 Recursos no convencionales ... 45
SUELOS. CAPACIDAD AGROLÓGICA... 48
1.13 CARACTERIZACIÓN EDÁFICA ... 48
1.13.1 Alfisol ... 48
1.13.3 Aridisol ... 50
1.13.4 Inceptisol ... 50
1.13.5 Litosol... 51
1.14 CAPACIDAD AGROLÓGICA. CLASIFICACIÓN ... 51
1.14.1 Clase B: Uso agrícola moderadamente intensivo ... 52
1.14.2 Clase C: Uso agrícola con restricciones ... 52
1.14.3 Clase D: Uso agrícola muy limitado ... 52
1.14.4 Clase E: Uso agrícola con limitaciones severas ... 53
1.15 USO AGRARIO. LIMITACIONES FÍSICAS ... 53
1.15.1 Erosión ... 53 1.15.2 Pendiente ... 53 1.15.3 Espesor ... 54 1.15.4 Afloramientos rocosos ... 54 1.15.5 Pedregosidad ... 54 1.15.6 Salinidad ... 55 1.15.7 Alcalinidad ... 55 1.15.8 Propiedades físicas ... 55 1.15.9 Propiedades químicas ... 55 1.15.10Exceso de agua ... 56 1.15.11Falta de agua ... 56
1.16 ESTADO DE CONSERVACIÓN DEL SUELO... 56
1.17 ÁREAS DE INTERÉS EDÁFICOS: ... 59
1.17.1 Áreas de interés edáfico en la periferia urbana ... 61
FLORA Y VEGETACIÓN ... 63
1.18 LA VEGETACIÓN CLIMÁCICA ... 63
1.19 CARACTERIZACIÓN DE LOS PAISAJES VEGETALES ACTUALES ... 65
1.19.1 Formaciones relícticas moderadamente degradadas ... 65
1.19.2 Formaciones degradadas y severamente antropizadas ... 70
1.20 INVENTARIO DE LA FLORA VASCULAR TERRESTRE ... 72
1.21 CATEGORÍAS DE PROTECCIÓN ... 82
1.21.1 Catálogo Canario de Especies Protegidas (CCEP) ... 82
1.21.2 Real Decreto 139/2011, de 4 de febrero, para el desarrollo del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y del Catálogo Español de Especies Amenazadas. ... 83
1.21.3 Orden de 20 de febrero de 1991 sobre protección de especies de la flora vascular silvestre de la Comunidad Autónoma de Canarias ... 83
1.21.4 Directiva 92/43/CEE del Consejo de 21 de mayo de 1992 relativa a la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestre (Directiva Hábitat) ... 84
1.21.5 Convenio de Berna. ... 84
1.21.6 Convenio de Washington (CITES) ... 84
1.22 HÁBITATS ... 87
1.23 ÁREAS DE INTERÉS FLORÍSTICO EN EL MUNICIPIO DE LA ALDEA DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO... 88
FAUNA ... 93
1.24 INTRODUCCIÓN ... 93
1.25 CATEGORÍAS DE PROTECCIÓN ... 94
1.25.1 Catálogo Canario de Especies Protegidas (CCEP) ... 95
1.25.2 Real Decreto 139/2011, de 4 de febrero, para el desarrollo del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y del Catálogo Español de Especies Amenazadas. ... 96
1.25.3 Directiva 92/43/CEE del Consejo de 21 de mayo de 1992 relativa a la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestre (Directiva Hábitat) ... 96
1.25.4 Directiva Aves ... 96
1.25.5 Convenio de Bonn ... 97
1.25.7 Convenio de Washington (CITES) ... 97
1.26 FAUNA VERTEBRADA ... 98
1.26.1 Aves ... 100
1.26.1.1 Aves marinas asociadas a acantilados ... 100
1.26.1.2 Aves asociadas al matorral xerófilo y xerotermófilo ... 101
1.26.1.3 Aves asociadas a barrancos con vegetación higrófila ... 101
1.26.1.4 Aves asociadas a matorrales y bosquetes termoesclerófilos ... 102
1.26.1.5 Aves asociadas a los pastizales ... 102
1.26.1.6 Aves asociadas a los jaguarzales (jarales), escobonales y retamares de Teline ... 102
1.26.1.7 Aves asociadas a los pinares... 102
1.26.1.8 Aves asociadas a la presencia de láminas de agua de riego ... 102
1.26.2 Mamíferos ... 105
1.26.3 Reptiles ... 106
1.26.4 Anfibios ... 108
1.27 FAUNA INVERTEBRADA ... 108
1.28 LAS ÁREAS IMPORTANTES PARA LAS AVES (IBAS) ... 113
1.29 ÁREAS DE INTERÉS FAUNÍSTICO EN EL MUNICIPIO DE LA ALDEA DE SAN NICOLÁS ... 115
1.29.1 IFA 1. Acantilados del Andén Verde ... 115
1.29.2 IFA 2. Andenes de la Fuente Blanca ... 116
1.29.3 IFA 3. El Roque ... 116
1.29.4 IFA 4 Macizo de Inagua ... 116
1.29.5 IFA 5. Acantilados del suroeste ... 117
1.29.6 IFA. 6. Camachuelo trompetero. En Tasarte ... 118
1.29.7 Ecosistemas litorales. flora y fauna litoral. ... 118
1.29.8 Descripción de los ecosistemas marinos del litoral. ... 118
1.29.9 Ecosistemas del litoral en el ámbito de estudio. ... 119
1.29.10Las comunidades mesolitorales o intermareales ... 120
1.29.11Presencia de especies protegidas ... 122
EL PAISAJE ... 124
1.30 COMPONENTES DEL PAISAJE. ... 125
1.31 EVALUACIÓN DEL VALOR PAISAJÍSTICO: ... 126
TIPOLOGÍA Y LOCALIZACIÓN DE IMPACTOS AMBIENTALES ... 138
1.32 PROCESOS EXPANSIVOS ... 138
1.32.1 Impactos sobre el medio natural ... 138
1.33 PROCESOS LINEALES ... 139
1.33.1 Impactos sobre el medio natural ... 139
1.33.2 Impactos visuales ... 139
1.34 IMPACTOS PUNTUALES ... 140
1.34.1 Impactos sobre el medio natural ... 140
1.34.2 Impactos visuales ... 141
ANÁLISIS DE RIESGOS NATURALES ... 142
1.35 ANÁLISIS DE RIESGOS ... 143
1.36 PREVENCIÓN DE RIESGOS ... 145
1.37 TIPOS DE RIESGOS NATURALES ... 145
1.38 CONCLUSIÓN ... 152 PATRIMONIO CULTURAL ... 153 1.39 EL PATRIMONIO PALEONTOLÓGICO ... 153 1.40 EL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO ... 155 1.41 EL PATRIMONIO ETNOGRÁFICO ... 166 1.42 EL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO ... 179
1.42.2 Obras de arte y arquitectura religiosa. ... 183
INFORMACIÓN AMBIENTAL
1. LOCALIZACIÓN Y DESCRIPCIÓN GENERAL DEL TERRITORIO MUNICIPAL
El término municipal de La Aldea de San Nicolás está emplazado en el cuadrante suroccidental de Gran Canaria. Se extiende desde el nivel del mar hasta las cumbres de Inagua, cuya cima se eleva hasta los 1.426 metros de altitud. Desde una óptica administrativa, limita con los municipios de Artenara, al norte; Tejeda, al oeste, y Mogán, al sureste. Sus 123,58 km², lo convierten en el tercer municipio más extenso de la Isla, tras San Bartolomé de Tirajana y Mogán.
La complejidad paisajística del término municipal, que exhibe un relieve marcadamente abrupto, labrado sobre los soportes geológicos más antiguos de la Isla, ha propiciado el desarrollo de un patrimonio natural de muy elevada calidad. Sin embargo, los usos que el hombre ha venido haciendo de estos parajes desde la primera ocupación humana de Gran Canaria han incidido en su merma, aunque aun cuenta con un acervo natural muy estimable que en términos legales se traduce en la creación de tres espacios naturales protegidos que ocupan una elevada porción del territorio municipal: el Parque Rural del Nublo, el Parque Natural de Tamadaba y la Reserva Natural Especial de Güi-Güi.
El predominio de los procesos de desmantelamiento del relieve a causa de la ausencia de episodios eruptivos cuaternarios -al contrario de lo que ha venido sucediendo en la mitad norte de
la isla- ha ocasionado la aparición de una red de desagüe muy desarrollada. En torno a los mayores cursos hídricos del municipio se han ido depositando sedimentos que han conformado terrazas aluviales de elevado valor agrícola, explotadas desde época prehispánica, y que han polarizado el asentamiento humano. El prolongadísimo lapso temporal de inactividad volcánica ha determinado también la ausencia de una plataforma litoral a lo largo del perímetro costero. El contacto con el mar se resuelve mediante potentísimos acantilados, que se encuentran entre los mayores de la Isla y del Archipiélago.
El Valle de La Aldea es el de mayor amplitud de Gran Canaria. La disponibilidad de agua y la presencia de los suelos más fértiles de la Isla, junto a los de las vegas de Gáldar, Arucas y Telde, ha propiciado que su relevancia agrícola haya sido una constante desde la llegada de las primeras comunidades prehispánicas a Gran Canaria.
La configuración ambiental y física del municipio aun resulta, por consiguiente, determinante en la estructuración de su poblamiento y de su potencialidad económica. La presencia de los imponentes escarpes del Andén Verde y la lejanía de la capital insular ha limitado sustancialmente -y aun lo hace- el desarrollo de las actividades humanas de La Aldea, confiriéndole una elevadísima especificidad dentro del territorio de la isla. Resulta preciso, pues, desarrollar una exhaustiva documentación de las circunstancias físicas, ambientales e históricas de La Aldea, cuya plasmación física es su paisaje, para, de este modo, abordar su ajustada ordenación territorial.
Mapa del municipio de La Aldea Fuente La Historia de La Aldea de San Nicolás
CARACTERÍSTICAS GEOLÓGICAS Y GEOMORFOLÓGICAS
1.1 GEOLOGÍA
El municipio de La Aldea de San Nicolás se enmarca en la porción insular denominada Paleocanaria o Paleotamarán, términos que aluden a la presencia de la isla antigua, sobre la que han prevalecido los procesos de desmantelamiento del sustrato rocoso, frente a la llamada Neocanaria, expresión referida a la existencia de una morfología rejuvenecida por el predominio de los mecanismos constructivos del relieve. De este modo, la superficie del municipio muestra una marcada prevalencia del modelado erosivo que ha determinado su condición marcadamente abrupta y ha provocado la acumulación de amplios depósitos coluviales y aluviales. Sin embargo, el territorio municipal se ha visto afectado de forma episódica y muy puntual por tres erupciones volcánicas pliocenas cuyas manifestaciones aun pueden ser observadas.
La interacción de los procesos constructivos y erosivos a lo largo de los más de 14 millones de años de existencia de la isla emergida ha originado en el municipio un relieve muy accidentado,
caracterizado por la alternancia de profundos barrancos e interfluvios marcadamente erosionados. El conjunto se halla estructurado por el eje fluvial del Valle de La Aldea y su tributario de Tocodomán, en torno a los que se alzan las cuatro grandes unidades morfológicas originadas mediante procesos geológicos diferenciados: los macizos de Altavista y Tamadaba al norte, Guguy al oeste, Inagua al este, y la sucesión de los barrancos del suroeste, al sur.
Evolución geológica y bioclimática de San Nicolás
Fuente: La Historia de La Aldea de San Nicolás
1.1.1 Ciclo I Mioceno
En este ámbito territorial y en sus inmediaciones se localiza buena parte de las rocas que han conformado el territorio insular a lo largo de una amplia secuencia volcanogeológica que se inició a mitad del Mioceno, hace 14,5 millones de años, cuando la isla emergió del mar, configurándose
como un extenso escudo volcánico formado por el sucesivo apilamiento de multitud de flujos lávicos y piroclásticos, sin apenas interrupción, como sugiere la escasez de suelos rubefactados entre las coladas. Las rocas generadas durante este dilatado periodo se encuentran casi exclusivamente restringidas a la porción suroccidental de la isla y ocupan un amplio sector de la superficie municipal. Buena parte de los tramos inferiores de los sectores escarpados del municipio exhiben la superposición de las coladas lávicas de esta serie volcánica. Posteriormente, casi sin solución de continuidad, se derramaron ingentes volúmenes de materiales sálicos; fundamentalmente, tobas riolítico traquíticas vitrofídicas (composite flow), coladas riolítico traquíticas ligeramente vitrofídicas y un conjunto formado por ignimbritas, fonolitas, coladas piroclásticas y coladas riolítico-traquíticas peralcalinas -en este orden- que marcan el inicio del colapso del gran estratovolcán que coronaba la isla, y que está en el origen de la Caldera de Tejeda. La potencia estratigráfica de estos materiales supera en ocasiones los 500 metros. Estos flujos lávicos se desplazaron de forma radial y cubrieron una considerable extensión de la estructura previa que, de este modo, incrementó notablemente sus dimensiones. Las rocas resultantes coronan en la actualidad el macizo intracaldera de Inagua-Pajonales y los relieves residuales del complejo montañoso constituido por las elevaciones de Amurgar, Los Cedros, Pajaritos, Hogarzales y Las Vacas, por un lado, y el que forma las montañas de Aslobas y Almogarenes, al sureste del conjunto anterior.
El ingente volumen de materiales extruídos y la naturaleza súbita de las emisiones provocó el vaciado de las cámaras magmáticas y el consecuente colapso del estratovolcán que dio origen a una enorme caldera de hundimiento de planta elipsoidal y de unos 20 kilómetros lineales en su eje mayor (E-W). La presencia de la Caldera ha conducido a algunos autores a establecer en la isla los dominios geológicos denominados intra y extracaldera, delimitados por el borde de este accidente del relieve.
De este modo, concluyó el primer ciclo volcánico de Gran Canaria. Durante el resto del Mioceno y hasta el inicio del Plioceno se sucedió el periodo erosivo más relevante de la historia geológica de la isla; un intervalo de inactividad volcánica que se prolongó a lo largo de 4,5 millones de años. En esta fase se gestaron relevantes formas del relieve. Los materiales desmantelados (cantos, bloques y conglomerados fonolíticos) fueron desalojados por la red hídrica que se dibujó en este periodo, y se acumularon en los sectores costeros, originando deltas aluviales constituidos por la confluencia de abanicos torrenciales. Simultáneamente, la acción erosiva del mar iba esculpiendo los potentísimos acantilados costeros del municipio.
La concreta disposición espacial de la Caldera de Tejeda determinó la aparición progresiva del primer Valle de La Aldea, complementado por los cursos subsidiarios de Tocodomán, al sureste, y El Furel, al noreste. Simultáneamente, y de modo progresivo, se fue esbozando la red hídrica del macizo de Guguy. En torno a los cursos hídricos se fueron depositando las antiguas formaciones sedimentarias en cauces y piedemontes. Un tramo del perímetro de la gran Caldera de Tejeda está inserto en este término municipal. Un indicador de su presencia son los estratos de tobas riolíticas, denominados azulejos, que se prolongan irregularmente por las cabeceras de los barrancos de Tasarte y La Aldea.
La actividad eruptiva se reanudó en el interior de la Caldera mediante la intrusión de plutones, entre los que se hallan las sienitas, a lo que siguió el despliegue de una compleja retícula de diques que adoptan una disposición cónica, que hunde su vértice en el interior de la Caldera (cone
sheet). Los procesos eruptivos se producían, en esta ocasión, con una explosividad más elevada,
generada por la presencia de un ingente volumen de gases. De este modo, la Caldera fue rellenada por lavas y mantos de ignimbritas que, tras rebosarla, tomaron preferentemente dirección oeste, deslizándose sobre los basaltos antiguos y constituyendo lo que algunos autores denominan
Formación Traquifonolítica (12,5-9,6 millones de años). Al concluir esta fase se habían generado
más de 350 km3 de rocas de naturaleza ácida; fundamentalmente, tobas, ignimbritas, coladas
riolítico-traquíticas peralcalinas con niveles de alteración hidrotermal, que determinan la aparición de tonalidades azuladas, verdosas, rosáceas y amarillentas (azulejos); sienitas alcalinas y peralcalinas; una densa red de diques sálicos de disposición cónica, amalgamada por brecha volcánica, y una serie de domos-diques de naturaleza fonolítico-nefelinítica.
La complejidad genética, compositiva y estructural de la Caldera tiene un evidente reflejo en las formas del relieve que ha generado, y contrasta llamativamente con la aparente homogeneidad basáltica del dominio extracaldera.
Los materiales desmantelados (cantos, bloques y conglomerados fonolíticos) fueron desalojados por la red hídrica y se acumularon en los sectores costeros, originando deltas aluviales, constituidos por la confluencia de abanicos torrenciales. Al final de este período ya habían quedado perfilados los macizos basálticos de Inagua-Ojeda-Pajonales, de Tamadaba-Altavista y de Güi-güi, y se habían encajado los barrancos de Tasartico y Tasarte, en torno a cuyos cursos se fueron estableciendo depósitos aluviales. La acción erosiva del mar esculpió los acantilados de Andén Verde y del litoral del oeste del municipio. Sobre las vertientes interfluviales se fueron depositando abanicos coluviales que en su evolución formaron glacis de composición traquítico-fonolítica, sin estructura interna y cubiertos por un encostramiento calcáreo.
La duración de la emisión de esta formación ha sido estimada en unos 600.000 años, durante los que se generó un volumen lávico de unos 1.000 km3.
1.1.2 Ciclo Roque Nublo. Plioceno
La actividad volcánica se reanudó hace 4,4 millones de años con las primeras emisiones basálticas del ciclo Roque Nublo, que discurrieron por los barrancos tallados sobre el relieve
fonolítico, especialmente por el de Tejeda-La Aldea. Durante el Plioceno, la actividad efusiva coincidía con violentas explosiones que se producían en el sector central de la isla, y que originaban avalanchas de nube ardiente que fluían por los valles, sin alcanzar los tramos inferiores. Simultáneamente, a lo largo del Plioceno medio y superior, nuevos abanicos aluviales, donde se acumulaban los materiales procedentes de la denudación del relieve se depositaban sobre los deltas originados en el Mioceno superior. Las facies constructivas y erosivas se sucedían ininterrumpidamente, pero a medida que concluía el ciclo los procesos sedimentarios fueron desplazando a los volcánicos.
Las erupciones de este ciclo afectaron muy someramente al territorio del actual término municipal. En el municipio de Tejeda, en las inmediaciones del límite con La Aldea de San Nicolás, surgió el centro de emisión de Pino Gordo, cuya colada basáltica asociada, con potentes bases escoriáceas, tras ser incidida por sendos cursos hídricos, constituye el Lomo de Sabina Gorda. El cono que, aunque parcialmente desmantelado, se conserva, presenta planta “en herradura” abierta al norte.
En el límite suroriental del municipio, en la divisoria de los barrancos de Tasarte y Veneguera, se localizan coladas basálticas correspondientes también al mismo ciclo que, salvo en el afloramiento de Roque Colorado, muestran una potencia exigua y escasa extensión lateral. Roque Colorado conforma la cima de la divisoria. Constituye los restos del antiguo centro de emisión, prácticamente desmantelado. En su entorno se ha consignado la presencia de acumulaciones de piroclastos. La colada, que exhibe disyunción columnar, es muy potente (alrededor de 50 metros) y conforma una plancha cuya inclinación oscila entre los 12 y los 20º. Se encuentra asentada sobre un estrato de almagre que descansa a su vez sobre traquitas miocénicas.
En la margen oriental de la desembocadura del barranco de Los Secos se extiende otra colada que ha sido seccionada por el cauce actual. Su techo muestra una superficie escoriácea. El muro está asentado sobre traquitas del primer ciclo
En la misma serie geológica se inscribe el masivo deslizamiento de rocas que dio lugar al conjunto de Las Tabladas-Castañeta, uno de los más singulares del municipio, que parece tener su origen en un desprendimiento de los escarpes exteriores de la Caldera de Tejeda. El conjunto se encuentra parcialmente enmascarado a causa del depósito de derrubios de ladera. Su potencia alcanza alrededor de 60 metros. Todo indica que estos materiales fueron desplazados a causa de un gran deslizamiento (land slide, en expresión de Schmincke), circunstancia propiciada por la existencia de un nivel plástico en la base, que podría corresponderse con las tobas vitrofídicas (azulejos). La existencia, inmediatamente al oeste, de un retranqueo del borde de la caldera, avala esta hipótesis. En el escarpe de Las Tabladas también pueden observarse afloramientos de
coladas basálticas intracaldera, sobre los que se depositaron sedimentos aluviales conglomeráticos.
Las Tabladas y su entorno están cubiertos de depósitos de deslizamientos gravitacionales, resultado de la erosión del escarpe contiguo, constituido por ignimbritas intracaldera, retranqueado hacia el este, y perfilado mediante una concavidad evidente. La naturaleza de los materiales es claramente sálica. Están constituidos por ignimbritas, traquitas, fonolitas y tobas riolíticas alteradas (azulejos). Se trata de un depósito caótico y heterométrico. La datación de estos materiales resulta imprecisa, aunque existe unanimidad en considerarlos posteriores a las emisiones volcánicas del ciclo post Roque Nublo inferior, sobre las que descansan.
1.1.3 Ciclo post Roque Nublo. Pleistoceno y Holoceno
Al finalizar el ciclo Roque Nublo, comenzó un nuevo periodo erosivo que se prolongó a lo largo de 0,6 millones de años. La incisión de las aguas reexcavó los barrancos, seccionando los estratos volcánicos y los depósitos aluviales. Las emisiones del ciclo post Roque Nublo comenzaron hace unos 2,8 millones de años. Sus productos sólo pueden ser observados en el municipio en la porción superior del escarpe de Las Tabladas.
El prolongadísimo periodo de inactividad volcánica ha propiciado desde entonces el desarrollo de una intensa actividad erosiva que da lugar a la formación de terrazas aluviales en torno a los cauces de los principales barrancos que surcan el municipio, al depósito de abanicos coluviales en las vertientes y a su disección a causa de erosión fluvial.
GEOMORFOLOGÍA
El relieve constituye el escenario en el que se desarrollan las sociedades humanas que, condicionadas por su presencia, adoptan mecanismos de adaptación ante las limitaciones y posibilidades que brinda.
La Aldea de San Nicolás se ha visto condicionada en un grado muy elevado por la presencia de una orografía abrupta que se desarrolla en torno a tres valles fértiles que han acogido el poblamiento desde la primera ocupación humana del territorio, y que se han constituido en vías de penetración al interior del municipio. De los tres destaca por su amplitud el Valle de La Aldea, que acoge a la capital municipal. Por consiguiente, el relieve no sólo dibuja los rasgos fundamentales del paisaje, sino que ha influido en el devenir histórico y cultural de estos parajes.
Fuente La historia de La Aldea de San Nicolás 1.2 FORMAS DERIVADAS
1.2.1 Macizo de Guguy
Constituye el único macizo basáltico de Gran Canaria, y el más antiguo de la Isla. Conforma un relieve abrupto, recorrido por una gran crestería central de la que parten angostos barrancos,
delimitados por interfluvios en cresta; agudos, rocosos y coronados por perfiles dentados, salpicados de roques, morros y espigones.
Desde el núcleo central del macizo, constituido por la Montaña de Hogarzales, cuya cima, que se eleva hasta los 1.065 metros está rematada por una superficie de aplanamiento, y por la de los Cedros, que alcanza 1.006 metros sobre el nivel del mar, parte una profusa red de drenaje radial conformada por los barrancos de Guguy Grande, Guguy Chico, Peñón Bermejo y los cursos menores que desaguan en el Valle de Tocodomán.
La condición abrupta de estos parajes ha limitado la ocupación del territorio. El contacto con el mar se resuelve mediante espectaculares acantilados que, en ocasiones, superan los 500 metros de altitud. Desde el mar, y a través del cantil, se aprecia la estructura interna del primer escudo volcánico que dio origen a la isla, conformado por la superposición de una multitud de coladas de lava, alternadas con estratos piroclásticos y conos sepultados, salpicado todo de una densa malla de diques, que hicieron las veces de chimeneas del magma, en su ascenso. El paulatino retroceso del litoral acantilado ha ocasionado la aparición de barrancos colgados, a una notable altitud.
1.2.2 Macizo de Inagua-Pajonales
Muestra rasgos morfológicos que se hallan a medio camino entre los macizos basálticos y los traquifonolíticos. Desde una crestería central que recorre todo el macizo, coronada dentro del término municipal por la Montaña de Inagua (1.426 metros), la de Ojeda (1.366 metros) y el Viso (996 metros), desde donde se contempla una extensa panorámica del municipio, parten abruptas laderas que muestran paleovalles y superficies de arrasamiento, testigos de la evolución geomorfológica de la isla. Ambas morfologías son indicadoras de la existencia de diferentes fases del modelado erosivo. Los potentes escarpes que delimitan el macizo, cuya formación ha sido propiciada por la existencia de una intrincada de diques que lo flanquea, refuerzan su carácter montano.
A diferencia del de Guguy, el Macizo de Inagua-Pajonales está emplazado en el dominio
intracaldera, justo en su borde, como indica la presencia de azulejos que bordean su perímetro.
En el pasado, este macizo formaba un solo bloque con el de Tamadaba-Altavista. Su individualización tuvo lugar durante la última fase del Mioceno, a consecuencia de la apertura del cañón de Tejeda.
1.2.3 Macizo de Altavista.
Muestra una configuración similar al Macizo de Inagua-Pajonales, con una crestería que conforma el eje del macizo, de la que forma parte la Montaña del Humo (910 metros), muy próxima al límite
del municipio de La Aldea de San Nicolás. Su naturaleza volcánica es miopliocena. Se extiende por el dominio intracaldera, y al igual que el Macizo de Inagua-Pajonales, se trata de un testigo su aéreo del basamento insular, muy accidentado con marcadas pendientes y elevadas cimas que le confieren carácter montano.
1.3 FORMAS SEDIMENTARIAS Y EROSIVAS.
1.3.1 Formas fluviales.
Valle de La Aldea.
Conforma un amplio valle en artesa, de fondo plano que sirve de desagüe de la cuenca de Tejeda. Los sedimentos ocupan el fondo del valle y llegan a ascender hasta los 400 metros de altitud sobre el nivel del mar, tapizando incluso algunas vertientes. En torno al lecho del barranco se han ido acumulando depósitos aluviales que constituyen uno de los suelos más fértiles de la isla. En las vertientes se han observado dos tipos de glacis, generados durante el Pleistoceno, con unas condiciones climáticas sensiblemente distintas de las actuales. Los glacis traquitofonolíticos, más escasos, muestran mayor longitud. Están asociados a los grandes escarpes de Andén Verde, del Macizo de Inagua-Pajonales y del Andén Negro. Los glacis-coluviones adoptan desde una perspectiva cenital una planta triangular, con el vértice agudo apuntando hacia el sector superior del depósito. Es la tipología más común y conforma las faldas de los interfluvios de los barrancos de La Aldea, Tocodomán, y las cabeceras de los barrancos de Tasarte y Tasartico.
La desembocadura del Barranco de La Aldea está formada por una llanura aluvial que presenta una amplia gama granulométrica y petrológica a causa de la abundancia de sustratos geológicos diferenciados, drenados por la red hídrica, y a la preponderancia de un régimen pluviométrico espasmódico y torrencial. En las inmediaciones de la línea de costa se abre El Charco, una laguna cuaternaria, cuyo entorno constituye el yacimiento paleontológico más importante del archipiélago a causa de la enorme abundancia de fósiles marinos y terrestres que contiene.
Barrancos y cuchillos del suroeste.
Esta comarca geomorfológica está constituida por la presencia de sendos barrancos lineales (Tasarte y Tasartico), delimitados por angostos interfluvios coronados por relieves residuales que alcanzan la verticalidad (Montañas de Mogarenes, Loas y Lechugal). En ocasiones los interfluvios permiten el paso intercuenca a través de las degolladas, denominadas collados en la España peninsular. Los escarpes no se hallan regularizados en su perfil, propiciando la aparición de andenes, a modo de escalones que secularmente han facilitado su tránsito.
Cañón de La Aldea
El cañón fue excavado por el paso estrecho del agua entre las verticales paredes de los actuales macizos de Inagua y Tamadaba, ambos constituirán antaño un único macizo, su separación adquiere entidad propia a finales del mioceno. Éste se localiza entre el municipio de La Aldea y Tejeda, supone un estrecho corredor ecológico entre estos municipios, muy importante, con una longitud de siete kilómetros de largo, para una ancho de menos de medio kilómetro, por el que se desaguan las aguas desde Tejeda hacia el barranco de La Aldea, aunque gracias a su morfología, en el se localizan la mayor red de presas de la isla.
1.3.2 Formas litorales erosivas
Andén Verde
Se trata de un acantilado basáltico, producto del desmantelamiento casi completo de un macizo de Tamadaba- Altavista de la misma naturaleza que el de Guguy, a causa de la acción erosiva del mar, a las alteraciones tectónicas y a la fuerza de la gravedad. El cantil permite contemplar los estratos superpuestos de coladas lávicas de gran espesor, que se alternan con finas capas de almagres, que lo conforman. Sus dimensiones, que en ocasiones superan los 700 metros sobre el nivel del mar, le confieren un elevado valor morfológico y paisajístico.
Acantilados del Suroeste
Se trata de una sucesión de cantiles basálticos que superan los 500 metros de altitud, su totalidad solo puede ser divisada en su conjunto desde su embarcación. Esta unidad es muy espectacular, pues se observa las primeras coladas de basaltos de formación de la isla, permite ver la estructura primigenia de la isla, caracterizada por la superposición de coladas lávicas de poco espesor, mantos de piroclastos y conos sepultados atravesados por una densa red de chimeneas volcánicas. Además presenta un gran número de taffonis en sus paredes y cuevas marinas muy profundas.
ÁREAS DE INTERÉS GEOLÓGICO Y GEOMORFOLÓGICO
Una vez analizados el origen y la forma del relieve, se hace necesario destacar dentro del municipio las diferentes áreas que, desde el punto de vista geológico y geomorfológico, muestren uno o varios valores a considerar relevantes, dentro de la historia geológica de La Aldea de San Nicolás San Nicolás. Su conservación resulta útil para comprender e interpretar las características y evolución de los procesos geológicos y geomorfológicos, que han modelado el espacio del municipio aldeano, dando lugar a unos rasgos geomorfológicos, característicos del paisaje aldeano, por eso se hace necesario su conservación, no solo por su interés científico, sino como parte de la belleza paisajística de lugar.
Se ha considerado como criterios de selección para la delimitación de estas áreas los siguientes: • Estado de conservación: Aquellas áreas donde la acción humana ha estado excluida o limitada, por lo general, debido a las características de la zona.
• Representatividad dentro del municipio. Las áreas que presenten un hito geológico o geomorfológico importante dentro del municipio y fuera de él, como símbolo de atracción científica, educativo y turístico.
• Singularidad del espacio. Aquellas áreas donde la geología o geomorfología sean difíciles
de encontrar en municipio o fuera de él y que supongan una belleza exótica al municipio, y las áreas cuya geomorfología permitan la existencia de ecosistemas, especies o elementos protegidos.
• Preservación. Aquellas áreas que aún siento hitos importantes, estén sometidas a
presiones que amenacen su estado, y que requieren medidas de protección y gestión.
Así y en base a estos criterios, se han designados como áreas de interés a proteger las que a continuación se describen:
Área de interés del Andén Verde:
Esta área, que constituye todo el acantilado norte del municipio, presenta un buen estado de conservación, pues es una zona que ha estado excluida de la mano del hombre, debido a su abrupto paisaje, en el que alcanza una altitud de más de 600 metros. Se observan las coladas yuxtapuestas de basaltos, coladas que llegan a alcanzar más de 5 metros de grosor. Entre sus coladas, pertenecientes a la formación en escudo de Gran Canaria, la parte más antigua de ésta,
alberga una impresionante belleza geológica la coloración de las coladas con almagres y basaltos teñidos de rojos, que se deben a la presencia de vegetales: “la barrilla” que le dan estos tonos, junto a la figura de líquenes que lo tintan de amarillos y verdosos.
La altitud de este relieve y su exposición al mar, hace que se concentren importantes endemismos florísticos y faunísticos, y al propio tiempo es una de los principales lugares de nidificación de aves pelágicas.
El Andén Verde, forma parte del Macizo de Tamadaba. Toda esta unidad forma un hito protegido, no solo para los aldeanos sino para el resto de los grancanarios, pues es el comienzo de la zona más inaccesible de la isla, marcada por las fuertes paredes rocosas del Macizo de Altavista-Tamadaba, lindantes con el mar, que dificultan la creación de vías.
1-Acantilados del Andén Verde
Área de interés El Charco.
El Charco es una maciega formada entre finales del Pleistoceno y principios del Holoceno, su morfología se debe al hundimiento de la costa aldeana por los movimientos verticales de la isla, que tuvieron lugar en dichos periodos. Estos movimientos basculares de la isla, ocasionaron transgresiones y regresiones marinas formando una vaguada morfológica con agua marina, que dio lugar a una laguna cuaternaria, en la desembocadura del barranco de La Aldea, este barranco continuamente aportaba agua a la laguna, alcanzando una laguna de agua potable en el bore costero.
Hoy la laguna se ha reducido a un charco, debido a la explotación de agua del acuífero insular de La Aldea a lo largo de varios siglos. Hoy El Charco destaca más por su valor cultural que por su valor científico, por ser un hito donde se celebran las fiestas patronales.
Esta charca, junto a la de Maspalomas, son las únicas lagunas cuaternarias de agua dulce que quedan en Gran Canaria. Son formaciones muy escasas en las islas, debido a la explotación del agua que tuvo lugar en el pasado. Las excavaciones que han tenido lugar en las cercanías de esta zona, han afirmado la existencia de una antigua laguna, con yacimientos de biodiversidad muy importantes. Además, cerca de esta Charca se constituyó el poblado aborigen con más entidad de la zona, con más de 1.000 habitantes. Sin duda alguna, la Charca es un importante ecosistema para numerosas especies, sobre todo para las aves de paso o/y marinas.
2-Laguna paleontológica del Charco Áreas de interés de Las Tabladas
Esta área corresponde quizá a un deslizamiento en masa que, que tuvo su lugar en el ciclo III, de la historia geomorfológica de Gran Canarias, estos materiales son muy difíciles de ver en todo el ámbito perteneciente a la Paleo canarias.
Esta área alberga un proceso muy incierto, con sedimentos en masa de la etapa de rejuvenecimiento de la morfología insular. La Aldea se caracteriza por la antigüedad de sus materiales, por tanto se hace, difícil caracterizar, estos materiales de origen actual, perteneciente a la etapa post-Roque Nublo, debido a su origen y a su forma en tablada totalmente llana, en medio de un paisaje totalmente escarpado, le otorga a esta área, una gran singularidad e importancia científica.
6-Deslizamiento en Masa de Las Tabladas Áreas de interés Los Azulejos
Esta área corresponde al proceso geológico y geomorfológico más espectacular de la isla, Los azulejos son cambios de tonalidades en la roca de ocres a verdes y colorados, debido a la alteración de ignimbritas por los gases calientes que escapaban de la caldera. Este es el testigo de las continuas erupciones y los procesos internos que tenían lugar dentro de la Caldera que dio forma a la isla. Este fenómeno también se observa en el Barranquillo de los Azulejos, al noreste de La Aldea, donde la erosión de los materiales, ha dejado ver la formación anteriormente comentada, pero dentro de una pequeña cuenca, cuya morfología funciona de embudo para la captación de vegetación, donde se desarrolla con una amplia expansión, en medio de zonas de pastizales. El resultado es de un gran interés científico y paisajístico.
3-Borde de la caldera de Los azulejos 4-Barranquillo de Los Azulejos 5-Andenes de La Fuente Blanca Áreas de interés del Macizo de Inagua:
Estas áreas presentan un gran interés geomorfológico y geológico, puesto que su formación entra dentro de lo que fue la Caldera de Tejeda, con los materiales de los grupos sálicos, en ellas también se observa la red de diques, que pertenecen a la formación del cine set desdicha caldera. Asimismo, este macizo presenta una meteorización quimico-mecanica, que afecta a la matriz vítrea que segmenta a estos materiales, observándose numerosos procesos de taffonización, cavidades en las cuales habitan muchas especies, sobre todo aves endémicas. Este fenómeno se observa también en las paredes del Cañón del Salto del Perro, un tramo del barranco de Tejeda-La Aldea. Además, esta forma posibilita la creación de pasillos ecológicos, muy importantes para la expansión de la diversidad ecológica.
7-Cañon del Salto del Perro 8-Barranco de Pino Gordo 9-Andén del Palomar 10- Andén Ancho 11- Montaña de Ojeda
12- Montaña de los Hornos-La Escalera 13-Talud del Viso
Áreas de interés del Suroeste
Estas zonas, muy bien conservadas debido a su elevada altitud y la rugosidad del terreno, se hacen casi inaccesibles, debido a la gran volumetría de esa zona. Su totalidad se hace muy interesante, es la zona más antigua del municipio e incluso de La Isla. En sus acantilados se puede observar toda la superposición de las coladas pliocénicas y la instrucción de diques, estas alternan con formas y colores que hacen únicos sus acantilados. , El Barranco de Guguy destaca, además de su interés florístico, por ser un barranco colgado, que nos muestra los cambios geomorfológicos de la isla. Estos relieves de barrancos se contraponen con los relieves residuales del valle, los cuales son tan escarpados que forman cuchillos, destacan entre estos algunas montañas con formas piramidales, destacando sobre todo Hogarzales por su forma prismática 14-Acantilados del Suroeste
15-Barranco colgado de Guguy Chico 16-Hogarzales
17-Montaña de Amurga 18-Montaña Cedros 19-Andenes negros
RASGOS CLIMÁTICOS
El espacio que encierra los límites del municipio de La Aldea de San Nicolás ocupa un amplio sector que se extiende por los parajes costeros, las medianías y las cumbres del cuadrante suroccidental de la isla. Se encuentra inserto en los dominios bioclimáticos de la Xero y la Termocanaria. Sus rasgos climáticos están condicionados, en un grado muy elevado, por el emplazamiento del municipio a sotavento de la influencia de los vientos dominantes que alcanzan el archipiélago con una componente septentrional. Esta circunstancia provoca la casi ausencia de exposición superficial a la incidencia del mar de nubes que arrastran los Alisios, aunque la presencia de altitudes relevantes (la cima del municipio, emplazada en la cima de la Montaña de Inagua, alcanza 1.426 metros de altitud) matizan la marcada aridez. A excepción de los sectores montanos, el régimen térmico es poco contrastado. Los registros medios son suaves, sólo alterados durante el invierno en los sectores más elevados del municipio, y en los meses veraniegos y el comienzo del otoño, durante las ocasionales invasiones de aire africano, cuando las temperaturas pueden superar los 40ºC.
1.4 LAS PRECIPITACIONES.
La existencia de cuatro estaciones pluviométricas, que cuentan con series prolongadas, en término municipal y en sus inmediaciones, facilita un análisis detallado de esta variable.
A pesar de la predominancia de la aridez, la amplia gama de registros pluviométricos en el interior del municipio responde a su exposición a sotavento de los vientos alisios y a su abrupta configuración orográfica. A pesar de estar emplazado al resguardo de los principales tipos de perturbaciones oceánicas, durante los meses invernales el territorio que conforma el término municipal de La Aldea de San Nicolás puede verse esporádicamente afectado por la llegada de vientos del tercer cuadrante, asociados a profundas borrascas, responsables de las precipitaciones más copiosas e intensas que reciben estos sectores, al gozar de una óptima exposición a su influencia. Si durante el año estas perturbaciones no visitan el archipiélago, el municipio se ve sometido a una marcada sequía.
Las precipitaciones sufren una gradación geográfica desde la línea de cumbres, donde se alcanzan las cantidades más elevadas, hasta los sectores costeros.
Tomando una línea imaginaria que atraviese el entorno del municipio, desde la cumbre hasta el litoral occidental, ilustraremos la presencia de la variación pluviométrica. La Presa del Parralillo se encuentra a 5 kilómetros del pago de La Higuerilla en dirección WSW. La diferencia altitudinal ronda los 350 metros. El Parralillo recibe 188 mm. Anuales, 120 menos que la Higuerilla. El efecto de la altitud se hace evidente. Las precipitaciones causadas por perturbaciones que alcanzan la isla con vientos de
componente N. llegan muy debilitadas; en cambio, los vientos húmedos de dirección W. ejercen una influencia directa sobre esta localidad, que, sin embargo, no posee suficiente entidad orográfica para que el efecto de la condensación del aire que arrastran logre, salvo en excepcionales ocasiones, provocar precipitaciones intensas. Continuando la línea imaginaria alcanzamos Las Marciegas, estación costera ubicada en las proximidades de la desembocadura del Barranco de La Aldea, a 12 kilómetros de distancia de la presa del Parralillo, siguiendo la dirección establecida. Las Marciegas recoge 136 mm. La disminución de las precipitaciones sufre en este segmento un marcado atemperamiento. La localización occidental del Valle de La Aldea provoca que se vea afectado – aunque de modo matizado- por las perturbaciones atmosféricas que siguen una trayectoria noroccidental, a diferencia de lo que sucede en la presa del Parralillo, al resguardo de los vientos del 4º cuadrante. Siguiendo la línea costera encontramos localidades que reciben menor cantidad de precipitaciones. Así, la playa de Tasarte con una orientación suroccidental, registra 94 mm anuales, producto en un elevado porcentaje de la llegada al Archipiélago de borrascas que arrastran vientos de componente SW. Cuando estas perturbaciones no alcanzan las islas las lluvias recogidas son inapreciables.
La irregularidad de las precipitaciones es un rasgo climático que afecta al conjunto del Archipiélago. Sin embargo, en el ámbito del municipio este carácter adquiere mayor relevancia. A un año
excepcionalmente lluvioso pueden antecederle o seguirle años de marcada aridez. Las localidades emplazadas en la franja litoral son las que reciben las precipitaciones más escasas y presentan mayor irregularidad interanual, frente a los apreciables valores pluviométricos de los sectores montañosos del municipio, especialmente de los que se hallan más expuestos a la influencia de las perturbaciones septentrionales.
Los sectores más meridionales y aquellos que se sitúan en la franja litoral alcanzan el máximo pluviométrico en el mes de Noviembre, Enero muestra un repunte durante el invierno y Diciembre presenta una pequeña vaguada, mientras que Febrero y Marzo, este mes ya a considerable distancia, cierran la estación lluviosa. No sucede lo mismo con las áreas de montaña que presentan una exposición occidental; aquí el mes más lluvioso es Enero, seguido de Diciembre, mientras que Noviembre, Febrero, y en menor medida Marzo conforman, en orden decreciente, el periodo de lluvias.
La distribución estacional de las precipitaciones señala al invierno como el periodo que registra mayor pluviosidad, con valores que oscilan en torno al 55%. El otoño, con registros que se hallan a considerada distancia de los del invierno, dobla en algunas ocasiones el porcentaje de la primavera que fluctúa alrededor del 15% en todas las estaciones analizadas.
Los meses que acusan mayor aridez son los del verano climatológico, esto es, Junio, Julio y Agosto, marcando el mes intermedio precipitaciones nulas en todas las estaciones. El verano se caracteriza por la práctica ausencia de lluvias, incluso en las localidades más favorecidas, rasgo éste que confiere carácter mediterráneo al conjunto del archipiélago. Durante estos meses la circulación general de la atmósfera está determinada por la presencia casi constante de los vientos alisios, que si bien aportan un atemperamiento térmico y un elevado grado de humedad a los sectores afectados, no descargan precipitaciones apreciables.
Las precipitaciones máximas registradas en 24 horas oscilan entre los 64 mm recogidos en la Playa de Tasarte durante el año climatológico 1989-1990 y los cerca de 200 mm de Inagua durante el periodo 1955-1956.
A excepción de las estaciones ubicadas en la costa suroccidental -Playa de Tasarte y Cisterna de Tasartico-, se han sobrepasado los 100 mm anuales en todas las localidades durante el periodo analizado; sin embargo, la frecuencia en la aparición de precipitaciones de tal torrencialidad varía de forma evidente. Son las estaciones situadas en torno a los sectores más elevados del municipio las que muestran mayor probabilidad de registrar precipitaciones tan copiosas. Del análisis de series pluviométricas que abarcan alrededor de 40 años, cerca de la mitad del conjunto anual presenta días en los que se superan los 100 mm. en 24 horas, y en las estaciones ubicadas en el interior y más
próximas a la cumbre central, se han sobrepasado los 200 mm. en este intervalo horario, aunque sólo en contadísimas ocasiones.
La torrencialidad de las precipitaciones queda puesta de manifiesto al estimar la traducción porcentual anual de los eventos pluviométricos diarios. En la Playa de Tasarte, durante el año climatológico de 1982-1983, el 72,7% de las lluvias registradas lo hicieron en un solo día. Todo ello tiene un evidente origen geográfico. Las precipitaciones más copiosas están generalmente originadas generalmente por la irrupción de borrascas por el cuadrante suroeste que, en contadas ocasiones, afectan a la isla a lo largo del año y, cuando lo hacen, interesan los sectores suroccidentales, descargando violentos aguaceros. En ocasiones se desarrollan fenómenos convectivos que afectan a enclaves puntuales. Resulta ilustrativo que dos localidades con la misma orientación y con distinta cota alcancen en una misma jornada cantidades de agua que apuntan la presencia de una anomalía causada por la presencia de algún núcleo convectivo. Durante el mes de febrero de 1990 en la localidad de la Playa de Tasarte se registraron en un sólo día 64 mm; mientras que en el Rincón de Tejeda se recogieron 0,5 mm menos, a pesar de su óptimo emplazamiento que propiciaría el registro de cantidades más elevadas que las que reciben los sectores litorales.
Todas las estaciones estudiadas muestran años en los que se superan los 50 mm. de precipitación en un sólo día, sin embargo, sólo las ubicadas en cotas superiores a los 500 metros, apuntan que al
menos la mitad de los años consignados igualan o superan esta cifra, considerada la cantidad mínima susceptible de causar dificultades de orden geomorfológico, social y económico.
Localidades/Mes La Aldea de San Nicolás Playa de Tasarte El Parralillo Inagua Enero 33,7 17,2 40,3 45,5 Febrero 19,8 17,8 30,2 46,6 Marzo 17,1 11,1 26,2 44,2 Abril 4,5 3,4 7,1 9,9 Mayo 0,9 0,8 2,8 1,5 Junio 0 0 0,1 0,1 Julio 0,1 0 0 0 Agosto 0 0 0 0 Septiembre 3,1 2,6 6,2 4 Octubre 10 4,8 11,6 36,1 Noviembre 29,2 21,1 37,2 57 Diciembre 30,1 15,4 26,1 88,3 Año 148,5 94,2 187,8 333,2
La estimación de las máximas precipitaciones previstas, aplicando la ley de distribución de Gumbel a las estaciones seleccionadas, pone de manifiesto que para un periodo de retorno de 500 años las máximas en 24 horas podrían oscilar entre los 117 mm de La Aldea de San Nicolás y los 231 en la playa de Tasarte. A pesar del amplio periodo temporal en el que estos registros pueden aparecer, son estas las cifras que deberían barajarse a la hora de establecer cualquier tipo de planificación territorial.
PRECIPITACIONES MÁXIMAS PREVISTAS EN 24 HORAS (mm). FUNCIÓN DE DISTRIBUCIÓN DE GUMBEL
Años de retorno Tasarte Playa La Aldea de San Nicolás
2 63 35,4 5 95,7 49,6 10 117,3 60,4 20 138 73,9 50 164,8 84 100 184,9 93,9 500 231,3 117
1.5 LAS TEMPERATURAS.
La casi ausencia de registros termométricos dificulta un análisis detallado de esta variable. Sólo se dispone de información exhaustiva procedente de la estación ubicada en la capital municipal y en Inagua.
El comportamiento de las temperaturas responde fundamentalmente a factores de índole geográfico, como son la cota sobre el nivel del mar, la exposición con respecto a la incidencia de los Alisios y la distancia a la línea de costa.
Del análisis del comportamiento de las temperaturas en la franja litoral se deducen unas condiciones circunscritas, a grandes rasgos, a las de los sectores costeros del archipiélago. La temperatura media anual alcanza 20º C. El mes más cálido es agosto (23,6º C), seguido de septiembre y julio. Los más fríos son enero (16,8), febrero y marzo, por este orden. La amplitud térmica anual es de 6,9º C, valor, éste que muestra una evidente isotermia a causa de la localización costera. El mar ejerce un efecto atemperador de las temperaturas; sin embargo, a lo largo del verano y el comienzo del otoño pueden alcanzarse registros que superan los 40º C, generados por la advección de aire sahariano. Cuando los termómetros marcan valores superiores a los 30º C y la humedad relativa es superior al 50%, la sensación de calor se incrementa notablemente. Los inviernos son muy cálidos, no obstante, no son raras las ocasiones en las que las temperaturas descienden por debajo de los 10º C, siempre en invierno o al comienzo de la primavera y en las primeras horas del día. Estos registros muestran una cierta anomalía con respecto a los alcanzados en la franja costera del norte de la isla; ello se debe a la ausencia de la capa de estratocúmulos que genera los Alisios, que provoca una mayor insolación diurna y un mayor grado de irradiación nocturna, esto es, unas temperaturas más contrastadas. Es preciso considerar que la presencia de viento provoca que la sensación de frío sea más acusada. Desde el mes de Enero, las temperaturas ascienden paulatinamente hasta el de agosto. El periodo estival se prolonga desde el mes de junio al de octubre, con temperaturas medias mensuales superiores a los 21º C; el invierno abarca los meses de diciembre, enero y febrero y marzo, con registros medios en torno e inferiores a los 18º C.
La configuración orográfica del municipio, que incluye sectores montanos y una prolongada porción de la franja litoral, origina la aparición de un régimen térmico sensiblemente contrastado.
La estación de Inagua está emplazada en la divisoria del Macizo de Inagua-Pajonales, a unos 1.195 metros sobre el nivel del mar.
De la observación de las temperaturas mínimas absolutas, se deduce que en la estación de Inagua, las heladas, aunque débiles, son relativamente frecuentes durante el invierno y el comienzo de la primavera.
Las temperaturas máximas absolutas de las estaciones de la vertiente meridional de la isla están provocadas por las invasiones de aire sahariano y por su localización a sotavento de los vientos alisios, que provoca el descenso del aire con un marcado calentamiento adiabático.
RÉGIMEN TERMOMÉTRICO DE LA ALDEA DE SAN NICOLÁS
MESES MEDIA MÁXIMA MEDIA MÍNIMA MEDIA ATM*
ENE 20,3 13,3 16,8 7 FEB 20,7 13,2 16,9 7,5 MAR 21,6 13,8 17,7 7,8 ABR 22,2 14,9 18,5 7,3 MAY 23,1 16,2 19,6 6,9 JUN 24,4 18 21,2 6,4 JUL 26,2 19,7 22,9 6,5 AGO 26,8 20,5 23,6 6,3 SEP 26,6 20,1 23,3 6,5 OCT 25,8 18,7 22,2 7,1 NOV 23,6 16,7 20,1 6,9 DIC 21,2 14,4 17,8 6,8 Media 23,5 16,6 20 6,9 1.6 RÉGIMEN DE VIENTOS
La existencia de un relieve ciertamente intrincado condiciona el comportamiento de los vientos y provoca la aparición de numerosas variedades locales. Sin embargo, pueden definirse los rasgos generales de esta variable.
La presencia de registros se limita a la capital del municipio y al Puerto de Mogán, fuera de los límites territoriales del municipio.
El emplazamiento del Andén Verde, expuesto a la incidencia de los alisios, determina en gran medida el comportamiento del régimen de vientos en el Valle de La Aldea.
Los vientos dominantes se ciñen al acantilado, incrementando su velocidad a medida que avanzan. Al superar la cima montañosa, descienden desde la divisoria en dirección al valle, desprovistos ya de humedad, y en continua aceleración. Un proceso similar sucede cuando tras alcanzar la Punta de La Aldea, su dirección adopta un quiebro pronunciado para alcanzar la Playa de La Aldea.
Esta situación resulta preponderante en este sector del municipio (alrededor del 65,5% del total de los registros). Los vientos se presentan con notable intensidad (suelen superar los 30 Km. por hora), y aparecen con frecuencia durante los meses de verano: junio, julio y agosto, por este orden, con el 83% de los registros, en los dos primeros, y con el 77% en el último mes. Los vientos del segundo y tercer cuadrante están casi ausentes durante el periodo veraniego. Presentan mayor frecuencia de aparición a lo largo del invierno, especialmente durante el mes de enero. El porcentaje anual es del 3,8% en los del tercer cuadrante y del 6,2% en los del segundo. Estos últimos arrastran polvo sahariano, responsable en ocasiones de una drástica disminución de la visibilidad. Cuando soplan en los meses de verano provocan un brusco ascenso de las temperaturas. Los vientos que alcanzan la isla enmarcados en el tercer cuadrante están originados, fundamentalmente, por la proximidad de borrascas oceánicas, y son el anuncio de copiosas lluvias. Los registros del cuarto cuadrante; aunque muestran una distribución relativamente homogénea a lo largo del año, se presentan especialmente durante los meses de invierno y primavera, con velocidades moderadas. El porcentaje anual de aparición es del 21,4%. Suelen acompañar a situaciones de inestabilidad, y ocasionan un sensible descenso de las temperaturas. Las calmas representan el 3,4% de los registros anuales, que se corresponde con aproximadamente medio mes de duración. Hacen acto de presencia durante los meses otoñales, fundamentalmente; esto es, noviembre y octubre, por este orden.
El relieve y el efecto de las brisas periódicas, modifican la circulación general del régimen de vientos y provocan la aparición de variedades locales. Además de en los sectores inferiores del Valle de La Aldea, la intensificación de la velocidad resulta especialmente evidente en los sectores más elevados, aspecto éste que debe tenerse en consideración en el momento de planificar infraestructuras en localizaciones de este tipo. Aquí la velocidad puede superar sin dificultad los 100 Km. /h, durante la llegada de perturbaciones al archipiélago, en los meses invernales.
En los sectores suroccidentales de la franja costera, los vientos dominantes son los del primer y el segundo cuadrante, que representan, respectivamente, el 32,29% y el 31,20% del total anual. Estos
últimos junto a los de tercer cuadrante, que suponen el 22,79% del conjunto anual, son los responsables del mayor aporte de humedad de los meses veraniegos, pues es durante este periodo cuando se presentan con mayor frecuencia. Sin embargo, los vientos del primer y cuarto cuadrante (9,89% del total anual), a causa de su recorrido terrestre ocasionan un descenso en el grado de humedad. Las calmas sólo representan el 3,81 del conjunto del año, y aparecen preferentemente durante los meses de septiembre y octubre, al igual que en el conjunto del Archipiélago. En los sectores de medianías, los vientos dominantes son del cuarto cuadrante, seguidos por los del segundo y primer cuadrante.
La velocidad media disminuye progresivamente desde los macizos del interior del municipio hasta el litoral suroccidental.
1.7 BALANCE HÍDRICO.
En el análisis del balance hídrico se ha tomado como referente el concepto de Evapotranspiración Potencial que se define como la cantidad de agua que perderá una superficie de suelo completamente cubierta de vegetación en crecimiento activo si, en todo momento, existe humedad suficiente para su uso por las plantas. El cálculo de la evapotranspiración potencial se ha llevado a cabo aplicando el método de Thornthwaite, expresado en una ficha del balance hídrico. Las cifras obtenidas apuntan la presencia de un periodo deficitario de humedad a lo largo de todo el año, de este modo, no quedan cubiertas las necesidades hídricas del suelo y de la vegetación, con lo que ésta adopta mecanismos adaptativos que garantiza su conservación.
El climatólogo y geógrafo estadounidense Thornthwaite estableció el modo de calcular el balance hídrico a partir del concepto de Evapotranspiración Potencial, definido como “(...) el volumen de
agua devuelta a la atmósfera en estado de vapor por un suelo que tenga la superficie completamente cubierta de vegetación, siempre que no exista limitación en el suministro de agua para obtener un crecimiento vegetal óptimo.” (Thornthwaite, 1948 en Claver, I. y cls., 1991). A
partir de los datos obtenidos se elabora una ficha que introduce estos conceptos: 1. Temperaturas medias mensuales en ºC (TºC).
2. Precipitaciones medias mensuales en mm. (Pmm.).
3. Evapotranspiración potencial (EP), o agua requerida si el crecimiento de la planta se llevase a cabo en las condiciones que necesita.
4. Déficit potencial de humedad (DH). Indica el déficit o el superávit de agua. 5. Reserva acumulada (RA). Alude al agua disponible en el suelo.
6. Variación de la reserva (VR). Indica la cantidad de la reserva que se evapora cuando la precipitación es inferior a la evapotranspiración potencial.
7. Evapotranspiración actual (EA). Se trata de la cantidad real de agua devuelta a la atmósfera desde el suelo y la cobertera vegetal. Cuando la precipitación excede a la evapotranspiración
potencial, coinciden ambas evapotranspiraciones. En los meses en los que las plantas utilizan el agua del suelo, la evapotranspiración actual incluye tanto el agua de lluvia como la reserva del suelo; en los meses en los que no hay reserva, la evapotranspiración actual coincide con el agua de lluvia.
8. Déficit hídrico (DA). Es la cantidad de agua que debe ser suministrada por irrigación para lograr el máximo crecimiento de las plantas. Se trata de la diferencia entre el agua utilizada y la requerida.
9. Exceso de agua (EX). Es el agua que fluye como escorrentía una vez que la capacidad de retención del suelo está en su máximo nivel. Se trata de la diferencia entre la precipitación y la suma del valor de la evapotranspiración potencial y la variación positiva de la reserva.
Todos los términos utilizados en el balance hídrico del suelo se expresan en unidades de milímetros de altura de agua.
BALANCE HÍDRICO DE LA ALDEA DE SAN NICOLÁS ( Datos del PIOG)
Meses ENE FEB MAR ABR MAY JUN JUL AGO SEP OCT NOV DIC
TC 16,8 16,9 17,7 18,5 19,6 21,2 22,9 23,6 23,3 22,2 20,1 17,8 P 22,7 21,9 10,9 6,9 2,5 0,2 0,3 0,1 13,5 10,7 17,8 12,7 EP 51,9 55,4 60 63,6 76,8 88,5 100 105,6 100,9 87,3 68,4 51,6 DH -29,2 -33,5 -49,1 -56,7 -74,3 -88,3 -100 -105,5 -87,4 -76,6 -50,6 -38,9 RA 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 VR 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 EA 22,7 21,9 10,9 6,9 2,5 0,2 0,3 0,1 13,5 10,7 17,8 12,7 DA 29,2 33,5 49,1 56,7 74,3 88,3 100 105,5 87,4 76,6 50,6 38,9 EX 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0
MS: Meses RA: Reserva acumulada TC: Temperaturas en grados centígrados VR: Variación de la reserva P: Precipitaciones EA: Evapotranspiración actual EP: Evapotranspiración potencial DA: Déficit de agua DH: Déficit potencial de humedad EX: Exceso de agua
Las cifras obtenidas señalan la presencia de un periodo con déficit de humedad que a excepción de los sectores más elevados del municipio, se prolonga a lo largo del año.
Al no quedar cubierta la demanda hídrica de la vegetación, ésta se ha visto forzada a desarrollar mecanismos adaptativos que garanticen su supervivencia.
La ficha de balance hídrico es un instrumento de gran utilidad para la estimación del riego requerido en las áreas ajardinadas y a la hora de establecer el volumen que demandan las especies empleadas en las labores de restauración vegetal durante los periodos de sequía. De la
aplicación de la ficha de balance hídrico a las estaciones estimadas se obtiene, además, la delimitación de las áreas bioclimáticas que determinan de forma notable el desarrollo de las formaciones vegetales.
En el dominio bioclimático xerocanario el déficit hídrico (DA) se prolonga a lo largo de todo el año. A excepción de los sectores incluidos en el ámbito bioclimático estrictamente termocanario, el resto del municipio se adapta a las características ambientales del dominio xerocanario y de transición al termocanario.
De la aplicación del coeficiente de insolación de Gandullo adaptado al Archipiélago Canario (Almeida Pérez, R., 1997) se obtienen, combinando la pendiente y la orientación del terreno, sectores definidos por una gama de insolación. Las vertientes con pendientes más elevadas expuestas al arco dibujado por las orientaciones Oeste, Norte y Este soportan la insolación más baja, albergando los elementos vegetales de contrastada esciofilia. Por el contrario, la insolación más elevada se registra en las áreas de menor pendiente y en las exposiciones meridionales de los escarpes más acusados. Sin embargo, aún tratándose de exposiciones septentrionales, las pendientes elevadas limitan la talla y el grado de recubrimiento de las formaciones vegetales que albergan, a causa del escaso desarrollo edáfico que propician.
1.8 TIPOS DE CLIMA
El municipio de La Aldea de San Nicolás se caracteriza por sus contrastes altitudinales. Esto se debe a que el municipio es un valle que nace desde las cumbres de la isla, con el Macizo de Inagua y parte del Macizo de Altavista, y desciende hasta la línea de costa, por los barrancos de La Aldea, Tocodoman, Tasartico y Tasarte. Esta diversidad de relieves, junto a su altitud y la localización del municipio al oeste de los vientos alisios, que azotan a la isla de Gran Canaria, condicionan la distribución de la humedad y las precipitaciones, además de la edafogénesis, la vegetación y las formas de doblamiento del municipio.
El factor principal del clima de La Aldea es la escasez de recursos hídricos. También la humedad es escasa, salvo en los sectores culminantes del municipio. Las precipitaciones son exiguas y concentradas en los meses invernales, por eso decimos que es un clima seco.
El contraste altitudinal de algunas zonas, favorece unas pequeñas diferencias climáticas que supone una gran diferencia en los paisajes aldeanos, dando lugar a, unas cumbres de macizos y montañas con un pinar abierto de color verde olivo, que contrasta con unas faldas marrones plagadas de vegetación arbustiva y subarbustiva y unos fondos de valles con un mosaico de colores derivados de las actividades agrícolas.
- El clima semiárido de la cumbre de La Aldea:
Este clima se ubica en las cumbres de las montañas del Noreste y suroeste del municipio: En la zona noreste del municipio, en el macizo de Inagua
MONTAÑA UBICACIÓN ALTITUD
Brujas Zona de Inagua 1.409
El Castillete Inagua 1.163
El Viso La Aldea 997
Inagua Cortijo de Inagua 1.426
Montaña de la Fuente Inagua 993
Montaña de los Hornos Inagua 1.366
Montaña de las Monjas Inagua 1.466
Picacho de la Cruz La Aldea 660
Puntón de la Solana La Aldea 580
En la zona suroeste del municipio:
MONTAÑA UBICACIÓN ALTITUD
Cebuche Güi-Güi 707
Aguas Sabinas Tasartico 725
Mogarenes Tasartico 891,90
Cisterna Tasartico 736
Acebuche Tasarte 726
Montaña Lobas (Asloba o Esloba) Tasartico 998,14
Montaña de las Vacas Zona de Güi-Güi 914
Montaña de los Cedros La Aldea 1005,68
Peñón Bermejo La Aldea 518
Este sector abarca una zona comprendida entre los 500 y los 400 m. de altitud, producto del contrastado relieve, que se sitúa, en cumbres, abruptas vertientes y desciende en acantilados, bajo la influencia de la acción refrescante del mar, en el Andén Verde. Las orientaciones dominantes de estos relieves hacia el Sur y el Oeste, y la situación del ambiente en la fachada de sotavento de la isla, al abrigo de la humedad propiciada por el mar de nubes, condiciona las