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Academic year: 2021

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(1)

LA MAGIA PENSADA

Magia con el cerebro (sin olvidar las manos)

(2)

MAGIA CON EL CEREBRO (SIN OLVIDAR LAS MANOS)

R

AMÓN

R

IOBÓO

PRÓLOGO DE JUAN TAMARIZ

CORRECCIÓN DE ESTILO DE GABRIELA GOLDADLER

DISEÑO DE CUBIERTA DE ÍTALO NAIBO

Ediciones Laura Avilés

Páginas

(3)

Dedicatoria... VII Prólogo de Juan Tamariz... IX Introducción y advertencia ... XI Términos empleados y alguna explicación ... XIV Definición de magia... XV Manipulaciones y descripciones

Magia de cerca no tan cercana... 19

Mi adición de cartas ... 21

El bendito doblez... 26

El principio de los paquetes iguales... 28

El principio de los paquetes complementarios ... 29

La baraja mnemónica ... 31

La cuenta Biddle ... 32

La inversión de la extensión con corte disimulado... 34

Mi descarga... 36

Para recoger cartas descargadas... 43

La carta tratada... 45

Poca manipulación y sin preparación Misdireccion y psicología ... 49

Cartas matemáticas, cerebro y manos... 52

Adivinación a tres cortes... 53

Cuatro predicciones... 60

La carta al nombre... 66

Telepatía para tres... 69

Las 21 cartas revisitadas... 72

Los paquetitos que se alternan... 75

Mi deletreo con segunda carta ... 78

Cuatro bodas y un imposible... 82

Mi carta detective ... 86

Seis asesinos y seis policías ... 88

Telepatía, rayos x y telekinesia (los poderes paranormales) ... 93

Sin preparación, con manipulación, más complicados Los momentos y su clasificación ... 99

Imposible adivinación ... 103

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El ordenador más pequeño del mundo ... 112

Ordenador con número y palo ... 117

Haga usted tres montones, que yo no toco la baraja ... 119

Manipulación algo más difícil Manipulación no es lo mismo que fioritura... 125

Controversia entre Magia y Mentalismo... 126

Ladrón y abogado... 132

Asmodeo se manifiesta ... 136

La carta que viaja en el tiempo... 140

Mi reloj preferido... 148

Con alguna preparación Dos, tres, cuatro ... 155

Mal telépata buena premonición ... 159

Ordenadas y mnemónica Los cinco sentidos ... 165

Controlen el caos... 168

Súper telepatía para descreídos ... 174

La carta en su sitio... 176

Presentación telepática (dentro de un orden) ... 180

Cartas duplicadas, especiales o accesorios Mi carta grapada ... 189

La magia de la carta vuelta... 195

El corte súper exacto ... 199

El mes aciago ... 204

La carta borrada... 207

Cardiniplus... 211

James Bond ... 213

Carta tratada James Bond con carta tratada... 221

De nuevo una reunión de Ases... 223

Lastres apuestas... 227

(5)

La magia de este libro va dedicada...

A los libros, ese inmenso caudal de información, que siendo yo

autodidacta por vocación, me lo han dado casi todo en la magia. Por que

para mí los libros han sido la principal fuente de conocimientos.

Pero también...

A las dos personas que me iniciaron en un curso de Magia que me atrajo a

este arte: Juan Gismero y Ramón Rios.

Al Círculo Mágico de Madrid, la SEI, a todos los compañeros, sin olvidar

a ninguno, y a lo mucho que allí se aprende sentándose a mirar.

A la Escuela Mágica de Madrid y a las Jornadas de El Escorial.

A los habituales que nos reuníamos en mi casa, César, Paco, Carlos,

Juanma, y a los dos más constantes, Ángel Sanfratos y Carlos Sayalero.

A otros habituales, los de las reuniones en Cádiz, verano tras verano con

Pepe Domínguez, Vicente Canuto, Luis Trueba, Antonio Malacatín, y otros de

muchas partes que se dejaban caer por allí.

Y sobre todo...

A Juan Tamariz que ha compartido generosamente conmigo, como lo

hace con otros, mucho de lo muchísimo que sabe, y del que tanto he

aprendido, incluso cuando no estaba enseñándome.

Ramón Riobóo

Madrid

5 de Julio de 2002

(6)

"¡Hazles un juego, Ramón!" Ésta ha sido una de mis frases más

pronunciadas (y en diferentes idiomas) cuando quería ver caras de magos

llenas de asombro y pasmo, cuando quiero disfrutar yo mismo del

encantamiento que produce lo imposible, cuando deseo quedar muy bien

con mis amigos...

"¡Hazles un juego, Ramón!" Y Ramón les (nos) hace uno y varios juegos,

con su cara de despistado: "corta... cuenta... ¿puedo yo saber que...? ...Pero

creo que pensaste en... y aquí está el otro As firmado... y si lees mi predicción

verás que..." y los magos se miran entre sí, y me miran interrogantes (y yo leo

sus pensamientos "¿tú sabes cómo lo hizo?... ¡No hay manera! ¡No es

posible!"). Y yo gozo y pongo cara de tonto (no necesito esforzarme después

del juego presenciado) y veo cómo disfrutan (ellos y Ramón y yo...).

De Hollywood a Lisboa, de Madrid a Londres, de Cádiz a Dresden, en

todas partes, en todas las lenguas, en todas las caras de los magos, el

grandísimo, astuto, inteligente mago de magos Ramón Riobóo deja su

impronta que se lee así: "Este hombre hace cosas imposibles".

¿El secreto?... Lee este libro y lo hallarás: un objetivo clarísimo en su

mente: conseguir efectos im-po-si-bles.

Pero, ¿quién es este Ramón (a) "¡Hazles un juego, Ramón!"? Pues es,

curiosamente, un tardo-mago. Quiero decir que empezó a fondo con la

magia a una edad bien madura (los cincuenta años). Llegó a la SEI de

Madrid, se apuntó a un seminario mío de Mnemónica (que domina),

empezó a hacer juegos matemáticos (que domina) y automáticos (que

domina) y sin técnicas (que no domina-ba). Y luego, poco a poco, tras

adquirir sabiamente la fama de que "Ramón no hace técnicas", se puso a

ensayar técnicas digitales (las psicológicas las domina) y, a la chita callando,

empezó a meter en sus juegos unos heterodoxos empalmes y descargas al

regazo que no se ven porque usa misdirection (que domina) y una

naturalidad absoluta (que domina absolutamente). Y además, de nuevo, su

cara de despiste total (¡falso!).

(7)

matemática, haber estudiado Dirección de Cine en la misma escuela, casi en

los mismos años, ser hijos de militar, gustarnos la gastronomía y los viajes

(muchos de ellos gozosamente compartidos), haber trabajado en Televisión

Española en Realización (yo uhos meses como ayudante, Ramón toda su vida

como realizador), salvo eso y haber vivido en la infancia en la misma ciudad

(Madrid) en la misma calle (Francisco Lozano) y en el mismo edificio (el

número 15), salvo todo esto repito, a mí me impresiona su magia. Porque

Ramón, el querido Ramón, nos hace sentir el aleteo impalpable de lo

imposible y el gozo del pasmo propio... y ajeno.

Por ello, para vosotros lectores de este sabio libro, le pido un "¡Hazles un

juego, Ramón!" Y él, generoso como es, os hace no uno sino ¡cuarenta! y os

explica y os cuenta sus ideas del cómo y del porqué, os ayuda, en fin, a que

pronto otros os digan: "¡Hazles un juego, Carlos, Ana, Ángel...!" y hagáis

felices a otros, como él nos hace felices a tantos...

Así que, a coro, prologuista y lectores, entonemos una vez más, ese

conjuro glorioso: "¡Hazles un juego, Ramón!"

Y que así sea.

Juan Tamariz

San Fernando (Cádiz)

28 de Agosto de 2002

(8)

Dado que yo soy el autor, escribo el libro a mi estilo. Y ese estilo no es

muy tradicional; digamos que es algo anárquico. De cuando en cuando, he

intercalado algún artículo referente a mi manera de ver la magia o de cómo

ha sido el proceso de creación de alguno de los efectos de esta obra.

De niño, como a casi todos, me gustaba la magia, pero como casi todos,

aunque compré algunos trucos, no llegue a dedicarme a ella. Luego, ya con

muchos años encima y por casualidad —vi un anuncio de clases de

ilusionismo- entré en este mundo que comenzó a crearme una fuerte adicción.

Y dentro de la magia las cartas son mi pasión. Por ello he dedicado

mucho tiempo a pensar en distintos efectos con ellas.

No soy un gran manipulador y por tanto mi temprana afición fue por

aquellos efectos que no necesitaban técnicas difíciles.

En este libro la mayoría de los juegos requieren poca habilidad manual.

Pero aunque el principiante puede sacar de aquí muy buenas enseñanzas y

podrá hacer bastantes efectos, este trabajo no es precisamente para neófitos.

Pero sí es para autodidactas. Porque el que está empezando, podrá

ejecutar, sin necesitar mucha destreza digital, la mayoría de estos juegos,

pero, en muchos de ellos leerá aquello de... y luego barajas y cortas en falso; y

deberá al menos saber cortar y barajar en falso. Y en otros leerá... Das a elegir

una carta, luego la controlas por tu sistema favorito y la pasas a la parte de

arriba de la baraja; y el sufrido lector pensará como pensaba yo al comenzar:

¡Pero será ...cabro ...el tipo éste! ¡Si yo supiera controlar una carta no estaría

leyendo este libro! Pero así son las cosas; no describo las técnicas más fáciles y

conocidas, pero sin embargo dedico muchas páginas a explicar algunas otras

que se emplean menos pero que yo uso a menudo.

Por ello este libro va dedicado especialmente a aquellos que ya conocen

algo de cartomagia, pero que desean tener en su repertorio efectos fuertes

que puedan hacerse sin gran destreza manipulativa.

Siempre trato de dar una explicación del porqué y de la psicología del

engaño inherente a cada efecto. Y por ello, habrá notas explicativas que

parezcan o sean repetitivas, pero deseo que, a fuerza de decirlo varias veces, se

vaya creando un poso de ideas que ayuden al lector a no convertirse en

alguien que hace lo que leyó, como lo leyó, y sin saber por qué lo hace.

Porque de ese tipo de ¿magos? hay muchos.

(9)

tipo de magia lo exige para que el lector no se pierda.

Puede ser tedioso para algunos (estudiar puede ser aburrido y la magia

requiere estudio); pero ten en cuenta que los libros no son como el cine o

la televisión.

Uno no ha de ir al ritmo que le marcan, puede saltarse o leer por encima

aquello que crea que le sobra o no le interesa (yo de niño me saltaba en las

novelas casi todo lo descriptivo). Pero no lo aconsejo; a veces por leer

deprisa, se pierde uno muchas cosas.

Por tanto, aquellos que crean que con la primera explicación ya tienen

bastante, pueden dejar de leer las referencias a la presentación o la psicología.

En otras partes, pueden saltarse descripciones que les parezcan

innecesarias. Pero sigo creyendo que a menos que ya hubiesen estudiado a

fondo la psicología y presentación de muchos trucos, se perderán una de las

herramientas más potentes en la buena magia.

Y otra cosa... aunque como he dicho no me he detenido a explicar las

manipulaciones más obvias o conocidas, sí doy detalles de mi manera

especial de aplicar algunas de ellas, las que más empleo. No olvidéis que las

manipulaciones, lo mismo que la actitud al presentar los efectos, son muy

personales, y cada uno debe utilizar las que mejor domina.

Con la estructura de los juegos es diferente; los he realizado multitud de

veces y están muy pensados y "repensados". Así que, estudiad a fondo un

efecto antes de que decidáis hacer un cambio, y sólo decididlo, si realmente

habéis cavilado sobre ello y creéis que el autor (en este caso yo) se ha

equivocado o habéis encontrado un sistema mejor o que se adecúa más a

vuestra manera de hacer magia.

Aunque debo confesar que cambiar la estructura de los efectos es algo que

me gusta mucho y realizo con frecuencia. Porque de los juegos aquí escritos,

todos, en mayor o menor grado, deben su creación a lo que otros han ideado

o escrito antes.

En la magia, y en la cartomagia especialmente, hay un extenso pasado

lleno de ideas, que los lectores voraces como yo vamos acumulando, y a veces

lo que creemos es un concepto nuevo es simplemente algo leído y olvidado

que hemos reinventado con ligeras variaciones. En unos casos tenemos la casi

seguridad de que es algo nuevo, a veces sabemos que es sólo una variación de

algo que inventaron otros o se trata de una combinación de ambas cosas.

(10)

fuentes. Y lo lamento, porque como me ha dicho Juan Tamariz muchas veces,

el crédito es fundamental.

Y

sin más preámbulos comencemos con una serie de efectos, trucos, o

magias, que explicaré empleando siempre un sistema parecido:

Efecto: Lo que esperamos que el público vea.

Explicación: El método o sistema empleado.

Detalles: La manera de presentar la magia: Tonos, palabras e instrucciones al

espectador o a los presentes (ésta es la parte más importante ya que los

matices en muchos casos lo son todo), aquello que haga que el juego

funcione mágicamente.

Notas aclaratorias o variaciones.

Dramatización: Llamada así para diferenciarla de la presentación. Charla o

elementos añadidos para potenciar el efecto y causar más emoción o para

lograr que sea más divertido o fácil de seguir.

En ocasiones presentación, charla y explicación irán unidas para mayor

facilidad de entendimiento.

Y ahora ¡Allá vamos!

(11)

A lo largo del libro te encontrarás con los siguientes términos: Mezclar o barajar: Significan lo mismo. Baraja o mazo: Significan lo mismo. Boca abajo: La carta, cartas, o todo el mazo, están de dorso. Boca arriba: La carta/s, o todo el mazo, muestran sus caras. Lomo de la baraja: La parte superior de la baraja cuando está dorso arriba. Boca de la baraja: Parte superior de la baraja cuando está caras arriba. Carta superior: Salvo que se indique lo contrario, es la carta de arriba del mazo cuando la baraja está boca abajo. Carta inferior: La de abajo con la baraja boca abajo.

Pelar cartas: Acción de quitar una o varias cartas, del lomo de la baraja para pasarlas abajo o al centro fingiendo que se está barajando. También se usa para contar esas cartas, retirándolas una a una del lomo, y luego pueden pasarse aba-jo, al centro, o incluso devolverse arriba.

Cortar: Dividir el paquete en dos, o más partes; la acción siguiente, que es vol-ver a formar un solo paquete la defino como completar el corte, pero en oca-siones, empleo cortar como cortar y completar el corte. Descargar: Dejar caer al regazo una o varias cartas.

Como ya he mencionado, doy por sabidas las técnicas manuales o digitales muy conocidas.

Sin embargo otras que empleo a menudo, vienen explicadas con bastante detalle, por separado, al comienzo del libro. Se trata del doblez, la adición de cartas, la descarga, y la recogida, a las que he añadido algún toque personal. NOTA IMPORTANTE

Aunque soy zurdo, en los efectos y en las fotografías, las explicaciones -sal-vo error- están adaptadas para diestros.

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El diccionario nos dice de la magia...

Magia: Del latín, magia, y éste del griego, mageáa.

1.

f. Arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos

actos o palabras, o con la intervención de espíritus, genios, o demonios,

efectos o fenómenos extraordinarios, contrarios a las leyes naturales.

2.

fig. Encanto, hechizo o atractivo con que una persona o cosa deleita y

suspende.

Blanca, o natural

1. La que por medio de causas naturales obra efectos extraordinarios que

parecen sobrenaturales.

Negra

1. Arte supersticioso por medio del cual cree el vulgo que pueden hacerse,

con ayuda del demonio, cosas admirables y extraordinarias.

Como por arte de magia, o por arte de magia

1. loe. adv. que indica que algo parece haberse realizado por procedimientos

no naturales.

Pero para mí, hay otra definición muy corta y directa que define

específicamente la magia que hacemos nosotros:

La magia es el arte de lo imposible

Porque incluye los dos elementos necesarios para que haya magia:

Que lo que se hace sea, o al menos parezca, imposible.

Y que lo que se hace sea un Arte.

Porque si no logramos lo aparentemente imposible no hacemos magia. Y

si no lo hacemos con arte, estaremos ante un jeroglífico o un acertijo, algo

difícil de resolver, algo intrigante. Pero no estaremos haciendo magia.

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La cartomagia suele estar clasificada como una de las especialidades, quizás

la más abundante y conocida, de lo que en ambientes mágicos se conoce como

magia de cerca.

La magia de cerca, como su nombre indica, se hace de una manera íntima,

para un reducido número de personas, pero a veces, en realidad muy a

menu-do, se transforma en una magia no tan cercana, lo que podríamos llamar

ma-gia de salón.

Es complicado establecer límites. El caso es que cuando el número de

es-pectadores es muy amplio, es difícil que puedan ver bien los efectos con cartas

que realicemos en el plano horizontal, es decir, aquellos en los que haya cosas

importantes que inevitablemente ocurran sobre la mesa.

Por ello, en estos casos, es preferible hacer juegos que tienen mayor

vertica-lidad, que se ven perfectamente sin necesidad de ver la mesa, o que puedan

se-guir incluso los espectadores que no alcanzan a distinse-guir bien las cartas.

Cuando realizamos cartomagia verdaderamente cercana, la muy íntima, se

suele hacer para un número de personas que cabrían sentadas a la misma mesa

o en un pequeño círculo o semicírculo que nos rodea. Podemos actuar de pie

o sentados. Personalmente actúo sentado, porque resulta más cómodo y

dis-tendido, aunque para algunas manipulaciones no sea lo mejor. A veces,

lógica-mente, tengo que levantarme para ensayar todo aquello que quiero hacer

lue-go de pie, o para comprobar si un efecto funciona mejor de pie o sentado, o si

se puede hacer en ambas condiciones.

Para los ensayos utilizo siempre un espejo. Tengo uno muy grande (1

me-tro de ancho por 1,25 de altura) adosado a la pared y me siento frente a él tras

una mesa unos diez centímetros más alta que el borde inferior del espejo.

De esta manera me observo perfectamente en mi charla, mis actitudes

cor-porales, la cobertura visual, y así puedo captar y corregir los defectos (fig. 1).

Hay manipulaciones que creemos invisibles pero que no lo son, o gestos y

actitudes que nos delatan y de las que no somos conscientes y que podemos

de-tectar en el espejo.

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Pero ¡cuidado! El espejo también puede ser muy peligroso. En ocasiones, nos hacemos lo que llamamos misdireccion a nosotros mismos. Es decir, no mira-mos al lugar donde ocurre el engaño sino donde mirarían los espectadores. Y aunque eso es bueno para la misdireccion es perjudicial para vigilar la técnica.

Figura 1

Mucho más a menudo, nos olvidamos de que el ángulo desde el que nos ob-servamos es siempre el frontal. Desde ese ángulo todo es perfecto; pero no sa-bemos qué pasa cuando nos miran desde otro sitio.

Por ello, y tras ensayar frontalmente, conviene repetir la manipulación gi-rándonos hacia uno y otro lado, pero actuando para un hipotético público fren-te a nosotros y parando de cuando en cuando, torciendo el cuello para mirar el espejo, y ver lo que verían los espectadores de los lados.

También debe controlarse la visión desde diferentes alturas. El que tenga cá-mara de vídeo que la use; y que actúe para la cácá-mara colocándola en distintos ángulos... A veces se asustará de lo que ve más tarde. Lo que quedaba perfecto ante el espejo es un desastre visto en vídeo. Pero aún así, el espejo es el mejor ayudante para los primeros y repetitivos ensayos.

No creáis que lo de repetitivos es exageración. Si una manipulación la en-sayas tres o cuatro veces no quedará bien, aunque no quede mal del todo. Si la practicas cincuenta veces quedará mucho mejor. ¡Imagina cómo quedará si la practicas cientos de veces!

Aunque no hay que confundir ensayar, con practicar una manipulación. Por-que el ensayo, uses o no un espejo, debe incluir la charla o presentación Por-que

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va-yas a dar. Si puedes, aunque te sientas un poco idiota hablando solo, ensaya el efecto siempre hablando en voz alta. No quiere decir que sea una charla apren-dida, pero sí, que sepas lo que vas a decir (para no quedarte en blanco o decir tonterías o tópicos) y cómo lo presentarás para que el juego funcione bien. A propósito, uno de los defectos más corrientes cuando se comienza y no se ha ensayado la charla es ir diciendo: Y ahora barajamos. Y ahora cortamos. Y... Vamos diciendo lo que hacemos para rellenar el silencio, pero francamen-te... ¿Qué va a pensar el público? Parece que creemos que ellos son idiotas y hay que explicarles todo. ¿O pensarán que los idiotas somos nosotros?

AÑADIR CARTAS ES ÚTIL

MI ADICIÓN DE CARTAS

En muchos efectos de Cartomagia el mago simula tener en las manos cier-to número de naipes cuando en realidad tiene una cantidad distinta.

Uno de los sistemas tradicionales para añadir naipes es empalmar las car-tas extra de la baraja, o sacarlas de algún otro sitio, y añadirlas sin que se note a las que decimos tener entre las manos.

Otro método, bastante más sencillo, es añadirlas directamente de la baraja que tenemos en las manos al grupo de cartas, pero acercando éste al mazo.

Añadir cartas es una manipulación que utilizo en muchos de mis efectos. La adición que yo hago de uno o varios naipes desde el mazo (sin empalmar-los) a un grupo de cartas que tengo en la mano es la más común que se expli-ca en muchos libros de magia. Pero hay ciertos matices que a mí me resultan muy útiles. Más que en la técnica^digital la diferencia está en mi comporta-miento verbal y corporal en el momento de hacer el robo. Por ello no daré de-masiados detalles sobre la manipulación.

La técnica es igual si se hace con el grupo de cartas y la baraja en la misma dirección, es decir, grupo y baraja boca arriba, o grupo y baraja boca abajo, o unas boca arriba y otras boca abajo.

Supongamos que voy a hacer un efecto con los cuatro Ases y deseo añadir una carta extra sin que se note. Con el mazo boca arriba voy buscando los Ases y los voy echando claramente sobre la mesa.

Tras localizar el último As, obtengo una separación de la carta superior de la baraja, que está en mi mano boca arriba, mientras llamo la atención sobre los Ases. Ahora, los recojo con la mano derecha y sin cuadrarlos los acerco a la

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mano izquierda (que aún mantiene la baraja) para cuadrarlos mientras sigo

co-mentando algo (fig. 1).

Figura 1

Los cuadro sobre la separación y junto a ellos la carta o cartas que estaba/n

separada y quiero robar (fig. 2).

Y ahora, a esas cinco cartas que retiro con la mano derecha, las dejo sin

mi-rarlas boca arriba sobre la mesa algo apartadas de mí pero alejadas también del

espectador más cercano.

Figura 2

La mano derecha vuelve enseguida a la baraja que extiendo entre mis

ma-nos boca arriba, mientras dirijo la atención a esa extensión haciendo algún

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co-mentario relacionado a que no hay más Ases, o que podrían haber elegido otra carta... pero como si todo lo importante estuviese ahí; los Ases son algo que se ha dejado sobre la mesa, y no tienen ninguna relevancia.

De inmediato dejo la baraja sobre la mesa y vuelvo a recoger los Ases, aho-ra poniendo mi atención en ellos; es decir que vuelven a ser lo importante.

Los cuadro bien y los enseño de nuevo con claridad para que se vea que siguen estando allí. Pero evidentemente no muestro la carta que acabo de añadir.

¿P

ELIGRO

?

En algunas ocasiones, y cuando considero que tengo un público bastante ob-servador o muy atento, he de tener cuidado porque pueden haber visto y vi-sualizado, aunque no prestasen atención, la cara de la carta superior del mazo (si el robo se hace con la baraja boca arriba) que es la que voy a robar. Y po-drían notar que tras dejar los Ases sobre la mesa, la carta superior de la baraja es ahora diferente.

Para evitarlo hay varias soluciones. La mejor es colocar (sin que se note) bajo la carta o cartas que voy a robar un naipe del mismo valor y color que la supe-rior de la boca del mazo. Si la de arriba era un Siete de Tréboles y quiero robar dos, la tercera sería el Siete de Picas. Entonces el cambio es mínimo, no se nota; han visto siempre un Siete negro.

En otras ocasiones, tras sacar y dejar sobre la mesa los Ases, y antes de ro-bar ninguna, ro-barajo el resto del mazo ostensiblemente; así queda en la cara una carta nueva, que casi no doy tiempo a que vean ya que enseguida cojo los Ases y los llevo hacia el mazo para cuadrarlos y dejarlos sobre la mesa.

C

ON LA BARAJA BOCA ABAJO

Suelo emplear este sistema cuando hago la adición a un grupo de cartas que aparentemente no conozco y no deseo ver. En ese caso, la baraja está en mis ma-nos boca abajo. Entonces recojo boca abajo el grupo descuadrado y lo cuadro sobre la separación añadiendo las cartas necesarias bajo dicho paquete (figs. 3 y 4). Pero ahora, y sin parar, cuadro ese grupo y es la mano que sustenta la ba-raja -la izquierda- la que se aparta para dejar el mazo sobre la mesa; mi aten-ción va con el mazo.

La otra mano deposita sin acabar de cuadrarlo del todo el grupo de cartas boca abajo sobre la mesa, sin prestarle atención.

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Figura 4

Luego con toda la calma del mundo se retorna a dicho paquete para co-menzar el efecto. O tras dejar la baraja, sigues reteniendo el grupo en tus ma-nos prestándole toda tu atención y comienzas el juego.

MISDIRECCION IMPLÍCITA

Lo bueno de la adición de una o varias cartas extras a un grupo de cartas es que si la presentación y psicología empleadas son adecuadas, dicha adición lle-va ya implícita la misdireccion. Porque, pongámonos en el caso del espectador normal y corriente. Y pensemos... ¿Para qué diablos va el mago a añadir una carta a un grupo de cuatro Ases? ¿O a un grupo de doce cartas escogidas por varios espectadores? De lo que están pendientes es de que cambie o haga

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aparecer dichas cartas, no de que añada alguna más para complicarse la vida. Salvo que seamos tan torpes en la presentación, que les hagamos pensar en ello. He oído a más de un mago decir: Aquí tengo cuatro Ases y nada más que cuatro Ases. Y hacerlo cuando iba a añadir o acababa de añadir una carta.

Por favor, no des pistas mentales, a menos que realmente tengas sólo las car-tas que juras tener, o seas capaz de enseñarlas de tal manera que no haya nin-guna duda al respecto. Pero si lo que dices -y te recreas en ello- es: Y recuerda que aquí están los cuatro Ases, y no falta ninguno, eres igual de preciso, no mien-tes y no das pistas.

U

NA VARIACIÓN MANIPULATIVA

A veces, y cuando las circunstancias lo permiten, hago una preparación para la adición de una carta que me resulta muy útil.

No debe haber espectadores ni a mis lados ni a mi espalda, solamente fren-te a mí. La baraja está en mi mano izquierda y mi mano derecha va a recoger el grupo de cartas que dejé sobre la mesa. Con el pulgar de mi mano izquierda, que reposa sobre la carta superior de la baraja, arrastro por presión dicha carta hasta que sobresalga la mitad por el borde inferior del mazo (fig. 5).

Figura 5

Luego, la otra mano recoge de la mesa el grupo sin cuadrarlo y lo acerca a la baraja de manera que el borde inferior de las cartas del grupo coincida más o menos con el borde inferior de la carta que sobresale.

Ahora resulta muy fácil robar dicho naipe al aparentemente cuadrar el grupo contra el mazo (fig. 6), con la gran ventaja de que se hace mucho más rápido y

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Figura 6

Ensáyalo frente a un espejo y comprobarás la diferencia. Pero ojo a los án-gulos; hay mucho peligro.

EL BENDITO DOBLEZ

Una de las técnicas que más me han ayudado en mis efectos con cartas es el doblez. Lo que en lengua inglesa llaman crimp y que aparece en todos los libros de cartomagia que se precien.

El crimp es más general, abarca tanto el doblez de una esquina como una curvatura, o varias otras sutilezas o sistemas.

Lo que yo uso, y muy a menudo, es el doblez de una esquina. Para ser exac-tos, la esquina interior izquierda de la carta cuando la baraja está sobre la pal-ma de mi pal-mano derecha en posición de dar. Pero eso es porque yo soy zurdo. Por tanto, para los otros, la esquina a doblar sería la inferior derecha ya que el mazo iría sobre la palma de la mano izquierda.

No fuerzo demasiado dicho doblez; sólo lo necesario para que sea fácil de notar al tacto y para que (debido a su elasticidad) la carta vuelva a quedar nor-mal si ejerzo sobre ella una leve presión.

Doblo la esquina ligeramente hacia abajo, con una curvatura que sea visible para mí a simple vista y que me permita cortar de manera que esa carta quede aba-que, y eso es lo importante, parece imposible que podamos haber hecho algo raro, ya que aparentemente el grupo y la baraja nunca están en contacto.

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jo, con rapidez, sin mirar y como al descuido; para cortar por ahí no necesito la vista, lo hago al tacto, aunque prefiero tras el corte, echar un vistazo.

Ejecutado de esa forma es un arma importante e indetectable y de casi to-tal precisión.

Te aconsejo que aprendas a hacer el doblez en menos de un segundo, justo en un instante, y sin aparente movimiento de los dedos. De ese modo puede hacerse cuando te entregan una baraja que acaban de mezclar y la extiendes o dejas sobre la mesa.

Aparentemente no has hecho nada pero en ese instante, haces el doblez al recoger el mazo que sin detenerte, dejas sobre la mesa (fig. 1).

Figura 1

Si quieres dilatar un poco ese momento haz algún comentario como: Recuer-da que has barajado, o algo por el estilo.

La técnica en sí es muy fácil. Recoges el mazo con tu mano derecha y lo colo-cas sobre tu mano izquierda en la posición que tendría si fueses a repartir cartas.

Comprueba que puedes hacerlo de modo que el dedo meñique izquierdo quede justo bajo la esquina que has de doblar hacia abajo. Manten la baraja en-tre las dos manos. Y ahora, con el meñique izquierdo, simplemente separa la esquina de la carta inferior y tira de ella levemente hacia abajo para hacer el do-blez mientras simulas cuadrar bien el mazo. Luego sin apenas detenerte, lo de-jas sobre la mesa.

Puedes lograrlo empleando sólo la mano izquierda, y hacer el doblez mien-tras el mazo reposa sobre ella. La técnica es la misma aunque algo más difícil.

¡Cuidado! Si un espectador —buen observador y atento- está situado a tu de-recha, puede vislumbrar el doblez cuando dejes el mazo en la mesa.

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Ensaya las distintas maneras de hacerlo. Luego practica el corte hasta que

puedas cortar sin demorarte, por el doblez (la carta doblada debe quedar

siem-pre abajo) sin mirar, y sin siem-prestar demasiada atención.

Al principio ensaya con un doblez muy exagerado para que veas lo fácil que

es cortar por el mismo. Más tarde entrénate con dobleces cada vez más sutiles.

Y luego decide cuál usarás; los más sutiles son más elegantes y se ven menos,

pero es más difícil cortar por ellos.

Yo suelo usar uno bastante burdo, que no exije mi atención al cortar;

pre-fiero tomarme más molestias para que no lo vean y que no falle nunca.

Ten cuidado si utilizas cartas muy usadas; si han perdido elasticidad o están

algo pringosas puedes no acertar en el corte ya que tu tacto no está hecho a ellas.

En esos casos yo hago dobleces realmente burdos.

Y eso es todo. Yo abuso del doblez, porque me facilita enormemente las

co-sas; por eso he titulado este apartado "El bendito doblez". ¡Bendito sea!

EL PRINCIPIO DE LOS PAQUETES IGUALES

Este excelente principio matemático se ha usado a menudo en muchos

trucos. Hay magos que lo emplean sin saberlo ya que realizan ciertos

efec-tos basados en él, pero tan distinefec-tos entre sí, que no parecen basarse en el

mis-mo sistema.

Se utiliza de múltiples formas tanto para forzajes como para adivinaciones.

Le llamo así porque con ese nombre lo leí, por primera vez, hace ya años, en el

libro C

ARTOMAGIA

F

ÁCIL

,

de Alfredo Florensa, obra que por cierto me abrió los

ojos a muchos principios matemáticos de la cartomagia.

Si quieres ver cómo funciona haz lo siguiente: De una baraja bien

mezcla-da retira dos paquetes del mismo número de cartas, no importa cuántas.

Su-pon que has retirado dos paquetes de nueve cartas cada uno. Coloca el resto del

mazo boca abajo sobre la mesa o en tus manos. Mira la carta de arriba de la

ba-raja, recuérdala y sigue dejándola arriba.

Ahora coloca sobre la baraja y boca abajo uno de los paquetes que

retiras-te. La carta que miraste estará en la posición diez, ya que has echado sobre ella

nueve cartas.

Empezando por arriba de la baraja, comienza a echar cartas sobre la mesa,

boca abajo y una a una, de manera que se invierta el orden de las mismas.

(24)

Pue-des echar las que quieras mientras sean más que las que formaban cada uno de los paquetes iniciales.

Recuerda cuántas has echado sobre la mesa. Supon que has echado quince cartas. Ahora las recoges y las dejas de nuevo sobre la baraja boca abajo.

A continuación coloca sobre la baraja, también boca abajo, el otro paquete (de los dos de nueve cartas) que retiraste al principio. La carta que miraste y recordaste, estará, contando desde arriba, en una posición que coincide con el número de cartas que echaste sobre la mesa. Como echaste quince cartas, la carta que miraste estará en la posición quince.

Compruébalo.

Lo interesante y útil es que puedes saber en qué posición acabará tu carta sin saber cuántas cartas tenían los paquetes iguales que retiraste al principio; solamente has de saber cuántas has echado sobre la mesa. Comprueba que fun-ciona para cualquier número de cartas.

No detallaré toda la matemática interna pero sí la básica y evidente. En el ejemplo, si sobre tu carta echaste nueve cartas y estaba la número diez, al echar-las sobre la mesa una a una y contar quince naipes, tu carta ocupará en ese mon-tón la posición 15-9 = 6, ya que las nueve primeras cartas de esas quince esta-rán bajo ella. Luego, al echar sobre ese montón el otro paquete que retiraste que tenía también nueve cartas, tu carta estará 6+9 =15.

Siempre se compensa uno con otro, por eso la posición dependerá sólo de las cartas que echas sobre la mesa, no del número de cartas de los paquetes iguales.

Si quieres emplear este principio para un forzaje haz lo siguiente: Coloca la car-ta a forzar por ejemplo en la posición 16 a partir del lomo. Luego pide a alguien que retire de arriba las cartas que desee, siempre que sean menos de quince. Indí-cale que del resto del mazo eche sobre la mesa y boca abajo quince cartas, una a una, formando un montón, y que de ese montón escoja la carta que ocupa (con-tando desde arriba) la posición que coincida con el número de cartas que se llevó de la baraja. La carta que escoja será la que has colocado en la posición 16.

EL PRINCIPIO DE LOS PAQUETES

COMPLEMENTARIOS

Este es otro de los principios matemáticos que ayudan a conseguir efectos aparentemente imposibles en la cartomagia.

(25)

Es menos usado y conocido que el de los paquetes iguales, y a veces quienes

lo usan los confunden, pero no es el mismo.

Para que veas cómo funciona en su modo más elemental, haz lo siguiente:

Mezcla una baraja completa de 52 cartas, retira un cierto número de cartas; las

que tu quieras. Supon que has retirado dieciséis cartas. Aparta esas dieciséis

car-tas que no volverás a usar.

Ahora, con el resto de la baraja boca abajo, ve echando cartas una a una boca

arriba sobre la mesa. Es decir, que la carta segunda cae boca arriba sobre la

pri-mera y así sucesivamente. Y mientras echas cartas, ve contándolas y cuando

lle-gues a la carta 16 (cuyo número coincide con el número de cartas que has

re-tirado) fíjate en ella y recuérdala.

Sigue echando cartas boca arriba contándolas y detente cuando quieras.

Su-pongamos que paras después de echar sobre la mesa la carta número 22.

Ahora, vuelve boca abajo ese paquete de veintidós cartas que hay sobre la

mesa y echa encima el resto de la baraja que tienes en tus manos. El mazo está

ahora boca abajo sobre la mesa. Y la carta que has mirado y recordado estará

en la posición número 30 contando desde arriba.

Compruébalo.

La posición final de esa carta se ha obtenido restando de 52 el número de

cartas que echaste sobre la mesa.

En el ejemplo: 52-22 = 30. Siempre suponiendo que has usado una baraja

completa de 52 cartas. Si no es así, la resta la harás del número de cartas que

había en la baraja al comienzo.

1.

Este principio funciona cualquiera que sea el número de cartas que retires,

siempre que la carta que miras y recuerdas esté en la posición que te indica

ese número.

2.

Las cartas retiradas al comienzo no deben ser más de la mitad, ya que si te

nías 52 cartas y retiras 27, te quedarían sólo 25 y no puedes mirar en las que

te quedan la que ocupa la posición 27.

Otra manera de comprobarlo es retirar de la baraja por ejemplo doce

car-tas y mirar y recordar la carta que ocupa la posición número 12 en el resto del

mazo de 52 cartas.

Luego, a partir de arriba comienza a pasar cartas de arriba abajo una a una

contándolas; cuando llegues a la 52 tendrás en tu mano la carta que miraste.

Por tanto si es un espectador el que retira cierto número de cartas y se fija

en la que coincida con ese número, podrás saber en qué posición quedará al

fi-nal, sin saber cuántas cartas ha retirado. Y puedes incluso dejarla en la posición

(26)

que desees, dependiendo del número de cartas que hayas echado sobre la mesa

o pasado de arriba abajo.

Es evidente que este principio se puede emplear usando sólo un pequeño

paquete de cartas, mientras sepas cuántas hay en dicho paquete y se cumplan

las dos condiciones mencionadas.

Recapitulando:

Con este principio y sin que nadie te diga nada puedes localizar la posición

en el mazo de una carta pensada, siempre que la carta pensada sea la que

ocu-pa la posición coincidente con el número de cartas retiradas de dicho mazo. Y

puedes hacerlo sin saber cuántas cartas se han retirado.

LA BARAJA MNEMÓNICA

Dentro de las barajas ordenadas podríamos incluir el apartado de las

bara-jas memorizadas o mnemónicas.

El sistema consiste en colocar de cierto modo las cartas de una baraja para

que no haya entre ellas una ordenación matemática y aprenderse de memoria

ese orden; barajamos un mazo varias veces y una vez que se comprueba que las

cartas están bastante desordenadas memorizamos qué lugar ocupa cada carta

en dicha ordenación.

Cada vez que deseemos utilizar el sistema, colocamos las cartas en el orden

memorizado y ya no tenemos necesidad de hacer cálculo alguno para saber

dón-de está cada carta. Simplemente, nombran una y nos viene a la mente la

posi-ción que ocupa, o nos dicen un número y sabemos qué carta está en ese lugar.

Si lo hemos aprendido bien, es igual de fácil que recordar que cuando

mul-tiplicamos ocho por tres el resultado es veinticuatro, o que detrás del uno

vie-ne el dos y detrás del cinco el seis.

Aprenderse el orden no es tan difícil como se piensa; si consigues que

den-tro de ese desorden, las posiciones de las cartas te permitan realizar ciertos

efec-tos, te irá mucho mejor.

De todos modos es más sencillo aprender el orden de alguna de las

bara-jas mnemónicas más conocidas, como la de Nikola, la de Simón Aronson o

la de Tamariz. Cuando recurro a este gran invento de la baraja mnemónica,

uso la ordenación de Juan Tamariz de quien la he aprendido, junto con

mu-chas otras cosas.

(27)

LA CUENTA BIDDLE

Esta cuenta sirve entre otras cosas para contar en falso cierto número de

car-tas y ocultar alguna, o hacer que se cuente dos veces, sin que se note, la misma

carta. Se puede hacer con los naipes boca arriba o boca abajo.

Las cartas, bien cuadradas, reposan sobre los dedos de la mano izquierda con

el pulgar de dicha mano apoyado sobre su cara y sujetas por los bordes

estre-chos entre el dedo corazón y el pulgar de la mano derecha.

Para efectuar la cuenta, el pulgar izquierdo arrastra la carta superior para

que caiga sobre la palma moviendo dicha mano hacia la izquierda mientras la

mano derecha, sin variar la posición de los dedos, se mueve con el resto de los

naipes hacia la derecha.

Después, ambas manos se acercan una a otra, y cuando el paquete de

car-tas de la mano derecha, está casi cubriendo la carta que reposa en la mano

izquierda el pulgar izquierdo la arrastra para dejarla caer sobre la primera

carta (fig. 1). Esa misma acción se repite carta a carta, hasta que todas han

caído sobre la mano izquierda. Esto sucede cuando queremos contar sin

ha-cer trampa alguna.

Figura 1

Cuando queremos contar dos veces una carta de las que estamos contando

hacemos lo siguiente: Cuando la arrastramos con el pulgar para dejarla caer

so-bre la palma, mantenemos una leve separación entre dicho naipe y los otros que

ya reposan en la mano, con lo que la carta queda ligeramente levantada. Al

(28)

arras-trar la siguiente, cuando la carta que queremos robar está cubierta por el

pa-quete, dejamos que la inferior del paquete de la mano derecha y dicha carta se

junten, y al retirar la mano derecha con el paquete, nos llevamos esa carta como

inferior del paquete (figs. 2 y 3).

Figura 3

Seguimos contando con normalidad, siendo la última que contamos la

car-ta que hemos robado. Como es lógico, con un gran número de carcar-tas se

pue-den robar varias con esta cuenta.

(29)

LA INVERSIÓN DE LA EXTENSIÓN

CON CORTE DISIMULADO

Ésta es una técnica muy fácil y conocida; yo la uso bastante. Sirve para

con-trolar una carta escogida por el espectador y devuelta a la baraja.

Esto es lo que aparentemente se hace: Con las cartas extendidas entre mis

manos un espectador saca libremente una y vuelve a colocarla en el mismo

si-tio de la extensión que luego cierro.

Lo que ocurre realmente es que al devolverla a la baraja la coloca sin

saber-lo entre las cartas que antes eran la superior y la inferior del mazo.

Por tanto si habíamos visto alguna de esas dos cartas, tenemos la elegida al

lado de una carta llave.

He aquí cómo:

La extensión se hace normal, hacia el lado habitual. Ojo, es una extensión

entre las manos y no un abanico. Cuando el espectador se lleva la carta para

mirarla o enseñarla a otros las manos se separan por el lugar del que la retiró.

Después las manos (que han estado más o menos a la misma altura cuando

hacíamos la extensión) se mueven una hacia arriba y otra hacia abajo, cada

una con un paquete en el cual las cartas forman un pequeño bisel hacia el lado

hacia el que hicimos la extensión.

Si no hiciésemos trampa, lo que haríamos para que el espectador devolviese

su carta al mismo lugar del que la cogió, sería bajar ligeramente el paquete que

antes estaba en la parte de abajo de la extensión y levantar el otro (figs. 1 y 2).

El espectador colocaría su carta sobre el paquete inferior y dejaríamos caer

o colocaríamos sobre ella el paquete superior para perderla; luego

cuadraría-mos y daríacuadraría-mos a cortar.

Esta acción es la que se imita cuando hacemos trampa pero con una

varia-ción, que si se hace bien y con naturalidad, no se percibe. Al separar las manos,

la mano que bajamos es la que contiene lo que era la parte superior de la

ex-tensión y la que subimos es la otra.

Al mismo tiempo cambiamos el sentido del bisel de ambos paquetes, con

lo que da la sensación de que el paquete que ahora está más abajo era el

infe-rior; sobre dicho paquete, que es el que ofrecemos, colocará su carta el

espec-tador creyendo que la ha devuelto al lugar del que la cogió (fig. 3). Así la carta

elegida quedaría junto a la carta llave (o a una carta con esquina doblada) con

lo que podemos cuadrar el mazo, dar a cortar al espectador y luego cortar

nos-otros por el doblez para que la carta elegida quede arriba.

(30)

Figura 1

(31)

DETALLES

Cuando hacemos una extensión, las cartas son empujadas o deslizadas por

el pulgar de una mano a otra.

Cuando el espectador retira de la extensión una carta, y se separan las

ma-nos con un paquete en cada una, los naipes de arriba de cada montón

sobre-saldrán por el lado hacia el que se hizo la extensión.

Ambos paquetes reposan sobre los dedos y parte de la palma de cada mano,

y cada pulgar está sobre el dorso de la carta superior del paquete

correspon-diente. Por tanto, para invertir el bisel, lo único que has de hacer es cerrar

lige-ramente cada mano empujando cada paquete hacia el interior, casi

cuadrán-dolos, y luego presionar con los pulgares para, ayudado por los otros dedos,

deslizar las cartas superiores, de manera que se invierta el sentido del bisel.

Y eso es todo, salvo el consejo de que lo realices con naturalidad y

lenti-tud; convéncete a ti mismo de que no haces nada raro, y practica para no

ha-cer una chapuza.

MI DESCARGA

Cuando hago una actuación de cerca y sentado, procuro si es posible,

si-tuarme de tal manera que no haya ningún espectador a mis espaldas ni

tam-poco en una zona lateral desde la que puedan ver mi regazo. Y eso se debe a que

para desembarazarme de cartas, monedas o cualquier otro objeto con frecuencia

las descargo en él.

Comentaré los detalles de la técnica de descarga de cartas, para que resulte

fácil seguirla con una baraja en la mano.

E

L OBJETIVO DESEADO

En principio, y para que una descarga funcione, ha de ser perfecta, y para

ello ha de cumplir los siguientes requisitos:

• No ha de imaginarse que exista dicha técnica.

No ha de sospecharse que sea posible dejar caer las cartas en el regazo.

No tiene que incluir movimientos antinaturales.

(32)

Esto es lo que debería ocurrir la mayoría de las veces, es el objetivo a

alcan-zar; aunque en ocasiones pueda fallar y se sospeche, o se imagine, o incluya

mo-vimientos poco naturales o incluso se vea.

Prepárate para una explicación larga y complicada, que frente a frente, me

llevaría menos de un minuto, pero que es tediosa y difícil por escrito.

De todas maneras te aconsejo que primero veas las figuras y luego

co-miences a leer.

L

A TÉCNICA QUE EMPLEO

Estoy sentado a una mesa que sea un poco más baja (de tres a diez

centí-metros) del punto donde termina mi hueso del esternón (estando sentado).

El borde de la mesa estará a unos doce centímetros de mi pecho si me

man-tengo bien erguido. Pero dicha distancia puede aumentar o disminuir según me

incline hacia delante o hacia atrás.

Figura 1

La práctica os dará la distancia adecuada para cada uno. Ambos brazos

es-tán apoyados en el antebrazo, casi a la altura del codo, en el borde de la mesa.

Las manos con las cartas están a unos quince centímetros del borde de la mesa.

La baraja está sujeta con ambas manos, en posición de dar pero casi sin

so-bresalir por delante de la palma de la mano izquierda.

La carta o cartas a descargar están siempre en la parte inferior del mazo en

contacto con la palma de la mano izquierda.

(33)

La descarga propiamente dicha se divide en dos etapas bien diferenciadas, y separadas en el tiempo.

P

REPARACIÓN

Con el dedo pulgar de la mano izquierda separas levemente la carta o car-tas que vas a descargar y las dejas que reposen sobre la palma izquierda mien-tras la mano derecha sujeta desde arriba el resto de la baraja con el pulgar en el borde estrecho inferior de las cartas y los otros dedos en el borde superior.

En ese mismo momento el dedo medio izquierdo se apoya en el borde es-trecho superior o delantero de las cartas que has separado. Y ahora, la mano de-recha, con todo el mazo, menos las cartas que vas a descargar, va hacia adelante arrastrando la baraja suavemente sobre las cartas separadas y la palma de la mano izquierda de modo que sobresalga algo más de dos centímetros por delante.

Ese deslizamiento se hace con un leve ángulo de la baraja hacia la izquier-da. El dedo corazón izquierdo empuja hacia atrás las cartas separadas (las que vas a descargar) que quedan cogidas entre el tenar y las falanges de los dedos anular y meñique izquierdos reposando sobre la palma pero sobresaliendo un par de centímetros por detrás (fig. 3).

Ahora estás preparado para la descarga, y en esa posición puedes relajarte y parar todo el tiempo que desees si tienes una buena cobertura.

La mano derecha ayuda a sujetar el mazo por arriba pero dejándolo ver lo más posible (fig. 2).

(34)

Figura 3

C

OBERTURA

La preparación ha de hacerse con suavidad, sin prisas pero sin ralentizarse

demasiado; yo suelo tardar entre dos y cinco segundos y siempre la hago

mien-tras digo algo.

Cuando has terminado la preparación descrita, la baraja está inclinada

ha-cia arriba unos cuarenta y cinco grados aproximadamente, sin tocar la palma

de la mano izquierda, con su borde largo izquierdo apretado contra la horca

del pulgar izquierdo.

El mazo está sujeto desde arriba con la mano derecha por los dedos

cora-zón y anular en el borde estrecho delantero y el pulgar en el borde trasero, pero

dejando ver gran parte del dorso. La yema del pulgar de la mano derecha que

está extendido, se apoya sobre el dorso de las cartas que están preparadas para

la descarga, por lo que dichas cartas estarán separadas de la baraja en la parte

más cercana al borde de la mesa y a tu regazo.

El pulgar izquierdo está apoyado y paralelo al borde izquierdo de la baraja

o sobre el dorso de la misma, y el mazo reposa levemente sobre el borde del dedo

índice de dicha mano.

Las cartas a descargar estarán inclinadas hacia arriba, sobresaliendo por

detrás de la mano izquierda, con el borde que sobresale por detrás casi

to-cando la mesa, y más o menos la mitad de su superficie sobre la palma de la

mano izquierda.

La mano izquierda, palma arriba, apoya sobre la mesa el dorso del dedo

me-ñique y parte del anular, por tanto, forma un amplio ángulo con el plano

(35)

ho-rizontal de la mesa, creando una especie de pared, no vertical, pero bastante al-zada, que sirve para ocultar las cartas que se van a descargar.

Y lo más importante. Las manos y los brazos, están apoyados sobre la mesa de tal manera que no hay resquicio alguno por debajo de los mismos. Es decir, que no podríamos pasar ni un fino papel por debajo de ellos; ni incluso por de-bajo de la muñeca que tiende a elevarse dejando un pequeño hueco por deba-jo; eso debe evitarse (fig. 4).

Figura 4

Porque si alguien puede ver algo es por debajo de las manos y brazos, nun-ca por encima, a no ser que se encuentre muy cernun-ca o muy alto.

Y recuerda, todo lo anterior no ocurre con las manos al borde de la mesa, sino adelantadas hacia adentro; siempre baraja y manos están por encima de la mesa; cuanto más adentro mejor, pero sin exagerar: lo adecuado es a unos quin-ce quin-centímetros del borde.

Cuando ya estás preparado puedes variar ligeramente la posición del mazo ha-cia arriba y haha-cia abajo pivotándolo sobre su eje central que está sobre el dedo co-razón de la mano izquierda. Así dejas ver la carta inferior de la baraja, que seguirá siendo la misma tras la descarga (las que vas a descargar están ocultas y separadas); eso hará difícil que piensen que te has deshecho de carta alguna.

L

A DESCARGA PROPIAMENTE DICHA

La descarga es muy fácil, casi ocurre sola por la fuerza de la gravedad, aun-que puedes ayudarla con un peaun-queño impulso. Pero ojo, en este momento es

(36)

cuando más debes cuidar la cobertura como se ha explicado, ya que en la eta-pa de preeta-paración es menos necesaria, salvo al final.

Haz una prueba sujetando sobre la palma de tu mano izquierda (o derecha si eres zurdo como yo) una o varias cartas en la posición descrita, sujetas entre el tenar y el meñique y anular y sobresaliendo más o menos en su mitad por la parte de atrás.

Ahora abre con suavidad los dos dedos que las sujetaban y verás que si la mano está un poco inclinada hacia arriba, las cartas caerán por sí solas hacia atrás. Por tanto, si el borde que sobresale de dichas cartas, está más cerca de nuestro cuer-po que el borde de la mesa, las cartas caerán sin problema en el regazo (fig. 5).

Figura 5

Dejarlas caer es muy sencillo, pero para evitar sospechas, hay que hacerlo sin que se note que las manos, y por tanto el mazo, han estado en momento al-guno al borde de la mesa.

Recuerda que la preparación se ha echo lejos del borde de la mesa, y un súbito acercamiento hacia él podría ser sospechoso incluso si se hace relajadamente.

Aquí me desvío de la técnica más conocida de Slydini para las descargas, una técnica maravillosa en general pero que en este caso no me conviene.

Dicha técnica consiste -de manera sumaria- en, sin modificar la distancia que hay entre las manos y el cuerpo, echarse hacia atrás, hacia el respaldo de la silla, relajadamente, hasta que las manos estén sobre el regazo.

Yo, en ese momento, lo que hago es aparentemente lo contrario; las manos con las cartas y el cuerpo van hacia adelante, alejándose del borde de la mesa. Pero durante ese aparente avance, las manos se han separado.

(37)

El movimiento es difícil de explicar y requiere una buena misdireccion. Una de las reglas de la misdireccion es que un movimiento amplio oculta uno más pequeño, y eso es lo que hago ahora. La mano derecha -con la baraja cogida por arriba entre el pulgar por el borde estrecho inferior y los otros dedos por el borde estrecho superior- avanza para depositarla sobre la mesa, ayudada casi siempre de algún comentario que distraiga la atención. La mano izquierda, en ese momento, va levemente hacia atrás, y aunque sigue sin sobrepasar el bor-de bor-de la mesa, el borbor-de bor-de las cartas que sobresalen por bor-detrás si lo hace.

En ese instante, se abren los dedos anular e índice, sin mover los otros de-dos, y las cartas caen sobre el regazo. Enseguida esa misma mano continúa el movimiento hacia adelante. Es decir, un comienzo de relajación casi inexistente para iniciar el movimiento o acción hacia adelante.

La ventaja de este sistema es que en el momento de la descarga, la baraja y las cartas a descargar son dos cosas bien separadas entre sí. Lo único que el pú-blico ve es la baraja (no sabe que en la otra mano tengo las cartas que quiero descargar) y el mazo nunca ha sobrepasado el borde de la mesa.

Cuando hago la descarga, la mano con la baraja va realmente hacia adelan-te, ya que en la acción que realizo la que se relaja y va hacia atrás unos centí-metros, dejando caer las cartas, es la mano izquierda. Pero dicha mano va en-seguida también hacia adelante para ayudar en su acción a la mano derecha o para que se vea vacía y lejos del borde de la mesa (fig. 6).

Figura 6

Por mucho que se mire no se puede notar nada extraño si se realiza con flui-dez y sin aparente prisa. Pero, eso sí, podría verse cómo caen las cartas al

(38)

rega-zo si no se ha cuidado la cobertura; se verían por el resquicio que dejemos de-bajo de manos y brazos.

Si se hace bien y sin nervios es difícil que se sospeche o intuya una descarga, pero repito, hay que cuidar la cobertura. Por tanto hay que ensayar mucho ante un espejo o una cámara de vídeo, y no levantar jamás ni manos ni brazos de la mesa. No debe quedar resquicio alguno, salvo justo cuando acabemos de descar-gar las cartas, completando entonces un movimiento amplio e inocente, de acer-camiento con la baraja hacia el centro de la mesa. Y eso es todo.

PARA RECOGER CARTAS DESCARGADAS

Tras efectuar la descarga de una o varias cartas sobre el regazo, has mostra-do las manos vacías y lejos de la baraja durante algún tiempo.

Luego, si no necesitas las cartas descargadas puedes dejarlas en el regazo. Pero en muchos casos sí las necesitas.

Supongamos que la carta descargada ha desaparecido de la baraja pero quie-res que aparezca en tu bolsillo. Entonces, te pondrás de pie mostrando las ma-nos vacías, mientras sonríes con anticipación; y para hacerlo, tu mano derecha va hacia atrás, hacia el respaldo de la silla para retirarla y facilitar la acción de levantarte. Al hacerlo tu cuerpo rota, y al rotar tu mano izquierda va, casi por sí sola, al regazo, y oculta por el borde de la mesa, recupera la carta descargada empalmándola.

(39)

Figuras 3 y 4

Termina de ponerte de pie y produce la carta del bolsillo. Y si lo que

quie-res hacer es recuperar la carta pero no mostrarla de momento, o recogerla

para que no te moleste, ponte igualmente de pie con alguna disculpa, pero

esta vez, antes de hacerlo coge con la mano izquierda el mazo que hay sobre

la mesa.

Efectúa el mismo movimiento explicado, pero la mano que tiene el mazo

va al regazo y añade a su cara, la carta o cartas que hay allí, sin detenerse, y

si-gues levantándote.

Comprueba lo fácil y natural que resulta.

(40)

;ARTA TRATADA

En muchos libros de cartomagia se describe el uso de naipes con

antiderra-pante. Es un producto con el que se impregna la cara o el dorso de varias

car-tas; cuando las superficies impregnadas se ponen en contacto, quedan levemente

adheridas una a otra.

La carta tratada es diferente.

Se impregna sólo una carta que, tras darle el tratamiento correcto, se adhiere

con más fuerza, y con una leve presión a otra carta normal.

Se puede manejar esas dos cartas como si fuesen una sola, pero en caso

de ser necesario, si lo deseamos, podemos despegarlas con facilidad para

uti-lizarlas como dos cartas separadas.

Evidentemente si tratamos una carta por su cara, cuando quede pegada a

otra, dejará de verse, como si hubiese desaparecido. Y si tratamos cualquier

car-ta por el dorso, desaparecerá la cara de cualquier carcar-ta que se adhiera a ella.

Hay distintas maneras de tratar una carta. La más tradicional y conocida es

impregnarla con cera. Conviene usar uno de esos tapones de cera para los

oí-dos que venden en casi todas las farmacias. Basta frotarlo contra la superficie

de una carta, para que quede tratada.

Puedes utilizar también un spray o pulverizador tipo "post-it". La casa 3M

tiene uno llamado "Spray Mount", referencia 6391. Y hay otro llamado "Duro",

referencia 81088.

Siguiendo las instrucciones del que obtengas, rocías la parte que desees de

la carta a tratar, cubriendo el resto con una máscara.

(41)

Figura 2

Y tras dejarlo secar ya tendrás tu carta tratada. La superficie a tratar

depen-derá del manejo que desees hacer luego. Conviene probar con distintos

tama-ños de superficie tratada, para encontrar la adecuada para cada uno.

Hay otros productos parecidos, del tipo conocido como "post-it", y todos

ellos te permiten obtener el mismo resultado en mayor o menor grado.

Yo he usado hasta ahora el llamado "Peñol", de la casa Pelikan, que en lugar

de ser un spray parece un bolígrafo grueso y se usa pintando la superficie que

se desea tratar. Si no lo consigues, hay otro casi igual, el marcador adhesivo de

doble función "Plus office 2 en 1".

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A MANIPULACIÓN Y SIN PREPARACIÓN

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Misdireccion, viene del inglés Misdirection, que quiere decir más o menos, dirigir de manera equivocada. Es decir, hacer que la atención se dirija hacia de no debe, que sería cualquier dirección que distraiga del lugar o tiempo don-de el mago hace la trampa o manipulación.

En realidad la manera más correcta de traducirlo sería "distraer" o "divertir", pero en nuestro idioma, estas dos palabras, y debido al uso que se hace de ellas, significan ya algo diferente. Esa misdireccion no es sólo para la atención visual. La mejor misdireccion es la de la mente del espectador. No se trata realmente de dis-traer, sino más bien de atraer la atención, es decir, dirigirla a donde deseamos.

Suponed que tuvierais cierto poder hipnótico, para que a una orden vues-tra el espectador viese, creyese ver, o pensase, en lo que deseáis.

La magia no hipnotiza, pero hace ver lo que no es realidad. Y la misdireccion es una herramienta muy potente que no hipnotiza, pero que sugiere, y si está bien empleada nos permite encarrilar la mente del espectador en cierta direc-ción conveniente. Esa misdireccion se consigue con la actitud, la palabra, y la pre-sentación mágica del juego.

Pero ojo. Me refiero a la presentación mágica. Cómo vayas vestido, o el per-sonaje que representas no es la presentación mágica. Las charlas son otro tipo de presentación, dramática, cómica, misteriosa... añaden arte a la ejecución del juego, pero en general no las incluyo en la presentación mágica.

Algunas, además de entretener y añadir misterio, ayudan o son esenciales para la misdireccion y presentación mágica. A esas me refiero cuando digo Pre-sentación en los efectos de este libro.

P

SICOLOGÍA APLICADA A LA

P

RESENTACIÓN

Veamos rápidamente dos presentaciones para un efecto que puede ser for-tísimo para el espectador.

Tengo aquí una baraja, y quiero que cualquier espectador piense una carta. Me concentro. Trato de buscarla en el mazo pero no me viene nada a la mente, en-tonces cogeré una cualquiera sin mirarla, a ver si hay suerte. La voy a colocar en

(44)

este bolsillo, que como veis, está vacío. Dime qué carta pensaste. ¿El Dos de Cora-zones? ... que debería estar entre estas 51 cartas que tengo en la mano. Salvo que por una casualidad, o por magia, sea la que tengo aquí. La mano va al bolsillo, saca el Dos de Corazones y lo enseña al público; luego muestra que el bolsillo sigue vacío, mientras comenta: Y el bolsillo, como os enseñé, sigue vacío, porque hay gente que puede pensar que tenía aquí las 52 cartas.

Veamos otra Presentación:

Tengo aquí una baraja, y quiero que uno de ustedes piense una carta y que me la diga. El espectador dice el Dos de Corazones. Y ahora, la carta que usted me ha dicho, va a pasar mágicamente a este bolsillo. Fíjense bien, la carta estáya, aun-que no se lo crean, en mi bolsillo. Se saca de allí y se muestra el bolsillo vacío.

En ambos casos, lo que en realidad ocurre, si se piensa fríamente, es lo mismo. El espectador dice una carta, y el mago la saca de un bolsillo que estaba vacío.

La mecánica interna del efecto es también la misma. El mago lleva una ba-raja ordenada, localiza la carta, la empalma, y finge sacarla del bolsillo.

A

NÁLISIS PSICOLÓGICO

¿Qué puede pensar el espectador, inteligente y atento, pero no excesivamente analítico? "Esto es un milagro, porque yo he pensado la carta que me ha dado la gana; esto es magia".

Pero si es muy analítico y no se deja llevar por la presentación, el ambien-te, o las emociones, pensará: "Aquí solamente pueden haber pasado dos cosas: A: El mago sabía la carta que yo iba a decir y la tenía ya en el bolsillo; o B: Cuan-do le he dicho la carta, el mago la ha cogiCuan-do de algún sitio (casi seguro de la ba-raja) y la ha colocado en el bolsillo para sacarla después. Pero, lo primero no es posible, porque él no podía leer mi mente. Y lo segundo tampoco porque yo lo hubiera visto".

Lo imposible está servido. A menos que el espectador no esté seguro del requisito B. Comparemos ambos efectos.

Si presentamos el efecto diciendo que tenemos una carta en el bolsillo, an-tes de que el espectador nombre la suya, pasará más desapercibido el empalme. Porque no hemos llamado su atención sobre la baraja sino sobre una carta que hemos colocado en el bolsillo.

Si lo que decimos es que la carta elegida pasará al bolsillo, no dejará de mi-rar la baraja, que es donde cree que estará su carta.

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Luego si vamos a empalmar la carta elegida, nos conviene presentar el efecto como una predicción. Y será más fácil que no piense en el requisito B.

Pero si tenemos en el bolsillo un clasificador con todas las cartas, y de allí va-mos a sacar la que nos diga, podeva-mos presentarlo como el viaje de su carta. Su atención está en la baraja, y por tanto podemos dejarla sobre la mesa antes de co-nocer la elegida. Con eso el espectador estará seguro de que se cumple el requi-sito B. Por ello, yo creo importante emplear en las presentaciones lo que llamo:

L

A PSICOLOGÍA DE LO OPUESTO

Siempre que se pueda, hay que hacer una presentación en la que lo que má-gicamente va a ocurrir sea lo contrario de lo que ocurre en realidad en la es-tructura interna, matemática, o manipulativa del juego.

Por tanto, un efecto matemático confundirá más si se presenta como men-tal, o de alta manipulación, y uno de manipulación, si se presenta como basa-do en una ley numérica o cabalística. Y en cualquier caso, si decimos que usa-mos poderes paranormales.

ES IMPORTANTE CONFUNDIR SIN CREAR CONFUSIÓN

Si confundimos mental o emocionalmente al espectador, podremos hacer pasar inadvertidas muchas trampas.

Confundir al espectador, pero que no haya confusión en el desarrollo del efecto. Si nota que lo haces confuso para enredarlo, la has fastidiado. Todo debe parecer claro; la confusión viene de las trampas psicológicas que le pones, o de las trampas estructurales, combinando manipulación, con matemática, y con preguntas y acciones que le dirigen en cierta dirección. Tienes que hacer que asuma como ciertas, cosas que no lo son.

El cerebro está acostumbrado a asumir que cuando parece hacerse "algo" se hace ese "algo". Si dejo sobre la mesa un paquete de cartas descuadrado que digo que son rojas y se ve que no me importa cómo quedan, se asume que todas son rojas, aunque alguna no se vea.

La manera de mostrarlas y el hecho de que no importe que estén descua-dradas hace asumir que no hay allí cartas negras, aunque las haya. El hacer asu-mir algo es perfecto.

Cuando corto sin mirar por el doblez es otro caso parecido. La gente asu-me que si coges un objeto, por ejemplo una moneda con la mano abierta,

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