CARL HENRIK LANGEBAEK
Mercados,
poblamiento e
integración
étnica
entre los
Muiscas
SIGLO XVI
BANCO DE LA REPÚBLICA Bogotá, Colombia.
© Carl Henrik Langebaek Para esta edición, Banco de la República
ISBN: 958-9028-40-3 Diseñado y producido por: Banco de la República Departamento Editorial Calle 13 No. 35-51 Bogotá, D.E., Colombia
AGRADECIMIENTOS
Esta investigación habría sido imposible de realizar sin el estímulo constante de María Elvira Escobar, Ana María Falchetti, Carlota Bustos y, sobre todo, de mi familia, especialmente de Marina González de Rueda, a cuya memoria se dedica. Así mismo, durante el proceso de investigación recibimos importantes comentarios por parte de Sylvia Broadbent, Marianne Cárdale, Stella de Bautisca, Ana de Yazo, Ana María Groot, Eduardo Londoño, Anñ Osborn, Clemencia Plazas, Elizabeth Reichel de von Hildebrand y María Victoria Uribe. A todos ellos mis agradecimientos más sinceros.
Reconozco, así mismo, una deuda de gratitud con el Museo del Oro del Banco de la República, con su directora María Elvira Bonilla y con todos aquellos que colaboraron con la publicación del manuscrito. En dicha Institución fue invaluable el apoyo ofrecido por Mercedes Corpas de Guhl, Alicia Loboguerrero de Salazar, Clara Duque y Stella de Jácome. Agradezco, además, el interés y la paciencia con que Lucía Teresa Rueda, Martha Urdaneta y María Alicia Uribe colaboraron en la elaboración del texto.
TABLA DE CONTENIDO INTRODUCCIÓN
OBJETIVOS ... 15
ORDEN TEMÁTICO ... 17
EL CARÁCTER DE LAS EVIDENCIAS DE ARCHIVO ... 17
NORMAS TÉCNICAS ... 20
I. ORGANIZACIÓN SOCIAL A. ASPECTOS GENERALES... 25
B. GENERALIDADES SOBRE EL PARENTESCO ... 32
C. CONFEDERACIÓN DE CACICAZGOS ... 33
1. Confederación de Bogotá ... 34
2. Confederación de Tunja ... 36
3. Confederación de Duitama ... 37
4. Confederación de Sogamoso ... 37
5. Cacicazgos independientes al noroccidente ... 38
6. Capitanías teguas del suroriente ... 39
D. PATRÓN DE POBLAMIENTO ... 40
E. PAUTAS DE ASENTAMIENTO Y CONTROL SOBRE RECURSOS ... 42
II. CIRCULACIÓN DE PRODUCTOS A. EL TRIBUTO Y LA REDISTRIBUCIÓN... 47
B. ARTÍCULOS DE INTERCAMBIO ... 52
1. Alimentos agrícolas ... ... 53
La producción agrícola ... 53
Teorías sobre las limitaciones de la la agricultura Muisca ... 57
Productos agrícolas utilizados por los muiscas ... 58
Intercambio de productos agrícolas alimenticios ... 65
Alternativas al intercambio de productos agrícolas alimenticios ... 66
a. Control de nichos ecológicos diversos ... 67
b. Tributo y redistribución ... 69
2. Carne ... 70
3. Pescado ... 71
4. Sal ... 73
5. Coca ... 79
6. Algodón, ovillos de hilo y mantas ... 82
7. Oro ... 88
8. Cerámica ... 92
9. Cabuya ... 96
10. Materia prima para artefactos líticos ... 97
11. Leñaymadera ... 98
12. Totumos ... 99
13. Miel y cera de abejas ... 100
14. Cuentas de collar... 101 15. Figuras de oro ... 102 16. Seres humanos ... : ... 103 17. Caracoles marinos... 105 18. Cal... 106 19. Yopo ... 107 20. Esmeraldas ... 108 21. Pieles... 110 22. Tabaco ... 110 23. Aves de plumería ... 111 24. Bija ... 112
III. CENTROS DE MERCADO IV. CARACTERÍSTICAS ECONÓMICAS Y SOCIALES DEL INTERCAMBIO 1. El problema de la moneda... 127
2. Los términos del intercambio ... 129
3. Frecuencia y volumen de los intercambios ... 131
4. El intercambio y la existencia de especialistas... 133
5. El rol del intercambio en la producción económica y la solución de necesidades básicas ... 134
6. La ideología andina y el intercambio ... 138
7. Esfera de utilización de los artículos de intercambio... 139
8. El intercambio de productos con áreas vecinas y lejanas ... 139
El Valle del Magdalena y el Occidente ... 139
El Norte... 142
Llanos Orientales ... 143
Otros grupos de los Andes Orientales ... 144 V. CONSIDERACIONES FINALES
ÍNDICE DE MAPAS
1. Topografía del altiplano ... 16
2. Límites del territorio muisca ... 26
3. Fuentes de agua salada ... 75
4. Intercambio de sal ... 77
5. Intercambio de coca ... 81
6. Intercambio de algodón y mantas ... 87
7. Intercambio de oro ... 90
8. Intercambio de cerámica ... 94
9. Centros de mercado ... 122
10. Especialización regional muisca ... 136
11. Rutas de intercambio prehispánico en Colombia ... 140
ÍNDICE DE TABLAS 1. Productos cultivados (Siglos XVI y XVII) ... 62
2. Lugares de mercado ... 119
3. Términos de intercambio... 130
ÍNDICE DE FIGURAS 1. Figuras de oro ... 104
ABREVIATURAS
Archivos:
A.N.C.: Archivo Histórico Nacional A.H.T.: Archivo Histórico de Tunja Fondos (A.N.C.):
C + I: Caciques e Indios
Ene: Encomiendas
Pob. Boy.: Poblaciones Boyacá Pob. Cund.: Poblaciones Cundinamarca Res. Boy.: Resguardos Boyacá
Tierras Cund.: Tierras Cundinamarca Vis. Bol.: Visitas Bolívar Vis. Boy.: Visitas Boyacá Vis. Cund.: Visitas Cundinamarca Vis. Sant.: Visitas Santander Vis. Tol.: Visitas Tolima Vis. Ven.: Visitas Venezuela
PRESENTACIÓN
Hoy día, cuando el Altiplano Cundiboyacense presenta el espectáculo desolador de campos agotados y ciudades expandiéndose sobre los reductos de belleza y riqueza más notables, resulta de primera importancia dar una ojeada sobre las características del poblamiento de sus antiguos habitantes. "Mercados, poblamiento e integración étnica entre los muiscas" no es más que un inventario, necesariamente incompleto, de los recursos aprovechados por los muiscas en el Siglo XVI, de su economía y de sus pautas de adaptación a un medio que, en aquella época, daba cabida no aun campesinado empobrecido ni a ciudades divididas entre "ricos" y "pobres", sino a una sociedad cuyo nivel de complejidad política era el más notable de todo el terri-torio que, actualmente, corresponde a Colombia y para la cual un control adecuado del medio hacía posible la satisfacción de todas las necesidades básicas de la comunidad.
El balance que se puede extraer de la comparación entre la economía muisca y la sociedad colombiana contemporánea sólo puede ser útil si fomenta una mejor comprensión del medio que actualmente ocupa el centro político del país, así como de las causas de su continua degradación, y ayuda a plantear posibles soluciones, aunque sea limitadas a una nueva actitud personal de los lectores hacia el medio que ocupan.
OBJETIVOS
El propósito de esta investigación es realizar un aporte para el conocimiento de la sociedad muisca a través del análisis de la circulación de productos que los indígenas hacían tanto en la meseta andina o con etnias vecinas, así como por medio de pautas de tributo y redistribución. El ámbito de este estudio es, pues, el de los "cacicazgos" muiscas, o si se prefiere expresar en términos geográficos, el de los grupos de lengua chibcha que habitaban en el Siglo XVI las frías altiplanicies comprendidas entre la hoya del Río Chica-mocha al norte y los páramos de Sumapaz al sur, así como las vertientes templadas y los valles transversales de erosión de la Cordillera Oriental (mapa No. 1).
Con el objetivo general anteriormente señalado en mente, las siguientes propuestas serán desarrolladas: primero, empezando por la perspectiva económica, que a través del análisis sistemático de la circulación de productos es posible afirmar que los habitantes del Altiplano tenían una economía autosuficiente en lo que respecta a la producción de comida y medios de trabajo; segundo, que a pesar de lo anterior el intercambio no estaba desarrollado al punto que necesitara de un manejo a cargo de especialistas, la existencia de un artículo de equivalencia general a modo de moneda, o la movilización de grandes cantidades de productos; tercero, desde el punto de vista de la organización política, que el intercambio en los mercados muiscas servía de incentivo a la integración de los indígenas de lengua chibcha, a la vez que las diferencias étnicas eran un obstáculo para el movimiento de gente a tra-vés de fronteras culturales; y cuarto, que las pautas de tributo y redistribución de artículos se pueden considerar como un manejo centralizado de excedentes comunales en beneficio de los indígenas en general, y no de un grupo pequeño de individuos especializados.
Desde otro punto de vista, esta investigación pretende aportar nueva in-formación etnográfica sobre la circulación de productos, con el fin de que los etnohistoriadores y arqueólogos puedan estudiar los aspectos del intercambio que les parezcan más relevantes y ampliar el marco de referencias que tradicionalmente han servido para interpretar sus hallazgos.
16
ORDEN TEMÁTICO
El tema de esta investigación se desarrolla en dos partes: antes que nada consideramos necesario dar una idea general de lo que hasta hoy se sabe de las características de la organización social muisca, principalmente gracias a las investigaciones de Broadbent (1964 y 1981). Villamarín (1972 y 119151, 1981), Rozo (1978) y Tovar (1980), haciendo énfasis en el estado actual del conocimiento sobre las unidades sociales indígenas, las jerarquías más importantes, las principales confederaciones de caciques que encontraron los españoles, así como de la forma como los indígenas se distribuían por el territorio y hacían uso de los diversos ambientes que brinda el altiplano.
A continuación se analiza lo relativo a la circulación de productos a través del "tributo" a los caciques, así como la que se hacía por medio de la realización de mercados andinos o trueques con grupos colindantes. Lo anterior, no significa que demos por descartadas otras formas de hacer circular bienes como, por ejemplo, la entrega de dote, la herencia y los lazos de reciprocidad basados en la amistad (cf. Hole y Heitzer /1965/, 1977 : 213-216). Sin embargo, para los propósitos de esta investigación, es necesario restringirse a los datos sobre trueque y tributo.
De otro lado, se ha procurado que la descripción sobre la circulación de cada producto vaya acompañada de referencias acerca de quién los hacía, el uso que se les daba, la técnica de producción, así como la ubicación de centros productores, distribuidores y consumidores involucrados en el intercambio. En lo referente al trueque de productos agrícolas alimenticios se discutirán las hipótesis sobre la capacidad de la agricultura muisca para autoabastecer a la población de las tierras altas de la Cordillera Oriental; particularmente en cuanto a los planteamientos de Haury y Cubillos (1953) y Domínguez (1981) por lo que toca a las supuestas desventajas ambientales de la Meseta Cundiboyacense en la cual los muiscas tenían sus asentamientos principales.
Finalmente, a partir de la información etnográfica expuesta, se plantearán las características de los mercados en relación al proceso de integración étnica y política por el cual atravesaban los indígenas de lengua chibcha a la llegada de los españoles. De igual forma, se evaluarán los datos sobre el rol del intercambio en cuanto a su supuesta importancia en el abastecimiento de comida, la formación de una "clase de mercaderes", el uso de moneda, el valor de los artículos y el trueque de artículos a través de largas distancias.
EL CARÁCTER DE LAS EVIDENCIAS DE ARCHIVO
Gran parte de la información que trae este trabajo proviene de los expedientes que dejaron las visitas coloniales realizadas por las autoridades españolas a los repartimientos indígenas. Esas visitas, fueron hechas de tal forma que permitían averiguar sobre las actividades económicas (granjerias) y de intercambios (tratos y rescates) además de brindar información pertinente al tributo indígena, el manejo que éstos recibían de su encomendero o cura
párroco, la persistencia de tradiciones aborigénes, las pautas de asentamiento, y otros aspectos de la sociedad que le interesaban a los funcionarios peninsulares.
Usualmente, las informaciones "secretas" donde se consignaron las respuestas de los testigos sólo incluyen los testimonios de caciques y capitanes indigenas que rara vez hablaban español y que por tanto se hacían entender mediante una "lengua" o intérprete. No es raro encontrar, sin embargo, que uno que otro indígena parcialmente aculturado, "ladino", o el curo párroco también rindieran testimonio. En líneas generales, las declaraciones de los diferentes testigos sólo discrepan entre sí en algunos pocos detalles.
La intención de conocer acerca del intercambio de productos que hacían los indígenas no fue, desde luego, gratuita. Los artículos de tributación que los habitantes autóctonos del Altiplano debían dar a sus encomenderos muchas veces no se conseguían localmente, o al menos no la materia prima para hacerlos. No todos los muiscas tenían oro de sus propias fuentes, e igual sucedía con el algodón necesario para hacer las mantas que les pedían los españoles.
En la medida en que las autoridades españolas pretendieron controlar el poder de los encomenderos, los visitadores presionaron para que éstos no pidieran como tributo artículos que los indígenas no producían o adquirían fácilmente mediante sus tradiciones de intercambio. Así las cosas, los interrogatorios a los indígenas incluyeron el aspecto de las costumbres de trueque para averiguar sobre los excesos que los dueños de encomiendas podían tener en sus peticiones de tributo.
De acuerdo a Fray Pedro de Aguado (/1581/1956, I = 405-406) Juan Ruiz de Orejuela, en su primera visita por el año de 1555, tenía como costumbre indagar si el tributo se cobraba "conforme al número de indios y la calidad de la tierra, y tratos, y contratos y granjeria de ella", y si el "oro que pagaban. . . lo sacaban en su tierra o dónde lo habían". Los siguientes visitadores, incluyendo a Diego de Villafañe (Aguado, Ibid., 427), Tomás López (1560), Ángulo de Certejón (1563-1564), Juan López de Cepeda (1521-1522), Andrés Egas de Guzmán (1595-1596) y Luis Henríquez (1599-1603), también pretendieron averiguar sobre el intercambio indígena. Egas de Guzmán, por ejemplo, acostumbraba preguntar:
". . .la demora que en cada año dan a su encomendero. . . y si lo que así dan se coje en su tierra o van a otras partes por ello y qué orden tienen en sus tierras ... y qué tratos y granjerias tienen los dichos indios".
(Para el repartimiento de Bonza, véase Archivo Histórico Nacional de Colombia, Fondo de Visitas Boyacá, Tomo XII, folio 957 anverso). Ahora bien, dado que la tributación colonial implicó una transformación enorme en la vida del Altiplano, es necesario aclarar hasta qué punto la información que traen las visitas puede ser válida para averiguar sobre los intercambios indígenas. No cabe duda que con el tiempo muchas informa-
ciones alteraron el sistema mediante el cual los indígenas circulaban productos, pero el cambio no parece haber sido rápido. Por el contrario, en un principio los españoles se vieron obligados a permitir que los habitantes nativos de la Meseta Cundiboyacense continuaran trocando sus artículos a la usanza tradicional, porque si hubieran roto con la red de intercambios difícilmente habrían podido cobrar tributos en bienes que no se conseguían localmente.
A partir de Gonzalo Jiménez de Quesada, los conquistadores se dieron cuenta de los perjuicios que implicaría desarticular la circulación de productos. El conquistador de los muiscas, refiriéndose a las minas de esmeraldas en Somondoco, pedía que los españoles "no entren ni saquen piedras preciosas. . . sino que libremente se les deje tratar y usar a los indios" (en Gal-vis, 1957: 290), y las autoridades posteriores siguieron haciendo énfasis en ello como lo demuestra el hecho de que en 1575 el Presidente y los Oidores de la Real Audiencia solicitaran que:
"Los indios que tuvieran sus tratos y granjerias, queriendo entender en ellos, no sean impedidos. . . antes los dejen, como hombres libres, tratar y contratar" (en Friede, 1975-1976, VI : 461).
La sobrevivencia de algunos aspectos del intercambio autóctono no dejó de causar desagrado en ciertos círculos de la sociedad española, aún así las autoridades no tomaron ninguna medida en contra de la realización de mercados. En 1606, es decir unos setenta años después de la conquista, el Sínodo de Lobo Guerrero todavía se empeñaba en que:
". . .no consientan los curas de indios que vendan y opa, ni moque, ni que tengan guacamayas, ni que oríen en sus labranzas o casas
tabaco". (En Romero, 1960: 368).
Más aún, ciertos encomenderos encontraron ventajoso pedir tributo en productos asociados a prácticas rituales indígenas con el fin de venderlos, reproduciendo así la necesidad que tenían los muiscas de ir a conseguir esos productos por fuera de sus repartimientos (cf. Colmenares, 1970: 375). Esta situación, además, no fue exclusiva del Altiplano; también en México (Gib-son /1964/, 1975) y Perú (Masuda, 1982) muchas pautas de mercado o intercambio sobrevivieron durante los primeros años de la colonia, al lado del ámbito de la economía monetaria manejada por los españoles.
De otro lado, se debe aclarar que los comerciantes peninsulares no entraron en competencia con los indígenas por la circulación de productos. A pesar de las limitaciones que parecen haber caracterizado al comercio colonial, los mercaderes europeos actuaban en una esfera muy diferente a la de los mercados pueblerinos del Altiplano (Colmenares /1978/ 1982). Las mercancías favoritas de los españoles, fueron telas y otras misceláneas europeas; productos tales como esclavos de origen africano, trigo, cebada, cacao,
arroz o azúcar de caña circulaban a través de enormes distancias desde el interior del país hasta la Costa Atlántica y viceversa, y del Río Magdalena a los centros urbanos más importantes (Colmenares, Ibid. y Meló, 1979: 110-123), así como a las minas de oro y plata, lugares donde se consumían grandes cantidades de ropa y alimentos (West, 1972).
Desde luego, aunque se tratara de un proceso gradual, e incluso lento, es claro que las pautas de intercambio terminaron por ser desplazadas. El empobrecimiento de los repartimientos, el sobre-trabajo para producir artículos de tributo (especialmente mantas), la introducción de bienes europeos y, en fin, el descenso poblacional son algunas de las variables que necesariamente influyeron en ello.
Las principales transformaciones a nivel del intercambio que se detectan en los documentos, especialmente en los del Siglo XVII, se refieren a la introducción de gallinas y harina de trigo como artículos de trueque. De otro lado, las autoridades españolas pretendieron que los mercados se realizaran en las plazas de los pueblos en los cuales obligaban a poblar a los indígenas. En 1549, el monarca español pidió que:
". . .en cada pueblo de indios hubiese mercados y plazas donde hubiese mantenimientos para que los caminantes españoles e indios pudiesen comprar por sus dineros lo que hubiesen menester" (en Friede, 1955-1960, X: 155).
Como consecuencia de la actitud oficial, los peninsulares pidieron en 1558 que el tradicional mercado indígena de Tunja se realizara en la plaza de Santo Domingo, frente al monasterio de los frailes dominicos (cf. Ortega, s. f.: 99). Así mismo, el de Sorocotá que se hacía en asocio a un rito tradicional en una loma en territorio del cacique local fue trasladado a una colina entre Moniquirá, Suta y Saquencipá y luego, por insistencia de las autoridades, a la plaza de la Villa de Leiva (cf. Falchetti, 1975: 43 y Ariza, 1978: 78).
Es prudente entonces, reconocer la necesidad de imponer un límite cronológico a los documentos que pueden servir para interpretar los aspectos precolombinos del intercambio. En ese orden de ideas, el material de consulta de esta investigación se ha restringido hasta la visita de Luis Henriquez que marcó el fin del Siglo XVI e inicios del XVII, y sólo cuando existen buenas razones para pensar que reflejan la situación precolombina, se utiliza información de documentos tardíos.
NORMAS TÉCNICAS
En la transcripción de documentos (a menos que citemos la versión de otro autor) hemos modernizado los textos, incluyendo aspectos ortográficos, con el fin de facilitar la lectura; sin embargo, siempre que tenemos dudas sobre el significado de una o más palabras, las subrayamos y a continuación escribimos un signo de interrogación entre palotes. Cuando colocamos puntos
suspensivos en alguna cita es porque ésta se ha abreviado, omitiendo explicaciones o redundancias de los escribientes que no agregaban claridad al tema.
Los palotes entre citas son nuestros —a menos que se indique lo contrario al pie de página— y sirven para delimitar comentarios que consideramos pertinentes. Así mismo, hemos marcado la división entre páginas mediante palote inclinado (/) y entre folios con dos (//) indicando al final de la cita la numeración correspondiente, la cual tiene en cuenta: la referencia del Archivo del cual proviene el dato, indicando el fondo (Visitas Boyacá, por ejemplo), el tomo y el folio o folios correspondientes. Las letras r o v sirven para señalar si se trata del recto (anverso) o verso (reverso) de los folios pertinentes. Además, cuando el texto ha sido extraído de la obra de un autor previo, colocamos la referencia bibliográfica a continuación de los datos mencionados.
Las fechas correspondientes a cada cita se mencionan en el texto, o en caso contrario, las colocamos entre palotes en el paréntesis que sirve para delimitar la referencia sobre el origen del dato.
CAPITULO I
A. ASPECTOS GENERALES
Los muiscas constituían, en el Siglo XVI, el grupo de lengua chibcha más importante de los andes colombianos. Su origen probablemente tuvo raíces en la Costa Atlántica venezolana, o en las tierras bajas del oriente de Sura-mérica, áreas en las cuales se puede detectar la presencia de tradiciones culturales similares a las del Altiplano Cundiboyacense. La población muisca, al igual que las guane, lache, chitarera y sutagao, también de filiación chibcha, parece haber llegado a la Cordillera Oriental hacia los Siglos IX o X de nuestra Era, época para la cual desplazó o absorbió grupos agroalfareros conocidos para Cundinamarca y Boy acá como "Cultura Herrera" en virtud del primer lugar donde se detectó su presencia.
Las poblaciones de las tierras bajas adyacentes a la Cordillera Oriental mantenían un nivel de organización social y política más bajo que el de los grupos chibchas; por el occidente, los muzos y panches, de filiación caribe, constituían las dos etnias más importantes y siempre figuran en las fuentes como sociedades hostiles a los muiscas; por el oriente, vivían comunidades guayupes, caquetías, achaguas y guahibas con las cuales los muiscas mantenían relaciones pacíficas e, incluso, algunos rasgos de su cultura. Por cierto, en el piedemonte llanero, desde la parte más baja de la cuenca interandina del río Negro, hasta la Sierra Nevada del Cocuy, parecen haber existido pequeñas -comunidades autónomas, probablemente de lengua chibcha, que mantenían excelentes relaciones con los grupos de tierra templada y fría de! ramal andino.
De acuerdo a las crónicas de los Siglos XVI y XVII los muiscas habían alcanzado un grado de centralización política mayor que el de los otros grupos indígenas que ocupaban el territorio nacional, lo cual había desembocado en que gran porción del territorio estuviera bajo el dominio de unos pocos caciques, principalmente los de Bogotá, Tunja, Sogamoso y Duitama (Quesada?, en Ramos, 1972: 287-288 y Aguado /1581/, 1956, I: 259). Las fuentes, sin embargo, no diferencian claramente las jerarquías que había por debajo de esos personajes, aunque mencionan la existencia de caciques "sujetos" a los susodichos, así como de unos individuos que fueron denominados "capitanes", (Aguado /1581/ 1956, I: 265; Castellanos /1601/ 1955, IV: 260 y Freyle /1636/ 1980: 68-69).
Por lo general, los caciques aparecen en los documentos como cabecillas de "pueblos" o "cacicazgos", términos que las más de las veces no hacían
LIMITES APROXIMADOS DEL TERRITORIO MUISCA
Tomado de Falchetti y Plazas, 1973 Dibujo: A. M. Boada y M. C. Hoyos
ESCALA: O 10 20 30 40 SOlúnf.
Localizado» d«l t*rntorio Mulsea «n
relación a un conjunto de viviendas, sino más bien a un grupo de "capitanías" dispersas que a ojo de los españoles debían respeto a una autoridad común (cf. Broadbent, 1964: 19). En la descripción de Tunja del año de 1610, se mencionó que:
". . .Cacique no hay más de uno en cada pueblo; este es el señor principal y a quien todos los capitanes y demás indios reconocen". (En B. H. A., 1943: 475).
A juzgar por las crónicas es claro que no todos los caciques tenían el mismo status. Algunos, por ejemplo, se hacían llamar uzaques, término que según Castellanos (/1601/ 1955, IV: 155 y 191) servían para designar a "caballeros bien nacidos" a quienes el Cacique de Bogotá "fiaba su persona, y a los cuales se les consultaba sobre asuntos de estrategia militar". Según Fray Pedro Simón (/1625/ 1981, III: 391) estos caciques se ubicaban principalmente en regiones fronterizas de los dominios del Cacique de Bogotá, mientras que para Freyle (/1636/ 1980: 62-63) los uzaques ocupaban una posición como la de los duques en la nobleza europea.
De acuerdo a los datos disponibles, hay buena probabilidad de que el término uzaque fuera exclusivo del sur del territorio muisca, es decir de los dominios del Cacique de Bogotá, pues se utilizaba para denominar a los caciques de Guasca (/1576/ A.N.C., C + I XX f 706r y Castellanos /1601/, 1955, IV: 216), Fómeque (/1562/ A.N.C. C+I XXI f 36r), Tibacuy (1595/ A.N.C. Cund. IV f 875v), Ubaté (/1592/ A.N.C. Vis. Cund. V f 250r), Chía, Teusacá, Fosca, Pacho, Simajaca, Cáqueza, Subachoque y Pasca (Simón /1625/, 1981, III: 156 y 391), mientras que no tenemos datos que indiquen que ese apelativo se daba a caciques del norte del territorio muisca, en el actual Departamento de Boyacá.
Los capitanes tampoco tenían el mismo rango entre sí, aunque las crónicas no hicieron énfasis en ello. En unas pocas ocasiones, resultaron ser los indígenas los que remarcaron ese aspecto. En 1594, un testigo que se decía Capitán Principal de Sisativa declaró que en ese repartimiento no había Cacique,
". . .porque antiguamente eran sujetos al Cacique Bogotá y hay otras dos capitanías y parcialidades principales y otras dos capitanías a ellas sujetas que llaman utas que por todas son cuatro parcialidades" (A.N.C. Vis. Boy. XVII f 444v).
En ese mismo año, en la visita a Tibaguyes, un capitán reclamó el mismo honor y afirmó que:
"... antiguamente, habían dos capitanías. . . y obedecía al Cacique de Bogotá y había dos parcialidades sujetas a las dichas dos capitanías que llaman utas que ahora no quieren obedecer a
los dichos capitanes como solían y cada uta tenía una cabeza que ahora hace Capitán de ella". (A.N.C. Vis. Boy. XVII f 232). (1)
Otros testimonios, tanto del sur como del norte del territorio muisca, confirman la diferencia entre capitanes. En Fontibón, se mencionó la existencia de un Capitán Chanco sujeto al Cacique, y también la de un Capitán de "parcialidad y sujeto a la capitanía de Chanco /al cual conoce/ porque es Capitán Mayor y él es su sujeto" (A.N.C. C + I XXIV f 893r y también véase: 892v); en Teusacá, por el año de 1593, existía al menos una parcialidad a cuya cabeza estaba un Capitán que a su vez dependía de una "capitanía" (A.N.C. Vis. Cund. IV f 546v). En Somondoco la visita de 1601 hablaba de un Capitán llamado Quinchagoche sujeto al Cacique, y de un "Capitán Don Andrés guaca colima sujeto a Quinchagoche" (A.N.C. Vis. Boy. XI f 379v). También en Tibacuy existía una capitanía llamada Boyacá a la cual "perte-necía" un tal "Francisco Chingativa Capitán de uta" (/1595/, A.N.C. Vis. Cund. IV f 857r).
El término Uta, que aparece asociado en los documentos a la unidad social a cuya cabeza estaba un Capitán de bajo status, figura en las gramáticas como equivalente a "capitanía menor" (cf. Uricoechea, 1871: 127 y Acos-ta Ortegón, 1938: 50). De otra parte, Rozo Gauta (1978) anota que en esas fuentes también figura el nombre de sybyn para designar a la "capitanía mayor", dato que no sólo confirmaría la jerarquía entre capitanías sino que da pie para pensar que sybyn servía para designar al grupo de gente bajo el mando de un "Capitán Principal". Aún así, afirmar que una sybyn estaba compuesta por varias uta, como lo han planteado algunos autores, no es seguro, aunque probable. Un término como "capitanía mayor" es tan ambiguo que puede referirse al mismo tipo de unidad social que una "capitanía menor" sólo que más poblada o de mayor prestigio. De otra parte, debe destacarse que contrariamente de lo que sucede con uta, el término sybyn no se ha encontrado en los documentos de archivo, io cual dificulta en mucho averiguar sus características.
Desafortunadamente, los españoles no se limitaron a diferenciar entre capitanías mayores y menores, sybyn y uta, cuando necesitaron describir la organización interna de cada cacicazgo, sino que hablaron de "capitanías" en general, o de "parcialidades" y "partes". Además, en la única oportunidad en la cual un cronista hizo referencia directa al término uta, lo hizo erróneamente, puesto que lo homologó a los "Capitanes más principales" del cacicazgo de Pasca (Piedrahita /1666/, 1973,1: 301) lo cual contradice los datos de archivo y gramáticas.
En cuanto a los términos usados por los españoles, Sylvia Broadbent (1964a y 1981) planteó que "capitanía", "parcialidad" y "parte" hacían referencia al mismo tipo de unidad social, pero dicha equivalencia implica que
(1) Este documento, y el de Sisativa han sido reseñados por Villamarín y Villamarín (/1975/, 1981: 92).
todas las "capitanías" tenían el mismo rango entre sí, lo cual, como se ha visto, es falso. Recientemente, los Villamarín (/1975/, 1981: 91) propusieron que el término "parcialidad" fue sinónimo de uta durante los primeros años de la colonia pero que luego, con la decadencia demográfica de la población muisca, éstas se diluyeron en grupos más grandes y la palabra adquirió un sentido muy ambiguo.
Sin embargo, parece que los españoles utilizaron el término "parcialidad" asignándole el significado que se encuentra en el diccionario, es decir el de "Unión de todos que se confederan para un fin, separándose del común y formando cuerpo aparte" (D. L. E., 1947: 946). Independientemente de la época, cuando un autor necesitó hacer referencia a la existencia de dos grupos antagónicos en los albores de las luchas de independencia en América se refirió a los criollos y españoles como a la de los "parcialidades" (Juan y Ulloa /1826/, 1983, II: 415); si lo que importaba era destacar las divisiones sociales más obvias dentro del territorio muisca, entonces se hablaba de dos "parcialidades", la de los sujetos al Cacique de Tunja y a los que estaban bajo el mando del Bogotá (Simón /1625/, 1981, III: 158). En cambio, si se pretendía hacer referencia a las divisiones más grandes al interior de un cacicazgo, las sybyn eran sinónimo de "parcialidad", y cuando las unidades más pequeñas eran las que interesaban, entonces es usual encontrar que las Uta fueran llamadas con ese nombre.
Incluso, no es raro que "parcialidad" se utilizara con diversos significados en un mismo documento, y aún en un mismo párrafo. Así, en el caso de Sisativa mencionado anteriormente, cuando el Capitán Principal (¿Sybynti-ba?) declaró que las dos sybyn (?) que comprendían el repartimiento tenían dos uta sujetas, todo fue expresado de tal forma que el Cacique de Bogotá dominaba dos "parcialidades" {¿sybyn ?) en ese lugar, pero que éstas mandaban sobre dos "capitanías" (uta) y que por lo tanto Sisativa tenía cuatro "parcialidades" (¡sybyn + uta!).
Con las "partes" sucedía lo mismo; en algunos casos el término se utilizaba alternativamente con el de "capitanías", es decir era sinónimo de unidades más o menos pequeñas (cf Broadbent, 1964a: 25), pero también podía usarse para designar unidades más grandes. En 1641 cuando los españoles habían reunido a los indígenas de Teusacá con los de Usaquén, ambos cacicazgos figuran como "partes" al interior de los cuales seguían funcionando divisiones internas (A.N.C. Vis. Cund. V f 20r y 32r); además, ese mismo año se utilizaba el término para distinguir a los miembros de los "pueblos" o cacicazgos de Meusa, Sopó y Cuenca que habían sido "poblados" en un solo lugar (cf, Broadbent, op. cit: 81).
Concluiremos, entonces, que es muy difícil asignar un sentido preciso a los términos que los españoles usaron para denominar a las unidades que componían la organización social muisca, porque la intención no fue la de identificar categorías sociales específicas con términos diferenciados. A pesar de esto, podemos confiar en la información en cuanto a que los personajes más importantes de la jerarquía política fueron los caciques, en ocasiones denominados uzaques, así como los capitanes de uta y sybyn. Estos, figuran en los documentos de archivo como individuos, desligados de la pro-
ducción directa de alimentos, que además tenían otras prerrogativas de acuerdo a sus méritos. En palabras de Francisco Guillen Chaparro, no se permitía que:
"... ninguno se pusiese manta pintada sin que por su valor no lo mereciese, ni fuese señalado en la república no lo mereciendo, ni tuviese otra libertad ni oficios y cargos entre los estimados sin que primero fuese experimentado".
(/1583/ en Friede, 1975-76, VIII: 162).
Parece claro que los individuos de mayor status tenían privilegios en cuanto al uso de ciertas prendas y adornos (Simón /1625/, 1981, III: 295) así como en el más fácil acceso a la poligínia: en 1603 un indio de Cajicá sostuvo que "el Cacique y capitanes solían tener indias / de servicio de más de la mujer principal" (A.N.C. Vis. Cund. VIII f 648r-648v) y el Cacique de Ubate reclamó en 1592 que "Aunque es Cacique tres años a, sus capitanes sujetos no le han dado ninguna india de servicio como hacían a sus antecesores" (A.N.C. Vis. Cund. V f 223r).
No parece ser cierto, sin embargo, que el matrimonio poligínico hubiera sido un privilegio exclusivo de esas jerarquías. En Icabuco, según la descripción hecha en 1571, había un Cacique con dos mujeres, pero algunos de sus "sujetos" también eran poligínicos, e incluso, uno de sus capitanes tenía tres mujeres (A.N.C. Vis. Boy. VII f 642r y 643r). En Oicatá y Nemusa sucedía lo mismo: mientras figuran algunos capitanes con sólo una "esposa", hay otros individuos particulares que incluso llegaban a tener tres (/1575/ A.N.C. Vis. Boy. V f 440r y ss). Además, según Guillen de Chaparro (en Friede, 1975-76, VIII: 162) los indios "valerosos" tenían derecho a más de una mujer, lo cual implicaría que se trataba de un privilegio adquirido, y no heredado.
El cargo de Cacique, y posiblemente el de Capitán, pasaba usualmente de tío a sobrino de hermana mayor matrilateral (cf. Broadbent, 1964a: 48: 52 y Villamarín /1975/, 1981). Es evidente, sin embargo, que en algunas ocasiones la norma de sucesión debía ser flexible, sobre todo-cuando no se consideraba apto al supuesto sucesor para desempeñar el oficio (Piedrahita /1966/, 1973, I: 483) o faltaba el sobrino hijo de hermana mayor. En 1554, se presentó una situación similar a la que describimos en Sáchica ya que según el testimonio del Cacique:
"... al tiempo y sazón que los primeros españoles entraron en esta tierra era Cacique. .. Tibanche tío mió hermano de mi madre. . por fin y muerte del dicho. . . sucedió en el mando del dicho cacicazgo Siusaría, hermano del dicho Tibanche, a causa de ser yo muchacho a la sazón y muerto el dicho Siusaría yo fui llamado a la sucesión". (A.N.C. C+I LXX f 252r).
Más aún, en ciertos casos se sugiere que los miembros de un cacicazgo, o por lo menos los capitanes, tenían derecho a influir en la elección del sucesor.
En 1563, un indígena de Súnuba aspiraba el cargo de Cacique y, en su apo- yo, un testigo afirmó que así lo pedían "los indios principales y más valien- tes del dicho repartimiento de Súnuba" (A.N.C. C+I XXII f 219v). Además, en Pausagá por el año de 1594 un Capitán declaró que:
"Es Cacique de este pueblo Don Antonio y lo elijieron por no haber derecho sucesor en el cacicazgo y por ser del linaje de los
caciques, hijo de cacique, lo elijieron". (A.N.C.Vis. Cund. VIII f 384v). Ahora bien, aparte de los caciques y capitanes a cuyo mando estaban unidades sociales determinadas, v.g. "capitanías" y "cacicazgos", otros individuos ocupaban posiciones privilegiadas y eran respetados. Entre ellos, estaban los jeques encargados de hacer sacrificios (¿Simón? /1625/, 1981, IV: 343); que sabían de "hierbas virtuosas" y eran, por tanto, "médicos" (Castellanos /1601/, 1955, IV: 155) temidos "espiritualmente y temporalmente" (Aguado /1581/, 1956, I: 339).
Aparte de las apreciaciones subjetivas de los cronistas, es poco lo que se sabe sobre el rol de los jeques. La colonia implicó para ellos-una persecución mucho mayor que la que se llevó a cabo contra los caciques y capitanes. Las altas jerarquías españolas no sólo amenazaron con quemar vivo a quien ejerciera el oficio (Cortés, 1960: 204), sino que además intimidaron a los indígenas que los consultaran con cortarles el cabello y darles cincuenta azotes la primera vez que fueran sorprendidos, y mucho más si reincidían. Incluso, se pretendió destituir de su cargo a los caciques que no colaboraran con la destrucción de santuarios y la delación de jeques (Romero, 1960: 366 y 371).
De acuerdo a Fray Pedro Simón (/1625/, 1981, III: 384) los jeques no estaban vinculados a la producción de alimentos puesto que la comunidad los vestía y alimentaba. Según parece, una de sus tareas era la de cuidar santuarios o cucas (Aguado /1581/ 1956, I: 339 y Cortés, 1960: 245), aunque resulta probable que también jugaran un rol político más directo, comparable al de los caciques y capitanes. Según Aguado (Ibid.), los intentos de revuelta que fraguaron los caciques de Bogotá y Tunja contra los españoles "fueron inducidos por los mohanes y jeques". Además, todavía en 1606 el Arzobispo Lobo Guerrero sostenía que "los hechiceros en el Perú no han sido tan perjudiciales como acá son los jeques" (En Romero, 1960: 372).
Otros individuos que pudieron tener un status alto fueron los quechas, guerreros reclutados según los cronistas entre los indígenas más valientes y prestigiosos de los dominios del Cacique Bogotá y que se localizaban en sitios fronterizos de su confederación, tales como Cáqueza, Ciénaga, Chinga, Fosca, Guasca, Luchuta, Pacho, Pasca, Simijaca, Subachoque, Subia, Teusacá y Tibacuy (Simón /1625/, 1981, III: 213 y Piedrahita /1666/, 1973,1: 228). De acuerdo a Simón (loe. cit.) entre las prerrogativas de estos individuos figuraba la de poder heredar el cargo de Cacique en el caso de quedar vacante una de esas posiciones en los dominios de su confederación.
De otro lado, hay algunos pocos datos sobre unos individuos a quienes los españoles denominaron "pregoneros" (cf. Pérez de Barradas, 1952: 105)
los cuales ocasionalmente aparecen mencionados en los documentos de archivo. Según Cortés (1960: 241) los caciques de Oicatá, Civatá y Cerinza tenían pregoneros los cuales les servían como intérpretes cuando la visita de Diego Hidalgo en 1577. Además, según la información de Rojas (1965: 367-368) el Cacique de Duitama tenía varios indígenas que se hacían llamar así, y también los de Paipa y Busbanza contaban con el auxilio de estos individuos de los cuales se dice que llegaron a actuar suplantando a los caciques ante los requerimientos coloniales o aun como simples mensajeros. En 1601, un Capitán de Cuitiva declaró que:
"... cuando se morían los caciques avisaban al de Sogamoso al cual enviaban a sus pregoneros y electores y elegía por Cacique al sobrino" (A.N.C. Vis. Boy. V f 56r).
No sabemos, sin embargo, cuales pudieron ser en detalle los atributos de los pregoneros dentro de la jerarquía aborigen, a menos que se acepte el significado del término en castellano; caso en el cual habrían actuado como divulgadores de noticias de interés comunal. De otro lado, el hecho de que actuaran como intérpretes o intermediarios entre los caciques y visitadores podría significar que se trataba de un cargo especializado en interactuar con extranjeros, o incluso que su oficio estaba más relacionado con una situación de orden colonial que con tradiciones precolombinas.
B. GENERALIDADES SOBRE EL PARENTESCO
Gracias a recientes estudios, ha sido posible conocer las reglas generales del parentesco muisca, aun cuando quedan muchos puntos ambiguos no resueltos. En síntesis, se ha llegado a un acuerdo en cuanto que los indígenas tenían un principio de filiación matrilineal por "capitanías" el cual, probablemente, se aplicaba por igual a las uta y sybyn (cf. Broadbent, 1964a: 94-103 y Villamarín /1975/, 1981). De otro lado, se ha propuesto que las "capitanías" iluta y sybyn ?) podían ser exógamas o endógamas a la vez, pero dicha conclusión se consideró plausible cuando se asumía erróneamente que "parte", "capitanía" y "parcialidad" eran sinónimos. Ciertamente, en los documentos que cita Broadbent (Ibid., 109-111) como prueba de la endogamia, figuran evidencias de matrimonios realizados al interior de "partes" de repartimientos, pero como los testimonios provienen casi en su totalidad del Siglo XVIII, no es claro si con este término podía hacerse alusión a capitanías o a unidades mas grandes (¿cacicazgos ?) agregados bajo la tutela de un solo encomendero.
Más probable resulta, en cambio, la versión de los cronistas sobre la exogamia de los grupos de parentesco, probablemente "capitanías", muís-cas (Hernández /1949/, 1978: 86 y 148), así como las referencias de Villamarín /1975/, 1981) en cuanto a que el matrimonio era virilocal y el patrón de residencias resultante avuncolocal. En Chía por ejemplo, un indígena sostu-
vo en 1575 que "su madre era de Chía. . . que nació éste que declara en este pueblo de Cota donde le parió su madre" (A.N.C. C + I LVII f 705r); en Bosa, otros alegaron que: "nacieron en Bosa por ser su padre natural de Bosa. pero que en efecto de verdad son de Tuna porque sus madres son y fueron naturales de Tuna" (/1576/ A.N.C. C+1 XX f 907r), y en 1671 un indígena de Suba declaró ser "hijo de Juana Noaya india natural del pueblo de Fusaga-sugá mujer que fue de Gaspar Gaboque indio del. . . pueblo de Suba, el cual la llevó" (A.N.C. C+I LXXIII f 316r).
Además, en 1577 la Audiencia de la ciudad de Santa Fe se quejó de que:
" . . .cuando / un indio / se casa con mujer de otro repartimiento, si muere, la viuda vuelve con sus hijos al repartimiento donde nació y de aquí resultan querellas entre los encomenderos" (en Hernández /1949/, 1978: 81).
Un principio de residencia como el descrito implicaba, necesariamente, que un Capitán o Cacique podía tener dispersos a muchos de los miembros de su grupo que le debían respeto. El documento que cita Hernández (Ibid.) es interesante por cuanto muestra cómo los funcionarios coloniales se dieron cuenta del problema que esa situación planteaba para el régimen estable de encomiendas de tal manera que incluso pidieron que los indígenas "obedezcan al Cacique de su padre".
Algunos ejemplos ilustran lo anterior: en el año de 1575, varios indígenas de Cota declararon que eran naturales de Chía, donde habían nacido sus madres, y alegaron que "siempre han ido a Chía a cabar las labranzas del Cacique de Chía" (A.N.C. C+I LVII, f 706r y 708v) y, en Oicatá, un Capitán declaró en 1636 que en el "pueblo" de Tuta tenía "por sujeto a doña Isabel, india natural del dicho. . . Oicatá casada con Diego. . . Cacique de Tuta, la cual tiene ocho hijos. . . los cuales son, y su madre, naturales de Oicatá" (A.N.C. Vis. Boy. IV f 650r).
Compuestas por un grupo de gente vinculada a través de vínculos maternos, las "capitanías" funcionaban a nivel de grupo corporado que compartía el trabajo (aunque las mujeres se desplazaran a diversos sitios cuando se casaban), así como el acceso a recursos. Los funcionarios españoles, por cierto, siempre diferenciaron unidades al interior de cada cacicazgo y, aunque no dejaron claridad sobre la verdadera naturaleza de las sybyn y las uta, reconocieron que los capitanes tenían derecho a mandar sobre esas unidades. Durante la colonia, los españoles dividieron la mano de obra por capitanías, no por cacicazgos, y cuando pedían tributos lo hacían de tal forma que cada Capitán reunía bajo su propia responsabilidad los productos de su capitanía y, sólo después, los caciques se encargaban de hacerlos llegar a los encomenderos (Colmenares, 1970: 11).
C. CONFEDERACIÓN DE CACICAZGOS
Cuando los españoles pretendieron explicar la existencia de unos caciques más importantes que otros, y el rol de subordinación que existía entre algu-
nos, escribieron usando términos corno "sujetos", "dependientes", o incluso "feudatarios", si se trataba de caciques de bajo status, o "señores" y "reyes" cuando se referian a lideres de gran prestigio. Todos estos términos resultan inapropiados para identificar una situación política completamente diferente a la del medio social de los españoles, pero, en el fondo, hacen referencia a un proceso real: la confederación de cacicazgos que, con excepción de una porción noroccidental del territorio muisca, se iba llevando a cabo en el Siglo XVI y que parece haber sido inusual para otras áreas del territorio nacional, excepto —quizás— la Sierra Nevada del Cocuy (cf. Tovar, 1980 y Langebaek, 1985).
Para definir qué cacicazgos pertenecían a tal o cual confederación debe tenerse en cuenta el testimonio de los propios indígenas en las visitas conocidas y no, como tradicionalmente se ha hecho, la apreciación subjetiva de los cronistas sobre las "guerras" muiscas o el testimonio igualmente arbitrario de los miembros de los cacicazgos más poderosos. En lo que toca a este punto, en efecto, las referencias tomadas por los cronistas casi sin excepción provienen de informantes de Bogotá y Tunja, los dos cacicazgos que pretendían "dominar" el sur y el norte del territorio muisca respectivamente. De otra parte, el hecho de que un cacicazgo derrotara militarmente a otro no se puede tomar como si se hubiera dado, automáticamente, la incorporación del grupo derrotado al victorioso; Villamarín (1972) ha llamado la atención en cuanto a que el status de muchos cacicazgos derrotados por Bogotá poco antes de la invasión española es muy ambiguo dado que no disponemos de información fidedigna sobre su subordinación a éste; además, recientemente, Londoño (1983) ha documentado cómo, en los últimos años previos a la conquista, el Cacique Ramiriquí y sus huestes triunfaron sobre los cacicazgos que poblaban el Valle de Samacá, pero éstos conservaron su independencia, desplazándose de su territorio original hacia el occidente.
Los documentos de archivo, aunque ricos en referencias sobre conflictos entre cacicazgos, no permiten apoyar la idea de que fueran la causa de la formación de confederaciones, si bien, —ateniéndose a los conceptos de guerra predominantes en los estados europeos— se trata de la explicación favorita de los cronistas (Aguado /1581/ 1956, I: 259). En nuestra opinión, al menos parte de la explicación a la formación de unidades políticas que trascendían la comunidad independiente debe buscarse en los vínculos de parentesco. Según los datos de archivo, en efecto, es posible identificar que, al interior de sus respectivas confederaciones, los caciques de Bogotá y Chía eran "parientes" y que una relación análoga se daba entre los de Suba y Tuna, Tunja y Ramiriquí, Guatavita y Teusacá así como entre Duitama y Tobasía(1>:
1. Confederación de Bogotá
Las fuentes etnohistóricas coinciden en afirmar que el Cacique de Bogotá era el más poderoso del territorio muisca a la llegada de los españoles
(1) Es necesario, al leer las listas de cacicazgos que integraban las distintas confederaciones, tener en cuenta que varios de ellos, aunque pertenecientes a entidades políticas diferentes, podían tener nombres iguales. Tal es el caso, por ejemplo, de la existencia de al menos tres Suta así como de varios: Moniquirá, Saquencipá, Ciénaga, etc. Por tanto, el lector encontrará apelativos repetidos con alguna frecuencia.
(¿Quesada? en Ramos, 1972: 287) aunque, supuestamente, su prestigio sólo lo había logrado poco antes de la conquista, tras "dominar" a muchos "pueblos" mediante campañas bélicas sucesivamente llevadas a cabo contra Fusagasugá, Guatavita, Tunja y Ubaque entre otros. Resumiendo la información disponible más relevante, y siguiendo la interpretación de los cronistas, la expansión de Bogotá se habría iniciado cuando Saguanmachi-ca, Cacique de este lugar, apoyado por Pasca derrotó a Tibacuy, Fusagasugá y Ubaque, al extremo sur del territorio muisca. Más adelante, tras campañas llevadas a cabo contra diversos cacicazgos aledaños, el énfasis de las campañas guerreras de Bogotá se dio contra los cacicazgos del norte, parti-cularmente los del Valle de Tenza (Piedrahita /1666/1973,1: 116), lo cual parece haber tenido como consecuencia, al menos en parte, el desplazamiento de indígenas desde sitios como Macheta hacia el Bajo Valle de Tenza, en dominios de Tunja (A.N.C. Vis. Cund. XI f 888r), y una gran influencia en las tradiciones alfareras de la región (Langebaek y Zea, 1983a).
En el momento de la conquista española, los caciques de Bogotá y Chía pertenecían a la misma "capitanía" (no se sabe si uta o sybyn), de forma que debían ser "tío" y "sobrino" respectivamente, y cuan aquél moría, éste lo reemplazaba (Simón /1666/ 1981, III: 195 y A.N.C. C+I LVII f 686r). Según los datos disponibles, la confederación de cacicazgos de Bogotá incluía a: Ciénaga, Chocontá, Fosca, Sisativa, Suesca, Tibacuy, Tibaguyes, Ubaté (Aguado /1581/ 1956, I: 264; Castellanos /1601/ 1955, IV: 146 y Tovar, 1980), Engativá (A.N.C. C+I LXIV f 207r), Ubaque (A.N.C. Vis. Cund. VIII f 381r; en Tovar, 1980-48) —de la cual a su vez dependían Pausagá y Chiguachí— así como Suba y Tuna, cacicazgos hermanados que aún en el Siglo XVI conservaban cierta influencia sobre las comunidades del norte de la Sabana de Bogotá (A.N.C. C+I LXXIII f 308r y Vülamarín, 1972,1: 96). Además, resulta posible que a la confederación de Bogotá pertenecieran los "pueblos" de Cáqueza, Chinga, Guasca, Luchuta, Pasca, Simijaca, Su-bachoque, Subia y Teusacá donde, según las crónicas, el Cacique de Bogotá mantenía guechas.
Un vínculo poco claro es aquel que pudo unir en el Siglo XVI a los cacicazgos de Bogotá y Guatavita. Como resultado de las "guerras" entre ambas comunidades, Bogotá había logrado colocar un hermano de su cacique como "gobernante" de Guatavita (Piedrahita /1666/ 1973, I: 286); poco después, sin embargo, éste resultó muerto en uno de los frecuentes conflictos internos, de tal manera que después Bogotá parece haber colocado un guecha para reemplazarlo (A.N.C. C+I XII f 19r y LV f 744r). Aunque probablemente sujeta a Bogotá, Guatavita en el Siglo XVI aún tenía influencia sobre la elección del Cacique de Guasca (A.N.C. C+I XX f 707v; en Broadbent, 1964a: 51), mantenía lazos de parentesco con el de Teusacá (A.N.C. C+I XXII f 202r) y tenía dominio sobre diversas comunidades como Cononesu-pa, Chipaloque, Gachaca, Guachetepa, Intensipa, Pausa, Teleguasaque, Te-nene, Tuaquira, Suba y Súnuba —según información de archivo citada por Vülamarín (1972, II: 473)— y a los cuales probablemente sea necesario agregar a los Chíos, Zaque, Chipasaque, Ubalá y Tuela (Rodríguez Freyle /1636/
1980: 111-113), en cercanías a los Llanos Orientales, así como Cocaquiza (/1557/ A.N.C. XXII f 45v) y Gacheta (/1639/ A.N.C. Vis. Cund. VII f 884r y Zamora /1701/ 1980, II: 175-176).
En términos geográficos, la confederación de Bogotá era la más grande: do-minaba varios valles fríos y la totalidad del más amplio —la Sabana de Bogotá— así como una buena porción del Páramo de Sumapaz, las cuencas intermontanas de los ríos Guavio y Negro y las laderas templadas de la Cordillera de la mayor parte del actual Departamento de Cundinamarca. Los cacicazgos directamente sujetos a Bogotá se ubicaban principalmente en los valles fríos, mientras que los dependientes de Guatavita se localizaban en la porción oriental del ramal montañoso, en tierras ásperas, hasta alcanzar el Piedemonte llanero.
2. Confederación de Tunja
Al norte de Bogotá y Guatavita, el Cacique de Tunja parece haber tenido cierta importancia. Es posible que entre éste y el de Ramiriquí existiera una relación similar a la de Bogotá y Chía puesto que Simón (/1625/ 1981, III: 409) refirió que en esos dos lugares "nunca hubo más de un Cacique o señor" y Zamora (/1701/ 1980, 1:288) afirmó que el heredero al cargo de Cacique de Tunja lo entrenaban en un "templo" que había "en el /pueblo/ de Ramiriquí". Por cierto, en documentos de finales del Siglo XVI el Cacique Ramiriquí figura como "Ramiriquí Tunja" y "señor de toda esta tierra", cargo que probablemente heredó tras el asesinato del último Cacique de Tunja a manos de los españoles (Londoño, 1983 y 1985).
Según Oviedo (/1548/1852, II: 398) y Simón (/1626/1981, III: 312) el poder de Tunja era tan grande que los caciques de Sogamoso y Duitama estaban sujetos a su confederación. Sin embargo, Zamora (/1701/ 1980, II: 28) quien leyó las obras hoy perdidas de Quesada, afirmó que el de Duitama "no se había rendido al Rey de Tunja" y todavía a mediados del Siglo XVII el de Sogamoso se hacía llamar "superior a todos los caciques del partido de Tunja" (A.N.C. C + I f 503r). Los documentos de archivo no dan información que permita suponer que el Sogamoso o el Duitama estuvieran sujetos al Cacique de Tunja, a pesar del interés de ciertos encomenderos en quitarle a dichos cacicazgos su importancia, con el fin de evitar que ellos, durante la Colonia pertenecientes a la Real Corona, pudieran reclamar su dominio sobre diversas encomiendas de la región (Colmenares, 1970: 7).
En realidad, pese a la importancia que le dieron los cronistas al Cacique de Tunja sólo parecen haber estado sujetos unos pocos caciques ubicados en los alrededores de la actual ciudad de Tunja, en tierra fría o paramosa, y en la cuenca intermontañosa del Río Garagoa (o Valle de Tenza) hasta alcanzar el Piedemonte. Sujetos a la Confederación figuran, en efecto, la "Provincia de Sutatenza" (Piedrahita /1666/ 1973, I: 116-210), Moniquirá, Motavita, Pagasica y Soracá (Tovar, 1980) así como Oicatá (/1575/ A.N.C. Vis. Boy. V f 448r), Foacá (/1572/ A.N.C. Vis/Boy. VII f 680r), Turmequé (Aguado /1581/ 1965, I: 259) y Somondoco (Quesada, en Ramos, 1972: 290) aun cuando otros cronistas aseguraron que este último sólo dependía de Tunja a través de Turmequé (Aguado /1581/ 1956, I: 380).
La expansión de la confederación de Tunja es poco conocida pero, al igual que la de Bogotá, pudo llevarse a cabo, en cuanto a territorio, por vías militares; poco antes de la conquista española, el Ramiriqui ayudado por las huestes de Boyacá, Cucaita, Samacá y Sora —probablemente miembros de la confederación— expulsó a varios cacicazgos del Valle de Samacá, pero, como lo mencionamos anteriormente, no los incorporó políticamente (Londo-ño, 1983 y 1985). Además, los cronistas hablaron sobre conflictos entre Tunja y Sogamoso, y sobre todo entre Tunja y Bogotá (Anónimo /1559-1560/, 1983:73 y Piedrahita /1666/ 1973, I: 251). 3. Confederación de Duitama
Al norte de la sede del Tunja, hasta llegar a territorio guane por el norte y a dominios laches por el occidente, se encontraba la Confederación del Cacique Duitama a quien Piedrahita (/1666/1973, I: 102) llamó "señor absoluto" y que parece haber mantenido una relación con el de Tobasía que —de nuevo— resulta similar a la de Bogotá y Chía (A.N.C. C + I LXX f 52r; en Broadbent, 1964: 19 y 52). La lista de "Capitanías" o "cacicazgos" sujetos a Duitama es larga y sugiere un claro dominio sobre varios pequeños valles fríos, regiones de páramo y el cañón seco del Río Chicamocha donde su influencia, por el norte, terminaba. De acuerdo a los datos de archivo, en efecto, los siguientes líderes políticos de la región debían respeto al Duitama: Aytiva, Baysa, Bneto, Bonza, Coguaya, Connba, Cupa, Cuyaquirá, Chequearque, Chicamocha, Faytiva, Gámeza (tal vez el mismo Ganza que cita Simón /1625/ 1981, III: 411), Guachetá, Icabuco, Latapa, Lytopayato-bara, Mocha, Monra gatonda, Muchican tobane, Nengora, Ocheto, Patería, Paypativa, Saquencipá, Sativa, Sisa, Sisatunja, Socotá, Socha, Soquirá, Suitoto, Susa, Tagasa, Tasguato, Tuequito, Tibabita, Tibaco, Tibativa, Tirque, Tirasa, Tobana, Tocavita, Togabía, Tonnsa, Tuchaga, Turora y Tupachoque (Friede, 1974: 225 - 226) así como los de Beteitiva, Cerinza (o Ceniza), Chitagoto, Gacha, Guacha, Ocavita, Onzaga, Paipa, Soatá, Susa-cón (Tovar, 1980), Lupachoque (¿Tupachoque?) y Tutasá (tal vez el mismo Tirasá) quienes según Castellanos (/1601/ 1955, IV: 247) le daban "obediencia".
4. Confederación de Sogamoso
Al oriente de Tunja y Duitama estaba ubicada la sede del Cacique Sogamoso "persona muy estimada entre los indios por su falsa religión" (Aguado /1581/ 1956, I: 294) y quien, según Simón siguiendo a Castellanos (/1601/ 1955, IV: 234), tenía una:
". . .sucesión por elecciones hecho una vez del pueblo de Toba-sa /Tobasía/ y otra del de Firavitiva alternativamente, y de ninguna manera puede ser de otros pueblos, ni de uno de estos dos caciques consecutivos, ni lo consentían los cuatro electores,
que eran los caciques de Busbanzá, Gámeza, Toca y Pesca, y en casos de discordia entraba el visto del Tundama o Duitama" (Simón/1625/ 1981, III: 415).
Al respecto, parece posible que el Sogamoso siguiera manteniendo una relación estrecha con los caciques mencionados durante muchos años, puesto que, en un pleito sobre la legitimidad del Cacique de Pesca llevada a cabo en 1675, se hablaba del entonces Cacique de Sogamoso Gaspar Ida-canzas, nombre tomado de sus antepasados (Simón /1625/ 1981, III: 415), y que:
". . .cuando entra en el cacicazgo de este pueblo// un nuevo Cacique vienen a coronarlo el de Pesca, que es más principal, el de Toca, el de Firabitova, el de Gámeza, el de Busbanzá y el de Topaga /y/ en habiendo hecho las ceremonias que acostumbran dan la obediencia al dicho Cacique y como el dicho Cacique tiene ya entera sabiduría de los caciques que son legítimos de los pueblos referidos cuando alguno de ellos o su sucesor que sea legítimo entra en el cacicazgo de aquí va a su pueblo a visitarlo y si no lo es legítimo no vá" (A.N.C. C+1 f 457v-458r).
En el documento mencionado se habla sobre el dominio que Gaspar Ida-canzas tenía sobre los "pueblos" de Cravo, Labranza-grande, Monguí y "setenta caciques que reconocen al de este pueblo por su señor" (A.N.C. C+I f 454r) entre los cuales podían incluirse los de Beteitiva, Bombaza, Busbanzá. Coanzá, Comeza, Cosquetiva (tal vez el mismo "valle de Cozeitiva" mencionado por algunos documentos: Friede, 1955-60: 90), Cuitiva, Chipa, Chi-patá, Chuimite, Chusbita, Guaquirá, Iza, Mona, Pesca, Pisba, Sagara, Soacá, Socotá y Toca (Tovar, 1980) así como los "capitanes" de Cominito-choque, Chámeza, Firavitova, Gámeza, Manbesa, Mongua, Monquirá, Ochi-ca, Soacha, Sogota (¿Socota?), Suscón, Totoya Tirintobasya, Tibasosa, To caaca, Topaga, Topaya, Tutarasgo, Tutasipa e Yscote (Friede, 1974: 227) así como el cacicazgo de Osamena (/1602/ A.N.C. Vis. Ven. XIII f 731 v y 736r).
5. Cacicazgos independientes del noroccidente
Al occidente de la confederación de Tunja, y al norte de los dominios de Bogotá, subsistían, al momento de la conquista española, algunos cacicazgos los cuales, a pesar de poseer la característica organización interna por "capitanías" matrilineales, no tenían vínculos de "sujeción" o "dominio". Hasta el momento, el status de independiente ha sido documentado para Guache-tá, Moniquirá, Ráquira, Sáchica, Saquencipá, Sorocotá, Suta (hoy Suta-marchán), Tinjacá y Yuca (Falchetti y Plazas 1191211973: 7-8; Tovar, 1980 y Londoño, 1983, 69-73).
La ausencia de confederaciones en una parte del territorio muisca aún no ha sido estudiada a fondo. Es posible, sin embargo, que las características
de los cacicazgos independientes sean un buen ejemplo de las que tenían los muiscas en general antes de que unos caciques empezaran a "dominar" a otros y que, por tanto, "el status de esos territorios debe evaluarse, en parte por lo menos, en términos de proceso histórico" (Reichel-Dolmatoff /1978/ 1982:98).
6. Capitanías teguas del suroriente
Al oriente de la confederación de Guatavita, y de la cuenca del Río de Gara-goa dominada por Tunja, existían algunas pequeñas comunidades llamadas "teguas" por los cronistas y funcionarios españoles. Aunque las crónicas tienden a considerarlos como "bien diferentes en traje y lengua de nuestros moscas" (Simón 116251 1981, III: 232) y, a mediados del Siglo XVIII las visitas llevadas a cabo en el Piedemonte distinguían entre "muiscas" y "teguas" (A.N.C. Vis. Boy. XI f llOr), parece posible que los teguas mantuvieran una relación estrecha con ciertos cacicazgos muiscas de la Cordillera.
Existen, en efecto, algunos documentos de los Siglos XVI y XVII en los cuales se habla de "capitanes" teguas sujetos a los caciques de Garagoa, Guatavita, Somondoco, Ubeita y Tota (Colmenares, 1970; Langebaek, 1985b y Sáenz, 1986). En algunos casos, como sucede con los teguas "sujetos" a los cuatro primeros, puede tratarse de una situación generada después de la conquista, cuando los españoles encontraron difícil vivir entre las comunidades teguas porque eran "indios de guerra" (A.N.C. Vis. Boy. XI- f 462r), y prefirieron adscribirlas a las encomiendas muiscas más cercanas —es decir del Bajo Valle de Tenza y de Guatavita—; en el caso de Tota, sin embargo, parece que sí existía una tradición de "dominio" y que los teguas acostumbraban dar "regalos" al Cacique de ese lugar como reconocimiento de su status (A.N.C. Vis. Boy. IV f 439v).
El territorio ocupado por teguas probablemente incluía desde los alrededores de la actual población de Medina (Velandia, 1979, I: 74-76), en cercanías a los chíos sujetos a la confederación del Cacique de Guatavita, hasta Vijúa, en el Municipio de Receptor, Casanare (A.N.C. Vis. Boy. VII f 798r y Langebaek, 1985b). Los nombres "teguas" que figuran en los documentos referentes a ciertas partes de ese territorio resultan ser similares, a veces idénticos, a nombres comunes en las visitas llevadas a cabo en los valles fríos dominados por los muiscas, pero en un buen número de lugares existieron apelativos completamente diferentes (A.N.C. Vis. Boy. XI f 478r) de tal manera que se puede pensar en ciertas diferencias culturales al interior de los bastos dominios "teguas".
Según los datos disponibles, el territorio dominado por los teguas permitía el desarrollo de una economía típicamente de Piedemonte, donde el cultivo de algodón, maní, maíz y yopo, así como, en menor grado, la pesca y la recolección de miel y cera negra jugaban un rol importante (/1601/ A.N.C. Vis. Boy. XI f 477r), aunque algunos elementos de su economía resultan andinos, como la explotación de fuentes de agua salada. Al parecer, no había confederaciones propiamente teguas y los únicos vínculos que superaban el nivel de la comunidad políticamente autónoma se refieren a su posible parcial "sujeción" a caciques muiscas.
D. PATRÓN DE POBLAMIENTO
En páginas anteriores, hemos procurado establecer la naturaleza de las unidades que componia la organización social muisca. Obviamente, a estas alturas, resulta lógico preguntarse por la forma cómo cada una de ellas estaba distribuida por el territorio, una cuestión que resulta fundamental para entender la economia de los muiscas como grupo andino. El estudio del pobla-miento muisca ha constituido, desde hace tiempo, objeto de especial interés por parte de los investigadores. Sin embargo, aunque tras años de polémica se ha llegado a la conclusión de que existían tanto aldeas como viviendas dispersas, siempre se ha planteado que tanto las unas como las otras debieron ser ocupadas permanentemente, dando origen a una población "ru-ral" y a otra "aldeana" o "urbana". En esta investigación se retoman los datos de crónicas y documentos con el fin de mostrar cómo las viviendas dispersas sólo constituyeron lugar de ocupación temporal, al lado de pequeñas parcelas.
En 1965, Broadbent defendió la existencia de "numerosas pequeñas poblaciones nucleadas" y alegó que fue el gran número de éstas "el que impresionó a los españoles, no el tamaño" (Broadbent, 1974: 119). Además, la autora sugirió que cada uno de los asentamientos reportados debía corresponder a las antiguas "partes", a la vez que reconocía la posibilidad de que "gran parte de la población 'viviera en casas aisladas en sus tierras agrícolas' ". Orlando Fals Borda (/1955/1961: 104), por su parte, consideraba que los muiscas tenían una "combinación de dos tipos básicos de poblamiento: la aldea nucleada y las granjas dispersas" de tal forma que en el interior de la Cordillera "las casas de las gentes comunes .. .estaban esparcidas por el campo" y las aldeas se ubicaban en las zonas periféricas del territorio.
Las fuentes, en efecto, hablan tanto de la existencia de aldeas nucleadas como de viviendas dispersas. Oviedo (/1548/ 1852, II: 406), un cronista que copió mucha de la información de Jiménez de Quesada, anotaba que había "poblaciones desparramadas por sus valles é territorios, de diez de veynte, de treynta de ciento é más é menos casas cada pueblo" y Fray Pedro Simón (/1625/1981, III: 166) hablaba para Guachetá de bohíos "juntos que estaban casi a manera de pueblo, porque los otros estaban como sembrados por todo el valle". De otro lado, los arqueólogos han reportado en diferentes ocasiones la existencia de sitios con material muisca que sugieren la presencia de pequeños conjuntos de bohíos: Broadbent (1964a: 22) reporta en Guatavi-ta un área de por lo menos una hectárea cubierta por tiestos que debió representar el lugar de habitación "de unos centenares de personas" y, en la vereda Pueblo Viejo de Cogua, Cárdale (1981: 41) señala que hay fragmentos de loza muisca dispersos de tal forma que sugieren "una agrupación de casas en número suficiente para poder denominarlo pueblo".
Según los documentos de archivo, las aldeas "que reportan los arqueólogos debían corresponder a "capitanías". Durante los primeros años de la colonia, en efecto, los españoles pidieron la formación de poblados al modo peninsular refiriéndose a "capitanías" y no a ningún otro nivel de la organiza-
ción social muisca (Colmenares, 1970: 11 y Langebaek, 1984) y, además, así aparece explícitamente en algunos documentos; en 1576, por ejemplo, un Capitán de Bosa alegaba que él, y sus indios, ocupaba "uno de los pueblos" del cacicazgo (A.N.C. C+I XX f 917r); hacia 1602, los indígenas de Tobón, una capitanía de Busbanzá, vivían en "su población vieja" e igual sucedía con los de Topía, otra capitanía del mismo cacicazgo (A.N.C. Vis. Boy. XVIII f 647r) así como con las varias capitanías sujetas al Cacique de Tinja-cá (/1599/ A.N.C. C+I XIX f 115v).
La información referente a las diferentes "capitanías pobladas por aldeas no se puede tomar, sin embargo, como si todos los miembros de cada una de esas unidades sociales vivieran juntos, excluyendo a los miembros de otras unidades análogas. Como se ha mencionado en otro lugar (véase: generalidades sobre el parentesco) hay indicios en cuanto a que los muiscas practicaban un patrón de residencia avuncolocal con el lógico resultado de que las mujeres casadas, y sus hijos, residían en las aldeas de sus maridos y no en la suya propia. La relación aldea-capitanía es sólo "ideal" y hace referencia al lugar de habitación de los "capitanes", y los hombres sujetos a su autoridad y a las mujeres de éstos, pertenecientes a otros grupos de filiación.
De otro lado, aún no está claro si lo arriba expuesto es igualmente válido para las sybyn y uta. Una posibilidad, que nos parece de primera importancia si tenemos en cuenta la impresión que dan los sitios arqueológicos en cuanto a la existencia tanto de poblados grandes como de pequeños, es que las unas y las otras se hayan poblado en aldeas independientes. Sin embargo, hasta no aclarar la verdadera naturaleza de las uta y las sybyn no es posible descartar que varias uta poblaran una sybyn, y por lo tanto una aldea, o que sólo las uta tuvieran relación con las aldeas y que las sybyn estuvieran conformadas por diferentes pequeñas poblaciones.
De otra parte, los bohíos dispersos de los que hablan las crónicas, y los documentos de archivo (cf. Langebaek, 1984), se describieron como pequeñas viviendas de planta redonda (A.N.C Vis. Cund. XII f 1022) situadas a lado de pequeñas parcelas y, a veces, rodeados por algunas piedras puestas en círculo (Reichel-Dolmatoff /1978/ 1982: 98). Se trata, con toda probabilidad, de las llamadas gueta en las gramáticas de lengua chibcha, haciendo referencia a las casas (gue) de labranza (ta) (Acosta Ortegón, 1938: 50) y cuyos rastros aún pueden verse en las laderas de las colinas que bordean los valles fríos, en los cañones interandinos y en algunas partes de los flancos de la Cordillera.
El patrón de residencia muisca parece haber combinado la habitación temporal en viviendas de aldea, así como en los bohíos dispersos (Langebaek, 1984). En 1595, los indígenas de Tinjacá "iban a coger la labranza que era una legua de este pueblo" (A.N.C. C+I XIX f 118r) y, en 1602, los de Co-meza "aunque tienen sus ranchos en sus labranzas fuera de los pueblos no asisten a ellos y viven en los pueblos" y los de Cosquetiva "algunos tienen en su labranzas algunos ranchos pero no viven en ellos" (A.N.C. Vis. Boy. XI f 568v y 578v). También en Cucunubá y Bobotá, "el más del tiempo viven en sus granjerias que tienen en sus labranzas", pero disponían de bohíos