• No se han encontrado resultados

Algodón, ovillos de hilo y mantas

B. ARTÍCULOS DE INTERCAMBIO

6. Algodón, ovillos de hilo y mantas

Aunque el algodón no prospera en los valles fríos de la Cordillera, los muis-cas fueron célebres por sus tejidos en esa fibra. Con pocas excepciones, en efecto, el hilado y tejido de algodón era una actividad importante para las comunidades de tierra fría la cual involucraba la participación de hombres y mujeres adultos así como de "muchachos". En Osamena, según la visita de 1602, el encomendero disponía de un "tejedor" y su ayudante quienes eran abastecidos de algodón hilado por parte de "indias" y "muchachos" (A.N.C. Vis. Ven. XIII f 734r Y 734v), mientras que en Tota "una india o más. . . y con otras solteras. . . hilan. . . y de allí lo van devanando y aderezando a los indios para que lo tejan" (/1571/ A.N.C. Vis. Boy. IV f 409v). Casi siempre, por cierto, los documentos insinúan que hilar algodón era una actividad común a todas las mujeres, mientras que tejer era propio sólo de ciertos hombres, especialistas.

Aparte de mantas, los muiscas hacían mochilas y "santillos" o "tunjos" de algodón (cf. Cortés, 1960: 244). El uso de textiles como ofrenda aparece claramente documentado en las actas de la "visita" llevada a cabo en 1595 a Iguaqué, lugar en el cual los españoles también describieron la costumbre de enterrar en cuevas con "cinco o seis mantas" cubriendo los cadáveres (A.N.C. C+1 LVIII f 19v-20r). En cuanto a las mantas, Oviedo (/1548/, 1852, II: 389) distinguió entre "unas mas delgadas y finas que otras"; Aguado (/1581/, 1956, I: 256) las mencionó blancas, pintadas y coloradas, y Lebrija y San Martín (en Galvis, 1957: 342) aseguraron que "la más de ella eran pintadas con pinceles". Por su parte Piedrahita (/1666/, 1973, I: 58) hablaba de "mantas cuadradas. . . las más comunes son blancas y la gente ilustre las acompaña pintadas. . . las mujeres usaban una manta cuadrada. . . ceñida con una faja. . . y sobre los hombros otra manta pequeña".

El dato de Piedrahita en cuanto a que existían variaciones en las mantas de acuerdo al prestigio de sus usuarios coincide con la información que se tiene sobre la diferencia de valor que éstas podían llegar a tener en los intercambios. En los documentos y crónicas, se hace referencia a mantas "chingas"', "buenas" y "de la marca". En algunos casos, parece probable que las comunes fueran las mismas chingas, porque en sitios como Teusacá los indígenas declararon cambiar mantas "comunes chingas" (/1593/ A.N.C. Vis. Cund. V f 578v). Además, la diferencia entre mantas "buenas" y "de la marca" tampoco es del todo clara porque a veces se hace referencia a "buenas mantas de la marca" (cf. Rojas, 1965: 363).

Por otra parte, Aguado (/1581/, 1956, I: 406-407) distinguió entre mantas "buenas" y

chingomanales, las cuales podrían corresponder a las mismas chingas, pequeñas y

burdamente tejidas. El cronista, (Ibid.) una manta "buena" valía lo equivalente a tres o cuatro

chingomanales. De otro lado, Sebastián García, encomendero de Gacha, Icabuco y Foacá,

sostuvo que en 1572 "de ordinario su justo y moderado precio de dos mantas de esa marca son tres comunes y así se dan" (A.N.C. Vis. Boy. VII f 699r). Algunas veces, la diferencia en el valor de las mantas podía ser aún mayor: a finales del Siglo XVI el Cacique de Paipa declaró que durante la requisa de Santuarios de Diego Hidalgo, había dado una "que la hube del Cacique de Fontibón que me costó cinco mantas de las de aquí" (cf. Rojas, 1965: 373).

Ahora bien, antes de exponer los datos referentes al intercambio es prudente recordar que como durante el período colonial la tasación en mantas fue muy común (cf. Colmenares, 1970) el material de las visitas es particularmente rico en referencias sobre su circulación, así como la de algodón para elaborarlas. Lo anterior, desde luego, puede dar una idea desproporcionada sobre la importancia del trueque de estos artículos en relación a los demás productos que llegaban a los mercados.

Sin duda, los intercambios de algodón son anteriores a la conquista (Aguado /1581/, 1956, I: 595), entre otras cosas porque las mantas fueron objeto de "tributación" desde antes de la llegada de los conquistadores (cf. To-var, 1980). Sin embargo, a partir de la invasión española, los textiles muis-cas se convirtieron en una mercancía que los encomenderos hacían llevar hasta los mercados más alejados. Una referencia de Friede (/1963/, 1982: 30 y 130) indica que las mantas del Altiplano, o del "reino", llegaban hasta territorio "quimbaya" en la cordillera Central, en una fecha tan temprana como 1568 y valían mucho menos que las elaboradas localmente. De otro lado, West (1972: 106-107) muestra cómo la mayoría de las mantas que abastecía Santa Fe de Antioquia a finales del Siglo XVII eran originarias de territorio muisca.

Otra transformación que es necesario indicar es la gradual introducción de lana de oveja como materia prima en la elaboración de tejidos. Incluso en algunos documentos del Siglo XVI es común encontrar referencias acerca de que los Caciques tenían pequeños rebaños de ganado bovino y que los indígenas utilizaban la fibra para tejer. Lo anterior, sin embargo, no fue óbice para que la tradición de hacer mantas de algodón continuara durante toda la colonia. Una referencia de Ubaté indica que en el año de 1592 era costumbre

trocar dos mantas de lana por una de algodón (A.N.C. Vis. Cund. V f 224r) pero aun así, a fines del Siglo XVII Fray Alonso de Zamora (/1701/, 1980, I: 140) indicó que la gente pobre del Altiplano persistía en el uso de mantas de algodón y no de lana. Además, en 1789, Francisco Silvestre, (1950: 73) hablando del corregimiento de Tunja afirmó que:

"Es población considerable y en ella, y su territorio se fabrican muchos tejidos bastos y lienzos de algodón, que tienen expendio en todo el Reyno y fuera de él".

En síntesis, el trabajo textil en territorio muisca fue una actividad de origen precolombino que continuó siendo económicamente importante hasta épocas recientes. Parte de la relevancia de los tejidos muiscas pudo deberse al hecho de que constituyeran artículos de trueque muy apreciados que circulaban no sólo por el Altiplano, sino hasta tierras bajas de los Llanos Orientales y el Valle del Magdalena:

Durante la expedición que culminó con el descubrimiento del Nuevo Reino por parte de los españoles, éstos encontraron mantas elaboradas en la meseta cundiboyacense en Tora y el río Carare, las cuales fueron descritas como de: "algodón muy delgadas y bien tejidas, pintadas a pincel a como que se usan en este Reino" (Simón, /1625/, 1981, III: 115). Además, según el mismo cronista (Ibid., IV: 311) los indígenas de Mariquita adquirían sal y mantas muiscas a cambio de oro y, de acuerdo a Lebrija y San Martín (en Galvis, 1957: 333) los de Somondoco recibían "ropa mucha y algodón por sus esmeraldas".

Aguado (/1581/, 1956, I: 406-407), refiriéndose a los resultados de la primera visita colonial llevada a cabo en 1555, anotó que los indígenas acostumbraban adquirir algodón en los mercados de Tunja y Sogamoso y que por una carga del producto,

"... que es lo que un indio puede cargar /daban/ una manta buena, y traída a su tierra hacían de ella otra tan buena como la que habían dado y cuatro chingomanales".

Así mismo, el cronista (Ibid.) refirió que era común conseguir una carga de hojas de coca a cambio de dos mantas "buenas" en los centros productores, para luego intercambiar la carga en Tunja por "dobladas mantas". Un testimonio del Cacique de Moniquirá y Tunjatoque, del año de 1596, ratifica parcialmente la información de Aguado en el sentido de que:

"... el algodón lo han dos días de este pueblo y que llevan una manta les dan algodón de que hacen seis y siete mantas". (A.N.C. Vis. Boy. V f 375v). Las evidencias de archivo, en general, confirman a Fray Pedro de Aguado en cuanto a que Tunja y Sogamoso fueron lugares donde se centralizaba la circulación de algodón y mantas, si bien Duitama también parece haber jugado un rol similar (mapa 6).

En 1571, un Capitán de Oicatá declaró que los indígenas de su reparti miento iban "al mercado de Sogamoso y compran algodón con mantas" (A.N.C. Vis. Boy. V f 448v y 450r); en Chitagoto y Cerinza los testigos sostu vieron en 1602 que el algodón que necesitaban para hacer mantas lo conse guían en los mercados de Duitama y Sogamoso (A.N.C. Vis. Boy. IV f 963r y XIX f 874r); los de Beteitiva, Buzbanzá y Tobón, también conseguían la fibra en Sogamoso y Duitama; los de Duitama, a su vez, lo obtenían en Tun- ja, Sogamoso y "términos de Vélez" (A.N.C. Vis. Boy. V f 681r y 684v) y, los de Susacón, cambiaban coca por mantas que les llevaban indígenas de Soga moso y Tunja (A.N.C. Vis. Boy XIII f 321r y 326v). » ^ ^

Las evidencias se multiplican: los miembros del cacicazgo de Gacha hacían sus mercados en Duitama y Tunja, donde adquirían mantas (/1571/ A.N.C.Vis. Boy. VII f 623r 626v). En 1572, los de Foacá intercambiaban leña por oro en Tunja, y con el metal conseguían "manta y algodón de que hilan y tejen mantas" (A.N.C.Vis. Boy. VII f 680r); en Pagasica, cuando se realizó la visita de 1593 los testigos concordaron en que adquirían algodón "en los mercados a trueco de mantas", tal vez en Tunja, pues alli acostumbraban cambiar leña por oro (A.N.C.Vis. Cund. XI f 786v). Además, los de Cucaita acudían al mercado de Tunja con mantas (/?/ A.N.C. Vis. Boy. XIV f 913r; en Boada, 1984: 59) y, en 1601, los testigos de la visita a Soacá indicaron que asistían a los mercados de Tunja y Sogamoso con algodón y mantas (A.N.C. Vis. Tol. II f 634r).

Las fuentes que abastecían los mercados antes ^mencionados también fueron especificadas en los documentos de archivo: El territorio de Vélez, así como los dominios panches y muzos figuran como tales en muchos testimonios de archivo; en 1602, el cura de Paipa sostuvo que los miembros de este cacicazgo iban a los "términos de Vélez tres días de camino y ...rescatan /algodón/ por oro y mantas" (A.N.C. Vis. Boy. XV f 66r) y los de Suta, Cundi-namarca, acudían a "panches" y a "muzos" para conseguir algodón el cual hilaban para "vender ovillos de hilo y hacer mantas chingas y trocarlas por buenas" (A.N.C. Vis. Boy. XVII f 303r). Así mismo, los de Guacha y Sumi-ta, en 1602, adquirían la fibra en Oiba, Charalá y "otros pueblos de la jurisdicción de Vélez" (A.N.C. Vis. Boy. XVIII f 448v), los de Bobotá y Cucunu-bá declararon ir a buscar algodón en "Muzo y en Vélez y en otras partes", entre las cuales se mencionó a Saboyá (A.N.C. Vis. Cund. IV f 36r y 52r); los de Simijaca iban a "mercar el algodón a tierra de Muzo y Saboyá tierra de Vélez y lo truecan por mantas" (A.N.C. Vis. Boy. XVII f 533r) y, en 1593, los de Teusacá cambiaban papas y leña por mantas "chingas", a su vez les servían para obtener algodón en Suesca, Ubaté y territorio panche (A.N.C. Vis. Cund. V f 578v).

En la Sabana de Bogotá, por su parte, los indígenas de Cajicá llevaban mantas, sal y ollas de barro para conseguir algodón en Pacho y en territorio panche, lugar al cual también acudían los de Tibaguyes, en 1594, y los de Engativá hacia 1603 (A.N.C. Vis. Cund. VII f 637r y 642r; Vis. Boy. XVII f 235r y Vis. Cund. VII f 996r).

De otro lado, los Llanos Orientales y las cuencas bajas interandinas de los ríos Garagoa y Negro, también figuran como áreas productoras de algo-

85' don. Indígenas de grupos independientes del piedemonte, como Támara y Tecasquirá en las faldas de la Sierra Nevada del Cocuy, o relacionados políticamente con cacicazgos muiscas de los valles fríos, como Osamena —sujeta a Sogamoso— o Vijúa, una capitanía tegua dependiente de Tota, así como Somondoco y Súnuba, pertenecientes a las confederaciones de Tunja y Guatavita respectivamente, parecen haber tenido alguna importancia en la producción de la fibra (A.N.C. Vis. Boy. II f 103r, 115r, y 121r, IV f 439v; V f 889r y VII f 798r y Vis. Ven. XIII f 730v).

pueblo y van a sus contrataciones al mercado de Sogamoso y al de Tunja ( A.N.C. Vis. Boy. V f 45r). Ese mismo año, los de Iza, quienes según Castellanos (/1601/, 1955, IV: 224) hacían sus intercambios en los Llanos, iban "a tierra caliente a rescatar algodón y al mercado de Sogamoso" (A.N.C. Vis. Boy. V f 889r). En la baja cuenca del río Garagoa, los indígenas de Somondoco y Súnuba cambiaban algodón por mantas aunque algunas otras comunidades tenían mercados que actuaban como intermediarios: en 1593, los indígenas de Chocontá obtenían la fibra en Suta, Tenza, Macheta y territorio tegua, además de asistir con el mismo propósito a los de Suesca y dominios muzos (A.N.C. Vis. Cund. XI f 149r y 164r).

Incluso, parece que en algunos casos los muiscas actuaban como intermediarios entre las comunidades de los Llanos y otras etnias del Altiplano. En 1571, un Capitán de Pisba declaró que en.su repartimiento se hacían vasijas de barro las cuales llevaban "a los Llanos y traen y reácatan algodón" (A.N.C. Vis. Boy. II f 86r) mientras que, hacia 1602, los del cacicazgo lache de Ura hacían "mantas de algodón el cual van a buscar a ...Pisba (A.N.C. Vis. Boy. XII f 383r). Sin embargo, lo inverso parece haber sido igualmente cierto puesto que, según un Principal de repartimiento muisca de Chusbita, sujeto a Sogamoso, los de su repartimiento tejían mantas "de algodón el cual van a buscar a Chita", en dominios laches (/1602/ A.N.C. Vis. Boy. XVII f 776r).

En contraste con la información antes expuesta, parece que los intercambios de algodón y mantas al extremo sur del territorio muisca no fueron muy comunes (mapa 6) aunque se sabe que los sutagaos entraban a los mercados de Pasca y Fusagasugá donde adquirían mantas a cambio de maíz, papas, cubios, fríjoles, curies y carne y pellejos de venado (/1604/ A.N.C. Vis. Cund. XI f 646r).

Por último, resulta importante destacar como algunas comunidades con sede principal en tierra fría también figuran como productoras de algodón gracias al control que ejercían sobre-parcelas en tierra templada. Los indígenas de Pausagá llevaban maíz, papas, fríjoles, yucas, batatas, y auyamas a Subachoque, cuyos indígenas tenían acceso a tierras donde producían suficiente algodón como para disponer de excedentes intercambiables (/1603/ A.N.C. Vis. Cund. X f 765r); los de Tibitó, por su parte, poseían algodonales en cercanías a territorio muzo (A.N.C. C+I XLI f 845r) en tanto que, el Cacique de Ubaté tenía en "tierras suyas . . . un poco de algodón que no es

cantidad y los indios que no han querido tejer mantas las van a buscar afuera", probablemente a Tunja, lugar al cual acudían con sal de Tausa y Zi-paquirá (A.N.C. Vis. Cund. V f 224r, 224v y 234v). Finalmente, los indígenas de Guachetá adquirían sal en Nemocón y, con ella, maíz y papas iban a Tin-jacá donde se abastecían de algodón, si bien no está claro si este último lugar la producía o sencillamente actuaba como intermediario (/1590/ A.N.C. Vis. Boy. XVII f 92r).

Documento similar