B. ARTÍCULOS DE INTERCAMBIO
III. CENTROS DE MERCADO
5. El rol del intercambio en la producción económica y la
Un cuestionamiento importante referente al tema que hemos venido tratando es el que toca al papel del trueque de artículos en la economía indígena. En primer lugar, es preciso plantear a quién pertenecían los bienes producidos y que llegaban a los mercados; además, es necesario evaluar la relevan-
cia que el intercambio pudo tener en el desarrollo de la producción, la división del trabajo, y el bienestar de los habitantes del Altiplano en cuanto a la solución de necesidades básicas..
En cuanto a lo primero, algunos documentos sugieren que varios aspectos de la producción de alimentos eran comunales. Existen datos que indican que las jornadas de cacería podían involucrar la participación de mucha gente (véase: carne) e igual sucedía con la siembra y cosecha de labranzas (véase: tributo y redistribución). De otra parte, las pautas de tributo y distribución centralizada sugieren que la apropiación de la producción no era privada sino que estaba orientada a satisfacer necesidades comunales, aunque se tratara de una circulación a cargo de los caciques y capitanes.
Lo anterior, es difícil de imaginar en una sociedad donde la propiedad privada fuera la forma de apropiación de los bienes y, como corolario, se podría sugerir que el intercambio de productos se hacía entre grupos y no entre individuos. Sin embargo, éste es un punto en el cual la carencia de información es grande. No sabemos, aunque parece probable, si los productos que un grupo intercambiaba podían provenir de los depósitos comunales que tenían a su cargo los caciques y capitanes (véase: tributo y redistribución) o si el intercambio entre "grupos" hace referencia a las uta, sybyn o incluso cacicazgos enteros.
De otra parte, lo que sí podemos precisar es que, pese a las limitaciones que parecen haberlo caracterizado, el trueque de artículos tuvo un rol importante al permitir la especialización regional. Los indígenas de los centros productores de sal no habrían podido dedicar el tiempo necesario a la explotación de fuentes con el fin de producir suficiente para ellos y los grupos no productores, a no ser que éstos les garantizaran el suministro de al menos parte de las gachas, leña y mantas que consumían. De la misma manera, los de Guata vita difícilmente podrían haberse especializado en orfebrería si no hubieran hecho parte de un sistema de intercambios que hacía llegar oro y cera a sus tierras.
Varios ejemplos más sirven para ilustrar la especialización regional entre los muiscas. Los cacicazgos que dominaban parcelas en el Valle seco del Chicamocha fueron los productores más importantes de coca, aunque parte también provenía de las laderas templadas de la cordillera (mapa 10). El algodón, se cultivaba en el piedemonte llanero, "términos de Vélez", territorio de los panches y muzos así como en tierras de las partes bajas y temperadas de los valles que forman los ríos Garagoa y Negro y, el tabaco, era originario en gran parte del Valle de Samacá, Icaga y Oicatá, tres cacicazgos cercanos a Tunja que ocupaban una región de clima frío y seco (mapa 10).
Así mismo, la pesca parece haber sido particularmente abundante en ios ríos de la Sabana de Bogotá y en los lagos del norte, la cacería de venado en subpáramos al sur del territorio, y el acceso a miel, aves de plumería, yopo y pieles de felino, en las partes bajas del oriente. Además, en la producción de esmeraldas, cal y cerámica también las condiciones locales en cuanto a la disposición de esos recursos jugaban un rol importante (mapa 10).
Sería exagerado, sin embargo, considerar al intercambio como un medio mecánico para establecer la circulación de productos entre regiones de con-
diciones ecológicas determinantes. El caso de la especialización orfebre en Guatavita es interesante por cuanto que, hasta donde sabemos, los indíge-nas de ese lugar estaban en la misma capacidad que cualquier otro cacicazgo de tierra fría para conseguir materia prima para hacer figuras. Lo anterior, también es cierto cuando se habla de productos agrícolas, como coca y algodón, porque aunque sólo determinadas comunidades dieron énfasis a su cul- tivo, parece posible que la mayoría, mediante el control de pisos térmicos que ejercían, habrían podido cultivarlo en tierra templada.
De otro lado, la división del trabajo entre las diferentes comunidades no estuvo desarrollada hasta el punto en que algunas de ellas se hubieran especializado en la producción de tal o cual artículo y descuidaran las actividades orientadas a satisfacer sus necesidades básicas, sobre todo en lo referente a la alimentación. Los pocos asentamientos muiscas investigados hasta el momento permiten inferir que en ninguno de ellos se llevó a cabo una actividad que desplazara a las más usuales y prosaicas. En el municipio de Sopó, por ejemplo, los muiscas hilaban, hacían artefactos de hueso y piedra astillada, cuentas de collar y figuras de oro, amén de que seguramente producían muchas otras cosas que no dejan huella en el registro arqueológico, pero mantuvieron simultáneamente un marcado énfasis en el cultivo del maíz (Langebaek y Zea, 1983a). Incluso, en sitios cuya especialización en la pro- ducción de artículos valiosos era notable, nunca se descuidó la producción de alimentos: los indígena de Tausa, importantes productores de sal, sembraban maíz, papas y fríjoles de tal forma que a veces tenían excedentes disponibles para el intercambio (véase: alimentos agrícolas); también en Suta-marchán, donde se elaboraban grandes cantidades de loza, el hilado de algodón u otras fibras debió ser una actividad complementaria como lo sugiere el hallazgo de volantes de huso en el basurero asociado a la elaboración de vasijas, a la vez que se mantuvo el cultivo de los alimentos básicos (Falehetti, 1975).
En general, los muiscas fueron autosuficientes en la solución de necesidades básicas alimentarias, y cuando tenían problemas en sus labranzas de tierra fría podían hacer uso de Jos recursos disponibles en las parcelas que dominaban en páramos y tierra templada, sin necesidad de supeditarse a la dependencia de alimentos producidos por otras etnias. Probablemente, el único artículo alimenticio importante en cuya producción no eran autóno- mos todos los cacicazgos muiscas fue la sal, aunque en este caso se trataba de un recurso producido por comunidades muiscas, y no por etnias distintas. Al respecto, se podría pensar que la posesión de manantiales de agua salada, un bien escaso, habría podido dar origen a conflictos entre los diferentes cacicazgos muiscas, pero no hay evidencias de que ello sucediera. Por ahora, resulta plausible que a nivel intraétnico cada comunidad tenía garantizado el acceso pacífico a ese producto, aunque esto no necesariamente es cierto para el caso de etnias distintas, como lo sugiere el hecho de que los españoles encontraran escasez de sal en territorio panche a causa de sus guerras con los muiscas (véase: centros de mercado).
De otro lado, no tenemos datos que permitan afirmar que en los mercados se podía conseguir buenas cantidades de instrumentos de trabajo, con la
posible excepción de las gachas para evaporar aguasal. Ciertamente, además, el trueque de materia prima volcánica para la elaboración de artefactos liticos debió tener alguna importancia en la medida en que representaba el acceso a material de buena calidad para manufacturar instrumentos que po dian aventajar a los que se hacian con recursos locales. Sin embargo, la frecuencia de artefactos liticos elaborados sobre materia prima foránea en- contrados en sitios del Altiplano es por lo general muy baja (véase: materia prima para artefactos liticos).
Parece claro, entonces, que el intercambio que se realizaba en los mercados estaba más relacionado con la circulación de bienes suntuarios que con la adquisición de medios de producción o comida. La mayoria de articulos de intercambio tales como cuentas de collar, tabaco, yopo, caracoles de plumería, se pueden considerar puramente suntuarios porque sin importar cuan vitales hubieran sido en opinión de los indígenas es obvio que de su obtención no dependía la sobrevivencia física de ninguna comunidad. Al respecto, López de Velasco tuvo la siguiente impresión.-
"Son los indios de esta Provincia muy hábiles e inclinados al trato y mercadería, que la mayor es de sal, y mantas de algodón de que andan vestidos; son grandes idólatras, y todo cuanto procuran adquirir es para
ofrecer a sus santuarios" (en B.H.A., 1926: 638).