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UNIVERSIDAD DIEGO PORTALES

FACULTAD DE PSICOLOGÍA ESCUELA DE PSICOLOGÍA

REPRESENTACIONES SOCIALES DE LA VEJEZ EN ADULTOS MAYORES

REBECA SOFÍA BELLOLIO MATURANA XAVIERA PAULINA GONZÁLEZ BERMÚDEZ

MARÍA DE LOS ÁNGELES MERA LEMP

Memoria para optar al grado de Licenciado en Psicología Profesora Guía: María Isabel Toledo Jofré

Santiago, Chile 2012

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Dedicamos esta memoria a los profesionales del área de la gerontología que comparten día a día con los adultos mayores, así como a todos aquellos encargados del diseño y la implementación de las políticas públicas dirigidas a la vejez.

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Agradecemos a, Carlos, Isabel, Olga, Marina, Pedro y Susana por permitirnos conocer su historia de vida y por contribuir en la realización de nuestra investigación.

Agradecemos también a María Isabel Toledo por la dedicación y contribución en nuestro proceso de formación como futuras

psicólogas.

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RESUMEN

El presente trabajo tiene como objetivo dar cuenta de las representaciones sociales que construyen los adultos mayores acerca de la vejez. El aumento exponencial de la población de adultos mayores que ha vivido la sociedad occidental en los últimos años, y los cambios socioculturales y económicos que han marcado a esta, han influido en la configuración de este nuevo grupo de personas de edad avanzada. Se propone un marco teórico que se ha recolectado y sistematizado, tomando la teoría del ciclo vital de Baltes (1979), los aportes de Neugarten (1999) en relación a los significados de la edad, la descripción del deterioro biológico de González (2006), la explicación de las transformaciones psicosociales en la vejez de Carstensen&Eldestein (1987), y la teoría de las representaciones sociales que formula Jodelet (1984). El enfoque metodológico que se utilizó fue la etnografía interpretativa y la técnica de recolección fue la entrevista etnográfica. Las entrevistas se realizaron a cuatro adultos mayores de los cuales dos viven en una institución asilar. Los resultados se interpretan de acuerdo con la estructura de la representación social, en los que se evidenció que las actitudes e informaciones de los adultos mayores hacia la vejez se organizan en torno a un núcleo definido como dependencia. La dependencia se configuró como el constructo organizador de la representación social, desde la cual los adultos mayores se posicionan en las distintas áreas psicológicas y sociales. De esta manera, la concepción de la vejez desde el deterioro y la dependencia cobra relevancia en la medida en la que condiciona y limita las posibilidades de desarrollo y participación de los adultos mayores en la sociedad.

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TABLA DE CONTENIDOS

Dedicatorias 2

Agradecimientos 3

Introducción 7

Problematización 10

Objetivos 18

Marco teórico 19

I. VEJEZ 19

1. Teoría del ciclo vital 19

1.1 perspectiva de cambio en el ciclo vital 19

1.2. perspectiva de la edad en el ciclo vital 20

1.3. la perspectiva del desarrollo en el ciclo vital. 21

1.4. enfoque multicausal del desarrollo en el ciclo vital 25

1.5. visión sociológica del ciclo vital 26

2. aspectos de la vejez 28

2.1 aspecto biológico en la vejez 28

2.1.1 salud física en la vejez. 28

2.1.2 aspecto cognitivo en la vejez. 30

2.2 aspecto psicosocial de la vejez 34

ii. representaciones sociales 41

1. ¿qué son las representaciones sociales? 41

2. lógica de interacción 43

3. dimensiones de las representaciones sociales 43

3.1. actitud 43

3.2. información 44

3.3. campo de representación 44

3.4. núcleo figurativo 44

4. formación de las representaciones sociales 45

4.1 materiales 45

4.1.1. fondo cultural: 45

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4.1.2. comunicación social: 45

4.2. procesos 45

4.2.1. la objetivación: 45

4.2.2. el anclaje: 46

5. condiciones de emergencia 48

6. formas de presentación de las representaciones sociales 48

7. funciones de las representaciones sociales 49

Marco metodológico 50

Enfoque teórico-metodológico 50

Técnica: entrevista antropológica o etnográfica 51

Estrategia de producción de la información 52

Estrategia de análisis e interpretación de información 53

Resultados 54

Interpretación de resultados 86

Discusión 97

Conclusiones 100

Limitaciones 100

Proyecciones futuras 102

Bibliografía 104

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INTRODUCCIÓN

A partir de la amplitud del tema propuesto por el seminario de tesis sobre la marginalidad de grupos sociales y culturales, se plantean inicialmente ciertas interrogantes acerca de la vejez como una etapa del ciclo vital particular, trascendental y en torno a la cual se dan numerosos discursos que relacionan la etapa de la vejez con estereotipos y exclusión social.

En este sentido, es interesante conocer la vivencia de la vejez en la sociedad de hoy en día, específicamente cómo los mismos adultos mayores experimentan directamente este proceso vital en el contexto chileno. Al considerar el discurso contingente acerca del envejecimiento de la población, la vejez se plantea como una problemática que abarca diferentes aspectos, y que preocupa tanto a jóvenes como a los adultos, y que a la vez, se constituye como un tema de relevancia nacional.

De esta manera, el motivo de llevar a cabo una investigación en el tema de la vejez surge del cuestionamiento acerca de los discursos y significados que dan por supuesto ciertos patrones que definen el proceso asociado a envejecer. Indagar en la narrativa que circula sobre la vejez en Chile se hace relevante teniendo en consideración que los procesos sociales se constituyen en interrelación, y por lo tanto tienen repercusiones directas en la experiencia de los procesos vitales, y en la configuración de distintas áreas psicológicas.

La presente memoria trata el tema de las representaciones sociales de la vejez en adultos mayores. Tiene como objetivo dar cuenta de la representación social construida en torno a la vejez. A la vez, se busca conocer las distintas áreas que configuran la representación, como lo son la actitud, la información y el campo representacional. Se entrevistan cuatro adultos mayores, dos de los cuales residen en hogares para ancianos.

En el primer capítulo de esta investigación se presenta una problematización del tema de la vejez que justifica la relevancia de la pregunta de investigación.

En el segundo capítulo se presenta el marco teórico en el que se desarrolla en primer lugar, la teoría del ciclo vital la cual define el proceso de envejecimiento como parte de las etapas de la vida. Se plantea la perspectiva de cambio, de la edad y del

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desarrollo en el ciclo vital. Además, se explica el enfoque multicausal del desarrollo, y la visión sociológica del ciclo vital. En segundo lugar se definen aspectos relevantes en la etapa de la vejez; en estos se incluyen el aspecto biológico y el aspecto psicosocial los cuales revelan las transformaciones que ocurren en este período del ciclo vital. Se decide organizar en estos dos aspectos, debido a que en la literatura teórica cada uno de los temas tratados como relevantes en la vejez, se desarrollan por separado. En tercer lugar se presenta la teoría de las representaciones sociales, en la que se definen y conceptualizan. Se incluye las funciones, partes y formas de presentación de las representaciones sociales.

Posteriormente en el tercer capítulo se presenta el marco metodológico, en el que se explicita el enfoque teórico metodológico de etnografía interpretativa. Luego se describen las técnicas de recolección de información, en la que se presenta la entrevista antropológica o etnográfica. Luego se entregan las estrategias de producción de información en la que se dan cuenta de los sujetos escogidos para las entrevistas, y también de la aplicación de las técnicas a éstos. Se escogieron dos adultos mayores que residen en una institución asilar y dos que viven en casas particulares. Se tomó esta decisión dados los antecedentes que explicitan las diferencias en los tipos de residencia, y por ende, las posibles diferencias en la significación de la vejez en tanto existen distintas experiencias en la vida cotidiana. A continuación se explicitan las estrategias de análisis e interpretación de la información recogida en las entrevistas.

En el cuarto capítulo se presentan los resultados obtenidos a partir de las entrevistas. Se explicita en una primera instancia, los relatos de vida de cada uno de los sujetos. Después se organizan los resultados obtenidos de cada sujeto a partir de los cambios en lo biológico y las preocupaciones psicológicas que surgen de cada relato.

En el quinto capítulo se presenta la interpretación de los resultados obtenidos en el capítulo anterior, en un texto que se articula a partir de los discursos; se da cuenta de la actitud, información y campo representacional en torno a un núcleo figurativo de la representación social de la vejez.

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Para finalizar, se discuten de los resultados e interpretación a la luz del conocimiento existente sobre el tema de la vejez. Luego se explicitan las limitaciones del proceso de investigación, y principales conclusiones de éste, junto con las proyecciones de investigaciones futuras en el tema.

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PROBLEMATIZACIÓN

Desde la década del cincuenta la esperanza de vida en hombres y mujeres a nivel mundial ha aumentado veinte años promedio; actualmente llega a los sesenta y seis años de edad, y para el 2050 aumentará diez años más. El 2050 las personas mayores de sesenta años serán dos mil millones: pasarán de un 10% de la población mundial, a un 21%. Y en cincuenta años, la población aumentará ocho veces (Segunda Asamblea Mundial Sobre el Envejecimiento, 2002).

En América Latina, como en otros países en desarrollo, para el 2050 la población mayor de sesenta años se alzará al 19%, mientras que la población de los niños corresponderá al 22%. A diferencia de los países desarrollados que han tenido un envejecimiento de la población de forma gradual y un enfrentamiento de problemas resultantes de la relación entre este proceso, el desempleo y la sostenibilidad de los sistemas de pensiones; los países en desarrollo enfrentan el problema de un desarrollo simultáneo con el envejecimiento de la población (Segunda Asamblea Mundial Sobre el Envejecimiento, 2002).

Con el envejecimiento progresivo de la población, el mercado dio cuenta de un nuevo nicho económico; una parcela de la sociedad que ha aumentado sucesivamente y que tiene capacidad de consumo (Texeira, 2008, citado en Martins, 2011). Es por ello que a fines de los años 60 en Francia, el término “tercera edad” fue popularizado por los grupos financieros que administraban los fondos de pensiones.

La “tercera edad” se contrapone a conceptos como “viejo o “anciano”, y se dirige hacia los adultos mayores de la clase media consumidora. Se trata del surgimiento de un discurso renovado en el que el viejo ya no es un enfermo en decadencia, sino que un sujeto que posee una edad avanzada pero que se encuentra en una “etapa de oro” en la que sigue siendo activo a pesar de no trabajar, y por ende, se dedica al entretenimiento y al ocio.

Así, surge un nuevo discurso gerontológico que al contrario del discurso anterior en el que subestimaba la vejez, sobrevalora esta etapa y exige de los sujetos que se encuentran en ella una actitud activa, jovial y saludable. Se transmite a los viejos de manera implícita que la juventud está a la mano, y que es algo que puede

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alcanzarse y perpetuarse mediante el consumo y el estilo de vida saludable (Texeira, 2008, citado en Martins, 2011).

La “vejez saludable” o “vejez joven” se transforma en un bien de consumo. El nuevo modelo económico neoliberal permite que la responsabilidad que anteriormente tenía el Estado frente a la vejez se transfiera al individuo, la familia y las organizaciones no gubernamentales, siendo estos últimos quienes asumen los riesgos y la incertidumbre que aquejan a la etapa de la vejez. Se promueve entonces, una rearticulación entre lo público y lo privado dentro de la provisión de servicios sociales. (Texeira, 2008, citado en Martins, 2011).

En Chile, el año 2010 los mayores de sesenta años sobrepasaron los dos millones de personas, representando alrededor del 13% de la población. El 2020 esta cifra bordeará los 3,2 millones de personas, es decir, el 20% de la población. Para el 2025 Chile tendrá el índice de envejecimiento más alto de la región, y se estima que por primera vez en la historia del país habrá la misma cantidad de adultos mayores que menores de quince años (Segunda Encuesta Nacional: Calidad de Vida en la Vejez, 2010). De la mano con el crecimiento de la población de los adultos mayores, los niveles de vulnerabilidad de este grupo etário son significantes, y tan solo hace ocho años con la creación del Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA), se han sentado las bases programáticas para enfrentar esta situación (Díaz & Mora, s/f).

Uno de cada dos adultos mayores se encuentra conforme con los ingresos que recibe y uno de cada cuatro encuentra que son insuficientes para satisfacer sus necesidades (Calidad de Vida en la Tercera Edad, 2010)

La población del adulto mayor se concentra en la población femenina, debido a la menor mortalidad de este sexo. La mujer posee mayores expectativas de vida que los hombres, además por regla general las mujeres se casan o conviven con hombres de más edad, lo que las hace estar más propensas a la viudez (Díaz & Mora, s/f).

La expectativa de vida en Chile es de setenta y nueve años promedio. En los últimos cincuenta años aumentó 4,2 años por década, al tiempo que ha disminuido la tasa de natalidad (SENAMA, 2011. Esto ha generado un aumento de demandas de subsidios específicos en salud pública y una mayor inversión en la prevención y

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atención de las enfermedades crónicas degenerativas (SENAMA, 1999). Así también un 35% de la población total chilena corresponde a población inactiva (niños y adultos mayores que no realizan trabajos). Para el 2020, se estima que la población potencialmente inactiva llegue a un 39% de la población total. (INE, 2010).

Mientras la población chilena tiene un indicador de desarrollo de 0,72 (de un máximo de 1), los adultos mayores chilenos sólo alcanzan el 0,48. El total de los adultos mayores pobres representan un 8,9% en el año 2009 (CASEN, 2009).

Durante la dictadura militar el Estado no desarrolló políticas públicas orientadas al adulto mayor. Posteriormente quedaron en relieve los efectos derivados del cambio a un modelo económico neoliberal. A principios de la década de los 80 se traspasan las responsabilidades estatales a las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), transformándose así, la seguridad de los chilenos en un sistema mixto (Morales, M. s.f.).

El Servicio Nacional del Adulto Mayor, depende del Ministerio de Desarrollo social, y tiene como misión “Fomentar el envejecimiento activo y el desarrollo de servicios sociales para las personas mayores, cualquiera sea su condición, fortaleciendo su participación y valoración en la sociedad, promoviendo su autocuidado y autonomía, y favoreciendo el reconocimiento y ejercicio de sus derechos; por medio de la coordinación intersectorial, el diseño, implementación y evaluación de políticas, planes y programas” (www.senama.cl).

La mayoría de las personas de sesenta años que están amparadas a un sistema de salud (72,9%) son beneficiarias del sistema de salud pública (FONASA) y se ubican en los quintiles primero, segundo y tercero, a diferencia de lo que ocurre con las personas que tienen un sistema privado de salud, que se ubican en el cuarto y quinto quintil.

Los adultos mayores que no cotizan en previsión social son alrededor del 30%, mientras que entre los cotizantes, los ingresos provienen principalmente de jubilaciones, pensiones, montepíos o rentas vitalicias, seguido de pensiones o subsidios estatales y de ingresos por trabajo o negocios (Bahamondes, 2010).

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Más de la mitad de los adultos mayores perciben que tienen una atención en salud regular o mala (en su mayoría mujeres, mayores de setenta y cinco años o personas con bajo nivel educativo), aunque se destaca un aumento en los que perciben que tienen buena salud, llegando a 43% en 2010 (Encuesta Nacional de Calidad de vida en la vejez, 2010).

La población adulto mayor presenta en general un bajo nivel de instrucción.

Un 51% posee educación básica, un 31% educación media, un 11% ninguna educación y un 7% una educación superior. En el área rural estas proporciones cambian significativamente, ya que un 65% de los adultos mayores tienen educación básica y un 25% presenta ninguna educación. En relación a la alfabetización, más del 80% de las personas mayores saben leer y escribir. Aunque la evolución de la escolaridad en los últimos veinte años muestra que el promedio de años de instrucción en los adultos mayores presenta la tendencia al incremento (CASEN 2003).

Los adultos mayores viven en diversas situaciones. Muchos de ellos tienen sus casas propias en las que residen con familiares; hijos, nietos, etc. Otros viven en las casas de sus familiares, y un porcentaje menor de ellos reside en establecimientos de larga estadía u hogares de ancianos. Se evidencia que existe una mayor dificultad para aquellos que viven en hogares debido a que éstas no cuentan con la implementación adecuada acorde a las necesidades tanto básicas como afectivas de los adultos mayores (Díaz & Mora, s/f).

El Servicio de Vivienda y Urbanismo entrega vivienda a los adultos mayores que tienen bajos ingresos, además de una pensión asistencial de vejez, que se da mensualmente a personas mayores de sesenta y cinco años que pertenecen a grupos económicos bajos. El 86% de las personas mayores de sesenta años reside en viviendas particulares habita en una vivienda propia; en las áreas urbanas el porcentaje de tenencia de la vivienda es levemente mayor que en el ámbito rural (CASEN, 2003). Aproximadamente 260 mil personas mayores se encuentran involucradas en alguna situación con déficit habitacional cualitativo (Arriagada, 2005).

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En Chile no existe un registro fiable del número de instituciones u hogares de ancianos, sin embargo, este cuidado de largo plazo es requerido por menos de 8% de la población de adultos mayores (Marín, Guzmán & Araya, 2004)

Un 49% de los adultos mayores en Chile participan en algún tipo de organización: los grupos religiosos o de Iglesia (en su mayoría mujeres), seguida de la intervención en Clubes de adulto mayor (con mayor frecuencia de mujeres y de personas con mejor nivel educacional), y la participación en organizaciones de barrio o juntas de vecinos (con más frecuencia de los adultos mayores que presentan mayor nivel educativo) (Encuesta Nacional de Calidad de vida en la vejez, 2010).

Aunque el Estado chileno se plantea como objetivo aumentar la integración de los adultos mayores a la sociedad y el empoderamiento de los mismos frente a acontecimientos públicos y en relación a su auto-cuidado, principalmente a través del SENAMA, la sociedad no necesariamente percibe que estos objetivos se estén cumpliendo.

Sólo un 2,2% de la población chilena cree que el país se siente “muy”

preparado para enfrentar el envejecimiento poblacional., mientras que un 78,4% cree que es “poco” o “nada”. El 54,1% considera que Chile estaría dispuesto a pagar un impuesto específico para garantizar los servicios que requieren los adultos mayores.

Por otra parte, el 59,3% cree que son las políticas públicas las que deberían ser responsables por el bienestar del adulto mayor, mientras que el 35,8% adjudica esta responsabilidad a familiares y amigos. Por último, el 73,8% de los afirma creer que la mayoría de los adultos mayores no puede valerse por sí mismo (Encuesta Nacional sobre la Inclusión y Exclusión social del Adulto Mayor, 2011).

La mayoría de las familias de grupos socioeconómicos medios y sobre todo de los altos, tienden a distanciarse de los adultos mayores, en términos de la convivencia diaria en un hogar; “en los estratos medios y altos las actuales condiciones del mundo postmoderno imprimen un sello de individualidad que cuestiona el principio de unión familiar” (Morales, s.f, p.29). Esto porque la familia dispone de menos tiempo para la ocupación de espacios en la interacción familiar. Ocurre lo contrario en las familias

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de grupos económicos bajos, en las que se tiende a integrar a los adultos mayores a su círculo.

En comparación con el año 2008, existe un aumento en la percepción de desprotección del adulto mayor en la opinión pública. La mayoría de las personas cree que el Estado no interviene como debería en la integración y el cuidado del adulto mayor, es decir, se considera que la respuesta institucional frente al envejecimiento poblacional es insuficiente (Encuesta Nacional sobre la Inclusión y Exclusión social del Adulto Mayor, 2011).

Un 50% de los adultos mayores que trabajaban y dejaron de hacerlo, no quería dejar de trabajar, pero se vieron obligados a hacerlo. Un 28% de ellos dejó de trabajar cuando quería, lo cual se asocia principalmente a personas de mayores niveles educativos (Bahamondes, 2010).

Un 45,9% considera que la televisión presenta a los adultos mayores con

“características negativas”, frente a un 42,1% que respondió “características positivas”. En referencia a los diarios, un 39,4% cree que se presentan con

“características negativas” y el 42,7% “características positivas”.

La mayoría de las noticias relacionadas con vejez están asociadas a hechos de carácter nacional, temas médicos y noticias internacionales (Alcaíno, 2005). La vejez es mencionada en menor medida en noticias de cultura y de política, y muy escasamente en las noticias deportivas. En las noticias de economía y negocios el adulto mayor no es mencionado. En relación a los prejuicios implícitos de la prensa escrita, la gran mayoría de las noticias que mencionan a la vejez tienen algún contenido discriminatorio hacia las personas mayores (Alcaíno, 2005).

Existen cinco discursos sobre las visiones más significativas que se tiene en la prensa escrita hacia la vejez (Alcaíno, 2005). Estos son: a) la vejez como una etapa de vulnerabilidad, limitación y dependencia , en la que los ancianos son presentados como víctimas de accidentes y crímenes, b) la medicalización de la vejez en la que se enfatiza en combatir o retardar la vejez, asociado al culto a la juventud, c) la vejez como una etapa de decadencia social y económica, en la que la vejez no está asociada al concepto de tercera edad que refiere al ocio y la recreación, sino que más

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cercana al concepto de cuarta edad, es decir, con problemáticas de desvinculación social, jubilación, deterioro físico y empobrecimiento, d) la vejez como una etapa donde es posible llevar una vida activa, saludable o reconocida socialmente, asociado al concepto de tercera edad o “abuelo”, rescatando las cualidades positivas del adulto mayor como persona activa o exitosa, e) la vejez como una etapa donde aún es posible cometer actos sancionados socialmente, en la que los adultos mayores presentados cometiendo actos socialmente reprochables, y siendo explicado el acto a partir de la condición de viejo del sujeto. En las noticias hay una casi nula presencia de éstas relacionadas con acontecimientos de carácter público, mientras que se pone énfasis en el rol de anciano como víctima de las condiciones sociopolíticas y del deterioro físico.

La vejez es percibida por los jóvenes como una etapa en la que se pierden los atributos positivos de la vida y que es valorada negativamente. Los jóvenes asocian a los adultos mayores son la pérdida de capacidades, la postura conservadora que se va radicalizando a lo largo de los años, los intereses decaídos en la sexualidad y las crecientes dificultades de la adaptación a nuevos contextos sociales y tecnológicos (Arnold- Cathalifaud; M., Urquiza, A., Ojeda, A., 2002)

La vejez se concibe como una etapa específica del ciclo vital que se define a partir de la edad de jubilación y que corresponde a la pérdida de eficiencia de los sistemas biológicos. El envejecimiento como proceso se define como lo contrario al desarrollo, y tiene relación con una involución que conlleva pérdida, declive y deterioro de las funciones físicas, intelectuales y emocionales (Fernández-Ballesteros, 2004). La psicología critica este punto de vista médico al recalcar que el desarrollo del ser humano se sigue produciendo en tanto existan transacciones entre el organismo biológico y el contexto sociocultural; por lo tanto, no podría establecerse una dicotomía pura entre desarrollo y deterioro. Las ganancias y pérdidas existen a lo largo de todo el ciclo vital y no puede asociarse sólo una de ellas a la vejez (Fernández-Ballesteros, 2004).

El desarrollo psicológico, entonces, persiste a lo largo de todo el ciclo vital, involucra ganancias y pérdidas, y está influenciado tanto por lo biológico como por el

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contexto histórico cultural. La vejez es una etapa específica de la vida que involucra el manejo de recursos en pos del desarrollo personal, dirigidos generalmente a la regulación de las pérdidas (Muraro, 2011).

Así, aparece necesario pensar en el concepto de representación social, que se define como “una forma de pensamiento social, compartido y de carácter práctico, que permite interpretar acontecimientos de la vida diaria, información y características del medio ambiente así como a los otros actores sociales comprometidos en esta elaboración” (Andrés, H., Gastron, L., Oddone, J., Vujosevich, J., 2003, pp.1).

Las representaciones sociales tienen la función de orientar o justificar la conducta. Cada representación social cuenta con tres dimensiones que la componen:

información, que refiere a los conocimientos que un determinado grupo tiene respecto a un objeto o situación social; actitud, que tiene que ver con la orientación que el grupo tiene hacia dicho objeto o situación (favorable o desfavorable); y el campo de la representación, que es la organización interna que adquiere la representación social cuando se conjugan todos sus elementos.

La representación social habla de cómo la sociedad concibe un objeto o elemento, y cómo esto se refleja en sus conductas, pensamientos y relaciones. De esta manera, conocer la representación social que tiene un grupo particular respecto a cierto objeto o acontecimiento social permite profundizar en cómo este objeto es entendido por la sociedad y cómo interactúa a su vez con los distintos contextos y actores sociales.

Lo anterior, nos lleva a plantearnos la siguiente pregunta ¿Cuáles son las representaciones sociales de la vejez que construyen los adultos mayores?

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OBJETIVOS

Objetivo general:

Dar cuenta de las representaciones sociales que construyen los adultos mayores acerca de la vejez

Objetivos específicos:

Describir el ciclo vital de los adultos mayores

Describir la información que poseen los adultos mayores sobre la vejez Identificar la actitud de los adultos mayores hacia la vejez

Establecer el campo representacional de la vejez

HIPÓTESIS

Se espera que la representación social de la vejez que los adultos mayores construyen varíe en relación al tipo de domicilio, asilar o no asilar, en la que estos residen.

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MARCO TEÓRICO

I. VEJEZ

1. Teoría del ciclo vital

1.1 Perspectiva de cambio en el ciclo vital

El ciclo vital proporciona un modo de considerar los cambios que se observan a lo largo de la vida, y a su vez, cómo se explican y definen las diferencias individuales. Aborda el desarrollo humano desde tres perspectivas principales: un enfoque de los principios básicos relacionados con el estudio de la psicología del desarrollo del ciclo vital, tales como la metodología y el modo de proyectar la investigación, estudios transverso-culturales y longitudinales, fenómenos correspondientes al estadio de la vida, y estabilidad y cambio; un enfoque de la división por edades –lactancia, primera infancia, segunda infancia, adolescencia edades adulta, joven y media, y edad adulta avanzada; y un enfoque de sectores evolutivos, tales como los correspondientes a la fisiología, la cognición, el lenguaje, la percepción, los papeles sexuales y la personalidad. (Baltes, 1981, pp. 17)

Los cambios de comportamiento que presentan las personas en el transcurso del ciclo vital, así como las diferencias y las semejanzas interpersonales respecto a dichos cambios no consisten solamente en describir estas variaciones intraindividuales y tales diferencias interindividuales, sino también en explicar cómo surgen y en descubrir vías para modificarlas óptimamente. El individuo evoluciona dentro de un mundo que varía y que este contexto cambiante puede afectar a la naturaleza del cambio individual. Se ocupa también de los cambios verificados dentro de las ecologías bioculturales y entre las mismas, así como de las relaciones existentes entre estos cambios y los que se producen dentro y entre los individuos (Baltes, 1981, pp. 23).

Un enfoque del cambio y el estudio de procesos conducen a un resultado que indica que los fenómenos estudiados en el ciclo vital no son fijos y estables, sino que están sujetos a un cambio continuo y sistemático que precisa descripción. Ya que los fenómenos no surgen instantáneamente, sino como resultado de procesos, es de

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utilidad conocer acerca del presente y del pasado cuando se explica la naturaleza de un fenómeno, prediciendo su estado futuro y proyectando un contexto con objeto de lograr el máximo perfeccionamiento o su modificación. Así, los fenómenos no están fijados, sino que son cambiantes. Tanto el pasado como el presente son un prólogo del futuro (Baltes, 1981).

El enfoque evolutivo histórico se orienta con arreglo a procesos para su estudio, con fenómenos relativos al cambio y relacionados con el tiempo. El enfoque evolutivo se fundamenta en una metodología que considera retrospectivamente el pasado, a fin que hallar antecedentes que revistan importancia en cuanto a la aparición de un comportamiento. (Baltes, 1981, pp.26)

El cambio intraindividual es un cambio individual interno; las diferencias interindividuales se producen entre diferencias individuales. El enfoque de ciclo vital se centra en el examen de la variabilidad o el cambio dentro de la persona (intraindividual), así como sobre el grado en que tal variabilidad no es idéntica para todos los individuos. Si el cambio intraindividual no es el mismo para todos los sujetos, es que muestra diferencias entre personas (interindividuales) (Baltes, 1981).

“El estudio evolutivo del ciclo vital no concluye con la descripción naturalista del curso del cambio. Se incluye también la obtención de conocimientos acerca de los determinantes y mecanismos que nos ayudan a entender en cómo y el porqué de la evolución” (Baltes, 1981, pp. 27). Esta definición afirma que el centro no está solo en la descripción y la explicación de los fenómenos, sino también por la modificación y optimización del curso del desarrollo. El conocimiento simultáneo del aspecto que adopta la evolución del comportamiento (descripción), de dónde procede (explicación) y de cómo puede alterarse (modificación) constituye un pleno conjunto de conocimiento.

1.2. Perspectiva de la edad en el ciclo vital

La estructura de la sociedad basada en el estatus de la edad, las identificaciones con un grupo de edad, la interiorización de las normas de edad, y las normas de edad como una red de controles sociales son dimensiones importantes en el contexto social y cultural dentro del cual debe verse el curso vital. Muchos de los

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principales signos de puntuación del ciclo vital no solamente están ordenados y siguen una secuencia determinada, sino que muchos son de naturaleza social más que biológica y su aparición en el tiempo está regulada socialmente. Estos conceptos indican una forma de estructurar el paso del tiempo en la vida del individuo; y al definir un reloj social que puede superponerse al reloj biológico, lo cual debe tenerse en cuenta en la comprensión del ciclo vital (Neugarten, 1999, pp. 119).

La dimensión de la edad y la estratificación de la edad en la sociedad, enfocan su estudio de la estructura de la edad en la sociedad desde dos dimensiones:

la dimensión del curso vital y la dimensión histórica, consideradas coordenadas para localizar al individuo en la estructura de la edad en el seno de la sociedad. La dimensión del curso vital está indexada a grandes rasgos por la edad cronológica, la cual sirve como indicador de la experiencia del individuo, incluyendo los cambios orgánicos relacionados con la edad que afectan al funcionamiento físico y mental, e incluyendo la probabilidad de determinadas experiencias psicológicas y sociales. La dimensión histórica incluye las transformaciones políticas, sociales y culturales de la sociedad. La integración de estas dos dimensiones proporciona una perspectiva del curso vital (Neugarten, 1999)

El término ciclo vital no pretende implicar que la edad sea la variable organizadora primordial del trabajo evolutivo sobre el ciclo vital. El énfasis primordial retrae, más bien sobre procesos evolutivos que adquieren importancia en un contexto de ciclo vital o del curso de la vida. Una orientación de ciclo vital sugiere concepciones de desarrollo que, especialmente en la última parte de la vida, trascienden el uso de la edad cronológica como una variable teórica importante. Así pues, el término ciclo vital no está destinado a comunicar meramente un interés en el cambio en relación con la edad. Lo que más interesa son, por el contrario, los procesos de desarrollo que tienen lugar a lo largo de la vida. Los cambios relacionados con la edad y las explicaciones relativa a la edad representan solamente una clase de secuencias del cambio ontogenético (Baltes, 1979, pp. 245)

1.3. La perspectiva del desarrollo en el ciclo vital.

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La gerontología es particularmente propensa a sugerir un enfoque de ciclo vital, a causa de su preocupación por los procesos vitales que conducen al envejecimiento. Se realiza un esfuerzo concertado por desarrollar un enfoque integrador del desarrollo durante todo el ciclo vital. Se trata el desarrollo como un proceso continuo desde el nacimiento hasta la muerte, aplicando este enfoque evolutivo al “curso de la evolución mental desde los primeros comienzos de la mente…en el nacimiento…hasta la edad anciana” (Sanford, 1902 citado en Neugarten, 1999, pp. 248). Se transmite a través de ello, un punto de vista optimista sobre el cambio conductual en el envejecimiento y la necesidad de una concepción de ciclo vital del envejecimiento. Se presenta una concepción básica del desarrollo humano de orientación procesual, multidimensional, multidireccional, contextual y claramente consciente del impacto del cambio social y las contingencias ecológicas.

Las condiciones y circunstancia de la vida a macro y microniveles, el ajuste del desarrollo humano a una cultura cambiante y el interés por los comportamientos de la vida real representan un precursor de lo que se denomina una orientación ecológica (Neugarten, 1999)

Los procesos que tienen lugar a lo largo de todo el ciclo vital se extienden durante largos períodos de tiempo, implican mecanismos explicativos que requieren un interés explícito por la causación distal y acumulativa (paradigmas históricos) y acentúan la dimensión continuidad-discontinuidad tanto en lo que se refiere a la descripción como a la explicación del comportamiento (Baltes, 1979, pp. 250).

El concepto de crecimiento evolutivo, tomado de la biología, resulta inapropiado y demasiado restrictivo para el estudio del cambio ontogenético en la estructura del ciclo vital. La visión tradicional centra su definición de desarrollo (procedente de enfoques biológicos del desarrollo infantil, especialmente de los de tipo maduracional) como cambio conductual que se caracteriza por la unidireccionalidad, un estado final, la irreversibilidad, la transformación cualitativo- estructural y la universalidad (Baltes, 1979, pp. 250)

Se establece que existe gran discontinuidad entre el desarrollo y el resto del ciclo vital; así, se argumenta que las concepciones de un solo factor (biológicas) y

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unidimensionales (crecimiento-declive) sobre el desarrollo a lo largo de todo el ciclo vital, son inapropiadas. Por el contrario, se adhiere a una postura que incluye a multidimensionalidad, multidireccionalidad y discontinuidad como rasgos claves de toda teoría del desarrollo humano a lo largo de todo el ciclo vital (Baltes, 1979).

Asimismo, Thomae (2002, citado en Dulcey, 2010) conceptualiza el estudio psicológico del desarrollo humano como “psicología del desarrollo del ciclo vital”. Se refiere a ésta como el estudio del cambio en el contexto de los ciclos individuales de vida. Plantea en relación con la psicología del ciclo vital y con el proceso de envejecimiento, las siguientes premisas: su carácter diferencial, multidimensional, multirrelacional, dependiente de muy diversas influencias, entre las cuales destacan los contextos vitales, la historia educacional, el funcionamiento cognoscitivo, las percepciones acerca de su propia vida y sus perspectiva (Dulcey, 2010)

La variabilidad interindividual en el comportamiento aumenta en la medida que el ciclo vital avanza. Los cambios que tienen lugar a lo largo de todo el ciclo vital pueden ser de naturaleza bastante diversa: la multidimensionalidad y multidireccionalidad de los procesos de cambio conductual son hechos frecuentes. Se explicita la complejidad del desarrollo a lo largo del ciclo vital, en cuanto los procesos de cambio conductual y por ende, las diferencias interindividuales. Se especifica la multidimensionalidad, multidireccionalidad y la discontinuidad debida a la gradación del curso de la vida (Neugarten, 1969). Los procesos de cambio conductual en el desarrollo a lo largo del ciclo vital no siempre abarcan todo el ciclo vital, ni tampoco son siempre consecuencia de influencias y procesos continuos. Así, los procesos de cambio conductual pueden diferir con arreglo a su comienzo, duración y terminación cuando son considerados dentro del marco del curso de la vida. Havighurst (1948) formula que las tareas evolutivas, en muchos puntos a lo largo del ciclo vital, incluida la senectud, pueden emerger nuevos procesos de cambio conductual (citado en Neugarten, 1999)

El desarrollo intelectual a lo largo de todo el ciclo vital no es una continuación unidireccional de la inteligencia infantil con secuencias universales, sino que evidencia rasgos de multilinealidad, multidimensionalidad, grandes diferencias interindividuales y gran plasticidad contextual. La evidencia de los efectos

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generacionales, las funciones evolutivas diferenciales para distintas dimensiones de la inteligencia, la sensibilidad de los ancianos a los programas de intervención confirman tal conclusión (Baltes, 1979, pp. 253).

La expansión o modificación de un concepto monolítico del desarrollo es importante a la hora de describir como es el desarrollo, y a su equivalente explicativa de dónde procede. La teoría del ciclo vital adopta una postura multicuausal, y se enumeran una lista de determinantes potenciales del cambio a lo largo del ciclo vital.

Sólo algunos de estos determinantes están relacionados con simples factores y mecanismos acumulativos asociados a la edad. De modo semejante, se adhirieron a modos de explicación interactivo-contextuales en lugar de personológicos (Baltes, 1979).

En referencia a este aspecto, el concepto de acontecimientos vitales significativos como un principio explicativo organizador para el cambio evolutivo en el adulto (Hultsch&Plemons, 1979). Bengtson y Black (1973), junto a Riley (1976) han usado rasgos estructurales de relaciones intergeneracionales y de edad- generación como principios explicativos para el cambio ontogenético (citado en Neugarten, 1999)

El paradigma del ciclo vital se fundamenta en una multidimensionalidad, multidireccionalidad y multicausalidad del desarrollo como un continuo proceso de cambios comandados por influencias genético- biológicas y socio- culturales. Este proceso de desarrollo está marcado por ganancias y pérdidas concurrentes, así como por una interacción entre el individuo y la cultura (Liberalesso, 2007).

En este paradigma se proponen las bases de un modelo de los procesos de selección, optimización y compensación, en el que se afianza la noción de que cualquier producto del desarrollo depende de las oportunidades y las restricciones propiciadas por el ambiente (Liberalesso, 2007). La teoría de optimización selectiva con compensación propuesta por Baltes expone las estrategias que se pueden emplear para el comportamiento con éxito a medida que se avanza en edad y se pierden facultades (Belsky, 2001). Según Baltes, para un desarrollo exitoso se necesita la selección, proceso en el que se centran las energías en aquellas actividades de la vida

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que sean más importantes desde el punto de vista personal. Un desarrollo exitoso exige la optimización: para el desarrollo del potencial humano se necesita trabajar con ahínco en las áreas fundamentales de la vida. Se necesita para el éxito un proceso de compensación: en los ámbitos que se han seleccionado, se debe confiar en el apoyo externo en aquello que no puede llevarse a cabo. Se describe la optimización selectiva con compensación como una estrategia de Baltes para adaptarse a los cambios de la edad, que incluye la limitación de los esfuerzos a áreas realmente prioritarias, el trabajo por optimizar el rendimiento de estas áreas y el uso de ayudas externas para compensar las pérdidas (Belsky, 2001, pp. 44).

La elaboración de este modelo de selección, optimización y compensación aplicado a la vejez se centra en la idea esencial de que el envejecimiento exitoso depende del esfuerzo selectivo aplicado a dominios en los cuales se mantiene el potencial de desarrollo y que dicho esfuerzo puede resultar en optimización de la funcionalidad, compensando las pérdidas normativas y no normativas ocasionadas por el envejecimiento (Liberalesso, 2007, pp. 1).

1.4. Enfoque multicausal del desarrollo en el ciclo vital

El enfoque multicausal parece ser necesario para explicar la complejidad del desarrollo a lo largo del ciclo vital. Tres sistemas de influencias regulan la naturaleza del desarrollo a lo largo de todo el ciclo vital: el ontogenético (relacionado con la edad), el evolutivo (relacionado con la historia) y el no- normativo (Baltes, 1979).

Estos tres conjuntos de influencias interaccionan en la producción de los procesos de cambio evolutivo (se especifica que no representa una teoría del desarrollo, sino más bien un recurso heurístico que se destina a generar preguntas acerca de las causas del desarrollo a lo largo de todo el ciclo vital) (Baltes, 1979)

Las influencias normativas relacionadas con la edad refieren a determinantes biológicos y ambientales que muestran una alta correlación con la edad cronológica.

Son aquellas que normalmente se consideran en la psicología evolutiva tradicional, como por ejemplo, la maduración biológica, y la socialización cuando se considera como algo consistente en la adquisición de roles o competencias asociadas a la edad (Baltes, 1979)

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Las influencias normativas relacionadas con la historia consisten en acontecimientos, e incluso normas, completamente generales experimentados por una unidad cultural dada en conexión con el cambio biosocial. Se evidencia en los efectos generacionales. Las influencias de tipo histórico pueden implicar tanto características ambientales como biológicas (Baltes, 1979). Dichos efectos biosociales varían con el tiempo histórico y pueden producir formas únicas de influencias relacionadas con una generación (Elder, 1979; Riley, 1976, citado en Baltes, 1979).

Las influencias no normativas en el desarrollo se refieren a determinantes ambientales y biológicos que, aunque significativos en su efecto sobre historias vitales individuales, no son generales. No ocurren a todo el mundo ni tienen lugar necesariamente en secuencias o patrones discernibles o invariables. Pueden ser acontecimientos laborales, familiares, o de salud en una persona o familia (Baltes, 1979).

Estos tres conjuntos de influencias interactúan entre sí; tienen efectos acumulativos y pueden cambiar con el tiempo. Hay una convergencia entre la complejidad del desarrollo a lo largo del ciclo vital y el sistema multicausal de influencias (en relación con su contenido, secuencia, duración, patrones, etc.). Son prerrequisitos para la diversidad en los resultados evolutivos (Baltes, 1979).

1.5. Visión sociológica del ciclo vital

Siguiendo esta línea, también se propone una visión sociológica del ciclo vital, en el que se considera que éste puede ser descrito como una sucesión de roles sociales y la personalidad puede ser definida como el producto de los cambiantes patrones de la socialización. En esta perspectiva de proponen tres dimensiones del tiempo: tiempo de vida, tiempo social e histórico (Neugarten, 1999).

Tiempo de vida se refiere a una visión del ciclo vital como una serie de cambios ordenado, desde la infancia a la adolescencia, madurez y vejez, con el horario biológico gobernando la secuencia de cambios en el proceso de crecimiento y envejecimiento. Se usa la edad cronológica para definir el tiempo de vida como un indicador de cambio. Se plantea, sin embargo, que la edad es un indicador de la posición de un individuo en cualquiera de las numerosas dimensiones físicas o

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psicológicas, en la que las diferencias individuales emergen durante el desarrollo. “La importancia de un marcador determinado del tiempo de vida constituye una función directa de la definición social de la edad, o de tiempo social” (Neugarten, 1999, pp.

111).

Tiempo social se refiere a la dimensión que se encuentra en la base del sistema de gradación por edad de una sociedad. La clasificación social no está sincronizada con la clasificación biológica del tiempo. Las expectativas de cada edad y su estatus son diferentes en cada sociedad, y por ende, “la edad cronológica no es por sí misma un factor determinante del sistema por edad, sino que meramente significa un potencial biológico sobre el cual el sistema de normas de edad y graduación de la edad puede dar forma al ciclo vital” (Neugarten, 1999, pp. 112).

El tiempo histórico determina el sistema social, y el sistema social crea un conjunto de normas de edad en un cambiante sistema de gradación por la edad que da forma al ciclo vital de individuo. El tiempo histórico se refiere a los procesos de largo plazo que crean el contexto sociocultural y las definiciones de las fases del ciclo vital en continua transformación. La historia es una serie de acontecimientos económicos, políticos y sociales que influyen directamente sobre el ciclo vital de los individuos que experimentan estos acontecimientos. El ciclo vital está sujeto a los procesos históricos que provocan transformaciones a largo plazo y que alteran gradualmente las instituciones sociales. A su vez, el ciclo vital está afectado por sucesos históricos más discretos (Neugarten, 1999).

De esta manera, se producen cambios en las definiciones sociales de grupos de edad, normas de edad y las relaciones entre los distintos grupos de edad y las relaciones entre los distintos grupos de edad. Los principales acontecimientos vitales aparecen en distintos momentos de la vida, indicando que este fenómeno está acompañado de cambios biológicos, sociales y económicos subyacentes en la sociedad (Neugarten, 1999)

Los individuos desarrollan un concepto de lo que debería ser un ciclo de vida normal y esperable, además de una serie de previsiones sobre los acontecimientos que se producirán en determinados momentos de la vida, un reloj mental que dice si son

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puntuales o se llega con retraso. Los acontecimientos de vida normales y predecibles en sí mismos no constituyen crisis vitales. Sin embargo, no se niega el hecho de que los acontecimientos previsibles y normales no precipiten reacciones críticas en las personas. En ningún caso todos los principales acontecimientos que ocurren a lo largo de la vejez suponen pérdidas para el individuo. “La mayor parte de los acontecimientos cuando se producen en momentos adecuados se consigue la reconciliación sin romper las estrategias del individuo para enfrentarse al mismo. Las normas y expectativas de la edad son reflejos del tiempo y una cronología definidos por la sociedad, y esta puntualidad social es importante para entender los patrones de adaptación” (Neugarten, año, pp. 136).

2. Aspectos de la vejez

2.1 Aspecto biológico en la vejez 2.1.1 Salud física en la vejez.

La edad de jubilación para los hombres es a los 65 años ya que a partir de esta edad los sujetos comienzan deteriorarse físicamente, sin embargo, especialistas mencionan que no se puede hablar de una edad en particular en la cual este comienza.

Los expertos mencionan que los rasgos físicos del envejecimiento tienen su origen entre la década de los 30 y los 40 años (OMS). Cuando se habla de un cambio físico este no tiene retorno, pero no se puede determinar una edad específica. El proceso de envejecimiento no se puede evitar ni alterar, sin embargo, estudios en sujetos ancianos demuestran que factores como una vida físicamente activa, con una alimentación apropiada y una integración social, afectiva y familiar adecuada, inciden positivamente en el desarrollo total de los sujetos y llevan a una mejora en la calidad de vida (González, 2006).

Según la Teoría del envejecimiento biológico, la especie humana estaría

“determinada genéticamente por un calendario de envejecimiento y muerte. En base a este planteamiento, ese tipo de deterioro podría estar ubicado en el ADN celular, o a un nivel más general en la zona del hipotálamo y en el sistema inmune. Ambos serían los encargados de regular, prevenir y evitar cualquier agresión celular. Bajo esta

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línea, los estudios postulan que los cambios que se producen a un nivel fisiológico con el paso de los años no sólo se constatan en los resultados en relación al ámbito de lo fisiológico y lo metabólico sino que también se producen cambios en los tejidos celulares y sistemas corporales” (Tobin, 1977, citado en González, E., pp.470, 2006).

Estos cambios varían no sólo entre los sujetos sino que también en el propio, el cual sufre diversas alteraciones. Ejemplo de los factores que estimulan el deterioro son las enfermedades, ya que producen pérdidas fisiológicas considerables (Baltimore, 1996 citado en González, 2006). Estas pérdidas son inevitables ya que son parte del proceso de envejecimiento normal en el cual se evidencia dificultades respiratorias, complicaciones cardiacas y afecciones renales. Las características que están relacionadas con el proceso de envejecimiento se evidencian “arrugas, canas, calvicie, cambios y sequedad en la piel, flacidez muscular, problemas articulares, fragilidad y pérdida de masa ósea, así como las posibles arteriosclerosis, fragilidad y pérdida de la masa de las arterias” (González, pp.471, 2006). De ahí que para el sujeto sea más difícil recuperarse de cualquier complicación de salud ya que al sufrir de enfermedades agudas o crónicas, se fragiliza la reserva fisiológica de los sujetos. Es por esto que las enfermedades acrecientan las limitaciones de salud que el sujeto mayor tiene, ya que condicionan el curso de los cambios sufridos por el envejecimiento biológico.

Entre los 45 y 50 añoscomienza a disminuir la agudeza de los sentidos. Esta disminución provoca que los sujetos mayores tengan una percepción distinta de la información que reciben ya que los sentidos condicionan a esta.

El funcionamiento de la visión comienza a decaer más aceleradamente cuando los objetos se encuentran en movimiento que cuando están estáticos. A la edad de los 65 años el sujeto comienza a perder la visión en las zonas periféricas del campo visual, como también la sensibilidad al campo de los contrastes, volviéndose vulnerable a los cambios de luminosidad, destellos y reflejos. Suma a esto aparecen enfermedades típicas como cataratas y glaucoma. Este declive se acrecienta a los 84 años y genera dificultades en sus relaciones sociales y malestar en sus actividades recreativas (González, 2006).

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La audición se agrava a los 84 años. Los efectos que genera el envejecimiento del oído son: pérdida de las frecuencias altas, enlentecimiento cerebral y de las áreas de asociación y de almacenamiento auditivo, surgiendo también zumbidos. Los problemas son de presbiacusia sensorial nerviosa, metabólica y mecánica. También aparecen dificultades de comunicación que originan asilamiento y depresión (González, 2006).

El olfato y gusto no son tan fundamentales en la adaptación social del sujeto, sin embargo, estos se encuentran implicados en la nutrición del sujeto.

Aproximadamente a los 50 años las células receptivas olfativas y gustativas comienzan a deteriorarse lo que lleva a que el sujeto requiera de sustancias olorosas más concentradas para que este las logre percibir. Esto hace que el sujeto vaya perdiendo interés por el alimento generando una mala nutrición ya que no percibe ni olores ni sabores (González, 2006).

El funcionamiento del tacto sufre una pérdida considerable entre los 60 y 70 años. Los adultos mayores son intolerantes a las temperaturas extremas. El dolor, al igual que el tacto disminuye su insensibilidad a los 60 años (González, 2006).

2.1.2 Aspecto cognitivo en la vejez.

La atención comienza a disminuir aproximadamente a los 64 años. Algunos autores suponen que esto es consecuencia de los factores biológicos, sin embargo, otros consideran que se debe a factores emocionales o de motivación (González, 2006).

La atención puede ser comprendida bajo distintos tipos. En primer lugar la atención sostenida, que refiere a recibir información de manera precisa. El hecho de mantener la información no estaría afectado por la edad. Pese a esto los mayores serían menos precisos en la captación de información ya que se distraerían y pondrían menos interés en esta tarea debido a que se encontrarían abstraídos en sus propios pensamientos. Seguido de la atención sostenida está la de tipo dividida que alude a la capacidad del sujeto poner atención a la vez a diferentes tareas. Los ancianos tendrían dificultades en esta área cuando deben atender a tareas complicadas. No se ha podido

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comprobar si es que esto se debe a que se tengan que dar dos tipos de respuestas motoras diferentes o a que exista un enlentecimiento generalizado. En tercer lugar los autores mencionan la atención selectiva. Esta tiene que ver con la selección de información relevante. En los ancianos se evidencia que son más lentos pero más precisos que los jóvenes cuando la información es sencilla. Sin embargo cuando la información que se debe captar es compleja, se evidencian diferencias significativas entre los ancianos y los jóvenes debido a un enlentecimiento de los procesos de atención. Por último está el cambio de atención en la cual se evidencia que cuando los ancianos deben procesar informaciones alternativas estos son menos precisos y más lentos por la reducción en la memoria de corto plazo. Sin embargo estudios postulan que esta dificultad podría disminuirse con reforzamiento y estimulación (McDowd y Birren 1990 citado en González, 2006).

El declive intelectual va decreciendo tardíamente ya que se establece una distribución continua entre edad y puntuaciones. Este comienza a los 75 años, sin embargo, no se produce de igual manera entre los sujetos ni con la misma velocidad, es por esto que en algunos hay funciones que se encuentran mantenidas y en otros no.

los sujetos mayores de 60 años comienzan a procesar la información de manera más lenta por lo que necesitan más tiempo para extraerla (Perlmutter y Hall 1992 citado en González, 2006).

Dentro de los factores que indican deterioro cognitivo se encuentra la variable velocidad, debido a que esta con el paso de la edad disminuye en relación a los procesos sensoriales y motores. Además el sujeto sufre un enlentecimiento generalizado lo que implica que trabaje de manera lenta a nivel cerebral con implicancias motrices y perceptivas ya que las conexiones neuronales se encuentran debilitadas perdiendo parte de la información. Por otra parte hay diferentes formas de procesamiento de información, y con la edad algunos de estos se hacen efectivos y en otros no. Por último los sujetos mayores van reduciendo los recursos cognitivos como la atención, velocidad en el procesamiento de información y memoria de trabajo (Light, 1991 citado en González, 2006).

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El deterioro del desarrollo cognitivo en base a la hipótesis del desuso se demuestra cuando a los ancianos se los enfrentan a pruebas poco habituales y al ser comparados con los jóvenes, se evidencian diferencias significativas en su rendimiento. A pesar de esto, cuando tienen que actuar frente a actividades usuales, las diferencias disminuyen considerablemente porque estos no tendrían dificultades ya que utilizan estrategias que ya con conocidas para ellos. En segundo lugar el autor propone que los adultos mayores utilizan estrategias ineficientes (Light, 1991 citado en González, 2006). Por último postula la hipótesis del entorno cambiante que refiere a que el entorno socioeducativo para las nuevas generaciones atrasa el degeneramiento cognitivo por lo que las nuevas generaciones tendrían un menor declive cognitivo a diferencia de los ancianos actuales (Light, 1991 citado en González, 2006).

Existe un declive en el aprendizaje y en las aptitudes intelectuales luego de los 60 años. Comienzan a aparecer dificultades en relación a recordar información que no se encuentra organizada en categorías. Por otra parte se evidencian diferencias significativas en el nivel educativo de los ancianos, teniendo dificultad para aprendizajes nuevos González (2006).

El deterioro de las aptitudes intelectuales va aumentando cada 7 años. La inteligencia fluida disminuye mientras que la de tipo cristalizada permanece por más tiempo. En la década de los 80´ se postula que se le debe dar importancia a la experiencia y a la práctica en cualquier edad por lo que es necesario entrenarla y potenciarla durante todo el ciclo vital. De ahí que se ponga énfasis en la influencia de los estímulos externos y en el tipo de educación que se tenga. Las aptitudes perceptivas y de rapidez disminuyen con la edad, mientras que las verbales se mantienen. La inteligencia práctica toma protagonismo ya que lo que le interesan a los ancianos es la competencia social y las tareas cotidianas a diferencia de las tareas académicas (González, 2006).

El deterioro cognitivo leve refiere al estado entre la normalidad y la demencia en la que las personas que se encuentran en este estado están en un estado de riesgo superior en comparación con la población general para el desarrollo de una demencia.

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Los criterios para identificarla son alteración subjetiva y objetiva de la memoria, deterioro en el funcionamiento de la memoria episódica y déficit en la atención y la ejecución. En el lenguaje el deterioro se evidencia en la fluidez y el nombrar objetos.

También se produce un déficit en la función ejecutiva. En relación a los factores fisiológicos que evidencian el deterioro cognitivo leve, no hay un marcador biológico claro que determine su diagnóstico ni tampoco para la enfermedad de Alzheimer (González, 2006).

La demencia es uno de los problemas mayores a los que los ancianos se ven enfrentados en este siglo. Dentro de los factores que hacen que se le de relevancia a esta enfermedad, se concibe como el más determinante el demográfico ya que debido al aumento de la esperanza de vida. Es por esto que debido a la rápida expansión de sujetos mayores de 80 años, la demencia afectaría a uno de cada cinco sujetos. La demencia según DSM IV- TR (2002 citado en González 2006) es parte de los trastornos orgánicos cerebrales en conjunto con el delirium, trastorno cognoscitivo no especificado y trastorno amnésico. La demencia se caracterizaría por el deterioro de la memoria de corto y largo plazo con manifestaciones tales como que la persona no se acuerda de lo que comió o que se encuentra imposibilitada de formular aprendizajes nuevos. En casos más graves el sujeto no podría acordarse de su propio nombre. Por otra parte hay una incapacidad para aprender información nueva y olvidan lo aprendido anteriormente. Además hay un deterioro en el pensamiento abstracto ya que el sujeto no es capaz de hacer relaciones ni diferencias entre conceptos. Se evidencia una alteración en la capacidad de juicio en relación a que el sujeto no es capaz de planificar tareas o de enfrentarse a situaciones nuevas. El sujeto con demencia presenta afasia (incapacidad para la producción y comprensión del lenguaje), apraxia (deterioro en la ejecución motora) y agnosia que refiere a la incapacidad para reconocer objetos y personas (DSM IV-TR, 2002 citado en González 2006).

La depresión o manifestación de ciertas características de esta son indicio del problema emocional en el que se introducen las personas mayores. La prevalencia a esta enfermedad aumenta en un 80% en los ancianos institucionalizados. Desde una perspectiva biológica esta baja de ánimo se correspondería a los cambios bioquímicos

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y fisiológicos a los que el individuo se ve sometido por el envejecimiento. La forma en que una persona se adapta al proceso de envejecer, en el caso de enfrentarse a pérdidas familiares sociales o laborales, actúa como variable al momento de enfrentar una depresión (González, 2006).

Dentro de los factores sociales que inciden en la depresión se consideran la baja de ingresos, pérdida de amistades, cambio en los roles sociales o cambios de vivienda.

Los síntomas de la depresión se pueden identificar como los de tipo anímico que refieren al sentimiento de abatimiento, infelicidad e irritabilidad y en algunas ocasiones disforia. Los motivacionales aluden a un estado de apatía y desgano e incapacidad para disfrutar. Debido a esto puede aparecer un enlentecimiento de la respuesta psicomotora. Además de esto se presentan síntomas cognitivos en torno a una autovaloración negativa y una visión negativa en relación al futuro. Por último es común presenciar síntomas físicos como pérdida del apetito, insomnio, anhedonia y disminución de la actividad (Carstensen y Edelstein, 1990; Fernández-Ballesteros, Izal y Díaz, 1997; Jangua, 1998 citado en González 2006).

2.2 Aspecto psicosocial de la vejez

Durante la adolescencia la principal tarea psicológica consiste en la formación de la identidad, y durante la juventud, ajustar el yo a la sociedad. Durante la joven edad adulta, se considera que las principales preocupaciones son las relacionadas con la intimidad, la paternidad, y el cumplimiento de las expectativas en el mundo del trabajo. Los objetivos importantes consisten en un equilibrio entre el luchar por mejorar y cumplir con las obligaciones e implicarse en las vidas de pocas personas significativas, mientras se consigue reconocimiento individual, competitividad y profesionalidad. Las transiciones hacia los principales roles en la familia y el trabajo se están produciendo a menores intervalos de tiempo y creando problemas para ambos sexos (Neugarten, 1999).

En la edad mediana, se describen “aspectos psicológicos relacionados con los nuevos roles familiares, relaciones matrimoniales, con nuevas expectativas sobre lo que significa ser hombre y mujer. El cambio del sentimiento del yo a medida de los

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triunfos y los fracasos, traen consigo una nueva consciencia del envejecimiento y también la conciencia del yo como puente entre generaciones. También aparecen responsabilidades asociadas a la preocupación a causa del bienestar de los padres que envejecen, y también la necesidad de actuar como modelo o guía de los jóvenes.

Otros temas se relacionan con una mayor tendencia a balancear, más introspección y reflexión. Para ambos sexos se tiene la noción de que el cuerpo es menos predecible que antes y se presta mayor atención al control del cuerpo” (Neugarten 1999, pp.

139).

Para la tercera edad o vejez, surgen temas relacionados con la renuncia y la adaptación a la pérdida de trabajo, amigos o cónyuge como el abandono de una posición de autoridad y la puesta en cuestión de las competencias antiguas;

reconciliación con otros significativos, y sus propios éxitos y fracasos. Al igual que la aceptación de la tristeza por la muerte, y el advenimiento de la propia, como también, la conservación de un sentido de integridad en cuanto a lo que ha sido, y la preocupación acerca del legado (Neugarten, 1999)

Durante la vejez se obtienen triunfos acerca de lo que es la vida y su sabiduría, de una forma que los jóvenes no pueden entender; la certeza de que después de haber experimentado dolor físico y psicológico, se sobrevive y recupera con capacidad de enfrentar el futuro. La preocupación acerca del tiempo que queda por vivir, la dependencia y el deterioro son los espectros de la edad avanzada. “La aceptación de la propia muerte puede ser imposible de contemplar, sin embargo en la vejez las personas se muestran con libertad para hablar de ella y expresar su preocupación, y la forma en que ésta se presentará” (Neugarten, 1999, pp. 140)

Los aspectos de la adultez se mencionan en orden secuencial, pero no aparecen únicamente en determinados momentos de la vida. La identidad se hace y se transforma. “Aspectos como la intimidad, la libertad, la amistad, la presión del tiempo la redefinición de los objetivos de vida, balances, reconciliación y aceptación de éxitos y fracasos, les puede preocupar tanto a jóvenes como a los mayores”

(Neugarten, 1999, pp. 141).

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