OFICIO DE LAS COMPLETAS MAYORES
Diócesis de Sudamérica
Iglesia Ortodoxa Rusa en el Exterior (ROCOR)
Diakonía Ortodoxa de San Germán de Alaska
Oficio de Completas Mayores
Sacerdote: Bendito sea nuestro Dios en todo tiempo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén. Oh, Rey Celestial, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todas partes y llenas todas las cosas, Tesoro de todo lo bueno, y Dispensador en la Vida, ven y mora en nosotros, purifícanos de toda mancha y salva nuestras almas, Oh Bondadoso.
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Oh, Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Oh, Señor, perdona nuestros pecados. Oh, Soberano, absuelve nuestras transgresiones; Oh, Santo, mira y sana nuestras debilidades por Tu nombre.
Señor, ten piedad (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan sustancial nuestro, dánoslo hoy, y perdona nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación, más líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Venid, adoremos al Rey nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante Cristo Rey, nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante Cristo mismo, Rey y Dios nuestro.
Y si es la primera semana de la Gran Cuaresma, comenzamos con el Salmo 69, si no, se omite el Salmo 69, y continuamos con el Salmo 4:
SALMO 69
Oh Dios, atiende a mi Socorro; acude luego Señor a ayudarme. Sean avergonzados y corridos los que persiguen de muerte. Arrédrese y confúndanse los que se
complacen en mis males. Sean puestos en vergonzosa fuga aquellos que me dicen:
¡Bueno! ¡Bueno! Regocíjense y alégrense en Ti todos los que Te buscan; y digan sin cesar los que aman Tu salvación: Engrandecido sea el Señor. Yo por mí soy un menesteroso y pobre; oh Dios, ven en mi ayuda. Mi amparo y mi libertador eres Tú, oh Señor, no tardes.
Y luego cantamos el Gran Canon de San Andrés de Creta.
Pero si no es la primera semana de Gran Cuaresma, después de “Venid, adoremos…” comenzamos con:
SALMO 4
Al invocar me escuchó el Dios de mi justicia, en la tribulación Te dilataste para mí.
Compadécete de mí y escucha mi oración. Hijos de hombres, ¿hasta cuándo tendrán pesado el corazón? ¿Por qué aman vanidad y buscan mentira? Sepan que el Señor hizo maravilloso a Su Santo, el Señor me escuchará cuando Le clame.
Enójense pero no pequen, de lo que digan en sus corazones arrepiéntanse en sus lechos. Sacrifiquen sacrificios de justicia y esperen en el Señor. Muchos dicen:
“¿Quién nos manifestará lo bueno?”. La luz de Tu rostro, oh Señor, está señalada sobre nosotros. Tú has dado alegría a mi corazón, se han saciado con el fruto de su trigo, vino y aceite. En paz y en el mismo lugar me acuesto y duermo, porque Tú me estableciste sólo, Señor, en la esperanza.
SALMO 6
Oh Señor, no me reprendas en Tu furor, ni en Tu ira me castigues. Apiádate de mí, Señor, pues estoy débil, sáname, pues mis huesos están turbados y mi alma sobremanera está turbada y Tú, Señor, ¿hasta cuándo? Vuélvete, Señor, libra a mi alma, sálvame por Tu misericordia. Porque en la muerte no hay quién se acuerde de Ti y en Hades, ¿quién Te confesará? Estoy extenuado en mi gemido, bañaré cada noche mi lecho, con lágrimas mi estrado regaré. Mi ojo está turbado de furor, envejecido estoy entre todos mis enemigos. Apártense de mí todos los que obran la maldad, porque el Señor ha oído la voz de mi llanto. El Señor ha oído mi súplica, el Señor ha acogido mi oración. Que todos mis enemigos sean sobremanera avergonzados y conturbados, que se vuelvan y pronto sean sobremanera avergonzados.
SALMO 12
¿Hasta cuándo, oh Señor, me has de tener en profundo olvido? ¿Hasta cuándo apartarás de mí Tu rostro? ¿Cuánto tiempo andaré yo cavilando conmigo mismo, penando mi corazón día y noche? ¿Hasta cuándo mi tiranizará mi enemigo?
Vuelve Tu vista sobre mí, oh Señor Dios mío, escúchame; ilumina mis ojos, a fin de que no duerma yo jamás el sueño de la muerte. No sea que alguna vez diga mi enemigo: he prevalecido contra él. Los que me atribulan se regocijarán si me ven vacilar. Pues yo tengo puesta mi confianza en Tu misericordia, mi corazón se
alegrará en Tu salvación. Cantaré al Señor, que es mi benefactor, y cantaré el nombre del Señor Altísimo.
Vuelve Tu vista sobre mí, oh Señor Dios mío, escúchame; ilumina mis ojos, a fin de que no duerma yo jamás el sueño de la muerte. No sea que alguna vez diga mi enemigo: he prevalecido contra él.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya, aleluya, aleluya. Gloria a Ti, oh Dios. (Tres veces).
Señor, ten piedad. (Tres veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
SALMO 24
A Ti, oh Señor, he levantado mi alma. En Ti, oh Dios mío, tengo puesta mi confianza: no quedaré avergonzado, ni se burlarán de mí mis enemigos, porque ninguno que espere en Ti quedará confundido. Sean cubiertos de confusión todos aquellos que vana e injustamente obran la iniquidad. Muéstrame, oh Señor, Tus caminos y enséñame Tus senderos. Encamíname según Tu verdad e instrúyeme, pues Tú eres el Dios Salvador mío; y Te estoy esperando todo el día. Acuérdate Señor de Tus piedades y de Tus misericordias usadas en los siglos pasados. Echa en el airido los delitos o flaquezas de mi mocedad y mis necedades. Acuérdate de mí, según Tu misericordia, acuérdate de mí, oh Señor, por Tu bondad. El Señor es bondadoso y justo; por lo mismo dirigirá a los pecadores por el camino que deben seguir. Dirigirá a los humildes por la vía de la justicia, enseñará sus caminos a los apacibles. Todos los caminos del Señor son misericordia y verdad para los que buscan su santa alianza y sus mandamientos. Por la gloria de su Santo Nombre, oh Señor, me has de perdonar mi pecado que ciertamente es muy grave. ¿Quién es el hombre que teme al Señor? Dios le ha prescrito la regla que debe seguir en la carrera que escogió. Reposará su alma entre bienes, y sus hijos poseerán la tierra.
El Señor es firme apoyo de los que le temen, y a ellos revela sus misterios. Mis ojos están siempre fijos en el Señor, pues Él ha de sacar mis pies del lazo. Vuelve, Señor, hacia mí Tu vista y ten de mí compasión, porque me veo solo y pobre. Las tribulaciones de mi corazón se han multiplicado; líbrame de mis congojas, mira mi humillación y mi trabajo y perdona todos mis pecados. Repara en mis enemigos cómo se han multiplicado, cuán injusto es el odio con que me aborrecen. Guarda mi alma y líbrame; nunca quede yo sonrojado, habiendo puesto en Ti mi esperanza.
Los inocentes y justos se han unido conmigo porque yo esperé en Ti, oh Señor.
Libra a Israel, oh Dios mío, de todas sus tribulaciones.
SALMO 30
Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca me vea defraudado! Líbrame, por tu justicia;
inclina tu oído hacia mí y ven pronto a socorrerme. Sé para mí una roca protectora, un baluarte donde me encuentre a salvo, porque tú eres mi Roca y mi baluarte: por tu Nombre, guíame y condúceme. Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi refugio. Yo pongo mi vida en tus manos: tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
Yo detesto a los que veneran ídolos vanos y confío en el Señor. ¡Tu amor será mi gozo y mi alegría! Cuando tú viste mi aflicción y supiste que mi vida peligraba, no me entregaste al poder del enemigo, me pusiste en un lugar espacioso. Ten piedad de mí, Señor, porque estoy angustiado: mis ojos, mi garganta y mis entrañas están extenuados de dolor. Mi vida se consume de tristeza, mis años, entre gemidos; mis fuerzas decaen por la aflicción y mis huesos están extenuados. Soy la burla de todos mis enemigos y la irrisión de mis propios vecinos; para mis amigos soy motivo de espanto, los que me ven por la calle huyen de mí. Como un muerto, he caído en el olvido, me he convertido en una cosa inútil. Oigo los rumores de la gente y amenazas por todas partes, mientras se confabulan contra mí y traman quitarme la vida. Pero yo confío en ti, Señor, y te digo: "Tú eres mi Dios, mi destino está en tus manos". Líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me persiguen. Que brille tu rostro sobre tu servidor, sálvame por tu misericordia;
Señor, que no me avergüence de haberte invocado. Que se avergüencen los malvados y bajen mudos al Abismo; que enmudezcan los labios mentirosos, los que profieren insolencias contra el justo con soberbia y menosprecio. ¡Qué grande es tu bondad, Señor! Tú la reservas para tus fieles; y la brindas a los que se refugian en ti, en la presencia de todos. Tú los ocultas al amparo de tu rostro de las intrigas de los hombres; y los escondes en tu Tienda de campaña, lejos de las lenguas pendencieras. ¡Bendito sea el Señor! Él me mostró las maravillas de su amor en el momento del peligro. En mi turbación llegué a decir: "He sido arrojado de tu presencia". Pero tú escuchaste la voz de mi súplica, cuando yo te invocaba. Amen al Señor, todos sus fieles, porque él protege a los que son leales y castiga con severidad a los soberbios. Sean fuertes y valerosos, todos los que esperan en el Señor.
SALMO 90
El que se acoge al asilo del Altísimo morará bajo la protección del Dios del cielo. El dirá al Señor, Tú eres mi amparo y mi refugio el Dios mío en quien confiaré. Porque El me ha librado del lazo de los cazadores y de terribles adversidades. Con sus plumas te hará sombra, y debajo de sus alas estarás confiado. Su verdad te cercará como escudo, no temerás terrores nocturnos, ni la seta disparada de día no al enemigo que anda entre tinieblas ni los asaltos del demonio en medio del día.
Caerán a Tu lado mil y diez mil a Tu diestra, más ninguna te acercará. Tú lo estarás contemplando con tus ojos y verás el pago que se da a los pecadores. Y como eres Tú oh Señor, mi esperanza, has escogido al Altísimo para asilo tuyo. No llegará a Ti el mal, ni el azote se acercará a Tu morada. Porque él mandó a sus ángeles que cuidasen de Ti, los cuales te guardarán en cuantos pasos dieres. Te llevarán en sus manos, no sea que tropiece Tu pie en alguna piedra. Andarás sobre áspides y basiliscos y hollarás los leones y dragones. Por cuanto en mí ha puesto su esperanza, yo le libraré y le protegeré pues ha conocido mi Nombre. Clamará a mí y le oiré benigno, con él estoy en la tribulación; lo libraré y le glorificaré. Le saciaré con una vida muy larga, y le haré ver mi salvación.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya, aleluya, aleluya. Gloria a Ti, oh Dios. (Tres veces).
Señor, ten piedad. (Tres veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Luego cantamos estos versos con melodía dulce, no rápida sino lentamente y en voz alta (los Viernes por la noche esto es leido, y el texto entre este himno y el Creo, es leído, no cantado):
Coro: Con nosotros está Dios, entendedlo, oh naciones, y sean sumisos: porque con nosotros está Dios. (Dos veces, si hay dos coros)
Lector: Escuchad hasta los confines de la tierra.
Coro: PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
Vosotros los potentes sujetaos, y seréis vencidos.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
Y el consejo que toméis, el Señor lo desbaratará.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
Proferid palabra, y no será firme.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
Y de vuestro temor no tendremos miedo ni temor.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
Mas el Señor nuestro Dios, a Él santificaremos, y será nuestro temor.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
Y si confiase en Él, será mi santificación.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
Esperaré en Él y seré salvado por Él.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
He aquí yo y los hijos que me dio el Señor.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
El pueblo que andaba en tinieblas ha visto una gran luz.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
A los moraban en la tierra y sombra de la muerte, una luz resplandecerá sobre ellos.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
Porque un niño nos ha nacido, un Hijo nos es dado.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
Y el principado ha sido puesto sobre Su hombro.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
Y su paz no tendrá fin.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
Y tendrá por nombre Ángel del Gran Consejo.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
Admirable Consejero.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
Dios Fuerte, Poderoso, Príncipe de Paz.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
Padre del siglo venidero.
PORQUE CON NOSOTROS ESTÁ DIOS.
Coro: Con nosotros está Dios, entendedlo, oh naciones, y sean sumisos:
porque con nosotros está Dios. (Dos veces, si hay dos coros)
Lector: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Coro: Con nosotros está Dios.
Lector: Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Coro: Con nosotros está Dios. Con nosotros está Dios!
E inmediatamente estos troparios:
Coro: El día ha pasado, te doy gracias, oh Señor * la tarde, junto con la noche, yo Te ruego,* concédeme sin pecado, oh Salvador, * y sálvame.
Gloria al Padre, al Hijo, * y al Espíritu Santo.
El día ha pasado, te doy gracias, oh Señor * la tarde, junto con la noche, yo Te ruego,* concédeme sin tentación, oh Salvador, * y sálvame.
Ahora y siempre, * y por los siglos de los siglos. Amén.
El día ha pasado, te doy gracias, oh Señor * la tarde, junto con la noche, yo Te ruego,* concédeme sin peligro, oh Salvador, * y sálvame.
En el Sexto Tono:
La naturaleza incorpórea de los Querubines * con incesantes himnos Te glorifican. * Los seres de seis alas, los Serafines, * con voces incesantes Te ensalzan.
* Y todos los ejércitos angelicales * con himnos trisagios te alaban. * Porque Tú eres antes de todo el Padre, * y tienes a Tu Hijo co-eterno; * y teniendo al Espíritu de Vida igual en honor, * manifiestas la Indivisible Trinidad. * Oh Santísima Virgen Madre de Dios, * y testigos oculares del Verbo y siervos, * todos los coros de Profetas y Mártires, * como aquellos que tienen la vida inmortal, * interceded con diligencia por todos nosotros, * porque estamos afligidos; * para que al ser liberados del engaño del malvado, * podamos clamar el himno angelical: Santo, Santo, Santo, Señor Tres veces santo, * ten piedad y sálvanos. Amén.
E inmediatamente, en voz baja, el lector:
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra, y de todo lo visible e invisible. Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos; Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, nacido, no creado, consustancial al Padre, por quien todo fue hecho, quien por nosotros los hombres y para nuestra salvación, descendió del cielo, se encarnó del Espíritu Santo y María Virgen y se hizo hombre. Fue crucificado también por nosotros, bajo Poncio Pilatos; padeció y fue sepultado y resucitó al tercer día, según las Escrituras. Subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre. Y otra vez ha de venir con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos, y su Reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor, Vivificador, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado, que habló por los Profetas. Y la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica. Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero. Amén.
E inmediatamente, “Oh Santísima Señora…”; todos, excepto el último verso, se dicen dos veces, pero “Oh Santísima Señora…”, es dicho tres veces. [Si hay dos coros, ellos se alternan, y si solo uno, el coro podría alternarse con el Sacerdote] Y con cada uno hacemos una postración, excepto los Viernes por la noche, cuando esto es leído en vez de ser cantado, y hacemos una inclinación:
Oh Santísima Señor Madre de Dios, intercede por nosotros pecadores. (Tres veces)
Oh todas las Potestades Celestiales de los santos Ángeles y Arcángeles, interceded por nosotros pecadores. (Dos veces)
Oh San Juan, Profeta, Precursor y Bautista de nuestro Señor Jesucristo, intercede por nosotros pecadores. (Dos veces)
Oh santos gloriosos Apóstoles, Profetas y Mártires, y todos los Santos, interceded por nosotros pecadores. (Dos veces)
Oh santos y teóforos padres, pastores y maestros ecuménicos, interceded por nosotros pecadores. (Dos veces)
Oh (santo patrono del templo), intercede por nosotros pecadores. (Dos veces)
Oh Invencible, incomprensible y divino poder de la preciosa y vivificadora Cruz no nos abandones a nosotros pecadores. (Dos veces)
Oh Dios, purifícanos a nosotros pecadores. (Dos veces)
Oh Dios, purifícanos a nosotros pecadores, y ten piedad de nosotros.
Lector: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Oh, Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Oh, Señor, perdona nuestros pecados. Oh, Soberano, absuelve nuestras transgresiones; Oh, Santo, mira y sana nuestras debilidades por Tu nombre.
Señor, ten piedad (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Vénganos Tu Reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan sustancial nuestro, dánoslo hoy, y perdona nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación, más líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Luego lee los siguientes Troparios, a menor que haya una fiesta, en cuyo caso decimos el Tropario de la Fiesta (tal como el de Natividad, los Cuarenta Mártires, el Encuentro de la Preciosa Cabeza del Precursor, etc.):
Los Lunes y Miércoles por la noche, en el Segundo Tono:
Vuelve Tu vista sobre mí, oh Señor Dios mío, escúchame; ilumina mis ojos, a fin de que no duerma yo jamás el sueño de la muerte. No sea que alguna vez diga mi enemigo: he prevalecido contra él.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Oh Dios, sé el defensor de mi alma, pues camino entre muchas redes;
líbrame de ellas y sálvame, oh Bondadoso, porque Tú eres amante de la humanidad.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Theotokion: Puesto que no tenemos osadía por la multitud de nuestros pecados, Tú oh Virgen Madre de Dios, ruega al que de Ti nació, porque los ruegos de la Madre pueden mucho con la Buena voluntad del Soberano. No desprecies las súplicas de los pecadores, oh Purísima, pues Él es misericordioso y puede salvarnos, ya que quiso sufrir por nosotros.
Los Martes y Jueves por la noche, estos troparios, en el Octavo Tono:
Oh Señor, Tú que conociste la vigilancia incesante de mis invisibles adversarios, y la debilidad de mi carne miserable, oh Tú que me formaste: Por tanto en Tus manos encomendaré mi espíritu; ampárame con las alas de Tu bondad, para no dormir en la muerte, e ilumina los ojos de mi mente para el gozo de Tus divinas palabras, y levántame en un tiempo oportuno para Tu glorificación, porque sólo Tú eres bueno y amante de la humanidad.
Stijos: Mírame y escúchame, Señor Dios mío.
Cuán terrible es Tu juicio, oh Señor, rodeado con los ángeles, siendo llevados los hombres, los libros abiertos, los hechos examinados. ¿Qué juicio caerá sobre mí, que fui concebido en pecado? Quién apagará el fuego por mí, quién eliminará la oscuridad por mí, si no Tú, oh Señor, que tienes misericordia de mí, como Amante de la humanidad.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Cóncédeme, oh Dios, lágrimas como Tú concediste a la mujer pecadora, y hazme digno de humedecer tus pies que me han librado del camino del engaño, y para ofrecer a Ti como mirra fragante, una vida pura, creada en mí por el arrepentimiento, para que yo pueda oír Tu anhelada voz: Tu fe te ha salvado, vete en paz.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Theotokion: Teniendo en Ti, oh Madre de Dios, una esperanza que no puede ser confundida, yo seré salvado; habiendo obtenido tu mediación, oh Purísima, no tendré miedo. Perseguiré a mis enemigos y triunfaré sobre ellos, habiéndome cubierto como una adarga, sólo con tu protección; e implorando tu omnipotente socorro, te clamo: ¡oh Soberana Señora, sálvame por tu intercesión, y despiértame del sueño sombrío a tu glorificación, por el poder del hijo de Dios, que se encarnó en ti.
Luego, se continúa:
Señor, ten piedad. (40 Veces)
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Tú eres más venerable que los Querubines e incomparablemente más gloriosa que los Serafines a ti que sin mancha diste a luz al Verbo de Dios y que verdaderamente eres la Madre de Dios, te magnificamos.
En el nombre del Señor, padre (soberano) bendice.
Sacerdote: Por las oraciones de nuestros santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros.
Lector: Amén.
Y esta Oración de Basilio el Grande:
Señor, Señor, que nos has librado de la saeta que vuela de día, líbranos también de todo lo que anda en tinieblas. Recibe la elevación de nuestras manos como sacrificio vespertino. Haznos dignos también de pasar el curso de la noche sin mancha, ni ser tentado por el mal. Y líbranos de toda ansiedad y temor que viene del diablo. Concede contrición a nuestras almas y a nuestros pensamientos esmero con relación a Tu juicio temible y justo. Clava nuestra carne a Tu temor y mortifica nuestros miembros carnales, a fin de que en la calma del suelo seamos iluminados por la contemplación de Tus juicios. Quítanos todo pensamiento quimérico indecoroso y deseo injurioso. Levántanos a la hora de la oración confirmados en la fe y avanzando en Tus mandamientos, por la buena voluntad y bondad de Tu Hijo Unigénito, con quien Eres bandito, junto con Tu santísimo, bueno y vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Venid, adoremos al Rey nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante Cristo Rey, nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante Cristo mismo, Rey y Dios nuestro.
SALMO 50
Apiádate de mí, oh Dios, según tu gran misericordia; según tu inmensa bondad, borra mi iniquidad. Lávame más y más de mi maldad y purifícame de mis pecados. Pues reconozco mis culpas y mi pecado está siempre ante mí. Contra ti, sólo contra ti, he pecado y delante de ti he hecho el mal, por lo tanto eres reconocido justo en tu sentencia y soberano en tu juicio. Considera que en maldad fui modelado y en pecado me concibió mi madre. Porque, Tú que amas la verdad en lo interior me descubres los misterios profundos de tu sabiduría. Rocíame con hisopo y seré puro; lávame y emblanqueceré más que la nieve. Hazme escuchar la alegría y el júbilo, y mis huesos abatidos se estremecerán de regocijo. Aparta tu rostro de mis pecados y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, oh Dios, un corazón puro y renueva dentro de mí un espíritu recto. No me alejes de tu presencia y no quites de mí tu Espíritu Santo. Devuélveme el gozo de tu salvación y
un espíritu libre me sustente. Enseñaré a los impíos tus caminos y los pecadores volverán a Ti. Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios de mi salvación y aclamará mi lengua tu justicia. Abre, Señor, mis labios y cantará mi boca tus alabanzas. Pues no es sacrificio lo que te complace. Si te ofreciera un holocausto no lo quieres. El sacrificio para Dios es el espíritu arrepentido. Al corazón contrito y humillado, Tú, oh Dios, no lo desprecias. En tu bondad, Señor, trata benignamente a Sión y reconstruye las murallas de Jerusalén. Entonces aceptarás el sacrificio de justicia, las ofrendas y los holocaustos. Entonces se te ofrecerán víctimas en tu altar.
SALMO 101
Señor, escucha mi oración y llegue a ti mi clamor; no me ocultes tu rostro en el momento del peligro; inclina hacia mí tu oído, respóndeme pronto, cuando te invoco. Porque mis días se disipan como el humo, y mis huesos arden como brasas;
mi corazón se seca, marchitado como la hierba, ¡y hasta me olvido de comer mi pan! Los huesos se me pegan a la piel, por la violencia de mis gemidos. Me parezco a una lechuza del desierto, soy como un búho entre las ruinas; estoy desvelado, y me lamento como un pájaro solitario en el tejado; mis enemigos me insultan sin cesar, y enfurecidos, me cubren de imprecaciones. Yo como ceniza en vez de pan y mezclo mi bebida con lágrimas, a causa de tu indignación y tu furor, porque me alzaste en alto y me arrojaste. Mis días son como sombras que se agrandan, y me voy secando como la hierba. Pero tú, Señor, reinas para siempre, y tu Nombre permanece eternamente. Tú te levantarás, te compadecerás de Sión, porque ya es hora de tenerle piedad, ya ha llegado el momento señalado: tus servidores sienten amor por esas piedras y se compadecen de esas ruinas. Las naciones temerán tu Nombre, Señor, y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria: cuando el Señor reedifique a Sión y aparezca glorioso en medio de ella; cuando acepte la oración del desvalido y no desprecie su plegaria. Quede esto escrito para el tiempo futuro y un pueblo renovado alabe al Señor: porque él se inclinó desde su alto Santuario y miró a la tierra desde el cielo, para escuchar el lamento de los cautivos y librar a los condenados a muerte. Los hijos de tus servidores tendrán una morada y su descendencia estará segura ante ti, para proclamar en Sión el nombre del Señor y su alabanza en Jerusalén, cuando se reúnan los pueblos y los reinos, y sirvan todos juntos al Señor. Mis fuerzas se debilitaron por el camino y se abreviaron mis días; pero yo digo: "Dios mío, no me lleves en la mitad de mi vida, tú que permaneces para siempre". En tiempos remotos, fundaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos; ellos se acaban, y tú permaneces: se desgastan lo mismo que la ropa, los cambias como a un vestido, y ellos pasan. Tú, en cambio, eres siempre el mismo, y tus años no tienen fin.
La Oración de Manasés, Rey de Judea:
Señor Todopoderoso, Dios de nuestros padres, Abraham, Isaac, Jacob y de su justa descendencia; Tú que has hecho el cielo y la tierra y todo lo formado en ellos; Tú que has ligado el mar por la palabra de Tu Orden; que has cerrado el profundo y lo has sellado por Tu Nombre Temible y Glorioso; Tú, a Quién todas las cosas temen, y ante Su Poder tiemblan; Pues la majestad de Tu Gloria no se puede resistir, y Tu Cólera de amenaza para con los pecadores es intolerable; Más la
misericordia de Tu Promesa es inmensurable e inescrutable; Porque Tú eres el Señor Altísimo, el Compasivo, muy Longánimo, de abundante misericordia y se arrepiente de los males de las gentes contra mí. Tú, Señor, según Tu Gran Bondad, has prometido arrepentimiento y perdón a aquellos que pecaron contra Ti, y por Tu Infinita Compasión has fijado el arrepentimiento a los pecadores, para que ellos puedan salvarse. Por consiguiente, Tú, Señor, Dios de las potestades, no has fijado el arrepentimiento a los justo, a Abraham, a Isaac y a Jacob, que no han pecado contra Ti; pero Tú has fijado el arrepentimiento para mí, yo pecador; Porque mis pecados son más que las arenas del mar en número. Mis transgresiones se multiplicaron, Señor, se multiplicaron mis transgresiones, y yo no soy digno de mirar y fijar la vista contemplando la altura del cielo, por la multitud de mis iniquidades. Estoy encorvado por muchas cadenas de hierro, pues no pueda alzar mi cabeza a causa de mis pecados, ni tengo reposo; porque he provocado Tu Ira y he hecho lo malo ante Ti; no hice Tu Voluntad, ni guardé Tus Mandamientos; he levantado abominaciones y he multiplicado las cosas detestables. Por tanto, ahora inclino la rodilla de mi corazón, suplicando Tu Bondad: ¡Yo he pecado, Señor, he pecado, y reconozco mis iniquidades; pero humildemente Te pido, perdóname, Señor, perdóname, y no me destruyas con mis iniquidades. No estés enojado para siempre conmigo, reservando mis maldades para mí; ni me aprisiones en lo más profundo de la tierra; porque Tú, Señor, eres el Dios de los arrepentidos; y en mí muestras toda Tu Bondad; Porque soy indigno, y Tú me salvarás según Tu Gran Misericordia. Y Te alabaré, perpetuamente, todos los días de mi vida. Porque a Ti alaban todos los poderes celestiales, y Tuya es la Gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (3 veces). Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Oh, Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Oh, Señor, perdona nuestros pecados. Oh, Soberano, absuelve nuestras transgresiones; Oh, Santo, mira y sana nuestras debilidades por Tu nombre.
Señor, ten piedad (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan sustancial nuestro, dánoslo hoy, y perdona nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación, más líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Y estos Troparios en el Sexto Tono:
Ten piedad de nosotros, oh Señor, ten piedad de nosotros; * pues faltos de toda defensa, * te ofrecemos como a Soberano esta oración nosotros pecadores: ten piedad de nosotros.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Señor, ten piedad de nosotros; * porque hemos puesto nuestra esperanza en Ti, no Te irrites demasiado contra nosotros, * ni Te acuerdes de nuestras iniquidades; * sino míranos porque eres benevolente, * y líbranos de nuestros enemigos, * Pues Tú eres nuestro Dios, y nosotros, Tu pueblo; * todos somos obras de Tus manos, e invocamos Tu nombre.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Theotokion: Ábrenos la puerta de la compasión, * oh bendita Madre de Dios, * porque esperando en ti, no perezcamos; * sino que por ti seamos libres de las adversidades, * porque eres la salvación del pueblo Cristiano.
Señor, ten piedad. (40 veces)
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Tú eres más venerable que los Querubines e incomparablemente más gloriosa que los Serafines a ti que sin mancha diste a luz al Verbo de Dios y que verdaderamente eres la Madre de Dios, te magnificamos.
En el nombre del Señor, padre (soberano) bendice.
Sacerdote: Por las oraciones de nuestros santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros y sálvanos.
Lector: Amén.
Oh Soberano Dios, Padre Omnipotente, oh Señor, Hijo Unigénito Jesucristo, y espíritu Santo, una Divinidad y Único Poder: ten piedad de mí, pecador, y por los juicios que Tú conoces, sálvame a mí, Tu indigno siervo; porque eres bendito por los siglos de los siglos. Amén.
Venid, adoremos al Rey nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante Cristo Rey, nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante Cristo mismo, Rey y Dios nuestro.
SALMO 69
(Omitido, si es la primera semana de Gran Cuaresma)
Oh Dios, atiende a mi Socorro; acude Señor luego a ayudarme. Sean avergonzados y corridos los que persiguen de muerte. Arrédrese y confúndanse los que se complacen en mis males. Sean puestos en vergonzosa fuga aquellos que me dicen: ¡Bueno! ¡Bueno! Regocíjense y alégrense en Ti todos los que Te buscan; y digan sin cesar los que aman Tu salvación: Engrandecido sea el Señor. Yo por mí soy un menesteroso y pobre; oh Dios, ven en mi ayuda. Mi amparo y mi libertador eres Tú, oh Señor, no tardes.
SALMO 142
Señor, escucha mi oración; esclarece mi ruego en tu verdad: óyeme en tu verdad y no entres en juicio con tu siervo, porque ningún viviente será justificado ante Ti. Porque ha perseguido el enemigo a mi alma, ha echado mi vida por tierra.
Me ha colocado en lugares obscuros, como a los muertos del siglo. En mi se ha angustiado mi espíritu y dentro de mí se ha turbado mi corazón. Me he acordado de los días antiguos, he meditado sobre todas tus obras, sobre los hechos de tus manos reflexionaba. He tendido mis manos a Ti: mi alma a Ti como tierra sin agua. Óyeme prontamente Señor, mi espíritu ha desfallecido. No apartes de mí tu rostro para que no sea semejante a los que descienden a la fosa. Hazme oír al alba tu misericordia porque en Ti he puesto mi esperanza. Dime por cual camino iré porque con ímpetu he adherido mi alma a Ti. Sácame de entre mis enemigos, Señor, porque a Ti he acudido. Enséñame a hacer tu voluntad, porque Tu eres mi Dios, Tu Espíritu bueno me guiará a tierra de rectitud. Por tu nombre, Señor, me vivificarás según tu verdad, sacarás de la tribulación mi alma. Y por tu misericordia destruirás a mis enemigos y vencerás a todos los que atribulan a mi alma, porque yo, siervo tuyo soy.
LA DOXOLOGÍA
(Leída, no cantada)
Gloria a Dios en las alturas, en la tierra paz, en los hombres buena voluntad.
Te alabamos, Te bendecimos, nos inclinamos ante Ti, Te glorificamos, Te damos gracias por tu gran gloria, Señor, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso, Señor, Hijo unigénito Jesucristo y el Espíritu Santo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre, que tomas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Tú que tomas los pecados del mundo, recibe nuestra oración. Tú que estás sentado a la diestra del Padre, ten piedad de nosotros. Porque sólo Tú eres santo, sólo Tú eres Señor, Jesucristo, para gloria de Dios Padre. Amén.
Cada noche te bendeciré, y alabaré tu nombre para siempre y por los siglos de los siglos.
Señor, Tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Dije, Señor, ten piedad de mí, cura mi alma, porque he pecado contra ti. Señor, a ti recurrí, enséñame a hacer tu voluntad, porque Tú eres mi Dios. Porque en Ti está la fuente de la vida; en Tu luz encontraremos la luz. Extiende Tu misericordia a los que te conocen.
Concédenos, Señor, guardarnos en esta noche sin pecado. Bendito eres, Señor Dios de nuestros padres, y alabado y glorificado es tu nombre por siempre.
Amén.
Que tu misericordia sea sobre nosotros, Señor, como hemos puesto nuestra esperanza en Ti. Bendito eres Tú, Señor, enséñame Tus mandamientos. Bendito eres Tú, oh Soberano, hazme entender Tus mandamientos. Bendito eres Tú, Oh Santo, ilumíname con Tus mandamientos.
Que Tu misericordia, oh Señor, perdure para siempre, y no olvides las obras de Tus manos. Porque a Ti se debe la alabanza, a Ti es debido un himno, a Ti es
debida la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Después de esto, si no es la primera semana de Cuaresma, decimos un canon para un santo del ciclo conmemorativo (desde el Menaion), o a la Madre de Dios (desde el Octoijos). Y después de la completación del Canon y la Stijera, cantamos:
Verdaderamente es digno bendecirte, oh progenitora de Dios, siempre bienaventurada y purísima Madre de nuestro Dios. Tú eres más venerable que los Querubines e incomparablemente más gloriosa que los Serafines a ti que sin mancha diste a luz al Verbo de Dios y que verdaderamente eres la Madre de Dios, te magnificamos.
Lector: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Oh, Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Oh, Señor, perdona nuestros pecados. Oh, Soberano, absuelve nuestras transgresiones; Oh, Santo, mira y sana nuestras debilidades por Tu nombre.
Señor, ten piedad (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan sustancial nuestro, dánoslo hoy, y perdona nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación, más líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
Luego cantamos con voz fuerte, y lentamente, en el Sexto Tono (excepto que los Viernes por la noche omitimos esto totalmente y decimos el Kontakion de la conmemoración del Sábado):
Oh Señor de los poderes, sé con nosotros, * porque fuera de Ti, * no tenemos otro auxilio en la adversidad; * Oh Señor de los poderes, ten piedad de nosotros. (Si hay dos coros, esto es repetido por el Segundo coro)
Stijos 1: Alabad a Dios en sus santos, alabadle en el establecimiento de su poder.
Oh Señor de los poderes, sé con nosotros…
Stijos 2: Alabadle por sus poderíos; alabadle por la multitud de su grandeza.
Oh Señor de los poderes, sé con nosotros…
Stijos 3: Alabadle con sones de trompeta; alabadle con salterio y cítara.
Oh Señor de los poderes, sé con nosotros…
Stijos 4: Alabadle con pandero y coro; alabadle con cuerdas y órgano.
Oh Señor de los poderes, sé con nosotros…
Stijos 5: Alabadle con címbalos sonoros; alabadle con címbalos de júbilo.
Todo lo que tiene aliento, alabe al Señor.
Oh Señor de los poderes, sé con nosotros…
Stijos 6 [Si hay dos coros, esto es cantado por ambos]: Alabad a Dios en sus santos, alabadle en el establecimiento de su poder.
Oh Señor de los poderes, sé con nosotros…
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Oh Señor, si no tuviéramos a Tus santos como intercesores, * y Tu bondad que se apiada de nosotros, * ¿cómo osaríamos cantarte, oh Salvador, * A quien los ángeles glorifican sin cesar? * Oh Tú que conoces los corazones, se clemente con nuestras almas.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Grande es la multitud de mis pecados, oh Madre de Dios, * y a ti acudo, oh Purísima, * implorando salvación. * Visita mi alma doliente, * y ruega a tu Hijo y Dios nuestro * que él me conceda el perdón de todo el mal que he hecho, Oh Única Bendita.
Oh Santísima Madre de Dios, * no me abandones durante mi vida, * no me entregues a la protección de los hombres, * sino defiéndeme y ten piedad de mí.
En ti he puesto toda mi esperanza, * oh Madre de Dios, * guárdame bajo tu amparo.
Lector: Señor, ten piedad. (Cuarenta veces)
Tú que en todo tiempo y a toda hora, en el cielo y en la tierra, eres adorado y glorificado, Cristo Dios, muy paciente, grande en misericordia, grande en compasión, que amas a los justos y tienes piedad de los pecadores, llamando a todos a la salvación por la promesa de los bienes futuros; Tú, Señor, recibe en esta hora nuestra súplicas, y dirige nuestra vida en la senda de tus mandamientos.
Santifica nuestras almas, purifica nuestros cuerpos, guía nuestros pensamientos, purifica nuestras intenciones y líbranos de toda aflicción, maldad y dolencia.
Rodéanos con tus Santos Ángeles, para que protegidos y guiados por su poder, para que podamos alcanzar la unidad de la Fe y el conocimiento de Tu inaccesible gloria;
porque Tú eres bendito por los siglos de los siglos. Amén.
Señor, ten piedad. (Tres veces)
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Tú eres más venerable que los Querubines e incomparablemente más gloriosa que los Serafines a ti que sin mancha diste a luz al Verbo de Dios y que verdaderamente eres la Madre de Dios, te magnificamos.
En el nombre del Señor, padre (soberano) bendice.
Sacerdote: Por las oraciones de nuestros santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros y sálvanos.
Lector: Amén.
Y luego, en Gran Cuaresma, la Oración de San Efrén el Sirio (Los Viernes por la noche, la oración de San Efrén no se dice):
Sacerdote: Señor y Soberano de mi vida, no me des espíritu de ocio, de indiscreción, de amor al poder y de locuacidad, Postración.
Sino concédeme a mí, tu siervo, el espíritu de templanza, de humildad, de paciencia, y de amor. Postración.
Sí, Señor Rey, concédeme percibir mis propias faltas, y no juzgar a mi hermano, porque eres bendito por los siglos de los siglos. Amén. Postración.
Luego doce reverencias. Con cada una decimos:
Oh Dios, purifícame a mí, pecador.
Luego, la oración entera sin interrupciones:
Señor y Soberano de mi vida, no me des espíritu de ocio, de indiscreción, de amor al poder y de locuacidad. Sino concédeme a mí, tu siervo, el espíritu de templanza, de humildad, de paciencia, y de amor. Sí, Señor Rey, concédeme percibir mis propias faltas, y no juzgar a mi hermano, porque eres bendito por los siglos de los siglos. Amén.
Postración
Lector: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Oh, Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Oh, Señor, perdona nuestros pecados. Oh, Soberano, absuelve nuestras transgresiones; Oh, Santo, mira y sana nuestras debilidades por Tu nombre.
Señor, ten piedad (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan sustancial nuestro, dánoslo hoy, y perdona nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación, más líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén. Señor, ten piedad. (Doce veces)
La Oración de Súplica a la Santísima Madre de Dios
¡Señora, Virgen Pura, Novia de Dios Inmaculada! Tú, que con Tu Alumbramiento milagroso, has unido al Verbo de Dios con la humanidad; y has ligado nuestra naturaleza caída con los seres Celestiales. ¡Tú! que eres Única Esperanza de los desesperados, Ayuda de los oprimidos, Protección Lista para aquellos que acuden a Ti; ¡Oh Refugio de todos los Cristianos! No me desprecies a mí pecador, envilecido enteramente por los viciosos pensamientos, palabras y obras; que he llegado a ser, por falta de voluntad, un indigno siervo y esclavo de los placeres mundanos. Pero, como Tu eres la Madre de Dios que ama a la humanidad;
ten compasión y apiádate de mí, yo Tu siervo pródigo y pecador; y acepta de mis labios impuros las súplicas que Te ofrezco. Y por medio de la influencia maternal
que Tú tienes con tu Hijo, Nuestro Soberano y Señor, ruégale para que abra sobre mí las alas de Su Amor a la humanidad, Su Compasión y Su Bondad; y que sobrepase mis innumerables transgresiones y me vuelva hacia el arrepentimiento, y me haga un fiel cumplidor de Sus Mandamientos. Y esté siempre presente conmigo; ¡Misericordiosa, Compasiva y Bondadosa! Más, Protégeme, en esta vida presente, por el fervor de Tu Intercesión y Ayuda, alejando de mí las malas asechanzas de los adversarios y condúceme a la salvación. Y en la agonía de mi pobre alma, apresúrate a rodearme, apartando y dispersando las visiones de los malos espíritus. Y en el terrible día del juicio, líbrame de los castigos eternos y de los sufrimientos perpetuos; y preséntame como heredero del honor indescriptible de la gloria de Tu Hijo Nuestro Dios; que obtendré por Tu Mediación y Ayuda,
¡Santísima, Soberana mía Madre de Dios! Por la Gracia, la Compasión y el Amor a la humanidad de Tu Hijo Unigénito, Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo a Quien es debida toda gloria, honor y adoración, junto a Su Padre Eterno y Su Santísimo, Bueno y Vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Una Oración a Nuestro Señor Jesucristo, por Antíoco el monje
Y concédenos, ¡Soberano!, al acostarnos, el reposo del alma y del cuerpo;
guárdanos del sueño vil del pecado y de todo placer tenebroso nocturno. Apacigua los asaltos de las pasiones; apaga los dardos ardientes del maligno, lanzados insidiosamente contra nosotros. Calma las agitaciones de nuestra carne y adormece nuestros pensamientos terrenales ilusorios. Danos, Dios, una mente alerta, un pensamiento puro, un corazón despierto y un sueño apacible libre de toda imaginación diabólica. Y levántanos en la hora de la oración, firmes en Tus Mandamientos, manteniendo siempre en nuestras almas el recuerdo de Tus Preceptos. Y concédenos palabras para glorificarte toda la noche, alabando, bendiciendo y glorificando Tu Honorabilísimo y Majestuoso Nombre; Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Gloriosísima, Siempre Virgen Madre de Cristo Dios, ofrece nuestra oración a tu Hijo y Dios nuestro, para que por medio de ti, Él pueda salvar nuestras almas.
El Padre es mi esperanza, el Hijo es mi refugio, el Espíritu Santo es mi protección: Oh Santísima Trinidad, gloria a Ti.
Sacerdote: Gloria a Ti, Cristo Dios, Esperanza nuestra, gloria a Ti.
Coro: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Señor, ten piedad. (Tres veces). Bendice.
(Postración mientras se dice la oración)
Sacerdote: Oh Soberano grande en misericordia, oh Señor Jesucristo Dios nuestro:
Por las intercesiones de nuestro inmaculada Señora la Madre de Dios y Siempre
Virgen María; por el poder de la preciosa y vivificadora Cruz, por las mediaciones de los honorables Poderes Celestiales incorpóreos, del honorable, glorioso Profeta, Precursor y Bautista Juan; de los santos, gloriosos y alabadísimos Apóstoles; de los santos, gloriosos y victoriosos mártires; de nuestros santos y teóforos padres, (el santo patrono de este templo); de los santos y Justos Antecesores de Dios Joaquín y Ana; de (los Santos del día) y de todos los santos: haz aceptable nuestra oración;
concédenos la remisión de nuestros pecados; ampáranos con el abrigo de Tus alas;
aleja de nosotros todo enemigo y adversario, da paz a nuestra vida, oh Señor; ten piedad de nosotros y de Tu mundo, y salva nuestras almas, porque Tú eres bueno y Amante de la Humanidad.
Coro: Amén.
Sacerdote: Bendecid, santos padres (madres, hermanos y hermanas) y perdonadme a mí, pecador, por todo lo que he pecado en el día de hoy en hechos, palabras, pensamientos, y por todos mis sentidos.
Y los hermanos (hermanas) (congregación) responden:
Que Dios te perdone y tenga piedad de ti, santo padre.
Y ellos hacen una inclinación (o una postración, dependiendo del typicon), pidiendo su perdón:
Bendecidme, santo padre, y perdonadme por todo lo que he pecado en este día en hechos, palabras, pensamientos y por todos mis sentidos, y rogad por mí, pecador.
Sacerdote: Que por Su Gracia, Dios les perdone y tenga piedad de todos nosotros.
Ektenia
Sacerdote: Roguemos por nuestro Gran Soberano y Padre, Su Santidad el Patriarca N., por nuestro Señor Reverendísimo el Metropolitano N., Primado de la Iglesia Rusa en el Exterior, por Nuestro Señor Ilustre Obispo N. (se menciona su diócesis), y toda nuestra hermandad en Cristo.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Por esta tierra, sus autoridades y fuerzas armadas, y por toda tierra Cristiana.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Por aquellos que nos odian y aquellos que nos aman.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Por aquellos que nos buenos con nosotros y quienes no sirven.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Por aquellos que nos han pedido a nosotros, indignos que recemos por ellos.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Por la liberación de los prisioneros.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Por nuestros padres y hermanos que han fallecido antes que nosotros.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Por aquellos que navegan por el mar.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Por aquellos que yacen por enfermedades.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Roguemos por la abundancia de los frutos de la tierra.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Y por toda alma Cristiana Ortodoxa.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Bendigamos a los piadosos reyes (gobernantes), jerarcas Ortodoxos, y los fundadores de este santo templo.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: A nuestros padres, y a todos los que han fallecido antes que nosotros, nuestros padres, hermanos, y los Ortodoxos aquí y en todas partes descansan.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Digamos también por nosotros mismos.
Coro: Señor, ten piedad. (Tres veces)
Sacerdote: Por las oraciones de nuestros santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros y sálvanos.
Coro: Amén.