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*Estudiante del Diplomado en Filosofía de la Educación por la Universidad Abierta. E-mail: [email protected]
LA TRÍADA EDUCATIVA: ÉTICA, AGENTES EDUCADORES Y PROCESOS EDUCATIVOS
THE EDUCATIONAL TRIAD: ETHICS, EDUCATIONAL AGENTS AND EDUCATIONAL PROCESSES
LESLIE FREITAS DE TORRES*
RESUMEN
Una efectiva acción educativa presenta tres elementos indispensables para su buen hacer: ética, agentes y procesos educativos, elementos que una vez empleados eficazmente pueden cambiar el futuro de los educandos y, a su vez, construir sociedades fuertes y justas para sus ciudadanos. El propósito de este artículo es proporcionar un análisis reflexivo acerca del papel y de la relevancia de esta tríada educativa para la enseñanza, así como para los individuos que la componen y su entorno.
Palabras claves: Acción educativa. Educador. Educando. Ética educacional.
ABSTRACT
An effective educational action presents three essential elements for its good work: ethics, educational agents and processes, elements that once used effectively can change the future of students and, in turn, build strong and fair societies for their citizens. The purpose of this article is to provide a reflective analysis about the role and the relevance of this educational triad for teaching, as well as for the individuals involved and their environment.
Keywords: Educational action. Educator. Educating. Educational ethics.
Recepcionado: 17.11.2020. Aceptado: 19.11.2020.
INTRODUCCIÓN
Según García Amilburu y García-Gutiérrez (2012, pp. 54-55), la educación se define como “un conjunto de tareas para promover el aprendizaje y cuyo ejercicio requiere poseer unas habilidades técnicas, morales y artísticas vinculadas esencialmente con la dimensión personal del ser humano”. Así que, para su desarrollo óptimo los agentes educadores y los procesos educativos son partes indispensables de la acción de enseñar, en
que la ética actúa como un factor indispensable para el éxito de ambos.
Estos tres puntos han sido estudiados y analizados por distintos investigadores que, a lo largo de los años, han exhibido sus puntos de vista.
Por un lado, Moore (2014), Ortega (2018), García Amilburu y García-Gutiérrez (2012), Magallón (2015) y Mazzoni (2007) definen la ética y, a su vez, dan a conocer su necesidad y relevancia para el buen desarrollo de la educación; por otro, la explicación y las asignaciones de los agentes
educativos han sido manifiestos por Lara y Osorio (1991), Astudillo y Chévez (2015) y Ibarguren (2013); y, por último, García Amilburu y García- Gutiérrez (2012), Touriñán (2018) y Peters (1984) exponen la estructura, las características y dificultades de los procesos educativos, al igual que su similitud con el arte y su relación con la moralidad.
Por ende, y con el objetivo de demostrar la relevancia de estos tres elementos para una educación de calidad, la hipótesis de este artículo se apoya en la creencia de que la triada –ética, agentes educadores y procesos educativos–, es la piedra angular de la acción educativa y el factor determinante para el éxito de los individuos en la sociedad. El problema de esta investigación se basa en tres interrogantes: ¿Qué es la ética y cómo se relaciona con la acción educativa? ¿Qué son los agentes educadores y en qué consisten sus responsabilidades? y ¿Qué características debe cumplir la comunicación en el proceso educativo y cuáles son sus estructuras? Pues, con el fin de aclarar dichos cuestionamientos, se elaboró este artículo.
METODOLOGÍA
Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, metodología es la ciencia del método, esto es, “el arte de aplicar los métodos para realizar una tarea determinada” (García, 2012, p. 12). Así que, se empleó el método de la investigación descriptiva con enfoque cualitativo que, de acuerdo con Del Cid, Méndez y Sandoval (2011), busca comprender determinado fenómeno mediante el establecimiento de cómo se relaciona un aspecto con otro. Igualmente, se realizó una revisión bibliográfica de las fuentes secundarias – libros, artículos y boletines– sobre la ética, los agentes educadores y los procesos educativos, que
incluyen estudios del ámbito pedagógico de carácter histórico y, a la vez, otros que corresponden al ámbito del buen hacer educativo.
RESULTADOS
Como el proceso de enseñanza es un conjunto de medios y recursos para la realización del aprendizaje, es de fundamental importancia que en la transmisión de una cultura mínima el educando tenga como base su formación humana, la cual debe ser proporcionada por el educador a través de una enseñanza basada en la ética, en otras palabras, que posee por aspiración a la felicidad y a la realización personal de los educandos. Si bien que, el pensamiento en cuestión sólo se emplea en la educación formal, puesto que cuentan con agentes educadores, diferente de la no formal, en la cual el educando es responsable por su aprendizaje y por la manera en que se llevará a cabo.
Para que el educando alcance su plenitud académica, la educación y los Derechos Humanos deben caminar entrelazados, puesto que así el proceso formativo podrá desplegarse mediante
“los alcances de su normatividad, las condiciones de su realización y los criterios para la denuncia de sus violaciones” (Bonilla, 2015, p. 61). Así que, todo el conocimiento aportado con el afán de mejorar las actividades educativas de los futuros ciudadanos puede ser considerado el pilar del desarrollo de una sociedad en su plenitud, a través de los procesos sociales e individuales de cada uno de sus integrantes.
DISCUSIÓN
Para entender la ética y la educación, al igual que su relación, es necesario conocer sus definiciones. Por un lado, “el término Ética deriva
del griego ethos que significa, principalmente, carácter, usos, costumbres. Y en este sentido equivale al término moral, proveniente del latín mos, moris, que significa igualmente, manera de obrar, comportamiento, costumbres” (Mazzoni, 2007, p. 17). Por ende, se puede entender por
“Ética o Moral la ciencia descriptiva del obrar humano”, obrar que modela la personalidad, ya que es algo interior (Mazzoni, 2007, p. 18) y cuya finalidad se cumple per se. Sin embargo, la definición en cuestión se contrapone a la acción de hacer, puesto que consiste en exteriorizar algo a través de un gesto productivo en el ámbito técnico (García Amilburu y García-Gutiérrez, 2012, p. 84).
Por otro, la educación es explicada por Perelló (2007, p. 135) como el hecho de “capacitar al hombre para alcanzar el fin último mediante acciones libres y morales rectas”, acciones que la filosofía platónica exhibe como cognoscibles y un modelo a seguir por los individuos participes del proceso educativo, mediante la enseñanza de la ética y de la virtud. Por ello, la educación debe ser sostenida en función de que algo éticamente deseable merece ser enseñado y aprendido (Ortega, 2018). Un ejemplo de esto es el modelo de Kohlberg, en el cual el desarrollo del razonamiento moral se centra en cómo la gente piensa acerca de lo correcto y lo incorrecto (García Amilburu y García-Gutiérrez, 2012, p. 185).
Y, por último, la relación entre educación y moralidad surge de la creencia de que la instrucción es la iniciación del alumno en áreas del conocimiento y de la comprensión, a través de sus diferentes formas que per se son valiosas. Estas formas han proporcionado que el ser humano alcance a desarrollar distintas concepciones del mundo, las cuales son esenciales para la comprensión adecuada o racional, de la condición humana (Moore, 2014). “En este horizonte del desarrollo de la totalidad del ser humano”, la
“ética pedagógica debe ser el eje de la educación y
de sus contenidos”, ya que, bien como señala Magallón (2015, p. 224), “una educación sin compromiso moral con la colectividad y consigo mismo, carece de sentido y valor”.
Este pensamiento ha sido oriundo de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos realizada en Viena en 1993, en donde se manifestó una conciencia expresa de la vinculación entre educación, ética y Derechos Humanos, y con el paso de los años, ha logrado un avance en la educación integral a través de la transmisión de aptitudes necesarias para promover, defender y aplicar los Derechos Humanos a la vida cotidiana y en la educación integral, mediante elementos como: “respeto y libertades fundamentales;
promoción de la comprensión, tolerancia, igualdad entre los sexos y amistad entre todas las naciones;
y fomento de la paz y de la sostenibilidad” (García Amilburu y García-Gutiérrez, 2012, pp. 192-193).
Referente a los agentes educativos, Lara y Osorio (1991) manifiestan que son todas aquellas personas vinculadas o no a las instituciones públicas o privadas que han sido capacitadas, formalmente o en la práctica, para compartir sus experiencias pedagógicas, denominándose educadores. Si bien que, para la puesta en práctica de la acción educativa, se hace necesario otros elementos igualmente involucrados en el proceso educativo, los educandos. Cabe manifestar que, para su buen desarrollo, ambos agentes han de presentar una predisposición a una convivencia pacífica y abierta, al igual que una comunicación fluida, siempre bajo un clima de respeto y libertad.
Aunque, para ello, tanto el educador como el educando han que cumplir con sus cometidos. Por un lado, cabe al educador ejecutar conscientemente una acción educativa, la cual, afirman Astudillo y Chévez (2015, p. 163), se desarrolla a través del cuidado de su educando,
“de sus experiencias de aprendizaje, de su autoestima, de su sensibilidad, así como de su
creatividad”, habiendo que estar preparado “para ejercer un juicio razonable acerca del modo de orientar su labor” y, a su vez, tener un conocimiento, “para hacer aportaciones a los alumnos en asuntos de interés general, más allá de los límites de su propia materia” (García Amilburu y García-Gutiérrez, 2012, p. 35). Y, por otro, el educando debe presentar una apertura a la realidad; estudiar con el objetivo de desarrollar el máximo de sus capacidades; contribuir con las actividades formativas; colaborar a la convivencia escolar; y respetar la libertad de conciencia, así como las convicciones religiosas y morales de sus iguales (Ibarguren, 2013).
En cuanto al proceso educativo, señala García Amilburu y García-Gutiérrez (2012) que presenta, en su esencia, la estructura propia de un proceso de comunicación: un emisor, que se refiere generalmente a la figura del educador, capaz de codificar la información; un receptor, el educando;
un mensaje, información transmitida; y un contexto, delimitado por los individuos que participan del proceso.
Conviene señalar que el proceso educativo puede exhibir una dificultad en su medición y control, ya que se debe pensar en la educación como arte más que en una técnica debido a su aspecto teórico y práctico. Asimismo, Touriñán (2018, p. 40) manifiesta que “la educación es cultura y, por tanto, tiene sentido afirmar que la función del profesional de la educación es transmitir cultura”, la cual en el proceso educativo se conoce como educabilidad, o sea, el “hombre ha de poseer una notable ductilidad para recibir las influencias educativas que tanto el entorno como otros seres humanos le proporcionan; pero debe ser también capaz de desarrollar nuevas estructuras personales a partir de las influencias recibidas” (García Amilburu y García-Gutiérrez, 2012, p. 43).
Figura 1. Organizador gráfico del proceso educativo de Peters.
Dicho proceso presenta tres caracteres en su estructura: intencional, relacional y ético moral.
Por un lado, el intencional interfiere tanto en la educación personal como en la colectiva; por otro, el carácter relacional presenta que el fenómeno educativo puede ser intergeneracional (la generación adulta es la responsable de educar a los jóvenes) o intrageneracional (necesidad de un tú, virtual o real, para llevar a cabo un proceso de comunicación); y, por último, nociones como perfección y plenitud se encuentran dentro del marco de la reflexión ético moral de la educación (García Amilburu y García-Gutiérrez, 2012). Sobre este último, Peters (1984, p. 181) desarrolló un programa de cuatro áreas de estudios fundamentales exhibidas en la Fig. 1, las cuales abrieron una nueva línea de comprensión y desarrollo de los procesos educativos, basadas en la ética y con una “postura intermedia entre el subjetivismo puro y la tradición, estrechamente
Proceso educativo
según Peters
Análisis filosófico de los conceptos propios del campo de la educación Aplicación de la ética y de
la filosofía social a los contenidos y procedimientos deseables
para la educación Examen de los esquemas conceptuales que emplean
los psicólogos de la educación en el estudio de
los procesos educativos Examen filosófico del contenido y la organización
del currículo
conectada con el uso de la razón, […] revisando el código en el que han sido educados y constituyéndose así en seres morales autónomos”
(Fernández, 1991, p. 131).
CONCLUSIONES
La tríada de elementos indispensables para la acción de enseñar: ética, agentes educadores y procesos educativos, se correlacionan entre sí por sus funciones. La ética es una calidad del obrar humano, en que su implementación en la acción educativa se torna eficiente e, igualmente, manifiesta la idoneidad de sus agentes, donde su misión se centra en presentar el camino del alto conocimiento al educando, así como de los demás elementos de su entorno. Para ello, se emplea el proceso educativo que se asemeja al de comunicación, o sea, funcionamiento cíclico donde todos los elementos han de estar bien coordinados para su aprovechamiento óptimo, desde el educador hasta el contexto en que los educandos están involucrados. De entre sus tres tipos, el ético moral es el que mejor se acomoda a una enseñanza basada en los valores de una comunidad, puesto que es una de las claves para la formación de ciudadanos de bien y miembros útiles a la sociedad.
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