UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA
DE MÉXICO
FACULTAD DE ESTUDIOS SUPERIORES IZTACALA
Sistema de Universidad Abierta y Educación a
Distancia
Revisión teórica sobre las fortalezas
psicológicas desde la virtud de la
trascendencia en el campo de la salud
Investigación Teórica
QUE PARA OBTENER EL TÍTULO DE:
LICENCIADA EN PSICOLOGÍA
P R E S E N T A :
Alma Judith De Jesús Anastasio
AGRADECIMIENTOS
Manuscrito Recepcional
Programa de Profundización en
el Campo de la
Psicología de la Salud
Directora: Lic. Liliana Moreyra Jiménez Dictaminador: Dra. Anabel De la Rosa Gómez
Lic. Judith Rivera Baños
2 AGRADECIMIENTOS
A Dios
Primeramente quiero agradecer a Dios por la vida que me ha regalado, porque creo firmemente que todo lo obtenido y logrado hasta este momento ha sido porque así lo ha permitido, y porque solamente su amor inconmesurable es el que me ha mantenido de pie, con la fuerza suficiente para afrontar cualquier situación por más complicada que está pudiera tornarse.
A mi familia
Quienes han estado conmigo a cada momento, siempre respetando y respaldado mis decisiones, brindándome una mano para levantarme y un hombro que ha servido de apoyo en los momentos de dificultad. A todos y cada uno de mis hermanos de quienes eh aprendido un valor singular; Rene siendo líder nato, padre excepcional y esposo ejemplar; Flor demostrando la bondad que guarda su corazón; Imelda con su carisma y sentido del humor, Magdalena regalando una “carcajada” a la vida, siendo firme en sus objetivos; Román con su nobleza siempre me ha demostrado que nadie te puede desequilibrar; Alicia ejerciendo un carácter inquebrantable, teniendo un espíritu de amor al prójimo; Evelyn librando la “batalla” más difícil de su vida ha reafirmado que la fe permite obtener fuerzas para seguir adelante, a mi preciosa cuñada Mariela quien me ha demostrado como sé es madre, esposa, amiga, hija; a mis cuñados Daniel, Juan Carlos quienes han venido a sumar felicidad a mi vida, gracias por mis sobrinos hermosos Jorge, Ariadna, Zaid, Dael, Keren, con todos ustedes mis días son más felices y fáciles.
A mi madre
Quien me ha demostrado que la valentía de una mujer no radica en el esfuerzo que implica obtener las cosas, sino en el amor con el cual realizas todas y cada una de las actividades que te llevan a un único resultado, el bienestar y unidad de tu familia…, gracias madre mía, por todos tus años de trabajo, por siempre entregar todo y lo mejor de ti, gracias por formar a una “guerrera” de la vida y dotarla de toda tu sabiduría.
A mi padre
A pesar que mi padre celestial te llamo muy pronto a su presencia, estoy eternamente agradecida porque gracias a ti, también existo, y porque gracias a tu ausencia la vida me doto de cualidades y fortalezas que han sido las mejores herramientas para vivir plenamente. Te amo padre, desde aquí hasta el cielo.
A mis amigos
A todos y cada uno de ellos, quienes han estado conmigo siempre, confiando en que lo lograría, siempre reconociéndome, brindándome su apoyo, siendo mis confidentes y mis compañeros de vida.
3 A mis tutores
De quienes aprendí en cada semestre, en cada módulo, en cada actividad, quienes siempre se mostraron dispuestos para enseñar, y siempre que tuve una duda estuvieron para resolverla. A Lic. Daniel L. Cervantes
Gracias a ti descubrí el significado “pasión a la profesión”, eres un ejemplo a seguir, pues eh visto el amor que le profesas a la disciplina, el empeño y dedicación con la que día a día trabajas, siempre estas preocupado por ayudar a tus pacientes, aún recuerdo esa primer entrevista, el trabajo en Bachilleres, la experiencia que compartimos en el Penal de Zumpango, experiencias que sin ti no hubiesen podido ser, gracias por siempre estar dispuesto a enseñar, a colaborar siempre con los estudiantes, gracias por ayudarme con mis prácticas, gracias por ser el excelente docente que eres, gracias por el ser humano que vive dentro de ti y mejor aún; gracias por permitirme conocerlo. Has sido “piedra angular”, para enamorarme cada día más de la carrera y de la vida.
A la UNAM
Por abrirme las puertas de la máxima casa de estudios, lugar donde siempre quise pertenecer, al sistema a distancia, que sin lugar a dudas le permite cada día a más personas lograr sus sueños profesionales, mismos que se han visto truncados por trabajo, hijos, distancia, etc., sin embargo la modalidad nos permite continuar con nuestros objetivos y metas académicas, es un orgullo pertenecer a esta institución y decir yo soy PUMA de corazón, guardare siempre en mi mente el primer GOYA!!!! GOYAAA!!, gritado en la reunión de bienvenida, ya lo decían ahí “si crees que es difícil entrar a la UNAM, debo decirte que es más difícil querer irse”… Hoy lo compruebo, no quiero que se acabe; pero todo inicio tiene un fin, estoy completamente satisfecha por todo lo vivido y aprendido en estos años de estudios en esta universidad excepcional.
4 ÍNDICE
Resumen……… 5
Introducción……… 7
I. Antecedentes de la Psicología Positiva……… 8
1.1 Definición………. 10
1.2 Estudio del Bienestar y Felicidad………. 11
1.2.1 Bienestar Psicológico y Bienestar Subjetivo……… 13
II. Virtudes y Fortalezas Psicológicas……… 15
2.1 Definición……….. 15
2.2 Clasificación………. 17
III. Fortalezas psicológicas desde la virtud de la trascendencia en el campo de la salud………. 22
3.1 Psicología y Espiritualidad……… 23
3.1 Espiritualidad y Resiliencia……….. 26
Conclusiones………. 32
5 Resumen
El propósito de este trabajo fue realizar una investigación teórica que nos permitiera profundizar en el estudio de la psicología positiva, las fortalezas psicológicas desde la virtud de la trascendencia y espiritualidad como factor determinante para el equilibrio emocional de una persona, el incremento de salud y en el afrontamiento de situaciones de vida negativas, para ello se procedió a describir las veinticuatro fortalezas clasificadas por Seligman y Peterson en 1936, así mismo se mencionan investigaciones realizadas respecto a la espiritualidad en ámbitos familiares, de enfermedad, a nivel individual y comunitario, entendiendo este constructo como la creencia y práctica basada en la convicción de que existe una dimensión trascendental, apoyándonos de la Psicología Positiva que señala el camino hacia un enfoque secular del objetivo noble y el significado trascendente (Seligman, 2017). De este modo, los estados positivos son importantes para la salud mental y física, la espiritualidad como fortaleza de carácter está ligada a la satisfacción con la vida sin importar cuestiones culturales, pues contribuye al crecimiento personal.
6 Summary
The purpose of this work was to carry out a theoretical investigation that would allow us to deepen the study of positive psychology, the psychological strengths from the virtue of transcendence and spirituality as a determining factor for the emotional balance of a person, the increase of health and in the confrontation of negative life situations, for it was proceeded to describe the twenty-four strengths classified by Seligman and Peterson in 1936, likewise are mentioned investigations carried out with respect to spirituality in familiar areas, of illness, at individual and community level, understanding this I construct as belief and practice based on the conviction that there is a transcendental dimension, supported by Positive Psychology that points the way towards a secular approach of the noble objective and the transcendent meaning (Seligman, 2017). in this way, positive states are important for mental and physical health, spirituality as strength of character is linked to satisfaction with life regardless of cultural issues, it contributes to personal growth.
7 INTRODUCCIÓN
A finales de los años noventa apareció en Estados Unidos una nueva corriente científica, interesada en el estudio de las emociones positivas, aumentar las fortalezas y las virtudes del ser humano, denominada Psicología Positiva, su inicio se señala en 1998 con el discurso inaugural de Martin Seligman como presidente de la American Psychological Association (APA), para posteriormente crearse el comité de Psicología Positiva y el Centro de Psicología Positiva de la Universidad de Pennsylvania, la primer Cumbre de Psicología Positiva en Washington DC y, se dedicó un número especial de la American Psychologist a los temas tratados por la Psicología Positiva (Lupano y Castro, 2010).
El presente trabajo buscó explorar de manera teórica las fortalezas; trascendencia y espiritualidad desde la Psicología Positiva en el campo de la salud, teniendo como principios a la psicología positiva en sí, fortalezas positivas, salud-enfermedad, y la manera en que estás se relacionan.
Iniciando con los antecedentes de la Psicología Positiva, continuar con la descripción del concepto, vislumbrando los mecanismos que la psicología ha utilizado para ampliar su campo de estudio, mediante el estudio del bienestar y la felicidad; como estos, previenen y promueven la salud con el fin de potenciar los recursos y calidad de vida de la población, pues se considera que “la Psicología no es solo el estudio de la debilidad y el daño, es también el estudio de la fortaleza y la virtud. El tratamiento no es solo arreglar lo que está roto, es también alimentar lo mejor de nosotros” (Lupano y Castro, 2010, p.44). Desde un enfoque positivo, se define a la psicología como el estudio de la emoción positiva, de los rasgos positivos, las fortalezas, virtudes, habilidades, el estudio de las instituciones positivas, en términos generales, la felicidad y el bienestar son los términos genéricos para describir los propósitos de toda iniciativa psicológica positiva (Seligman, 2011, pp. 379), enfocándonos en las fortalezas transcendencia y espiritualidad como mecanismos de afrontamiento a la adversidad y su aplicación en el campo de la salud.
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Capítulo I. Antecedentes de la Psicología Positiva.
Durante los últimos cincuenta años la psicología se ha dedicado a un único tema, la enfermedad mental, actualmente los psicólogos miden conceptos como la depresión, la esquizofrenia y el alcoholismo con una precisión considerable (Seligman, 2011, pp.11), se cuenta con información sobre el desarrollo de trastornos durante el curso de la vida, sus causas genéticas, bioquímicas y psicológicas.
Sin embargo, a finales de los años noventa apareció en Estados Unidos una nueva corriente científica conocida como Psicología Positiva, interesada en el estudio de las emociones positivas, aumentar las fortalezas y las virtudes del ser humano para encontrar lo que Aristóteles denominó la “buena vida”. No hay nada extraño ni artificial en intentar conseguir que el máximo número de personas disfruten de una buena vida porque ésta es la meta latente en prácticamente cualquier individuo (Vázquez et. al, 2009).
Existe consenso en considerar que el inicio de la Psicología Positiva (PP) se señala en 1998 con el discurso inaugural de Martin Seligman como presidente de la American Psychological Association (APA), donde declara que su mandato tendrá como objetivo enfatizar el interés hacia la psicología más positiva: “La Psicología no es solo el estudio de la debilidad y el daño, es también el estudio de la fortaleza y la virtud. El tratamiento no es solo arreglar lo que está roto, es también alimentar lo mejor de nosotros” (Lupano y Castro, 2010, p.44). Han sido cada vez más los textos dedicados al tema que han ido apareciendo en el mercado norteamericano, reflejando así el enorme interés que ha despertado en toda la comunidad científica del país, pues considera necesario ampliar el foco de atención y centrarse no solo en el estudio de enfermedades y problemas mentales sino también en las emociones positivas, las fortalezas, y las virtudes, a fin de alcanzar un entendimiento global de la naturaleza humana. La psicología positiva no implica una búsqueda obsesiva y a toda costa, la felicidad del ser humano, ni pretende descubrir la fórmula mágica con la que alcanzar en un abrir y cerrar de ojos la buena vida, sino que es un estudio serio y científico
9 de aquellas emociones positivas y fortalezas que el hombre posee con el fin de conocerlas, promoverlas y fortalecerlas (Vera, 2006).
En un primer momento, Seligman consideró que el énfasis debía estar en la prevención pero prontamente se dio cuenta que, de ese modo, seguía enfocado en la enfermedad, ya que el objetivo era meramente evitar o minimizar sus efectos. Tras el discurso inaugural de su fundador, se sucedieron una serie de encuentros en Akumal -México- entre investigadores interesados en el desarrollo de esta nueva corriente, se creó el comité de Psicología Positiva y posteriormente el Centro de Psicología Positiva de la Universidad de Pennsylvania, la primer Cumbre de Psicología Positiva en Washington DC y, se dedicó un número especial de la American Psychologist a los temas tratados por la Psicología Positiva (Lupano y Castro, 2010).
El interés por desarrollar intervenciones que promuevan el bienestar de las personas no es nuevo, alcanzar y mantener una buena vida puede convertirse en un objetivo profesional legítimo y éticamente deseable porque ése es un objetivo común de la humanidad, sin embargo históricamente el foco de las intervenciones en áreas como la salud se ha centrado más en la reducción del dolor, el sufrimiento, y las carencias que en el desarrollo de capacidades individuales y colectivas (Vázquez et. al, 2009).
La psicología está permitiendo definir con mayor precisión los contornos del bienestar humano y está incorporando el estudio de elementos positivos (fortalezas, emociones positivas) que amplían el marco de investigación y actuación de la psicología (Vázquez y Hervás, 2008 como se citó en Vázquez et. al, 2009), el objetivo principal, aumentar la calidad de vida de las personas. Hacer Psicología Positiva no es desconocer que las personas sufren y que se enferman, sino dejar de igualar salud mental con ausencia de enfermedad, complementando el modelo médico con los avances en el estudio de los aspectos positivos (Lupano y Castro, 2010).
10 1.1 Definición
Habiendo recorrido el origen de la Psicología Positiva, es importante definir los pilares de esta rama.
En primer lugar es el estudio de la emoción positiva; el estudio de los rasgos positivos, sobre todo las fortalezas y virtudes, pero también las habilidades, como la inteligencia y la capacidad atlética; y el estudio de las instituciones positivas como la democracia, las familias unidas y la libertad de información, que sustentan las virtudes y a su vez sostienen las emociones positivas como la seguridad, la esperanza y la confianza (Seligman, 2011, pp. 14). En términos generales, la felicidad y el bienestar son los términos genéricos para describir los propósitos de toda iniciativa psicológica positiva, que abarca tanto los sentimientos positivos; como éxtasis y satisfacción, como las actividades positivas que carecen por completo de componentes emocionales; como la introspección y el compromiso (pp. 379).
Lupano y Castro (2010) destacan una serie de definiciones dadas por referentes de la Psicología Positiva.
El campo de la Psicología Positiva, a un nivel subjetivo, refiere a las experiencias subjetivas: bienestar, alegría y satisfacción (en el pasado); esperanza y optimismo (para el futuro); y fluir -flow-, felicidad (en el presente). A un nivel individual refiere a los rasgos individuales positivos: capacidad de amar, vocación, perseverancia, perdón, originalidad, visión de futuro, espiritualidad, talento, sabiduría. A un nivel grupal refiere a las virtudes cívicas y a las instituciones: responsabilidad, altruismo, moderación, tolerancia, ética.
Es el estudio científico de las fortalezas y virtudes humanas de un desarrollo óptimo; a nivel meta-psicológico se propone reorientar y reestructurar teóricamente el desequilibrio existente en las investigaciones y prácticas psicológicas, dando mayor importancia al estudio de los aspectos positivos de las experiencias vitales de los seres humanos, integrándolos con los que son causa de sufrimiento y dolor: en un nivel de análisis pragmático, se ocupa de los
11 medios, procesos y mecanismos que hacen posible lograr una mayor calidad de vida y realización personal.
La misión de la Psicología Positiva no es decirle que debe ser optimista, o espiritual, o amable, o estar de buen humor, sino describir las consecuencias de tales rasgos (por ejemplo, que ser optimista reduce la depresión, mejora la salud física, propicia los logros, a cambio, quizá, de un mejor realismo). Lo que cada uno haga con esta información depende de sus propios valores objetivos (Seligman, 2011, pp. 195).
Es decir, no se considera únicamente como una necesidad social, sino lograr un conocimiento profundo de los aspectos positivos del ser humano, incluyendo el estudio del bienestar
1.2 Estudio del bienestar y felicidad.
La búsqueda de la felicidad es un derecho legítimo de todo ser humano. Sin embargo, los datos científicos hacen que parezca poco probable que una persona cambie su nivel de felicidad de forma continua. Los estudios apuntan que cada uno de nosotros tiene un rango de felicidad determinado, al igual que sucede con el peso corporal (Seligman, 2017). Tener un buen estado de salud física o mental no sólo debe consistir en carecer de enfermedad o trastornos sino en disfrutar de una serie de capacidades y recursos que permitan resistir adversidades y crear las condiciones que permitan el máximo desarrollo posible del individuo (Vázquez y Hervás, 2009).
La felicidad tiene tres aspectos: emoción positiva, compromiso y sentido, cada uno de los cuales aumenta la satisfacción con la vida y se mide en su totalidad por medio del informe subjetivo, las fortalezas y virtudes, mismas que son el soporte del compromiso. La verdadera felicidad deriva de la identificación y el cultivo de las fortalezas más importantes de la persona y de su uso cotidiano en el trabajo, el amor, el ocio y la educación de los hijos (Seligman, 2017).
Por otro lado, el bienestar procede del empleo de nuestras fortalezas y virtudes, nuestras vidas quedan llenas de autenticidad (Seligman, 2011).
Además de los beneficios para los individuos, es obvio el beneficio que para la sociedad en general tiene potenciar el bienestar de los individuos, promover su salud general,
12 la capacidad de afrontar amenazas y evitar la aparición y/o agravamiento de padecimientos físicos y mentales (García, 2014).La Psicología Positiva consiste, justamente, en el estudio teórico, medida, clasificación y construcción de la emoción positiva, del compromiso y de la satisfacción vital, sobre todo en relación con el estilo de vida y la salud.
Seligman (2017), desarrolló una teoría del bienestar, dónde encontró que la mejor manera de medir la felicidad es mediante la emoción positiva, el compromiso, el sentido, relaciones positivas y logro, teniendo como meta; florecer más mediante el aumento de emoción positiva, compromiso, sentido, relaciones positivas y logro, es decir, de ello deriva el constructo de bienestar, tiene cinco elementos mensurables que contribuyen al mismo, pero ninguno lo define, estos cinco elementos deben tener tres propiedades para contar como elemento:
● Debe contribuir al bienestar.
● Muchas personas lo buscan por sí mismo, y no sólo para obtener cualquiera de los otros elementos.
● Se define independientemente de los demás elementos (exclusividad).
La emoción positiva (vida placentera), es el primer elemento de la teoría del bienestar, siendo la piedra angular, medidas de manera subjetiva (presente) mediante la felicidad y la satisfacción con la vida, abarca todas las variables subjetivas del bienestar: placer, éxtasis, comodidad, calidez, etc., el compromiso es el segundo elemento, también se mide de manera subjetiva (retrospectivamente). El sentido como tercer elemento, conserva el sentido (pertenecer y servir a algo que uno considera superior al yo), tiene un componente subjetivo que podría subsumirse en la emoción positiva, entendiendo como componente subjetivo, el dispositivo de la emoción positiva. Es decir, la persona que la tiene no puede estar equivocada sobre su propio placer, éxtasis o comodidad, por lo tanto este elemento se mide de manera independiente al igual que el logro. El logro o realización a menudo se busca por sí mismo, incluso cuando no produce emoción positiva, sentido o nada que se parezca a una relación positiva, la adicción de la vida de realización también destaca que la tarea de la psicología positiva es describir, y no prescribir, lo que la gente realmente hace para obtener bienestar. La adición de este elemento no promueve la vida de realización o indica que uno deba
13 desviarse de su camino hacia el bienestar para ganar más. Más bien, describe lo que los seres humanos, cuando están libres de coerción, eligen hacer sólo porque sí (Seligman, 2017). Por último, las relaciones positivas, empíricamente se han sometido a pruebas rigurosas y los científicos han descubierto que los actos de bondad producen el momento más confiable de bienestar (Seligman (2017).
Es por ello que no puede negarse la influencia que las relaciones positivas, o la falta de ellas, ejercen en el bienestar. El ser social es la forma más exitosa de adaptación superior que se conoce (Seligman, 2017).
1.2.1 Bienestar psicológico y Bienestar subjetivo
Uno de los retos fundamentales de la psicología en el siglo XXI es ampliar su campo de acción y estudiar los mecanismos que previenen y promueven la salud con el fin de potenciar los recursos y calidad de vida de la población sana (Romero, Brustad y García, 2007), desde esta perspectiva el bienestar psicológico, se focaliza sobre el desarrollo de las capacidades y el crecimiento personal, concebidos ambos como los principales indicadores del funcionamiento positivo, así como en el estilo y manera de afrontar los retos vitales y en el esfuerzo por conseguir las metas, dependiendo de la consecución de los valores que al individuo le hacen sentir vivo y auténtico, que le permiten crecer y desarrollarse como persona (Freire, 2007),
Los constructos bienestar psicológico y bienestar subjetivo remiten a dos tradiciones distintas en el estudio del bienestar: la que se centra en el estudio del crecimiento personal, el propósito en la vida y la autorrealización (bienestar psicológico: perspectiva eudaimónica), entendido como eudemonismo al goce o disfrute de un modo de ser por el cual se alcanza la felicidad (Fernández, 2013), y la que se centra en la experiencia de satisfacción con la propia vida (factor cognitivo), nivel elevado de afecto positivo y nivel bajo de afecto negativo (factores afectivos) (bienestar subjetivo: perspectiva hedonista).
14 Existen modelos psicológicos del bienestar, donde el objetivo principal de la psicología positiva es dar impulso al estudio de lo positivo, el estudio de la satisfacción vital, el bienestar psicológico, el bienestar subjetivo y otras variables psicológicas positivas, así como el desarrollo de recursos para su promoción (García, 2014).
Hoy por hoy, el modelo teórico más aceptado sobre el bienestar psicológico es el multidimensional de Carol Ryff, que concibe el bienestar psicológico como desarrollo personal y compromiso con los desafíos existenciales de la vida (es un modelo, por tanto, eudaimónico), e incluye seis dimensiones: autoaceptación (autoevaluaciones positivas y de la propia vida pasada), relaciones positivas (relaciones interpersonales de calidad),
autonomía (sentido de autodeterminación), dominio del entorno (capacidad de gestionar con
eficacia la propia vida y el mundo circundante), crecimiento personal (sentido de crecimiento y desarrollo como persona) y propósito en la vida (creencia de que la propia vida es útil y tiene un sentido). Estas dos últimas dimensiones, crecimiento personal y propósito en la
vida, son las más eudaimónicas de este modelo. Para la medida del bienestar psicológico,
Ryff construyó las Psychological Well-Being Scales (PWBS), instrumento ampliamente utilizado en la investigación psicosocial, entre otros, y de la que varias versiones se han sometido a análisis psicométricos en distintas poblaciones (García, 2014).
En los últimos años se han incrementado los estudios sobre el bienestar y se ha diversificado el tratamiento de este constructo. Ryan y Deci los clasificaron en una línea fundamentalmente relacionada con la felicidad -bienestar hedónico- y otra ligada al desarrollo del potencial humano -bienestar eudaemónico-. La diferencia entre ambos depende de la naturaleza de los objetivos vitales propuestos. Es decir, si la persona tiene una orientación hacia el placer, resultará hedónica, mientras que si la orientación es hacia una vida con significado, el logro de esta meta vital resultará en bienestar eudaemónico. Se ha utilizado el constructo de Bienestar Psicológico como representante de la tradición eudaemónica, el enfoque se ha centrado en el desarrollo personal, en las formas de afrontar los retos vitales y en el esfuerzo de las personas por conseguir sus metas así como también en las valoraciones que ellas hacen de sus circunstancias y de su funcionamiento en la sociedad. Incluye la percepción de uno mismo, la capacidad de manejar el medio y la propia
15 vida de forma efectiva, la calidad de los vínculos, la creencia de que la vida tiene sentido y significado a través del proyecto vital (Fernandez, 2013).
Capítulo II. Virtudes y Fortalezas psicológicas
La Psicología Positiva está compuesta por tres áreas: subjetiva, individual y grupal. De acuerdo con Cosentino (2010) el área subjetiva refiere al estudio de las experiencias subjetivas valoradas positivamente, como el bienestar y el placer, la individual se refiere a las virtudes y fortalezas del carácter moral como el coraje y la sabiduría y la grupal se refiere a los grupos humanos en relación con los aspectos positivos de los individuos que favorecen el desarrollo de mejores ciudadanos (Como se sito en Nogueras, 2016). Se centra en el significado de los momentos felices e infelices, y el tapiz que tejen, las virtudes y fortalezas que manifiestan, otorgando una calidad determinada a la vida (Seligman, 2017), es importante conocer el origen y clasificación de estas virtudes y fortalezas.
Las virtudes son las características centrales del carácter valoradas por filósofos morales y pensadores religiosos. El análisis de éstas en distintas sociedades, culturas y épocas históricas ha dado lugar a un consenso, que considera fundamentales las virtudes de sabiduría, coraje, humanidad, justicia, templanza y trascendencia. Se trata de valores universales; para considerar que un individuo las posee deben estar por encima de un cierto valor. Las fortalezas son los aspectos psicológicos que definen las virtudes, es decir, aquellas formas distinguibles en las que se manifiesta una virtud (Martínez, 2006). Las fortalezas de carácter son los ingredientes psicológicos (procesos o mecanismos) que definen a las virtudes.
2.1 Definición
Cada fortaleza comprende un grupo de rasgos relacionados, entendidos estos como patrones de conducta, pensamientos y emociones relativamente estables, que hacen que nos comportemos de un modo más o menos persistente ante una diversidad de situaciones. Mientras tanto los sentimientos son estados, acontecimientos momentáneos que no tienen por
16 qué ser rasgos de personalidad recurrentes. Los rasgos a diferencia de los estados, son características positivas o negativas que se repiten a lo largo del tiempo y en distintas situaciones, mientras que las fortalezas y virtudes son las características positivas que aportan sensaciones positivas y gratificación. Los rasgos son disposiciones duraderas cuya materialización hace que los sentimientos momentáneos sean más probables (Seligman, 2017).
En 1936, más de dieciocho mil palabras en inglés se referían a los rasgos, escoger los que serían objeto de investigación fue un tema serio para un grupo de psicólogos y psiquiatras que tenían por objetivo, desarrollar un sistema cuya intención fuera convertirse en lo contrario del DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, Seligman, 2011), el resultado de esta selección dio origen al VIA (Inventory of Strengths) Cuestionario VIA de fortalezas Personales, cuestionario de 245 ítems tipo likert con 5 posibles respuestas cada uno, mide el grado en que un individuo posee cada una de las 24 fortalezas, con el fin de una vez identificadas, poder entrenarlas y desarrollarlas. Todas las escalas VIA-IS tienen alfas de Cronbach >.70 y correlaciones test-retest >.70 (Vera, 2006).
De acuerdo con Seligman (2011), tres criterios para seleccionar las fortalezas son los siguientes:
Que se valoren en prácticamente todas las culturas.
Que se valoren por derecho propio, no como medio para alcanzar otros fines. Que sean maleables.
Las 24 fortalezas que mide el VIA agrupadas en 6 virtudes, a partir de las cuales se ha realizado el manual de clasificación Character Strengths and Virtues son:
Sabiduría y Conocimiento (Curiosidad, Amor por el conocimiento, Pensamiento Crítico,
Creatividad y Perspectiva), Valor (Valentía, Perseverancia, Integridad, Vitalidad), Amor y
Humanidad (Capacidad de amar y ser amado, Generosidad, Inteligencia emocional), Justicia (Civismo, Sentido de la justicia, Liderazgo), Templanza (Capacidad de perdonar,
Humildad, Prudencia, Autocontrol) Transcendencia y Espiritualidad (Apreciación de la belleza, Gratitud, Esperanza, Sentido del humor).
17 Ser una persona virtuosa es mostrar, mediante actos voluntarios, todas o al menos la mayoría de las seis virtudes mediante las fortalezas mensurables y adquiribles. A continuación se describen las virtudes y fortalezas personales de acuerdo a la clasificación expuesta por Seligman (2011).
2.2 Clasificación
Sabiduría y Conocimiento: El primer conjunto de virtudes corresponden a la sabiduría. Fortalezas cognitivas que implican la adquisición y el uso de conocimiento.
● Curiosidad. La curiosidad por el mundo conlleva apertura a distintas experiencias y flexibilidad ante temas que no encajan con nuestras propias ideas previas. Las personas curiosas no se limitan a tolerar la ambigüedad, sino que ésta les gusta y los intriga. Implica participar de las novedades de forma activa.
● Amor por el conocimiento. Le encanta aprender cosas nuevas.
● Juicio/ Pensamiento crítico. Pensar las cosas con detenimiento y analizarlas desde todos los puntos de vista. No se precipita a extraer conclusiones y sólo se basa en pruebas fehacientes para tomar decisiones. Es capaz de cambiar de opinión. Al hablar de juicio, se refiere al ejercicio de analizar la información de forma objetiva y racional en pos del bien propio y el de los demás. Representa la orientación realista y es contrario a los errores de lógica, y al pensamiento dicotómico. Forma parte significativa del saludable rasgo de no confundir los deseos y necesidades de una persona con la realidad del mundo.
● Ingenio/ Originalidad/ Inteligencia práctica/ Perspicacia. Esta categoría comprende en general lo que se denomina creatividad, pero que no está limitada a actividades tradicionales.
● Inteligencia Social/ Inteligencia personal/ Inteligencia Emocional. La inteligencia social y personal es el conocimiento de uno mismo y de los demás. Uno es consciente de las motivaciones y sentimientos de los demás y sabe responder a ellos. La inteligencia social es la capacidad de observar diferencias en los demás, con respecto a su estado de ánimo, temperamento, motivaciones e intenciones y actuar en
18 consecuencia. La inteligencia personal permite acceder a los sentimientos propios y utilizar dicho conocimiento para comprender y orientar el comportamiento.
● Perspectiva. Otras personas recurren a usted para aprovechar su experiencia para que les ayude a solucionar problemas y obtener perspectiva para ellas mismas. Posee una visión del mundo que tiene sentido para otros y para usted mismo. Las personas sabias son las expertas en lo más importante, y complejo: la vida.
Valor. Las fortalezas que componen la categoría valor reflejan el ejercicio consciente de la
voluntad hacia objetivos encomiables que no se sabe con certeza si serán alcanzados. Para ser considerados valientes, tales actos deben realizarse ante fuertes adversidades. Esta virtud es universalmente admirada.
Valor y Valentia. No dejarse intimidar ante la amenaza, los retos, el dolor o las dificultades.
El valor es más que coraje bajo el fuego, cuando la integridad física está amenazada. También hace referencia a situaciones intelectuales o emocionales vistas como desfavorables, difíciles o peligrosas. Es basarse en la presencia o ausencia de temor. La persona valerosa es capaz de separar los elementos emocionales y conductuales del temor, resistirse a la respuesta conductista de huida y enfrentarse a la situación que produce temor, a pesar de la molestia producida por reacciones subjetivas y físicas. El valor moral es adoptar posturas que uno sabe que no serán bien acogidas y que probablemente provoquen efectos adversos. El valor psicológico incluye la postura estoica e incluso alegre necesaria para enfrentarse a experiencias duras y a una enfermedad grave sin perder la dignidad.
Perseverancia/ Laboriosidad/ Diligencia. Comienza lo que acaba. La persona laboriosa asume proyectos difíciles y los termina; cumple con su cometido con buen humor y con las mínimas quejas. Hace lo que dice que hará e incluso más, nuca menos. Al mismo tiempo la perseverancia no implica la búsqueda obsesiva de objetivos inalcanzables. La persona realmente laboriosa es flexible, realista y no perfeccionista.
Integridad/ Autenticidad/ Honestidad. Es una persona honesta, no solo porque dice la verdad, sino porque vive su vida de forma genuina y auténtica. Tiene los pies en el suelo y no es pretencioso, es una persona “auténtica”. Al mencionar la integridad y honestidad se refiere a
19 presentarse con respecto a intenciones y compromisos, ante los demás y ante uno mismo de forma sincera, ya sea mediante palabras u actos.
Humanidad y Amor. Las fortalezas de este apartado se ponen de manifiesto en la interacción social positiva con otras personas: amigos, conocidos, parientes y también desconocidos.
● Bondad y Generosidad. Es bondadoso y generoso con los demás y nunca está demasiado ocupado para hacer un favor. Disfruta realizando buenas obras en beneficio de los demás, incluso aunque no los conozca bien. Todos los rasgos de esta categoría parten del principio de conceder valor a otra persona. La categoría bondad engloba distintas formas de relacionarse, guiadas por el beneficio de otro a tal punto de que se anulan nuestros propios deseos y necesidades inmediatas. La empatía y la compasión son elementos útiles de esta fortaleza.
● Amar y dejarse amar. Valora las relaciones íntimas y profundas con los demás.
Justicia. Estas fortalezas se manifiestan en las actividades cívicas. Van más allá de las interacciones individuales y se refieren a la relación de una persona con grupos más amplios, como la familia, la comunidad, la nación y el mundo.
● Civismo/ Deber/ Trabajo en Equipo/ Lealtad. Destaca como miembro de un grupo. Es un compañero de equipo leal y dedicado, siempre cumple con su parte y trabaja duro por éxito del conjunto.
● Imparcialidad y Equidad. No permite que sus sentimientos personales sesguen sus decisiones sobre otras personas. Le da una oportunidad a todo el mundo.
● Liderazgo. Se le da bien organizar actividades y asegurarse de que se lleve a cabo. El líder debe ser antes que nada un dirigente efectivo, que se encarga de que el trabajo de grupo se realice al tiempo que se mantienen las buenas relaciones entre sus miembros. Además el líder efectivo es humano en el trato de relaciones intergrupales. Esta persona se libera del peso de la historia, reconoce la responsabilidad de sus errores y es pacífica.
20 Templanza. Hace referencia a la expansión apropiada y moderada de los apetitos y necesidades. La persona mesurada no reprime sus aspiraciones, pero espera la oportunidad de satisfacerlas de forma que no perjudique a nadie.
Autocontrol. Capacidad de contener sus deseos, necesidades e impulsos cuando una situación lo requiere.
● Prudencia/ Discreción/ Cautela. Es una persona cuidadosa. No dice ni hace nada de lo que luego podría arrepentirse. La prudencia constituye la mejor estrategia mientras las cartas no están echadas y se emprende una acción. Las personas prudentes tienen visión de futuro y son dialogantes. No les cuesta resistirse a los impulsos sobre objetivos a corto plazo en pos del éxito a más largo plazo.
● Humildad y Modestia. No intenta ser el centro de atención; prefiere que sean sus logros los que hablen por usted. No se considera especial y los demás reconocen y valoran su modestia. Es una persona sencilla. Las personas humildes consideran que sus aspiraciones, éxitos y derrotas personales carecen de excesiva importancia.
Trascendencia. Fortalezas emocionales que van más allá de la persona y nos conectan con algo más elevado, amplio y permanente: con otras personas, con el futuro, la evolución, lo divino o el universo.
● Disfrute de la belleza y la excelencia. Aprecia la belleza, la excelencia y la habilidad en todos los ámbitos: en la naturaleza y el arte, las matemáticas y la ciencia, las cosas cotidianas. Cuando es intensa, se acompaña de sobrecogimiento y asombro.
● Gratitud. Ser consciente de las cosas buenas que suceden y nunca darlas por supuestas. Saber expresar agradecimiento. La gratitud es apreciar la excelencia de otra persona con respecto al carácter moral. Estamos agradecidos cuando las personas nos hacen bien, pero también podemos mostrarnos agradecidos de forma más general por las buenas obras y las buenas personas.
● Esperanza/ Optimismo/ Previsión. Esperar lo mejor para el futuro, planificar y trabajar para conseguirlo. La esperanza, el optimismo y la previsión son una familia de fortalezas que implican una actitud positiva hacia el futuro. Esperar que se
21 produzcan acontecimientos positivos, sentir que se producirán si uno se esfuerza y planifica el futuro fomentan el buen humor en el presente e impulsan una vida dirigida por objetivos.
● Espiritualidad/ Propósito/ Fe/ Religiosidad. Posee creencias fuertes y coherentes sobre la razón y el significado trascendente del universo. Saber cuál es el lugar dentro del orden universal. Sus acciones definen sus actividades y son una fuente de consuelo.
● Perdón y Clemencia. Perdona a quienes le han causado un mal. Siempre da una segunda oportunidad a los demás. El principio por el que se guía es la clemencia, no la venganza. El perdón de las ofensas produce una serie de cambios beneficiosos en el interior de una persona. Cuando las personas perdonan, sus motivaciones básicas o inclinaciones a actuar sobre el transgresor se tornan más positivas, benevolentes, amables o generosas y menos negativas, vengativas o de evitación.
● Picardía y Sentido del Humor. Ver el lado cómico de la vida fácilmente. Gusto por reír y hacer reír a otras personas.
● Brío/ Pasión/ Entusiasmo. Persona llena de vida.
Estas veinticuatro fortalezas producen más emoción positiva, más sentido, más logro y mejores relaciones (Seligman, 2017).
George Vaillant, profesor de Harvard que dirige los dos estudios psicológicos más completos sobre hombres a lo largo de sus vidas, estudia las fortalezas que él ha dado en llamar “defensas maduras”, entre las cuales se incluye el altruismo, la capacidad de aplazar la gratificación, la prevención de futuro y el sentido del humor, indicó los factores que mejor predicen el envejecimiento satisfactorio, entre los cuales se encuentra el nivel de ingresos, la salud física y la alegría de vivir (Seligman, 2011).
En nuestro país no existe en la actualidad, investigaciones que analicen en profundidad el fenómeno de la psicología positiva, desde el plano de la trascendencia- espiritual, pues de acuerdo con Lupano y Castro (2010) la psicología positiva no se trata de un movimiento filosófico ni espiritual, sin embargo, la espiritualidad es un factor
22 determinante para el equilibrio emocional de una persona, el incremento de salud y en el afrontamiento de situaciones de vida negativas.
Es por ello que el propósito de este trabajo es realizar una investigación teórica que nos permita identificar la aplicación de las fortalezas psicológicas desde la virtud de la trascendencia y espiritualidad en el campo de la salud.
CAPÍTULO III. Fortalezas psicológicas desde la virtud de la trascendencia y
espiritualidad en el campo de la salud.
En el ámbito de la psicología, el énfasis en los estados psicológicos positivos, el análisis de las fortalezas psicológicas desde la virtud de la trascendencia y espiritualidad como factores protectores de la salud física y mental así como su repercusión en el desarrollo de enfermedades, se ha empezado a estudiar en las últimas dos décadas, pues históricamente el foco de las intervenciones en áreas relacionadas con la salud se ha centrado más en la reducción del dolor, sufrimiento y las carencias que en el desarrollo de capacidades individuales y colectivas (Vazquéz et al., 2009).
Una revisión de artículos médicos publicados sobre depresión, estrés o ansiedad superan en una porción de 6 a 1 los publicados sobre satisfacción, felicidad o bienestar, los estudios sobre estados de ánimo negativos son veinte veces más frecuentes que los que estudian estados emocionales positivos (Vazquéz et al., 2009).
Es por ello la importancia que el foco ya no se centra exclusivamente en tratar los síntomas de los desórdenes psicológicos, sino también en promocionar y fortalecer lo que es saludable, positivo y adaptativo que hay en todo ser humano, desde el punto de vista cognitivo, emocional y comportamental. Interesan las fortalezas y no sólo las debilidades de las personas, la salud y no sólo la psicopatología, los potenciales y no sólo los déficits (García, 2014). Implica un estado emocional positivo y un modo de pensar compasivo sobre nosotros mismos y los demás, poseer expectativas de un futuro positivo y, en general, un modo adaptativo de interpretar la realidad, disponer de recursos para afrontar las adversidades y desarrollarnos como seres humanos (Vázquez et al., 2009).
23 Seligman (2011) sostiene que la dimensión subjetiva de la salud positiva incluye sentido de bienestar físico, ausencia de síntomas de pesadez, sentido de durabilidad, resistencia y confianza en el propio cuerpo, un control sobre la salud interna, optimismo, alto nivel de satisfacción vital, emoción positiva, mínima y adaptativa emoción negativa, alto sentido de compromiso y satisfacción vital.
3.1 Psicología y espiritualidad.
La Psicología y la Espiritualidad, ha investigado modos en que las personas se relacionan con la salud y con el afrontamiento de situaciones de vida negativos. Hace unos veinte años los datos sobre los efectos psicológicos positivos de la fe empezaron a mostrar un componente compensatorio, más directamente relevante resulta el hecho de que los datos de los estudios muestran de forma sistemática que los creyentes son algo más felices y están más satisfechos con la vida que los no creyentes (Seligman, 2011).
La relación causal entre espiritualidad y vida más sana y de carácter más social proscriben las drogas, los delitos, y la infidelidad, al tiempo que fomentan la caridad, la moderación y el trabajo, infunden la esperanza en el futuro y otorgan sentido a la vida (Seligman, 2011 pp. 99-100).
De acuerdo con Yoffet (2007) estos conceptos podrían ser pensados como enfoques complementarios para la Psicología Positiva ya que ambas estudian el tema del afrontamiento de situaciones de vida negativos, la prevención de enfermedades y la promoción de estados de felicidad, esperanza, fe, autocontrol, así como de sentimientos y estados positivos que tiendan a la protección y promoción de la salud física, afectiva, mental y espiritual. Las personas creyentes tienen claramente menos probabilidad de abusar de las drogas, cometer crímenes, divorciarse y suicidarse. También gozan de mejor salud física y viven más años. Las madres creyentes de hijos con discapacidades combaten mejor la depresión y las personas creyentes se sienten menos desconcertadas ante el divorcio, el paro, la enfermedad y la muerte (Seligman, 2011, pp. 99)
24 La relación entre la esperanza ante el futuro y la espiritualidad es probablemente la piedra angular de por qué la fe es tan eficaz para combatir la desesperación y aumentar la felicidad (Seligman, 2011, pp 101).
Martínez (2006), menciona que la psicoterapia no se necesita tanto en otros países porque hay más oportunidades para interactuar y expresarse, buscar guía, consejo, poder disfrutar del apoyo, de los recursos comunitarios y espirituales, se argumentó que las personas se reúnen con otras que forman una comunidad de amigos receptivos, lo cual les hace sentirse mejor (Seligman, 2011, pp. 100) con ayuda de la conciencia se proporciona significado, perseverancia, sentido de pertenencia, esperanza y espiritualidad.
Por lo tanto mirando a la espiritualidad como virtud y fortaleza, constituye uno de los principios fundamentales de la condición humana y una actividad congruente que conduce hacia una vida psicológica óptima proporcionando una estabilidad, la Psicología Positiva debería basarse en una biología positiva y estar supeditada a una filosofía positiva, quizás incluso a una teología positiva (Seligman, 2011, pp. 364).
La emotividad positiva forma parte de un sistema sensorial que nos indica la existencia de una victoria potencial, crea un repertorio de conductas y un tipo de pensamientos que amplia y fortalece las habilidades sociales y los recursos intelectuales (Seligman, 2011, pp.373).
Martínez (2006 como se citó a Peterson y Seligman 2004) quienes mencionan que las virtudes trascendentales permiten al individuo establecer una conexión con el universo, proporcionando sentido a su vida, ó vida significativa, lo que pasa a formar parte de algo más elevado que nosotros, y cuanto más elevado sea ese algo más sentido tendrá nuestra existencia.
De acuerdo con Ávila y Gutiérrez (2017) la espiritualidad, se define como la creencia y el compromiso con los aspectos trascendentales de la vida, llámese divino, sagrado, ideal
25 o universal, en el ser humano tiene la necesidad de cimentar su fe y creencia en algo, o en un ser superior, para la búsqueda de tranquilidad, paz, armonía y el discernimiento para afrontar las situaciones de crisis que vive como familia o individuo. Es importante que esta virtud sea complementada con la apreciación de la belleza y la excelencia del mundo y de las demás personas, estas conectan a la persona directamente con; la gratitud, con la bondad; la esperanza, con el futuro imaginado; y el humor, con los problemas y contradicciones de la vida de tal manera que suple la angustia por una forma más llevadera de afrontar las situaciones.
Psicológicamente, la espiritualidad es importante porque influye en las atribuciones que las personas hacen en el significado que construyen y en la forma en la que establecen sus relaciones con los demás y con el mundo, según Martínez (2006) se tiene la creencia de la existencia en una dimensión trascendental de la vida, que describe lo privado, la relación de intimidad entre el ser humano y lo divino, y las virtudes que se derivan de esa relación.
Para Ávila y Gutiérrez (2017) es una esencia básica de las personas para encontrar sentido, propósitos en la relación consigo mismos y con otros. De la misma manera se expresa que la espiritualidad es individual y permite el desarrollo de cualidades como amor, honestidad, paciencia, tolerancia, comprensión, fe y esperanza.
Durante el medio siglo que siguió al desprestigio del que Freud la hizo objeto, los debates académicos acerca de la fe la acusaron de generar sentimiento de culpa, intolerancia, antiintelectualismo, autoritarismo, así como reprimir la sexualidad (Seligman, 2011, pp.99), se considera a la espiritualidad como opuesta a la Psicología, por creerse que al ocuparse de los problemas de la fe estaba ligada a la filosofía, a la moral y a problemas espirituales, dejando así de ser un problema científico (Yoffet, 2007). Sin embargo es una virtud que sirve al ser humano para afrontar situaciones difíciles de la vida cotidiana, teniendo un impacto positivo para una vida significativa.
26 3.2 Espiritualidad y resiliencia.
Rodríguez, Fernández, Pérez y Noriega (2011) mencionan que la espiritualidad y la resiliencia están asociados significativamente con la salud individual y colectiva, es una dimensión esencial de una persona o de una comunidad que la coloca en relación con una realidad metafísica y la lleva a trascender desde lo meramente material a lo espiritual. Se considera un factor protector importante ante el padecimiento de enfermedades o trastornos mentales.
En los últimos tiempos se ha definido el concepto denominado “resiliencia espiritual”, como la capacidad para responder a los factores estresantes, a la adversidad y a los eventos traumáticos, sin presentar síntomas patológicos crónicos o verse disminuidas las capacidades vitales del espíritu (como son el poder amar, comprender, perdonar o servir generosamente a los demás), de la mente (como el poder pensar de forma racional, objetiva y equilibrada) y del cuerpo (básicamente, funcionar de forma saludable), sino más bien resultando éstas fortalecidas (Rodríguez et. al 2011) .
De este modo, los estados positivos que surgen a partir de prácticas “espirituales” pueden ser importantes para la salud mental y física, al actuar sobre los mecanismos psiconeuro-inmunológicos y psicofisológicos (Yoffet, 2007).
Rodríguez et. al (2011) citaron algunos autores en su trabajo, respecto a los beneficios que tiene la espiritualidad en el funcionamiento del sistema inmune, con la prevención de accidentes, problemas neurológicos, al igual que con un afrontamiento efectivo del dolor, en la salud mental, la espiritualidad se relaciona con un efecto positivo en el tratamiento o prevención de adicciones, suicidio, delincuencia, ansiedad-depresión, estrés, esquizofrenia, trastornos bipolares y otras afectaciones psicológicas o psiquiátricas.
Por otro lado, Martínez (2006) cita una serie de estudios en los que se hacen patentes los beneficios de la espiritualidad, al proporcionar un marco moral claro, ayudando a construir significado, sentido de propósito, esperanza y apoyo emocional. En estos estudios
27 se revela que existe una relación entre espiritualidad, felicidad, propósito de vida, bienestar físico y psicológico, además sirve como afrontamiento de la enfermedad y el estrés psicológico, existe una estrecha relación entre la capacidad de perdonar, la amabilidad.
El compromiso espiritual es un factor influyente en la promoción de valores prosociales, se entiende de esta manera que la espiritualidad funge un papel eficaz como guía, ayuda en situaciones difíciles, puede ser una fuente de crecimiento y compromiso personal.
Rodríguez et al. (2011), realizaron un estudio de tipo cualitativo, con un diseño fenomenológico, estudio de caso empleando como instrumento la entrevista semiestructurada, el genograma y ecomapa, con dos familias que asisten a las actividades pastorales de las parroquias María Misionera en la ciudad de Cali y San Luís de Tolosa en la ciudad de Bogotá, se recogió la información desde sus propias experiencias narrativas, desde su realidad contextual y los significados que han dado a su experiencia personal de la enfermedad crónica y la espiritualidad como recurso de afrontamiento. Los resultados que se obtuvieron fueron: se hallaron cambios significativos en su dinámica familia, el sistema familiar retoma con mayor fuerza los valores como la unión familiar, amor y solidaridad para brindar el respaldo y devolver el sentimiento de tranquilidad, al afrontar la situación de salud logran reconocer, ampliar y fortalecer la red de apoyo social, construyendo nuevos vínculos de afecto que les ayudó a vivir los diversos cambios en su dinámica familiar, se encontró que los cambios en la dinámica familiar suceden en la medida que van experimentando y afrontando el evento de salud, como un evento entrópico, pero que logran danzar desde la sensación de temor y miedo a la pérdida, pero al mismo tiempo y de manera sistémica, generan acciones que brinden no sólo el cuidado de la persona, sino el fortalecimiento de valores familiares, lo que se refleja en lo descrito por Rodríguez, et. al.(2011) al mencionar el afrontamiento como la búsqueda de bienestar emocional y el sentido a la enfermedad, que para la experiencia de estas familias el sentido lo vivieron en la unión familiar, el amor, solidaridad, vínculos afectivos y aprecio al ciclo de vida como familia e individuo.
28 La espiritualidad para el sistema familiar se convierte en el nicho de valores que dan herramientas para fortalecerse como unidad familiar, de ahí los valores que ellos mismos mencionan como: solidaridad, amor, la unidad y apoyo (Rodríguez et al., 2011).
La práctica de la espiritualidad y el estado de enfermedad les permitieron fortalecer la unidad familiar y potenciar sus recursos positivos uniendo esfuerzos para disminuir el impacto que tuvo la enfermedad crónica en uno de los integrantes del sistema familiar; en la práctica de las familias se evidenció en las nuevas dinámicas, roles y las reflexiones construidas en su sistema de creencias y el concepto de enfermedad (Rodríguez et al., 2011).
El recurso de apoyo espiritual en el sistema familiar les ha permitido asimilar y aceptar la enfermedad desde la fe y esperanza, no se menciona desde la no enfermedad, sino desde el bienestar físico y espiritual consigo mismo y sus familias. De este modo, se puede mencionar que la espiritualidad es un recurso de afrontamiento cuando conectan un triángulo de elementos que emergen como parte de los resultados al contar sus experiencias de vida familiar (Rodríguez et al., 2011).
La espiritualidad más que una dimensión trascendente en el ser humano, se convierte en un recurso de apoyo para la persona y el sistema familiar, especialmente cuando padecen una situación de adversidad, ya que la espiritualidad deja de ser una tradición o parte de los ritos y costumbres familiares, y pasa a convertirse en su mejor aliado y fortaleza para afianzar los vínculos afectivos familiares dentro y fuera del sistema familiar (Rodríguez et al., 2011).
En la identificación de la espiritualidad como recurso de afrontamiento, se encontró además que este facilita el fortalecimiento de los vínculos afectivos en el sistema familiar y permite movilizar la dinámica en la familia en respuesta a las exigencias y demandas de la condición de salud, al tiempo que canaliza en los integrantes de la familia dolores y sentimientos de angustia. En este sentido la espiritualidad como recurso ha permitido en los sistemas familiares un refugio a sus sentimientos, la sensación de que “alguien” los escucha y no los juzga o señala, siente comprensión y compasión de su dolor a través de la oración y sus creencias (Rodríguez et al., 2011).
29 Por otro lado y a manera resumida Santana, Antunes, Miranda y Yarid (2017), realizaron una compilación de investigaciones relacionadas con la espiritualidad en los servicios de urgencia y emergencia dando como resultado que la oración/ espiritualidad fue una de las terapias alternativas y complementarias más difundidas entre los pacientes, además es concebida como un mecanismo de enfrentamiento, por el cual las familias procuran lidiar con las fragilidades advenidas de las situaciones difíciles, manifestándose en la oración. Así mismo es percibida como una necesidad de los familiares y de los pacientes, incluso en situaciones de riesgo de muerte. No obstante los estudios revelan que la espiritualidad también es importante para el cuidado integral y la preparación de los profesionales involucrados en rescates o situaciones de catástrofes, relacionando aspectos culturales, religiosos y éticos. Sin embargo una de las dificultades encontradas son las diferencias espirituales y culturales.
De acuerdo con Rodríguez et al. (2011), en la niñez, adolescencia y juventud, la espiritualidad actuaría como un amortiguador del impacto de situaciones adversas como exposición a la violencia, maltrato físico, abuso sexual, inestabilidad, abandono familiar, elevado estrés psicosocial. Por lo tanto, la espiritualidad favorece el sano desarrollo de la personalidad durante el tránsito a la vida adulta, en un marco de relativa estabilidad emocional, sin la cual los niños y jóvenes, al ser más vulnerables, serían más propensos que los adultos a presentar diversos trastornos. En personas adultas, la espiritualidad parece promover una actitud proactiva frente a la adversidad (enfermedades crónicas, situaciones de estrés laboral que demandan liderazgo o exposición continua a frustración, dolor o pérdidas humanas, o desplazamiento migratorio forzado). Es decir, fomenta la consolidación de proyectos vitales tales como: salud, estabilidad familiar y éxito profesional. Además, la espiritualidad favorece el fortalecimiento de la autoestima y de la propia identidad, en el caso de quienes sufren discriminaciones o exclusión por razones culturales, étnicas o religiosas. Por otra parte, para los ancianos, la espiritualidad es un recurso trascendental de resiliencia, sin el cual estarían a merced de la depresión, la ansiedad, la decepción, la amargura o el vacío existencial. En esta etapa evolutiva, son comunes los sufrimientos por enfermedad crónica, discapacidad, pérdida o soledad, por lo que los individuos necesitan recapitular e integrar los
30 logros y fallas cometidas a lo largo de la vida para otorgarle un valor o significado último que les proporcionen gratitud, paz y realización personal. De hecho, se evidencia que los ancianos tienden a buscar más las prácticas y creencias espirituales que la gente joven. En el caso de las mujeres, la espiritualidad es un recurso importante que les ayuda a ser resilientes ante el impacto de enfermedades crónicas (como el cáncer o el VIH/SIDA), del maltrato físico, del abuso sexual y los factores asociados a estos hechos (como el aislamiento o la estigmatización social). En este sentido, la espiritualidad contribuye a la prevención y superación de los síntomas asociados con la baja autoestima, la depresión, el estrés postraumático, o con diversas conductas no adaptativas derivadas de tales adversidades. El hecho de que más mujeres que hombres asuman prácticas espirituales, principalmente a nivel religioso, podría reflejar una conducta adaptativa; dicha conducta hace que las mujeres, más vulneradas (aunque menos vulnerables) que los hombres por el machismo cultural, sobre todo en los países del llamado Tercer Mundo, encuentren un recurso de fortaleza y adaptación eficaz.
Las investigaciones en familias, demuestran que, en situaciones de elevado estrés por pérdidas económicas, enfermedades y muerte de algún miembro, o circunstancias ambientales que las desestabilizan, la espiritualidad permite transformar dichos eventos amenazantes en oportunidades para que sus miembros descubran y pongan en práctica los valores, creencias y actitudes que les permiten salir fortalecidos de tales adversidades, pese al dolor que ello implica. El apoyo social al interior y alrededor de la familia, motivado por convicciones de fe, infunde en sus miembros los sentimientos de afirmación, optimismo, apoyo, amistad y esperanza que necesitan para saberse amados y para encontrar un sentido, individual y compartido, al sufrimiento. El promover la espiritualidad familiar puede ser un elemento clave para la formación humana y la prevención de muchos trastornos. Muchos de éstos son consecuencia del mal funcionamiento de la familia nuclear, principalmente por la falta de cohesión en torno a valores o principios morales y espirituales fundamentales para el desarrollo de relaciones armónicas basadas en el aprecio, la aceptación, el cariño mutuo, el respeto, la comunicación, la solidaridad, la tolerancia, la fidelidad, el amor a la verdad y a la vida; todos estos valores se entrecruzan entre lo más auténticamente humano y lo más
31 racionalmente trascendental, y se reconocen como los principales factores asociados a la resiliencia personal (Rodríguez et al., 2011).
Para Puentes, Urrego, Sánchez (2015) la espiritualidad ha abarcado disciplinas distintas a las ciencias sociales, como es el caso de las ciencias de la salud, en su trabajo citaron a Visser, Garssen, Vingerhoets (2010) quienes revisaron los estudios llevados a cabo sobre la relación entre espiritualidad y bienestar emocional, y la señalaron como la búsqueda de conexión y sentido a la experiencia subjetiva de lo “sagrado”, dentro del contexto de las creencias, de los valores y de las prácticas de una institución, así mismo Puchalski y Romer (2010) la definen como un constructo que permite al individuo experimentar un sentido trascendente de la vida, que incluye los conceptos de fe y significado o sentido vital, otorgando mecanismos de afrontamiento de la enfermedad de diferente índole: cognitivos, afectivos, psicológicos y comportamentales. David Hay y Viktor Frankl (1991) elaboraron un modelo de espiritualidad; se trata de un entendimiento como conciencia relacional, la cual se experimenta cuando se cae en cuenta de una íntima interconectividad con los otros, con la divinidad y con el mundo en el que se reside, Frankl plantea una aproximación centrada en el significado como propósito primordial del ser humano “voluntad de significar”.
La espiritualidad ha resultado fundamental tanto en el momento de aparición de la enfermedad como en su subsecuente evolución, brinda un marco interpretativo para la enfermedad, estimula prácticas como la oración, posibilita la asimilación y la construcción de sentido alrededor y desde esta perspectiva, la espiritualidad contribuye a un mejor manejo de los sistemas de salud, de atención social, en todo contexto institucional y colectivo (Puentes et al., 2015).
Mientras tanto, la enfermedad puede significar en la vida un proceso de desarrollo personal multivariado, multirrelacionado que se manifiesta en el cuerpo, las emociones y los elementos que contenemos y que yacen fuera de nosotros, que no se sujeta a leyes genéticas, sociales o culturales; entendiendo a la enfermedad como un proceso de vivir (Hurtado, 2007).
32 Conclusiones
A partir de este trabajo teórico, se sugiere que este material sirva como referencia para las personas que estén interesadas en el tema de la Psicología Positiva y la espiritualidad como mecanismo de afrontamiento en situaciones adversas, que pueden tener un origen laboral, social, familiar, por alguna pérdida (duelo), por la aparición de alguna enfermedad, etc., las causas son múltiples, sin embargo, la espiritualidad como virtud y fortaleza en el ser humano es un atributo natural e intrínseco de la especie humana, como menciona Rodríguez et al. (2011), su influencia en el desarrollo cultural ha sido clave desde los orígenes evolutivos del ser humano, determinando inicialmente la búsqueda de trascendencia a través del pensamiento simbólico y mágico prehistórico, en el transcurso de la historia, con la aparición de la filosofía deísta que logró separar la fe de la razón, dio como resultado una espiritualidad más personal, subjetiva y libre…, mejores estados de bienestar emocional y físico alcanzados por quienes la experimentan.
La espiritualidad es considerada como una necesidad personal que ayuda a enfrentar dificultades, además hay una relación estrecha, positiva y significativa entre la religiosidad, bajo múltiples modos de expresión, y variables asociadas al bienestar personal, bienestar psicológico, la autorrealización, el sentido de la vida y la felicidad.
Entendiendo como bienestar, no solo a la satisfacción psicológica sino también a implicaciones para la salud física de manera preventiva, en la recuperación de condiciones y enfermedades físicas, teniendo como factor influyente a la espiritualidad, incrementando la esperanza de vida y haciendo un cambio de creencia ante las adversidades, percibiendo hechos negativos como un crecimiento personal.
Entonces, la espiritualidad como fortaleza de carácter está ligada a la satisfacción con la vida sin importar cuestiones culturales, pues contribuye al crecimiento personal. Actualmente, los psicólogos occidentales están redescubriendo el importante papel que cumple en la vida de la gente la esperanza, la espiritualidad y la integración en un grupo social o comunidad (Martínez, 2006). Siguiendo a Rodríguez et al. (2011), la espiritualidad,
33 se ha descrito últimamente en el contexto científico y terapéutico como la cualidad que impulsa al ser humano a trascender y a darle un propósito a su existencia, buscando los medios necesarios para lograr estos objetivos mediante una vinculación significativa con algo “divino” (según la concepción que se tenga) y/o con los demás, dentro o fuera de las instituciones religiosas. Esta búsqueda, en definitiva, proporciona un estado de bienestar psicológico que favorece la resiliencia individual y comunal.
Es por ello que el profesional de la salud mental debe tener presente la importancia de la dimensión espiritual del individuo o de la comunidad, para el desarrollo humano, pues de acuerdo con Rodríguez et al. (2011) es la parte medular de su paciente y de sí mismo como instrumento de sanación e incluso, de resiliencia mutua, a través de la relación de ayuda.
No obstante, hacen falta investigaciones relacionadas con el tema, para aclarar y mejorar intervenciones, dentro de la espiritualidad, que favorezcan su desarrollo y se relacionan de manera más significativa con el bienestar psicológico, la calidad de vida y la resiliencia personal.
Finalmente, la espiritualidad se perfila como uno de los mecanismos de afrontamiento determinantes para la superación de emociones negativas, en todos los niveles de la población: niños, jóvenes, adultos, estudiantes, profesionales, trabajadores, familias, enfermos, sanos, ricos y pobres. Una educación oportuna en valores y en actitudes espirituales, inspirada en principios trascendentales para el individuo (como el amor, el respeto y la solidaridad), sería tal vez la mejor manera de formar personalidades fuertes y resilientes ante las inevitables presiones o problemas de la vida en todas sus etapas.