Casa tomada- Julio Cortázar
Esteban: Dicen los que saben que éste que vamos a utilizar el día de hoy es el cuento de Cortázar que mayor cantidad de estudios ha generado. Estamos hablando de “Casa tomada”, Ezequiel.
Ezequiel: ¡Qué cuento sencillo de leer y difícil de entender! Uno de los tantos juegos literarios de Julio Cortázar, escritor argentino, sin embargo, nació en Bruselas, porque es hijo de diplomáticos. Estudió en Argentina (hemos hablado en algún momento más extensamente de la biografía de él), se recibió de maestro, también fue traductor, vivió en París muchísimo tiempo hasta su muerte; prácticamente la consideraba su ciudad. Y (desde mi punto de vista) es uno de los autores de literatura latinoamericana, sobre todo de la literatura cuento, más importante que ha tenido el siglo XX. Y casi podemos decir empezó su carrera literaria con este cuento, “Casa tomada”, que prefigura de alguna manera todo lo que él iba haciendo después con la literatura, porque es una toma de posición con respecto a que entiendo yo que es la literatura. Es decir, es un Cortázar diciendo “para mí la literatura es esto, es algo distinto diferente a lo que se considera de alguna manera tradicionalmente”.
Esteban: Como que me da la impresión que él se planta al momento de escribir e imagina a su lector y lo mira en tono desafiante.
Ezequiel: Exactamente. La literatura de Cortázar es un desafío amable, es un juego básicamente. Y lo que vos mencionás, la figura del lector, es importantísima dentro de la obra de Cortázar. Es decir, él quiere de alguna manera impactar sobre ese lector pero no como podría impactar otro autor a partir de la crudeza o a partir de la profundidad de los que propone, sino que lo quiere decir a partir de incorporarlo al juego literario. Es decir, que la presencia del lector sea una presencia mucho más fuerte dentro del texto de lo que es un relato tradicional.
Esteban: Claro. Porque le exige al lector tratar de participar en resolver el asunto de una manera apropiada o intentar llegar hasta donde él intenta transmitir.
Ezequiel: Exactamente. Eso es un poquito la propuesta de Cortázar y es la propuesta que se ve en este cuento. Por supuesto que él no lo logra en todos sus textos sino en algunos; tiene otros textos con una estructura un poco más tradicional, lo que no quiere decir que los textos no sean también fascinantes a su modo. Pero yo creo por lo menos que lo que caracteriza a la literatura de Cortázar, lo mejor de Cortázar, es esa propuesta de juego permanente que tiene con el lector.
Esteban: Bueno, elegiste una serie de fragmentos de este cuento que vamos a ir comentando y vamos a ir recorriendo junto con el oyente, ¿te parece?
Ezequiel: Seguro.
Cortázar):
“Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia. Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al
mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos.”
Ezequiel: Es un arranque de texto notable porque son dos párrafos los que leímos y ya plantea el juego de los personajes. En primer lugar, la utilización de la primera persona, es decir, hay un narrador que nos está contando su historia. El narrador en primera persona siempre es algo sospechoso en literatura porque es subjetivo, es decir, está contando lo que él ve, está contando lo que a él le parece. No se está necesariamente ciñendo a la realidad, y ese es uno de los juegos que va a
tener el narrador: es un narrador contradictorio. Esteban: Porque está participando.
Ezequiel: Exactamente. Por momentos va a decir una cosa y por momentos se va a traicionar a sí mismo y sin darse cuenta va a contradecir lo que dijo unos párrafos antes. Son todas cosas muy sutiles, pero que Cortázar las va poniendo ahí a propósito, para que no le demos tanta fiabilidad o tanta confianza a este hombre que nos cuenta, a esto que él define con bastante crueldad, el propio personaje, como un “matrimonio de hermanos”. Dice ”somos un matrimonio de hermanos”; es decir, hay una trampa en el texto, son dos hermanos que funcionan como un matrimonio pero son
hermanos realmente, y eso está claro permanentemente, que viven en el pasado, muy claro desde el comienzo del texto.
Esteban: Son dos solterones digamos.
Ezequiel: Son dos solterones: a él se le murió su prometida y ella fue descartando pretendientes, hasta que finalmente se quedaron solos en esa casa.
Esteban: Y la casa fue el centro de sus vidas.
Ezequiel: Exactamente. Que es una casa además que está también anclada en el pasado, porque dice “guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia”. Es decir, es una casa que está construida
básicamente de recuerdos, ni siquiera tiene un valor como casa (según el
narrador). Dicen “si vendemos los materiales y la desarmamos, con los materiales que están hechos vamos a ganar más que si la casa estuviera entera”. La casa
tiene valor para ellos, no tanto por lo económico, sino porque representa su pasado, su pasado más remoto, porque se remonta hasta sus bisabuelos; ni siquiera
representa mis recuerdos, sino que representa mi estirpe. Esto es de alguna manera lo que aparece en el texto de Cortázar y que ha sido muy analizado: es esa
representación de la clase aristocrática (en este caso de Argentina) pero que se aplica a cualquier nación o a cualquier sociedad. Esta gente que vive de
rentas y viven del arrendamiento de campos y de propiedades que tienen (que efectivamente lo explica en algún momento del cuento). Viven de eso y de alguna manera no generan nada, se transforman en parásitos de sí mismos; entonces todo esto es un poco la idea. Sin embargo, Cortázar no lo plantea con la crueldad que lo estamos explicando nosotros; tiene bastante cariño, dentro de todo, por sus
personajes, los deja caminar, deja que hagan el ridículo por sí mismos. Así que tenemos a esta pareja que además es terriblemente rutinaria.
Esteban: Sí. Cumplían horarios, actividades y tenían muy claro cuáles eran sus roles dentro de la casa.
Ezequiel: Exactamente. Además cumplían tareas dentro de la casa totalmente aburridas. Es decir, limpiaban la casa, preparaban la comida... Tenían como predispuesto un tiempo para que cada uno se dedique a sus ocupaciones. Es decir, el texto desde ese punto de vista, a pesar de que lo va contando el mismo personaje, es muy cruel. Irene se dedica a tejer, esa es su ocupación; entonces está todo el día
tejiendo. Teje, teje, teje y es lo único que hace. Él dice en un momento “hay mucha gente que teje simplemente para hacer pasar el tiempo, pero Irene no era de ese tipo de persona; tejía cosas para mí o cosas para ella”. Sin embargo después, cuando avanza en el cuento, dice que abre un cajón y lo encuentra lleno del tejido de la hermana; están ahí guardados porque no los usa nadie, realmente era una vida inútil, tejiendo todo el día, teniendo todas las posibilidades de hacer mucho más con su vida y con su existencia que tejer, opta por hacer eso, y ni siquiera pensando en el de afuera; pensando en el micro mundo que se vive dentro de esa casa. Él es fanático de la literatura francesa, y claramente si avanzamos un poco dice “desde 1939 no llegaba nada valioso de literatura francesa a la Argentina”; es decir, atrasa totalmente dentro del contexto argentino incluso. Hace mucho tiempo Argentina miró a Francia como un modelo; de hecho uno puede caminar por ciertas calles del centro de Buenos Aires y sentir que está en París. Hay incluso edificios que han sido traídos íntegramente ladrillo por ladrillo (por decirlo de alguna manera muy vulgar), toda su mampostería había sido traída de Europa. Argentina siempre tuvo un impulso, allá por el siglo XIX, muy “europeizante”, muy fuerte. Y de alguna manera eso es lo que está tomando, se está burlando de esa pasión que tiene el personaje por la literatura francesa, pero además por la literatura francesa vieja, ni siquiera por la literatura francesa contemporánea. Y ese juicio crítico tan de esa persona tan mayor recalcitrante, es decir, “desde 1939 nada bueno”; cerramos la puerta, es decir, el famoso “todo tiempo pasado fue mejor”.
Esteban: Es interesante porque coincide con el año de inicio de la Segunda Guerra Mundial. Entonces también tiene cierto valor simbólico por así decirlo.
Ezequiel: Exactamente. Si te parece Esteban leemos un párrafo más donde habla precisamente de cómo se ganaban la vida.
Esteban: “No necesitábamos ganarnos la vida; todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido. Mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.”
Ezequiel: ¿Qué era para él hermoso? Era hermoso ver a la hermana tejer todo el día. Está todo el día viendo a la hermana tejer y le parece fascinante y dice “se me iba el tiempo viendo eso”. En vez de hacer algo productivo, ahí está todo el sistema cerrado sobre sí mismo, dinero que llega, la necesidad de dinero cubierta por ese lado, ausente el tema de trabajo dentro de ellos, las ocupaciones son meros
pasatiempos, la necesidad de ocupar el tiempo en algo. Y estas pérdidas, estas vidas que son vacías desde el principio, que a pesar de que son graciosas y
simpáticas y que uno siente que se podría sentar a charlar con los personajes, son vidas totalmente vacías. Pero no es el problema que sean vidas vacías; creo que la crítica de Cortázar va más fuerte por otro lado: el problema es que son vidas vacías y no hay consciencia de ese vacío. Es decir, ellos piensan que están perfectas sus vidas así como están. Ellos son como se dice habitualmente “felices a su modo”. Yo me pregunto si uno puede ser feliz de esta manera, si en realidad no es un engaño. Esteban: Claro, encerrándose sobre sí mismo todo el tiempo.
Ezequiel: A veces se dice “no, es feliz a un manera”. Pero hay maneras que más que ser felices son una forma de auto engaño. Entonces hay que tener cuidado también con esa frase de “feliz a su manera”. Hay que pensar si no estamos generando un mundo alternativo porque vivir en el mundo real...
Esteban: Nos escapamos de él.
Ezequiel: Exactamente. Nos genera tanta incertidumbre, tanta incapacidad tenemos de manejarlo que finalmente nos aislamos.
Esteban: Hacemos una pausa. Con Ezequiel Dellutri estamos mirando unos de los cuentos más conocidos de Julio Cortázar que se llama “Casa tomada.” Ya volvemos.
PAUSA
Esteban: Retomamos el cuento “Casa tomada”; es el título que Julio Cortázar le da a este relato que estamos siguiendo con Ezequiel Dellutri. ¿Te parece que agreguemos otro fragmento más del mismo?
Ezequiel: El fragmento que propone la ruptura a esa vida absoluta, rutina que tienen los personajes.
Esteban: “Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad. Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene: -Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.” Ezequiel: Acá viene la ruptura total con lo que venía pasando. Habíamos dicho vidas
totalmente rutinarias, vacías, sin consciencia de ese vacío. Y acá de repente él escucha un ruido en el fondo de la casa, cierra la puerta lo más rápidamente
posible, termina de hacer lo que estaba haciendo, va y le dice a la hermana: ”Mirá, tomaron una parte de la casa”. Ahora, ¿hay explicación de qué es lo que pasa, esas voces que se escuchan?
Esteban: ¡Nada!
Ezequiel: No hay ningún tipo de explicación en el cuento sobre qué es lo que está tomando la casa, y los personajes lo toman con absoluta y total naturalidad.
Esteban: Casi como que hubieran estado esperando que en algún momento sucediera.
Ezequiel: Exactamente, con resignación; es decir, “bueno, pasó”. Y cierran la puerta y pierden el acceso a toda esa parte de la casa. Les queda todavía la parte de adelante en la que ellos van a seguir viviendo. Ahora, queda claro ahí que quedó la biblioteca del otro lado; la biblioteca que es fanático de los libros de literatura francesa, por lo tanto su vida está ahora más vacía de lo que estaba antes. Pero no hay reacción, no hay un “vamos a hacer algo para recuperar la parte de la casa que nos quitaron”. Hay un...
Esteban: Resignación.
Ezequiel: Exactamente, un sentido profundo de la resignación, es decir, como que esas vidas vacías que no fueron preparadas para la lucha, se resignan frente a esa invasión extraña que no sabemos exactamente por qué se producen. Van a vivir los
personajes un tiempo con esa parte de la casa tomada; el personaje como ya no tiene sus libros va a buscarse otra ocupación y la ocupación va a ser la de revisar la colección de estampillas del padre. Es decir, si había algo más aburrido que leer literatura francesa del siglo XIX es revisar una colección de estampillas. Digo, la idea (al margen de que son todas ocupaciones validas) de Cortázar es que parezca cada vez más aburrida esa vida. La hermana Irene sigue tejiendo, porque ella sí
puede hacerlo. Inventan como una especie de sistema para preparar la comida y estar la menor cantidad de tiempo posible cerca de esa parte de la casa que está tomada y siguen con sus vidas todo lo normalmente que pueden, lamentándose cada cierta cantidad de tiempo por las cosas que dejaron del otro lado.
Entonces de repente “uh vengo a buscar tal cosa y me acuerdo que está del otro lado, listo”; no hay ningún intento de ir buscarla, absolutamente nada, es
resignación absoluta. Y finalmente el cuento va a ir avanzando ya hacia el final (es un cuento corto vale la pena leerlo completo); vamos a leer una partecita ya muy cerquita del final.
Esteban: “De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro. No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuertes pero siempre sordos, a
espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.”
Ezequiel: Se produce como un avance de esa fuerza invisible aparentemente, que toma la casa y los deja en el zaguán, en el pasillo que está en la parte de adelante de la casa. Ya no tienen posibilidades de regresar. Los dos asumen que la casa ya ha sido tomada, que se tienen que ir, que se tienen que retirar, que de alguna manera la tienen que dejar; es la resignación absoluta. Y tal vez puedas leernos cómo termina el cuento.
Esteban: “Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora. Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.” Ezequiel: Ahí termina el cuento, sin explicar nada.
Esteban: ¡Nada!
Ezequiel: Es un cuento que produce una terrible desasosiego cuando uno termina de leer, porque dice “ yo no estoy entendiendo, me perdí algo”; no, no.
Esteban: ¡Algún lector capaz que vuelve y lo relee!
Ezequiel: ¡Exactamente! Porque acá no me están explicando algo. Sí; Cortázar no explica lo más importante del cuento. No explica qué es esa fuerza.
Esteban: No deja pista ninguna.
Ezequiel: ¡Ninguna! Pueden ser fantasmas... Hay muchas interpretaciones metafóricas del texto: es una irrupción, el avance del peronismo sobre la aristocracia, es la
explicación política que se le da con frecuencia. Sin embargo, Cortázar no explicó nada, lo dejó ahí.
Esteban: Dejó casi para que la perspectiva supersticiosa del lector pudiera darle el ingreso a esa explicación que está faltando.
Ezequiel: ¡Exactamente! No sabemos si es la locura de los personajes (que era la otra explicación posible), no sabemos si son fantasmas... Es decir, es un cuento que genera un desconcierto. Ahora no es que Cortázar es un mal escritor y por eso genera desconcierto; Cortázar quiere generar desconcierto. Nosotros estamos acostumbrados a que un texto nos entusiasme, nos angustie, que nos haga pensar, pero no a que nos genere un desconcierto.
Esteban: A que resuelva la situación.
Ezequiel: Exactamente, nosotros queremos que se resuelva y el mérito de este cuento es que Cortázar logró generar algo en nosotros que ningún otro escritor genera. ¿Qué es eso? Es desconcierto.
Esteban: La incertidumbre.
Ezequiel: Exactamente! “Acá no sé lo que pasó.” Llevándolo a nuestras vidas pienso cuántas veces hay cosas que no entendemos; están estos huecos, este desasosiego que tenemos. Los personajes del cuento se esconden en la rutina, y cuántas veces nosotros también nos escondemos en una rutina de hacer determinadas cosas sin saber para qué; para no pensar en ese vacío interior que tenemos y que finalmente es eso, no entender ciertas cosas de nuestras vidas, no entender para que estamos acá, no entender el propósito de nuestro paso por el mundo.
Esteban: Y cuando hay algo que irrumpe, que nos saca de nuestro esquema, nos terminamos yendo pero sin saber a dónde tampoco siquiera.
Ezequiel: Exactamente.
Esteban: Y enfrentando luchas contra eso que está rompiendo ese esquema de vida, no intentamos resistirlo.
Ezequiel: No intentamos sentarnos a pensar, sentarnos a pensar qué es lo que realmente está pasando. Creo que todos necesitamos un lugar donde poner el pie en nuestra vida, todos necesitamos revisar para adentro y encontrar ese vacío existencial que es tan doloroso y que muchas veces tratamos de acallar.
Ezequiel: Seguro, pero en algún momento (yo le digo el síndrome del “domingo a la noche”) la actividad se acaba.
Esteban: Claro, llega el vacío.
Ezequiel: Y tengo que enfrentar que eso está en mi interior. Creo que cuando llegamos a ese punto hay muchas respuestas; la angustia es la respuesta de muchos,
angustiarme porque encuentro que mi vida no tiene sentido. Pero tal vez podemos proponer otro tipo de búsqueda, tal vez podemos acercarnos a la idea de que todo en el mundo tiene sentido, todo tiene un porqué, de que avanzamos porque hay un propósito en nuestra existencia.
Esteban: Y que he vivido tan sumido en mi propio mundo tan cerrado y pequeño que no he logrado encontrarlo o verlo o percibirlo.
Ezequiel: A veces hay que animarse a abrir la cabeza, Esteban; los que somos cristianos pensamos que en Dios está ese sentido. A veces hay que animarse a volver a la iglesia; tal vez íbamos con nuestros padres cuando éramos chicos, cuando éramos pequeños; tal vez nos enojamos con Dios o con la religión por algún motivo,
por algún malentendido. Creo que siempre es bueno volver, siempre es bueno volver a golpear esas puertas que tal vez se cerraron sin que entendiéramos muy bien por qué. ¿Por qué no acercarnos a una iglesia en que nos sintamos cómodos? ¿Por qué no acercarnos de nuevo a la Biblia? ¿Por qué no pensar que Dios pondrá la respuesta a ese vacío? Fue la respuesta al vacío de muchos grandes hombres a lo largo de la historia, de grandes hombres y pequeños hombres también. ¿Por qué no pensar que puede ser una respuesta también para nosotros? ¿Por qué llevar vidas como las de los personajes de Cortázar y no animarnos a más, a vivir una vida distinta, a vivir una vida diferente? Y creo y estoy convencido de que en la Biblia hay camino para transitar una fe cotidiana de todos los días, que nos ayuda a vivir y nos ayuda también a llegar a los demás; a que nuestras vidas no sean reducidas sino que se vayan ampliando, y ese camino es el camino del amor de Dios.
Yo invito a nuestras oyentes a que se animen a acercarse a la Biblia, a una iglesia en la que se sientan realmente cómodos, y volver a caminar en nuestras vidas tomados de la mano de Dios para encontrar el sentido profundo y definitivo de nuestras existencias.