• No se han encontrado resultados

Valor para vivir los valores

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Valor para vivir los valores"

Copied!
282
0
0

Texto completo

(1)
(2)
(3)
(4)

Valor para vivir

los valores

(5)
(6)

Valor para vivir

los valores

Cómo formar

a

los hijos

con un sólido sentido ético

JORGEYARCE

GRUPO

EDITORIAL

norma

Bogotá, Barcelona, Buenos Aires, Caracas, Guatemala, Lima, México, Panamá, Quito, San José, San Juan, Santiago de Chile, Santo Domingo

(7)

Yarce. Jorge

Valor para vivir los valores I Jorge Yarce. -Bogocl : Grupo Editorial Norma. 2004. 280 p. ; 23 cm.

ISBN 958-04-7856-2

1. 1. Valores (Educación) 2. &ito 3. Ética - Ensefianza

1. Tít.

370.114 al 19 ed.

AHU5615

CEP-Banco de la República-Biblioteca Luis Angel Arango

Copyrigbt ID 2004 por Jorge Yarce

Copyrigbt ID 2004 para todo el mundo por Editorial Norma S.A Apartado A�reo 53550. Bogocl. Colombia

www.norma.com

Reservados todos los derecbos. Prohibida la reproducción total o parcial de este libro. por cualquier medio. sin permiso escrito de la Editorial.

Impreso por Imprelibros S.A.

Impreso en Colombia - Printed in Colombia

Edición. OIga Martín

Asesoría editorial. Fredy Ordófiez Dirección de arte. María Clara Salazar

Diagrarnación. Andrea Rincón

(8)

A

mi padres

y

hermanos,

que fueron para mí la primera escuela

(9)
(10)

Contenido

Introducci6n

Vivir los valores: Una tarea apasionante ... ... ... 1

1 Los valores están en crisis... 5

"Todo depende de ... " ... 9

"Lo bueno para mí y lo bueno para ti" ... 10

Decir "no", una manera de afirmar ... 1 1 Cumplimiento = "cumplo y miento" ... 13

Raíces amenazadas ... 14

Las cuentas de la naturaleza ... 16

La procesi6n va por dentro ... 18

Y todos tan tranquilos ... 19

"Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente" ... 20

Claves del capitulo ... 22

2 Vivir los valores ... 25

Para estar en forma ... 26

A punta de cincel y martillo ... 28

(11)

Wllor para vivir los valores

VI

---Está en juego algo importante ... 30

"Hé " . . 32 roes para no Imitar ... . "Y¡ , ,, 34 o no naCI para esto ... . No es tan difícil ... 36

Un esfuerzo constante y renovado ... 37

Claves del capítulo ... 39

3 El dinamismo de los principios, los valores y las virtudes ... 41

Pero, ¿qué es un principio? ... .42

Una historia antigua ... 44

¿y, en definitiva, cuáles son los principios primordiales? ... 46

No se confunda: los principios son distintos de los valores ... .47

Una gran diversidad de valores ... .49

El dinamismo de los valores ... 50

Los valores éticos son los primordiales ... 52

La virtud y el arraigo de los valores ... 54

Para todos los gustos ... ... 56

Claves del capítulo ... 57

4 ¿Para qué sirven?, ¿romo se enseñan y se aprenden? ... 59

¿Para qué sirven? ... 60

Pero, ¿cómo hacerlos realidad? ... 62

Y, ¿cuál es la mejor manera de enseñar valores? ... 63

(12)

Contenido

--- Vl1

Su fuerza práctica ... 65

Las motivaciones, resortes de los valores ... 66

Un contagio bueno ... 68

Claves del capitulo ... 7 1

5

La familia, primera escuela de valores ... 73

Los ámbitos básicos ... 75

Un papel necesario ... 76

Un faro encendido ... 77

No hay nada irremediable ... 78

De lo transitorio a lo permanente ... 79

¡Pongámonos de acuerdo en lo fundamental! ... 8 1 El carácter: primer propósito de la educación en la familia ... 82

Valores para la calidad de vida ... 84

El poder de la familia unida ... 84

Cada familia es un "metro de patria" ... 85

Claves del capitulo ... 86

6 Algunos valores básicos en la familia ... 89

>- La laboriosidad ... 89 >- El orden ... 93 >-La responsabilidad ... 97 >- El respeto ... 101 >-La sinceridad ... 105 >-La generosidad ... 1 10 � La fortaleza ... 1 14 >-La justicia ... 117

(13)

W¡lor para vivir los valores Vlll ---� La :un.istad ... 121. � La alegría ... 128 � La austeridad ... 131 �Lafe ... 134

7 Cómo desarrollar los valores en la familia ... 139

Cómo se enseñan los valores en la familia ... 142

Una recomendación y una estrategia ... 143

Los valores. en relación con la edad ... 145

Consideraciones para tener en cuenta ... 146

Un ambiente propicio para la formación de valores ... 148

"La cantidad" no reemplaza "la calidad" ... 149

Desde la familia hacia la sociedad ... 151

Claves del capítulo ... 154

8 En qué consiste una educaci6n en valores ... 157

Algo más que desarrollar la inteligencia ... 157

Descentralizar la mente y el corazón ... 159

"Técnicamente" educado pero deshonesto ... 160

Un proyecto de vida con dimensión social ... 161

Educación y calidad personal ... 163

No al conformismo ... 164

El futuro puede y debe ser distinto ... 165

Claves del capítulo ... 166

9 Algunos valores básicos en la educaci6n... ... 169

� La libertad ... 169

(14)

Contenido --- � � La audacia ... 176 � La prudencia ... 179 � El optimismo ... 181 � La humildad ... 184 � El patriotismo ... 187 � La lealtad ... 191 � La paz ... 194 � La constancia ... 197 � La voluntad ... 202 � El carácter ... , ... 206

10 Cómo construir valores en la educación ... 211

Primer paso: proceso de interiorización ... 212

Segundo paso: proyección y práctica interpersonal ... 217

Tercer paso: aprendizaje permanente ... 220

Cuarto paso: crear una cultura institucional de vivencia de los valores ... 225

El papel de los líderes multiplicadores de valores ... 230

Una labor dinámica ... 231

Todos ponen, todos ganan ... 232

Inspiración y pasión ... 233

Ejemplo gráfico para el trabajo sobre valores ... 234

Epílogo ... 237

Léxico de valores ... 243

(15)
(16)

INTRODUCCIÓN

Vivir los valores:

Una tarea

.

(17)
(18)

D

ifícil encontrar una hablar de valores y tratar de explicar lo que realmente tarea tan apasionante como la de son, la importancia que tienen en la familia y cómo se pue­ den practicar en ella y en las instituciones educativas. No se trata de una simple moda, sino de una necesidad social que exige respuestas muy concretas. Una tarea nada fácil.

Después de varios afios de trabajar en el tema decidimos exponerlo en esta obra, que recoge las experiencias que he­ mos tenido con públicos de muy diferentes latitudes, países y sectores sociales. Esto es, tal vez, lo que más nos ha enri­ quecido y lo que nos ha permitido poner por escrito esta pro­ puesta, para que el tema de los valores no se quede como algo abstracto e intemporal, que muy pocos quieren abordar para llevarlo a la vida cotidiana porque no saben cómo hacerlo.

Hemos intentado, entonces, sentar unas bases concep­ tuales, lo más daras y sencillas posibles, sin pretender elabo­ rar una teoría muy compleja o sofisticada. Y creemos, since­ ramente, que su lectura ayudará a esclarecer incógnitas comunes: si los valores son ideales o reales, cómo se diferen­ cian de los principios, qué tienen que ver con la virtud, si son innatos o se aprenden. Es decir, casi todo lo que las per­ sonas desean saber sobre los valores. Por otra parte, no nos cabe duda de que los valores siguen vivos en nuestra socie­ dad, como tampoco de que son necesarios para lograr la ca­ lidad de vida en las personas y en la familia. Si los valores se viven primero individualmente, es mucho más fácil que se practiquen después en la educación y en los grupos sociales. Lo que nos preocupa a todos es cómo hacerlos realidad y cómo proyectarlos a los demás.

(19)

Valor para vivir los valores

4

---Para facilitar la aplicación concreta de todo lo anterior, escogimos doce valores básicos en la familia y luego explica­ mos cómo desarrollarlos en ella. Algo semejante hicimos con la educación: escogimos otros doce valores (que valen tanto en el ámbito familiar como en el educativo, al igual que los primeros doce) y luego explicamos la metodología para de­ sarrollar o "construir" estos valores en la educación. Por últi­ mo, incluimos un léxico o "bolsa de valores" para facilitar el trabajo de quienes estén interesados en utilizarlo en su hogar o en su centro educativo, a través de seminarios o talleres.

Aspiramos que este libro, dirigido especial pero no ex­ clusivamente a los padres de familia y a los educadores, sea para ellos una obra fácil y agradable de leer y, sobre todo, una herramienta eficaz para utilizar en su tarea diaria de for­ mar personas con un sólido sentido ético, una tarea que siem­ pre será apasionante e indispensable para la sociedad.

Para concluir estas líneas, queremos expresar un agrade­ cimiento especial a Carlos Bernal Quintero, quien colaboró especialmente en la preparación del manuscrito y en su revi­ sión, aportando su valiosa experiencia en el campo del desa­ rrollo humano y como educador y padre de familia. Este agradecimiento también se hace extensivo a todas las demás personas que de una u otra manera han hecho posible que este libro salga a la luz pública, de modo particular a la Edi­ torial Norma y en ella a Adriana Delgado, Fredy Ordóñez y OIga Martín.

(20)

1

Los valores

"

estan en crISIS

A

pesar del progreso y del bienestar de la sociedad actual,

.l'l.e

xiste una fuente de malestar que hace que ese progre­ so no sea del todo satisfactorio: "La crisis de los valores". ¿Qué queremos decir exactamente con esta expresión? Mos­ trémoslo con un ejemplo:

o La familia Ramlrez es una familia común y corrien­ te. Laura, la hija mayor, de 23 años, ha sido invitada a trabajar en un reality show. Sus padres, que conocen bien las experiencias por las que pasan las chicas que intn-vienen en eseripo de programas, no están muy con­ tentos de que su hija acepte esa propuesta. Sin embargo, la situación económica que atraviesa la familia los pone a pensar en e/dinero que ella podrla recibir en caso de ganarse el premio, una suma que seria la solución a sus problemas económicos. El papá de Laura prefiere que

(21)

l-álor para vivir los valores

6

---ella no se preste para ese tipo de programa, asl la situa­ ción económica siga siendo grave, mientras que la mamá es del parecer contrario. O

Los dilemas éticos son frecuentes en el seno de las fami­ lias. Frente al que acabamos de exponer, es posible que la balanza se incline por el "no", pero lo cieno es que cada va. se inclina más por el "sí", y ésta es una de las maneras como se presenta la crisis de valores. Los valores, que antes lleva­ ban inmediatamente a rechazar este tipo de propuesta (a decir "no"), parecen haber cambiado; sin embargo, ¿no será que esos valores se han desvinculado de cienos principios éticos elementales, tales como el buen componamiento, la digni­ dad y la decencia?

La crisis de valores se manifiesta por el clima de permisi­ vidad moral en el que parecen estar bien algunas conductas que antes eran reprobables desde el punto de vista ético. En cierto modo, nos acostumbramos "a pensar como vivimos y

no a vivir como pensamos". Se han perdido los puntos de referencia; por ejemplo, por creer que la comunicación fa­ miliar consiste en un diálogo de iguales, se pierde el respeto a los padres y, así, el diálogo se conviene en un enfrenta­ miento y en desobediencia. Los padres, en muchos casos, no pueden ser considerados como iguales porque dejarían de cumplir su misión.

O Juan Carlos cuenta que en su casa estd prohibida la palabra "papd " o "mamá ': Alll se emplea el término

(22)

Los va/ores están en crisis

--- 7

"amigazo " para referirse al padre. A raiz de esto, las relaciones estdn sometidas a vaivenes extremos: si lo que dice el «amigazo " le gusta a Juan Carlos y estd de acuer­ do con él las cosas van bien; pero si el «amigazo " trata de imponerse respecto a la inconveniencia de ciertas amistades, el «amigazo " se estd volviendo intransigente (aunque sólo esté actuando como el padre que ejerce su autoridad en bien de los hijos). O

Es indudable que los valores "respeto" y "autoridad" han sufrido cambios, pero si esos cambios no están liga­ dos a los principios que les dan validez fundamental (la autoridad, por ejemplo, como el principio que vincula a una persona con otra para ayudarle a crecer y a lograr sus objetivos) , entonces no se trata simplemente de un cam­ bio en los valores sino de una crisis de los mismos, es decir, de una separación entre el valor y el principio que lo sustenta.

O Gonzalo es profesor en una universidad desde hace

20 años. En una reunión de profesores con el rector, Gonzalo cuenta que lleva todo ese tiempo explicando la materia de la misma manera, con el mismo contenido y los mismos apuntes, y que asi «le ha ido muy bien': Asom­ brado, el rector anticipa unas excusas por lo foerte de esta afirmación y le dice: «Usted estd muerto:' lo único que hace falta es enterrarlo: ¿No cree que el saber y el modo de enseñar hayan cambiado en estos 20 añosr " O

(23)

8 l-álor para vivir los valores

Desde el punto de vista ético, ¿será correcta la conducta de Gonzalo? Si la examinamos, descubriremos un compor­ tamiento que quizás no tenga las consecuencias del caso de Laura; sin embargo, aunque sea �enos grave a la luz de los principios y los valores éticos, su actuación de todas maneras deja mucho que desear, pues refleja mediocridad y pasivi­ dad, al olvidarse de valores como la iniciativa, el crecimiento y el compromiso.

Una ética personal inconsistente, sin bases sólidas, lle­ va a que la gente haga cosas malas creyendo que son buenas y a pensar, actuar o dejar hacer a los demás porque -se esgrime como una justificación- "lo que no está expresa­ mente prohibido por las normas, se puede hacer".

Entonces surgen conductas ambiguas y conflictos de intereses mal resueltos; por ejemplo, el caso de la artista famosa que roba ropa interior en el centro comercial y que, después de ser condenada a pagar una multa, la vende en una subasta pública para donar el dinero recaudado a una obra de beneficencia; los muchachos de familias ricas que roban en el supermercado; los empleados de una fábrica que sacan materias primas, o los de un comercio que se guardan parte del dinero que reciben en efectivo; quienes manejan licitaciones en entidades oficiales o privadas y so­ licitan un pago para favorecer a determinada firma propo­ nente; el jovencito que se queda con las vueltas de una com­ pra que le encargaron en la casa, o el guardia de tráfico que acepta sobornos y permite ,así el incumplimiento de las normas, etc.

(24)

Los va/ores están en crisis

--- 9

"Todo depende de ...

"

El relativismo transforma poco a poco los valores en con­ ductas moralmente sospechosas pero socialmente aceptadas; por ejemplo, hay quienes son considerados por los demás como "tontos" si no aprovechan la ocasión de hacerse ricos dejando a un lado los "prejuicios morales" (ser honrado, aca­ bar bien las cosas, esmerarse en prestar un buen servicio,

evitar el despilfarro del dinero, obedecer a los padres y a los profesores).

Es frecuente escuchar que el juicio moral sobre estas si­ tuaciones depende del punto de vista desde el cual se obser­ ven. Surge entonces la idea de que las cosas son relativas y de que nadie puede ser juez en causa ajena, a pesar de tratarse de asuntos más o menos evidentes. "Todo depende de . . . " es la frase usual para respaldar acciones que contravienen la éti­ ca. Si la cajera del supermercado le entrega a alguien más dinero en las vueltas del que debía darle, hay quien piensa que "ése es su problema por contar mal el dinero".

o Mario estudia Administración en la universidad y

para poder aprobar el semestre necesita sacar una nota excelente en economla, materia en la que va mal por sus frecuentes ausencias. Decide, entonces, pagar a un pro­ fesional sin empleo para que elabore el trabajo que el profesor ha puesto y que definirá la calificación final y

de este modo asegurar su aprobación de la materia. O

(25)

�lor para vivir los valores

10

---conducta como algo común y corriente. Acostumbrarnos a esto forma parte del clima de permisividad y de tolerancia ilimitada al que nos hemos referido antes. Mario hace algo éticamente reprochable, pero piensa que simplemente se trata de que el fin (pasar la materia) justifica el medio empleado (pagarle a alguien). Incluso, no falta la persona a quien la conducta de Mario le parezca correcta y responsable, porque piensa que les está evitando a sus padres el costo de tener que pagar la repetición del semestre.

"Lo

bueno

para mí

y

lo bueno

para

ti"

Este relativismo lleva a pensar que da lo mismo una u otra orientación moral y que todas las decisiones éticas son re­ lativas a las diferentes personas y culturas. Algo que para mí es bueno, para otro puede ser malo, o al revés. Y no hay por qué empefíarse en que uno de los dos tenga la razón. Lo que ocurre -argumentan algunos- es que unas personas defienden unos principios éticos que son válidos para to­ dos pero que, a la hora de la verdad, si uno no está de acuer­ do con que esos principios existen en alguna circunstancia específica, entonces la conducta no tiene por qué estar re­ gida por esos principios. Lo máximo que se admite es una "ética de mínimos" (conformada por principios que se modelan según mi conveniencia), es decir, algunas reglas convencionales como para que no impere la "ley de la sel­ va', que tienen el fin de aparentar que vivimos en una so­ ciedad civilizada.

(26)

Los va/ores están en crisis

El relativismo es una de las causas de la actual crisis de valores, pues deteriora la honestidad, la lealtad, la veracidad y la justicia; los hace parecer como ideales inalcanzables, que sólo se pueden esperar de personas con una formación muy especial.

o Jaime prepara sus últimos exdmenes de Derecho, con miras a obtener una beca para el postgrado que le exige un promedio de calificaciones muy alto. Antes de esos exdmenes, Carlos lo llama para decirle que un grupo de estudiantes ha conseguido las preguntas pagdndole un dinero al asistente académico encargado de custodiar los cuestionarios. Hay que reunir el dinero entre todos los interesados. Jaime paga su parte, presenta los exdme­ nes y obtiene las mejores notas y con ello la beca para el postgrado en el extranjero. Jaime y Carlos discuten sobre el tema, expresan sus dudas y deciden plantedrselas al padre del primero, que es magistrado de un tribunal.

Los dos muchachos dicen que eso ya pasó y no pueden volver el tiempo atrds. El padre piensa lo contrario e insta a su hijo a dar a conocer a las autoridades acadé­ micas el hecho. O

Decir "no", una manera de afirmar

No todas las crisis de valores se expresan a través de conduc­ tas negativas, es decir, a través de acciones contrarias a la ética; también se manifiesta en el contraste entre quienes se

(27)

Valor para vivir los valores

12

---niegan a aceptar el relativismo en su comportamiento (es decir, guiarse moralmente por lo que hacen o dejan de hacer los demás) y las personas que los censuran por esto. Hay quienes deciden fumar marihuana o consumir cocaína por­ que todos los del grupo en el que se encuentran lo están haciendo, pero en ese mismo grupo hay quienes tienen la valentía de permanecer sin imitar las conductas reprobables de sus compañeros aunque sean considerados como unos

" aguarlestas . _C "

Hay muchas personas que saben decir "no" a ciertas pro­ puestas, porque sus convicciones les dicen que no está bien aceptarlas y que les harían daño a los demás. y a sí mismas, aunque otros, en un clima generalizado de cobardía moral, las tachen de mojigatas o de moralistas. Hacen lo que deben hacer de acuerdo con principios que consideran inmodi­ ficables porque están apoyados en leyes naturales propias del ser humano, que pueden coincidir o no con convicciones religiosas. Estos principios tienen validez para todas las per­ sonas, no s610 para quienes simplemente "creen" en ellos, sino también para los que los deducen del orden establecido por Dios en el mundo.

Es mucho más fácil, hoy en día, decir "sí" para no correr el riesgo de verse excluido del grupo al que se cree pertene­ cer, que decir "no" y ser víctima de alguna censura. A lo lar­ go de la historia, el derrumbe de las civilizaciones ha empe­ zado siempre con un "sí" a determinadas ideas o costumbres; basta recordar la manera en que el nazismo comenzó su lar­ go genocidio, para el cual esgrimían razones supuestamente

(28)

Los valores están en crisis

científicas y al cual las personas fueron incapaces de decir " " .

no a tiempo.

Cumplimiento

=

"cumplo

y

miento"

Asimismo, encontramos otras maneras, más sutiles, en las· que se manifiesta esta crisis. Por ejemplo, cuando una perso­ na abandona progresivamente la vivencia de alguno de los valores. Cuando alguien se considera suficientemente res­ ponsable porque se limita a cumplir con las mismas tareas, puede estar perdiendo iniciativa y creatividad, puede decirse incluso que su cumplimiento es un "cumplo y miento". Así surgen antivalores como la pereza, la negligencia, la medio­ cridad, la desidia.

Otro de los factores que agudizan la crisis de valores es el predominio del consumismo y del utilitarismo como "filo­ sofía de vida"; es bueno o valioso lo que resulte útil para mí, lo que me convenga en determinado momento. Lo mismo sucede con los placeres: lo que impide que haga las cosas a mi gusto y para mi propia satisfacción deja de tener interés para mí; el esfuerzo y el sacrificio, como caminos para la vida valiosa, pasan a un segundo plano.

Sucede entonces que en lugar de que la persona actúe siguiendo unas pautas de conducta, que podemos denomi­ nar principios éticos básicos, o según determinados valores arraigados cultural y socialmente, adapta los principios a su modo de ver y entender la vida; construye una "ética de bol­ sillo" para sus necesidades particulares, que determina lo que

(29)

Válor para vivir los valores

14

---es bueno o malo según su conveniencia, de modo que los deberes frente a los demás pierden obligatoriedad y se en­ cuentran siempre justificaciones para no cumplirlos.

o Lucia es una señora que tiene que ir al banco con mucha frecuencia, pero siempre llega con mucho afán, por sus ocupaciones en la casa, y se las arregla para sal­

tarse la fila para ser atendida antes que los demás, que llevan ahi tiempo esperando. Vive muy contenta de su habilidad para lograrlo, pues considera que salir rápi­ damente de sus gestiones en el banco le permite cumplir a cabalidad con sus deberes de ama de casa. O

Raíces amenazadas

La crisis de valores conduce a que los antivalores ocupen finalmente el lugar correspondiente a los valores. Así como la raíz del árbol es amenazada por una serie de alimafías y de mala tierra que se le adhiere haciendo que se tuerza o que se seque, el cultivo de los antivalores se convierte en algo habi­ tual e inconsciente. La persona actúa de este modo creyendo que no está obrando mal; es desordenada o prepotente sin darse cuenta de ello porque incorporó esos antivalores a su conducta.

O En una reunión con sus siete hijos, Daniel se da cuenta de que es percibido por ellos como una persona prepotente y autoritaria. En la noche, pregunta a

(30)

Ali-Los va/ores están en crisis

cia, su esposa: <¿Acaso yo soy prepotente? ¿Cómo puede darse que yo sea prepotente con mis hijos?" "No, tú tal vez no lo eres': le responde Alicia, pero ellos te perciben asl': "&pl/came cómo puede ser eso ': replica Daniel "Muy sencillo: tú eres.frio y distante con ellos, no les hablas casi, no te interesas por sus cosas, ven que estable­ ces una especie de barrera entre tú y ellos': <¿ Y qué tengo que hacer?" "Lo contrario a eso': le contesta Alicia. Efec­ tivamente, Danie4 a ra/z de esta conversación con su esposa, se esforzó por actuar de otra manera, y a los

3

meses sus hijos le comentaron que estaban muy sorpren­ didos por el cambio positivo en su actitud O

La manera de afrontar positivamente la crisis de valores es enseñando y aprendiendo valores. Este libro pretende ser una respuesta a las inquietudes que surgen sobre el modo en que debemos afrontar esa crisis, especialmente en el ámbito de la familia y de la educación. No basta con quedarse con­ templando los problemas que se generan. Ni se trata tampo­ co de no prestarles atención. Es necesario realizar tanto un proceso de "desaprendizaje" de los antivalores, como, para­ lelamente, un proceso de aprendizaje de los valores.

La crisis se presenta primero en las personas y luego en la familia, en la educación, en los grupos sociales, en las em­ presas e instituciones, en la política y en el Estado. A veces se suele creer, equivocadamente, que el proceso es al contrario. Pero esto no tiene lógica, porque los valores y los antivalores están inicialmente en las personas y no en la colectividad.

(31)

Valor para vivir los valores

1 6

---Desde las personas se proyectan, a través del ejemplo, a las organizaciones. Y sólo en ese sentido se puede decir que una familia o un grupo determinado practica un valor o un antivalor concreto.

o En casa de Mariluz y Rodrigo han tenido por cos­ tumbre dejar el dinero para los gastos de transporte y otros gastos menores en un sitio visible, de modo que los hijos, desde pequeños, conocen ese modo de proceder de sus padres y saben cuáles son las reglas del juego respecto a ese dinero. Juan Rodrigo, el hijo mayor, que ha cum­ plido

16

años, gasta sus ahorros en discos de rock, que es

su mayor afición. En los últimos meses se ha visto corto de dinero y ha empezado a tomar pequeñas cantidades del dinero común para transportes. Piensa que eso no tiene- importancia porque es muy poco lo que toma y porque, ademds, sus padres no se han dado cuenta. O

Las

cuentas de la naturaleza

En un primer momento, los valores se transgreden con un cierto entusiasmo e incluso con aire de victoria, como ocu­ rre cuando una persona se droga. Sin embargo, el paso del tiempo va mostrando las consecuencias de una conducta erra­ da. Surgen las inquietudes, las dudas sobre si se obró adecua­ damente o no y las reclamaciones mutuas entre quienes in­ currieron en esa conducta o la apoyaron. La vida misma -aunque la expresión suene algo gastada- se encarga de

(32)

pa-Los va/ores están en crisis

sar una cuenta de cobro por las violaciones a los principios básicos que la rigen. El triunfo absoluto del mal sólo se da en las películas, en las que se muestra a los asesinos escapar im­ punes hacia una isla paradisíaca. Ahí se acaba la historia por­ que hasta ahí llega la imaginación del guionista.

La vida real es más rica en matices que la imaginación misma. Y la conciencia humana, por deformada que esté, hace su trabajo y, más temprano que tarde, reaparece, apoya­ da en lo que queda de algunos principios que no han podido ser extirpados por las malas acciones.

o Ramoncito pasa por el frente de una de las casas del conjunto residencial donde vive, en la cual se estdn ha­ ciendo algunas reparaciones. Con muy mala intención -porque uno de los operarios ya le ha llamado la atención por caminar indebidamente por el lugar donde se estd haciendo el trabajo- toma una piedra, la lanza contra una de las ventanas y rompe el vidrio más grande de la casa. El dueño, que ha sido informado de lo ocurrido por los obreros, se dirige donde la mamá de Ramoncito para protestar por lo ocurrido. A lo cual la mamd, delante de Ramoncito, le responde exigiendo que, por favor, los operarios no se metan con su hijo y proponiéndole hacer la reposición del daño ('sin importar cudnto cueste'') con la condición de que nadie se meta con él O

¿Qué ensefianzas sacará Ramoncito de esta situación? ¿Cómo las relacionará con las orientaciones que recibe en su

(33)

Vtzlor para vivir los valores

1 8

---colegio sobre urbanidad, civismo y solidaridad? Si, como es lógico, sus amiguitos del conjunto residencial se enteran y, desde luego, su padre, ¿podrá quedarse sin sanción alguna la conducta encubridora y complaciente de la mamá con las faltas del niño? Si no se corrige a tiempo quedará en él la actuación equívoca de su madre, que producirá una defor­ mación en la conciencia del niño.

La procesión

va

por dentro

La crisis de valores se resuelve en primer lugar con un análi­ sis de lo que ocurre cuando se desconocen los valores. Si se toma lo sucedido y sus consecuencias como una oportuni­ dad de aprendizaje, se habrá dado un paso en la dirección correcta. En este sentido, se aprende de los errores; éstos no suceden simplemente para echárselos en cara a las personas. Pero hay que llegar al porqué de una determinada conducta o actuación.

Uno de los aspectos más preocupantes de la crisis de va­ lores es que no nos damos cuenta de que la crisis está suce­ diendo; es decir, no advertimos que se han dejado de dar respuestas claras y acertadas frente a los dilemas éticos. Así como en el terreno religioso se habla de un ateísmo práctico, que no ofrece argumentos en contra de la existencia de Dios sino que se limita a vivir como si Dios no existiera, en el te­ rreno ético es actuar como si no existieran los principios y valores que rigen la conducta.

(34)

Los valores están en crisis

--- 1 9

en la familia, en el colegio, en la universidad, en el trabajo y en el ejercicio político. Para resolverlos hay que contar con elementos de juicio, partiendo de la idea de que la persona es consciente del alcance práctico que tiene para ella la solu­ ción de los mismos. Es un asunto de que cada uno asuma esa responsabilidad. Hay quienes eluden la responsabilidad o la delegan, al imitar irreflexivamente las conductas estereo­ tipadas que difunden los medios de comunicación.

y

todos tan tranquilos

La crisis a la que nos referimos no está localizada en un de­ terminado sector de la sociedad o en un determinado país; sencillamente, está generalizada. Las situaciones son las mis­ mas y la falta de conductas ejemplarizantes influye en la di­ fusión del mal. Los medios de comunicación hacen de superconductores de la crisis. Una película con una alta do­ sis de inmoralidades es más eficaz que diez lecciones de éti­ ca. Lo vemos a través del bombardeo permanente de los no­ ticieros de televisión, de los reality shows, de las telenovelas, de los dramas y las series de acción en las que los protagonis­ tas hacen de todo: robar, violar, matar, defraudar, etc. Inclu­ so se ha puesto de moda, no el final feliz, sino el final en el que triunfa el mal y todo el mundo se queda tranquilo, pen­ sando que tal vez así es la realidad.

Lo cierto es que la ciencia, la técnica y los conocimientos progresan a velocidades fantásticas, y basta comprobarlo en las cosas que usan y disfrutan las personas. En contraste, no

(35)

Valor para vivir los valores

20

---existe el mismo progreso en nuestra formación ética ni en los valores que ponemos en práctica, precisamente en una sociedad en la que es necesario actuar con responsabilidad personal. Puesto que, por los medios de comunicación, el mundo se ha vuelto pequeño, el mundo de cada persona debe hacerse grande a sí mismo, asumir el reto de su propia calidad de vida, que exige sin duda alguna un temple moral y una buena dosis de valores vividos.

Ante el contagio masivo de antivalores, estimulado por los medios de comunicación, hay que reaccionar con un an­ tídoto, también masivo, de valores en todos los campos: en la vida personal y familiar, en la educación, en la empresa, en los grupos sociales y en la comunidad en general. La fuerza de los valores es muy grande. Si se desencadena, los cambios no tardarán en hacerse evidentes. El riesgo de la autodes­ trucción moral que implica la crisis global de los valores se debe reemplazar por esta especie de gran revolución que es el poder de los valores.

"Camar6n que se duerme,

se lo lleva la corriente"

Es verdad que el ambiente está plagado de comportamientos ambiguos, difundidos ampliamente por los medios de co­ municación, pero eso no quiere decir que resulten dignos de ser seguidos o imitados. Es necesario averiguar las cosas per­ sonalmente y encontrar la razón de ser, los motivos y las causas de nuestras acciones. El bien y el mal se albergan, en

(36)

Los va/ores están en crisis

--- 21

último término, en el corazón y en la mente de cada perso­ na, y es ahí, también, en donde nacen la solución a los pro­ blemas y la claridad para entenderlos.

Aprender los valores por sí mismo o transformar los antivalores en conductas positivas es algo que sólo se puede acometer comprometiendo la libertad personal. Una vez que la persona toma la decisión de enfrentarse a una crisis, indi­ vidual o colectiva, echa mano de lo mejor de sí misma para impulsar desde ahí las acciones futuras.

No hay que dejarse arrastrar por la corriente de lo que el común de las personas hace, dice o piensa, y menos en un tema tan delicado como el de los valores. Sería como hacer depender de las encuestas de opinión asuntos que requieren el criterio personal basado en un juicio y en una delibera­ ción racional.

El ejercicio de los valores es la mejor garantía de que una persona, una familia, un centro educativo o una sociedad funciona bien. Para calibrar esto, es bueno preguntarse, por ejemplo, ¿qué diferencia hay entre una organización "per­ fecta" dedicada a producir y comercializar cocaína, y otra, igualmente bien organizada, que vive a costa de sus clientes, de sus empleados y de la sociedad? La respuesta tendría que ser que ambas fallan en sus valores; están dominadas por los antivalores pero en diferente intensidad.

Es relativamente fácil estar de acuerdo en la importancia que tienen los valores. Pero lo clave es ver cómo se viven o practican, cómo se convierten en algo real, cómo interio­ rizarlos y proyectarlos a los demás, qué hacer para que se

(37)

Va/or para vivir los va/ores

22

---traduzcan en un beneficio para quienes los practican. En otras

palabras, cómo evitar que se queden sólo en un proyecto. Muchas veces esos valores están muy bien seleccionados y definidos, pero esto no asegura su auténtica vivencia.

Esto no se da de la noche a la mañana y supone, sobre todo, un largo trabajo para que los valores se arraiguen en las personas. Quienes lo hacen comprueban los resultados. Este libro quiere llevar de la mano al lector a realizar de manera directa y práctica ese trabajo con realismo, confianza y opti-mIsmo.

Claves del capítulo

� La crisis de los valores es un fenómeno de la sociedad actual, que está vinculado al clima de permisividad y de ilimitada tolerancia.

� El relativismo y el utilitarismo son factores que recrudecen la crisis de valores.

� El relativismo lleva a pensar que da lo mismo cualquier orientación o que no hay ninguna.

� En medio de la crisis, hay quienes se niegan a aceptar las modas y los convencionalismos del momento y saben decir "no" como una mane­ ra de afirmar una conducta ética.

� La crisis de valores se origina en cada perso­ na, y desde ahí se proyecta a la familia, la edu­ cación, la empresa y el Estado.

(38)

Los valores están en crisis

--- 23

� La manera de afrontar positivamente la crisis de valores es enseñando y aprendiendo valo­ res.

� Aprender los valores o transformar los antiva­ lores en conductas positivas es algo que sólo se puede lograr comprometiendo la libertad personal.

� El ejercicio de los valores es la mejor garantía de que una persona o una institución funcio­ na bien.

(39)
(40)

Vivir

los valores

2

C

uentan que Miguel Ángel se quedaba contemplando un trow de mármol de Carrara y exclamaba: ''Ahí está: sólo hay que quitarle lo que sobra". Él "veía" la obra de arte, lo que faltaba era "sacarla" de ahí.

Podríamos decir que en cada uno de nosotros, en la fa­ milia y también en las demás instituciones que conforman la sociedad, hace falta quitar cosas que sobran para que quede la obra de arte, lo valioso y digno de aspiración.

Si pensamos detenidamente en qué es lo más valioso para cada uno de nosotros, no hace falta ir muy lejos. Cada uno podría enunciar sus valores, que son lo más preciado y esti­ mado (no sólo por nosotros, sino por los demás) y que, so­ bre todo, nos ayudan a definirnos como personas, como se­ res que tienen por misión ayudar a que también otros descubran lo más valioso que poseen: la dignidad humana.

(41)

es-Valor para vivir los valores

26

---fuerw y, principalmente, el convencimiento de que vale la pena emprenderla. Es como extraer la piedra preciosa que está en la entraña de la roca, quitándole lo estorboso y noci­ vo. Es cuestión de empezar cada día, y de "comenzar y reco­ menzar" continuamente, de modo que el esfuerw se vuelva un hánito a través de la lucha constante por mejorar. Es el valor que hace falta para vivir los valores.

Para estar en forma

La publicidad de los productos habla insistentemente de la calidad. Y así como sabemos exigirla en las cosas, con más razón debemos exigirla en las personas. Esta calidad se mide por los valores, por la capacidad de hacer el bien, no por lo que una persona aparenta, viste o habla, ni por lo que posee y, mucho menos, de lo que alardea; los demás nos damos cuenta, sin mucha dificultad, cuándo faltan los valores y cuán­ do están presentes. Sobre todo aquellos valores que tienen que ver con la persona en cuanto persona (el carácter, la vo­ luntad, la inteligencia) y que son esenciales.

Poseer un valor nos ayuda a estar en buena forma interior, a

portarnos de acuerdo con la dignidad que tenemos como per­ sonas y, en ese sentido, a ser estimados, a ser apreciados como

tales, como fruto de lo que somos y no de lo que tenemos. No hay que "inventar" los valores, porque todos, aun­ que no tengamos una palabra para nombrarlos, están dentro de nosotros y cada día nos vemos confrontados por ellos de algún modo. Además, si miramos al pasado, vemos que la

(42)

Vivir los valores

--- 27

historia nos trae al presente los valores a través de las perso­ nas que los han encarnado de una manera ejemplar o exce­ lente. Y si miramos alrededor de nosotros (familia, amista­ des, centro educativo), ahí también descubrimos muchos valores y comprobamos que la manera más eficaz de comu­ nicarlos es a través del ejemplo.

No hay que inventarlos, porque todos nacemos con unos valores que vamos desarrollando a lo largo de la vida por medio de la educación y del esfuerzo que hacemos para me­ jorar en todos los campos. Pero no basta con los valores que se viven o se tienen, es necesario alimentarlos y adquirir otros nuevos, que nos hacen mejores como personas y como ciu­ dadanos.

Los valores buscan arraigarse en la persona, tienden a ser algo permanente, sobre todo si están vinculados a la virtud, que le da una base psicológica estable al valor.

No todos los valores que una cultura adopta socialmente en determinado momento son necesariamente éticos (aun­ que los valores que más relevancia tienen son los éticos). Los valores, además, son variables, no tienen que ser siempre los mismos. Un valor estético, como la belleza de algo o de al­ guien, es más relativo y discutible en sí mismo que un valor ético, como el respeto, pues éste nos remite a un principio que no se puede relativizar, porque es objetivo y válido para todos: la dignidad humana. Incluso, podría decirse que cuan­ do hablamos de valores nos referimos a los valores éticos, que son los que asumen en su sentido más estricto el con­ cepto de valor.

(43)

Valor para vivir los valores

28

---En nuestra sociedad, los valores no están exentos de ata­ ques; por eso hay que defenderlos. Y hace falta valor para vivirlos. Hace dos o tres décadas, hablar de valores era incu­ rrir en "juicios de valor", es decir, en asuntos que no tenían objetividad alguna y eran vistos como resultado de los pre­ juicios. Afortunadamente, esta idea ya no está tan generali­ zada y, más bien, existe un afán por esclarecer lo que son los valores y entender su papel en la vida de las personas y los grupos sociales. Hoy en día, existe una curiosidad sana de ver cómo operan y cuál es su relación con nuestros compor­ tamientos.

Lo importante es que los valores son para vivirlos, para actuar bajo sus dictados, para abrirnos camino en la vida con ellos. Si el valor al que me refiero es el "poder", lo debo con­ cebir como la autoridad o la influencia que utilizo para ser­ vir a la gente. Si el valor es el "dinero", es para emplearlo como medio y no como un fin en sí mismo. Si el valor es el "amor", es para ayudar a otro a realizarse como persona, a complementarse, a darse y entregarse con sinceridad. Y así podríamos seguir considerando cada uno de los valores esté­ ticos, afectivos, ecológicos, éticos, religiosos, culturales, etc.

A punta

de cincel

y

m

artill

o

Vivir los valores no es una tarea fácil, pero hay que afrontar­ la. Semejante al trabajo que realizaba Miguel Ángel con el mármol, en el que veía la escultura previamente en su men­ te, nosotros debemos trabajar a punta de cincel y martillo

(44)

Vivir los va/ores

--- 29

para ir logrando la forma deseada. Esto no se logra oyendo o leyendo, sino viviendo. Los valores son de todos, pero cada uno los consigue en una medida diferente. Mientras más valores tengamos, lograremos una personalidad más sólida. No es suficiente con los valores que ya tenemos, así como al hombre no le basta con alimentarse sólo un poco. Hay que hacer crecer los valores en nosotros, para que se desarro­ llen y sean árboles altos, ojalá con buena sombra, a los que se arrime quien está cansado de caminar a pleno sol. Una per­ sona que no mejora sus valores cada día se queda sin fuerzas o se conforma con vivir de cualquier manera y, si se descuida mucho, dará dos pasos adelante y tres para atrás. Los valores son siempre una meta y un ideal; nadie puede decir que tie­ ne ya suficientes. Hay que fomentarlos, desarrollarlos, man­ tenerlos en el centro del obrar personal y colectivo.

Una pérdida indolora

Si los valores no se respetan y no se hacen respetar en los demás, pueden perderse. No es tan fácil darse cuenta de esto como cuando perdemos un objeto: no se siente, no duele, porque los antivalores (la violencia, la injusticia, la mentira) han tomado su lugar.

Por eso es tan importante que pensemos si tenemos va­ lores, si vivimos valores y si defendemos valores. A veces la gente defiende cosas que no valen la pena y en cambio se deja quitar lo más importante: los valores morales, como la honradez y la buena conciencia. Los valores se siembran en

(45)

Va/or para vivir los va/ores

30

---la mente y en el corazón; si hay buena disposición y un es­ fuerzo constante por mejorar, siempre recogeremos el fruto.

A la gente le gusta hacer negocios y ganar dinero rápida­ mente; algunos esperan ganarse una lotería para salir de sus problemas económicos, pero todos debemos pensar que el mejor negocio es ser una persona valiosa, con valores que procuramos vivir a pesar de que tengamos muchos defectos. Como es lógico, los valores no se exhiben como un trofeo ganado en una competencia. Se sienten, se contagian, se imitan y se reflejan.

Hay que poner lo mejor de nosotros mismos en la tarea de construir nuestra personalidad, la de ser hombres y muje­ res valiosos para nuestra familia, para nuestra institución educativa, para nuestra empresa, para nuestros amigos, para nuestra comunidad y para nuestra patria. '

Está

en juego algo importante

Accedemos a los valores por diversos caminos. Unos ya están en nosotros, porque los hemos recibido a través de nuestros propios genes (la herencia biológica) y los vamos desarro­ llando poco a poco. Otros están en el ambiente en el que nos desenvolvemos: en la familia y en la escuela, gracias al con­ tacto permanente con personas que actúan inspirados en ellos (la infancia es, precisamente, la etapa en la que hay una dis­ ponibilidad natural, una sensibilidad especial para captar y vivir los valores). Los encontramos también en la empresa o en otras instituciones. Pero hay otros que son

(46)

necesariamen-Vivir los valores

--- 3 1

te fruto de un aprendizaje. Si yo me lo propongo, aprendo a ser leal o generoso o buen compañero de trabajo. De esta manera adquiero experiencia, y la experiencia misma se con­ vierte en fuente de valores, pues de ella extraigo lo más gra­ nado, lo mejor y más valioso de mí mismo y de los demás, y lo incorporo a mi jerarquía personal de valores.

Esa jerarquía no es una lista de valores, sino un marco de referencia de aquello que es más valioso para mí como fruto de mi esfuerzo, de la experiencia acumulada, del aprendizaje y la educación. Y todos son importantes, pero no todos va­ len lo mismo. Por algunos valores daríamos la vida (la liber­ tad, por ejemplo) mientras que por otros (por ejemplo la belleza de una melodía) no valdría la pena ir más allá de una discusión interesante. Por eso cada uno establece personal­ mente su propia jerarquía de valores, juzgando cuáles son los principales y cuáles los secundarios o accesorios. Se supo­ ne que por los primeros lo jugamos todo y que los segundos son más cambiantes y menos importantes, pero no quiere decir que no cumplan un papel necesario en la vida.

A la luz de esa jerarquía, que conviene establecer desde muy temprano en la vida con ayuda de padres y educadores, cada uno sabe qué es lo que defiende y con qué argumentos lo defiende. Esta jerarquía no depende de lo que los demás hagan, piensen o vivan, ni de lo que dicten las encuestas sobre cuáles son los valores de moda en determinado grupo social, sino de lo que cada uno de nosotros elige responsa­ blemente para su propia vida, asistido por su inteligencia, su voluntad y sus afectos. Mi inteligencia emocional, mis

(47)

senti-Valor para vivir los valores

32

---mientos, mis emociones y mis motivaciones desempeñan un papel decisivo en esa jerarquía de valores y en la manera como éstos modelan mis comportamientos cada día.

En la familia, la educación y la empresa, los valores no pueden ser un discurso ideal, alejado de los intereses de cada uno de sus integrantes; por el contrario, deben ser objeto de discusión, de perfeccionamiento y, sobre todo, de esfuerw para traducirlos en vivencias operativas, que conduzcan a mejorar el comportamiento. Cuando se afectan mis valores, se afecta todo mi ser; de lo contrario, no tendríamos unidad de vida, ni conductas coherentes que brinden un soporte a nuestra vida.

Las personas que encarnan valores, lo decíamos antes, son puntos de referencia para los demás. Así, el mejor argu­ mento para consolidar los míos consiste en confrontarme con los de ellos. Las personas con valores son dignas de imi­ tación y se convienen en ejemplos que mueven a los demás a obrar de manera parecida.

"Héroes"

para

no imitar

La crisis de valores en la sociedad actual puede mirarse bajo el prisma de la falta de héroes, es decir, de personas que en­ carnen valores y a quienes valga la pena imitar. Hay dema­ siada mediocridad y conformismo, demasiada aspiración al éxito económico y al disfrute del poder como metas supre­ mas de la vida. Muchos eligen el modelo equivocado. Como no hay padres "modelos", o escasean, los hijos a veces

(48)

esco-V,"vir los va/ores

--- 33

gen al deportista famoso que es un modelo en la práctica de un deporte pero que, a veces, en su vida personal es poco ejemplarizan te. Es un ídolo de barro cuya fragilidad no le permite a quien lo admira forjar una construcción seria de valores. Ese tipo de "héroes" son héroes para admirar, no para imitar. Los medios de comunicación se han encargado de fabricar montones de estos "héroes".

Deberíamos hablar más bien de héroes que acerquen el ideal de los valores a todos, pero no como un producto de consumo, sino como fruto del esfuerzo por construir hábi­ tos estables de una vida con calidad y de excelencia. Éstos, a la hora de la vivencia de los valores, adquieren aun más relie­ ve. No tanto para ser mirados como algo inalcanzable, sino al contrario, para mostrar que todos somos seres humanos iguales a ellos (con las mismas condiciones y capacidades) y que, por tanto, podemos vivir los valores de la misma mane­ ra.

Por esto, los padres, los maestros y los jefes, cuando en­

carnan los valores que quieren promover, pueden convertir­ se en "motores de ejemplaridad". No se trata de que se lo propongan para causar impresión y, por consiguiente, para

alejarse de las personas; al contrario, se trata de que sean modelos de carne y hueso, con debilidades y fortalezas, que

estén cerca de los demás animándolos a crecer. Si el hijo, el alumno o el empleado descubre sencillez en vez de ostenta­ ción, humildad en vez de prepotencia, si comprueba sacrifi­ cio en vez de facilismo, acepta gustosamente ese ejemplo.

(49)

Va/or para vivir los va/ores

34

---"v. , "

.1.0

no naCl para esto

En un clima familiar, educativo o de trabajo en el que los padres, profesores o directivos se sienten distantes, en que la comunicación es mínima y no se interactúa realmente, es muy difícil que exista un ambiente común de valores com­ partidos o que opere la ejemplaridad. Sin embargo, ellos no constituyen la única vía para adquirir los valores: los compa­ ñeros de estudio y de trabajo son, a veces, ejemplos más cer­ canos para fortalecer los valores y para desaprender los antivalores que se han atrincherado en las conductas.

Por otra parte, los valores no tienen por qué ostentarse llamativamente; sería ridículo y produciría el efecto contra­ rio al de la ejemplaridad. Tampoco es aconsejable el otro extremo: una discreción tal que los valores no se adviertan, o que su presencia sea hiriente por la manera odiosa como la persona los presenta a los demás; esto es como si alguien dijera: "Miren cómo se deben hacer las cosas; menos mal que hay alguien como yo que sí encarna valores". Sería como borrar con el codo lo que se hace con la mano.

A veces sucede que los valores se manifiestan sin que ten­ gan que ser llamados expresamente, porque están ahí, en las reservas personales: si un padre, profesor o superior falta al respeto al hijo, al alumno o al empleado, se nota enseguida el antivalor. Si la reacción es oportuna y se encuentra una persona que le ayude a ver la incoherencia de su proceder, esa persona actuará con un mayor equilibrio entre la justicia y lo que espera del subordinado.

(50)

Vivir los valores

--- 35

Pensemos en que para hacer realidad los valores, cada uno de nuestros actos debe reflejar la decidida voluntad de hacer bien las cosas, de no contentarnos con la mediocridad, de aspirar a ser los mejores y, de esta manera, encontrar la felicidad propia y ayudar a hacer felices a los demás. Los valores hay que vivirlos, encarnarlos lo mejor posible -esto

es lo que solemos llamar virtudes- y defenderlos, evitar que

nos los quiten el materialismo, el consumismo, la falta de libertad interior, las modas o las costumbres que representan contravalores o antivalores, como el irrespeto a la vida, la violencia, la invasión de la privacidad, los atentados al pu­ dor, la corrupción moral, etc.

La trinchera -en términos bélicos- es siempre buen sitio para defenderse y muy malo para atacar. Quien tiene valores no se resguarda en ellos como en una trinchera, sino que avanza campo abierto en la vida, sin miedo a nada ni a na­ die. A veces se piensa que vivir valores es algo para gente religiosa, para personas naturalmente buenas o privilegiadas a las que les resulta fácil. Pero ésta es una visión completa­ mente equivocada. Los valores son necesarios y están al al­ cance de todas las personas. Se inculcan en el hogar y en la escuela, se cultivan en la vida social, en la vida universitaria, dentro de las empresas y en el resto de grupos que hacen parte de la sociedad.

Es cierto que la fe religiosa refuerza muchos valores hu­ manos, los dignifica y ofrece una motivación para vivirlos. Pero también la dignidad humana y la dimensión de aventu­ ra que tiene la vida invitan a vivir los valores, a promoverlos,

(51)

l-álor para vivir los valores

36

---a tr---ab---aj---ar por ellos, ---a defenderlos y ---a construir un---a socied---ad con base en ellos.

No

es

tan difícil

En el campo de los valores, como en otros de la vida huma­ na, no hay una única manera de hacer las cosas. Tanto la vivencia de los valores como su jerarquización pueden lograrse de muy diversas maneras; por ejemplo, puedo empezar por vivir un valor como mi rango o posición y, luego, vivir un valor de más imponancia, aquél que me hace experimentar mi sentido de pertenencia, el sentimiento de hacer pane afectivamente de un grupo humano.

Hay momentos en los que para lograr un valor mayor tengo que renunciar a uno inferior. Si yo quiero servir a los demás, tengo que renunciar en pane a servirme primero a mí mismo. O cuando alguien da una orden, en ejercicio de una posición de poder, pone en práctica el valor de la obe­ diencia respecto a sí misma primero que la otra persona. Pero si, acudiendo a un valor superior, logra que la otra persona caiga en cuenta de sus responsabilidades y actúe con autono­ mía conforme a ello, logra la vivencia de un valor superior a otro; en este caso, la disponibilidad y la responsabilidad, ade­ más de la obediencia.

También hay ocasiones en las que intervienen dos o más valores y en las que es importante no perder de vista que éstos pueden estar en distintos niveles. Por ejemplo, un pa­ dre llama a su hijo para felicitarlo efusivamente por sus

(52)

10-Vivir los va/ores

--- 37

gros académicos y le da unas palabras de estímulo y de con­ fianza; en este caso intervienen valores como el carifio y el reconocimiento, pero el más relevante es este último, pues el carifio es sólo la manera como se brinda el reconocimiento.

Es necesario tener presente el lugar que cada valor tiene en nuestra jerarquía, para no caer en manipulaciones o sim­ plificaciones respecto a los motivos de nuestra conducta. No se trata de realizar acciones heroicas o de gran relieve; son las pequefias acciones, asumidas con amor y entereza, las que

dan relieve a las grandes acciones y les otorgan importancia.

Un esfuerzo constante

y

renovado

Defender y vivir o practicar los valores no es una postura "defensiva", como ya se insinuó, es una postura "ofensiva", de ataque. Después de tomar conciencia de su importancia y defenderlos, es necesario concretarlos efectivamente. No basta pensarlos, desearlos ni proponerlos, hay que hacerlos reali­ dad cada día. Los valores forman parte de la calidad de vida de la persona, constituyen un camino de perfección para el hombre que, gracias a ellos, es estimado por los demás.

Como afirma Pérez-López: "El ser humano descubre ra­ cionalmente algo que es valioso y, al decidir libremente su actuación de acuerdo con ese descubrimiento, llega a sentir el valor de ese algo. Los sentimientos humanos son el fruto de un largo y laborioso proceso ascético, proceso que desa­ rrolla las virtudes morales, el instrumento que necesita la libertad para que la acción personal sea coherente con los

(53)

Valor para vivir los valores

38

---valores descubiertos por la razón" . Proceso, que, además de implicar el uso de nuestra razón, exige de nosotros descubri­ mientos afectivos y un esfuerw constante y renovado para obrar bien, vivir los valores y desarrollar virtudes.

Para cosechar valores hace falta sembrar abundantemen­ te y en distintos ámbitos (familiar, laboral y escolar) de modo que se conecten estrechamente el intelecto y las emociones. "Porque es muy probable que las cosas que se produzcan

tengan mejor calidad cuando se producen para el consumo propio o de las personas a quienes uno ama, que cuando se producen con el único propósito de venderlas para obtener una ganancia" (Tomás de Aquino).

Necesitamos valores éticos que exijan nuestra creativi­ dad y que, así, permitan que otros puedan descubrir sus pro­ pios valores; no somos "dueños" de los valores sino ejemplos de ellos que llegan a los demás. La dinámica de los valores depende directamente de nuestras actuaciones, al tiempo que se refleja en cada uno de nuestros actos.

Los valores nunca se ofrecen a las personas como algo estático, sino como parte del compromiso vivo con la reali­ dad. Cuando los valores están incorporados a la vida, no hay que hacer esfuerws excesivos, porque brotan espontánea e inconscientemente, y a partir de este momento se pueden impulsar los procesos colectivos.

Lo que nos señalaba la anécdota de Miguel Ángel ad­ quiere ahora un nuevo sentido: "la obra de arte está ahí", aunque nos parezca informe la piedra que vamos a tallar, aunque creamos que carecemos de talento o aunque la

(54)

expe-Vivir los va/ores

--- 39

riencia acumulada nos desaliente. Un cambio de actitud que nos lleve a trabajar por los valores siempre es posible a través del aprendizaje y el esfuerzo constantes.

En cualquier caso, la realidad nos asegura que el talento humano está ahí, disponible, que no se trata tanto de una habilidad técnica para lograr la vivencia de los valores a nivel personal o colectivo, sino de un empeño individual serio y consistente para emprender la construcción y el fortaleci­ miento de unos hábitos de conducta. Además, debemos ser conscientes de que la unión y la propagación de estos proce­ sos modifican positivamente los ambientes de convivencia y de trabajo, al tiempo que construyen una base firme porque están ligados a los valores en las personas.

Claves del capítulo

� La calidad de una persona se mide por los va­ lores, por la capacidad de hacer el bien.

� No hay que inventar los valores, porque todos tenemos valores.

� Los valores son para vivirlos, para actuar bajo sus dictados, para abrirnos camino en la vida con ellos.

� Los valores son siempre una meta y un ideal.

� Los valores se siembran en la mente y en el corazón.

� Cada uno tiene la obligación de conformar su personal jerarquía de valores.

(55)

l-á/or para vivir /os va/ores

40

---� Las personas que encarnan valores son mode­ los para los demás (por ejemplo los padres, los profesores y los directores de empresas pue­ den ser un gran motor de ejemplaridad) .

(56)

El dinamismo

de los principios,

los valores

y

las virtudes

3

E

n este capítulo vamos a tratar dos conceptos nuevos, que nos servirán para entender las estrategias que desa­ rrollaremos después con respecto a los valores: los principios y las virtudes.

Los principios constituyen un tema que toca al común

de los seres humanos, y queremos dar una explicación clara, comprensible y asequible a un público amplio. Es un tema que, además, hemos trabajado en diversos foros y que, gra­ cias a esto, se ha enriquecido y madurado.

Cuando decimos que alguien es una persona "de princi­ pios", estamos resaltando el hecho de que tiene un carácter definido y unas convicciones firmes. Lo estamos elogiando. Esta persona, seguramente, procura inculcar esas conviccio­ nes en su familia y está atenta especialmente a que sus hijos se formen con una sólida convicción ética.

(57)

Va/or para vivir los va/ores

42

---Con los centros educativos sucede algo semejante. Cuan­ do uno de ellos asegura que presta una particular atención a los principios y a los valores morales, sabemos que en la for­ mación de sus alumnos tiene como punto de referencia con­ ceptos o verdades fundamentales de la vida que inspiran, de cierta manera, la conducta personal.

Pero, ¿qué es un principio?

El término "principio" tiene varias acepciones. Una de ellas lo define como la "norma o idea fundamental que rige el pensamiento o la conducta" . Otra lo define como la "base, origen, razón fundamental sobre la cual se procede discu­ rriendo en cualquier materia" , o "cada una de las primeras proposiciones o verdades fundamentales por donde se em­ piezan a estudiar las ciencias o las artes". Estas dos últimas se refieren a los principios lógicos o principios epistemológicos (relativos al conocimiento) y se las considera evidentes e implícitas en todo razonamiento. Entre los principios pode­ mos destacar, a manera de ejemplo, los siguientes: el princi­ pio de contradicción ("Nada puede ser y no ser al mismo tiempo") y el principio de razón suficiente ("Todo ente tiene su razón de ser", "El hombre es un ser racional" o "El todo es mayor que las partes").

Pero hay uno, que aquí denominamos el primer princi­ pio de la razón práctica: "Las personas tienden a hacer el bien y a evitar el mal". Este principio también recibe el

(58)

nom-El dinamismo de los principios, los valores y las virtudes

--- 43

bre de sindéresis, palabra de origen griego que significa "chispa de la conciencia" y que definimos ahora como "el discerni­ miento o la capacidad natural para juzgar rectamente lo que está bien o lo que está mal".

y aquí, cuando hablemos de los principios, nos referire­ mos a los principios éticos. De manera semejante a como la naturaleza está determinada y ordenada por leyes universa­ les, el comportamiento humano se rige por algunos princi­ pios fundamentales. ¿Qué caracteriza a estos principios éti­ cos? Podemos destacar los siguientes aspectos:

� Objetividad � Universalidad � Inmutabilidad

� Inherencia al ser humano

Pero enunciemos un principio que nos permita ver con claridad estas características: "la dignidad humana" . Es obje­ tivo, es decir, no depende de mí, ni puedo someterlo a discu­ sión; sólo puedo acatarlo. Es universal y es inmutable, por­ que es válido, de la misma manera, en todas las culturas, indistintamente de su situación en el tiempo o en el espacio. Es inherente al ser humano, porque si lo quebranto, me que­ branto a mí mismo; es decir, si alguien actúa desconociendo lo que ordena este principio, va en contra de sí mismo. En fin, si una persona o comunidad decide desconocer lo que ordena el principio y alejarse de él, sufre un proceso inevita­ ble de deterioro y destrucción.

(59)

Villor para vivir los valores

44

---Una historia antigua

En el sentir popular y en el lenguaje común se reflejan las características que hemos atribuido a los principios: objeti­ vidad, universalidad, validez absoluta, inmutabilidad. "Cam­ biar de principios" es entendido como dejar de ser coheren­ te. Por otra parte, existe la convicción bastante arraigada de que "los principios no se negocian", porque son las pautas fundamentales del comportamiento que me vienen dadas, en último término, por mi condición de persona. No son resultado de una moda pasajera. Los principios están desde siempre en la preocupación de la humanidad por encontrar las raíces de la conducta y han sido formulados y vividos de muchas maneras y reflejados en las leyes y las costumbres de los pueblos.

Si hay principios absolutos, quiere decir que no todo es relativo, ni todo da lo mismo (decir la verdad o mentir, res­ petar la vida o atentar contra ella, cumplir los compromisos o faltar a ellos, etc.), porque hay leyes naturales que la razón práctica humana descubre en ella misma, que son puntos de referencia obligada, y esto significa que hay que aceptarlas porque de lo contrario el mundo se convertiría en un autén­ tico caos.

De esta manera, podemos introducir la distinción prin­ cipal entre un principio y un valor: se puede cuestionar o relativizar un valor, pero no un principio. Los principios no dependen de nuestras interpretaciones ni de nuestras per­ cepciones, puesto que son inherentes a nuestro ser.

(60)

El dinamismo de los principios, los valores y las virtudes

--- 45

También hay que tener en cuenta la manera en que yo vivo el principio, distinta a la idea que tengo de él, pues éste se vive espontánea e instintivamente. Así como cuando ve­ mos que un ladrillo viene desde arriba hacia nuestra cabeza, no necesitamos saber (y mucho menos formular) la ley de la gravedad para comprobar que caerá encima de nosotros si no nos desplazamos. No pensamos en nada, sino que nues­

tro instinto de supervivencia nos mueve inmediatamen­ te.

Sobre estos principios se fundamentan el desarrollo de la persona, la convivencia y la armonía social. Su validez no depende de otras ciencias o de que una mayoría decida que están vigentes. Los distintos grupos sociales, el Estado y, so­ bre todo, cada persona no tienen más que hacer que recono­ cer los principios, descubrirlos, no inventarlos (no es necesa­ rio), porque son inherentes a la condición humana, de manera parecida a como el instinto de supervivencia es propio de cada ser.

Algunas veces las leyes pueden estar en contra de lo que indican los principios, a pesar de que éstas buscan, ante todo, la protección o realización de ciertos principios que faciliten la convivencia armónica; por ejemplo, en algunos países la ley dice que "El que contamina paga" , lo cual está en contra del principio que nos indica que debemos respetar la natura­ leza. Aunque el hombre actúe de conformidad con esa ley, de todas maneras está yendo en contra del principio que pide proteger la naturaleza, es decir, se está haciendo daño a sí mismo o a otros, a largo plazo. O cuando en algunos países

(61)

Wllor para vivir los valores

46

---se admite la eutanasia voluntaria, dejando que prime la deci­ sión personal de quitarse la vida.

Es normal que a la hora de concretar estos principios y de expresarlos haya diversidad de posturas. Pero, a pesar de todo, hay ciertos aspectos inmodificables que perduran aun dentro de las diferencias de interpretación. Por ejemplo, en cualquier contexto se sabe que el derecho a la libertad es indispensable para el desarrollo de la vida humana, y po­ nerlo en duda supondría el derrumbe del orden ético y ju­ rídico.

¿Y, en definitiva, cuáles son

los principios primordiales?

A pesar de que hay una significativa coincidencia de algunos principios en la historia de muchas culturas (con distintas ideologías y religiones y de distintas razas), no se puede ela­ borar una lista única. Pero podemos citar algunos (introdu­ ciéndoles algunas variaciones), tomados del libro Dilemas éticos en la empresa, de Carlos Llano:

� La persona tiende por naturaleza a hacer el bien y evitar

el mal.

� El ser humano está dotado de una dignidad esencial.

� La vida humana debe ser respetada como un bien ina-lienable.

� El fin no justifica los medios.

� La persona tiene derecho a su pleno desarrollo.

Referencias

Documento similar

En el presente Curso Universitario de Intervención Psicoeducativa en Alumnos con Discapacidad Visual + Curso Universitario en Musicoterapia conoceremos todos los

re-routing Nuevo flujo de información: Periodo final.

ARBOL: Porque en el Portal de Belén ha nacido el niño Jesús y como yo no puedo ir estoy aquí, tan bonito, para contárselo a todo el mundo.. 2: !Que

[r]

Bo_qllique Indetermin.. en fosa Enterram. en cueva Ha bitat en loma Enterram. en pithos Enterram. en grieta Ha bitat en llanura Enterram. en cista Taller aire libre

و ةدحتملا مملأا ةمظنم ةدنجأ نيب ةيبرغلا ءارحصلا ةيضق :لولأا نيابت. م لا

Investigación da morte violenta Causa, mecanismo e circunstancias da morte Lesións contusas.. Lesións por arma branca Lesións por arma de fogo Asfixias mecánicas

[r]