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La Política de Seguridad en México

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Academic year: 2021

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Esta obra parte de análisis y reflexiones criminológicas surgidas de una mirada al sexenio 2006-2012 y la política de seguridad y de combate al crimen puesta en marcha en ese periodo. Alan García Huitron entra en el corazón ideológico de los planes y proyectos de dicha política, y pasa por el tamiz de un estudio criminológico crítico y sin matices a la Iniciativa Mérida y al Plan Nacional de Desarrollo; asimismo, como bien apunta el experto Pedro Peñaloza en el prólogo a la presente publicación, “pone en jaque la metodología para obtener los indicadores de seguridad de la administración en estudio”.

Uno de los aspectos más importantes de La política de seguridad en México. Evaluación y reflexiones desde la Criminología crítica (2006-2012) es su enfoque pedagógico, que abre las puertas a un pensamiento libre y crítico que apunta a construir vasos comunicantes entre los estudiosos y los actores gubernamentales, en pos de mejorar las políticas de seguridad, siempre en comunicación con posturas que coadyuven en la construcción cada vez más sólida de un estado de Derecho en toda la extensión de la palabra.

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DIRECTORIO

JESÚS MURILLO KARAM

Procurador General de la República

y Presidente de la H. Junta de Gobierno del Inacipe

MARIANA BENÍTEZ TIBURCIO

Subprocuradora Jurídica y de Asuntos Internacionales de la PGR

y Secretaria Técnica de la H. Junta de Gobierno del Inacipe

RAFAEL ESTRADA MICHEL

Director General del Instituto Nacional de Ciencias Penales

ALICIA BEATRIZ AZZOLINI BINCAZ

Encargada de la Secretaría General Académica

JORGE MARTÍNEZ IGLESIAS

Encargado de la Secretaría General de Extensión

ALFONSO JESÚS MOSTALAC CECILIA

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ALAN GARCÍA HUITRON

LA POLÍTICA DE SEGURIDAD EN MÉXICO

EVALUACIÓN Y REFLEXIONES DESDE LA

CRIMINOLOGÍA CRÍTICA (2006-2012)

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La política de seguridad en México. Evaluación y reflexiones desde la Criminología crítica (2006-2012) © 2014 Alan García Huitron

© 2014 Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe)

Esta obra es producto del esfuerzo de investigadores, profesores y especialistas en la materia, cuyos textos están dirigidos a estudiantes, expertos y público en general. Considere que fotocopiarla es una falta de respeto a los participantes en la misma y una violación a sus derechos.

Las opiniones expresadas en esta obra son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la postura del Instituto Nacional de Ciencias Penales.

Instituto Nacional de Ciencias Penales Magisterio Nacional núm. 113, col. Tlalpan,Del. Tlalpan, C.P. 14000, México, D.F.

www.inacipe.gob.mx [email protected] ISBN: 978-607-9404-62-8, primera edición obra electrónica

Esta obra se publicó en formato electrónico en el mes de mayo de 2015

Se prohíbe la reproducción parcial o total, sin importar el medio, de cualquier capítulo o información de esta obra, sin previa y expresa autorización del Instituto Nacional de Ciencias Penales, titular de todos los derechos.

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DEDICATORIAS

A mi familia; Rosalba Huitron, Juan Víctor García y Susana García. Por sus enseñanzas, sus virtudes y sus defectos, por su amistad y su confortante abrigo familiar.

A mis amigos del Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe); Óscar Manuel Soto Velásquez, Javier Figueroa, Daniel Cunjama y David Ordaz. Por su conocimiento, su ayuda en la construcción de este libro y su inspiración teórica y personal.

A “[…] ese Estado que se ha vuelto demasiado pequeño para resolver los grandes problemas del mundo y demasiado grande para resolver los pequeños problemas de los individuos […]”

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PRÓLOGO

La esperanza no es un pronóstico, sino una arma que junto con el coraje y la voluntad deberemos aprender y utilizar.

VACLAV HAVEL

Aún suenan las balas que ordenó lanzar el expresidente Felipe Calderón en su obnubilada lucha, tan legitimadora como absurda. Los ecos de su política guerrerista siguen emitiendo ondas reproductoras en distintas esferas del poder público. Quizá, a la cercana distancia, una pregunta que tendríamos que hacernos es: ¿la herencia calderonista persiste en estos aciagos días?

Frente a la breve reflexión anterior, el texto que nos ofrece Alan García Huitron es muy útil, su acuciosidad y seriedad nos permiten abordar la política criminológica en la administración de Felipe Calderón. La ruta que plantea el autor es pedagógica, lo cual se agradece en tiempos en donde las palabras buscan ocultar el contenido y se pierden en la bruma de los lugares comunes y de las complicidades tácitas.

El recorrido que se desarrolla en la obra parte de una premisa insustituible, a saber, los fenómenos que se entrecruzaron en el sexenio calderoniano deben ser vistos desde una mirada polivalente y conceptualmente sólida.

La estructura del libro es impecable, da pistas y señales en un recorrido que nos envuelve y aprisiona. Los cuatro capítulos son proteicos y representan manjares criminológicos que describen hechos verificables, datos demoledores y rutas de navegación que provocan que el lector lea y se inquiete, que forme opinión.

El examen del primer capítulo, denominado “La política de seguridad en el sexenio 2006-2012”, plantea varios puntos que desnudan y colocan en su exacta dimensión a la Iniciativa Mérida, muestra las debilidades sistémicas del Plan Nacional de Desarrollo (PND) y pone en jaque la

metodología para obtener los indicadores de seguridad de la administración en estudio.

El segundo capítulo, titulado “Evaluación de las políticas públicas”, es una exploración en el bosque siempre árido, pero aleccionador, de los ámbitos cuantitativos y cualitativos, mostrando la ausencia de los vasos comunicantes entre las políticas públicas de coyuntura y la necesaria

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prospectiva indispensable para construir políticas de Estado y no de simples desplantes sexenales que solo son útiles para los apetitos electorales de políticos de temporal y generalmente intrascendentes.

El tercer capítulo de la obra, “La política de seguridad en el sexenio 2006-2012: reflexiones desde la Criminología crítica”, es un sólido viaje conceptual de categorías y aproximaciones a escuelas sociológicas y criminológicas. El autor nos instala en el fascinante mundo de las ópticas no positivistas o clínicas, y emprende un vuelo al ras del suelo y detecta los déficits en el ejercicio del poder de una clase dominante prisionera de los fórceps punitivos.

Nos recuerda la importancia de los aportes que han hecho algunos criminólogos de la trinchera crítica, en sus distintas expresiones, y los habilita para confrontar la práctica de los derechos humanos, de la prisionización, del control social formal, del paralizante miedo y de las prácticas discriminadoras y criminalizadoras que subyacen en la visión de los “otros”. Dicho de manera abarcadora, García nos conduce a terrenos que nos alejan de simplismos y de superficialidades tan en boga en los penalistas reduccionistas, que solo atinan a ver mazmorras, armas y castigo.

En el capítulo cuarto, denominado “Horizontes criminológicos”, el autor se lanza a navegar en las aguas embravecidas de la confrontación de propuestas para encarar a las de la clase gobernante. Con lenguaje entendible exhibe las ausencias y deficiencias de los arranques de los dueños del poder político, y no se queda en la descripción y los mete en una especie de trituradora analítica, poniéndolos en el espejo de una realidad irrefutable y demostrable.

Se analizan los binomios policía comunitaria y seguridad humana; derechos humanos y violencia estructural, siempre desde una meseta poliédrica. Bucea en el abordaje de la prevención social del delito y su conexión con las violencias estructurales. El basamento que le da sentido al texto es la teoría crítica, pero no desde el embelesamiento de las mullidas abstracciones, lejos de ello, Alan García transita en la orografía agreste de un país que se mueve entre los buenos deseos socializados por los operadores de un régimen demagógico y cínico. Sin ambages el autor se pregunta y nos pregunta el añejo y actual ¿qué hacer? y nos propone “humanizar el mundo”, lo cual es una utopía realizable e imprescindible.

En síntesis, la obra de este joven criminólogo es un aporte interesante y muy trascendente para entender de dónde venimos y adónde podemos ir. El texto es una arma educativa y fresca para desestructurar las inercias que atropellan la memoria con las presiones de la coyuntura.

Es, además, disfrutable y placentero leer a Alan García Huitron, uno de los integrantes del nuevo batallón de criminólogos que, sin mezquinas toxinas ni vanidades de acomplejados, busca tomar el cielo por asalto, con nuevos pertrechos, con otros argumentos, con armas distintas a las que usaron las generaciones que lo precedieron. Claro, estoy seguro de ello, que su esfuerzo es impulsado por una genuina vocación justiciera, que se aleja del simple voluntarismo y plantea que sí es posible construir otro mundo.

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DR. PEDRO JOSÉ PEÑALOZA

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INTRODUCCIÓN

EL SURGIMIENTO de la Criminología en México, al igual que en otros momentos históricos,1 estuvo

determinado por el primer proceso modernizador capitalista2 en el periodo porfirista o porfiriato. Su ingreso, lejos de buscar la cohesión e inclusión social, así como la disminución de la conflictividad, supuso la utilización ideológica de los saberes3 (médicos, sociológicos, psicológicos, jurídicos y antropológicos) por parte de la burguesía mexicana, con la finalidad de legitimar científicamente lo peligroso de las clases en oposición, principalmente conformadas por indígenas, mestizos, pobres, prostitutas y mendigos, a quienes desde entonces habrá de considerárseles criminales, al menos en potencia.

El periodo porfirista basado en el binomio positivista del orden y progreso, con el objetivo de europeizar tierras mexicanas, promoverá de esta manera la adopción de los principios y los postulados de la Criminología positivista italiana en el contexto mexicano, premisas que, a pesar de carecer de una mínima lógica humanista, seguirán presentes durante todo el siglo XX y lo que va del XXI, fundamentalmente con un impulso importante de la Criminología clínica en los espacios

penitenciarios.

El desarrollo de la Criminología, por su parte, se dará principalmente durante el segundo periodo modernizador4 posterior a la Revolución, en gran consonancia con la aparición de los ordenamientos —sustantivo y procesal— de 1931, de la revista Criminalia en 1933, así como de la Escuela Científica de la Policía Judicial (actualmente Instituto de Formación Profesional de la PGJDF)

en 1938 y de la Academia Mexicana de Ciencias Penales en 1941.5 En tal proceso, mención especial merece la creación de la carrera de criminólogo en la entonces Universidad de México — actualmente UNAM—, la cual años después será absorbida por la Facultad de Derecho.

La consolidación, finalmente, será hasta la década de 1970,6 específicamente en 1978,7 con la instauración de la Licenciatura en la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), con la

publicación de Criminología de Rodríguez Manzanera en 1979, así como con la aparición del Instituto Nacional de Ciencias Penales en 1976, sucesos que darán a la Criminología nuevamente los reflectores públicos y privados. Momento que tendrá su umbral en lo que podría denominarse la tercera modernización capitalista,8 acuciada desde 1993 con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y que seguirá hasta los días del nuevo siglo.

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Así pues, a pesar de que el papel socioeconómico y político de la Criminología entre la primera y la tercera modernización capitalista ha sido diferente en razón de la naturaleza de los momentos históricos del país, la línea horizontal ha estado francamente dibujada en el terreno unívoco positivista, el cual, a últimas fechas, se ha visto fortalecido por dos fenómenos particulares: por un lado, las estrategias mediáticas (medios de comunicación) que inciden en el consumo y el morbo de lo criminal y, por otro, la proliferación de instituciones educativas de corte privado que han decidido apostarle al negocio de la enseñanza de lo criminal. De esta manera, si hasta 1938 nadie había cursado la carrera de Criminología, a pesar de estar en los programas de estudio de la UNAM como

única institución desde 1934,9 en 2013, de acuerdo con datos oficiales de la Secretaría de Educación Pública (SEP), México contaría con 72 instituciones, la mayoría privadas, que ofrecen la carrera en el

nivel de licenciatura,10 dentro de las cuales se albergó a 20 096 matriculados durante el ciclo 2011-2012, 3 596 más que en el ciclo anterior.11

Lo anterior tiene varias lecturas, desde la crisis de la movilidad social y exclusión profesional que representa el sistema educativo mexicano —una parte importante de los estudiantes en Criminología han sido rechazados de otras licenciaturas— hasta el avance cada vez mayor del sector privado en el ámbito de la educación.

No obstante lo vertiginoso y lo desorganizado de la inclusión de la ciencia criminológica en el sistema educativo mexicano, actualmente sigue en proceso la acreditación del Examen Nacional de Criminología por parte del Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior, A.C. (Ceneval),12 pieza fundamental que, de acuerdo con información del centro, permitirá a los egresados obtener una autoevaluación del conocimiento adquirido respecto de un estándar nacional. A partir de este supuesto, es claro que tal medida también implicaría una rígida evaluación hacia la institución educativa y hacia los profesores matriculados. Por tanto, mientras la prueba siga aplazada, la multiplicación de instituciones proveedoras del saber criminológico,13 en su mayoría en busca de intereses lucrativos, seguirá sin una homologación en sus planes y programas de estudios, con un perfil de egreso sujetado al Derecho penal, e incluso sin un objetivo claro y preciso de la enseñanza y la formación que debe adquirir el criminólogo en México.

Lo anterior, de inicio, plantea dos problemas de consideración: el primero, concerniente a la saturación de la matrícula, sobre todo en razón del reducido espacio laboral para los titulados,14 genera que los criminólogos egresados engrosen, en el peor de los casos, la tasa de desempleados y de trabajadores informales o, en el mejor, que ingresen a un trabajo ajeno a su formación; el segundo, ampliamente vinculado con el anterior, es que, aunque cueste entenderlo, hoy en México se sabe muy poco acerca de lo que es y hace un criminólogo, con lo que resulta una limitación de espacios, principalmente sujetados al orden jurídico-penal, tales como Centros de Reinserción Social (Cereso), Procuradurías Generales de Justicia (PGJ) o, últimamente, Secretarías de Seguridad Pública

(SSP) donde, cabe subrayar, su labor será particularmente pasiva frente al ejercicio de una política

criminal unívoca, centrada en la represión.

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de la violencia y la criminalidad en sociedades contemporáneas,16 así como la obsesión del hombre por el hombre criminal,17 hacen urgente emprender un abordaje teórico y práctico sobre los nuevos aportes que la Criminología, en tanto ciencia de la cuestión criminal, puede proveer ante una realidad socialmente compleja, como la que actualmente se observa desde la ventana kafkiana.

Dicho marco problemático, principalmente su condición atractiva en los procesos de legitimación político-económica de los grupos dominantes, le exige a la Criminología una movilidad proactiva; saber y acción siempre dinámicos, nunca estáticos ante el poder. Cautelosa ante los pasos y las puertas en falso. Problematizar, es decir, cuestionar aquello que se presenta como incuestionable. Observar los problemas reales, no ideológicos. Dos muestras significativas de esta metodología son el argentino Zaffaroni y el norteamericano Morrison; mientras el primero cuestiona, desde el margen, el origen oficial y tradicional de la Criminología (1876), situándolo más bien en 1486 con la publicación del tratado medieval Malleus Maleficarum,18 Morrison subraya el genocidio como el gran ausente de las investigaciones criminológicas positivistas, interesadas más en los criminales de poca monta.19

De esta manera, si bien el saber criminológico fecundó desde las entrañas mismas del poder represivo de la clase dominante, la historia de su pensamiento ha corrido por diversos paradigmas20 que, a pesar de las discusiones sobre su cientificidad,21 le han dotado de cierta solidez como ciencia social, crítica y reflexiva.

El desplazamiento que significó transitar de una Criminología positivista —sujeto como objeto de estudio y traslado del método científico a las ciencias del hombre— a una Criminología crítica — poder y sistema penal como objetos de estudio y materialismo histórico como método— supuso la inversión misma de la ciencia criminológica respecto del mundo jurídico, al pasar de su subordinación a la crítica del mismo, dando como resultado el nacimiento de su condición rebelde y de resistencia frente al ejercicio del poder despótico. Devenir histórico-epistemológico que recuerda, por cierto, la disputa bíblica entre David (la Criminología) y Goliat de Gat (el Derecho penal).22 La Criminología, con ello, amplió su objeto de estudio (control del delito), su método (materialismo histórico) y campo de estudio (sistema penal estático y dinámico).23 Con el tiempo, sin embargo, Pavarini anunciará la muerte de la Criminología crítica, más como Criminología que como crítica, al denunciar cómo su análisis se había desviado hacia un conflicto capital/trabajo.24

A partir de entonces, la asunción del concepto de la cuestión criminal ungido desde finales de los setenta, aunada a la diversificación de las criminologías (realismos e idealismos de derecha e izquierda, abolicionismo y administrativa, principalmente), e incluso a la sustitución de la Criminología por la sociología jurídico-penal, marcarán la reciente historia contemporánea de la todavía sobreviviente Criminología. Desafortunadamente en los países periféricos la historia es diferente, pues sigue persistiendo una visión única, positivista, tanto en la política como en la academia,25 que acalla y excluye estas alternativas al estudio de la violencia, el conflicto y la criminalidad.

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Afortunada y desafortunadamente los partos de la realidad —incomprendidos perversamente por las metodologías positivistas— han obligado a repensar nuevamente esa Criminología crítica desterrada de su tumba en sus cauces marxistas y posmarxistas, principalmente bajo la concepción de la cuestión criminal.26

A partir de estas reflexiones, se pugna ya no por un criminólogo sujeto a los Centros de Reinserción Social (Cereso), realizando síntesis criminológica y estableciendo baja, media o alta peligrosidad, cuando en realidad el conflicto ya ha sucedido. Tampoco, como recientemente se ha observado, elaborando perfiles clínicos criminológicos, modus operandi, redes delincuenciales y georreferenciación criminal, aspectos propios de la labor policial.27 Se apuesta, más bien, por un criminólogo des-sujetado, insertado en áreas estratégicas que permita, en palabras de Carlos Elbert, el cambio social.28 Áreas como el análisis legislativo (Derecho penal mínimo y penalización/despenalización de conductas), la elaboración y evaluación de proyectos sociales, la investigación social y académica, la formación de conciencia, entre otros, resultan importantes esfuerzos por los cuales, siguiendo a John Holloway, se puede agrietar al capitalismo.29

Bajo este tenor, las dimensiones de la Criminología en México sustentadas a partir de la aplicación de saberes, su difusión o formación y la creación de nuevos saberes,30 deberán ser fortalecidas con la crítica a los saberes establecidos, su evidencia ideológica en tanto una realidad negada y, por tanto, el descubrimiento de nuevos marcos teórico-epistemológicos, que en el caso de la periferia tendrán que ser propios del sur.31 No se trata de eliminar a los criminólogos de las prisiones, de las aulas de clases o de los institutos de investigación, sino de ampliar su visión y acción. “Una visión del futuro [siguiendo el infrecuente discurso de Rodríguez Manzanera]32 en la que el criminólogo se desempeñará con menor frecuencia en cárceles y juzgados para ser un agente de desarrollo y de cambio social.”33

El trabajo aquí presentado abre un nuevo espacio de reflexión-acción para el saber criminológico; la evaluación de políticas públicas, analizando no solamente los proyectos y programas que el gobierno ha ejecutado sino también explicando, desde un modelo teórico crítico, los factores que han influido ya sea en el fracaso o en el éxito de su implementación. La herramienta científica de la evaluación de políticas públicas es el sendero correcto para generar la inclusión de la comunidad no sólo en la definición de problemas sino también en el diseño, implementación, monitoreo y evaluación de las soluciones seleccionadas. Lo anterior se vuelve urgente en tanto que hoy se enfrenta, particularmente en México, una crisis institucional, la despolitización de la comunidad, la crisis de la política y de los gobiernos “democráticos”, la fuerte consolidación del mercado frente al Estado, entre otros fenómenos que van generando mayores desigualdades y exclusiones sociales, sentimientos de resentimiento, frustración y decepción entre la población, fundamentalmente joven, y en consecuencia elevados índices de violencia y delincuencia. Este nuevo marco social, el cual no es ni debe ser ajeno al saber, le reclama a la Criminología nuevos aportes teóricos y prácticos con la finalidad de constituirse como el instrumento ideal por medio del cual se reflexione, se advierta, se critique y se transforme la realidad impuesta, una función que denuncie la

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distinción entre episteme y doxa; en el sentido de Braunstein, entre conocimientos válidos (científicos) y no válidos (ideológicos).34

La investigación, a lo largo de esta obra, consta de cuatro capítulos. El primero de ellos presenta la política de seguridad en México del sexenio 2006-2012 en sus cauces oficiales, desde el proyecto bilateral posmoderno de la Iniciativa Mérida (enquistada en el proceso de dominación de países centrales hacia países periféricos)35 hasta la Estrategia Integral --de limpieza social-- de Prevención del Delito y Combate a la Delincuencia. En el capítulo siguiente se muestran las generalidades de la evaluación de políticas públicas y de su importancia dentro del ámbito de la seguridad. En él se realiza una evaluación mixta de la política del sexenio 2006-2012; por un lado, en el ámbito cuantitativo, evaluando 28 indicadores dentro de cuatro variables, y, por otro, en el plano cualitativo, mostrando los resultados de la aplicación de una encuesta a tres grupos focales (policías ministeriales federales de la Procuraduría General de la República, profesores-investigadores del Instituto Nacional de Ciencias Penales y estudiantes de Criminología y criminalística del Colegio Libre de Estudios Universitarios, plantel Distrito Federal) sobre los efectos de la política de seguridad evaluada. En el capítulo tercero se establecen, a partir de los resultados arrojados de la evaluación mixta, una serie de reflexiones desde la Criminología crítica que intenten comprender las diversas tendencias de esta política de seguridad para, en consecuencia, finalizar con el cuarto y último capítulo sobre los posibles horizontes criminológicos que en el futuro inmediato tendrán que ser abordados por las diferentes facciones criminológicas en México.

En síntesis, la presente obra advierte sobre la inercia oficial destinada, principalmente, a conservar el statu quo por medio de la expansión de los agentes punitivos (policía, Derecho penal y prisión) y la reducción de los agentes sociales (salud, empleo y educación), cuyo efecto es un genocidio encubierto, orquestado desde el núcleo mismo del poder criminalizador-victimizador.

Ante esta lógica del horror, la obra refleja los esfuerzos por ir generando nuevas veredas y debates en torno al saber criminológico en plena vigencia de fenómenos tales como la globalización, el neoliberalismo, las crisis económicas, la modernidad tardía, las nuevas formas emergentes de criminalidad, la caída de la institucionalidad, el debilitamiento del Estado y el fortalecimiento del mercado, entre otros; todos ellos exigen a la Criminología pasar a una nueva categoría de estudio, ya no solamente impresa en el hecho (Criminología clásica), el sujeto (Criminología positivista), la sociedad (Criminología sociológica) o el sistema de justicia penal (Criminología crítica), sino de integrarlos, por ejemplo, bajo lo que Immanuel Wallerstein ha denominado análisis de sistemas-mundo, “una mirada no estancada a través de la cual podemos comprender la realidad social en que vivimos”.36

De tal suerte, la presente investigación no prescinde de esta invitación global, al contrario, el apartado III de La política de seguridad en el sexenio 2006-2012: reflexiones desde la Criminología crítica parte de este supuesto según el cual los resultados de la política implementada no podemos — ni debemos— interpretarlos bajo la sola mirada local, reduccionista espacial y temporalmente, sino a partir de una visión estructural y sistémica en el marco de los llamados sistemas-mundo. El fenómeno de la globalidad37auspiciado por Beck así lo demanda. Además, con esto se trata de

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subsanar la falta de investigaciones criminológicas descontextualizadas de una perspectiva global, tal y como se ha manifestado desde la comunidad criminológica mexicana.38

1 Sea con Malleus Maleficarum en 1486, con L’Uomo delinquente en 1876, con Fisiología del crimen. Estudio jurídico-sociológico en 1885 o con Los hombres de presa en 1888, los discursos criminológicos siempre han aparecido tras el llamado de legitimación del poder, ya sea con los inquisidores, como se dio en el siglo XV o con la clase burguesa recién ascendida en Europa o en América Latina a

principios y finales del siglo XIX, respectivamente. Así, mientras en Europa, dice Pavarini, la Criminología se desarrolló como respuesta a

las transformaciones sociales y a los nuevos problemas del orden en el periodo que sucedió a la Revolución Industrial (Massimo Pavarini, Control y dominación. Teorías criminológicas burguesas y proyecto hegemónico, Siglo XXI, Buenos Aires, 1983, p. 40) en América Latina, dirá Roberto Bergalli, su surgimiento, fruto de un exitoso y veloz trasplante teórico de las ideas de la Scuola Positiva italiana, se gestó en el marco de las transformaciones económicas y sociales que traía aparejada en el último cuarto del siglo XIX la inclusión de los

países de América Latina en la división internacional del trabajo. Véase Roberto Bergalli, Crítica a la Criminología, Temis, Bogotá, 1982, pp. 1-12.

2 Se entiende por modernización el proceso socioeconómico, técnico y de industrialización que trae consigo una serie de rupturas, de crisis y de nuevos modelos o esquemas sociales. En la historia contemporánea de México pueden distinguirse al menos tres periodos: el porfiriato (1876-1911), el desarrollo estabilizador (1940-1970) y el neoliberalismo (1980-2012).

3 Entre los trabajos principales se pueden citar: Fisiología del crimen. Estudio jurídico-sociológico de Rafael de Zayas Enríquez en 1885; Estudios de antropología criminal de Martínez Baca y Manuel López Vergara en 1892; La responsabilidad criminal y las modernas escuelas de antropología de Agustín Verdugo en 1895; La criminalidad en México. Medios de combatirla de Miguel Salvador Macedo en 1897; Génesis del crimen en México de Julio Guerrero en 1901; Por los mundos del delito. Los criminales en México. Ensayo de psicología criminal de 1904 y Crímenes sexuales y pasionales. Estudios de psicología morbosa en 1906, ambos de Carlos Roumagnac; La prostitución en México de Luis Lara y Pardo en 1908. Para un mayor abordaje del desarrollo de la Criminología en los años Porfiristas, vid. Beatriz Urías Horcasitas, Indígena y criminal. Interpretaciones del derecho y la antropología en México, 1871-1921, Universidad Iberoamericana, México, 2000. Vid. Robert M. Buffington, Criminales y ciudadanos en el México moderno, Siglo XXI, México, 2001.

4 Al periodo entre 1930 y 1970 se le conoce como desarrollo estabilizador. Es una etapa de modernización económica y consolidación política, después de los momentos de conflicto y desestabilización que significaron los años de la Revolución Mexicana.

5 Para conocer más detenidamente los aportes tanto de la revista Criminalia como de la Academia Mexicana de Ciencias Penales, vid. Sergio García Ramírez, “La Academia Mexicana de Ciencias Penales y Criminalia. Medio siglo en el desarrollo del Derecho penal mexicano (una aproximación)”, en Óscar Cruz Barney y Héctor Fix-Fierro (coords.), Los abogados y la formación del Estado mexicano,

UNAM, México, 2013.

6 Es importante mencionar que en esta última etapa, denominada de consolidación, se dio el choque entre la milenaria corriente positivista y la naciente corriente crítica de los setenta, principalmente en Estados Unidos (teoría del conflicto, teoría del etiquetamiento y sociología de la desviación) y en Europa (Conferencia Nacional de la Desviación). De acuerdo con Lola Aniyar de Castro, “la historia de la criminología crítica en Latinoamérica comienza en 1974, cuando se realiza en Maracaibo, Venezuela, bajo los auspicios de la Sociedad Internacional de Criminología, el 23 Curso Internacional de Criminología, centrado en el tema de la violencia, del cual surge el Instituto de Criminología de la Universidad del Zulia”, en Lola Aniyar de Castro, Criminología de la liberación, Universidad del Zulia, Venezuela, 1987, p. 6. Pese a esta naciente postura, la crítica impedida por el positivismo político y económico no pudo consolidarse en Latinoamérica. A decir de Elbert, tal derrota provino de que la criminología crítica careció de “un conjunto claro de ideas y un programa de acción futura”, en Carlos Elbert, “La criminología latinoamericana. Balance de un siglo de búsquedas”, Conferencia I en el III Congreso Internacional de Criminología y Derecho Penal, Cali, Colombia, 18 al 20 de agosto de 2010.

7 Si bien la licenciatura se estableció en 1974, fue el 10 de febrero de 1978 cuando obtuvo validez oficial.

8 Durante el gobierno del ex presidente Carlos Salinas de Gortari, México ingresó a un nuevo proceso modernizador, que significó, entre otros elementos, la privatización masiva de un amplio sector paraestatal, así como la apertura y la liberación comercial que tuvo como culminación el Tratado de Libre Comercio.

9 José Ramón Garmabella, El criminólogo. Los casos más impactantes del Dr. Quiroz Cuarón, Random House Mondadori, México, 1980, p. 46.

10 Vid. Subsecretaría de Educación Superior, Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios Superiores Federales y Estatales (RVOE),

obtenida de http://www.sirvoes.sep.gob.mx/sirvoes/

11 Mientras que en el ciclo 2009-2010 el programa de Criminología no figuraba entre las licenciaturas más pobladas, para el ciclo 2010-2011 se situó en el lugar 30 con 16 500 matriculados. Vid. Dirección General de Educación Superior Universitaria, Matricula escolarizada

en programas de licenciatura agrupados por área, obtenida de

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12 En la página oficial del Ceneval, apartado de Exámenes Generales de Egreso de la Licenciatura (EGEL) para Criminología, la

información reservada a ¿Qué es?, ¿A quién está dirigido?, Ventajas de sustentar este examen, Contenido de la prueba, Guías de estudio, Consejos para presentar el examen, entre otros. Vid. http://www.ceneval.edu.mx/ceneval-web/content.do?page=1676

13 La mayoría de universidades, institutos, colegios, centros, academias, asociaciones, liceos, entre otros, que ofrecen la Licenciatura en Criminología en México, están en un sistema privado. Entre las pocas universidades públicas se pueden mencionar la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), la Universidad Metropolitana de Monterrey (UMM), la

Universidad Anáhuac del Norte de Chihuahua y la Universidad Autónoma de Tamaulipas.

14 De acuerdo con el director de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), con la primera generación

de la Facultad de Criminología en la universidad, se complementaron los espacios laborales de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Querétaro, razón que implicó que las nuevas generaciones tuvieran pocas posibilidades de colocación laboral. Rosalía Nieves, “Criminólogos, sentenciados al desempleo”, Esto, México, 2 de junio de 2011, obtenida de http://www.oem.com.mx/esto/notas/n2093590.htm

15 A partir del año 2000, en Estados Unidos se comenzó la producción de teleseries dedicadas al fenómeno criminal. Son conocidas las series Criminal Minds desde 2005, Crime Scene Investigation (CSI) desde 2000 y Dexter en 2006, por mencionar algunas.

16 De acuerdo con Alejandro Néstor García Martínez, desde el punto de vista sociológico, una de las ambivalencias más visibles de la crisis de la modernidad consiste en la persistencia de la violencia en las sociedades civilizadas y su constante presencia a lo largo de todo el proceso de modernización. Véase Alejandro Néstor García Martínez, “Modernidad, violencia y procesos de civilizadores. Revisión crítica a partir de la propuesta de Norbert Elías”, Pensamiento y Cultura, vol. 12, núm. 2, Colombia, diciembre de 2009, p. 263.

17 Al respecto, el criminólogo húngaro Dennis Szabo menciona que la imagen del hombre criminal, como la del hombre lobo u otros seres maléficos, ronda por el inconsciente de los seres humanos desde tiempo inmemorial. Esta imagen evoca en nosotros una ambivalencia fundamental. ¿Por qué? Porque el criminal está esencialmente fuera de nosotros. Pero también está, paradójicamente, en nosotros.Denis Szabo, Criminología y política en materia criminal, Siglo XXI Editores, México, 1980, p. 19.

18 Vid. Raúl Eugenio Zaffaroni, “La cuestión criminal”, fascículo 3, Argentina, junio de 2011, obtenida de http://www.pagina12.com.ar/especiales/archivo/zaffaroni_cuestion_criminal/1-8.la_cuestion_criminal.pdf

19 Vid. Wayne Morrison, Criminología, civilización y nuevo orden mundial, Anthropos, Barcelona, 2012.

20 Paradigmas que, de acuerdo con Kuhn, constituyen un modelo explicativo en cierto momento de la historia de la ciencia, principalmente porque es compartido por los miembros de una comunidad científica en particular. Vid. Thomas Kuhn, Estructura de las revoluciones científicas, Fondo de Cultura Económica, México, 1971.

21 Vid. Eugenio Zaffaroni, “La problemática existencia de la Criminología”, en Eugenio Zaffaroni, Criminología. Aproximación desde el margen, Temis, Bogotá, 2003, pp. 1-30.

22 De acuerdo con la Biblia, Antiguo Testamento, Samuel 17, a pesar de su tamaño menor y de carecer de formación y experiencia en la lucha, David, con honda y piedra, derrotará al gigante Goliat y, con ello, a los filisteos. Al respecto, baste recordar las palabras de Luis Jiménez de Asúa respecto a que “en un futuro más o menos lejano la Criminología imperará sobre el Derecho penal”. Luis Jiménez de Asúa, Principios de Derecho penal. La ley y el delito, Abeledo-Perrot, Argentina, 1997, p. 73, obtenida de http://new.pensamientopenal.com.ar/sites/default/files/2011/10/doctrina03.pdf

23 Para Roberto Bergalli e Iñaki Beiras el sistema penal estático comprende los procesos de creación de la ley penal, mientras que el sistema penal dinámico alude a la conformación y actuación de las agencias policiales, judiciales y penitenciarias.

24 Massimo Pavarini, “Presentación”, en Jock Young et al., Criminología crítica y control social. El poder punitivo del Estado, Juris, Argentina, 1993, p. 5.

25 En México las escuelas de Criminología, en su mayoría privadas, están integradas al Consejo Nacional de Instituciones de Enseñanza Criminológica (Ciecrim) —ente evaluador externo reconocido por la SEP— de la Sociedad Mexicana de Criminología

(Somecrim). Debido al apego de esta sociedad con los principios y los postulados de la Criminología clínica positivista, la enseñanza de la Criminología crítica está ausente en los planes y programas de estudio ofrecidos, lo que implica sin duda una enseñanza parcial e ideológica de la historia del pensamiento criminológico. Los egresados, en tal sentido, ignoran que existe una corriente crítica de la Criminología y otras posteriores.

26 Para Máximo Sozzo la cuestión criminal “es un área compleja de actores, instituciones, discursos y prácticas, cuyas fronteras son sinuosas y móviles, en la que se construye social y políticamente el delito y las formas de gobierno del delito”. Máximo Sozzo (coord.), Historia de la cuestión criminal en la Argentina, Editores del Puerto, Buenos Aires, 2009, p. 3.

27 En el Distrito Federal, por ejemplo, en 2011 se graduó la primera generación de la Licenciatura en Criminología e Investigación Policial.

28 Vid. Carlos Alberto Elbert, Criminología, ciencia y cambio social, Eudeba, Argentina, 2012.

29 Vid. John Holloway, Agrietar al capitalismo, Ediciones de Intervención Cultural, México, 2011.

30 David Ordaz Hernández y Emilio Daniel Cunjama (coords.), Criminología reflexiva. Discusiones acerca de la criminalidad, Ubijus, México, 2011, pp. 14-15.

31 Vid. Boaventura de Sousa Santos, Una epistemología del sur: la reinvención del conocimiento y la emancipación social, Siglo XXI y Clacso, México, 2009.

32 De acuerdo con Tenorio Tagle, aunque Rodríguez Manzanera haya firmado en 1988 el manifiesto del Grupo Latinoamericano de Criminología Crítica, es evidente que no comparte sus principios. Fernando Tenorio Tagle, “La Criminología crítica en México”, en Ana

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Josefina Álvarez Gómez, El sistema de justicia penal: su crisis y el discurso criminológico contemporáneo, Universidad de Querétaro (Serie de Estudios Jurídicos), México, 1990, p. 561.

33 Luis Rodríguez Manzanera, “El quehacer criminológico, ¿devaluado?”, en Sergio García Ramírez y Olga González Mariscal (coords.), Panorama internacional sobre justicia penal. Política criminal, Derecho penal y Criminología. Culturas y sistemas jurídicos comparados. Séptimas Jornadas sobre Justicia Penal, Instituto de Investigaciones Jurídicas,UNAM (en adelante IIJ-UNAM), México, 2007, p.

240, obtenida de http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/6/2506/13.pdf

34 Néstor A. Braunstein, “Cómo se constituye una ciencia”, en Néstor A. Braunstein et al., Psicología: ideología y ciencia, 21ª ed., Siglo XXI Editores, México, 2003, p. 7.

35 Procesos de dominación/subordinación que son claros en la historia de las relaciones entre México y Estados Unidos, reforzados actualmente mediante las agendas de seguridad (terrorismo, narcotráfico, delincuencia organizada, migración, entre otros).

36 Immanuel Maurice Wallerstein, Análisis de sistemas-mundo: una introducción, 2a ed., Siglo XXI Editores, México, 2006, p. 10.

37 Para Beck, la globalidad significa que no hay ningún país ni grupo que pueda vivir al margen de los demás. Ulrich Beck, ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización, Paidós, España, 1998, p. 33.

38 De acuerdo con los criminólogos David Ordaz y Emilio Daniel Cunjama, “la Criminología sucumbe ante la dimensión de los conflictos, no solamente locales sino globales. En nuestro país son pocos los análisis globales del crimen, se ha puesto mayor énfasis en reflejar las problemáticas locales, que en la mayoría de los casos se encuentran descontextualizadas del entramado global, como si se pudieran pensar de forma aislada”. David Ordaz Hernández y Emilio Daniel Cunjama López (coords.), Criminología, op. cit., p. 13.

(20)

I. LA POLÍTICA DE SEGURIDAD EN EL SEXENIO 2006-2012

PREÁMBULO

SI PARA Albert Camus el siglo XX fue el siglo del miedo,1 el XXI podría denominarse el siglo del

terror. Un terror que, como bien apunta Hannah Arendt, acontece en “una extraordinaria multiplicidad de formas y en una estrecha vinculación con formas de Estado y de sistemas de partidos”.2 Que a pesar de haberlo experimentado con gran escozor durante todo el siglo XX, principalmente a lo largo

de las dos guerras mundiales y la Guerra Fría entre otros múltiples conflictos internos,3 sigue estando presente en la humanidad, aunque ya no con esa sorprendente materialidad.4

Actualmente son las nuevas políticas, generadoras de crisis económicas, desempleo, pobreza, hambre, fragmentación y conflicto social y comunitario, las que, siguiendo a Forrester, imponen una violence du calme (violencia de la calma),5 es decir, formas de mayor sofisticación de control social que, no obstante su violencia atroz, pasan inadvertidas y hasta son aceptadas por la mayoría de las personas.6 Es momento, en palabras de Sergio Reyes, de abrir los ojos y ver los holocaustos modernos;7 de aceptar que, a pesar de su distancia y negación histórica, siguen en formas diferentes y con un ejercicio de mayor sutileza y eficacia.

La entrada al nuevo orden mundial, como proceso cinematográfico de máxima violencia, iniciado desde la expansión destructiva europea del siglo XVI, pasando por los acontecimientos de las

revoluciones culturales, industriales y postindustriales, y que cobró nueva fuerza con la entrada del neoliberalismo en los países periféricos a finales del siglo XX, tuvo su última llamada —pasar a

tomar los asientos y contemplar desde allí, pasivos, el filme de la destrucción humana— el 11 de septiembre de 2001, tras el derribamiento de las Torres Gemelas.

La modernidad, lesionada desde Lisboa y después con Auschwitz,8 tendría así el golpe mortal por medio del atentado terrorista. El primero, Lisboa, expresó la dominación del hombre hacia la naturaleza; el segundo, la dominación del hombre por el hombre, en tanto que el tercero, Nueva York, la dominación de lo virtual, de lo irreal sobre el hombre. Las imágenes posteriores al terremoto de Lisboa, a la masacre de judíos en Auschwitz y al terrorismo de Estado en Nueva York, mostrarán en común las de un hombre derrotado y desolado, arrebatado de su condición humana.

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El atentado terrorista que provocó el fallecimiento de 3 045 personas, catalogado por The Economist como the day the world changed (el día en que el mundo cambió), significará en términos simbólicos el inicio de una nueva etapa de la civilización humana: la llamada posmodernidad,9 la cual, lejos de representar un pesimismo irreversible, conduce a aceptar, en términos generales, que las sociedades actuales ya no pueden ser comprendidas a partir de los supuestos teórico-epistemológicos tradicionales ideados desde fines del siglo XIX, sencillamente porque sus dinámicas

han rebasado y sobrepuesto los marcos lógicos de la modernidad. En una frase: que el mundo no es como era antes ni como pretendía ser. De esta manera, si bien sería discutible ubicar una fecha histórica precisa del nacimiento de esta nueva etapa, se puede decir que la posmodernidad, como crítica de la modernidad, tuvo en Marx a su primer expositor, “[…] no como el teórico del capitalismo industrial sino más bien como el primer analista de la modernidad”.10

La idea de que desde 1989, con la caída del Muro de Berlín, que ciertamente se sumó al fracaso del socialismo real11 de principios de siglo, murió la historia de Marx, y con él la posibilidad de un sistema económico mundial alternativo; esta idea, decíamos, vino a ser reforzada, paradójicamente, con la caída del Centro Mundial de Comercio (World Trade Center). A partir de entonces, cualquier alternativa colectiva posible o utopística12 centrada en un mundo diferente será objeto de persecución y castigo.

El 11 de septiembre de 2001 no fue un atentado más. Para Baudrillard, “[…] en el acontecimiento de las Twin Towers el objeto simbólico era el que estaba en la mira y el que se quería aniquilar, no el objeto arquitectónico […]”.13 En este sentido, fue la muerte de la fraternidad (Torres Gemelas) y el triunfo del individualismo, valor del capitalismo, lo que reforzó el atentado. Del todo o nada.14 Si 1989 significó el triunfo del modelo económico-político, 2001 lo será en los ámbitos social y cultural. De hecho, parece no ser casual que las Torres Gemelas hayan comenzado a ser construidas en 1968, uno de los tres puntos de inflexión del sistema-mundo moderno con la revolución mundial, según Wallerstein. Un año paradigmático en el que la lucha y la resistencia ante la hegemonía norteamericana produjeron movimientos y manifestaciones sociales en todo el mundo. Probablemente los últimos gritos auténticos. El mensaje era claro: el derrumbe de las torres no fue solamente la autoafirmación del fin de la historia y del triunfo del capitalismo sino también, y como producto, el derrumbe de la resistencia social colectiva.

El atentado contra una de las obras arquitectónicas más simbólicas del mundo —imagen y estructura de la modernidad— generará sentimientos de miedo, terror e incertidumbre en el llamado espacio civilizado15 y, con ello, reacciones que nuevamente llevarán al objetivo del contrataque hacia un enemigo “abstracto”,16 del exterior, no occidental. A su vez, lo anterior dará lugar a un proceso de difuminación ideológica dicotómica entre buenos y malos, entre seguridad17 y libertad, entre seguridad nacional y seguridad interior, e incluso entre instituciones militares y corporaciones policiales,18 construido en el marco de la nueva estrategia de seguridad para defender los valores capitalistas democráticos ante el riesgo de terroristas y peligrosos: la guerra preventiva.19 Asunción misma, dirá Ramonet, de la era de la guerra perpetua, o de la evolución del ius ad bellum (derecho

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de los Estados a hacer la guerra), según Caro Garzón. Una guerra que, dice Chomsky, lejos de encajarse en el marco del Derecho internacional,20 anuncia los llamados crímenes de guerra.21

En consecuencia, el atentado del 11 de septiembre, así como de los subsecuentes,22 más que haber generado indignación y movilización social para la reconstrucción de la dignidad ultrajada, constituyó, además de la puesta en marcha de un complejo sistema de vigilancia y control social de nivel mundial,23 el pretexto perfecto para detener o aletargar los procesos democráticos representativos y participativos24 en distintas partes del mundo, al reducir garantías y derechos en pro de la seguridad, así como escatimando en gasto social y derrochando gasto en seguridad, vigilancia y protección. El eslogan de “no habrá democracia sin seguridad” se tornará prioritario en los discursos alrededor del mundo, y ello dará como resultado el coqueteo de grupos políticos y económicos con la cuestión penal y la adopción de ésta, alrededor de la vida cotidiana de las personas. Desde entonces, se pondrán en marcha los holocaustos modernos mediante acciones de limpieza social de los llamados desechos sociales, principalmente los que se resistiesen o no pudieran entrar —e incluso, ya adentro, los que alteraran el orden— a la función estelar del nuevo orden mundial.

El atentado, además, simbolizará el asesinato de la realidad; no solamente por el objetivo; el centro financiero virtual más importante del mundo, o por el papel activo de los medios de comunicación25 en la cobertura del atentado (difusión de imágenes en vivo y repeticiones, coberturas especiales, programas especiales, etc.) y de lo que sucederá después (invasión a Medio Oriente y guerra en Irak), sino por el cuestionamiento posterior a los discursos oficiales que para entonces enmarcaron el atentado en un choque entre las culturas del islam y de Occidente.26 Sin duda, un acontecimiento que dará la bienvenida, en términos wachoskianos, baudrillardianos y žižekianos, al desierto de lo real,27 es decir, a imágenes irreales que se convertirán en reales (la caída de ambas torres había sido proyectada en los filmes Meteor y Armageddon) e imágenes reales que se transformaban en irreales (para algunos, la caída de ambas torres el 11 de septiembre de 2001 pudo haber sido parte de los filmes mencionados).

En México, entre tanto, se daba la llamada y tan discutida transición democrática neoliberal,28 una idea que tenía al menos dos décadas de haberse iniciado en varios países del Cono Sur. Tras largos 71 años de gobierno del Partido Nacional Revolucionario (PNR), después Partido de la

Revolución Mexicana (PRM) y finalmente Partido Revolucionario Institucional (PRI), apenas entrado

el siglo XXI29 llegará al poder presidencial un partido distinto, el Partido Acción Nacional (PAN).

Las esperanzas e ilusiones, propias de la modernidad, de un cambio que no fuera solamente político-partidista sino, por el contrario, que implicara los cambios necesarios en el terreno de lo social, no habrían podido llegar en mejor momento, pues

[…] no sólo se registraba por primera vez en cosa de dos décadas un crecimiento económico de alrededor del 7% acompañado de reducidas tasas de inflación, sino que se mantenía una notable estabilidad cambiaria y se lograba una confianza generalizada, interna y externa, en la estabilidad financiera; un escenario totalmente opuesto a los que habían

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acompañado los cambios de gobierno desde 1976 […]30

El entusiasmo colectivo, sin embargo, será gradualmente apagado o desaparecido. La idea, dirá Jorge Volpi, “[…] de que todos los anhelos despertados en 2000 se han echado puntualmente por la borda, de que resulta imposible luchar contra la inercia histórica que nos liga al fracaso, fue combinada con problemas como la inseguridad, el desempleo y la incapacidad de políticos […]”.31

El desencanto —propio de sociedades posmodernas— por un México de mayores oportunidades, con justicia social; del cambio que acabara con la desigualdad social, la violencia y el desempleo, fue desapareciendo de entre los gritos de apoyo y de anhelos expuestos con gran autenticidad desde el año 2000 hasta el 2012, umbral de esta frustración y año en que el partido de orígenes opositores en 1939 se convertirá en el partido de la decepción, otro de los elementos significativos en tiempos contemporáneos, en los que deseo y decepción son inseparables, en los que las sociedades se caracterizan por una inflación decepcionante y en los que los votos de castigo se multiplican.32

No obstante la particularidad de esta conversión esperanza/desencanto a la mexicana, es claro que estas prácticas no fueron ajenas a la lógica democrática occidental, enquistada en la creciente desconfianza hacia los políticos, incapaces de cumplir promesas y de aportar soluciones, sin dejar de lado el recelo por la convicción de que sus actos sirven básicamente a sus propios intereses.33

Así pues, los excesos que llevaron al PRI a perder la presidencia en 2000, serán los mismos que

condujeron al PAN a su derrota en 2012.34 En tal sentido, refiere Peñaloza, “[…] los penosos e

injustificables excesos de algunos segmentos priistas y el desgaste del modelo vertical de manipulación política, entre otros factores, provocaron el traspiés del 2000, dando paso al triunfo de Fox […] No obstante […] el ADN tricolor sobrevivió y circuló en las venas blanquiazules […]”35

De esta manera, en una suerte de dialéctica, los gobiernos de corte panista reprodujeron y fueron reproducidos por el mismo sistema cultural de corrupción e impunidad priista, aunque con prácticas propias a consecuencia tanto de vaivenes internos como de factores externos. Uno de ellos, principalmente en el segundo sexenio, fue el concerniente a la (in)seguridad, aspecto que, no obstante no figurar entre los debates sostenidos por los candidatos a la presidencia, se convirtió en la base principal del gobierno del ex presidente Felipe Calderón (2006-2012). Ante el cambio repentino en el discurso, caben dos conjeturas:

1) La primera, en el ámbito local e interno, concierne a un fenómeno que a últimas fechas ha cuestionado la real eficacia de las democracias occidentales como único sistema de gobierno; la falta de legitimidad hacia los gobiernos representativos; base, decía Weber, del gobernante para ser obedecido por sus funcionarios, y todos ellos por los gobernados.36 Aunque la historia política partidista de México no sólo no escapa al mencionado fenómeno de mínima legitimidad, al contrario, representa un caso significativo de corrupción pública y de desconfianza colectiva hacia la política y los políticos,37 las cerradas elecciones de 2006 (0.56%, es decir, 233 831 votos de diferencia entre

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el primero y el segundo lugar), asociadas a otros fenómenos recientes de la cultura política y social mexicana,38 aumentarán los cuestionamientos hacia la legitimidad del presidente elegido, inestabilidad política y social.

Ante tales hechos, el soberano, en una supuesta interpretación de la teoría durkheimiana, según la cual crimen y castigo son elementos que desencadenan el circuito moral,39 intentó recuperar la legitimidad y lograr la cohesión40 mediante un mayor control social, que más bien será dirigido a utilizar el terror como política de Estado.41

2) La segunda conjetura, del exterior global, parte de lo que los criminólogos Sánchez Sandoval y Alicia Vidaurri han denominado control social posmoderno, es decir, la imposición de reglas de control social por los países centrales a los Estados periféricos.42 En ese sentido, Alejandro Gutiérrez, autor de Narcotráfico. El gran desafío de Calderón, ha mencionado, tras una profunda investigación periodística, que en octubre de 2006, tres meses después de conocer los resultados de la elección presidencial, hubo reuniones entre funcionarios de seguridad del gobierno de Estados Unidos (DEA) y del gobierno mexicano (SIEDO y AFI). El objetivo principal de las reuniones, según el

autor, fue la (in)seguridad generada por la amenaza de los cárteles del narcotráfico.43

Respecto a esta sospecha, en marzo de 2007, tras el encuentro entre los presidentes de Estados Unidos y México, se firmará el proyecto bilateral Iniciativa Mérida, el cual estableció una estricta política de seguridad acorde con los intereses y beneficios de la clase del norte.

No obstante que parecían conjeturas aisladas, lo cierto es que ambas (local-global) son consecuencia de una modernidad tardía44 en un país periférico como lo es México; por un lado el déficit de legitimación45 y por otro la obligación de pasar de la premodernidad político-jurídica a la posmodernidad del control legal y de facto.46

De tal modo, la conjunción tanto de elementos propios del desarrollo global de la política única y dominante —el neoliberalismo— como de elementos locales circunscritos a una historia política y social sui generis, fueron circunscribiendo la política de seguridad que con el tiempo conducirá a sufrir costos sociales, económicos, políticos y culturales irreversibles para el desarrollo de una nación atrapada entre la cultura de la ilegalidad y la imposición de políticas globales.

INICIATIVA MÉRIDA: EL CONTROLSOCIALPOSMODERNO

Formalmente titulada Iniciativa de Seguridad Regional; programa de asistencia para combatir al crimen organizado, la Iniciativa Mérida, también conocida como Plan México en referencia al Plan

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Colombia de 1998,47comenzó tras un comunicado conjunto entre los presidentes de México y Estados Unidos emitido el 14 de marzo de 2007. El llamado, en términos generales, reconocía como amenaza para ambas naciones el crimen organizado y el narcotráfico, en tanto que sus actividades actuaban en ambos lados de la frontera, así como la coparticipación del país del norte en el alto consumo y, por tanto, demanda de estupefacientes y psicotrópicos. Con ello, ambos presidentes reafirmaban su compromiso para establecer una asociación duradera con el fin de aumentar e intensificar la cooperación en materia de seguridad.

De acuerdo con el documento Iniciativa Mérida. Compendio,48 de la Cámara de Diputados, en su LX Legislatura, la iniciativa comprendía una partida económica inicial por 1 400 mdd,49 cifra superior, por ejemplo, a los 968 mdd que el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) de la ONU obtuvo en 2012 para paliar el hambre en el mundo.50

El destino de los recursos, según la Oficina de Contabilidad Gubernamental de los Estados Unidos (GAO, por sus siglas en inglés), se dirigió a cumplir las siguientes metas estratégicas:

Vencer el poder y la impunidad de las organizaciones criminales;

Asistir a México con el fortalecimiento de los controles fronterizos, terrestres, aéreos y marítimos;

Mejorar la capacidad de los sistemas de justicia penal, y

Disminuir la demanda de drogas.

La distribución porcentual de la iniciativa se dio en tres grandes grupos: 64% para la asistencia contra la droga y contra el terrorismo, así como para los programas de seguridad fronteriza; 24% para programas de aplicación de la ley, incluyendo la capacitación, la tecnología y los programas de administración de información, así como la asistencia para su modernización, y 15% para la construcción de instituciones, la promoción del Estado de Derecho y los derechos humanos, y de programas contra el abuso de drogas.51

Como se puede observar, la transferencia de apoyos económicos se dio principalmente en el ámbito unívoco del combate y la represión punitiva, y sólo se destinó un mínimo porcentaje a la parte complementaria de cualquier política criminal que diste de ser integral, sin la cual queda coja; la prevención del delito,52 la reconstrucción de instituciones y la atención a víctimas. La selección de las tres principales cuentas en que se filtraron los recursos: International Narcotics and Law Enforcement (Incle), Economic Support Fund (ESF) y Foreign Military Financing (FMF), dan cuenta de

(26)

En un análisis particular, por ejemplo, Maureeh Meyer menciona que de los 501.5 millones de dólares solicitados en 2010, más de 459 millones se ubicaron en la cuenta presupuestaria de Incle, y se destinaron 32.4 millones al programa Gobernando Justamente y con Democracia, de los cuales únicamente 21 millones se dedicaron al área de Estado de Derecho y Derechos Humanos.53

En la misma línea se sitúan los datos arrojados por la Embajada de Estados Unidos en México, según la cual algunos de los proyectos que puso en marcha la Iniciativa Mérida fueron:54

Instalación de una Oficina Bilateral de Implementación (BIO/OBS) en México, la cual permite

intercambios entre personal técnico de Estados Unidos y de México;

Capacitación a más de 4 500 nuevos investigadores en la academia de la Policía Federal. Los cursos han sido impartidos por profesionales policiales de Estados Unidos, Colombia, España, Canadá y República Checa;

Entrega de equipo y capacitación con un valor de más de 465 millones de dólares, incluyendo 25 millones en equipo para inspección no intrusiva (camionetas equipadas con rayos X de retrodispersión, detectores de vapor, manuales con escáneres de iones, minivans con rayos X, sistemas de inspección de furgones y carga ferroviaria, entre otros);

Aportación de equipo y financiamiento para la reforma penitenciaria. Entrenamiento de 1 869 nuevos custodios en las nuevas técnicas para retener, clasificar y transportar prisioneros;

Ayuda a oficiales policiales y aduanales para ampliar y mejorar equipos caninos en la intercepción de narcóticos, armas de fuego, municiones, explosivos y demás contrabando, y

Aportación de soporte aéreo para suplementar una agresiva estrategia policial del gobierno mexicano. (Entrega de helicópteros Bell 412 y Blackhawk UH 60).

Otro ejemplo del combate unívoco lo obtenemos, recientemente, del actual subsecretario de Estado para el Combate al Narcotráfico Internacional, William Brownfield, quien señaló que los recursos del programa bilateral han permitido el entrenamiento de 8 500 funcionarios federales del poder judicial, 19 000 policías federales y estatales; el reforzamiento en la custodia de 14 centros penitenciarios federales, así como la incautación de bienes ilícitos valorados en casi 3 000 millones de dólares.55

Sin duda, aunque la Iniciativa Mérida fue recibida con gran entusiasmo, sobre todo por la aceptación histórica de Estados Unidos en su corresponsabilidad en temas como el consumo de drogas y su tráfico ilegal, el proyecto bilateral no logró sus metas establecidas, pues además del

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unívoco político-criminal, en México la Auditoría Superior de la Federación (ASF) advirtió, en un

informe de 2009, que el sistema de control interno realizado por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) —ente responsable de vigilar la iniciativa por parte de México— mostró

debilidades en la coordinación, supervisión y seguimiento de los compromisos derivados, y concluyó en un dictamen negativo, pues la misma secretaría no había cumplido con las disposiciones normativas aplicables al proceso mediante el cual coordina, ejecuta y da seguimiento a los compromisos establecidos en la iniciativa.56

Así pues, fuera de una cooperación bilateral —como se quiso hacer pública— , la Iniciativa Mérida constituyó la imposición tradicional de una política de seguridad vertical, asistencialista, sin ninguna posibilidad de equilibrio ni equidad entre los países.57 México solamente asintió, sin objeciones, ante las directrices del plan y, como era de esperar, luego de la firma bilateral, instauró mecanismos jurídicos y operativos dentro del ámbito de la seguridad y la justicia penal.58

De este modo, el primer dique puesto para afinar la marcha de la política de seguridad del sexenio 2006-2012 será el marco, auspiciado y diseñado desde América del Norte, de la Iniciativa Mérida como política unívoca centralizada oficialmente en aniquilar el terrorismo y el narcotráfico, y que más bien se dirigió a convivir con ellos.59

VISIÓN MÉXICO 2030: PROMESAS INCUMPLIDAS

En este marco de política externa-interna, el ex presidente Felipe Calderón, junto con su equipo de trabajo, estableció —como es costumbre desde 1982— el Plan Nacional de Desarrollo (PND). Dicha

concreción, sin embargo, se daba en el marco de México Visión 2030, una iniciativa, según el gobierno, que no sólo integraba objetivos y metas comunes sino que también proporcionaba información sobre las aspiraciones de los ciudadanos para ir de lo general a lo particular en el diseño de instituciones, políticas, planes y proyectos de desarrollo.

El intento de implantar una política transexenal, instalada dentro de un triunfalismo egoísta y eterno, al menos hasta 2030, siguió el ejemplo de países como Brasil con su proyecto Brasil 2020, China 2030 del Banco Mundial (BM), Europa 2030 del Consejo Europeo, Global Trends 2030:

Alternative Worlds de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) o del

Latinoamérica 2020, en el marco del Global Trend 2020 del Consejo Nacional de Inteligencia (NIC

por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. La Visión México 2030 definió como objetivos primordiales las siguientes metas:

Garantizar la seguridad nacional, salvaguardar la paz, la integridad, independencia y soberanía del país.

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protegida su integridad física, familia y patrimonio en un marco de convivencia social ar​mónica.

Alcanzar un crecimiento económico generando los empleos formales que permitan a todos los mexicanos, especialmente a aquellos que viven en pobreza, tener un ingreso digno y mejorar su calidad de vida.

Tener una economía competitiva, en la que se dé la inversión en infraestructura, el fortalecimiento del mercado interno y la creación de condiciones para el desarrollo de las empresas, especialmente las micro, pequeñas y medianas.

Reducir la pobreza extrema y asegurar la igualdad de oportunidades (alimentación, salud, educación, vivienda digna y un medio ambiente adecuado para su desarrollo).

Reducir las desigualdades sociales, económicas y culturales, traduciendo ello en equidad y justicia en todas las esferas de la vida, de tal manera que no exista forma alguna de discrimi​nación.

Garantizar que los mexicanos ejerzan sus derechos ciudadanos y que participen activamente en la vida política, cultural, económica y social de sus comunidades y del país.

Asegurar la sustentabilidad ambiental, haciendo que los mexicanos participen, responsablemente, en el cuidado, la protección, la preservación y el aprovechamiento de la riqueza natural del país.

Consolidar un régimen democrático, fundamentado en valores como la libertad, la legalidad, la pluralidad, la honestidad, la tolerancia y el ejercicio ético del poder.

Aprovechar los beneficios de un mundo globalizado con base en la fuerza de su identidad nacional y su cultura.

A pesar, o en razón de su ambición, la Visión México 2030, entroncada en los ámbitos de la seguridad y la justicia, la economía, la política social, la democracia y la política ambiental, destinada a desarrollarse en al menos los cuatro siguientes sexenios, no tardó en mostrar sus resultados magros y opacos. De acuerdo con Visión México 2030 ¿Una realidad posible o un espejismo? del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), después de una revisión

de los indicadores contenidos para los objetivos de México en 2030, la gran mayoría de los indicadores quedaron por debajo de un posible cumplimiento de las metas de largo plazo. Hasta ahora, concluyó el estudio fechado en octubre de 2012, sólo tres parecen seguir una ruta de éxito.60

Así pues, los objetivos del proyecto fueron resquebrajándose unos tras otros. A partir de ello se registraron fenómenos tales como el incremento de delitos de alto impacto,61 el recrudecimiento de la violencia generada por las organizaciones criminales,62 la reproducción de la desigualdad social, la reducción del ingreso real de los hogares,63 el aumento de la proporción de la población que carece de acceso a la alimentación, el incremento de 48.8 a 52 millones de personas que viven en condiciones de pobreza, así como el mantenimiento de 11.7 millones de personas que viven en condiciones de extrema pobreza.64 Lo anterior, sin olvidar las incontables cifras de víctimas por homicidio,65en su mayoría jóvenes; de desplazados internos forzados66 y de periodistas asesinados.67 Visión 2030 fue, invariablemente, la expresión inmejorable de las promesas incumplidas de la modernidad occidental que conducen, como dijo Bolívar Echeverría, a la formación de sociedades decepcionadas del tercer mundo.68

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PLAN NACIONAL DE DESARROLLO: EJE 1, ESTADO DE DERECHO Y SEGURIDAD

Derivado de lo anterior, y para dar cumplimiento a lo dispuesto en el artículo 26 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM), así como por lo previsto en los artículos 4° y 30

de la Ley de Planeación, el gobierno federal presentó su Plan Nacional de Desarrollo (PND), que se

estructuró, aunque en orden distinto de como se presentó en la plataforma electoral aprobada desde 200569 (cambio del discurso), en cinco ejes rectores, a saber:

Estado de Derecho y seguridad;

Economía competitiva y generadora de empleos;

Igualdad de oportunidades;

Sustentabilidad ambiental, y

Democracia efectiva y política exterior responsable.

El eje I, Estado de Derecho y seguridad, comprendió dos apartados principales: el primero contuvo un breve diagnóstico de la procuración, administración de justicia y de la seguridad pública;70 el segundo, estableció las estrategias que debían seguirse para solucionar los problemas advertidos, entre las que se encontraban:

Mejorar la aplicación de la ley;

Combatir la impunidad y la corrupción;

Fortalecer las instituciones;

Combatir frontalmente la delincuencia organizada;

Redefinir la seguridad nacional;

Dar prioridad a la prevención delictiva;

Mejorar los cuerpos de seguridad pública, y

Generar la participación ciudadana.

En sintonía con los cuatro pilares de la Iniciativa Mérida,71 este eje dispuso de los apartados: Combate frontal contra la delincuencia organizada, Fortalecimiento de las instituciones y Mejoramiento de los cuerpos policiales, principalmente por medio de la capacitación y formación, así como de la disposición de equipamiento material y tecnológico; Redefinición de la seguridad nacional, y Prevención delictiva.

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