CAPITULO 9
CONCLUSIONES
Las transformaciones recientes del entorno económico e ins- titucional han modificado radicalmente el ámbito de competen- cia de la agricultura y de las empresas agroalimentarias españo- las. Ha comenzado a instaurarse -ya desde la integración de España en la CE- un nuevo marco competitivo, en cuya confi- guración influyen además otros factores externos a la actividad propiamente agroalimentaria.
De una parte, el creciente proceso de internacionalización y globalización de la actividad económica ha ampliado las oportu- nidades empresariales, al tiempo que ha provocado una intensifi- cación de la competencia sectorial. Se está produciendo un desa- rrollo sin precedentes de mercados globales en los que se comercializan productos estandarizados sin preferencia a áreas geográficas específicas, y donde las grandes empresas utilizan estrategias comerciales relativamente homogéneas entre merca- dos en las distintas fases del ciclo de vida de los productos. De otra parte, el proceso de cambios en el entorno institucional ini- ciado a principios de la década de los ochenta, ha culminado con una serie de acontecimientos relevantes: reforma de la PAC aprobada en 1992, entrada en vigor del Mercado Unico Europeo el 1 de enero de 1993 y la firma del Acta final de la Ronda Uru- guay del GATT en abril de 1994.
Dentro de este ámbito de competencia, las empresas agroa- limentarias españolas han experimentado un considerable pro- ceso de apertura a la competencia internacional. Han aumen- tado sensiblemente indicadores como el grado de apertura al exterior, los flujos de inversión directa extranjera y la propen- sión importadora y exportadora. Asimismó, las ventajas compa- rativas entre empresas de distintos países que funcionaban tradi- cionalmente debido a la relativa inamovilidad de los factores
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productivos -especialmente el factor capital-, se han ido susti- tuyendo por las ventajas competitivas factibles en un contexto de una creciente movilidad de factores.
En su búsqueda de ventajas competitivas, las empresas agroindustriales españolas se encuentran condicionadas además por el creciente poder de la distribución comercial, que se ha visto favorecida por la progresiva terciarización de la economía.
Los sistemas de distribución han ido experimentando con el tiempo un elevado grado de dinamismo y una creciente estanda- rización de las técnicas utilizadas, incorporando nuevas tecnolo- gías y modos organizativos y de gestión.
La distribución se encuentra cada vez más en posición de imponer sus condiciones en materia de producto y precio. Una asignatura pendiente de la industria agroalimentaria española es la respuesta adecuada a las demandas de la distribución, que requeriría cambios sustanciales de tipo tecnológico y organizativo. En particular, tendría que extenderse de forma masiva el uso de las tecnologías de la información que, ade- más de mejorar la organización interna de la empresa, permite controlar de forma automática -a través del intercambio electrónico de datos- las compras de inputs y los pedidos de la distribución.
En este trabajo se ha analizado el comportamiento que ha manifestado el subsector de aceite de oliva español dentro del entorno competitivo y reglamentario, cuyos condicionantes han ido cambiando durante las últimas décadas y que, en la actualidad, se encuentra delimitado por las coordenadas expuestas anteriormente. La problemática del subsector se ha enfocado desde una perspectiva sistémica, tanto de estructura productiva y de política oleícola como desde el punto de vista empresarial.
El método de investigación utilizado corresponde a un enfo- que integrado y multidisciplinar, que se articula en torno a las aproximaciones metodológicas relativas al análisis de filiéres y a la teoría de la Organización Sectorial. Se han sintetizado los ras- gos fundamentales de ambas aproximaciones, poniendo énfasis en aquellos aspectos metodológicos especialmente útiles para este trabajo. A nuestro juicio, esta combinación proporciona una
base conceptual con características metodológicas propias, sufi- cientemente sólida para un análisis exhaustivo de las actividades agroalimentarias. Insistimos en que este trabajo se inscribe en la línea de investigación que aborda las relaciones de interdepen- dencia entre los diferentes eslabones de la cadena alimentaria, cuya complejidad ha ido creciendo a medida que las propias acti- vidades agroalimentarias han experimentado transformaciones sustanciales en términos de industrialización, capitalización y ter- ciarización.
En consecuencia, el trabajo empírico se ha estructurado en dos partes diferenciadas. En una primera fase, se ha realizado un análisis de carácter vertical de las distintas etapas del subsector.
Se ha puesto énfasis en el análisis vertical de las actividades y procesos agrupados en torno a la producción, transformación industrial, comercialización y consumo de las distintas categorías de aceite de oliva. Así, se cubre todo el proceso de formación del producto alimentario, recorriendo las etapas sucesivas de la cadena alimentaria.
En una segunda fase, se ha llevado a cabo, desde una óptica horizontal, una interpretación del funcionamiento y de los modos organizativos de la industria transformadora, así como de las empresas que la componen, utilizando conceptos y esquemas derivados de la teoría de la Organización Sectorial. Este análisis se ha centrado, por una parte, en la estructura y los resultados de la industria oleícola y, por otra parte, en la estructura del mercado, los niveles de competencia y el comportamiento empresarial.
La mayoría de los análisis realizados comienzan en el año 1986, aunque para determinadas variables, el período analizado se amplía notablemente con el fin de tener una perspectiva histó- rica de su evolución, que resulta necesaria en el caso de un cul- tivo perenne como el olivar, donde la respuesta a los cambios suele producirse con considerables desfases temporales. La elec- ción de dicho año como fecha de referencia inicial responde a dos condicionantes. De una parte, es el año correspondiente al inicio de la integración de España en la CE, que ha provocado un cambio sustancial en las orientaciones productivas del subsector y en las estrategias empresariales. De otra parte, no existen para
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fechas anteriores estadísticas completas y con suficiente homoge- neidad sobre las empresas oleícolas, que posibilitan un trata- miento exhaustivo de las mismas.
Los análisis que se han realizado a lo largo de este trabajo sobre el aceite de oliva demuestran que se trata de un subsector agroalimentario^on elevado grado de dinamismo, que se desen- vuelve dentro de un entorno complejo y cambiante, especial- mente en lo referente al conjunto empresarial. Asimismo, el enfoque sistémico adoptado pone en evidencia las estrechas rela- ciones existentes entre las fases de la cadena de agentes y activi- dades que conduce el producto desde su fase primaria hasta el consumidor final. Las conclusiones y repercusiones sobre la orga- nización del subsector que se derivan de los análisis abordados, se exponen a continuación:
CONDICIONANTES DEL MERCADO MUNDIAL
La producción mundial de aceite de oliva ha crecido de forma moderada durante las últimas dos décadas, al tiempo que ha sido marcada por fuertes fluctuaciones entre una campaña y otra debido, en gran parte, al fenómeno de la vecería del olivar.
La irregularidad de las cosechas se extiende a la práctica totali- dad de áreas productoras. Sus repercusiones en el mercado, sobre todo desde el punto de vista de la oferta, son muy significa- tivas, ya que pueden constituir un efecto desestabilizador sobre los precios y, por tanto, sobre las ingresos de los agricultores y de los países exportadores.
El crecimiento anual del consumo mundial supera muy lige- ramente al de la producción durante el mismo período. Aunque más del 90% de la producción rnundial se consume tradicional- mente en los propios países productores, el consumo en estos países ha experimentado una tendencia ligeramente regresiva durante los últimos años. En cambio, la demanda está creciendo de forma sostenible en áreas importadoras tradicionalmente no consumidoras, como Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón.
El aceite de oliva representa una novedad en la dieta alimentaria de dichos países, y su introducción se debe a los esfuerzos de pro-
moción y publicidad realizados y financiados por el COI, entre otros agentes. Aunque el coeficiente de penetración de este pro- ducto en los mencionados mercados sigue siendo hasta ahora de poca entidad en términos cuantitativos, sí lo es en términos cuali- tativos. La gran potencialidad que parece ofrecer el consumo en estos mercados podría traducirse en grandes oportunidades de exportación en el futuro.
No obstante, esta evolución comparativa de los indicadores de oferta y demanda no implica necesariamente que el mercado está evolucionando hacia un equilibrio entre disponibilidades y usos, o que ya no hay motivos para temer a la acumulación de excedentes. La demanda del aceite de oliva no depende sola- mente de los niveles de oferta en el mercado, sino también de los niveles de consumo de los aceites sustitutivos, así como de las condiciones económicas y financieras tanto nacionales como internacionales -poder de compra de los consumidores, precios, costes de transporte, tipos de cambio...-.
No se ha de perder de vista que el aceite de oliva es un pro- ducto caro y no todos los estratos de la población poseen capaci- dad para adquirirlo, incluso dentro de las zonas con profunda tradición oleícola. Esto es especialmente notorio en el caso de los países productores y exportadores en vías de desarrollo, donde la capacidad de compra de gran parte de los consumidores es limi- tada. La adquisición de este producto se hace imposible a partir de un determinado nivel de precio, generalmente inferior al pre- cio mundial. Así, se produce una incapacidad de compra al supe- rarse el precio de mercado al precio que el consumidor está dis- puesto a pagar. En dichos países, los decisores nacionales habían optado por una política de sustitución del aceite de oliva por aceites de semillas de menor calidad, importados a bajo precio en los mercados internacionales.
Existe un amplio diferencial entre los precios internaciona- les del aceite de oliva y los de los aceites de semillas parcial- mente sustitutivos, diferencial que comenzó a incrementarse desde el inicio de la década de setenta y que se ha acentuado últimamente. Las cotizaciones del aceite de oliva son en la actualidad de tres a seis veces superiores a las correspondientes al resto de aceites vegetales, mientras que las relaciones de pre-
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cios entre estos últimos se sitúa en torno a la unidad. En conse- cuencia, las adquisiciones de estos aceites en el mercado mun- dial ha progresado más rápidamente que las del aceite de oliva.
El consumo de los aceites de semillas ha experimentado un incremento anual en torno al 5% durante las últimas dos déca- das, incremento que no ha superado el 1,75% anual en el caso del aceite de oliva.
Por tanto, puede deducirse que el nivel del consumo mundial del aceite de oliva se encuentra amenazado por el elevado poten- cial concurrencial de los demás aceites vegetales, significativa- mente más baratos. La competitividad de dichos aceites está favorecida por los efectos de las políticas de los países exportado- res. Algunos países aplican políticas de apoyo a la producción interna y subvenciones a las exportaciones, lo que distorsiona el funcionamiento de la competencia por el hecho de poner a la venta productos cuyos precios han sido reducidos de forma artifi- cial. Sin embargo, los efectos liberalizadores derivados del acuerdo agrícola del GATT y de la reforma de la PAC, hacen teóricamente prever una disminución de la distorsión de los mer- cados de materias grasas y una mayor racionalización del funcio- namiento del mercado mundial, lo que podría beneficiar a las exportaciones de numerosos países productores de aceite de oliva extracomunitarios.
IMPLICACIONES DE LA POLITICA OLEICOLA
Las ayudas y los precios percibidos por los oleicultores espa- ñoles han experimentado un incremento considerable desde 1986, como consecuencia de la línea de apoyo a la producción establecida por la Comunidad. Tras mantener una tendencia estable entre 1986 y 1991, la ayuda a la producción comenzó a crecer a partir de la campaña 1992-93 en detrimento de la ayuda al consumo. Ello significa que el productor obtiene cada vez más una mayor proporción de sus ingresos a través de subvenciones públicas, reduciéndose la parte que percibe en el mercado (el productor tiene garantizado el precio de intervención más la ayuda a la producción).
En cuanto al consumo, la situación se presenta más com- pleja. La ayuda al consumo se ha instaurado a nivel de la CE a finales de los setenta para garantizar la competitividad del aceite de oliva en los mercados comunitarios mediante el manteni- miento de una equilibrada relación calidad/precio con respecto a los aceites concurrenciales. En España, su incidencia en el mer- cado comenzó a notarse desde la conclusión del período de stand still. Desde entonces hasta la fecha, la cuota de participa- ción del aceite de oliva en el consumo total de las materias gra- sas no ha sufrido grandes alteraciones y los precios del mismo han registrado un ligero descenso. Sin embargo, la Comisión Europea ha acordado eliminar la ayuda al consumo a partir de 1994-95, incrementando a cambio la ayuda a la producción.
Aunque el efecto sobre los precios finales es nulo, este trasvase, derivado de los compromisos del GATT, permite disminuir el precio de intervención hasta niveles próximos al precio mundial, lo que, a su vez, conduce a una reducción de las restituciones a la exportación.
Además, influye sobre el consumo el cambio radical en el régimen de semillas oleaginosas y de sus aceites, que comporta el incremento de los apoyos públicos y la supresión total de los con- troles sobre precios y cantidades, tanto para el comercio interior en España como para las importaciones y exportaciones. El impacto de dicho cambio ya ha comenzado a traducirse en un aumento de la oferta en el mercado interior, con el consiguiente descenso de los precios.
Para el medio y el largo plazo, los efectos de la política oleí- cola se articulan en torno a dos ejes. Por una parte, el acuerdo del GATT firmado recientemente compromete a la Comunidad de reducir los apoyos directos al subsector. En concreto, dicho acuerdo prevé una reducción de las exportaciones de aceite de oliva comunitario en 43.000 Tm desde el año 1994 hasta el año 1999, con el fin de fijar la cantidad máxima de aceite con dere- cho a restitución en 117.000 Tm, frente a los 160.000 Tm actua- les. Adicionalmente, las subvenciones a la producción de acei- tuna se han de reducir en un 20%. Por otra parte, con la entrada en vigor del Mercado Unico Europeo, ha sido necesaria la adop- ción de un nuevo régimen agromonetario caracterizado por la
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supresión de los Montantes Compensatorios de Adhesión y la instauración de un mecanismo de aproximación entre los tipos verdes y efectivos.
CARACTERISTICAS DE LA PRODUCCION PRIMARIA
Durante el período 1970-91, la producción media de acei- tuna de almazara ha experimentado una progresión anual del 1,11%. En dicho período, el rendimiento anual medio fue 11,8 Qm/Ha, al tiempo que su progresión anual media ha sido mayor que la de la producción (1,45%). EI crecimiento de la producti- vidad se ha visto favorecido durante las últimas campañas por el incremento de la inversiones públicas y privadas destinadas a la mejora y a la reestructuración de este cultivo, así como por la entrada en producción de las nuevas y modernas plantaciones intensivas.
Se ha realizado a partir de los datos de la Red Contable Agraria Nacional un análisis de la estructura productiva de las explotaciones olivareras, estratificadas en base al margen bruto de la explotación expresado en Unidades de Dimensión Euro- pea. Se desprende de dicho análisis una fuerte atomización de las explotaciones, en su mayoría pequeñas debido a la estructura de la propiedad. La extensión media por explotación era de 3,13 Ha en 1989. El pequeño tamaño repercute negativamente sobre la rentabilidad económica. Se dificulta la reducción de los costes de producción y logística, al desaprovechar las economías de escala y de alcance derivadas de la compra y utilización conjunta de los factores productivos. El elevado número de propietarios dificulta también el proceso de asociacionismo, que permitiría a los pro- ductores incrementar su poder de negociación frente a sus prove- edores y clientes, como consecuencia de la concentración de las compras y de las ventas.
Otra característica relevante de las explotaciones olivareras hace referencia a la escasa formación empresarial de los agricul- tores. La falta de preparación es especialmente notoria en las prácticas empresariales relacionadas con la comercialización, que mayoritariamente se limitan a la mera expedición del pro-
ducto a un cliente, convirtiéndose el agricultor en un agente pasivo en los circuitos comerciales. En este sentido, el conoci- miento adecuado de los canales por los que circula el producto incide de forma decisiva en la rentabilidad de la explotación, ya que a través de ellos se determinan los precios y las cantidades intercambiadas. Los agricultores deberían formar parte más activa en el funcionamiento de dichos circuitos si quisieran incrementar su capacidad de generar un mayor valor añadido para sus productos.
La evaluación de los resultados económico-financieros de una explotación media cuya orientación técnico-económica es la olivicultura durante el período 1988-91, demuestra una serie de resultados destacables. En primer lugar, se pone de manifiesto el fuerte grado de especialización en todos los estratos de la mues- tra de la Red, ya que la aportación de la aceituna a la producción bruta total supera el 95%. La especialización productiva resulta casi una imposición, a causa de la inexistencia de otras activida- des alternativas económicamente viables.
En segundo lugar, destaca la importancia de la mano de obra asalariada, que supera en algunos años al 50% del total de la mano de obra empleada. La mano de obra asalariada es de carác- ter estacional y corresponde a una de las partidas de mayor peso en el gasto total de las explotaciones, lo que limita la rentabilidad de las mismas. Además, este coste está sometido a una presión alcista debido a la subida de los salarios, en contraste con lo que sucede en otros cultivos concurrenciales desde el punto de la demanda, donde la mecanización de los procesos productivos requiere cada vez menos mano de obra.
En tercer lugar, se han evaluado los indicadores de tipo financiero más relevantes de las explotaciones: producción bruta total y valor añadido bruto por hectárea. El primero cuantifica la capacidad productiva de una unidad de superficie útil, variando entre un mínimo de 81.000 Pts en 1989 y un máximo de 117.000 Pts en 1991. El segundo hace referencia a la capacidad de la explotación de remunerar los factores productivos que han con- tribuido a la formación de la producción. Ha experimentado un incremento paulatino desde 86.000 Pts en 1988 a 115.000 Pts en 1991, aunque se sigue situando bastante por debajo de otros cul-
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tivos como los cereales, las hortalizas o los frutales. Por unidad de trabajo, ambos indicadores miden la productividad del factor trabajo, así como el margen máximo para remunerar el empleo utilizado, respectivamente.
TENDENCIAS DE LA DISTRIBUCION Y COMPORTAMIENTO DEL CONSUMIDOR
Al observar la circulación de los flujos de producto, des- taca el importante peso de los circuitos largos. Los circuitos cortos de tipo productor-consumidor son prácticamente inexis- tentes, limitándose a pequeñas cantidades vendidas a granel por algunas almazaras en determinados mercados locales. El cálculo del margen total de comercialización para el período 1984-85/1990-91 revela una variación acusada tanto en térmi- nos absolutos como relativos entre los precios en origen y al consumo. Dicho márgen se ha ido reduciendo durante las tres últimas campañas del período en consideración, aunque, por término medio, el precio al consumo ha sido un 27% más ele- vado que el registrado en origen. Por otra parte, el análisis del vector de precios y costes a lo largo de los sucesivos escalones del circuito comercial, indica que la mayor parte del valor aña- dido del aceite de oliva se genera en la fase de la segunda transformación industrial. De esta manera, se confirma nuestra hipótesis de partida sobre el gran peso específico de este esla- bón del subsector.
A nivel minorista, las ventas de aceite de oliva se van concen- trando cada vez más en las grandes superficies reduciéndose la cuota de mercado de los autoservicios y del comercio tradicional.
Asimismo, destaca la creciente participación de las marcas de distribución, cuyo precio es significativamente inferior al de las marcas del fabricante. Los distribuidores compran cuota de mer- cado incentivando los precios de sus propias marcas frente a las marcas del fabricante. Numerosas empresas de transformación están cada vez más interesadas en abastecer este segmento del mercado con el fin de reducir sus costes fijos unitarios a través de un mayor volumen de producción.
Respecto al consumo, la evolución de la estructura del mismo en el período 1975-92 muestra una clara polarización de la demanda en torno al aceite de oliva puro -actualmente denoini- nado de oli;,°a- y al de girasol. No obstante, cabe destacar la cre- ciente participación del aceite de oliva virgen durante los tres últimos años, como consecuencia de las intensas campañas de promoción impulsadas desde la Administración y los Organismos Comunitarios para mejorar la imagen de esta categoría de aceite y potenciar su consumo. También juegan un importante papel las Denominaciones de Origen como buque insignia de los aceites vírgenes de alta calidad, que buscan posicionarse en el segmento de consumidores dispuestos a pagar un precio mayor a cambio de una calidad contrastada.
La gama de aceites vírgenes podría tener excelentes perspec- tivas de mercado debido a su perfecta adaptación a las preferen- cias de un consumidor cada vez más exigente en materia de salud. Se trata de productos naturales con propiedades organo- lépticas diferenciadas del resto de materias grasas comestibles, cuyo consumo incide positivamente en la salud humana. La con- creción de esta ventaja en el mercado requiere un correcto cono- cimiento del producto y de sus atributos por parte del consumi- dor, así como una adecuada política de calidad por parte de los productores.
De cualquier modo, el análisis de los factores influyentes en el consumo indica que el éxito de cualquier estrategia comercial destinada a promover el consumo de aceite de oliva, debería cen- trarse en la utilización, como argumentos principales, los efectos saludables y el sabor como atributos intrínsecos del producto y el precio como factor extrínseco.
Para cuantificar y explicar las interrelaciones existentes entre el nivel de consumo y los factores que lo determinan, se ha reali- zado un análisis econométrico de la demanda de las dos catego- rías de aceite más significativas: aceite de oliva virgen y aceite de oliva. La especificación definitivamente adoptada corresponde al modelo doblelogarítmico de demanda multiplicativa.
Los resultados obtenidos para ambas categorías confirman la hipótesis de partida consistente en que el propio precio, la renta disponible y la tendencia en el tiempo son factores que influyen
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significativamente en el consumo. La influencia del precio del aceite de girasol ha resultado ser significativa sólo en el caso del aceite de oliva. A nuestro juicio, esto podría estar derivado de la relación de sustitución existente entre el consumo de los diferen- tes tipos de aceites considerados que, aún no siendo muy fuerte, es más notoria entre oliva y girasol que entre oliva virgen y gira- sol. Esto hace pensar que el mercado de los tres aceites está, en cierto modo, segmentado en función de los usos que los consumi- dores hacen de los mismos.
En cambio, no se ha confirmado la hipótesis de que la canti- dad consumida en períodos anteriores condiciona de forma signi- ficativa el nivel de consumo en un determinado período, aún cuando se efectúan especificaciones con varios retardos. Sin embargo, pensamos que existe una inercia en el comportamiento del consumidor, factor que hay que considerar al diseñar even- tuales escenarios sobre las expectativas de la demanda.
Tampoco se ha confirmado la hipótesis inicial sobre la exis- tencia de una relación de sustitución entre el consumo del aceite de oliva virgen y el de oliva. Las especificaciones adoptadas demuestran que el precio del oliva no constituye un factor expli- cativo del consumo del oliva virgen y viceversa.
Los coeficientes de elasticidad estimados demuestran que la demanda es elástica en el caso del aceite de oliva virgen e inelástica en el caso del de oliva. Las respectivas elasticidades de la demanda respecto al precio son -1,29 y-0,38. La elasticidad cruzada de la demanda respecto al precio del aceite de girasol ha tomado el valor 0,52. En lo referente a las elasticidades de la demanda respecto a la renta correspondientes al aceite de oliva virgen y al de oliva, se han situado en 1,08 y 0,21, respectivamente. El signo positivo evidencia el hecho de que no se trata de bienes inferiores.
La mayor sensibilidad de la demanda a las variaciones de la renta detectada en el caso del aceite de oliva virgen, puede expli- carse por el hecho de que los consumidores tienden a incremen- tar la cuota presupuestaria dedicada a la compra de bienes más valiosos a medida que se incrementa su poder adquisitivo. El gasto adicional incluiría un componente que correspondería a un gasto creciente en productos más saludables y naturales como es el aceite de oliva virgen.
CAMBIO ESTRUCTURAL Y RESULTADOS DE LA INDUSTRIA OLEICOLA
La materia prima se transforma en dos fases irc'«striales rela- tivamente independientes tanto desde el punto de ,^;ta operativo como organizativo. En la primera fase intervier. : la industria almazarera, que ha experimentado un drástico cambio durante las últimas dos décadas. Ha disminuido fuertemente el número de establecimientos activos como consecuencia del cambio tec- nológico y del proceso de reestructuración y concentración que, a su vez, se fundamenta en la reducción de los costes y en la flexi- bilización de los procesos productivos.
Simultáneamente, se ha registrado un fuerte movimiento asociacionista, al integrarse las pequeñas almazaras agrícolas en cooperativas o Sociedades Agrarias de Transformación, al tiempo que han proliferado crecientemente almazaras de tipo industrial. Aunque el 70% de la producción actual de aceite de oliva está controlada a través de cooperativas, éstas no fueron capaces de aprovechar plenamente las potencialidades competi- tivas que en teoría podrían haber alcanzado. En general, se limi- tan a transformar la aceituna de sus productores asociados y a almacenar el aceite producido cuando surgen problemas de salida al mercado. En función de la evolución de las condiciones de la oferta y de la demanda, venden el aceite -a granel- bien a los organismos públicos al precio de intervención o bien a las empresas o grupos empresariales oleícolas, que suelen fijar los precios de compra. Esta limitación para intervenir más directa y activamente en la cadena comercial donde se genera la gran parte del valor añadido, podría estar provocada por la falta de estructuras cooperativas consolidadas, capaces de crear y coor- dinar empresas de comercialización que, al controlar la produc- ción, hubiesen podido acaparar y mantener importantes cuotas de mercado.
En lá segunda fase de transformación, correspondiente al refino y envasado del aceite, la actividad industrial se extiende a una amplia gama de aceites y grasas. Frente a la atomización de los centros de decisión del sector almazarero, las plantas refinadoras y envasadoras suelen estar integradas en pocas
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empresas o grupos empresariales, donde existe una fuerte cen- tralización del poder de decisión. Por otra parte, el sector de refinerías y envasadoras ha ido experimentando con el tiempo un creciente proceso de concentración, modernización y pene- tración de capital extranjero, formándose grandes empresas competitivas y rentables, que en muchas ocasiones marcan las pautas de funcionamiento de este subsector. A1 mismo tiempo, sigue existiendo un gran número de pequeñas y medianas empresas, generalmente de escasa eficiencia tanto a nivel pro- ductivo como comercial. De este modo, nos encontramos con una estructura dual donde conviven ambas estructuras empre- sariales.
La posición competitiva, en términos de costes productivos a nivel de los establecimientos fabriles, está determinada por numerosos factores. A1 margen de los condicionantes endógenos o estratégicos propios de cada establecimiento, existen tres prin- cipales factores exógenos establecidos por el entorno socio-eco- nómico que se revelan esenciales en la configuración de dicha posición competitiva: disponibilidad y coste de materias primas, costes laborales y tipos de interés -factor vital para la consecu- ción de créditos rentables, teniendo en cuenta que se trata de una industria con altas necesidades de financiación-. El comporta- miento de dichos factores depende crecientemente de su nivel internacional en general, y dentro espacio de la Unión Europea en particular.
Para obtener una aproximación acerca de dicha posición competitiva, se ha realizado un cálculo de productividad del tra- bajo -por empleado y horaria- y de rentabilidad del capital para el período 1986-91, utilizando el establecimiento industrial como unidad de análisis.
La productividad por trabajador ha experimentado un consi- derable descenso en términos reales, alcanzando un nivel mínimo en 1988 provocado por la fuerte contratación de trabaja- dores en dicho año. La recuperación de la productividad en 1989-91 se ha debido a que el incremento del valor añadido generado ha sido mayor que el crecimiento del empleo. La pro- ductividad horaria ha manifestado una tendencia similar, aun- que su tasa de crecimiento a partir de 1989 fue superior a la
correspondiente a la productividad por empleado, como conse- cuencia de la reducción de la jornada laboral al reducirse el número de horas extraordinarias trabajadas en los estableci- mientos industriales del sector.
La rentabilidad de las unidades productivas, expresada en términos de margen bruto de explotación, se ha situado en torno al 10%, fluctuando entre un máximo del 11,4% en 1986 y un mínimo del 8,6% registrado en 1988. La rentabilidad depende tanto del nivel de productividad como de la propia estructura interna de costes productivos. Los incrementos de productividad se traducen teóricamente en una reducción de los costes labora- les totales.
El nivel de rentabilidad depende también de otros factores indirectos como el dinamismo de la demanda, la intensidad importadora o la evolución general de los precios. El comporta- miento de los márgenes puede ser procíclico o anticíclico, dependiendo de factores tales como la amplitud de las fluctua- ciones cíclicas y de las expectativas sobre la evolución de la demanda. A nuestro juicio, la escasa capacidad de expansión del mercado interior de aceites vegetales en España constituye un factor que reduce los márgenes de las empresas que operan en el mismo.
DIMENSION EMPRESARIAL Y NIVELES DE COMPETENCIA
El análisis del tamaño empresarial efectuado para los años 1986 y 1992 pone en evidencia una serie de hechos relevantes.
En primer lugar, el número de empresas que supéran el umbral mínimo establecido ha incrementado en un 15,9%, aunque este crecimiento se ha manifestado de forma muy desigual para los distintos estratos de tamaño, concentrándose sobre todo en las pequeñas y medianas empresas. En cambio, el nivel medio de empleo por empresa se ha reducido globalmente en un 16,3%, si bien se ha producido un aumento de la plantilla por empresa en los tramos correspondiente a las más pequeñas y a las más grandes.
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En segundo lugar, no se han producido en general grandes alteraciones en las cuotas de mercado. No obstante, el tamaño empresarial medio medido en volumen de ventas ha decrecido ligeramente en todos los estratos.
La combinación de estos factores ha provocado una reduc- ción de la productividad aparente del trabajo del 11,8% para el conjunto empresarial. La evolución de este indicador ha sido muy dispar en función de los estratos, ya que sólo las empresas inclui- das en los tramos de 2.000-4.999 y 10.000-19.999 millones de pese- tas experimentaron crecimientos significativos de productividad.
Este decremento se deriva de las características intrínsecas del sector de aceites, así como de la propia conducta empresarial que se ha llevado a cabo en el mismo durante los últimos años. No se ha de olvidar que el sector de aceites y grasas vegetales se sitúa entre las actividades agroalimentarias de carácter más tradicional, con una demanda comparativamente inelástica respecto a las variaciones de la renta y un reducido grado de novedad de pro- ductos. La reducción en el empleo y en las ventas medidas en tér- minos reales, se deriva también del proceso de reestructuración iniciado por la mayor parte de las empresas a principios de los años ochenta, que se ha intensificado durante los últimos años.
La dimensión empresarial constituye un determinante impor- tante de la posición competitiva, debido a la obtención potencial de economías de escala derivadas de una reducción de los costes unitarios en una o en varias etapas del proceso productivo y comercial. Para maximizar la reducción de los costes unitarios y incrementar en consecuencia su poder de mercado, la empresa debe situarse en la escala mínima eficiente. La utilización del método de la mediana para evaluar la proximidad de las empre- sas a la dimensión óptima, revela que tanto en 1986 como en 1992, el volumen de ventas de las empresas con más de 20.000 millones de facturación resulta muy elevado en comparación con el relativo a los restantes estratos de dimensión. Además, las cinco empresas de dicho tramo presentan niveles de productivi- dad comparativamente superiores y mayores volúmenes de inversión.
Esto hace pensar que las mayores empresas poseen una
estructura industrial más consolidada y aprovechan sus capaci-
dades de forma más eficiente. Esta conclusión hay que conside- rarla con cierta cautela, ya que hace referencia a los resultados empresariales globales y no a las actividades estrictamente industriales. Adicionalmente, dichas empresas ofrecen una gama de productos más amplia y más heterogénea, donde se genera un mayor valor añadido pero también un mayor coste unitario. En consecuencia, la estructura de su coste unitario difiere de la correspondiente a las otras empresas, por lo que no cabe una comparación directa entre ambas estructuras indus- triales, ya que ésta sólo puede realizarse a igualdad de produc- tos fabricados.
Un fenómeno estrechamente relacionado con el tamaño corresponde a la concentración empresarial, cuya medición se ha utilizado para definir la los niveles de competencia en el mer- cado y, en particular, para analizar las desigualdades entre empresas, determinando así si se ejerce o no un poder de mer- cado que altere la competencia. El cálculo de los índices de con- centración para el conjunto del sector de aceites, en base al volumen de ventas, indica un ligero descenso de esta magnitud entre 1986 y 1992.
A1 desagregar el cálculo de concentración en función de los segmentos productivos más relevantes, nos encontramos con las mismas tendencias observadas para el conjunto. La concentra- ción de la producción analizada de forma separada para los sub- sectores de aceite de oliva y de girasol, así como para el conjunto del sector de aceites vegetales, manifiesta niveles moderada- mente elevados, aunque se observa una cierta reducción de dichos niveles entre 1986 y 1992.
Sin embargo, al tenerse en cuenta la presencia de grupos empresariales que controlan individualmente varias empresas, los niveles de concentración aumentan de manera considerable.
Para realizar una aproximación aún más fiable acerca del grado de concentración real en el mercado, se ha considerado a dichos grupos como unidades de cálculo. El cálculo de las tasas de con- centración sobre esta base manifiesta que los grupos KOIPE y ELOSUA constituyen por excelencia la cabecera del conglome- rado empresarial. La cuota de mercado de ambos grupos (Cz) en 1992 se ha situado en 35,83% para el conjunto del sector, y en
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40,67% y 38,50% para los subsectores de aceite de oliva y de girasol, respectivamente. Se observa un liderazgo claro y cons- tante del grupo KOIPE en el aceite de girasol y del grupo ELO- SUA en el aceite de oliva.
Las tasas de concentración obtenidas mediante este procedi- miento toman valores suficientemente altos como para afirmar que se trata de una industria de elevada concentración, tanto en su conjunto como a nivel de sus segmentos más representativos.
El índice C4 varía entre el 50% y el 70% y el C8 fluctúa entre el 60% y el 85%. Por lo tanto, puede concluirse que las empresas del sector se desenvuelven dentro de una estructura de mercado de oligopolio de alta a moderada concentración. Asimismo, el grado de oligopolio es mayor en los subsectores de aceite de oliva y de girasol considerados de forma separada. Estos resulta- dos reflejan también un alto grado de dispersión de la cuota de mercado entre las empresas implicadas.
Un aspecto derivado de la conducta empresarial en el tipo de estructura de mercado analizado, corresponde a los comporta- mientos comerciales restrictivos de la competencia, distinguiendo entre los que tratan de los acuerdos colusorios entre empresas y los que están relacionados con las prácticas individuales de las mismas -ventas vinculadas, precios predatorios...- En el perí- odo 1985-93, se tramitaron en España 18 expedientes relativos a productos agroalimentarios, de los cuales sólo uno correspondía al sector de aceites y grasas, que se ha resuelto con sanción por conductas anticompetitivas. En línea con las opiniones expresa- das en otros trabajos, pensamos que se debería aumentar el grado de vigilancia sobre estas actividades. Para ello, es impres- cindible mejorar la eficacia de la política de defensa de la compe- tencia, cuyas normas actuales pueden considerarse satisfactorias.
LAS ESTRATEGIAS DE CRECIMIENTO EXTERNO COMO FACTORES DE COMPETITIVIDAD
EMPRESARIAL
El análisis de la concentración realizado hace referencia a la modalidad de concentración horizontal, donde las empresas dis-
putan un mismo mercado bien tipificado por sus productos y pro- cesos. Las empresas con más recursos tienden a crecer de forma lateral, incrementando su capacidad de producción en detri- mento de sus competidoras más pequeñas. Con este proceso de crecimiento externo, provocado en parte por el relativo estanca- miento de la demanda interna, la empresa persigue incrementar a corto plazo su cuota de mercado, con el fin de tener un control significativo sobre la oferta, conseguir economías de escala y de alcance en la producción y comercialización y aumentar en con- secuencia su poder de negociación.
Una interpretación aceptada de esta dinámica se basa en la hipótesis de que las operaciones de concentración horizontal sue- len intensificarse en un contexto de apertura de los mercados a compañías foráneas que estimule la competencia interempresa- rial. Este ha sido el caso de las grandes grupos del sector de acei- tes, sobre todo tras la instauración del Mercado Unico.
Un buen ejemplo de ello es la política del grupo ERIDANIA BEGHIN SAY, que a finales del año 1993 ha optado por contro- lar mayoritariamente el grupo ELOSUA y fusionarlo con su filial KOIPE en España para crear el mayor grupo mundial de aceite de oliva. Este proceso fue autorizado formalmente por la Comi- sión Europea que consideró que, teniendo en cuenta el grado de atomización existente en el mercado español de aceites, el con- trol de ELOSUA por parte del ERIDANIA no crea ni refuerza una posición dominante en el mercado capaz de alterar el buen funcionamiento de la competencia. Con esta fusión el mercado español de aceites vegetales estaría liderado por KOIPE-ELO- SUA, que acapararía una cuota de mercado del 35%, seguido muy de lejos por UNILEVER como segundo grupo con una cuota de mercado de19%.
Para el conjunto empresarial, la entrada de capital extranjero constituye uno de los factores que más han promovido el proceso de reestructuración y modernización, principalmente mediante la incorporación de nuevas tecnologías. El estudio del fenómeno de internacionalización se ha realizado a través de un análisis de los niveles de participación del capital extranjero en el capital social de las empresas, así como del comportamiento diferencial de las empresas en función de su dimensión y del grado de presencia
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del capital exterior. Los resultados obtenidos muestran, por una parte, un incremento moderado de la proporción de empresas que no tienen ninguna relación con el capital extranjero, al tiempo que la cuota de mercado de las mismas ha disminuido sig- nificativamente. Por otra parte, la distribución de empresas en función del grado de participación extranjera revela una marcada preferencia por el control mayoritario del capital social de empresas participadas.
La desagregación de estos resultados en función del tamaño manifiesta una creciente orientación de la inversión foránea hacia las empresas de mayor dimensión. Se observa que la parti- cipación de capital extranjero aumenta conforme crecen el tamaño de las empresas y la cuota de mercado que éstas contro- lan, por lo que puede confirmarse la existencia de una correla- ción positiva altamente significativa entre dimensión y grado de participación. Tanto en 1986 como en 1992, la mayor parte de la inversión extranjera se ha concentrado en el estrato de tamaño con una facturación superior a 20.000 millones de Pts. Sólo den- tro de este tramo, el capital extranjero controlaba el 34,76% de la cuota total de mercado en 1986, elevándose esta proporción al 47% en 1992.
Este patrón de comportamiento de la. inversión extranjera resulta consistente con los postulados de las teorías recientes sobre la inversión directa en el exterior. En este sentido, la expansión de las multinacionales en España se ha visto favore- cida por la posesión de ventajas comparativas en activos intan- gibles -gestión empresarial, recursos humanos, imagen y, sobre todo redes de distribución-, la existencia de imperfec- ciones en el mercado que permiten la explotación rentable de dichas ventajas, así como la evolución favorable de los indica- dores macroeconómicos -sobre todo en el período 1986- 1991-.
Una de las hipótesis que justifican la entrada del capital extranjero, es que dicha entrada implica llevar consigo un intercambio más intenso con el mercado internacional. Esta hipótesis parece confirmarse en el caso del subsector de aceite de oliva, sobre todo en lo que concierne a las exportaciones.
La información disponible demuestra que las cantidades
exportadas son más elevadas en las empresas con alto grado de participación extranjera que, a su vez, corresponden a las empresas de mayor tamaño. Buen ejemplo de ello es el grupo ELOSUA -participado en el 57% por capital extranjero-, que ha ido consolidando su posicionamiento como líder expor- tador de aceite de oliva envasado con marca, con una cuota que se ha situado en el 21,1% de las exportaciones totales de aceite de oliva en 1993.
La dinámica de crecimiento externo a través de los procesos de concentración e internacionalización se combina con las polí- ticas de diferenciación, que representan una variable competitiva de vital importancia en un mercado de competencia imperfecta como el analizado en el presente trabajo. En esta línea, los cam- bios de tipo cualitativo en el consumo y en los hábitos de compra han promovido -principalmente a través de la gran distribu- ción- una creciente dinámica de diferenciación.
En cuanto a la diferenciación tecnológica, la aparición de nuevos productos tecnológicamente distintos es inexistente, dado que el aceite de oliva es un producto natural cuyas categorías están diferenciadas a nivel de la producción por las normativas técnico-sanitaria y comunitaria. Por tanto, las empresas han de centrar sus esfuerzos para este segmento en los procesos de dife- renciación específica, creando, mediante la promoción y la publi- cidad, nuevas marcas u otros atributos intangibles del producto, que le configuren como sustituto imperfecto respecto al resto de los productos rivales del mercado.
Dentro de esta línea, las acciones de promoción y publici- dad realizadas por las empresas del subsector se centran sobre todo en los aceites de oliva de alta gama. Se constata que el mercado de alta gama se concentra en pocas marcas, cuyas posiciones relativas se mantienen bastante estables a lo largo del tiempo. Existe una notoria preferencia de los consumidores por las marcas consolidadas, bien conocidas y probadas, sobre todo desde que se produjo el caso del aceite de colza desnatu- ralizado. Las consecuencias negativas de dicho caso explican, en buena parte, la tardía incorporación de las marcas blancas y de la distribución en los lineales de los establecimientos distri- butivos.
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El análisis de las interrelaciones que se establecen entre dife- renciación, dimensión y concentración, evidencia dos hechos. En primer lugar, existe una correlación positiva entre la intensidad de diferenciación marquista y lá dimensión de la empresa y su grado de diversificación. Las grandes empresas con alta capaci- dad financiera y de acceso a mercados más amplios, son las que más tienden a crear nuevas marcas y publicitarlas. En segundo lugar, se detecta una relación de la misma naturaleza entre el grado de diferenciación y la concentración de la cuota de mer- cado. La diferenciación específica es más intensa en las empresas del subsector que ostentan un mayor poder monopolístico en el mercado.
Finalmente, la discusión realizada acerca de lá publicidad como instrumento para diferenciar las marcas y segmentar el mercado, permite destacar una serie de implicaciones que pue- den sintetizarse desde una triple perspectiva: del consumidor, del comportamiento empresarial y de la competencia.
Desde la perspectiva del consumidor, la publicidad podría favorecer la aparición de productos de alta calidad, ya que las empresas que comercializan este tipo de productos tienen un incentivo para revelar sus ventajas a través de la publicidad. Esta situación puede llevar a que las empresas discriminen los precios a su favor para obtener beneficios de carácter monopolístico, máxime cuando la implantación de sus grandes marcas llega a un alto nivel de consolidación.
Desde la óptica de la conducta empresarial, el diseño de una estrategia publicitaria con probabilidades reales de éxito debe iniciarse por el conocimiento profundo del producto. El aceite de oliva puede considerarse un bien de experiencia no duradero, donde la rentabilidad de la publicidad es teóricamente elevada, especialmente cuando se trata de nuevos consumidores. Este posible comportamiento se deriva de que, para esta clase de bie- nes, la empresa aumenta sus ventas al ser más conocida y apre- ciada por los consumidores debido a la publicidad; esta última puede no tener necesariamente un carácter informativo sobre las características del producto, sino generar conocimiento y imagen de marca de la empresa. Adicionalmente, dado que el aceite de oliva es un producto en el que la diferenciación de marca es más
alta que la diferenciación de producto en sí mismo, las empresas pueden obtener elevados beneficios creando lealtad a la marca, lo que constituiría un factor determinante para mantener o aumentar su cuota de mercado.
En lo referente al funcionamiento de la competencia, la presencia de economías externas y de escala en el proceso de diferenciación marquista mediante la publicidad, puede gene- rar serios efectos anticompetitivos. La existencia en el seg- mento marquista de aceite de oliva de pocas empresas que han consolidado su imagen de marca, podría dificultar la entrada en el mercado de nuevas marcas de otras empresas. El número de competidores reales se reduce debido al gran volumen de inversiones publicitarias necesario para lanzar una nueva marca al mercado.
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