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Num. 3. OBSERVATORIO PINTORESCO. 15 de set. de 183?.

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Las ocurrencias políticas de los últi­

mos dias lwn retrasado el tirado de la litografia que se debía acompañar á este número, la que recibirán los señores suscritores el dia 17 siempre que las mismas lo permitan.

O' 3LUIÏSW.

. qué calma ! ¡ que calma! Muchacho no hay paciencia, ñor masque te pre dico tú nada, voto 'bríos. ¿ Tíaslim­

piado las medidas?

¿ Estáncorrientes

«os vasos ? ¿ lías mudado el agua del lebrillo? ¿Tías ' subido el pellejo que tedije? Nada, todo el diadurmiendo, pues»

durmiendo; los parroquianosvienen y lo mis­

moque si no vinieran , lo mismo que si no hubiera naide en casa. Vamos, hijo de Sata­ nás; sacaesa cortina, échala enese jarro. Así decía Juan ,á un hijo del AvapiéS, que por raro fenómeno, era criado deservir , al pro­ pio tiempo que pasaba el estropajo por el mostradory colocabasimétricamente las me­ didas. Después cambiandosu rostro jeneral- mente tétrico y adusto, suavizando algun tan­ to su desapacible voz, dijo al muchacho, á quienpoco antes regañaba. Blesilio, á qué hora ha salido Manuela?—A las tres ymédia señorJuan.—¿ Y qué llevaba?—El guarda- pies queestrenó el domingo pasa o,la peineta que trujo á empeñarla viuda del tiniente de mclicianos del cuarto segundo, y las medias de seaque ha comprao hoy trempano. —¡ Y soncercade las seis y hoy que es sábado!

¡Bueno ! dijoentredientesJuan, ymordién- se los labios y el chico prosiguió, j Cáspita ’ gozo daba ver la seña Manuela, señor Juan, con el pañuelode ramos y el dcvantal azul, y luego... como tiene en aquel cuerpo un |

aquel... ¿He?—sDime, ¿ha venido esta maña­

na Ramon ?—Yono le he visto, señor Juan desdeayer noche que quedó á deber aquellas copas.—¡ Anoche !Pues anoche nole viyo.— Si señor,por cierto que se enfadé» vd. porque le dijo que á la fuerzatenia que ser meliciano leal , y que vd. lo seria también.—Otra te pego, respondió Juan. Esa es otra que bien baila ¡meliciano ! todo se vuelvegastos ; pero si noes ese , condenao ,si noesese de quien yo te hablo. Acércate, ¿no te acuerdas de aquel cuvrillode chamarranegra , con herre­ tes de plata?—No señor.—Que es moreno, quelleva una faja de sea amarilla y tiene la cara cortan.—Ah, si señor, ¿que salió el otro dia de la cárcel por haberpegaouna mojanal alguacilque viene aquícon aquella cigarre­ ra?#—Si, hombre, si.— Pues a ese no le be visto, señor Juan , dijo el muchacho rascán­ dose al propio tiempo lacabeza y después de un momento dereflexión.—Anda , bribón, no me lo digas , no importa ,yo losabré. Sien­

tra porlapuerta del portal avísame cuando venga.— ¿ Quien?—Bruto, Manuela, pero aguárdate. En estoJuan abrió el cajón del mostrador y empezó á dontar varias mono- das de cobre. Después de haberlas contado hizo varios cálculos en su imaginación v luego dijo, aquí faltan dos pesetas ;¿para qué has metido aquí lamano?—Sr. Juan...

—(’alia , tunante , damelas dos pesetas , tú lashascojido : ¿ no se yo quién eres? Yque tienes losIñudesalgo lnrgos, y que por lo mismo has estro con el grillete al pie en el Prao;pero escucha, pocome importanlasdos pesetas,dime la verdad. ¿ Has visto ¡i Ra­

món ?—Sr. Juan no se lo diga vd.á la seña Manuela. Lo que es aquí no haentrao,pero estuvo en la esquina un gran rato recosíao enelguardacantón, y por señasquetuvouna disputa con unlechuguino que le trompezó, habló con elcalesero deahí bajo , yluegoel calesero vino á beber una copa, que la mesma seña Manuela se la dié» , y por señas que no la ha pagao.—¿ Y esta tarde estaba también en la esquinacuando salió Manuela ?— No señor,pero no se lia quitao de la reja hasta

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18 OBSERVATORIO PINTORESCO.

que no vió enganchar el catesin , y no qui­ siera engañarme , pero encuanto sonaron las campanillas y chasqueó el látigo el tio Peri­ co , se puso la mantilla y a Dios ,semalcrío.

Durante este diálogo,la taberna , porque ya habrá conocidoel lector que esel taberne­ roy su sirviente los que le han sostenido ,se iba llenando de gente de várias cataduras.

Era sábado , dia enque la mayorparte delos menestrales reciben el frutode su trabajo,dia ansiado yapetecido. En él se recibe dinero, con dinero se puede beber. Con un vaso de vino se olvidan las demas necesidades : últi­ mamentela miseria y la desgracia dejan de mortificar al hombre ,cuando el hombretie­ nevino .'y bebe en compañia de sus iguales.

Tio Juan, dos médios chicos—¿Blanco ó tinto?_Tinto, tio Juan, dicendos que S£ha­

blan colocado delante .del mostrador. ¡Blas ! i Blas! Pronuncian tres ó cuatro voces ála vez que sallan de un grupo de diez ó doce per­ sonas__Blas , que te llaman 'aquellos seño­

res, dice otroque embozado enuna capa par­

dallenade agujeros y de pegotes de yesoes­ tabasentado ála punta de unbancocon un vaso de vino en la mano , elcual paladeaba como si fuera elúltimo que habia de beber en en todasu vida.

Que animación reinaba en toda la taberna, apenas bastaba á contener el número debe­

bedores confundidos al resplandordela es­ casa luz del mugrientoy cárdeno belen de cobre que colgaba delahumado techo. Mez­ clábanse lus risotadas de unos con los deshones­ tos cantares de otros.Entretodçs los grupos distinguíase mas particularmente unopor la clase de personasque le ¡componían. Seis ú ocho jóvenes barbilampiños rodeaban á un hombre como de unos.50 años de edad, á los cuales teniaentretenidos con suestremada charlatanería, sin que esto le impidieraen lo mas mínimo absorverla mayor partedel vino que contenia una panzuda jarra deTalavera.

Este hombre alto , seco,de ojoshundidos y pobladascejas, que alzaba su canaydespo­

blada cabezapor entre todos los que le rodea­

ban ,sc podiamirar como el gefedelos be­

bedores,como el primero de los borrachos. A todos hablaba, átodos conocia. Este hombre llamó la atención de otrohombre yel grupo la deotrogrupo. ¿ Quién es ese que tanto habla y tanto charla, preguntó uno?_Ese, replicó otro , es...y dijo su nombre ba­

jando lavoz, tanto que no se le pudoenten­ der nada. Todos esos que le acompañan son amigos—¡Amigos! ¡esos muchachos.! No puede ser—No mo has dejado acabar, son amigos de él porque quieren serlo de su hija.

—¿Tienehija?—Y muy bonita , y la debéis de conocer,es esa bailarinamorena y pispi- rataqueahora.,.. Ya ! Y elpadre.... preten­ de vivir á costa de los apasionados de su hi­ ja—Peroentendámonos, él permite... To.

do , sile paganelvino que pueda beber. ¿No veis aquel de capa azul con embozosde ter­

ciopelo y cuello vuelto ? Aquel que parece se quiere esconderdetras delos otros, aquelmo- renito que apenas sombrea sus labiosel vigo- te. Puesesc esel que ahorahace la víctima, yaloveis no bebepero paga.

Estaconversation que empezaba áser en­ tretenida para algunos , fue interrumpida por las vocesde otrocorroinmediato en quese ju­

gaba altruquifior. A uno de los jugadores que escasamente podiadistinguir el color de losnaipes, se le habia caído unacarta;esto escitó el enojo deotro y los vasos de loscon­

trincantes volaron por cima de lascabezas.

El tio Juan es elprimero que al oir elruido y alboroto jurando y echando tacos abandonó elmostrador para apaciguar á losalborotados.

Su venida fueinútil. En hombre en quien nadiehabia fijadolaatención,que estaba sen­

tado hacia unrincón, apoyado en el codoy embozado bástalos ojos, se habia levantado bruscamente y agarrandopor elcogote á uno de los que mas chillaban ,por elalma deSa­

tanás, le dijo, que si no callas y tú también velitre, 03 engullo como si fueraissopa. Este era llamón, todos callaron y Juan no pudo menos deadmirarse con la aparición deuna persona quecreiamuylejos de alli. DigaV.

á Blas, que me traiga médio chico,tio Juan, dijo llamón y volvió á sentirse en el mismo

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sitioque ocupaba anteriormente.—Es cosa particular... y creia yo... nodijo mas, cojió la medida, echóvino yledióel vaso á Blasillo, quien le llevó corriendo adonde le habian mandado; pero Ramon ya no estaba alli.

La calma se restableció inmediatamente ; el repetido menudeo de los tragos escitaron el buenhumor. A manera que unos por faltade dinero daban las buenas noches al tio Juan y marchabanhaciendo eses y barriendoel suelo con la cápa que se deslizaba de sushombros, eran 'remplazados por otros enelmismo ins­ tante , entre ellos aparecieron tres ó cuatro nuevos personajes, dos de zagalejos cortos, mantilla decinta , yancho rodete de canasti­

llo. Las sortijillas que adornaban sus sienes, el aire y gracejo de aquellos cuerpos criados enelcentro del Barquillo, espreciso confe­ sarlo , tenían algo de aéreo y encantador.

Acababan derecorrerlas calles de laMontera yCarretas, yalparecer novenían muy satis­ fechas ;la noche estabafríay lluviosa, tal vez esta seria la razón: acompañaban á estas dos (gachés según ellas) de ojos hundidos, patillas pobladasy dientes melladosy morenos.— Vi­ no ,tio Juan , dicen todos al entrar.— ¿Cuán*

tas? — Cuatro , unablanca y pronto. ¿Y latía Manuela? En el infierno, respondió Juan encolerizado. Entonces uno que llevaba una montera de pellejo dijo á unaque llamaban Curra.¡ Quemal humor tiene el tioJuan ,y Curra le contestó, y conrazón , nosabes?...

¿ Has visto en la esquinaá Ramon?— Si, me pidióla candela y estaba que echabalum­ bre por losojos.—Colasa, no cantarás una carlita? ‘dijeron unos. ¿Me pagais copas?—

Las que qrtieras. Eche V. otra ronda. Colasa entonces dejando caer la mantilla sobre los hombros, poniendo un brazo en jarras y cojien- ddel vasoqueestaba sobre elmostrador, soltó su voz, que fue acompañada con los acompasa­ dos golpes que los bebedores da ban sobre la mesa.

Este eanto cesó por unas voces repentinas y agudas que decían ¡ guardia ! ¡ guardia ! Pasópor delantede lataberna uno corriendo á todo correr, á quien venia persiguiendo

otro con una navaja abiertaen la mano. El que huía dejó caer la capa y tropezando y cayendo en ella el que venia tras él, tuvoque renunciar á seguir mas adelante. Volvió gru­ pa ysedirijió á unamuger que amparándose delasombra de los faroles procuraba ganar elportalde la taberna. Nome pegues Ramon, gritó esta. Calla so pu...erca, arrastraa,te he de hacerechar por laboca loscallosy el es­

cabeche que has zampao, mala sangre, ydi­ ciendo esto, la pegaba de mojicones queera de ver. Casiá los primeros golpes cayó la peineta al suelo rota en veinte pedazos; la ca­

ra de Manuela se inundó con la sangre quela saliade las narices,y no saciada con estola cólera de Ramon,la pegó un puntapié que fuéácaer de bruces alladode un obrero, que enfuerza del mucho vino que habia bebido, apoyado contra la pared estaba arrojando en medio de estraordinárias «arcadas yá benefi­ cio de meterse los dedosenla bocacuanto ha­

bia sepultado en su insaciable vientre. En medio delahedionda vomitona fueá caerMa­

nuela yá tiempo que elborradlohacia una nueva evacuación. El pañuelo nuevode cres­ pón, el dcvantal azul, y hasta las médias

de

seda de patón empaparon todo el zumo de aquel fétido brebaje. Toda la jentc se habia agrupado á lapuerta de lataberna. Ramón, por Dios Ramón, gritaban todos : señor Juan, señor Juan, salga. V. que es la señaManue­

la: Juanal oir esto salió apresurado con una tranca que á la mano hubo ;al mismotiempo se vieron brillar por la boca-calle inmediata las puntas de las bayonetas de la patrullaó de la guárdia. Ramón las vió y echó á cor­

rer, y Juan renegando y maldiciendo do mismo se vio toreado á cargar bien ásu des­ pecho con sumujerinfiel, contusayestropeada.

Btaco en Varraÿona,

Concluye ei articulo dtl númtro 1.

Yo conceptuaba pues haber hallado lo que bascaba, lo que el estranjero me habia anun­

ciado. Esto mismo me animó á proseguir mis

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20

OBSERVATORIO

PINTORESCO.

investigaciones, y me eche á recorrer la po­

blación, examinando sus rincones todos,re­ pasandolosmas insignificantes fracmen tos que podiahaber ála mano. Por resultado de ellas verdad es quesolo pudedar con otra cabe­

za también de Baco, detamaño igualo ma­ yor que la antecedente ;y con una pintura en mosaico delmismo Dios; pero esde no­ tarque de ningún otro se conoce el menor indicio. Este es pues el único de los que los antiguos adoraron,que aquídejó memorias suyas. Luego el ver que un traslado tan per­

fecto de su rostro se halla á la espectacion pública en el sitio principal de la población debiendode haberse librado casi prodijiosa- mentedelfuror de ios bárbaros quesobreto«

do destrozaban los objetos del culto y cuántos ofrecían granprimor ó belleza’, y aun*losre­ ducían á polvo , deque he visto pruebas que me hicieron derramar lágrimas ; el ver que se hayaconservadoalgunos siglos quehace es conocido, cuándo todas ó las principales y mas notables muestras de antigüedad, por una deplorable incuria, desaparecían casi conforme se iban descubriendo, el ver que sus poseedores no hayan querido trasladar­ lo áotro lugar y mucho menos desprender­

se de él, á pesar de lasmaslisonjeras ofer­

tas que en particular algunos estranjeros le hicieron, todomeestrechaba á creer que Baco

quería ser adorado aun en Tarragona.Has­

ta en los usos comunes de la vida , y aun encircunstáncias y hechosque en el fondode­

bieran tenerse¡por insignificantes hallabayo pruebas que apoyabnn esta opinion, ój á lo menos demostraban, que el patrocinio,que las tradiciones todas del Dios dct la alegria no habiañ acabado enteramente para estas comarcas.

¿ Qué mas? solo elhaberleido enlas gran­ deza* de Tarragona, libro publicado en Lé­ rida por Micer Bons de ícart en 1572 , que la cabezade que primero hablé yla casaen que se halla pertenecían á un vecino llama­ do Viijilio (folio 180),exaltó de tal mane­ ra mi imaj ¡nación , que durante muchos días

>iví como enajenado del todoaVirjilio yBa- ,!

i co. Erapreciso tener un alma de yelopara 1 figurarse que esta coincidencia fuese un me- j ro resultado del acaso;para que en tales cir­

cunstáncias el solo sonidode un nombre, que tanta delicia recuerda, no le conmoviese á unotodo entero. Ycuándo seconsidera que enlasjeórjicas,tenidas enel mundo litera­ rio por unprodijio dehabilidad y perfección, por una composición sin igual,Baco esla primera deJas divinidades que son invoca­ das , apenascreo que hubiese mortalmas dig­ no de verenlazado su nombrecon eldel rú- bio Dios que el príncipe de los poétás, á cu­

ya inspiración se deben. Puede ¡oh! que si los hechos todos de los pasados tiempos me fuesen revelados, viera que en el sitio mis­

mode la casa que ya llamaré de los Virgi­

lios,existió un suntuoso templo dedicado á aquel Dios, cuyo sacerdocio ycustodia se ba­

llaria á cargode los descendientes de Virjilio ósu familia, que al través delas tinieblasy horrores de la barbàrie solo habrían logrado conservar la cabeza de la estatua del Dios, estableciendo sumorada sobreel mismo so­

lardel templo, sin abondonnrla, ni aun du*

rantc el tiempo en queTarragona estuvo de­ sierta ó convertida en una majada de pas­ tores. Lo que es templo no hay duda que allí mismo hubo uno muy notable , aunque hace ya bastantes anos que sus restos’desapa­

recieron del todo. Y también es cierto que to­ davia subsisten en estaciudady su campo fa­

milias con aquel apellido, que nono es sino muy probable pertenezcaná su antigua pobla­ ciónromana.

Llena lacabeza de todos esíos hechos , de todasestas observaciones y conjeturas , yo me hallaba en un estado de desasosiego inesplicable;

y lejos de debilitarse mas cada vez sefortalecía en mi espíritu la idea de que Baco no habia abandonadoaun á Tarragona. En una ocacion lleguéá concebir el designio de idear aquiun templo en su honor. Tomopues lápiz ypapel;

voy, vengo, me ají to, doy vueltaspor el pue­

blo y suscercanías : creoluegoque será mas conveniente el dirijirme á la puerta del muelle- y asilo efectuó : sí; porque yo gustode co

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OBSERVATORIO PINTORESCO 21

inenzar estas obraspardonde otrosacaso con­ cluyen: quiero antes de nada conocerel efecto desu esposicion , ó sea suapariencia á lo le­ jos, dependiente delfondo sobre que hayan de resaltar( que no es indiferente sea elpardo co­

lor de otros edificios, tal vez derruidos y de triste aspecto,el verde de los campos ó el tras­ parente azuldel cielo) y sobretodode su per­

il 1 general. ¿ O es por suerte la arquitectura,

«imple faena de hacinar materiales y cerrar espacios? ¿ Nada hay enella que atender á la parteideal ysublime, á loque en el arte se llamacarácter? —Ya el peristilo, yael mistó- rieso fronton están bosquejados El templo mi- ra al oriente.... Nomecabe el corazón en el pechode alborozo....Pero¡hay! Al fijar la vis­ ta una nube, suspendida sobre la catedral, creo ver desprenderse de ella la imájen del ar­ dentísimo san Pablo, que teniendo de mano á su ínclitaalumna , laactual patrona de la ciudad, me observaba como si se despidiese á lanzarme un anatema. Un súbito estremeci­ miento seapodera de mis miembros todos. Ya creíqueiba ásonar su voz enmisoidos, yno pudieraresistirlo; aquella voz incansable que obró Untosprodíjios; que en nombre delcie­ lo llamaba á los hombres á unorden de exis­

tencia dedonde había de proceder la verda­

dera civilización,que ni Espartaen su rijidez, ni Atenas en su cultura, niRoma ensu gran­ deza pudieronconocer ; que en estos mismos lugares dió laprimera señalde acometidacon­

tra los templos de aquellas divinidades, en cu­

yoculto Tarragona idólatra tanto se esmeraba.

¡Y yo había de aparecer abora contrariando una voluntadá que nadaresistia!—¡ No! — Y estodicho, hago mil fiacmentos el papel que teniaentre las manos, y los arrojo al mar, cuyas olas se estrellaban á mis pies. Olvidó entonces enteramente á Baco, yme retiré á mi morada todolleno de la imájen del grande apóstol.

Asi vivi algun tiempo;pero al pasar cierto dia por delante de la casa de las Virjílios,no pude contenerme : alcé los ojos al rostro de aquel dios,que de nuevo se apoderó de rai iraajinacion; y esto con tantafuerza, que no t

creyendo ya posible lograr olvidarleotra vez, solo trató... ¿ por qué ocultarlo? Traté solo de sincerarme, á lo menos para conmigo mismo.

A este fin acudí á la filosofía; y entonces ya no creíque la imajinacionde ciertas ideas en el espíritu delhombre debiese nunca haberse considerado comouna mostruosidad, como un producto de influencias diabólicas ódel wiaZ principio, sino como un resultado de la natu­

raleza de aquel mismo espíritu dela esencia delascosas. Nial mismo tiempopude menos de conocer que el siglo se acerca, porma#

que la paciencia y aun la imprudència re­ tarden sus pasos, en que todas las ideas serán tomadas por lo que verdaderamen­

te son en sí, en que muchos principio per­

derán ese carácter de oposición con que aho­

ra se presentan, en que la armonía y la paz de los cielos reinarán también en la sociedad humana,—Dios es elautor de la naturaleza;

la naturaleza es el conjunto de fuerzasó po­ tenciasque lijenel universo , y sin lascuales nada existiria, nada al menos afectaria nues­

trossentidos,el hombrenopuede conocer, no puedeadorar á Dios sinoensus obras,en es­ tas potencias...¿Pero á donde voy? miánimo en este instante no es filosofar. Decia que Baco fue adorado en Tarragona, y que parece quiere aun serlo ahora.

CASIANO de va a no.

HLít rubia.

Eres aunque rubia bonita en estremo, defrescas mejillas con airoso cuerpo.

'fus ojosazules, tienen alma yfuego, y á míme cautivan aunqueno son negros.

Tu boca es chiquita , largos tus cabellos, tuscejaspobladas.

tu rostro hechicero.

Si en tus rojos libios la sonrisa veo.

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distingo tusdientes blancos y pequeños.

Eres aunquerubia decirlo notemo, la linda entre lindaá, de bellas modelo.

Idólatra be sido delos ojos negros : por unosazules abora me muero.

Perdón, las morenas perdón,lo merezco, es linda larubia que enmis brazos tengo.

Me besa, meabraza , la abrazo, labeso, ellajuega y rie ,

y

yorio y juego.

Su pechopalpita, sus ojos de cielo parece que quieren saltar de su centro.

Lacopa me pide, la copa la entrego ; tras una otra bebe, tras una otrabebo.

j Bebe ! ¡ Seemborracha !

¿ líede ser dehielo ? Bebe, bebe rubia, apura sin miedo.

Bebe, bebe hermosa, yo sigo tu ejemplo, bebe, y entu vaso dame á beber luego.

Eres blanca rubia;

¿y que importa eso ? Si tambiéntu ofreces placeryrecreo.

Quise á una morena, ahora á ti te quiero elprobar de todo

siempreha sidobueno.—A. G.

LA

DEL JARDIN DE LAS PLANTAS.

La amistad, elmas desinteresado y el mas '

jerierosode todoslos sentimientos no es estra- ñaa los animales,y se puedencitarejemplos admirables de esta verdad sin acudir álahis­

toria del perro modelo inimitable de los ami­ gossincerosy agradecidos.

Mr. de Boussanelle en sus observaciones militares refiere unsuceso en estremo singu­ lar. En el escuadrónde caballería de que era capitán habiaun caballo viejo al lado deuno jóven con quien parecía tener la mayor sim­ patia. Vivieron asi durantealgunos años, pe­

roesta unionno debiaser duradera, porque el viejo nopodia ya mascar el pienso que le servia de alimento. Por momentos iba per­ diendo susfuerzas, y tocaba yael últimoes­

tremo de su vida,cuandoderepente se levió recobrarel brillo de su pelo, y la fortaleza de sus miembros. Semejante cambioescitóla ad­ miración de todos , y con el deseo de ver la causa que laproducía,dispusieronqueunal- beitar leobservase en la cuadra ; grande fue su sorpresa al ver que elcaballo jóven cuando se distribuía el pienso escojia lo masmenudo presentándoselo al viejo ;ysiesto no bastaba se lo mascaba y preparaba de este modo para que pudiesetragarlo.

Pero volvamos al hecho que sirve de testo á este artículo. Todo el mundo habrá oido hablar de Constantina, hermosa leona que vivia enel jardin de las plantasen la mas per­ fecta armonía con un perrillo que abusando de su docilidadla incomodaba constantemen­

te , hastael estremo de llegar undia á estro- 1 pear su cola.

Constantina, encontrada en el gran de­ sierto Sahara ,fue conducida á Paris , y en­

cerrada en unajaulamucho mas oscura,rfráS húmeda , y mas pequeña que las quetienen en el dia los leones del jardin de las plantas.

Elpobre animal recibíaun gran número de visitas porqueera deuna hermosura nada co­ mún , y porque entonces no habia otros ani­ males que ocupasen laatención de los pari­

sienses. Esto no obstante, Ja tristeza devoraba á Constantina, y se moria de consunción.

Entro los muchos curiosos que llegaron á contemplar suhermosura,se halló un sugeto

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OBSERVATORIO PINTORESCO. 23

que traíaen sucompañía un pequeño perro mustio y feo. ’’Como, dijo esteâ Casal, que se llamaba el que cuidaba á la leona, no ,,veisá ese pobre animal perecer de tristeza

„porque no encuentra objeto ninguno que po-

„der devorar ? Arrojadla de vez en cuandoun

„gato, un perro,ú otro animal vivo , y en breve vereis recobradasu salud, y siqueréis ahoramismo ahíteneis miperro hacedcon

„él laprueba.” Casal aceptó la proposición, y almomento pusieron en ejecución su desig­

nio. Fácil esde calcular el miedo que se apo­

derariadel desgraciado perro cuando se vió encerradoen una jaula estrecha con un ani­ mal tan formidable. Al momento corrió á ocultarse en un rincón de la jaula, y desde alli echaba sus ojos suplicantes á su amoque le contemplabariyendose.

Constantina selevantó y se acercó alpo­

bre perro que dió un grito espantoso, ydiri- jió de nuevosu vista haciasu amo. Parece queesta miradallena de enerjia yde. deses­

peración llamó la atenciónde la leona, pues volvió lacabeza hacia el amo y fijó sobreél sus ojosencendidos,y llenos de cólera, des­ pués sacó su enorme lengua se echó, y se quedó dormida con asombro de los espectado­ res,y en particular delamo delperro. Cuan­

dollegó lahora de distribuir lacomidale ar­ rojaban una gran cantidad de carne decaba­

llo ; locomió, y dejó una parte para su nue­ vocompañero que de miedo no se atrevió á tocarlo. Aldia siguiente el perro fue perdien­

do su temor, hasta que al cabo de algunos dias,llegó á hacerse el amo de la jaula ,dis­

tribuyendo él la carne que les echaban, yde­ jando áConstantina la que él no quería. Lue­ go que entró el inviernoel perro seacomoda­ batodaslas noches entre las patas de la leona, laque seestaba quieta hasta que estese dor­

mia. Un dia llegó á enfurecerse conellaen tales términosque arrojándose sobre su cola lamordió con tanta rabia que la cortóv es­

tropeó por la mitad. Al cabo dealgunos años elperrose murió de viejo, y la pobre Cons- tantina tomó tanta p?na, quese estuvosin comermachosdías. Su nuevo guarda, pensó

que se consolaría arrojándole otro perropare­

cido alque acababa de perder, perofue inú­ til , pues seavalanzó contra él, y si no lo se­ paran prontamente lo hubiera despedazado.

Desde el dia enqué murió su amiga quedó triste y lánguida , y pocos dias después murió consumida detristeza.

Esteejemplo manifiestaevidentemente la capacidad que hay en los animales de esperi- mentar elsentimiento jenerosodela amistad ademas de otros infinitosque pudiéramosci­

tar , y dealgunosde los cuales hablaremosen los números sucesivos en nuestrosartículosde historianatural.

DE LAS FIESTAS PALACIANAS.

Sihemos de darcrédito á loque han dicho algunos autores, yentreellos el célebre Jove­ llanos, á quien damos entera fépor nuestra parte : estas fiestas se reducían á grandes fes­

tines ó convitesque se celebraban en los pa­

laciosde losreyes y señores delaedad média.

Los griegos y romanos se entregaban fre­

cuentemente á los placeres de la mesa yes de notar el lujodesus t.riclinias ó salasdonde los celebraban los segundos, la profusion de sus cenaliones y la gran cantidad de criados que con los nombres de straior carptor y otrosles servían. Después de haber gustado lasdelicias de losmanjaresy del vino, se dirijianá otras salas á divertirse en losjuegos de sociedad en­

tre losque el masprincipal, era el

de

los da­

dos, y eldelas tablas ó damasque se llama­ ba duodenascripta. I-os festines de los Tira­

nos, Nerón, Tiberio yClaudiofueron degran nombradla tanto por lo magnífico de ellos, cuanto por lasescenas indecorosas é infames que en ellas ocurrían.

A pesar de queestacostumbre, comotodas las romanas, se practicaria enEspaña entiem­ po desudominación, debió perderse hasta el siglo trece en que era ya conocida la danza noblecomo dice Jovellanos , y la músicaque se habia introducidoen los palacios empezaba á servir al solaz de los príncipesy grandes se­ ñores.

Las leyes de partida aprueban los ejercicios

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delas fiestas palacianas ypor estoconrelación á ellas dice la ley21. tit. 5. part. 2. "Alegrías y que fueronfalladas para tomar home conhorte en los cuidados é en los pesares cuan­ do los ovidse ¡éestas son oír cantares é sones de instrumentos , é jugar agedrez ó tablas, 6 otros juegossemejantes de estos, cmas conviene esto á los reyes

Las fiestas palacianas seguíanfrecuente­ mente a las grandes alegrías, pues acabado el torneo ú otro espectáculose reuníanlos nobles bienenfamosas tiendas construidas alefecto6 en lospalacios,y aespuesde acallar el apetito en aparadoressuntuosamente adornadosy pro­ vistos , pasaban á estanciasentapizadas de ri­

cospaños bordadosde oro y sedas y alumbra­

das con multitud de antorchas, enlas que las cuadrillas de trovadores recitaban lindas poe­

síasensalzando ya el valor de los caballeros y su destreza ygallardía, ya la hermosurade sus damas ylade los juglares y tañedores de ins­ trumentos proporcionaban escenas alegres de pantomimay danzas variadas, terminándose comunmente con un baile jencralque duraba hasta la média noche, en el que el amor hacia cautivos á cadapaso. El señorque proporcio­

naba la fiesta quesoliaserelmantenedordel torneo, si lehabía habido, teniaelcuidado de obsequiará las damas disponiendo el sitio prin­ cipal de la sala ricamente adornado para ellas, y de tener mesasparalos juegos del agedrezy de los demas usadosentoncespara losancianos á quienes fatigaba el baile.

Estas magnificas reuniones enlasque losca­ balleros deponían su natural ferocidad y se en­

tregaban á la galantería cortesana obsequian­ do á las damas, y haciendo alarde de finura y discreción,fueronel mediopor el que fueron dulcificándose las costumbres,y un paso aven­ tajado hacia lailustración que mas tarde fue perfeccionándose. A ellasdebemos mucha par­

te de la buena sociedad de que disfrutamos y algunas de las brillantes pájinas de nuestra historia y deescenas interesantes que se recor­ daránsiempre con pla;?r por su esplendor y magnificencia. B. S. Castellanos.

JEOGRAFIA DE ESPAÑA.

ADRA. z

Entre las colonias y municipios deEspaña en tiempo de la dominación romana, deque daremos noticia en un artículo de qHe nos ocupamos , se contabala ciudad de Abdera.

Esta ciudad delaque hacen mención los geó­

grafos, Artemidoro, Strabon, Mida, Plinio y Ptolomeo, se hallaba situada enla Pática eos.

tadelMediterráneo al occidente de Almeria yenel arzobispado de Granada, en el propio sitio que boy se baila la villa de Adra que aunconserva algo desu antiguo nombre. Fué edificada por los cartagineses según ios men­

cionadosautores, y llegó á serdetanta consi­

deración entiempo delos romanos, que el emperador Tiberio la concedió el fuero de batir moneda entre c! año 14 y 37deCristo que hacen basta hoy 1797 años. Las monedas de esta ciudad,de las que se conservan mu­ chas en el musco dela Biblioteca Nacional, representan el busto de Tiberio en elatnber- so, y un templo con cinco columnas en elre­

verso , en cuya fachada se ven colgados peces y en medio un harpon de pescar. Los peces dan á entenderque habia pesquería de atunes, el harponel instrumento con que los sacaban á tierra después de recojidos en las redes, y el templorepresentaelde Neptuno, divinidad marítima, á laque ofrecíanlas primicias de su pesca en el sacrificiollamado Thi/ncone- ' gun cuenta Antígcno Caristio. Abdera fue I delas ciudadesque mas padecieronenlas vi.

! cisitudcs del imperio romano , yunido esto á i algunosterremotos que se sintieron al prin- cípio de la dominación goda, y al estableci­ miento de una porcióndepueblos mejor si­ tuados que se fueron levantando ensu térmi­ no ,bailaremos lacausade su decadencia :en tiempo de la dominacióndelosárabes á pesar de su corto vecindario,con respecto al anti­ guo,fue todavía pueblo de alguna conside­

ración ; hoy es Villa habilitada para la ex­

portación de plomos,puerto de mary cabeza del partido de sunombre bajo el obispado de Granada. Cuenta milochocientos noventa y tres vecinos,nueve mil ciento y mas habitan­ tes con los cuatrocortijosde su jurisdicción.

Está situada es una eminencia sobre la costa delMediterráneocon unfuerte para defender­ se de los piratas berberiscos , suterreno es es­

téril y en su término se Italian las fuentes mi­ nerales llamadas Guardias viejas,su figuraes triangulary unaoctava parte se hallamura­

da. Es patriadelcélebre Pedro Mena y Me­ drano escultordemérito,discípulode Alonso Cano, y aun se conservanalgunas ruinas que declaransu antiguoesplendor.—C.

Editor responsable R. Sola.

IMPRENTA DE LA COMPAÑIA TIPOGRAFICA.

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