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Jaume 'l Catalá : narraciones episódicas

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I

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911

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CVicente

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el lluto¡t

(5)

Jaume ') Catalá

- - -

NARRACIONES EPISÓDICAS

POR

Emilio Calduch

1926- CASTELLÓN IMPRENTA JUAN B. MAS

Balbas, 13

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Reus y Juan Prim

E

srABA la Humanidad atravesando el año 1846. El general D. Juan Prim y Prats, joven, enérgico, temerario y al propio tiempo muy fraternal y rebosando su ánimo gran patriotismo y generosidad ilimitada, pro- movió un pronunciamiento, en sentido avanza- dQ hacia las ideas liberales.

La Villa de Reus fué la primera en patrocinar la sedición revolucionaria contra el Gobierno

de Isabel 11.

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Reus siempre ha sido una población explen- dorosa, por el espíritu infatigable en actividad comercial de sus moradores.

Hállase situado en una expléndida llanura, a una legua escasa de Tarragona, capital de la provincia yde la comarca en que Reus se en- cuentra colocado, favorecido por los dones de la ubérrima Naturaleza.

La febril ansiedad que los moradores experi- mentan por transformar provechosamente las primeras materias que la pródiga Naturaleza les brinda, les ha llevado a la instalación de buen aúmero de fábricas; su reconocido amor a la cultura, ha sido poderoso incentivo para establecer sociedades de carácter educador y propicio al desenvolvimiento de la literatura y el arte.

Reus, en la época que narramos, sentía gran- de vocacióny empeño en explotar la fabrica- ción de hilo de cáñamo pára la confección de alpargatas. En la' estrecha, pero animadísima calle de Monterols, era donde había abunJan- cia de tienda~ en que se expendía el referido género.

Sentíase en ~eus vivo empeño por el mante- nimiento .de sus tradiciones. En especial, du- rante la Semana de Navidad, adquiría dicha costumbre semblanza de verdadero culto.

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Reuníanse las familias alrededor de la chi- meneas, ol/aro Sobre un montón de materias combustibles, emplazábase un enormísimo tron- co, todo hueco en su mitad superior, yescondi- dos en el mismo verdaderos tesoros en dulces de repostería, turrones variados, cpnfites, pane- . cillos azucarados.

y los niños daban comienzo a una retahíla en que se invocaba primeramente a los pueblos de alrededor:

¡Vixca Cambríls, Falset, Reus, Salou, Mosté, Tarragona, La Canonja y Vílasecal,

Continuábase aludiendo a las sustancias ali- menticias ameladas o entrando en su confl.:c- ción el azúcar:

Agafem la branca, y llenya '1 tíó;

que 'ns done los dolsos, que dú '1 molt fartó.

Ametlles ronyoses, carbassat, meló, torrons de guirlatxe, d' arrop, ¡quant ré-ból torr6ns d' avetllana, torr6ns de piny6.

¡Devallals, ti61

"1

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y uno de los niñoncitos, imprimiendo UI11 te- rrible garrotazo contra ~l ventrudo tronco, ha- cía saltar al exteriQ)r una' deliciosa lluvia d'e golosinas, que en un santiamén eran e,ngullidas por el elemento hIfantil. "

Reus era un pueblo que no desdeñaba jamás otras antiguas tradiciones. En .un vetusto edi- ficio, veíanse colgando de su. pétrea fac1:lada gruesas cadenas que llegaban 'ca.si al nivel del suelo. Era universalmente admitidG> pOT la voz popular .qpe c:quelh!}) constituía e~ pretéritas edades un medio de acogerse al privilegio de asilo, al reo de graves delitos que lograba coger con las manos una de aquellas cadenas al huir d~ la persecución de la Justicia. ' '

Refúíase

úiJ.·

'Ílechd' ocurrido pocos años an- tes del que estamos mencionando.

De los montes cercan0s, llegó una noche al interior del pueblo un enorme jabald. Al aperci- birse de la irrupción de aquella horrible fiera, éerráronse herméticamente todas las puerta.s de las murallas, 'y asimismo no qued<f> ninguna abierta en las viviendas.

Dióse aviso, por medio de un piquete de so- matenistas al· Cuartel de Caballería, adoptán- dose infinidad de precauciones paua soslayar el encuentro con el aterrador cuadrúpedo.

Aguardóse la llegada del nuevo dj~ y enel

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interín los serenos se refugiaban entre las filas de los ginetes de la guarnición, velada la luz de las linternas reflectoras, cuyos destellos permi- tían ver hasta lejos a los portadores de las mismas, al par que estos últimos con tan dila- tante resplandor eran invisibles.

Amaneció. Todos los habitantes salieron a la vía pública colocándose a la defensiva, aglo- merados en compactos grupos, integrados cada uno por centenares de personas.

En una callejuela estrecha. fué acorralado Y' cercado por todas las salidas de la misma el jabalí, el cual acurrucado contra una pared y encorvado el lomo, ,enrojecidos los ojos, las gruesas cerdas erizadas. en punta. y ca:yéndole un rauda~ de haba por el hocico, lanzaba es- truendosos rugidos det~rror y rabia' impotentes contra sus perseguidorés.

Avanzó la caballería, provista de larguísimas lanzas, la fiera dió un enorme brillco, repar- tiendo dentelladas en las pie mas de los corce- les, inutilizan.do en un momento media docena de ellos y emprendiendo veloz carrera, sin cui- darse del dolor y la fatiga que le ocasionaban las múltiples heridas que recibió en la des¿spe- rada lucha, durante el primer ataque de que fué víctima,lanzóse a la carrera pór todas las calles,

en las qu~ dejaba extensos. regueros de sangr~.

~

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Repusiéronse, pasados los momentos de sor- presa, los acometedores; se soltaron docenas de perros, algunos de ellos leonados mastines, protegidos por collares erizados de "aceradas púas, todo el mundo prorrumpió en gritos de- saforados, y dada una nueva embestida en ella pereció el terrible cerdo silvestre; que fué con- ducido en volandas, como trofeo a la Casa Ca- pitular; y una vez allí, después de éstar colgan- do del dintel de la puerta principal un día ente- ro, pasado el mismo desollóse el jabalí y su carne fué repartida entre los pobres, quienes aseguraron que jamás en su vida hablan pro- bado un manjár tan sabr.oso.

Uno de los amores inveterados que los habi- tantes de Reus sienten, lo constituye el cariño hacia su e'sbelta y elevadísima Torre parroquial.

Celebran de ella la aparición de una higuera silvestre en su terra'do, vegetal que debió ger- minar por efecto de haber deyectado en dichas alturas algunas semillas, cierta avecilla de las muchas que van a guarecerse en los resquicios de la cornisamenta dé esta clase de monu- mentos.

y como ejemplo gracioso de lo muy golosas que suelen ser las ancianas por la blanda sopa de fideos, proverbial en toda la Península, yespecialmente en el territorio que abarcaban

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los antiguos reinos cuya lengua oficial fué la catalana, 10 es la copla que el vulgo dedica a una vieja, conceptuada como tragona formidable dE' dicho producto alimenticio:' ,

Tinc una ahuela 'n ma casa, que no més menje fidéus¡

té una barruga 'n la oantxa, com el campanar de Reus.

Vive una anciana en mi casa, que, fideos

son su alimento diario.

. Tiene una lupia en la panza, más enorme

que de Reus el campanario.

*

* *

Las campanas de todas las Iglesias, habían sido lanzadas a bandeo, anunciando estruendo- samente el aviso a somatén.

Las mujeres, recluídas en el interior de las viviendas de la población, herméticamente ce- rradas 'en las murallas todas las puertas y por- tillos, habíanse instalado en los pisos altos, te- niendo preparadas sendas vasijas y calderas repletas de agua y aceite hirviendo, para arrojar- las sobre la cabeza de los invasores en caso de un asalto. .

El paisanaje, desde la edad de catorce a se- senti1'O más años, si había voluntarios que con-

U

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tasen más de esta última edad; dispúsose a la .defensiva, escampándose en guerrillas por pa·

rejas, ocupadoras de sitios estratégicos: una

gru~sapeña, una acequia, la bajada de un ba- rranco y otros puntos de algún carácter apro- piado a tales fines.

Jaume '1 Cata1á, joven de diez y nueve años de edad, perteneciente a una familia de comer- ciantes de hilo, algo acomodado, era uno de los luchadores.

Señalósele como punto de defensa un cor- pulento árbol. El procedimiento como tenía que cumplir su deber en colaboración con su com- pañero de combate era éste.

Uno de ambos, terminada de cargar su cara- bina, había de salir de su escondite y disparar, mientras su colega tras. del árbol se ocupaba en cargar su escopeta. Realizada la descar.ga., por el primero, éste volvía al ár.bol para car- gar de nuevo, e interín el segundo de la gue- rrilla disparaba; y así durante todo el combate,

indefinidamente. .

La suerte era muy desigual entre los indivi- duos de la pareja guerrillera.

Cada vez que salía el compañero de Jaume, mordía el polvo, exterminado por una descar- .ga cerrada del enemigo, al paso que nuestro protagonista volvía a su árbol protector tenien-

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do siempre la fortuna de resultar ileso de la lluvia de balas conque sus periódicas aparicio- nes eran recibidas.

Las columnas volántes hubieron de renovar un par de docenas de veces la pareja de Jaume, la que siempre perecía al presentar su cuerpo al adversario.

Mas tarde, Jaume recibió un balazo que vino a atravesarle la mano derecha, quedando inútil para proseguir la lucha. .

Esta al final, resultó con la completa victoria de las tropas isabelinds, que hicieron prisione- ros a todos los vecinos de Reus, entre ellos Jaume, y fueron conducidos a un espacioso co- rral de ganado, cercado en su exterior por nu- merosos centinelas y con la indicación de que a la madrugada del día siguiente el Jefe dt las fuerzas triunfadoras ordenaría la alineación de todos los apresados, y se practicaría un recuen- to de los mismos, fusilándolos a cada uno de los que 'hiciesen ·el número cinco y sus múltiplos.

Procedimiento era este muy en boga en las discordias civiles, que se denominaquintar a los prisioneros; con cuyo sistema de dar muerte a una porción de infelices, cuya suerte de alinear- se les es aciaga, dejando en libertad íllos de- más por no tomarse la molestia y el gasto eco- nómico de mantenerles sin perecer de hambre

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~~~---"-~---_. "

durante el cautiverio, creen los dominadores que amedrentan a los que salen con vidayles infligen un laudable escarmiento para quen~

imaginen jamás el volver a sublevarse.

. ..

'~'.' .

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Patriota, prófugo y proscripto

E

Nla cruel incertidumbre de exponer su vida a las contingencias de un azar, de- cidió Jaume jugarse el todo por el todo y arros- trar las consecuencias que una problemática evasión pudiera acarrearle.

Comunicó su plan de fugarse a cuatro de sus compañeros de prisión, amigos suyos muy ínti- mos quienes, no solo apr0baron sus propósitos sino que determinaron escaparse al mismo tiempo que él.

y apenas se divisó allá en un rincón del ho- rizonte cierta ténue claridad precursora del amanecer, los cinco individuos incorporándose por la tapia de los rediles, ganando su altura, de no mucha elevación por cierto, saltando ágil- 15

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mente emprendieron velocísima carrera a cam- po traviesa.

Los centinelas, sin molestarse en darles el alto dispararon incesantemente contra los fugi- tivos; tres de ellos cayeron acribillados de heri- das, Jaume y otro de sus compañeros de fuga, llamado Francisco, consiguieron salir ilesos de las descargas y llegar a las playas de Salou, en donde cogiendo una lancha de las varias que los pesca~ores tenían alineadas en la ribera, internáronse en el mar hasta que ante su vista desapareció todo vestigio de tierra costereña.

Ya en alta mar pusieron el timón en' dil7ección al mediodía; al cabo de algunas horas, los ince- santes vaivenes <de la embarcación delataban que iban navegando frente a la desembocadura del río Ebro, en aguas del litoral de Tortosa;

marcharon siempre adelante, aun cuando enca- minándose al propio tiempo hacia tierra y en , los comienzos de la tarde columbraron la torre de Vinaroz y allí se dirigie~on sin vacilación, desembarcando una milla'antes de llegar frente a la villa y- abandonando el barquito junto a las arenas.

Desde Vinaroz, emprendieron caminata a pié atravesando montañas y, llanos con rumbo a , CasfeIlón de la Plana. En las ventas que por casualidad encontraban en su itinerario repo-

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níanse del cansancio de su forzadá expedición y del hambre que sentían, gastándose los esca- sos ochavos y reales de vellón qu~ guardaban en sus bolsillos, los cuales, sus burlados guar- dianes no se cuidaron de registrar; pues limitá- ronse a cachearles.

Ya en Castellón, recordando Jaime que en él vivía una persona influyente en políticá, que estaba casado con una mujer de Reus que con el primero tenía parentesco, apresuróse a hácer acto de presencia ante dicho personaje.

Este adalid, llamado Salvador Tárrega, Jefe de uno de ·los partidos dinásticos, informóse con todo detalle de lo acontecido en Reus; opinó que ante todo procedía que los fugados cam- biasen de nombrel proveyó de un pásaporte con falso nombre á Francisco, quien con el mismo marchó a Nules y allí fué colocado de mozo de mulas en una acreditada posada,}' en cuanto a Jaime, cuyos deseos eran los de trabajar a todo trance y con cierta independencia, le cambió su nombre por el de José, varióle asimismo su ape- llido y admitiéndole de huesped en su propio domicilio a los efectos de pernoctar, buscóle una plaza de camarero del Casino principal de la Villa.

Jaime fué en Reus inscrito en láS listas de proscripción y condenado a pena capital, que 11

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debía tener ejecución tan pronto como se le hallase.

De este modo vemos en el principio de la" odi- sea de la que debió ser su accidentada vida, la aparición de poderosos contrastes, relativamen- te al orden natural del curso ordinario de la existencia del hombre.

Jaime no entró en quinta jamás en su vida y sin embargo fué a la guerra, figurando en reñida y sangrienta acción; Jaime defendió una idea que entendía beneficiosa para la Patria y,ven- cido, estaba expuesto a sufrir la pena máxima de las marciales ordenanzas; Jaime, era hijo de una casa bien acomodada y las circunstancias le colocaron en situación de absoluta pobreza, viviendo enteramente a modo de huérfano y ganándose el sustento como un obrero de los de clase más humilde.

Jaime era a la vez patriota y prófugo, valero- so e incógnito, benemérito y proscripto.

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Un mozo que en vez de ser esclavo de las circunstancias, las domina

J

AIMEera buen mozo, esbelto, blanco dE! .tez, bien desarrollado todo su organismo, ro- bustoy con un estado de ánimo bien capaz. de arrostrar toda clase de peligros, vicisitudes y fatigas.

Puesto en su oficio de. dependiente de una sociedad recreativa, al servicio de· una docena de mesas y como el más novato de sus colegas encargado de los más ingratos quehaceres, cua- les eran limpiar por la mañana todos los espe- jos, barrer los pisos y la acera de la calle, qui- tar suciedad a los dominós y cafeterasy hasta fregar el suelO'y los platos y demás utensilios, desde el primer día reveló su celo y obediencia, 19

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cumpliendo su ingrata misión con diligencia, aseo y esmero.

S us colegas en vano le incitaban a que no re- velase tan extraordinario interés en su labor, pues él jamás les atendía, permitiéndose de vez en cuando observarles que el tiempo que per- dían dándole tan equivocados consejos, de so- bra podrían aprovecharlo ayudándole en sus tareas, que ese era su gusto y en último casolí- mítanse a callar y no estorbarle.

Como muy natural era, aprendió toda clase de juegos que en dicho centro de reunión se practicaban con naipes o fichás, aunque sin de- dicarse en modo alguno a ser punto en los mis- mos; pues la experiencia ajena le persuadía de las malas consecuencias que dichos entreteni- mientos reportaban a los contertulios que a di- chas costumbres se entregaban.

Los jugadores, no tienen jamás un momento de tranquilidad. Digan 10 que les venga en gana los partidarios del juego. este siempre es terre- no propicio a discusiones, enfados, rencores y otros sinsabores, no menos impropios de toda persona formal y que quiera hacerse de respe- tar por los demás.

. En el juego es donde más pronto se conoce el carácter de cada individuo; veréis a un caba- llero que pasa por reservado y muy deferente

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con sus semejantes. Pues bien; por muy serio y formal que se le conceptúe, sentado ante el ta- pete verde o el blanco velador, mientras vaya ganando no podrá disimular su satisfacción asomándole la risa, muchas veces guasona e irritante en sus labios; y por el contrario, si le es adversa la suerte no ha de tardar en prorrumpir en exabruptos, frases groseras e insultos contra sí mismo y contra los demás que con él alternan

en la partida. .

Así ha sido, es yserá siempre.

La esencia del juego en sí lo lleva, sembrar la discQrdia, siquiera sea temporal,. entre los que en él t()man parte; bien. sean amigos íntimos, ya solamente participantes en dicho acto, sin te- ner.se la menor franqueza; y aparte de ello, hay q.ue tener en cuenta el tiempo que lastimosa- mente se desperdicia en dicha tonta ocupación, los esfuerzos mentales que vanamente se ver.i- fican, el descuido en qJ1e se tiene la satisfacció'n ordenada. de necesidades apremiant~s,las faltas al cumplimiento de la obligación de trabajar que no pocas veces se cometen, las dolencias y contrariedades que se sufren, y una serie infini- ta e inacabable de malaventuranzas cuyo relato sería muy prolijo, sin por ello dejar de ser cierto.

En un ca-sino, en aquellos tiempos ya- acos-

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verdadero que la armonla fraterná1 de la socie- dad exige.

¡Desdichados camareros! Bien podéis cultivar el trabajo, que si vuestros pensamientos no van de acuerdo con la limpidez de la continencia y así no os decidís a obrar en vuestros actos, no sois otra cosa que meros muñecos colgantes del.

escenario de la farsa infernal más pestilente y hpdionda; imitadores de los irracionales, ni si- quiera podéis lograr el título de tales, no obs- tante su plano áe inferioridad; puesto que las bestias, aún en los actos de mayor desnudei orgánica, son lo suficientemente comedidas para . no merecer la calificación de lujuriosas.

Afortunadameute ni las invitaciones obscenas, .las alusiones más cínicas a la excitación de un falseado amor propio por desperdiciar ocasión de tratos inmorales con mujeres, los consejos vituperables para que satisficiese groserosape- titos, las insinuaciones ora solapadas, ya vio- lentas para que se convirtiese Jaime en un alma de perdido, no producían en el firme corazón del decentísimo mozo el más mínimo efecto.

Despedía severamente de su presencia a sus indignos compañeros y no iba a dormir segui- damente, no, por cierto; sino que antes, velando hasta con cierto exceso por el· total cumpli- miento de sus deberes recapacitaba sobre todo·

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10 que habia hecho hasta aquellas horas... delá .madrugada, echaba cuentas acerca de la exac- titud y puntualidad con que había realizado su cometido, y su mente no paraba de cavilarso~

bre el modo de poder comportarse al siguiente día con la mayor pulcritud, acierto y satisfacto- rio resultado en su ministerio.

Unicamente después de tanto ejercicio mental y forjándose los más excelentes propósitos era cuando se decidía a buscar reposo.

~_J ~

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· .

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·Un educador de sí mismo

J

AIME tenía la desgracia de no saber leer. Su padre que antes de establecerse en el ramo del comercio de hilos, había sido un buen ope- rario del mismo, pr~ocupóse de instruir a su preciado vástago en el oficio. que él perfecta- mente. dominaba y desde la más temprana ju- ventud Jaime era un buen soguero.

No paró ahí la preocupación paterna; pues deseosa de que ningún secreto se le ocultase a su descendiente respecto del género con que traficaban antes de hacer al último soguero, le colocó de aprendiz de rastrillador, y solo cuan- do ya estaba al corriente de esta profesión, es cuando se desveló por instruirle en el arte de hilar.

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Jaime, en sus d'eseos de emandparse de a-j-e- nas y onerosas tutelas, aspiraba al pronto en conse'guir a fuerza de privaciones la adquisi- ción de algunos fondos para trabajar por cuen- ' ta propia ~n el propio negocio de su progenitor.

Hizo escribir, preparando ya el camino para su laudable proyecto, una carta dirigida a una casa catalana dedicada a tales especulc:ciones, para que le diese informes acerca de la deman-

da de tal artículo. .

La contestación no se hizo mucho de esperar, pocos días después recibía carta en relación con el asunto. Y deseoso de que midie se ent~­

rara de cuanto se le comunicase decidió irse una mañana al Instituto yen los alrededoresd~l

Centro docente rogó a un alumno le leyese el contenido de dicha misiva.

Hízolo así el escolar,

y

al ver la soltura <;:on- que el colegial procedía e1,1 la le~tura, a }.aime se le cayeron las lágrimas de los ojos, en's~ñal,

de vergiíenza por no bastarse a conseguir por sí propio lo que un individuo, apenas salido de la niñez tan fácilmente le resolvía, solo por ha- b.er recibido la joya de la instrucciórí.

J,aime decidia formalmente buscarse un maes- tro, que sin dilación alguna disipase de

su

cere-

broo las tinieblas del analfabetismo. .

El preceptor era un concienzudo ypaciente

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señor llamado D. Francisco Ribelles, modelo de maestro de primeras letras, en las que era muy versado y sus talentos como instructor rápido y provechoso no admitían rival.

Todos los días de once a doce de. la mañana recibía el nuevo discípulo nociones de lectura y escritura, y éste se entretenía de dos a tres de la madrugada en repasar la lección matutina.

Al mes justo de estos ejercicios, logró Jaime con ayuda de su firmeza y perseverancia, leer bien los periódicos y entenderse para redactar aceptablemente cartas.

Iba todo viento en popa, cuando sobrevino un sensible contratiempo; Compromisos con otro individuo, llevaron la desconsideración del Conserje en hacer perder su plaza de camarero a Jaime, si bien por no dejar a este aislado se le recomendó para que entrase a prestar sus ser- vicios en un café de la villa de San Felipe de Játiva.

:.:.'~• • •..

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La conservación de la honra

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N Játiva el camarero trasladado no tenía motivo alguno de queja por partt: de losparr~quianosquienes le trataban con cam- pechana familiaridad y muchísimo venían en apreciarlo. El, por su parte, fué siempre decha- do de honradez, en el saldo de las cuentas y en el buen suministro de los artículos de consumo que se le solicitaban.

y surgió una ocasión, que puso de relieve que el hombre cuando quiere ser honrado 10 es a todo evento, aún teniendo que atravesar por tranées violentos, cuales son los en que hay riesgo de comprometer la vida.

Confiriósele por el dueño del café la misión de pasar un recado verbal desde Játiva a otro

pueblo de la comarca, denominado Manuel.

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Jaime emprendió la marcha .a pié para cum- plir el encargo, y sin novedad llegó a la última población, verificando cuanto se le había enco- mendado.

Pero al regresar, siguiendo la misma ruta, hacia Játiva, hallándose doblando por el recodo de una carretera aparecieron ante él tres hom- bres armados con trabucos, y le saludaron con

estas palabras: .

-Buenas tardes, amigo, ¿a donde se vá?

-Voy de regreso a Játiva.

Siguió el diálogo:

-¿Con q~é objdo?

Jaime les refirió su embajada y el esta,r ya la misma cumplimentada; con pormenores en relación ·con el oficio que desempeñaba.

. -¿Y tú no encuentras esa vida de sirviente demasjado fatigosa?

- y(')necesito ganarme el sustento, y el único procedimiento que para ello p>rác.tico es tra- bajar.

-Pues es una lástima que un muchaCHO tan joven pierda un tiempo precioso, matándose de trabajar para engordar a un amo, y a la fin y a la postre, ganar una miseria.

Miranos a nosotros; con~uy pocos esfuer- z'os ROS enriquecemos en un momento dado.

Pasa una diligencia, ordenamos que haga alto

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1cochero, practicamos un registro, nos queda- mos con todo el dinero y alhajas que en el co- che y bolsillos deJos pasajeros se encuentre y ya 'tenemos lo suficiente para holgar y que no nos falte nunca nada.

Mira de un momento a otro pasará aquella diligencia que viene desde Játiva, toma este tra- buco (y le fac-ilitaron uno) avanza veinte me- tros, escóndete detrás de aquel matorral y.en euantoelvehículo esté frente a tí das la voz de

¡alto! y nosotros entonces ya tendremos estre- chado el cerco.

Alternativa cruel la en que se encontraba el hortera de café.

Desobedecer equivalía a declararse prisione- ro y expuesto a experimentar dolorosas veja- ciones en su secuestro.

Mostrarse conforme respecto de las ofertas de los bandoleros, simbolizaba el declararse ex- pontáneamente fuera· de la Ley.

Partiendo de la base de ,que' es preferible rehuir el peligro eventual que entrar de lleno en el cierto, Jaime resolvió forjarse una com- ,posición de lugar, de acuerdo con las circuns-

tancias.

Fingió acceder a las proposiciones .de los cri- minales, tomó de manos de éstos el arma con que le brindaban, avanzó en la dirección que se'

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le prefijara, al llegar al término de la distancia que se le asignase, con cautela y disimulo si- guió adelante, y cuando aquellos malhechores un tanto recelosos le instaron a que no diese un paso más, arrojó gallardamente el trabuco en medio del camino, y apelando a toda la fuer- 'za muscular de sus piernas, como alma que lleva el diablo emprendió carrera vertiginosa, sin preocuparse de volver la vista dtrás, con el fin de no perder el más mínimo instante en su acelerado galope, ni aún paróImientes en ]0

mucho que en él repararon los viajeros de la diligencia durante el instantáneo momento que se cruzó con la misma.

Transcurrido un escaso cuarto de hora, y merced a la inaudita velocidad conque escapa- ba de los foragidos, ya distinguió el pueblo de Játiva albergado entre escarpados montes, y aún cuando de su pecho escapósele un suspiro de satisfacción, no por ello puso frénq a los pies, sino que continuó forzando marcha y en este movimiento de acelerada escapatoria hubo de seguir, no solo ya en despoblado, sino dentro del vecindario hasta el propio salón del café, su casa.

Una vez ya en esta, abstúvose prudentemente de referir la más minuciosa palabra relativa a sus peripecias, tan solo manifestó haber curn-

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plido su comisión, felicitándole el dueño del es- tablecimiento por la prontitud mostrada en el cumplimiento de sus órdenes.

El clima de Játiva no era propicio a la salud de Jaime, recogiendo éste unas funestísimas cuartanas, que le imposibilitaron de todo punto para continuar sus quehaceres.

Vióse forzado a holgar; los médicos, en aque- llos tiempos que aún no se conocía la aplica- ción de la quinina en vano le recetaban livianos medicamentos alternados con la ingerencia en el estómago de líquidos calientes; sin resultado . algunó se le aplicaron fricciones y bebió tisa- nas; la gente indocta fué asimismo ,gratuito que le hiciese colocarse cataplasmas en diversas partes del cuerpo; el páciente cada día lo pa- saba peor, sin despertársele el apetito, por - más esfuerzos que re.alizara para comer; todo lo encontraba hastioso, insustancial y provoca- dor de náuseas.

Casualmente, y por pasar el tiempo, deam- bulaba cierta mañana con lentos pasos por el mercado público, apetecióle instintivamente un hermoso racimo de uva moscatel, rubicunda y aromática; y es fama que con semejante pre- ciada fruta encontró satisfactorio remedio el enfermo a su dolencia, de la que a partir de entonces notóse extraordinariamente (lliviado.

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Una carta recibida de Caste116n, desde donde se l~ofrecía colocación en la plaza que desem- peñara tiempo antes en el Casino Antiguo, re- vistió de fortaleza su decaído ánimo y presuro- samente, volvióse a la capital- de la Plana, don- de fué muy obsequiosamente agasajado por sus ya conocidos parroquianos.

..' .

. . . .

.

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Compadrazgos políticos

Lobos entre lobos, no se muerden.

(Proverbio político popular.)

O

CURRIÓ cierto suceso sorprendente en Castellón, que vino a poner de relieve

ant~los incautos que por el sostenimiento de cualquier idea partidista son capaces de perder tiempo, el dinero y la salud, cuán poco debe nadie fiarse de la seriedad de los Jefes de una agrupación política.

Achacábase a un importante Jefe de un bando gubernamental llamado Mariano Madramany excesivo celo en la defensa de su credo, y de coacciones en méritos'de ella verificados contra

individuos afiliados a un partido distinto.

TI

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Subió este último al Poder, y la primera pro- videncia que sus afiliados adoptaron fué la de salir con su Jefe D. Vicente Delago, a la cabeza en manifestación tumultuaria, a la que se agre- garon innumerables conciudadanos de la Bama- da clase neutra dando extentóreos gritos de

¡Muera" MadramanyI

La mansión de éste fué sitiada, destrozadas las puertas de acceso al interior, saqueada toda la vivienda y esparcidos con el mayor desorden todos los muebles por la irruptora multitud que dentro pudo tener acceso mientras asomándose a un balcón del domicilio invadido, el propio Vicente Delago, dirigió desde él una furibun- da arenga alentadora a la muchedumbre que restó estacionada en plena caBe, terminando por gritar repetidas veces y con toda la fuerza pulmonar de que disponer podía la consabida frase bélica: ¡Muera MadramanyI coreada por ensordecedores ¡MuerasI, ovaciones y fenome- nales silbidos en desdoro del prócer caído en desgracia.

A la hora de la cena, recibió Jaime el encar- go de Bevar un servicio de ración de sopa, bisteck, vino, postre y café para un convidado del Sr. Delago, al Dropio domicilio de éste.

,Con la mayor buena vQluntad cumplió el in- tegérrimo dependiente su encargo, y júzguese

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de su sorpresa cuando llegado a lacasa del caudillo de"la plebe, vió que estaba aguardán- dole en la mesa comedor nada menos que el propio Madramany, el mismo cuya cabeza aca- baba de pedir a todo el pueblo amotinado su generoso hospedador que por 10 visto en aque- lla ocasión, como en otras muchísimas quizás, estaba protegiéndole.

Ante tan palmarias pruebas de poca formali- dad e inconsecuencia inaudita revelada recípro- camente por los prohombres de distintos cre- dos políticos, hizo Jaime voto mental de no fiarse jamás de ningún leader ni profesar opi- nión alguna acerca del régimen del Estado, lí- mitandose a votar en las elecciones, en los pre- cisos casos que así se 10 recomendase con inte- rés su protector Salvador Tárrega, único a quien ofrecería asimismo la ayuda de su brazo si a ello era requerido, aunque con la exc1usiva cualidad del proceder del criado, obediente a la voz del amo.

Esta ocasión no tardó en ofrecerse.

Una noche, frente a la casa de Tárrega, si- tuada en un paraje solitario denominadoForn del Plá,al final de las modestas viviendas del arrabal de las Horcas, ocurrió una sangrienta colisión entre dos grupos de individuos simpa- tizantes con diferentes banderías.

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Aparte de muchos que sufrieron contusiones de caracter más o menos leves, uno de los con- tendientes en la brutal refriega resultó grave- mente herido de dos cuchilladas en el pecho.

Con el mayor sigilo fué internado el herido en la casa de Tárrega, y aprovechando la co- yuntura de tener dicho hogar una puerta falsa que recaía a la plaza de las Balsas, denomina- da también La Ereta, con infinidad de precau- ciones yen una camilla improvisada .con una escalera y varias mantas, condujeron al Hospi- tal saliendo por dichositio al paciente. el propio Tárrega, un hijo suyo mayor de edad y Jaime, los tres completamente disfrazados.

{A, ~

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Fusilamiento del bandido Vilarroig

-1 TRISTES

recuerdos)ara los castellonenses, ofrecen dos barrancos emplazados por la acción de la Naturaleza, casi en los lindes de su término rural con los de los pueblos vecinos de Benicasim y Almaioral

Este último, que por los alrededores del Ce- menterio de la espléndida Villa, que asoma gra- ciosamente en la ribera del precioso río Mijares, es a moáo de dilatada llanura rocosa, va en di- rección sur declarándose en pronunciada estre- chez y al mismo tiempo marcando una pro- funda sinuosidad, que es de notar con mayor acentuación al llegar al puente de la carretera que enlaza Almazora con la capital.

Casi todos los días, y con especialidad los 4t-

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festivos, registraban las crónicas la perpetra¿

ción de algún crimen en los alrededores del último sitio de aquel paraje.

Hásta tal extremo llegó la mala fama de aquel barranco, que adquirió celebridad un r.e~

frán, que servía de anuncio y consejo preventi- vo a los confiados transeuntes que se aventura~

ban a pasar dicho lugar, para ir de visita a la hoy tan simpática y cultural población vecina y hermaña.

Tal adagio rezaba 10 siguiente.:

Almazora,

el que no vá no llora;

y el que vá, llora, y llorará.

y cuandQ hace unos cuarenta años, Ut:1famo- so A1calde,qu~ por cierto era paralítico, lla- mado Beltrán, desplegó una poderosa energía, en la persecución de malhechores, y por otra parte se instituyó en dicho pueblo un puesto permanente de Guardia civil, fué cuando pudo colocarse punto final al capítulo de desmanes, y resultó un hecho la confianza más absoluta por parte del viandante.

Hoy la cultura, 'la fraternidad y el progreso, son de por sí más que suficientes para la esta~

bilidad de la mayor armonía y dulce situación de paz

y

bondades por parte de. los caminé).ntes

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que al cruzarse en sus rutas por el camino, tan- to de día como por la noche, pueden muy bien darse el acostumbrado adiós de paz y amor, que es una de las más preclaras costumbres que en obsequio a los que se encuentran de tránsito por el despoblado nos ha legado desde hace muchos siglos la santa ins~itución del Cristianismo.

El barranco de la Magdalena, situado a una legua de Cástellón, padecía siniestra fama.

Atravesando la carretera real de Tarragona, las accidentadas peñas que surgían de entre su profundísima hondonada eran trincherás resis- tentes e invisibles escondrijos de nutridas cua- drillas de facinerosos, prontos a asaltar el co,.

rreo de Barcelona ya todos los pasajeros que, como único medio de locomoción practicaban su viaje en diligencia, llevando consigo valores y alhajas, y los que no poseían fincas, la mayor parte de las veces eran portadores en bolsos y maletas de todo el capital constitutivo de su fortuna, en onzas y doblillas de oro.

El Gobierno constituído, a cambio de indul- tarle de la pena de muerte y de las conmutati- vas de privación de libertad, encargó al que en la primera guerra de sucesión fué cabecilla de las huestes carlistas Joaquín Llorens (a) Nius, natural de Villarreal, el que a la cabeza de la 4:1

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gente amnistinda de su antigua partida, persi- guiese a los salteadores que pululaban por las comarcas delá Plana, coa plenas atribuciones para imponer y ejecutar sanciones máximas a los bandoleros que lograse atrapar, con los que el modo de cumplir los faBos- capitales había de ajustarse a ,los procedimientos fijados en los - Códigos Militares.

Dióse extl1aordinaria diligencia Llorens, en organizar f0rmidables campañas de pesquisi- ción por el términolde Coscollosa;- m:ás'siempre con infructuoso r.esultado. - . ¡ "

Mientras la 'partida de Ni11S rondaba por _la- demarcacióa campestna de Canet, Olivares, ca- Iílino del Francés, Barranco de la~Parreta y demás' sitios inmediatos o cercanos- a "la Mag- dalena, no- se registraba el más mínimo desa:.

guisado; más apenas las fuerzas el1an a'partadas de allí, no pasa.ban múchas horas sin recibÍrse .noticias de la perpetraciónd" alguna escanda- losa feclloría, la mayor parte de las veces enla- zada con la -consumación de herrendos' (rí- menes. .

.Todos convenían, en que,' dadas' las insupe-' rlables dates de sagaCidad de Ni11S, había que admitir forzosamente la hipótesis de que los bandidos debían llallar-se dirigidos por alguna persona de poderosís·ima' inteligenciá, pronta y

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oportuna en indicarles la táctiea que imprescin- diblemente habían de observar para no caer en la red de su temible perseguidor. '

Sospechábase de un individuo que pasaba por todo un personaje, por el lujo que desple- gaba en su' género de vida.

Su apellido era Villarroig. Frecuentaba el trato con las' Autoridades, era socio bastante asíduo del Casino Antiguo; poseía excelente don de gentes.

Contaba unos tr.einta y cinr:o años de edad;

era alto, robusto, vestía irreprochablemente;

con frecuencia acrecentaba su caudal con la compra de importantes fincas.

Vivía en una acondicionada casa de la .calle Mayor, frente a la Iglesia de la Sangre, y per- mane~cía soltero.

Cierta reserva que al través de sus animaJas conversaciones en él se vislumbraba; y el hecho de haberle visto entrar y salir de sil domicilio a altas horas de la madrugada, hicieron conc.ebir sospe'chas; además de la prontitud conque en- traba y salía en su casa.

En el Casino, con mucha frecuencia e inten- ción se le lanzaban numerosas indirectas; a las cuales él unas veces respondía satisfactoria- mente, COB la mayor naturalidad; otras se afa- naba en probar su indiferencia por estos asun-

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tos, aduciendo pruebas en número exagerado acerca del lugar, tiempo y sitio por donde él ha- cía la vida; otras veces, por el contrario se en- cerraba en un absoluto silencio.

En estos términos la cuestión, Llorens optó por montar un servicio de espionaje, disponien- do que dos hombres de arrojo temerario se ocultasen tras un algarrobo diferente cada cual;

día y noche permanecieron allí, dota'Gos de pro- visiones para media semana, con el. encargo' de no dar señal alguna de su centinela, cualquiera que fuese10 que viesen.

Entre tanto el capor?!l con su partida marchó- se de expedición policiaca hacia las partidas rurales de Bechí. Veinticuatro horas más tarde, el coche-diligencia procedente en su última re- novación de tiro de Oropesa, era brutaimente saqueado al llegar al barranco de la Magda-

lena. . .

Los espías manifestaron a Nius que una hora ántes del vandálico hecho vieron pasar hacia el sitio del robo, montado sobre ágil caballo blanco a un sujeto que, aún cuando no por el rostro, si por su esbeltez coincidían todas sus señas con las de Vilarroig, y que minutos más tarde observaron cómo regresaba a la capital picando de espuela nerviosamente a su cabal-

gadura; c.

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Pero la hora señalada por los individuos ace- chadores no la podían dar sin error; puesto que la bas.aban solo en el cálculo mental, ya que no.

tuvieron la precaución de llevar reloj; y, por otra parte, comprobóse con innumerables t~s­

timonios que a ese preciso momento Vilarroig hallábase en el Casino jugando con la mayor tranquilidad al dominó; si bien era evidente que durante la tarde del hecho, muchos de los con- currentes recordaban con fidelidad y hallándo.,.

se todos contextes, que el denunciado después que hubo pasado algún rato desde cuando tomó el café, salió y voivló al cabo de media hora larga.

Así y todo, la prueba era poco sólida y for- zóso le fué· a Nius 'revestirse de paciencia, y adoptar otros medios más rigurosos de vigt- landa.

Estos no dieron tampoco el menor resultado, pero sobrevino un hecho singular qtle desvane- ció todo género de dudas.

No bien hubieron transcurrido algunos días, cierta noche, un sereno a percibió que desde el balcón de la casa de Vilan'oig, calgaba' una· ele- gante faja de seda roja.

El agente (le la Autoridad, aprovechando la ocasión,de que a di<;has homs no se veía por los alrededores alma viviente; marchó pronta-

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mente a su domicilio, cogió una escalera de mano, subió por ella al balcón, desató la faja y presentóse con ella a su superior jerárquico, el Alcalde.

Este llamó con urgencia .a Llorens, y ambos convinieron en que pos~ían un indicio de algu- na fuerza en que basar la captura del sospe- choso; tanto más en cuanto que se logró averi- guar de un establecimiento mercantil en que allí se había al último vendido dicha prenda de vestir.

Por la noche del día a que hacemos referen- cia, presentóse Vilarroig al Casino y jugó con la mayor naturalidad una partida de dominó, en la cual tomaba parte un policía disfrazado.

Este, terminado que se hubo el juego, acom- pañó al buen mozo hasta su propio domicilio, en el que una vez su dueño hubo penetrado dió a la puerta de la calle doble vuelta con llave y atrancó bien los cerrojos.

La Ronda que estaba oculta a la otra parte de la Iglesia ~ayor y la partida deNius que se escondía en la calle de San Luis, desembocaron inmediatamente por la calle Mayor, llamándoles a todos la atención el oir tres finos silbidos que surgían de la calle de las Monjas Capuchinas y tres golpes de tos que salían del balcón de la

casa que iban a cercar. '

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49 Todavía el Alcalde con sus Ministriles estaba bastante lejos, mas no así los ex-soldados car- listas, cuando de improviso oyóse el golpe seco producido en la acera recayente a la casa de Vilarroig por el peso de un cuerpo humano.

Enseguida vióse un bulto que se incorpora- ba, huyendo con velocidad, hacia la calle de las Monjas; pero por esta aparecieron cuatro al- guaciles con linternas reflectoras que dieron en pleno rostro al fugitivo, cegándole durante bre- ves instant~s, los suficientes para que todo el resto de la gente armada 10acorralase.

Vilarroig, completamente cercado, optó por resistirse a la desesperada y prorrumpiendo en descomunales voces que semejaban auIlidos, a puñetazo .limpio iba ensanchando a su ~lrede­

dor un círculo dentro del que yacían derribados oerca de una docena de hombres. Realizando sobrehumanos esfuerzos consiguióse echarle al cuello un lazo escurridizo y así llevarlo breves momentos a rastras. Pero logró levantarse y

lanz~rinfinidad de puntapiés y manotazos.

Siguiendo el mismo sistema logróse con lar- gas cuerdas formadas por anudación de unas con otras de ellas, sujetarle una manoy un pié;

y atarle por la cintura ylas piernas contra una reja.

Las inauditas contorsiones del forzudo cau-

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tivo, lograron retorcer los barrotes de 'la rejay daba tan escandalesos gritos que se le hubo de colocar una mordaza' entre los labios, sin que tres que se arriesgaron a practicar dichq.

operación salieran sanos, pues recihieron en las manos y muñecas terribles mordiscos.

Después de conferenciar extensamente Nius yel Alcalde, acerca del modo come podría ser sacado de allí d irreductible ~reso,siguiendo la i<!lea luminosa que manifestó un sargento de las fuenas aprehensoras, apiicósele a Vilarroig una escalera a lo largo del cuerpo, se le amarró contra ella, fijáronse varias cuerdas.'.a '1os ex- tremos de la misma,y así a rastras fué l'levado a lo largo de la 'calle de Zapateros, ydespués por las de Enmedio y Trinidad hasta el Llano de San Francisco, donde' s'e le desprendió de la escalera, colocándosele entre doble fila de soldados. que propinándole sen~os culatazos, le d~jaron completamente molidos todos' los huesos.

, Obligado·a confesar la participación en los delitos que se le imputaban, el famoso Nius no quiso ser muy prolijo en su interrogatorio, y una ve'/} obtenida <¡:ontestación afirmativa acerca de dicha participaeíón, ordenóle a Vilarroig qU'e se pusiera en marcha.

No bien así lo' verificó el requerido, apenas' 50

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dió dos o tres pasos adelante, recibió por la es- palda una descarga de fusilería, que le hizo caer de bruces.

Examinado seguidamente Vilárroig, se com- probó que era ya cadáver.

.

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Labor y constanda

C

INCO años llevaba

Ja~me

de ejercicio en la profesión de camarero, cuando el jo- vencito estudiante leyóle la carta en que se puso en comunicación con una casa compradora de hilo de alpargatas, y creyó ser llegado e1 mo- mento de empezar su vida mercantil, aunqup. al pronto limitándose a practicar un ensayo de sus energías.

Púsose al habla con el más acreditado de los corredores de cáñamo deId población.

Era Joaquín LIorens Marqués, conocido vul- garmente por Ximo Xatxa.

Alto, grueso, ligeramente cargado de hom- bros, sus mejiUéls estaban excesivamente colo- readas, lo cual le valió otro nuevo apodo, el de

moll de roca.

(Salmonete de roca).

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La caracter~stica del citado corredor,la cons- tituía su í'nagotable paciencia, en consorcio con una ilimitada perseverancia en el visiteo a las casas expendedoras, afanándose por mostrarse cariñoso y cortés con sus parroquianos los de- mandantes ycon las ofrecientes mujeres de los cosecheros; pues sabido es, respecto a'este últi'- mo punto que en Cast~l1ón d~ la Plana, la ,mu- jer, reina del hógar, tiene, entre otras prerroga- tivas tradicionales, las de ser ella propia quien atiende en absoluto a la administración interior de la casa; entre otrq;; procedimientos, por el importantísimo ell el orden económico de ser la tpisma' quiep se encarga de concertar comprasy gestiopar ycerrar trato en las ,ve,ntas..

Elr~JIloq~et.ede Xa~xa 10 ostentapa Llor.ens pqr, tí!ulo de herencia de. su padre.

Este,que, ad~má$ de haber ejercidota~bién

la co.rreduría, poseía el oficio de soguero, en cierta ocasión, vistióse con reluciente ropa ne- gra, toda nuevecita;, el día de Corp'us-Christi, para acompañar. e,n la procesión general a la Imagen .de.! Patr.ono de su gremio, el glorioso ProtoÍnartir del Cristianismo ~anJuqn Bautista.

Los vecinos! al verle, pasar gall.ardam~nt~,Cl

10 larg,o de la ~al1e,con tan flamante indumen- taria qu,e ademas de hacerle. ir' má~,em¡:lÍFingo-.

tadoyerguid0 que unaleg~JI1bre. de guisantes,

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de traza marcadísima se adivinaba imprimíale cierta cohibición" propensa al derrame de sudor, le preguntaban sorprendidos:

-¿Adónde vas Ximet?

-Voy a sacal'chacha (vaig a traure xatxa) de- cía, escapasándose1e expontáneamente, por su emoción y rubor,de su trabada lengua dicho exa- brupto, pues adecuadamente hablando quería decir: voya salir de hacha, (voy a la procesión, figurando en la misma llevando un gran cirio).

y con dicha frase aduiterada,e1 buen {oaquín, sentencióse a sí mismo, a figurar en adelante en el calendario de los apodados; los que tan aficionados eran a conservar y nutrir con nue- vas inscripciones los castellonenses de otras ép0cas.

Xatxa se llamó toda la vida a Ximet; Xatxa ,por igual largo periodo fué el sobrenombre de su hijo Ximo; Xatxa asimismo fué legado- de familia del nieto, a quien por alternativa con su padre también porXimet se le nombraba y el hijo, Joaquinito, .del último o sea el biznieto del patronímico porXatxeta primero y después por Xatxa ha sido reconocido entre sus cicateros paisanos.

El bueno de Xímo Xatxa ajustó para Jaime un costal de cáñamo, en el domicilio de un aco- modado-labrador de la calle de Moreras (des- 55

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pués denominada del Vicario Mayor Mosén

Ramón Sanahuja). •

Jaime, adquirió de segunda mano una rueda de hilador, y con auxilio de un niño de corta edad, llamado Tonet (Antoñico), en el desván de su casa aquél dió principio a sus opera--' ciones, soportando con gran paciencia las dis- tracciones infantiles del mellador, o sea la jo- vencita criatura encargada de dar vueltas a aquel artefacto industrial.

Cuando cinco semanas después, desde la casa de Barcelona, demandante, le escribieron parti- cipándole haber quedado satisfechos del género remitido, y abonándole por conducto del ordi- nario, que en carro, tirado por caballería, lleva- ba encargos a la capital catalana,' el importe de su trabajo, y pidiéndole un· nuevo envío, diez veces mayor que el primero, entonces fué cuan-:

do Jaime sintió avivársele el espíritu mercantil dentro de su pecho,' y concibió la idea de en- cauzar formalmente todas sus actividades hacia una profesión más importante que la de sirvien- te de café, la cual, dígase lo que se quiera, no constituirá jamás un oficio propio de hombres, por su rudimentaria sencillez y otras circuns- tancias, todas ellas en desacuerdo con el vigor varonil, que debe siempre aprestarse a luchar por la vida a base de un mayor despliegue de

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su inteligencia y mejor explotación de sus fuer- zas físicas, dejando confiados los quehaceres domésticos, los mandados, recados, limpieza de utensilios y servicios de aperitivos, lunchs y otros asuntos por el estilo a la cariñosa solici- tud y atención de mujeres, y precisamente de sirvientas que sean perfectamente honradas y decentes, para buen ejemplo de los parroquia- nos que, cegados múltiples veces por el mal hu- mor, o por sentimientos de soberbia, lascivia u holganza, suelen en multitud de ocasiones en un círculo de recreo desatar sus lenguas con procacidades, blasfemias, frases rebosadoras de impurezas, amenazas despectivas contra los de- pendientes, o falsa imputación de haberles ya pagado, las consumaciones solicitadas a los mismos.

No obstante, antes de dar el arrogante paso de cambio en su oficio, Jaime, cegado por el co- rruptor ambiente que le rodeaba, quiso probar fortuna, por una sola vez, acogiéndose al per- nicioso sistema del juego.

Poseyendo mil quinientas pesetas de caudal, arriesgó, tomando parte en diferentes posturas al monte, hasta la suma de cien duros; los cua-.

les tras diferentes jugadas, con diversas peri- pecias, unas favorables, otras contrarias, perdió completamente.

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Fué entonces, cuando formalmente, renunció a pretender hacerse rico por' semejante camino, y profesó ya definitivamente en la religión del trabajo, para atender al cultivo próspero, de los negocios de carácter económico.

Las mil pesetas que le restaban las invirtió.

en la compra de nuevo género, y sus hábiles manos, transformando el sedoso cáñamo, en relucientes madejas, dieron abasto a la magni-

f~ca oferta que recibiera con entera satisfacción de sus peticionarios.

~ .. ~ ,

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Quica, la' Queralta

L

A nueva dirección que Jaime imprimía a sus laboriosas facultades, en pro del acrecentamiento de su prosperidad económica, púsole en contacto con sus proveedores de ma- teria prima textil en el llamado arrabal viejo, o . por autonomasia grande arrabal, situado en el distrito Norte de la capital, y comprensivo de 'tres demarcaciones conocidas respectivamente con los títulos d2 arrabales de San Félix, de las Horcas y de San Roque.

Eran la casi generalidad de sus moradores personas devotísimas por la fé de Jesu-Christo;

muy perseverantes en frecuentar las funciones religiosas en los templos; obedientes y discipli- nados a las órdenes del Vicario o Coadjutor en- cargado de la feligresía de la ayuda-Parroquia 59

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delit Purísima Sangre, y tan celosísimos en ob- servar los preceptos eclesiásticos que merecie- ron todos los habitantes de aquel populoso arrabal la denominación dehijos de fraile.

Una de las solemnidades de caracter católico en que los vecinos del antiguo arrabal mostra- ban su predilección más absoluta era el día del popularytípico festejo de la Romería al Ermi- tOlio de la Magdalena.

Días antes ya se preparaban todos los avío~·

para excursionar familias enteras en carros de labranza(carros de hereuj en la mañanita de la jornada conmemorativa de la traslación de los primitivos castellonenses desde las primeras es- tribaciones de la abrupta serranía del Desier- to de las Palmas al llano feracísimo y pro- gresivo que actualmente ocupan; según testi- monio otorgado por el Rey Jaime 1 el Conque- ridor en Lérida a 8 de Septiembre de 1251, ante el notario En Guillem de Rocha, autorizando la traslación, y encargando el cumplimiento de

• dicho privilegio al Gobernador o Lugarteniente General de las comarcas beneficiadas Don Ji- meno Pérez de Arenós.

Jaime, era todos los años admitido incondi- cionalmente, y previa invitación, a concurrir con alguna de las familias del arrabal a la sim- pática peregrinación.

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la juventud le rodeaba de envidiable simpa- tía; su caracter noble y decidido, le conquista- ban admiración y confiánza ilimitada.

Cabalgaba en una magnífica jaca, lindamente ataviada, con cabezón lleno de coloreadas cin- .tas y argentinos cascabeles, mandil de reful-

gente raso y baticola de valiosísima seda.

El traje que llevaba era el de mecánico cata- lán, nuevecito y b'ríllante, de coJor azul marino, calzando zapatos acharolados en vez de alpar- gatas esparteñas como la gente del pueblo, y sustituyendo para cubrir su cabeza ancho som- brero chambergo en vez de la barretina del Principado o el altísimo pañuelo de farol reca- mado de flores con que los hortelanos cástello- nenses ceñían las sienes.

Con el mayor entendimiento y mesura en to- dos sus actos, palabras y movimientos, Jaime sabía perfectamente atender al orden y compos", tura de los convidados, cuando bajo los alga- rrobos de los alrededores del ermitorio, se efec- tuaba el suculento banquete a base de arroz y sendos tasajos de carne de volátiles y costilla de carnero, esta última sustitutoria en razón a -la índole de la festividad del imprescindible to- cino y .demás despojos del cerdo, sacrificado después de su recría en el hogar doméstico, para sazonar la comida otros días festivos 61

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del año, no de tan grande conmemoración por medio de banquetes familiares.

También con sus consejos y acertadas dispo- siciones evitaba sensibles accidentes al empren- der los vehículos su veloz regreso en desenfre- nada carrera por el camino real, y al penetrar por la gran avenida de San Roque en la pobla- ción, ofreciendo un magnífico conjunto de cas- tizo sabor el espectáculo conocido con el nom- bre d l'entrá del carros (entrada de los ca- rros).

Jaime, en una de estas coreuniones con la clase payesa de Castellón, fué cuando trabó amistad estrechísima con una santa mujer de edad madura, que fué su leal confidente y con- sejera sabia, porque con el tamiz del tiempo explotado al través de sus años, remozando con reminiscencias el destello de su memoria, pulía y refinaba el tesoro de la experiencia del joven catalán, seleccionando en la mente del mismo la serie de saludables ejemplos y nor- mas de conducta que para el porvenir le sugerían las lecciones aprovechables de sus vicisitudes y trabajos.

Aquella ejemplar labradora se llamal;>a Fran- cisca Queral, y en el trato ordinario todos la

conocían por Quica la Queralta.

Era regular de estatura, más bien baja que 62

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alta; calzaba esparteñas y largas medias de algodón color plomizo. Llevaba anchas sayas azules y blusa de percalina, con pañuelo que le cubría los hombros, confecci0nado también con el producto de la planta algodonera.

Para salir a la calle cubría su cabeza con una mantilla, dispuesta sobre un cartón que le ta- paba el peinado y sobre la espalda caíale dicho lienzo que terminaba, inferiormente en forma redondeada.

Quica era ancha de frente y de boca, del inte- rior de la cual asomaban prominentes incisivos enormes cual el resto de la dentadura; se halla- ba pues bienferrá, o sea, completamente cerra- da de dientes.

El color de la faz era moreno; los ojos pe- queños ygrises, los labios abultados, la barba pequeña y redondeada. Tal hortelana jamás manchaba su franca conversación con mentira alguna ni aún de las más inocentes.

La confianza ilimitada que inspiró a Jaime, condujo a éste en constituirla en depositaria de sus ahorros; a tal efecto hizo llevar a casa de la misma un arca de guardar ropa que en su fondo tenía un cajoncito con llave que le guar- daba la señá ~uica.Por una rendija Jaime iba arrojando cada semana una moneda de oro, bien fuese, como cd~i siempre una doblilla de 63

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cinco duros, o yá en algunas ocasiones una onza de diez y seis de los mismos.

Al cabo de año y medio de dichas tmposicio- nes pidió el mozo la llave de tan singular hucha a la QueraIta, y practicando el recuento de los fondos almacenados, vió con agradable sorpre- sa que ascendían a una suma superior a mil doscientos duros.

Con dicho capital, nuestro protagonista deci- dió establecerse como fabricante de hilo para alpargatas.

La señora Quica se deshizo en alabanza~ en pró del confiador de su prim.era fortuna, ensal- zando su poderosa fuerza de voluntad, su vir- tud ahorrativa y la conducta intachable de que adornaba todos sus actos, que eran Jignísimos y honrados en su totalidad; contribuyendo a propagar por todo el pueblo la buena fama que inspiró siempre Jaime y continUil.Ddo de este modo aquella ejemplar contellonense la m~sión

protectora en pró de lin hombre forastero, que por sus propios méritos y esfuerzos iba lo- grando victoria tras victoria en la conq)Jista del pan.

¡Sea, pues, siempre digno de encomio en la memoria de todos el nombre de .la inolvidable señora Francisca de Queral1

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Don Ramón de Campoamor

E

L año 1847, desempeñó en Castellón y su provincia el cargo de Gobernador civil el ilusfradísimo médico D. Ramón de Cam~

poamory·Campo-Ossorio.

Ponderar los reconocidos méritos de Cam- poamor en el ameno campo de las Letras,supo- ne labor ímproba que mi voluntariosa pluma no sería buena para llevarla a práctiCa. Para ello, entre otros requisitos, debería de hallarme po- seído del imprescindible deseo de tener en cons- tante tirantez mi corazófl, como dilatado per- manentemente a fuer de idolatrar a la Humani- dad así se mantenía perennemente el de aquel insigne vate autor de las sentimentales Humo- radas, de los heróicos pequeños Poemas y de 65

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las melodiosas y perpétuamente vivas Doloras, trofeo de gloria ~n que resplandecerá con luz inextinguible al través de los siglos el alma flo- riáa y perfumada de la mujer.

¡Compadezcamos al erudito Felipe Sassone, cuando en el escenario del Teatro Principal de Castellón, pueblo éste que considera a Cam- poamor, después del Rey Jaime 1 el Conqueri- dar, como a un verdadero padre, osó imbécil- mente vomitar con el mayor descaro ante nume- rosísimo y sufrido público, que D. Ramón de Campoamor era un poetavulgary ramplón con patillas de ganadero!

Vendría bien sacar a colación aquí aquella humorística cuarteta del propio vate sarcástica- mente execrado por el audaz vocinglero:

«Yo conocí a un labrador

~qué, festejando mi gloria,

»a1 borrico de su noria

~le llamaba Campoamor-

para obtener la deducción de que Sassone, en su insensata peroración, si aspiraba a ser crí- tico de Campoamor, no logró entonces, dec1a- matoriamente considerado, a merecer mayor categoría en cuanto a su labor que la del borri- co del cuento y respecto a flexibilidad discur- siva no pasó del nivel de la noria enaltecida.

La portentosa sensibilidad motriz de la reful- Q6

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gente potencia imaginativa de D. Ramón de Campoamor, encontró en el bellísimo término rQral de Castellón de la Plana, decorado pabe- llón que es a modo de fresquísima antesala del fragante jardín ibérico llamado la Huerta de Valencia, amplia exhuberanciá de flores delica- dísimas para conservarlas purísimas e inmar- cesibles al trasladarlas con el perfume del arte·

métríco a las páginas lindísimas de la Literatu- ra rimada.

y como la Belleza, madre de la elegancia y de la comodidad, se desvive por. establecer' eter- na armonía fraternal entre estas entrañables hijas suyas, así también el fecundo bardo, en reciprocidad lau.dabilísima, después de destilar el néctar de las flores para transformarlas en refinada poesía, absorbió raudales de ésta en el sobrehumano alambique de su númen poético para metamorfosearlos en una ancha, tersa y rectilínea vía de civilización, cobijada en dila- tado dosel de frondosísima arboleda de tilos, chopos y plátanos, alternados con el consorcio de agigantados olmos )- albinos álamos de ble- dana populosidad.

Frecuentador D. Ramón del Casino Antiguo, donde concurría la perla de la aristocracia cas- tellonense, ganóse desd.z el primer día allí las simpatías generales, y especialmente la admira-

ó7

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ci6n del laborioso camarero Jaime, quien arro..

gante y decidido en todas su~ empresas, no p u do menos de maravillarse ante la titánica e mpresa que conéibiera el más grande de nues- tros gobernadores, empresa que no podía me- nos que ser rápidamente terminada, pues con ser impone:n.te y grandiosa. todavía la subrepu- jaba en virtud avasalladora el corazón del poe- ta, dentro del cu al germinara.

La idea progresiva que el Sr. Campoamor, llevó a la práctica con beneplácito general y unánime fué la siguiente: Hallándose enterado de que en la Casa Capitular, se conservaban fondos de importancia, ahorrados por distintos Ayuntamientos desde tiempo inmemorial, sin rendir producto alguno, ni devengar, intereses, decretó que tal carttidad procedía se invirtiese en obras de utilidad pública, acrecentando así el prestigio de la capital, favoreciéndose los in- tereses económicos de la misma y previniendo para el porvenir posibles fraudes.

Tal era la honrada intención de un adminis- trador y artista, que deseaba salir del cumpli- miento de su gestión con manos limpias y al propio tiempo impresos en ellas los 'setíales de una labor infatigable y cultural.

Ahora bien ¿a qué atenciones habían de de- dicarse dichas sobras pecuniarias?

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No cabia menos de esperar del espíritu de O. Ramón, sino una reforma en que se diese entrada amplia al orden ya la belleza.

y tal mejora era la construcción del Camino directo al Mar, que había de ser preferentemen- te ofrecido al comercio, marcando así la base del futuro desenvolvimiento mercantil de la po- blación, hasta de entonces circunscrita a la ex- plotación agrícola con ligeras y mortecinas es- peculaciones industriales. El nuevo camino ven- dría a constituir el vestíbulo del Puerto maríti~

mo que en el porvenir indispensablemente debía de construirse.

La antigua ruta a la Playa, que la integraba la endeble soldadura de los dispersos caminos sepultados entre las sinuosidades barranquizas de las partidas de Sensal, Gumbau y Marjalería, podría seguir aprovechándose en favor de las heredades de los hortelanos de tales demarca- ciones.

y llevando sus propósitos a vías de hecho O. Ramón de Cámpoamor, usando de sus plenas y máximas facultades como Jefe Político (título que ostentaban entonces los hoy denominados Gobernadores civiles), el día 27 ·de Noviembre de 1847, convocó a sesión extraordinaria al Ayuntamiento y mayores contribuyentes en la Casa Capitular, exponiéndoles las grandes ven- 69

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tajas que resultarían a la población si se cons- truyese un camino nuevo al Grao; pues hallán- dose en muy mal estado el viejo" su recomposi- ción habría de ser costosísima.

Grandes discusiones se originaron en rela- ción con el proyecto; pero al fin logró que este prosperase el benemérito presidente, Sr. Cam- poamor, y cumpliéndose con todas las formali- dades legales, ante Notario que de ello dió fé, la Corporación Municipal entregó al Goberna- dor la suma de 160.240 reall?s de vellón, en on- zas de oro, que se guardaban en arcas desde tiempo inmemorial.

Sin entretenerse en dilaciones, procedióse con rapidez a construir la nueva vía de comunica- ción, que muy pronto quedó ultimada; desde la Torre de la p.1aya del Serradal hasta la entrada de la poplación,se estableció la carretera en irre- prochable línea perpendicular, dos simétricas filas de esbeltos, altísimos y frondosos árboles fueron erigidas, p¡;lra recreo del viandante co- bijado con el ameno frescor de la sombra, for- talecido con los efluvios vitales de la oxigena- ción del ambiente,Irecreados sus oídos con los delicados arpegios de las cantoras avecillas que entre los escondrijos de la copa de los gi- gantescos seres vegetales instalaban sus nidos y eran festejadoras de sus amorosas cuitas, a

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ambos lados del camino instaláronse paralela- mente andenes espaciosos, orlados con una ba- rrera de setos de artística entrelazadura de ra- maje y serpenteada brotación de níveas efer- vescencias.

A un kilómetro de la capital, y en el linde de la carreraza, denominada del caminás instalóse una linda glorieta, con segmentado espacio si- métrico de dos cómodas series de asientos de piedra, a uno y otro lado del camino del Mar, para descanso de los castellonenses que allí afluían paseando durante los días festivos.

Hermosísimas alquerías levantáronse en las fincas de las cercanías; y el nombre de don Ramón de Campoamor, que tanto honra al Ca- sino Antiguo, al figurar en la lista de sus mas preclaros socios, y tan dignamente fué emplea- do por nuestro protagonista Jaime al referir la magna empresa de que aquél varón perínclito fué el iniciador y el alma, ha pasado con letras de oro a las páginas de la historia de Caste- llón, como testimonio irrecusable de sus eleva- dos méritos, no ya como poeta, ni facultativo,' ni pacificador de conflictos sociales, sino para demostrar sus elevados dotes de gobernante en nuestra amantísima Patria.

* • •

El Ayuntamiento, de faus~a memoria, del que

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