• No se han encontrado resultados

Antonio Jose, músico de Castilla.pdf

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Antonio Jose, músico de Castilla.pdf"

Copied!
111
0
0

Texto completo

(1)

ANTONIO JOSE

ANTONIO JOSE

MUSICO

MUSICO

D

DE

E

CASTILLA

CASTILLA

JESUS

JESUS BARRIUBARRIUSO SO GUGUTITIERERREREZZ FERN

FERNANDANDO O GARCIA GARCIA ROROMEMERORO MI

(2)
(3)
(4)
(5)

JESUS BARRI USO GUTIERREZ

FERN ANDO GARCI A ROMERO

MIG UEL ANGEL PALA CIO S

GAROZ

ANTONIO JOSE

ANTONIO JOSE

MUSICO

MUSICO

D

DE

E

CASTILLA

CASTILLA

UNION MUSICAL ESPAÑOLA MADRID

(6)

OBRA PATROCINADA POR

EL EXCMO. AYUNTAMIENTO DE BURGOS Y LA DIRECCION GENERAL DE MUSICA

Diseño portada sob r e dibu jo

de Fortunato J ulián (1924).

© 1980. Jesús Barriuso . Fernando García . Miguel Angel Palacios Edita: Unión Musical Española, S. A.

Carrera de San Jerónimo, 26 . Madr id -14

Imprime : Gráficas Agenjo, S. A.

(7)

E

ELL

ARTISTA

ARTISTA

ANTONIO ANTONIO JJOOS ESE

(8)
(9)

Esta producción permite conocer a fondo la vida y la obra del inmortal mártir

burgalés Antonio José, por lo que aquí me limitaré a evocar noticias personales merecedoras de divulgarse, si no me equivoc o. Entre las víctimas del ambien te bélico que traté con afecto él ocupa lugar preferente, pues siempre reconocí su es-píritu humano y su bondad insuperable, además de sus méritos artísticos, y al co-nocer en Valencia, la primavera siguiente, su semioculto óbito, mi dolor espiritual apenas me dejó dormir. Me hallaba en la ciudad del Turia siguiendo al Gobierno legal como empleado del Ministerio de Trabajo, donde era redactor de temas in-ternacionales en el Boletín Oficial, pasando luego a Barcelona como funcionario público. Al imponer su régimen los sublevados y forjarse la Ley de Responsabili-dades Políticas, fui yo víctima de ello, y por adjudicarme varios delitos - e l princi-pal era el de haber hecho crítica musical en el diari o «El Socialista»- fui

traslada-do como auxiliar a una Magistratura de Trabajo barcelonesa, quedando cesante, con pérdida de todos los derechos, año y medio más tarde. Pequeñez, en suma, la implacable cesantía, comparada con el trágico fi n del llorado amigo.

Mi relación personal con Antonio José brotó de súbito, inesperadamente. Al oír por primera vez a una orquesta madrileña una composición suya, la ensalcé con

entusia smo en aquel diario político. Leída con júbilo por un intelectual burgalés, éste dio cuenta de ello al autor, quien me escribió una prolongada epístola, sin-cera y extensa en grado sumo, por comparar mi proceder con el de otros críticos madrileños idólatras de compositores elogiados con tenacidad desbordante. Lle-garon a mi biblioteca personal otras composiciones impresas que fortificaban mi

entusiasmo por Antonio José, y lo ensalcé, por añadidura, en revistas de Madrid y de Barcelona, mientras los turiferarios de la crítica guardaban silencio sobre el

artista burgalés con manifiesta tenacidad. Nuestro músico era de los que hacían , y no de los que decían que hacían; y era de los que lo hacían bien, y no de quienes repetían que lo hacían bien sin que fuese cierto, pu .es el grosero materialismo de éstos contrastaba con la firme espiritualidad de aquél. Insistiendo yo posteriormente

sobre esos temas musicales r eferidos ahora en los recortes de mi colaboración, la-menté que se guardara un silencio sospechoso en torno a su obra como

(10)

de nuestras fronteras . Tras el silencio de más de cuarenta años impuesto por la Superioridad, resurge aquella creación gloriosamente.

* * *

Ateniéndome a lo meramente personal, presentaré aquí en tres tríos algunos rasgos que afectan a mi amistad con Antonio José, relacionándolos sucesivamen-te con lo geográfico, lo documental y lo crítico.

Sólo en tres encuentros logré hablar con él en vez de escribirle, y cada vez en una ciudad distante de las otras. Estreché sus manos y le abracé cordialísimamente en Burgos, el mes de abril de 1932, pues fuí allí, por invitación expresa del com-positor y director del Orfeón local, para dar una conferencia sobre la tonadilla es-cénica, sus compositores y sus intérpret es más significati vos, tocando al piano varias transcripciones de ese antiguo repertorio, tras lo cual el Orfeón, en obsequio a mí, interpretó obras de Mozart, Haendel, Antonio José, Otaño, Beobide y otros, siendo inolvidable aquella fiesta sonora en el Teatro Principal.

Nos encontramos en Madrid al correr el mes de noviembre de 1934, porque la Orquesta dirigida por el Maestro Arbós estrenó entonces, en el Monumental Cine-ma, el «Preludio» y la «Danza p o p u l a r » de la ópera que, con letra de Fernán dez Núñez y de Lope Mateo y con el título de «El mozo de mulas », había puesto mú-sica Antonio José. Esa producción fue muy aplaudida, pero no la pude comentar en «El Socialista », porque este diario dejó de publicarse muy poco antes de impo-nerlo así el Gobierno de la Ceda. El compositor pasó entonces largas horas en mi hogar chamberilero tocando en mi piano varias .producciones suyas.

El tercer encuentro acaeció el mes de abril de 1936 en Barcelona, por celebrar-se aquí un famoso Congreso Internacional de las Sociedades de Musicología y de Música Contemporánea. Allí se habían reunido altas personalidades de muy varia-dos países y lo folklórico tuvo un relevante poder con especial júbilo de tan gran amigo, leyéndose comunicaciones de insignes participantes extranjeros y otras del Padre Otaño, Joaquín Turina, Comado del Campo y la que Antonio José llevaba escrita con el título «La canción popular burgalesa », trazada en bella acicalada pro-sa al mismo tiempo que viva y penetrante. Se lamentó de que, desde años atrás, siguiera inédita la obra suya premiada en el concurso nacional de 1932, y formu-laron el deseo de que las autoridades burgalesas diesen a la pública luz esa mag-nífica obra de tan consciente recopilador. El y yo fuimos unos amigos inseparables en tan gratas jornadas por las calles de mi ciudad natal y una tarde nos detuvimos ante la fachada del hogar donde había venido al mundo casi medio siglo antes.

Pasando aquí de lo geográfico a lo documental, surge al punto la evocación de tres aspectos inolvidables. Mi copiosa biblioteca musical cede a Antonio José un lugar señalado, destacándose aquí el autógrafo de su «Himno a Castilla » en el

(11)

srcinal para seis voces y en su versión para una voz y el acompañamiento pianís-tico. Mi archivo epistolar, nutrido selectivamente desde hace unos sesenta años, conserva las cartas confidenciales de alto valor autobiográfico y psicológico que acumulan valiosos rasgos de su vida íntima. Aquella que inici ó nues tro diál ogo epistolar declaró textualmente: Yo so y muy tieso y jamás he pedido un favor de bombo a nadie ni he llamado «maestros» a los que no lo son. Tras el Congreso musicológico de Barcelona fue a las Baleares antes de regresar a Burgos, y una postal que me remitió desde Soller a mi domicilio de Madrid decía escuetamente: Ac ab o de visi tar e n Valldemosa la celda que habitó Chopin, y con la misma

emo-ción que aún me dura le envía un abrazo cariñ osísi mo Antonio José. Recu erdo s a su esposa.

En el aspecto fotográfico poseo grupos de personas hechos en Burgos y en Cataluña, donde los dos estamo s bien visible s junto a personalidades y amigos. Una individual fotografía suya ocupa el centro de un cuadro, escoltándolo otras dedicadas a mí: la de Joaquín Turina y la de Julio Gómez, ambos consuegros, com-positores, catedráticos del Conservatorio y académicos de Bellas Artes, cuya me-moria conservo con cariño justificadamente.

Por otra parte, las dedicatorias de sus producciones tienen a veces una encan-tadora sencillez, lejana de la vanidad y de la adulación. Algu na, mu y extensa y provista de un tema musical, recoge datos de carácter histórico.

En cuanto a las declaraciones críticas, repro ducir é tres juici os que se pueden leer en letras de imprenta con las firmas autógrafas de sus autores. El amante de la música española Maurice Ravel declaró: Antonio José llegará a ser el gran mú-sico español d e nuestro siglo. El gran folklo rista del sefardismo literario musical Alberto Hemsi declaró: Llorar hoy a Antonio José es un deber de todo esp año l por la inmensa pérdida para España y el mundo musical de tan raro genio. Y el fir-mante de est e prólogo emotiva mente: Agrupa tres I la creación de Antonio José: un Idealismo que des deña todo lo vulgar, una Inspi ració n que asoc ió la juventud poética con el encanto sugestivo y una Independencia que rechazó las fáciles

maes-trías rutinarias y los frágiles modernismos pasaj eros.

* *

*

Finalizará este prólogo con unas consideraciones dignas de nota. En general amenguan el interés por las obras del músico burgalés diversas causas . Una, la prohibición legal de interpretar obras suyas tras el asesinato deplorable. Otra, por el hecho de figurar el autor con dos nombres de pila y sin apellidos familiares. El se llamaba Antonio José Martínez Palacios. Según las esquelas mortuorias que guarda mi archivo, su padre, don Rafael Martínez Calvo, falleció a los 57 años de edad, el 28 de noviembre de 1933, y su madre, doña Angela Palacios Berzosa, fa-lleció a los 66 años, el 27 de febrero de 1936. Ese matrimonio, según aquellas

(12)

es-quelas, tenía dos hijos , a saber : el maestro nacional de escuela en P r adoluengo, y el director del Orfeón Burgalés, llamados respectivamente Julio y Antonio José.

Diccionarios, catálogos , historias y otras publicaciones dedicadas a la difusión de la música española suelen om itir el nombre del admirado Antonio José , y algu-nas lo mencionan a veces de un modo confuso o equívoco. Citaremos tan sólo algunas que bajo tal aspecto se preocuparon de él.

El reciente volumen « Apéndice» publicado por el Archivo Sinfónico de la So -ciedad General de Autores inserta las líneas que aquí se reproducen literalmente: «Martínez Palacio, Antonio-José. Evocaciones (Flautín) 1.1. (c.i), 2. (c.b.), 2.-4.3.3.1.

Sinfonía Castellana (Flautín), 2.2. (c.i .), 2. (c.b.), 2. (c.f.), 4.3.3.1.-Timb., Timbres, Perc., Cuerda. Suite ingenua «cuerda y piano». Esta mención figura en la Sección titulada «Obras del Archivo Sinfónico por orden alfabético de autores », lo cual de -muestra que nuestro compositor aparecía destacado por el apellido, poniendo a continuación en tipo menor los nombres de pila con que se le conoce .

El «Diccionario de la Música Labo r», editado en dos volúmenes , fue iniciado por Joaquín Pena y continuado por Higinio Anglés con la colaboración de varios musicólogos españoles (año 1954). Menciona a nuestro artista en la página 83, que dice así: «ANTONIO , A. José. Ver Martíne z, Antonio José». Y la página 1485 al-fabéticamente lo podr ía citar entre un Mart ínez Oyanguren y un Martínez de la Roca, pero se olvidó de poner el apellido a pesar de la referencia an terior, con lo cual siguió oculta su anunciada biograf ía. Hasta después de muerto seguía persiguién-dole la desgracia a tan gran músico .

En diarios, revistas y libros evocó Sub irá los indiscutibles mér itos de nuestro artista. Se destaca su «H i storia de la música española e hispanoamericana » (año

1953), donde se lee: En su fecunda producción demostró un esp í ritu elevado, una inspiración sostenida y una técnica depuradísima . Aparecen allí dos grabados: el de Antonio José con los intérpretes del Orfeón Burgalés y un facsímil autógrafo

de su «Himno a Castillo». Traducido este libro al idioma alemán, se publicó en 1957, y como el traductor creía que José era el apellido y Antonio era el nombre de pila, el índice onomástico expone alterado el orden de esas dos palabras .

Es otra obra de Subirá una «Historia de la Música », la cual tuvo tres ediciones, en dos tomos las dos primeras y en cuatro la última, del año 1958. Menciónase aquí en varios lugares a nuestro artista y se puntualiza que su óbito acaeció antes de cumplir treintaitrés años su joven edad. En esas páginas se puede ver un mag-nífico retrato del compositor y un autógrafo suyo, comienzo de un romance mu -sical cuyo primer verso dice Sagrada Virgen María.

Elaborado todo lo expuesto con devoción suma, aquí finaliz a este prólogo que rectifica errores y prodiga novedades cuyo autor es el antoniojoseísta .

(13)

PRESENTACION PRESENTACION

(14)
(15)

Anto nio José es, ante todo, uno de los grandes desconocidos de la cultura de nuestro siglo. Y sin embargo, es el músico castellano que mejor ha sabido reco -ger y recrear lo más granado, hermoso y esencial del folklore de su tierra burga -lesa. Nacido al mismo tiempo que Rafael Alber ti, tres años ant es que Ernesto Halffter y cuatro después que Federico García Lorca, es el descubridor por anto-nomasia de la canción popular para toda una generación ahogada y desperdigada por la guerra civil española.

Se imponía su recuperación, la de su obra y la del hombre que la alumbrara y diera forma , más allá del certero aldabonazo , hace ya unos cuantos años , en las páginas de un revista prestigiosa. Antonio José, músico folklorista , transmisor de tradiciones profundas de su pueblo, fue también compositor de vanguardia,

crea-dor de cultura en el tiempo histórico presidido por las ideas transformadoras de la República de 1931. Doble vertiente la suya sumergida en el silencio desde el mo

-mento mismo de su muerte -fusilado en la zona nacionalista en las primeras se-manas del alzamiento militar- como severa maldición contra él mismo y contra

las generaciones que han seguido a aquel trágico desmantelamiento .

Presentamos este libro dividido en dos partes, por lo demás inseparables . Com-puesto en base a una estructura sumamente asequible, prima de manera

incues-tionable la parte musical, como corresponde a la figura señera de su protagonista. La primera parte comprende una biografía suficiente, necesaria y nunca antes expuesta, « An to ni o José ( 902-1936), un castellano a recuperar con urgencia », a

fin de contemplar al músico burgalés en sus reales dimensiones, como concreción humana, fruto distinguido de una época y un contexto social y político en el que, al igual que tantos otros, vivió, luchó y pereció.

Con la reproducción d el artículo «Coplas sefardíes», uno de los más significa-tivos salidos de su pluma, le ofrecemos una nueva plataforma para que al cabo de los años nos siga mostrando a todos el filum o trama del devenir de la canción

(16)

popular y la nada gratuita riqueza de sus raíces, terreno éste en el que el autor del «Himno a Castilla » y de la óper a «El moz o de mulas» supo moverse como pez en el agua.

«Palabras en un homenaje » es un texto capital para penetrar en sus concep-ciones artísticas. No sólo por los temas que en él desarrolla, sino también por estar

construido para ser leido _ con motivo de un banquete _ un par de meses antes de la contienda civil y en un ambiente en el que algunos arrecian la hostilidad ha -cia su persona y en él mismo la decepción y el desaliento . Distinguirá el lector en dicho texto dos partes o sentimientos bien diferenciados: por un lado, la soltura, el entusiasmo cuando habla de la belleza, del arte, de la canción popular, dibujando con ellos una filosofía sublime y alegre; por otro, la amarga queja ante la

incom-prensión de sus proyectos de elevación de las gentes mediante la cultura, que es-trangula su trabajo, sus anhelos y su visión progresista de las cosas.

Un «Epílogo» nos aproxima en este primer volumen a esa concepción del mun-do mediante una glosa de los temas de un manuscrito elaborado poco tiempo des-pués de haberse hecho cargo de la dirección del Orfeón Burgalés.

Nuestra aportación se complementa con fotografías - las que ilustran el Can

-cionero fueron realizadas por el propio Antoni o José-, facsímiles de documentos y cartas que clarifi can las circu nsta ncia s de su muert e, así como una sencilla si

-nopsis biográfica para facilitar una rápida consulta .

La segunda parte es fundamentalmente musical, con la transcripción íntegra

- música y texto - de la hasta ahora inédita «Colección de cantos populares bur-galeses» (Premio Nacional de Música en 1932). Junto a nuestro análisis, «La obra folklorista de Antonio José», y respetando la función para la que fueron concebi -das, incluimos también «La canción popular burgalesa», comunicación presentada por Antonio Jesé al III C ongreso de Musicolog ía (Barcelona, abril de 1936), así

como una «Introducción» o recensión de la misma leida luego en Burgos ante un público no especialista, suficiente muestrario en suma de los afanes del ilustre cas-tellano.

Además, un mapa distributivo y un cuadro sistemático de las canciones po r él recogidas en la provincia de Burgos, con el correspon diente comentario.

Por último , debemos manifestar nuestro agradecimiento a todas aquellas per

-sonas que nos han ayudado en la realización del libro que hoy presentamos: Angel Manuel Ruera, Emilia y Concha Sidar, José Subirá (*), Fernando Martínez-Burgos

(*) El lector . que habrá tenido oportunidad de conocer el excelente prólogo « El a rt ista Anton io J o

sé», escrito a nuestro requerimiento po r el eminente y recientemente fallecido José Subirá, amigo perso

-nal del músico burgalés. comprenderá q ue nuestro agradecimiento sea, en este caso, po r doble motivo . José Subirá (1882-1980) es una de las grandes figuras de la musicologia de nuestro siglo, sin cuya aporta

-ción resultaría imposible conocer una parte fundamental de la cultura española contemporánea . Hasta sus últimos días -acaba de fallecer el pasado 7 d e enero, a los 97 años-. Subirá ha mantenido vivo el

(17)
(18)
(19)

ANTONIO

ANTONIO JOSE JOSE

(1902-1936),

(1902-1936),

U

UNN CASTELLANO CASTELLANO

A

(20)
(21)

«I gual que el ballestero tahúr de la cantiga, tuviera una saeta el hombre ibero para el Señor que apedreó la espiga

y malogró los frutos otoñales,

y un gloria a ti para el Señor que grana centenos y trigales que el pan bendito le darán mañan a (...)» (Antonio Machado. «Campos de Castilla»,

(22)
(23)

Una serie de dificultades han impedido que este libro viera la luz hace cerca

de tres años , coincidiendo con el cuarenta aniversario de la muerte de Antonio

José, acaecida en octubre de 1936. Estamos de acuerdo con el historiador francés

Pierre Vilar en que esta clase de conmemoraciones encierran al menos la ventaja

de recordarnos que los hombres, las obras y los hechos sociales tienen una fecha

y que no cobran todo su sentido más que en el corazón de la historia. En el caso

de Antonio José concitan un momento crucial de la nuestra: la guerra civil.

Y sin embargo, tales dificultades han abier to un período suplementario de

tiempo durante el cual, gozosamente, hemos tenido oportunidad de hacer acopio

de nuevos materiales, algunos ciertamente insospechados, con los que en

defini-tiva y de forma sustancial creemos haber mejorado el trabajo que hoy presentamos.

Vaya, pues, lo uno por lo otro.

Derrumbados ya tantos pies forzados acerca de nuestro acontecer reciente, la reivindicación que proponemos en torno a·la figura del insigne compositor

burga-lés, lejos de pretender una especie de ceremonia masoquista sobre su ejecución en el montecillo de Estépar, lejos también de una torpe e innecesaria propuesta de

revancha, quiere ser por el contrario una operación de búsqueda de los datos del

quehacer fundamental encarnado por Antonio José, por un período de nuestra historia y unos hombres que reconocemos nuestros. Que son nuestros . A fines de

1971, Santiago Rodríguez Santerbás publicaba un interesante artículo (1) en cuyo

emocionado epílogo hacía votos por la pronta recuperación de este magnífico

ex-ponente de la cultura castellana y española, tan injustamente olvidado . Casi ocho

años han transcurrido y todavía nos resentimos de la falta de una estrategia que

alcance ese objetivo.

La pesada losa de silencio arrojada un día sobre Antonio José sigue esperando

(1) Santiago Rodrí guez Santerb ás. «En busca de un músico perdido . Antonio José». «Tr i un f o», N.o 482, pp. 24-29. 25 de diciembre de 1971.

(24)

que algui en acuda a removerla. Hora es ya de hacerlo con el esfuerzo de todos aquellos que le necesitamos, como a tantos hombres y mujeres , sus vivencias y

enseñanzas todavía no aplicadas, su quehacer total , que nos ayuden en la cons

-trucción de un futuro colectivo . En la cosmogonía popula r, el maestro burgalés

representa ante todo una de las numerosas víctimas de nuestra guerra civil. El

res-to de su vida y res-toda su actividad creadora han quedado ahogadas por el terrible

impacto de su trágica muerte, formando un extraño amasijo de contenidos

míti-cos y pretendidas realidades en ocasiones confusas. A su alrededor, estos cuarenta

años largos han producido también oscuridad y referencia inconcreta. Cierto que

el mito, en éste como en otros casos extremos, ha oficiado de recurso o

expe-diente primario de defensa de los supervivientes de una calamidad histórica que,

aun en nuestros días, siguen mostrándose temerosos a transpasar el umbral que

separa la confidencia de la seria investigación. Silencio que nos ha hurtado el

co-nocimiento verdadero del hombre y de su obra. Todo ello, para mayor desgracia ,

ha contribuido a alejarlo todavía más de quienes lo celebraron en vida, a la vez

que ha condenado a las nuevas generaciones al casi total desconocimiento de la

existencia misma del gran compositor y folklorista que, por derecho propio y sin retórica al uso, merece figurar entre los grandes creadores y difusores de cultura

de nuestro siglo. II

Antonio José Martínez Palacios nace en Burgos el12 de diciembre de 1902 . Su

padre, Rafael Martínez Calvo, excelente artesano, es maestro confitero de laRojilla ,

nombre con el que toda la ciudad conoce el establecimiento que la familia Lastra

posee en un pasaje de la Plaza Mayor. Su madre, Angela Palacios Berzosa,

pro-cede de una familia de agricu ltores de Ibeas de Juarr os, localidad próxima a la

capital. Todos coinciden en asegurar que la sencillez, la cordialidad y la

campe-chanía constituyen los rasgos humanos más sobresalientes de esta pareja que ha

-bita en el número 21 de la calle de Sombrerería , vieja rúa gremial que tiempo atrás

lo fuera de los panaderos . Virtudes a su vez presentes en la vida del propio

Anto-nio José y en la de su hermano Julio , nacido en 1899. Ambos orientarán su

exis-tencia hacia actividades bien distintas de las tradicionales en su casa: el

primogé-nito será maestro de escuela pública y periodista; Antonio José, desde mu y niño, mostrará un especial fervor por la música. Los dos , en fin, encontrarán un día la

muerte en idénticas circunstancias.

En 1909, no cumplidos aun los siete años, Antonio José acude a las Escuelas

de San Lorenzo (2). Se imparte en ellas una educación tradicional; una educación

(2) Las Escuelas de San Loren zo, junto a la parroqu ia del mismo nombre , estaban instaladas en el

viejo caserón en el que algú n tiempo después tendrá su sede precisamente el Orfeón Burgalés, del que ser á director Antonio José entre 1929 y 1936.

(25)

con la que tantos se sintieron luego insatisfechos al recordarla, como e l propio

Antonio José, con un comentario de protesta del tiempo perdido. Apenas sabe

-mos de los éxitos escolares del pequeño, y no obstante, uno de aquellos instruc

-tores será decisivo en la vida del futuro Premio Nacional de Música . Se trata de

Julián García Blanco, seminarista en San Jerónimo y destacado organi sta . Su

amistad con la familia y y las dotes que observa en el muchacho le inclinan a iniciar

-le en el solfeo, el piano y ' el órgano. Estos pr imeros pasos y su participación en

algunas funciones parroquiales o en la escolanía del Círculo Catól ico acrecientan

de tal manera su interés que, aun antes de haber abandonado la escuela, la mú

-sica ocupa ya la mayor parte del tiempo del hijo del maestro confitero .

Tan viva es la vocación que sus padres le proporcionan unas clases con José

Ma r ía Beobide , maestro organis ta, descubridor y protector de Antonio José, a quien años más tarde cons iderará su d i scípulo aventajado . Con él cruza el umbral

de la composición. A los doce años, en 1915 , crea su pr imera obra, «Cazadores de Chic l ana»; obra menor sin duda , pero exponente de sus b ien aprovechados pri

-meros estudios. A partir de 1917 únicamente se dedica a la música. Su capacidad

de asimilación y creación sorprende a todos y cuando cumple los dieciocho años

pasa por ser un autor singular : más de setenta títulos -algunos de calidad , con

sello propio , con ese sello tan característico de toda su pr oducc ión poste r ior

-nos colocan ante un virtuoso que -nos anuncia una gran promesa de la música.

Como a tantos otros , los límites de una ciudad de pro vincia agot an pronto

las expectativas del joven . Espíritu inquieto, precisa de mejores pagos , de hor izon

-tes más sugestivos y generosos que sus paisanos no están en condiciones de po

-der ofrecer. Antonio José comienza ahora una gran aventura , una ambiciosa

búsqueda de instrumentos de cultura -la suya a través de la música - que llene

esa inagotable disposición tan tempranamente mostrada y que ya no se detendrá.

Sín embargo , no todo fue impotencia en aquella ciudad castellana de alrededor

de 30.000 habitantes . Reconocida por algunos su capacidad, la Diputación Pro

-vincial le concede una beca de estudios para un período de cuatro años en Ma

-drid. Entre los papeles conservados descubrimos una carta que el joven burgalés

envía, en el otoño de 1920, a Emilio Vega, director de la Banda de Alabarderos .

Creo que den t ro de poco tendré el honor de poderle llamar m i maestro, escribe

anunciándole su próximo traslado . No parece haber sido el único contacto entre

ambos y , si bien no poseemos demasiados datos sobre estos años de la vida del

músico burgalés, es muy probable que nos hallemos ante el primer p r ofesor de

su estancia en Madrid, entre 1920 y 1924 (3).

(3) Emilio Vega (1877-1943) f ue u no de los más prestigiosos directores de la Banda de Alabarde

-r os. También lo f ue Bartolomé Pér ez Casas (1873-1956), luego director de la Or questa Filarmónica y,

desde 1939, de la Or questa Nacio nal, f usión de aquélla con la Sinfónica d ir igida hasta el fi nal de la

guerra civil por Enrique Fernández Ar bós (1863-19391. Am bos aparecen ligados var ias veces a la vida

(26)
(27)

II

En efecto, un primer acercamiento a la figura de Antonio José nos hizo conve-nir con nuestro amigo Santiago Rodríguez Santerbás en la dificultad de establecer una secuencia más o menos rigurosa en estos años iniciales de la década de los veinte. ElEl hecho de no poder confirmar todavía el magisterio de Emilio Vega nos indica que siguen ocultos ciertos eslabones que recompongan aquella andanza.

Sabemos que en estos años combina sus estudios con trabajos que le propor-cionan un suplemento a esa ayuda económica que le lleva a Madrid y que mu y pronto resultó corta. Le encontramos al frente de alguna orquesta lírica o interpre-tando pequeñas piezas frívolas, a veces creadas por él mismo, en las sesiones de un cinematógrafo todavía mudo. En ocasiones se le ve dedicado al oficio de co-pista. De esta época data, por ejemplo, un famoso incidente, absolutamente in-cruento, que llevó a enfrentarle, por mor de su celo profesional, nada más y nada menos que con el maestro Jacinto Guerrero, pontifex maximus de una música en la que hacía estragos la zarzuela, género calificado de ramplón y zafio por Anto-nio José, en un juicio a nuestro entender sumamente exagerado, y cuyo desenla-ce parece haberle dejado en mu y buen lugar ante sus compañeros de profesión.

No hace mucho tiempo, en el programa de Radio Nacional de España «Episo-dios nacionales de café», Rafael Flórez dedicaba una sesión al músico burgalés in-troduciéndole en el ambiente cultural del Madrid de la época. Aunque los datos que aporta -salvo los que inequívocamente proceden de Rodríguez Santerbás-son muy poco fiables , tienen al menos la verosimilitud suficiente como para ima-ginar que Antonio José bien pudo moverse en unos círculos casi tópicos. Por eso mismo quizá merezca la pena citar aquí algunos: el joven músico habría ocupado el cargo de director de orquesta —director concertador — en el Teatro Apolo; a buen seguro que asistiría a las tertu lias del Café Regina, donde se daban cita Valle-Inclán, Manuel Azaña , Rivas Cherif, Francisco Galicia y García Bilbao, y más esporád icamente Raf ael Alberti, Federico García Lorca, Gregorio Prieto y Salva-dor Dalí; también acudiría a aquellas otras de la Granja del Henar y del Café de San -ta Bárbara, este último cerca de la Sociedad de Autores y actualmente

conver-tido en pu b. Según Flórez, a muchos de estos intelectuales y artistas habría teni-do ocasión de conocerlos en la Residencia de Estudiantes de la calle del Pinar,

foco de cultura con el que Antonio José no fue nunca aje no. Buscador infatigabl e de libros, en las casetas de la Cuesta de Moyano, y siempre siguiendo al realizador de dicho programa radiofónico, habría conocido un día a Pío Baroja, al ser presen-tados por un librero de la zona.

Antoni o José aprovecha bien estos años. En 1921 compone su «Sonata caste-llana», obra para piano que constituye la base de la «Sinfonía castellana » que cul-minará dos años después . Dedicada a sus padres, esta sinfonía consta de cuatro movimientos, «El campo», «Paisaje de atardecer», « Nocturno » y «Danza

(28)

burgale-sa», y en algunos de sus escritos y cartas el autor se queja de un posible extravío . Lo cierto es que actualmente hemos podido contemplar un ejemplo autógrafo de su «Sinfonía castellana» en el Archivo Sinfónico de la Sociedad General de Auto-res de España, junto a otros de la «Suite ingen ua» y de «Evocaciones» para or -questa.

También en 1921 Antonio José, a sus diecinueve años , logra en un concurso el primer premio , y único, con una composición que nadie parece conocer su títu -lo, aunque mu y probablemente, a nuestro juicio , se trata de «Poema de la juven-tud », obra publicada dos años más tarde. De esta forma va dándose a conocer y ya es segura su presencia en aquellos círculos culturales y la amistad con artistas e intelectuales de prestigio : la casa de su paisano Regino Sáinz de la Maza también ha sido el lugar de encuentro con algunas grandes figuras , entre las cuales cabe destacar a García Lorca y al prestigio crítico Adolfo Salazar , con quien mantendrá luego una continua relación.

En 1924, al tiempo que compone su «Danza de bufones », comienza la publica-ción de sus obras. Firma entonc es un contrato con Unión Musica l Española por

el que vende para su publicación «Poema de la juventud », las tres «Danzas burga -lesas» para piano y la «Danza burgalesa final» ya citada.

El servicio militar lo lleva de nuevo a Burgos . No por ello abandona sus que -haceres. En efecto , el 20 de noviembre de 1924 , fiesta de santa Cecilia, acude a la localidad santanderina de Comillas -con p ermiso especialísimo, según escr ibe lue

-go a su amigo Emiliano Artiz - invitado a dirigir el estreno de su «Danza burgale-sa númer o 3». Una coral de más de cien voces , un órgano y dos pianos interpre -tan con éxito una composición que se codea en cartelera con otras de Wagner , Haendel, Brahms y Rimsky-Korsakov. Todavía más, ese mismo día y a la misma hora, la Coral de Bilbao ejecuta esa composición de Antonio José ante el público del Bocho. Por todas partes llueven elogios para este delfín de la música española, como lo llamase Sáinz de la Maza, aquel para quien compondrá un día «Sonata para guitarra».

Trabajador incan sable, asienta con firmeza su vocación por la música de raíz popular castellana, más concretame nte burgalesa. Prestigio bien ganado que mue -ve al Ayuntamiento de Burgos a concederle una ayuda pecuniaria para residir en París durante los veranos de 1925 y 1926 - dos veranos, y no dos años completos como en alguna parte se ha dicho - , situándose de este modo en unas

condicio-nes óptimas para captar en todo su sentido el gran florecimiento vanguardista de la música europea. Con una actitud sumamente abierta y receptiva , sin prejuicios de ninguna clase, entre en un mundo nuevo y se hace con todos los planteam ien

-tos y técnicas innovadoras del momento , tan magníficas y tan decisivas . Testigo excepcional, conoce las polémicas entre tonalismo y atonalismo , la evolución del nacionalismo musical (Bartok, Dvorak , el andaluz Falla) o los celebrados frutos del

(29)

impresionismo (Debussy, Ravel) y el politonalismo de Stravinsky. Un peculiar auto -didactismo, una de las constantes de su vida, le permite operar como si de una esponja se tratara, aunque ello no constituya obstáculo para aplicar un riguroso filtro crítico, respetando ocas ionales magisterios sin convertirse nunca en alumno de nadie. A muchos admira; de todos extrae emoc ione s y enseñanzas . Fenó -meno poco corriente , huye del prejuicio de escuela y , sobre todo, de la beatería.

An to nio José define así su personalidad en una dimensión de apertura intelectual , de actitud crítica y progresista y de asimilación nada superficial de las cosas .

Tampoco cae por eso en una fácil eclecticismo. Al contrario , su propio esfuerzo construye un estilo y un proyecto sumamente personales .

Estamos en condiciones de poder afirmar que ha sido, sin duda, uno de los pri-meros españoles en conocer, de forma directa, todo lo que de novedoso circula -ba entonces por Europa y que con tanta frecuencia llega luego tarde y desacom -pasado a nuestro país. El joven burgalés aprovechó aquellos veranos busca ndo aquí y allá todo lo que pudiera interesarle . Son descubr imiento s que, desde su atalaya de Par ís, convierte a veces en artículos periodísticos en los que da cuenta de algunos de esos felices encuentros . «Un nuevo instrume nto musical», «El a rte de dirigi r» o «Borís Godunov» son ejemplos de tal vocación (4): la de participar a los demás el valor de sus hallazgos. El mismo, enriquecido, se dispone luego a aplicar a su trabajo, a su propio método , lo que su inquietud y exigencia le dicen que habrá de contribuir a la obra bella y acabada.

III

En 1925, Antonio José, a través de las gestiones realizadas por su maestro José María BeobideMúsica del Colegio de San Estanislao,, recibe el ofrecimiento de ocupar en el barrio malagueño de Miraflores de la plaza de profeso r de

El Palo. Centro famoso donde se educara a f ines del siglo pasado José Ortega y Gasset, y tantos otros miembros de las familias conservadoras de la época, es regentado por la Compañía de Jesús, que precisa enton ces reforzar su cuadro doce nte con una figura cuyos méritos son ya conoc idos, capaz de impart ir la cultura musical que siempre ha acompañado a ese tipo de élites. Indudable -mente aquel trabajo le proporciona una cierta estabilidad económica, el desahogo suficiente para enfrentarse al estudio y la labor de creaci ón. Su etapa en Málaga no estará exenta, sin embargo, de incidentes y contratiempos de mayor o menor cuantía con quienes le han contr atad o ; Alfredo Mediavilla, uno de los amigos más allegados del maestro burgalés, y fallecido recientemente , hermano de Con -suelo, según algunos la mujer con la que probablemente se hubiera casado algún día Antonio José, nos ha relatado anécdotas como aquella en la que el prestigioso profesor de El Palo rehusó formar parte de una cierta escenografía preparada

(30)

Antonio José acompañado de su maestro José María Beobide, en un rincón del Paseo de

(31)

en el colegio para las visitas ilustres. Así, con motivo de la presencia en San

Es-tanislao de la reina Victoria Eugenia, Antonio José se retira a trabajar a su habi-tación, previo forcejeo verbal con la dirección del centro. Con tal fortuna que las

simples nota s de su órgano muev en la curiosidad de tan dist ingu ida visi tante

que no duda un instante en llevar hacia él el acostumbrado cortejo para felicitar a

quien de este modo deleitaba sus oídos con algunas improvisadas melodías.

Cuatro años permaneció en Málaga. Período de tiempo que va a permitirle

concebir algunas de sus obras más significativas. Sin duda, la época más fecunda

del músico burgalés. Allí escribe su «Danza burgalesa número 4», la última de la

serie. En 1927 se presenta a un nuevo concurso, esta vez con «Sonata gallega»,

obra que le proporciona otro primero y único premio y que, sin embargo, como manifestará a su buen amigo José Subirá, es una de las que con más mala som-bra ha venido al mundo.

El mismo cuenta cómo se había organizado en Galicia un concurso de sonatas

a fin de lograr algo serio que corriera el universo pregonando la música de la

tie-rra. Para dar mayor autoridad al fallo se nombró un tribunal en Madrid. Pero a la

hora de descubrir la plica de la composición gana dora , ¡oh, desilusión!, relata An ton io José, se encuentran con un autor que no es gallego. Tras de eso se

acu-mulan los agravantes. Antonio José es un chico joven, descon ocido cas i. Es bur-galés; la Sonata está escrita en Málaga (1); no ha visto nunca Galicia; no hay en la sonata ni una mala muñe ira, y así lo mismo puede ser la obra gallega que tiro-lesa (".) . El ambiente se enfría rápidamente. Se comunica escuetamente el fallo,

pasa el tiempo y, a pesar de los requerimientos del autor, los organizadores del con-curso se niegan una y otra vez a editar la obra. Sólo dos años desp ués, tras muchas

hostilidades y penosas gestiones, Antonio José logrará su publicación en Unión Musical Española.

Al menos al principio, se adapta bastante bien al ambiente malagueño. Estima la tranquilidad paradisíaca de enton ces, y particu larmente esa luz medite rránea influyendo, confiesa, en mi ref lexión y que me dan una fue rza y una fijeza ima-ginativa enorme. Trabaja intensamente; a veces se da grandes atracones leyendo

partituras, como si de novelas se tratara. No cree demasiado en otras

inspira-ciones que las que se deducen de la dedicación constante y 'la virtud puramente

intelectual: ha y que estrujarse aquí, sentenciaba a menudo señalando la cabeza.

Conferencia s, colabor aciones en la prensa local y regional, incluso en la de su

lejana tierra burgalesa, y alguna ocasional participación en los primeros programas

culturales de Radio Málaga constituyen el complemento de su labor creadora (5). (5) «De arte y de artistas » (dedicado a Beobidel yy «Dos curiosa s noticias musicales» son algunas de estas colaboraciones publicadas en «Diario de Burgos», respectivamente el 4 yy el 23 de noviembre de 1927.

(32)
(33)

Pasa grandes temporadas encerrado en su estudio sin apenas recurrir a los largos paseos que tanto le gustar on siempre. Pero esos encierro s tien en como conse-cuencia frutos muchas veces maravillosos. Un día anuncia a unos amigos la termi-nación de diez composicio nes nuevas para canto y piano con las que proyecta un libro de canciones para niños de alrededor de ochenta páginas de música .

Sin duda nos hallamos ante uno de sus trabajos más hermosos y que mayor

alegría pudieron darle. Sabemos que llegó a ilusio narse mucho con aquella idea . Dirá entonces: De esas diez composiciones, nueve son para el libro que preparo

(...) Estoy contentísimo con mi trabajo, y creo que nunc a ha escrito cosa más linda. Y tampoco me había percatado hasta ahora de la dificultad de hacer can-ciones para niños con arte. No obstante , y aunque es cierto que todas estas pie-zas -«Verde verderol», «El piojo y la pulga», «Canción de fiesta» , etc.- las dará luego a conocer con el Orfeón Burgalés, incluso formando parte de otras obras más amplias, nunca verá cumplido aquel magnífico proyecto. Al cabo de más de

cin-cuenta años de la feliz idea de Antonio José, sigue faltando entre nosotros una

co-lección de canciones de semejante hechura.

Por regla general, si no úníca, escribe Antonio José, los niños cantan por primera vez vulgaridades del peor gusto; y es muy posible que su sentimiento

musical (melódico-armónico-rítmico) se pervierta para siempre de ese modo. Su intención es que esas canciones eviten en parte ese grave riesgo , porque son temas lógicos y amenos , escritos a dos voces , que habrán de resultar simpáticos a los pequeños cantorcillos. Son en fin, como él mismo subraya , cantos

popula-res seleccionados por su belleza y claridad.

1927 es uno de los años claves en la vida del músico castellano. Además de la citada «Sonata gallega» y su controvert ido premio, nos topamos con sus es-fuerzos para la publicación en Unión Musical Española de sus «Evocaciones»

- tres cuadros de danza campesina que alguna vez pensó titular «Nuevas danzas burgalesas» -, de las que sólo la segunda será orquestada, en '1929, con motivo de la presentación en Bilbao, en el homenaje tributado al maestro director Vladimir

Golschmann y junto a obras de Rimsky -Korsak ov, Ravel, Mendelssohn, Beetho-ven y Wagner. La expectación con que fue recibida su composición se vio acom -pañada de un rotundo éxito de público y crítica. Hasta Guridi le escribe a El Palo para felici tarle. Tras los elogios de la prensa vasca, Antonio José comenta: Na-turalmente estoy contento y orgulloso de que una obra a la que yo no doy una

gran importancia haya sido juzgada por efect o, tal es la insistencia de algún críti cosu técn ica como sem ejante a -buena intención pero poca infor- Falla. En

mación - al atribuir en «El Pueblo Vasco» al maestro Antonio José la pertenencia

a la escuela de Manuel de Falla . El músico burgalés confesará entonces que la

crítica no sabe que yo no he visto ninguna partitura orquestal del inmenso Falla y que sólo conozco de él las Danzas del «Amor Brujo» y alguna cosilla para piano .

(34)

Retornemos de nuevo a ese 1927 en la existencia de Antonio José, a ese año en torno al cual se hablará luego en España de la impronta de toda una genera-ción intelectual, y a la que en todo caso pertenece el autor de «Evocaciones». Ya en las navidades de 1926, anuncia en una carta a su amigo Emiliano Artiz,

que le sigue paseando recados por Madrid, la preparación de un libro para una

ópera que, en principio, se la imagina en cinco actos y que, pasado el tiempo,

deberá plasmarse en «El mozo de mulas ». De momento se trata sólo de mínimos

esquemas y correcciones a un primer borrador . Sobre ella, desde luego,

habre-mos de volver más adelante. Lo cierto es que a comienzos de 1927 pone manos a

la obra sobre un proyecto fundamental en su vida, el más ambicioso de todos.

Por contra, aquel ambiente feliz que creía haber encontrado en tierras

mala-gueñas parece deteriorado últimamente. Ello resiente su sensibilidad y sus ánimos.

A fines de 1928 precisa ya del aliento de sus amigos madrileños para procurarse

dosis de optimismo en un medio que describe él mismo como majadero y

peloti-llero, donde cada día cuesta más mantenerse firme y puramente honesto.

Sin-sabores cuyas causas no conocemos con detalle, pero que vienen a coincidir con

el examen de una oferta que la hace el cónsul general de Ecuador, tal vez reite-rando otras anter iores, para que se traslade a aquella república latinoamericana

para hacerse cargo de una cátedra en el Conservatorio de Quito, con viajes

paga-dos y una muy sustanciosa retribución. Su maestro Beobide, que ya estuviera

algún tiempo por aquellas tierras, le escribe animándole, alentando sus

expectati-vas con la promesa de conciertos y clases abundantes y espléndidamente

paga-das, y la posibilidad de investigar en el folklore indígena, tan rico y sugestivo.

Esta y otras ofertas del mismo estilo fueron más de una vez el marco en el

que Antonio José debatió consigo mismo sobre sus titubeos pesimistas, como

escribe luego en sus cartas autocríticas a los amigos. Titubeos y vacilaciones entre alargar su esperanza en tiempos mejores, donde el trabajo alcance utilidad y

provecho -su deseo ferviente-, y dirigirse directamente a lo cómodo y menos

transcendente. Fue siempre fiel a la esperanza. Por eso, y por no alejarse

de-madiado de sus padres, rechaza aquella oferta y opta por atrincherarse frente a la

invasión de la mediocridad y el caciquismo de todo género que termina por rodear

su existencia en Málaga. Sus últimos meses como profesor en El Palo coinciden

también con su enorme protesta al verse defraudado esta vez por la concesión,

de bobil is, bobil is, apostilla él, de la cátedra de Armonía del Conservatorio de la

ciudad, a la que Antonio José aspiraba, a un jovenzuelo cuyo único mérito parece

haber consistido en ser hijo del director y futuro yerno del presidente del centro.

y como los chi cos p iensan unirse en matr imon io, ningún regalo de boda mejor

que esa plaza de maestro con pingües rendimientos. Y se le escapa un

estrambo-te: ¡¡¡Viva España!!! ¡¡¡Pumb ...!!! ¡¡¡Pumb .. .!! !

Con todo, no hay calamidad que interr umpa su trabajo. Terminada la danza

(35)

or-questa de cuerda y piano, «Suite ingenua», que piensa presentar en breve a un concurso que se celebra en Cataluña. De nuevo, un primer premio destaca su labor . Y todo ello en 1929, junto a su triunfo en Bilbao y su comparación a Falla y, especialmente, en el momento en que so hace cargo del Orfeón Burgalés. La obra ahora premiada es una suite en tres tiempos, comparada por José Subirá con una habanera de ' «La muer te de Carmen», de Ernesto Halffter, estrenada aquel mismo año por la Orquesta Filarmónica de Bartolomé Pérez Casas. Dice Subirá: Toda la gracia, distinción, espíritu y espo ntaneidad que se hace admir ar en la «Suite ingenua » (...) los desearíamos encontr ar más abun dosa ment e en ese trozo operístico en donde, si algo sobresale, es su aparatosidad materialist a (...) Se diría que el seño r Halffter ha reco gido por modestia el trozo menos atrac-tivo de su ópera, la cual, si en su totalidad fuese así como no esperamos ni desea-mos, haría muy problemático su triunfo. Y contrasta luego el entusiasmo desper-tado por la obra de Antonio José con la frialdad glacial que produjo la de Ernesto

Halffter (6). Cuando en octubre de 1931, la Orquesta Clásica de Saco del Valle la presenta en Burgos, como ya hiciera antes en Madrid, José N. Quesada es-cribe en «Diario de Burgos » sobre su éxito, destacando que la obra tiene por temas tres bellísimas canciones burgalesas recopiladas por Federico Olmeda. La

Orquesta Clásica, tras una larga ovaci ón, hubo de repetir el final de la danza, último tiempo de la «Suite ingenua », y Antonio José -que intervino ejecutando la parte de piano- fue requerido varias veces al palco escénico a recibir el home-naje de sus paisanos. Es ya el tiempo en que se encuentra afincado en Burgos, una vez que se hizo cargo de la labor de reconstrucción del antiguo Orfeón de la ciudad castellana.

Porque un día, a principios de 1929, Antonio José recibe en Málaga una pro-puesta tentadora de su propia tierra. Efectivamente, el Orfeón Burgalés, masa co-ral que intenta rehacerse tras un prolongado hundimiento, le ofrecedirector. Sesenta duros, aspecto económico de la cuestión, apenas le dicen nada. la batuta de Más le convence la posibilidad de estar junto a sus padres y particularmente la de trabajar sobre la fecunda geografía que tantos temas le viene propo rciona ndo para sus compos icione s. De esta forma, su vocación folklo rista reencuentra las raíces del colec tivo que le van a permitir extraer nuevos recursos materiales y humanos.

IV

En febrero de 1929 tiene lugar en el Ateneo de Burgos una reunión histórica: la de la reconstitución del antiguo Orfeón . Ya en 1927, con motivo del concierto

(36)

De izqui erda a derecha , Eduardo de Ontañón, José Subirá, Anton io José y , sentado, Sa-turni no Calvo, en abril de 1932 , con motivo de una conferencia que dio Subirá en Burgos, i nvitado por Antonio José y el Orfeón Burgalés .

(37)

ofrecido por la Coral de Valladolid (7), se habían hecho timidas gestiones en tal

sentid o. Fundado a final es del siglo XIX, el Orfeón Burgalés había atravesado pe

-ríodos mejores y peores . Como la ciudad misma. Su última crisis coinc ide con

un mal endémico : la emigración. Así , en 1914, y según datos de un folleto publi

-cado entonces por el Consejo Provincial de Fomento, cerca de 2 .500 personas

salieron de Burgos . La crisis afectó igualmente al Orfeón que en poco tiempo

des-apareció. Mas ahor a, una treintena de jóvenes entusi astas deciden crear la base

para su resurgimiento . De la citada reunión salen quince socios protectores que

animarán económicamente la idea. Según Luis Alberdi Elola, en menos de diez

días se prueban unas cien voces . Por su parte, el Ateneo solicita del Ayunta

-miento la creación de una Academia o Escuela de Música para dar consistencia

y duració n a estos fervores, subraya aquella institución, cuyo funcionamiento esperan similar al de la ya existente Academia de Dibujo que sostiene la Dipu

-tación Provincial. Culminados estos trajines, sólo falta la designación de un

direc-to r para ambas entidades (8).

También en febrero, Antonio José escribe a sus amigos de Madrid: ¿No saben

otra noticia? Pues que por aclamación unánime he sido nombrado director de la futura coral d e Burg os; y además, el alcalde de la ciudad, sabiendo que estoy decidido a vivi r en m i tierra, quiere ampliar el proyecto y me ha enca rgado que piense y redacte la idea, bases y presupuesto para fundar una Escuela de Música

dirigida también por mí, con vistas a que pronto pudiera conv erti rse en Conser-vatorio o ficial , como tantos otros (

...

)

Pero él tiene ya un candidato bien cualificado para ambos cargos: José María

Beobide, y cuando éste se niegue una y otra vez en beneficio de su alumno aven

-tajado, Antonio José insistirá: Si es preci so, yo haré todo; pero que él sea el di-rector oficialmente (... ) El n o quiere. Yo sí; y como yo so y muy terco y testarudo, lo conseguiré . No le valieron prendas y el propio Beobide tuvo que hacer presión

para que su discípulo tomara a su cargo la batuta del Orfeón Burgalés (9).

(7) La Coral de Valladolid venía dirigida precisamente por Julián ·García Blanco, el primer maestro

de Antonio José, que años más tarde será también director del Conservatorio de Música de aquella

ciudad. Cuando este libro se encuentra en imprenta. nos llega la t r iste noticia de su muerte, en t.ierras de

Galicia, al la edad de 85 años. Julián García Blanco (1894-1979) mantuvo siempr e vivo el recuerdo emo

-cionado de su amigo y tan temprano alumno .

(8) Luis Alberdi Elola. «Monografías burgalesas : el Orfeón Burgalés )). Ser ie dominical publicada en «Diario de Burgos )), septiembre-diciembre de 1969.

(9) José Mar ía Beobide (1882-1967), otro de los grandes deconocidos, nace en la villa guipuzcoa

-na de Zumaya, donde recibe las primeras leccione s, que le llevan al Conservator io de Madr id. En 1901 marcha a Quito como profesor del Conservatorio de Música y del colegio de los jesuitas en aque

-lla capital. Vuelto a España, es nombrado profesor del Real Colegio de Alfonso XII, en El Escor ial. Reside luego en Burgos; organista de la iglesia de la Merced, también de los jesuitas, inicia a Antonio

José, como queda dicho, en el campo de la composición . En 1930, mediante oposici ón y con el

número uno y la calificación nemine discrepante, obtiene la cátedra de Música de la Escuela Normal de Magisterio de la ciudad de Pamplona . En 1932 ingresa en la Academia de Bellas Artes de San

(38)
(39)

Antonio José toma posesión el 15 de mayo de aquel año. Pero ya el 1 de abril,

a la vuelta de un frustrado concierto en Bilbao, se presenta en Burgos dando

lectura a unas cuartillas improvisadas que más que un simple saludo encierran casi un programa de traba jo. Es una necesaria obligación nuestra -dirá

enton-ces- el co nseguir que nues tra canción popular sea conocida en España . ¿No

sienten ustedes un poquito de envidia cuando los vascos, los gallegos , los cata

-lanes, los valencianos, los anda luces cantan su mús ica, y la elogian por encima

de todas la s demás? ¿Qué hace mos nosot ros cuand o nos niegan la existencia

in-discutible de nuestros hermosos cantos? Hasta hemos dudado de nuestro espíritu

lírico, y cua ndo nos ha n dicho que Castilla no canta por no tener qué, nada

hemos hechos para demostrar lo contrario. Castilla nunca fue muda, como nin

-guna región lo es. .Castilla tiene su música caracte rística y propi a . Las canciones

populares burgalesas no deben nada a nadie, y si alguno d i scute a ustedes esta

verdad, afirmen rotundamente que de estas cosas no entiende una palabra.

Quiere además que se pruebe en la práctica. Para lograrlo no hay secreto

al-guno. Sólo es cuestión de voluntad, trabajo, entusiasmo y fe. A cambio de la

honra que le otorga la ciudad, ofrece: Cuando regrese a Burgos para no volver

a salir de él, prometo: enseñar música a todos los orfeonistas, siquiera para que comprendan perfectamente sus papeles y no les olviden nunca; hablar de historia y estética de la música, para que gocen mejor de sus bellezas ; hablar de la vida y la obra de los grandes maestros. Y por medio de conciertos íntimos, aquí

mis-mo, para nosotros solos, trataré de presentarles algunas de las obras más esplén-didas de todos los tiempos y de todos los países.

Su presencia y sus palabras fueron acogidas con vivas y aplausos (10). Algu

-nas sema-nas más tarde escribe a algún amigo : Me admiré del entusiasmo de todos por el Orfeón Burgalés( .

...

) Me recibieron como al Mesías. Les hablé para saludarles y comunicarles mis proyectos. Y me aclamaron y me dieron vivas como

a los arzobispos en los pueblos.

Tras finalizar el contrato que le retenía en El Palo, Antonio José se vuelca en su nueva labor. Su enorme personalidad gana la confianza de todos . Sus dotes

son un prodigio. Sus rasgos adolescentes, gafas redondas , amplio lazo, perfil bondadoso - que tanto recuerdan a Rodríguez Santerbás la figura de Gustav

Fernando. Desde 1940 figura como colaborador del Inst ituto Diego de Velázquez, del Consejo Supe-rior de Investigaciones Científicas; u nu n año más tarde es elegido par a la Institución Príncipe de Viana de

la capital navarra. En 1948 es nombrado académico correspondiente de la Institución Fernán Gonzá· lez, de Burgos. En 1957, al crearse en Pamplona el Conservatorio de Música Pablo Sarasate, José

María Beobide es designado subdirector, al tiempo que ocupa la dirección otro ilustre compos itor

injustamente olvidado, Fernando Remacha. Sus obras, particular mente las de órgano , han sido re

-cogidas en diversas antologías de Europa yy,, sobre todo, Estados Unidos. Editadas por la E.C. Schirmer

bostoniana, sus partituras han sido interpretadas en los Organ Recitals de Vale, Stanford yy Greensboro

College, yen la Annual Convention de la Indiana Music Teacher's Association y en el Car negie Institute. (10) « Diario de Bur g os». 2 de abril de 1929, pág. 1.

(40)
(41)

Mahler - generan pronta la veneración. Es un auténtico fervor del que él mismo

se contagia. Más de una vez , comenta Angel Manu el Ruera , probablemente el

más joven de sus d iscípulos y gran nostálgico de su figura , le vimos abandona r la

batuta, cruzar los braz os y escuchar emoci onado nuestros ensayos . Y ante los nervios de la víspera de cualquier concierto , siempre t enía un mañana, con la luz

y el colorete, todo saldrá mejor ...

Edad de oro del Orfeón Burgalés , transciende los límites de una s imple coral.

Teoría e historia de la música, investigación y comunicación del folklore vernácu

-lo, con ello Antonio José recupera una función olvidada : la del estudio y la di

-fusión de una de las r iquezas del pueblo , sus propias canciones , una de las fo r

-mas elementales y más autént icas de expresión del ser y el sentir colect ivos. Es la

conexión con el substrato telúr ico-folklór ico, tan necesaria por otra parte en la

recomposición total de eso que hoy llamamos señas de identidad de una tierra y

de sus gentes . Desde esa pr imavera de 1929, Antonio José - simplif icación de

aquel Antonio J. Martínez Palacios con que firmara hasta 1924 - se convierte

en una enseña.

Según Alberdi Elola, la nueva masa coral quedó entonces integrada por 146

miembros. Organizada en cuerdas, se componía de 18 tenores primeros , 28 teno

-res segundo s, 38 barítonos, 26 bajos, 18 tiples pr imeras y 18 tiples segundas .

y el maestro Anton io José . Se abre así un período de máx ima act ividad,

única-mente interrumpido po r la guerra civ il. Fiestas de Castilla, homena jes a la

can-ción burgalesa se intercalan a menudo con misiones musi cales por la provincia

(Aranda de Duero, Belorado, Covarrubias , Medina de Pomar, M iranda de Ebro,

Pradoluengo, Quintanar de la Sierra, Salas de los Infantes, Santo Doming o de

Silos), por otras tierras de la Meseta (Palencia, Sor ia, Valladolid) e incluso fuera

de ellanio José (la Montaña, el País Vasco, la Rioja). Ya en el verano de aquel año ,

se sorprende de la lluvia de solicitudes para escuchar al Orfeón, y co

-mentará: Tengo casi seguridad en que este Orfeón ha de ser una cosa seria . Ha

comenzado a enseñar a todos solfeo y ya interpretan a cuatro y seis voces pe

-queñas lecciones improvisadas que les escribe en la pizarra pautada.

Día a día acrecienta el repertor io. La fuente no es otra que la impenitente labor

de Antonio José, el cual, en compañía a veces de su amigo Justo del Río - orfeo

-nista entonces y aún hoy perserverante en los temas folklóricos burgaleses - ,

recorre la provincia anotando cientos y cientos de coplas , tonadas y cancioncillas ,

acá de unas mozas, allá de un pastor , o esa otra del albañil impert inente que , al

otro lado de la calle, causa disturbios en su trabajo . Al tiempo que confraterniza

con su pueblo, como tanto le gustaba.

Provisto de un gran r igor científico,elabor a con todo ese mater ial la «Colección de cantos populares burgaleses» , con la que en 1932 obtendrá el Premio Nacio

(42)

-nal de Música . Junto a la obra del presbítero Federico Olmeda (11), este nuevo Cancionero burgalés - eje de la segunda part e de nue stro tra bajo - cons tituy e un magnífico monumento que, sin duda alguna, convierte a la provincia de Bur-gos en una de las de mayor riqueza conocida en canción popular.

Y sin embargo, lo más conocido de su amplia producción es el «Himno a Cas-tilla». Concebido para la presentación oficial de la masa coral con motivo de las Fiestas de San Pedro y San Pablo, el 29 de junio de 1929, es una obra para coro a seis voces mixtas y, como su mismo autor indica, tiene el empaque y la consis-tencia de todo canto que puede ser interpretado sin acompañamiento instrumen-tal alguno . Se estrenó, pues, el día de la fiesta mayor de la ciudad, dentro de una serie de tres conciertos del Orfeón junto a compos icion es de Beobide, Guridi y Grieg, la canción burgalesa «Yo sé cantar y bailar», también citada por Olmeda, y alguna otra (12),

A pesar de ser una de sus creaciones más queridas, el «Himno a Castilla» no llegó a satisfacerle plenamente, a lo que parece, en lo referente a las dos posi-bles letras con que sucesivamente le dotó. En alguna parte su autor insiste en la necesidad de procurarle un texto mejor . Propósito que, como sabemos, no con-siguió realizar. Por eso mism o, esta obra grandiosa en su concepción puede apa -recer hoy para algunos con un carácter desfasado y démodé en lo que afecta a las variant es heredadas para el canto popular . Sabemos también que Antonio José pensó remodelarlo para su presentación, en 1931, a un concurso del que debiera salir el himno nacional de la joven República.

Lo concibe como un himno puro, actual, brioso, solemne, de digna rudeza también y noble empaque. Como su tierra castellana. El concurso tuvo un des-enlace mu y poco feliz . El propio Antonio José, que a lo que parece siguió de cer -ca sus avatares y alternativas, se quejó alguna vez de ello. Está inspirado en un arrog ante tema de nuestros clarin es municipa les, por lo tanto con raíces castella-nas ( ... ) -escribe por aquel entonces- . Es corto , de unos tr einta y tan tos com pases que se repiten . De tal modo escrito que no pierde vigor ni aunque se cante

unisonalmente sin acompañamiento (dato importantísimo). Es solemne y noble, sin silencios intercalados (también importante), sencillo y natural en sus giros

me-(11) Federico Olmeda. « Folklore de Castilla o Cancionero popular de Burgos ». Obra premiada en los Jueg os Florales de 1902. Publicaciones de la Diputación Provincial. Burgos. 1902. Reeditada en 1975. De este modo. los Cancioneros de Olmeda y Antonio José destruyen definitivamente la equi -vocada idea que mantenian algunos por entonces sobre la ausencia de esta clase de tradiciones en tierras castellanas. La posterior labor de recuperación de canciones y danzas burgalesas de la mano. entre otros. de Domingo Amoreti. Angel Juan Que sada, Jacinto Sarmiento o el mencionado Justo del Rio bebe en estas dos maravillosas fuentes .

(12) Con acompañamiento de la Banda del Regimiento Lealtad, interpretó también «Burgos»

(música de Rafael Calleja y letra de Mariano Zurita) . obra seleccionada en un concurso promov ido en 1926 para la celebración de una Fiesta del Arbol . Más tarde se convertirá en el himno oficial de la ciudad..

(43)
(44)

lódicos. En fin, puede cantarse e n cualquier momento sin ayuda instrumental, co n voces ásperas y de tesi tura corriente, y creo (...) que tiene ese difícil «quid » que han de tener esta clase de composiciones para ser lo que han de ser .

Frecuentemente, el Orfeón acude al Teatro Principal presentando obras espe-radas con interés y emoción por un público siempre abundante en esta clase de convocatorias. Antonio José ofrece así un muestrario sumamente completo de su trabajo. Tan grande es el esfuerzo que el maestro se queja en ocasiones de lo ab-sorbente de aquellos meses, sin tiempo apenas para otras ocupaciones. El 10 de octubre de 1932, Niceto Alcalá Zamora visita Burgos, y el Orfeón interviene en una función de gala que el Ayuntamiento de la ciudad ofrece en honor del Pres i -dente de la República española.

Aquel mismo año, cuando recibe el Premio Nacional de Música , una nueva obra suya para coro es publicada en París por Max Exchig: «Tres Cantigas de Al fo ns o X », en versión del prestigioso hispanista Henri Collet. De este modo,

no cumplidos aún los trein ta años, Antonio José es ya un autor celebrado en Europa. Por otro lado, algunas Universidades norteamericanas se interesan por sus obras, que son objet o de sem inarios y conferencias. No es raro encontrar su firma en publicaciones culturales de cualquier latitud, o ver cómo se le de-dican reportajes destacando su esfuerzo artístico y su trayectoria ejemplar. Así, leemos en una revista de la época: El maestro Antonio José ha creado en Bu r

-go s un orfe ón. Ha realizado esta obra lenta, persistente, conti nuad a, paci enzu -da, de educac i ón musical y de disciplina social que un orfe ón rep resenta. Y el éxit o ha coro nado sus esfuerzos. El Orfe ón Burgalés es una insti tuci ón perfec-tamente lograda, un o de los más legítimos orgullos de una tierra donde los hombres, abrumado s por el peso de la gloria con quista da por sus antepasados, estaban demasiado tie mpo acog ido s a una lamentable ren unciaci ón (.. .). Esa es una labor reservada a los j óvenes. Y Antonio José es un o de los pocos que se han dado cuenta de la responsabilidad de su misi ón en es ta ho ra. Que otros ,

cada un o en la esfera de sus act i vidades, realicen una obra que pueda igualar-se a la que el maestro Antonio José puede mostrar con ufanía , y Castilla deja

-rá de ser sola mente tema de poema s de exaltaciones preté rit as para ocupar en el movimiento de regeneraci ón nacional el pu es to a que tiene derecho (13).

Se elogian su trayectoria y las aproximadamente 150 obras que lleva escri-tas, algunas de las cuales están publicadas en París , Nueva York o Lisboa, ade-más de Madrid y Barcelona , y a las que la crítica menciona cada día con mayor insistencia.Obras que ya figuran en los repertorios de la Orquesta Sinfóni ca de Fernández Arbós, la Orquesta Clásica de Madrid y la Sinfónica de Bilbao, o de Angeles Otein, Arthur Rubinstein y el Cuarteto Aguilar , ejecutadas y radiadas

(13) Andrés Hurtado . « B Orfeón Burgalés y la f i gura eminente de su d irector. el maestro Antonio José». «Crónica ) ). 22 de junio de 1932.

Referencias

Documento similar

que hasta que llegue el tiempo en que su regia planta ; | pise el hispano suelo... que hasta que el

Abstract: This paper reviews the dialogue and controversies between the paratexts of a corpus of collections of short novels –and romances– publi- shed from 1624 to 1637:

En junio de 1980, el Departamento de Literatura Española de la Universi- dad de Sevilla, tras consultar con diversos estudiosos del poeta, decidió propo- ner al Claustro de la

E Clamades andaua sienpre sobre el caua- 11o de madera, y en poco tienpo fue tan lexos, que el no sabia en donde estaña; pero el tomo muy gran esfuergo en si, y pensó yendo assi

[r]

[r]

[r]

[r]