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Política científica y desarrollo

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Academic year: 2020

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P o lític a c ie n tífic a y d e s a rro llo

por A. Stenmans

Existen actualm ente relaciones estrechas entre el desarrollo de un país y la política científica que él practica. La presente conferencia tiene com o objeto esclarecer esas relaciones, tales com o ellas nos aparecen en Bélgica y m ostrar, a titu lo de ilustración, ciertos resultados, positivos o negativos, de la política que nos esforzam os a llevar a cabo en este cam po.

Q uisiera insistir, desde el principio, que se tra ta de una m ateria concreta, en la cual la experiencia im plica elem entos prácticos y teóricos que se aclaran unos a otros, no a partir de un sistem a preconcebido, sino a p a rtir de reali­ dades, de necesidades objetivam ente com probadas.

L a conferencia consta de cu atro partes:

I. La concepción general de la política científica y sus justificaciones concretas;

II. Los im perativos esenciales de una política científica eficaz; III. Las técnicas m ayores de la política científica;

IV. Ejem plos concretos del im pacto de la política científica en el m antenim iento de las ciencias y de las técnicas.

Se tra ta rá sobre to d o identificar las líneas dom inantes al respecto. Si nuestros colegas argentinos lo desean, podrem os profundizar aparte algunos puntos.

I. CONCEPCIÓ N GENERAL Y JU STIF IC AC IO NES CONCRETAS

1. L a distinción estática, que existía hace veinte o veinticico años, entre « países desarrollados » y « países sub-desarrollados » ya no es exacta, ni en sus térm inos, ni en su realidad. A ctualm ente, todos los países están en desarrollo, aunque a niveles diferentes. Por la prim era vez, tenem os una misma noción, un mismo objetivo — el desarrollo a hacer, el desarrollo que está haciéndose — en relación al cuál se definen todos los países.

Solo recordaré, al pasar, puesto que no es el tem a de la presente conferencia, que el desarrollo no es sinónim o de expansión económ ica. El desarrollo es un fenóm eno global de crecim iento, de progreso, de expansión que concierne a u na sociedad en todos sus grupos, y en cada uno de sus individuos; que abarca, p o r lo ta n to , sea el cam po cultural y social com o el cam po propiam ente económ ico. Sin em bargo, es cierto que la expansión económ ica constituye uno de los principales medios, si está bien conducida y bien utilizada, p ara p ro p o rcio n ar este desarrollo.

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A . S te n m a n s

cam pos de producción en los cuales se quiere dom inar el m ercado o, p o r lo m enos, ser com petitivo); responder, en fin, a las exigencias de la seguridad nacional (exigencias que, cronológicam ente, estuvieron siempre en el origen de este nuevo tipo de recurso de la ciencia).

En estos países, tal recurso de la ciencia y de sus aplicaciones, contribuye a p roporcionar, a la vez, un crecim iento económ ico, actividades nuevas y hábitos de vida y de pensam iento, que no solam ente transform an com ple­ tam ente el standing de vida de la sociedad, sino tam bién, en bien o en mal, su sistem a de civilización.

P o r supuesto que los dem ás países que están tam bién desarrollándose, aunque a un nivel m enos avanzado, corren el riesgo de sufrir gravem ente a causa de esta evolución, al ver deteriorarse la calidad de sus intercam bios con los países m ás avanzados, aum entar su deuda frente a esos países, igual que su dependencia frente a ellos en cuanto a todos los problem as cuya solución requiere técnicas com plejas y m edios costosos.

P or consiguiente, es abvio, que tam bién los países m enos avanzados deben recurrir, p a ra su desarrollo, a esta arm a m oderna que constituyen la ciencia y sus aplicaciones; que, p ara conseguir la m ayor eficacia, no pueden recurrir a la ciencia de m anera puram ente em pírica; que su política científica, pués se tra ta de ello, debe adaptarse a sus recursos y a sus nece­ sidades. V olverem os a hablar de este p u n to m ás adelante.

3. L a concepción y la p ráctica conciente de « políticas científicas » se rem ontan a poco m ás de 10 años (1959 en Bélgica). Es decir que, estas políticas son jóvenes y carecen relativam ente de experiencia. Sin em bargo, su m érito es haber acom pañado la explosión científica. En realidad, se com prueba que dichas políticas aparecen de m anera conciente en un país cuando éste logra dedicar + 1 % de su P.N .B . a la ciencia. Lo que no significa que por debajo de este límite sea inútil e inoperante p racticar una política científica. Lo esencial es, sin duda, que exista u n a m otivación.

4. Lo que hay de nuevo en esta política es que se tra ta de una política concertada, a la vez, p o r y p a ra la ciencia.

— Es una política, o sea, un conjunto integrado de acciones voluntaristas. — Es u na política concertada, o sea, que no es únicam ente el hecho del

Estado, sino tam bién, que está elab o rad a y aplicada por todos los medios responsables (Estados, m edios científicos, económ icos y sociales). La concertación, p o r supuesto, se a d a p ta en sus m ecanism os y m odalidades, a cada tipo de sociedad y a cada tipo de gobierno.

— Es en favor de la ciencia, es decir, que tiende a desarrollar, gracias a un conjunto de m edios proporcionados p o r la com unidad y racional­ m ente utilizados, los conocim ientos, su transm isión y su aplicatión. — Es tam bién u n a política p o r m edio de la ciencia, es decir, que confiere

a la ciencia u na finalidad social (en un sentido am plio) y que requiere de los hom bres de ciencia de contribuir, explícitam ente, po r su trabajo científico, al progreso de la com unidad.

D e este conjunto de características resulta que la política científica no es solam ente la prolongación, la amplificación del antiguo mecenazgo. Y a no se favorece la ciencia p orque es una de ias más bellas flores de la civilización. Se la favorece p orque es fuente de de civilización, porque se la requiere para contribuir, de m anera decisiva e irrem plazable, al progreso de las sociedades.

5. H ay que reconocer que una política así concebida, es obviam ente difícil por definición. Lo com probam os en Bélgica, así com o en todos los países que la practican:

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P o litic a c i e n t í f i c a y d e s a r r o llo

y que quisieran que fuera únicam ente « en favor de la ciencia » o, al contrario, únicam ente « p o r m edio de la ciencia ».

— Después, están los que son m uy reticentes frente a la concertación, sea porque se efectúa bajo la égida del E stado, sea porque obliga a los repre­ sentantes de los círculos científicos o industriales, a explicarse y a cola­ b o ra r con los representantes de otros m edios; sea p orque dicho m étodo p ertu rb a las costum bres m ás discretas de negociación.

— En fin, están los que piden a la ciencia lo que no puede dar, que quisieran p a ra los gastos de política científica un índice de rentabilidad a corto plazo, y que, inevitablem ente decepcionados, consideran esta política com o la últim a invención de los tecnócratas p a ra despilfarrar dinero.

En una palabra, los espíritus, en todos los m edios, deben acostum ­ brarse a tal política, fam iliarizarse con sus objetivos y sus m étodos, y experim entar lo que puede traer de realm ente positivo. Así sucedió por o tra parte cuando, después de la prim era guerra m undial, los gobiernos em pezaron a p racticar u na política económ ica, u n a política social, u na política de la educación, u na política de salud, etc. Se tra ta de un fenóm eno norm al de adaptación a la innovación, que suele ser lenta y difícil.

En Bélgica, cerca de 10 años fueron necesarios p ara que la noción de política científica penetre en los espíritus y com ience a ser aceptada. H oy, el contenido de esta política puede ser criticado — lo cual es sano puesto que no hay progreso sin control — pero su principio y su necesidad ya no lo son.

II. IM PERATIVOS ESENCIALES DE U N A PO LITICA C IEN TIFIC A EFICAZ

H arem os u n a distinción aquí entre los im perativos generales, válidos en todas partes, y los im perativos particulares que conciernen a los países, com o Bélgica, cuyo desarrollo debe hacerse con m edios m ás lim itados.

S e c c ió n 1 - Im p e r a tiv o s g e n e ra le s

A. Situar al p a ís en la escala d el desarrollo y relacionar su política científica con su política ec o n ó m ica y social

Principio

Si todos los países están en desarrollo, no es m enos esencial p a ra ellos, en vista de practicar u n a política científica eficaz:

— p o r u n a parte, situarse en la escala del desarrollo

— por o tra parte, relacionar su política científica con su política económ ica y social, que pro p o rcio n a las opciones y los objetivos a corto y m ediano plazo.

Ilustración

El análisis de la situación belga entre 1958 y 1968, perm ite ilustrar concretam ente este principio 1.

I. Bélgica está ciertam ente en desarrollo.

— E ntre 1958 y 1968, su P.N .B. se ha prácticam ente duplicado;

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— su com ercio exterior, en valor, se h a m ás que triplicado;

— la ren ta m edia por h ab itan te h a pasado al índice 180, m ientras el índice obtenido al fin del m ism o período era 210 p a ra la C .E .E ., 141 para el R eino U nido, 167 p a ra los E stados U nidos.

2, Sin em bargo, Bélgica realizó este desarrollo a través de un a evolución dem ográfica y estructural bien determ inada.

Entre 1958 y 1968:

— la evolución dem ográfica ha sido lenta (6 % de crecim iento de la población to tal durante estos 10 años y 1,5 % solam ente de crecim iento de su población activa d u ran te el m ismo período): en realidad, u n a p o ­ blación activa prácticam ente estacionaria tuvo que asum ir la carga de un núm ero creciente de jóvenes y de viejos, los que indica im m ediatam ente que el desarrollo realizado sólo pudo hacerse gracias a un increm ento significativo de la productividad);

— p o r o tra parte, duran te el m ism o período, se h a acentuado el despla­ zam iento de actividades previam ente em pezado: dism inución de la parte relativa de la agricultura y, sobre to d o , de la in d u stria m inera en los aportes al P .N .B .; crecim iento de la contribución, en partes relativas, de la industria m an u factu rera y del sector terciario;

— Finalm ente dichos desplazam ientos se h an traducido en la rep ar­ tición de la población activa: en cinco años (desde 1963 h asta 1968), el sector prim ario perdió casi un cu arto de su m ano de obra y la industria m inera un tercio de la suya; la industria m anufacturera, aún m ientras se desarrollaba, redujo su m ano de obra, gracias al increm ento de su p ro d u c­ tividad, de casi el 3 %; en cam bio, la industria de la construcción y las em presas de electricidad, agua y gas han au m entado su m ano de ob ra de más del 6 % , el sector terciario de más del 10% y, dentro de este sector, los servicios, de más del 12% .

3. En la repartición del fru to de su desarrollo, Bélgica ha confirm ado algunas opciones anteriores: el consum o privado se ha desarrollado, pero a u n ritm o m enos rápido que el P .N .B .; en cam bio, los gastos relativos a la educación, la salud, la seguridad social, así com o los gastos dedicados a las com unicaciones, a la industria y al com ercio h an aum entado su parte relativa en el conjunto del gasto nacional y del gasto público.

C onclusiones

Este ejem plo perm ite sacar dos conclusiones:

1. En prim er lugar, es obvio, que un país com o Bélgica, que conoce u na evolución dem ográfica lenta, que vive en g ran parte de su com ercio exterior y que encuentra sus fuentes de riqueza principales en la industria y en el sector terciario, debe m antenerse com petitivo en el plan industrial y m odernizar sus servicios, si quiere m antener sus objetivos de progreso social. Son prioridades absolutas p ara su política económ ica y social y, p o r lo ta n to , tam bién p a ra su política científica.

Veremos m ás adelante cóm o, por un analísis profundo de esas priori­ dades, la política científica se esfuerza efectivam ente en Bélgica p a ra contri­ buir al desarrollo.

2. Luego, resulta de este ejemplo que realm ente un país no es el otro. Si nuestros am igos argentinos ponen, frente a las cifras m encionadas, las que conciernen a su país, verán ¡m ediatam ente aperecer una imagen to ta l­ m ente distinta que debe fatalm ente llevarlos a d ar a su política científica no sólo necesariam ente otros objetivos, sino otras prioridades.

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B. Contribuir a la definición de o b jetivo s a largo plazo

C ada país conoce en térm inos generales, los objetivos de su desarrollo a largo plazo, pero al nivel de los m edios, trab aja principalm ente en el corto y m edio plazo, a riesgo de caer en la utopia. Si em bargo, se com prueba cada vez más la necesidad de articular el largo plazo sobre el corto y m ediano plazo, p a ra orientar, desde el principio, los esfuerzos según ciertas líneas de fuerza: el porvenir no com ienza m añ an a sino hoy. Si es que el porvenir se proyecta en térm inos de realidades.

A este respecto, en num erosos cam pos, un estudio atento de la situación presente, con su evolución pasada y su evolución fu tu ra concretam ente previsible, perm ite determ inar cuales son los hechos m ayores que, m uy probablem ente, caracterizarán la sociedad de m añana, en dos hipótesis: u n a sociedad en la cual sim plem ente se pro lo n g aría la tendencia actual, o u n a sociedad en la cual, bajo u na acción voluntarista o acontecim ientos m uy probables se m odificaría esta tendencia. Por o tra parte, un análisis atento de la evolución de la ciencia, en el conjunto de sus disciplinas, per­ m ite prever con suficiente verosim ilitud los cam pos en los cuales se p odría conseguir y aplicar a los problem as m ayores de m añana, así identificados, progresos científicos significativos.

N o voy a detenerm e m ás en este aspecto de la función de u n a política científica eficaz, sino p a ra subrayar los puntos siguientes:

1. P o r u na parte, debe tratarse de estudios m uy concretos, dirigidos sobre las realidades actuales y previsibles del país en el cual se vive.

Tal país descubrirá, p o r ejem plo, problem as a largo plazo de circula­ ción que no se en co n trarán en otros países; tal otro país verá aparecer en el horizonte concentraciones urb an as que llevarán problem as de urb an iza­ ción, de vivienda, de salud dentro de un m edio u rb an o que otros países no conocerán todavía, o no del m ism o m o d o ; tal país verá perfilarse un problem a cada vez más agudo de educación y de anim ación de las p o b la­ ciones rurales, m ientras que en otro país, el p roblem a será más bien recon­ vertir a tiem po un a población rural que dism inuye cada año, etc. La pros­ pectiva debe ser específica p ara cada país, o p a ra cada grupo de países unidos p o r características regionales suficientem ente com unes.

2. P o r o tra p arte, los hom bre de ciencia del país deben ser invitados a aplicarse a la solución de los problem as específicos así descubiertos, inten­ tan d o abrirse un paso científico y, eventualm ente, tecnológico, en las disci­ plinas que pueden co n trib u ir a esta solución.

E sta especificidad de los objetivos a largo plazo, y de los esfuerzos a hacer p a ra alcanzarlos, constituye uno de los secretos de u na política científica eficaz.

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210 A . S te n m a n s

C. D otar a la política científica d e un cuadro in stitu cio n a l apropiado

P a ra cum plir eficazmente sus funciones, en favor y p o r m edio de la ciencia, la política científica debe evidentem ente organizarse: debe tener un cuadro institucional.

A este respecto, u n gran principio consiste en que cada país debe darse las instituciones que corresponden m ejor a su psicología profunda, a la etapa de su desarrollo y a sus necesidades: « N o he intentado, decía el viejo C atón, d a r al pueblo ro m an o las mejores leyes, sino las m ejores que puede so p o rtar ».

Es decir, que en m ateria de política científica com o en cualquier otra, no hay instituciones estrecham ente uniform es. C ada país tra ta de darse las que le conviene m ejor, o sea, en este caso, las que responden m ejor a sus posibilidades y a sus necesidades, siem pre que puedan ser sop o rtad as a la vez p o r los poderes públicos, la com unidad científica, los círculos eco­ nóm icos y los m edios sociales.

Sin em bargo, a través de esta inevitable diversidad, se deben respetar algunos principios enseñados p o r la experiencia.

1. En prim er lugar, es preciso p ro cu rar que diferentes instituciones asum an la concepción de la política científica, la financiación de las inves­ tigaciones y la ejecución de las actividades científicas.

Si el órgano encargado de concebir u n a política científica está, al m ismo tiem po encargado de financiar las investigaciones, se expone a presiones que le im pedirán asum ir correctam ente su función de progra­ m ación y de « policy m aking ». Si el órgano encargado de financiar las investigaciones está tam bién encargado de su ejecución, corre el riesgo, o bien de refrenar la investigación p a ra salvaguardar im perativos financieros rígidos, o, al contrario, de deteriorar su función de financiación, dejándose llevar p o r todas las incertidum bres de la investigación.

2. En segundo lugar, la elaboración y la definición de u na política cien­ tífica incum ben, sin duda, al p oder público al nivel n acional; sin em bargo, no pueden incum birle sólo a él, ni tam poco pueden ser dictadas al poder público por la com unidad científica o p o r los m edios económ icos o sociales. Si no se desea un fracaso, debe resultar, com o dijim os al com ienzo, de u na concertación perm anente y organizada entre el p oder público y el conjunto de estos m edios responsables. Esto se debe a que es u n a política global -— en su cam po — y que, si no echa m ano, a la vez, de la experiencia y de las m otivaciones de todos los que representan las fuerzas activas del país, está condenada a perm anecer com o u n a construcción teórica que no interesa a nadie.

A quí tenem os, a título de ilustración, el esquem a general de la orga­ nización de la política científica en Bélgica:

CON CEPCIÓ N DE LA POLITICA C IEN TÍFIC A

Elaboración

Ministro de la política científica

¡

administración (en diálogo con los otros departamentos)

coordinación con otros departam entos: comisión interministerial de la política científica

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F IN A N C IA C IÓ N PÚBLICA D E LA PO LÍTICA C IEN TIFIC A

Fuente de la financiación

presupuesto de los ministros para los sectores que dependen de su competencia respectiva

Repartición de la financiación

( directa, por los ministros (universidades, instituciones científicas del Estado, < program as de iniciativa ministerial, prototipos)

I indirecta, vía los fondos de repartición (F.N .R .S., IRSIA).

EJECU CIÓ N D E LA IN V ESTIG A CIÓ N FIN A N C IA D A D EN TR O DE LA PO LÍTICA C IEN TÍFIC A

— universidades y centros interuniversitarios

— establecimientos científicos del Estado y centros nacionales — empresas y centros privados de investigación

— organismos internacionales de investigación en común.

D. Procurar m a n ten er los gra n d es equilibrios

l . La contribución de la ciencia al desarrollo de un país debe actuarse com o dijimos, alrededor de objetivos específicos de orden económ ico y social, ta n to a m edio com o a largo plazo.

Sin em bargo, sería vano esperar conseguir dichos objetivos p o r medio de contribuciones científicas originales si no se reúnen ciertas condiciones de conjunto, si no se m antienen o, a lo m enos, si no se buscan ciertos grandes equilibrios.

Es así, que un científico no podría realizar una innovación técnica im p o rtan te si no puede apoyarse, de m anera perm anente, en el país donde trab aja, sobre actividades suficientes de investigación fundam ental en su cam po. En el mismo orden de ideas, no se podrán realizar descubrim ientos fundam entales significativos en cam pos donde se los busca de m anera precisa, si esta investigación fundam ental orientada no puede apoyarse, de m anera perm anente, sobre los logros de una investigación fundam ental p u ra , es decir, perseguida sin o tra finalidad que la de hacer retroceder las fronteras del conocim iento. A sim ism o, un hom bre científico sólo puede esperar participar con fruto en actividades científicas organizadas en com ún a nivel internacional, si encuentra, en su propio lab o rato rio , los medios hum anos y m ateriales de un trab a jo científico intenso y original. En el plan hum ano, solo en co n trará esos m edios si hay núm ero suficiente de estudiantes que estén form ados en su disciplina. Y u n a p arte de esos estudiantes no encuentran salidas profesionales suficientes en su país, se expatriarán, d ando com o resultado que las universidades de su país ten d rán u n a superproduc­ ción intelectual y tra b aja rán , sobre to d o , p ara alim entar el « brain drain ». Todos conocem os, en diversos grados, los circuitos nefastos que pueden a rru in ar las mejores políticas del m undo e im pedir que la ciencia contribuya, com o podría, al desarrollo de la sociedad de u n país.

U n a política científica eficaz debe entonces, necesariam ente, tender al m entenim iento o a la realización de grandes equilibrios:

— entre la investigación fundam ental y la investigación aplicada;

— dentro de la u n a com o de la otra, entre la investigación libre y la investigación o rientada;

— entre la investigación que se hace dentro del país y la participación del país a actividades científicas internacionales.

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P

puede establecer, y si es necesario, corregir progresivam ente la p arte relativa de cada un a de las grandes categorías de gastos destinados a la ciencia.

3. E stá de m ás reco rd ar que el m antenim iento o el m ejoram iento de esos equilibrios no im plica de ningún m odo que haya que dedicar los mismos m edios a los diferentes tipos de investigación. C orresponde a la situación del país, a sus recursos existentes o potenciales, a los objetivos perseguidos, el inspirar, de m anera concreta, la com binación óptim a a establecer o buscar.

E. Desarrollar los puntos fuertes, existentes o potenciales

Principio

Para practicar un a política científica eficaz, no b asta con relacionar las grandes orientaciones de esta política con las grandes orientaciones, a m ediano o largo plazo, de la política económ ica y de la política social.

H ay que d ar un paso más p ara identificar, dentro de esas grandes orien­ taciones, los cam pos precisos en los cuales se deben prom over, de inm ediato, las actividades científicas.

C uando se tra ta de obtener de aquellas actividades científicas una contribución directa al desarrollo, debe darse la prioridad a aquellos que pueden valorizar los puntos fuertes, existentes o potenciales, del ap arato científico o del ap ara to económ ico del país.

E sta política de los p untos fuertes — en el cuadro de los grandes equi­ librios de que hem os h ablado — vale tan to en el cam po de la investigación fundam ental (donde lleva a desarrollar centros de excelencia) com o en el cam po de la investigación aplicada, y, especialm ente, de la investigación tecnológica.

Ilustración

Quisiera, a título de ilustración, m o strar el proceso seguido en Bélgica p a ra precisar el esfuerzo a hacer en m ateria de investigación tecnológica 1.

1. En Bélgica, estudios globales de tipo m acro-económ ico, habián dem ostrado que dentro del presupuesto público de la ciencia, la p arte rela­ tiva a los créditos dedicados a la investigación tecnológica tendía a decrecer y que, en com paración con la evolución de los países de sim ilar desarrollo, había que invertir esta tendencia aum entando progresivam ente la parte de los fondos públicos afectados a dicha investigación.

Esto constituye u n a de las grandes orientaciones de que he hablado. Sin em bargo, considerando esta orientación, dónde h ab rá que acentuar el esfuerzo? Pués no b asta dedicar más dinero a un tipo de investigación p ara que ésta se intensifique autom áticam ente en un sentido favorable al desarrollo del país. T odavía falta escoger los cam pos en los cuales esta finan­ ciación suplem entaria ten d rá m ás probabilidades de ser valorizada de m anera significativa.

2. A quí intervino el segundo paso del análisis. De este análisis, rela­ tivam ente com plejo, tom aré algunos aspectos a título de ilustración, que en Bélgica, y para la realidad belga, nos parecieron particularm ente signi­ ficativos.

a) Se efectuó un prim er estudio sobre la evolución com parativa de las estructuras de producción, entre 1955 y 1956, respectivam ente en Bélgica, dentro de la C .E.E. y en los E .E .U .U . Se consideró el sector prim ario y

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P o litic a c i e n t í f i c a y d e s a r r o llo

el sector secundario, dividiendo este últim o en industrias tradicionales e industrias de base científica.

El resultado de este estudio dio lugar a las siguientes observaciones principales:

— Si se considera el conjunto de los sectores prim ario y secundario, la p arte del sector primario tiende a dism inuir, ta n to en Bélgica com o en la C .E.E. y en los E .E .U .U . Esta parte es, prácticam ente, la m ism a en Bélgica y en la C .E .E ., y sensiblem ente más grande que en la econom ía am ericana.

— La parte de las industrias tradicionales crece ligeram ente en Bélgica y en la C .E .E ., m ientras se estabiliza en los E .E .U .U . Se vuelve progresi­ vam ente m ayor en la C .E.E. que en los E .E .U .U ., y se m antiene sensible­ m ente m ás im portante en Bélgica que en el conjunto de la C .E.E.

— L a parte de las industrias de base científica crece tan to en Bélgica com o en la C .E.E. y en los E .E .U .U ., pero continuá siendo sensiblem ente inferior dentro de la C .E.E. en com paración con los E .E .U .U . y en Bélgica en com paración con la C .E .E .. Sin em bargo, crece m ás rápidam ente en Bélgica que dentro de la C .E.E.

En resum en, este estudio sugería que la estructura de la producción de la C .E .E . es m ás tradicional que la de la producción am ericana, m ientras la estructura de la producción belga es ligeram ente más tradicional que la de la p roducción del conjunto del M ercado C om ún.

b) Se efectuó otro estudio acerca de la estru ctu ra de la participación en el com ercio m undial, de Bélgica, de la C .E.E. y de los E .E .U .U .. Este aspecto del problem a es prim ordial para Bélgica: efectivam ente, al dis­ poner el país de pocas m aterias prim as, se dedica principalm ente, desde hace m ucho tiem po, a la fabricación de los productos acabados y semi- acab ad o s; p o r o tra parte, en razón de la estrechez de su m ercado interior, Bélgica debe, p a ra subsistir, ex p o rtar u na gran parte de su producción.

L a com paración de estos rasgos nostro :

— que en los E stados U nidos, las industrias de base científica, consu­ m idoras im portantes de investigación, conform an el 60 % del to ta l de las producciones industriales exportadas po r este país;

— que al contrario, la C .E.E. exporta sobre to d o , productos de indus­ trias tradicionales, ta n to con destino a los E stados U nidos com o a otros países y, sobre to d o , a los países del Tercer M undo (m áquinas, vehículos, productos quím icos tradicionales, etc);

— que las exportaciones belgas, en fin, se orientan todavía m ás que las de la C om unidad hacia producciones tradicionales.

c) De esta form a, los estudios confirm aron y precisaron la conclusión principal del análisis m acro-económ ico, a saber la necesidad p a ra Bélgica de aum entar la im portancia de sus producciones elaboradas y p o r ende, de consentir un esfuerzo m ayor de investigación tecnológica, especialm ente en el cam po industrial.

Significaba tal conclusión que había que orientarse exlusivam ente hacia las industrias que, en otros países (E stados U nidos, ciertos países de la C.E.E. Jap ó n ) se fundan en la ciencia y perciben efectivam ente un índice de cre­ cim iento rápido? Significaba esto que h abía que desatender las otras indus­ trias, consideradas h asta ah o ra com o m ás tradicionales?

O pción capital que exigía grandes precauciones.

P ara aclarar el asunto, se efectuó o tro estudio acerca de algunas caracterís­ ticas de la producción industrial belga, considerada bajo el ángulo del rendi­ m iento financiero y de la relación entre inversión, em pleo y valor añadido.

Este estudio perm itió co m p ro b ar lo siguiente:

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t

214 A . S te n m a n s

que la m ayoría de las industrias tradicionales. Se verifica este fenóm eno sobre to d o en el sector de las construcciones m ecánicas y eléctricas, que co m p o rta adem ás la ventaja de ser un sector creador de em pleos; tam bién se verifica, aunque m enos, en el sector de la quím ica.

— sin em bargo, algunas industrias llam adas tradicionales, to m an ta m ­ bién una parte significativa en el crecim iento (construcción); otras m uestran tam bién un rendim iento financiero alto y p articipan tam bién de m anera apreciable en la creación de em pleos (construcción, agua, gas-electricidad).

— En fin, las industrias básicas y la industrias tradicionales de consum o m uestran indiscutiblem ente el aspecto m enos favorable. Su aporte, aunque insuficiente, es positivo. A dem ás, representan el 46 % del conjunto de la producción del sector secundario.

Tal estudio no perm itía todavia fijar las prioridades, pero m ostraba en to d o caso que Bélgica no podría, sin perjuicio grave, centrar su esfuerzo de renovación industrial y sus esfuerzos de investigación tecnológica sobre las únicas industrias que se revelan hoy día com o industrias de avanzada: se debe ciertam ente favorecerlas aunque no de m anera exclusiva.

d) Se analizó entonces, dentro de los sectores más representativos de la producción industrial, el com portam iento de las empresas.

Este trab ajo realizado con la colaboración de la m ayoría de las em presas concernidas, pro d u jo en Bélgica resultados capitales.

A pareció, efectivam ente, de m anera irrefutable:

— que industrias tradicionales constituyen a m enudo un medio favo­ rable a la innovación y a la eclosión de tecnologías nuevas que aprovechan, en cierto m odo, del capital de conocim ientos y de experiencias técnicas, acum ulado p o r u n a larga trad ició n de concepción y de p roducción;

— que esta eclosión tecnológica se produce d entro de las industrias antiguas sólo si, com o en las industrias m odernas, la em presa sabe asociar, en u n a visión de progreso, un estudio suficientem ente prospectivo de las necesidades del m ercado, una investigación de cualidad orientada sobre estas necesidades, un a p arato de producción p rep arad o a adaptarse a esas fabricaciones nuevas y un sistem a com ercial eficaz;

— que aunque estas condiciones se cum plen m ás frecuentem ente en los sectores m odernos, esto no se produce necesariam ente, y así com o en las industrias nacionales hay ciertas em presas que podem os llam ar « puntos fuertes » y em presas « puntos débiles », así tam bién en las industrias ade­ lantadas hay em presas m otrices y em presas « seguidoras ».

3. P or consiguiente, los poderes públicos eligieron co ntribuir a m odi­ ficar progresivam ente la estructura de la producción — lo que era, como Ustedes recuerdan, u na de las grandes opciones del principio — favore­ ciendo con prio rid ad los program as de investigación tecnológica de las empresas que constituyen, en sectores significativos, puntos fuertes existentes o potenciales.

4. Sin em bargo, todavía no hem os alcanzado la m eta de nuestro esfuerzo. Para que la investigación tecnológica contribuya plenam ente al desarrollo del país, debem os in tro d u cir adem ás, en nuestros estudios y en nuestros esquem as de decisión otros datos (el d ato regional, por ejemplo), otros cam pos (el sector terciario en el cual h ab ría que distinguir entre actividades tradicionales y actividades de base científica).

Se tra ta de un continuo proceso de adaptación.

C onclusión

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P o lític a c i e n t í f i c a y d e s a r r o llo

F. P roteger la libertad d el investigador en su p ro c e so científico

E ntre los im perativos generales de un a política científica eficaz, hay que m encionar, en fin, la protección de la libertad del investigador en su proceso científico.

Se p o d ría consagrar to d o un estudio al tem a de la libertad del hom bre de ciencia.

D igam os prim ero que en ciertos aspectos, en sociedades com o las nuestras, esta libertad no es y ya no p o d ría ser absoluta. Es así que, en ciertos casos, el hom bre de ciencia ten d rá que co m p artir con otros la respon­ sabilidad de determ inar sus tem as de investigación. En ciertos casos, ten d rá que estudiar con otros si es preciso proseguir, reorientar o renunciar a tal investigación. Pues él no tra b a ja solam ente p a ra la ciencia sino tam bién, de m anera m ás explícita que en épocas previas p ara la sociedad por medio de la ciencia. A dem ás, el hom bre de ciencia no es, ni p odría ser el único juez de las necesidades de la sociedad a la cual pertenece.

F uera de estas lim itaciones, que provienen de los im perativos de nuestra época, es cierto, sin em bargo, que la libertad del hom bre de ciencia debe seguir ejerciéndose, de m anera esencial, en un cam po de acción muy am plio.

P o r un lado, com o ya insistim os, el hom bre de ciencia debe ser libre de dirigir su curiosidad, en su disciplina, sobre tem as que nadie le im pone. A ún cuando dedica gran p arte de su tiem po a investigaciones orientadas, él no puede alienar esta p arte de libertad sin perjuicio grave para su misión.

P o r otro lado, en sus actos científicos, el hom bre de ciencia es y debe ser el único dueño de lo que hace y de lo que piensa.

El progreso de la ciencia, así com o el progreso de la sociedad por m edio de la ciencia, exigen im periosam ente que se respete escrupulosam ente esas libertades fundam entales. C orresponde a todos los « m anagers » — sea dentro del E stado, de la U niversidad o de la em presa — p ro cu rar que así sea.

S e c c ió n 2 - im p e r a tiv o s p a r tic u la r e s

T odos los países que quieren practicar una política científica deben, cualquiera sea su dim ensión, tra ta r de conform arse a los im perativos generales, dictados p o r la experiencia, que he tra ta d o de sintetizar m ás arriba. Y p a ra todos, ello representa p o r lo m enos en ciertos ám bitos, una disciplina con tin u á de pensam iento, de estudio y de acción.

Pero los países que no pueden p racticar u n a política de desarrollo a gran escala se enfrentan con otras dificultades todavía. Al disponer de m edios hum anos y m ateriales m ás lim itados, al tener a m enudo u na econom ía m enos diversificada y u na sociedad mas rígida, con estratificaciones sociales más m arcadas y com portam ientos paralizados, pueden co n tar m ucho m enos que los países potentes con el juego n atu ral de los m ecanism os de corrección, de com pensación, de regulación. D e m anera que los errores que com enten son, p a ra ellos un lujo m ucho m ás grande y m ucho m ás peligroso!

Veam os entonces rápidam ente las necesidades que requieren de la política científica de esos países una atención especial.

A. La infraestructura científica y técnica

U n a política « en favor y por m edio de la ciencia » no p o d ría producir efectos favorables p a ra el desarrollo de un país si no se ap o y ara sobre algunas bases realm ente esenciales.

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1. Prim ero, el sistema general de educación. Es obvio que u na buena investigación supone buenos científicos y que buenos cientíticos suponen buenas universidades. Pero las universidades de un país serán realm ente buenas sólo si constituyen un m edio de trab ajo fecundo y si, p o r o tra parte, los estudiantes que ellas acogen han recibido una buena form ación secun­ daria. A h o ra bien, esta buena form ación secundaria presupone un a buena enseñanza prim aria. De m anera que p a ra hacer buena investigación, no b asta enviar buenos estudiantes a hacer un d o cto rad o al extranjero. Es preciso llevar u n a política de la educación, en el seno de la cual, los estu­ diantes en el extranjero, puedan tener cabida, pero en su ju sto sitio.

Por o tra parte, hay que relacionar el sistem a educativo con las salidas profesionales, no en u n a perspectiva estática, sino p o r un proceso racional. Se debe, p o r lo tan to , efectuar estudios previsionales de oferta y de dem anda de diplom ados y el desarrollo del a p ara to educativo, sobre to d o a nivel universitario, debe tener en cuenta el resultado de tales estudios.

2. Ségundo ejem plo: la investigación fundam ental. Es cierto que no se puede pensar en hacer buena investigación fundam ental orientada si no es en los cam pos en los que el país dispone de un potencial suficiente de investigaciones originales libres, no orientadas. Este es el terreno de base. A dem ás, en n u etra época, hay, entre esos dos tipos de investigación, interac­ ciones constantes, la un a inspirando a la otra, la u n a necesitando a la otra para progresar, etc. Es entonces obviam ente indispensable, sobre to d o en los cam pos donde querem os apelar a la investigación fundam ental p ara ayu­ darnos a resolver ciertos problem as que interesan a la sociedad, procurar establecer prim ero, o en to d o caso al m ismo tiem po, la investigación fun­ dam ental libre en dichos cam pos.

3. Tercer ejem plo: la investigación tecnológica. Las industrias de base científica tienen, com o hem os visto, un índice de crecim iento y un rendi­ m iento altos. Las técnicas m uy elaboradas que ponen en ob ra son el resul­ tad o de investigaciones tecnológicas de avanzada. Sin em bargo, las em presas de un sector determ inado no pueden llevar a cabo esas investigaciones adelantadas, si no disponen de u na tecnología general de alto nivel. P or o tra parte, aún en los sectores donde las em presas no ap u n ta n a la innova­ ción, éstas no pueden m antenerse com petitivas si no m ejoran constante­ m ente sus técnicas de producción. P o r lo ta n to sólo deben prom over las investigaciones adelantadas en un sector si, paralelam ente, se realizan esfuerzos suficientes de investigación p a ra m ejorar la tecnología general del sector. Las varias em presas del sector pueden efectuar este últim o tipo de investigación en cooperación, pués se efectuá en el interés del sector entero. En u na palabra, la prom oción de la investigación de avanzada o de com peti­ ción, no puede preceder a la prom oción de la invegación m ás tradicionalsti de m ejoram iento de la técnica y de los p roductos existentes. Es preferible com enzar p o r la investigación de m ejoram iento, efectuada en cooperación, y de in co rp o rar enseguida investigaciones de innovación.

B. Los circuitos de la política científica

Y a se trate de los circuitos de decisión, de financiación o de ejecución de la política científica, un país disponiendo de m edios lim itados debe especialm ente p ro cu rar que se racionalicen esos circuitos, a fin de evitar lo m ás posible, la « dilución » de la política y el despilfarro, sobre todo b ajo la form a de dobles em pleos no justificados.

Ejem plos:

— N o se puede concebir que el m inistro de asuntos económ icos, el m inistro de la agricultura y el m inistro de la educación nacional, lleven cada uno en su sector, u na política científica distinta;

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— es inadm isible que se efectúe u na investigación de interés público, financiada por el E stado, con grandes costos en una universidad, m ientras exista una institución científica del E stado, equipada para efectuar, de m anera perm anente, este tipo de investigaciones, y vice versa;

— hay que evitar que, bajo el pretexto de interés público, los poderes públicos financien investigaciones que dependen de la iniciativa norm al de ios investigadores dentro de sus universidades;

— hay que p ro cu ra r que los créditos de investigación no se otorguen siem pre a los mism os equipos, etc.

En cuanto a las duplicaciones en los esfuerzos de investigación, éstas son legítimas en la m edida que se trate de investigaciones libres. Pueden ser útiles en ciertos casos de investigación orientada. Hay que evitarlas firm em ente cuando no ha sido d em ostrada su utilidad.

C. La eficacia en ia asignación de los recursos

La evaluación de las probabilidades de rendim iento de un program a de investigación es un problem a difícil, que debe ser analizado de m anera realista.

A nivel de quienes financia tales program as, ciertos criterios pueden útilm énte servir de garantías;

— investigación libre: índices de fecundidad (publicaciones, citaciones en la literatura científica internacional, estudiantes extranjeros form ados, misiones de « visting professors », etc.)

— investigación o rien tad a: respeto de los com prom isos tom ados (costo, plazos, resultados científicos esperados).

III. TECNICAS MAYORES DE LA PO LITIC A CIENTIFICA S e c c ió n 1 - El o b je t iv o

C onsiderado en térm inos técnicos u operacionales el objetivo es ela­ b o ra r y ejecutar un plan p a ra la prom oción de las actividades científicas en su doble finalidad: aum entar los conocim ientos, co ntribuir al desarrollo del país.

1. El plan con m ayores perspectivas de ser coherente y eficaz, es evi­ dentem ente, el que cubre el conjunto de las actividades científicas, es decir, a la vez, la enseñanza superior de nivel universitario y la investigación científica en to d as sus categorías (investigación fundam ental, investigación aplicada e investigación de desarrollo; investigación libre y orientada).

El m étodo que se practica en Bélgica es global. Se p ractica m ás ra ra ­ mente en los grandes países que tienden, en razón de la com plejidad de la m ateria y de la rigidez de las estructuras antiguas, a tra ta r distintam ente la planificación de la enseñanza superior y la de la investigación científica y, a veces, a tra ta r distintam ente la planificación de la investigación fu n d a­ m ental y la de la investigación tecnológica; a veces sucede que ciertas p la­ nificaciones se hacen verticalm ente p o r gran sector (energía nuclear, espacio, inform ática, m edicina, agricultura, etc.). En todas partes, sin em bargo, la experiencia enseña que es o que sería ventajoso integrar, com o tratam o s de hacerlo en Bélgica, el conjunto de las actividades científicas dentro de un plan básico general, en el cual cada gran sector debe, p o r supuesto, ser objeto de planes y program as m ás detallados.

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218 A . S te n m a n s

Pero si bajam os del nivel de la concepción al nivel de las técnicas de ejecución, hay que considerar tam bién los datos de experiencia siguientes:

a) en prim er lugar, el plan m ás flexible, y, tam bién el más seguro, es el plan a m edio plazo del tip o de cinco años. C laro que tal plan debe tener en cuenta en cada m om ento el corto plazo, es decir las realidades actuales no m odificadas todavía por el plan. T am bién debe insertarse d entro de u n a perspectiva a largo plazo, con lo cual se conform a a los grandes objetivos que sólo esta perspectiva perm ite descubrir. Sin em bargo, com o se tra ta de un plan cuya prim era cualidad es la de ser operacional, debe a la vez a ctu ar sobre las realidades inm ediatas que pretende corregir y avanzar paso a paso hacia los grandes objetivos todavía lejanos que am biciona alcanzar. Cinco años es un a buena m edida aunque no debe ser uniform e: el plan p odrá cu b rir tres años en sectores en evolución rápida, y seis o siete años, p o r ejem plo, en sectores en evolución m ás lenta.

b) P o r lo dem ás — y aquí tenem os o tro d ato de experiencia — hay que concebir el plan de política científica de tal m odo que pueda ser read ap tad o periódicam ente según m étodos suficientem ente flexibles. Es el com plem ento necesario de las obligaciones que im pone d u ran te su ejecución.

A este respecto, se pueden concebir, com o p a ra los planes económ ico, dos m étodos: el plan « deslizante », que se corrige anualm ente en función de los resultados registrados d u ran te el año tran scu rrid o o del añ o prece­ dente y que se posterga en un año, teniendo en cuenta dichas correcciones; y el plan « no deslizante » o de duración determ inada, que se ejecuta m ediante los ajustes necesarios durante el núm ero de años fijado al com ienzo; a su expiración, se elabora un nuevo plan concebido p a ra un nuevo plazo.

El prim er m étodo se indica sobre to d o cuando se tra ta de m aterias cuya problem ática a largo plazo es suficientem ente conocida (por ejemplo en Bélgica, la expansión universitaria). El segundo m étodo es preferible p ara las m aterias acerca de las cuales hay interés en reevaluar com pleta­ m ente, a intervalos regulares (cada cinco años, por ejemplo), los objetivos a perseguir a m edio plazo (tal es el caso, po r ejem plo, de ciertos program as de desarrollo de la investigación).

Lo esencial es actu ar com o el buen autom obilista que se dirige hacia la etapa que se ha fijado, p o r los cam inos que h a escogido, pero sin fijar su v o la n te !

c) En fin, quien habla de plan, h abla necesariam ente de obligaciones. A unque el plan debe p oder readaptarse periódicam ente, tiene que ser apli­ cado, entre estas readaptaciones, tal y com o h a sido determ inado. P or ende es muy im portante que cada uno sepa, desde el principio, el grado de obligación de las diferentes partes del plan.

En este cam po, después de bastantes tanteos, hem os destacado en Bélgica, un principio general que vale, tan to p a ra los planes económ icos com o p a ra los planes de política científica.

Según este principio, el plan es im perativo p a ra los poderes públicos; es contractualm ente obligatorio p ara los organism os que reciben apoyos financieros del E stado y que se com prom eten a utilizar dichos apoyos conform e al p lan ; es indicativo p ara el resto, es decir que ofrece un cuadro de reflexión y de acción a los organism os que no piden nad a al E stado pero que son concientes, sin em bargo, de los grandes objetivos nacionales a alcanzar y que, por o tra parte, han contribuido frecuentem ente, gracias a la concertación, a destacar y a form ular esos objetivos.

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de los m edios científicos que son natu ralm en te individualistas. D e esto deriva la im portancia, absolutam ente fundam ental, de la concertación en la elaboración del plan y de sus ajustes periódicos.

S e c c ió n 2 - Los in t r u m e n t o s

Cuáles son los instrum entos m ayores p a ra la elaboración de los planes de política científica?

Estos instrum entos son, p o r supuesto, num erosos. A lgunos, sin em bargo, tienen u na im portancia m uy especial, razón p o r la cual son utilizados tan to el el plan nacional com o en las organizaciones internacionales que se encar­ gan de política científica.

Sin en trar en detalles, m encionaré y com entaré brevem ente los instru­ m entos siguientes:

1. A nte to d o , hay que m encionar el inventario del potencial científico del país.

R egularm ente — cada dos años, en Bélgica — se invita a to d as las unidades científicas del país a p ro p o rc io n ar inform aciones acerca de su com posición (con las calificaciones de sus m iem bros), sus tem as de investi­ gación actuales y en proyecto, sus medios financieros, su equipam iento, etc. P ara asegurar la com parabilidad de esos datos, los encuestadores ayudan a esas unidades a llenar, según u n a m etodología uniform e, los form ularios que se les entregan. Los resultados son tra tad o s por m ecanografía y, si es necesario, por com p u tad o ra. Sólo se pueden com unicar o publicar los datos estadísticos con exclusión de cualquier dato que perm ita identificar una unidad de investigación. E sta garantía del secreto es indispensable para el buen funcionam iento de tal técnica. En Bélgica, la colaboración de las unidades de investigación es excelente. Es así que el porcentaje de respuestas de las em presas interrogadas alcanzó el 68 % p a ra el prim er inventario en

1961, el 78 % en 1963, el 86 % en 1965.

El inventario perm ite determ inar en cada m om ento las características principales del ap a rato científico del país y de su potencial. La com paración de los inventarios sucesivos perm ite establecer las tendencias y averiguar el im pacto de la política científica perseguida.

2. O tro instrum ento muy im portante es el análisis y la elaboración del presupuesto público de la ciencia.

En Bélgica, todos los departam entos m inisteriales que prom ueven actividades científicas inscriben los créditos que solicitan en u na sección especial de su proyecto de presupuesto. Para proceder al análisis, se reagrupa y se desglosa el conjunto de esas secciones especiales en cinco grandes rubros presupuestarios: financiación de las universidades p a ra su m isión general de enseñanza y de investigación; financiación de los organism os cuya m isión es prom over program as de investigación fundam ental no o rien tad a; financiación de la investigación tecnológica, industrial y agrícola; finan­ ciación de la investigación de servicio o de interés público, que se realiza en los establecim ientos científicos del E stado o en otras unidades de inves­ tigación, siempre que se trate de program as destinados a servir al público (m eteorología, por ejemplo) o a aclarar la gestión gubernativa (problem as de vivienda, de transporte, de salud pública, etc.); finalm ente, financiación de la cooperación del país en las actividades científicas internacionales (energía nuclear, espacio, poluciones, etc.).

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tendencia y de los objetivos de la política científica, en una palabra, poner el presupuesto de la ciencia al servicio efectivo de la realización del plan.

C uando se acaba este trab ajo funcional y el gobierno ha to m ad o sus decisiones, cada d ep artam ento m inisterial inscribe en la sección especial de su presupuesto los créditos definitivam ente fijados. Se entrega al p arla­ m ento, que vota cada uno de los presupuestos m inisteriales, el reagrupa- m iento funcional que sirvió de base a las decisiones del gobierno.

3. Vienen enseguida, entre los instrum entos m ás im portantes de la política científica, ciertos estudios de base, periódicam ente revisados, y que sirven p ara aclarar las opciones.

a) C itaré prim ero un buen modelo del sistem a de la enseñanza superior: fotografía del sistem a existente con to d as sus com ponentes (estructuras, población escolar, encuadram iento, etc.) y todas sus im plicaciones (núm ero de diplom ados, porcentaje de fracasos, salidas profesionales); análisis de esta fotografía (detección de los puntos débiles y de los puntos fuertes); construcción de un m odelo norm ativo, acom pañado de la evaluación cualitativa y cuan titativ a de las m edidas a to m a r y de las etapas a superar para realizarlo.

b) M encionaré en segundo lugar, un estudio de la situación y de los puntos de crecimiento de la ciencia fudam ental: este estudio perm itirá a

los hom bres de ciencia de cada gran grupo de disciplinas establecer, para estas disciplinas, el nivel general de conocim ientos alcanzado en el m undo y los cam pos en los cuales se realizan o se preveen progresos significativos Les perm itirá situar la ciencia fundam ental de su país en relación con este nivel general y estos p u n to s de crecim iento. Si se confronta dicho estudio, esencialm ente cualitativo, con los datos cuantitativos proporcionados por el inventario del potencial científico, se podrán determ inar con más precisión los cam pos en los cuales hay que cubrir un retraso (puntos débiles) y por el contrario aquellos, en los cuales un esfuerzo especial puede llevar a la creación de centros de excelencia (puntos fuertes).

c) Por fin, lim itándonos a lo esencial, m encionaré un estudio de base acerca de las relaciones que existen entre la investigación científica y el crecimiento económico, d entro del país, en el seno del grupo de países a que pertenece, y en los países que pertenecen a grupos m ás avanzados.

T al estudio, del que ya hablé a propósito del sostenim iento de la investigación tecnológica en Bélgica, contribuye a determ inar el sentido en que hab ría que m odificar o m ejorar progresivam ente las estructuras de producción. Tam bién perm ite identificar, pues es su objetivo m ás directo, los sectores en que m ás ciencia, es decir, m ás investigación científica, pueda p ro p o rcio n ar a las em presas m ás dinám icas y m ejor dirigidas, un índice de crecim iento m ás rápido de to d o el país.

Es un estudio difícil desde el punto de vista técnico, y requiere esta­ dísticas num erosas y seguras, cuyos resultados deben ser interpretados con m ucho rigor y realism o. Pero merece hacerse porque es particularm ente significante.

IV. EJEMPLOS CONCRETOS DEL IMPACTO DE U N A POLITICA CIENTIFICA SOBRE EL SOSTENIM IENTO DE LAS CIENCIAS Y DE LAS TECNICAS

Se tra ta rá de ejem plos tom ados de la experiencia belga '.

1. En el plano cuantitativo, los m edios financieros dedicados por los poderes públicos a la enseñanza superior y a la investigación científica han

A . S te n m a n s

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P o lític a c i e n t í f i c a y d e s a r r o llo

subido en diez años (de 1961 á 1970) de 68, 84 m illones de dólares a 267, 42 millones, es decir que casi se h an cuadruplicado (índice 388,4).

En el m ismo tiem po el P.N .B . se ha casi duplicado (ha pasado, entre 1958 y 1968, al índice 198).

Los m edios públicos otorgados a la ciencia h an tenido entonces un crecim iento netam ente más rápido que el del P.N .B. En 1961, represen­ tab an el 0,6 % del P .N .B .; representan el 1 % desde 1967 y, en 1970, sobre­ p asarán probablem ente en algo el 1 %.

Asim ism o, los medios financieros h an crecido m ás rápidam ente que el conjunto de los gastos ordinarios del E stado: en 1961 representaban el 2 ,8 % de estos gastos; en 1970 representan el 4 ,6 % .

Esta evolución es significativa, puesto que en tal crecim iento la polí­ tica científica en trab a en com petición con sectores en los cuales, en Bélgica, los gastos públicos crecen tradicionalm ente más rápido que el P .N .B .: la educación, la salud, la seguridad social.

Esto quiere decir que se consiguió un « consensus » muy am plio, no solam ente en los medios científicos, sino tam bién en los medios económ icos y sociales, acerca de la necesidad de dedicar una p arte creciente de las riquezas nacionales al desarrollo de las actividades científicas. C uando se conoce la dificultad de las negociaciones con los « partenaires » sociales en países com o Bélgica, este « consensus » reviste evidentem ente u n a signi­ ficación cualitativa: significa que en Bélgica, tan to los medios patronales com o los m edios sindicales, están de acuerdo p a ra considerar el sosteni­ m iento de las ciencias y de las técnicas com o una inversión de progreso, ta n to en el plano económ ico com o en el social.

2. P or o tro lado, el análisis de la distribución de estos m edios indica que se pudo ejercer una acción, dentro del presupuesto de la política científica, sobre el ritm o respectivo del crecim iento de las grandes categorías de gastos.

a) Los m edios otorgados a la enseñanza universitaria y a la inves­ tigación no orientada representaban el 55,3 % del presupuesto de la política científica en 1961; en 1970 representan el 59,6 % lo que significa, teniendo en cuenta la expansión rá p id a del núm ero de estudiantes, un crecim iento no despreciable aunque co n tro la d o ;

b) Los m edios otorgados a la investigación industrial y agrícola, representaban el 18,4% del presupuesto de la política científica en 1961. H asta 1967, la parte relativa a esta categoría de gastos estuvo decreciendo, sobre to d o en favor de un crecim iento de nuestras contribuciones a las actividades científicas internacionales. Todos los medios interesados se han d ado cuenta entonces de que si estas tendencias seguían m anifestándose, los m edios que se pueden dedicar a la investigación tecnológica serían cada vez m ás transferidos de nuetros lab o rato rio s nacionales a lab o rato rio s inter­ nacionales, con una doble consecuencia: nuestros investigadores serían cada vez m enos ap to s p a ra participar fructuosam ente en la com petición internacional y los estudiantes que form am os, cada vez más num erosos, no servirían a la larga sino p a ra alim entar el « brain drain ». Se efectuó entonces un reajuste de nuestras políticas: los medios otorgados a la investigación tecnológica, que no representaban m ás del 14,7 % del presupuesto público de la ciencia en 1967 han alcanzado el 17,7 % de este presupuesto en 1968, el 18,9% en 1969 y el 19,3% en 1970.

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222 A . S te n m a n s

contribuciones en cam pos donde considerábam os que había que sostener, por prioridad, nuestro potencial nacional de investigación. P o r supuesto, que esta norm alización no dio lugar a u na dism inución, en cifras absolutas, de nuestros aportes a la cooperación científica internacional, sino, sim ple­ m ente, un crecim iento m ás co n tro lad o : si se recuerda que el presupuesto de la política científica se ha, prácticam ente, cuadriplicado entre 1961 y 1970, resulta que los 7,3 % de este presupuesto dedicados a la cooperación internacional en 1970 representan, en cifras absolutas, casi cu atro veces los 7,8 % de 1961.

d) En cuanto a los m edios dedicados a las instituciones científicas del E stado y a la investigación de servicio público en general, su parte relativa en el presupuesto de la ciencia ha dism inuido progresiva­ m ente, p asan d o del 18,5 % de este presupuesto en 1961 al 13,5% en

1970. E sto se debe al hecho de que las instituciones científicas del E stado no tienen m isión de enseñanza y que no tuvieron que enfren­ tarse, com o las universidades, con los problem as resultantes de un crecim iento considerable del núm ero de estudiantes. P o r o tra parte, dichas instituciones, creadas en su m ayoría en el siglo pasado, han entrado en una fase de readaptación, durante la cual se esfuerzan por definir nuevam ente sus misiones, teniendo en cuenta las necesidades actuales de la sociedad en actividades científicas de servicio público. Después de esta fase de readaptación llegarán a form ular nuevam ente objetivos con u n a program ación correspondiente, y los m edios financieros que h a b rá que dedicarles en el futuro.

3. E sta política, en su conjunto, llegó a m odificar, en u n a pro p o rció n m oderada, la parte respectiva a la financiación gubernamental y a la financia­ ción privada en los gastos totales de investigación y de "desarrollo: en 1963, la financiación gubernam ental representaba sólo el 2 4 % del gasto to ta l; en 1967, representaba el 31 %. Se n o ta rá que esta estructura del gasto nacional de investigación es y se m antiene diferente de la de la m ayoría de los países avanzados, en los cuales la financiación del E stado se acerca o sobrepasa la m itad del gasto to tal. Sin fijarse necesariam ente tal objetivo — pués Bélgica no tiene la carga de gastos m ilitares o de prestigio im p o r­ tantes — la política científica belga se esforzará, sin em bargo, en llevar la financiación gubernam ental a un nivel suficiente p a ra desem peñar u na función m otriz.

Se h a com probado, efectivam ente, que existe un lím ite bajo el cual tal financiación se dispersa sin provecho p a ra nadie.

4. Él aum ento de la ayuda o torgada po r los poderes públicos a las actividades científicas se efectuó en gran p arte tan to en lo que concierne a la investigación fundam ental com o a la investigación aplicada, según el principio de los grandes equilibrios y la técnica del desarrollo de los « puntos fuertes » expuestos previam ente.

N o hay duda que los gastos ineluctables del ap arato de la enseñanza superior y de la investigación científica son tales que los créditos realm ente « o rie n ta b le s» sólo constituyen cada año u n a pequeña p arte del gasto total. L a planificación en este cam po sólo puede, p o r lo tan to , producir sus frutos m uy progresivam ente.

Sin em bargo, se puede decir que tal política c o m p o rta tres resultados apreciables.

P o r un a parte, contribuye a hacer que todos los m edios responsables de un país sean más concientes de la necesidad de readaptaciones profundas y continuas en una visión dinám ica de innovación y de progreso.

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P o lític a c i e n t í f i c a y d e s a r r o llo

Finalm ente, contribuye a m o strar los límites de un país, ta n avanzado sea, y a indicar los cam inos en los cuales conjuntos regionales m ás am plios pueden, al conyugar los puntos fuertes de sus países m iem bros, m odificar progresivam ente situaciones desfavorables en beneficio de sus habitantes.

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