©Francisco Benages García
Propietario del texto, imágenes y dibujos
La propiedad de las imágenes de las barajas de Tarot que
aparecen en este libro pertenece a sus autores
1º edición electrónica octubre 2012
Se permite la reproducción parcial de textos y dibujos
citando siempre la fuente.
A Oscar y Cristian
Que El Sol brille para siempre en vuestras vidas
Agradecimientos
Antes de iniciar el viaje quisiera dar las gracias a todos aquellos que de un modo u otro me han ayudado a realizar esta travesía.Gracias a Encarna Sánchez y Daniel Rodés, mis profesores y amigos.
Gracias a Alejandro Jodorowsky, instructor y maestro de Tarot y de la Vida.
Gracias a Salvador Pániker. Su filosofía me cambió la vida. Gracias a Cristina Cinca por estar ahí, ayudándome en el camino.
Gracias también a todos aquellos autores que con su sabiduría y conocimiento me han socorrido cuando los necesitaba. Sus nombres los he incluido en Lecturas Recomendadas.
Y como no, me siento agradecido con mis consultantes y asistentes a los talleres y cursos. He aprendido de ellos y el reflejo es este trabajo.
TEMARIO
-INTRODUCCION -PSICOLOGÍA Y TAROT
-EL TAROT Y LA PSICOLOGIA JUNGUIANA -Proyecciones
-Tarot y Sincronicidad -El Tarot y la sombra
-TAROT Y PSICOLOGIA TRANSPERSONAL -Los ojos del conocimiento
-El Flujo
-EL DESARROLLO DE LA CONCIENCIA: ENTRE WILBER Y JODOROWSKY -Las estructuras básicas de la Conciencia
-PSICOTERAPIA A TRAVÉS DEL TAROT -Tarot y proceso terapéutico -Las cartas de la vida
-Interpretación y significados -Una cuestión de energía
-ORGANIZACIÓN DEL TAROT POR SERIES DECIMALES
-ORGANIZACIÓN DE LOS ARCANOS MAYORES POR SEPTENARIOS -ARCANOS MAYORES Y ENEAGRAMA
-Analogías entre los Arcanos Mayores y los Eneatipos
-ASTROLOGIA Y NUMEROLOGIA: LAS CARTAS DEL NACIMIENTO -La Astrología al servicio del Tarot y viceversa
-Las cuatro energías -Aplicación práctica
-Las doce casas astrológicas -Aspectos planetarios
-Preparando la carta astro-tarológica -Interpretación
-La Lectura tarológica
-Numerología y Arcanos del nacimiento -EL PROCESO DE CONVERTIRSE EN UNO MISMO
-El esquema evolutivo -El proceso
-El cuadrado tierra -El cuadrado humano -El cuadrado cielo -¿El final del viaje?
-LOS CUATRO CENTROS MOTORES, LOS CUATRO EGOS -Ingredientes de la experiencia a través de los cuatro centros
-Las sub-personalidades y los cuatro centros
-Pero…¿Qué se supone que es una sub-personalidad? -Las cinco sub-personalidades
-Sistema de lectura
-PSICOTERAPIA Y TAROT: DEL EQUILIBRIO A LA ARMONIA -TAROT SISTÉMICO
-Una nueva visión
-Lecturas
-Lectura del Árbol Genealógico -caso práctico
-Constelación con los Arcanos del Tarot -Constelando con representantes y Arcanos -Otros ejemplos de aplicación
-LECTURAS TERAPÉUTICAS -Lecturas simples -Lecturas de tres cartas -Lectura Orgánica
-La Lectura del Viaje del Loco -Lectura Metagenealógica -Un sencillo ejemplo
-EJERCICIOS PARA UNO MISMO -Colorear los Arcanos -Elabora tu propio Tarot -Lleva un diario personal
-Completar frases para vivir de una manera consciente -Meditar con las cartas
-LOS ARCANOS MAYORES UNO A UNO -El Mago-Ser uno mismo
-La Papisa-La memoria de nuestros orígenes -La Emperatriz-Crear en el amor
-El Emperador-Seguridad en uno mismo -El Papa-El Don de la comunicación -El Enamorado- El Yo y los Otros -El Carro-Iniciativa y determinación -La Justicia-Aquí y Ahora
-El Ermitaño-Una luz en la oscuridad -La Rueda de la Fortuna-Todo es temporal -La Fuerza-Poderosa Dulzura
-El Colgado-Aceptación y renuncia -Arcano XIII-Transformación en vida -La Templanza-El tiempo todo lo cura -El Diablo-Enfrentarse a las situaciones
-La Torre (La Casa Dios)-Liberarse de los conceptos -La Estrella-Nuestra misión en la vida
-La Luna-La Madre Divina -El Sol-Unión y fraternidad -El Juicio-Conciencia de lo Eterno -El Mundo- El mundo está en ti -El Loco- El viaje hacia uno mismo -LOS ARCANOS MENORES
-Los cuatro palos -Significados
-Los Honores o Cartas de la Corte -A LA BÚSQUEDA DEL EQUILIBRIO PERDIDO -NOTAS
-LECTURAS RECOMENDADAS -DATOS DEL AUTOR
INTRODUCCION
Dicen que una persona se realiza totalmente después de tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. No sé si es cierto o no. En realidad lo encuentro limitante. Creo que una persona en realidad no tiene límites para su realización y que tras haber ascendido a ciertas cimas ha de ir tras otras más altas. O tal vez no. Dependerá, supongo yo, de su nivel de Conciencia y de las ganas que tenga de continuar aprendiendo, curioseando en este mundo paradójico y multifacético.
Lo único cierto es que este libro que tienes entre tus manos, querido lector, es fruto de la aportación de muchas personas. No es solo mío. La autoría le pertenece también a cuantas almas se han cruzado en el sueño que es mi vida y que no me pertenece. Solo le pertenece a la Conciencia la cual se expresa a través mío de esta particular forma.
En este libro se habla de psicología, de filosofía, de astrología, de genealogía. Y el hilo conductor es el Tarot. Y así es porque mi intención no es que aprendas a manejar la baraja del Tarot para poder leer el futuro sino que a través de este pequeño trabajo multidisciplinar quizás encuentres alguna respuesta a tus preguntas. Porque no me inicié en el estudio de este portentoso instrumento sagrado para predecir el futuro, ni adivinar qué sé yo que tiempo hará mañana, sino para poder conocerme un poco más a mí mismo. Empecé curioseando y acabé buceando en sus profundidades. Aún hoy día continúo extasiado ante tanta sabiduría sin palabras.
Parto de la base de que el ser humano es un animal simbólico aunque piense que ha perdido esa condición en beneficio de su parte racional. Y ese racionalismo ha impulsado la creencia general de que la realidad es problemática, se ha relegado lo místico al baúl de lo esotérico en su sentido más peyorativo, y de lo simbólico parece que solo nos queda el pop-art y las señales de tráfico. Pero el verdadero místico no siente que la realidad sea problemática porque en él no existe la disociación entre sujeto y objeto. Como no hay dualidad tampoco hay una realidad delante de uno.
Nos encontramos en una etapa crucial en la que es necesaria una transformación esencial, un retorno al Origen donde la dualidad no existe, donde no existe el problema, cualquier problema.
Este libro trata sobre eso y sobre ese viaje interior inspirado por la Conciencia y que desemboca en un trabajo personal curativo. Y en este viaje
me acompañan mis amados Arcanos del Tarot, ese libro sin palabras pero con ilimitados significados e interpretaciones. Hubiese querido poder escribir un libro sin palabras, pero no sé. Todavía me queda mucho por aprender.
No quiero extenderme más, lo que creo importante viene tras esta introducción. Solamente quisiera acabar con un párrafo del fallecido Raimon Panikkar, sin añadir nada más. Solo gracias.
“Recuerdo un ideal: cada párrafo que escribo, cada frase, debería reflejar, en la medida de lo posible, toda mi vida y ser expresión de mi ser. Se debería reconocer mi vida entera en una sola frase, del mismo modo que puede reconstruirse el esqueleto completo de un animal prehistórico a partir de un solo hueso”.
PSICOLOGIA Y TAROT
Básicamente la psicología es una ciencia que estudia el comportamiento, la conducta en su sentido amplio, del ser humano. Evolucionó como ciencia a partir de la filosofía. Platón y Aristóteles fueron los primeros en darle un sentido concreto, una definición como concepto. Con el paso de los siglos la psicología, el estudio de las actividades psíquicas, ha desarrollado un “árbol” de especializaciones verdaderamente variado. Hoy se habla de Psicología Aplicada, Analítica, Ambiental, Atomista, Clínica, Cognitiva, Fisiológica, Experimental, Descriptiva, Social, Sexual, etc… Por su parte el Tarot, del que obviaremos su posible historia y nos remitimos a la ingente cantidad de libros publicados sobre él a quien desee profundizar sobre la cuestión, pensamos que es un sistema simbólico enraizado en el inconsciente humano que posee unas claves sobre la existencia humana, una sabiduría que lo convierte en un método de conocimiento personal y que puede ser utilizado de diversas formas. Su lectura (se trata de un libro en definitiva, un libro óptico) es posible realizarla a varios niveles. A nivel Literal se trata de interpretar lo que se ve en las imágenes, a nivel Psicológico la interpretación se basa en lo que representan las cartas a nivel mental e inconsciente y ya a nivel Iniciático lo utilizamos como herramienta para el descubrimiento interior. De ahí la diferenciación que debemos apreciar entre lo que es un Tarotista (el que “echa” las cartas) y un Tarólogo (quien se ocupa de su estudio a nivel psicológico). La TAROLOGIA, pues, es una ciencia que se ocupa del estudio pormenorizado del Tarot, dejando de lado su vertiente cartomántica y de “videncia”. Fue Alejandro Jodorowsky quien acuñó el término y que lo ha desarrollado ampliamente en su libro, escrito junto a Marianne Costa, titulado La Vía del Tarot, al cual remito a quien desee una amplia información sobre lo que debe ser un tarólogo.
Lo que une al Tarot y a la Psicología es que ambos estudian la psique humana, la psicología de forma académica, lógica desde su punto de vista racional, y el tarot lo hace de forma simbólica, arquetípica, artística incluso y se encuentra conectado al inconsciente personal y colectivo a través de la sincronicidad. Aunque de puertas hacia fuera los psicólogos desprecian tanto al tarot como la astrología o el I-Ching, sabemos que muchos profesionales titulados utilizan el tarot como herramienta en sus consultas; de hecho este fenómeno ocurre desde los años 70 del siglo pasado, o tal vez incluso antes tanto en EEUU como en Inglaterra donde los psicólogos de mente abierta utilizan el tarot en sus sesiones con sus pacientes. Es más, por si alguien duda de su validez, tanto Freud como Jung utilizaban los arcanos del tarot como método proyectivo con sus clientes.
En una lectura de Tarot, los poderosos arquetipos trabajan juntos para crear un patrón o un mensaje que permite al interlocutor entender y resolver sus dificultades. Sus profundos símbolos también inducen al consultante a mostrar los sentimientos o las ideas que se esconden debajo de la superficie de su mente consciente. El simbolismo del Tarot puede ser una manera más suave para que el interlocutor entre en contacto con los sentimientos que puede negarse a reconocer. Los objetivos deben ser los objetivos del consultante, las estrategias deben ser las estrategias de la consultante, y los planes de acción deben ser los planes de quien consulta. El trabajo del tarólogo consiste en estimular la imaginación de los consultantes para ayudarles en la búsqueda de incentivos.
Por todo ello durante este viaje que iniciamos vamos a ir manteniendo una entente cordiale entre Tarot y Psicología mediante la armonización de las virtudes de uno y otra, los engarzamos dado que ambos buscan reequilibrar la psique de la persona y que encuentre su lugar en el mundo.
EL TAROT Y LA PSICOLOGIA JUNGUIANA
Carl Gustav Jung fue uno de los pocos psicoanalistas que estudió el Tarot viendo en él relaciones psicológicas con sus célebres Arquetipos. Lo cierto es que durante años estudió alquimia y estaba bastante informado sobre esoterismo en general por lo que su voz es una de las más autorizadas en el ámbito de la psicología y su relación con el Tarot. Dos fueron las principales vías en las que se apoyó para consumar sus teorías, las proyecciones y la Sincronicidad.
Proyecciones
A nivel psicológico sabemos que el ser humano funciona a base de proyecciones. Las proyecciones son procesos inconscientes y autónomos por los cuales vemos en el exterior tendencias, potencias, características y deficiencias que realmente suceden en nuestro interior. Dándonos cuenta o no, las personas proyectamos al exterior nuestros miedos, nuestras fantasías, nuestras esperanzas, nuestras expectativas, etc… A partir de esa premisa, Carl Jung intuyó un nexo de unión entre la psicología y el Tarot. Partiendo de la base de que en los niveles profundos de nuestro ser todavía existe un universo misterioso que opera más allá del espacio y el tiempo Jung concluyó también en que ese inconsciente funcionaba al margen de las leyes de la lógica y la causalidad. El maestro suizo relacionó los diferentes Arcanos Mayores del Tarot con distintos Arquetipos (*) presentes en el inconsciente colectivo y afirmó que una persona que viviera conscientemente
esos arquetipos no estaría condicionado por esas fuerzas invisibles, devendría una persona individuada, por una parte lo suficientemente independiente para ser inconformista y por otra con una gran seguridad personal para ser conformista. Interesante la descripción que Sallie Nichols hace de este tipo de persona en su obra Jung y el Tarot, del que entresacamos unas líneas al respecto: “Una persona individuada se siente realmente como expresión única de la divinidad, no tiene necesidad de demostrárselo a nadie. En estas personas puede apreciarse una cualidad indefinible en su modo de ser que nos atrae…A menudo esta persona parece más presente y activa en silencio que aquellos que participan de una manera activa, porque está en contacto con su propio sí-mismo. La comunicación es tan abierta y fácil que le comprendemos y, a pesar de eso, nos inquieta. Por un lado es la persona más original que hayamos encontrado jamás, y por otro, es igual que nosotros. Es una paradoja”. Tras leer este párrafo creemos firmemente en que el binomio El LOCO-El MUNDO se corresponde con la descripción, avalada además porque ambas cartas representan el Alfa-Omega de los Arcanos Mayores, la energía creativa junto a la energía material, soporte y concreción del mandala que se construye junto con los demás Arcanos tal y como aparece en La Vía del Tarot.
Sintetizando lo que Sally Nichols expresa sobre el pensamiento de Carl Jung en relación al Tarot, podríamos afirmar (de hecho son afirmaciones de su excelente libro) que El LOCO es un Arquetipo coactivo, actual, que prefiere cabalgar a caminar. El MAGO es el ilusionista, el embaucador. La PAPISA sin duda encarna el Arquetipo de la Virgen tal y como aparece en las escrituras sagradas de diferentes culturas. La EMPERATRIZ y El EMPERADOR simbolizan a gran escala los Arquetipos del Padre y la Madre. El PAPA, por su parte, representa la autoridad, cuyo poder sobrepasa al del EMPERADOR. Representa al Hombre Sabio. El ENAMORADO encarna el eterno triángulo como situación arquetípica de nuestra vida personal. A la carta de EL CARRO se le ve como parte de una totalidad con la que el héroe (se trata de un “mapa de viaje” en el que al protagonista S. Nichols lo representa como héroe) empieza a conectar, simboliza un principio de conducta emergente. Con La JUSTICIA el héroe debe evaluar, sopesar, los problemas morales por sí mismo. El ERMITAÑO puede ayudarle a encontrar una “luz” más individual. La RUEDA DE LA FORTUNA simboliza las fuerzas inexorables de la vida que actúan fuera de nuestro control. La FUERZA es la ayuda que el héroe necesita para domar su naturaleza animal. Con EL COLGADO llega a una situación donde se encuentra totalmente desvalido. El ARCANO XIII es una figura arquetípica ante cuya guadaña todos nos encontramos desarmados. TEMPLANZA es una ayuda. Antes de llegar hasta
aquí el héroe buscaba el desarrollo del ego, ahora su atención se orientará hacia un centro psíquico más amplio, el sí-mismo. El DIABLO trae consigo un rayo de luz y las cuatro cartas que vienen a continuación: La TORRE, La ESTRELLA, La LUNA y El SOL representan diversos estadios de iluminación en orden ascendente. El JUICIO irrumpe en la conciencia del héroe para despertar al muerto durmiente y El MUNDO es el sí-mismo, todas las contradicciones con las que ha tenido que enfrentarse el héroe, aparecen todas juntas “en un mundo”.
Pero aún hay más. Dotándoles de un sentido más extenso del que les otorgaba Jung, podríamos decir incluso que los Arcanos Mayores del Tarot son propiamente Arquetipos. Alejandro Jodorowsky comenta que los Arcanos no son interpretaciones sino Arquetipos en sí mismos y que constituyen la columna simbólica de la psique humana; es más, como vía de conocimiento “vibra” cuando lo relacionamos con el Taoísmo, el Zen, la Alquimia, el Cristianismo, la Cábala, etc… La filosofía perenne nos habla de un conocimiento ancestral, común a todas las vías, y el Tarot podría ser el nexo, el aglutinante, la síntesis visual de ese conocimiento.
Tarot y Sincronicidad
La Sincronicidad es un fenómeno observado por Carl Jung y supone la ocurrencia de dos eventos que no están asociados ni causalmente ni teleológicamente (sin una finalidad en el orden natural), pero que tienen una relación significativa; en otras palabras, la Sincronicidad significa que la coincidencia de sucesos en el espacio y en el tiempo es algo más que un mero azar; es una peculiar interdependencia de los sucesos objetivos entre sí, así como respecto de los estados subjetivos del observador. Ambos componentes, el objetivo y el subjetivo no poseen una causa común, no se puede demostrar científicamente qué genera el fenómeno. Y aunque la ciencia ha avanzado en mediciones cada vez más minuciosas de la realidad (su supuesta realidad), al llegar al terreno de lo subjetivo se ha encontrado con que le es totalmente imposible medir, predecir o manipular las variables. En el caso concreto del Tarot, las cartas muestran situaciones tanto objetivas como subjetivas, es decir, pueden quedar en evidencia tanto aspectos de la realidad concreta y tangible como de la realidad emocional o intelectual. La Sincronicidad, de alguna manera, nos indica que el tiempo, tal como lo concebimos (pasado-presente-futuro) parece no existir, según el tema planteado, y por ello las cartas mostrarán tanto aspectos del pasado como del presente o del futuro del consultante. Para el inconsciente, el espacio y el tiempo son relativos. El conocimiento se adquiere en un continuo espacio-temporal donde el espacio ya no es el espacio que podemos “tocar”,
ni el tiempo es el tiempo “mesurable”. Relacionando Sincronicidad y Tarot notaremos que éste es una especie de mapa de la conciencia humana, un mapa óptico, un conjunto de símbolos visuales que reflejan (el Tarot es un espejo) los cambios internos y externos del ser humano. Este lenguaje simbólico afecta esencialmente a los aspectos no racionales de la conciencia humana, como los sueños o el I-Ching y cuando la mente intenta explorar el símbolo se topa con los límites de la razón. Jung afirmó que cuando se consulta el Tarot lo que se lee es la propia vida del consultante, los símbolos sugieren el significado de su vida. Por ello recogen lo que hay de más inmediato, de más evidente, presentan sus experiencias, reflejan sus propias pasiones, sus deseos inconscientes, dado que los símbolos se materializan a través del inconsciente. Nada sucede por casualidad, ya que según las creencias relacionadas con la psicología humanista, la casualidad ni siquiera existe.
En relación a la sincronicidad en la vida cotidiana existe un fenómeno interesante, reconocido ya por muchos profesionales de la salud, y es que cuanto más se tiende a la “vida interior”, especialmente mediante la práctica de la meditación, más aparece la sincronicidad en nuestras vidas. La diferencia entre el modelo causal y la sincronicidad reside en que el modelo causa-efecto supone una coincidencia de sentido, B viene después de A; mientras que la sincronía supone una conexión significativa que es lo que sucede con el Tarot Terapéutico y la conexión entre los arcanos y la consulta.
La Sincronicidad es el vínculo, la sustancia de esa conexión, por ello la lectura del tarot depende de esa conexión y la unidad subyacente de los fenómenos. En este contexto el elemento más importante de esa unidad es lo que Jung denominó inconsciente colectivo. En ese inconsciente colectivo residen las imágenes arquetípicas contenidas en los arcanos del tarot y por ende en el inconsciente individual.
Este inconsciente no cree en un orden lógico, por el contrario opera con un enfoque más holístico basado en imágenes. Su lenguaje natural es el lenguaje de los símbolos y concretamente las imágenes arquetípicas. Al entender esta relación entre arcanos y mente inconsciente el tarólogo pone en comunicación a la mente inconsciente a través de las cartas del tarot mediante su propio idioma, el de las imágenes; eso es lo que crea el vínculo entre uno y otro.
Así pues aunque el Tarot no tenga justificación científica sí que se basa en un modelo viable, el de la Sincronicidad, una teoría que da sentido a los sucesos que, de otro modo, serían inexplicables y que por paradójico que parezca, puede ser reconocido en el ámbito de la psicología.
El tarot y la Sombra
Dentro de la psicología junguiana tiene especial importancia el concepto de “sombra”, el lado oscuro de nuestra psique; todo aquello que somos pero consciente o inconscientemente rechazamos. Solemos definirnos en función al mundo exterior, como si fuésemos seres bidimensionales, como si únicamente constituyésemos una superficie, sin profundidad; tendemos a pensar en nosotros en términos de relación con el exterior: qué profesión tenemos, qué lugar ocupamos en la sociedad, en nuestra familia, etc… por lo tanto en realidad de esa manera no nos estamos definiendo por nosotros mismos, sino por el lugar que ocupamos en el mundo y como pasamos la mayor parte del tiempo desarrollando esas personalidades sociales, olvidamos que somos más que esas meras máscaras que nos vienen impuestas desde el exterior. Así, en el transcurso de nuestro desarrollo, llegan momentos clave en los que el inconsciente, cuyas aguas parecían tranquilas, hace acto de presencia precisamente en aquellos aspectos ocultos de nuestra personalidad que hemos obviado hasta entonces porque no nos son agradables. Y eso ocurre porque la vida, nuestro devenir, tiene un sentido; exteriormente quizás parezcamos seres limitados, pero nuestro interior contiene todo el universo, y el universo tiene un plan definido para cada uno de nosotros, cuanto más nos alejemos de este plan de vida, más profundas y constantes serán las apariciones de nuestra sombra.
La sombra no es algo negativo sino que podríamos definirla (una de tantas definiciones) como una reacción opuesta y de idéntica fuerza que la cara que presentamos al mundo; se trata pues de un balancín psíquico, de un aspecto interno que nos equilibra y que si estamos dispuestos a escucharla, a la sombra, llegaremos a conocernos mucho mejor pues compensa aquello que le falta a nuestra personalidad exterior para llegar a ser aquello que ya somos pero no nos atrevemos a aceptar. La perfección no existe, no podemos ser perfectos, pero si logramos integrar la luz y la oscuridad que llevamos dentro si que podemos alcanzar la plenitud. Curiosamente el Tarot nos habla de llegar a esa realización plena, espiritual, a través de dos cartas que a priori inducen a pensar lo contrario; El Diablo y La Luna nos hablan, con su lenguaje simbólico, de esa otra cara oculta de nosotros mismos, de esa lucha que mantenemos día a día entre nuestro consciente y nuestro inconsciente; lucha estéril por supuesto dado que la integración de ambas facetas es la
que nos dará las claves para conseguir nuestro destino. El inconsciente no es, como nos ha hecho creer la psicología tradicional, esa especie de basurero donde se agolpan nuestros miedos y traumas, sino que se trata de un ámbito rico y profundo desde donde irrumpen nuestras más secretas aspiraciones y anhelos. Saber comunicarse con él es la mejor manera de sentirse pleno e integrado con el mundo.
La Luna y El Diablo, el inconsciente y la “sombra”
En sí mismos, cada arcano del tarot incluye una parte luminosa y otra oscura, una positiva y otra negativa; ambas son esenciales para comprender la totalidad de la psique humana. Integrar ambos aspectos de la personalidad ofrece la posibilidad de completarse como persona aceptando todo el contenido del inconsciente y trabajando para que ese contenido nos ofrezca todas sus ventajas intentando minimizar sus inconvenientes. La mayoría de la gente se conforma con situarse en la tesitura de las llamadas “personas normales”. Únicamente los buscadores descienden hasta donde mora la sombra para integrarla y sacar lo mejor de ella. Una persona normal vive en un estado neurótico del que no es consciente, por lo tanto no puede realizar ningún trabajo interno hacia la realización. Alguien que se ha topado con su sombra y le ha dado un sentido, reconoce esa neurosis y trabaja en pos de reconducirla hacia el sendero de la liberación. En cierto sentido todos mantenemos ciertos tipos de neurosis, al fin y al cabo el ego es neurótico por naturaleza ( o psicopático en el peor de los casos) y no cabe la posibilidad de cambiarlo o destruirlo, eso es imposible. Lo que sí podemos hacer es domarlo, amaestrarlo en vistas a que trabaje a nuestro favor y no en contra tal y como habitualmente lo hace.
Hay un Yo Transpersonal, un ego transpersonal que decide actuar de otra manera y lo hace más en el nivel de “nosotros”, trasciende el pequeño yo, integra la sombra y actúa de forma consciente entendiendo ese nivel consciente como un espacio abierto del ser, con más posibilidades, un entendimiento más amplio, sin juicios ni discriminaciones y una sensación general de que todo tiene un sentido.
Un ejercicio muy saludable consiste en barajar los Arcanos Mayores del Tarot y sacar una carta al azar. Ese Arcano cuenta con atributos positivos y negativos. Reflexionemos sobre los negativos, sobre la sombra de ese Arcano, reconociendo en qué aspectos o momentos de nuestra vida actuamos de esa manera y veamos si podemos encontrar las enseñanzas que la propia sombra nos transmite. Esa energía, poderosa, puede hacer que realicemos un salto cualitativo en nuestro desarrollo personal, así que el trabajo consiste en abrazar nuestra sombra y descubrir la luz dentro de ella.
EL TAROT Y LA PSICOLOGIA TRANSPERSONAL
El proceso que la Psicología Tradicional ha seguido, y viene siguiendo, para desembocar en la llamada Psicología Transpersonal procede por una parte de la insatisfacción que aquella provocó en ciertos profesionales que veían como variaciones en las pautas de conducta se diagnosticaban a menudo como patologías cuando en realidad, en numerosos casos, se trataba de estados del individuo involucrado en procesos de evolución interior, lo cual provocaba crisis que si bien superficialmente se podían asimilar a estados de desequilibrio emocional, o mental, realmente se trataba de estados existenciales emotivamente vulnerables debido a la falta de control por parte del paciente sobre el cambio que se estaba produciendo en su psique. Por otra parte varios de estos profesionales de la psicoterapia habían tenido contacto con la llamada “filosofía Perenne” y también con diversas escuelas de pensamiento oriental, donde no se trata la enfermedad sino al enfermo. De esta manera fusionaron varias técnicas, o mejor dicho, distintas visiones de lo que debería ser, para ellos, la cura o sanación psicológica, la cual debería ir más allá de la persona dado que la psicología tradicional trataba como enfermedad lo que en verdad constituían los síntomas físico-psíquicos de un problema mucho más profundo, un problema que trascendía el mero cuerpo-mente para adentrarse en la espiritualidad de la persona.
Es bien sabido que la medicina y psicología tradicionales trabajan con el cuerpo y la mente, y ésta a su vez reducida a un cerebro instalado en la cabeza del que surgen los pensamientos y los instintos. Esta observación resulta evidentemente muy básica y, todo hay que decirlo, las psicologías académicas han hecho mucho y bien por los individuos aunque lo sustancial es que en ellas se obvia en todo momento la parte espiritual de la persona y aquellas funciones de la mente que no tienen que ver con el cerebro físico estrictamente y que se encuentran conectadas con los diversos niveles del inconsciente transpersonal, algo que aún no se tiene en cuenta principalmente porque el pensamiento cartesiano sólo cree en aquello que puede ver, pesar y medir.
De todos modos la Psicología Transpersonal va ganando adeptos. Reputados investigadores han logrado resultados allá donde lo tradicional no sabía explicar los “por qués” y esto es así si partimos de la base de que cuerpo, mente y espíritu conforman una trinidad que constituye una unidad no disociable y que para poder solucionar un problema se debe contar con esos
tres niveles del ser humano y operar sobre los tres no únicamente sobre los dos primeros y de forma restringida además.
La relación que podemos establecer, pues, entre Psicología Transpersonal y Tarot es que ambos tratan de las relaciones entre cuerpo, mente, alma y espíritu y que existen una serie de disfunciones emocionales cuya raíz no se puede tratar desde la óptica racional y tradicional.
Ojos del Conocimiento.
Ken Wilber habla de los tres Ojos del Conocimiento: el Ojo del Cuerpo, el de la Mente y el del Espíritu, con ello establece con qué tipo de “herramientas” se debe encarar la aprehensión de nuevos conocimientos. Análogamente podríamos afirmar que dependiendo del tipo de “problema” a tratar, debería hacerse en relación al origen real de ese problema y que en última instancia podría deberse a una cuestión de bloqueos en el “camino” espiritual. Si alguien sufre la rotura de un hueso, por poner un ejemplo, hay que tratar la parte física, corporal, mediante métodos específicos (enyesando el hueso); por el contrario si se produce una crisis hay que comprobar si su origen se encuentra en una disfunción biológica, neuronal o mental la cual podría ser tratada mediante métodos que la medicina y psicología tradicionales han demostrado válidos, o si entramos ya en problemas de tipo ontológico, de búsqueda de “algo más”, en suma, de un “problema espiritual” por así decirlo y en donde precisaríamos de técnicas diferentes, de alternativas transpersonales.
Desde esta perspectiva, los problemas que definiríamos en un principio como físicos tendrían su origen en desequilibrios energéticos, en la disociación cuerpo-mente, existen muchos ejemplos que nos permiten constatar que la mente utiliza al cuerpo para expresarse; pero este tema se escapa de nuestra intención de relacionar lo transpersonal con el Tarot y expertos hay que ya están realizando esa labor. Lo que deseamos constatar es que el Tarot por sí mismo no cura, no sana, pero desde el punto de vista de la Tarología puede darnos respuestas que van más allá de lo estrictamente técnico porque conecta con el inconsciente personal y colectivo, es un espejo donde se refleja la vida de la persona.
Tras lo aquí apuntado y desde luego apoyándonos en la experiencia demostrada ya por un gran número de profesionales, podemos afirmar que el ser humano tiene una naturaleza transpersonal, hay algo en él que es mucho más que lo conocido como YO ordinario habitual y eso es algo que la ciencia y la psicología tradicional ignoran. Paralelamente el Tarot nos pone en
contacto con ese vasto espacio que se encuentra más allá de lo personal pero que lo incluye. Es el medio a través del cual se manifiestan los deseos, inquietudes, pensamientos, sentimientos y bloqueos emocionales de la persona, pero además es el canal por el que fluyen y se hacen presentes aspectos que parece situarse más allá de la persona como entidad individual. Así pues observamos como las dimensiones de la psique humana son infinitamente más amplias de lo que la psicología académica pretende hacernos creer; lo que llamamos “persona” no es sólo un cuerpo y una mente, hay algo más que lo que el ojo ve y que constituye el núcleo íntimo de la persona; existe un factor espiritual que no muere al morir el cuerpo-mente. En realidad quien tiene miedo a morir es quien se encuentra identificado con su ego, es más quien teme morir es el ego: “El ego teme la disolución y, por tanto, se resiste a abandonar la ilusión de una existencia separada en un imaginario «aquí» y un imaginario «ahora>>. Teme disolverse en la nada y que, por tanto, la conciencia consciente cesa también. Si lo examinamos con atención, se nos hará evidente que la propia realidad no es un <<quien>> en modo alguno, sino que es una Totalidad intensamente amorosa, que se realiza y se sabe que está mucho más cerca, que es más confortante y satisfactoria que el anterior sentido del <<yo>>. En la evolución de la conciencia, el sentido del pequeño <yo> es reemplazado por un sentido de presencia universal más profundo, invulnerable y no transitorio. El sentido del «Yo» es ahora infinito, más grande, más tierno, más poderoso, más consciente y más gratificante de lo que había sido el sentido del pequeño <yo>. El pequeño «yo» es como un silbato comparado con sinfonía total del Yo”.(El Ojo del Yo- David R. Hawkins).
El Tarot nos clarifica esta cuestión precisamente con el Arcano XIII habitualmente definido como La Muerte.
Si existiese realmente una “muerte definitiva del ser” esta carta se situaría al final de los 22 Arcanos Mayores y seguramente llevaría escrito su
nombre, pero vemos como se encuentra a poco más de la mitad del recorrido y no tiene nombre (en ciertas culturas aquello que no tiene nombre, no existe), por lo que su mensaje es el de una muerte ficticia, o mejor, de un paso decisivo y necesario de un plano de conciencia a otro. El esqueleto puede que culturalmente represente a la muerte pero en realidad se refiere a la parte espiritual del ser humano o lo que en palabras del Dr. Claudio Naranjo se definiría como: “una conciencia que ha calado “hasta los huesos””. Estas y otras apreciaciones nos llevarían al concepto de Eternidad como una cualidad del ser más que una extensión de la temporalidad.
La expansión de nuestra conciencia es un proceso doloroso que requiere, a menudo, de cierto número de “muertes” para que se produzca el renacimiento en un estrato superior de la Gran Cadena del Ser. Es necesario un gran poder de transformación e integración para ir ascendiendo por una parte hacia estados de conciencia más elevados y por otra descendiendo hacia nuestro interior eterno e inmutable. Este interior eterno e inmutable lo tenemos representado en el Tarot por La Rueda de la Fortuna y por El Colgado. En la primera carta nos encontramos con los ciclos de la vida que se van repitiendo y que se encuentran representados por la parte externa de la gran rueda que domina la lámina, el centro de donde surge la manivela se correspondería con ese centro al que hay que dirigirse para salirse de las repeticiones a las que nos encadena la rueda misma. El centro, el vacío, del que nos habla Lao-Tse.
La Rueda de la Fortuna y El Colgado
La Rueda de la Fortuna nos demuestra que los opuestos operan de forma simultánea, vemos en ella los conceptos de movimiento y estabilidad en un continuo donde el tiempo va de lo temporal a lo intemporal, a lo eterno; y ambos, los supuestos opuestos, trabajan juntos pues solamente desde la estabilidad se puede lograr el movimiento equilibrado que nos lleve a realizar nuestro propósito en la vida; sólo manteniéndonos inmutables en nuestro yo interno podemos realizar activamente la misión a la que, de un
modo u otro, estamos destinados. Si la carta VIII (La Justicia) nos remite a la idea: “esto no es justo” cuando nos ocurre alguna adversidad que pensamos no nos merecemos, La Rueda nos lleva hacia la eterna pregunta: ¿Por Qué?.
Esta pregunta aparece como reacción cuando no hemos logrado asimilar que todo lo que nos sucede es el resultado de las acciones realizadas. Evidentemente la mente siempre busca un Por Qué, aunque si nos atenemos a las enseñanzas orientales y a los logros que la Psicología Transpersonal ha realizado en su camino por comprender la psique humana más allá de lo académicamente establecido, llegaremos a la conclusión de que lo que nos está diciendo la esfinge es que nos preguntemos: ¿Para Qué?. Veamos. Si un Por Qué nos puede comunicar el origen de una situación que ha dado como resultado ciertos efectos, el Para Qué nos permitirá discernir la dirección que debemos tomar, la lección que tenemos que aprender para no caer en los mismos errores que cometimos en una vuelta anterior de la Rueda; porque si no conseguimos respondernos a esa pregunta seguramente volveremos a repetir el mismo ciclo del que precisamente deseábamos escapar.
Así un ¿Por Qué? es algo estático, importante desde luego para conocer aquellas causas que produjeron estos efectos y de algún modo intentar no repetir patrones de conducta inadecuados. Sin embargo el ¿Para Qué? es dinámico, nos pone en movimiento, en estado de hacer cuando hemos dado con la respuesta adecuada que nos señala la dirección que debemos tomar, y, volvemos a repetir, asimilar la lección de vida que esa situación que se nos ha presentado nos muestra.
La Psicología Transpersonal propone que esta Rueda que en la imagen de la carta evidentemente da idea de una típica rueda circular y “plana”, en realidad se despliega en una espiral evolutiva donde los diversos ciclos que se van sucediendo aunque a simple vista, desde arriba, da la sensación de que ocurren en el mismo punto, lo cierto es que el plano donde se encuentran se halla en niveles diferentes. Si el individuo ha logrado dar con la respuesta correcta a su particular ¿Para Qué? y se ha puesto en marcha, ese proceso de desarrollo le lleva a evolucionar y a tener una visión diferente de lo que le ocurre y rodea, en suma, una visión más amplia del mundo lo que le permitirá “manejar” de manera más provechosa las situaciones y experiencias de la vida e interpretarlas de una forma mucho más coherente y profunda.
Es habitual encontrarse con personas que han tenido o tienen experiencias espirituales, momentos místicos o experiencias cumbre, como quiera llamárselas, y es posible que hayan vislumbrado “algo más”, que hayan entreabierto la puerta y buceado en la profundidad pero para poder integrar realmente esas experiencias en su propia estructura deberán crecer y desarrollarse hasta el nivel necesario que les permita una expansión de la conciencia. No basta, pues, con intelectualizar las experiencias, es necesario interiorizarlas mediante una elevación en el desarrollo de la conciencia porque si no es así se puede llegar a alimentar una patología que podríamos definir como de origen pseudoespiritual, en cuyo caso lo que se produce es una regresión y no una evolución en el proceso de desarrollo.
El otro Arcano al que hacíamos referencia en párrafos anteriores es el del Colgado. Ninguna otra carta nos ofrece una imagen tan explícita de una de las terapias (denominémosla así en Occidente) más utilizadas y asimiladas en nuestro ámbito occidental. Hablamos de la meditación, un “método” culturalmente integrado en Oriente pero que ha ido introduciéndose paulatinamente en nuestro entorno industrializado a pesar de que “para el hombre occidental resulta muy difícil tolerar la inactividad forzada” (S. Nichols). El personaje que representa a esta lámina adopta una posición que nos sugiere una inversión en la visión que se tiene del mundo y nos invita a “hundirnos” en él para “convertirnos” en él en vez de sentirnos como algo externo y disociado de su naturaleza. Al mismo tiempo nos indica la necesidad de realizar períodos de introspección, de profundización en nosotros mismos para comprobar cómo tenemos que experimentar en nuestra vida una cierta cantidad de “incomodidad”, incluso de dolor físico y emocional para cobrar conciencia de que el camino que lleva a la evolución espiritual no es en absoluto fácil debiendo revisar nuestros conceptos de perfección y belleza para ser capaces de ver lo divino no sólo en las alturas sino en lo profundo también. Se trataría, en cualquier caso, de enraizarse completamente en la tierra, a modo de raíces de un árbol, para que las ramas pudiesen ascender hasta el cielo.
Esa conexión con lo terrenal es algo que la sociedad occidental ha perdido casi por completo obsesionada por alcanzar la supuesta felicidad mirando hacia las alturas en vez de hacerlo en las profundidades. La ley hermética que dice: “Cómo es arriba es abajo” permite afirmar que la iluminación se puede conseguir “enfangándose” en el lodo aunque ello comporte revisar todos nuestros conceptos y creencias y transformar aquellos que no sean útiles para nuestra evolución espiritual. Otra de las lecciones que nos ofrece
El Colgado es que no basta con intelectualizar los conocimientos que adquirimos a través del mundo exterior sino que es necesaria una completa aprehensión mediante la experiencia directa lo que supone un salto significativo en los niveles de nuestra conciencia.
La única forma de trascender se consigue asimilando completamente el nivel de conciencia en el que nos encontramos y adoptando una postura y visión totalmente nuevas que nos proyecten a otro nivel de comprensión. La incomodidad proporciona una apertura en la mente, pero una apertura hacia lo profundo y complejo. Es como si lo espiritual, lo divino, representado por el triángulo cuyos vértices se localizan en los codos y cabeza del Colgado se “uniese” a la tierra en un único elemento para conseguir la “seguridad” en el cielo (el 4 que forman las piernas del personaje). La inversión de valores trae consigo la necesidad de sacar fuera de nuestras vidas aquello que ya no es útil para producir un cambio necesario y evolucionar, algo que vemos representado en la carta que viene después del Colgado, el Arcano XIII, más conocido por La Muerte.
En última instancia se trata de un trabajo que incluye, por una parte, el encontrarnos a nosotros mismos y por otra “renunciar” a nosotros mismos trascendiendo nuestra identidad a través de una conciencia abierta a lo no condicionado y libre de pre-conceptos y pre-juicios para mantener una conexión directa con la experiencia y eso nos lleva a hacernos conscientes de que la práctica espiritual desconectada de la vida personal, cotidiana, se convierte en algo que nos distancia más que nos acerca a nuestro destino. Igualmente la vida personal, cotidiana, sin el anhelo y práctica espiritual acaba convirtiéndose en una cárcel. Sólo rescatando nuestros valores y objetivos espirituales y “encarnándolos” en nuestra vida cotidiana podremos afrontar los desafíos del futuro ya que nuestras relaciones con los demás ponen a prueba, a diario, nuestro desarrollo espiritual.
Aunque aparezca sumido en una especia de duermevela, el Colgado realmente “despierta” a un nivel de conciencia más elevado, madurando y desarrollando su YO interno. El Colgado se permite no saber lo que tiene que hacer, con ello abre las puertas a una cualidad de atención más serena y profunda; así deja de dirigir su energía a su Yo consciente con lo que se abre a la dimensión de su Yo Esencial aportándole los beneficios inherentes a lo que significa desidentificarse de la imagen que tiene de sí mismo, produciéndose una apertura a un Yo más amplio, más íntimo, más cercano a lo-que-es.
La Psicología Transpersonal se dirige hacia esa dirección ampliando los horizontes de la académica, tratando al ser humano no como individuo separado de “los otros”, sino como “Holón” (*) lo que implica que es a su vez totalidad y una parte de otra totalidad mayor; que la imagen que tiene de sí mismo en buena parte se nutre de lo que el exterior dice y hace de él pero que no es lo real. Su esencia trasciende todos los conceptos preconcebidos, todas las imágenes y límites mentales que se han ido instalando en su subconsciente y que el paisaje que dibuja su mente no constituye la realidad; forma parte de lo real pero no es lo “absoluto” y es importante discernir entre lo Absoluto y lo Relativo para no confundir ambos términos y acabar, como el Colgado, suspendido por los pies en una especie de equilibrio inestable.
Pero aún hay más. La carta del Colgado nos pone en comunicación con un aspecto esencial de la historia personal del ser humano y es precisamente el referente a su árbol genealógico. El personaje de esta carta se encuentra colgado entre dos árboles, el materno y el paterno lo que introduce una nueva visión que si bien no podemos afirmar que sea enteramente transpersonal si que profundiza en el aspecto transgeneracional. Por así decirlo una persona aparte de ser “algo más” de lo que se ve y se percibe, de lo que piensa y siente, es el resultado de dos linajes, es el fruto de un árbol familiar y que a su debido tiempo producirá nuevos frutos (hijos, nietos…). Vemos como la persona se encuentra atada a esos dos árboles y ellos le transmiten la savia familiar junto con los miedos y secretos de cada uno de sus ancestros. El estudio del árbol genealógico de una persona permite que emerjan a la superficie de la conciencia diversos aspectos que cree que le pertenecen pero que realmente provienen de vidas vividas por sus antecesores. En muchas ocasiones el sujeto se encuentra “viviendo” una vida que no es, técnicamente, la suya sino la repetición o continuación de la vida
de un miembro de su familia incluso de varias generaciones anteriores. Como afirma Daniel Dancourt, experto en Psicogenealogía: “Todo individuo recibe un legado afectivo y, dadas las características de nuestro mundo, no es fácil asumir las cargas y, menos, liberarse de ellas” (Luces y Sombras del Arbol Genealógico).
La tarea del Colgado, y de todo ser humano, es lograr liberarse de las cargas que su árbol genealógico ha ido comunicando generación tras generación. Aquí podríamos ver otra imagen del concepto del individuo como Holón; por una parte constituye una totalidad como persona individual bien que a su vez forma parte de otro Holón: su árbol genealógico.
El flujo
Hay una cuestión también interesante dentro de las experiencias transpersonales y es que, independientemente de lo que el sujeto experimente, se origina en su interior lo que se denomina “experiencias de flujo” (M. Csikszentmihalyi) y que se relacionan con una especie de ordenamiento de la mente. Uno de los problemas con los que se topa el individuo es la entropía psíquica, ese desorden en la conciencia que se produce cuando la información que recibe entra en conflicto con su personalidad y que se manifiesta como inquietud, rabia, dolor, etc…Como sabemos cualquier suceso externo aparece en la conciencia como mera información, sin valores positivos o negativos; es la personalidad la que, al interpretar esa información, le da un valor: es positivo o negativo, agradable o desagradable.
El estado opuesto sería, pues, el de experiencia óptima o de flujo, en la que todo parece encajar, el tiempo y el espacio desaparecen tal y como los experimentamos habitualmente y la persona “se va convirtiendo en un individuo único, menos predecible, poseedor de habilidades poco comunes” (M. Csikszentmihalyi). El flujo ayuda a integrar la personalidad porque en ese estado la conciencia está bien ordenada, la experiencia es armónica y uno se encuentra más integrado no sólo internamente sino, además, respecto al mundo en general. La personalidad crece, llega a ser más compleja como resultado de dos procesos psicológicos: la diferenciación y la integración. “Una personalidad compleja es la que logra combinar estas dos tendencias” (M. Csikszentmihalyi).
Un enfoque oriental de las experiencias de flujo, aunque como veremos va más lejos de lo que en psicoterapia se conoce como la práctica del darse cuenta, lo encontramos en diversas escuelas de Budismo. Concretamente la
meditación Vipassana introduce a quien la practica en la observación del flujo de la experiencia pero enfatizando la importancia de la atención al cuerpo y a lo que sucede en la mente; no se trata únicamente de estar atento y consciente a todo lo que se presenta a nivel emocional, sensorio, intelectual o motivacional, sino que su contemplación ha de hacerse desde una actitud particular que consiste en no fijar la mirada interna en nada en particular ni tampoco rechazar nada, en suma: no elegir, manteniendo una actitud de ecuanimidad y desapego. El Dr. Claudio Naranjo afirma que: “La práctica de observar el flujo de la experiencia conlleva un examen de esa experiencia que equivale a una verificación experimental de los postulados del dharma (*) y a deshacer la ignorancia u obscuración mental que nos lleva a atribuir permanencia a lo impermanente e individualidad al fluir siempre cambiante de la vida. (Entre Meditación y Psicoterapia) (pag. 202)
Esta breve exposición de lo que significa el flujo en las experiencias de la conciencia nos introduce en la carta de La Templanza donde se ve a un ángel intercambiando líquido entre dos jarras. La visión que aquí toman los opuestos es que actúan simultáneamente, que uno no puede existir sin el otro y que únicamente el equilibrio que se produce al combinarlos es el que producirá la aceptación plena de quienes somos. En cierto sentido la manifestación del bien y del mal, de lo positivo y lo negativo, se reduce a cuestiones de grado más que de polaridades enfrentadas. El trasvase del líquido se realiza, en esta carta, de forma fluida, moderada; nos da a entender que consciente e inconsciente se encuentran unidos, no suponen dos “cosas” distintas sino dos opciones, o visiones, de la misma “cosa” y que operan unidos.
El Arcano de La Templanza
Cuanto más sincrónico sea el trasvase de uno a otro, cuanto “más de acuerdo” se pongan entre sí las polaridades, mayor será el orden en la conciencia total del individuo, mejor la comprensión de sí mismo y del mundo y mayor será el control sobre la complejidad de su existencia.
EL DESARROLLO DE LA CONCIENCIA: ENTRE WILBER Y JODOROWSKY
El ser humano en su proceso de evolución vital pasa por diversos estadios desde que nace hasta que deja esta vida. El tarot nos muestra este viaje muy vivamente y se puede relacionar con lo que Carl Gustav Jung denominó el Proceso de Individuación de la persona. Análogamente podríamos establecer, si se quiere, puntos en común con las estructuras básicas de la conciencia o Gran Cadena del Ser desarrollada por Ken Wilber la cual sustenta correlatos con los sistemas de Aurobindo o Kohler, entre otros. Profundizando un poco más podemos encontrar paralelismos con las propuestas de la cábala y de las corrientes filosófico-religiosas orientales, incluidas aquellas que tienen en cuenta las energías sutiles y los centros de energía del ser humano, más conocidos por chakras.
La exposición concienzuda de todas estas estructuras ocuparía un libro entero, así que daremos únicamente un somero repaso sin profundizar demasiado e incidiendo solamente en aquellos puntos que resulten especialmente significativos para los motivos que nos interesa en este trabajo.
Las estructuras básicas de la Conciencia
Para Ken Wilber existen, en el desarrollo psicológico, dos grandes tipos de estructuras, las básicas y las de transición. Las primeras, una vez que han emergido en la conciencia, perduran a lo largo del desarrollo de la persona. Las estructuras de transición son provisionales y tienden a ser reemplazadas totalmente por las siguientes fases de desarrollo. Nosotros nos detendremos en las estructuras básicas que son las que constituyen la Gran Cadena del Ser y principal elemento de su modelo espectral del desarrollo de la conciencia.
El concepto de Gran Cadena del Ser es conocido desde 1976 aunque la idea es anterior pues hay “versiones” que hablan de dos niveles (materia y espíritu), otras de tres (materia, mente y espíritu) y otras más sofisticadas que abarcan decenas de estructuras básicas. El modelo de Wilber contiene nueve estructuras básicas jerárquicamente organizadas. De forma sencilla pueden ser resumidas de la siguiente forma:
1. Sensorio Físico. Es el nivel más bajo y es donde dominan la percepción y la sensación.
2. Fantástico-Emocional. Se refiere a la mente que opera exclusivamente sobre la base de imágenes, es el nivel emocional-sexual, la libido, la mente inferior.
3. Mente Representativa, Se desarrolla en dos estadios: el de los símbolos de los 2 a los 4 años y el de los conceptos de los 4 hasta los 7 años A pesar de que se trata de un nivel superior de conciencia, sigue tratándose de una estructura muy egocéntrica que no puede asumir fácilmente el papel de los demás. Su nivel es similar a lo que Aurobindo definía como “mente voluntad” y se corresponde con el 3er Chakra.
4. Mente Regla/Rol, Esta estructura ya puede asumir el rol de los demás, opera sobre los objetos sensoriales o sobre objetos concretos.
5. Mente Reflexivo Formal, Se trata de la primera estructura que puede pensar sobre el mundo pero también puede pensar sobre el pensamiento. Es introspectiva y autoreflexiva lo que le permite asumir puntos de vista más plurales. Aurobindo opina que este es el nivel de la “mente racional”.
6. Visión-Lógico, Esta estructura supone una mente más “panorámica” con capacidad para establecer relaciones, sintetizar, coordinar ideas e integrar conceptos. Sería la “mente superior” de Aurobindo y la mente más integradora del dominio personal, más allá de la cual se encuentra lo transpersonal según Wilber.
7. Psíquico, Se podría decir que este nivel constituye la culminación del nivel anterior y de las experiencias visionarias; se correspondería con el 6º Chakra, el “Tercer Ojo”, la apertura a los dominios trascendentes de la persona. En este nivel las capacidades cognitivas y perceptuales del individuo van mucho más allá de las capacidades personales de una persona situada en los otros niveles de conciencia; de hecho la capacidad del pensamiento se ve superada por la capacidad de percepción de la visión interna y posibilita la capacidad de trascender lo cotidiano.
8. Sutil. Este nivel se correspondería con el nivel de éxtasis trascendentes, el dominio de la Iluminación. Es la “mente intuitiva” de Aurobindo y se correspondería con Geburá- Chesed de la Cábala.
9. Causal. Se suele decir que este nivel es el sustrato trascendente de todas las estructuras inferiores, el vacío del mahayana (*), el self universal y sin forma. La identidad de este nivel se pierde, o mejor, se diluye en una conciencia de unidad.
10 Última. Es el Espíritu Absoluto, lo uno en la diversidad, la “supermente” de Aurobindo, la realidad misma y esencia de los demás niveles. Para Ken Wilber los nueve niveles fundamentales aquí enunciados son dominantes a lo largo del proceso evolutivo y cuando se va ascendiendo en la “escalera” cada nueva estructura incluye a las de nivel inferior; o sea que una persona que se encuentra en un nivel de conciencia Psíquico, también incluye los niveles menos evolucionados y, consecuentemente, dependiendo de las circunstancias, puede actuar en cualquiera de ellos. No se trata, pues, de acceder a estados e conciencia “iluminados” perdiendo la condición de persona normal, sino integrar todas las experiencias y actuar, en cada situación, en el nivel adecuado sin perder de vista el vasto horizonte transpersonal.
Para Alejandro Jodorowsky nuestra mirada al mundo está filtrada por el nivel de conciencia que tengamos y ésta, a su vez, está directamente relacionada con el nivel de conciencia de nuestro árbol genealógico. Hay 8 niveles de conciencia desde la óptica jodorowskyana:
Nivel de conciencia Animal: “El mundo es un lugar para sobrevivir”. Este nivel está caracterizado por los problemas de territorio. La persona en esta etapa solo se preocupa de cubrir las necesidades más primarias.
Nivel de conciencia Infantil: “El mundo es un lugar para jugar”. La persona permanece infantilizada, donde la prioridad es el entretenimiento: jugar, coleccionar, ver películas. Es la consciencia de los “parques temáticos” y de las películas americanas. No se pretende llegar a ningún sitio, no hay ideal o búsqueda, sólo se plantea entretener.
Nivel de conciencia Adolescente-Romántico: “El mundo es un lugar para enamorarse”. El romántico está permanentemente pidiendo, sin dar. Es un personaje típico de algunas series de televisión actuales y de las noticias del corazón.
Nivel de conciencia Adulto-Egoísta: “El mundo es un lugar para poseer y ganar”. El adulto se caracteriza porque invierte. Ahora bien, puede ser un adulto explotador, cuyo afán sea poseer y explotar.
Nivel de conciencia Adulto-Altruista: “El mundo es un lugar para compartir”. El adulto generoso no se queda nada para él, lo comparte con los demás. También sabe recibir, aprende lo que es el servicio. Es el que da un servicio a su comunidad, aunque gane mucho dinero con eso.
Nivel de conciencia Social-Planetario: “El mundo es un lugar al que cuidar y desarrollar”. En este nivel ya se ha descubierto que todo está unido, que viajamos en la misma nave: la Tierra. Por tanto es el nivel al que todos los habitantes del planeta deberíamos de aspirar.
Nivel de conciencia Cósmico: “El mundo es un trampolín para expandirnos a otros mundos”. En este nivel el secreto de la conciencia es la “re-unión: volver a unir lo que estaba separado. Estamos en un sistema planetario girando alrededor de una estrella que es el Sol. Formamos parte de una galaxia que a su vez pertenece al universo. Es una escala muy grande, que nos supera y convierte en una pequeña gota de agua en un inmenso océano Nivel de conciencia Divino: “El mundo es Dios y Dios es el mundo”. Nivel de conciencia unida al nombre inefable que está dentro de cada uno. Es la que alcanzaron: Buda, Cristo y Mahoma. Un nivel que cae fuera de nuestro alcance, somos seres humanos, la divinidad queda en otro plano de momento. Sin embargo, todos llevamos dentro esa llama divina, nuestro Dios interior, simbolizada en la antorcha del Arcano XV del Tarot. Todos nuestros yoes se pliegan ante este diamante central, que no podemos conocer, pero sí sentir.
PSICOTERAPIA A TRAVÉS DEL TAROT
El ámbito terapéutico es un mundo amplio, profundo, difuso a veces y el prefijo Psico le confiere una mayor ambigüedad pues amplía considerablemente los métodos y sistemas utilizados, con mayor o menor éxito, en el trabajo de ayuda, acompañamiento, curación, limpieza, liberación o análisis que se realizan en psicoterapia.
El trabajo psicoterapéutico es en verdad una actividad agradecida dado que nos pone en contacto con las limitaciones, sufrimientos complejos y vulnerabilidad del/la consultante, los cuales no dejan de ser los nuestros, y en cierta manera a través de esas personas que llegan pidiendo ayuda nos curamos nosotros y ayudamos a que ellos puedan iniciar su propio proceso de curación. Como es sabido, independientemente de la terapia escogida, la sanación o el objetivo que el consultante persigue al ponerse en manos de un/una psicoterapeuta se produce a menudo cuando esa persona toma conciencia de su situación y decide iniciar ese proceso que invariablemente pasa por un trabajo sobre y través del inconsciente.
El inconsciente, entre otras cosas, es creativo, simbólico y se conecta con lo arquetípico. Lo Mítico. Podemos acceder al inconsciente colectivo, al familiar, a lo que se denomina Registros Akhásicos y ahí es donde el simbolismo del Tarot nos permite expandir nuestras posibilidades de actuación mediante diversas formas de utilización. Una de las cualidades del Tarot es que nos permite ver claramente qué está sucediendo respecto al tema planteado y la evolución así como la posible resolución del mismo. Lo que sí es cierto, al menos desde mi punto de vista, es que las lecturas no se pueden realizar desde la óptica del tarotista clásico. En el contexto terapéutico no caben las predicciones sobre futuros hipotéticos. Como tarólogos no nos arrogamos ningún poder sobre el/la consultante y utilizamos el Tarot como apoyo terapéutico ofreciendo una visión ampliada, proponiendo alternativas y dando luz en aspectos inconscientes o negados. Así lo que el Tarot a través de sus Arcanos promueve es lo que cualquier psicoterapia intenta: que la persona que acude se comprometa con su curación mediante las herramientas pertinentes con el objetivo de “aliviar la obscuración del ego humano para que la expresión plena de las potencialidades de la persona pueda desplegarse” (Dr. Claudio Naranjo) El Tarot y el proceso terapéutico
Personalmente me alineo con el pensamiento de Alejandro Jodorowsky quien afirma que los Arcanos del Tarot conforman la arquitectura del Alma y cada
uno de los Arcanos Mayores actúa en el inconsciente como un arquetipo y para poder llegar a conocerlos hay que entrar en ellos, mejor aún dejarse poseer por ellos. Así es sumamente importante que el tarólogo haya trabajado con cada uno de los Arcanos antes de empezar a utilizarlos de manera terapéutica con los demás. Como símil podría decirse que ya que un psicoanalista se tiene que haber psicoanalizado primero antes de psicoanalizar a los demás, un tarólogo debe haberse tarotizado con anterioridad a utilizarlo con los demás.
Este proceso, si bien incluye un trabajo intelectual, se sostiene sobre todo a través del conocimiento sin palabras, por meditación y visualización así como del reconocimiento de nuestras proyecciones sobre las imágenes de los Arcanos. Hay que experimentar la sensación que cada Arcano nos produce, qué cartas nos atraen, cuales nos repelen y averiguar el por qué buscando en el inconsciente, y así estudiando de esa manera el Tarot se convierte en una autoterapia. Todo este trabajo interior nos servirá para enriquecer el significado de cada carta. Bien mirado no son más que una serie de dibujos que, de forma literal, dicen cosas muy simples. Para convertirlo en un instrumento psicoterapéutico debemos profundizar y ampliar esos significados, sus contenidos pues las lecturas que hagamos dependerán de nuestro nivel de Conciencia, cuanto más elevado menos limitado, cuanto más libre de creencias, juicios y proyecciones tanto más rico y profundo. En cierto sentido no se trata de “adivinar” nada sino de conectarse con ese inconsciente personal, luego el familiar, el social, el humano……..el Cósmico y hacer que las cartas hablen a través de nosotros en un diálogo con la persona, poniéndonos a su nivel sin intentar controlarlo ni condicionarlo con nuestras predicciones. Como en cualquier trabajo terapéutico uno de los objetivos es que la persona recupere su lugar, su fuerza, para encarar las vicisitudes de la vida con aceptación y con posibilidades de dirigir la parte de su destino que pueda cambiar.
Hay que tener en cuenta que cuando una persona decide consultar al Tarot, lo suele hacer desde una imagen estereotipada; esta persona no sabe qué tipo de información vamos a procesar en la consulta; de alguna manera pone su destino es nuestras manos esperando que le demos respuestas a sus angustias así que hay que explicarle al consultante cual es el propósito de la consulta, qué podemos ofrecerle nosotros y preguntarle qué es lo que espera él de la sesión. Hemos de ver al consultante no como a alguien que sufre y del que debemos compadecernos sino como la persona completa que ya es pero de la que no es todavía consciente. Esto puede resultar, y de hecho lo es, complicado. Cada persona tiene una imagen de sí misma que le va
a costar trabajo deshacer, además viene con una supuesta imagen de nosotros que debemos reconducir. Sabemos que el éxito de una terapia no depende de lo que el terapeuta sabe sino de lo que ES, por eso la relación que se establece en este caso con el tarólogo, es lo que determinará el éxito o el fracaso pues como dice el Dr. Claudio Naranjo, la teoría y la práctica que se apliquen lo son a través de la actitud que el terapeuta toma ante el cliente.
Afortunadamente el Tarot Terapéutico, o Psicotarot, no es una terapia en sí sino una herramienta terapéutica que se utiliza en una sesión o tal vez en alguna más para aclarar conceptos por lo que la transferencia terapéutica no llega a alcanzar la problemática de una terapia convencional la cual suele durar meses o incluso años.
Aún así y tal vez por tratarse del Tarot pueden surgir tanto por parte del cliente como del tarólogo algunos inconvenientes relacionados con la relación que entre ellos se establezca durante la consulta. En primer lugar el consultante desplegará ante el tarólogo sus maneras de establecer vínculos con los demás; es posible que intente atraer al tarólogo a su terreno, hacerle partícipe de “su historia” buscando apoyo y empatía acerca de su visión sobre la consulta y , en definitiva, sobre la vida. La sesión entonces deviene en un posicionamiento víctima-ayudador, padre-hijo, maestro-discípulo. Podríamos encuadrarlo dentro de las definiciones que Joan Garriga, experto en terapia Gestalt y Constelaciones familiares articula como la figura del terapeuta como sacerdote, prostituta, científico o gurú. El tarólogo, dependiendo de sus esquemas mentales suele asumir el rol de maestro o gurú alentado por el propio consultante que desea que el Tarot despeje todas sus dudas y le dé las respuestas a sus incógnitas, en este punto y presa de una supuesta espiritualidad paternalista-esotérica, el tarólogo aconsejará según su propia visión de la vida, de sus proyecciones lo que puede desencadenar un tremendo desastre. La solución estriba en mantenerse centrado devolviendo la responsabilidad de sus pensamientos, sentimientos y actos al consultante.
Quien desea dedicarse a la lectura terapéutica debe reducir su ego al mínimo y trabajar lo más honestamente posible incluyendo no proyectar sus neurosis en la sesión ya que ésta debe ser lo más transparente posible. Una de las tareas del tarólogo es conseguir que el consultante abandone su posición de niño-herido para actuar desde el adulto con todo lo que ello representa; así pues cada tarólogo trabajará con el sistema que mejor se
adapte a su saber y personalidad bien que el resultado final ha de ser siempre el mismo si se ha realizado desde un espíritu sereno y presente. Al aplicar el tarot terapéutico se debe tener en cuenta que NO EXISTE UNA VERDAD ABSOLUTA, solo niveles individuales de percepción, concienciación y realización. Por lo tanto la verdad de nuestras acciones será demostrada por los resultados los cuales deben atenerse al axioma: el mayor bien para el mayor número, no en base a definiciones dictadas por reglas arbitrarias, sino en base a la experiencia real de bienestar, bondad, amor y realización. Además de que NO EXISTEN LÍMITES. La separación es solamente una ilusión, siendo así que existe un potencial creativo ilimitado. Si no hay separación significa que el YO siempre acaba encontrándose a sí mismo en el TU de una forma u otra, así que tiene sentido ser amables con la persona que consulta porque a fin de cuentas el consultante es YO. Aceptemos también que EL MUNDO ES LO QUE PENSAMOS QUE ES, consciente e inconscientemente por lo que tiene sentido trabajar para transformar nuestras creencias para mejorar y tener una vida más plena. Nos guste o no todo lo que vamos a tener es una realidad subjetiva así que como no podemos escondernos de nuestras creencias la vida será mejor cuanto mejor sea nuestro pensamiento.
Las cartas de la Vida
El objetivo de una sesión de Tarot Terapéutico es sintonizar a la persona que consulta con su esencia y ayudarle a resolver patrones de conducta y bloqueos, identificando su origen y proponiendo vías de solución; aunque como en todo método o herramienta terapéutica, es la persona quien decide cuándo y cómo quiere curarse. El Tarot Terapéutico nos invita a tomar conciencia de todo aquello que supone un freno a nuestra evolución, nos abre los ojos y nos ofrece herramientas para poder quitar de nuestro camino las piedras que nosotros mismos hemos ido poniendo. Sobre todo nos coloca en una posición de responsabilidad ante y con nosotros mismos, por eso el proceso de interpretación está más cerca de las posibilidades de intercambio de ideas que sobre la aplicación de significados.
El Tarot utilizado de forma terapéutica se convierte en una lente maravillosa a través de la cual podemos ver lo que ES. Cuando reconocemos lo que es, podemos ver las opciones con mayor claridad sabiendo que podemos elegir cualquiera de ellas. Eso es liberador; no somos víctimas más que en nuestros pensamientos acerca de lo que nuestras experiencias pasadas o presentes han sido.