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EL LOCO – EL VIAJE HACIA UNO MISMO

In document Convertirse en Uno Mismo Edicion 1 (página 188-192)

ARCANO XIII – TRANSFORMACIÓN EN VIDA

EL LOCO – EL VIAJE HACIA UNO MISMO

La vida es una aventura y El Loco representa el ideal de esa aventura apasionante. Más allá de la individualidad este Arcano simboliza el desorden procedente de la infinita riqueza del caos. Lacan ya entreveia que “la esencia del hombre no sólo no puede ser comprendida al margen de la locura, sino que dejaría de ser tal si no llevara en sí misma a la locura”. La figura de El Loco discurre por lo que se conoce como El Sendero de la Mano Izquierda (*). El ego (representado por el perro azul) sigue al Loco por los caminos que va abriendo por sí mismo; se apoya en el perineo, donde reside el primer Chakra y desde donde se despierta la Kundalini, la energía que se encuentra dormida en la base de la columna. Hemos llegado al Arcano símbolo de todo el Tarot, quien, en definitiva, recorre el camino hacia uno mismo y llega a ser quien es.

Como esos bufones de palacio, El Loco se ríe, primero, de sí mismo y luego del mundo ilusorio donde le quieren encarcelar. Está preparado para ir despojándose de los ropajes del ego, se deja llevar por las circunstancias, porque sabe que es él quien las crea. Es, simultáneamente, niño, adulto, adolescente, viejo, feto; es alguien que “administra bien su propia divinidad: un narciso que trasciende su propio narcisismo desde alguna inocente desfachatez” (S. Pániker). Entona su discurso disfrazado de artista, bufón o loco, así su crítica (su individualidad) es permitida en una cultura que penaliza lo individual, lo místico, lo auténtico. Se encuentra dentro del sistema, pero no se “siente” presa de él pues comprende que vive en un sistema simbólico de comunicación, limitado por el lenguaje, por los marcos de referencia. Camina libremente por un lado hacia el futuro y por otro retorna al origen primigenio, es el nuevo hombre retroprogresivo que no necesita de nadie pero, por eso mismo, está a disposición de todos.

Decíamos que El Loco camina hacia el futuro y hacia el Origen simultáneamente, aunque este “camino” no es lineal; de hecho en la vida no hay ningún lugar a donde ir, lo que debemos hacer es participar del propio movimiento del Universo, que como decíamos no es lineal por supuesto, y lo único que nos queda es perfeccionar ese microcosmos al que llamamos nosotros mismos dado que el fín último del hombre, y eso nos los está recordando El Loco a cada instante, no es alcanzar la felicidad individual, sino participar plenamente en la realización del Universo. Se trataría de no posponer todo para el futuro sino de actuar con los factores dinámicos de la cotidianidad, disfrutar de los misterios del conocimiento y evidentemente de ese misterio que es la Vida. En el capítulo de necesidades, El Loco representaría la necesidad de Trascendencia que todos, alguna que otra vez, hemos intuido en nuestras vidas, ese trascender el ego del que nos hablan las filosofías orientales.

Ahora bien, nos han hecho creer que existen diversas formas de “ponerse en camino de” la realización espiritual, pero que nadie se llame a engaño, la verdadera vía espiritual es para unos pocos, la mayoría no pasará del acto de presuponer que se encuentra en esa vía y ello es así porque el ego se alimenta de presunciones y la primera presunción es que cree saber quien es y a partir de ahí interpreta la realidad según su exclusiva visión de todo. Existe cierta, o mucha, confusión entre lo que es la búsqueda espiritual y la necesidad psicológica de sentirse mejor (necesidad de seguridad, de amor, de reconocimiento) así que cuando se llega a un punto donde el progreso espiritual se estanca, deberíamos preguntarnos si no estamos confundidos y lo que deseamos simplemente sea sentirnos mejor. En cierta medida debemos estar atentos al llamado “materialismo espiritual” tal y como lo explica Mariana Caplan: “El ego imita las experiencias y los gestos espirituales porque desea los beneficios que imagina que tales experiencias pueden aportar, pero no está dispuesto a sacrificar sus propios modos de ser. Los individuos que han espiritualizado su ego se hallan en una situación muy precaria y nada envidiable, por más que puedan fantasear que son los reyes de la fiesta espiritual” (A Mitad de Camino). No deberíamos olvidar que no podemos ir más allá de nosotros mismos sin una causa mayor que nosotros.

La ignorancia es la raíz del sufrimiento, según el budismo, aunque podríamos también afirmar (parafraseando a Sri Aurobindo) que la ignorancia no es más que una forma de conocimiento incompleto. El ego, en este sentido, es una forma de conocimiento incompleto de nosotros mismos ya que no se asienta en nuestra verdadera naturaleza sino únicamente en la superficie y

si durante la mayor parte de nuestra vida sigue dirigiéndola no es porque resulte indispensable para ello sino porque aún no hemos descubierto nuestra naturaleza interior; el ego se debe ver como un estadio provisional del desarrollo, por eso El Loco lleva al ego tras de sí, si estuviese delante querría decir que El Loco regiría sus acciones en función de su pequeño “dictador”, en su lugar, sigue su camino siguiendo las voces de su espíritu. Otra de las lecciones que nos da El Loco es que siempre estamos buscando algo a lo que aferrarnos, necesitamos una identidad para sentirnos seguros y aquellos que desean un salto cualitativo en su existencia ven, con horror, que el cambio es imposible. Nuestra naturaleza interior es básicamente perfecta. Lo imperfecto es nuestra identidad, nuestra personalidad, nuestro ego, aquello que sentimos y creemos como Yo-mismo, en suma, nuestra forma de ser; y los intentos por cambiarla no nos ayudan a liberarnos precisamente de ella porque estamos utilizando las mismas herramientas de construcción del ego para deconstruirlo. Para desenmascararnos debemos utilizar otros útiles más sutiles, expandirnos y entrar en contacto con el fundamento de nosotros mismos, es lo que John Welwood denomina “el espacio abierto del ser” , esa dimensión vacía y alerta de donde emergen las comprensiones espirituales más profundas que nos ayudan a trascender los puntos de referencia convencionales. El Loco, en cierta forma, bebe de las enseñanzas budistas, su percepción no está distorsionada por la realidad que nuestros sistemas cognitivos toman por cierta, aunque aún se encuentra en el mundo de la “apariencia ilusoria” (samsara), su visión va más allá, su conciencia se encuentra abierta a lo no conceptual y desacondicionado.

El Loco nos habla de ese anhelo de conectar con la dimensión más amplia y expansiva de nuestra naturaleza. Ello se traduce en la atracción que experimentamos por los inmensos espacios abiertos de la naturaleza, de la misteriosa atracción que ejercen sobre nosotros los territorios inexplorados, el extraordinario horizonte del océano o las insondables profundidades del espacio exterior. Pero también le tenemos miedo a su falta de solidez, así que aunque a menudo anhelamos más espacio también huimos de él y nos apresuramos a llenarlo con nuestros puntos de referencia familiares. Lo que El Loco reconoce es su propia locura la cual es, desde luego, el principio de su cordura y con ella se sana, trasciende y se libera. Puede parecer una paradoja pero el Loco sabe que:”La gente cree que la iluminación es un estado en el que al fin se comprende todo; la verdad es más bien lo contrario: la iluminación es un estado en el que, al fin, ya no se comprende nada”. (S. Pániker).

El Loco despierta entusiasmo, nos libera de viejos conceptos, nos permite sintonizar con nuestro yo interior y nos ayuda a desembarazarnos de apegos y ataduras. Es la conexión con el espíritu divino en acción.

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