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LA PAPISA – LA MEMORIA DE NUESTROS ORÍGENES

In document Convertirse en Uno Mismo Edicion 1 (página 139-142)

Conocida y poco entendida es la famosa frase que se podía leer en el frontispicio del templo de Delfos: nosce te ipsum. “Conócete a ti mismo”, en esas sencillas palabras se aglutina todo un saber que ha sido interpretado de diversas formas en todas las épocas. Inicialmente parece ser que se refería al hecho de que el hombre debía darse cuenta de su mortalidad, que no era un dios. Posteriormente se le invistió de ropajes filosóficos e incluso religiosos. Por otra parte también podemos concluir en que el hombre, el ser humano, es un ser “pensante”. El hombre se reconoce a sí mismo cuando conoce. Toma conciencia al reflexionar sobre el conocimiento que puede tener de las cosas exteriores y de la abstracción que sigue a la reflexión sobre sí mismo. Al conocer que conoce, se conoce a sí mismo. Esto es lo que postula la psicología aunque es una frase que sigue moviéndose en la esfera de los conceptos e ideas y realmente la respuesta a la gran pregunta: ¿Quién soy Yo? ( pregunta que ya se hace El Mago) no es ni mi nombre, ni mi profesión, ni mi historial personal. Incluso si creo que soy un alma inmortal o un espíritu divino, solamente estoy añadiendo al contenido de mi mente algunos conceptos que suenan espirituales; pero conocerse a sí mismo no tiene nada que ver con las ideas que flotan en la mente, sean las que sean. Conocerse a sí mismo es estar enraizado en el Ser, en lugar de perdido en la mente.

Quien yo soy no necesita de mis creencias, quien tú eres no necesita de tus creencias. Lo máximo a lo que llega la mayoría de la gente es a saber “acerca de sí misma” que no es lo mismo que conocerse a sí mismo. Saber acerca de

uno mismo significa identificarse con el contenido de su vida: lo que hace, lo que siente, lo que piensa, percibe o experimenta. Conocerse a sí mismo es ser uno mismo, o sea, dejar de identificarse con el contenido.

Como nos indica La Papisa parte del conocimiento se adquiere en soledad, sobre todo ese conocimiento referido a uno mismo y a nuestra relación con los demás. En cierta medida se trata, en el fondo, de la búsqueda de la Verdad. Pero, seamos lógicos, prácticamente es casi imposible llegar a conocerse a sí mismo, como lo es también el encontrar la Verdad, con mayúsculas. Lo único que podemos hacer es ir en pos de la Belleza, quizás en el interín nos topemos con ella.

Pero dejemos a la filosofía y veamos qué nos depara esa necesidad de conocimiento que a veces nos abruma. En ocasiones ocurre que el conocimiento que deseamos lo buscamos con las herramientas equivocadas. Asumiendo que existe un “Conocimiento por Intuición” y que escapa de nuestro control racional, dirigiremos nuestra atención a tres formas o herramientas que se suelen utilizar para adquirir conocimiento. Una es el Empirismo, a través de la experiencia podemos, mediante la aprehensión de las vivencias, sintetizar y organizar el conocimiento adquirido. Las otras dos fuentes son más abstractas dado que no se basan en la experiencia sino en sustratos más profundos como la mente y el espíritu, así tenemos que una de ellas es el Raciocinio, la utilización del pensamiento, de la lógica, del estudio para obtener el alimento mental necesario. Y por último tenemos, en un plano todavía más abstracto la Contemplación.

Sintetizando podríamos, por analogía, relacionar estos tres aspectos, herramientas u “ojos del conocimiento”, con la Ciencia (empirismo), el Conocimiento Racional (lógica) y el Conocimiento Espiritual (Gnosis). Por lo tanto y partiendo de esta diferenciación deberemos aplicar cada una de las herramientas dependiendo del tipo de conocimiento que deseemos. Otra cuestión a tener en cuenta será el lenguaje a través del cual obtendremos la información, el conocimiento. Para que dé resultado la fuente de información y el receptor tienen que encontrarse en el mismo nivel de conciencia o, en última instancia, el receptor debe mantener su mente abierta para poder recibir ese conocimiento sino puede producirse un sismo lingüístico que consiste en confundir el significante con el significado, y éste con el referente real.

La sabiduría de la Papisa es de índole intuitiva, se sirve de la inspiración, la discreción y la memoria. Es la guardiana de los misterios sagrados aunque

los muestra a quien pueda desvelarlos mediante la comprensión de la esencia de las cosas sin participación de la razón. En ella las limitaciones del espacio-tiempo desaparecen dando paso a la acción del subconsciente. La Papisa tiene la llave del conocimiento para abrir el corazón del misterio. Representa a Sophia, la Sabiduría Divina. Suyo es el reino de la profunda experiencia interior. Por otra parte La Papisa nos habla de una sexualidad espiritualmente desarrollada; es la antítesis del Diablo y por ello también su complemento. En el acto sexual es el Espíritu Santo quien la insemina y a través de ella podemos apreciar como Dios se manifiesta en cada persona, animal, vegetal o mineral. Ella nos iniciará en los misterios de lo intangible. Pero no nos equivoquemos. La Papisa solo se pertenece a sí misma.

“Cada vez que un hombre se pone a aprender, tiene que trabajar tan duro como pueda, y los límites de su aprendizaje están determinados por su propia naturaleza. Por lo tanto no vale la pena hablar sobre conocimiento. El miedo del conocimiento es natural: todos lo experimentamos, y no hay nada que podamos hacer. Pero por terrible que pueda ser aprender, es más terrible pensar en un hombre sin conocimiento”.(C. Castaneda)

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