Ps. Fercen Granja
EL FRUTO Y LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO
Referencia bíblica: Gálatas 5:22-23; 1ª Co. 12: 4-11
INTRODUCCIÓN
En el mensaje anterior hablé acerca de permanecer en Cristo para llevar fruto. Este fruto, como dije anteriormente, tiene que ver con el fruto que el Espíritu Santo produce en el creyente cuando está unido o anclado en Cristo. El fruto del Espíritu nace o fluye espontáneamente y sin esfuerzo cuando el creyente permanece en Cristo y en su obra perfecta en la cruz. Este estado
de permanencia, tiene que ver con una comunión o relación inviolable con Cristo por medio
de una fe no vacilante. Así mismo, el creyente debe regocijarse continuamente en la gracia
salvadora de Jesucristo, y estar constantemente consciente de que está redimido, justificado, que ha nacido a la familia de Dios, que ha sido colocado como hijo y hecho heredero y coheredero con Jesucristo, y como tal participa de todo lo que Cristo ha provisto en la Cruz.
Dijimos también que el fruto del espíritu se encuentra detallado en Gálatas 5:22, 23 y es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza o dominio propio. El
fruto del Espíritu Santo tiene que ver con el carácter de Cristo, el cual es formado en el creyente cuando permanece en Cristo. El fruto del Espíritu no debe confundirse con los dones del
Espíritu. Los dones del Espíritu se encuentran detallados en 1ª Co. 12: 4-11 y son: Palabra de sabiduría, palabra de ciencia, discernimiento de espíritus, don de fe, don de milagros, dones de sanidades, profecía, género de lenguas e interpretación de lenguas.
Es vital y sumamente importante para la vida espiritual y ministerial, que estas dos áreas de bendición sean plenamente entendidas en su relación una con otra. No debe haber jamás
alguna confusión entre ellas. Una no sustituye la otra. Nadie debe decir jamás, como algunos
lo han dicho: “Yo creo en el amor, pero no en los dones del Espíritu”. El fruto tiene su lugar y los dones también tienen su lugar. Ambos pertenecen a diferentes categorías de bendición espiritual. Mientras el fruto tiene que ver con el carácter, los dones tienen que ver con el poder. Pero veamos más claramente las diferencias entre los dos:
I.- DIFERENCIAS ENTRE EL FRUTO Y LOS DONES
Los dones tienen que ver con el poder o capacidad espiritual que necesita el creyente para operar o trabajar de manera sobrenatural. Es decir es poder para servir u operar. En otras palabras, son las herramientas de trabajo, mientras que el fruto del Espíritu como dije anteriormente, tiene que ver con el carácter espiritual, es decir lo que uno es en el Señor. Los dones son recibidos como resultado del bautismo en el Espíritu Santo, el fruto es el resultado del nuevo nacimiento y del permanecer en Cristo. Los dones se reciben instantáneamente, el fruto se desarrolla gradualmente (paulatinamente se va madurando en el carácter).
Los dones en sí mismos no son la base para juzgar la profundidad de la vida espiritual de una persona, sin embargo, el fruto es el criterio básico del desarrollo de la vida y el carácter espiritual. (Qué significa esto: Yo no puedo decir que una persona es espiritualmente madura
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porque tiene los dones, pero sí puedo ver su madurez y crecimiento espiritual cuando veo el fruto del Espíritu. Existe la tendencia de mirar con asombro a una persona que tiene muchos dones del Espíritu como si esto indicara que es una persona sumamente espiritual. Pero la verdad es, que la persona que aflora el fruto del Espíritu, es una persona espiritual). A los corintios no les faltaba ningún don (1ªCo.1:7).
Hay variedad de dones, pero hay un solo fruto del Espíritu manifestado en nueve virtudes. * Los dones del Espíritu indican capacidades espirituales, (poderes espirituales), mientras que el fruto denota carácter espiritual.
Con respecto a los dones espirituales, cabe hacer una aclaración. Como usted habrá observado, los dones son dones del Espíritu, por tanto no son capacidades o habilidades naturales. Hay muchos dones y talentos con las que nacen las personas, que sí son naturales. Sin estos talentos naturales ninguno podría realmente sobresalir en ningún campo, por ejemplo, en el arte y la música. Al respecto de esto, Jesús utilizó las parábolas de los talentos para indicar que a algunos hombres se les entregaba estos talentos naturales para usarlos, y que ellos serían responsables por cómo los usarán. Pero en el ámbito espiritual, el Espíritu Santo, en su divina elección, confiere los dones o capacidades espirituales, para ser usados en el servicio espiritual.
Resumiendo podríamos decir que el fruto del Espíritu no tiene nada que ver con lo que una persona puede “hacer” en el servicio al Señor, sino en “cómo” lo hace. Si su servicio lo hace con amor, con paciencia, con humildad, mansedumbre, con fe, con bondad, etc. Y los dones espirituales son las capacidades de operación o las herramientas de trabajo para servir en la
obra del Señor. Por ejemplo, los dones de sanidades, don de milagros, profecía, etc. (En otra
enseñanza hablaré de cada uno de los nueve dones).
II.- RELACIÓN ENTRE LOS DONES Y EL FRUTO DEL ESPÍRITU
Vimos ya las diferencias entre el fruto y los dones del Espíritu. Ahora veremos la importante relación que hay entre los dos. No es casualidad que el capítulo 13 de 1º de Corintios se encuentre justamente entre dos capítulos (el 12 y el 14), que hablan de los dones del Espíritu. Mientras que el 13 habla sobre el amor que es el fruto del Espíritu, el 12 y 14 hablan de los dones. Esto enfatiza la importancia de tener el fruto del Espíritu en relación con los dones. Pablo deja muy en claro en estos capítulos, que los dones sin el fruto son impotentes y de poco uso. De hecho, va tan lejos en su apreciación, que dice que son “nada” (1ªCo. 13:1,2). Lo que Pablo está diciendo, es que aunque él tenga el don de hablar en otras lenguas, el don de profecía, el don de palabra de sabiduría, el don de ciencia y el don de fe, pero no tenga el fruto del Espíritu, estos dones significan absolutamente “nada”.
Mientras Pablo está enfatizando el hecho negativo de que los dones sin el fruto no tienen valor, uno debe reconocer la verdad positiva, de que el ministerio de los dones del Espíritu
acompañado por el fruto del Espíritu, es de gran poder y utilidad en la obra del Señor.
III.- CARACTERÍSTICAS DETALLADAS DEL FRUTO DEL ESPÍRITU:
1.- Amor. El amor es la base y esencia verdadera del fruto del Espíritu. Por eso es que Pablo
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frutos”. Por eso cuando Pablo habla del fruto del Espíritu en Gálatas 5: 22, 23, habla del amor
con las ocho virtudes que lo describen. En otras palabras, estas virtudes son las facetas del amor. Veamos cómo estas ocho facetas describen al amor: Gozo es amor regocijándose; Paz es amor
reposado; Paciencia es amor incansable; Benignidad es amor perdurable; Bondad es amor en acción; Fe es amor en el campo de batalla; Mansedumbre es amor bajo disciplina; Templanza es amor en entrenamiento. Cuando el Espíritu entra a la vida de una persona, derrama su amor
invariablemente en el corazón (Ro. 5:5). Como hemos visto, este amor es el resultado del amor de Dios derramado en el corazón del creyente por el Espíritu Santo como lo vimos en Ro. 5:5.
Una persona no puede decir que ama, y al mismo tiempo fracasar en tener las ocho virtudes mencionadas. No. Porque el que ama, también fluirá gradualmente en gozo, paz, paciencia,
benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Por tanto, estar lleno del Espíritu, es estar
lleno de amor.
Este amor que es fruto del Espíritu Santo debe ser diferenciado del amor natural (filial y eros).
Este amor no es el producto del esfuerzo humano. Por eso, para el hombre natural, es decir, el hombre que no tiene a Cristo, es imposible amar, bendecir y orar por sus enemigos porque no tiene este amor que es fruto del Espíritu (ágape, o amor divino) (Lc. 6:27, 28).
El amor que es fruto del Espíritu, es más que afecto humano. Este amor viene del permanecer
en Cristo, y experimentarlo fluyendo a través del alma.
El amor es el cemento que une las demás virtudes del fruto del Espíritu en una unidad entera. El amor es el común denominador de todo carácter cristiano, es decir, es lo que nos caracteriza a los verdaderos creyentes y discípulos de Cristo. En otras palabras, el amor es la evidencia de
que uno ha nacido de Dios (Jn. 13:35). Veamos el amor descrito por las ocho virtudes que lo
caracterizan:
2.- Gozo (Ro. 14:17). El gozo es la reacción del amor ante las misericordias, bendiciones y
beneficios de Dios. El gozo cristiano no depende de las circunstancias. El gozo que es una faceta
del amor, confía en Dios aún en las situaciones más difíciles. El gozo humano ve las cosas desde un punto de vista terrenal y es afectado por las circunstancias. El gozo cristiano, mira hacia el
cielo, y no lo afectan las condiciones que lo rodean, dado a que los beneficios del cielo nunca cambian. El gozo acepta las pruebas como un disfraz de la bendición divina. La verdadera vida
cristiana es una vida gozosa.
3.- Paz (Ro. 14:17). Aquí tenemos que diferenciar la paz como fruto del Espíritu y la paz con Dios
que viene por haber sido justificado. La paz como fruto del Espíritu es una característica interior que se manifiesta en la buena relación con otros. Significa ser libre de un espíritu de riña, contencioso y dividido. Busca vivir pacíficamente con todos los hombres. Y la paz con Dios es obtenida como resultado de ser justificado por la fe (Ro.5:1). El creyente lleno del Espíritu puede tener no sólo paz con Dios, sino que puede tener una paz que sobrepasa todo entendimiento
(Fil. 4:7; Jn. 14:27).
4.- Paciencia o clemencia. Esta no es una característica muy común en el espíritu humano. La
mayoría de nosotros carecemos de esta virtud. Esta es sin embargo, una característica muy especial de nuestro Señor. El cristiano necesita una permanencia más cercana con Cristo, a fin de que esta gracia pueda hacerse parte de su vida. Se dijo anteriormente que paciencia es amor
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incansable. Es amor perseverando a través de la tormenta y el diluvio. Cuando el creyente se da cuenta de cuán paciente ha sido el Señor con él, es capacitado para ser más paciente con otros (2ª P. 3:19, Sal. 86:15). ¡Cuánto necesita el creyente de hoy la ayuda del Espíritu Santo en esta área para ser semejante a Cristo!. Podría ser la paciencia lo que más se necesite para ser como Cristo (Stg. 1:4).
5.- Benignidad o ternura. Esta palabra es usada frecuentemente para representar el trato de
dios con su pueblo. Los creyentes traen gloria a Dios cuando manifiestan esta gracia a otros. Benignidad es el amor tratando con otros en sus faltas. Quizás nada daña más el testimonio y ministerio que la falta de benignidad hacia otros cuando nos fallan. Ninguna circunstancia
puede justificar el mal trato a otros. No importa cuán firme uno deba ser en la corrección, pero
lo que nunca se debe dejar, es ser benévolo con los que nos ofenden. No hay marca más grande de nobleza de carácter, que la habilidad de corregir con benevolencia (1ª Co. 13:4; 2ª Tim. 4:2).
6.- Bondad (Ef. 5:9). La bondad mencionada aquí tiene relación con: las obras y hechos de la
bondad, bondad mostrada a otros, y obras prácticas de amor. Si un hombre es verdaderamente bueno de corazón, va a hacer el bien a otros. Hay una clase de bondad farisaica, de auto-justicia, que es más una decepción para el cristianismo que una recomendación. La bondad egoísta, bien podría ser una clase de maldad. La bondad es amor en acción; es el amor acumulando
beneficios sobre otros. El cristiano hace el bien, porque él es bueno. Cuando Dios por su Espíritu
ocupa nuestro ser, hay un flujo de bondad hacia los otros.
7.- Fe. La mayoría de las versiones traducen esta palabra como “fidelidad” antes que “fe”. La
Fidelidad tiene que ver con “cómo el carácter del creyente se relaciona con otros”. La fe en Dios y su palabra, es la base de nuestra relación con Dios y el camino por el cual fluyen sus
beneficios hacia nuestras vidas; pero la fidelidad que aquí se menciona es la fidelidad de carácter y la conducta que tal fe produce. Así como el fruto del árbol no es para el árbol, así la
fidelidad es para otros con los que tiene contacto. El que lleva el fruto del Espíritu, mantendrá su palabra con otros; será fiel a sus actos, promesas, tareas y obligaciones. El verdadero
cristiano, no falta a sus obligaciones. Es fiel en todo.
8.- Mansedumbre (Mt. 11:29). La mansedumbre es lentitud a la ira y a tomar la ofensa. Los
mansos no son bulliciosos, ruidosos o agresivos. No disputan, no riñen ni contienden. No son argumentativos ni jactanciosos. Sin embargo, la mansedumbre no debe ser confundida con evasión o cobardía, timidez o debilidad, que son características de un complejo de inferioridad.
La mansedumbre manifestada por el Señor y recomendada al creyente es fruto de poder (Mt.
5:5). La mansedumbre espiritual no es cobardía ni falta de liderazgo. Moisés fue el hombre más
manso de Israel, pero fue su líder más grande y fuerte. Él era humilde y paciente, pero también fue capaz de tener firmeza y gran valor.
9.- Templanza o dominio propio. Entre las gracias del Espíritu antes mencionadas, ninguna es
más importante que el dominio propio (Prov. 16:32). La templanza es verdadero amor y control propio. El que se respeta y considera su cuerpo un templo del Espíritu, ejercitará control sobre sus propios impulsos. La templanza verdadera es control no sólo sobre comida y bebida, sino
sobre toda área de la vida, como el enojo, pasiones carnales, apetitos, deseos de placeres mundanos y egoísmo. Antes de que uno pueda gobernar una ciudad, una comunidad, un club,
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una iglesia o una nación, debe primero ser capaz de gobernar su propio espíritu (1ª Co.
6:12-14).
CONCLUSIÓN
Estas características no son impuestas sobre el cristiano desde afuera, sino que son el resultado de la vida con “Cristo dentro de nosotros” por medio de su Espíritu. La vida del creyente es más que una imitación de Cristo; es ser participante de la naturaleza divina (2ª P. 2:4). Más que se una copia de Cristo, somos parte de su propio ser (Ef. 5:30). Oración: Orar al Padre que