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Imp.A.Ciernen*,París

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(10)
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R'-tnití

PEDRO MILLAN

ENSAYO

BIOGRAFICO- CRÍTICO

POR

JOSÉ GESTOSO Y ‘PE'REZ,

Licenciado en ambos Derechos

,

Individuo Correspondientede lasDucales (¿Academias

de San Fernando

y

de la Historia.

SEVILLA:

TA,de D.Rafael Tarascó, SlÉRPÍS-.5

MDCCCLXXXIV.

OONACI

(12)

TIRADA DE

90

EJEMPLARES.

EjemplarNúm.¡¿¿/¿-PtJéL-

.Espropiedaddel autor.

/

I

(13)

Q/1LSJ^.<Z>.

JOSÉ

<D.

DE

IJÍVJIETeJ GOYEü^qA, entestimonio de consideración

y

amistad

EL AUTOR-

Sevilla2 deMarzo de 1884.

(14)
(15)

AL LECTOR

l

profundo

interés

que desde mis

pri-

meros años he

sentido

por

elestudio éinvestigacióndélos

monumentos de

laantigüedad,

de que

tan interesante

y

riqui-

sima

copia resta alpresente,

para

fortuna nuestra,

en

esta

hermosa

ciudad;

ha movido mi ánimo de suyo

desconfiado

y

receloso,

porque

harto selealcanzasu insuficiencia, á

tomar

la

pluma,

para, siquiera sea débil-

mente,

esclarecer la

memoria de uno de

los

más

señalados ingénios

en

elarte

de

laes- cultura

que

florecieron

en

las postrimerías

de

la

XV

centuria

y en

losalbores

de

la si- guiente.

Algún tiempo anduve

rehacio

con

estos

pensamientos y muchas

veces

también

tra- té

de

desecharlos

por parecerme empresa

de muy

difícilejecución

y por todo extremo

ardua, para quien como yo

carece

de

fun-

dada autoridad y por

estas causas

ya me

(16)

II

decidíaásellar

mis

labios,

cuando

lafortu-

na

inquieta

y maleante hubo de depararme

elsingular placer

de

hallar entrelosmil pre- ciados objetos

que forman

la colección

de mi

distinguido

amigo

el Sr.

Yrureta Goye- na una

notabilísimaefigie

de

S.

Miguel

fir-

mada por

su autor

Pedro

Millan.

Mis pasadas

vacilaciones cesaron:

y

mientras

que

lavista sedeleitaba

en

sucon- templación,

algunos amigos amantes tam-

bién

de

estas reliquias

de

lo

pasado

estimu- laron

mi

tibieza,

persuadiéndome

á

acometer

estetrabajo

que hoy

ofrezcoála conside- ración pública,

para que

lojuzgue

y

censu- re ásperaó

benévolamente, como

se

me-

rezca.

Ha de

servir

de

disculpaá

mi

atrevi-

miento

elcariño

que

tengo á Sevilla,

don- de he nacido y mi profunda veneración

á sus gloriasartísticas

juntamente con

elestí-

mulo de

ser el

primero en dar

á

conocer

uno de

sus

mas

notables escultores,

desde-

ñado

éinjustamente

desatendido por

suje- tosdoctísimos

que

escribieron

de

nuestras

antigüedades en

el

pasado

siglo

y comien-

zos del presente;

mucho mas cuando

la suerte

me ha deparado

la satisfacción

de

hallar

algunas obras firmadas de

su

mano y

erróneamente

atribuidasá otros maestros.

(17)

III

No busques

lector

amigo, pues de

seguro

no

lashallarás,galas

de

lenguajeni erudi- tas

enseñanzas en que

pudieras encontrar apacibledeleiteó sólida doctrina,

pero

he de

ofrecerte

mas de una

noticia

ignorada

hastahoy,

que podrá

guiarte'

seguramente en

elesclarecimiento

de puntos dudosos ú

os- curos

de

nuestrahistoria artística.

Había llamado

justamente la atención

de algunos

arqueólogos, así propios

como

extraños,al

examinar

la

portada

delinsigne

monasterio de

religiosas

de

Sta.

Paula de

estaciudad,

que

lasfigurascontenidas

en

los

medallones de

relieve

que ornan

suelegantí-

sima

archivolta,

compuesta de

ladrilloses-

maltados

sobre

que

pintóFrancisco Nicuio- soperegrinas fantasías platerescas, estuvie- sen

diseñadas y

ejecutadas

conforme

al estilo

eyckyano, que tando dominó en

Sevilla: la contraposición

de

estos

dos

gustos

confun-

día álos inteligentes,

pues desde mucho

tiempo

ha, señalábase

como

único

y

exclu- sivo autor

de

tan gallarda fábricaal citado Niculoso.

¿Cómo

entonceseste,

amamanta-

do en

la

Escuela

del

Renacimiento pudo

ha- ber retrocedido á siglos anteriores,

em-

pleando un

estilocontrarioal

suyo que nun-

casearraigó

en

Italia

de donde

aquel autor era procedente? Sería esto tanto

como

(18)

IV

atribuiral clásico

Berruguete una obra

eje-

cutada por Nufro Sánchez.

Fácil

me

fué explicar esta aparente contradicción luego

que

descubrí

con

elauxilio

de mi querido amigo

el distinguido pintor

y

erudito ar-

queólogo D. Narciso Sentenach y Cabañas, en uno de

los

medallones

la firma del

maestro cuyo nombre

sirve

de

epígrafeáes- telibro.

Teniendo una vez

presente tal dato

no

puede dudarse, como algunos

autoreslo

han

hecho, que

elescultor hispalense

ayudase

á

Niculoso en

las

obras que de

este

nos

res- tan

en

Sevilla

y

sibien

no

hacia falta

pa-

ra apreciar á

primera

vista la diversidad

de

estilos

que

caracterizalas

producciones

de ambos,

viene áser la irrecusiblejustifi- cación

que nos demuestra

laparte

de

glo- ria

que

á

cada uno de

ellos

cabe én

eldeco-

rado de

tan

hermoso monumento. Camara-

das, acaso

unidos por

vínculos

de

sincera amistad,

buscó Niculoso también

la

coope-

ración del

imaginario

sevillano

para

otra bizarra

obra como

eselaltar

de

azulejos

que

representalaVisitación

de

Sta. Isabel ála

Virgen

felizmente

conservado en

el

Alcázar

de

estaciudad,

que ha merecido muy

prefe- rente estudio

por

parte

de

doctos

y

respe- tablesarqueólogos.

(19)

V En

efecto, basta solofijarlavista

en

la

composición

delasunto,

en

el

puro y

elegan- tísimo

dibujo

ojival

con que

están diseña-

das

las figuras,

para

conocer,

que

aquellos

prolongados

trazos,

que

aquella minuciosi-

dad angulosa que en

los pliegues

de todos

los

paños,

se advierte

que

la expresión idealista

de

losrostros

y en una

palabra,

que

los

pormenores todos de

esta pintura

no

fueronni

pudieron

serbajo

ningún

con- cepto

obra

del

mismo

lápiz

que

ejecutara la

mayor

parte

de

los

adornos

lateralesdel retablo

y

su elegantísimo frontal del

mas puro Renacimiento.

Un

ilustre

ceramógrafo, Mr. Augusto Dem- min en

su

«Guide de

1‘

amateur de

faien- ceset porcelaines» recientemente

publicado

consigna,

que

escopia

de una estampa

ale-

mana.

(i)

Ignoro

los

fundamentos que pudo ha-

ber

tenido

el citadoescritor

para

asentarlo ántesexpuesto,

pero

álo

menos dá

á enten- der

con

talnoticia,

que

apreció

debidamen-

fi)

A

la chapelleditelaChapelledes faiences (Capi- lla delos azulejos,)á 1‘Alcázar undevant d'autel qui representedans unmcdaillon tenu par deschimérespein- tesd’aprésunegravureallemande oúl’onvoitdans une bandcrolelasignaturcdupeintrc. «Nicolaso Francisco italianomefecit.» i.a

parte,delaGuidepag.279vta.

(20)

VI

te el estilo

que

caracteriza esta magnífica

.

producción

artística.

Otro

dato

de gran

valor

que

robustece loantes

consignado de que Francisco Nicu-

loso

no

fué

más que un

pintor decorativo tan

endeble en

el

dibujo de

figuras

como

pe- ritísimo

en

el

de adornos

es la

laude

sepul- cral

asimismo de

azulejos,

que

existe

en

la iglesiaparroquial

de

Sta.

Ana de Triana.

Acontece con

ella lo

propio que con

lascita-

das producciones suyas

del

Alcázar y de

Sta.

Paula:

Siacerca

de

las

primeras presú- mese razonablemente que

artistas prácticos

en

elestiloojival loauxiliaron

y en cuanto

álas

segundas

es

ya imposible dudar, tam-

bién

puede

asegurarseestoúltimo

con

res- pectoá la

laude que durante algún tiempo consideré como producto

exclusivo delar- tista

pisano fundándome en

la incorrección

de

su trazo

que no pasó

inadvertida

para

el ilustre

ceramógrafo

Sr.

Barón

Davillier.(i)

Pero

estudiados

con mayor detenimiento todos

sus

pormenores, ha

sido

causa de que

rectifique el juicio

emitido notando

las hojas

diseñadas

al estiloojival

que corren

al

rededor de

lafigura,

pormenor importan-

tísimo

que no debo hoy

pasar

en

silencio, así

como tampoco,

los

adornos de

lacería

(i) Gacctte desBeauxArtstomo12.

(21)

VII

que hay en

la

almohada, recuerdo

vi-

vo de

la tradición

musulmana

tan en

bo- ga

á la

sazón en España.

Aquellas

y

estos

no pudieron

ser

obra

del artista

que

tan

gallardamente dibujaba

los gru- tescos del

Renacimiento

italiano

y

soloá

un

hijo delpaís era

dada

su reproducción;

fruto

de un mudejar ismo que Niculoso

es- taba

muy

lejos

de

sentir.

Los

ligeros

orna-

tosajaracados

de

la

almohada

estimé ápri-

mera

vista

que

serian capricho del

dibu-

jante,

pero apenas

si

puede imaginarse

el excesivolujo

que

ála

sazón dominaba en

tales objetos,

confirmado por un documento

del

Archivo

del

Marquesado de Moscoso de

esta

ciudad

tan interesante

y

curioso

para

el estudio

de

nuestras artes

y costumbres

que no puedo

resistiral

deseo de

trasla-

dar

íntegro

en

el

Apéndice

inserto al final este libro.(N.°i)

aunque

su fechaes

de

1470, ladiferencia

de

33

años que hay

entreél

y

la

que

ostentaelsepulcro referidoesbiencor- ta,

máxime,

tratándose

de

latradiciónartís- tica

musulmana que aun permanece viva

durante toda

la

XVI

centuria

y en

algunas industrias hasta la siguiente.

En

este papel

que he debido

á la galantería del actual

Marqués mi querido amigo

Sr.

Don An-

tonio Arias

de Saavedra, hay

distintas

(22)

VIII

partidas

que

manifiestan ostensiblemente

además

déla refinada ostentación

de

nuestros abuelos,lainfluencia

de

las artesdel

pueblo

invasor,

pues que

se

habla con

frecuencia

de almohadas de brocado

morisco, otras

bordadas con

figuras

bordadas

(sic)

de oro

e seda, citándolas

también

«á colores....

con ramos verdes y

perros blancos.»

Es indudable que

la

en que

reposala

cabeza de

Iñigo

López no

sehalla

adornada

capri-

chosamente,

sino

que

el dibujante

de

la laude,seredujo á copiar lo

que

á

cada mo- mento

veia.

A

la

verdad que

si

Niculoso hu-

bierasido su autor,

en vez de

laintrincada ajaraca, la

habria adornado con

otro

géne-

ro

de

labores.

Basta con

lo

dicho

acerca

de

estos par- ticulares,

en

loscuales

me he

detenido acaso

más de

lo

que

debía,

pero que

ellector

habrá de perdonarme, en

gracia á

que

solo

me ha guiado para

ello rectificar propios juicios

dando

al

César

lo suyo.

Cúmpleme pues

lasatisfacción

de haber sido

el

primero en dar

á

conocer

el

impor-

tantísimo datodescubierto

en

la

portada de

Sta. Paula,

como

así

mismo

las diferencias

que

se

notan

entre los seis

medallones

late- rales

y

el

colocado en

la clave

de

laarchi-

volta,

cuyo

estilo

demuestra

ostensiblemente

(23)

IX

que no

fueron sólo Millan

y Niculoso

los

que

intervinieron

en

su ornato, si

que además cooperó con

ellosotroartista

desconocido

al presente. (Ap.n.°2.)

Mi

fortuna

con

respecto áesteúltimo

ha

sidosingular,

pues pocos

dias

después

tuveocasión

de

ver oculto

y en

de- plorable

abandono en

el

panteón de

Arzobis- pos,situado

en

elSagrario

de

nuestraBasí- lica, el

hermoso

relieve,

digno por

todos conceptos

de

ser

atendido como merece, que

considerodel

mismo

autor

y

delcualtrataré

en

eldiscurso

de

este

«Ensayo.

»

Más

propicia

aún

la fortuna,

ofrecióme

otra bellísima

muestra,

acaso

también de

la

misma mano, en poder de mi amigo

el se-

ñor Goyena, que

bien

merece

serestudiada

con

el

mayor

detenimiento.

Por

último,

me ocuparé en

este ligero trabajo

en

ofrecer á la consideración del curiosolasdiversas

obras de Pedro

Millan,

algunas de

ellasignoradas,

mostrándolo

co-

mo uno de

los

más

preclaros

maestros de

la esculturasevillana.

Acaso

extrañarán

algunos de

los lecto- res

que en

los

primeros

capítulos

de

este

«Ensayo,» cuando

trato

de

establecerlosdi- ferentes caracteres

que

distinguieron elarte escultural

en

la

Península durante

sustres

épocas

hastael

reinado de

los

Reyes Cató-

2

(24)

X

líeos,

no haya presentado como modelos de

lasejecutadas

en

elsiglo

XIII

las

que de

es- tos

tiempos

existen

en

Sevilla

en

las

porta- das de

lasiglesias

de Santa Marina y San

Ju- lián,

y como

correspondientes ála

XIV

cen- turia las

que

seostentan

en

la

que

fué parro-

quia de Santa

Lucía.

Fácilmente

sealcan-

zan

los

motivos de

esta omisión,

con

sólo tener

en cuenta que

elarte ojival

en

su pri-

mera

época,almanifestarse

en

Sevilla, seen- cuentra

estrechamente combinado con

los

elementos mahometano y románico,

influ-

yendo

el

último de

tal

modo en

laestatua- ria,

que

elestilooriginario

de

lasriberas del

Rhin no

aparece

en

ellas,

y

sus líneas, eje-

cución y proporciones nos dan por

resulta-

do

ejemplares del

segundo

estilo citado,

y por

esto

de ningún modo deberán

ofrecerse

como

tipos delarte

que

ála

sazón

se desen- volvía

en

las

comarcas

del

Norte de España.

Nótese también que no me he propuesto

trazarla historia

de

la escultura sevillana,

en cuyo

caso

hubieran

sido objeto

de pro- fundo

estudio las interesantes estatuas

de

arte

románico que anteriormente

dejocita- das.

Al

ofrecer ejemplares

de

los siglosXIII,

XIV y XV,

sólo

me ha guiado

el

deseo de

que

el lector

pueda

apreciar las diversas alternativas

y

vicisitudes

porque

atravesó

(25)

XI

la estatuaria hasta alcanzarel

grado de

es-

plendor que

distingue álas

producciones de

este

género

ejecutadas

durante

el

reinado de

los

Reyes

Católicos.

Basta lo anteriormente

expuesto para

justificar,

en mi

concepto, lapublicación

de

este libro, que, si bien

de ningún

mérito, esfielintérprete

de mi

entusiasta

amor

al arte patrio, á

cuyo

estudio

he dedicado

to-

dos mis

afanes,

y que desde

luégo

someto

á la benevolencia

de mis

lectores.

(26)

«

«

(27)

Consideraciones generales sobre laEspañaartística EN LOS TIEMPOS DEFERNANDOIII.

El ARTE ROMÁ- NICO.

Influencia delárabe.— Alonso X.

Pro- tección dispensadaporeste

Monarca

álasartes

¿industrias.

Causas quefacilitaron la intro- ducciónDELARTEOJIVAL ENNUESTRAPENÍNSULA.

Union de los dos estilosárabe y cristiano.

Artemudejár.

eunidas en un

mismo

tronolasdos coronas deCastilla y de León, bajoel cetrode Fer- nandoIII,no fueronsólo éstas elgrandioso legadoque recibióalocuparelsolio suhijo Alonso X,sinoloqueesmás,los valiosísimosgérme- nes deculturayde progreso moral é intelectualim- plantados porlas anterioresmonarquías,queála sa- zón, contandoconelapoyodel regiopoder ydelen- grandecimientoterritorialconquistado porelhijode la ilustreBerenguela, habían necesariamente deacre- centarse

ydesenvolverse, llegando á unperíodode esplendorybrillantezextraordinario.

No

tratamosde describirelturbulento reinadodelSabiolegislador,de quien injustamentedijounode nuestroshistoriadores,

«que miéntras miraba al cielo,dejaba perderla tie- rra;»vamossólo,siquieraseade paso,¿extendernos

(28)

2

en algunas consideraciones sobre la Españaartística enlaspostrimerías delaXIIIcenturia.

Profundamentearraigadaen nuestro suelolatradi- ciónrománica, porlos tres siglosquecontaba deexis- tencia; faltas de estímulo, valiéndose de exiguosele- mentos yviviendoenmediodelfragordelaguerray delestruendodeloscamposdebatalla,nopodianlas inteligencias dar riendasueltayespaciarseporlasse- renas regiones del espíritu.Aquellas densasnieblas, sin embargo, fuéronse paulatinamente disipando, yá medida que acrecen yseensanchanlasmonarquías cristianas,yqueelpoderreal serobustececonlaayu- da que los

Comunes

leprestaná lasombradesus fueros, cartas-pueblasyprivilegios,vemosbrotarpor doquiera lospreciadosfrutosdeunafastuosa civiliza- ción, apareciendo artistas tan notables

como

Pedro Perez, JohanPerez,Maestre Jorge yotrosmás,ini- ciadores del adelanto que tan ostensiblemente se muestra enlostiempos deAlonsoelSabio.

Un

hechoextraordinario,de grandísima importan- cia,y que no

podemos

pasarensilencio,llama ahora nuestraatención.Cuántas fueranlasdiferenciasyan- tagonismoentre lospueblosmuslime ycastellano,se- ríaociosoencarecerlas;noobstante,ya enlosalbores del siglo XIII,cuando un nuevoestiloarquitectónico, importado de extrañosreinos,comenzabaádesenvol- verse en nuestra monarquía, vése que elsegundo busca yse valedelosconocimientosdel primero,y consucooperación y ayuda, fundidoslosdiscordantes elementos de dos opuestascivilizaciones,prodúceseun peregrinoarte,quetodoloinvade, yquelo

mismo

se ostentaenlosornamentados sillaresdeltemplo ydel alcázar, queenlasrozagantesvestiduras delmagnate ó en lashumildesdelplebeyo.Grancopia de

monu-

mentosde todos géneros, enquese realizatantriple extraño consorcio,podríamoscitar,nacidosálabené- ficasombradelaugusto vate delasCantigas,sinote- miéramosser difusos; perobastariaquenos fijásemos

(29)

3

enlaseñalada protección queálasartesé industrias dispensó esteMonarca, áunenmedio delasdesgra- cias yamarguras queconstantementelooprimieron, paraque comprendamos, singran esfuerzo,el alto grado de prosperidadquealcanzaron.

En

efecto;conlasimplelectura delRepartimiento que hizoelConquistador de Sevillaparaesta

misma

ciudad,y su confirmación debidaáD. Alonso(1253), tenemosde sobra para poder formarjuiciode aquella vidaartistico-industrial,quetan esplendorosasemos- traba,nosóloenlagran metrópoli Hispalense,sique también enlasdeToledoy Burgos.

Mas nofueronsólodos elementos,elrománico y mahometano,losquecaracterizaronlasproducciones artísticasdeesteperíodo,

como

arribadejamosconsig- nado.

Ya

desdelostiempos deSanFernando,sibien incierta

y tímidamente,comenzabaámostrarse enlas fábricasarquitectónicas otranuevainfluencia,que en plazonolejanohabiade dominar’por completo ento- daslasesferas del arte. Fácilmentecomprenderemos

como

seobró tanradicaltransformación,siseatiende algran desenvolvimientoqueelestilo ojivalhabiaad- quiridoen muchosdelosreinosde Europa;álasín- timas relaciones queunianánuestrosMonarcascon

losfranceses; á laspretensionesdel hijode D.a Bea-

trizde Suaviaaltrono imperial de Alemania;alsinnú- merode proceres

ymagnatesextranjeros,quedecon- tinuo acudianánuestrosuelo, y, loqueesmás,ales- píritu religioso, queentonces enérgico y potente, no podiendo contenerse dentrodelsombríorecintode los templos románicos, anhelabaotroshorizontesen que hallasenanchocampo sus aspiracionesinfinitas.

Estetanvivo sentimiento encontraba sufidelísima in- terpretación enlasgigantescas arcadas,enlasesbeltas ojivas,enlatenueluzque, atravesandolosvidriosde

rcfilcolores,iluminaba dulcemente elsagradoámbito,

enlasmisteriosaspenumbrasformadas porlos salien- tes doseletes destinados á guardarlasausteras figuras

(30)

4

de Santos,Monjesy Vírgenes, y por último, entodo elgrandioso conjunto cuyasflechas,pináculos y agu- jasascendíanhastaelcielo

como

el

humo

delincienso yeleco delaplegaria.

El arte ojival, portanto,veníaá satisfacerunajus- tísima éimperiosa necesidaddel espíritu:era,por de- cirlo así, laresonanciadelgigantescohimnoquelasal-

maselevabanalCreador.

No

podían, sin embargo, aquellos esclarecidos maestros desentenderse,

como

dejamosdicho,de la influencia ejercida porlacivilización mahometana;y atendidoesteconcepto,tampocoextrañaremosqueen lasfábricasqueentoncesse erigíanveamosfielmente realizadala uniónartísticadelosdos pueblos, produ- ciéndose de aquíelinteresantísimo grupo de

monu-

mentosconocidosconelnombrede mudejares.

Mercedá lasfavorables circunstanciasquearriba mencionamos, compréndesetambién fácilmenteque enelbreve espacio deunsiglollegasenlasartesespa- ñolasátalestadode magnificenciay esplendor, que, álaverdad,maravilla

y asombra.

Puéblansenuestrasciudades deunamiríada dear- tífices é ingenios de todo género,con cuyovalioso concursonosólo seconstruyeninsignes

monumentos

arquitectónicos, sinoquedentrodesusmuros quedan parasiempre conservadaslasmásbrillantespáginasdel originalycaracterísticoestilomudejár.

(31)

El arteestatuario.

Su

aplicaciónálas fábricas arquitectónicas.— Carácter quedistingue á las ESCULTURAS OJIVALES EN SU PRIMERA ÉPOCA.

PE- RÍODODEDECADENCIAQUESEADVIERTE.

EJEMPLOS deella.

Restauración óflorecimiento.

B

navezimplantadoennuestro sueloelnuevo

estiloojival,puededecirse quedesdelosco- mienzosdel sigloXIIT, confundidas con él,

vemos,ajustándose tambiénal

mismo

gusto, todas las artes decorativas.

Como

la más principal niuéstrasenosla escultura, por el frecuente empleo que sedaba á sus obras, atendidas las exigencias deesta maneradeconstruir.

No

sóloya enlaspar- tes externas deledificio, sinoadosadas ásus muros interiores,

y, por decirlo así,

como

incrustadasen sus elegantes columnas, se ostentan en prolongada serielasestatuas deReyes, Santos, Preladosy Már-

tires, sostenidas por extrañas y á veces simbólicas ménsulas, casiocullossus rostros enlassombrasque proyectanlosaéreosdoseletesy lasligeras agujas de lasmarquesinas.

En

estaépocalaescultura era princi- palmenteunmediode exornación arquitectónica; los artistasquelaejercian(imaginarios)formaban unele-

(32)

6

mentó

muy

importante, puesqueáellosconfiábaseel cometido deesculpir,ya enlapiedrafranca,ya enel granitoóeneltransparentealabastro,todalapartede adorno conqueel

monumento

habiade engalanarse.

En

los huecos delasescocias, y alternandoconlas hojasdetrébol ó salvaje higuera,lafirme

mano

del artistatrazabalasmásinverosímiles alimañas,peregri- nas escenasde costumbresúotrosanálogos asuntos;

enloscalados antepechos delos ánditos,enlasmoldu- ras y frisos, enlas bóvedas y enlos retablos,tenian vasto

campo

en quelucir losdestellosde suinteligen- ciay de sufantasía;yálaverdadque ámbasnos prue- ban toda la viveza, intención yfacilísima inventiva queposeyeron.

No

era,portanto,laesculturaunarte libre éinde- pendiente,puesqueencierto

modo

lavemos,por de-

cirloasí, plegarse

como

accesorioá loprincipal,que eraeltemplo; observándose,

como

prueba deesto,que

alaparecerel estilo alemanen losdominioscastella- nos,latrazay conjunto de lasfiguras,queensus fá- bricashabian deostentarse,siguenel

mismo

carácter queéstas,manifestándose prolongadas ensuspropor- ciones,concierta rigidez,nacidayadelabuso deesta tendencia,ya deloinexpertodelartistaquelasejecu- tara.

Bastariaparaprueba deestaverdadlasimple ojeada de las estatuasconmemorativas deFernando III, de D.aBeatrizde Suavia ydelObispo D. Mauricio,que existenen el claustro delaCatedral de Burgos; las yacentesdelInfanteD.Felipe,en Santa María de Vi- llasirga,yladelAbadAparicio,en el

Museo

Arqueo-

. lógicode Madrid.

Un

fenómeno,sinembargo,

muy

digno deexámen llama ahora nuestra atención. Pruébase porelestudio delasfábricas ojivales,que desdelos

momentos

enque este arte se nos muestra, hastaelenqueseextingue, nolevemosenningunodesustresperíodosdecaer,si-

noque, porelcontrario,siguebizarramente sutriun-

(33)

falcarrera,llegando,sinobstáculosni vacilaciones,al punto de su última evolución.Laescultura, entre tan- pasadoslosesplendorososdiasde AlonsoelSabio decae visiblemente enlos reinados sucesivos, hasta LnriqueIII,permaneciendo estacionariaysinprodu- cirninguna obra de verdadera importanciaartística.

Este hecho tienefácilexplicación,sicomprende- mos quelaestatuaria era hija delcapricho ódelgusto de su entallador,miéntrasquelaprimera obedecíaá reglasó principiosfijoséinmutables.

_ Algunas diferencias, debidas,talvez, aloquein- uyeronlos

maestros pisanos ysienesesmásdirecta- en^asanes de AragónyCataluña, podríanes- tablecerse entre las obrasalláejecutadasylasqueal rcusmo tiemposeproducían enCastilla,queomitimos P°rparecerdifusos.

Alasvolviendoalpropósito de este «Ensayo,»ci- taremos

como

ejemplo delamarcadadegeneración queexperimentael arte escultural,lasestatuasyacen- te sde D.» María de Molina, en lasHuelgas; las del

m

ism°géneroquerepresentanáD. Alvaro Perez de

II

üz

many

D.aElvirade Ayala, enlaCatedral deSevi-

lla

> Y,por último,lade D.LorenzoSuarez de Figue- r°a

quealpresenteexisteenlaiglesia universitariade es tamismaciudad.

, . .

A

partirdelosalbores del siglo

XV

,y enelreinado te “• Enriqueel Doliente, óbrase nueva evolución

.

en *aestatuaria,viéndose ya deun

modo

manifiesto

iniciarseelperfeccionamientoquellegoa adquiriren

°S

aj Juan

E

y delosReyesCatólicos. ,

Muy

conocido de todoseselcarácterque domino en este

último períododel arteojival,enquesenos muestra másricoy

pomposo

que enlos anteriores, en galanándosehasta lo infinitoy empleando por do- quieralosmásdelicados

yprimorosísimos adornos.

Para completarelbreve cuadro quehemostrazado dflarte escultural,desdelos siglosXIIIal

XV,

nose- ra ÜCioso que presentemos

como muy

interesantes

(34)

8

modelosde su última época las figuras yacentes de D.JuanII

y de sumujerD.aIsabelde Portugal, en laCartujadeMiraflores;laorantedelPríncipeD.Alon- so suhijo, enel

mismo

monasterio, debidasáGil de Syloe;lastambién yacentes delosPreladosD. Alonso deCartagenayD. Luis Osorio deAcuña,enlaCa- tedralde Burgos; todas ellas floridísimas, y, en tal concepto, elocuentes ejemplares deeste períodoar- tístico.

(35)

III

LosReyesCatólicos.

Suinfluencia en las artes.

"-Maestrosespañolesyextranjerosqueflore- cen ennuestro suelo.

PedroMillan.

Noti-

ciasbiográficas.

Obras que deélseconservan en Sevilla.

emos llegado á uno de los másfecundosy gloriososperíodosque registra lahistoriade nuestropaís, comprendido en elreinado de

, . . ..'Fernando

V

éIsabelI.Elmovimientosocial, ve

1

?1Cla(^<?enlasanterioresmonarquías,sedesenvuel-

j

ah°ra bizarra

y ostentosamente, influyendo en todas

^

Manifestaciones delainteligenciaybrillandopor

li

^ U l

e T

ra

MercedálaegregiaprotecciónquelosCató-

los

Monarcasdispensanálasartesyletras. Asombra ten?

1 ]

0161"0 s°berbias fábricas, aulas, palacios y

píosque álasazónselevantanen España, y ve- sque nosóloelEstado, sino los particulares pro- cu

r

en^ porfíasuerección,movidos del espíritude

,

Ura9ue losanima. Fué, pues, consecuencia detales

A lna

.

0slamiriada de notablesartistasqueentonces recieron

en nuestro suelo y losnombres de Alvar

^a

°

í

rnez

>Pedro García, Pedrode Toledo, Guillermo grera,AlonsoCarpintero

y JuanGallego, unidosá

(36)

10

losde JuanNorman, Anequin deEgas deBruselas, Arnao BouchsySimón de Colonia, nos pruebanos- tensiblementeelaltogradode esplendor y de magnifi- cencia alcanzado porelarte ojival,así

como

elprogre- so y augeliterario halló susmás esforzados paladines enlosCisneros, Pulgares, Nebrixas, Alcalás,Fernan- dez deOviedoy

Ay

oras.

En

estos tiempos (1410) habiancomenzado las obras delaCatedraldeSevilla,atrayendo háciapo- cos años después la gigantescafábrica esclarecidos maestros ¿insignes artífices, quehabian dedejar in- mortalizadossusnombresenestaepopeyaconlosmás vivos ybrillantes destellosde suinspiraciónartística.

De

estepunto arrancalaprolongadaseriedeaquellos conocidosconlosnombresdeXimon,Francisco

Ro-

dríguez y Juan de Hoces, arquitectos; Dancart, los maestros Marco, Bernardo yNufro deOrtega, Jorge Fernandez y otros entalladores más, entre los que descuellaeleximioPedroMillan, de quien ahorava-

mos

seguidamenteátratar.

Dolorosonos es confesarlo,perofuerza seráde- cirquelasúnicasnoticias quehastanosotroshanlle-

gado detan insigneestatuario son las consignadas porelerudito

y doctoCean BermudezeneltomoIII de suDiccionario históricodeEspaña. Refiriéndonosá lapágina154leemos: «Millan (Pedro),escultor,pa-

»dre y maestro del anterior(Juan), fué discípulode

«Nufro Sánchezytrabajóen barrovárias estatuaspa-

»rael cimborrio delaSantaIglesiadeSevilla,elaño

>>1505, lasqueperecieron enlanochedel dia28 de

»Diciembre de 1512, en que se arruinólacúpula

»Arch. delaCat. de Sev.»

aquí losúnicos datosqueelsabioCeannos ofrece,y porciertoqueseríadeextrañarenparte,co- nocido suprolijo afandeinvestigarlotodo,hayanpa- sadoinadvertidaspara él algunas notables firmasdel

mismo

artista, queseobservan en otras importantísi-

mas

obrassuyas.Encuéntrase,ánuestrojuicio,laex-

(37)

ri

plicacionde estehechoen eldesden con queenlos tiempos del escritordequetratamos eran considera- daslasproduccionesdel arteojival, quemenosprecia- banhastael punto dellegar ácalificarlasdebárbaras.

Envuelta en completa oscuridadsenos muestra, portanto,labiografíadeeste maestro;masen nues- trodeseo deesclarecerla, aunquedébilmente,nodes- mayaremosante talobstáculo, yaquelasuertetam- bién nos ha deparadola gratísima satisfacción de encontrar algunasotrasobras, hastaelpresente igno- radas, debidasá este ingenio español,quefloreceen las postrimerías del siglo

XV

y enlos albores delsi- guiente.

Consta,pues,pordocumentosfehacientes delAr- chivo delaCatedral de Sevilla, quePedroMillanfue discípulo delfamoso Nufro Sánchez,entallador que especialmentetrabajócon grandeesmeroconsiderable parte del coro de aquella mismaiglesia,

como

así consigna eldiligenteCeanen suartículo relativo al escultorJuan Perez, añadiendo quefué éste discípulo delprimerocitado, lo cualhace ya suponer que dicho maestro gozaría de buena reputación enlaciudad cuan- doásutallerconcurrían jóvenes artistas deseosos de amaestrarse pormedio de su enseñanza en la difícil ejecuciónescultórica,llegando luégo suaptitud hasta elpunto deauxiliarle,á laverdad poderosamente, enel adornodelarruinado cimborrio.Ahorabien;teniendo talesdatos

muy

en cuenta, creemos,sin que senos puedamotejar devisionarios, quefloreciendoNufro enestaciudad duranteel primertercio del siglo

XV,

y siendo ya reputado

como

esclarecido artista, á el acudiríaen sutemprana edad PedroMillan paraalec- cionarse enelartedeentallar.

Hechoesterazonamiento preguntamos:¿seria in- admisiblelahipóteside considerarlotalvez

como

hi- jodeSevilla,yaquesehaya probado porloantesex- puestoquefuévecino deestaciudad desdesusprime- rosaños?

(38)

12

Dejemospor ahoraá los eruditoslacontestacióná nuestraconjetura,quetalvezno esté

muy

lejanoel diaenque puedasatisfactoriamente esclarecerse,y no nosdetengamostampocoáconsiderarelgrandiosoes- pectáculoqueentonces animabaá Sevilladurantelos últimosaños enqueseconstruialagigantescaBasíli- ca; bastesólo ánuestro propósitoconsignarquecasi al

mismo

tiempoque PedroMillan,acompañadode su discipuloJuanPerez y dePedroTrillo, esculpialas estatuas delcimborrio,elmaestroMarco, Bernardode Ortega y Micer

Domingo

(i)seocupabanen termi- narelgran retablo mayor que trazaraDancart, cu- yasestatuaseran doradas luegopor JorgeFernandez Alemány su hermanoelpintor Alexo, yAlonsode Covarrubias;luciendoálasazón su maestría enpintar lasdeslumbradorasvidrierasMicer CristóbalAlemán y Juan Jaqués,comenzandoyaáoirseelgolpeardelos martillosy elpotentealiento de lasfraguasdondeel artíficeFernandezPrieto dió principio á forjarlasrejas que luégo habian de terminar con todaía

pompa

y

fantástica ornamentaciónplateresca los insignesFray Francisco de Salamanca,AntoniodePalencia,Sancho Muñoz, JuanYepes,elmaestro Estéban yDiegode Idrobo....

Con

respectoáJuan Millan, hijo de Pedro, nin- gunaobraconocemossuyahastaeldia,áun cuando debemossuponerque fué continuador del elegantí- simoestiloaleman,sibienadmitiendo eneltrascurso délos añoslaavasalladora influencia delRenacimiento, extendidoálasazón por toda Europa.

Sentadoslos anterioresprecedentesbiográficosha- remos constarquelasesculturas conservadasalpre- sente dePedroMillan,

y en lasqueseostentasufir-

ma,son escasas; y, desgraciadamente paranuestro

«Estudio,» carecen todas de fecha,si bien dos de ellaspuédese razonablementeafirmar losaños enque

(I) ¡ElfamosoDomenicoAlexandroí

(39)

*3

iueronejecutadas,

como

podráverseeneldiscursode este«Ensayo.»

La másantiguadeéstasdatade 1504 ylaúltima de 1505.

De

lamentaresquese hallencomprendidas enuntancorto período, pues deotramaneraservirían eficazmente paramásesclarecimiento de subiografía.

Cincohermosasobras, todasdeinapreciable valor, artísticayarqueológicamente consideradas,pueden al presenteestudiarseen nuestra ciudad, producto de su bizarro cincel, queson lassiguientes:Medallones de laportadadelmonasterio de ReligiosasJerónimas de Santa Paula; estatuade SantiagoelMenor,en suca- pilla de esta Catedral; esculturasde laspuertas del

mismo

templo llamadasdelBautismo y Nacimiento de Cristo;imágen delaVirgendel Pilar,en sucapillade lamismaiglesia,y, por último, elbellísimoSan Mi- guel,afortunadamente salvado pocos meses há deuna segura pérdida porel loable celodemi distinguido amigoelSr.D. José deIruretaGoyena, de cuyase- lectayvaliosacoleccióneshoyprincipal ornato.

4

(40)
(41)

Exámende las obras dePedroMillan.

Medallo- nesDELAPORTADA deLAIGLESIADE SANTA PAULA.

COOPERACION Q.UE CONELLOS PRESTA ALFAMOSO FranciscoNiculoso Pisano.

Notableartista,

DESCONOCIDO HASTAHOY,Q.UE INTERVIENE TAMBIEN EN ELORNATO DEESTEMONUMENTO.

DESCRIPCION DECADAUNO DEAQUELLOS.

amos á entrarde llenoyseparadamente en elexamen de cadauna de estasmagníficas preseasartísticas;advirtiendo,quesibien co- nocemosalgunaotra obra,queánuestrojui- cionohá menester dela firmadelautor para conse- guridadatribuírsela,estimamos,sinembargo,que no debe formarpartedeeste «Ensayo,» pues queparael planquenosproponemosbasta referirnos solayexclu- sivamente á las que ostentan su firma, o bien a aquellascuya procedencia se halla corroborada por unaconstantetradición.

Estodicho, empezaremosporlos medallones ya citados.

En

elgran espacioformado porlaarchivolta exte- riordelaportada,queda ingreso álaiglesia delmo- nasteriode Santa Paula, enlaqueelinsigneartista

(42)

FranciscoNiculoso Pisano diseñó magistralmente en elañode 1504, sobre placasde barro cocido,lasmás peregrinasfantasíasplaterescas,esmaltadasconbrillan- tescolores, resaltan sietemedallonescirculares,ence- rradosdentro deelegantes guirnaldas,ó coronas,

com-

puestasdehojas, frutasyflorespolicromas de granre- salto,dentrode las quesemuestranlosasuntosreli- giosos, también dealtorelieve,encuyoestudiova-

mos

áocuparnos.

Comenzando

porelmásbajodelaparte izquierda, vemos queen su centro serepresentaáSanta Elena.

Lacabezaestá vidriadade blanco,contoca del

mismo

color, y sostienesobreellaunacorona de gustoojival marcadísimo yesmalte amarillo-naranja;lasvestidu- rasdeunmorado

muy

oscuro.

Con

elbrazoderecho seapoya enunacruzgrande, amarillo-ocre;enlama- noizquierda llevatresclavos azules,símbolo delain- vención delaCruz.Elfondo,lo

mismo

quelosde to- doslosrestantes,exceptuandoel quese halla en la clave,que há de menester estudio aparte, esblanco conligerostoques de cobaltoimitando nubes.

Á ám-

boslados seven peñasconárboles.

Laguirnaldaque circunscribe estemedallón há- llaseformada,

como

anteriormentedijimos,porfrutas yflores;las primeras empleadas conmás prodigali- dadque las segundas: aquéllasrepresentan limones, granadas, uvas y pepinos; las segundas, florecillas cuadrifoliasblancas yazules.

En

cuantoá lashojas quelasacompañansonlanceoladas, exceptuando los sitiosenquesehallan losracimos devid, cuyos

pám-

panos estimamos

muy

dignos de notarse, por estar diseñados y ejecutadosalmáspuro gustoojival.

Todo

cuantoacabamosdedecir,relativamenteá losfondos sobrequeresaltanlasfiguras, lo

mismo

quelasguir- naldasque las encierran, esextensivo á lasdemás, pues apénasexistenenellas variantes notables.

Ostentaelsiguiente relievedosSantosvestidoscon sayalesde esmalte negro

muy

intenso.Sus cabezasdes-

(43)

17 cubiertas adornadas de grandesnimbos amarillos. El Religioso deladerecha aparece con unacruz en su diestra, que apoya sobre un sombrero episcopal verde, bajoelqueseencuentra unamitra dediversos colores.

Con

el brazo izquierdo sostiene un libro abierto. ElSantocompañero sujeta con elsuyo de este

mismo

ladoun gran bolson ó taleguillamorada;

enladiestra

mano

unacruz, enlaizquierdaunlibro y en elpechose ve lapequeñísimaefigiedel Niño Dios,vidriadade blancoconresplandores del

mismo

color, en

muy

bajo relieve ejecutada. Termina el adornodelaarchivoltaporesta parteconotromeda- llón,quecontienelasfigurasdelosApóstolesPedro y Pablo. Lasvestiduras del Santo Pontífice son:túnica blanca;ámplio palioó capa azul-oscuro;sujetaconla diestrasobreelpecholasdosllaves, azulyamarilla;con

laotraungranlibro.Latúnica de San Pablo es del

mismo

colorque ladel anteriormente dicho; no así elmanto, quees morado,adornadas las fimbriasde ambosporlaciniasamarillas.

Llegamosalrelieve central,cuyo examen dejare-

mos

paraelúltimo por apartarse,

como

arribadiji-

mos,en su ejecución y estilo, delosrestantes.

Ya

enla parteopuestaencontramosenlaplacamás alta álosSantos Sebastian yRoque: todo el cuerpo bar- nizado de blanco, losbrazos levantados sobrelacabe- za, ysujetos,así

como

sus piés, conligaduras á un árbol, senos presentaelMártir.

En

cuantoáSanRo- que,vemos que cubrela cabezacon un gran som- brero, cuyasalas,

muy

levantadas por la parte de la frente,ledanelaspecto de una gorra milanesa. Sus vestidurasson de tono negro

muy

subidoybrillante, abiertas sóbrela piernaizquierdaquedejan desnuda;

los cabellos de ámbas figuras de ocreclaroimitan- do blondas guedejas.

Á

sus piés distíngueseun pe- queño objeto,que nos ha parecido unacorona, tal vez símbolo ó atributo delnoblelinaje áque perte- necia.

(44)

i8

El asuntoquesiguerepresentaálosSantosCos-

me

yDamian asistiendo áun enfermo que se halla tendidoen sencillo lechoesmaltado de verdeconsá- banasblancas. Cubren elcuerpo del paciente,cuya figura está vidriadade este últimocolor, paños

mo-

rados.

A

lacabecerase halla uno de los Santosves- tidocontúnicaó loba azul, adornada con gran cue- llo verde y bonete morado en la cabeza: en la diestrasostieneun vaso deformacilindrica, amarillo.

NótaseenelSantocompañerolavariantedequesu túnicaesverdeydelcíngulopendeunaescarcelillaó estuche.

En

elfrente dellecho,y juntoálaarista del ángulo delaizquierda, seveunapequeñísima cabeza éinmediatamentelafirmasiguiente:

p<r

mtllít

Termina el adorno de esta tan rica archivolta conotromedallónrepresentativode Santa Paula, ves- tidacon ámplios paños negros, bajoloscualessedes- cubreunatúnica blanca, así

como

latocaquellevaen lacabeza y elcordonmonacal que pendede sucin- tura.

Viniendoyaalexámendelhermosorelievecolo- cadoal sitiodela clavede esta portada, queesim- portanteparaelesclarecimiento de nuestro «Ensayo,»

diremosquesobreun fondodeazulcobalto aparecen dehinojos, y en actitudde adoración, lasfiguras de laVirgeny SanJosé áámbosladosrespectivamente deunhaz depaja

y varillas en que reposa el Niño Dios.

En

segundotérmino,yá laderecha,sehallan las cabezasdelbueyy dela muía,y, por último, en lapartesuperiordel círculo la simbólicapaloma que representa al Espíritu Santo, viéndose todas estas figurasesmaltadas de blanco.

Muy

notablementedifierelaejecución de estebe- llísimo relievedelos yadescritos.Así

como

aquéllos

(45)

*9 en todas suspartes principales,lomismo queen las accesorias,ostentanel máscorrectoypuroestilo oji- val,recordándonossin esfuerzo alguno á los maes- tros

Weyden,

Memling,Metsys,Van-Eyckyotrosmás dela

XV

centuria,enéste,porelcontrario,sorprende ver fidelísimamenteinterpretadoelarte clásico,queya ensiglos anteriores iniciábaseenItalia, vivificadoporel poderosoespíritu delRenacimiento.

No

creemos, pues,queaventuramos, envista del carácter artísticoquetan ostensible se manifiesta,yen

elquelainfluencia italiana es indubitable,suponerque fuéejecutado poruninsigneartista,discípulode aque- llafamosaEscuela deLuccadellaRobbia,quetalvez atraido,

como

otrosmuchosmaestrosextranjeros,por lafamadelmovimientoartísticoque entoncesdomi- naba en España,viniese á Sevilla, contribuyendo con suinteligencia alesplendor de lassoberbias fábricas queálasazónselevantaban.

Y

máscorrobora yafir-

ma

estepropiojuicioeldichosohallazgodeotramag- níficaobra cerámica, que yace alpresente abando- naday oculta álas miradas del inteligente, en la cripta dela iglesia del Sagrario de nuestra Basílica Metropolitana, quesirve de panteón á los Arzobis- pos, de cuyo exámen yestudio se desprende que florecía en esta ciudad, y coetáneo de Francisco Niculosoy PedroMillan, unartistadesingularmaes-

tría, desconocidoalpresente, de quien pordesgracia sólorestan estasdosobras.

Áun

cuando ajenoal plan que en este«Ensayo»

noshemospropuesto,estimamos quenuestros lecto- resveráncongusto algunasligeras noticias relativas á tanhermosaobra, digna,bajo todos conceptos, de la mayoralabanza, máxime cuando creemosser los pri- merosendarla áconocer.

Sobreun plano de formacuadrada,que midede altoim

,5 5ydeanchoim

,40,cuyapartesuperiorter- minaenun segmentodecírculoque estribaen dos bellísimas pilastrasornadas de frutosyflores policro-

(46)

20

mas,resaltansobre fondoazulcobalto várias figuras de Santos en torno delaefigiede Nuestra Señora de laGranada, sentada con el NiñoDios en brazos,

y cuyaaltura esdeim

.Todas lasestatuasestán vidria- dasde blanco, y porsu correcto dibujo y peregrina trazasorprenden y admiran. Entre ellas, nótaseála derechaun SanSebastian en elacto de su martirio, queporsolo sería bastanteparacalificarásu autor de señaladísimoartista.Remataestasoberbiaplacacon trespequeñasfigurasde bajorelieve,ejecutadas hasta lasrodillas,querepresentanalSeñorenelcentro yá losladoslaVirgenMaríay San JuanEvangelista.

Bien quisiéramos sermás extensos; pero yaque atendibles consideraciones noslo impiden, haremos constar,ántesde concluirestadigresión, las grandes analogíasquese advierten entre estaobra yel nie- dallon central de la portadade Santa Paula.

Am-

basparecenser de lamisma mano,ysiatentamente examinamossuspormenores, másnosafirmaremosal notarla delicadaejecución queostenta laguirnalda circular del relievede Santa Paula y losadornos de floresyfrutosqueresaltanenelcentro de laspilas- trasornato deestealtar (i).

Establecidaslasdiferenciasque semanifiestanen- trelosseismedallones trabajados por Pedro Millan yelexistenteenlaclavedelaarchivolta descrita,de- bido, sin dudaalguna, áotroartista, terminaremos haciendo constarla elegancia, bellezay singulareje- cución delasfigurasqueenaquéllos se representan, importantísimas para elestudio dela escultura sevi- llana,tan influidaenestostiempos porelbizarroestilo

(i) Loslectoresque deseenadquirirmásnoticiasacercade tanhermosa obra cerámica, pueden acudirálaVidadel V.P. Fer- nando de Contreras, porelP.Gabrielde Aranda, yalCompen- dio históricodelasimágenes delaVirgen porelP. Juan de Vi- llafañe,aunqueestimamos que no han de conformarse conciertas apreciacionesde dichosAA.porseropuestasá lacríticaarqueo- lógicade nuestrosdias.

(47)

21

aleman ybastantespor solas para demostrarelalto grado de esplendorque alcanzónuestra cerámica en losalbores del siglo

XVI

(i).

(i) Enlosmomentosen que escribimosestasnoticias,una felicísima casualidadnosha deparadoladicha de hallar otraobra debidaaldesconocidoartista italianodequeacabamos de hacer mérito y queviene áaumentarelcaudaidelaricacolección Go- yena. Nos referimosáunaplacadebarro cocidoy esmaltado, conloscoloresblanco yazul,que mide Om, 76 dealto,Om, 49 de ancho,venlacual véserepresentadalafigurade un San Jeróni- mo,dehinojos,macerandosupecho con unapiedraquesostiene enladiestramano.

Los pormenores todos que formanlacomposición soninte- resantísimos,ybien merecenquelesdediquemos algunasbreves palabras.

Aladerechadel espectador, cubiertocon un amplio paño que ledejadesnudoelpecho,y álaentrada de unagrutaen quese muestran dealto relieve libros, tinteroconsupluma yotrosmi- nuciososobjetos, hállaseelSantopenitente.Fronteroá él,encla- vado en unlargotronco,hay uncrucifijo ácuyospiés semues- tra, sobrepeñas,unacalavera: bajo aquéllasunconejo tendi- do enelsuelo,y ensitiomásbajocorreunarroyo,en cuyas aguasse bañaungalápago.Casi enelcentrode laplaca, yen su tercio inferior, estáunleónrecostado,yjunto áésteelca- pelo cardenalicio. Elfondo espordemáscuriosoy dignode estudio: detrásdeunmuroalmenadose alzan, enmuybajo relie- ve, torres,cúpulas yperspectivasdeedificios, y,besandolamu-

ralla,un rioenque navega un barquichuelo, cuyo dibujore-

cuerdalaselegantes formas delosantiguosgaleones. Todala partedefiguras sehabavidriadade blanco y únicamenteelpe- queñoespaciode fondoliso,quedejaelcielo,estáesmaltado de azul cobalto.Encuantoálaejecuciónnadadejaquedesear.La cabezadelSan Jerónimo eshermoso modelo aemísticaexpre- sión, yelmovimiento delospaños quelocubren, correaos y elegantes, recuerdaelocuentementeel estilodel.cenacimientoita- liano.Terminaremoshaciendonotarquelosojosdel Cristo, del Santo, del leónydel conejo,comolasórbitas delacalavera, tienen ligerostoquesdeesmaltemoradomuyclaro. .

Laalturaáquese hallaelmedallón delaclavedelaarcnivol- tade Santa Paula nos impide,bienapesarnuestro,hacer unmi- nuciosocotejo1onestahermosaplaca; sinembargo, no vacilamos porhoy enatribuirlasalmismoartista,quetalvez ejecutolase- gunda condestinoalmonasterio de San Jerónimo de Buenavista enSevilla.

5

(48)
(49)

V

Escultura de SantiagoelMenor.

Suprocedencia.

Carácter.

Descripción.

ontinuandoelexámende las valiosas obras debidas al insigne entalladorPedro Millan, tratemosahora delagranesculturadeSantia- goelMenor, quese veneraen una capilla de nuestraIglesiaMetropolitanabajolaadvocación de losdosSantiagos.

Inmediatoálapuerta llamadadelaCampanilla,y juntoá lasoficinas de laContaduríaCapitular,há- llansebajounarco apeinalado,abiertoen el grueso delmuro,dos grandes estatuas, de lasquedice el ilustradoCean, en suDescripciónartísticadela Cate- dral de Sevilla, lo siguiente: «Enelsegundo (altar) dos estatuas grandes,de SantiagoelMayor en traje deromero yde SantiagoelMenor.Esta esmásanti- gua yhaytradiciones dequesecayó del cimborrio cuandoéste sevinoá tierra.» Refiriéndonos á la misma, quees delasdoscitadaslaqueá nuestro, es- tudio interesa,bien puede admitirse esta tradición, puestoque por documentosdel Archivo delaCate- dralconstaque Millan trabajó en las estatuas del Apostolado,querodearon exteriormentelagrancú-

(50)

24

pula,desplomadala noche del28 de Diciembre de 1512,

como

ya dejamos consignado en páginasante- rioresdeeste<•Ensayo.»

Corrobora y afirmamáseste juicioelestilo artísti- coáquecorresponde,lamateriaenquese halla eje- cutada,queeslapiedra franca,yademás susgrandes proporciones manifiestan quehubodetrabajarse para sercolocadaá grandealtura.Siáunestasrazonesno fueranbastantes,citaremos en nuestro apoyo á dos insignesarqueólogos,los Sres. D. José

Amador

de losRíosyD.Pedro deMadrazo, que en susobras Sevilla pintoresca y RecuerdosybellezasdeEspaña (tomo deSevilla),respectivamente, convienen en quelaes- tatuade Santiagoel

Menor

esdela misma

mano

que

lasdelaspuertasde la Basifica hispalense, que más adelante estudiaremos.

Elcarácterojival,quetan ostensible semuestra en sutraza,juntamente con la esmerada ejecución de suspormenores,nada dejan que desearalmásexigen- te;ydelexámencomparativoquedeestaobrahemos hecho, con otrafirmadaporelinsigne escultor,pue- de establecerse, singénero alguno de duda, quefué productodelmismo,afirmándoseesteconceptoales- tudiarla estatua de barro cocido que representa al EvangelistaSanLúeas,existentealladoderecho en la puertadelNacimiento; siendotannotablelasemejan- za,quepor entero nosconvence,según adelanteten- dremosocasión deobservar.

Elsentimiento místico que inspiraba á nuestros artistasdelos pasadossiglos, se ve fidelisimamente reflejadoenelserenoymajestuoso semblante deSan- tiagoelMenor.

Toda

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