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Imp.A.Ciernen*,París
R'-tnití
PEDRO MILLAN
ENSAYO
BIOGRAFICO- CRÍTICOPOR
JOSÉ GESTOSO Y ‘PE'REZ,
Licenciado en ambos Derechos
,
Individuo Correspondientede lasDucales (¿Academias
de San Fernando
y
de la Historia.SEVILLA:
TA,de D.Rafael Tarascó, SlÉRPÍS-.5
MDCCCLXXXIV.
OONACI
TIRADA DE
90EJEMPLARES.
EjemplarNúm.¡¿¿/¿-PtJéL-
.Espropiedaddel autor.
/
I
Q/1LSJ^.<Z>.
JOSÉ
<D.DE
IJÍVJIETeJ GOYEü^qA, entestimonio de consideracióny
amistadEL AUTOR-
Sevilla2 deMarzo de 1884.
AL LECTOR
l
profundo
interésque desde mis
pri-meros años he
sentidopor
elestudio éinvestigacióndélosmonumentos de
laantigüedad,de que
tan interesantey
riqui-sima
copia resta alpresente,para
fortuna nuestra,en
estahermosa
ciudad;ha movido mi ánimo de suyo
desconfiadoy
receloso,porque
harto selealcanzasu insuficiencia, átomar
lapluma,
para, siquiera sea débil-mente,
esclarecer lamemoria de uno de
losmás
señalados ingéniosen
elartede
laes- culturaque
florecieronen
las postrimeríasde
laXV
centuriay en
losalboresde
la si- guiente.Algún tiempo anduve
rehaciocon
estospensamientos y muchas
vecestambién
tra- téde
desecharlospor parecerme empresa
de muy
difícilejecucióny por todo extremo
ardua, para quien como yo
carecede
fun-dada autoridad y por
estas causasya me
II
decidíaásellar
mis
labios,cuando
lafortu-na
inquietay maleante hubo de depararme
elsingular placer
de
hallar entrelosmil pre- ciados objetosque forman
la colecciónde mi
distinguidoamigo
el Sr.Yrureta Goye- na una
notabilísimaefigiede
S.Miguel
fir-mada por
su autorPedro
Millan.Mis pasadas
vacilaciones cesaron:y
mientrasque
lavista sedeleitabaen
sucon- templación,algunos amigos amantes tam-
biénde
estas reliquiasde
lopasado
estimu- laronmi
tibieza,persuadiéndome
áacometer
estetrabajoque hoy
ofrezcoála conside- ración pública,para que
lojuzguey
censu- re ásperaóbenévolamente, como
seme-
rezca.
Ha de
servirde
disculpaámi
atrevi-miento
elcariñoque
tengo á Sevilla,don- de he nacido y mi profunda veneración
á sus gloriasartísticasjuntamente con
elestí-mulo de
ser elprimero en dar
áconocer
uno de
susmas
notables escultores,desde-
ñado
éinjustamentedesatendido por
suje- tosdoctísimosque
escribieronde
nuestrasantigüedades en
elpasado
sigloy comien-
zos del presente;mucho mas cuando
la suerteme ha deparado
la satisfacciónde
hallaralgunas obras firmadas de
sumano y
erróneamente
atribuidasá otros maestros.III
No busques
lectoramigo, pues de
segurono
lashallarás,galasde
lenguajeni erudi- tasenseñanzas en que
pudieras encontrar apacibledeleiteó sólida doctrina,pero
síhe de
ofrecertemas de una
noticiaignorada
hastahoy,que podrá
guiarte'seguramente en
elesclarecimiento
de puntos dudosos ú
os- curosde
nuestrahistoria artística.Había llamado
justamente la atenciónde algunos
arqueólogos, así propioscomo
extraños,al
examinar
laportada
delinsignemonasterio de
religiosasde
Sta.Paula de
estaciudad,que
lasfigurascontenidasen
losmedallones de
relieveque ornan
suelegantí-sima
archivolta,compuesta de
ladrilloses-maltados
sobreque
pintóFrancisco Nicuio- soperegrinas fantasías platerescas, estuvie- sendiseñadas y
ejecutadasconforme
al estiloeyckyano, que tando dominó en
Sevilla: la contraposiciónde
estosdos
gustosconfun-
día álos inteligentes,pues desde mucho
tiempo
ha, señalábasecomo
únicoy
exclu- sivo autorde
tan gallarda fábricaal citado Niculoso.¿Cómo
entonceseste,amamanta-
do en
laEscuela
delRenacimiento pudo
ha- ber retrocedido á siglos anteriores,em-
pleando un
estilocontrarioalsuyo que nun-
casearraigóen
Italiade donde
aquel autor era procedente? Sería esto tantocomo
IV
atribuiral clásico
Berruguete una obra
eje-cutada por Nufro Sánchez.
Fácilme
fué explicar esta aparente contradicción luegoque
descubrícon
elauxiliode mi querido amigo
el distinguido pintory
erudito ar-queólogo D. Narciso Sentenach y Cabañas, en uno de
losmedallones
la firma delmaestro cuyo nombre
sirvede
epígrafeáes- telibro.Teniendo una vez
presente tal datono
puede dudarse, como algunos
autoreslohan
hecho, que
elescultor hispalenseayudase
áNiculoso en
lasobras que de
estenos
res- tanen
Sevillay
sibienno
hacia faltapa-
ra apreciar áprimera
vista la diversidadde
estilosque
caracterizalasproducciones
de ambos,
viene áser la irrecusiblejustifi- caciónque nos demuestra
lapartede
glo- riaque
ácada uno de
elloscabe én
eldeco-rado de
tanhermoso monumento. Camara-
das, acasounidos por
vínculosde
sincera amistad,buscó Niculoso también
lacoope-
ración delimaginario
sevillanopara
otra bizarraobra como
eselaltarde
azulejosque
representalaVisitaciónde
Sta. Isabel álaVirgen
felizmenteconservado en
elAlcázar
de
estaciudad,que ha merecido muy
prefe- rente estudiopor
partede
doctosy
respe- tablesarqueólogos.V En
efecto, basta solofijarlavistaen
lacomposición
delasunto,en
elpuro y
elegan- tísimodibujo
ojivalcon que
están diseña-das
las figuras,para
conocer,que
aquellosprolongados
trazos,que
aquella minuciosi-dad angulosa que en
los plieguesde todos
lospaños,
se advierteque
la expresión idealistade
losrostrosy en una
palabra,que
lospormenores todos de
esta pinturano
fueronnipudieron
serbajoningún
con- ceptoobra
delmismo
lápizque
ejecutara lamayor
partede
losadornos
lateralesdel retabloy
su elegantísimo frontal delmas puro Renacimiento.
Un
ilustreceramógrafo, Mr. Augusto Dem- min en
su«Guide de
1‘amateur de
faien- ceset porcelaines» recientementepublicado
consigna,que
escopiade una estampa
ale-mana.
(i)Ignoro
losfundamentos que pudo ha-
bertenido
el citadoescritorpara
asentarlo ántesexpuesto,pero
álomenos dá
á enten- dercon
talnoticia,que
apreciódebidamen-
fi)
A
la chapelleditelaChapelledes faiences (Capi- lla delos azulejos,)á 1‘Alcázar undevant d'autel qui representedans unmcdaillon tenu par deschimérespein- tesd’aprésunegravureallemande oúl’onvoitdans une bandcrolelasignaturcdupeintrc. «Nicolaso Francisco italianomefecit.» i.aparte,delaGuidepag.279vta.
VI
te el estilo
que
caracteriza esta magnífica.
producción
artística.Otro
datode gran
valorque
robustece loantesconsignado de que Francisco Nicu-
losono
fuémás que un
pintor decorativo tanendeble en
eldibujo de
figurascomo
pe- ritísimoen
elde adornos
es lalaude
sepul- cralasimismo de
azulejos,que
existeen
la iglesiaparroquialde
Sta.Ana de Triana.
Acontece con
ella lopropio que con
lascita-das producciones suyas
delAlcázar y de
Sta.
Paula:
Siacercade
lasprimeras presú- mese razonablemente que
artistas prácticosen
elestiloojival loauxiliarony en cuanto
álassegundas
esya imposible dudar, tam-
biénpuede
asegurarseestoúltimocon
res- pectoá lalaude que durante algún tiempo consideré como producto
exclusivo delar- tistapisano fundándome en
la incorrecciónde
su trazoque no pasó
inadvertidapara
el ilustreceramógrafo
Sr.Barón
Davillier.(i)Pero
estudiadoscon mayor detenimiento todos
suspormenores, ha
sidocausa de que
rectifique el juicioemitido notando
las hojasdiseñadas
al estiloojivalque corren
alrededor de
lafigura,pormenor importan-
tísimoque no debo hoy
pasaren
silencio, asícomo tampoco,
losadornos de
lacería(i) Gacctte desBeauxArtstomo12.
VII
que hay en
laalmohada, recuerdo
vi-vo de
la tradiciónmusulmana
tan enbo- ga
á lasazón en España.
Aquellasy
estosno pudieron
serobra
del artistaque
tangallardamente dibujaba
los gru- tescos delRenacimiento
italianoy
soloáun
hijo delpaís eradada
su reproducción;fruto
de un mudejar ismo que Niculoso
es- tabamuy
lejosde
sentir.Los
ligerosorna-
tosajaracadosde
laalmohada
estimé ápri-mera
vistaque
serian capricho deldibu-
jante,pero apenas
sipuede imaginarse
el excesivolujoque
álasazón dominaba en
tales objetos,confirmado por un documento
delArchivo
delMarquesado de Moscoso de
estaciudad
tan interesantey
curiosopara
el estudiode
nuestras artesy costumbres
que no puedo
resistiraldeseo de
trasla-dar
íntegroen
elApéndice
inserto al final este libro.(N.°i)aunque
su fechaesde
1470, ladiferenciade
33años que hay
entreély
laque
ostentaelsepulcro referidoesbiencor- ta,máxime,
tratándosede
latradiciónartís- ticamusulmana que aun permanece viva
durante toda
laXVI
centuriay en
algunas industrias hasta la siguiente.En
este papelque he debido
á la galantería del actualMarqués mi querido amigo
Sr.Don An-
tonio Ariasde Saavedra, hay
distintasVIII
partidas
que
manifiestan ostensiblementeademás
déla refinada ostentaciónde
nuestros abuelos,lainfluenciade
las artesdelpueblo
invasor,pues que
sehabla con
frecuenciade almohadas de brocado
morisco, otrasbordadas con
figurasbordadas
(sic)de oro
e seda, citándolastambién
«á colores....con ramos verdes y
perros blancos.»Es indudable que
laen que
reposalacabeza de
IñigoLópez no
sehallaadornada
capri-chosamente,
sinoque
el dibujantede
la laude,seredujo á copiar loque
ácada mo- mento
veia.A
laverdad que
siNiculoso hu-
bierasido su autor,en vez de
laintrincada ajaraca, lahabria adornado con
otrogéne-
rode
labores.Basta con
lodicho
acercade
estos par- ticulares,en
loscualesme he
detenido acasomás de
loque
debía,pero que
ellectorhabrá de perdonarme, en
gracia áque
solome ha guiado para
ello rectificar propios juiciosdando
alCésar
lo suyo.Cúmpleme pues
lasatisfacciónde haber sido
elprimero en dar
áconocer
elimpor-
tantísimo datodescubiertoen
laportada de
Sta. Paula,como
asímismo
las diferenciasque
senotan
entre los seismedallones
late- ralesy
elcolocado en
la clavede
laarchi-volta,
cuyo
estilodemuestra
ostensiblementeIX
que no
fueron sólo Millany Niculoso
losque
intervinieronen
su ornato, sique además cooperó con
ellosotroartistadesconocido
al presente. (Ap.n.°2.)Mi
fortunacon
respecto áesteúltimoha
sidosingular,pues pocos
diasdespués
tuveocasiónde
ver ocultoy en
de- plorableabandono en
elpanteón de
Arzobis- pos,situadoen
elSagrariode
nuestraBasí- lica, elhermoso
relieve,digno por
todos conceptosde
seratendido como merece, que
considerodelmismo
autory
delcualtrataréen
eldiscursode
este«Ensayo.
»
Más
propiciaaún
la fortuna,ofrecióme
otra bellísimamuestra,
acasotambién de
lamisma mano, en poder de mi amigo
el se-ñor Goyena, que
bienmerece
serestudiadacon
elmayor
detenimiento.Por
último,me ocuparé en
este ligero trabajoen
ofrecer á la consideración del curiosolasdiversasobras de Pedro
Millan,algunas de
ellasignoradas,mostrándolo
co-mo uno de
losmás
preclarosmaestros de
la esculturasevillana.Acaso
extrañaránalgunos de
los lecto- resque en
losprimeros
capítulosde
este«Ensayo,» cuando
tratode
establecerlosdi- ferentes caracteresque
distinguieron elarte esculturalen
laPenínsula durante
sustresépocas
hastaelreinado de
losReyes Cató-
2
X
líeos,
no haya presentado como modelos de
lasejecutadasen
elsigloXIII
lasque de
es- tostiempos
existenen
Sevillaen
lasporta- das de
lasiglesiasde Santa Marina y San
Ju- lián,y como
correspondientes álaXIV
cen- turia lasque
seostentanen
laque
fué parro-quia de Santa
Lucía.Fácilmente
sealcan-zan
losmotivos de
esta omisión,con
sólo teneren cuenta que
elarte ojivalen
su pri-mera
época,almanifestarseen
Sevilla, seen- cuentraestrechamente combinado con
loselementos mahometano y románico,
influ-yendo
elúltimo de
talmodo en
laestatua- ria,que
elestilooriginariode
lasriberas delRhin no
apareceen
ellas,y
sus líneas, eje-cución y proporciones nos dan por
resulta-do
ejemplares delsegundo
estilo citado,y por
estode ningún modo deberán
ofrecersecomo
tipos delarteque
álasazón
se desen- volvíaen
lascomarcas
delNorte de España.
Nótese también que no me he propuesto
trazarla historia
de
la escultura sevillana,en cuyo
casohubieran
sido objetode pro- fundo
estudio las interesantes estatuasde
arterománico que anteriormente
dejocita- das.Al
ofrecer ejemplaresde
los siglosXIII,XIV y XV,
sólome ha guiado
eldeseo de
que
el lectorpueda
apreciar las diversas alternativasy
vicisitudesporque
atravesóXI
la estatuaria hasta alcanzarel
grado de
es-plendor que
distingue álasproducciones de
estegénero
ejecutadasdurante
elreinado de
losReyes
Católicos.Basta lo anteriormente
expuesto para
justificar,
en mi
concepto, lapublicaciónde
este libro, que, si biende ningún
mérito, esfielintérpretede mi
entusiastaamor
al arte patrio, ácuyo
estudiohe dedicado
to-dos mis
afanes,y que desde
luégosometo
á la benevolenciade mis
lectores.•
«
«
Consideraciones generales sobre laEspañaartística EN LOS TIEMPOS DEFERNANDOIII.
—
El ARTE ROMÁ- NICO.
—
Influencia delárabe.— Alonso X.—
Pro- tección dispensadaporeste
Monarca
álasartes¿industrias.
—
Causas quefacilitaron la intro- ducciónDELARTEOJIVAL ENNUESTRAPENÍNSULA.—
Union de los dos estilosárabe y cristiano.
—
Artemudejár.
eunidas en un
mismo
tronolasdos coronas deCastilla y de León, bajoel cetrode Fer- nandoIII,no fueronsólo éstas elgrandioso legadoque recibióalocuparelsolio suhijo Alonso X,sinoloqueesmás,los valiosísimosgérme- nes deculturayde progreso moral é intelectualim- plantados porlas anterioresmonarquías,queála sa- zón, contandoconelapoyodel regiopoder ydelen- grandecimientoterritorialconquistado porelhijode la ilustreBerenguela, habían necesariamente deacre- centarseydesenvolverse, llegando á unperíodode esplendorybrillantezextraordinario.
No
tratamosde describirelturbulento reinadodelSabiolegislador,de quien injustamentedijounode nuestroshistoriadores,«que miéntras miraba al cielo,dejaba perderla tie- rra;»vamossólo,siquieraseade paso,¿extendernos
2
en algunas consideraciones sobre la Españaartística enlaspostrimerías delaXIIIcenturia.
Profundamentearraigadaen nuestro suelolatradi- ciónrománica, porlos tres siglosquecontaba deexis- tencia; faltas de estímulo, valiéndose de exiguosele- mentos yviviendoenmediodelfragordelaguerray delestruendodeloscamposdebatalla,nopodianlas inteligencias dar riendasueltayespaciarseporlasse- renas regiones del espíritu.Aquellas densasnieblas, sin embargo, fuéronse paulatinamente disipando, yá medida que acrecen yseensanchanlasmonarquías cristianas,yqueelpoderreal serobustececonlaayu- da que los
Comunes
leprestaná lasombradesus fueros, cartas-pueblasyprivilegios,vemosbrotarpor doquiera lospreciadosfrutosdeunafastuosa civiliza- ción, apareciendo artistas tan notablescomo
Pedro Perez, JohanPerez,Maestre Jorge yotrosmás,ini- ciadores del adelanto que tan ostensiblemente se muestra enlostiempos deAlonsoelSabio.Un
hechoextraordinario,de grandísima importan- cia,y que nopodemos
pasarensilencio,llama ahora nuestraatención.Cuántas fueranlasdiferenciasyan- tagonismoentre lospueblosmuslime ycastellano,se- ríaociosoencarecerlas;noobstante,ya enlosalbores del siglo XIII,cuando un nuevoestiloarquitectónico, importado de extrañosreinos,comenzabaádesenvol- verse en nuestra monarquía, vése que elsegundo busca yse valedelosconocimientosdel primero,y consucooperación y ayuda, fundidoslosdiscordantes elementos de dos opuestascivilizaciones,prodúceseun peregrinoarte,quetodoloinvade, yquelomismo
se ostentaenlosornamentados sillaresdeltemplo ydel alcázar, queenlasrozagantesvestiduras delmagnate ó en lashumildesdelplebeyo.Grancopia demonu-
mentosde todos géneros, enquese realizatantriple extraño consorcio,podríamoscitar,nacidosálabené- ficasombradelaugusto vate delasCantigas,sinote- miéramosser difusos; perobastariaquenos fijásemos3
enlaseñalada protección queálasartesé industrias dispensó esteMonarca, áunenmedio delasdesgra- cias yamarguras queconstantementelooprimieron, paraque comprendamos, singran esfuerzo,el alto grado de prosperidadquealcanzaron.
En
efecto;conlasimplelectura delRepartimiento que hizoelConquistador de Sevillaparaestamisma
ciudad,y su confirmación debidaáD. Alonso(1253), tenemosde sobra para poder formarjuiciode aquella vidaartistico-industrial,quetan esplendorosasemos- traba,nosóloenlagran metrópoli Hispalense,sique también enlasdeToledoy Burgos.Mas nofueronsólodos elementos,elrománico y mahometano,losquecaracterizaronlasproducciones artísticasdeesteperíodo,
como
arribadejamosconsig- nado.Ya
desdelostiempos deSanFernando,sibien inciertay tímidamente,comenzabaámostrarse enlas fábricasarquitectónicas otranuevainfluencia,que en plazonolejanohabiade dominar’por completo ento- daslasesferas del arte. Fácilmentecomprenderemos
como
seobró tanradicaltransformación,siseatiende algran desenvolvimientoqueelestilo ojivalhabiaad- quiridoen muchosdelosreinosde Europa;álasín- timas relaciones queunianánuestrosMonarcasconlosfranceses; á laspretensionesdel hijode D.a Bea-
trizde Suaviaaltrono imperial de Alemania;alsinnú- merode proceres
ymagnatesextranjeros,quedecon- tinuo acudianánuestrosuelo, y, loqueesmás,ales- píritu religioso, queentonces enérgico y potente, no podiendo contenerse dentrodelsombríorecintode los templos románicos, anhelabaotroshorizontesen que hallasenanchocampo sus aspiracionesinfinitas.
Estetanvivo sentimiento encontraba sufidelísima in- terpretación enlasgigantescas arcadas,enlasesbeltas ojivas,enlatenueluzque, atravesandolosvidriosde
rcfilcolores,iluminaba dulcemente elsagradoámbito,
enlasmisteriosaspenumbrasformadas porlos salien- tes doseletes destinados á guardarlasausteras figuras
4
de Santos,Monjesy Vírgenes, y por último, entodo elgrandioso conjunto cuyasflechas,pináculos y agu- jasascendíanhastaelcielo
como
elhumo
delincienso yeleco delaplegaria.El arte ojival, portanto,veníaá satisfacerunajus- tísima éimperiosa necesidaddel espíritu:era,por de- cirlo así, laresonanciadelgigantescohimnoquelasal-
maselevabanalCreador.
No
podían, sin embargo, aquellos esclarecidos maestros desentenderse,como
dejamosdicho,de la influencia ejercida porlacivilización mahometana;y atendidoesteconcepto,tampocoextrañaremosqueen lasfábricasqueentoncesse erigíanveamosfielmente realizadala uniónartísticadelosdos pueblos, produ- ciéndose de aquíelinteresantísimo grupo demonu-
mentosconocidosconelnombrede mudejares.Mercedá lasfavorables circunstanciasquearriba mencionamos, compréndesetambién fácilmenteque enelbreve espacio deunsiglollegasenlasartesespa- ñolasátalestadode magnificenciay esplendor, que, álaverdad,maravilla
y asombra.
Puéblansenuestrasciudades deunamiríada dear- tífices é ingenios de todo género,con cuyovalioso concursonosólo seconstruyeninsignes
monumentos
arquitectónicos, sinoquedentrodesusmuros quedan parasiempre conservadaslasmásbrillantespáginasdel originalycaracterísticoestilomudejár.
El arteestatuario.
—
Su
aplicaciónálas fábricas arquitectónicas.— Carácter quedistingue á las ESCULTURAS OJIVALES EN SU PRIMERA ÉPOCA.—
PE- RÍODODEDECADENCIAQUESEADVIERTE.—
EJEMPLOS deella.—
Restauración óflorecimiento.B
navezimplantadoennuestro sueloelnuevoestiloojival,puededecirse quedesdelosco- mienzosdel sigloXIIT, confundidas con él,
vemos,ajustándose tambiénal
mismo
gusto, todas las artes decorativas.Como
la más principal niuéstrasenosla escultura, por el frecuente empleo que sedaba á sus obras, atendidas las exigencias deesta maneradeconstruir.No
sóloya enlaspar- tes externas deledificio, sinoadosadas ásus muros interiores,y, por decirlo así,
como
incrustadasen sus elegantes columnas, se ostentan en prolongada serielasestatuas deReyes, Santos, Preladosy Már-tires, sostenidas por extrañas y á veces simbólicas ménsulas, casiocullossus rostros enlassombrasque proyectanlosaéreosdoseletesy lasligeras agujas de lasmarquesinas.
En
estaépocalaescultura era princi- palmenteunmediode exornación arquitectónica; los artistasquelaejercian(imaginarios)formaban unele-6
mentó
muy
importante, puesqueáellosconfiábaseel cometido deesculpir,ya enlapiedrafranca,ya enel granitoóeneltransparentealabastro,todalapartede adorno conqueelmonumento
habiade engalanarse.En
los huecos delasescocias, y alternandoconlas hojasdetrébol ó salvaje higuera,lafirmemano
del artistatrazabalasmásinverosímiles alimañas,peregri- nas escenasde costumbresúotrosanálogos asuntos;enloscalados antepechos delos ánditos,enlasmoldu- ras y frisos, enlas bóvedas y enlos retablos,tenian vasto
campo
en quelucir losdestellosde suinteligen- ciay de sufantasía;yálaverdadque ámbasnos prue- ban toda la viveza, intención yfacilísima inventiva queposeyeron.No
era,portanto,laesculturaunarte libre éinde- pendiente,puesqueenciertomodo
lavemos,por de-cirloasí, plegarse
como
accesorioá loprincipal,que eraeltemplo; observándose,como
prueba deesto,quealaparecerel estilo alemanen losdominioscastella- nos,latrazay conjunto de lasfiguras,queensus fá- bricashabian deostentarse,siguenel
mismo
carácter queéstas,manifestándose prolongadas ensuspropor- ciones,concierta rigidez,nacidayadelabuso deesta tendencia,ya deloinexpertodelartistaquelasejecu- tara.Bastariaparaprueba deestaverdadlasimple ojeada de las estatuasconmemorativas deFernando III, de D.aBeatrizde Suavia ydelObispo D. Mauricio,que existenen el claustro delaCatedral de Burgos; las yacentesdelInfanteD.Felipe,en Santa María de Vi- llasirga,yladelAbadAparicio,en el
Museo
Arqueo-. lógicode Madrid.
Un
fenómeno,sinembargo,muy
digno deexámen llama ahora nuestra atención. Pruébase porelestudio delasfábricas ojivales,que desdelosmomentos
enque este arte se nos muestra, hastaelenqueseextingue, nolevemosenningunodesustresperíodosdecaer,si-noque, porelcontrario,siguebizarramente sutriun-
falcarrera,llegando,sinobstáculosni vacilaciones,al punto de su última evolución.Laescultura, entre tan- pasadoslosesplendorososdiasde AlonsoelSabio decae visiblemente enlos reinados sucesivos, hasta LnriqueIII,permaneciendo estacionariaysinprodu- cirninguna obra de verdadera importanciaartística.
Este hecho tienefácilexplicación,sicomprende- mos quelaestatuaria era hija delcapricho ódelgusto de su entallador,miéntrasquelaprimera obedecíaá reglasó principiosfijoséinmutables.
_ Algunas diferencias, debidas,talvez, aloquein- uyeronlos
maestros pisanos ysienesesmásdirecta- en^asanes de AragónyCataluña, podríanes- tablecerse entre las obrasalláejecutadasylasqueal rcusmo tiemposeproducían enCastilla,queomitimos P°rn°parecerdifusos.
Alasvolviendoalpropósito de este «Ensayo,»ci- taremos
como
ejemplo delamarcadadegeneración queexperimentael arte escultural,lasestatuasyacen- te sde D.» María de Molina, en lasHuelgas; las delm
ism°géneroquerepresentanáD. Alvaro Perez deII
üz
many
D.aElvirade Ayala, enlaCatedral deSevi-lla
> Y,por último,lade D.LorenzoSuarez de Figue- r°a
’quealpresenteexisteenlaiglesia universitariade es tamismaciudad.
, . .
A
partirdelosalbores del sigloXV
,y enelreinado te “• Enriqueel Doliente, óbrase nueva evolución.
en *aestatuaria,viéndose ya deun
modo
manifiestoiniciarseelperfeccionamientoquellegoa adquiriren
°S
aj Juan
E
y delosReyesCatólicos. ,Muy
conocido de todoseselcarácterque domino en esteúltimo períododel arteojival,enquesenos muestra másricoy
pomposo
que enlos anteriores, en galanándosehasta lo infinitoy empleando por do- quieralosmásdelicadosyprimorosísimos adornos.
Para completarelbreve cuadro quehemostrazado dflarte escultural,desdelos siglosXIIIal
XV,
nose- ra ÜCioso que presentemoscomo muy
interesantes8
modelosde su última época las figuras yacentes de D.JuanII
y de sumujerD.aIsabelde Portugal, en laCartujadeMiraflores;laorantedelPríncipeD.Alon- so suhijo, enel
mismo
monasterio, debidasáGil de Syloe;lastambién yacentes delosPreladosD. Alonso deCartagenayD. Luis Osorio deAcuña,enlaCa- tedralde Burgos; todas ellas floridísimas, y, en tal concepto, elocuentes ejemplares deeste períodoar- tístico.III
LosReyesCatólicos.
—
Suinfluencia en las artes."-Maestrosespañolesyextranjerosqueflore- cen ennuestro suelo.
—
PedroMillan.—
Noti-ciasbiográficas.
—
Obras que deélseconservan en Sevilla.emos llegado á uno de los másfecundosy gloriososperíodosque registra lahistoriade nuestropaís, comprendido en elreinado de
, . . ..'Fernando
V
éIsabelI.Elmovimientosocial, ve1
?1Cla(^<?enlasanterioresmonarquías,sedesenvuel-
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ah°ra bizarra
y ostentosamente, influyendo en todas
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Manifestaciones delainteligenciaybrillandopor
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’MercedálaegregiaprotecciónquelosCató-
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Monarcasdispensanálasartesyletras. Asombra ten?1 ]
0161"0 s°berbias fábricas, aulas, palacios y
píosque álasazónselevantanen España, y ve- sque nosóloelEstado, sino los particulares pro- cu
r
en^ porfíasuerección,movidos del espíritude,
Ura9ue losanima. Fué, pues, consecuencia detales
A lna
.
0slamiriada de notablesartistasqueentonces recieron
en nuestro suelo y losnombres de Alvar
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>Pedro García, Pedrode Toledo, Guillermo grera,AlonsoCarpintero
y JuanGallego, unidosá
10
losde JuanNorman, Anequin deEgas deBruselas, Arnao BouchsySimón de Colonia, nos pruebanos- tensiblementeelaltogradode esplendor y de magnifi- cencia alcanzado porelarte ojival,así
como
elprogre- so y augeliterario halló susmás esforzados paladines enlosCisneros, Pulgares, Nebrixas, Alcalás,Fernan- dez deOviedoyAy
oras.En
estos tiempos (1410) habiancomenzado las obras delaCatedraldeSevilla,atrayendo háciasípo- cos años después la gigantescafábrica esclarecidos maestros ¿insignes artífices, quehabian dedejar in- mortalizadossusnombresenestaepopeyaconlosmás vivos ybrillantes destellosde suinspiraciónartística.De
estepunto arrancalaprolongadaseriedeaquellos conocidosconlosnombresdeXimon,FranciscoRo-
dríguez y Juan de Hoces, arquitectos; Dancart, los maestros Marco, Bernardo yNufro deOrtega, Jorge Fernandez y otros entalladores más, entre los que descuellaeleximioPedroMillan, de quien ahorava-mos
seguidamenteátratar.Dolorosonos es confesarlo,perofuerza seráde- cirquelasúnicasnoticias quehastanosotroshanlle-
gado detan insigneestatuario son las consignadas porelerudito
y doctoCean BermudezeneltomoIII de suDiccionario históricodeEspaña. Refiriéndonosá lapágina154leemos: «Millan (Pedro),escultor,pa-
»dre y maestro del anterior(Juan), fué discípulode
«Nufro Sánchezytrabajóen barrovárias estatuaspa-
»rael cimborrio delaSantaIglesiadeSevilla,elaño
>>1505, lasqueperecieron enlanochedel dia28 de
»Diciembre de 1512, en que se arruinólacúpula
»Arch. delaCat. de Sev.»
Hé
aquí losúnicos datosqueelsabioCeannos ofrece,y porciertoqueseríadeextrañarenparte,co- nocido suprolijo afandeinvestigarlotodo,hayanpa- sadoinadvertidaspara él algunas notables firmasdelmismo
artista, queseobservan en otras importantísi-mas
obrassuyas.Encuéntrase,ánuestrojuicio,laex-ri
plicacionde estehechoen eldesden con queenlos tiempos del escritordequetratamos eran considera- daslasproduccionesdel arteojival, quemenosprecia- banhastael punto dellegar ácalificarlasdebárbaras.
Envuelta en completa oscuridadsenos muestra, portanto,labiografíadeeste maestro;masen nues- trodeseo deesclarecerla, aunquedébilmente,nodes- mayaremosante talobstáculo, yaquelasuertetam- bién nos ha deparadola gratísima satisfacción de encontrar algunasotrasobras, hastaelpresente igno- radas, debidasá este ingenio español,quefloreceen las postrimerías del siglo
XV
y enlos albores delsi- guiente.Consta,pues,pordocumentosfehacientes delAr- chivo delaCatedral de Sevilla, quePedroMillanfue discípulo delfamoso Nufro Sánchez,entallador que especialmentetrabajócon grandeesmeroconsiderable parte del coro de aquella mismaiglesia,
como
así consigna eldiligenteCeanen suartículo relativo al escultorJuan Perez, añadiendo quefué éste discípulo delprimerocitado, lo cualhace ya suponer que dicho maestro gozaría de buena reputación enlaciudad cuan- doásutallerconcurrían jóvenes artistas deseosos de amaestrarse pormedio de su enseñanza en la difícil ejecuciónescultórica,llegando luégo suaptitud hasta elpunto deauxiliarle,á laverdad poderosamente, enel adornodelarruinado cimborrio.Ahorabien;teniendo talesdatosmuy
en cuenta, creemos,sin que senos puedamotejar devisionarios, quefloreciendoNufro enestaciudad duranteel primertercio del sigloXV,
y siendo ya reputadocomo
esclarecido artista, á el acudiríaen sutemprana edad PedroMillan paraalec- cionarse enelartedeentallar.Hechoesterazonamiento preguntamos:¿seria in- admisiblelahipóteside considerarlotalvez
como
hi- jodeSevilla,yaquesehaya probado porloantesex- puestoquefuévecino deestaciudad desdesusprime- rosaños?12
Dejemospor ahoraá los eruditoslacontestacióná nuestraconjetura,quetalvezno esté
muy
lejanoel diaenque puedasatisfactoriamente esclarecerse,y no nosdetengamostampocoáconsiderarelgrandiosoes- pectáculoqueentonces animabaá Sevilladurantelos últimosaños enqueseconstruialagigantescaBasíli- ca; bastesólo ánuestro propósitoconsignarquecasi almismo
tiempoque PedroMillan,acompañadode su discipuloJuanPerez y dePedroTrillo, esculpialas estatuas delcimborrio,elmaestroMarco, Bernardode Ortega y MicerDomingo
(i)seocupabanen termi- narelgran retablo mayor que trazaraDancart, cu- yasestatuaseran doradas luegopor JorgeFernandez Alemány su hermanoelpintor Alexo, yAlonsode Covarrubias;luciendoálasazón su maestría enpintar lasdeslumbradorasvidrierasMicer CristóbalAlemán y Juan Jaqués,comenzandoyaáoirseelgolpeardelos martillosy elpotentealiento de lasfraguasdondeel artíficeFernandezPrieto dió principio á forjarlasrejas que luégo habian de terminar con todaíapompa
yfantástica ornamentaciónplateresca los insignesFray Francisco de Salamanca,AntoniodePalencia,Sancho Muñoz, JuanYepes,elmaestro Estéban yDiegode Idrobo....
Con
respectoáJuan Millan, hijo de Pedro, nin- gunaobraconocemossuyahastaeldia,áun cuando debemossuponerque fué continuador del elegantí- simoestiloaleman,sibienadmitiendo eneltrascurso délos añoslaavasalladora influencia delRenacimiento, extendidoálasazón por toda Europa.Sentadoslos anterioresprecedentesbiográficosha- remos constarquelasesculturas conservadasalpre- sente dePedroMillan,
y en lasqueseostentasufir-
ma,son escasas; y, desgraciadamente paranuestro
«Estudio,» carecen todas de fecha,si bien dos de ellaspuédese razonablementeafirmar losaños enque
(I) ¡ElfamosoDomenicoAlexandroí
*3
iueronejecutadas,
como
podráverseeneldiscursode este«Ensayo.»La másantiguadeéstasdatade 1504 ylaúltima de 1505.
De
lamentaresquese hallencomprendidas enuntancorto período, pues deotramaneraservirían eficazmente paramásesclarecimiento de subiografía.Cincohermosasobras, todasdeinapreciable valor, artísticayarqueológicamente consideradas,pueden al presenteestudiarseen nuestra ciudad, producto de su bizarro cincel, queson lassiguientes:Medallones de laportadadelmonasterio de ReligiosasJerónimas de Santa Paula; estatuade SantiagoelMenor,en suca- pilla de esta Catedral; esculturasde laspuertas del
mismo
templo llamadasdelBautismo y Nacimiento de Cristo;imágen delaVirgendel Pilar,en sucapillade lamismaiglesia,y, por último, elbellísimoSan Mi- guel,afortunadamente salvado pocos meses há deuna segura pérdida porel loable celodemi distinguido amigoelSr.D. José deIruretaGoyena, de cuyase- lectayvaliosacoleccióneshoyprincipal ornato.4
Exámende las obras dePedroMillan.
—
Medallo- nesDELAPORTADA deLAIGLESIADE SANTA PAULA.—
COOPERACION Q.UE CONELLOS PRESTA ALFAMOSO FranciscoNiculoso Pisano.—
Notableartista,DESCONOCIDO HASTAHOY,Q.UE INTERVIENE TAMBIEN EN ELORNATO DEESTEMONUMENTO.
—
DESCRIPCION DECADAUNO DEAQUELLOS.amos á entrarde llenoyseparadamente en elexamen de cadauna de estasmagníficas preseasartísticas;advirtiendo,quesibien co- nocemosalgunaotra obra,queánuestrojui- cionohá menester dela firmadelautor para conse- guridadatribuírsela,estimamos,sinembargo,que no debe formarpartedeeste «Ensayo,» pues queparael planquenosproponemosbasta referirnos solayexclu- sivamente á las que ostentan su firma, o bien a aquellascuya procedencia se halla corroborada por unaconstantetradición.
Estodicho, empezaremosporlos medallones ya citados.
En
elgran espacioformado porlaarchivolta exte- riordelaportada,queda ingreso álaiglesia delmo- nasteriode Santa Paula, enlaqueelinsigneartistaFranciscoNiculoso Pisano diseñó magistralmente en elañode 1504, sobre placasde barro cocido,lasmás peregrinasfantasíasplaterescas,esmaltadasconbrillan- tescolores, resaltan sietemedallonescirculares,ence- rradosdentro deelegantes guirnaldas,ó coronas,
com-
puestasdehojas, frutasyflorespolicromas de granre- salto,dentrode las quesemuestranlosasuntosreli- giosos, también dealtorelieve,encuyoestudiova-
mos
áocuparnos.Comenzando
porelmásbajodelaparte izquierda, vemos queen su centro serepresentaáSanta Elena.Lacabezaestá vidriadade blanco,contoca del
mismo
color, y sostienesobreellaunacorona de gustoojival marcadísimo yesmalte amarillo-naranja;lasvestidu- rasdeunmorado
muy
oscuro.Con
elbrazoderecho seapoya enunacruzgrande, amarillo-ocre;enlama- noizquierda llevatresclavos azules,símbolo delain- vención delaCruz.Elfondo,lomismo
quelosde to- doslosrestantes,exceptuandoel quese halla en la clave,que há de menester estudio aparte, esblanco conligerostoques de cobaltoimitando nubes.Á ám-
boslados seven peñasconárboles.Laguirnaldaque circunscribe estemedallón há- llaseformada,
como
anteriormentedijimos,porfrutas yflores;las primeras empleadas conmás prodigali- dadque las segundas: aquéllasrepresentan limones, granadas, uvas y pepinos; las segundas, florecillas cuadrifoliasblancas yazules.En
cuantoá lashojas quelasacompañansonlanceoladas, exceptuando los sitiosenquesehallan losracimos devid, cuyospám-
panos estimamosmuy
dignos de notarse, por estar diseñados y ejecutadosalmáspuro gustoojival.Todo
cuantoacabamosdedecir,relativamenteá losfondos sobrequeresaltanlasfiguras, lomismo
quelasguir- naldasque las encierran, esextensivo á lasdemás, pues apénasexistenenellas variantes notables.Ostentaelsiguiente relievedosSantosvestidoscon sayalesde esmalte negro
muy
intenso.Sus cabezasdes-17 cubiertas adornadas de grandesnimbos amarillos. El Religioso deladerecha aparece con unacruz en su diestra, que apoya sobre un sombrero episcopal verde, bajoelqueseencuentra unamitra dediversos colores.
Con
el brazo izquierdo sostiene un libro abierto. ElSantocompañero sujeta con elsuyo de estemismo
ladoun gran bolson ó taleguillamorada;enladiestra
mano
unacruz, enlaizquierdaunlibro y en elpechose ve lapequeñísimaefigiedel Niño Dios,vidriadade blancoconresplandores delmismo
color, en
muy
bajo relieve ejecutada. Termina el adornodelaarchivoltaporesta parteconotromeda- llón,quecontienelasfigurasdelosApóstolesPedro y Pablo. Lasvestiduras del Santo Pontífice son:túnica blanca;ámplio palioó capa azul-oscuro;sujetaconla diestrasobreelpecholasdosllaves, azulyamarilla;conlaotraungranlibro.Latúnica de San Pablo es del
mismo
colorque ladel anteriormente dicho; no así elmanto, quees morado,adornadas las fimbriasde ambosporlaciniasamarillas.Llegamosalrelieve central,cuyo examen dejare-
mos
paraelúltimo por apartarse,como
arribadiji-mos,en su ejecución y estilo, delosrestantes.
Ya
enla parteopuestaencontramosenlaplacamás alta álosSantos Sebastian yRoque: todo el cuerpo bar- nizado de blanco, losbrazos levantados sobrelacabe- za, ysujetos,asícomo
sus piés, conligaduras á un árbol, senos presentaelMártir.En
cuantoáSanRo- que,vemos que cubrela cabezacon un gran som- brero, cuyasalas,muy
levantadas por la parte de la frente,ledanelaspecto de una gorra milanesa. Sus vestidurasson de tono negromuy
subidoybrillante, abiertas sóbrela piernaizquierdaquedejan desnuda;los cabellos de ámbas figuras de ocreclaroimitan- do blondas guedejas.
Á
sus piés distíngueseun pe- queño objeto,que nos ha parecido unacorona, tal vez símbolo ó atributo delnoblelinaje áque perte- necia.i8
El asuntoquesiguerepresentaálosSantosCos-
me
yDamian asistiendo áun enfermo que se halla tendidoen sencillo lechoesmaltado de verdeconsá- banasblancas. Cubren elcuerpo del paciente,cuya figura está vidriadade este últimocolor, pañosmo-
rados.
A
lacabecerase halla uno de los Santosves- tidocontúnicaó loba azul, adornada con gran cue- llo verde y bonete morado en la cabeza: en la diestrasostieneun vaso deformacilindrica, amarillo.NótaseenelSantocompañerolavariantedequesu túnicaesverdeydelcíngulopendeunaescarcelillaó estuche.
En
elfrente dellecho,y juntoálaarista del ángulo delaizquierda, seveunapequeñísima cabeza éinmediatamentelafirmasiguiente:p<r
mtllít
Termina el adorno de esta tan rica archivolta conotromedallónrepresentativode Santa Paula, ves- tidacon ámplios paños negros, bajoloscualessedes- cubreunatúnica blanca, así
como
latocaquellevaen lacabeza y elcordonmonacal que pendede sucin- tura.Viniendoyaalexámendelhermosorelievecolo- cadoal sitiodela clavede esta portada, queesim- portanteparaelesclarecimiento de nuestro «Ensayo,»
diremosquesobreun fondodeazulcobalto aparecen dehinojos, y en actitudde adoración, lasfiguras de laVirgeny SanJosé áámbosladosrespectivamente deunhaz depaja
y varillas en que reposa el Niño Dios.
En
segundotérmino,yá laderecha,sehallan las cabezasdelbueyy dela muía,y, por último, en lapartesuperiordel círculo la simbólicapaloma que representa al Espíritu Santo, viéndose todas estas figurasesmaltadas de blanco.Muy
notablementedifierelaejecución de estebe- llísimo relievedelos yadescritos.Asícomo
aquéllos*9 en todas suspartes principales,lomismo queen las accesorias,ostentanel máscorrectoypuroestilo oji- val,recordándonossin esfuerzo alguno á los maes- tros
Weyden,
Memling,Metsys,Van-Eyckyotrosmás delaXV
centuria,enéste,porelcontrario,sorprende ver fidelísimamenteinterpretadoelarte clásico,queya ensiglos anteriores iniciábaseenItalia, vivificadoporel poderosoespíritu delRenacimiento.No
creemos, pues,queaventuramos, envista del carácter artísticoquetan ostensible se manifiesta,yenelquelainfluencia italiana es indubitable,suponerque fuéejecutado poruninsigneartista,discípulode aque- llafamosaEscuela deLuccadellaRobbia,quetalvez atraido,
como
otrosmuchosmaestrosextranjeros,por lafamadelmovimientoartísticoque entoncesdomi- naba en España,viniese á Sevilla, contribuyendo con suinteligencia alesplendor de lassoberbias fábricas queálasazónselevantaban.Y
máscorrobora yafir-ma
estepropiojuicioeldichosohallazgodeotramag- níficaobra cerámica, que yace alpresente abando- naday oculta álas miradas del inteligente, en la cripta dela iglesia del Sagrario de nuestra Basílica Metropolitana, quesirve de panteón á los Arzobis- pos, de cuyo exámen yestudio se desprende que florecía en esta ciudad, y coetáneo de Francisco Niculosoy PedroMillan, unartistadesingularmaes-tría, desconocidoalpresente, de quien pordesgracia sólorestan estasdosobras.
Áun
cuando ajenoal plan que en este«Ensayo»noshemospropuesto,estimamos quenuestros lecto- resveráncongusto algunasligeras noticias relativas á tanhermosaobra, digna,bajo todos conceptos, de la mayoralabanza, máxime cuando creemosser los pri- merosendarla áconocer.
Sobreun plano de formacuadrada,que midede altoim
,5 5ydeanchoim
,40,cuyapartesuperiorter- minaenun segmentodecírculoque estribaen dos bellísimas pilastrasornadas de frutosyflores policro-
20
mas,resaltansobre fondoazulcobalto várias figuras de Santos en torno delaefigiede Nuestra Señora de laGranada, sentada con el NiñoDios en brazos,
y cuyaaltura esdeim
.Todas lasestatuasestán vidria- dasde blanco, y porsu correcto dibujo y peregrina trazasorprenden y admiran. Entre ellas, nótaseála derechaun SanSebastian en elacto de su martirio, queporsísolo sería bastanteparacalificarásu autor de señaladísimoartista.Remataestasoberbiaplacacon trespequeñasfigurasde bajorelieve,ejecutadas hasta lasrodillas,querepresentanalSeñorenelcentro yá losladoslaVirgenMaríay San JuanEvangelista.
Bien quisiéramos sermás extensos; pero yaque atendibles consideraciones noslo impiden, haremos constar,ántesde concluirestadigresión, las grandes analogíasquese advierten entre estaobra yel nie- dallon central de la portadade Santa Paula.
Am-
basparecenser de lamisma mano,ysiatentamente examinamossuspormenores, másnosafirmaremosal notarla delicadaejecución queostenta laguirnalda circular del relievede Santa Paula y losadornos de floresyfrutosqueresaltanenelcentro de laspilas- trasornato deestealtar (i).
Establecidaslasdiferenciasque semanifiestanen- trelosseismedallones trabajados por Pedro Millan yelexistenteenlaclavedelaarchivolta descrita,de- bido, sin dudaalguna, áotroartista, terminaremos haciendo constarla elegancia, bellezay singulareje- cución delasfigurasqueenaquéllos se representan, importantísimas para elestudio dela escultura sevi- llana,tan influidaenestostiempos porelbizarroestilo
(i) Loslectoresque deseenadquirirmásnoticiasacercade tanhermosa obra cerámica, pueden acudirálaVidadel V.P. Fer- nando de Contreras, porelP.Gabrielde Aranda, yalCompen- dio históricodelasimágenes delaVirgen porelP. Juan de Vi- llafañe,aunqueestimamos que no han de conformarse conciertas apreciacionesde dichosAA.porseropuestasá lacríticaarqueo- lógicade nuestrosdias.
21
aleman ybastantesporsí solas para demostrarelalto grado de esplendorque alcanzónuestra cerámica en losalbores del siglo
XVI
(i).(i) Enlosmomentosen que escribimosestasnoticias,una felicísima casualidadnosha deparadoladicha de hallar otraobra debidaaldesconocidoartista italianodequeacabamos de hacer mérito y queviene áaumentarelcaudaidelaricacolección Go- yena. Nos referimosáunaplacadebarro cocidoy esmaltado, conloscoloresblanco yazul,que mide Om, 76 dealto,Om, 49 de ancho,venlacual véserepresentadalafigurade un San Jeróni- mo,dehinojos,macerandosupecho con unapiedraquesostiene enladiestramano.
Los pormenores todos que formanlacomposición soninte- resantísimos,ybien merecenquelesdediquemos algunasbreves palabras.
Aladerechadel espectador, cubiertocon un amplio paño que ledejadesnudoelpecho,y álaentrada de unagrutaen quese muestran dealto relieve libros, tinteroconsupluma yotrosmi- nuciososobjetos, hállaseelSantopenitente.Fronteroá él,encla- vado en unlargotronco,hay uncrucifijo ácuyospiés semues- tra, sobrepeñas,unacalavera: bajo aquéllasunconejo tendi- do enelsuelo,y ensitiomásbajocorreunarroyo,en cuyas aguasse bañaungalápago.Casi enelcentrode laplaca, yen su tercio inferior, estáunleónrecostado,yjunto áésteelca- pelo cardenalicio. Elfondo espordemáscuriosoy dignode estudio: detrásdeunmuroalmenadose alzan, enmuybajo relie- ve, torres,cúpulas yperspectivasdeedificios, y,besandolamu-
ralla,un rioenque navega un barquichuelo, cuyo dibujore-
cuerdalaselegantes formas delosantiguosgaleones. Todala partedefiguras sehabavidriadade blanco y únicamenteelpe- queñoespaciode fondoliso,quedejaelcielo,estáesmaltado de azul cobalto.Encuantoálaejecuciónnadadejaquedesear.La cabezadelSan Jerónimo eshermoso modelo aemísticaexpre- sión, yelmovimiento delospaños quelocubren, correaos y elegantes, recuerdaelocuentementeel estilodel.cenacimientoita- liano.Terminaremoshaciendonotarquelosojosdel Cristo, del Santo, del leónydel conejo,comolasórbitas delacalavera, tienen ligerostoquesdeesmaltemoradomuyclaro. .
Laalturaáquese hallaelmedallón delaclavedelaarcnivol- tade Santa Paula nos impide,bienapesarnuestro,hacer unmi- nuciosocotejo1onestahermosaplaca; sinembargo, no vacilamos porhoy enatribuirlasalmismoartista,quetalvez ejecutolase- gunda condestinoalmonasterio de San Jerónimo de Buenavista enSevilla.
5
V
Escultura de SantiagoelMenor.
—
Suprocedencia.
—
Carácter.—
Descripción.ontinuandoelexámende las valiosas obras debidas al insigne entalladorPedro Millan, tratemosahora delagranesculturadeSantia- goelMenor, quese veneraen una capilla de nuestraIglesiaMetropolitanabajolaadvocación de losdosSantiagos.
Inmediatoálapuerta llamadadelaCampanilla,y juntoá lasoficinas de laContaduríaCapitular,há- llansebajounarco apeinalado,abiertoen el grueso delmuro,dos grandes estatuas, de lasquedice el ilustradoCean, en suDescripciónartísticadela Cate- dral de Sevilla, lo siguiente: «Enelsegundo (altar) dos estatuas grandes,de SantiagoelMayor en traje deromero yde SantiagoelMenor.Esta esmásanti- gua yhaytradiciones dequesecayó del cimborrio cuandoéste sevinoá tierra.» Refiriéndonos á la misma, quees delasdoscitadaslaqueá nuestro, es- tudio interesa,bien puede admitirse esta tradición, puestoque por documentosdel Archivo delaCate- dralconstaque Millan trabajó en las estatuas del Apostolado,querodearon exteriormentelagrancú-
24
pula,desplomadala noche del28 de Diciembre de 1512,
como
ya dejamos consignado en páginasante- rioresdeeste<•Ensayo.»Corrobora y afirmamáseste juicioelestilo artísti- coáquecorresponde,lamateriaenquese halla eje- cutada,queeslapiedra franca,yademás susgrandes proporciones manifiestan quehubodetrabajarse para sercolocadaá grandealtura.Siáunestasrazonesno fueranbastantes,citaremos en nuestro apoyo á dos insignesarqueólogos,los Sres. D. José
Amador
de losRíosyD.Pedro deMadrazo, que en susobras Sevilla pintoresca y RecuerdosybellezasdeEspaña (tomo deSevilla),respectivamente, convienen en quelaes- tatuade SantiagoelMenor
esdela mismamano
quelasdelaspuertasde la Basifica hispalense, que más adelante estudiaremos.
Elcarácterojival,quetan ostensible semuestra en sutraza,juntamente con la esmerada ejecución de suspormenores,nada dejan que desearalmásexigen- te;ydelexámencomparativoquedeestaobrahemos hecho, con otrafirmadaporelinsigne escultor,pue- de establecerse, singénero alguno de duda, quefué productodelmismo,afirmándoseesteconceptoales- tudiarla estatua de barro cocido que representa al EvangelistaSanLúeas,existentealladoderecho en la puertadelNacimiento; siendotannotablelasemejan- za,quepor entero nosconvence,según adelanteten- dremosocasión deobservar.
Elsentimiento místico que inspiraba á nuestros artistasdelos pasadossiglos, se ve fidelisimamente reflejadoenelserenoymajestuoso semblante deSan- tiagoelMenor.
Toda
lafigura esreposada, ylaspro- longadas grandeslíneasdesu trazale danunaspecto elegantísimoalparquesencilloysevero.Suscabellos ybarbas,siguiendolacasigeneral costumbre yelgus- todelaépoca en que fueronesculpidos, están rizados en minuciosas yrepetidas ondas yabiertosen las lí-neascentrales:lasfacciones, delicadasycorrectas,ex-