TEMA 5: LA BAJA EDAD MEDIA. CRISIS DE LOS SIGLOS XIV Y XV
5.1. La organización política. Las instituciones (las instituciones políticas de Castilla y Aragón durante la Baja Edad Media
En la Corona de Castilla, a pesar de la expansión del poder señorial y de la inestabilidad política (guerras civiles) en momentos de debilidad de la monarquía (minorías de edad de los reyes, disputas por la sucesión), la autoridad de la monarquía se fortaleció considerablemente (ss-XIV y XV), gracias a la enérgica reacción de algunos monarcas (Alfonso XI, Enrique III, Isabel I). A ello contribuyó la difusión de teorías políticas que, basadas en el Derecho romano, defendían la supremacía absoluta del rey, cuyo poder se consideraba de origen divino (Las Siete Partidas de Alfonso X).
Donde se aprecia el verdadero fortalecimiento de la monarquía castellana es en el desarrollo institucional y en el proceso de centralización de su poder.
En el ámbito estatal se produjo la fusión de las Cortes (órgano de representación estamental: nobleza, clero y oligarquía burguesa urbana) de Castilla y de León. Estas Cortes se reunían cada 2 años y sus decisiones no tenían poder legislativo, por lo que los nobles y clérigos fueron dejando de asistir, porque ellos estaba exentos del pago de los impuestos que se aprobaran, por lo que sólo se reunía por lo general los representantes de las ciudades (las oligarquías urbanas). El número de ciudades con derecho a voto osciló entre 101 en 1315 a 17 en 1480
NOTA: (Con la evolución política de las monarquías feudales, la entrada de representantes de las ciudades en la Curia real (en la que el rey se reunía con miembros de la nobleza y el clero para tratar asuntos del reino), con el objeto de controlar la gestión de los impuestos concedidos al monarca por los municipios, provocó la creación de una nueva institución: las Cortes. En León aparecieron a fines del s-XII; en Castilla y Cataluña a principios del s-XIII y en Navarra en el s-XIV. En principio se trataba de un organismo de carácter consultivo y fiscal formado por representantes de tres estamentos: nobleza, clero y burguesía urbana. Alcanzaron su mayor desarrollo entre los s-XIV y XV. En algunos reinos las Cortes adquirieron carácter legislativo (aprobaban leyes que debía aceptar el rey).
En la Corona de Castilla, aparecieron dos instituciones nuevas:
-El Consejo Real, creado en 1385, era el heredero de la antigua Curia Real, pero a diferencia de ésta -de carácter restringido y feudal-, se convirtió en un organismo de carácter técnico, integrado en su mayor parte por legistas que asesoraban al rey en todo tipo de decisiones.
-La Audiencia o Chancillería órgano supremo de la justicia con sede en Valladolid.
En lo que respecta a la administración territorial, Castilla estaba dividida en merindades, divisiones geográfico-administrativas. El merino era el representante del rey en la merindad, con poderes administrativos y judiciales. La función de las merindades era la de ser un órgano administrativo intermedio entre el poder central y las villas y señoríos. Con respecto a las ciudades, se dio una creciente intervención de la monarquía en los municipios, por medio del corregidor, representante de la Corona en los principales municipios, con el fin de controlar a los bandos nobiliarios que habían conseguido monopolizar el gobierno municipal.
NOTA: (En tiempos de Alfonso XI (1312-1350), se liquidaron de modo definitivo los últimos restos que pervivían de los antiguos concejos abiertos (en los que participaban casi todos los vecinos, aunque con predominio de la pequeña nobleza), con el establecimiento de los regimientos o concejos restringidos, formados por un número reducido de personas (bandos familiares de la mediana nobleza ganadera, influyentes en el ámbito local). Durante los ss-XIV y XV, las ciudades castellanas formaron Hermandades, Uniones o Juntas, para enfrentarse a la alta nobleza, a favor del rey, o para mantener el orden público, para lo cual organizaron grupos armados: las milicias concejiles).
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El gobierno de la Corona de Aragón era más complejo y con una estructura más representativa. La Corona de Aragón estaba formada por los reinos de Aragón y Valencia y el principado de Cataluña (al que estaba adscrito Mallorca); cada uno tenía sus propias Cortes y sus propias leyes. Existía un sistema pactista de gobierno entre la monarquía y los estamentos representados en las Cortes.
En esta estructura política tan descentralizada, la autoridad real en los territorios en los que no residía el monarca estaba representada por el virrey, que actuaba en nombre del rey.
En la Corona de Aragón, las Cortes tuvieron poder legislativo. Constituyeron la institución en la que mejor se expresó el concepto feudal de pacto entre los reyes catalanoaragoneses y los grupos dirigentes de cada uno de sus reinos (nobleza, clero y patriciado urbano). Cada reino de la Corona de Aragón tenía sus propias Cortes que se reunían cada 3 ó 4 años. Para vigilar el cumplimiento de lo acordado en Cortes se creó una diputación permanente (Diputación del General o Generalitat en Cataluña, Diputación del Reino de Aragón y Diputación del Reino de Valencia) que reunía a un pequeño grupo de los representantes en Cortes mientras estas no estaban convocadas.
El Justicia de Aragón fue un cargo específico del reino de Aragón. Lo desempeñaba un miembro de la nobleza designado por las Cortes. Su función era la interpretación y defensa de los fueros (leyes) propios de Aragón, en especial frente a pretensiones autoritarias del monarca.
En lo referido a la administración territorial, el Reino de Aragón se dividía en merindidades y bailías, Cataluña en veguerías y el Reino de Valencia en gobernaciones. Los municipios de la Corona de Aragón fueron controlados por las oligarquías urbanas (oligarquías de origen burgués, ennoblecidas; los ciutadans honrats).
NOTA: (En los municipios de la Corona de Aragón, el gobierno municipal lo integraban los siguientes cargos e instituciones: 1) Un delegado nombrado por el rey, que fue perdiendo atribuciones, a diferencia de lo que ocurría en los municipios castellanos. 2) Unos magistrados con funciones ejecutivas, elegidos por diferentes sistemas y cuyo nombre variaba también de unos municipios a otros -en Barcelona eran cinco consellers. 3) Una asamblea o consejo municipal, órgano asesor compuesto por un número limitado de miembros. En Barcelona, el Consell de Cent (Consejo del Ciento) de jurats (jurados) elegidos a su vez entre la alta burguesía, comerciantes y los directores de los gremios de artesanos. Los consellers y jurats eran renovados cada dos años.
5.2. Crisis demográfica económica y política. La Baja Edad Media. Crisis de los siglos XIV y XV
A fines del s-XIII, el sistema feudal-señorial había llegado al límite de sus posibilidades de desarrollo, con la tecnología de que se disponía, cada vez era más difícil conseguir un incremento de alimentos que equilibraran el aumento de la población. Cuando este equilibrio se rompió durante el s-XIV, se produjo una crisis general de todo el sistema en los aspectos económico, social, político y cultural. Aunque la estructura política del feudalismo no superó esta crisis y a fines del s-XV se establecieron monarquías autoritarias en los Estados europeos más importantes, las estructuras socio-económicas sobrevivieron, y en España se mantuvieron hasta el s-XIX.
Años de malas cosechas se dieron en Europa durante la primera mitad del s-XIV. Mal alimentada, la población europea y peninsular no estaba preparada para las epidemias. La Peste Negra (1348) representó un golpe muy duro, con un enorme descenso de la población. Se produjeron despoblamientos de numerosos lugares, por fallecimiento y abandono de sus habitantes.
La más notable de las consecuencias económicas fue el gran aumento de los precios (por la caída de la producción) y de los salarios (por la escasez de mano de obra por la gran mortandad)
En la producción agraria de la Corona de Castilla, por la crisis se produjo el auge de la ganadería ovina trashumante (que ya había experimentado un importante incremento en el s-XIII y se había creado el sindicato ganadero de la Mesta (1273)). En el s-XV, esta ganadería conoció un nuevo impulso, la crisis demográfica facilitó el aumento de los rebaños, puesto que la ganadería requería menos mano de obra y permitía a muchos señores rentabilizar las tierras abandonadas.
La crisis económico-demográfica afectó a la estructura social feudal. Se dio un gran desarrollo de la señorialización. Ante la muerte de muchos de sus campesinos-siervos y el despoblamiento de sus tierras, los señores se encontraron con una gran disminución de sus rentas. Ante esto, los señores trataron de recuperar sus pérdidas a costa de la monarquía y de los campesinos.
Los señores se apoderaron de señoríos y jurisdicciones que conseguían de monarcas débiles, en momentos de minorías de edad de los reyes o en periodos de guerras civiles sucesorias. Este proceso provocó diversos conflictos políticos. En Castilla, a pesar de los conflictos entre la alta nobleza y la monarquía castellana, la estructura política centralista de la Corona de Castilla permitió que un monarca autoritario y con personalidad, pudiera imponerse a la nobleza (Alfonso XI, Enrique III Isabel la Católica).
Aunque el proceso duró dos siglos y hubo periodos de preponderancia de la nobleza, sobretodo, tras el fin de la guerra civil entre Pedro I el Cruel (1350-69, hijo de Alfonso XI), monarca autoritario que intentó imponerse a la alta nobleza, y su hermano Enrique II de Trastámara (1354-79, hijo natural de Alfonso XI), al que apoyaba la alta nobleza, quien ganó la guerra civil y dio comienzo a la dinastía de Trastámara como reyes de Castilla. La monarquía castellana, con el apoyo de las ciudades, logró someter políticamente a la nobleza y establecer a finales del s-XV la monarquía autoritaria.
En la Corona de Aragón, la monarquía chocó con los grupos oligárquicos (en el s-XIV, el Pedro IV se enfrentó a la nobleza señorial del reino de Aragón y del de Valencia; en el s-XV, se produjo la guerra civil entre el rey Juan II contra la las oligarquías catalanas. NOTA: (Juan II, pertenecía a la dinastía castellana de los Trastámaras, que accedió al trono de la Corona de Aragón en 1412, con Fernando I, tras el Compromiso de Caspe, alcanzado por representantes de los distintos reinos de la Corona de Aragón, al morir sin descendencia Martín I el Humano, último rey de la Casa de Barcelona)). Aunque estos conflictos terminaron con el triunfo de la monarquía, las estructuras políticas del sistema pactista de la Corona de Aragón, de carácter feudal, perduraron, por lo que las luchas políticas en la Corona de Aragón no culminaron con el fortalecimiento del poder real.
Con respecto a los campesinos, en un primer momento, los señores mejoraron sus condiciones, ante
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su gran disminución por la peste. Pero luego les impusieron nuevas rentas con la extensión de los impuestos de la jurisdicción señorial (justicia, monopolios, “malos usos”). Además se dio la fijación definitiva de los campesinos a las tierras de cultivo, impidiéndoles abandonar sus tierras (segunda servidumbre de la gleba), la renovación de los contratos de arrendamiento (muchos dejaron de ser perpetuos), en plazos más cortos para revisar al alza las rentas pagadas por los campesinos.
La crisis provocó un incremento de luchas de clases de diversos tipos. Las más importantes ocasionadas por la respuesta campesina al duro proceso de señorialización. Los campesinos se enfrentaron violentamente a los señores, son las jacqueries (el movimiento remensa catalán (1380-1486) el de mayor duración e intensidad; la rebelión foránea mallorquina (1450-52); la segunda guerra hermandiña gallega (1467-69)). También en las ciudades se produjeron diferentes enfrentamientos sociales: 1) Conflictos entre la oligarquía de los ricos y los pobres: la lucha entre la Biga (oligarquía urbana) y la Busca (burguesía media y pueblo urbano en Barcelona) a mediados del s-XV. 2) Rivalidades entre bandos de la nobleza local en Castilla. 3) Pogromos contra los judíos.
5.3. La Baja Edad Media: La expansión de la Corona de Aragón en el Mediterráneo
Desde finales del s-XIII hasta mediados del s-XIV, la Corona de Aragón emprendió una gran expansión política-militar por el Mediterráneo, haciendo valer ciertos derechos sobre algunos territorios. A pesar de la oposición de Francia y el Papado, se fueron incorporando a la Corona: Sicilia (1282); los ducados de Atenas y Neopatria (conquistados por los almogávares (mercenarios catalanas) que los convirtieron en territorios vasallos de la Corona de Aragón durante buena parte de s-XIV); Cerdeña (1324); y el reino de Nápoles (1443), que abarcaba todo el sur de Italia, durante el reinado de Alfonso V. (NOTA: (sobre este también reino tenía aspiraciones la casa francesa de los Anjou, lo que provocó enfrentamientos entre Aragón y Francia por el control del sur de Italia).
La expansión contó con el apoyo de la monarquía, la nobleza y la burguesía:
-La monarquía estaba interesada en aumentar sus dominio, una vez terminadas sus posibilidades de expansión en la Península Ibérica.
-La nobleza era favorable a empresas guerreras, de las que obtenía tierras, títulos, botín, prestigio y cargos.
-La burguesía apoyaba la expansión, ya que ello beneficiaba a comerciantes y artesanos urbanos, en especial en Barcelona.
Las conquistas exigieron un gran esfuerzo militar y económico que llevó a los reyes a pedir el apoyo de los distintos estamentos. Lo que fue aprovechado por éstos para conseguir contrapartida que limitaron el poder real.
Al amparo de esta expansión política por el Mediterráneo, se desarrolló un activo comercio internacional, en el que Barcelona desempeñó un papel equiparable al de las repúblicas mercantiles italianas, Venecia y Génova, con las que competía. Barcelona exportaba hierro (forjas catalanas del Pirineo) y, sobre todo, tejidos (Barcelona era centro de una muy importante industria textil). E importaba cereales de Cerdeña y Sicilia, pieles y cueros de Berbería, y especias de Bizancio, Siria y Egipto. Todo este tráfico mercantil lo controlaba una gran flota, en manos de empresas transportistas catalanas, a las que suministraban barcos las atarazanas de Barcelona (grandes astilleros navales).
La Corona de Aragón estableció un sistema de representación (consulados) en los puertos mediterráneos más importantes, basado en la figura del cónsul, que juzgaba a los comerciantes de la Corona de Aragón, y representaba y defendía sus intereses. Se creó además la institución llamada Consulado del Mar, corporación profesional de comerciantes y también tribunal mercantil.
La etapa de máximo esplendor del comercio catalán fue el s-XIV. Pero la profunda crisis de Cataluña en el s/XV (crisis demográfica, económica, conflictos políticos y sociales, guerra civil) afectó también a su actividad comercial. En cualquier caso, el avance turco y la caída del Imperio bizantino (1453) aceleraron la decadencia del comercio mediterráneo, al tiempo que emergían las rutas atlánticas.
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5.4. Las rutas atlánticas: castellanos y portugueses durante la Baja Edad Media. Las Islas Canarias
Desde el s-XIV y en el s-XV, primero portugueses y después castellanos iniciaron la exploración y la ocupación de territorios en el Atlántico sur. Para que esto llegara a realizarse, se dieron diversas causas y factores que contribuyeron y estimularon los descubrimientos:
-La necesidad de oro en Europa, durante el s-XV, con la recuperación del comercio, fue uno de los factores económicos fundamentales. Los portugueses fueron los primeros que intentaron llegar por mar a las fuentes de aprovisionamiento de oro en el África subsahariana. Otro motivo económico fue la necesidad de especias, que llegaban de Oriente a través de los intermediarios árabes y venecianos, lo cual aumentaba extraordinariamente su precio. Cuando los turcos dominaron el Mediterráneo oriental, después de la toma de Constantinopla, el problema aún se agravó más y, por ello, los portugueses buscaron una ruta marítima directa hacia las tierras de las especias en el extremo oriente asiático.
-El fin de la Reconquista en Portugal, y la paralización de la de Castilla en torno a Granada, fue el motivo sociopolítico en el desarrollo de las exploraciones y conquista. Las monarquías portuguesa y castellana darán salida a las aspiraciones de la nobleza de obtener tierras y riqueza, con la conquista de nuevos territorios extraeuropeos. Este proceso se justificará con razones religiosas (expansión del cristianismo y evangelización de poblaciones paganas) o con el espíritu emprendedor y aventurero característico del hombre del Renacimiento que empieza a surgir a lo largo del s-XV.
Los avances técnicos y científicos que hicieron posible esta expansión marítima son: 1) La elaboración de portulanos -cartas marinas con detalle de los puertos. 2) La utilización de instrumentos como la brújula o el astrolabio, que permitían conocer la posición en alta mar. 3) La mejora en el tipo de nave, con la incorporación de la carabela, caracterizada por su ligereza y rapidez, por su pequeño tonelaje y sus velas orientables, lo que era imprescindible para cubrir las grandes distancias de estas nuevas rutas.
Los portugueses fueron los iniciadores de las grandes navegaciones por las costas atlánticas de África.
A este hecho contribuyó que la dinastía de Avis promocionó las expediciones (el infante Don Enrique el Navegante desde la escuela de náutica que estableció en Sagres).
Los descubrimientos y conquistas de los portugueses en las islas y costas atlánticas de África se escalonan a lo largo del s-XV. La primera conquista es la de Ceuta (1415). De 1430 a 1450, ocuparon Madeira y Azores. En 1444, llegaron a Cabo Verde, en 1456, alcanzaron la costa de Guinea. La búsqueda de la ruta de la India se inicia con las expediciones al sur del Ecuador, hasta que en 1487-88, Bartolomé Días dobla el cabo de Buena Esperanza y descubre la costa africana del Océano Indico, abriendo la ruta marítima hacia Asia. Por fin, en julio de 1497 la expedición portuguesa de Vasco de Gama salió de Lisboa camino de la India adonde llegó en mayo de 1498.
Portugal controló el comercio del Océano Índico del que eliminó a los árabes. El modelo colonial portugués se basaba en que el comercio era un monopolio de la Corona que obtenía oro en Guinea y lo utilizaba para comprar especias en la India que vendía más tarde, con fuertes ganancias, en Europa.
La expansión castellana. Las Islas Canarias. La conquista del archipiélago fue lenta por la falta de recursos económicos y la resistencia de los indígenas. En la primera fase, a principios de s-XV, fueron ocupadas las islas de Lanzarote, Fuerteventura, Hierro. La conquista, previa autorización y bajo la bandera de la Corona de Castilla, fue realizada por mercenarios normandos, al mando de Jean de Bethencourt. Por este mismo procedimiento, nobles castellanos tomaron la isla de La Gomera en 1450. Esta primera fase de la ocupación de las Canarias se denomina señorial, porque los conquistadores establecieron señoríos en las mismas, declarándose vasallos de la Corona de Castilla.
El archipiélago canario estaba dentro de la zona de interés de los portugueses, que consideraban las rutas africanas como su monopolio. Por esto las Canarias se convirtieron en motivo de rivalidad entre
Portugal y Castilla, El conflicto no se resolvió de modo definitivo hasta los tratados de Alcaçovas-Toledo (1479), en el reinado de los Reyes Católicos, por el que los portugueses reconocían la soberanía de Castilla sobre las Canarias, mientras que Castilla reconocía el monopolio de Portugal sobre las rutas africanas.
Con los Reyes Católicos, se conquistaron las otras islas: Gran Canaria (1480-83), La Palma (1492-93) y Tenerife (1494-96). La conquista no se efectuó por el envío directo de tropas reales, sino por el sistema de capitulaciones. Se establecía un contrato con capitanes, que recibirían una parte de la riqueza conseguida en la conquista de los nuevos territorios en nombre de la monarquía, que autorizaba y controlaba la empresa. Estas tres islas, tras su conquista, no se integraron en el régimen señorial, sino que permanecieron como tierras de realengo, bajo el dominio directo y jurisdicción de la Corona.
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