• No se han encontrado resultados

Adios a la razon - Paul Feyerabend.pdf

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Adios a la razon - Paul Feyerabend.pdf"

Copied!
192
0
0

Texto completo

(1)

Adiós a la razón

(2)

PAUL FEYERABEND

ADIOS A LA RAZON

(3)

Diseño de cubierta: Joaquín Gallego

T raducción de José R. de Rivera

1.a edición, 1984 R eim presión, 1987 2.a edición, 1992 3.a edición, 1996

R eservados todos los derechos. El contenido de esta obra está pro­ tegido po r la Ley, que establece penas de prisión y/o m ultas, ade­ más de las correspondientes indem nizaciones por daños y perjui­ cios, para quieres reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o com uni­ caren públicam ente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transform ación, interpretación o ejecución artísti­ ca fijada en cualquier tipo de soporte o com unicada a través de cualquier medio, sin la preceptiva autorización.

© P a u l F e y e r a b e n d

© ED ITO RIA L TECN O S, S.A., 1992

Juan Ignacio L uca de Tena, 15 - 28027 M adrid ISBN: 84-309-1071-9

D epòsito Legai: S. 710-1996

(4)

IN D IC E Pr ó l o g o a la e d ic ió n c a s t e l l a n a: Co n o c im ie n t o P A R A L A S U P E R V I V E N C I A ... P ág. 9 Ad ió s a la r a z ó n ... 19 1. P a n o r á m ic a ... 19 2. L a e s tr u c tu r a d e la cie n c ia ... 20 3. E s tu d io s d e c a s o ... 35 4. C ie n c ia : u n a tr a d ic ió n e n tr e m u c h a s ... 59 5. R a z ó n y p r á c tic a ... 69 6. E le m e n to s d e u n a s o c ie d a d lib re ... 81 7. B ien y m a l ... 85 8. A d ió s a la ra z ó n ... 93 Ci e n c i a: ¿ Gr u p o d e p r e s ió n p o l í t i c a o i n s t r u­ m e n t o d e in v e s t ig a c ió n? ... 103 Cie n c ia c o m o a r t e... 123 1. U n e x p e r im e n to r e n a c e n tis ta y su s c o n s e c u e n ­ c ia s 123 2. V a lo r a c ió n del e p is o d io ... 129 3. R e a l i d a d ... 144 4. A b s tra c c io n e s : «la» v e r d a d ... 160

5. L a c o n d ic ió n d e la v e rific a b ilid a d ... 183

6. R e s u m e n ... 187

(5)

PROLOGO A LA EDICION CASTELLANA

CONOCIMIENTO PARA LA

SUPERVIVENCIA

La ascensión del racionalism o en O ccidente es el resultado de dos desarrollos, uno g radual e involun­ tario , y o tro m ás bien rep en tin o y b asad o en la o b ra de un pequeño g rupo de intelectuales.

El prim er desarro llo reem plazó los conceptos ricos y dependientes de la situación, p ro p io s de la prim itiva épica, p o r unas pocas ideas ab stractas e independientes de la situación. El segundo d e sa rro ­ llo dio com ienzo con el descubrim iento, efectuado algo antes p o r P arm énides, de que las ideas ab stra c­ tas e independientes de la situación generan h isto ­ rias especiales, p ro n to llam adas «pruebas» o « ar­ gum entos», cuya tram a no es im puesta a los caracteres principales, sino que «se sigue de» la natu raleza de ellos. N o los relatos accidentales de una trad ició n que son a m enudo co n tra d ich o s por relatos procedentes de la m ism a trad ició n o de otras tradiciones, sino que son las pro p ias cosas las que pro d u cen la histo ria y la dicen «objetivam ente», esto es, independientem ente de las opiniones y de las com pulsiones históricas. Los dos desarrollos p ro n to se fu n d iero n , y su presión c o n ju n ta afianzó el criterio de que el conocim iento es único — existe una sola histo ria aceptable: la «verdad»— , abs­ trac to , independiente de la situación («objetivo») y b asado en arg u m en to . Se pueden h allar detalles y bibliografía en la sección 4 del ensayo «C iencia com o arte», incluido en el presente volum en, así

(6)

com o en mis escritos siguientes: Tratado contra el método (T ecnos, M ad rid , 1981), capítulo 17; Philo­ sophical Papers, vol. II (C am bridge, 1981), capí­ tu lo I; «X enophanes: a fo reru n n er o f critical ra tio ­ nalism ?», en G u n n a r A ndersson (ed.), Rationality in Science and Politics, D o rd rech t, 1983.

La idea ab stra cta del conocim iento desem peñó un im p o rtan te papel en la h isto ria de la ciencia y filo­ sofía occidentales, y ha subsistido hasta hoy. Es a m enudo incom pleta en un im p o rtan te aspecto: no revela si, y cóm o, los h u m an o s van a sacar prove­ cho de ella. Es, en p arte, una supervivencia de las m ás prim itivas form as de vida: el conocim iento ab s­ trac to , tal com o lo han p re sen tad o algunos de sus m ás relevantes cam peones, tiene m ucho en com ún con los decretos divinos, y el p ro p ó sito de los decretos divinos sólo en m uy escasas ocasiones es explicado. L a incom pletud es tam bién una conse­ cuencia n atu ra l del enfoque abstracto: los conceptos «objetivos», es decir, independientes de la situación, no pueden ca p ta r a los sujetos hum anos y el m undo tal com o es visto y co n fig u rad o p o r ellos. C on todo, los intelectuales han in ten tad o frecuentem ente extender el enfoque ab stra cto a to d o s los aspectos de la vida hum ana.

La tentativa es claram ente paradójica: conceptos que son definidos de acuerdo con argum entos o h istorias-prueba explícitos, claram ente form u lad o s y drásticam ente n o-históricos, no pueden expresar en ab so lu to el co n ten id o de conceptos que están a d a p ­ tad o s a las características — en p a rte co n ocidas, en p a rte desconocidas, p ero siem pre cam biantes— de las vidas de los seres h u m anos, y p o r ello co n stitu ­ yen p arte s inseparables de su histo ria. A lgunos de los prim eros físicos fueron conscientes del p ro ­ blem a. R idiculizaron a los filósofos que p reten d ían reducir todas las enferm edades a unas pocas nocio­ nes sim ples, y co n tra sta ro n la pobreza de esas

(7)

nociones con la riqueza de su p ro p ia experiencia p ráctica. P la tó n , pese a su inclinación fuertem ente teórica, nunca dejó de preocuparse p o r la m ateria, y a m enudo re to rn ab a a las form as tradicionales de pensam iento. P ero la m ayoría de los científicos y de los filósofos científicos no son conscientes de los problem as im plicados; p ara ellos, el enfoque abs­ tra c to es el único p u n to de vista aceptable. (E sto tam bién se aplica a pensadores m odernos, com o B ohm , P rigogine o T h o m , que rechazan el arm azón de la física clásica, d em an d an u n a filosofía m ás ad ecuada a los asu n to s hum anos, pero siguen cre­ yendo que una teoría ab stra cta que incluya m odelos de co n d u c ta h u m an a al lado de áto m o s y galaxias será la que dé en el clavo. Sólo B ohr y, h asta cierto p u n to , P rim as parecen h ab e r d ad o cabida a la sub­ jetividad de los seres hum anos individuales.)

Es in teresante ob serv ar que elem entos im p o rtan ­ tes del enfoque ab stra cto hacen su ap a rició n incluso en cam pos que han sido cultivados en ab ierta o p o ­ sición a él. Las h um anidades son un ejem plo. R etó ­ ricos, poetas, hum anistas, psicólogos hum anistas, historiadores, frecuentem ente han su b ra y ad o las deficiencias de los conceptos ab stra cto s y «objeti­ vos», y h an d esa rro llad o m odos altern ativ o s de investigación y descripción. P o r ejem plo, su b ra y a­ ron la im p o rtan cia de «com prender» m ás allá y p o r encim a de los experim entos, observaciones y arg u ­ m entos basados en ellos. Pero ese «com prender» que em p learo n era el suyo p ro p io , o bien un p ro ­ ceso con fo rm ad o p o r la profesión a la que perten e­ cían; la com prensión de personas ajenas en tró a fo rm a r p a rte de sus clases docentes y de sus libros sólo después de h ab e r sido tam izad a p o r ese filtro p artic u la r. P o r o tra p arte , las ideas de un individuo ingenioso o de un g rupo privilegiado se convierten en m odelo p ara la vida de los dem ás.

(8)

¿de qué o tra m an era podem os proceder?, ¿de qué o tra m anera podem os a d q u irir conocim iento sobre el m u n d o y la posición de los h u m an o s en él? C o n ­ seguir sab er cosas es u n a em presa difícil, y sólo unos pocos tienen tiem po y disposición p a ra ello. E sta es la razón p o r la cual necesitam os grupos especiales de gente especialm ente p re p ara d a; esta es la razón p o r la cual necesitam os expertos. Estoy de acuerdo en que necesitam os expertos. P ero la cues­

tión es: 1) ¿cóm o pro ced erían esos expertos?;

2) ¿cóm o han de ser ju zg ad o s sus resultados?, y 3) ¿quién tiene que decidir al respecto?

La tercera cuestión ya fue discutida en la a n ti­ güedad. H a b ía esencialm ente dos respuestas, a saber: 3A) los expertos deben ser juzgados p o r super-expertos, y 3B) los expertos pueden ser ju zg a­ dos p o r todos.

L a respuesta 3A era la de P latón. Los expertos, decía P latón, son m uy buenos d en tro de sus propios cam pos, pero carecen de un sentido de perspectiva y desconocen cóm o se hacen consistentes los resul­ tad o s especiales. Los filósofos (de la línea correcta) sí tienen este conocim iento. P o r ta n to , debiera d á r­ seles el p o d e r de ac o m o d a r la sociedad de acuerdo con sus ideas. A ún hoy p erd u ra p arte de la res­ pu esta de P lató n . Se halla en la creencia de que hay ciencias básicas y ciencias m ás periféricas, y que la em presa de a v a n zar y co m en tar el conocim iento co rresp o n d ería exclusivam ente a las ciencias b á­ sicas.

La respuesta 3B parece h ab e r sido la de P ro tág o - ras. Según él, los ciudadanos de u n a dem ocracia d onde la inform ación es fácilm ente disponible des­ cu b rirán p ro n to la fuerza y la debilidad de sus expertos. C om o los m iem bros de un ju ra d o , descu­ b rirá n que los expertos tienden a exagerar la im p o r­ tan cia de su labor; que expertos diferentes tienen a m enudo opiniones diferentes sobre el m ism o asunto:

(9)

que están relativam ente bien in form ados en un pequeño cam po, pero que son m uy ignorantes fuera de él; que casi nunca adm iten esta ignorancia y ni siquiera son conscientes de ella, pero la salvan m ediante un lenguaje altiso n an te, e n g a ñ an d o de este m odo a sí m ism os y a los dem ás; que no les repugnan las tácticas de presión de la p e o r especie; que p retenden b uscar la verdad y u sar la razón cu a n d o su guía es la fam a y no la v erd ad , ni el deseo de e s ta r en lo c o rre c to , ni la ra z ó n , etc. Es inútil esp erar — concluirá así su inform e un p ro ­ p o n en te de la respuesta 3B— que el supercientífico esté libre de tales defectos: muy al c o n tra rio , al carecer de controles y contrapesos, pueden cu ltiv ar­ los y hacerlos florecer del m odo que deseen.

E stos de acu erd o con esta respuesta. Llevo in ten ­ tan d o explicarlo hace unos quince años, y m ás recientem ente en L a ciencia en una sociedad libre (F ra n k fu rt, 1980 [Siglo X X I, M éxico-M adrid-B o- g o tá, 1982]) y en el volum en II, ca p ítu lo 1, de mis Philosophical Papers. Los expertos — decía yo— están pag ad o s p o r los ciudadanos; son sus sirvien­ tes, no sus am os, y h an de ser supervisados p o r ellos com o el fo n tan e ro que re p a ra u n a g otera ha de ser supervisado p o r la persona que lo co n tra ta; de o tra m anera, ésta ten d rá que hacerse cargo de i'n a ab u ltad a fa ctu ra e incluso de una g otera aún m ayor. Es inútil esp erar que la ética profesional de un cam p o se preocupe del asu n to p o r d en tro . P ara em pezar, u n a ética supone que el cam po es im p o r­ tan te y que debe crecer. Los ciu d ad a n o s de u n a sociedad libre pueden ten er diferentes p rioridades (p o r ejem plo, pueden decidir que es m ás im p o rtan te m ejorar la calidad del aire, del agua y de los ali­ m entos, que fin an ciar aú n m ás esa on ero sa versión de la filatelia que se conoce p o r física de alta ener­ gía). ¿Y p o r qué h ab ríam o s de co n fia r en los cientí­ ficos d e n tro de su cam p o cu an d o no confiam os en

(10)

ellos fuera de él, som etiéndolos a las leyes civiles de la sociedad en que viven? Ciertamente, hay científi­ cos que ro b a n , asesinan, m ienten, a pesar del hecho de que la ética general parece p ro h ib ir tal co m p o r­ tam iento. ¿P or qué h a b ría n de ser m ás h o n ra d o s al dedicarse a sus especialidades?

P ero, ¿es realista qu erer c o n tro la r no sólo la co n ­ d u cta de los científicos, sino tam bién la dirección de sus investigaciones y la validez de los resultados que ellos obtengan (cuestión 2)? P o r ejem plo, ¿es realista esperar que los deseos de los ciu d ad an o s libres p o r u n a visión m ás arm o n io sa del m undo — verbigracia, p o r u n a visión que utilice la religión p a ra p o n e r en perspectiva los logros del m a te ria ­ lism o— pueden re-dirigir la ciencia sin grave dete­ rio ro en la calidad de nuestro conocim iento? ¿N o es u n a locu ra d ejar que los sueños anted ilu v ian o s de unos incom petentes perjudiquen un cuerpo de conocim iento y un m odo de investigación que han sido d esa rro llad o s d u ra n te siglos y apoyados p o r excelentes arg u m e n to s y p o r la evidencia del tipo m ás p o deroso y delicado? El ensayo «Ciencia: ¿grupo de presión política o in stru m en to de investi­ gación?» in ten ta re sp o n d er a estas preguntas. En breves palab ras, la respuesta es com o sigue.

En prim er lugar, los logros de la ciencia m o d ern a parecen im p o rtan tes, y el d a ñ o p a ra ellos parece desastroso, sólo si ya se h a acep tad o u n a cierta visión de la n atu ra leza y un cierto p ro p ó sito de conocim iento. Sin em bargo, hay m uchas visiones así, y cada u n a de ellas ha en g en d rad o cu ltu ra s con «resultados» y con «conocim iento» que guían y d an conten id o a las vidas de m ucha gente. C ualq u ier d a ñ o a un co nocim iento de este tipo significa un d a ñ o personal a la gente im plicada. El hecho de que nuestros intelectuales de tendencia científica hablen de desilusiones y de un progreso glorioso que las elim ina no cam bia esta situación; sólo

(11)

revela la falta de respeto que m uestran los intelec­ tuales p o r las form as de vida diferentes a las suyas. E n u n a d em o cracia, no hay d u d a de que tienen derecho a esa falta de respeto, pero no tienen dere­ cho a que to d a la sociedad se ad a p te a ella.

En segundo lugar, m uchos de los d en o m in ad o s logros del m aterialism o científico son rum ores, no resu ltad o s científicos. P o r ejem plo, no existen g ru ­ pos de c o n tro l integrados p o r v o lu n tario s, trata d o s p o r m étodos no científicos, p ara an alizar la eficien­ cia de la m edicina científica m oderna en áreas tales com o el cáncer, la n utrición, etc. En m uchos países, y en m uchos de los E stados de E E .U U ., la fo rm a­ ción de g ru p o s de c o n tro l está p ro h ib id a p o r la ley, lo cual significa que los físicos h an conseguido em plear la ley com o p rotección c o n tra posibles objeciones científicas. P o r o tro lado, co rresp o n d e a los ciu d ad a n o s ev alu ar y, quizá, ca m b ia r esta situ a­ ción m ediante iniciativa o votación popular.

En tercer lug ar, y lo que es m ás im p o rta n te , la ciencia, tal como es practicada por los grandes cientí­ fic o s (en c u a n to opuestos a la congregación de

escritorzuelos que se d an el m ism o nom bre), tiene un carácter tan abierto que no sólo permite, sino que incluso demanda, la participación democrática. P ara ver esto, supóngase que u n a visión, A, que goza de las m ás altas credenciales científicas, es co n fro n tad a p o r o tra visión, B, que en tra en conflicto con A, contradice la evidencia y los m ás im p o rtan tes p rin ­ cipios científicos, y es adem ás b a sta n te ridicula y carente de desarro llo . En este caso, el ju icio de los intelectuales de tendencia científica será claro: A subsiste; los defensores de A reciben to d o lo que la investigación g aran tiza e star disponible en el área; B debe d esaparecer, y no h ab ría que desperdiciar tiem po y dinero en in ten tar desarro llarla m ás.

Este juicio p ara p o r alto algunas características interesantes e im p o rtan tes de la investigación cientí­

(12)

fica: solía suceder que d eterm inados investigadores enfrentados con alternativas tales com o A y B se las a p a ñ a b a n p a ra tran sferir de A a B ta n to la eviden­ cia com o el apoyo de los principios básicos; esto es, tran sfo rm ab an B en una p arte respetable de la cien­ cia y m o stra b a n que A carecía de m érito (los capí­ tulos 6 al 12 de Tratado contra el m étodo describen tal desarrollo). A h o ra bien, a p a rtir de la n aturaleza de la situación resulta claro que esos d esarrollos no p ueden preverse de u n a m an era científica; ni los p a rtid a rio s de A ni los p a rtid a rio s de B pueden ofrecer argum entos contundentes p ara la o tra parte. C on to d o , las conseuencias de defender A o B p u e­ den afectar a la sociedad en su co n ju n to , lo cual significa que el asu n to ha de decidirse de una m an era dem ocrática, bien p o r votación, bien p o r consenso. Y, com o todos los casos en que la ciencia en tra en conflicto con las d em andas p o pulares son del tip o descrito, toda investigación científica está en principio sujeta a una votación democrática.

C on esto llego finalm ente a la cuestión de la supervivencia: la supervivencia de la n aturaleza y de la hu m an id ad ante la m ala ad m inistración, la con­ tam in ació n y la am enaza de una g uerra nuclear. E sto, en lo que a mí se refiere, es el p ro b lem a más difícil y u rgente que existe. N os concierne a todos: to d as las clases, to d o s los países, to d o el ám b ito de la n atu ra leza están afectados p o r él de la m ism a m anera. N os fuerza a considerar seriam ente nues­ tras prioridades: ¿podem os c o n tin u ar desarro llan d o asu n to s recónditos y explayando sobre la belleza de soluciones que son evidentes para sólo unos pocos especialistas?; ¿podem os c o n tin u ar siguiendo el ejem plo de nuestros intelectuales, cuando sabem os que ellos ac o stu m b ra n a reem plazar los tem as h u m an o s sim ples p o r m odelos de sí m ism os, com ­ plejos e inútiles (m arxism o, m odelos evolucionistas, teoría de sistem as, etc.)?; ¿podem os co n tin u ar acep­

(13)

tan d o sus proposiciones y sus visiones del m undo que no in co rp o ran a los seres h u m an o s y sí sus caricatu ras teóricas, de las que han sido elim inadas la p a rte m ás im p o rta n te de la v id a h u m a n a , su subjetividad?, ¿o acaso no es necesario in fo rm ar a todos de las opciones disponibles y dejar que ellos decidan de acu erd o con sus am ores, sus m iedos, su piedad y su sentido de lo sagrado? H em os visto que los cam pos m ás ab stra cto s del conocim iento no sólo perm iten la p articipación de todos los ciuda­ d anos, sino que invitan a ella. Sabem os que los ciu­ d ad a n o s de la m ay o r p arte de los países occid en ta­ les van m uy p o r delante de sus políticos en su deseo de fren ar la ca rrera de arm am en to s. Sabem os tam ­ bién que el sentido com ún suele ser su p erio r a las p roposiciones de los expertos; esto lo d em u estran los juicios p o r ju ra d o que utilizan expertos. C o m b i­ nem os estos descubrim ientos y desarrollem os una nueva clase de conocim iento que sea h u m an o no p o rq u e inco rp o re una idea ab stra c ta de h u m an id ad , sino p o rq u e to d o el m u n d o p u ed a p a rtic ip a r en su construcción y cam bio, y em pleem os este conoci­ m iento p a ra resolver los dos problem as pendientes en la a c tu a lid a d , el p ro b lem a de la supervivencia y el p ro b lem a de la paz; p o r un lado, la paz entre los h u m a n o s y, p o r o tro , la paz en tre los h u m a n o s y to d o el co njunto de la N aturaleza.

(14)
(15)

ADIOS A LA RAZON

T rad u cció n de la versión inglesa de la respuesta a los ensayos recogidos p o r H. P. D ü rr, en Versu- chungen (T entaciones), F ra n k fu rt, 1981. D ifiere de la versión alem ana.

La versión alem ana de este ensayo se b asab a en la tam b ién versión alem an a de A gainst M ethod (tra ­ ducción al castellano: Tratado contra el método, Ed. T ecnos, M adrid, 1981; abreviatura: TCM ), que difiere de las versiones inglesa, francesa y h o lan ­ desa. E rkenntnis f ü r fre ie Menschen (C onocim iento p ara hom bres libres; abreviatura: EFM) es u n a ver­ sión am p liad a al alem án de la o b ra Science in a Free Society (traducción al castellano: L a ciencia en una sociedad libre, M adrid, 1982; abreviatura: C SL). N o contiene los capítulos sobre K uhn, la R evolu­ ción C o p ern ica n a, A ristóteles y las respuestas a las críticas, que en la versión inglesa su p o n ían m ás de la m itad del texto. En su luga se ofrece u n a explica­ ción m ás d etallad a de la relación entre razó n y práctica, u n capítu lo am pliado sobre el R elativism o, un resum en del d esarro llo filosófico desde Jen ó fa- nes a L ak ato s, así com o u n a reconstrucción racio­ nal del d eb ate entre el a u to r y estudiantes de la U niversidad de Kassel.

Las notas a pie de página deben leerse ju n to con el texto: son c o n tra p u n to , no m eras ideas ela b o ra ­ das posteriorm ente.

1. P A N O R A M IC A

En T C M y en E F M he tra ta d o los tem as siguien­ tes: la estructura del raciocinio científico y el papel

(16)

de u n a filosofía de la ciencia; la autoridad de la ciencia co m p a ra d a con o tra s form as d e vida; la au to rid a d de las tradiciones en general y el papel del p en sam ien to científico (filosofía, religión, m eta­ física) y de los ideales abstracto s (p o r ejem plo, el hum anitarism o).

2. LA E S T R U C T U R A D E LA C IE N C IA

E n lo que concierne al prim er pu n to , mis ideas son las siguientes: las ciencias n o poseen una estruc­ tu ra com ún, no hay elem entos que se den en toda investigación científica y q u e no aparezcan en o tro s

dom inios O casionalm ente, desarrollos concretos

tienen rasgos distin to s y p o r ello, en ciertas circuns­ tancias, p o d em o s decir p o r qué y cóm o h an c o n d u ­ cido tales rasgos al éxito. P ero esto no es verdad p a ra to d o d esa rro llo científico, y un procedim iento que nos ay u d ó en el p a sa d o puede p ro n to llev arn o s al desastre. L a investigación con éxito n o obedece a estándares generales: ya se apo y a en una regla, ya en o tra , y n o siem pre se conocen explícitam ente los m ovim ientos que la hacen avanzar. U na teo ría de la ciencia que a p u n ta a estándares y elem entos estruc­ turales com unes a todas las actividades científicas y las au to ric e p o r referencia a alguna teo ría de la racio n alid ad del quehacer científico, puede parecer m uy im ponente, pero es un in strum ento dem asiado tosco p a ra ay u d a r al científico en su investigación. P or o tro lado, podem os en u m erar m étodos em píri­ cos, aducir ejem plos históricos; usando estudios de caso podem os in ten tar d em o strar la inherente com ­ plejidad de la investigación y p re p ara r así al

cientí-1 La o b jeció n d e q u e sin tales elem entos la p a la b ra «ciencia» n o te n d ría sig n ificad o p re su p o n e una teoría del sig n ificad o que h a sid o c ritic a d a , con razones excelentes, p o r O c k h am , Berkeley y "W ittgenstein.

(17)

fico p a ra la ciénaga en que va a p en etrar. T al p ro ­ cedim iento le d a rá u n a idea general de la riqueza del proceso h istórico en que él quiere influir; le an im ará a d ejar a trá s cosas infantiles, com o la lógica y los sistem as epistem ológicos; le a y u d a rá a p ensar en d erro tero s m ás com plejos, y esto es to d o lo que p o dem os hacer, dada la naturaleza del m ate­ rial. U na te o ría que p re te n d a m ás perd erá el co n ­ ta c to con la realid ad precisam ente c u a n d o deb ería ser p u ram en te n o rm ativ a. N o sólo las n o rm as son algo que n o u san los científicos: es imposible obede­ cerlas, lo m ism o que es im posible escalar el m onte Everest usan d o los pasos de ballet clásico.

Las ideas expuestas (ilustradas con ejem plos his­ tóricos en TC M ) no son nuevas. Las en c o n tram o s en B oltzm ann, M ach, D uhem , E instein y tam bién, de una form a filosóficam ente desecada, en W itt- genstein. E sto s científicos y o tro s antes de ellos han exam inado abstracciones com o «espacio», «tiem po», «substancia», «hecho», «espíritu», «cuerpo», y las en c o n traro n defectuosas. N i las m ism as leyes de la lógica q u e d a ro n exentas de sus d u d as, y, p o r ejem ­ plo, B oltzm ann las consid erab a com o ayudas tem ­ porales al pensam ien to que p ro n to serían sustitui­ das p o r leyes m ejores

Estos científicos creían que to d o lo que influye en la ciencia debe tam b ién ser exam inado p o r ella. H acer ciencia no significa resolver problem as sobre la base de condiciones externas p reviam ente c o n o ­ cidas, p o n er restricciones a la investigación y ca p a­ citarn o s p ara an ticip ar propiedades generales de to d as las posibles soluciones (por ejem plo, to d as las soluciones son «racionales» y conform es a las leyes de la «lógica»); significa a d a p ta r cu alq u ier conoci­ m iento que u n o tenga y cualquier in stru m en to

(físico, psicológico, etC:) que u n o use a las ideas y

(18)

exigencias de un p artic u la r estadio histórico. Un científico no es u n sum iso tra b a ja d o r que obedece piadosam ente a leyes básicas vigiladas p o r sum os sacerdotes estelares (lógicos y /o filósofos de la cien­ cia), sino que es un oportunista que va plegando los resu ltad o s del p a sa d o y los m ás sacros principios del presente a u n o u o tro objetivo, suponiendo que llegue siquiera a prestarles atención 2. Los p rin ci­ pios generales p ueden d esem peñar un papel, pero son usados (y, todavía con m ayor frecuencia, a b u ­ sados) de acuerdo con la situación concreta de la investigación. Es inútil in ten tar «explicar» o «justi­ ficar» o «presentarlos sistem áticam ente» y los cien­ tíficos q u e a c ab o de m en cio n a r llam an realm ente a sus invenciones «aperçus» u «observaciones m ar­ ginales» o incluso «jokes» (brom as) 3. Especial­ m ente, M ach rehusaba h ab lar de «filosofía». E n la m edida en q u e el científico está interesado, hay tam bién investigación, hay m étodos em píricos ilus­ trad o s históricam ente p a ra científicos del fu tu ro , y no hay m ás que hablar.

L os e sq u e m a tis m o s de la lógica fo rm al y de la lógica in d u ctiv a tien en sólo p o ca u tilid ad p a ra la in vestiga­ ció n , p o rq u e la situ ació n in telectu al ja m á s se repite de la m ism a fo rm a. Sin e m b a rg o , los ejem p lo s de los g ra n d es cien tífico s son m u y estim u lan tes, y así es co m o se d a el in te n to de re aliz a r ex p erim en to s m e n ta ­ les a su m an e ra. E sta es, pu es, la fo rm a en que gene­ ra cio n es p o ste rio re s h an hech o a v a n z a r a la ciencia [...]4. 2 E instein escribe (P. A. Schilpp [éd.], A lbert Einstein: Philo­

sopher Scientist, New Y ork, 1951, pp. 683 ss.): «L as co n d icio n es

e x te rn as e stab lecid as [p a ra el científico] p o r los h ech o s d e la experiencia no le p erm iten restringirse él m ism o d e m a sia d o en la c o n stru cc ió n de su m u n d o co n cep tu al a d h irién d o se a un sistem a e p istem ológico. P o r esta ra zó n , a n te los ojos del epistem o lo g ista sistem ático d eb e a p are ce r co m o u n o p o rtu n is ta sin e sc rú p u ­ los [...].»

1 « A perçus», en E. M ach , A nalyse der Em pfindungen, Je n a , 1922, p. 39; « Jo k es» , en P hilipp F ra n k , Einstein, his L ife and

Times. L o n d o n , 1948, p. 261.

(19)

T o d as las ciencias, psicología, fisiología incluida, c o la b o ra ro n en el exam en de categorías tra d ic io n a ­ les, com o la categ o ría de u n a existencia objetiva, y el estudio de la h istoria se a d a p ta al m ism o p ro p ó ­ sito 5. Incluso las leyes m ás fu ndam entales del pen­ sam iento pueden ser d errib ad as en el curso del cam bio científico. E sto no fue p a lab rería vacía; se tra tó de ideas fecundas: la revolución de la física m o d ern a h u b iera sido im posible sin ellas 6. Surgió entonces u n a física que no era ya un esquem a de predicciones, sino u n a concepción filosófica, y esta concepción, a su vez, no era sim ple verbalism o inte­ lectual: estab a llena de contenido concreto.

A hora bien, es in teresante co n tem p lar cóm o esta fecunda co lab o ració n entre pensam iento filosófico, estudio histórico e investigación científica cesó repentinam ente y fue sustituida p o r un nuevo prim i­ tivism o filosófico 1. C ircu n d ad o s p o r descubrim ien­ tos rev o lu cio n ario s en el cam p o de las ciencias, p o r interesantes p u n to s de vista en las artes, p o r so r­ prendentes d esarrollos en política, los «filósofos» del C írculo de Viena se re tira ro n a un estrecho y mal constru id o bastión. Se rom pieron los lazos con la historia; dejó de usarse el tra ta r tem as distantes p a ra so lu cio n ar p roblem as filosóficos; se im puso una term inología ajena a las ciencias, así com o pro b lem as sin relevancia científica 8. D espués de un largo p erío d o de tiem po, Polanyi y luego K uhn fue­

5 Se recu erd a al lector có m o usab a A ristó teles la h isto ria p a ra a y u d a r a la filo so fía y las ciencias e in te g ra b a en el p ro ceso fisica, bio lo g ía, psico lo g ía, filosofía p o lítica, re tó rica , teo ría de las ideas y de la poesía.

6 El in te n to de Z a h a r de m o stra r que E instein fue un p o p p e ­ ria n o y que só lo M ach le h a b ría p o d id o fre n a r en d ich a ten d e n ­ cia h a sido re fu ta d o en el vol. II, cap. 6, de m is Philosophical

Papers, C am b rid g e, 1981.

* Así es co m o yo in te rp reté la situ ació n de fo rm a m uy dife­ ren te a la de R avetz.

(20)

ro n los p rim eros pensadores qué co m p araro n la filosofía escolar resultante con su preten d id o objeto — la ciencia— y m o straro n así su ca rác te r de ilu­ sión. E sto no m ejoró la situación. Los filósofos no volvieron a la histo ria. N o a b a n d o n a ro n las c h a ra ­ das lógicas que eran su negocio actual. Las enrique­ cieron con nuevos gestos vacíos, la m ayoría to m a ­ dos de K hun («paradigm a», «crisis», «revolución», etcétera), sin tener en cu en ta el contexto, y com pli­ caron su do ctrin a, pero no la acercaron más a la realidad 9. El positivism o pre-ku h n ian o era infantil, pero relativam ente claro (esto incluye a P o p p er que es u n positivista en to d o s los aspectos relevantes). El positivism o p o st-k u h n ian o ha p erm anecido sien­ do infantil, pero adem ás es muy oscuro.

Im re L ak a to s fue el único filósofo de la ciencia que se enfrentó seriam ente con el desafío de K uhn. C o m b atió a K uhn sobre su p ro p io fu n d a m e n to y con sus p ro p ias arm as. A dm itió que el positivism o y el falsificacionism o ni ilum inan al científico ni le ayudan en su investigación. Sin em bargo, negó que ad e n trarse m ás en la h isto ria fo rzara a u n a relativi- zación de to d o s los estándares. Esa puede ser la reacción de un racio n alista confuso que se enfrenta p o r p rim era vez a la h istoria en to d o su esplendor. Pero un estudio m ás p ro fu n d o del m ism o m aterial m uestra que los procesos científicos com p arten una estru c tu ra y obedecen a reglas generales. H ay u n a teo ría de la ciencia y, m ás g eneralm ente, u n a teo ría de la ra cio n alid ad p o r la que el pensam ien to p ene­ tra en la h istoria de una form a legítim a.

9 Polanyi tiene só lo u n a influencia m en o r: él era d e m a siad o difícil p a ra los cientos de jó v en es sociólogos y filósofos de la ciencia que preferían fraseologías m ás m anejables y co n cep to s a c a b a d o s a un tip o de co m p re n sió n que n o p u ed e co m p rim irse en u n esq u em a filosófico. A d em ás, él e stab a in flu id o p o r K ier- keg aard , u n o de los m ás rad icales enem igos de u n a filosofía de «resultados».

(21)

En TCM , así com o en el capítu lo 10 del volum en II de mis Philosophical Papers (C am bridge 1981) he in ten tad o re fu ta r esta tesis. Mi fo rm a de proceder fue p arcialm ente a b stra cta, consistiendo en u n a crí­ tica de la interp retació n de la h istoria hecha p o r L akatos, p arcialm ente histórica. A lgunos críticos niegan que mis ejem plos históricos apoyen mi causa (abajo serán tra ta d a s sus objeciones). Sin em bargo, si estoy en lo ju s to — y me hallo b a sta n te seguro de ello— , entonces es necesario volver a la posición de M ach y Einstein. E ntonces es im posible u n a teoría de la ciencia. Sólo existe un proceso de investiga­ ción, y hay to d o tip o de reglas em píricas que nos ayudan en n u estro in te n to de avanzar, pero que tie­ nen que ser siem pre exam inadas p a ra aseg u rar que siguen siendo útiles 10.

C on esto tenem os u n a sencilla respuesta a las diversas críticas que o me corrigen p o r o ponerm e a las teorías de la ciencia y p o r llegar a d esa rro llar yo m ism o u n a teo ría, o me reprenden p o r n o d a r «una d eterm inación positiva d e aquello en que consiste u n a b u en a ciencia» (D iederich): si u n co n ju n to de reglas em píricas es llam ado «teoría», entonces, desde luego, yo tengo u n a teo ría —pero esto difiere considerablem ente de los antisépticos castillos so ñ a ­ dos de K ant y Hegel o de las perreras de C a rn a p y P opper. P or o tra p arte , M ach y W ittgenstein care­ cen de un im po n en te edificio m ental, de un «sis­ tem a», com o les gusta decir a los alem anes, n o p o r carecer de potencia especuladora, sino p o r haberse

10 ¿C uáles son los criterio s q u e g u ían el p ro ceso d e c o m p ro ­ bación? H ay criterio s q u e p arecen m ás a p ro p ia d o s p a ra la situ a­ ción a m an o . ¿C ó m o p o d rá d e te rm in a rse su ad ec u ac ió n ? N o s­ o tro s la constitu im o s en la m ism a investigación q u e realizam os: los c riterio s n o só lo enjuician sucesos y p rocesos; con frecuencia q u e d an constituidos p o r d ich o s elem entos y deben ser in tro d u c i­ d o s d e e sta fo rm a , o , d e lo c o n tra rio , la in v estig ació n jam á s p o d rá ser iniciada. Cf. TCM , p. 16.

(22)

p ercatad o de que los «sistem as» p o d ría n ser la m uerte de las ciencias (artes, religión, etc.) u . Y las ciencias n atu rales, especialm ente la física y la a s tro ­ nom ía, introducen el argum ento, no p o rq u e yo esté «fascinado p o r ellas», com o han n o tad o algunos

" L ak a to s , W o rral y L enk desp u és de él h a n p re se n ta d o la o bjeción de q u e , si esto p o d ría ser v erd ad en las reglas episte­ m ológicas que in te n ta n guiar la investigación, n o p o d ría , en c am b io , ap licarse a las p a u ta s con que se ju zg a n resultados. A h o ra bien, tales ju icio s o lim itan la in vestigación, o so n a cto s verbales sin consecuencias p rácticas. L ak a to s, W o rral y L enk, en reacción a a n te rio re s o b serv acio n es críticas m ías y d e M us- g ra v e , e x clu y en la p r im e r a a lte r n a tiv a (cf. L a k a to s , e n C. H o w so n [ed.], M e th o d and A p praisal in the P hysical Sciences, C am b rid g e, 1976, p p . 15 ss.) e identifican la h o n e stid a d cientí­ fica con el o frec im ie n to de descrip cio n es co rre c ta s, en p a la b ra s de L ak a to s , de estad io s tra n s ito rio s d e la investigación sin afec­ t a r a los m ism os estad io s. P ero ¿cuál es la u tilid a d de u n a ética d o n d e un la d ró n p u ed e ro b a r to d o lo q u e q u iera , es a la b a d o c o m o u n h o m b re h o n ra d o p o r la policía y p o r el h o m b re de la calle a c o n d ició n de que él cu en te a to d o s que es u n lad ró n ? Si éste es el s e n tid o en que la m e to d o lo g ía de los p ro g ra m a s de in vestigación difiere del « a n arq u ism o » , en to n ces yo estoy d is­ p u e sto a co n v ertirm e en un seg u id o r de los p ro g ra m a s d e inves­ tigación. P o rq u e ¿quién n o p re fe rirá ser a la b a d o a ser c riticad o c u a n d o to d o lo que tien e q u e h acer es d escrib ir sus a cto s en la je rg a de u n a d e te rm in a d a escuela? Cf. mis Phil. Papers, vol. II,

cap. 10, n o ta 25.

E n su a u to b io g ra fía , que c o n tien e la relació n m ás c la ra so b re la filo so fía d e P o p p e r, he leído en alg ú n sitio q u e G e ra rd R ad- n itz k y escribe q u e yo h e « m alo g rad o el p ro b lem a d e la e v alu a­ ción de la teo ría ta n to co m o a n tes lo h izo K u h n » (Philosophers

on th eir own work, ed. A . M e rcie r am d M. Svilar, vol. 7, B erne-

L as V egas, 1981, p. 167). El a rg u m e n to en el tex to m u e s tra que n o h em o s e stro p e a d o el p ro b lem a, sin o q u e lo h em o s a rtic u la d o — n o existe un p ro b le m a de ev alu ació n de te o ría s co n u n a s o lu ­ ció n , sin o q u e h ay ta n to s p ro b le m a s y ta n ta s so lu cio n es co m o teo rías m ay o res— y le h em os asig n ad o a él, o, m ejo r d ich o , a los m u ch o s p ro b lem as q u e h an sid o re em p la z ad o s p o r los sim ­ p lista s c u en to s d e h a d a s de los filósofos, su co n te x to ad ecu ad o , el d e la investig ació n científica real: las filosofías q u e se o c u p an de la e v alu ació n de teo rías en fo rm a a b s tra c ta e in d ep e n d ien te ­ m ente d e la situ ació n en in vestigación en q u e d e b ería realizarse la ev alu ació n no son sino necios in te n to s de c o n s tru ir u n ins­ tru m e n to d e m ed id a sin c o n s id e ra r lo q u e se va a m e d ir y en q u é c ircu n stan cias. Cf. C SL, p. 33.

(23)

críticos, sino p o rq u e son el tem a en cuestión: m atem áticas, física y astro n o m ía fueron las arm as que u saro n los positivistas y sus an g u stiad o s a n ta ­ gonistas, los racionalistas críticos, p a ra asesinar o tra s filosofías; a h o ra esta arm a se vuelve c o n tra sus utilizadores y d isp ara c o n tra ellos llfl.

T am p o co h a b lo de p ro g reso p o rq u e yo crea en él o sepa lo que significa, sino con el p ro p ó sito de crear dificultades a los racionalistas, que son, pues, los am antes del p rogreso (utilizar u n a reductio a d absurdum no im plica que el arg u m e n tan te tenga que ac ep tar las prem isas 12 [cf. TCM, p ág in a 12]). En lo que concierne al lem a «todo sirve», sin em b arg o el asu n to es m uy sencillo. E n TCM , esta consigna sólo aparece u n a vez y yo explico lo que significa {TCM, página 12):

A q u ien es co n sid eren el rico m aterial que p r o p o r ­ cio n a la h isto ria y n o in te n ten em pobrecerlo, p a ra d a r satisfacció n a sus m ás b ajo s in stin to s y a su d eseo de s e g u rid ad in telectu al con el p re te x to d e c la rid a d , p re ­ cisión, « o b jetiv id ad » , «verdad», a esas p e rso n as les p a rec erá q u e sólo hay u n p rin cip io q u e p u ed e defen ­ d erse b a jo cualquier c ircu n stan cia y en todas las eta p as del d e s a rro llo h u m an o . M e refiero al p rin c ip io todo

sirve.

E sta es u n a explicación en sí ya clara, pero puede leerse to d av ía de d os form as: yo a d o p to d icho lem a y sugiero se use com o base del p ensam iento; yo no

110 A d em ás, c u alq u ier n iñ o puede a ta c a r un racio n alism o a b s­ tra c to co n m ate ria l sacad o de las ciencias sociales o de las h u m an id ad es. L os rasgos irracio n ales de las ciencias n a tu ra le s son alg o m u ch o m ás difícil d e id en tificar, son m u ch o m ás so r­ p re n d en tes y — éste es el p u n to cen tral— tien en su b sta n c ia .

12 P arece que u n s o rp re n d e n te n ú m ero de c ríticas no conoce esta sim p le reg la d e a rg u m e n ta c ió n que e ra y a a rc h isa b id a p o r P la tó n , y q u e fue c o d ifica d a p o r A ristó teles en sus Tópicos: los m ás c la m o ro s o s d efen so res del racio n alism o n o co n o cen el c o n ­ ten id o d e su d o c trin a fa v o rita . P a ra m ás d etalles, cf. C S L , p a rte terc era (« C o n v ersacio n es con an alfab e to s» ), esp ecialm en te p p. 182 ss.

(24)

lo ad o p to , p ero describo sim plem ente el destino de un am an te de los principios que to m a en con sid era­ ción la historia: el único p rincipio que le q u ed a será el «todo sirve». E n la página 17 de T C M (y lo rep ito en E F M y en C SL ) he rech azad o explícita­ m ente la p rim e ra in te rp re ta c ió n . Yo escrib o ahí:

M i in te n c ió n n o es su s titu ir u n c o n ju n to d e reglas g en erales p o r o tro c o n ju n to ; p o r el c o n tra rio , mi in te n c ió n es c o n v en cer al lec to r de q u e todas las m eto ­

dologías, incluidas las m ás obvias, tienen sus lím ites u .

U n crítico irrita d o , que d esgraciadam ente n o h a sido bendecido p o r un exceso de inteligencia, d enom ina este co m en ta rio un «intento de in m u n iza­ ción». P ero u n o , ciertam ente, debe distinguir entre correcciones que d an nuevos significados a afirm a­ ciones an terio res y o tras correcciones que citan afirm aciones ya hechas pero pasadas por alto p o r la crítica. Mis com entarios son del segundo tipo y reve­ lan o u n a fa lta de pensam iento claro o u n a conside­ rab le fa lta de cu id ad o p o r p a rte de m is lectores m enos am istosos 14.

13 El p asaje co n tin ú a : «L a m ejo r m an e ra de h a ce r ver esto co n siste en d e m o s tra r los lim ites, e incluso la irra c io n a lid a d de a lg u n a de las reglas q u e la m eto d o lo g ía o el lec to r g u sta n consi-j d e ra r co m o básicas. E n el caso de la in d u cció n (in clu id a la in d u cció n p o r fa lsació n ) lo a n te rio r equivale a d e m o s tra r q u e la í c o n tra in d u c c ió n puede ser d efen d id a sa tisfac to ria m e n te con ! a rg u m e n to s [...]»: la co n tra in d u c c ió n es u n a p a rte de la crítica de m éto d o s trad icio n a le s, no el p u n to de p a rtid a de u n a nueva m eto d o lo g ía co m o parecen su p o n e r m uchos críticos.

14 U n ejem p lo in te res an te , y ex tre m o , en cierto m o d o , es la ! recen sió n de m is lib ro s en la N ew Y o rk R eview o f B o o ks hech a ( p o r J o ra v sk y . C ie rta m e n te , a Jo ra v sk y n o le g u sta m i estilo , m i

fo rm a de p re sen ta r, mis ideas; esto lo m anifiesta con c la rid a d y ab u n d a n te m e n te . Sin em b a rg o , m e p id e q u e a p o rte criterio s p a ra p referir u n a te o ría o un p ro g ra m a d e investigación a o tro s. Pero ésta es p recisam en te la cu estió n que yo p lan te o y re sp o n d o en T C M y en C S L . E n TC M , el co n te x to es la inv estig ació n c ien tífica y la re sp u esta es; los c rite rio s p a ra la in v estig ació n científica v arían de un p ro y ecto d e investigación al p ró x im o . In te n ta r d isc u tirlo s y fijarlo s in d ep en d ien tem en te de la situ ació n

(25)

La situación se clarifica aú n m ás si se co nsideran las siguientes circunstancias 15.

D espués de p ro d u c ir la consigna «to d o sirve», escribí: «Este p rin cip io debe a h o ra ser exam in ad o y explicado en sus detalles concretos ( T C M , pági­ na 12). Lo que quiere decir: el principio carece

q u e se p resu m e d eb en g u ia r ellos m ism os es alg o ta n necio co m o in te n ta r c o n stru ir un in stru m e n to d e m ed id a sin sa b e r lo q ue u n o v a a m ed ir. E n C S L , el co n te x to es u n a so c ied a d lib re, y la resp u esta: los re su lta d o s científicos son v a lo ra d o s p o r las p a u ta s de la trad ició n a q u e se ofrecen , lo q u e n a tu ra lm e n te p re su p o n e u n a se p a ra c ió n e n tre E stad o y ciencia. L a p re g u n ta de Jo ra v s k y m u es tra que él n o ha p o d id o e n c o n tra r estas res­ p u estas, a u n q u e están ex p licad as a lo larg o de a m b o s lib ro s y resu m id as en las secciones in tro d u c to ria s. L o q u e h a p o d id o e n c o n tra r h a n sid o tres líneas de n a tu ra le z a a u to b io g rá fic a que tra ta n del c o lo r d e mi o rin a. O b v iam en te, él p o d ría ser u n exce­ lente c o rre c to r d e p ru e b a s p a ra a n u n cio s de a rab e sc o s. U n o se p re g u n ta q u é es lo q u e h a m o v id o a los e d ito res p a ra c re e r que él tam b ién p o d ría recen sio n ar libros.

15 El a n alfab e tism o es u n a p a rte esencial de la h isto ria de las ideas: el tem a no ex istiría sin él. E scrito res filo só fico s, in clu ­ y en d o al c u id a d o so Sim plicio, m u ch o tiem p o p e n sa ro n q u e P la­ tó n y A ristóteles ten ía n la m ism a filosofía. En este caso se u n ían p o d e ro so s m o tiv o s teóricos. F u ertes m o tiv o s teó rico s están tam b ién su b y a c en tes en la tesis d e q u e los filósofos, y tam b ién el m ism o A ristó teles, tra b a ja n to d o s con un sistem a ún ico y que ja m á s c am b ia n d e m en ta lid ad . E n el caso de A ristó tele s esta idea h a sid o s u p e ra d a só lo en el siglo xx, c o m o re su lta d o del incisivo an álisis d e W ern er Jäg er. L os m otiv o s teó rico s se c o m ­ b in a b a n con v o racid ad (de fam a) y la sim ple ig n o ran cia tra n s ­ fo rm ó a M ach en u n filósofo de los d a to s sensibles (cf. vol. II, cap. 6, d e m is Phil. Papers p a ra u n a ex p licació n m ás d e ta lla d a). Niels B ohr in v en tó u n a in terp retació n p red isp o sicio n al de la p ro b a b ilid a d y u n a in te rp reta ció n o b jetiv a d e los hechos c u á n ti­ cos sólo p a ra q u e P o p p e r le c ritica ra su su b jetiv ism o , siendo m uy in te resan te que el m ism o P o p p e r em plea u n a versión reco r­ ta d a d e la id ea d e B ohr so b re la p ro p e n sió n c o m o su in s tru ­ m en to de crítica (Phil. Papers, vol. I, cap. 16). T o d o holg azán de la filo so fía d e la ciencia h a critica d o , o p o r lo m enos a n a te ­ m a tiza d o , a A ristó teles o a H egel, sin el m ás ru d im e n ta rio c o n o cim ie n to de las ideas de a m b o s. Se em p lean m u ch o s p re ju i­ cios b a sa d o s, c ie rta m en te , en la ign o ran cia: «¿Q uiere u sted que v o lv am o s a A ristó teles?» , escrib ió M ary H esse en u n a crítica a u n o d e m is p rim ero s tra b a jo s (cf. TCM , p. 32, n o ta 36) e influyó en m u ch o s lectores que ja m á s h an leído u n a sola línea d e este

(26)

to d av ía de contenido. Su conten id o lo adquiere m ediante un análisis de procesos concretos, lo m ism o que el concepto de R enacim iento, p ara to m a r un ejem plo histórico, recibe su co n ten id o desde la investigación h istórica, que tra ta situ acio ­ nes m uy diferentes y com plejas. Los procesos h istó ­ ricos a que alu d o son, desde luego, estudios de caso. Estos estudios m uestran cóm o C opérnico, N ew ton, G alileo, los presocráticos y Einstein logra­ ron lo que hoy es conocido com o sus éxitos. Los d erro tero s que siguieron no carecían de dirección, y to d o s ellos tenían ideas m uy concretas sobre sus m étodos, au n q u e las ideas a las que llegaron fueron m uy distintas de sus p u n to s de p artid a . T am poco p u d o preverse la dirección final de la investigación. N adie conocía de an tem an o los virajes y vueltas que te n d ría que hacer; nadie preveía los m éto d o s que te n d ría que utilizar en el curso del viaje, p ero nues­ tros viajeros no d u d aro n y se ad e n traro n valerosa­ m e n te en t i e r r a d e n a d ie . R e tr o s p e c tiv a m e n te podem os con frecuencia identificar itin erario s bien definidos; podem os retrazarlo s en detalle y con p re­ cisión (T C M , capítu lo 11), pero estos itinerarios difirieron considerablem ente de las heliografías de los filósofos (ver las m alh u m o rad as objeciones de D escartes a G alileo en TCM , pág in a 53) y no eran conocidos previam ente. O p o rtu n id ad , actividad h u ­ m ana, leyes n atu rales, circunstancias sociales; to d o esto co n trib u y ó de la fo rm a m ás curiosa y asom ­

filósofo. B ru n o y G a lile o p re sen ta n ob jecio n es de tal fo rm a que se a d v ierte q u e n o co n o cían o n o q u e ría n ten e r en c u e n ta las excelentes resp u estas que A ristóteles d a a las m ism as objeciones. L essing, el g ra n ra c io n a lista y p o e ta a le m á n , hace tie m p o que

r e c o n o c ió e s ta c a r a c te r ís tic a d e Ja h is to r ia d e la s id e a s e

in te n tó c o m b a tirla escrib ien d o «rehabilitaciones» (« R ettungen») de gente que h a b ía sid o c alu m n ia d a p o r crasa ig n o ran c ia y p o r an alfab e tism o . D esg ra cia d am en te , su h u m a n ita rism o n u n ca fue p o p u la r e n tre los «líderes» intelectuales cuya fam a y existencia p arece d e p en d e r de ru m o res desaprensivos.

(27)

b ro sa a llevarles a sus objetivos. P o r esta razó n , los estudios de caso tienen un re su ltad o positiv o y o tro negativo. El re su ltad o negativo es que se violan y hay que violar m uchos estándares si querem os o b ten er lo que a h o ra consideram os ser logros de im p o rtan cia. N o hay estándares que tengan un co n ­ tenido y den una explicación correcta de to d o s los descubrim ientos hechos en las ciencias. El re su ltad o positivo es que m étodos que hoy parecen poseer cierta ra cio n alid ad e integridad (estas cosas, sin. em b arg o , ten ían un aspecto m uy d istin to cu a n d o se las usó p o r prim era vez [cf. M argolis]) tuvieron éxito y pueden ser considerados com o útiles reglas em píricas p a ra la investigación del fu tu ro . (Estoy muy lejos de re com endar la elim inación de tod as las reglas y m étodos de las que in ten to explicar cóm o ay u d aro n a conseguir los éxitos pasados, es decir, sobre qué acciones fueron posibles dichos éxitos; yo solam ente hag o n o ta r que los éxitos se dieron bajo condiciones específicas prácticam ente desconocidas, que n o so tro s frecuentem ente no com prendem os a dónde se dirigían y que su repetición n o sólo n o es una cosa n a tu ra l, sino algo b astan te im probable; adem ás, que las ideas sobre éxito y prog reso cam ­ b ian de u n episodio de la investigación al próx im o .) Sólo pocos lectores han escuchado mi advertencia y han p re sta d o aten ció n a los estudios de caso. La m ayoría de los críticos parecen h ab e r suspendido su lectura después del prim er «todo sirve». P ara ellos, los estudios de caso o han debido ser d em asiado difíciles 16, o dem asiad o d etallados, o, si es que han to m ad o el vacío in tern o en sus cabezas com o p au ta,

16 A sí, G elln er, en su crítica (cf. C SL, p a rte tercera, sec­ ción 2), ad m ite su in co m p eten cia en m aterias científicas y de h isto ria d e la ciencia, p e ro escribe, sin e m b a rg o , u n a recensión su p o n ie n d o , c o m o tam b ién lo h a n h ech o o tro s , q u e m is a firm a ­ ciones p u ed en ser c ritica d as in d ep en d ien tem en te de los ejem plos que elegí p a ra ilu strarlas.

(28)

han debido p en sa r que el vacío y el p rin cip io sin explicar eran ya la m ism a cosa.

H ay o tra ra zó n q u e ju stifica el que no se tom en los ejem plos seriam ente. Se b asa en u n a idea que desem peña un im p o rta n te papel en tod as las tra d i­ ciones racionalistas y que puede expresarse diciendo > que lo que importaría en una argumentación no son los ejemplos m ism os sino sus descripciones abstractas. D esde luego, las descripciones deben ser exam ina­ das c o m p arán d o las con los ejem plos. Sin em bargo, si son verdad, entonces su fuerza arg u m en tativ a es independiente de u n a estrecha fam iliaridad con tales ejem plos. La idea se viene ab ajo con las o b ra s de arte . P a ra ju z g a r logros artísticos, uno tiene que fam iliarizarse con ellos; no b astan las descripciones, p o r «verdaderas» y «bien confirm adas» que sean. A hora bien, u n o de los principales p u n to s del análi­ sis de las ciencias en M ach, de la actitud de Einstein an te la investigación científica, de la filosofía de B ohr, así com o de los dos libros que ycr he escrito p a ra d efender a estos p ensadores, es que precisa­ m ente en esta prob lem ática es d o n d e las ciencias se asem ejan a las artes. O que, p a ra expresarlo de u n a fo rm a algo p arad ó jica, la ciencia en su m ejor aspecto, es decir, la ciencia en cuanto es practicada p or nuestros grandes científicos, es una habilidad, o un arte, pero no una ciencia en el sentido de una empresa «racional» que obedece estándares inaltera­ bles de la razón y que usa conceptos bien definidos, estables, «objetivos» y p or esto también independien­ tes de la práctica. O, p ara utilizar una term inología to m ad a del g ran d e b a te so b re la distinción entre «G eistesw issenschaften» (Ciencias del espíritu) y «N aturw issenschaften» (C iencias de la naturaleza), no existen «ciencias» en el sentido de nuestros racio­ nalistas; sólo hay humanidades. Las «ciencias» en cuanto opuestas a las humanidades sólo existen en las cabezas de ¡os filósofos cabalgadas por los sueños.

(29)

Este re su ltad o te n d rá luego su im p o rtan cia cu a n d o tra te de la política.

Los co m en tario s de los tres últim os p á rra fo s no sólo se aplican a los críticos que se opo n en al «todo sirve», sino tam b ién a los au to re s que lo siguen y que quieren u tilizarlo en p rovecho p ro p io . E n este caso, mi objeción es que la ausencia de estándares «objetivos» n o hace la vida m ás fácil: la dificulta aún más. Los científicos no pueden seguir a p o y á n ­ dose en reglas de pensam iento y acción bien defini­ das. N o p ueden decir: n o so tro s poseem os ya los m étodos y están d ares p a ra u n a investigación correc­ ta; to d o lo que necesitam os es aplicarlos. P o rq u e según la visión de la ciencia d efendida p o r M ach, B oltzm ann y E instein, y que yo he p re sen tad o de nuevo en TCM , los científicos no sólo son re sp o n ­ sables de u n a aplicación ad ecu ad a de los estándares existentes, sino que además son responsables de esos m ism os estándares. Ni siquiera puede u n o referirse a las leyes de la lógica, p o rq u e pueden darse circuns­ tancias que nos fuerzan a revisarlas tam bién (p o r ejem plo, la m ecánica cuántica an alizad a p o r Von N eum ann y B irkhoff, p o r Ja u c h y P iró n , p o r P ri­ mas y otros). H ay que re co rd a r esta situación cuando consideram os la relación entre los «grandes pensadores», p o r u n lado, y los editores, benefacto­ res e instituciones científicas, p o r o tro . Antes, los científicos con ideas inu sitad as y las instituciones a las que ped ían ay u d a co m p artían ciertas ideas gene­ rales, y to d o lo que tenía que hacer u n científico que necesitaba dinero era m o strar que su investiga­ ción, a p a rte de co n ten er ciertas sugerencias o rig in a­ les, estaba de ac u erd o con estas ideas. Ahora, los científicos y sus jueces tienen tam bién que arg u m en ­ ta r acerca de principios; no pueden co n fia r ya en tópicos establecidos (su intercam bio es «libre», no «guiado» [CSL, p ág in a 28]). En esta situación, la petición de los científicos «anarquistas» de «m ayor

(30)

libertad» puede in terp retarse de dos form as: se la puede co n sid erar com o deseo de que se realice una discusión científica libre no ligada a regla específica alguna, pero que in ten ta (cf. de nuevo CSL, p ág in a 28) llegar a u n a base com ún. O puede in te r­ p re ta rse tam b ién com o exigencia de que se acepten ideas de investigación sin examen alguno sim ple­ m ente p a ra h acer la vida m ás fácil a grandes e in u ­ sitadas m entes (o en la m ayoría de las veces a gente que p retende tener tales cabezas). Siguiendo la a rg u m e n tació n de T C M y de C SL, el segundo tipo de petición puede apoyarse en la p u n tu alizació n de que las ideas ab su rd as e inusitadas frecuentem ente han llevado al progreso. La argu m en tació n pasa p o r alto que los jueces, editores, benefactores pue­ den utilizar la m ism a fo rm a de razonar: el statu quo tam bién ha llevado al progreso y el «todo sirve» tam bién se aplica a sus defensores. P or esto es nece­ sario ofrecer algo m ás que la arro g an te petición de m ayor libertad. Los estudios de caso m uestran que los científicos rebeldes verdaderam ente ofrecieron m ucho m ás. G alileo, p o r ejem plo, no se co n ten tó con quejarse y resignarse: intentó convencer a sus adversarios con los m ejores m edios de que disponía. Estos m edios frecuentem ente diferían de los p roce­ dim ientos tradicionales —aq u í se en c u en tra la com ­ p o n en te an a rq u ístic a de la investigación de G ali­ leo— , pero con frecuencia tuvieron éxito. Y no olvidem os que u n a plena d em ocratización de la ciencia incluso h a rá m ás difícil la vida a los au to - proclam ad o s descubridores de G randes Ideas. P o r­ que éstos te n d rá n que dirigirse a gentes que no com parten precisam ente su interés p o r la ciencia. ¿Qué h a rá n n u estro s «anarquistas» que am an la lib ertad en tales circunstancias? Sobre to d o cu an d o sus adv ersario s no son ya odiad o s personajes de alto co tu rn o , sino ciudadanos libres q u eridos p o r todos.

(31)

3. E S T U D IO S D E C ASO

Mis estudios de caso h an sido criticados p o r dos caballeros: clara y hum orísticam ente, p o r G u n n a r A nderson (abreviado en G A ); prim itivam ente y de una fo rm a b astan te confusa, p o r Jo n a th a n W urril (JW ). Ellos no com entan mis consideraciones gene­ rales ( T C M , capítulos 1, 12, 18; C LS, partes 1 y 2); lo que analizan y cuestionan es el m ism o m aterial histórico y las conclusiones que yo he dedu cid o de él. El m aterial —dicen— no apoya las conclusiones. Según G A , el caso G alileo puede p o n er en peligro una «versión dem asiado sim ple e ingenua del falsifi- cacionism o», pero no am enazaría u n a filosofía donde teorías y observaciones fueran falibles. Así pues, mi in terp re tació n de las hipótesis de G alileo revelaría que yo no he com prendido la definición de las hipótesis ad hoc d ad a p o r P opper. G A dice que las h ip ó te sis a d hoc no so n m eras su p o sic io n e s introducidas p a ra explicar efectos específicos, sino que reb ajan el g ra d o de falsificación del sistem a en que o cu rren . A h o ra bien, esto es p recisam ente lo que hacen las suposiciones m ás fu n dam entales de G alileo. G alileo n o sólo introduce una teoría del m ovim iento que convierte el arg u m en to de la to rre de u n a refu tació n de C opérnico en u n a con firm a­ ción; el co n ten id o de esta teo ría del m ovim iento es considerablem ente m ás restringido que el de la teo­ ría aristotélica que le había precedido {TCM, pági­ nas 128 ss.).

La teoría de A ristóteles tal com o se la desarro lla en los libros I, II, V II y V III de la Física es u n a teoría universal del m ovim iento que a b a rc a el m ovim iento espacial, la generación y corrupción, cam bio cualitativo, crecim iento y decrecim iento. C ontiene teorem as com o los siguientes: to d o m ovi­ m iento es precedido (tem poralm ente) p o r o tro m o v im ien to ; existe u n a ca u sa inm óvil del m ovi­

(32)

m iento y un prim er m ovim iento (en la serie causal) cuyo ritm o de cam bio es constante; la longitud de un objeto en m ovim iento n o tiene v alo r exacto, etc. El prim er teo rem a se ap o y a en la suposición de que el m undo es u n a en tid ad som etida a leyes. P uede utilizársele c o n tra ideas tales com o la teo ría del Bing B ang (estallido inicial) sobre el origen del u n i­ verso; y la idea de W igner de que la reducción del paq u ete de o n d as se debe a la acción de la concien­ cia. Así pues, la teo ría de A ristóteles era coherente: existía u n a term inología unificada p ara la descrip­ ción y explicación de todos los tipos de m ovi­ m iento. E stab a co n firm a d a en un alto g ra d o , esti­ m ulaba la investigación en física, fisiología, biología, epidem iología, y cond u jo a num erosos descubri­ m ientos 17. Sigue teniendo im portancia hoy p o rque las ideas de la m ecánica de los siglos x v n y x v m

17 La teo ría q u e a c a b a d e describ irse d eb e d istin g u irse de las leyes especiales que fo rm u la A ristó teles en el D e Coelo. T en e­ m os, pu es, q u e p r o c u ra r n o c o n fu n d ir un d e b a te so b re c o n d i­ ciones especiales c o n u n d e b a te so b re leyes fu n d a m e n ta les . Así, A ristó teles a firm a m u y ex p lícitam en te que «en u n vacío to d o s los o b jeto s tien en la m ism a velocidad» (Física, 216a20), p ero niega que el m u n d o c o n te n g a u n vacío: su teo ría del m o v i­ m ien to es su ficien tem en te general co m o p a ra c u b rir a m b o s tipos de m o v im ien to , en u n m ed io o en el vacío. H ace d e p e n d e r el m o v im ien to de la fo rm a y n a tu ra le z a del m edio, de la n a tu ra ­ leza de la fu e rz a in h ere n te ; lo que m u e s tra que el fam o so « arg u m en to » d e G a lile o c o n tra la «ley de la c aíd a libre» de A ristóteles (si los o b jeto s m ás pesados cay eran m ás d ep risa que los m enos p esad o s, e n to n ces u n o b jeto p eq u eñ o su jeto a uno m ay o r d e b ería h a c e r que a m b o s se m o v ieran m ás d e p ris a, p o r ­ que el o b jeto c o m b in a d o es a h o ra m ás pesad o , y n o ta n d ep risa, p o rq u e el o b jeto p eq u eñ o re te n d ría el m o v im ien to del m ay o r) no se puede a p lic a r a A ristóteles, d o n d e el m o v im ien to resul­ tan te d ep en d e d e la m an e ra co m o se c o m b in a n los o b jeto s (estam o s tr a ta n d o d e u n p ro b lem a de m ecánica de fluidos). Y así sucesivam ente. H istó rica m en te, el d e b ate n o tu v o lu g ar en tre G alileo y A ristó teles, sin o en tre G a lile o y un c h a p u rre ro A ristó ­ teles artificio sa m e n te m o n ta d o p a ra h acer ap are ce r co m o inv en ­ cibles los a rg u m e n to s de G alileo . (P a ra este p u n to , cf. tam b ién la n o ta 15 supra.) T am b ién n u estro s filósofos d e la ciencia p re ­ sen tan u n a relació n c h a p u rre ra d e este m ism o d eb ate.

Referencias

Documento similar

En cuarto lugar, se establecen unos medios para la actuación de re- fuerzo de la Cohesión (conducción y coordinación de las políticas eco- nómicas nacionales, políticas y acciones

que hasta que llegue el tiempo en que su regia planta ; | pise el hispano suelo... que hasta que el

Para ello, trabajaremos con una colección de cartas redactadas desde allí, impresa en Évora en 1598 y otros documentos jesuitas: el Sumario de las cosas de Japón (1583),

Sanz (Universidad Carlos III-IUNE): "El papel de las fuentes de datos en los ranking nacionales de universidades".. Reuniones científicas 75 Los días 12 y 13 de noviembre

(Banco de España) Mancebo, Pascual (U. de Alicante) Marco, Mariluz (U. de València) Marhuenda, Francisco (U. de Alicante) Marhuenda, Joaquín (U. de Alicante) Marquerie,

d) que haya «identidad de órgano» (con identidad de Sala y Sección); e) que haya alteridad, es decir, que las sentencias aportadas sean de persona distinta a la recurrente, e) que

Ciaurriz quien, durante su primer arlo de estancia en Loyola 40 , catalogó sus fondos siguiendo la división previa a la que nos hemos referido; y si esta labor fue de

Las manifestaciones musicales y su organización institucional a lo largo de los siglos XVI al XVIII son aspectos poco conocidos de la cultura alicantina. Analizar el alcance y