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Cómo orquestar una comedia

Los recursos más serios para crear los gags, monólogos y narraciones cómicas más desternillantes

John Vorhaus

¡Prefacio!

¿Eres tú uno entre los tristes

que no sabe contar un mal chiste, incapaz de escribir una escena porque no estás en vena?

¿Estás convencido de estar maldito, de estar solo y condenado a vagar sin pizca de humor del todo? Anímate pues, que se ha escrito un libro,

el volumen que hará de "cicerón" en tu camino, que te extraerá de tus abismos.

Voilá! Cómo orquestar una comedia, de John Vorhaus, un manual que te apartará de los chala'os,

un completo conjunto de normas básicas para el arte de las mentes lógicas.

Aprenderás a matar a ese satán, al editor de tu alma, a ese patán.

Y una vez liberado de tu jaula personal, de ti depende hacerlo bien o hacerlo mal. Serás libre de poder elegir la palabra que separa al maestro del macarra. Así que si quieres pulir tu arte cómico y ser un profesional óptimo,

aprovecha este libro para orquestar el humor, vuélvete bromista y payaso, hazme el favor, y sé de los que se levantan bolígrafo en mano para ofrecer alegría y risas a sus hermanos. PETER BERGMAN

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Introducción

Hay un libro escrito por William Strunk y E. B. White que se titula “Los elementos del estilo”. Cuando lo leímos en el instituto, mis amigos y yo siempre lo llamábamos “Los elefantes del estilo”, y puedes estar seguro de que en aquel entonces lo considerábamos casi lo último en chistes. Pero entonces también pensábamos que beber un montón de sidra Boone`s Farm y acabar vomitando en el jardín del vecino era una buena idea, así que puedes sacar tus

propias conclusiones. En cualquier caso, Los elementos del estilo fue un libro muy seminal: ofrecía una gran cantidad de información muy útil sobre el lenguaje y la redacción (e incluso, de una manera

personal y ligera, sobre la vida) en un reducido número de páginas. Para ser un texto de gramática era, y sigue siendo, una lectura sorprendentemente buena. Lo recomiendo.

Strunk y White defendían mucho las reglas y no tenían miedo de adoptar una postura. Por ejemplo, odiaban la voz pasiva e insistían en que hacer uso de ella producía una redacción de mala calidad. Dado que yo era joven e impresionable, cuando leí su libro convertí esa regla en propia. Durante la mayor parte de mi carrera he purgado religiosamente la voz pasiva de mis obras.

Hasta que un día descubrí lo divertido que resultaba escribir en voz pasiva. Sabía que estaba mal hecho, Bill y E. B. ya me habían dicho que estaba mal. Pero no me pude controlar. Las palabras se

desbordaban llenando el papel:

La sala fue pisada por un hombre dotado de unos rasgos fuertes y atractivos. La mujer fue acogida por él. La cama fue ocupada por ella. Entonces la cama fue ocupada por él. La ropa fue despojada de los dos. El sexo fue practicado. El clímax fue alcanzado. Más tarde unos cigarrillos fueron fumados. De pronto, la puerta fue abierta por el marido de la mujer por quien la cama estaba ocupada. Una pistola estaba apuntada por él. Algunos improperios fueron proferidos y palabras airadas fueron intercambiadas. Los celos fueron sentidos por el hombre por quién el arma era portada. El disparo del arma fue llevado a cabo por él. El silbido de balas tuvo lugar. El impacto fue sentido por los cuerpos. El suelo fue golpeado por los cuerpos. En aquel instante remordimientos fueron sentidos por el hombre por quien el arma era portada. El arma fue vuelta contra sí mismo. Y el resto, como se suele decir, es cosa de forenses.

Había sido tan esclavo y devoto de las llamadas reglas de la buena redacción que se me había escapado una fuente de verdadera diversión literaria, o de un chiste, si no daba para más. En ciega

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obediencia a las normas se me olvidó divertirme. Y, desde luego, si no te diviertes escribiendo o pintando o dibujando o interpretando o construyendo figuritas con globos o haciendo realidad cualquier esfuerzo creativo, ¿para qué te molestas?

Así que quiero dejar algo muy claro desde el principio: la primera norma es que no hay normas. Pero hay que tomarse todo esto con unos diáfanos y suavísimos guantes de seda. Mis instrumentos son mis instrumentos, diseñados para mi propia conveniencia. Si te resultan útiles, adelante, úsalos. Pero, por supuesto, no son un evangelio, ni siquiera un conjunto de elementos de estilo.

Por otro lado estoy convencido de que las reglas no limitan, definen. La creatividad consiste en resolver problemas. Cuantas más reglas (útiles) tengamos y cuanto más rigurosos seamos en su aplicación, más claramente comprenderemos el problema que estamos

intentando resolver y mejor será su resolución. Por ejemplo, si te quedas sin batería en el coche la regla a seguir es conectar los cables de carga negativa a tierra y los de positiva a positiva. Si conectas la terminal positiva de una batería a la negativa de la otra acabarás con una batería (y posiblemente la cara) achicharrada.

Así que, mientras curioseas en esta cosa llamada “Cómo orquestar una comedia”, finge aceptar la útil ficción de que todo lo que incluye merece por lo menos tu consideración. Si pruebas sus instrumentos y no te parecen fáciles de aplicar, no lo dudes, recházalos. Si lo haces es probable que inventes algunos nuevos propios. Y serán mejores para ti porque serán los tuyos, concebidos por ti en tu propio idioma. Pero debes probarlos todos.

Y prueba en particular los ejercicios.

Algunos tal vez te parezcan difíciles o irrelevantes para tu trabajo o simplemente idiotas. No importa, pruébalos, aunque sea para

demostrarte que son verdaderamente una idiotez. Más adelante me emplearé a fondo para convencerte de que no se va a evaluar el trabajo que hagas, que no se te va a juzgar en ningún sentido, ni siquiera tú mismo. Pero sacarás mucho más de este material si lo pones en práctica cuando aún lo tienes fresco en la cabeza. Escribe en los márgenes si prefieres o redacta tus respuestas en ficheros informáticos de autodestrucción programada si esto te va a dejar más tranquilo. Pero prueba los ejercicios. De este libro sólo sacarás lo que inviertas. En otras palabras, cuanto más inviertas más ganarás.

Hace algunos años impartí un curso titulado "Escribir desde la perspectiva de un extraño". Como ejercicio para casa pedí a mis alumnos lo siguiente: "Salid a hacer algo nuevo, algo que nunca

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hayáis hecho antes". Algunos pagaron la comida de un desconocido, otros robaron libros de la biblioteca, otros se hicieron los mudos, otros se negaron a hacer los deberes, lo que no habían hecho jamás en ninguna otra de sus clases. Algunos fueron arrestados. Ese era el tipo de ejercicio.

Y descubrimos algo muy interesante. El mero hecho de hacer lo

inesperado provocaba un momento divertido tras otro. Esa revelación nos llevó a un nuevo curso titulado "Cómo orquestar una comedia", que a su vez acabó convirtiéndose en este libro. Así que mientras lo lees párate con frecuencia a preguntarte cómo puedes devolver la frescura y la novedad a tu proceso creativo. No te estoy hablando de lo que escribas, dibujes o pintes, sino del sistema con el que das vida a tu materia. Rompe con los viejos hábitos, incluso con los que

funcionen. Escribe en la cama. Pinta en el parque. Dibuja caricaturas en las paredes. Sorpréndete a ti mismo; cuanto más lo hagas más gracioso o graciosa serás. Y aunque sólo sea eso, por lo menos tendrás la experiencia de haber hecho algo nuevo y lo nuevo casi siempre merece la pena aunque sólo sea por la propia novedad. Quiero hacer una aclaración sobre un tema antes de seguir avanzando: en este libro hablo mucho sobre el protagonista y el personaje, y sobre el guionista y el lector o el espectador. Muchas veces hablo en masculino, pero está claro que generalizo y me refiero tanto a ellos como a ellas. El lenguaje siempre va por detrás del

cambio social y en castellano y en inglés todavía no resulta sencillo mantener una conversación que sea neutral en cuestión de género al aplicar los pronombres de tercera persona. Tal vez Strunk y White lo pudieran resolver, pero yo sólo he conseguido una solución parcial. Gracias por comprenderlo.

La filosofía oriental describe la creatividad como "llevar cubos al río". El río siempre está ahí, pero a veces los cubos no cumplen su función. Entre otras muchas cosas, este libro trata de enseñar a fabricar

mejores cubos. Algunos funcionan bien y espero que te suceda a ti lo mismo.

Sidney, Australia Abril de 1994

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1 La comedia es verdad y es dolor

A los doce años me enamoré de Leslie Parker. Era muy guapa y lista, con el pelo rubio y flequillo y una sonrisa que hacía que me sudara hasta el corazón. Durante todo el séptimo curso, tanto en el comedor como en la clase de música, en las primeras fiestas mixtas de mi melancólica adolescencia, suspiraba por aquella niña como sólo puede suspirar un lunático hormonalmente rabioso en el umbral de un amor platónico. Daba pena.

Hasta que un día, durante la clase de matemáticas, mientras treinta sudorosos jóvenes con pantalones de campana y camisetas con la frase "Deja que cuelgue" analizaban los imponderables del número pi, Leslie Parker mencionó de pasada que ella y su familia se iban a

trasladar. Mi mundo estalló como una estrella negra. La amputación de una celebrada parte de mi cuerpo no me podría haber dolido tanto. Levanté el brazo a toda prisa.

El profesor, el señor Desjardins, me ignoró. Eso lo hacía con frecuencia porque, creo recordar, siempre le estaba planteando preguntas fastidiosas como: "¿Cuál es la raíz cuadrada de menos uno?" y "¿Por que no podemos dividir entre cero?".

Transcurrieron diez minutos y la increíble revelación de Leslie Parker se desvaneció de la mente de todo el mundo menos de la mía. Por fin, justo antes de que sonara la campana, el señor Desjardins hizo un gesto desganado en mi dirección. Me puse en pie. Patéticamente y con un balido del todo inapropiado gemí: "Leslie, ¿adónde te

trasladas y por que?. Lo cual, por supuesto, significaba: "¡No me dejes!".

Se produjo un silencio repentino e inesperado, porque había cometido el pecado mortal del séptimo curso. En un ejemplo clásico de

inoportunismo había revelado mis sentimientos. Un minuto después toda la clase estalló en carcajadas. Incluso el señor Desjardins, el sádico, apagó una risa en el puño de la camisa. Aquel momento lo tengo grabado en la memoria como ácido en una placa fotográfica y es el momento más doloroso y humillante de toda mi vida hasta entonces. (¿Fue el peor momento de tu vida? Oh, hasta entonces. Después vino el fiasco de la ducha mixta en la universidad). Y nunca olvidaré al señor Desjardins diciendo, mientras las risas de mis

compañeros me inundaban los oídos y Leslie Parker me miraba como si me quisiera asesinar poco a poco: "No se están riendo de usted, señor Vorhaus. Se están riendo con usted".

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Obviamente estaba mintiendo. Se estaban riendo de mí. Todos aquellos monstruitos estaban disfrutando macabramente con mi vergüenza. ¿Y por que? Porque sabían, dentro de sus inseguros

corazones prepúberes, que aunque en esa ocasión era yo quien había entrado en un campo minado podía haber sido cualquiera de ellos. Y por eso, en un único instante desolador y mortificante, descubrí una de las normas fundamentales del humor, aunque tardé muchos años (y muchas, muchas sesiones de terapia) en reconocerla como tal: LA COMEDIA ES VERDAD Y DOLOR.

Lo repetiré para aquellos ojeadores de librería que sólo echan un vistazo a este ejemplar para ver si es de su gusto: la comedia es verdad y es dolor.

Al ponerme en evidencia ante Leslie Parker experimenté la verdad del amor y del dolor del amor perdido.

Cuando un payaso recibe un pastel en la cara vemos verdad y vemos dolor. Sentimos pena sobre el pobre payaso, todo cubierto de nata, pero también nos damos cuenta de que podía habernos pasado a nosotros, un poco como si dijéramos caer en gracia es una desgracia. Los chistes sobre vendedores y viajantes reflejan verdad y dolor. La verdad es que el vendedor quiere algo y el dolor es que nunca lo consigue. De hecho, casi todos los chistes verdes se basan en una verdad y un dolor, porque el sexo es una experiencia desgarradora que todos compartimos (con la posible excepción de un tal Willard McGarvey, que era incluso más patético que yo en séptimo y que creció hasta convertirse en un monje benedictino. Me pregunto si Willard estará leyendo este libro. Hola Willard).

La verdad es que las relaciones entre los sexos son problemáticas. El dolor es que tenemos que enfrentarnos a esos problemas si

queremos conseguir las recompensas. Piensa en el siguiente chiste: Adán le dice a Dios: "Dios ¿por qué hiciste a las mujeres tan

blandas?", y Dios le contesta: "Para que te gustaran". Adán le

pregunta: "Dios, ¿por qué hiciste a las mujeres tan cálidas y suaves?, y Dios le responde: "Para que te gustaran". Adán le dice a Dios: "Pero Dios, ¿por qué las hiciste tan tontas?", y Dios le contesta: "Para que te gustaran".

El chiste ataca por igual las actitudes de los hombres y de las

mujeres. Hace que los hombres queden mal y hace que las mujeres queden mal, per, detrás de todo eso, hay una experiencia común compartida: todos somos humanos, todos tenemos género y todos

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estamos en la ridícula ensalada juntos. Ésa es la verdad, es dolorosa y es lo que le da vida al chiste.

En un episodio clásico de Yo amo a Lucy, de Lucille Ball consigue un trabajo en una fábrica de caramelos donde la cinta transportadora de pronto empieza a ir cada vez más rápida, dejando a la pobre Lucy desesperada intentando meterse todos los caramelos en la boca e intentando ir más deprisa que la cinta. ¿Cuál es la verdad? Que las situaciones se nos pueden ir de las manos. ¿Y el dolor? Que pagamos por nuestros errores.

Incluso las tarjetas de felicitación se pueden resumir en términos de verdad y dolor. "Seguro que piensas que esta tarjeta es demasiado pequeña para ser un regalo", dice la portada de la tarjeta. ¿Y su interior? "Pues tienes razón". Ésa es la verdad (soy un rata) y ése es el dolor (así que tú sales perdiendo).

Mi abuelo solía contarme este chiste:

Hay un grupo de hombres que están de pie junto a las puertas del cielo esperando para entrar. Se acerca San Pedro y dice: "Todos los hombres que durante su vida hayan sido dominados por sus esposas que se acerquen al muro de la izquierda. Todos aquellos que no hayan sido dominados por sus esposas durante su vida que se

acerquen al de la derecha". Todos los hombres se dirigen al muro de la izquierda excepto un pequeño y tímido anciano que camina hasta la derecha. San Pedro se acerca a él y le dice: "Todos esos otros hombres se han acercado al muro de la izquierda, ¿cómo es que tú te has acercado al de la derecha?". Y el hombrecillo responde: "Porque mi mujer me dijo que lo hiciera".

Dolor y verdad. La verdad es que a algunos hombres a veces los dominan las mujeres y el dolor es que algunos hombres a veces se dejan dominar de por vida.

Este chiste incluye otra cosa y es el miedo a la muerte. Algunos filósofos defienden que toda experiencia humana se reduce al miedo a la muerte, por lo que incluso comprar una tarjeta de felicitación barata en lugar de un regalo de cumpleaños se relaciona de alguna manera con la mortalidad. Tal vez sea así. No lo sé. Este libro no trata de unas posibilidades tan profundas. Si fuera así se titularía Cómo orquestar mi yo filosófico. Sin embargo, la verdad es que la muerte, como el sexo, resultan fundamentales para la experiencia humana. ¿Es entonces sorprendente que hagamos tantos chistes sobre la verdad y el dolor de la muerte?

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Un hombre muere y va al infierno. Satánas le dice que le va a enseñar tres habitaciones y que la que elija será su hogar durante toda la eternidad.En la primera hay miles de personas gritando por la agonía de unas interminables llamas ardientes. El hombre pide ver la segunda habitación. En ella hay miles de personas a quienes se les están arrancando las extremidades una a una con horribles

instrumentos de tortura. Pide ver la tercera. En la tercera habitación hay miles de personas sentadas tomándose un café rodeadas hasta las rodillas por las turbias aguas de las letrinas. "Me quedo con esta habitación", dice el hombre. En ese momento Satanás grita a la multitud: "Muy bien. Se acabó la pausa para el café. Os quiero a todos haciendo el pino".

¿La verdad? Tal vez haya un infierno. ¿El dolor? Tal vez sea un infierno.

Un hombre se cae por un acantilado. Mientras cae se le oye murmurar: "Por ahora bien"

La verdad y el dolor: a veces somos víctimas del destino.

La religión es una experiencia que nos llega a todos de manera similar porque intenta con todas sus fuerzas explicar esos otros fundamentos humanos: el sexo y la muerte. Los chistes que

ridiculizan las figuras y las situaciones religiosas lo hacen exponiendo la verdad y el dolor de la experiencia religiosa: queremos creer, sólo que no estamos seguros de hacerlo.

¿Qué tienes si cruzas un testigo de Jehová con un agnóstico? A alguien que llama a tu puerta sin ningún motivo aparente.

La verdad es que algunas personas luchan por la fe. El dolor es que no todo el mundo llega a ella. A propósito, quienes no "entienden" un chiste o se ofenden por él a menudo es porque no sienten "la verdad" presentada por la broma. A un testigo de Jehová no le parecerá

gracioso este chiste porque él tiene fe y por ello no compra la supuesta verdad que le intenta vender el chiste.

No pretendo demostrar si Dios existe o no ni cuál es el valor de la fe. Mis creencias o las tuyas no tienen nada que ver con esto. Lo que hace que algo resulte gracisos son las creencias generales del público que oye un chiste. La religión, el sexo y la muerte son temas

abonados para el humor porque tocan algunas creencias muy sólidamente arraigadas.

Pero las cosas no tienen por qué ser así. También podemos encontrar verdad y el dolor en acontecimientos poco importantes:

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¿Por qué el hombre que está haciendo una dieta no cambia nunca una bombilla? Porque siempre tiene previsto empezar mañana

La verdad es que la voluntad humana tiene sus limitaciones y el dolor es que no siempre podemos superarlas. Si quieres saber por qué algo es gracioso, pregúntate qué verdad y qué dolor expresan ese algo. Y ahora tómate un momento y cuéntate algunos de tus chistes favoritos. Pregúntate qué dolor y qué verdad sugiera cada uno de ellos. Considera que esa verdad y ese dolor son el tema del chiste. Como verás, no todos los temas son universales. Al fin y al cabo, no toda la gente está haciendo una dieta, ni a todos nos dominan, ni todos tenemos miedo a morir, aunque la mayoría de nosotros

conocemos a alguien que está a dieta, a alguien dominado, a alguien que tiene miedo a la muerte o a alguien que le pasa todo esto a la vez. El humor funciona sobre un amplio espectro de grandes

verdades y grandes dolores, pero también al nivel más íntimo de las verdades pequeñas y los pequeños dolores. El truco está en estar seguro de que el público tenga los mismos puntos de referencia que uno mismo.

Cuando un cómico le cuenta a su público un chiste sobre la mala calidad de la comida lo que está haciendo es utilizar una vena común de dolor y verdad. Todo el mundo se siente identificado. Aunque nunca hayan volado sabrán que la comida de las líneas aéreas tiene una fama, un tanto, digamos, indigesta. ¿Lo coges?

No hace falta ser un cómico de escenario antes su público, ni un escritor cómico para usar el instrumento de la verdad y del dolor. Por ejemplo, una charla después de un banquete puede empezar con algo que reconozca la verdad y el dolor de la situación.

"Ya sé que todos tenéis ganas de poneros de pie y desperezaros tras este opíparo banquete, así que seré breve." (Pausa.) "Gracias y buenas noches."

La verdad es que los discursos duran mucho y el dolor es que el público se aburre. El buen orador se enfrenta a esta realidad. Por motivos que comentaremos más adelante, con frecuencia no hace falta contar un chiste para conseguir una carcajada; a veces basta con decir la verdad.

Es triste pero el humor políticamente incorrecto, como los chistes sexistas o racistas, también comercia con la verdad y el dolor. Veamos si puedo mostrar a qué me refiero sin ofender a nadie.

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Supongamos que hay un grupo que se llama el de los Occidentales y que hay otro grupo rival que se llama el de los Orientales y que los dos cuentan chistes sobre el otro. Por ejemplo, un oriental podría decir algo así como: "Si una pareja de occidentales se divorcia, ¿siguen siendo primos?".

El grupo de los occidentales cree como grupo en la verdad de que los orientales son corruptos, inmorales o idiotas. El dolor que comparten es que deben aguantarlos. No quiero insistir porque no tengo ningún deseo de enseñar a los racistas o a los machistas a mejorar su arte. Baste decir que cualquier experiencia humana, independientemente de lo importante o banal que sea, se puede volver graciosa si su verdad y su dolor son identificables para el público.

Por ejemplo, en las comedias de situación televisivas oímos más chistes sobre las partes del cuerpo que sobre los textos sagrados porque la mayoría de los espectadores (y acepto apuestas sobre esto) saben más sobre la raja entre las nalgas que sobre el Bhagavad-Gita.

Voy a contar un chiste que la mayoría de gente no coge:

"¿Cuántos solipsistas hacen falta para enroscar una bombilla?" "¿Y a quién le importa?"

Este chiste sólo resulta gracioso (y aún así no mucho) si se sabe que los solipsistas no creen en nada excepto en su propia existencia (y en eso a duras penas), por lo que siempre y para siempre están solos en el mundo. Cuando se cuenta un chiste como éste a un público que no lo espera, se le hace pensar demasiado para buscar su verdad y su dolor. Para cuando lo entienden, si es que lo hacen, ya ha pasado el momento y el chiste ha dejado de ser gracioso.

La diferencia entre el payaso y el idiota de la clase es que el primero cuenta un chiste que todos captan y el segundo cuenta chistes que sólo él entiende. La comedia, por lo tanto, no sólo es verdad y dolor, sino que la verdad y el dolor deben ser universales o, por lo menos, generales.

Pero aún hay más. Sabemos por la propiedad conmutativa de la suma que si la comedia = dolor + verdad, entonces también dolor + verdad = comedia (¿Ves? En mates de séptimo aprendí algo más aparte de que el amor te hace ser idiota.) Así que si uno se muere por ser gracioso aunque no lo sea, debe limitarse a coger una situación y buscarle la forma de sumar su verdad y su dolor.

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Cualquier situación basta: una visita al dentista, unas vacaciones familiares, sacar dinero de un cajero automático, preparar la declaración de la renta, leer este libro, empollar para un examen, cualquier cosa. Cualquier cosa vale porque todas las situaciones tienen por lo menos algo de verdad y de dolor. Supongamos que estás estudiando para un examen difícil. La verdad es que es importante aprobar. El dolor es que no estás preparado. Un chiste que juega con esa verdad y con ese dolor (utilizando el recurso de la exageración que analizaremos más adelante) podría ser:

Soy un estudiante tan malo que no paso ni las pruebas médicas. ¿Ves qué fácil?

Bueno, bueno, ya sé que no es tan fácil. Después de todo, si lo que hay que saber de la comedia se resumiera en el capítulo uno, se podría leer todo este libro en la cola de la tienda y yo ganaría muy poco en derechos de autor.

Además, no nos engañemos. La lectura de este libro no va a

conseguir que uno sea gracioso. Eso sólo pasará si además se trabaja duro. Y tampoco ocurrirá de la noche a la mañana. No hay motivos para ello. Hay que verlo desde esta perspectiva: suponte que uno quisiera ser un escultor en madera y alguien dice que existe una cosa llamada adicé, maravillosa para esculpir la madera. "Vaya -nos daría por pensar- ¡un adicé! Imagínatelo." Saber que el objeto existe no da ninguna pista sobre cómo usarlo, y saber cómo usarlo tampoco

significa que vayamos a esculpir una Piedad de un fragmento de teca a la primera. Para acuñar una frase primero hay que aprender, es mejor gatear antes de que te puedas dar de bruces.

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2 La voluntad de arriesgarse

No hace mucho me llamó un periodista de un diario. Como ahora estoy considerado una especie de sabio en el tema de la comedia, me preguntó si yo creía que había personas que no tuvieran ningún

sentido del humor. "¿Es posible? -se preguntaba el escritor-. ¿Se puede ser total e irremediablemente soso?"

La pregunta me recordó a mi primera jefa, una mujer de cara redonda y un corte de pelo hitleriano que adoraba la idea de que a los redactores de publicidad sin experiencia se les percibiera pero que no se les oyera. Un día, en un ataque osadía nihilista, le puse un pececillo de colores vivo en el té. Al poco tiempo me encontré

recogiendo la carta de despido. "No tiene ningún sentido del humor", pensé en aquel momento, pero hoy me doy cuenta de que lo que no tenía era mi sentido del humor. La realidad es que no todos estamos de acuerdo sobre qué es gracioso.

Pero todo el mundo puede ser gracioso y eso es lo que le dije al periodista. Si las personas no lo son suele ser porque carecen de dos cosas: la primera es comprender qué es gracioso y por qué (de lo que hablaremos en su debido momento), y la segunda y mucho más

importante es la voluntad de arriesgarse. Yo imagino la voluntad de arriesgarse como una herramienta de trabajo y, al igual que las demás, debe estudiarse, comprenderse y dominarse.

Sí, sí, sí, es cierto que algunas personas tienen más humor de forma innata que otras, pero es como esas personas que hacen una pirueta perfecta sobre el hielo o que le pueden dar a la pelota con efecto de manera intuitiva. La mayoría de nosotros tenemos más sentido del humor del que creemos. Lo que no siempre tenemos es la voluntad de arriesgarnos, y la voluntad de arriesgarse es en realidad la

voluntad de fracasar. Desde nuestra más temprana juventud se nos enseña a aborrecer el fracaso pero, aunque parezca extraño, la voluntad de fracasar es uno de los instrumentos más valiosos dentro de tu orquesta cómica. Hace que el resto de tus instrumentos sean más fáciles de usar y que los uses bien.

Por lo tanto, la primera gran tarea que esta orquesta debe emprender es la de ejercitar nuestra voluntad de arriesgarnos. Y el primer paso en esa dirección consiste en...

ERRADICAR LAS IDEAS FALSAS

Obviamente, en este mundo hay todo tipo de ideas falsas: la persona que invente el queso en aerosol será un genio; está bien fumar un solo cigarrillo; esa pequeña lucecita roja del salpicadero no significa

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que realmente esté pasando nada malo. Ahora me gustaría llamar la atención sobre dos tipos de ideas falsas especialmente insidiosas: las falsas suposiciones y las falsas asociaciones.

Cuando planeamos contar un chiste o probar una nueva idea o en realidad llevar a cabo cualquier tipo de acto creativo, siempre

merodea en nuestro pensamiento consciente la siguiente suposición falsa: no funcionará; no les va a gustar. En el instante que transcurre entre pensar un chiste y contarlo, la persona "sin chispa" se pone una gran barricada a sí misma. "No funcionará. No les va a gustar. Tal vez deba mantener cerrada la bocaza, no arriesgarme; sí, eso es lo que debo hacer". Y eso es lo que suelen hacer. Y por eso nosotros

pensamos que son gente tímida o reprimida o aburrida, un peñazo que no anima ninguna fiesta.

Así que, ¿por qué no probar? ¿Qué podemos perder? De hecho, en las profundidades más secretas de nuestro corazón sentimos -o

tememos- que tenemos mucho que perder. Y es ahí cuando surgen las falsas asociaciones. Habiendo dedicido antes (con toda falsedad) que nuestro chiste no va a funcionar, saltamos a la increíble

conclusión de que si no "les" gusta nuestro chiste, tampoco "les" gustaremos nosotros. Nos creamos una oscura certeza mental de que vamos a parecer tontos, idiotas o de alguna manera disminuidos ante la mirada de otras personas. ¿Por qué es falsa esta asociación? Por una razón muy sencilla: la gente no está pensando en qué les parecemos. Están demasiado ocupados preocupándose de qué nos parecen ellos a nosotros.

Cada uno estamos en el centro de nuestro propio universo y nuestro universo tiene un interés sorprendentemente pequeño por el universo de la puerta de al lado. Cargados con nuestros temores, hacemos las más extravagantes piruetas para evitar quedar mal ante los demás. Pero, como dice el Corán, si supiéramos lo poco que los demás piensan en nosotros, no nos preocuparíamos por lo que puedan pensar.

Y entonces para enredar aún más el asunto, añadimos otra falsa asociación: "Si no les gusto no me puedo gustar a mí mismo". Ésta sí que asusta. Pasamos tanto tiempo alimentando la imagen que

tenemos de nosotros mismos con lo que piensan los demás, que cuando llega el momento de contar un chiste está en juego todo nuestro ego. Si el chiste se vuelve contra nosotros, el resultado es la muerte. Por eso el cómico de teatro dice: "He muerto ahí fuera" cuando el espectáculo le sale mal. De todas las ideas falsas ésta es la mayor: si fracaso me muero.

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Volvamos a analizar todo el bucle una vez más para asegurarnos de entenderlo. Uno abre la boca para contar un chiste pero hay una vocecita que dice: "Cuidado, quizá no funcione". Y entonces otra vocecita responde: "Pues claro que no va a funcionar, y cuando falle, quedarás como un fracasado, un idiota". Y una tercera voz se mete diciendo: "Si para ellos eres un idiota, también lo eres para ti

mismo". ¿No es una carga demasiado pesada para un chiste tan pequeño y pobre?

No voy a poder aclarar todas las dudas sobre la imagen que tenemos de nosotros mismos en este delgado capítulo de un libro que ni

siquiera trata de este tema. De haber sido capaz de hacerlo, el libro se habría titulado: Cómo orquestar nuestro ego. Pero lo que sí puedo hacer es proporcionar algunas estrategias y tácticas para silenciar esas falsas voces de tu cabeza. Ahí va la primera y la más útil: ASESINA A TU EDITOR FEROZ

Todas las voces falsas, atadas en un nudo metafórico deben llevar la siguiente etiqueta: "Mi editor feroz". Hay que reconocer que es tarea del editor feroz evitar que se cometan errores terribles. A veces el editor feroz desempeña una tarea legítima, como cuando evita que le cantes las cuarenta a un poli o le digas a tu amor lo que realmente piensas sobre su nuevo corte de pelo. Pero el editor feroz tiene sus propias falsas suposiciones. Supone que sabe qué es un error y también cree actuar siempre por el propio bien. El editor feroz infravalora las propias posibilidades de triunfar a la vez que

sobrestima el castigo que se va a recibir por fallar. Hay que decirle al editor feroz que se vaya al diablo.

Es más fácil decirlo que hacerlo, ¿verdad? Después de todo, el editor feroz es un puñetero cabezota. Además, hemos presupuesto que el editor feroz es una fuerza de la oposición, que en realidad no forma parte de uno mismo, aunque todos sabemos que no es así, ¿verdad? El editor feroz es uno mismo, y ¿cómo se lucha contra uno mismo? Más adelante, cuando hablemos sobre cómo mejorar los buenos chistes o cómo repasar lo escrito para conseguir un efecto cómico o cómo pulir las gemas, volveremos a resucitar al editor feroz. Le

daremos la bienvenida y le diremos: "Bien, aquí tienes tu oportunidad de mostrarte exigente e inamovible en la búsqueda de la calidad". Pero aquí, en esta primera fase, es realmente necesario que

silenciemos esa voz, que hagamos callar a ese matón cerebral que quiere que sus miedos sean los propios. Para matar al editor feroz se necesitan armas. La regla del nueve es una de mis favoritas.

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LA REGLA DEL NUEVE

De cada diez chistes que cuentes, nueve serán una basura. De cada diez ideas que tengas, nueve no funcionarán. De cada diez veces que te arriesgues, nueve fracasarás.

¿Deprimente? En realidad no. En realidad, la regla del nueve acaba convirtiéndose en algo liberador porque en cuanto se aplica se pierde de manera instantánea y permanente ese tóxico sueño de triunfar cada vez. Es esa esperanza y el consiguiente miedo a fracasar lo que da a nuestro editor feroz tanto poder sobre nosotros. Elimina el sueño y habrás eliminado el poder. Simple y claro: un instrumento.

Un momento, ¿no hay algo contradictorio en todo esto? ¿No acabo de decir que no se puede dar por sentado el éxito ni el fracaso? ¿No he dicho que no lo sabrás hasta que pruebes? Entonces, ¿cómo puedo esperar un horrible e insignificante diez por ciento de éxito en nuestros esfuerzos cómicos? Realmente no puedo. En realidad, no tengo una base lógica sobre la que apoyarme. Invoco la regla del nueve no como algo totalmente cierto, sino como otra ficción útil que me ayuda en mi interminable batalla contra el miedo.

Tal vez pienses que me estoy desviando del tema. Después de todo, ¿qué diferencia hay entre temer al fracaso y asumir el fracaso? La respuesta es lo que esperas conseguir. Cuando esperas un éxito, temes el fracaso. Tienes algo que perder. Sin embargo, con la regla del nueve, tus expectativas son tan pocas al principio que casi no tienes nada que perder. Pero espera, aún hay más.

Si uno sólo espera que funcione uno de cada diez chistes, será lógico que se necesite cientos y cientos de chistes malos para crear un volumen de trabajo decente. Habrá que intentar y fallar, intentar y fallar e intentar y fallar e intentarlo otra vez más para llegar al punto en el que uno intenta y no falla. Por mera lógica matemática uno acaba convencido de que el proceso del fracaso resulta vital para el producto del triunfo. Esto lleva de nuevo al editor feroz; aún no está muerto pero tal vez sea un poco menos mandón que antes.

La regla del nueve es un instrumento que reduce las expectativas. Pongámosla en marcha y veamos cómo funciona. Genera una lista de diez nombres graciosos para un equiipo deportivo. Recuerda que ahora buscamos cantidad y no calidad. De hecho, para reducir todavía más tus expectativas, intenta completar este ejercicio en 5 minutos o menos. De esa manera convencerás mejor al editor feroz de que no te juegas nada, de que no arriesgas nada.

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Después seremos capaces de atacar este problema cómico con un conjunto de recursos al completo. Pero por ahora plantéate y responde sólo a esta pregunta: ¿qué nombre de equipo deportívo sería gracioso?

Los Saltabarros de Memphis Los Esclavos de la Aliteración Los Pelos de Punta

La Niebla Londinense La Juerga de Madrid

Los Molones de Nueva York Los Ácaros Peleones

Los Mgpxrhgmerersteros

El Equipo con el Nombre Increíblemente Largo, Virtualmente Impronunciable y Casi Imposible de Repetir por los Hinchas

No es una lista especialmente graciosa, ¿verdad? Pero con la regla del nueve no tiene por qué serlo. Lo único que estamos haciendo es acostumbrarnos a escribir las cosas, sin riesgo ni carga, sin

esperanzas ni temor. Ahora inténtalo tú. Supongamos que tienes una hoja de papel en blanco o la parte trasera de un viejo sobre en el que puedes escribir. Te sugeriré algunos ejercicios a lo largo de este libro y, aunque nadie te pone una pistola en la sien, recuerda que el

primer paso para dominar un instrumento es acostumbrarsee a

manejar el maldito cacharro. Tal vez debas hacerte con un montón de sobres viejos. A veces dejo algunos espacios en blanco en la hoja. Como ya he dicho, la primera norma es que no hay normas.

¿Quieres que el editor feroz se retraiga un poco más? Prueba esto: REDUCE TUS ASPIRACIONES

Esto no tiene sentido ¿no? Después de todo, la gente siempre te ha dicho que tengas mayores aspiraciones. Es verdad, pero también lo es que la gente nos dice que ya han enviado el cheque, que nos seguirán respetando por la mañana y que un déficit de seis trillones de euros no es nada por lo que preocuparse, así que tampoco

tenemos por qué creernos todo lo que nos dicen.

Independientemente de que seas un cómico de teatro, un guionista, un novelista, un ensayista cómico, un dibujante de animación, un escritor de tarjetas de felicitación, un artisuta, un orador público o lo que sea, seguramente sientes la presión del fuerte deseo de tener mucho éxito ahora mismo. En cuanto empiezo a escribir este libro, por ejemplo, me encuentro preguntándome si venderé muchos ejemplares, si me llevará a la televisión, si me hará famoso y me

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guiará hasta otros libros, acuerdos cinematográficos e invitaciones a las mejores fiestas. ¡Fiu, y todavía no está publicado!

Y sin embargo si bajamos al nivel profundo de esta frase, te puedo decir que espero que este libro me haga sentirme realizado.

Realmente quiero sentirme realizado, pero si me centro en analizar qué es eso de sentirse realizado, de ser un ganador, no me puedo concentrar en escribir este libro, el mismo libro que espero que me lleve a sentirme realizado. Déjame que siga mezclando metáforas horribles y diga que aquí, en el primer peldaño, estoy construyendo castillos en el aire. ¡Santo cielo!, ¿qué hago ahora?

Reduzco mis aspiraciones. Me concentro en este capítulo, en este párrafo, en esta frase, en esta proposición, en esta palabra. ¿Por qué? Porque la esperanza del éxito puede acabar con una comedia con tanta facilidad como el temor al fracaso. Con la regla del nueve combatimos nuestro miedo al fracaso. Rebajando nuestras

aspiraciones combatimos nuestra necesidad de triunfar.

No me cansaré de repetirlo. En este momento lo único que importa es la tarea que tenemos entre manos. Es imprescindible concentrarse en la tarea que se tiene entre manos y todo lo demás saldrá por sí solo. Si, claro, Heidi, haz tus deberes y el libro se publicará y te lloverán ofertas para ir a programas de televisión, y el dinero, y la fama, y la gloria, y las invitaciones a fiestas que llegarán mágicamente a tu puerta... Vale, tal vez no sea exactamente así. Pero sí que hay algo de verdad en ello: si tú no te concentras en la tarea que tienes entre manos no acabarás nunca el libro (o el chiste, o la animación, o el ensayo, o el discurso, o el monólogo) y nunca tendrás la oportunidad de alcanzar la gloria que ansías.

El proceso cómico se desarrolla paso a paso. A no ser que uno sea Superman no podrá saltar por encima de edificios de un único salto, por lo que es un poco idiota exigirlo. Atención a la afirmación

anterior: Exígete a ti mismo sólo lo que puedas hacer ahora. Haz esa única cosa y el editor feroz se deshará como un hombrecillo de nieve ante una chimenea.

Bien, ahora ya disponemos de dos instrumentos con los que atacar y reducir los miedos que debilitan nuestro proceso: la regla del nueve y reducir nuestras aspiraciones. ¿Qué otros instrumentos podemos empezar a utilizar? Y esta pregunta no es retórica.

EL REFUERZO POSITIVO COMO PROFECÍA DE REALIZACIÓN PERSONAL

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Aplaude cada pequeña victoria porque cada vez que lo hagas crearás un ambiente en el que podrá florecer una victoria mayor. Sí que me gusta esa idea. Voy a repetirla para los que estáis al fondo de la clase. Aplaudid las pequeñas victorias. Hacen crecer victorias mayores.

Probemos otro ejercicio para ver si somos capaces de aumentar nuestros esfuerzos con un refuerzo positivo. En primer lugar y utilizando la regla del nueve, escribe una lista de diez nombres graciosos en tu cuaderno. Vale, ya empiezo yo:

María Patatas

Crescencio Malcardo Amaya Maya

Bien, ahora tú. Ya espero... La, la, laaaa, la, la, laaaa... Bonito día, ¿verdad?

Un poco de niebla, sí, pero eso... ¿Ya has acabado? Buen trabajo. ¿Cómo te sientes ahora? Si todo ha salido según lo previsto, habrás usado el instrumento para rebajar tus aspiraciones y mantener al mínimo las falsa espectativas. Este ejercicio te habrá resultado

simple, trivial y posiblemente te parezca que carece de objetivo y que ha sido diseñado sólo para poner a tono tu musculatura cómica. No esperarías que cambiara tu vida y... voilá!... No lo ha hecho.

Ahora repasa la lista y descubrirás que, efectivamente, la mayor parte de esos nombres jocosos no son realmente divertidos. Pero de repente eso ya no importa, pues, según la regla del nueve, no tiene por qué serlo.

Pero has hecho una cosa muy importante: has terminado el ejercicio. Has pasado del punto A al punto B sin perderte en un camino sin retorno. Has hecho la tarea. No lo has hecho ni mejor ni peor de lo esperado y, en realidad, tampoco esperabas hacerlo particularmente bien ni mal. Así de relajado y sin cargas lo has hecho, lo que es más de lo que había ocurrido en otras ocasiones.

Así que date una palmadita en la espalda. Cobra tus ganancias. Pero mira lo que ocurre ahora. Te felicitas por hacer esa pequeña tarea. Eso te da la sensación más clara de ser alguien que puede hacer un trabajo. Lo que te hace estar ligeramente mejor equipado

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para hacer el trabajo la próxima vez. Lo que significa que entonces tu rendimiento será mejor. Y entonces mejorará la imagen que tienes de tí mismo. Y eso significa un mejor rendimiento. Lo que significa..., bueno, ya lo ves...

Con todo esto vamos a ver que el refuerzo positivo se convierte en una profecía de realización personal. Cuanto mejor sea la imagen que tienes de tí mismo, mejor serás.

Vaya, ése sí que es un concepto poderoso, ¿eh? Cuanto mejor imagines ser, mejor llegarás a ser ¿Y cómo has mejorado?

Abandonando todo interés por mejorar. Es algo casi zen, ¿verdad? Mejoras no intentando mejorar. ¿Cómo es posible?

Has cambiado de enfoque. Te estás concentrando en el proceso y no en el resultado. Si prestas atención a la interpretación que se está desarrollando en el escenario en lugar de centrarte en el aplauso que deberá llegar tras la caída del telón, cambiarás el juego, pasando de uno que nunca puedes ganar a uno que siempre vas a ganar. Y al hacerlo te desharás para siempre del editor feroz, porque ¿cómo puede maniuplar tus expectativas si de pronto tu única meta es experimentar el proceso?

Si esto te suena excesivamente moderno, puedes olvidarlo por ahora. Pero según vayas avanzando en los capítulos y los ejercicios resulten más complejos, por favor, concéntrate en hacerlos. Siempre que te resulte posible, deja que las cuestiones de calidad abandonen tu cabeza. Te prometo que tu rendimiento mejorará.

Proceso, no resultado. Céntrate en eso. En otras palabras, CONCÉNTRATE EN LA TAREA QUE TIENES ENTRE MANOS La creatividad y la competitividad a veces chocan. A pesar de

nuestros esfuerzos por evitarlo, no podemos dejar de compararnos con los demás y de medir nuestro progreso según el de otros. Es natural, inevitable. Y debemos enfrentarnos a ello.

Supongamos que llama un amigo a quien le acaban de ofrecer una gira que a ti realmente te apetecía y sabías que podías hacer muy bien. Incluso cuando le felicitas tal vez te descubras preguntándote: ¿Por qué él y no yo?

Y si esa llamada llega en mitad de un día de trabajo podría acabar con tu proceso creativo. Los celos, la envidia, la desesperación..., todos esos extraños sentimientos negativos giran como un torbellino

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en tu cabeza dentro de una nube negra que todo lo corrompe. ¿Cómo puedes ser ingenioso con todo ese ruido en la cabeza?

Vuelves a lo único que puedes controlar: a las palabras sobre la página, a las viñetas en el cuaderno de bocetos, a lo que sea. Al concentrarte en la tarea que tienes entre manos te arrancas esa inevitable ira competidora de la mente. Después, al terminar un pequeño fragmento de trabajo por la mera fuerza de la obstinación, utilizas tu instrumento de refuerzo positivo y te dices a ti mismo: "Eh, este trozo de trabajo no está nada mal. Si, ya sé, que hay alguien por ahí que tiene el trabajo que yo quería, peor por lo menos yo me

puedo sentir bien por esto"

Y al haber encontrado alguna fuente de satisfacción, la imagen que tenemos de nosotros mismos mejora, se reduce nuestra ansiedad, nuestra concentración se centra y aumenta nuestra confianza. Así podremos enfrentarnos a la siguiente tarea, al próximo chiste, párrafo, dibujo, prueba o lo que sea.

La guerra se gana con pequeñas batallas. Y el instrumento de "la tarea que tengas entre manos" se basa en gran medida en el difícil engaño de que el mundo exterior de alguna manera ha dejado de existir. Está claro que ambos sabemos que eso no es cierto. Al final del todo, cuando ya se han escrito todos los chistes, dibujado todas las viñetas o lo que sea, nos quedan facturas que pagar, grifos por reparar, bebés que lloran en el vecindario, selvas tropicales en

declive, y esa molesta pregunta sin resolver de si Leno es mejor que Letterman o no.

Pero nada de eso importa cuando se está entregado.

Cuando estás concentrado en la tarea que tienes entre manos, el mundo exterior deja verdaderamente de existir. Si te ves arrastrado por una buena racha de trabajo, date una palmadita en la espalda y después, teniendo presente ese logro, plantéate la siguiente tarea en la mejor disposición para ganar. De esa manera, un logro

complemente a los demás. Y así se cierra el círculo.

Pronto pasaremos a presentar las herramientas específicas de la comedia, la maquinaria interna por la que probablemente te decidiste a comprar este libro. Quizá pienses que esos recursos sean lo único que importa, que he malgastado mucho tiempo y palabras en crear un entorno emocional favorable para aplicar esos instrumentos sin expectativas inútiles, ya sean positivas, negativas o de cualquier clase. ¿Sabías que cobro por palabra escrita? No, claro que no. La verdadera respuesta es esta: sin unos cimientos emocionales adecuados, los recursos técnicos resultan inútiles.

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A no ser que uno se comprometa seriamente a luchar contra los miedos que inhiben la creatividad, no podrá ser gracioso en absoluto. Habrá malgastado el dinero comprando este libro, exepto por el euro que tal vez se pueda recuperar si se vende como libro usado.

Por lo tanto y para resumir: no está mal darse contra el suelo, es bueno. Por lo menos al caer hacia delante estás en movimiento y moverse es lo único que realmente importa. Recuerda que las escaleras se suben peldaño a peldaño.

Y ahora que ya estamos totalmente centrados en los resultados, echemos un vistazo a la forma de componer algunos resultados de calidad con nuestros recursos. En otras palabras, ya vale de andarse por las ramas, hemos llegado al meollo de la cuestión...

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3 La premisa cómica

La premisa cómica es el abismo que se abre entre la realidad cómica y la realidad de verdad.

Cada vez que una voz, un personaje o un mundo cómico se asoman a las situaciones desde su perspectiva sesgada se abre un abismo entre las realidades. La comedia existe en esa intersección.

Por ejemplo, la premisa cómica de Regreso al futuro es el abismo que existe entre la realidad cómica del mundo de la década de los años 50 en esa película y la "realidad" de verdad de Marty McFly. Para él Ronald Reagan es el presidente de Estados Unidos, mientras que para quienes vivían en los cincuenta, Reagan no era más que un actor de poca monta. Esa broma es típica en el cine y refleja la premisa cómica aludida.

En Trampa 22 hallamos la premisa cómica en el abismo que existe entre la visión que Yossarian tiene del mundo: "Esto cuerdo pero quiero estar loco", y la que tiene el resto del planeta: "Estamos locos pero fingimos estar cuerdos".

En la tira cómica de Carlitos, por tomar un ejemplo totalmente distinto, existe un abismo entre la realidad "de verdad" de Snoopy, que es un perro, y su realidad cómica, que es un as de la aeronáutica de la Primera Guerra Mundia. No hace falta ver películas, leer libros o tiras cómicas para encontrar el abismo de la premisa cómica. Se encuentra también al nivel del chiste, de la broma, de la frase jocosa. "Hace dos años que no hago el amor."

"¿Eres soltero?" "No, estoy casado".

En este caso el abismo se encuentra en la diferencia que hay entre un motivo del mundo real -la soltería- y un motivo del mundo cómico -el matrimonio- para no practicar el sexo.

Toda estructura cómica cuenta con una premisa cómica

independientemente de su extensión. Incluso un humilde juego de palabras depende del abismo que existe entre la verdadera realidad de cómo esperamos que se comporte una cierta palabra y la realidad cómica de cómo acaba comportándose el chiste.

Se me acercó un hombre y dijo: "Hace una semana que no me dan un bocado", así que le mordí.

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Esperamos que la palabra "bocado" se refiera a comida. Ésa es la realidad de verdad. pero cuando de pronto se refiere en su lugar a un comportamiento agresivo se retuerce hasta mostrar la realidad

cómica. Ése es el abismo. Mira el abismo. Siente el abismo. Usa la fuerza, Luke.

La serie de televisión Mork and Mindy establecía su abismo entre la realidad "de verdad" del mundo de Mindy y la reaidad cómica del mundo de Mork. En Aquellos maravillosos años es la presencia del narrador, un adulto que rememora su infancia, lo que actúa como motor del humor del programa. El abismo en eses caso se produce entre lo que sabe un niño y lo que el adulto ha aprendido a través de sus experiencias.

¿Podemos encontrar una premisa cómica en una tarjeta de felicitación? Por supuesto. Imagínate lo siguiente:

"¡Un brindis por tu mejor año!", y entonces abres la tarjeta... "Fue en 1976, ¿no?"

En este caso el abismo cómico se abre entre la realidad de verdad de quien recibe la tarjeta, que espera que se le felicite, y la realidad cómica del remitente, que en su lugar le ofrece una ironía.

Los escritos de James Thurber, en un tono más próximo al nivel intelectual de instituto, con frecuencia describen el abismo entre la realidad y la fantasía de manera literal, en particular cuando un

personaje específico debe interpretar la fantasía cómica de la realidad que le rodea. ¿Qué es La vida secreta de Walter Mitty, sino un viaje por el abismo que se abre entre el mundo itnerior de Mitty y el mundo exterior que se niega a reconocer?

Incluso los títulos pueden expresar una premisa cómica. Imagina que te encuentras una novela policíaca titulada Crescencio Malcardo, detective privado. ¿No esperarías que este libro fuera una novela policíaca cómica o tal vez una infantil? Eso se debe al absimo entre la realidad de verdad (las novelas serias tienen títulos serios) y la

realidad cómica (un detective con un nombre de broma). Tal vez el planteamiento parezca demasiado analítico, pero

concédeme un minuto. Una vez reconozcas el abismo de la premisa cómica, empezarás a percibirlo en cada situación ingeniosa que se cruce en tu camino. Y una vez lo empieces a ver en cada situación, empezarás a invertir el proceso, no sólo encontrándolo en las

situaciones que vives, sino inventándolo en situaciones cómicas que tú mismo crearás. Y será entonces cuando la premisa cómica deje de

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actuar como un ejercicio mental de indulgencia personal para empezar a convertirse en una herramienta que podrás utilizar. Muy bien, vamos a aplicarlo. Usemos la premisa cómica como instrumento para crear situaciones cómicas. De hecho lo vamos a hacer dos veces: ahora y otra más tarde a lo largo del capítulo, cuando ya hayamos desmenuzado la premisa cómica en las piezas que la componen. En el lado izquierdo de la página escribe diez realidades de verdad y en el de la derecha, diez realidades cómicas que puedan entrar en conflicto con las primeras. Antes de empezar quiero recordar que lo que importa es el proceso y no el resultado. No es un examen, no va a formar parte de ningún historial y se puede hacer en sucio. De hecho, lo único que realmente importa es que hagas el ejercicio lo antes posible para seguir avanzando. Ya voy a poner yo algunos ejemplos que te orienten.

Ir a la tienda a comprar uzis Un poli detiene una furgoneta está llena de extraterrestres

La Carta Magna escrita por Rafael Alberti

De inmediato empezamos a buscar algo inesperado para crear la realidad cómica. Una forma de resolver este problema consiste en pensar qué esperamos y entonces poner lo contrario.

Ir a la iglesia desnudo

Calse de manualidades en la E.S.O. impartida por Albert Einstein

Escuchar una sinfonía bailando a su ritmo Si este ejercicio te ha parecido fácil, es probable que sea porque te has dejado llevar y has permitido que tus caprichos te guíen. Pero si te ha parecido complicado, tal vez sea porque no dominas la

estructura que organiza tus pensamientos.

La mente no estructurada se pregunta: "¿Qué es gracioso?", y de manera instantánea se pierde en una masa pegajosa de sustancia gris. La mente ligeramente estructurada se centra en lo que se llama la premisa cómica e intenta que le guíe alguna mano mágica hasta alguna meta creativa. Es menos amorfa pero sigue siendo una sustancia gris pegajosa. Cuanto más estructuremos la tarea, más convertiremos el acto creativo en un acto de plantear y responder preguntas sencillas y más fácil resultará.

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Dentro de la premisa cómica no hay sólo un abismo entre la realidad de verdad y la cómica, sino todo un conjunto de abismos distintos. Todos producen conflicto y cuanto mayor sea el conflicto, más interesante será la premisa.

LOS TRES TIPOS DE CONFLICTO CÓMICO

En la estructura dramática clásica hay tres tipos de conflicto: el hombre contra su mundo, el hombre contra el hombre y el hombre contra sí mismo. Dado que el conflicto cómico a menudo es sólo un conflicto dramático al que se le han añadido risas, no resultará

demasiado sorprendente saber que también existen esos tres niveles de conflicto en la estructura cómica. Podemos encontrar nuestra premisa cómica en uno de los niveles, en dos o en los tres niveles de conflicto.

El primer tipo de conflicto, el llamado conflicto global, es el conflicto que se produce entre las personas y su mundo. El conflicto puede darse entre un personaje normal en un mundo cómico o un personaje cómico en un mundo normal. ¿Simple? ¿Pedante? Pues aún hay más. Un personaje normal dentro de un mundo cómico personifica al

lector, al espectador o al invitado y representa la verdadera realidad. La situación en la que se encuentra representa la realidad cómica. En Regreso al futuro, Marty McFly es un personaje normal en un mundo cómico. Lo mismo ocurre en Un yanqui en la corte del rey Arturo o con el personaje de la tira cómica de Ziggy, o con Bill Cosby cuando nos presenta a sus extraños amigos, el gordo Albert, el viejo y raro Harold, etc.

Un personaje cómico en un mundo normal lleva consigo la premisa cómica. Cuando en Tootsie Michael Dorsey se convierte en Dorothy Michaels, pasa a ser un personaje cómico. Su mundo no ha

cambiado, ha sido su propio acto de transformación lo que ha creado la premisa cómica.

Así que volvemos a nuestro último ejercicio, veremos que lo podemos refinar de la siguiente manera: crea una situación cómica que

encuentre su premisa en un conflicto global. Crea un personaje normal, por ejemplo un hombre de negocios, y después crea una estructura social a la que se deba enfrentar. Et voilá!: la auditoría de la Seguridad Social del infierno.

O inviértelo. Haz que la oficina de auditorías de la Seguridad Social sea el mundo normal y deja que el personaje cómico sea un auditado lunáticamente beligerante (o lunáticamente ingénuo, o lunáticamente idiota, o lunáticamente cualquier cosa). Más tarde hablaremos de

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cómo conseguir sacar una chispa más de estas situaciones, aunque por ahora baste con saber que ese tipo de conflicto existe.

Crea unas pocas premisas cómicas nuevas que se basen totalmente en conflictos globales y comprueba cómo la tarea es más fácil

reduciendo el campo. Ya verás.

Un científico muy entregado se enfrenta a una empresa de productos químicos.

Una estrella del rock renegada se vuelve contra la industria de la música.

Un hombre de la calle se enfrenta al ayuntamiento. Una ciudad se enfrenta a una invasión extraterrestre. Un profesor se enfrenta al consejo escolar.

Un colegio cae presa de un director nuevo muy extraño.

Habrás observado que esos conflictos no tienen por qué ser cómicos. No importa. En unos pocos capítulos te familiarizarás con todos los recursos necesarios para convertir cualqueir conflicto en cómico. Por ahora pasemos al segundo tipo de conflicto, al conflicto entre

personas o conflicto local, a las batallas entre individuos. Hay dos tipos de conflictos locales. El primero enfrenta a un

personaje cómico contra un personaje normal, y el otro contrapone a dos personajes cómicos. En ambos casos el conflicto se produce entre personas que comparten algún lazo emocional. Se importan la una a la otra. Esto no significa que se quieran o ni siquiera que se gusten. Tal vez se odian, pero está claro que se importan. Esto es lo que distingue este conflicto del que pudieran tener, por ejemplo, un poli y un profesional de la estafa. Es como el anuncio que dice: "Ha llegado el momento en que esto se va a convertir en algo personal".

Mork y Mindy son ejemplos perfectos de un personaje cómico frente a uno normal. Mork es la realidad cómica y Mindy la real. El abismo entre sus personalidades es la premisa cómica del programa.

Mientras que Felix y Oscar de La extraña pareja son dos personajes cómicos opuestos. Cada uno tiene una potente realidad cómica y los dos chocan con fuerza. Esto quedará mucho más claro en el siguiente capítulo, cuando hablemos de los personajes cómicos y de sus

profundas perspectivas cómicas.

Es agradable que las cosas encajen en categorías, pero ¿qué ocurre cuando no es así? ¿Qué pasa con ¿Qué pasa Bob?? En esa película Richard Dreyfuss es un loquero de primera clase y Bill Murray es un lunático de campeonato. ¿Un personaje normal frente a uno cómico o

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dos personajes cómicos opuestos? ¿Quién sabe? O, para ser más exactos, ¿qué más da?

Hemos abordado la clasificación. Es un instrumento útil pero resbaladizo. Clasificar las cosas suele ayudarnos a verlas con más claridad..., pero ponerle etiquetas a absolutamente todo puede llevar a una gran confusión. Si una historia, un programa o una situación desafían toda clasificación, no le des muchas vueltas. Como pronto descubrirás, la mejor comedia es indefinible.

Volvamos a realizar el ejercicio de la premisa cómica pero ahora creando premisas cómicas que se basen en un personaje cómico frente a un personaje normal y en dos personajes cómicos opuestos. Nuestro ejemplo de la Seguridad Social no funcionará porque se

trataba de un personaje contra el mundo y la inversión emocional era nula. Pero si hacemos que la funcionaria de la Seguridad Social sea la ex mujer del empresario, tendremos un jugoso conflicto personal. Un tipo normal trata con un vecino loco.

Un soldado y un pacifista van a la guerra. Un astrónomo se casa con una astróloga.

Un padre conservador pelea contra un hijo liberal. Un genio infatigable le plantea un problema a su tutor. Un mojigato y un chulo unen sus fuerzas.

Observa que de nuevo es mucho más fácil elegir cuando se plantean preguntas más precisas a las que responder. Si partimos de la

pregunta: "¿Qué es una premisa cómica?", no sacaremos nada en claro. Pero si empezamos con: "¿Qué es un conflicto entre un

personaje normal y uno cómico?", habremos pasado a los específico y estaremos avanzando hacia los detalles. A lo largo de este libro

procuraremos ir de lo general a lo específico. Así los resultados son mejores.

No sólo en la comedia sino en toda la narración, el conflicto más rico es el interno. Está claro que podemos sentir un cierto interés por saber qué tal se le da a Herman Munster hacer de miembro de un jurado; y sí, sentiremos una vaga curiosidad sobre Felix y Oscar y ese arañazo en la mesa del comedor, pero, para lograr un verdadero empuje dramático, no hay nada como ver a los personajes batallando contra sí mismos.

En un conflicto interno un personaje normal se convierte en uno cómico y la comedia se cimienta en el cambio sufrido por el

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se convierte en mujer. Como hombre es un personaje normal, pero como mujer es un personaje cómico. La película gira en torno al conflcto entre su yo normal y su yo cómico. Es parecido al personaje de Tom Hanks en Big.. Empieza siendo normal, un chaval, y se

vuelve cómico, un chaval en cuerpo de un adulto.

También es posible tener un personaje cómico enfrentado a sí mismo sin que se produzca un cambio de estado. Murphy Brown, es una criatura llena de duas. Sus dudas se remontan a mucho antes de que la conozcamos y seguirán con ella mucho después de que nosotros desaparezcamos. Eso es un conflicto interno.

Si queremos expresar la premisa cómica en términos de conflicto interno, tal vez podamos explorar la historia de un hombre que se queda ciego o la de un hombre ciego incapaza de aceptar su ceguera. Es más fácil ver el conflicto interno en términos de un personaje normal que sufre una transformación cómica. Y eso se puede

conseguir eligiendo un personaje y convirtíendolo en su opuesto, el hombre que se convierte en mujer, el niño que se convierte en hombre, el idiota que se convierte en genio, etc.

Un niño que pasa a ser director general.

Un ama de casa que se convierte en comandante de la OTAN.

El presidente de Paraguay pasa a ser reponedor en un supermercado. Una pianista de música clásica se convierte en diosa del rock.

Un príncipe que se convierte en rana.

Un gnomo que se convierte en supermodelo.

Un jugador de fútbol que se convierte en un priemra figura del ballet Lo realmente interesante de estos tres tipos de conflicto es cómo se relacionan y mezclan entre sí. En la mejor narrativa cómica, los tres tipos se entretejen en una misma situación. cuando Walter Mitty desaparece en su fantasía, se vuelve un personaje cómico dentro de un mundo normal, se vuelve un personaje cómico dentro de un mundo normal, a la vez que tiene un conflicto conl as personas a las que ama y otro conflicto consigo mismo por el papel que desempeña. O, tomando otro ejemplo en la película Entre pillos anda el juego, Dan Aykroyd y Eddie Murphy juegan al príncipe y el mendigo e

intercambian sus puestos. Tienen un conflicto global porque cada uno de ellos lucha por sobrevivir en ese mundo nuevo y retador en el que se encuentra. También tienen un conflicto local entre ellos dos y con las persnas que los rodean, personas por quienes sienten amor u odio o ira o miedo. Además cada uno de ellos tiene su propio conflicto

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interno, la lucha de un personaje normal que se ha transformado en un personaje cómico y lucha por encajar con su nueva identificación. En las premisas cómicas debemos intentar llegar a situaciones que exploten los tres tipos de conflicto cómico. Esas situaciones serán sin duda la semilla cómica que mejores frutos nos ofrezca. Si no dispones de una gran cantidad de ejemplos, limítate a dedicar unos minutos a pensar en tus cómicos favoritos de teatro, cine o televisión o en tus libros o dibujos animados preferidos ¿No disfrutas más con lo

complejos que con los simples?

En Calvin y Hobbes, Calvin tiene conflictos globales (con los

profesores, con sus padres, con los alienígenas del espacio exterior y con otras figuras que representan la autoridad), conflictos locales (Hobbes) y conflictos internos (ataques incontrolables de caprichos). Nany y Sluggo, por otro lad, batallan contra el mundo y entre sí, pero nunca luchan contra ellos mismos. ¿Cuál e las dos tiras cómicas

resulta más interesante?

Una actriz cómica de teatro podría contar una serie de chistes sobre la mala calidad de la comida en los aviones y tal vez fuera muy graciosa. Pero si hace que la azafata se convierta en una vieja enemiga que está intentando envenenarla y la pinta como una horrorosa acrófoba que nunca debería habers subido a un avión, el material, por decirlo de alguna manera, despegará.

Prueba a realizar el siguiente ejercicio: imagínate que se te ha brindado la oportunidad de dibujar una tira cómica para una asociación nacional. (¿Que no sabes dibujar? No te preocupes, yo tampoco, pero finjamos que sabemos para este ejercicio, ¿de

acuerdo?) Abórdala en términos de su premisa cómica: ¿qué tipos de conflicto cómico harían que la tira cómica resultara graciosa?

Una profesora de escuela que lleva años sufriendo debe enfrentarse a sus sagrados terrores.

Los recién casados luchan contra sus respectivas familias políticas, entre sí y contra ellos mismos.

Un chico tiene como mascota un cerdo barrigón.

Un ama de casa aburrida dirige un comedor para indigentes.

Una madre soltera y sus dificultades para relacionares con sus hijas adolescentes.

Una familia de barrio normal que se desplaza a vivir a una estación espacial.

Un dibujante de animación que no es capaz de evitar que sus personajes cobren vida.

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Tal vez te hayas dado cuenta de que procuroque mis premisas cómicas sean cortas, que no superen la longitud de una frase o menos. Según el dicho, la brevedad es el alma del ingenio: o más concretamente, es el alma de la comprensión. Si no eres capaz de reducir tu premisa cómica a una única frase es muy probable que todavía no la domines. Avanza hacia la simplicidad aunque sólo sea por trabajar menos cuando debas aplicar la regla del nueve para separar el grano de la voluminosa paja.

Déjame apuntar una idea más antes de seguir adelante: la premisa cómica no sólo crea comedia sino que desvela la verdad obre una situación determinada. La realidad cómica realmente revela la verdad dentro de la "verdadera" realidad. Cuando Snoopy finge ser un as de la aviación de la Primera Guerra Mundial, está revelándonos una verdad esencial: las personas fingen. Volviendo al concepto de la verdad y el dolor, analicemos a nuestros personajes normales y revelaremos a través de ellos la premisa cómica, al igual que

nuestros personajes cómicos nos revelarán el humor. Cuando Dustin Hoffman se arranca la peluca al final de Tootsie, el personaje cómico (Dorothy) provoca las risas mientras el personaje normal (Michael) demuestra la verdad y el dolor: los hombres y las mujeres se portan mal los unos con los otros (a no ser que aprendan a portarse bien). Recapitulemos: la premisa cómica es el abismo que se abre entre la verdadera realidad y la realidad cómica. Toda forma de humor, desde el chste más simple hasta la narración cómica más extensa, tiene algún tipo de abismo o de conflicto cómico que lo define. Hay tres tipos de conflicto cómico: el conflicto global que se produce entre un individuo y su mundo, el conflicto local que trata de personas que luchan contra otras personas y de que siempre hacemos daño quienes queremos, y el conflicto interno que nos presenta a un personaje que está en guerra consigo mismo. El conflicto interno siempre es el más rico y el más fructífero. Basta con preguntárselo a Hamlet o a cualquier otro personaje cómico.

¿Que Hamlet no te parece un personaje cómico? Bueno, quizá cambies de opinión...

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4 Los personajes cómicos

Tú ya sabes qué es un personaje cómico, ¿verdad? Es ese tipo que está sentado detrás de un durante un partido y que después de seis o siete cervezas siente que está manteniendo una relación personal con el árbitro, con el entrenador o con el portero rival y que tiene el

derecho divino a compartir con todos los que le rodean las

intimidades de esas relaciones al máximo de su capacidad pulmonar. Esa persona es un personaje cómico hasta el momento en el que te derrama su cerveza por la espalda. Entonces no es más que un idiota.

Ahora en serio... Cuando hablo de "personaje cómico", ¿qué es lo primero que te viene a la cabeza? Lucille Ball, Groucho Marx, Charlie Chaplin, Charlie Brown, Santiago Segura, Johnny Carson, Ziggy, Bart Simpson, Joel Fleischman, Luis Piedrahita, Bertie Wooser, Jonathan Winters, Robin Williams, Sissy Hankshaw, Dave Barry, etc. No se puede navegar en la cultura popular sin topar con un verdadero personaje cómico. Aunque eso no ayuda demasiado a la hora de crear los propios, ¿verdad?

No temas. Como el fiel alquimista que soy te diré que he hallado la fórmula para crear personajes cómicos. No es tan elegante como la de hilar oro a partir de paja, pero es infinitamente más fiable. Para cuando hayas terminado este capítulo, serás capaz de construir tu propio personaje cómico a partir de la nada y en un máximo de dos minutos. Habrás creado un monstruo en el más puro estilo

frankensteiniano.

No todos tus personajes cómicos serán memorables ni sólidas creaciones que puedan soportar el peso de los grandes desarrollos. Pero yo soy el de la "regla del nueve". En mi universo resulta

obligatorio crear muchos, muchos, muchos personajes antes de tener la confianza de haber elegido unos poquitos prometedores y de

calidad. Así que lo que yo busco a efectos creativos propios (y lo que me gustaría compartir) es una cadena de producción cómica,

parecida a las de las fábricas, que produzca personajes cómicos como rosquillas. Una vez fabricados los dejaremos libres y veremos cuales funcionan y cuales no.

Hay cuatro elementos que constituyen la materia prima de todo personaje cómico. El primero y más importante es la perspectica cómica.

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Busquemos a un personaje cómico que no tenga una perspectiva cómica y estaremos ante un hombre serio.

El corazón, el alma de cualquier personaje cómico es su PROFUNDA PERSPECTIVA CÓMICA. Lo voy a repetir, SU PROFUNDA

PERSPECTIVA CÓMICA, y lo pongo en mayúsculas porque quizá sean las tres palabras más importantes de todo este libro. Cada personaje cómico nace y muere con una profunda perspectica cómica. Si la conoces sabrás qué es lo que hace que un personaje sea siempre cómico y no te decepcione.

La perspectiva cómica es la forma singular, personal y única que tiene un personaje de mirar al mundo y que difiere de la visión

"normal" del resto de las personas en algún sentido claro y básico. A lo largo del último capítulo hemos hablado sobre la premisa cómica y la hemos definido como el abismo que se abre entre la verdadera realidad y la realidad cómica. En un sentido, la perspectiva cómica es la propia premisa cómica individual de un personaje. La perspectiva cómica funciona en un personaje de la misma manera que funciona la premisa cómica en una historia: define el abismo que producirá la chispa de la risa.

La perspectiva cómica de Gracie Allen era su inocencia. Ése era el filtro a través del cual miraba al mundo y a través dle cual fluía su humor. La perspectiva cómica de Harpo Marx era su carácter juguetón. Pero podríamos decir que la de Groucho era su cinismo malicioso. En Doctor en Alaska, la perspectiva cómica de Joel

Fleischman es, básicamente: "Nueva York gobierna, Alaska muerde". ¿Comprendes que cada situación graciosa que le ocurra en esa serie dependerá de su perspectiva cómica?

Jerry Lewis tenía en el apogeo de su carrera cinematográfica la perspectiva del patoso. Actuaba como un patoso, pero lo más

importante es que pensaba como un patoso. La perspectiva cómica de Jack Benny es que era un rata. Una escena típica con Jack Benny sería que el ladrón le dijera: "La bolsa o la vida". Y Jack respondería: "Espera, que me lo estoy pensando", filtrando la amenaza del ladrón a través de su perspectiva cómica. La posibilidad de que Jack pudiera valorar más su dinero que su vida es lo que provoca la carcajada. Y es su perspectiva cómica lo que da vida a esa posibilidad.

La perspectiva cómica de un personaje es el motor que tira de su locomotora cómica. La comedia fluye desde el personaje, es decir, la comedia fluye desde la manera única, extraña y singular que tenga el personaje de ver el mundo. Cuando me río con un buen cómico de monólogos lo que más admiro de él o ella es su capacidad de convertir los detalles cotidianos de la vida de cualquiera en algo

Referencias

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