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Después de la pena - descripciones del sentido de la penalidad

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Academic year: 2020

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(1)UNIVERSIDAD DE LOS ANDES FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES DEPARTAMENTO DE ANTROPOLOGÍA. MONOGRAFÍA DE GRADO EN ANTROPOLOGÍA. DESPUÉS DE LA PENA: DESCRIPCIONES DEL SENTIDO DE LA PENALIDAD. PRESENTADA POR: JUAN PABLO CORREA ARANGO DIRIGIDA POR: PABLO MORA. BOGOTÁ, COLOMBIA 2004. 1.

(2) JUAN PABLO CORREA. DESPUÉS DE LA PENA: DESCRIPCIONES DEL SENTIDO DE LA PENALIDAD. 2.

(3) Para Liliana, Juan Rafael Juan José y Ana María. 3.

(4) TABLA DE CONTENIDO. INTRODUCCIÓN............................................................................................................. 5 Metodología ............................................................................................................... 13 La aproximación hermenéutica y fenomenológica: métodos conjuntos para describir el sentido del castigo penal: .......................................................................................................13 Recolección de la información ...............................................................................................18 Análisis de la información......................................................................................................19 Marco conceptual....................................................................................................... 20 El sentido de la penalidad en el transcurso de la vida............................................................20 Las experiencias .....................................................................................................................20 La identidad del sujeto ...........................................................................................................22 RETRATOS DE PENADOS........................................................................................... 22 María Mercedes ......................................................................................................... 23 Mauricio ..................................................................................................................... 28 Fermín........................................................................................................................ 33 El caleño .................................................................................................................... 36 LOS SENTIDOS DE LA PENALIDAD ........................................................................... 39 El castigo ................................................................................................................... 41 La incongruencia del castigo penal ........................................................................................42 La vida… ¿el castigo de los hombres?...................................................................................43 Sanción ejemplarizante versus castigo penal .........................................................................45 El castigo como suplicio ........................................................................................................46 Las funciones de la pena ........................................................................................... 48 La mortificación .....................................................................................................................48 La contaminación ...................................................................................................................50 La pérdida de la autodeterminación .......................................................................................51 A MANERA DE CONCLUSIÓN ..................................................................................... 54 BIBLIOGRAFÍA.............................................................................................................. 58. 4.

(5) INTRODUCCIÓN. Poco a poco he ido descubriendo que hasta hoy toda gran filosofía ha sido la confesión personal de su autor (aunque no lo haya pretendido ni haya tenido conciencia de ello), algo así como sus <<memorias>> [Mas allá del bien y del mal (6)].. No existen fenómenos morales, sino sólo una interpretación moral de fenómenos… [Mas allá del bien y del mal (108)]. Friederich Nietzsche. Es posible que en el azar exista un patrón, una guía o una dirección en la cual se puedan distinguir las causas que me condujeron al tema que expongo en este trabajo. No obstante, no todo es voluntariamente aleatorio; es importante entonces advertir que el texto contenido en estas páginas es resultado de un juego textual: cuidadosamente delimitado, rigurosamente simulado y vertiginosamente arriesgado. En un especial de crónicas denominado “Voces de la otra Colombia” realizado por el periódico El Tiempo durante el mes de enero de 2002, se publicó una crónica titulada “El presidente encarcelado”. Este artículo daba cuenta de un caso que me llamó mucho la atención. La. 5.

(6) periodista Luz María Sierra narraba allí la historia de un prisionero: Wilmar Zapata, condenado a 36 años de prisión por coautoría de un secuestro. Wilmar era algo más que un simple prisionero; fue el presidente de una mesa de negociación creada con el fin de solucionar los problemas de violencia que aquejaban a la cárcel de Picaleña en Ibagué durante los años noventa. El artículo buscaba ennoblecer a este personaje que, habiéndose ganado la confianza de los jefes de patio y caciques de la cárcel, lideró un proceso de negociación que condujo a una reducción de los niveles de violencia dentro del plantel penitenciario. La periodista, atada a una responsabilidad moral, rescataba los valores de convivencia y solidaridad que encarnaba Wilmar. No obstante, en medio de tantas palabras, juicios de valor y denuncias, me sorprendió un detalle que resultó ser revelador y a la vez inquietante. Wilmar, al liderar aquella mesa de negociación, participó de manera fundamental en la elaboración de un código interno por medio del cual los presos llegaron a una serie de acuerdos que les permitió fundar reglas de convivencia dentro del penal. Como lo describe el artículo, el incumplimiento de este código implicaba diferentes sanciones, entre las cuales también existía la pena de muerte. El hecho es revelador; demuestra la debilidad del penal para controlar, con sus propios recursos y medios (la guardia, su infraestructura etc.), los conflictos internos. Un típico caso de ineficiencia y debilidad institucional. Sin embargo, es inquietante que pueda surgir un sistema de control paralelo, originado e intervenido por los mismos internos. Lo anterior muestra que a falta de un sistema de control normalizado, que permita aplacar los conflictos, pueden subsistir y surgir otros. ¿Por qué unos sistemas de control prevalecen sobre otros? ¿Qué sentido tiene la pena del encarcelamiento frente a este hecho? En la medida en que busqué responder a esta pregunta me di cuenta de que intentarlo era tan ingenuo, como pasar por alto un detalle semejante. Lo único que existía para ese entonces (febrero de 2002) era una gran curiosidad sobre un evento que había ocurrido en la cárcel de Picaleña en Ibagué, que ponía en duda el sentido mismo del encarcelamiento. Además de esto, aparecía Wilmar, un sujeto en el que aparentemente se concentraban las respuestas. Para ese entonces, mi preocupación se fundaba en que la curiosidad sobre el caso de Picaleña pudiera tomar la forma de un problema de investigación. Desafortunadamente, para ese momento cualquier intento por concretar mi plan, que consistía en. 6.

(7) ensanchar mi conocimiento sobre el caso de Picaleña, resultó poco viable. Sabiendo que esto no iba a ser posible, decidí buscar otras posibilidades que me permitieran continuar acercandome al tema del castigo penal en Colombia. Intentando encauzar mis inquietudes decidí iniciar mi pesquisa bibliográfica con la esperanza de encontrar algún tipo de perspectiva antropológica que permitiera centrar mi atención en el tema de la penalidad. La búsqueda se orientó a partir de diferentes temas que relacioné de una manera intuitiva: la cárcel, el encarcelamiento, el castigo, el prisionero, el sistema penitenciario. Encontré que en torno al tema del castigo penal existe una gran cantidad de literatura. Distinguiré ahora las fuentes que resultaron más pertinentes para pensar el sentido de la penalidad desde una perspectiva antropológica. Dentro de la sociología contemporánea David Garland es un autor que se ha preocupado por revivir la reflexión sociológica sobre el castigo en las sociedades modernas. En su libro Castigo y Sociedad Moderna (1999), Garland expone algunas de las teorías fundamentales que han explorado el tema del castigo penal desde una perspectiva sociológica, haciendo especial énfasis en Durkheim y Foucault. A partir de una revisión interpretativa de éstas teorías, Garland logra proporcionar algunos rudimentos conceptuales útiles para entender los problemas que implica una aproximación sociológica y antropológica al tema del castigo. En un esfuerzo por diferenciar el enfoque interpretativo del castigo de otras aproximaciones, Garland toma distancia de un conjunto de perspectivas y discursos que analizan el statu quo del sistema penitenciario desde los principios del derecho canónico. Esto no lo hace con el fin de rebelarse contra la ortodoxia que caracteriza este tipo de explicaciones, sino que lo hace con el fin de revivir el sentido mismo del castigo penal. “Las instituciones penales han perdido el vocabulario –y hasta la mitología– que sustentaba el concepto moderno del castigo”, dice Garland después de explicar cómo, por ejemplo, el concepto de rehabilitación que en algún momento dio un sentido de propósito y justificación al castigo, hoy es un término problemático e inoperante (Garland, 1999, 21). Esto quiere decir que la crisis de identidad de las instituciones. 7.

(8) penales es un problema que va más allá del contexto colombiano y la preocupación por entender las instituciones penales desde su más cercana realidad, una necesidad cada vez más urgente. Análisis como los realizados por Garland, buscan caracterizar las instituciones penales de países como Canadá y Estados Unidos; sistemas que operan en una aparente normalidad opuesta a las precarias condiciones del sistema penal colombiano. A diferencia de estos estudios, un considerable volumen de textos relacionados con el castigo penal en Colombia corresponden a “diagnósticos” que intentan evaluar la situación de las cárceles y penitenciarías. En este tipo de investigaciones se pueden encontrar evidencias que confirman las irregularidades y arbitrariedades de la ejecución penitenciaria en Colombia. Estos análisis tienen un carácter de denuncia y su objetivo principal es contribuir al mejoramiento de la institución penitenciaria para garantizar que se cumplan los requerimientos exigidos por la ley colombiana e internacional. Un ejemplo de este tipo de diagnósticos es el último informe de las Naciones Unidas y la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos sobre el estado de los derechos humanos en Colombia, en la parte que hace referencia a los centros de reclusión en este país (Martínez, Tidball-Binz, Yringoyen, 2001). Estas aproximaciones tan frecuentes a la hora de reflexionar sobre el castigo penal en Colombia, integran a las descripciones que producen sobre el sistema penitenciario, pruebas extensas que adquieren la forma de denuncias categóricas. Sin embargo (y esta es la digresión fundamental que hace Garland al referirse a este tipo de perspectivas) sus análisis y resultados se construyen desde los conceptos y nociones que conforman el discurso formal del sistema penitenciario. Esto produce un efecto tautológico que hoy en día es fuente de contundentes críticas1. Por ejemplo, este tipo de demandas suelen poner en tela de juicio la eficiencia o en algunos casos la existencia del tratamiento penitenciario, lo cual supone la implementación de sistemas de clasificación, seguimiento, rehabilitación, aislamiento, es decir, todas las “tecnologías” de control y poder sobre los individuos que describe Foucault (1975) al referirse al discurso penitenciario moderno. 1. Ver Louk Hulsman y J.Bernat de Celis (1984): Es quizás una de las críticas más radicales, a partir de una perspectiva abolicionista del sistema penal. Nils Christie (1981) describe la futilidad de la pena. El mismo Foucault (1976) al referirse a la prisión, en relación con “su realidad y sus efectos”, describe cómo ha sido denunciada continuamente a lo largo de la historia: “el gran fracaso de la justicia penal” (Foucault, 1976: 269).. 8.

(9) Todo este tipo de respuestas “institucionales”, que en nuestro país toman la forma de denuncias y diagnósticos del sistema penal, resultarían para Garland pruebas fehacientes de la descomposición institucional del sistema penal. Sin embargo, y contrariamente a lo que se podría pensar, en un país como Colombia este tipo de discursos son muy convenientes para mantener un “régimen de verdad” que legitima la existencia de estas instituciones: tales diagnósticos, que en otros contextos pondrían en jaque a las instituciones penales frente a las expectativas habituales de la sociedad, en Colombia se convierten en discursos edificantes. En un país como Colombia donde las instituciones penales están marcadas por una imagen de “emergencia” y donde los hechos parecen confirmar esas imágenes (Pérez, 1999)2, podría pensarse que existe un terreno fértil para el escepticismo acerca de la racionalidad y la eficacia de las instituciones penales modernas. Pero, por el contrario, hay cierta tendencia a defender una institucionalidad aparentemente moderna, a través de la incorporación de soluciones que legitiman un proceso de modernización. Frente a una percepción de “crisis” en el ambiente institucional, las soluciones o políticas penitenciarias–para el caso de la institución penal– aparecen como una esperanza de un futuro menos caótico. Desde el año 2000, el gobierno estadounidense ha proporcionado al gobierno colombiano nueve millones de dólares para adquirir equipos, diseñar prisiones nuevas y entrenar a los guardias y directores de las cárceles. Esta donación, dentro del marco del Plan Colombia, permitió al gobierno de Andrés Pastrana fundar un ambicioso plan de modernización del sistema carcelario y penitenciario, dentro del cual se contempló la construcción de 11 nuevos centros penitenciarios de mediana seguridad y uno de alta seguridad y la ampliación de 13 cárceles, con lo que se esperó generar 24.628 cupos que permitirían solucionar el hacinamiento de las cárceles. Con el apoyo del Departamento de Justicia de Estados Unidos y su Oficina de Prisiones, en septiembre del 2. Cuando Pérez hace referencia al concepto de la emergencia penal en Colombia no intenta darle el significado de emergencia a la situación de crisis, sino a la respuesta institucional a esa crisis, a través de la configuración y el uso de instrumentos jurídicos propios del diseño y ejecución de la política criminal. Esta política criminal es el resultado. 9.

(10) 2001 se fundó la cárcel de alta seguridad de Valledupar, que se ha constituido en un prototipo de la nueva infraestructura penitenciaria del país. En las palabras pronunciadas por el presidente Andrés Pastrana en enero de 2002, durante la inauguración de la penitenciaría de San Isidro de Popayán, se exaltaron los objetivos perseguidos por la implementación de esta nueva política criminal: Pero esto es mucho más que muros, concreto, garitas blindadas y rejas de acero. Lo que vemos hoy es todo un proyecto humano para posibilitar que la pena cumpla con su principal papel de resocialización de los reclusos, de forma que éstos retornen a la libertad, una vez cumplida su condena, con las herramientas morales, intelectuales y técnicas para reconstruir su vida y hacer aportes positivos a la sociedad […] […]No podemos decir que hayamos conjurado definitivamente la crisis de inmensas proporciones que heredamos en el sistema carcelario, pero sí podemos afirmar −y aquí estamos para constatarlo− que hemos avanzado en la adecuación y dotación de infraestructura carcelaria más que cualquier otro Gobierno reciente (ANCOL, 23 de Enero de 2002).. A pesar del esfuerzo constante por modernizar nuestras instituciones penales y penitenciarias, la perenne sensación de crisis que afecta al Estado colombiano ha creado la necesidad de producir respuestas súbitas y temporales, de las cuales son ejemplo los ya recurrentes “estados de excepción” que permiten modificar el curso normal de las instituciones a partir de las leyes estatutarias (el estatuto antiterrorista, el estatuto anticorrupción, etc.). Es por esto que el sistema penal colombiano ha cumplido funciones diferentes y adicionales a las funciones prescritas y tradicionales de un sistema penal moderno. De acuerdo con una importante investigación realizada por el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, en Colombia coexisten con un sistema penal moderno, diseñado desde ciertas nociones y principios liberales y garantistas3, otros sistemas paralelos encarnados en las legislaciones excepcionales y ordinarias, que van en contravía del ideal de Estado de Derecho moderno (Pérez, Vanegas, Álvarez, 1997).. de elaboraciones científicas que procuran distinguir objetivamente estrategias definitivas para luchar contra las causas y efectos del delito (Pérez, 1999). 3 Este sistema penal moderno, que deriva del Estado de Derecho, es el resultado de un proceso histórico que se inició después de la caída del comunismo, cuando desaparecieron los antagonismos políticos y apareció un consenso a escala global sobre la hegemonía del liberalismo. Esto implicó una anuencia generalizada a los fundamentos de la democracia liberal y al papel protagónico del aparato judicial como garante de los derechos individuales, la. 10.

(11) Lo anterior complica necesariamente cualquier intento de explicación del sistema penal en Colombia y particularmente los efectos que esto tiene sobre la ejecución concreta del castigo a través de los sistemas penitenciarios (tarea aún por realizarse). A esto se le suma el consenso ya amplio entre criminólogos, penitenciaristas y científicos sociales, en torno a la conclusión de que los métodos modernos relacionados con el sistema penitenciario, parecen cada día más “irracionales”, “disfuncionales” y a todas luces “contraproducentes” (Garland, 1990:18-20). Ante esto sólo quedan dos posibilidades: la primera sería volver a revisar los fundamentos y justificaciones que conforman los criterios normativos sobre los cuales se han edificado las instituciones que ejecutan el castigo. Esto implicaría una evaluación de la filosofía moral, liberal y garantista con el fin de plantear unas políticas penales adecuadas a las circunstancias de un país como Colombia. Este es el camino que han decidido tomar algunos análisis, en su mayoría jurídicos, sin en realidad producir novedosas propuestas, que para el caso de Colombia, no distan mucho de seguir siendo las mismas respuestas institucionales de un discurso penal moderno que hoy en día se encuentra en crisis. El otro camino de acercamiento al tema de la penalidad abarca todos aquellos análisis que deliberadamente intentan tomar distancia del discurso moderno de la penalidad, con el fin de describir los procesos y fenómenos sociales que constituyen las nociones y acciones que conforman las instituciones penales. Este tipo de aproximaciones no pretenden resolver los vericuetos internos de las instituciones penales, sino que intentan, desde una perspectiva crítica, comprender su naturaleza. La sociología jurídica en su tendencia multidimencional y comprensiva (Rubio, 2001; Santos, 2001; Villegaz, 2000; Maccann & March 1994), la criminología crítica (Baratta, 1982), la sociología del castigo (Garland, 1990; Foucault 1974), la etnometodología (Cicourel, 1968; Garfinkel, 1967) y los denominados estudios de las instituciones totales (Goffman, 1961)4, son algunas de las posibilidades en ciencias sociales que preservación de la paz social y de una manera categórica, a la facilitación de las condiciones necesarias para favorecer el desarrollo económico de las naciones (Santos, 2001: 155-161). 4 Referencias sobre la perspectiva etnometodologica, ver Coulon (1987:99). Las perspectivas cercanas a la Antropología son escasas, ver Rhodes (2001).. 11.

(12) han contribuido a este tipo de enfoque que aspira a revelar el sentido de los procedimientos y conceptos sociales del sistema penal y del castigo, a través de la descripción de sus formas modernas características y sus significados sociales. Según Garland, un enfoque abierto e interpretativo seria el primer paso a seguir, si se aspira desarrollar teorías más acordes con los problemas normativos de una institución tan compleja, como es esta del castigo penal: “En pocas palabras, es necesario saber qué es el castigo para determinar qué puede. y qué debería. ser.”(Garland, 1990:24). El caso de la cárcel de Picaleña, expuesto en aquella columna de un periódico, fue mi iniciación en el tema del castigo penal en Colombia. En algún momento de la investigación no estimé necesario volver a aquel recorte de periódico que aún guardo entre mis archivos. Sin embargo, ahora que intento justificar el origen de mis preguntas, aquel artículo resulta muy sugerente. Mirándolo de una manera retrospectiva, y por supuesto con una visión renovada, aquel recorte de periódico produjo el desequilibrio inicial que ahora se sintetiza en las siguientes preguntas: ¿es la cárcel o la penitenciaria, para aquellas personas que pasan o están en ese lugar, un castigo? Si esto es así, entonces: ¿qué sentido tiene el castigo penal para estas personas? Esta monografía antropológica es un producto de procedimientos hermenéuticos (o interpretativos, en cuanto observa algo e intenta darle un sentido desde diferentes contextos) y fenomenológicos (en cuanto describe categorías para darles un sentido comprensivo desde el punto de vista del sujeto que es investigado). Basado en estos métodos, el resultado de esta investigación es una descripción del sentido que construye el investigador sobre la penalidad, a partir del encuentro con algunas personas que le narraron su experiencia. Desde variados puntos de vista, María Mercedes, Fermín, el caleño y Mauricio, me contaron sus experiencias y vivencias, y cómo tuvieron que enfrentar una condena imputada por el sistema penal colombiano. A partir de los encuentros con estas personas se produjeron unos textos que fueron analizados de acuerdo con los métodos anteriormente enunciados. El escenario de las indagaciones, dirigidas al conjunto de narraciones producidas a partir de estos informantes, esta circunscrito al contexto del castigo penal en Colombia. Al entender el castigo penal como una institución social que. 12.

(13) despliega un conjunto de prácticas complejamente estructuradas y densamente significadas por la sociedad (Garland, 1990), no sólo nos referimos a la forma penal como ese conjunto de procedimientos legales que sancionan y condenan, a través de instrumentos y categorías específicas de la ley, a los transgresores del derecho penal, sino que también nos estamos refiriendo a los individuos que en su relación con las instituciones son receptores y emisores directos dentro de los procesos de significación y estructuración de las instituciones. Si bien la penalidad en Colombia adquiere unas formas características que se relacionan con los contextos que circunscriben la producción de la ley y su aplicación, esta investigación intenta sugerir, desde el testimonio de unas personas, evidencias que contribuyan a una comprensión compleja de la penalidad. El propósito de este texto es dar cuenta de los resultados de una investigación realizada con la colaboración de cuatro informantes frente al tema del castigo penal en Colombia. A partir de una narración polifónica, este texto aspira a construir un diálogo simulado por el autor, en el que cada participante –incluyendo al autor, con sus nociones preestablecidas– presta su voz para construir un conjunto de descripciones sobre el sentido de la penalidad. Con estas descripciones, se busca producir un análisis que permita distinguir algunos referentes socioculturales que contribuyan a la comprensión de esta institución social en Colombia. Para llegar a esto se desarrollaron entrevistas a profundidad semiestructuradas donde se perseguía responder la siguiente pregunta: ¿Qué sentido le dieron estos sujetos a la experiencia de la penalidad y cómo se incorporó esta experiencia al transcurso de sus vidas?. Metodología La aproximación hermenéutica y fenomenológica: métodos conjuntos para describir el sentido del castigo penal Cuando se pretende realizar un ejercicio comprensivo, que permita dar cuenta del sentido del castigo penal desde el punto de vista de las personas que vivieron esta experiencia, necesariamente hay que referirse a procesos de descripción, explicación e interpretación. El uso de este tipo de recursos se conoce como hermenéutica, que es usualmente definida como la teoría. 13.

(14) de la interpretación. En la antropología el uso de la teoría hermenéutica está ampliamente desarrollada por la antropología interpretativa (Geertz). Con el advenimiento del giro hermenéutico en la antropología, se han desarrollado múltiples herramientas interpretativas que hoy en día son cada vez más utilizadas en la investigación cualitativa. Para esta investigación decidí utilizar entrevistas a profundidad, semiestructuradas, con el fin de recoger la información necesaria en torno a la sucesión de múltiples eventos relacionados, entre los cuales me interesaba principalmente el del encarcelamiento. Guiado por una pretensión interpretativa dentro de mi investigación, necesitaba utilizar un instrumento de investigación que me permitiera entrar en la vida de mis informantes, con el fin de conocer el contexto específico de sus vidas y el bagaje subjetivo desde el cual daban sentido a la experiencia del encarcelamiento y la penalidad. De acuerdo con los principios hermenéuticos y fenomenológicos descritos por Watson (1976), la historia de vida puede ser un recurso aconsejable si las preguntas que se hace el investigador se refieren a las experiencias vividas y a los puntos de vista de sus informantes; este era precisamente mi caso, pues yo quería indagar por el sentido que le daban ciertas personas al castigo penal en relación con sus experiencias vividas. Esta investigación se guió por las recomendaciones que Watson (1976) da sobre las posibilidades interpretativas que ofrece para la antropología un uso conjunto de aproximaciones hermenéuticas y fenomenológicas sobre la historia de vida. Watson (1976) demuestra que el uso conjunto de estas teorías (1) cierra la brecha entre uno mismo y el sujeto que narra su historia de vida, haciendo posible la interpretación; y (2) permite entender la naturaleza de la experiencia narrada, como un fenómeno subjetivo en su propio derecho. La primera garantía que distingue Watson del uso conjunto de estas teorías filosóficas en antropología (Watson-Franke & Watson 1975), se refiere a la perspectiva hermenéutica. Esa “relación dialéctica” que es lo que se busca al cerrar la brecha entre el investigador y su “informante”, es potencialmente asequible gracias a dos nociones importantes para la filosofía hermenéutica: la primera, consiste en lo que Gadamer denomina “el círculo de la comprensión”.. 14.

(15) La segunda noción, se refiere a la naturaleza y el carácter de las preguntas que se hacen durante los procesos “comprensivos” (Watson-Franke & Watson, 1975:250). Gadamer explica la primera noción hermenéutica de la siguiente manera: El movimiento de la comprensión discurre así del todo a la parte y de nuevo al todo. La tarea es ampliar en círculos concéntricos la unidad del sentido comprendido. La confluencia de todos los detalles en el todo es el criterio para la rectitud de la comprensión. La falta de tal confluencia significa el fracaso de la comprensión (Gadamer, 1959:63).. Suspendidos en nuestros prejuicios y preconceptos intentamos establecer una relación con el fenómeno que esperamos entender. “Una relación dialéctica” permite pasar de un lado al otro de diferentes contextos (Watson, 1976:98). De un contexto general prescrito por las aproximaciones al fenómeno que hace el investigador en su ejercicio de anticipación intelectual, se pasa a otros contextos específicos que son fruto de la narración de los informantes. Esto se hace de una manera repetida, yendo y volviendo. En esta acción de ida y vuelta aparece la segunda noción hermenéutica: cerrar la brecha entre diferentes contextos requiere al investigador cuestionar las propias preconcepciones. Una vez se ha navegado por los diferentes contextos que confluyen separadamente desde la perspectiva del investigador hasta las narraciones de los informantes, se hace necesario examinar detalladamente la naturaleza de las preguntas que hace el investigador sobre el fenómeno que le concierne. En otras palabras, consiste en comprender las distancias entre el contexto de preconcepciones del investigador y el contexto del fenómeno a estudiar. De esta manera, se reelaboran las preguntas sobre el fenómeno, hasta llegar a un contexto “alterado”, un acuerdo contextual con el fenómeno. El fin de esta reelaboración de preguntas es aclarar las propias percepciones sobre el fenómeno, produciendo un contexto compartido donde lo no familiar se convierte, en cierta medida, en familiar para el investigador (Watson-Franke & Watson 1975:250).. 15.

(16) El que intenta comprender un texto está dispuesto a dejar que el texto le diga algo. Por eso una conciencia formada hermenéuticamente debe estar dispuesta a acoger la alteridad del texto. Pero la receptividad no supone la “neutralidad” ni la autocensura, sino que implica la apropiación selectiva de las propias opiniones y prejuicios. Es preciso percatarse de las propias prevenciones para que el texto mismo aparezca en su alteridad y haga valer su verdad real contra la propia opinión (Gadamer 1957:66).. La segunda garantía a la que hace referencia Watson tiene que ver con la naturaleza misma de la historia de vida. La historia de vida debe ser comprendida como un documento subjetivo en su propio derecho. Por lo tanto hay que acercarse a la actitud fenomenológica que se cristaliza en la acción reflexiva de los informantes. El mundo vivido [Lebenswelt] según Husserl (1970, Ideas) es un mundo dado por sentado. Esta condición del ser humano de reconocerse en un mundo dado es considerada por Husserl como una actitud natural. A partir de esta actitud que se podría entender como el sentido común, el individuo vive espontáneamente ese mundo dado, compartiéndolo “mundanamente” con los demás seres humanos, a partir de las percepciones dadas por lo que es ese mundo vivido(Watson 1973:99). Sin embargo, cuando el individuo reflexiona sobre su experiencia, lo cual sucede en cierto grado en una historia de vida, esto puede transformar lo que originalmente fue una actitud natural en una actitud fenomenológica. Esta transformación le proporciona al individuo la posibilidad de restituir su vida perceptiva en forma de pensamiento y a su vez le brinda una conciencia de su actitud natural; esto permite darle a los eventos expuestos una calidad diferente que no poseen en los términos del sentido común (Watson 1973:99). Para la fenomenología este proceso de moverse hacia una actitud fenomenológica presupone que el individuo hace de su continua experiencia un objeto intencional de indagación como algo que es intencionalmente construido en vez de dado. Este proceso puede contener algo de verdad en cierto grado. Watson como Schüts sostienen que cuando el individuo tipifica su interpretación de. 16.

(17) los eventos está exponiendo la “acción social” o el contexto sociocultural que lleva en su mente, “la cultura en sí misma”. Esto permitiría, en las circunstancias más optimistas para el investigador quien también está sujeto a este acto reflexivo, llegar a establecer, algunas veces, la naturaleza de las disposiciones que determinan las respuestas que encuentra desde sus preguntas (Watson, 1973:99-100). En las historias de vida, el investigador y el sujeto investigado tematizan la experiencia perceptiva que les concierne, organizando y creando categorías de los componentes que distingue la conciencia reflexiva sobre la actitud natural. Esa actitud natural es compartida según Husserl, a partir de deducciones empáticas sobre las experiencias y sentimientos de los otros; sin embargo, este punto de vista es inadecuado de acuerdo al tránsito de la fenomenología trascendental de Husserl a la fenomenología existencial más contemporánea. Según Anthony Giddens, basándose en el último Wittgenstein: La conciencia del yo no tiene supremacía sobre la conciencia de los otros, pues es el leguaje (intrínsicamente público) el medio de acceso a ambos. La intersubjetividad no deriva de la subjetividad, sino al contrario (Giddens 1991:70).. Guiddens está de acuerdo con la fenomenología de Husserl al aceptar que cierta actitud natural o sentido común, cualquiera que sea su origen, impone ciertos conceptos y suposiciones en nuestro pensamiento. Sin embargo, advierte que cualquier hecho subjetivo deriva de la intersubjetividad. Esto quier decir que es en el campo de la comunicación y través del lenguaje.donde se construllen las empatía con el sentido de las cosas. Estas aclaraciones teóricas sustentan la pretensión, que es también la de esta investigación, de precisar el sentido, en este caso de la penalidad. En otras palabras, precisar el sentido de la penalidad implica, desde este orden de ideas, buscar los contextos desde los cuales el conjunto de personas que hacen parte de esta investigación (informantes e investigador) establecen sus nociones y conceptos sobre la penalidad. En resumen, teniendo en cuenta la convergencia del método fenomenológico y hermenéutico expuesta por Watson podemos decir lo siguiente: el método fenomenológico sirve principalmente. 17.

(18) como un marco de referencia para generar categorías descriptivas o descriptores. A la hermenéutica le concierne el problema de la interpretación, envuelta en el entrelazamiento de la dicotomía entre el investigador y el sujeto a investigar, lo cual es un aspecto esencial de mirar en la historia de vida y lo que hacemos con ella cuando queremos producir un contexto “alterado” que sea comprensible. La aproximación fenomenológica, en contraste, simplemente afirma el retorno a las cosas como son dadas en la conciencia, teniendo en cuenta la posibilidad de precisar el sentido gracias a la experiencia intersubjetiva del lenguaje. De este modo, una historia de vida puede ser examinada como un fenómeno que pude ser entendido, en cierto grado, en el contexto del pensamiento del informante. La conjunción de estas dos aproximaciones le da un reconocimiento explícito al estatus del texto u objeto de interpretación que tiene la historia de vida. La historia de vida como un producto subjetivo es igual en su importancia al bagaje subjetivo del investigador y por lo tanto cualquier intento de comprensión debe ser el fruto de una relación dialéctica que conduzca a acuerdos sobre el sentido del fenómeno que se quiera estudiar.. Recolección de la información El criterio de la escogencia de los informantes fue totalmente aleatorio. La idea es que entre los cuatro testimonios de los informantes exista un máximo de variabilidad, de modo que se pudieran distinguir distintos contextos y circunstancias. Con esto, se pretendía recuperar una amplia gama de experiencias del encarcelamiento, con el fin de compararlas y buscar nexos frente al sentido de la experiencia del castigo penal. Así fue como a partir de las entrevistas semiestructuradas que realicé, intenté producir unas historias de vida; o conjunto de anécdotas y descripciones de eventos vividos, en los que se entrecruzaban, por supuesto, las descripciones y significados de la experiencia del castigo penal. Después de una larga búsqueda de los informantes, que duró alrededor de siete meses, concentré mi trabajo en cuatro personas que decidieron ayudarme: María Mercedes, Mauricio, Fermín y el Caleño. Antes de cada entrevista, les explicaba a mis informantes los motivos de mi investigación y les expresaba mi interés por conocerlos más a partir de lo que me pudieran contar de sus propias vidas y su experiencia del encarcelamiento. La naturaleza de las entrevistas semiestructuradas me permitió dirigir mis intereses de una manera abierta, con el fin de enfocar. 18.

(19) la manera en que estas personas describían los eventos de su vida y el sentido que le daban a la experiencia del encarcelamiento y el castigo penal en relación con su historia de vida.. Análisis de la información El análisis empezó por una lectura de las diferentes entrevistas, con el fin de tener una idea general de cada texto. Esto implicó hacer un resumen de toda la información. En este punto, se intentó buscar dentro de las narraciones de los informantes el conjunto de temas gruesos, tratados en cada entrevista, lo cual permitió formar un conjunto de las particularidades y puntos en común de los testimonios. Este ejercicio requirió de dos momentos analíticos determinados por los dos aspectos que constituyen el problema de esta investigación: 1.. El primer momento analítico parte de la pregunta de cómo la experiencia del encarcelamiento se incorporó a la trayectoria de vida de cada uno de los informantes. Este primer momento permitió construir un contexto general que retrata las identidades de los informantes.. 2.. El segundo momento analítico implicó un orden más detallado de las afirmaciones recogidas en los testimonios, que responden a la pregunta sobre el sentido del encarcelamiento.. Entre estos dos momentos hay una etapa intermedia que intenta cerrar un “ciclo comprensivo”. Esta etapa (sera descrita en las conclusiones) es una reflexión en torno a las preguntas que el investigador realizó durante las entrevistas, con el fin de develar o hacer concientes las rutas interpretativas por las cuales se dirigieron las respuestas de los informantes. El resultado fueron dos campos interpretativos del sentido de la penalidad desde la experiencia del encarcelamiento: El castigo y La función de la pena. Dentro de estos campos se identificaron algunos descriptores que permitieron ir esquematizando cada una de las afirmaciones de los informantes en relación con su identidad como sujetos y su experiencia del castigo penal.. 19.

(20) Marco conceptual El sentido de la penalidad en el transcurso de la vida Al describir el significado de la penalidad en relación con la trayectoria de vida de una persona, no es posible distinguir todo el conjunto de condiciones institucionales que conforman la penalidad. Esto se debe a que “existen desplazamientos de la atención hacia zonas limitadas de significado” de las experiencias cotidianas (Berguer y Luckmann, 1968: 43). Sin embargo, las experiencias que transcurren en la vida de una persona, como el hecho de haber estado en una cárcel, son situaciones que evidencian y revelan, en el momento de ser reconstruidas, claves que permiten interpretar diferentes aproximaciones al sentido de la penalidad. La historia de vida, al ser una acción reflexiva de experiencias vividas, tipificadas desde la naturaleza pública del leguaje o la intersubjetividad, revela formas o estrategias de acción, modos de vida y situaciones que implican inextricablemente la relación del sujeto con los significados que se producen en la práctica social. Es decir, la identidad del individuo, en tanto posición y punto de vista, está anclada al significado de prácticas sociales y culturales, implícitas en la relación entre el individuo y la institución sociales.. Las experiencias El concepto de experiencia es entendida por la fenomenología existencial como la aprehnsión conciente de toda realidad externa o interna al sujeto (Berguer y Luckmann). Se apela a esta afirmación en esta investigación cuando se hace referencia al sentido que adquiere una experiencia, pues lo que se busca señalar es la interpretación de un conjunto de recuerdos, evocaciones e imágenes citadas por una persona en el momento de dar cuenta de un evento particular de su vida. La forma o el modo en que una sucesión de eventos se organizan para producir un sentido es una historia de vida, lo cual a su vez es una representación de experiencias que la conciencia proyecta a partir de imágenes pasadas, presentes y futuras. La representaciones de la experiencia son por lo tanto memorias o recuerdos, pero también, en su ambigüedad, son la unión en la conciencia de varias percepciones no actuales pero tampoco. 20.

(21) pasadas ni anticipadas; en tal caso, estamos hablando de imaginación o incluso de alucinación. Esto también puede hacer parte de una historia de vida. Este carácter complejo de la experiencia se debe a que está ligado de una manera fundamental con la conciencia. La conciencia es la percatación o reconocimiento de algo, sea de algo exterior, como un objeto, una situación etc., o de algo interior, como las modificaciones experimentadas por la propia persona. La conciencia es también intencionalidad, es proyección y referencia de aquello que es referido. Para la tradición fenomenologica la conciencia está constituida por la temporalidad y la historicidad. Por lo tanto, la conciencia es un dirigirse a algo. A algo en la memoria o a algo que se puede anticipar o imaginar, es decir, a algo que brinda la posibilidad de ser elegido.. La penalidad Cuando hacemos referencia al concepto de la penalidad nos estamos refiriendo a aquella forma que adquiere el castigo dentro del ámbito penal, en tanto un procedimiento legal que sanciona y condena a los transgresores del derecho penal a través de diferentes medios, entre los cuales se incluye el encarcelamiento como una de las posibilidades. El concepto de “penalidad” es para Garland un término genérico que se refiere al entramado de leyes, procedimientos, discursos, representaciones e instituciones que integran el ámbito penal (Garland, 1990:33). David Garland comprimirá aún más esta definición al precisar que el concepto de penalidad hace referencia a la complejidad del castigo penal, entendiendo esto último como una institución social. La idea de que el castigo penal es una institución social implica que no se puede reducir “a un solo significado o un propósito único (Garland, 1990:32)”. Durante mucho tiempo esto fue lo que sucedió con teorías como la de Durkheim y Foucault, las cuales permitieron distintas interpretaciones sociológicas del castigo, que si bien dieron origen a análisis serios y agudos, también tendieron a ser parciales y unilaterales. En el caso de Foucault se le atribuyó al castigo una función de poder-conocimiento dentro de estrategias más amplias de dominación y sometimiento. Y en el caso de la tradición durkheimiana se hizo hincapié en las raíces morales y. 21.

(22) socio psicológicas del castigo, así como en los supuestos efectos de la solidaridad a los que da lugar5. Es muy sugerente este concepto de penalidad en Garland, pues propone que para entender el castigo penal se tienen que examinar la diversidad de sus disposiciones y fuerzas. Con esta definición, Garland no sólo le confiere al castigo un propósito instrumental, también recalca la importancia de sus condiciones institucionales, las cuales son referentes de formas culturales y procesos históricos. Por lo tanto, si se quiere generar una imagen comprensiva del castigo, es necesario distinguir la red compleja de interconexiones de significados y acciones dentro de las cuales opera. Acogiéndose a este concepto institucional del castigo, esta monografía no intenta ofrecer una interpretación total de la penalidad. El objetivo, como ya se ha explicado, es desde una perspectiva de pequeña escala, proporcionar claves o evidencias interpretativas sobre la penalidad.. La identidad del sujeto La identidad del sujeto “es el yo entendido reflexivamente por la persona en función de su biografía” (Giddens, 1991:72). Esto supone una secuencia de experiencias concadenadas de manera continua en el tiempo y el espacio, las cuales pueden ser descritas en el flujo de una narración o historia de vida, y representadas constitutivamente por la relación entre el sujeto y su posición o punto de vista con respecto a las prácticas sociales.. RETRATOS DE PENADOS El título de este capítulo intenta sugerir dos cosas. La primera es exponer la imagen que reconstruí sobre cada uno de mis informantes. Al rehacer algunos hechos que constituyen la vida 5. Ver en el libro de David Garland, Castigo y sociedad moderna, capítulos 2 y 6.. 22.

(23) de estas personas, algunos de los cuales no tienen una relación directa con el tema de la penalidad, pude armar un contexto y un punto de vista que posteriormente (en el siguiente capítulo) intentaré retomar para darle una dirección a cada una de las afirmaciones que estas personas me proporcionaron sobre su experiencia como penados. Por otro lado, quiero sugerir que si bien un penado es una etiqueta metodológica que me sirve para distinguir a alguien que estuvo en la cárcel, también un penado puede ser cualquier persona: la mamá de un amigo, el chofer del bus, el señor que vive en la calle, un guerrillero etc. Esta precisión es importante porque intenta advertir que la experiencia del castigo penal no es un evento ajeno al común de la gente y por lo tanto merece ser reflexionado y visibilizado como algo que nos afecta de una manera directa.. María Mercedes Fue a través de la radio que supe de María Mercedes. El jueves 12 de septiembre de 2002 me dirigía en un taxi hacia la universidad mientras el conductor escuchaba un programa radial de noticias. Se centró mi atención en las palabras improvisadas de una periodista que alertaba a los radio-escuchas del peligro que podía implicar enredarse en un proceso penal en Colombia. La advertencia era desconcertante. ¿Acaso sugería cuidarse de no cometer un delito o cuidarse del sistema penal? Ninguna de estas preguntas parecía interesarle a la locutora mientras asediaba a su entrevistada. Anoté un teléfono al que llamé para preguntar sobre un libro que la entrevistada había escrito. Fue ella quien me contestó. Traté de ser lo más formal posible, le conté quién era y lo que quería hacer con mi proyecto de grado. Le expresé el interés que tenía en su libro, y le pregunté si era posible que nos encontráramos para hablar sobre la investigación que yo estaba desarrollando. Acordamos que después de haberlo leído la volvería a llamar para concertar una cita.. 23.

(24) El libro Relatos a toda prueba fue escrito durante el periodo que transcurrió desde la época en que María Mercedes estuvo recluida en su casa cárcel hasta un tiempo después de haber conseguido la libertad. Según María Mercedes haber escrito sobre su vida fue para ella un “reto” pero a la vez una necesidad. En su autobiografía están descritos los episodios que ella considera representan la inquebrantable lucha por superar una vida llena de tropiezos. María Helena de las Mercedes nació en Bogotá en 1941. En las páginas de su libro describe su hogar materno y paterno como una familia tradicional con arraigados valores cristianos. Recuerda su infancia como una época difícil pero a la vez feliz. Siendo una niña, su familia, víctima de la violencia política, se radica en Bogotá teniendo que afrontar dificultades económicas. A muy temprana edad María Mercedes sufre de poliomielitis, lo cual tiene un efecto determinante en su vida. Como lo explica en el libro, las limitaciones físicas que produjo la polio fueron más problema para los demás que para ella misma; su ímpetu prevaleció sobre la discriminación, la falta de información y el temor que la sociedad sentía y siente por las personas con discapacidades. “Comprendí que nadie podía hacer las cosas por mí, si yo no ponía de mi parte y salvaba los obstáculos que se me presentaran” (Gómez, 2002:23). Esta fuerza interior le permitió a María Mercedes entrar al colegio y posteriormente a la universidad, y graduarse como economista. “…no se me quitaba del pensamiento el deseo de ser alguien en la vida; de tener una profesión que me diera la posibilidad de defenderme por mi misma” (Gómez, 2002: 33), enfatiza en su autobiografía. Otro objetivo importante en su vida fue conformar una familia. Desde que decidió casarse a escondidas, su relación con Bernardo tuvo muchos altibajos. La inestabilidad económica, el maltrato y la infidelidad de su esposo, condujeron a la separación definitiva. Durante el matrimonio nacieron dos hijos, Andrés y Juan Carlos, a quienes María Mercedes se refiere con mucho afecto y devoción. Cuando le pregunté a María Mercedes si creía que su autobiografía es una historia dramática, contestó:. 24.

(25) —Al final de cuentas no me han salido tan mal las cosas; hoy la gente me admira por la crianza de mis hijos. Son unos muchachos que todo el mundo tiene que ver con ellos, son unas personas muy especiales…. Justo después de la separación de su esposo Bernardo, María Mercedes buscó ampliar sus horizontes y consiguió una beca para hacer un postgrado en España. Su estadía en ese país fue difícil, se endeudó y debió acudir a la ayuda económica de su hermana. En 1987, a su regreso de España y aún con la expectativa de conseguir un mejor trabajo, su estabilidad económica no mejoraba. —Después de pasar mil hojas de vida para conseguir un trabajo transcurrieron los días, los meses y como tú sabes en el libro cuento que yo de España llegué con una mano atrás y otra delante, sin tener ni una cuchara, entonces es muy difícil tener que salir a vender sacos, chocolates, lo que se me presentara para poder tener unos centavitos de más. Porque mi hermana, pues mandaba para el sostenimiento, para pagarle los colegios a mis hijos, para la comida, entonces para otras cosas que yo necesitaba tampoco iba a tener la cara de pedirle más de lo que ya me estaba mandando.. La relación entre María Mercedes y Piedad, su hermana, ha sido siempre muy estrecha. Justo después de que María Mercedes acabó la universidad, Piedad viajó a Canadá para estudiar sistemas, pero en el camino terminó quedándose en Nueva York. Después de un tiempo Piedad se casó y se radicó definitivamente en los Estados Unidos. En 1989 volvió Piedad a Colombia, después de haber cambiado de empleo en un banco, como Vicepresidente del departamento internacional. A su regreso Piedad le ofreció a María Mercedes un trabajo: —…llegó el momento en que Piedad se cambió de banco, a un banco de los EU y ella con esa condición se cambió, si podían poner una oficina similar a la que tenían cuando ella trabajaba en el Eagle National Bank, que estaba en el Banco de Colombia y tenían una oficina aquí especial. Y entonces los del banco le dijeron que sí, que no había ningún problema, entonces hicieron el convenio con A-1 Express, que es una aeromensajería internacional…. 25.

(26) Con el trabajo que le ofreció su hermana, María Mercedes logró finalmente mejorar sus finanzas. Al cabo de un tiempo constituyó una sociedad que bautizó con el nombre se Sergocor. El Bank Atlantic, banco para el cual trabajaba su hermana, aprobó la propuesta que Sergocol les ofrecía, la cual consistía, en términos generales, en darles a sus clientes información del banco a través de una agencia de mensajería que María Mercedes administraba. En junio de 1996 los ánimos estaban caldeados; el controversial juicio al presidente Ernesto Samper por haber recibido dinero del narcotráfico era el plato fuerte de los medios de comunicación. Fue una época en la que se destaparon varios escándalos que revelaban la manera permisiva en que muchas personas se beneficiaban del negocio del narcotráfico. La situación por aquella época levantaba los ánimos de los que estaban a favor y en contra del presidente Samper. La batalla se libraba en los medios de comunicación, donde las intrigas de unos y otros creaban una espesa polvareda que sólo aumentaba la desconfianza de la opinión pública. Así narraron los diarios la manera en que María Mercedes terminó involucrada en este trance: En una casa de Bogotá funcionaba una empresa de correos que resultó ser un banco clandestino, que en asocio con la vicepresidente del Atlantic Bank de Estados Unidos, habría lavado millones de dólares. […]El allanamiento en la capital se cumplió en desarrollo de la Operación Diamante, adelantada ayer de manera simultánea en Colombia, Estados Unidos, España y Suiza que estaba dirigida a desvertebrar una red internacional de lavadores de dólares. […] Los detenidos según la policía fueron Brigitte Kaplan, Luis 6. Guillermo Yibirín, Harry Beda, Augusto Peinado y María de las Mercedes Gómez .. Entre los capturados, además de María Mercedes, se encontraba una persona que daría mucho de qué hablar durante lo que quedaba de esa semana. Harry Beda, un prestigioso empresario de la colonia judía, era para la prensa la punta del iceberg en la filtración de dineros del narcotráfico en la campaña presidencial de Andrés Pastrana. Durante ese lapso, desde la captura de María Mercedes el miércoles 5 de junio de 1996 hasta el domingo siguiente, se habló mucho de la. 6 Periódico El Tiempo, “LAVADO”, junio 6 (1996:1A , 11A).. 26.

(27) relación entre Beda y Pastrana. Esta conexión fue para los defensores del presidente Samper “el terreno ideal para plantear una analogía entre Harry Beda y Santiago Medina”7.. María Mercedes fue juzgada a través de la “justicia sin rostro”. Esta justicia, creada a partir de decretos de estados de sitio, ahora llamados de excepción, se encargaba de juzgar los delitos políticos, de terrorismo y narcotráfico. Los procesos que se seguían bajo esta jurisdicción se caracterizaban por una fuerte limitación de las garantías procesales: en su forma operativa, los jueces así como los testigos eran secretos o de identidad reservada a fin de protegerlos de cualquier represalia. Con base en esta jurisdicción, María Mercedes fue acusada de ser coautora con la Sra. Kaplan –cliente de su oficina postal quien aparentemente le cambiaba dólares al señor Harry Beda– del delito de receptación o lavado de activos. Después de varias apelaciones donde María Mercedes intentó demostrar su inocencia, fue condenada a ocho años en la cárcel. Estuvo recluida cinco meses en la cárcel de mujeres del Buen Pastor y posteriormente consiguió la reclusión domiciliaria. Para el año 2000, María Mercedes ya había cumplido cuatro años de condena y estaba resignada a pasar los años restantes en su casa por cárcel. Sin embargo la Sra. Kaplan, quien tenía el dinero para seguir manteniendo un proceso que llevaba algo más de cuatro años, logró que el caso fuera estudiado de nuevo por el Tribunal Superior de Bogotá. Después de revisar todas las pruebas del proceso y volver a atender a la defensa, el tribunal exoneró de todo cargo a la Sra. Brigitte Kaplan y a María Mercedes Gómez, quienes recobraron la libertad.. 7 Revista Semana, “El caso Harry Beda”, junio 11 (1996:32-38).. 27.

(28) Mauricio En una ocasión, una compañera de la universidad me contó de alguien que había estado en la cárcel por un delito político. Le manifesté mi interés por conocer a su amigo. De esta manera conseguí el teléfono de Luis, quien al haber teniendo nexos con la guerrilla del ELN fue juzgado por rebelión y permaneció cinco años condenado en La Picota. A pesar de mi insistencia, Luis no quiso participar de esta investigación, sin embrago, debo agradecerle mucho su colaboración. Gracias a lo que Luis considera un espíritu solidario, durante su estadía en la cárcel, estuvo trabajando con ahínco por los derechos civiles de los presos. Su vocación de comunicador le permitió conocer a muchas personas. Gracias a su perfil de relacionista público, Luis me facilitó un nutrido directorio telefónico. Después de algunas llamadas a representantes de diferentes instituciones y nombres que estaban en aquel directorio, recibí el apoyo de Yolanda, funcionaria del Comité de Solidaridad para los Presos Políticos. Yolanda me presentó a Mauricio, un guerrillero que acababa de salir de la cárcel de San Isidro en Popayán, quien se había acercado al Comité de Solidaridad para denunciar las condiciones de los reclusos en esa penitenciaría. El día que fui a entrevistar a Mauricio por primera vez tenía dos preocupaciones. La primera era que él quisiera aprovechar la entrevista para reiterar sus denuncias y la segunda que notara el temor que me producía conocerlo. Desde el principio el temor fue un común denominador que medió la comunicación con Mauricio, no sólo por mi parte sino también por la suya. Algunos detalles durante la entrevista fueron omitidos o cambiados con el fin de hacer difusa una identidad que ante mí siempre permaneció oculta.. 28.

(29) Mauricio nació y creció en el bajo Putumayo, probablemente en 1963. La familia de Mauricio estaba conformada por tres hermanos, su papá y mamá. La mamá de Mauricio es originaria del Putumayo y su papá antioqueño. —Mi infancia fue una infancia normal de un niño de pueblo, en medio de la pobreza, pero no una pobreza de hambre. Pero como pobre viví una infancia normal, se jugaba balón, se bañaba en el río, se peleaba como muchacho, se cogía guayabas, se vendía periódico, empanadas, sí, lo que hace uno en un pueblito. —Desde los trece, catorce años, cuando le llegaban las remesas a mi papá de Voz Proletaria de aquí de Bogotá, entonces nosotros las salíamos a vender. También escuchábamos Radio Habana Cuba en una grabadorcita vieja que teníamos en la casa. —Había un programa que se llamaba, me acuerdo tanto, decía “Cuba, territorio libre en América Latina”. Les escribíamos, escribíamos por ejemplo: “los felicito, soy admirador de la Revolución cubana, soy un asiduo oyente de Radio Habana Cuba, me interesa que me manden más información, libros sobre la Revolución cubana, la cultura cubana...”. Nos mandaban almanaques del Che Guevara, de Camilo Cienfuegos, Fidel Castro, varios líderes de la revolución cubana.. El papá de Mauricio perteneció al Partido Comunista Colombiano (PCC); posteriormente hizo parte de un brazo político de la Unión Patritica (UP) en el Caquetá y Putumayo. Mauricio afirma que la influencia de su padre para él fue muy importante. Lo que su padre le inculcó le permitió asumir una posición crítica respecto a la situación social que él conocía. Mauricio participaba en las actividades que el Partido de su padre organizaba para los hijos de los miembros. Así mismo desde los 13 años Mauricio ya era miembro de la JUCO. —Ya que él era un líder de izquierda y en la práctica vivíamos los problemas sociales, entonces las dos cosas se confabulaban, de ahí que más adelante uno pone en la práctica tanto a nivel político, como a nivel armado. Uno exterioriza esa cuestión porque ya ha vivido uno las dos partes, tanto la teórica como la práctica.... A través de las entrevistas que me concedió Mauricio yo intentaba reconocer a la persona que había detrás de la mascara del guerrillero; sin embargo, para Mauricio era muy importante. 29.

(30) recordar los eventos de su vida en los términos y circunstancias que conducían a explicar porqué decidió tomar el camino de las armas. Esto es lo que él respondía cuando yo intentaba reconstruir a partir de mis peguntas su contexto personal: —¿Qué recuerda usted de su infancia? —En torno a... —En torno a su vida cotidiana, en torno a lo que usted vivía como niño. —Claro, claro. Pero en el campo político, en el campo familiar, social... general... —Sí, en general. —Ya. Algo que me acuerde... cuando empezó el narcotráfico en el Bajo Putumayo. Te estoy hablando de hace... por ahí... yo tenía trece años, te estoy hablando de hace unos veinte años más o menos. En esa época uno presenciaba constantemente cómo mataban a la gente.... Mauricio recalca dos eventos que marcaron su infancia y el comienzo de su juventud. Estos eventos anteceden el ingreso de Mauricio a las FARC. El primero de estos eventos lo vivió a los siete años cuando unos soldados entraron a su casa para llevase a su papá con el fin de interrogarlo. El segundo es cuando llegó la violencia a su pueblo. Así describe Mauricio cómo empezaron los conflictos en su pueblo a causa del narcotráfico: —Estoy hablando de hace dieciocho años. Al pueblo empieza a llegar gente de otras partes. Pájaros de la violencia del Valle, del Toro, del Dobio, antioqueños, o gente que estaba en huída y allá se metían. Entonces esta gente comienza a hacer fortuna allá y empieza a trabajar al servicio del narcotráfico. Pero el narcotráfico del comprador, del que iba con mil, dos mil millones de pesos. Entonces ya empiezan ellos a ser amos y dueños del pueblo. Empiezan a pagar el impuesto a la policía, al DAS, al ejército... hasta ahí era mafia, mafia criolla... —Posteriormente vinieron una serie de asesinatos… Con el narcotráfico llegó el paramilitarismo, entonces todas estas gentes que anteriormente eran simples compradores de coca, vendedores, revendedores, se pusieron al servicio del paramilitarismo. Por ejemplo, una persona que le echaba liga a un kilo de coca, lo mataban, o que le miró mal la mujer por allá en una discoteca o que se lo pidió. Después ya empezaban a matar era al vicioso, al que encontraban por ahí en una esquina, una o dos de la mañana fumándose un bazuco, o un marihuano, o al que encontraron después de la una de la mañana, porque a las doce de la. 30.

(31) noche, una de la mañana, se iba la luz, entonces empezaron a imponer leyes que el que encontraran después de que se fuera la luz, lo mataban... —La primera vez que vi un asesinato estaba en el centro del pueblito, en la calle principal donde está el teatro, donde está la whiskería, donde va el muchacho y la muchacha a enamorar, bueno, a escuchar la baladita, en fin... Yo estaba parado, me acuerdo tanto, esperando a mi hermano porque íbamos a entrar a cine, al teatro del pueblo, un teatrico del pueblito, un cuchitril por así decirlo... Empezaba la función a las siete y media, eran por ahí las siete, entonces salí yo primero de la casa porque me bañé y le dije “te espero allá en la esquina del teatro”. Yo estaba parado ahí al frente de un sitio de billares que se llama El Príncipe, yo enfoqué la mirada en la gente que jugaba billar, pero no entré sino que estaba al frente. Entonces salió un tipo del billar a montarse en una moto, de pronto veo que pasan otros tipos que iban despacito en una moto, dos tipos con poncho y sombrero. Cuando yo veo que el otro se va a montar y alza la pierna para subirse en la moto, los otros llegan y paran ahí exactamente donde está el hombre, como a unos tres metros y le disparan más o menos siete tiros de pistola, entonces instantáneamente el que se iba a montar en la moto voltea y cae, cayó ahí…. Un tiempo después de que Mauricio presenciara este asesinato, supo de la muerte de uno de sus compañeros del colegio. A raíz de estos eventos fue que Mauricio empezó, por su cuenta, a tomar “medidas” al respecto: —Lo que más rabia me dio fue cuando mataron mi compañero de colegio, yo estudiaba de noche, estábamos en segundo de bachillerato y lo mataron, se llamaba Wilmer Ceballos. Una noche le dio por irse por allá a tirar vagancia, salimos como a las once de la noche y se fue por allá donde la novia, y lo cogió la noche, se fue la luz y como a las doce y media lo mataron…. —Entonces cuando empezamos a ver eso, que empezaban a matar a la gente de una manera inmisericorde, nosotros empezamos a tomar medidas; yo por lo menos empecé ya a tomar otras acciones también. — ¿Cuales fueron esas medidas? —Yo quería contactarme con la guerrilla para contarles lo que estaba sucediendo en el pueblo... yo miraba la guerrilla como un movimiento armado fuerte. Uno en ese momento no podía decir “bueno es que yo voy a comprar un arma, yo voy a ir...” porque no tenía experiencia, no sabía de eso. Entonces, se. 31.

(32) facilitaron las cosas, por ser hijo de mi papá que era un líder muy nombrado en la zona, en el Putumayo, eso fue una ventaja para mí, lo otro que yo era miembro de la JUCO. Empecé a hablar con ellos, me acuerdo tanto; Humberto, que ya murió, era el comandante de escuadra en esa época. Hasta ese momento no había frente todavía, apenas empezaban a mandar del Caquetá pequeñas comisiones de once guerrilleros. Entonces ya me puse la cita por allá como a una hora y media en una vereda de Puerto Asís que se llama Danubio. Les conté cómo era la vaina; ellos estaban ajenos a la realidad, y les dije “hermano, están matando la gente, la están matando...” —Después sí viene el trabajo. Nosotros también empezamos hermano a hacer limpieza, llamémoslo así. O sea empezamos a ubicar algunas personas, sicarios de la mafia, del narcotráfico, que más tarde fueron también mercaderes de la muerte al servicio del paramilitarismo. Empezamos a ubicar a esa gente, ¿sí me entiende? Tan, tan, quiénes eran... y por ahí empezó la guerra y comencé a involucrarme en el conflicto de una manera más directa.. En este punto, la historia de Mauricio deja de ser clara, hay muchas contradicciones en la manera en que suceden los eventos siguientes: un atentado que sufre en medio de una guerra sucia, donde él se convierte en uno de los protagonistas, y la muerte de sus hermanos y la de su padre por parte de sus enemigos. Al parecer todo esto sucede mucho antes de que él se convierta oficialmente en guerrillero de las FARC. A los 21 años Mauricio es capturado por el ejército, según él, para esta época ya es un guerrillero, sin embargo es posible que fuera más el sentido que él le asignaba a su causa personal que una realidad. Es probable que una vez Mauricio es capturado por porte ilegal de armas, al llegar a la cárcel formalizó definitivamente su militancia guerrillera. En esta cárcel, de la cual el no quiso dame información, permaneció 18 meses. Al salir de la cárcel, Mauricio entró de lleno a las FARC. Después de 13 años de estar en la guerrilla, y vincularse de lleno a la vida guerrillera, Mauricio vuelve a ser capturado en el campo de batalla. Es condenado por rebelión, pagando cuatro años de condena en la cárcel San Isidro de Popayán. Gracias a una política del Gobierno Pastrana para disminuir los índices de hacinamiento carcelario, recibe la amnistía y vuelve a quedar en libertad en agosto del 2002.. 32.

(33) Fermín Fermín es chofer de un automóvil privado. Hoy en día vive en Ibagué pero su vida ha trascurrido en buena parte detrás de un volante. De hecho fue dentro de un automóvil donde transcurrió la mayor parte de la entrevista en la cual Fermín me habló durante unas horas sobre su vida y la experiencia que vivió en la cárcel. Fermín nació en San Juan de la China, municipio del Tolima, en el año de 1957. Su infancia transcurrió en la finca de sus padres. Repartía su tiempo entre las labores del campo y la escuela. Estudió hasta cuarto de primaria en la escuela del pueblo, luego estuvo dos años en Ibagué. Durante esta época cursó el quinto. grado de primaria el cual no pudo culminar.. Fermín afirma que desde muy pequeño ha mantenido un carácter desafiante y defensivo: —Sí, siempre tuve esa cuestión; y todavía aún la conservo… o sea no soy de las personas agresivas, no soy problemático ¿cierto? pero no me acostumbro a dejar que me la monten.. Fermín no disfrutaba el estudio pero prefería ir al colegio que trabajar en el campo. Arguye que si bien resistía los castigos de sus padres, prefería enfrentarse con los profesores de la escuela. A pesar de que lo expulsaron de clase varias veces, él seguía asistiendo.. —Me echaron una vez por encontrar una nota que me mandó una muchacha, cuando eso se escribía una nota: “que si nos cuadrábamos”. La nota no me alcanzó a llegar, la profesora la cogió y de una vez expulsado. —Entonces uno dice… ¿hasta donde llega la ignorancia de las profesoras? Yo por eso entonces… qué les iba a comer.... 33.

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