Marzo 2021
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56º
Madre de la Misericordia,
Madre de la Misericordia,
Madre de la Esperanza y
Madre de la Esperanza y
Consuelo para los migrantes.
Comencemos implorando a la
Virgen María, Nuestra Señora.
El Papa Francisco ha querido
in corporar a las Letanías
La u re t a n a s t re s n u e v a s
advocaciones con las que también
nosotros la queremos invocar.
A las ya conocidas, el Papa ha decidido añadir:
“Mater Misericordiae”, “Mater Spei” y “Solacium migrantium”,
es decir:
Si llamamos a María Madre de la Misericordia, no sólo decimos
que Ella es compasiva, amorosa o tierna, sino que también
estamos afi rmando, que Ella es realmente la Madre de quien
es la Misericordia, el Amor, porque el amor de Dios se
ha manifestado en que ha enviado a su Hijo para salvarnos y
nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus
hermanos porque todos somos hijos de Dios. Al
invocar a María como Madre de la Esperanza en estos tiempos
difíciles en los que podemos tener pensamientos de
desesperación, podemos sentir que María es Madre y está
cerca de nosotros. La Virgen María es la Madre de Aquel que no
nos defrauda, porque no nos ha dejado huérfanos, se
ha quedado con nosotros y nos anima por medio de su
Espíritu.
Recordarla como consuelo para los migrantes es fruto
de uno de los mensajes más importantes del Papa Francisco
en la defensa de su dignidad invitándonos a tener más
presente este drama en la petición y en la propia vida. El Santo
Padre ha incidido siempre en el deseo de que la Iglesia
fuera a las periferias con los más necesitados y muchas
veces descartados, denunciando “la globalización de la
indiferencia”. La Madre o ayuda de los migrantes nos
remite sin lugar a dudas a la huida a Egipto donde
María la Madre de Jesús, junto a San José, deben huir a tierra
extranjera para custodiar al Hijo de Dios. La familia de
Nazaret tiene experiencia de migrantes, refugiados y
necesitados. Dios hecho carne, tiene esta misma experiencia.
María lo carga en sus brazos. Hoy Ella lo sigue haciendo, en
todas las latitudes del mundo donde miles de personas
huyen de sus países, sea por persecución política o por la
búsqueda de nuevas oportunidades de trabajo y condiciones más
dignas para vivir.
También nuestra diócesis conoce de cerca a estos necesitados y
se solidariza con su sufrimiento, sin olvidar que todos somos
migrantes en la vida, de paso hacia nuestra patria del cielo,
peregrinos hacia la Santa Jerusalén eterna, para gozar de la
inseparable comunión con Cristo, Esposo y Salvador de la
Iglesia. Nosotros, no estamos solos, Ella es la Madre que
camina con sus hijos. Cada vez que la invoquemos, dejemos
que estas letanías hagan eco en nuestra alma. Así sembraremos
misericordia y alcanzaremos esa paz que de la cual el
mundo está sediento. “Que la gracia del Señor Jesús esté con
todos”.
Queridos hermanos en la fe y en el amor del Señor:
Con estas breves líneas queremos expresar nuestra más cordial felicitación por el 56º aniversario de la Consagración de nuestra Iglesia parroquial Ntra. Sra. de la Vega.
Sin embargo podéis estar orgullosos de vuestra hermosa Iglesia parroquial la cual es el hogar común, una casa de familia fraternal y acogedora donde los fi eles se congregan para celebrar su fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
La razón de ser de una “Iglesia parroquial” es reunir, como una sola familia, a los fi eles de un territorio o una vecindad, sin distinción de origen, status social o edad.
Los hijos de Dios, por ser diferentes, fácilmente se podrían dispersar, pero la parroquia los reúne constituyendo una comunidad cristiana en la que todos somos hijos de un mismo Dios y Padre y, en consecuencia, hermanos los unos de los otros.
También decimos que la parroquia es “cosa de todos”, porque la formamos todos y la vamos haciendo entre todos en la medida que vivimos una auténtica vida cristiana. Esa vida cristiana que se aprende y fortalece participando en la vida parroquial y que practicamos en la vida familiar, en el trabajo y en las relaciones sociales. En la medida que los fi eles participan en la vida de la comunidad, se podrá hablar de una parroquia grande o pequeña.
“56 años de una Iglesia para una parroquia” y muchos más que seguiremos
sumando.
La parroquia como cualquier familia nunca se acaba. Y, sobre todo, siempre podemos ser mejores hijos de Dios y mejores hermanos entre nosotros.
Al cumplirse el 56º aniversario de la Consagración de la Iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Vega, pedimos a Dios que nos bendiga con toda clase de bienes y nos conceda a todos vivir en paz y armonía. Que bendiga al párroco D. Julián, junto con sus colaboradores y les fortalezca en el desempeño de su misión al servicio de todos los feligreses.
Un abrazo gigante para todos, abundantes bendiciones del Señor, la protección de su Santísima Madre, Ntra. Sra. de la Vega y FELIZ ANIVERSARIO.
¡VIVA NUESTRA PARROQUIA!
15 de
Marzo
Aniversario de nuestra Parroquia,
Ntra. Sra. de la Vega
San José
San José es quien tuvo el privilegio de ser esposo de María, de criar al Hijo de Dios y de ser la cabeza de la Sagrada Familia. Es patrono de la Iglesia Universal, de una infi nidad de comunidades religiosas y de la buena muerte. “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”, le dijo el ángel en sueños al “justo” San José.
San José es conocido como el “Santo del silencio” porque no se conoce palabra pronunciada por él, pero sí sus obras, su fe y amor que infl uenciaron en Jesús y en su santo matrimonio.
Cuenta la tradición que doce jóvenes pretendían casarse con María y que cada uno llevaba un bastón de madera muy seca en la mano. De pronto, cuando la Virgen debía escoger entre todos ellos, el bastón de José milagrosamente fl oreció. Por eso se le pinta con un bastón fl orecido.
Junto a María, San José también tuvo que sufrir que no los quisieran recibir en Belén, que el amor de su vida diera a la luz en un establo y el tener que huir a Egipto, como si fueran delincuentes, para que Herodes no matase al niño. Pero supo afrontar todo esto confi ando en la Providencia de Dios. Con su ofi cio de carpintero no pudo comprar los mejores regalos para su hijo Jesús o que recibiera la mejor educación, pero el tiempo que le dedicó para atenderlo y enseñarle su profesión fueron más que sufi ciente para que el Señor conociera el cariño de un padre, que también es capaz de dejarlo todo por ir en busca del hijo extraviado.
Se conoce a San José como Patrono de la buena muerte porque tuvo la dicha de morir acompañado y consolado de Jesús y María. Fue declarado Patrono de la Iglesia Universal por el Papa Pío IX en 1870.
EL 19 DE MARZO CELEBRAMOS EL DÍA DE
EL 19 DE MARZO CELEBRAMOS EL DÍA DE
SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA Y
SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA Y
PATRONO DE LA IGLESIA UNIVERSAL
Vivimos en un mundo muy condicionado por las prisas y por las apariencias. Queremos estar informados de todo al instante, y queremos también hacernos notar, y que se nos vea. No demos, pues, prioridad a las apariencias, sino a la realidad, aunque no siempre sea perceptible desde el exterior.
El Evangelio lo explica con mucha claridad. Nos dice que Jesús observaba a la gente que echaba dinero en la hucha del templo. Algunos ricos echaban mucho dinero. Una viuda pobre echó dos reales. Ante Dios fue mucho más generosa la viuda. Dios no juzga por las apariencias, sino que mira el corazón del hombre. En el Evangelio se nos dice: que no sepa tu mano derecha lo que da tu izquierda. O también. Cuando ayunéis no andéis tristes y cabizbajos, sino perfumaos y que la gente os vea alegres.
En este momento España está pasando por una situación doblemente preocupante: desde el punto de vista sanitario y desde el económico y social. No vale cruzarse de brazos. Hay una urgente tarea por delante. En este sentido es muy de admirar la labor callada y silenciosa de tantas personas que están poniendo lo mejor se sí mismos al servicio de los demás. Incluyendo en esto también el tiempo dedicado a la oración. No importa que no salga en los periódicos. Dios lo ve todo. Y además formamos un cuerpo, el Cuerpo Místico de Cristo, de forma que, independientemente de la publicidad, lo que hacemos, para bien o para mal, repercute en todos los miembros de este cuerpo.
Recibir el gozo del Espíritu Santo es una gracia. Y es la Recibir el gozo del Espíritu Santo es una gracia. Y es la única fuerza que podemos tener para predicar el Evangelio, para única fuerza que podemos tener para predicar el Evangelio, para confesar la fe en el Señor. La fe es testimoniar la alegría que nos confesar la fe en el Señor. La fe es testimoniar la alegría que nos da el Señor. Un gozo como ese no nos lo podemos dar nosotros da el Señor. Un gozo como ese no nos lo podemos dar nosotros solos. (Papa Francisco)
solos. (Papa Francisco)
EL VALOR
Como decía San Lorenzo, la mayor riqueza de la Iglesia son los pobres. Hoy día es innegable que la Iglesia está al servicio de los más débiles, lo cual es un gran signo de credibilidad. En los países más pobres y remotos, donde “no hay nada que rascar”, allí también está presente sirviendo a los más necesitados.
Multitud de organizaciones han nacido inspiradas por el
Evangelio para trabajar a favor de los más desheredados. La Iglesia de Pablo VI, por poner un ejemplo, ha dado un enorme impulso a la preocupación por la ayuda a los pueblos del llamado tercer Mundo.
Justicia y Paz, Cáritas, Manos Unidas, son nombres más conocidos, pero la lista se haría interminable. Hospitales, centros de enseñanza, dispensarios, centros de acogida, residencia de ancianos en plan no lucrativo, centro de atención a drogodependientes, a mujeres maltratadas, a niños huérfanos, millones de voluntarios que en nombre de Jesús se dedican a ayudar al prójimo, son la mejor señal de que la Iglesia es una buena servidora de la humanidad.
De hecho, hoy, ya en pleno siglo XXI, una de las mayores razones de credibilidad de la Iglesia está precisamente en esta preocupación por los que pasan todo tipo de necesidad, incluida la defensa de los derechos humanos.
Se da la circunstancia de que a pesar de que en cierta manera y en algunos ambientes parece que la fe ha decaído en los últimos tiempos, el siglo XX ha ayudado también a una renovación y madurez que hace más creíble y asimilable el mensaje cristiano. Sin duda, han contribuido enormemente a ello los llamados movimientos preconciliares y el Concilio Vaticano II y su aplicación.
Hay quien ya piensa lo que sucederá tras la epidemia, a todos los problemas que hay y habrá de pobreza, de trabajo, de hambre. Oremos Juntos por toda la gente que ayuda hoy, y piensa también en el mañana para ayudarnos a todos. (Papa Francisco).