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Actividad, empleo y paro: evolución y perspectiva comparada

In document DE TRABAJO (página 75-80)

PARTICIPACIÓN LABORAL

1. Actividad, empleo y paro: evolución y perspectiva comparada

En el año 2019 la relación con el empleo de la población joven en España se carac- terizaba por una participación laboral relativamente baja, una menor frecuencia de personas ocupadas y una mayor incidencia del desempleo. Así, las tasas de actividad y de empleo eran más bajas que las correspondientes al total de edades en España, y también inferiores a las de los jóvenes del conjunto UE-28; las tasas de paro joven, a su vez, eran más altas.

Estas posiciones de desventaja tuvieron, por otro lado, una evolución negativa a raíz de la crisis de 2008 y hasta 2013, de manera que se produjo una ampliación de la brecha de empleo joven, más pronunciada en España que en la UE-28, mostrando desde entonces una continua aunque lenta recuperación (cuadro 7).

A su vez, las tasas de paro joven eran en España, en 2019, cerca del doble que las del to- tal de edades, como también lo eran al compararlas con los jóvenes del total UE-28. Cierto es que la tasa general de paro correspondiente a España también doblaba la europea, pero la propia magnitud del dato de paro joven mostraba el alcance de este problema: un 24,8 por 100 todavía en 2019.

Los perfiles de esa evolución no eran muy distintos por sexo y seguían en líneas gene- rales una tendencia similar a la que se observaba para el conjunto europeo desde la etapa expansiva anterior a la crisis de 2008: en dicha etapa se generó una mejor posición de los varones tanto en el empleo como en el paro; la crisis redujo posteriormente esa ventaja, con una igualación a la baja en las tasas de empleo por sexo y una igualación al alza en las tasas de paro; y la trayectoria posterior, entre 2013 y 2019, mostraba nuevamente esas brechas de género.

De este modo, en 2007 la tasa de empleo de los varones jóvenes llegó a ser cerca de un 27 por 100 mayor que la de las mujeres en esas mismas edades. Como efecto de la crisis de 2008, ambas se igualaron posteriormente, llegando a ser algo más baja (un 2,5 por 100) la masculina en 2012. Pero en 2019 la diferencia ya era de nuevo favorable a los varones, con una tasa de empleo casi un 10 por 100 mayor que la de las mujeres. Por su parte, siempre en el grupo joven, la tasa masculina de paro en 2007 había sido casi un 31 por 100 inferior a la femenina, invirtiéndose esto desde 2008 hasta resultar la de los varones un 13 por 100 mayor en 2013; en 2019 la diferencia favorable a los varones era de nuevo visible, aunque más ligera (-2,3 por 100).

CUADRO 7. EVOLUCIÓN COMPARADA DE LOS JÓVENES EN EL MERCADO LABORAL, 2007-2019 (Tasas de actividad, empleo y paro en España y en la UE-28. Promedios anuales)

Tasas

UE-28 España

15-29 15-64 15-29 15-64

Actividad 2007 57,7 70,3 63,9 71,8

2013 56,6 72,0 56,6 74,3

2019 56,6 74,0 50,7 73,8

Empleo 2007 50,7 65,2 55,7 65,8

2013 45,9 64,0 32,6 54,8

2019 50,3 69,2 38,2 63,3

Paro 2007 12,1 7,3 12,9 8,3

2013 18,9 11,0 42,4 26,2

2019 11,2 6,4 24,7 14,2

Fuente: Eurostat, Labour Force Survey.

El análisis desagregado por edades en las tasas de actividad, empleo y paro de los jó- venes en ese mismo periodo acentúa, por otra parte, la amplitud de la divergencia con el conjunto europeo a raíz de la crisis de 2008 y todavía muy visible en 2019 (gráfico 24). Esto se evidencia tanto en una trayectoria más descendente de la actividad en los grupos españoles menores de 25 años como en las caídas de las tasas de empleo y, sobre todo, en las fuertes alzas en las tasas de paro en los tres grupos de edad por debajo de 30 años.

En la comparativa europea de esta evolución hay que señalar, en primer lugar, el ex- traordinario incremento de la tasa de paro y el descenso en la de empleo en el grupo más joven (16 a 19 años), retroalimentado por una tasa de actividad muy baja –y en descenso–

que ya antes de 2008 implicaba una posición peor de este grupo en España.

Los grupos de 20 a 24 y de 25 a 29 años experimentaron desde ese año descensos en sus tasas de empleo y elevaciones en sus tasas de paro también muy por encima de los totales europeos, tanto que, a pesar de la progresiva mejora desde 2013, dichas tasas esta- ban en 2019 todavía muy alejadas de las correspondientes a esos mismos grupos de edad en el conjunto UE-28. Antes de la crisis de 2008 estaban en valores similares, gracias a un comportamiento positivo en la situación laboral de estos dos grupos a lo largo de todo el periodo 1995-2007, es decir, no solo en la etapa más expansiva asociada al momento previo al estallido inicial de aquélla.

Entre 2014 y 2019, la progresiva recuperación del empleo impulsó una concentración de la incidencia del paro en los jóvenes en España, especialmente en los menores de 25 años pero también en los de 25 a 29. Los sucesivos resultados de descenso de este fueron en este periodo positivos, pero, como señaló la Memoria CES 2019, la fuerza con que la crisis iniciada en 2008 elevó el paro de los jóvenes hacía, a la altura de 2019, que todavía quedase mucho para volver a la situación anterior. En 2019 solo se había reducido en torno a un tercio la tasa de paro alcanzada en el peor momento de la crisis por los más jóvenes, y en torno a un 40 por 100 las de los otros dos grupos en el tramo de menos de

GRÁFICO 24. JÓVENES Y MERCADO LABORAL: EVOLUCIÓN COMPARADA POR GRUPOS DE EDAD (Tasas de actividad, empleo y paro en España y en la UE-28. Promedios anuales)

Fuente: Eurostat, Labour Force Survey.

30 años de edad. El impacto del COVID-19 en estos grupos ha supuesto, en el segundo trimestre de 2020, una vuelta a valores sustancialmente más bajos en el empleo y más altos en el paro de los más jóvenes. No se dispone aún de datos actualizados para el conjunto Unión Europea, pero los correspondientes a España muestran una pérdida de tasa de empleo en el grupo de 20 a 24 años de casi 9 puntos entre 2019 y 2020, lo que supone un descenso del 23 por 100, y en el grupo de 25 a 29 años una de 8 puntos, lo que supone un 12 por 100 menos.

Una clave nueva para caracterizar la participación laboral de los jóvenes en España, es la nacionalidad, entendida como una aproximación al origen inmigrante de los jóvenes84, tanto por el fuerte crecimiento de la población extranjera en los últimos dos decenios co- mo por el mayor peso relativo que muestra, en los datos laborales, en los grupos menores de 30 años, y muy especialmente en los de menores de 25.

Frente a una presencia muy reducida en los últimos años noventa e incluso en los primeros años del siglo XXI, en 2019 el peso de las personas de origen inmigrante era muy considerable en el grupo joven presente en el mercado laboral: en el tercer trimestre de ese año, un 21 por 100 de la población activa joven tenía nacionalidad extranjera, frente al 8,5 por 100 en 2002 (y al 1,9 por 100 en 1999). Un peso que, además, se viene manteniendo en el mismo orden de magnitud desde 2007, como resultado de distintas dinámicas de- mográficas y laborales, desde el diferencial de fecundidad española y extranjera acumu-

84 Se habla de origen porque en especial los más jóvenes no son inmigrantes en sentido estricto sino hijos de inmigrantes, y se aproxima por la nacionalidad, agrupando los de nacionalidad extranjera y los que tienen doble nacionalidad, española y otra.

0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100

200520062007200820092010201120122013201420152016201720182019 Tasas de actividad

UE-28 15-19 UE-28 20-24 UE-28 25-29

España 15-19 España 20-24 España 25-29 0

10 20 30 40 50 60 70 80 90 100

200520062007200820092010201120122013201420152016201720182019 Tasas de empleo

0 10 20 30 40 50 60 70

200520062007200820092010201120122013201420152016201720182019 Tasas de paro

lado en los decenios anteriores hasta la distinta repercusión en el saldo migratorio de las salidas en los años de la crisis de 2008, fuertemente concentradas en la población joven y de adultos jóvenes (20-30 años), toda vez que este saldo no ha dejado de ser negativo desde entonces en el caso de la población española, mientras que en el caso de la extran- jera, aunque cayó mucho en los peores momentos económicos, volvió a cifras positivas y crecientes ya en 201585.

Se trata, además, de una participación laboral distinta, pues la población joven de origen inmigrante mostraba en todo el periodo y hasta 2019 una tasa de actividad consi- derablemente más elevada en el grupo de menor edad, es decir, de 16 a 19 años, aunque también en el de 20 a 24 años. Esto se debería, al menos en parte, a una menor duración de la etapa escolar en los jóvenes extranjeros, y en concreto a un menor paso a los estu- dios universitarios, presentando, como la población autóctona, una baja frecuencia de compaginación de estudios reglados con presencia en el mercado de trabajo. Pero tam- bién podría tener relación con una menor incidencia del fenómeno del desánimo, que se estudiará más adelante.

En todo caso, el paro es más alto en los jóvenes de nacionalidad extranjera, con una distancia que parece haberse reducido en el último periodo de crecimiento económico, pero que en 2020 se habría ampliado de nuevo en la actual coyuntura adversa. Para el total de 15 a 29 años, la tasa de paro entre 2007 y 2019 se habría mantenido ligeramente por encima en la nacionalidad extranjera, con una tasa en el último año del 25,5 por 100 frente al 24,6 por 100 en la española; en 2020, la primera se situaba, en el segundo trimestre, en un 33,2 por 100, y la segunda en un 29,3 por 100 (gráfico 25).

El análisis del paro joven se ha ido abordando, con abundancia de datos y reflexiones, en distintos trabajos del CES y especialmente en las sucesivas ediciones de su Memoria anual. De dicho análisis se deduce la presencia

de dos grandes características en este problema del paro, además de su volumen.

En primer lugar, su duración, que indica dificultades para el acceso y el mantenimiento en el empleo, aunque ello habría mejorado entre 2015 y 2019. Y en segundo lugar, la baja participación laboral (en especial en los grupos menores de 25 años) y las situaciones que la explican, en particular dos: la primera, cuando el motivo principal de la inactividad la- boral es la realización de estudios, que lleva a preguntarse, en los más jóvenes, por qué no compatibilizan estos con la participación laboral, como ocurre en países europeos entre los de mejores registros de empleo juvenil), y en el grupo más mayor, qué significado tiene esa prolongación de los estudios de manera tan exclusiva, es decir, si no es también una forma de tratar de superar dificultades de inserción en el empleo; la segunda, cuando no estudian, no trabajan y no buscan empleo.

85 Véase Informe CES 2/2019, La Inmigración en España: efectos y oportunidades, págs. 45 y 52-53.

Las grandes cuestiones

tras el problema del paro

GRÁFICO 25. TASAS DE PARO JOVEN POR NACIONALIDAD, 2007-2020 (Porcentajes, segundos trimestres)

Fuente: Eurostat, Labour Force Survey.

Las dos situaciones evidencian un alejamiento del mercado laboral que se añade al pro- blema del paro. Y en cualquiera de las dos situaciones, una parte de las personas que las componen querría y podría incorporarse inmediatamente a un empleo (de ahí su deno- minación en la estadística como “activos potenciales”), pero no lo busca porque cree que no lo encontrará (los “desanimados”), reflejando una exclusión laboral que en no pocos casos puede cronificarse y desembocar en exclusión social.

La otra cuestión básica, en tercer lugar, es la relación del paro con el nivel educativo alcanzado, que influye no solo en los bien conocidos peores resultados de paro en los niveles bajos, sino también en esa menor participación en el mercado laboral. Aunque el nivel educativo bajo supone un riesgo de desempleo mucho más elevado en las personas jóvenes, lo cierto es que las tasas de paro son altas tras la crisis de 2008 en todos los nive- les de estudios y la diferencia más clara se da entre los básicos y los medios o superiores.

No obstante, el paro sigue siendo más bajo entre la población con estudios universitarios en comparación con los profesionales; esto choca con los datos que luego se verán sobre inserción inicial en cada caso, pero precisamente por ello cabe pensar que esta es débil, es decir, que los jóvenes con formación profesional acceden antes a su primer empleo pero tienen mayor riesgo de perderlo a corto plazo. Y, en todo caso, explica (evidentemente junto a otros factores de índole diversa que fundamentan los procesos de elección indivi- dual de trayectorias formativas) por qué siguen mostrando una elevada preferencia por los estudios universitarios.

14,1

44,5

25,5

33,2

12,1

42,6

24,6

29,3

0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50

2007Q2 2013Q2 2019Q2 2020Q2

15-29 extranjera 15-29 española

In document DE TRABAJO (página 75-80)