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El afianzamiento de la figura del narcotraficante en los corridos de los ochenta y

III. MÉXICO ENTRE CORRIDOS, NARCOTRÁFICO Y VIOLENCIA: DEL CORRIDO

3.6 El afianzamiento de la figura del narcotraficante en los corridos de los ochenta y

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3.6 El afianzamiento de la figura del narcotraficante en los corridos de los ochenta y

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Los corridos hablaban de un mundo, de agentes sociales y de sus valores en proceso de consolidación, en un lenguaje simple, directo y comprensible por un gran número de gente con escaso capital escolar, habitantes de regiones de producción y tráfico de drogas y más cercanos, en términos de vivencias cotidianas, a las historias descritas en los corridos. Los corridos trascenderán posteriormente las barreras geográficas, de clase y estéticas. Estudios artesanales de grabación, importantes compañías disqueras, organizadores de conciertos en vivo, estaciones de radio, el cine, y la televisión en una etapa posterior, aprovecharían el impacto de esos corridos en el norte de México y el sur de Estados Unidos (Astorga, 2005:

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Los compositores saben con certeza cómo fabricar un corrido de éxito comercial. Este tipo de corrido, como lo sugiere Astorga (1995), es un tipo de re-traducción oral de elementos visibles y una afirmación de lo que ya está articulado. Los hombres que se atreven a oponerse a las autoridades se han ganado el respeto de los desamparados. Sujetos audaces como los salteadores de caminos, atracadores, contrabandistas, y malhechores, han cautivado la imaginación. En contraste con la representación oficial de esos criminales, la imagen que pinta el folklore es favorable. No resulta sorprendente, entonces, que el corrido comercial retrate al narco de una manera igualmente compasiva (Simonett, 2002).

Uno de los grupos más representativos de género musical de narcotráfico son los Tigres del Norte, quienes en 1989 promovieron la venta del disco “Corridos Prohibidos”.

Esta grabación contó con gran popularidad tanto en México como en Estados Unidos, sobre todo a raíz del título del álbum, el cual ponía de manifiesto el contenido y el contrajuego con la censura a este género a finales de la década de los ochenta, la cual se desarrollará líneas más adelante. En 1997 apareció el álbum “Jefe de jefes”, el cual obtuvo grandes ventas y nuevamente se apoyaba en el género del corrido de traficantes para su éxito. Los Tigres del Norte, nacidos en Sinaloa y avencidados en el norte de California se habían convertido en el grupo chicano con mayor éxito, basados en el corrido de traficantes y el corrido de migración, con el cual miles de migrantes de primera y segunda generación comenzaron a sentirs identificados con su país, con su experiencias migratoria y con las aspiraciones representadas a través de los corridos. La música norteña, además de sonido fronterizo se convirtió en una verdadera música transnacional, donde su epítome fueron precisamente los músicos de Rosa Morada, Sinaloa (Ragland, 2009; Ramírez-Pimienta, 2004, 2011).

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Although the music of the San Jose, California based norteño group Los Tigres del Norte has symbolized the epitome of immigrant experience for generations of Mexican (and Central American) newcomers since the 1970s, a whole new generation of young fans has recently discovered their music. Yet for many young listeners (especially the second- and third-generation listeners) it is not so much the migration-related songs, but rather the corridos prohibidos, the "prohibited corridos," that have struck a responsive chord. Both the young fans and the "prohibited corridos" have helped norteña music to become more popular than ever (Simonett, 2001: 320)

Otro de los géneros que se emparentó con los corridos de traficantes fue la música de banda o tambora sinaloense. Desde mediados de la década de los setenta las bandas sinaloenses interpretaban corridos para los nuevos patrones, los narcos como lo menciona Simonett;

dondequiera que los nuevos ricos, relacionados con el negocio de tráfico de drogas, celebraban alguna fecha trascendente o simplemente en la cotidianidad la música de banda acompañaba los festejos. Las letras de los corridos se vieron determinadas por la música del noreste, el conjunto norteño, “la influencia de la música norteña en el repertorio de banda se hizo más fuerte en la década de los ochenta (…) la popularidad de la música de banda en los noventa, especialmente al norte de la frontera, se debe a la interpretación de los éxitos de la música norteña con banda (2004: 238)”. Para poder llegar a ser competitivos en un mercado internacional de la música que cobija principalmente a los Estados Unidos y a México, las bandas de renombre comenzaron a centrarse cada vez más en la reinterpretación del repertorio del narcocorrido. La música de banda como el conjunto norteño se convirtieron en producciones musicales populares y popularescas que tomaron el corrido de narcotráfico para convertir al narcocorrido en una producción sonora transnacional que, en el caso de la música de banda obtuvo un gran éxito durante de la década los noventa con la incorporación de nuevos instrumentos, conformándose en technobanda y convirtiéndose en un producto sonoro reproducido a través de grandes consorcios musicales afincados tanto en la Unión Americana como en México.

In recent years, norteño and banda have coexisted as favorite musical ensembles to interpret corridos and narcocorridos as well. The technobanda craze has helped the genre to gain popularity and acceptance among listeners who do not sympathize in any way with the lifestyle and achievements of drug traffickers. However, considering the current popularity of narcocorridos among young Latino audiences we may assume that some, if not many, listeners indeed regard dope-dealing a gratifying shortcut or a magical path to personal empowerment (even if they are not personally involved in the illicit business) (Simonett, 2001: 320-321)

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La popularidad del corrido de traficantes durante la década de los noventa está vinculada sobre todo a la figura de Chalino Sánchez, tanto en Estados Unidos como en México, aun cuando muchos de sus corridos no refieran explícitamente al negocio de las drogas (Ramírez-Pimienta, 2011). Como han dejado en claro varios autores, la figura del sinaloense valiente y rural, el gallo valiente quedó encarnada Chalino y en sus corridos a lo largo y ancho de California, sobre todo en el conocido night club “El Farallón”, no hay que olvidar que en el espacio público se hablaba de una nueva forma de vestir, con botas y sombrero, el estilo “achalinado” o el “chalinazo” es como se conoció esta nueva imagen del mexicano, en Estados Unidos como en nuestro país (Almada, 2005, Simonett, 2001, Ramírez-Pimienta, 2011) y en este sentido, el floreciente negocio con narcocorridos comerciales en los clubes nocturnos de Los Angeles y estudios de grabación comenzó en torno a 1990. En gran parte responsable de este desarrollo fue el corridista sinaloense Chalino Sánchez, quien se inmortalizó a través de sus canciones, encarna como nadie la subcultura del narco que abarca tanto los Estados Unidos y México (Simonett, 2004).

En este contexto se dieron las primeras embestidas por parte de los gobiernos locales y federal en México contra la reproducción de corridos de traficantes en las radiodifusoras tanto en el norte de México como en el resto del país. Los primeros intentos por prohibir la difusión de corridos de traficantes datan de 1987, en Sinaloa durante la administración de Francisco Labastida. Sin embargo las leyes del mercado estuvieron por sobre la medida y el tráfico de drogas, la violencia y el consumo aumentaron proporcionalmente a las medidas morales. Otro de los primeros intentos de censura al narcocorrido data de 1996 en Michoacán, sin embargo la propuesta no prosperó dado que se argumentó que si se procedía se atentaba contra la libertad de expresión y que además, se perderían miles de pesos en ganancias por la difusión de este género. Continuando con esto, la mayor parte de las medidas morales para disminuir el impacto cultural del corrido son de carácter local. Y sin embargo, la demanda de este género musical continúa, “sólo que con un valor agregado: el de la censura. Recuperado de manera inmediata por los especialistas en mercadotecnia. La moral de los censores camina por un lado, la de los consumidores por otro, y las leyes de la economía por el suyo” (Astorga, 2005:148).

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