Tal como mencioné en varias ocasiones en este capítulo, el ARS constituye un argumento que debe ser tomado en serio si se quiere dar cuenta del proceso de adquisición del lenguaje. En este sentido, considero que hay que seguir al enfoque innatista en lo concerniente a las restricciones que debe satisfacer el proceso de aprendizaje del lenguaje para que el niño sea capaz de adquirirla lengua de las personas que lo rodean. Si los niños abordaran el lenguaje de la misma manera que lo abordan los lingüistas, tendrían problemas para adquirir cada uno de los elementos característicos de sus lenguajes: tendrían dificultades para identificar los patrones fonológicos de su lengua, para dar con los significados de las palabras y les costaría mucho arribar a la sintaxis apropiada que permita producir/comprender una cantidad ilimitada de expresiones. Si los niños fueran aprendices empiristas formularían una infinidad de hipótesis referentes a la fonología, a la semántica y a la sintaxis de su lenguaje. Pero esto no es lo que sucede, los niños logran adquirir su lengua sin dificultad en sus primeros 5 años de vida.
El tipo de aprendizaje que exhiben los niños que aprenden el lenguaje conduce, por lo tanto, a la necesidad de plantear restricciones que lo guíen
en la adquisición lenguaje. Así, como vimos en el apartado 3.2, el enfoque innatista postula una FL, compuesta por un sistema cognitivo y sistemas de actuación. El estado inicial del sistema cognitivo se encuentra equipado con la GU que incluye una serie de principios y parámetros lingüísticos que imponen limitaciones al tipo de gramática que adquiere el niño, esto es, al estado final del sistema cognitivo que es la lengua-l. La lengua-1 está compuesta por un sistema computacional que opera sobre rasgos léxicos. La adquisición del lenguaje puede verse como un proceso en el que el estímulo selecciona ciertas opciones que se encuentran abiertas en los parámetros.
De modo que el sistema cognitivo de la FL contribuye con distintos tipos de restricciones a la hora de facilitar el aprendizaje: impone restricciones respecto de la estructura simbólica de la información que procesa el sistema computacional (las formas fonológicas y lógicas) y restricciones respecto del contenido a ser adquirido, esto es, los distintos elementos (fonológicos, semánticos y sintácticos) del léxico.
Como vimos en el último apartado del capítulo 2, para ser capaces de explicar por qué los seres humanos no aprenden el lenguaje de la manera en la que lo hacen las redes conexionistas -esto es, por qué no adquieren un lenguaje limitado y puntual en el que sólo se aprenden las oraciones presentes en el estímulo, de manera desconecta unas de otras-, pareciera ser necesario postular representaciones simbólicas, que puedan ser manipuladas por un sistema computacional para dar lugar a la productividad y sistematicidad de nuestro lenguaje natural. Así, resumiendo el argumento de Fodor y Pylyshyn (1988) del apartado 2.5, para que nuestros lenguajes exhiban las propiedades de la productividad y Ja sistematicidad deben respetar el principio de composicionalidad. Para poder respetar este principio es necesario que las expresiones posean una estructura combinatoria, i.e.
básicamente propiedades semánticas y sintácticas que permitan arreglos más complejos de expresiones combinando elementos más simples. Así, gracias al sistema computacional que opera sobre representaciones simbólicas, el diseño interno del sistema cognitivo de la FL es capaz de dar cuenta de la productividad combinatoria.
Asimismo, tal como vimos en este capítulo, la FL contribuye con restricciones fonológicas y semánticas a la hora de dar cuenta del proceso de adquisición de los ítems léxicos. Vouloumanos y Weker (2004, 2007), y Hale y Reiss (2003) postulan un conjunto de tendencias que orientarían la atención de los niños hacia el lenguaje hablado y un repertorio de ítems fonológicos que les permitiría seleccionar sólo aquellos que se ejemplifican en el lenguaje que se habla en el entorno lingüístico del chico. Por otro lado, lado Clark (1973), Barret (1991) y Pinker (1994) consideran que un conjunto de restricciones, tales como el principio del contraste léxico, el principio taxonómico, del objeto entero, entre otros, guiarían el aprendizaje de las palabras.
En este sentido, ¿con qué tipo de entidades innatas tendremos que comprometemos para dar cuenta del lenguaje? Recordemos nuevamente que hasta un aprendiz empirista se encuentra equipado con un amplio repertorio de bagaje innato. Tal como mencioné en el apartado 2.4, siguiendo a Fodor (1981) y a Marcus (1998), el equipamiento mínimo que todo empirista tiene que aceptar para dar cuenta de cualquier proceso de aprendizaje —y que de hecho se encuentra presupuesto en los modelos conexionistas tal como ejemplifica la Fig. 1— es el siguiente:
Un número restringido de hipótesis a ser evaluadas, que a su vez presupone un formato y un vocabulario para poder formular la hipótesis.
Un formato y un vocabulario para la representación de los datos.
Una métrica de la confirmación. Esto es, una función que toma pares de hipótesis-datos a las que les asigna números que expresan el grado de confirmación de la hipótesis de acuerdo con esos datos.
Si se toma en serio el AlA, desarrollado en el apartado 3.1, si un concepto se encuentra disponible para formular una hipótesis, entonces ya se
posee ese concepto. Así, en la misma hipótesis que se evalúa en el transcurso del aprendizaje se emplean, en última instancia, los mismos conceptos que se están adquiriendo. Pero si ya se tiene el concepto para llevar a cabo la tarea de aprendizaje, entonces no se está explicando cómo se aprende ese concepto. De manera que la implementación de una lógica inductiva no puede dar cuenta de cómo se aprende, sólo puede mostrar cómo es posible confirmar hipótesis acerca de conceptos que ya se encontraban de alguna manera disponibles (Fodor 1979, 1981).
Es por ello que el aprendizaje, desde la perspectiva innatista, contrariamente a lo que generalmente se asume, consiste en una combinación de información que ya se posee:
En cualquier teoría computacional, 'aprendizaje' sólo puede consistir en crear nuevas combinaciones de primitivos ya disponibles de manera innata. (Jackendoff 1990, p. 40, mi traducción)
Según el enfoque innatista, la adquisición de los distintos aspectos del lenguaje es vista como un proceso de fijación de parámetros innatos presentes en la GU. Esto es, el léxico de la FL se encuentra innatamente equipado con información fonológica, sintáctica y semántica que el estímulo sólo se encarga de seleccionar. Así, en el estado inicial de la EL se encuentran de alguna manera representadas todas las posibles gramáticas del lenguaje. Los parámetros restringen fuertemente el proceso de adquisición del lenguaje, de manera que el estímulo sólo se encarga de seleccionar ciertas opciones previamente disponibles. En este sentido, en el estado inicial de la EL se encuentran virtualmente representados todos los significados de las palabras que cada lenguaje de hecho explota, en tanto que hay información innata en términos de rasgos semánticos, sólo basta con un estímulo acotado para que se puedan asignar las representaciones semánticas correspondientes a un determinado patrón sonoro del lenguaje.
Hasta aquí puede observarse, entonces, que tanto el innatismo como el empirismo aceptan estructuras ¡nnatas, previas al proceso de aprendizaje.
Sólo que mientras que el empirista se compromete sobre todo con