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El alma y el entendimiento como círculos y líneas

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3.1. La teología de la naturaleza neoplatónica y la Cábala de Herrera

3.1.2. El alma y el entendimiento como círculos y líneas

idea presente en Proclo mediante el símil del cuerpo del mundo, al cual volveré más adelante.

En este mismo libro de Puerta del Cielo, Herrera hace una distinción entre esencia y existencia que me parece pertinente para la discusión sobre los dos aspectos del ser. Anteriormente se hizo mención a que Adán Qadmón es emanado tras la creación de Avir Qadmón; éste se vuelve el canal sutil mediante el cual ese otro recibe «unidad, esencia, vida y entendimiento, hábitos circulares y derechos» en tanto que es

«formado» por su participación en el mundo de la emanación o atzilut con el que adquiere «unidad, existencia, vida y entendimiento» (VII, 6:

282). Con esto denota los dos aspectos de la esencia de los seres emanados que con la terminología herreriana, puede concluirse que: el primer ser es potencial, pasivo —en tanto recibe de su causa— y formable, el segundo ser es perfecto, activo —porque participa de su causa a efectos posteriores— y formado.

Para Herrera el mundo de la atzilut o emanación es producido por el paradigma y la luz que En sof emana a través de él, consistiendo Adán Qadmón y atzilut una sola entidad que será conocida como

«entendimiento en acto», dicha entidad crea el mundo siguiente, el cual es el mundo de la creación o Beriá que imitando a los superiores crea «de nada» el mundo de la formación en el que pueden producirse por las actividades propias de este nivel de realidad sustancias intelectuales nuevas que asistirán los cuerpos celestes del mundo de Asiyá. Bajo esta explicación, queda claro que la luz refiere solamente a En sof, mientras que la lumbre es la emanación o efecto de aquella luz remota que es comunicada a los demás mundos emanados (323).

analógica con el Intelecto, esto es, en una relación de causa y efecto, también posee un movimiento circular pues permanece en sí misma.

Significando que cada hipóstasis posee ambos movimientos dependientes el uno del otro como atributo de su existencia sustancial.

De acuerdo con Proclo la actividad debe ser posterior a la existencia, ya que para él la actividad equivale a la triada procesión- inmanencia-reversión (Gersh, 1973: 100-101) y, a mi entendimiento, ésta correspondería a la actualización de la esencia entendida como existencia en potencia, es decir, mediante la actividad que les es propia

—por imitación con su causa— las esencias consiguen la existencia esencial. Lo anterior hace eco a la máxima procleana encontrada en El.

theol. § 103: Πάντα ἐν πασιν, οἰκείως δὲ ἐν εκάστω, con la que se expresa el ser de los efectos como contenido potencialmente en su causa.

Una vez expuesto lo anterior, es preciso advertir cómo en Puerta del Cielo se describen las relaciones entre Adán Qadmón y el mundo de la emanación o atzilut en armonía con la teoría del doble acto procleana y la manera en la que es adaptada para cada nivel de realidad producido tras esta unión que da como resultado el entendimiento en acto. El cual es simbolizado por el partzuf de zei’r Anpin, el viejo, con lo que queda entendido la manera en la que los partzufim sirven como explicaciones de los procesos internos en cada nivel de realidad o mundo.

Aquí es conveniente una especificación terminológica:

pensamiento y entendimiento refieren a niveles diferentes en la jerarquía emanativa. Pensamiento es idéntico con Adán Qadmón y es el término herreriano para el Intelecto neoplatónico, mientras que el entendimiento es el efecto de la unión, cópula (zivvug) en términos cabalísticos, de lo inteligible (el mundo de atzilut) con el entendimiento, Herrera lo describe como el entendimiento entendiendo en acto (VIII,7).

Hasta este nivel de la emanación el Pensamiento divino sólo piensa o intelige los universales, a saber: las luces de Adán Qadmón que

serán las sefirot en los mundos posteriores, y los cinco grados partzufim que se corresponden con las actividades de los mundos inferiores denominadas como grados de ánimas, nefesh, ruaj, neshamá, hayyá y yehidá. En correspondencia con lo anterior, Atzilut es considerada el alma de Adán Qadmón, pues es por la interacción con ese mundo que

«cobra» vida o se «anima».

En dicha alma se reconocen dos actividades que son denominadas bajo términos cabalísticos como nefesh y ruaj, alma y espíritu. Ambos designan la actividad circular y lineal del pensamiento en relación con los inteligibles, que se convierte en entendimiento en acto. Nefesh es asociado con el entendimiento participado; Ruaj con el entendimiento posible:

al círculo néfeš o primer grado del alma, y a la línea o derecho, rúaK o segundo y más alto grado de alma, y en efecto razón o entendimiento posible, y que discurre. Con que también queda suelta otra objeción que yo le hacía [a Sarug], declarando por néfeš la vida, que como primera procesión y movimiento de la esencia, se extiende en luengo, y se puede comparar a la línea, que precede al círculo, como ella al entendimiento, que interpretaba por rúaK, y que es conversión de la vida en sí misma y en la esencia, añadiendo a la vida, casi línea, la reflexión a sí, como círculo que se convierte de sí en sí mismo, que todo se deshace con comparar la néfeš y círculo al punto; y el rúaK a la línea recta, que no es otro que procesión y extensión del punto, de quien empieza y en quien se termina y acaba por flujo matemático e imaginario, como hace el entendimiento, que procediendo de la vida, se reflecte y vuelve a ella, quedando siempre en ella como su acto segundo intrínseco e inmanente. (VIII)

El «entendimiento posible» es de tal manera por ser efecto en potencia del «entendimiento participado», de ahí que se denomine como

«acto segundo intrínseco e inmanente». Asimismo en este pasaje encontramos un lenguaje procleano en el que el símil geométrico explica la triada procesión-inmanencia-conversión como actividad de la

totalidad de Adán Qadmón. Es notable la coherencia en el sistema herreriano expuesta en este pasaje mediante la identificación de nefesh y ruaj con el mismo orden dado por Proclo a las hipóstasis Vida e Intelecto, con lo que mantiene la analogía intrínseca y extrínseca en todos los niveles de realidad.

Dicha coherencia es evidente al intentar integrar la teoría cabalística de las cinco almas en una explicación proporcionada del sistema. En la tradición cabalística cada alma es atribuida un específico lugar en el cuerpo del hombre cósmico configurado por las emanaciones, a saber, nefesh está colocada en el hígado; ruaj en el corazón; neshamá en el cerebro, hayya y hayya, fuera (VIII, 9: 332). En ese mismo capítulo, Herrera asigna a cada alma diferentes relaciones con en el mundo del infinito de Adán Qadmón: nefesh es un círculo o iggul, el ruaj es yassar o derecho; neshama es el canal sutil o tzinor daq, hayya es el hilo de En sof que vivifica el canal sutil; yehidá es la propiedad de unidad de En sof impresa en los efectos inferiores (VIII, 9: 331).

En el capítulo XI de este mismo libro, Herrera las denomina de la siguiente manera en el hombre:.

1. vida o alma, apropiada al cuerpo natural y organizado, y que tiene la vida en potencia, que solamente por él y en él existe y obra, que es la que comúnmente se llama vegetativa y sensitiva.

Y también hay aquella alma, que asistiendo al cuerpo, en sí consiste, que es 2. el entendimiento que Aristóteles llama posible, y que mendigando alcanza la ciencia de los fantasmas y sensibles, y Platón y sus secuaces llaman razón, que entiende infiriendo uno de otro, o a lo menos con sucesión y tiempo, uno después de otro. Hay además 3. el propio entendimiento participado del universal y divino, y que entiende por comprehensión, e intuición todo junto, y establemente. Además de lo cual se coloca en el hombre 4. aquella unión de su propio y participado entendimiento con el formal, universal, y divino, con que formado de él, entiende por él y como él, perfecta y divinamente, todos los superiores e inferiores inteligibles. Posee finalmente, en

quinto y último grado, 5. aquella unidad con que casi simboliza, con la Causa Primera, que es el sencillísimo Uno, así en exceder a todas sus condiciones, potencias, y operaciones, como en causarlas, uniéndose finalmente, casi punto de la línea con el punto del centro, con el principio y fin universal y extrínseco de todo el universo. De manera que en el hombre, lo que llaman néfeš es la vida y animación del cuerpo, que como informante depende de la ánima racional, que consistiendo en sí, asiste al cuerpo, y comunicándole su imagen y vida, se aprovecha de él como de instrumento, y es llamado rúaK, que significa espíritu.

Es, pues, el entendimiento propio de la ánima, y que le fue participado del superior universal y divino, lo que llaman nešamá, como lo es la unión y cópula del participado y particular con el formal y universal entendimiento, de modo que debajo de su acto consista y obre lo que llaman Kayyá o nešamá de la nešamá.

Y finalmente lo que nombran yeKidá es a mi parecer la unidad de la ánima, con que simboliza con la Causa Primera, y con ella se junta y une, y es su como cabeza, corazón o centro, de quien y a quien depende y vuelve todo lo que la alma es, contiene, y obra.

(VIII, 11: 340-341)

De esta manera, la analogía entre el nivel inferior o corpóreo al que pertenece el hombre es consistente con lo expuesto por Herrera. La analogía en Herrera es de naturaleza neoplatónica, como ya he advertido anteriormente, y refleja lo último del superior como primero del inferior. Para evitar comprometer el monoteísmo, se hace hincapié en la organización metafórica de las sefirot de Atzilut como casco, cerebro, corazón, dos brazos, cuerpo, dos piernas, miembro de la generación y coronilla; es decir, la figura antropomórfica de las sefirot es el efecto producido por la unión entre Adán Qadmón, el pensamiento, con los inteligibles, el mundo de la emanación. Y lo verdaderamente importante es la relación analógica de la causas inferiores con la causa superior mediante la imitación de los procesos dinámicos que tienen lugar entre la Causa Primera y su primer efecto como queda ejemplificado en la teoría de las almas.

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