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Anarquismo y estado de naturaleza

Frecuentemente, en las discusiones que se han mantenido dentro de los últimos dos siglos, sobre las conductas humanas, se ha generado una especie de idealización hacia lo que se llama estado de naturaleza, presentándola como una época pre-humana salvaje, la cual se deja atrás, y en algún momento histórico se pasa a un estado de sociedad, que por medio de un acuerdo universal, se acepta la convivencia, los límites o las responsabilidades establecidas en un “contrato”, que al ser firmado posibilita dejar la condición de salvaje, deponiendo alguna libertad para entregarse a un tipo de control.

Ya para el siglo XIX esta discusión fue derivando en una gran metáfora contractualista. Uno de los que hicieron frente a esta metáfora del lado del anarquismo fue, por ejemplo, el ruso Mijail Bakunin, quien nos ofrece otra interpretación del supuesto tránsito del estado de naturaleza al estado de sociedad. Este pilar del pensamiento anarquista nos indica que:

al nacer, todo hombre aporta, por lo demás en grados diferentes, no ideas y sentimientos innatos, como pretenden los idealistas, sino la capacidad de un tiempo material y formal de sentir, de pensar, de hablar y de desear. Sólo trae consigo la facultad de formar y desarrollar ideas y, como acabo de decirlo, un poder de actividad completamente formal, sin contenido

alguno. ¿Quién le da su primer contenido? La sociedad.103

De esta aseveración se desprende que el “hombre” deviene ser social.

Por lo tanto su libertad, en un primer momento, es limitada, es ofrecida a cuenta gotas y sólo se materializa cuando aquel individuo “al emanciparse a sí mismo mediante el trabajo, mediante la ciencia, y al emanciparse y, llegado el caso, sublevar en torno de él a los hombres todos, sus semejantes, sus hermanos”,104 obtiene así la libertad como resultado de un proceso de humanización, es decir, todo individuo nace salvaje:

nace bestia feroz y esclavo, y sólo se humaniza y emancipa de modo progresivo en el seno de la sociedad, que es necesariamente anterior al nacimiento de su pensamiento, de su habla y de su voluntad. Y sólo puede hacerlo gracias a los esfuerzos colectivos de todos los miembros pasados y presentes de la sociedad, que es, por consiguiente, la base y el natural punto de partida de su humana existencia.105

En la formulación que tiene este autor sobre el estado de naturaleza, es básica e inevitable una relación primordial entre dos elementos, donde a uno lo podemos llamar domesticación y a otro rebeldía.

Así, siguiendo las líneas de este autor ruso podremos entender, por un lado, que la domesticación está condicionada y es producto, nos dice

de un particular medio social creado por una larga serie de influencias pasadas, de desarrollos y de hechos históricos. Luce la impronta de la región, del clima, del tipo étnico, de la clase social a la que pertenece, de las condiciones económicas y políticas de la vida social y, por último, del lugar —ciudad o aldea—, de la casa, de la familia y del barrio en que ha nacido.106

103 Mijail, Bakunin, La libertad Obras escogidas, AGEBE, Buenos Aires, 2006, p. 16.

104Ibidem, p. 14.

105Idem.

106Ibidem, p. 17.

De aquí podríamos desprender que para Mijail Bakunin, el contacto con los otros es lo que nos forma. Nacemos salvajes, feroces y bestiales pero la sociedad nos domestica, pero también nos liberamos tanto de nosotros mismos como de la sociedad. A tal grado que si los otros son “miserables, ignorantes y esclavos, mi existencia está determinada por su miseria, por su ignorancia y por su esclavitud”,107 o por el contrario, “de modo, pues, que cuantos más sean los hombres libres que me rodean y más profunda y amplia sea su libertad, más extensa, profunda y amplia lo será la mía”.108

Por otro lado, en el caso del elemento denominado rebeldía, el contacto con los otros se presenta como lucha o como confrontación, pero sobre todo, se presenta como la posibilidad de ampliar la experiencia de la libertad, es decir, es un elemento que tiende a la transgresión, que lucha constantemente contra la influencia natural de la sociedad y contra la sociedad oficialmente organizada. Esas dos luchas se dan en distintos momentos y distintas formas:

La rebeldía contra la influencia natural de la sociedad es para el individuo mucho más difícil que la rebeldía contra la sociedad oficialmente organizada[...] para rebelarse contra la influencia que la sociedad ejerce naturalmente sobre él, el hombre debe, al menos en parte, rebelarse contra sí mismo, pues con todas sus tendencias y aspiraciones materiales, intelectuales y morales no es otra cosa que el producto de la sociedad.109

En este sentido, los dos elementos antes referidos (domesticación y rebeldía) muestran que la sociedad brinda experiencias a los individuos, formando un producto social, el cual es conducido por una forma particular de gubernamentalidad.110 En el caso del siglo XX esta gubernamentalidad

107Ibidem, pp. 24–25.

108Ibidem, p. 25.

109Ibidem, p. 19.

110 El motivo por el cual se utiliza el término gubernamentalidad es porque permite observar la pluralidad de las formas en las que se manifiestan los procesos, procedimientos y prácticas dentro de la sociedad para

tiene como objetivo lograr un control en la relación entre el capital y la sociedad, a través de procesos de acaparamiento del territorio y del trabajo, por parte del Estado.

Si bien, el análisis del anarquismo aporta herramientas que permiten, por lo menos, dar respuesta a los procesos de domesticación y rebeldía, dominio y desarrollo de las sociedades, generando propuestas para la erradicación del modo de producción capitalista y generó una respuesta sobre cómo implantar otra forma de entender el mundo, su apropiación y su posible desarrollo.

En México podemos observar que la apropiación del anarquismo se desarrolló entre la rebeldía y la revolución. En síntesis, la ruta que intento trazar entre el anarquismo y el estado de naturaleza tiene que ver con una cuestión vital, o por lo menos eso nos intentan demostrar los exponentes clásicos del anarquismo, el innegable salvajismo con el cual nacemos y la innegable situación social en la cual nos formamos como humanos, es por eso que domesticación y rebeldía son los elementos que trastocan nuestro acontecer más inmediato y con los cuales nos enfrentamos con la sociedad.