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Antes de la incorporación del motor eléctrico

In document José Sánchez Ferrer (página 180-183)

1. INTRODUCCIÓN

2.6. SIGLO XX, PRIMER TERCIO: LA PRIMERA MECANIZACIÓN DE LOS TA- LLERES Y EL FINAL DE LA CUCHILLERÍA ANTIGUA

2.6.4. Los medios de producción

2.6.4.1. Antes de la incorporación del motor eléctrico

Las herramientas que los cuchilleros empleaban antes de la incorporación del motor eléctrico y de las máquinas–herramientas que el mismo posibilitaba eran extremada- mente sencillas y se empleaban desde antiguo. El conjunto lo formaban, más menos, las siguientes266:

. Banco de trabajo. Era una mesa sencilla y sólida en la que estaban colocados los tornos y sobre la que se efectuaban las operaciones del obraje de las piezas que

264 FERNÁNDEZ NIETO, M. Estadística….– Op. cit. Pág. VII.

265 PASCUAL, M. de. y MARTÍNEZ–GÓMEZ, L. M. La cuchillería….– Op. cit. Págs. 38 y 40.

266 Un minucioso estudio sobre las herramientas y de su empleo en las numerosas operaciones que conlleva la elaboración de una navaja en SÁNCHEZ FERRER, J. Introducción al estudio de la cuchillería artística de Albacete. Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”. Albacete, 2001.

no requerían la fragua y el yunque, ni las amoladoras y pulidoras ma- nuales. Según el número de obreros que trabajaban en el taller eran más o menos grandes o había una o más. Entre los expedientes del Archivo Municipal figuran 7 planos en los que se dibujaron las mesas de trabajo de otros tantos talleres, lo que nos da pie para saber aproximadamente cómo eran. En los siete hay dibujada una mesa única; seis de ellas tienen forma rectangular y la otra es cuadrada; hay una muy pequeña (sólo 0’54 metros cuadrados), cuatro pequeñas (entre 1 y 1’3 metros cuadrados), una me- diana (2’4 metros cuadrados) y una grande (3’8 metros cuadrados). De esto se puede deducir que el 71’5 % de los bancos no permitían el trabajo de muchas personas y que eran propios de talleres muy pequeños. En casi todas las fotografías de interiores de talleres publicadas en este libro aparecen estos bancos.

. Fragua o fogón de forja. En ella se ponía al rojo el acero y el hierro para forjarlos y se calentaba el cuerno.

Se pueden conocer bien las fraguas porque en los expedientes hay 18 planos que proporcionan información sobre ellas.

De las 18 fraguas, 14 están situadas en un rincón del taller –con lo que se pone de manifiesto que éste era el lugar más comúnmente empleado para colocarlas–, 1 está próxima a uno de ellos y 2 se hallan instaladas hacia el centro de una pared. Con fogón cuadrado o muy próximo a él

figuran 12, con fogón rectangular 4; con fogón triangular 1 y no se puede saber, por la forma en la que está dibujada la fragua, cómo era la restante. Todas son peque- ñas, ya que sus superficies van desde los reducidos 0’4 metros cuadrados que mide la menor hasta el 1’5 que posee la mayor, pasando por las numerosas que tienen 1 metro cuadrado de superficie o extensiones próximas a él, tamaño que debía ser el más usual en estas instalaciones; no obstante, tengo noticias de la existencia de grandes fraguas en algunas fábricas, como en las de los Hermanos Sánchez y Ri- cardo Zafrilla.

A las brasas se les inyectaba el aire por medio de grandes fuelles de madera y cuero movidos a mano.

. Uno o dos yunques.

. Tornos de diferente calibre.

. Malacates. Eran máquinas que servían para desbastar, afilar o vaciar y pulir las hojas y para refinar y pulir los cabos. Consistían en un caballete con una piedra de amolar o con un disco de pulir –denominados poleas en el lenguaje de los cuchille-

Foto 31 a.– “Bomba”. Museo Municipal de la Cuchillería de Albacete.

ros– que giraba por medio de un mecanismo movido a pedal. Pueden verse varios en las fotografías antiguas que en este libro se publican.

. Martillos. Había de diferentes tipos y pesos, siendo el mayor el que pesaba unos dos kilos. Uno característico puede verse en la mano de uno de los obreros de la foto 6.

. Tenazas.

. Limas.

. Escofinas. Piezas de hierro alargadas, planas y dentadas usadas para limpiar, dar forma y redondear el trozo de cuerno que formaba el cabo.

. Roceteadores. Herramientas para avellanar los agujeros de forma que la cabeza de los fieles, tras ser remachados, no sobresaliese.

. Escareadores. Consistían en triángulos de hierro con punta que se utilizaban para agrandar los agujeros.

. Retajauras. Piezas de hierro destinadas a poner a punto las escofinas que se usaban para limpiar los restos de cuerno que quedaban entre los dientes.

. Sierras. Se utilizaban tanto las de hierro como las grandes de madera con den- tado adecuado para cortar el cuerno.

. Hoces. Útiles en forma de T que se empleaban para retajaurar el cuerno, es decir, para quitarles a los trozos calentados lo quemado, que no valía.

. Cortafieles. Sierras que se usaban para cortar los fieles o pasadores.

. Rascadores. Piezas alargadas de hierro con sección triangular con las que se refinaba la superficie del cuerno del mango.

. Triscadores. Chapas con las que se limpiaban de restos incrustados en las as- perezas y rugosidades de la piedra de amolar. Con ellas se desembrozaban y gra- nulaban nuevamente.

. Tarugos. Dos pequeños cubos de madera dura en los que se insertaban cada uno de los extremos de las hojas de las navajas para amolarlas más cómodamente.

. Trayas. Tacos rectangulares de madera de unos 50 por 7 por 7 centímetros que se empleaban para presionar la hoja contra la piedra de amolar para desbastarla.

. Peones. Tacos de madera con un rebaje en el que se introducía el alambre para hacer la punta a los fieles.

. Taladros manuales, “bombas” (foto 31 a) o “zompos”. Eran herramientas que se utilizaban para taladrar el asta, hueso, madera y metales aprovechando la fuerza centrífuga de un trompo de madera de gran peso.

. Cinceles.

. Buriles.

. Granetes. Punteros de punta piramidal con los que se marcaba el lugar donde debía practicarse un agujero.

. Puncetas o traspuntas. Punteros con punta estrecha y muy alargada con los que se hacían agujeros o se quitaban los fieles.

. Punzones. Punteros recios con los que se efectuaban agujeros en la hoja a base de presión y giros de los mismos.

. Plantillas. Modelos de chapa que se hacían de las diferentes partes de cada uno de los modelos y tamaños de las navajas y que se usaban para trazar las piezas definitivas.

. Combadores de muelles. Moldes de hierro en los que se había practicado un vaciado que permitía curvar y limar los muelles de teja.

. Recipientes para el temple. Cubos, calderos, etc. Utilizados para contener el aceite y el agua en los que se introducían las hojas al rojo vivo para que se templasen.

Junto a todas ellas, una serie de sustancias completaban el utillaje del taller:

. Ácidos para el grabado de las hojas.

. Agua y aceites para el templado de las hojas.

. Pastas de pulir, para dar el acabado final a las piezas.

. Cola y polvo de ladrillos o tejas. Con ellos se embadurnaba la cinta de cue- ro que cubría el canto del disco de madera de las poleas para esmerilarlo y así emplearlo como abrasivo para repasar y refinar el amolado de las hojas y el acuchillado del asta.

. Esmaltes negro y rojo para los nielados.

Con dichos medios se labraban las piezas siguiendo el mismo dilatado proceso de fa- bricación de finales del siglo XIX que de las partes labradas con hierro/acero recoge Rico y Sinobas267 y que ya ha sido expuesto antes.

In document José Sánchez Ferrer (página 180-183)