RETOS Y RIESGOS DE LA HUMANIDAD
TEMA 2 ÉTICA, CIENCIA Y
2. Diversas argumentaciones en Ética ecológica
2.3. El antropocentrismo
d) En general, se suele objetar a la ética del
“respeto a la vida” que al no establecer gradaciones entre los seres vivientes a resueltas de un cierto prejuicio igualitarista, cae en la aporía de obstaculizar la vida misma de los vivientes, cuyo sustento exige el sacrificio de otras formas de vida.
e) Los críticos de la “ética del respeto a la vida” han señalado, igualmente, la ambigüedad de sus conceptos y la regresión hacia formas animistas de comprensión de la naturaleza.
D’Agostino, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Roma. Para él es imposible considerar a los animales como sujetos morales en sentido propio y como sujetos de derecho. Ello no justifica las conductas humanas depredadoras.
Por el contrario, es urgente un cambio significativo en nuestras relaciones con los animales. Pero siempre será una reflexión responsable que tenga en cuenta la diferencia ontológica hombre-animal. Para ello se apoya en un argumento tradicional, que fundamente un deber (sui generis) de los hombres para con los animales y, en consecuencia, un derecho (sui generis) de los animales para con los hombres. Dicho argumento es de Tomás de Aquino quien niega que podamos amar, con amor caritativo, a los animales, pero sí que los podemos querer (de alguna forma) en cuanto que forman parte del orden del universo y poseen, por ello, una específica dignidad. Comenta D’Agostino que esta doctrina es importante puesto que, sin negar la subordinación de los animales a los hombres, no hace de los animales meros instrumentos al servicio indiscriminado del hombre, sino que admite la posibilidad de existencia de relaciones objetivas, no funcionales y susceptibles de valoración ética, entre los hombres y los animales.
El profesor Brian G. Norton, del New College de la Universidad de Florida del Sur, cree discutible que una ética ecológica puede desprenderse de unos “derechos o intereses”
no-humanos de generaciones futuras. Por tanto, no está a favor de una ética medioambiental. No entra en la polémica
“antropocentrismo no-antropocentrismo”, pero sí propone la discusión
“individualismo/noindividualismo” para poder pensar una ética ecológica de signo diferente a las ya existentes. Distingue dos tipos de
antropocentrismo, uno fuerte y otro moderado.
Para entenderlo, hay que distinguir previamente entre preferencias sentidas y preferencias consideradas. Las primeras son los deseos o necesidad del individuo y que pueden ser satisfechas por medio de una experiencia concreta. Las segunda son las necesidades expresadas después de una deliberación de acuerdo con unos ideales morales. Estas son hipotéticas, puesto que el sujeto las prefiere, de acuerdo con unas condiciones dadas.
Un antropocentrismo fuerte es el que considera incuestionables las preferencias sentidas para determinar un valor. Ellas expresan los intereses humanos, que no tendrían ningún obstáculo a la hora de ser satisfechos.
Un antropocentrismo moderado es aquel que pone una base para criticar los sistemas de valores que resulten lesivos al medio, pues, como se fundamenta en preferencias consideradas, reconoce que las preferencias puedan ser o no racionales. Con esta distinción, Norton cree innecesario el reconocimiento de valores intrínsecos en los objetos no humanos y, a la vez, proporciona la base (con su antropocentrismo moderado) para establecer relaciones en los humanos que no sean las simples preferencias. Lo que, en definitiva, la ética ecológica pretende en la mayoría de sus versiones es cambiar una mentalidad que viene adueñándose del pensamiento desde los principios de la reflexión. Este cambio de mentalidad consiste en dejar de concebir al hombre como dueño y propietario de su entorno, para comprenderlo como miembro de una comunidad bioética.
¿Qué decir, después de este recorrido por las diferentes posiciones frente al tema de la ecología y la ética? Retomando todo lo dicho podríamos resumir:
1) No parece coherente abogar por una ecología profunda o por una visión ecocéntrica.
2) Tampoco parece del todo acertado una postura biocéntrica, paritaria en derechos y deberes al propio hombre, verdadero sujeto de la historia.
3) Un antropocentrismo a ultranza, que sólo admite unos derechos incontrolados en favor del hombre al margen de la naturaleza y de la vida, en general, tampoco es admisible.
En las primeras unidades insistimos que el hombre, la persona, es el valor central de la Ética y que la valoración moral sólo se puede hacer allí donde hay responsabilidad y libertad. Por lo tanto, sólo el hombre es un valor absoluto a respetar. En este sentido, tendríamos que hablar de una ética ecológica de la persona, definida ésta como una actitud. Esta actitud conlleva un compromiso con el mundo y con la vida en forma de triple exigencia: fidelidad a una causa superior, acogida de la alteridad y diferencia en la identidad de la persona. Si esta es la base de la concepción de persona-actitud, un comportamiento ético riguroso en el campo de la Ecología debe apoyarse, al menos, en tres grandes actitudes: la Responsabilidad, la Solidaridad y la Tolerancia.
- Una ética ecológica de la responsabilidad, porque el hombre posee el deber de respetar a los seres no-humanos, así como la totalidad de la naturaleza y sólo a él se le debe exigir responsabilidades morales y jurídicas del atropello, aprovechamiento irracional y uso desmesurado del entorno ecológico y de los distintos seres que habitan en ella.
- Una ética ecológica de la solidaridad, por cuanto este hombre, inquilino ocasional de la ecosfera, posee la responsabilidad urgente de planificar su vida y su trabajo para que los que vengan después, hombres, animales o
plantas, puedan vivir cualitativamente mejor que él lo hace ahora.
- Una ética ecológica de la tolerancia, ya que es imposible convivir con los otros hombres, que también son personas, sin reconocer que ellos tienen criterio y razón tan defendibles como los míos. Los argumentos de los demás no tienen por que ser opuestos a los míos sino complementarios y enriquecedores. Es necesario llegar a acuerdos en lo fundamental para poder llegar, entre todos, a soluciones concretas que a corto y medio plazo detengan el deterioro progresivo del ecosistema y la masacre sin escrúpulos de los seres vivos ( ver A.Cuenca Molina, op. cit. pp.136-138).
Después de este repaso de las distintas posición es éticas frente al tema ecológico, bueno es, como lo hemos venido haciendo en los apartados anteriores, que nos detengamos y hagamos una serie de ejercicios y actividades que nos ayuden a retener lo más importante de lo que hemos visto.
1. Como primera actividad, revise los contenidos de las diversas argumentaciones en la ética ecológica, ayudado por el esquema-resumen que le presentamos y en el cual tratamos de que retenga, al menos, lo que es central a cada una de las posiciones, los principios (algunos) defendidos y las críticas más evidentes.
Posiciones en ética ecológica Contenidos de respuesta
1. Naturalismo ecológico: la ecología profunda:
a) Posición b) Principios c) Críticas
a) la naturaleza está dotada de un valor intrínseco que obliga a respetarla,
reconocimiento de la supremacía de los valores de la ecosfera.
b) enumerar algunos de sus principios básicos c) Al menos:
– sacralización de la naturaleza – falta de memoria histórica – carencia de sentido
– visión superficial del antropocentrismo – da por bueno un determinismo físico...
2. El biocentrismo:
a) Posición b) Representantes c) Críticas
a) no admite una diferencia cualitativa entre el hombre y el animal, rechazando la riqueza biológica superior del hombre...
b) Entre otros:
- Ferrater Mora y su argumento de la sensibilidad
- Peter Singer y los derechos de todos los seres que son capaces de placer y de dolor (los animales)
- Paul W Taylor: creación de un sistema ético medio medioambiental centrado-en-la-vida y no centrado-en-lo humano.
- A. Schweitzer y su ética de la vida:
mantener, promover e impulsar a toda vida apta para el desarrollo.
c) Al menos:
- concluir la equivalencia entre la vida animal y la humana
- no se puede dar un paralelismo entre la libertad y la cultura humanas con la vida instintiva animal
- no es posible pretender igualar las diversas escalas de la vida etc.
3. Antropocentrismno:
a) Posición
b) Representantes:
a) Solamente el hombre es capaz de actos morales, de derechos, obligaciones, responsabilidades...Desde ahí busca el bien para los humanos y para la comunidad
biológica en general.
b) Entre otros:
- Richard A. Watson: sólo los humanos son auténticos miembros, con derecho, de la
comunidad moral...lo que no impide reconocer el valor moral significativo del universo no-humano
- Francesco d’Agostino: imposible considerar a los animales como sujetos morales en sentido propio, como sujetos de derecho...ello no justifica las conductas humanas depredadoras.
- Brian G. Norton: No está a favor de una ética medioambiental, aunque propone la discusión dentro de los términos
“individualismo/noindividualismo” para pensar una nueva ética ecológica.
4. Conclusiones:
Hemos de hablar de una ética ecológica de la persona, definida como una actitud que implica un compromiso con el mundo y la vida, apoyado en tres grandes actitudes:
a) ética ecológica de la responsabilidad: el hombre posee el deber de respetar a los no humanos, a la totalidad de la naturaleza...a él sólo se le deben exigir responsabilidades;
b) ética ecológica de la solidaridad: planificar su vida mirando en los que vienen
c) ética ecológica de la tolerancia: acuerdos, dentro de la diversidad, para acciones que detengan el deterioro...
2. Ahora vamos a repasar los aspectos y o posiciones de las diferentes posiciones éticas frente al tema de la ecología. Lo hacemos a través de enunciados o proposiciones. Usted deberá leer cada una de ellas y señalar a qué posición corresponde: si al naturalismo ecológico (NE), al biocentrismo (BC) o al antropocentrismo (AC)
Propuestas éticas para la acción
Hemos repasado las diversas formas de fundamentación ética de los problemas ecológicos. Para no quedarnos en la mera teoría, parece necesario aportar algunos modos prácticos de incidencia en las vías de solución. Este es, también, una tarea de la ética. Pues, como lo señalamos desde el primer tema de estudio, la ética es un saber práctico que orienta nuestras acciones desde el punto de vista de nuestra responsabilidad moral. Aunque somos los seres humanos los que establecemos derechos y obligaciones para nuestra conducta, también el agua, el aire, los árboles, los animales, etc., merecen nuestro respeto como condición necesaria e imprescindible para la vida humana. De ahí la existencia de una ética ecológica, cuyo objetivo es definir cuál es nuestra responsabilidad con el medio ambiente.
Los principios de esta ética tienen que ver con el valor moral básico de la solidaridad y, en definitiva, con la disposición a identificarnos con los intereses de los demás, a atender incluso como propias las necesidades de las generaciones futuras. A partir de este principio general, la ética ecológica puede ir desgranando los criterios de decisión en cada una de las parcelas y problemáticas determinadas. En los casos concretos podemos servirnos del criterio moral general de la universalización: pensar siempre qué pasaría si todas las personas actuaran igual que nosotros los estamos haciendo.
Para decir algo sobre este punto, nos vamos a servir de un pequeño libro, pero no menos sugerente, Ecología y solidaridad. De la ebriedad tecnológica a la sobriedad ecológica.
Su autor, Agustín Domingo, propone algunas líneas de reflexión para la acción, pero una acción que, fundamentalmente, tenga repercusiones profundas en nosotros mismos.
En él nos inspiramos en lo que decimos a continuación.
En la primera parte aportábamos un dato significativo que no podemos olvidar: para que todo el mundo alcance en el año 2025 un nivel de vida similar al actual en Occidente, y poniendo como condición que los países industrializados aceptasen permanecer en su nivel actual de consumo per capita, sería preciso multiplicar por 54,5 la producción mundial de energía primaria. Pero ese aumento en el consumo de energía primaria es imposible de alcanzar. Por tanto, planteada la situación, es inevitable que debamos modificar las orientaciones energéticas seguidas hasta ahora.
Recordemos el texto de E. F. Schumacher que transcribíamos en las páginas anteriores:
“El deterioro ambiental no es principalmente un problema técnico; si lo fuera, no habría surgido de un modo tan agudo en las sociedades tecnológicamente avanzadas. No se origina en la incompetencia científica o técnica, ni en la insuficiencia de la educación científica, ni en la falta de información, ni en la falta de dinero para la investigación. Se origina en el estilo de vida del mundo moderno, que a su vez surge de las creencias básicas: su metafísica o su religión...
Esta situación es totalmente nueva. En todas las épocas, en todas las sociedades, en todo el mundo, los santos y los sabios han advertido respecto al materialismo y abogado por un orden de prioridades más sensato. Con diferentes lenguajes, con símbolos variados, pero el mensaje esencial ha sido siempre el mismo: determina correctamente tus prioridades...
Todo indica que lo más necesario es hoy una revisión de los fines hacia los que se encaminan nuestros esfuerzos”