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LA ARQUITECTURA DE LOS FRANCISCANOS

In document Homenaje a Alfonso Santamaría Conde (página 102-107)

APÉNDICE DOCUMENTAL

II. LA ARQUITECTURA DE LOS FRANCISCANOS

tos de la fundación de la Orden, se extienden rápi- damente por toda Europa . La Hispania medieval, tierra de pueblos, culturas y religiones, es el lugar escogido por el mismo san Francisco para fundar conventos . Aquí se encontraban asentadas con fuerza los monasterios de san Benito y del Cis- ter, y también las órdenes militares . Sin embargo, cuando la vida municipal se desarrolla en nuevas formas como “villas nuevas y ciudades realengas o señoriales”, a las que no habían llegado monas- terios y parroquias, son los mendicantes “quienes llegan a tiempo a esta cita urbana de la España batalladora, en campaña permanente, que desde el siglo XIII se van cubriendo de villas y ciuda- des” . Los frailes buscarán su asentamiento fuera de los muros de las ciudades, pues en estas pobla- ciones encontrarán factores que contribuirán a su crecimiento: ser poblaciones mayores y disponer de vías de comunicación hacia el exterior5 .

La difusión que la orden franciscana alcanza en España es grande, organizándose en provin- cias . En el año 1219 se crea la Provincia de Espa- ña, las fundaciones aumentan considerablemente hasta el punto de que en 1233 ésta se divide en otras tres: Aragón, Castilla y Santiago . De estas tres provincias se van a crear en siglos sucesi- vos otras muchas por todo el territorio español, alcanzando un total de veinte entre franciscanos observantes y descalzos . Todas estas provincias

y sus conventos tendrán vida activa hasta la des- amortización de Mendizábal en el primer tercio del siglo XIX .

II. LA ARQUITECTURA DE LOS FRANCISCANOS

San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán nunca pensaron que sus conventos fue- ran monumentales, más bien todo lo contrario ya que querían reflejar en sus edificios la más abso- luta austeridad y que estos fuesen sencillos y po- bres . Francisco de Asís advierte a su seguidores, ya desde los primeros años del nacimiento de la Orden, que tengan “ecclesias, habitácula pauper- cúlea et omnia que pro ipsis construuntur” . Estas deben ser construidas conforme a la santa pobre- za prometida en la Regla .

Actualmente desconocemos bastantes aspec- tos que afectan a la relación existente entre forma de vida de los franciscanos y arquitectura . Cuan- do estudiamos un edificio mendicante debemos tener en cuenta el componente religioso y el fac- tor social; el primero, sobre todo, emana de los mismos preceptos de la Orden . Este aspecto ha sido reflejado por Braunfels en su conocido libro sobre la arquitectura monacal . Cuando estudia las reglas monásticas y su programa arquitectónico señala que ”así como resulta imposible compren- der el templo dórico si se desconoce el espíritu religioso helénico, también se interpretará erró- neamente una edificación monasterial occidental si no se conoce la correspondiente regla monás- tica o no se admite la idealidad del pensamiento monacal”6 .

El desconocimiento antes citado proviene del mayor interés que siempre ha suscitado el es- tudio de la iglesias seculares, dada su mejor con- servación con respecto de las fábricas conventua- les que, en gran parte, se encuentran alteradas por las sucesivas transformaciones que han sufrido,

4 Francisco de Asís suscitó una familia religiosa plural: hermanos menores, hermanas pobres de San Damián o clarisas,

“penitentes” seglares que terminaron dando lugar a la Tercera Orden de Seglares .

5 Para conocer aspectos relacionados con la implantación de los franciscanos en España el estudio más reciente es: GAR- CÍA ORO, J . Los Franciscanos en España. Historia de un itinerario religioso. Santiago de Compostela 2006 . De este estudio he extractado alguno de los datos entrecomillados. Del mismo autor, ver “El franciscanismo hispano de la Edad Media” en Verdad y Vida 178-179 (1987) 209-249. En este artículo el autor pone de manifiesto como la familia francis- cana tuvo una presencia decisiva “en cantidad y en intensidad en la variada geografía ibérica de la Edad Media” . 6 BRAUNFELS, W . La arquitectura monacal en Occidente. Barcelona 1974, p .13 .

sobre todo en nuestro país, a lo largo de su his- toria . Estos aspectos y otros muchos nos llevan a plantearnos si debemos hablar de arquitectura franciscana o de arquitectura de los francisca- nos. Los estudiosos del primer término señalan que esta expresión hace referencia y aparece aso- ciada a todo lo relativo a san Francisco y el fran- ciscanismo, y que se refiere exclusivamente a las ramas masculinas de la Orden de Frailes Menores Conventuales, sin tener en cuenta movimientos de reforma posteriores. La expresión arquitectura de los franciscanos, a mi modo de ver, resulta más acertada sobre todo en el estudio de esta Orden en Albacete, en la que tenemos magníficos ejemplos de arquitectura de estos frailes en las distintas eta- pas constructivas de la misma .

Las órdenes mendicantes no eran órdenes de claustro y coro, por cuanto practicaban una ac- tividad misionera que va a tener gran influencia en sus iglesias “donde el acto de la predicación constituye su resorte más peculiar, se prepararon para recibir y asimilar el mundo exterior dentro de sus iglesias, donde una gran aula espacial, de fácil circulación y visualización es capaz de dar acogida a grandes multitudes”7.

¿Cuándo surge la arquitectura de los francis- canos? Los estudiosos del tema resaltan el hecho de que el nacimiento de la arquitectura francisca- na se encuentra íntimamente ligado a la evolución ideológica sufrida por la Orden . San Francisco desde los primeros momentos rechazó los “claus- tra” o residencias fijas y quería que sus iglesias fueran pobres . Este rechazo se concreta en una ausencia total de actividad constructiva que llega- ría hasta el año 1230, año a partir del cual, dado el incremento del número de miembros de la Orden, se van a realizar asentamientos estables fijando su residencia extramuros de las villas y ciudades, siempre próximos a una ermita u oratorio. Estas

primeras residencias, por precepto del fundador, no eran propiedad de los frailes8 .

“Guárdense los hermanos de recibir en modo alguno iglesias, moradas pobrecillas, ni nada de lo que se construye para ellos, si no son como conviene a la santa pobreza que prometimos en la Regla, hospedándose siempre allí como foras- teros y peregrinos9 .

Siguiendo el deseo de san Francisco las pri- meras iglesias que construyen eran muy rústicas y pobres y el modelo a seguir era similar al de una cabaña . Además, debían estar próximas a los lugares de residencia de los hermanos y situadas fuera de los muros de la ciudad . De aquí pode- mos deducir que estos loci minoríticos no tenían, en vida del santo, ningún aspecto conventual, aunque sí parecen constituidas las primeras co- munidades . En diciembre de 1224, Honorio III concede a los franciscanos el privilegio para que puedan celebrar la Eucaristía y los divinos ofi- cios “en su lugares y oratorios” . A estos primeros asentamientos no se les puede llamar monasterios sino lugares fijos según la nomenclatura oficial de la Orden . Sin embargo, en éstos se daba el pri- mer paso dentro de la evolución de la arquitectura franciscana . Sucesivas bulas papales intentan dar solución a las discrepancias entre los francisca- nos y, sobre todo, compaginar la pobreza con la posesión de edificios estables. La promulgación en febrero de 1230 de la bula Si Ordinis Fratrum Minorum no solo daba a los frailes permiso para levantar conventos sino que, además, los alenta- ba . A partir de este año, aunque otros estudiosos de estas cuestiones señalan los años comprendi- dos entre 1220 y 1250, los franciscanos optan por la construcción de edificios estables, es decir, de conventos como lugar de “habitación” y “forma de vida”, en sustitución de otras denominaciones como: monasterio, abadía o cenobio10 .

7 NÚÑEZ RODRÍGUEZ, M . “La arquitectura de las Órdenes Mendicante en la Edad Media y la realidad de la “Devotio Moderna” . Archivo Ibero-Americano 193-194 (1989) 123-139 .

8 La mayoría de los autores consultados coinciden en señalar que la arquitectura mendicante, tanto de dominicos como de franciscanos surge cuando, siguiendo los preceptos de los fundadores, se establecen en las ciudades y, consecuentemente, rompen con el rígido esquema de los monasterios, pues las funciones urbanas del convento son diferentes .

9 Regla 1ª, cap . VII, v .13-15 . Tomado de San Francisco de Asís. Escritos. Biografías. Documentos de la época, op . cit . 123 .

10 El término “convento” tiene origen romano y procede del latín “conventus”, “convenio”, “convenire”, y significa re- unión o asamblea militar, administrativa, judicial, cultural y religiosa . Este término pasa de la administración romana a los escritores cristianos como Pacomio, Benito de Nursia, entre otros . También podemos citar las siguientes bulas que están consideradas claves en la formación de la arquitectura propia de los franciscanos: la Quo eloganti (23-IX-1230) que permite el uso, no la propiedad de los bienes; la Si Ordinis Fratrum Minorum (2-1230) por la que se concede a los

Los primeros conventos franciscanos siguie- ron, al igual que otras órdenes religiosas, el mo- delo de los monasterios benedictinos en el que la iglesia se sitúa en un lateral con cabecera mirando a oriente y con el claustro en uno de los flancos que se va a convertir en el elemento articulador de las dependencias monásticas, tal como vere- mos posteriormente . Ahora bien, los monasterios benedictinos surgen en un ámbito rural apartado y autárquico, mientras que los franciscanos realizan su actividad pastoral entre los fieles practicando el ideal de pobreza evangélica y, por ello, se es- tablecen en los arrabales de los burgos . A partir de este momento “los elementos imprescindibles para impulsar una fundación franciscana eran: la iglesia, el campanario, el claustro, el dormitorio y el refectorio11 . Los franciscanos van a adaptar sus conventos a su forma de vida, sustituyendo el modelo cerrado de los monasterios tradicionales en espacios abiertos que acogen a los fieles.

La profesora Marta Cuadrado Sánchez, es- tudiosa de la arquitectura franciscana en España, señala que es a partir del año 1230, anteriormen- te citado, cuando se asiste al nacimiento de una arquitectura propia por parte de los franciscanos al conceder los papas diversas bulas por las que alentaba a los frailes a edificar conventos. La cita- da profesora señala que tras la aceptación de san Francisco de los primeros asentamientos, “el esta- dio inmediato fue el nacimiento de una arquitec- tura adaptada a los fines específicos de la Orden, fenómeno éste que puede considerarse como con- secuencia inmediata de la dinámica interna de la misma. El primer paso dentro de este proceso fue

la concesión del permiso correspondiente para construir templos en propiedad”12 . Este proceso llegará hasta el año 1260 en el que los rectores de la Orden ven la necesidad de establecer una legislación en materia constructiva . Ese año en el capítulo celebrado en Narbona bajo el generalato de san Buenaventura, en las Constituciones Ge- nerales, en el apartado ”De observancia paupe- ritatis Rubrica III” se establecen las medidas que seguirán en materia constructiva, insistiendo en la pobreza y austeridad de los edificios.

Las Constituciones de Narbona establecie- ron limitaciones y prohibiciones al tiempo que corregían abusos y excesos en la edificación de iglesias y conventos por parte de los franciscanos .

“Las constituciones narbonenses representan el corolario y la síntesis del desarrollo constructivo de la orden y son también el punto de partida de su evolución posterior”13 .

Sin embargo, y a pesar de todas estas dispo- siciones, podemos comprobar cómo una de las ca- racterísticas de las construcciones franciscanas es la falta de homogeneidad, al contrario de lo que su- cedió en otras órdenes monásticas . Este hecho en- tra en contradicción con la afirmación de Braunfels de que “regla y vida comunes generan una misma arquitectura” . La razón fundamental se debe a la ausencia de una normativa clara, “es decir, en la ausencia de unas directrices constructivas emana- das de la cúpula de la orden fuera de las dispo- siciones meramente prohibitivas. Ello dejó gran libertad a las diversas provincias favoreciendo así las iniciativas locales, todo ello sin menoscabo de la ´representación´ del ideal de pobreza14 .

frailes permiso para levantar conventos; la Nimis iniqua (28-IV-1237) por la que se insta a los prelados y obispos a no obstaculizar la construcción de iglesias por parte de los franciscanos . Todas estas bulas se encuentran recogidas en el Bullarium Franciscanum editado en diversos años . Acerca del estudio de estas bulas, véase IRIARTE, op . cit . cap . III “de San Francisco a San Buenaventura: primera contienda en torno al ideal del fundador (1226-1257)”, pp . 71-80 . El profesor GARCÍA ROS, en su obra Los Franciscanos y la arquitectura. De San Francisco a la exclaustración. Valencia 2000, p . 87, señala que el modelo más inmediato que siguen los franciscanos fue “el monasterio cisterciense, tipología que el IV Concilio lateranense había adoptado como prototipo para todas las órdenes religiosas” .

11 DIEZ GONZÁLEZ, M . C . Arquitectura de los conventos franciscanos observantes en la provincia de Cáceres (S. XVI- XVII). Cáceres 2003. Esta autora pone de manifiesto cómo la evolución de la Orden obligó a la construcción de nuevas dependencias como aulas, bibliotecas, noviciados, almacenes, etc .

12 CUADRADO SÁNCHEZ, M . “Arquitectura franciscana en España” en Archivo Ibero-Americano 201-202 (1991)51 . 13 GARCÍA ROS, V. Op. cit. p. 100. En las Constituciones de Narbona se fijaron normas, casi todas restrictivas, respecto

a las edificaciones como: medidas que limitaban el tamaño de las construcciones; normas para el abovedamiento del presbiterio; recomendaciones acerca de la pobreza y las penas a los trasgresores de las normas . Para Larrañaga, además

“Las Constituciones Narbonensis representan un hito en el desarrollo jurídico de la Orden y su evolución posterior, ya que a ellas se remiten los ordenamientos posteriores” . Vid . LARRAÑAGA, T . “Las Constituciones Narbonensis y su incidencia en la historia y vida franciscana” . Verdad y Vida 32 (1974) 50 .

14 Sobre esta cuestión, ver BRAUNFELS, op . cit . pp . 187-210 . También, GARCÍA ROS, op . cit . , p . 105 .

2. 1. Los modelos constructivos.

La tipología de las iglesias, tanto francisca- nas como dominicas, nos ofrecen gran variedad en planta y alzado, debido a que la legislación de ambas órdenes nunca mostró una preferencia hacia un determinado modelo . Sin embargo, hay que dejar claro, como he señalado anteriormente, que a la hora de construir un convento mendicante hay que tener en cuenta el componente religioso y el factor social.

Dejando al margen la tipología seguida en otros países por los franciscanos, en España, ge- neralmente, el modelo obedece a una iglesia de nave única, sin transepto y con capillas entre los contrafuertes, lo que supondrá la ruptura con la tradición monástica anterior . A estas iglesias se les añadirá un coro alto sobre arco rebajado a los pies . Con este modelo el templo adquiere carác- ter de espacio público, pues da cabida a un gran número de fieles para escuchar la predicación, al tiempo que se siguen las limitaciones de pobreza y austeridad impuestas por la regla . Este mode- lo, según el profesor García Ros, “les resultó muy útil, funcional y formalmente”. Incidiendo en esta cuestión, este autor señala cómo “los frailes adoptan en cada región, amoldándose a los con- dicionamientos físicos de la zona, a los recursos financieros, a la voluntad de los bienhechores, a la impronta personal de los maestros de la obra, a los materiales y técnicas constructivas del lugar, en definitiva, a los usos y costumbres locales15 . En estas iglesias de nave única la atención de los fieles se centrará en el predicador y en el ofician- te16 .

Sin embargo, es necesario matizar que en ab- soluto se puede hablar de un tipo único de iglesia franciscana . La capacidad de adaptación de los franciscanos es evidente a la hora de construir sus casas en las que podemos apreciar diversas formas y tipologías, además de una gran variedad regional . En estas iglesias el ábside recibe un tra- tamiento especial y, siguiendo las directrices de Narbona, es el único espacio que suele abovedar- se . Las fachadas eran de gran sencillez y tenían una sola puerta en el centro de la misma con un gran ventanal que daba luz al interior . Estas igle- sias generalmente carecían de torre y solo tenían una espadaña .

En opinión de Marta Cuadrado “los frailes toman lo que ven, se adaptan a los condiciona- mientos físicos de la zona, a los recursos financie- ros disponibles, a la personalidad de los maestros canteros, a las tradiciones constructivas de la zona de asentamiento”, y todo esto condicionado, según la citada autora, a dos fines principales: la liturgia y la predicación17 .

Otro aspecto interesante de destacar en este tipo de iglesias franciscanas es que, a diferencia de las órdenes monásticas, a partir del siglo XV el templo deja de ser un espacio cerrado y adquiere carácter de espacio público en el que tiene lugar toda clase de acontecimientos no solo religiosos, sino también políticos y sociales, como cortes ge- nerales, concejos o regimientos villanos18 .

2. 2. El claustro franciscano.

Al realizar un estudio de los claustros fran- ciscanos en nuestro país, es necesario destacar la

15 GARCÍA ROS, op . cit . p .105 . A todos estos aspectos habría que señalar el hecho de que el mecanismo fundacional se debió a la conjunción de una serie de iniciativas . En el caso concreto de la provincia de Albacete señalo que este aspecto se debió a iniciativa de la misma Orden (San Francisco de Alcaraz); de particulares (Villaverde de Guadalimar); por parte de corporaciones o autoridades municipales (convento de Los Llanos) .

16 Acerca de los modelos de las iglesias franciscanas en la Península Ibérica, ver CASTILLO UTRILLA, M . J . “Tipología de la arquitectura franciscana española desde la Edad Media al Renacimiento” en Actas del XXIII Congreso Internacio- nal de Historia del Arte. España entre el Mediterráneo y el Atlántico. Granada 1973, pp . 323-327 . En este estudio la autora pone de manifiesto cómo la arquitectura franciscana toma “su organización básica de la de las Órdenes Monásticas tradicionales, pero simplificando los elementos constructivos”.

17 CUADRADO CASTILLO, M . “Arquitectura franciscana en España”, Archivo Ibero-Americano 203-204 (1991) 480- 552. Esta autora realiza también un estudio sobre la función y símbolo del edificio mendicante en el que analiza el pro- tagonismo de la cabecera y el de la nave como un espacio para la predicación y la muerte .

18 Sobre estas cuestiones, ver CARRIÓN ÍÑIGUEZ, V . P . Los conventos franciscanos en la provincia de Albacete. Siglos XV-XX. Historia y Arte. Murcia 2006. En nuestro estudio ponemos de manifiesto éste último aspecto y señalamos cómo, en el caso concreto de San Francisco de Alcaraz, este convento fue escenario de asambleas y reuniones políticas pues estos frailes se consideraban “agentes activos de la sociedad”, (pp . 70-71) .

carencia de restos materiales que se conservan y, de éstos, los que se mantienen en pie son pocos y, además, han sido objeto a lo largo de su agitada historia de numerosas y severas transformacio- nes, lo que nos impide hacer una aproximación a sus primitivas estructuras .19

El claustro es el elemento del convento en tor- no al cual se articulan las estancias más significa- tivas e importantes del mismo . Desde el punto de vista funcional, cerca de las dos terceras partes del edificio conventual está dispuesto en torno al claus- tro, generalmente cuadrado desde sus orígenes, he- cho que condiciona, como señala W, Schenkluhn, a todo el edificio20 . Aunque de procedencia incier- ta, en un principio se construyó independiente de cualquier edificio pero con la misión de conectarse mediante galerías techadas . Su origen surgió de la necesidad de agrupar y unir el resto de las cons- trucciones monásticas en torno a un gran patio . Más tarde el claustro ya aparece como elemento accesible mediante las galerías y adapta una forma regular, generalmente cuadrada o rectangular, y se encuentra situado en un lateral de la iglesia .

Acerca del claustro es necesario señalar que tanto dominicos como franciscanos, al igual que sucede con las normas relativas a la edificación de los templos, no dictaron normas ni legislaron sobre la organización del espacio conventual . Por ello, tal como señala Braunfels, “fruto del desin- terés por todo cuanto consideraban externo, fue la adopción del esquema benedictino para todos sus establecimientos”, aunque introdujeron nue- vas variantes como consecuencia de un modo de vida religioso diferente, adaptándose a las carac- terísticas físicas del lugar asignado y al espacio de que disponen21 .

Como ejemplo de lo anteriormente expues- to y del desinterés por lo externo y del rechazo

inicial al modelo claustral, es necesario apuntar que desde los primeros momentos los francisca- nos habitan casas con iglesias a las que no se les puede llamar conventos sino “primitivos lugares

y éstos no se articulan en torno a un claustro, ele- mento que desconocen . Según la Crónica de Jor- dán de Giano, en 1225 el procurador de la ciudad de Erfurt ofrece a los franciscanos la construcción de un convento y, al preguntar al superior si que- ría que este fuera edificado “con forma de claus- tro”, respondió:

“No sé qué es un claustro; edifiquemos simplemente una casa cerca del río con el fin de bajar a lavarnos los pies”.

Sin embargo, este episodio no parece estar en concordancia cinco años después, cuando se menciona el convento de Monselice (provincia de Padua) y se señala que se está construyen- do el “claustro de los hermanos menores” . Estos aspectos comentados ponen de manifiesto el re- chazo a la vida monástica de los franciscanos y el rechazo al claustro, “elemento de clausura y separación”, opuesto al modelo de casa que en los primeros momentos fundacionales propicia- ba la Orden22 .

A partir de la Edad Media aparece definida la distribución del espacio y sus funciones . En- tre las dependencias ubicadas en el mismo se en- contraban la sala capitular, la sala de profundis, el refectorio, la cocina, biblioteca y dormitorios, entre otras estancias . En ocasiones podemos ob- servar cómo en los planos de algunos conventos franciscanos, además del claustro mayor, suelen existir otros claustros secundarios cuya construc- ción obedece a diversas causas, como aumento de vocaciones, hecho que da lugar a la construcción

19 En el caso de la provincia de Albacete nuestro trabajo se centra en los cuatro claustros de conventos franciscanos conser- vados: san Francisco de Alcaraz (observante); san Francisco de Hellín (observante); san Francisco de Almansa (alcantari- no) y san Francisco de Yeste (alcantarino) . Por lo que respecta al resto de España señalamos muy pocos son los conventos franciscanos que han conservado sus estructuras de época medieval completas . Estos son los de san Francisco de Lugo, san Francisco de Morella, san Francisco de Palma de Mallorca, san Francisco de Orense y san Francisco de Sangüesa.

20 SCHENKLUHN .W . Architettura degli Ordini Mendicanti. Lo stile architettónico dei Domenicani e dei Francescani in Europa. Padova 2003, p . 232 .

21 BRAUNFELS, op . cit . p . 195 . El modelo al que hacemos alusión fue el de la abadía de San Gall . Los franciscanos, como señala este autor, “mantuvieron el elemento estructural del claustro y a su alrededor la situación de la iglesia de la sala capitular, el dormitorio y el refectorio” .

22 Sobre esta cuestión, ver GARCÍA ROS, “El rechazo al modelo claustral”, op . cit . pp . 57-59 y GIOVANNI MERLO, op . cit . pp .78-79 .

In document Homenaje a Alfonso Santamaría Conde (página 102-107)